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miércoles, 30 de agosto de 2017

A. James Gregor - Nacionalsocialismo y Raza



     El siguiente texto (National Socialism and Race), que está en diversos sitios, se dice que fue publicado en 1958 como una contribución a alguna revista académica. Su autor es el doctor Anthony James Gregor, profesor de ciencias políticas en la Universidad de California en Berkeley y escritor conocido por sus investigaciones de la temática del fascismo italiano, del cual se informa que nació en 1929 como Anthony Gimigliano. Ente ensayo que presentamos en castellano no es un estudio acabado de las doctrinas raciales nacionalsocialistas sino más bien un esbozo de cierta evolución en los estudios raciales en la Alemania del período, de cómo primero fueron adoptadas las tesis nordicistas de Hans F. K. Günther para después ser dejadas de lado en favor de un entendimiento más comprensivo, evolución ideológica e investigación que quedó detenida tras la guerra, permaneciendo entre la cultura de masas mayormente lo planteado por Günther, como señala el autor.


NACIONAL-SOCIALISMO y RAZA
por A. James Gregor, 1958



     Bastante tiempo ha pasado desde el cese de las hostilidades contra Alemania como para permitir la inspección de uno de los componentes teóricos del Movimiento Nacionalsocialista, el elemento que, de todos los heterogéneos elementos, hizo del Nacionalsocialismo lo que fue: la teoría de la raza.

     Una investigación de esta naturaleza puede, como casi todas las críticas anteriores, reunir objeciones externas de fuentes antropológicas, sociológicas e históricas contra lo que se conciben (a menudo incorrectamente) como facetas críticas de la teoría nacionalsocialista acerca de la raza [1], o puede arriesgarse en una crítica inmanente, es decir, puede proseguir las investigaciones de los propios teóricos nacionalsocialistas, tratando de entender la teoría de la raza como fue, como llegó a ser, más bien que como uno concibe que fue.

[1] Libros tales como el de Gunnar Dahlberg, Race, Reason and Rubbish; de Ruth Benedict, Race and Racism y Race: Science and Politics; y de Ashley Montagu, The Fallacy of Race: Man's Most Dangerous Myth.

     Esta segunda dirección, que es la perspectiva elegida para esta exposición, tiene mucho para recomendarla. Uno no disipa las propias energías acosando a un hombre de paja [falacia deliberadamente construída para ser refutada]. La teoría nacionalsocialista de la raza fue dinámica y siempre cambiante. Este, en efecto, debe ser el caso con cualquier teoría que incluso pretenda ser científica. Además, es necesario distinguir entre el genuino tema de la investigación y las ideas falsas existentes. Uno no tiene que recurrir a fuentes externas para refutar aspectos de la teoría que fueron rechazados en el curso de su desarrollo por los propios teóricos nacionalsocialistas.

     Ninguna teoría, ya sea científica, ética o metafísica, se desarrolla en un vacío. Sería increíblemente ingenuo creer que cualquiera de esas disciplinas se desarrolla independientemente del entorno social en el cual surgió. Por lo tanto, a fin de entender la naturaleza y la evolución de las especulaciones nacionalsocialistas acerca de la raza uno tendría que estar familiarizado con las fuerzas psicológicas, económicas, científicas y sociales (culturales y políticas) prevalecientes en aquel período. Incluso si yo estuviera totalmente informado en cuanto a esas condiciones —y no lo estoy—, el espacio no permitiría la introducción de tales datos en un ensayo de esta longitud. Lo que intentaré hacer, sin embargo, es indicar, al pasar, las fuerzas más persuasivas, tácticas y teóricas, que, parece, en general dirigieron el rápido crecimiento y transformación de la teoría nacionalsocialista de la raza.


I

     El desarrollo de la teoría nacionalsocialista en cuanto a la raza puede ser dividido en tres períodos, y cada período tuvo un característico molde y carácter.

     El período más temprano del racismo nacionalsocialista estuvo caracterizado por los escritos y los discursos del propio Hitler. En muchas de sus declaraciones, las opiniones de Hitler con respecto a la raza eran ni más ni menos chocantes, interesantes o espectaculares que declaraciones similares hechas por algún número de eugenetistas anglosajones de ese período. De manera más significativa, en sus referencias específicas a la raza, Hitler se contentaba con emplear el término sumamente vago de "ario" para denotar su raza escogida, fundadora del Estado, la sociedad y la cultura en Europa. Bajo la rúbrica de "ario", Hitler incluyó a todos los pueblos europeos, aparentemente reservando el status de "inferior" para los pueblos no-europeos del mundo [2].

[2] cf. Hitler, Mein Kampf, Libro I, cap. XI.

     En ninguna parte en Mein Kampf él estipula específicamente el tipo físico de su raza superior. Él se refiere, sin embargo, con una aprobación irrestricta, a los escritos de Houston Stewart Chamberlain. Incluso si no lo hubiera hecho, cualquier comparación de las ideas generales acerca de la raza y la sociedad encontradas en Mein Kampf con las del Grundlagen [sistema básico] de Chamberlain habría hecho completamente evidente su deuda intelectual. Ahora bien, Chamberlain en ninguna parte atribuye una identidad morfológica específica a su "alemán", aunque él realmente se entusiasme con el alto y rubio dolicocéfalo (cabeza alargada en sentido antero-posterior). Por otra parte, él sugiere, quizá tomando su evidencia de Gobineau, el cual estaba convencido de la heterogeneidad del tipo ario [3], que algunos de los "alemanes" más puros son morenos, incluso con cabellos negros como el cuervo. Ni tampoco Chamberlain niega la creatividad ni valor a otras razas.

[3] cf. Hankins, The Racial Basis of Civilization, p. 75.

     Así, hay pruebas de que la teoría nacionalsocialista de la raza en ese tiempo no era tan vaga e indeterminada, al menos con respecto al problema de cómo uno identificaba la propia raza seleccionada. En ninguna parte en la literatura temprana del Movimiento la designación de "nórdico" figura con alguna prominencia, y mucho menos en las declaraciones públicas de Hitler.

     Incluso al final de ese primer período, en 1930, cuando apareció el Mythos de Rosenberg [su obra El Mito del Siglo XX], el uso de Hitler de la palabra "nórdico" estuvo estrictamente restringido por esta declaración: "Nada sería más superficial que medir el valor de un hombre por su aspecto físico (con una regla con centímetros e índices cefálicos). Una medida mucho más exacta del valor es la conducta" [4].

[4] Rosenberg, Mythus des 20. Jahrhunderts, p. 596.

     Pero con el advenimiento de los años '30 entramos en una nueva fase altamente crítica del desarrollo teórico. Para esas fechas, completamente independientes del Movimiento Nacionalsocialista, las obras de Hans F. K. Günther [5] habían conseguido una amplia circulación y popularidad en Alemania.

[5] Entre las principales obras de Günther se incluyen "Rassenkunde des deutschen Volkes" (1922), "Kleine Rassenkunde des deutschen Volkes" (1939), "Rassenkunde Europas" (1929, cuya traducción inglesa apareció bajo el título de Racial Elements of European History), "Adel und Rasse" (1927), "Rasse und Stil" (1926) y "Der Nordische Gedanke unter den Deutschen" (1927).

     Los trabajos de Günther tenían un cierto atractivo para los teóricos nacionalsocialistas. Primero que nada, uno podría establecer paralelismos aproximados entre algunas ideas de Hitler, como fueron expresadas en Mein Kampf, y las principales obras de Günther. En segundo lugar, la obra de éste ofrecía, aparentemente, un apoyo científico sobre el cual las declaraciones nacionalsocialistas acerca de la raza podrían ser convenientemente colgadas.

     A medida que el Nacionalsocialismo amplió el número de sus miembros y su influencia, una creciente demanda de que su casa teórica fuera puesta en orden fue oída. En ese punto las obras de Günther parecieron satisfacer, precisamente, aquel objetivo.


II.

     Las ideas de Günther pueden ser brevemente resumidas en las siguientes nociones:

1) Una raza es un grupo de seres humanos que, reproduciéndose de manera natural, se distingue de sus vecinos por rasgos físicos y mentales hereditarios;

2) los rasgos psíquicos, poseídos por las diversas razas, se diferencian cualitativamente;

3) en casi todos los rasgos mentales, la raza nórdica (alta, delgada, de piel blanca, cabello rubio, ojos azules, leptoprosópica o de cara estrecha, leptorrina o de nariz angosta, y dolicocéfala) es superior. Los nórdicos son sabios en su juicio, verídicos y energéticos, independientes, realistas, atrevidos, valerosos, limpios, inventivos, tenaces, prudentes, firmes en el deber, competitivos (sólo en el buen sentido), justos, respetuosos de la propiedad de otros, caballerosos, poseedores de un talento narrativo, individualistas (aunque desinteresados), poseedores de una notable profundidad de carácter, una honradez exhaustiva, una mente investigadora dedicada a las ciencias naturales, un vívido sentido del honor, una tendencia al humor pícaro, una capacidad para logros propios de estadistas, un talento para el liderazgo, un talento para la música, una amplia variedad de desarrollo en la vida mental, así como otros atributos demasiado numerosos para mencionar; y

4) la expansión y la contracción de la cultura europea siguen al aumento y al decrecimiento de esta muy singular raza [6].

[6] «Cuando examinamos en cada caso la caída de los grandes Imperios y culturas creativas desde la India hasta Occidente, siempre se ve claramente que toda "caída" de un pueblo de habla indo-europea es provocada mediante el marchitamiento de la sangre de la creativa raza nórdica», Günther, Racial Elements of European History, p. 198; «Toda "caída" de un pueblo de habla indo-germánica está determinada por la extenuación de la sangre de la raza creativa, la nórdica», Günther, Rassenkunde des deutschen Volkes, p. 326.

     Estas tesis, formuladas en un rico vocabulario científico, parecieron, en ese entonces, satisfacer las demandas hechas a los teóricos nacionalsocialistas. Por lo tanto, aunque las principales obras de Günther fueron completadas antes de la llegada del Nacionalsocialismo al poder, muchos de los nacionalsocialistas las hicieron propias.

     Habiendo sido ése el caso, es necesario notar dos hechos importantes:

1. Günther rechazó categóricamente la designación de "ario" que Hitler favoreció y la substituyó con la de "nórdico" cuidadosamente definida en su lugar. El cambio, como veremos, tuvo una importancia crítica.

2. Günther, si bien él escribió con pasión y parcialidad, fue suficientemente desapegado para hacer varias cosas muy claras. Él no pretendió, por ejemplo, que la raza nórdica fuera la única raza humana creativa (aunque ésa es la impresión general que uno recibe de sus obras). Él sitúa las vastas culturas del Mediterráneo de la Edad del Bronce y de la temprana Edad del Hierro como siendo los productos de la creatividad del Mediterráneo [7]. Además, él limitó su análisis racial sólo a los pueblos de habla indo-germánica.

[7] "En la prehistoria de Europa sólo dos razas han demostrado ser verdaderamente creativas, y deben ser consideradas como las verdaderas razas europeas: la nórdica y la mediterránea", Racial Elements of European History, pp. 116 y ss.

     El carácter general del segundo período en el desarrollo de la teoría nacionalsocialista de la raza fue prestado por los trabajos de Hans Günther, un período que cubrió, aproximadamente, los años entre 1930 y 1934. Ése es el período de la aceptación incondicional de la "Hipótesis Nórdica".

     Tan grande era el entusiasmo, que los teóricos menores fueron incluso más allá que el exagerado nordicismo de Günther. Por qué eso fue así puede ser explicado en gran parte recordando una vez más el clima psicológico de la Alemania revolucionaria. Un pueblo desilusionado con la guerra y traicionado en la paz, buscó, en un mundo hostil, su status y su lugar. La sobrecompensación, generada por las tensiones de la época, exigía no sólo la igualdad sino la superioridad.

     Siempre ha habido en la mente alemana una vaga identificación entre los "creadores arios de la cultura" y la nacionalidad alemana. No era difícil para el hombre común promedio sustituír la nomenclatura nordicista por las designaciones arias "menos científicas" y todavía equiparar, de alguna manera, al pueblo alemán con el "Herrenvolk" [pueblo de señores]. (Un fenómeno similar, bajo circunstancias esencialmente similares, caracterizó al Movimiento Fascista de Italia con su franca "romanidad", sus varas de lictores, su saludo romano y su vuelta al pasado a la gloriosa superioridad de la antigua Roma).


III.

     El producto más grotesco de ese segundo período fue un extraño libro escrito por un tal Karl Weinlaender [8] que fue publicado con la ayuda de los dirigentes de la Asociación de Profesores Nacionalsocialistas de Núremberg.

[8] Weinlaender, Rassenkunde, Rassenpaedagogik und Rassenpolitik, Weissenburg, 1933.

     En esa curiosa obra se nos dice, entre otras cosas:

1. La raza nórdica "fue y es la única raza capaz de crear una cultura"; todas las otras razas son capaces de crear una cultura sólo en la misma medida en que contienen sangre nórdica. Los nórdicos, por ejemplo, crearon la cultura china.

2. Weinlaender no tendrá nada de las tonterías acerca de la evolución racial. Él, como Hauser (Otto Hauser, Der Blonde Mensch, Danzig, 1930), sostiene que la raza nórdica es un acto especial de la creación ("Dios quiso manifestarse en el hombre nórdico", Weinländer, p. 139). «Las razas humanas», él nos informa, «han evolucionado a partir de los animales inferiores, pero cada una fue el resultado de un acto creativo separado en el espacio y el tiempo... La serie incluía a humanoides, hombres prehistóricos, gigantes, pigmeos, australianos, negros, malayos, indios, mongolianos, y al final "la imagen de Dios", la raza nórdica» (Ibid., p. 104). Todas las otras así llamadas razas [de la raza blanca] (alpina, dinárica, mediterránea, báltica del Este, etc.) son simplemente los bastardos del antinatural acoplamiento del hombre nórdico con las razas inferiores enumeradas (Ibid., pp. 83, 143).

3. Esa inferioridad natural de las razas no-nórdicas es testimoniada por el hecho de que el iris del ojo y el cabello, y en casos peores incluso la piel, son pigmentados. La inferioridad es una consecuencia del hecho de que el "material" usado (Stoffverbrauch) en la pigmentación es extraído del sistema cerebral y nervioso. Además, el cabello no pigmentado actúa como un conductor para "ondas invisibles de pensamiento" (Ibid., p. 106).

4. Toda la belleza, armonía física y espiritual, alta estatura y dolicocefalia son propiedad única de la raza nórdica ("Allí donde se encuentran mujeres hermosas entre las razas inferiores, es porque ha habido una infusión de sangre nórdica", Ibid., p. 125; "La largura del craneo y la alta estatura entre las tribus negras, por ejemplo en Benin, es sólo la herencia de aquellos vikingos nórdicos... que se establecieron allí y se mezclaron con ellos", Ibid., p 110).

5. La sangre nórdica, cuando es transfundida en el enfermo promoverá una rápida mejoría (Ibid., p. 133), mientras que una transfusión de sangre de las razas inferiores (en particular de sangre judía) acabará matando al paciente (Ibid.).

     El libro de Weinlaender no era un aborto espontáneo aislado. Afirmaciones similares, si no igualmente escandalosas, son encontradas en libros de ese período que fueron publicados con la aprobación directa o indirecta del Movimiento Nacionalsocialista. Staemmler [9] y Baltzer [10] sostienen que los nórdicos son la única raza capaz de crear una cultura. Rudolf [11], publicando bajo los auspicios directos de la Biblioteca Nacionalsocialista, cita, con aprobación, a Dieter Gerhart [12]: "La raza nórdica, la raza de nuestros antepasados germánicos, es la única portadora de toda la cultura creativa en la vieja y la nueva Europa y sus alrededores".

[9] Martin Staemmler, Rassenpflege im voelkischen Staat, München, 1933, p. 6.
[10] Hermann Baltzer, Rasse und Kultur, Weimar, 1934, pp. 9 y ss.
[11] Hans Rudolf, Nationalsozialismus und Rasse, Nationalsozialistische Bibliothek, Heft 31, 1934, p. 23.
[12] Gerhart, Kurzer Abriss der Rassenkunde, München, 1942.

     Habiendo establecido una vez, para su propia satisfacción, la verdad de estas nociones, los teóricos podrían comenzar a interpretar la historia cultural del mundo.

     Toda la cultura se origina con los nórdicos. Ya que esto es lo que se presupone, sólo es necesario encontrar a los libios rubios representados en los relieves egipcios (junto con sus compatriotas de ojos rojos y cabellos verdes) para demostrar el origen nórdico de la civilización egipcia (Baltzer, op. cit., pp. 30 y s.) —o encontrar una mujer rubia representada en un fresco tardío en el palacio de Knossos para demostrar que la civilización minoica era igualmente nórdica (Ibid., p. 144)—, mientras que la presencia de un dios "claro" entre el ejército de dioses aztecas (el albinismo es relativamente común entre una variedad de razas) es suficiente para asignar un origen nórdico a la cultura inca así como a la azteca (Ibid., p. 120). El hecho de que Confucio sea representado como teniendo una barba completa, mientras que los mongolianos no tienen sino una barba escasa, es más que suficiente para indicar la presencia de una clase dirigente nórdica a la cual puede ser atribuída la fundación de la civilización china (Ibid., pp. 106 y ss., cf. Weinlaender, p. 142).

     Habiendo logrado tal comprensión podemos comenzar a interpretar a ciertas personalidades bajo dicha luz. Puesto que toda creatividad deriva de la raza nórdica, todas las personalidades creativas deben ser nórdicas o bastardos cuya creatividad deriva de alguna (a veces más que obscura) fuente nórdica. Cuando encontramos a aquellos como César y Goethe, que eran morenos, podemos adscribir su superioridad a su estatura "nórdica". Donde encontramos hombres de nota, como en el caso de Napoleón y Horacio Nelson, que medían menos de 160 cms., podemos adjudicar su superioridad al hecho de que ellos eran (al menos en su juventud) de tez clara.

     Cuando encontramos a alguien como Martin Lutero, que era braquicéfalo (de cabeza redondeada), de ojos cafés, cabello negro y sólo de estatura media, podríamos ser forzados a admitir una "infusión" alpina, o podríamos designarlo como una supervivencia Cromañón (Baltzer, op. cit., p. 264), o podríamos sugerir que él es un dalo-nórdico, un "subtipo" nórdico, porque él muy ciertamente tenía un alma nórdica.

     Los braquicéfalos de nota que podrían haber causado alguna consternación a los nordicistas (ya que los nórdicos deben tener cabezas alargadas) —Hindenburg y Bismarck, por ejemplo— son asignados, sin mencionar su sospechoso índice cefálico, a la raza dalo-nórdica, o graciosamente aceptados porque los "órganos" frenológicos para las matemáticas y la musicalidad están localizados sobre los oídos, y si esos órganos están bien desarrollados, ellos deformarán el cráneo (Hauser, op. cit., p. 10). Es interesante que Hindenburg, a quien los nordicistas citan como clásicamente dalo-nórdico, sea asignado por Carleton S. Coon a la raza báltico-oriental (Coon, Races of Europe).

     Ajustes similares tendrían que ser hechos para todos aquellos que son demasiado diminutos (Kant, Maquiavelo, Dante, Coleridge, Keats, Rafael), demasiado braquicéfalos (Leibniz, Schopenhauer, Kant, Schiller, Schubert, Haydn, Beethoven, Rafael, Laplace, Napoleón, Pascal), o demasiado morenos (Ovidio, Virgilio, Horacio, Miguel Ángel, Ariosto, Francisco de Asís, Shakespeare, Herder, Napier, Beethoven, Balzac, Zola, Rafael, Elizabeth Barret-Browning, Browning, Ibsen, Tolstoy, Faraday, Tennyson, Cromwell o Dampier).

     Habiendo llegado a entender el procedimiento, podemos explicar la creatividad de Mussolini, que era relativamente bajo, de pecho fornido, ojos cafés y moreno braquicéfalo, citándolo como un ejemplo de un "nórdico con pigmento oscuro" (Weinlaender, op. cit., p. 291) que derivó su potencial de un caballero medieval llamado Muslin (Ibid., p. 292).



IV.

     Todo esto, por supuesto, era Günther con una venganza. Günther contempla la braquicefálica escultura-retrato de la Antigüedad romana clásica y sólo ve la dolicocefalia nórdica. Él reproduce la estatuaria griega clásica que muestra un cabello abundantemente ensortijado, cejas lisas, gruesos labios sensuales, nariz carnosa y barbilla suave, y ve sólo un cabello liso y ligeramente rizado, las protuberancias supraorbitales, los labios delgados, y una nariz y una barbilla bien proporcionadas de la "raza nórdica pura". Aquélla era la misma estatuaria de la cual Sergi había dicho, aproximadamente treinta años antes:

     «Los tipos de la estatuaria griega y romana... no recuerdan en lo más mínimo los rasgos de una raza del Norte; en la delicadeza de las formas craneanas y faciales, en la suavidad de la superficie, en la ausencia de relieves frontales y arcos supraorbitales exagerados, en la armonía de las curvas, en el óvalo facial, en las frentes más bien bajas, ellos recuerdan las hermosas y armoniosas cabezas de la morena raza del Mediterráneo» [13].

[13] Giuseppe Sergi, Origine e Diffusione della Stirpe Mediterranea, 1895, p. 22; Winkelmann, Geschichte der Kunst, I, I, p. 33.

     Günther nos dice que porque entre los chinos uno puede encontrar dolicocefalia y una "piel casi blanca, a veces combinada con hermosos rasgos europeos" [14], eso es una presunta evidencia de una variante nórdica, como si la "piel casi blanca" y la "buena apariencia" estuvieran colocadas sólo en cunas nórdicas.

[14] Günther, Racial Elements of European History, p. 132.

     Él nos dice, posteriormente, en un caso muy instructivo de petitio principii [sacar la conclusión directamente de las premisas], que por cuanto los drusos del Líbano disfrutan de un estándar relativamente alto de educación, son valientes, trabajadores y limpios, ellos deben estar poseídos de un elemento nórdico (Ibid., p. 129). Los hombres samnitas [de Italia] amaban luchar, y sus mujeres eran castas, lo que era suficiente evidencia para Günther.

     Un razonamiento similar proporciona suficiente justificación para que Fischer, Baur y Lenz descubran elementos nórdicos entre los indios de las llanuras de Norteamérica, ya que aquéllos eran, después de todo, guerreros notables [15].

[15] Erwin Baur, Eugen Fischer y Fritz Lenz, Human Heredity, New York, 1931, p. 638.

     Incluso la sugerencia de un acto especial de la Creación en cuanto a los nórdicos es encontrada en la rígida definición de Günther de una raza como un grupo de individuos que criándose siempre conforme a criterios dados se distingue por ciertos rasgos psíquicos y físicos hereditarios. ¿Cómo han de evolucionar las razas si, por definición, ellas deben reproducirse para siempre según ciertos criterios?.

     Incluso la extravagante sugerencia de que la pigmentación absorbe el "material" que habría sido de otro modo usado en la cavidad craneana es "mencionada" por Günther a fin de que no se pierda para la posteridad.


V.

     Tales posturas, por supuesto, provocaron una aguda crítica incluso por parte de dedicados racistas. Hacia 1938 Ludwig Ferdinand Clauss se burló del procedimiento entero de adjudicar ciertos rasgos mentales ("capacidad de hacer juicios", "amor a la verdad", etc.) a razas específicas como características distintivas. "Es verdad", dijo él, "que los hombres nórdicos son capaces de hacer juicios. Nadie niega eso. Nadie niega, en realidad, que los hombres nórdicos de vez en cuando comen, beben y duermen; sólo parece dudoso que esas características los distinguieran de hombres de otras razas" [16].

[16] Ludwig Ferdinand Clauss, Rasse und Charackter, Frankfurt am Main, 1938, p. 12.

     Del mismo modo, si toda la creatividad se deriva de la sangre nórdica, ¿por qué los hombres más prominentes en la historia europea han sido de un origen racial manifiestamente mezclado?. "Muchos de los hombres", sostuvieron Baur, Fischer y Lenz, "que son universalmente considerados como los más grandes de la Historia (por ejemplo, Sócrates, Miguel Ángel, Lutero, Goethe y Beethoven) eran obviamente de raza mezclada. Hablando en general, es excepcional encontrar que los hombres distinguidos exhiban un tipo racial puro" (Baur, Fischer, Lenz. op. cit., p. 692).

     Y, por supuesto, como un corolario a aquello, incluso amigos sinceros fueron llevados a preguntar a esos entusiastas adherentes del nordicismo: ¿por qué la raza nórdica, donde había sido preservada de la mezcla con un potencial inferior, en Escandinavia y Europa del Norte en general, tuvo que esperar hasta que fue estimulada por pueblos bastardos del Mediterráneo antes de que desarrollara alguna avanzada cultura propia? [17].

[17] Cf. Leone Franzi, Fase Attuale del Razzismo Tedesco, Roma. 1939, p. 41; Cogni, Il Razismo, Milán, 1937, pp. 240 y s.

     Pero más importante que los problemas teóricos que acosan a esa clase de nordicismo eran los serios problemas tácticos que provocó.

     De manera bastante irónica, fue exactamente el rasgo del racismo de Günther que lo había hecho tan atractivo en 1930 el que generó los problemas de 1934. Las teorías de Hitler (e incluso las de Rosenberg) no habían sido suficiente y claramente definidas. Los "arios" de Hitler habían permanecido exasperadamente indefinidos, mientras Rosenberg no había equiparado necesariamente el tipo físico con el logro individual. Todo aquello parecía muy inexacto. Günther, por otra parte, con sus índices cefálicos, faciales y nasales, sus cartas de pigmentación y estatura y sus clasificaciones raciales, parecía eminentemente apto para contestar tales críticas. De sus libros se apropiaron rápidamente los teóricos nacionalsocialistas, fueron resumidos en pequeños folletos y manuales introductorios y diseminados a través de toda la organización del Partido. Pero Günther fue comprado a un precio demasiado alto. Günther había dicho a los nacionalsocialistas precisamente lo que los nórdicos superiores eran. La primera pregunta que apareció una vez que se diluyó el primer entusiasmo fue: ¿y dónde están ellos?.

     Günther fue desagradablemente específico. Uno no debe, advirtió él, confundir a los alemanes con los nórdicos. Alemania era un compuesto de al menos cinco razas europeas y dos extra-europeas. La herencia nórdica total de Alemania era, según Günther, en el mejor de los casos, de entre un 45 y un 50%. Todavía más desconcertante fue el hecho de que la población de Alemania poseía casi un 5% de tipos nórdicos "puros" (Hans Rudolf, op. cit., p. 13), y esa selección fue hecha con referencia sólo a las características morfológicas (fenotipos). Uno difícilmente puede inspeccionar el plasma germen del individuo (genotipo); es decir, un individuo puede tener, tristemente, un alma extranjera, puesto que en una población genéticamente mezclada no hay ninguna correlación simple entre aspecto físico y potencialidad, donde un individuo que posea una apariencia racial nórdica también debiese tener un alma nórdica.

     Las características son transmitidas por medio de una sustancia cromosómica particular, el gen. En una población mezclada cada individuo hereda un total de entre 10.000 a 45.000 genes. Con una mezcla azarosa, producida durante al menos los últimos tres mil años (es decir, la presencia de tipos mezclados en las tumbas "nórdicas" más antiguas [18]), el número de combinaciones de genes sería infinito, lo que significa que podría esperarse, matemáticamente, que el coeficiente de correlación entre las características físicas y psíquicas fuera casi de cero [19]. Más precisamente, uno no podría decir con ninguna seguridad que un individuo que muestra todos los rasgos físicos de la raza nórdica debería igualmente poseer características mentales nórdicas (suponiendo que posea alguna). Las probabilidades de que un individuo en la Europa contemporánea haya heredado, de un número astronómico de antepasados, sólo rasgos nórdicos, son una entre millones.

[18] Cf. Sergi, Origine, pp. 18 y s.; Lissauer, Crania Prussica, Zeitschrift fuer Ethnologie X; Franz Weidenreich, Apes, Giants and Man, pp. 102 y ss.
[19] Cf. Gunnar Dahlberg, op. cit., pp. 207 y s. Esa crítica fue aceptada por los nacionalsocialistas como válida; cf. Hans Weinert, Biologische Grundlagen fuer Rassenkunde und Rassenhygiene, Stuttgart, 1943, pp. 166 y s.

     La expresión táctica de esta dificultad teórica se reveló en una manera que exigió una resolución inmediata. Si bien era verdadero que un nórdico "verdadero" (genotipo nórdico) no podía ser distinguido de un "pseudo" nórdico (nórdico sólo en el tipo físico), pareció razonable (al menos para Günther) suponer que donde uno encontraba una frecuencia más alta de rasgos morfológicos nórdicos, uno encontraría un incidencia más alta de rasgos psíquicos nórdicos. Ahora bien, mientras eso permaneciera vago y general no podían plantearse muchas objeciones contra ello. Pero una vez más Günther insistió: "Desde el punto de vista racial", él informó a sus lectores, "existe sólo una igualdad de nacimiento: aquella basada en la igual pureza de sangre nórdica. Racialmente, el noble de raza mezclada no es de igual nacimiento que una muchacha campesina nórdica". De esa manera, aquellos que muestran rasgos físicos nórdicos deben ser considerados "más valiosos", mientras que los tipos mezclados, no importa cuál sea su situación social o capacidad, son correspondientemente inferiores.

     Así, aunque no podamos identificar definitivamente a un nórdico "puro", podemos identificar a los híbridos (gente de menos de 170 cms. de altura, cuyo índice cefálico es más de 76, cuyo índice nasal es platirrino, cuyo índice facial es inferior a 90, cuyo cabello es oscuro o cuyos ojos son color café claro o marrones, que no son delgados, ni tienen labios delgados ni barbilla firme). A éstos, nos dice Günther, debemos identificarlos dolorosamente como bastardos, y, como tales, ciudadanos de segunda clase, inferiores en valor (al menos físicamente) al nórdico "puro".


VI.

     La imposibilidad de aceptar tal conclusión era obvia, ya por su apariencia, hasta para el nacionalsocialista menos informado. La dirigencia del Partido Nacionalsocialista junto con aproximadamente el 95% de la población alemana no cumplía con las exigencias para la ciudadanía de primera clase conforme a este esquema.

     Un Movimiento que había surgido en Alemania con la promesa de unificar a un pueblo, y que había prometido la eliminación de las distinciones de clases por ser divisivas, se encontró defendiendo diferencias más penetrantes y permanentes que lo que las líneas de clase habían sido alguna vez. Los hombres a veces se han elevado por encima de su clase, pero ningún hombre puede evitar su grado de pigmentación o su índice craneano. Tal situación era intolerable, y fue la comprensión de ese hecho lo que estimuló a los teóricos a la acción.

     Günther debía ser expresamente rechazado. Si bien se reconocía el hecho de que sus libros habían servido para estimular la investigación de los intrincados problemas de la raza, los aspectos perniciosos de la "hipótesis nórdica" fueron desacreditados. El entusiasmo con el cual las ideas de Günther habían sido aceptadas, escribió Weinert, precipitó conclusiones para las cuales "no había ningún fundamento biológico... La consecuencia fue a menudo que un infundado orgullo de raza amenazó dividir al pueblo alemán" (Weinert, op. cit., p. 166).

     La primera declaración clara acerca de la reorientación oficial vino del propio Hitler sólo siete meses después de que él subió al poder, en el Día del Partido (Parteitag) en Núremberg en 1933. Hitler dijo: "No concluimos del tipo físico de un hombre su capacidad, sino que más bien de sus logros concluímos su raza" [20]. De esa manera, los logros, no el tipo físico, debían ser la medida del valor.

[20] Cf. Norman H. Baynes, The Speeches of Adolf Hitler, 1922-1939, Oxford, 1942, vol. I, p. 469: "...nicht nur von der Rasse auf die Faehigkeiten schliessen, sondern von der Faehigkeit auch auf die Rasse". Cf. Jess, op. cit., p. 46. "El único problema decisivo que permaneció fue, de esa manera, cuál era el método por el cual uno debía encontrar a esos hombres que, como sucesores de los primeros creadores del cuerpo de nuestro pueblo, y por lo tanto sus herederos, podrían mantener hoy la obra de aquéllos. Ahí había sólo una posibilidad: uno no podía inferir a partir de la raza la capacidad, pero uno tenía que inferir de la capacidad la aptitud racial para la tarea", Hitler en Baynes, I, p. 476.

     Este principio propuesto por Hitler entró en los textos básicos sobre antropología y herencia, y hacia 1935 estaba en marcha la última fase en el desarrollo de la teoría racial nacionalsocialista. Thieme repite el principio de Hitler y añade: "Los hombres que tienen las cualidades de heroísmo, fuerza de voluntad, una disposición al sacrificio y fe han desempeñado un papel decisivo en la decisión del destino de Alemania, y seguirán haciendo eso incluso si ellos no son todos altos, rubios o de ojos azules" [21].

[21] Erich Thieme, Vererbung, Rasse, Volk, Leipzig, 1953 p. 41.

     Eichenauer va tan lejos como a informar a sus lectores que la cantidad de sangre nórdica que un individuo posee no significa nada (spielt keine Rolle) en el esquema nórdico de las cosas porque "se ha dado bastante a menudo el caso de que los hombres de raza extremadamente mezclada (stark gemischter Rasse) han concebido y han comprendido más poderosamente esas nociones que los predominantemente nórdicos" [22].

[22] Richard Eichenauer, Die Rasse als Lebensgesetz in Geschichte und Gesittung, Leipzig, 1934, p. 136.

     Goebbels es identificado muy naturalmente como un nórdico-mediterráneo restaurado a la ciudadanía de primera clase. A mediados de 1936 el Nationalsocialistische Partei Korrespondenz declaró con claridad y autoridad: "Por sus hechos uno puede reconocer al hombre nórdico, no por la longitud de su nariz o el color de sus ojos" [23].

[23] Citado en Claus Eichen, Rassenwahn, Briefe ueber die Rassenfrage, Paris, 1936, p. 8.

     En efecto, esta última fase de la teoría racial nacionalsocialista era un rechazo completo del nordicismo de Günther. La raza mongola fue restaurada como la creadora de la cultura asiática (Thieme, op. cit., p. 38), y la raza del Mediterráneo fue una vez más considerada como la creadora de la alta cultura del Mediterráneo antiguo. "Casi todo" el arte clásico ya no fue concebido como nórdico sino como mediterráneo. Se nos dice que

     «las razas se distinguen no por sus características, ya que las mismas características pueden ser encontradas en diferentes razas... Por ejemplo un mediterráneo puede ser tan valeroso como un nórdico, un alpino tan musical como un dinárico, un báltico del Este tan astuto como un nórdico. Por otra parte, no todos los mediterráneos son valerosos, ni tampoco todos los nórdicos. Pero cuando un mediterráneo es valeroso él lo es en una "manera mediterránea", así como un nórdico sería valeroso en una "manera nórdica"» (Eichenauer, op. cit., p. 20).

     Ahí hay un racismo completamente diferente, un nordicismo completamente diferente del de Günther y sus seguidores. Allí no había ningún cuestionamiento de la inferioridad general; era una cuestión de mantener un ideal como un arquetipo para una civilización entera. Alemania tenía un arquetipo nórdico; su forma de arte era nórdica; su literatura y filosofía, su música y sus instituciones estaban inspiradas por ideales nórdicos. Cada alemán heredó ese patrimonio de los elementos raciales originales, ahora inextricablemente mezclados en la Nación alemana, entre la cual lo nórdico predominó. Aquélla no era una cuestión de valor intrínseco, de superioridad e inferioridad nacional y racial que dividiera a los pueblos de Europa. No hay ningún estándar transcendental por medio del cual evaluar las diferencias raciales. Un pueblo característicamente mongoliano atesora una herencia y un ideal mongolianos, y un pueblo del Mediterráneo, un ideal mediterráneo.

     El doctor Walter Gross, jefe del Rassenpolitische Amt (Departamento de Política Racial) del Partido Nacionalsocialista, dijo:

     «Apreciamos el hecho de que aquellos de otra raza sean diferentes a nosotros... Si aquella otra raza es "mejor" o "peor" no es posible para nosotros juzgarlo, ya que eso exigiría que trascendiéramos nuestras propias limitaciones raciales durante lo que durase el veredicto y asumiéramos una actitud sobrehumana, incluso divina, sólo a partir de la cual podría formarse un veredicto "impersonal" acerca del valor o la carencia de valor de muchas formas vivas de la inagotable Naturaleza» [24].

[24] Gross, Der deutsche Rassengedanke und die Welt, 1939, pp. 24-28.

     Menos de un año más tarde, en 1939, él definió la posición oficial de la madurada teoría racial nacionalsocialista:

     «Una seria situación surgió por el hecho de que otros pueblos y Estados, debido a las leyes raciales alemanas... se sintieron atacados y difamados... Por ejemplo, el mundo entero del Lejano Oriente permaneció durante mucho tiempo bajo la impresión de que los alemanes... los habían designado como no-arios, y como una gentuza inferior de no-arios, (que los) alemanes los habían designado como indignos y como una Humanidad de segunda clase, y que los alemanes se imaginaron a sí mismos como los únicos portadores de cultura... ¿Qué podríamos decir a aquellos que vieron en el racismo alemán una fundamental difamación de hombres de otras razas? No podíamos hacer nada además de, con paciencia y convicción, repetir que el racismo alemán no evalúa ni desaprueba a otros grupos raciales... Él sólo reconoce, científicamente, que las diferencias existen...

     «A menudo hemos sido incomodados por la indiscreción, o incluso la estupidez, en nuestra propia tierra cuando, justo después de que habíamos aclarado cuidadosamente a algunas personas u otras que nosotros respetábamos y honrábamos... sus cualidades raciales, algún tonto descontrolado fabricaba sus propias ideas sobre la raza y declaraba que esa misma gente era racialmente inferior y que estaba en algún lugar debajo de las vacas o los asnos, y que sus características eran degradadas o impuras, y ¡el Señor sabe qué más! Gracias a tales aseveraciones idiotas fueron repelidos y ofendidos no sólo pueblos extranjeros en partes distantes del mundo, sino incluso nuestros propios vecinos en Europa, muchas veces incluso amigos de la Alemania Nacionalsocialista ligados a nosotros históricamente y por destino» [referencia faltante].

     Finalmente, ya avanzada la guerra, incluso bajo las crecientes sombras de la derrota, la oficina central del SS-Reichsführer publicó el trabajo del doctor Ludwig Eckstein. Él diseccionó cuidadosamente los restos del nordicismo comprado más de una década antes a un costo tan alto, y concluyó:

     «Mientras apoyamos a nuestra propia raza, y si es necesario luchando contra otras razas para proteger su derecho a la existencia, no deberíamos pasar por alto el hecho de que casi todas las razas muestran algo en ellas mismas que es sano y biológicamente resuelto y por lo tanto hermoso, natural y valioso... Cada raza lleva, antes que nada, la medida del valor en sí misma. Una vez que entendemos esto entonces no fomentamos sentimientos de inferioridad en otros, una consecuencia que las teorías raciales hasta ahora existentes demasiado a menudo han conseguido...» [25].

[25] SS Obersturmbannführer Ludwig Eckstein, Rassenleib und Rassenseele, Zur Grundlegung der Rassenseelenkunde, p. 71.


VII.

     Fue en esta última fase que la teoría racial nacionalsocialista se detuvo. De esta última fase se sabe demasiado poco fuera del círculo intelectual inmediato que la desarrolló.

     Tras el cese de las hostilidades, el trabajo de media década fue dispersado o destruído, para dejar sólo la imagen tragicómica del nordicismo de Günther y sus seguidores, para aparecer y reaparecer como la popular falsa idea de la teoría nacionalsocialista de la Historia. Actualmente los elementos de una teoría mucho más profunda deben ser discernidos de los pocos libros sobrevivientes que marcan la última fase dinámica del desarrollo de un concepto de raza sin los estorbos de un nordicismo histérico [26].

[26] "Raza es destino. Un destino tan terrible, tan apremiante, tan inmutable que marca a un hombre como un criminal y hace de otro un genio. Ninguno de esos hombres es responsable por lo que cada uno es. No hay libre voluntad en el sentido de que yo pueda alterar o formar mi carácter según yo desee. Mi carácter, mi esencia está allí. Es inalterable; me es dado como un destino. Yo no controlo mi carácter sino que mi carácter me controla...", Martin Staemmler, op. cit., p. 10.

     Tan temprano como en 1933 los primeros elementos deben ser encontrados en Merkenschlager [27]; más tarde otros aparecen en Von Eickstedt [28], y todavía más tarde en Gross [29].

[27] Friedrich Merkenschlager, Rassensonderung, Rassenmischung, Rassenwandlung, Berlin, 1933.
[28] Egon von Eickstedt, Die rassischen Grundlagen des deutschen Volkes, Köln, 1934.
[29] Walter Gross, Rasse, Weltanschauung, Wissenschaft, Berlin, 1935; Der deutsche Rassengedanke und die Welt, Berlin, 1939.

     En Italia las mismas tendencias se revelaron en el fascista Manifiesto de la Raza de 1938, y en la obra de Giuseppe Maggiore (Razza e Fascismo, Roma, 1939) y Leone Franzi (op. cit.). En todas partes la conversación ya no era de razas fijas e inmutables sino de razas en formación, los componentes de las cuales provienen del crisol del pasado, razas en formación, moldeadas por el ideal de una herencia viva, para Alemania un mito nórdico, para Italia una animada devoción a la romanidad. La conversación es de razas todavía a ser formadas viviendo un ideal, unidas por un destino común, nutridas en un ambiente común, la expresión política de las cuales es el carácter de nación [30].

[30] "Las razas proporcionan los fundamentos originales de nuestra esencia y nuestras expresiones; ellas determinan la expresión colectiva física y psíquica de nuestro pueblo; pero nuestro Pueblo es una nueva unidad biológica cuyos miembros están unidos por los portentosos lazos de una comunidad de sangre en una patria común. Dentro de un Pueblo las profundas leyes biológicas de la evolución humana, de la herencia y la selección, de la adaptación y la tendencia genética, se realizan a sí mismas. La raza es por lo tanto un resultado, y el Pueblo es un comienzo en la evolución biológica de los grupos humanos...", Egon von Eickstedt, op. cit., p. 12.

     Aquí están los gérmenes de una cosmovisión que hace del hombre un creador, un constructor de futuras razas; una filosofía que une la Historia, la política y la raza, la eugenesia y el humanismo, el orgullo propio y el respeto por otros, una filosofía científicamente válida y emocionalmente satisfactoria. Ésta es la promesa de una cosmovisión aún semi-formulada y mal expresada con la cual debe contender nuestra época, la Weltanschauung que lleva dentro de sí la promesa del buen europeo de que habló Nietzsche.–




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