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jueves, 20 de julio de 2017

Felice Vinci - Homero en el Báltico



     Este texto que presentamos en castellano aquí constituye la introducción del libro de Felice Vinci, "Omero nel Baltico". Felice Vinci, nacido en 1946 en Roma, ingeniero nuclear, desde su juventud se apasionó por Homero y la mitología griega. Después de largas investigaciones, que lo han llevado varias veces a Escandinavia y Finlandia, publicó en 1993 su primer ensayo sobre el tema, «Homericus Nuncius» (Anuncio relativo a Homero), seguido en 1995 por la primera edición de «Homero en el Báltico. Ensayo sobre la Geografía Homérica», y en 1998 por la segunda edición del mismo libro. Hemos traducido este texto desde el sitio centrostudilaruna.it donde fue publicado en Abril de 2011.


HOMERO EN EL BÁLTICO.
RESUMEN
por Felice Vinci
4 de Abril de 2011



    El verdadero escenario de la Ilíada y la Odisea puede ser identificado no en el Mar Mediterráneo, donde resulta ser debilitado por muchas incongruencias, sino en el Norte de Europa. Las sagas que dieron origen a los dos poemas provinieron de las regiones bálticas, donde la Edad de Bronce floreció en el 2º milenio a.C. y donde muchos sitios homéricos, como Troya e Ítaca, todavía pueden ser identificados.

     Los rubios navegantes que fundaron la civilización micénica en el siglo XVI a.C. llevaron esos cuentos desde Escandinavia a Grecia después de la decadencia del "óptimo climático". Luego ellos reconstruyeron su mundo original, donde la Guerra de Troya y muchos otros acontecimientos mitológicos habían ocurrido, en el Mediterráneo; durante muchas generaciones fueron conservados los recuerdos de la edad heroica y las hazañas realizadas por sus antepasados en su perdida patria, y traspasados a las épocas siguientes. Esta clave permite que nosotros abramos fácilmente muchas puertas que han estado fuertemente cerradas hasta ahora, así como que consideremos la antiquísima cuestión de la diáspora indoeuropea y el origen de la civilización griega desde una nueva perspectiva.

     Desde antiguos tiempos, la geografía homérica ha dado ocasión a problemas e incertidumbre. La conformidad de ciudades, países e islas, que el poeta a menudo describe con minucioso detalle, con tradicionales lugares del Mediterráneo es por lo general sólo parcial o incluso inexistente. Encontramos varios casos en Estrabón (el geógrafo e historiador griego, 63 a.C.—23 d.C.), quien, por ejemplo, no entiende por qué la isla de Faros, situada justo al frente del puerto de Alejandría, en la Odisea inexplicablemente parece estar a un día de navegación desde Egipto.

     Está también la cuestión de la localización de Ítaca, la cual, según indicaciones muy precisas encontradas en la Odisea, es el punto más occidental en un archipiélago que incluye tres islas principales, Duliquio, Same y Zacinto. Eso no corresponde a la realidad geográfica de la Ítaca griega en el Mar Jónico, localizada al Norte de Zacinto, al Este de Cefalonia y al Sur de Leucas. Y luego, ¿qué pasa con el Peloponeso, descrito en ambos poemas como una llanura?.

     En otras palabras, la geografía homérica se refiere a un contexto con una toponimia con la cual estamos familiarizados, pero que, si se la compara con la disposición física actual del mundo griego, revela flagrantes anomalías, que son difíciles de explicar, aunque fuera sólo debido a su persistencia en los dos poemas. Por ejemplo, el "extraño" Peloponeso parece ser una llanura no de manera esporádica sino regular, y Duliquio, la "Isla Larga" (en griego, "dolichos" significa "largo") localizada mediante Ítaca, es repetidamente mencionada no sólo en la Odisea sino también en la Ilíada, pero nunca fue descubierta en el Mediterráneo. Así, estamos confrontados con un mundo que parece realmente cerrado e inaccesible, aparte de algunas convergencias ocasionales, aunque los nombres sean familiares (esto, sin embargo, tiende a ser engañoso para resolver el problema).

     Una clave posible para penetrar finalmente en ese desconcertante mundo es proporcionada por Plutarco (46—120 d.C.). En su obra De Facie quae in Orbe Lunae Apparet (La Cara que Aparece en el Círculo Lunar) él hace una declaración sorprendente: la isla de Ogigia (donde Calipso retuvo a Odiseo antes de permitirle volver a Ítaca) está localizada en el Norte del Océano Atlántico, "a cinco días de navegación desde Gran Bretaña".

     Las indicaciones de Plutarco nos conducen a identificar Ogigia con una de las islas Faroe (donde también nos encontramos con una isla con un nombre que parece griego: Mykines). Comenzando desde aquí, la ruta hacia el Este, que Odiseo sigue (canto V de la Odisea) en su viaje desde Ogigia a Esqueria, nos permite localizar a ésta, es decir la tierra de los feacios, en la costa Sur de Noruega, en un área que calza perfectamente con el relato de su llegada, donde los rastros arqueológicos de la Edad del Bronce son abundantes. Además, mientras por una parte «sker» en nórdico antiguo significa una «roca de mar», por otra, en la narración de la llegada de Odiseo, Homero presenta la inversión de la corriente del río (Odisea, V, 451-453), que es desconocida en el mundo del Mediterráneo pero que es típica de los estuarios atlánticos durante la marea alta.

     Desde allí los feacios llevaron a Odiseo a Ítaca, localizada en el lejano extremo de un archipiélago, del cual Homero habla con gran detalle. En este punto, una serie de precisos paralelos hace posible identificar un grupo de islas danesas, al Sur del Mar Báltico, que corresponden exactamente a todas las indicaciones de Homero. Realmente, el Archipiélago del Sur de Fyn incluye tres islas principales: Langeland (la "Isla Larga", lo que finalmente desvela el rompecabezas de la misteriosa isla de Duliquio), Aerø (que corresponde perfectamente a la homérica Same) y Tåsinge (la antigua Zacinto).

     La última isla en el archipiélago, localizada en dirección Oeste, "enfrentando a la noche", es la Ítaca de Odiseo, ahora conocida como Lyø. Es asombroso cuán estrechamente esto coincide con las indicaciones del poeta, no sólo en su posición sino también en sus características topográficas y morfológicas. Y aquí, entre este grupo de islas, también podemos identificar la pequeña isla «en el estrecho entre Ítaca y Same», donde los pretendientes de Penelope trataron de emboscar a Telémaco.

     Además, Elis, es decir, una de las regiones del Peloponeso, es descrita como estando frente a Duliquio, y es así fácilmente identificable con una parte de la gran isla danesa de Zealand. Por lo tanto, ésta es el «Peloponeso» original, es decir la "isla de Pelops", en el verdadero sentido de la palabra "isla" ("nêsos", en griego). Por otra parte, el Peloponeso griego (que está en una posición similar en el Mar Egeo, es decir, en su lado Sudoeste) no es una isla, a pesar de su nombre. Más aún, los detalles relatados en la Odisea en cuanto al rápido viaje de Telémaco en carro desde Pilos a Lacedemonia, a lo largo «de una llanura productora de trigo», y la guerra entre pilios y epeos, como está relatada en el canto XI de la Ilíada, siempre ha sido considerada inconsistente con la desigual geografía de Grecia, mientras ellos calzan perfectamente con la plana isla de Zealand.

     Miremos la región de Troya ahora. En la Ilíada está localizada a lo largo del Mar Helesponto, el que es sistemáticamente descrito como "amplio" o incluso "ilimitado". Podemos excluír, por lo tanto, el hecho de que se refiera al Estrecho de los Dardanelos, donde está la ciudad encontrada por Schliemann. La identificación de esa ciudad con la Troya de Homero todavía hace surgir fuertes dudas: sólo tenemos que pensar en la crítica de Moses Finley en "El Mundo de Odiseo". Es también notable que el sitio de Schliemann corresponda a la localización de la Troya greco-romana; sin embargo, Estrabón niega categóricamente que ésta sea identificable con la ciudad homérica (Geografía 13, 1, 27).

     Por otra parte, el historiador medieval danés Saxo Gramático, en su Gesta Danorum, a menudo menciona una población conocida como «helespónticos» y una región llamada Helesponto, que, bastante extrañamente, parece estar localizada en el Este del Mar Báltico. ¿Podría ella ser el Helesponto de Homero? Podemos identificarla con el Golfo de Finlandia, que es la contraparte geográfica de los Dardanelos (ya que ambos están al Noreste de sus respectivas cuencas). Desde Troya, como podemos deducir de un pasaje en la Ilíada (XXI, 334-335), está al Noreste del mar (una razón adicional para discutir la localización de Schliemann), de manera que parece razonable, para esta investigación, mirar una región del Sur de Finlandia, donde el Golfo de Finlandia se une al Mar Báltico.

     En esa área, al Oeste de Helsinki, encontramos varios nombres de lugares que asombrosamente se parecen a aquellos mencionados en la Ilíada y, en particular, a aquellos dados a los aliados de los troyanos: Askainen (Ascanio), Karjaa (Caria), Nästi (Nastes, el jefe de los carios), Lyökki (Licia), Tenala (Tenedos), Kiila (Cilla), Raisio (Rhesus), Kiikoinen (los ciconios) etc. Hay también un Padva, que nos recuerda a la Padua italiana, que fue fundada, según la tradición, por el troyano Antenor y que está en Venecia (los "Eneti" o "Veneti" eran aliados de los troyanos). Más aún, los topónimos Tanttala y Sipilä (el mítico rey Tántalo, famoso por su tormento, fue sepultado en el monte Sipylus) indican que este asunto no está sólo limitado a la geografía homérica sino que parece extenderse al mundo entero de la mitología griega.


     ¿Y qué hay acerca de Troya? Exactamente en el centro de esta área, a mitad de camino entre Helsinki y Turku, descubrimos que la ciudad del rey Príamo ha sobrevivido al saqueo e incendio realizado por los aqueos. Sus características corresponden exactamente a aquellas que Homero nos transmitió: el área montañosa que domina el valle con sus dos ríos, la llanura que desciende hacia la costa, y las tierras altas en el fondo. Ha mantenido incluso su propio nombre casi sin alterar durante todo este tiempo. Hoy, Toija es un pacífico pueblo finlandés, inconsciente de su pasado glorioso y trágico.

     Diversos viajes a esos lugares, desde el 11 de Julio de 1992 en adelante, han confirmado la extraordinaria correspondencia existente entre las descripciones de la Ilíada y el área que rodea a Toija. Lo que es más, allí nos encontramos con muchos rastros significativos de la Edad del Bronce. Increíblemente, hacia el mar encontramos un lugar llamado Aijala, que recuerda la "playa" («aigialos»), donde, según Homero, los aqueos instalaron sus barcos (Ilíada, XIV, 34). La correspondencia se extiende a las áreas vecinas. Por ejemplo, a lo largo de la costa sueca que está frente a Finlandia del Sur, 70 kilómetros al Norte de Estocolmo, la larga y relativamente estrecha bahía de Norrtälje recuerda el Aulis homérico, desde donde la flota aquea navegó hacia Troya. Hoy día, los barcos parten de ahí hacia Finlandia, siguiendo el mismo curso antiguo. Ellos pasan la isla de Lemland, cuyo nombre nos recuerda la antigua Lemnos, donde los aqueos se detuvieron y abandonaron al héroe Filoctetes. Cerca está Åland, la isla más grande del archipiélago homónimo, que probablemente coincide con Samotracia, el mítico sitio de los misterios de la metalurgia.

     El adyacente golfo de Botnia es fácilmente identificable con el Mar Tracio de Homero, y con la antigua Tracia, que el poeta ubica al Noroeste de Troya en el lado opuesto del mar, probablemente a lo largo de la costa sueca del Norte y su interior (es notable que el Edda Menor identifique la casa del dios Thor con Tracia). Más al Sur, fuera del golfo de Finlandia, la isla de Hiiumaa, situada frente a la costa estonia, corresponde exactamente a la Quíos de Homero, la cual, según la Odisea, estaba en el curso de regreso de la flota aquea después de la guerra.

     En resumen, aparte de los rasgos morfológicos de esa área, la posición geográfica de la Troas finlandesa calza con las indicaciones de Homero como un guante. Realmente, esto explica por qué una "espesa niebla" a menudo caía sobre aquellos que luchaban en la llanura troyana, y el mar de Odiseo nunca es tan brillante como el de las islas griegas, sino siempre como "vino oscuro" y "nebuloso". Cuando viajamos por el mundo de Homero, experimentamos el duro clima que es típico del mundo del Norte. En todas partes en los dos poemas el clima, con su niebla, viento, lluvia, temperaturas frías y nieve (que cae sobre las llanuras y que incluso llega hasta el mar), tiene poco en común con el clima del Mediterráneo; además, el Sol y las temperaturas cálidas no son mencionados casi nunca.

     Hay innumerables ejemplos de esto; por ejemplo, cuando Odiseo recuerda un episodio de la guerra de Troya:

     «La noche era mala, después cayó el viento del Norte,
y lo congeló todo; entonces la nieve comenzó a caer como escarcha helada
y el hielo se congeló en nuestros escudos» (Odisea, XIV, 475-477).

     En pocas palabras, la mayor parte del tiempo el clima es cambiante, tanto, que un guerrero bélico vestido de bronce invoca un cielo despejado durante la batalla (Ilíada, XVII, 643-646). Estamos en otros mundos lejos de las tórridas tierras bajas anatolias. La manera en la cual los personajes de Homero están vestidos está en perfecto acuerdo con esa clase de clima. En la temporada de navegación ellos llevan puestas túnicas y pesadas capas que ellos nunca se quitan, ni siquiera durante los banquetes. Ese atuendo corresponde exactamente a los restos de vestimentas encontrados en tumbas danesas de la Edad del Bronce, incluso con detalles tales como el broche metálico que afirmaba la capa en el hombro (Odisea, XIX, 226). Además, eso calza perfectamente con lo que Tácito declara acerca de la ropa germánica: «El traje para cada uno es una capa con una hebilla» («sagum fibula consertum»; Germania, 17, 1).

     Esta colocación en el Norte también explica la enorme anomalía de la gran batalla que ocupa los libros centrales de la Ilíada. La batalla dura dos días (Ilíada, XI, 86; XVI, 777) y una noche (Ilíada, XVI, 567). El hecho de que la oscuridad no imponga un alto a los enfrentamientos es incomprensible en el mundo del Mediterráneo, pero se hace claro en un escenario báltico. Lo que permite que las tropas frescas de Patroclo continúen luchando hasta el día siguiente, sin ninguna pausa, es la pálida luz de la noche, que es típica de las latitudes altas durante el solsticio de verano.

     Esta interpretación —confirmada por el desbordamiento del río Escamandro durante la siguiente batalla (en las regiones del Norte eso ocurre en Mayo o Junio debido al deshielo)— permite que nosotros reconstruyamos las etapas de la batalla entera en una manera coherente, disipando las perplejidades actuales e interpretaciones forzadas. Además, logramos incluso escoger de un pasaje en la Ilíada (VII, 433) la palabra griega usada para denominar las noches ligeramente iluminadas típicas de las regiones localizadas cerca del Círculo Ártico: la expresión «amphilyke nyx» es un verdadero "fósil lingüístico" que, gracias al poema narrativo (epos) homérico, ha sobrevivido a la migración de los aqueos a Europa del Sur.

     Es también importante notar que las murallas troyanas, como las describió Homero, aparecen como una especie de cerca rústica hecha de madera y piedra, similar a los arcaicos recintos de madera del Norte (como las Murallas del Kremlin hasta el siglo XV) mucho más que como las poderosas fortalezas de las civilizaciones egeas. Troya, por lo tanto, no fue abandonada después de que los aqueos la saquearon y la incendiaron, sino que fue reconstruída, como lo declara la Ilíada:

     «En este punto Zeus ha llegado a odiar al linaje de Príamo,
de modo que el poder de Eneas gobernará a los troyanos ahora
y luego los hijos de sus hijos y aquellos que vendrán más tarde» (Ilíada, XX, 306-308).

     Por el contrario, el completamente tendencioso, y mucho más reciente, relato de la huída de Eneas por vía marítima desde la ciudad de Troya en llamas (un homenaje rendido a la familia del Emperador Augusto, considerado un descendiente de Eneas) no está de ningún modo relacionado con el verdadero destino del héroe troyano y su ciudad después de la guerra. En cuanto a este Eneas (Æneas) "finlandés", el primer rey de la dinastía que, según Homero, gobernó a Troya después de la guerra (ése es un reino que, bajo Príamo, dominó un área enorme en el Sur de Finlandia; Ilíada, XXIV, 544-546), sería muy tentador suponer una relación entre su nombre y "Aeningia", el nombre de Finlandia en tiempos romanos (Plinio, Historia Natural, IV, 96).


     Es notable que los agricultores a menudo se encuentren con reliquias de la Edad de Piedra y del Bronce en los campos que rodean a Toija. Ésa es la prueba de asentamientos humanos en ese territorio hace mucho miles de años. Además, en el área que rodea a Salo (sólo a 20 kilómetros de Toija), los arqueólogos han encontrado espléndidos especímenes de espadas y puntas de lanzas que se remontan a la Edad del Bronce y que están ahora exhibidas en el Museo Nacional de Helsinki. Esos descubrimientos provienen de lugares de entierro, que incluyen túmulos hechos de grandes montículos de piedras que pueden ser encontrados en lo alto de ciertas colinas, que se elevan desde la llanura hoy, pero que, hace miles de años, cuando la línea de la costa no estaba tan lejos como hoy en día, enfrentaban directamente al mar. Esto está relacionado con un pasaje en la Ilíada, donde Héctor desafía a un héroe aqueo a un duelo, prometiendo, en caso de victoria, devolver el cadáver de su oponente

   «de modo que los aqueos de largos cabellos puedan sepultarlo
y erigir un montículo para él en el amplio Helesponto,
y algún día uno de los hombres que vendrán,
navegando en un barco de muchos remos en el mar oscuro como el vino, dirá:
"Este es el montículo de un hombre muerto en la Antigüedad,
él los excedió a todos pero el renombrado Héctor lo mató"»
(Ilíada, VII, 85-90; la descripción de la tumba de Aquiles en el último canto de la Odisea es análoga).

     Esos montículos homéricos «en el amplio Helesponto» y los de la Edad del Bronce cerca de Salo son notablemente similares.

     Examinemos el llamado Catálogo de las Naves del canto II de la Ilíada, que enumera las veintinueve flotas aqueas que participaron en la Guerra de Troya, junto con los nombres de sus capitanes y lugares de origen. Esa lista se despliega en una dirección contraria al reloj, comenzando en Suecia Central, viajando a lo largo de las costas bálticas y terminando en Finlandia. Si combinamos esto con los datos contenidos en los dos poemas y en el resto de la mitología griega, podemos reconstruír completamente el mundo aqueo alrededor del Mar Báltico, donde, como lo confirma la arqueología, la Edad del Bronce estaba prosperando en el 2º milenio a.C., favorecida por un clima más cálido que el de hoy.

     En este nuevo contexto geográfico, el universo entero que pertenece a Homero y a la mitología griega finalmente se revela con su asombrosa consistencia. Por ejemplo, siguiendo la secuencia de dicho Catálogo, inmediatamente localizamos Beocia (correspondiente al área alrededor de Estocolmo). Aquí es fácil identificar la Tebas de Edipo y el mítico monte Nisa (que nunca fue encontrado en el mundo griego), donde las Híades cuidaron al bebé Dionisio. La Eubea de Homero coincide con la isla de hoy de Öland, localizada fuera de la costa sueca en una posición similar a la de su contraparte del Mediterráneo. La mítica Atenas, la tierra natal de Teseo, está en la actual área de Karlskrona en el Sur de Suecia (esto explica por qué Platón, en su diálogo Critias, se refiere a ella como ser una llanura ondulante llena de ríos, lo que es totalmente ajeno a la escarpada morfología de Grecia).

     Las características de otras ciudades aqueas, como Micenas o Calidón, como las ha descrito Homero, también parecen completamente diferentes de aquellas de sus homófonas en suelo griego. En particular, Micenas está en el sitio de Copenhagen de hoy, donde la isla de Amager posiblemente recuerda su antiguo nombre y explica por qué estaba en plural. Allí, en la plana isla de Zealand (es decir, el «Peloponeso» homérico), podemos identificar fácilmente los reinos de Agamenón y Menelao, Arcadia, el río Alfeo, y en particular, la Pilos del rey Néstor, cuya localización fue considerada como un misterio incluso por los griegos antiguos. Al ambientar los poemas de Homero en el Báltico, este antiquísimo rompecabezas también es resuelto inmediatamente.

     Más aún, es igualmente fácil resolver el problema de la extraña frontera entre Argolis y Pilos, que es mencionada en la Ilíada (IX, 153), pero que es "imposible" en el mundo griego. Después del Peloponeso, el Catálogo menciona a Duliquio y sigue con el archipiélago de Ítaca, que ya era identificado haciendo uso de las indicaciones que proporciona la Odisea. De esta manera, somos capaces de verificar la consistencia de la información contenida en los dos poemas así como su congruencia con la geografía báltica. Después de Ítaca, la lista sigue con los etolios, que recuerdan a los antiguos jutos. Ellos dieron su nombre a Jutlandia, que actualmente está cerca de las islas Fyn del Sur. Homero menciona (Ilíada, II, 638) a Pilene en las ciudades etolias, que corresponde a la Plön de hoy, en Alemania del Norte, no lejos de Jutlandia. Frente a esa región, en el Mar del Norte, está el nombre de Heligoland, una de las Islas Frisonas del Norte que es, recuerda Helike, un santuario del dios Poseidón mencionado en la Ilíada (es notable que un viejo nombre para Heligoland fuera Fositesland, donde «Fosite», un antiguo dios frisón, es prácticamente idéntico a Poseidón).

     En cuanto a Creta, la «vasta tierra» con «cien ciudades» y muchos ríos, que nunca es mencionada como una isla por Homero, corresponde a la región Pomerania en el área báltica del Sur, que se extiende desde la costa alemana a la polaca. Esto explica por qué en las ricas producciones pictóricas de la civilización minoica, que prosperó en la Creta Egea, no encontramos ningún indicio de la mitología griega, y los barcos están muy escasamente representados.

     También sería tentador suponer una relación entre el nombre «Polska» [Polonia, en polaco] y los pelasgos, los habitantes de la homérica Creta. En este punto, también es fácil identificar Naxos (donde Teseo abandonó a Ariadna en su viaje de vuelta desde "Creta" a "Atenas") con la isla de Bornholm, situada entre Polonia y Suecia, donde la ciudad de Neksø todavía recuerda el antiguo nombre de la isla. Igualmente, descubrimos que el «Río de Egipto» de la Odisea probablemente coincide con el actual Vístula, revelando así el verdadero origen del nombre que los griegos dieron a la tierra de los Faraones, conocida como «Kem» en el idioma local.

     Esto explica la posición incongruente de la Tebas egipcia homérica, la cual, según la Odisea, está localizada cerca del mar. Claramente la capital egipcia, que por el contrario está a cientos de kilómetros del delta del Nilo y que era originalmente conocida como Wò’se, fue rebautizada por los aqueos con el nombre de una ciudad báltica, después de que ellos se trasladaron bajando al Mediterráneo. La verdadera Tebas probablemente era la Tczew actual, en el delta del Vístula. Al Norte de ésta, en el centro del Mar Báltico, la isla de Fårö recuerda a la Faros homérica, que según la Odisea está en medio del mar a un día de navegación desde "Egipto" (mientras que la Faros del Mediterráneo no está siquiera a la distancia de una milla del puerto de Alejandría). Aquí está la solución de otro rompecabezas de la geografía homérica que tanto perturbó a Estrabón.

     El Catálogo de las Naves luego menciona a las repúblicas bálticas. Hellas está en la costa de la actual Estonia, y por ello al lado del Helesponto homérico (es decir, «el Mar de Helle»), el golfo de Finlandia de hoy. En esa área también está Kurland, el país de los curios, que son los míticos curetes, vinculado a la adoración de Zeus, donde se encuentra la figura de un dios supremo, a quien llaman Dievas en Lituania y Dievs en Letonia; en el folklore local él presenta las características típicas del Zeus helénico (el genitivo del nombre «Zeus» en griego es «Diòs»; Ilíada, I, 5). Además, el idioma lituano tiene rasgos muy arcaicos y una notable afinidad con el antiguo lenguaje indoeuropeo.

     Fthía, la patria de Aquiles, está en las fértiles colinas del Sudeste de Estonia, a lo largo de la frontera entre Letonia y Rusia, abarcando tan lejos como al río ruso Velikaja y el lago de Pskov. Los mirmidones y ftianos vivieron allí, gobernados por Aquiles y Protesilao (el primer capitán aqueo que cayó en la guerra de Troya) respectivamente. Después, siguiendo con la secuencia, alcanzamos la costa finlandesa, enfrentando el golfo de Botnia, donde encontramos a Jolkka, que nos recuerda a Yolco, la mítica ciudad de Jasón. Más al Norte, podemos también identificar la región de Olimpo, Estigia y Pieria en la Laponia (Lapland) finlandesa (que a su vez recuerda a los lapitas homéricos, es decir, los enemigos jurados de los centauros que también vivían en esa área).

     Esta localización de Pieria al Norte del Círculo Ártico es confirmada por una aparente anomalía astronómica, vinculada al ciclo lunar, que se encuentra en el homérico Himno a Hermes: eso sólo puede ser explicado por la alta latitud. La «Casa de Hades» estaba incluso más al Norte, en las heladas costas de la Carelia rusa: ahí llegó Odiseo, representando sus viajes el último vestigio de rutas prehistóricas en una Era que se caracterizó por un clima muy diferente al de hoy.

     En conclusión, de esta revisión del mundo báltico, encontramos su asombrosa consecuencia con el Catálogo de las Naves, que es, por lo tanto, una "fotografía" extraordinaria de los pueblos de la temprana Edad del Bronce del Norte, así como de toda la mitología griega. Es muy improbable que este inmenso número de paralelos geográficos, climáticos, toponímicos y morfológicos deba ser adjudicado al mero azar, incluso dejando aparte las flagrantes contradicciones que surgen de un escenario en el Mediterráneo.


     En cuanto a los viajes de Odiseo, después de la guerra de Troya, cuando él está a punto de alcanzar Ítaca, una tormenta se lo lleva lejos de su mundo; por dicha causa él tiene muchas aventuras en localidades fabulosas hasta que llega a Ogigia, que es una de las islas Faroe. Esas aventuras, probablemente tomadas de cuentos de antiguos marineros y elaboradas de nuevo por la fantasía del poeta, representan la última memoria de las rutas de mar seguidas por los antiguos navegantes de la Edad del Bronce del Norte, al salir del Báltico hacia el Atlántico del Norte (donde fluye el "Río Océano", es decir, la Corriente del Golfo), pero esas rutas se hicieron irreconocibles debido a su transposición en un contexto totalmente diferente.

     Por ejemplo, la isla Eolia, gobernada por «el rey de los vientos», «el hijo del Caballero», es una de las Shetland (tal vez Yell), donde hay fuertes vientos y caballos ponis. Los cíclopes vivían en la costa de Noruega (cerca de Tosenfjorden; el nombre de la madre de ellos es Toosa). Ellos coinciden con los trolls del folklore noruego. La tierra de los lestrigones estaba en la misma costa, hacia el Norte; Homero dice que allí los días son muy largos (el famoso investigador Robert Graves coloca a los lestrigones en el Norte de Noruega; además, en aquella área encontramos la isla de Lamøj, que es probablemente la homérica Lamos). La isla de la bruja Circe —donde hay claras alusiones al Sol de Medianoche (Odisea, X, 190-192) y a las auroras boreales (Odisea, XII, 3-4), fenómenos típicos de las regiones árticas— es una de las Lofoten, más allá del Círculo Artico. Caribdis es el famoso remolino llamado Maelstrom, al Sur de la isla Moskenes (una de las Lofoten).

     Al Sur de Caribdis Odiseo encuentra la isla Trinacia, que significa "tridente": realmente, cerca del Maelstrom está Mosken, una isla de tres puntas. Las Sirenas son encalladeros y bajíos, fuera de la cara occidental de las Lofoten, ante el área del Maelstrom, que se hacen aún más peligrosos por la niebla y el tamaño de las mareas. Los marineros podían ser atraídos por el engañoso ruido de la turbulencia (el «Canto de las Sirenas» es una metáfora similar al «kenningar» nórdico) en las rocas medio escondidas, engañándose ellos mismos al creer que la tierra estaba a mano, pero si ellos se acercaban, el naufragio en los escollos era inevitable.

     Además, podemos encontrar notables paralelos entre la mitología griega y la nórdica: por ejemplo, Odiseo es similar a Ull, arquero y guerrero de la mitología nórdica; Aegaeon, el gigante del mar (que dio su nombre al Mar Egeo) es el homólogo de Aegir, el dios nórdico del mar, y Proteo, el Anciano del Mar (que es un mítico pastor de focas, que vive en las profundidades del mar y es capaz de predecir el futuro) es similar al "marmendill" (mencionado por la Hàlfs Saga ok Hàlfsrekka y por el Landnàmabòk), una criatura muy rara, que parece un hombre deforme con un cuerpo en forma de foca debajo de la cintura, y que tiene el don de la profecía, pero que sólo habla cuando a él le parece, tal como Proteo.

     Por otra parte, hay notables analogías entre los barcos aqueos y los vikingos: comparando los detalles de los barcos homéricos con los restos de los barcos vikingos encontrados en la bahía de Roskilde, comprendemos que sus características eran muy similares. Nos referimos a la quilla plana (uno deduce esto de Odisea, XIII, 114), la doble proa (podemos deducir esto de la expresión "amphiélissai" que Homero usa con frecuencia en cuanto a su doble curva, es decir, en la popa y la proa), y el mástil removible. Este último es un rasgo sofisticado típico de los barcos vikingos, que era típico también de los barcos homéricos: muchos pasajes tanto en la Ilíada (I, 434; I, 480) como en la Odisea (II, 424-425; VIII, 52) confirman sin la más mínima duda que las operaciones de poner y sacar el mástil eran acostumbradas al principio y al final de cada misión.

     Hablando más en general, aparte de las respectivas mitologías, se encuentran notables paralelos entre las costumbres de los aqueos y las de las poblaciones de Europa del Norte, aunque ellos estén separados por casi 3.000 años. Los sistemas de relaciones sociales, intereses y estilos de vida del mundo homérico y de la sociedad vikinga, a pesar de los años transcurridos, son sorprendentemente similares. Por ejemplo, el «agorà», la asamblea pública en el mundo homérico, corresponde al «thing» de los vikingos: aquél era el momento político más importante en el manejo de la comunidad para ambos pueblos. A su vez, Tácito nos informa que en su tiempo las poblaciones del Norte realizaban asambleas públicas (Germania, cap. 11), que parecen ser muy similares al «thing» (por lo tanto, al «agorà» también). En pocas palabras, los paralelos entre los homéricos aqueos, que vivieron durante la Edad del Bronce, los germanos del período romano, y los vikingos medievales, dan testimonio de la continuidad del mundo del Norte a través de las épocas.

     Deberíamos notar que muchos pueblos homéricos, como los dánaos, los pelasgos, los dorios, los curetes, los libios y los lapitas, cuyos rastros no son encontrados en el Mediterráneo, probablemente todavía existen en el mundo báltico: ellos encuentran sus actuales contrapartes en los daneses, polacos, turingios, curlandeses, livonios y lapones (esta identificación es apoyada por sus respectivas localizaciones geográficas). Además, ambos poemas mencionan a los sintios, míticos habitantes de Lemnos que estaban vinculados al dios herrero Hefesto (Ilíada, I, 594; Odisea, VIII, 294): el nombre de ellos es exactamente el mismo que los Sinti de hoy, es decir una tribu de gitanos, que tradicionalmente son obreros metalúrgicos y caldereros. También notamos una posible relación entre los "argivos", otro nombre para los aqueos, «argeioi» en griego, es decir, (V)argeioi, considerando la pérdida habitual de la inicial V (la «digamma») en el lenguaje homérico, y los "varegos" (vikingos suecos).

     En cuanto a los homéricos dánaos («Dànaioi» en griego, quienes eran también aqueos), al comienzo de la Gesta Danorum Saxo Gramático declara que «Dudon, que escribió una historia sobre Aquitania, cree que los daneses deben sus orígenes y nombre a los dánaos» (I, I, 1). Esta comparación ha sido interpretada hasta ahora como un medio para exaltar el origen de los daneses, pero ahora uno podría comenzar a verlos bajo una nueva luz. Si todavía nos extendemos a propósito del digamma, deberíamos considerar ahora la relación entre las palabras griegas «areté» (valor) y «àte» (falta o error) y sus homólogos latinos «virtus» y «vitium» respectivamente (aparte de la inicial V, las vocales A e I a menudo son intercambiables: por ejemplo, "ambush" [en inglés, emboscada] corresponde al italiano "imboscata"). Aplicando la misma modificación (es decir. AVI) al nombre de los aqueos («Achaioi» en griego), conseguimos la palabra "vikingos". En resumen, Argeioi, Danaioi y Achaioi, es decir, los tres nombres principales que Homero da a los pueblos que comprenden a los protagonistas de sus poemas, posiblemente llegaron a los tiempos modernos como varegos, daneses y vikingos respectivamente (nunca encontrados en el área del Mediterráneo, ni siquiera en la Antigüedad).

     Aquí, por lo tanto, está "el secreto" que está escondido dentro de los poemas de Homero y que es responsable de todas las rarezas de la geografía homérica: la Guerra de Troya y los otros acontecimientos que la mitología griega transmitió no estaban ambientados en el Mediterráneo sino en el área báltica, es decir, en el primitivo hogar de los rubios y "de largos cabellos" aqueos (la Odisea afirma que Odiseo era rubio; XIII, 399; XIII, 431).


     En cuanto a este tema, el distinguido erudito sueco profesor Martin P. Nilsson da cuenta en sus obras de la existencia de una considerable evidencia arqueológica descubierta en los sitios micénicos en Grecia, confirmando su origen del Norte. Algunos ejemplos son: la existencia de una gran cantidad de ámbar báltico en las tumbas micénicas más antiguas en Grecia (lo que no debe ser atribuído al comercio, porque el ámbar es muy escaso en las tumbas minoicas contemporáneas en Creta así como en tumbas posteriores en el continente); los rasgos típicamente nórdicos de su arquitectura (el micénico megaron es idéntico a la sala de los antiguos reyes escandinavos); la similitud de dos losas de piedra encontradas en una tumba en Dendra con los menhires conocidos desde la Edad del Bronce de Europa Central; los cráneos de tipo nórdico encontrados en la necrópolis de Kalkani, etcétera... Además, el arte egeo y los restos escandinavos que se remontan a la Edad del Bronce presentan una notable afinidad, por ejemplo, las figuras grabadas en la tumba de Kivik en Suecia de una manera tal que un erudito del siglo XIX sugirió que el monumento fue construído por los fenicios.

     Otro signo de la presencia aquea en el mundo del Norte en un pasado muy distante es una inscripción micénica encontrada en el complejo megalítico de Stonehenge en el Sur de Inglaterra. Otros restos que revelaron la influencia micénica fueron encontrados en la misma área ("cultura de Wessex"), los que se remontan a un período que precede a la civilización micénica en Grecia. Un rastro de contacto se encuentra en la Odisea, que menciona un mercado para el bronce en el extranjero, en un país ultramarino llamado «Temese», nunca encontrado en el área del Mediterráneo. Dado que el bronce es una aleación de cobre y estaño, que en el Norte sólo se encuentra en Cornualles, es muy probable que el misterioso Temese corresponda al río Thames, llamado «Tamesis» o «Tamensim» en la Antigüedad. De este modo, siguiendo a Homero, nos enteramos de que, durante la Edad del Bronce, los antiguos escandinavos solían navegar al Temese-Támesis, «situado al otro lado del mar en un país extranjero», para proveerse de bronce.

     Esta teoría —que ha sido sometida ya a un control confirmatorio por medio de inspecciones realizadas en los territorios involucrados, y que cumple con la exigencia de Popper de la "falsabilidad"— soluciona muchos otros problemas, como el atraso de la civilización homérica comparada con la micénica; la ausencia de referencia a la mitología marinera y griega en el mundo minoico-cretense; las inconsistencias existentes entre la morfología de varias ciudades homéricas, como Micenas y Calidón, y sus homófonas griegas; los absurdos acerca de las regiones del Peloponeso, y la distancia de los aliados de los troyanos con respecto al área de los Dardanelos, etcétera.

     También deberíamos notar que los bueyes tienen una suprema importancia en el mundo homérico: ésta es la prueba adicional de que no estamos tratando con un ambiente griego, indudablemente más conveniente para cabras que bueyes, sino con uno del Norte. Además, en un ambiente griego uno esperaría un exceso de cerámica, pero éste no es el caso: en ambos poemas la vajilla está hecha únicamente de metal o madera, mientras que la cerámica está ausente. El poeta habla de vasos de metal, por lo general de oro o plata. Por ejemplo, en el palacio de Odiseo en Ítaca, «una criada vino para verter agua desde un hermoso jarro de oro a una palangana de plata» (Odisea, I, 136-137).

     La gente vertía el vino «en copas de oro» (Odisea, III, 472) y «vasos de oro» (Odisea, I, 142). Lámparas (Odisea, XIX, 34), alcuzas (Odisea, VI, 79) y urnas, como aquella que contenía los huesos de Patroclo (Ilíada, XXIII, 253), estaban hechas de oro. Las vasijas usadas para verter vino eran también de metal: cuando una de ellas caía al suelo, en vez de romperse, «retumbaba» (Odisea, XVIII, 397). En pocas palabras, por una parte, los poemas homéricos no mencionan ninguna artesanía de cerámica, que es típica del mundo del Mediterráneo, pero, por otra, ellos son sorprendentemente congruentes con el mundo del Norte, donde los eruditos encuentran una estable y muy avanzada industria proporcionadora de bronce, comparada con la de la cerámica, que era mucho más modesta. En cuanto a los pobres, ellos usaban jarros de madera (Odisea, IX, 346; XVI, 52), es decir, la forma más barata y más natural de recipiente, considerando la abundancia de ese material en el Norte: Estonia y Letonia tienen una tradición muy antigua de jarras de madera para la cerveza.

     Por lo tanto, fue a lo largo de la costa báltica que ocurrieron los acontecimientos de Homero, antes de la migración micénica hacia el Sur, en el siglo XVI a.C. Ese período está cerca del final de un clima excepcionalmente cálido que había durado varios miles de años, el "óptimo climático post-glacial". Corresponde a la fase Atlántica del Holoceno, cuando las temperaturas en Europa del Norte eran mucho más altas que hoy (en ese entonces los bosques de anchas hojas alcanzaban al Círculo Artico y la tundra desapareció incluso de las áreas más al Norte de Europa).

     El "óptimo climático" alcanzó su cima alrededor de 2500 a.C. y comenzó a caer alrededor de 2000 a.C. ("fase sub-boreal"), hasta que llegó a su final algunos siglos más tarde. Es altamente probable que ésa fuera la causa que obligó a los aqueos a trasladarse al Mediterráneo. Ellos probablemente siguieron el río Dnieper bajando hasta el Mar Negro, tal como los vikingos (cuya cultura es, desde muchos puntos de vista, muy similar) lo hicieron muchos siglos más tarde. La civilización micénica, que no se originó en Grecia, así nació y continuó prosperando desde el siglo XVI a.C., poco después del cambio climático en Europa del Norte.

     Los migrantes llevaron su cuerpo de poesía épica (epos) y su geografía junto con ellos y atribuyeron los mismos nombres que ellos habían dejado atrás en su patria perdida a los diversos lugares donde ellos finalmente se asentaron. Esa herencia fue inmortalizada por los poemas homéricos y la mitología griega (esta última perdió la memoria de la gran migración del Norte probablemente después del colapso de la civilización micénica, alrededor del siglo XII a.C., pero conservó un vago recuerdo de sus vínculos "hiperbóreos"). Además, ellos rebautizaron con nombres bálticos no sólo los nuevos países donde ellos se establecieron, sino también otras regiones del Mediterráneo, como Libia, Creta y Egipto, creando de esa manera un enorme "malentendido geográfico" que ha durado hasta ahora.

     Las mencionadas transposiciones de topónimos del Norte fueron ciertamente estimuladas, si no sugeridas, por una cierta similitud (que los micénicos comprendieron debido a su inclinación a navegar por el mar) entre la geografía báltica y la del Egeo: sólo tenemos que pensar en la analogía Öland-Eubea o Zealand-Peloponeso (donde ellos se vieron obligados a forzar el concepto de isla a fin de mantener la disposición original). La creciente presencia de poblaciones de habla griega en la cuenca del Mediterráneo, con su supremacía cultural y comercial, consolidó más tarde ese fenómeno, desde el tiempo de la civilización micénica hasta el período helenístico-romano.

     En resumen, además de las correspondencias geográficas, en favor de esta teoría existe una notable concordancia temporal entre el final del "óptimo climático" en Europa del Norte y el asentamiento de micénicos en el área egea. También deberíamos señalar que un acontecimiento catastrófico sucedió en ese tiempo: nos referimos a la erupción del volcán de Thera (Santorini), alrededor del año 1630 a.C., que probablemente extinguió la civilización minoica en Creta y que ciertamente tuvo severas consecuencias climáticas por todo el mundo (rastros de ello fueron encontrados hasta en los anillos anuales de árboles estadounidenses muy antiguos), dando ocasión a fenómenos atmosféricos que deben haber aterrorizado a las civilizaciones de la Edad del Bronce en Europa del Norte. Si consideramos que el "optimum" había comenzado a disminuír algunos siglos antes, ese acontecimiento probablemente comenzó, o aceleró, el colapso final.

     Ésa es la misma época del surgimiento de asentamientos arios, hicsos, hititas y casitas en India, Egipto, Anatolia y Mesopotamia respectivamente. En una palabra, el final del "óptimo climático" puede explicar la causa de las migraciones contemporáneas de otras poblaciones indoeuropeas (de acuerdo a una reciente investigación emprendida por el profesor Jahanshah Derakhshani de la Universidad de Teherán, los hicsos muy probablemente pertenecen a la familia indoeuropea). La patria original de los indoeuropeos estuvo probablemente localizada en el más lejano Norte de Europa, cuando el clima era mucho más cálido que el de hoy.

     Sin embargo, por una parte G. B. Tilak en El Hogar Ártico de los Vedas afirma el origen ártico de los arios, "primos" de los aqueos, y por otra la mitología tanto irania como nórdica recuerdan que la patria original fue destruída por el frío y el hielo. También es notable que, de acuerdo a Tilak (en The Orion), la civilización aria original floreció en el «período Oriónico», cuando la constelación de Orión marcaba el equinoccio de primavera. Aquello sucedió en el período entre 4000 y 2500 a.C., correspondiente al auge del "óptimo climático".

     También notamos la presencia de una población conocida como los Tocarios en la cuenca de Tarim (China del Noroeste) desde el principio del 2º milenio a.C. Ellos hablaban una lengua indoeuropea y eran altos, rubios y con rasgos caucásicos. Esa datación nos proporciona aún otra confirmación de la cercana relación entre la decadencia del "óptimo climático" y la diáspora indoeuropea desde Escandinavia y otras regiones del Norte. En este cuadro, es asombroso que la Edad del Bronce comience en China sólo entre los siglos XVIII y XVI a.C. (dinastía Shang). Deberíamos destacar que la pictografía china que indica al rey es llamada «wang», que es muy similar al término homérico «anax», es decir, "el rey" (correspondiente a «wanax» en las tablillas micénicas llamadas Lineal B).

     Por otra parte, los términos «Yin» y «Yang» (que expresan dos principios complementarios de la filosofía china: el Yin es femenino, el Yang masculino) podrían ser comparados con las raíces griegas "gyn" y "andr" respectivamente, que también se refieren a la "mujer" y al "hombre" («anér edé gyné», "hombre y mujer", Odisea, VI, 184). Además, no es ninguna casualidad que en ese período los pueblos de la estepa —los escitas, como los griegos solían llamarlos— quienes eran rubios o pelirrojos, florecieran en el área donde corren el Volga y el Dnieper, los ríos que desempeñaron un papel tan importante como rutas de comercio y de tránsito entre Norte y Sur. Un pasaje de Heródoto sobre el origen de los escitas confirma este cuadro: «Ellos dicen que 1.000 años pasaron desde su origen y su primer rey Targitaos a la expedición de Darío contra ellos» (Historia, IV, 7).

     Por cuanto esa expedición se remonta a 514 a.C., su origen se remontaría así al siglo XVI a.C., es decir, a la época de la migración micénica. Uno podría aventurarse a incluír en este cuadro también a los olmecas. Ellos parecen haber alcanzado la costa Sur del Golfo de Méjico aproximadamente en aquel mismo período; así, uno podría deducir que ellos eran una población que había vivido antes en el extremo Norte de las Américas (estando relacionados con la civilización indoeuropea por medio del Océano Artico, que no estaba congelado entonces), y luego se dirigieron al Sur cuando el clima colapsó (esto, por supuesto, podría ayudar a explicar ciertas similitudes con el Viejo Mundo, aparte de otros contactos posibles).

     Volviendo a Homero, esta reconstrucción no sólo explica la extraordinaria coherencia entre el contexto báltico-escandinavo y el mundo de Homero (comparado con todas las contradicciones, sobre las cuales los eruditos griegos antiguos atormentaron sus cerebros en vano, que surgen cuando uno trata de colocar la geografía homérica en el Mediterráneo), sino que también clarifica por qué el mundo homérico era decididamente más arcaico que la civilización micénica. Evidentemente, el contacto con las refinadas culturas del Mediterráneo y orientales favoreció su rápida evolución, considerando además su marcada inclinación al comercio y a los viajes por mar que impregna no sólo los poemas homéricos sino también toda la mitología griega. Y adicionalmente, esta tesis calza muy bien con la fuerte caracterización marinera de los micénicos.

     De hecho, los arqueólogos confirman que estos últimos habían estado practicando intensamente la navegación marítima desde sus colonias en Grecia (sus estaciones comerciales se encuentran en muchas costas del Mediterráneo). Por lo tanto, ellos habían heredado una tradición que se remontaba a mucho tiempo atrás, lo que implica que su tierra original estaba cerca del mar. Además, las características nórdicas de su arquitectura y sus propios rasgos físicos calzan perfectamente con los paralelos entre los mitos homéricos y los nórdicos, que no sólo poseen características extremadamente arcaicas sino que también son de una naturaleza indudablemente marinera. Esto es difícil de explicar con las actuales hipótesis sobre el origen continental de los indoeuropeos, mientras que los restos encontrados en Inglaterra corresponden muy bien con la idea de una patria costera previa (al asociar esto con los rasgos típicamente nórdicos de su arquitectura removemos cualquier duda en cuanto a su lugar de origen).

     Muchos signos demuestran la antigüedad de los dos poemas y su incongruencia temporal con la cultura griega (esto también explica por qué cualquier información confiable en cuanto al autor, o autores, de los poemas se había perdido antes de los tiempos clásicos), mostrando que ellos de hecho pertenecen a una civilización europea "bárbara", muy lejos del Egeo, como ha sido señalado por eruditos autorizativos, tales como el profesor Stuart Piggott en su obra Europa Antigua. Además, la datación con Radiocarbono, corregida con la dendrocronología (es decir, la calibración de acuerdo a los anillos de los árboles), ha cuestionado recientemente el dogma del origen oriental de la civilización europea. El profesor Colin Renfrew describe las consecuencias para la cronología tradicional:

    «Estos cambios traen consigo toda una serie de alarmantes reversiones en las relaciones cronológicas. Las tumbas megalíticas de Europa occidental ahora han llegado a ser más antiguas que las Pirámides o que las tumbas redondas de Creta, sus supuestas predecesoras. Las tempranas culturas de los Balcanes que usaban metales anteceden a Troya y a la temprana Edad del Bronce egea, de la que ellos supuestamente derivaban. Y en Gran Bretaña, la estructura final de Stonehenge, alguna vez considerada como la inspiración de la maestría arquitectónica micénica, estaba completa bastante antes de que comenzara la civilización micénica» (Before Civilization. The Radiocarbon Revolution and Prehistoric Europe, cap. 4, "The Tree-Ring Calibration of Radiocarbon").

     Por consiguiente, el profesor Colin Renfrew llega incluso a decir:

    «El edificio entero cuidadosamente construído se derrumba estrepitosamente, y el argumento de los libros de texto estándares debe ser desechado» (Before Civilization, 1973, cap. 5, "El Colapso del Marco Tradicional").

     Para concluír, esta clave podría permitirnos abrir fácilmente muchas puertas que han estado fuertemente cerradas hasta ahora, así como considerar la antiquísima cuestión de la diáspora indoeuropea desde una nueva perspectiva.–





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1 comentario:

  1. Simplemente fascinante. Es increíble cómo todo lo que se plantea en este artículo calza tan perfectamente con las escrituras mencionadas.
    Siempre es un placer leer temas tan interesantes como los que ustedes nos presentan en este blog...
    Saludos.

    Heil!

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