El doctor en geología
y geofísica Robert M. Schoch (robertschoch.com),
profesor en la Universidad de Boston, Massachusetts, es reconocido por su
trabajo de datación de la Gran Esfinge de Egipto, que determinó que los
orígenes de ella se remontan a miles de años antes de los tiempos dinásticos. Él ha escrito, entre otros libros, "Forgotten Civilization: The Role of Solar Outbursts in Our Past
and Future" (2012) y "Origins of the Sphinx. Celestial Guardian of Pre-Pharaonic
Civilization" (2017), con Robert Bauval. El siguiente breve e
interesante artículo suyo que ofrecemos en
castellano fue publicado en Diciembre de 2016 en la Edición Especial vol. 10 Nº
6 de la revista New Dawn,
y en el sitio de aquélla (newdawnmagazine.com)
hace nueve días.
He estado estudiando nuestro Sol durante
algunos años, concentrándome en la influencia del errático comportamiento solar
(errático desde una perspectiva humana moderna) sobre el curso del desarrollo y
la civilización humanos. Una de mis conclusiones principales es que la última
época glacial se terminó repentinamente hacia 9700 a.C. debido a una importante
erupción solar (o una serie de erupciones). La actividad solar está íntimamente
relacionada con los cambios climáticos en la Tierra, los que por su parte
tienen importantes efectos sobre la vida en nuestro planeta, incluyendo a la
Humanidad.
Después de la agitación y las perturbaciones solares que terminaron con
la última época glacial y que probablemente siguieron durante varios milenios,
durante más o menos los últimos 8.000 años el Sol ha estado relativamente
estable, con períodos de quietud [1]. Por ejemplo, en tiempos históricos
durante el Mínimo de Maunder, o
"prolongado mínimo de manchas solares" (aproximadamente
entre 1645 y 1715) [2] el Sol pareció "cerrarse" o quedar inactivo
(como se refleja en la rareza de las manchas solares), correspondiendo en la
Tierra al medio de la "Pequeña Época Glacial" (que en total duró
desde 1500 hasta 1860 aproximadamente).
[1]
S. K. Solanki, I. G. Usoskin, B. Kromer, M. Schüssler y J. Beer, 2004, "Unusual
Activity of the Sun during Recent Decades
Compared
to the Previous
11,000 Years", Nature vol. 431, pp. 1084-1087; G.
Usoskin, S. K. Solanki y G. A. Kovaltsov, 2007, "Grand Minima and Maxima of Solar Activity: New Observational
Constraints", Astronomy and Astrophysics,
vol. 471, pp. 301-309.
[2] https://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%ADnimo_de_Maunder
Al final de la
"Pequeña Época Glacial", en 1859, el Sol "eructó",
vomitando dos eyecciones de masa de su
corona (CMEs), acompañado por llamaradas solares y otra actividad solar,
que golpearon a la Tierra. Eso llegó a ser conocido como el Evento
Carrington (nombrado por el astrónomo británico Richard Carrington, que
observó una llamarada solar que precedió al acontecimiento principal). En ese
entonces fueron vistas inusuales auroras alrededor del mundo debido a
erupciones solares, y las primitivas líneas de telégrafo de mediados del siglo
XIX fueron sobrecargadas por las partículas cargadas entrantes y la tormenta
geomagnética acompañante.
En general, en 1859 la erupción solar causó poco más que daños menores y
un poco de molestia para aquellos que utilizaban las líneas telegráficas. Si un
evento de nivel Carrington llegase a golpear hoy, ¡la historia sería muy
diferente! Un evento de nivel Carrington podría destruír la electrónica moderna
en todo el planeta, provocando una detención en los sistemas computacionales,
las redes eléctricas, la Internet, las comunicaciones, los satélites, y
mucho más [3].
[3] Para una discusión más en detalle
de los temas de este párrafo, véase de Robert M. Schoch, Forgotten
Civilization: The Role of Solar Outbursts in Our Past and Future, 2012.
En tiempos modernos, lo cual es aproximadamente desde mediados del siglo
XX, el Sol ha mostrado crecientes signos de agitación, de variabilidad, de
comportamiento errático, de "cambios de humor", como no han ocurrido
desde las erupciones solares que finalizaron la última época glacial. Y las
erupciones solares de más o menos 9700 a.C. y los milenios sucesivos fueron de
órdenes de magnitud mayor que el Evento Carrington de 1859. Antes de 9700 a.C.
se habían desarrollado sofisticadas culturas —la civilización— (atestiguado
dramáticamente por los restos arqueológicos encontrados en Göbekli Tepe en el
Sudeste de Turquía).
Ese temprano ciclo de civilización fue devastado por las explosiones
solares de ca. 9700 a.C. y por una
edad oscura inducida solarmente que siguió durante miles de años hasta que la
civilización reapareció totalmente en sitios como Mesopotamia y Egipto durante
el período entre 4000 a.C. y 3000 a.C.
Si llegásemos a presenciar una repetición de los acontecimientos, las
erupciones solares, que terminaron con la última época glacial, no hay duda de
que nuestra moderna civilización tecnológica sería completamente diezmada.
Seríamos devueltos a una "Edad de Piedra" y peor. ¿Y por qué digo "y peor"? Porque hoy tenemos
cientos de centrales nucleares alrededor del planeta. Si un evento de nivel
Carrington, o peor aún, un estallido solar del nivel del que finalizó la última
Era del hielo, llegara a golpearnos hoy, las líneas eléctricas quedarían deshabilitadas,
los sistemas de refrigeración y otros componentes de las centrales nucleares se
verían comprometidos, y tendríamos situaciones de tipo Fukushima o peores
alrededor del planeta, liberando radiactividad en el medioambiente,
intensificando todos los otros problemas provocados por la falla de los
sistemas electrónicos y eléctricos modernos (ver R. Schoch, op. cit.).
¿Cuáles son las probabilidades de que un evento de nivel Carrington, o
de un evento de nivel 9700 a.C., ocurra en el futuro previsible? ¡Sospecho que
son muy altas! No quiero ser un alarmista o fatalista, pero hay evidencia para
sugerir que nuestro Sol está pasando por un período volátil, con importantes
altibajos en actividad. Algunos investigadores sugieren que aunque el Sol
estuvo muy activo en las últimas décadas, en años recientes ha entrado en un
período de quietud. Algunos incluso afirman que podríamos estar dirigiéndonos a
otra "época glacial" (que podría ser breve o de larga duración) [4].
Me parece que ésta es una extrapolación inválida sólo a partir de los limitados
datos que tenemos.
[4] Comunicado de Prensa de la
Universidad Estatal Lomonosov de Moscú, 17 de Julio de 2015, "Diminishing
Solar
Activity May Bring New Ice
Age by 2030", en https://astronomynow.com/2015/07/17/diminishing-solar-activity-may-bring-new-ice-age-by-2030/; Zoë Schlanger, 17 de Julio de 2015, "An Atmospheric Scientist Explains Why That Mini Ice Age Is
Bogus", en www.newsweek.com/mini-ice-age-bogus-global-cooling-climate-change-354632; Michael J. I. Brown, 24 de Julio de
2015, "The Mini Ice Age Hoopla Is a Giant Failure of
Science
Communication", en http://phys.org/news/2015-07-mini-ice-age-hoopla-giant.html
Sol Activado
Podría ser que el Sol esté pasando otra vez por un período de
variabilidad extrema, manifestándose como un patrón de altos y bajos en la
actividad solar. Es decir, no deberíamos extrapolar a partir de unos pocos años
(o incluso un par de décadas) de actividad solar relativamente baja y llegar a
la conclusión de que estamos entrando inminentemente en otra época glacial. En
efecto, el Sol puede haber llegado repentinamente a estar activo otra vez, o
podría estar experimentando una importante erupción incluso en medio de un
período general de relativa inactividad.
El Evento Carrington de 1859 ocurrió entre un mínimo y un máximo solares
durante un ciclo solar bastante mediocre; en base a métodos de análisis a corto
plazo, es improbable que hubiera podido ser predicho, ni siquiera con técnicas
modernas (en ese entonces, los científicos no estaban ni siquiera conscientes
del concepto moderno de importantes erupciones solares, de manera que nadie
estaba siquiera intentando tales predicciones).
Mirando el patrón de actividad solar en
períodos más largos durante los últimos 12.000 años (reconstruídos a partir de
datos tales como la concentración de isótopos en núcleos de hielo en Groenlandia),
mi opinión es que nuestro Sol está mostrando todos los mismos signos de
variabilidad extrema y desequilibrios que ocurrieron al final de última Era del
hielo. La implicación es que podemos experimentar una importante erupción solar
en el muy próximo futuro. En efecto, en Julio de 2012 una significativa
erupción solar por poco golpea a la Tierra [5].
[5] NASA, 23 de Julio de 2014, "Near
Miss: The Solar Superstorm of July 2012", en
https://science.nasa.gov/science-news/science-at-nasa/2014/23jul_superstorm;
Jason
Samenow, 23 de Julio de 2014, "How
a Solar
Storm Two Years Ago Nearly Caused a Catastrophe on Earth", en www.washingtonpost.com/news/capital-weather-gang/wp/2014/07/23/how-a-solar-storm-nearly-destroyed-life-as-we-know-it-two-years-ago/
Si la erupción hubiera ocurrido sólo una semana antes, habría
estado dirigida hacia la Tierra, y muy probablemente habría destruído o
comprometido gran parte de nuestra moderna tecnología e infraestructura
electrónica y eléctrica. Incluso ahora, años después, todavía estaríamos
intentando reconstruír el mundo moderno. Y el evento de Julio de 2012 ocurrió
durante nuestro actual ciclo solar [6], el que ha estado excepcionalmente
tranquilo en general, hasta el punto de que, como se señaló, algunas personas
predicen un cese solar parcial y una "mini edad de hielo", o incluso
el principio de una verdadera Era glacial.
[6] El Ciclo Solar Nº 24, que comenzó
en 2008; éste es el vigesimocuarto ciclo de cambios de polaridad magnética y de
altos y bajos en las manchas solares desde que los astrónomos comenzaron a
registrar y numerar sistemáticamente dichos ciclos, comenzando en 1755. El
ciclo solar promedio es de unos once años de duración.
Con esta introducción, quiero volver al tema del título de este artículo:
¿Está Consciente Nuestro Sol? Me pregunto, con toda seriedad, ¿fue sólo un
golpe de fortuna el que el evento solar de Julio de 2012 estuviera tan cerca de
golpearnos, desde la perspectiva de la Tierra, o probablemente hubo algo más
implicado?-
¿Un Sol Consciente?
Durante los últimos años mi esposa, Catherine Ulissey, ha estado
siguiendo observaciones del Sol de manera regular, por lo general diariamente.
Las llamaradas solares y las acompañantes eyecciones
de masa de la corona (CMEs) pueden hacer erupción desde las manchas
solares, de manera que ellas y su actividad son un potencial indicador a corto
plazo de un inminente e importante estallido solar que, de ser dirigido a la
Tierra, podría causar una masiva devastación a nuestra moderna sociedad
tecnológica, como podría haber sucedido si la erupción solar de Julio de 2012
nos hubiera golpeado.
Katie a menudo me comenta que las manchas solares generalmente muy
activas extrañamente disminuyen la severidad de su actividad, produciendo
llamaradas solares más pequeñas, etcétera, o incluso parecen quedar
temporalmente inactivas y finalizar su actividad, cuando ellas están enfrentando
a la Tierra.
Luego, cuando ellas se mueven hacia el lado y detrás del Sol (vistas
desde la Tierra; el Sol gira sobre su eje y por supuesto la Tierra gira
alrededor del Sol), esas mismas manchas solares comienzan a encenderse de
nuevo, aumentando su actividad dramáticamente. Es como si el Sol estuviera
consciente de la presencia de la Tierra e intentara evitar vomitar una
importante erupción solar (una llamarada solar, una CME, o algún otro tipo de
erupción solar) directamente en nosotros.
Katie no es el único observador que ha comentado anecdóticamente acerca
de este aparente patrón; otros han sugerido independientemente, quizás en
broma, que nuestro Sol está conscientemente intentando protegernos de ser
golpeados por una importante explosión solar. De manera análoga, imagine a una
persona que está a punto de estornudar pero que es capaz de contenerse el
suficiente tiempo para darse vuelta y evitar estornudar sobre algún otro.
Esto puede parecer una base muy débil para sugerir que nuestro Sol tenga
la propiedad de la consciencia, pero hay pruebas adicionales. El Sol es una
estrella bastante típica, y se han encontrado estrellas que exhiben
comportamientos anómalos que no son fácilmente explicados por las teorías de la
física estándar.
Como ha argumentado el físico Gregory Matloff (del New York City
College of Technology) [7], las estrellas no parecen moverse de la manera
que dicen las teorías estándares, como predicen las formulaciones basadas en la
teoría de la gravedad de Newton. Las estrellas típicamente se mueven alrededor
del centro de la galaxia en la cual ellas están localizadas. La teoría estándar
predice que las estrellas más cercanas al centro galáctico deberían girar más
rápidamente que aquellas que están más lejos (tal como Mercurio viaja más
rápidamente alrededor del Sol que Saturno, que está mucho más lejos del Sol). Sin
embargo, éste no resulta ser el caso. En general, las estrellas que están más
lejanas del centro galáctico se mueven más rápido que las estrellas más
cercanas al centro; es como si todas las estrellas estuvieran montadas en una
enorme rueda giratoria.
[7]
Greg Matloff, 2012, “Stars
that Wander, Are You Bright: Are Stars Conscious?”, en www.baen.com/starsconscious;
véase también de Gregory L. Matloff, 13 de Junio de 2012,
“Star Consciousness: An Alternative to Dark
Matter”, en www.centauri-dreams.org/?p=23203;
Greg Matloff, 18 de Sept. de 2015, “Greg Matloff: Conscious Stars Revisited”, en www.centauri-dreams.org/?p=33995
Otro problema con la teoría estándar es que las masas de racimos de
galaxias (tan bien como puede ser calculado en base a nuestras observaciones)
no son lo suficientemente grandes para mantener los racimos unidos
gravitacionalmente. Para abordar estos asuntos, se ha propuesto la hipótesis y
concepto de "Materia Oscura". En términos simples, la Materia Oscura,
que según sus proponentes forma la mayoría de la materia en el universo, es
esencialmente no detectable excepto por sus efectos gravitacionales en la
materia y la radiación visibles. Supuestamente la Materia Oscura puede explicar
los movimientos anómalos de estrellas y el agrupamiento de galaxias.
¿Tienen las Estrellas una Voluntad
Propia?
Hay otra explicación que también podría
dar cuenta del comportamiento anómalo de las estrellas, una explicación que no
necesita invocar la Materia Oscura no detectada: las estrellas están
conscientes y se mueven de acuerdo a su propia voluntad o volición. En uno de
sus artículos, Gregory Matloff define "una entidad consciente como una que es capaz de volición, que
tiene la suficiente conciencia de sí misma como para decidir realizar (o no realizar)
una acción seleccionada". Así "una estrella consciente puede decidir alterar su movimiento para
participar en la gran danza estelar cuando las estrellas orbitan los centros de
sus galaxias. Tal estrella no tiene que tener una conciencia de nivel humano o
divino. Un simple instinto de agrupamiento es suficiente".
La existencia de tal consciencia en las estrellas, que siguen un instinto de
agrupamiento (similar a un cardumen de peces que nadan juntos o a una multitud
de aves que vuelan juntas), explicaría adecuadamente sus movimientos en otro
sentido anómalos. ¿Es ésta una explicación más simple que la apelación a la
Materia Oscura?.
Matloff también ha hablado de varios mecanismos potenciales por medio de
los cuales las estrellas podrían ser capaces de expresar su voluntad y cambiar
conscientemente sus trayectorias. El mejor mecanismo establecido es el uso de
descargas de material emitido desde una estrella. Las estrellas jóvenes emiten
intensas descargas de material, a menudo bipolares, pero no necesariamente
simétricas. Las descargas asimétricas exudadas por estrellas jóvenes podrían
ser usadas preferentemente para cambiar y ajustar sus trayectorias.
Las estrellas maduras, como nuestro Sol, emiten un "viento
solar", que consiste en partículas eléctricamente cargadas. Las
variaciones en la intensidad del viento solar, en diversas direcciones, podrían
cambiar el camino de la estrella. Hay que recordar que, como Matloff indica,
los cambios en la trayectoria de una estrella que pueden ser "significativos"
para la estrella durante su larga vida de millones o miles de millones de años
(se estima que nuestro Sol tiene casi 5.000 millones de años) pueden parecer
triviales o imperceptibles para nosotros.
El uso por parte de nuestro Sol de flujos y variaciones en el viento
solar para expresar voluntad y volición podría estar relacionado con la idea de
que nuestro Sol puede intentar conscientemente evitar lanzar erupciones solares
hacia la Tierra, y si ése es el caso, es entonces también el caso de que el Sol
podría decidir conscientemente en algún punto golpear la Tierra con un
importante estallido solar. ¿Es eso lo que sucedió al final de última época
glacial, hacia 9700 a.C.?, ¿o la erupción solar fue entonces un "accidente"?.
Matloff sugiere de manera tentativa otros dos mecanismos por los cuales
nuestro Sol, o cualquier estrella consciente, podría teóricamente cambiar su
trayectoria: 1) Variaciones en la presión de la radiación electromagnética,
incluyendo la luz visible, emitida por la estrella; y 2) por psicokinesis.
La presión de la radiación electromagnética parece una posibilidad razonable,
aunque se ha hecho poco trabajo para describir hipotéticamente cuán grande
tendría que ser la variación para cambiar la trayectoria de una estrella.
Probablemente los cambios en la radiación electromagnética podrían ser
usados volitivamente por las estrellas para otros objetivos, como la
comunicación entre sí. La psicokinesis (también conocida como telekinesis o la
mente por sobre la materia), para mi satisfacción, se ha demostrado que existe
entre organismos biológicos tales como los humanos [8]. Si la psicokinesis
podría existir (o existe) entre otras entidades conscientes, como posiblemente
las estrellas, es desconocido actualmente, aunque no tengo consciencia de
ninguna razón teórica de por qué no debería existir.
[8] Vea la discusión, artículos y
referencias en Robert M. Schoch y Logan Yonavjak, The Parapsychology Revolution: A Concise Anthology of Paranormal and
Psychical Research, 2008.
¿Pero cómo pueden el Sol y las estrellas
ser conscientes cuando ellos no son siquiera organismos biológicos, al menos no
en el sentido de criaturas celulares basadas en el carbono como nosotros? Una
noción común, lo que no quiere decir que sea correcta (demasiado a menudo las
nociones comunes y el "sentido común" están equivocados), es que la
consciencia y la volición (al menos en la Naturaleza) sólo pueden ocurrir en
formas, basadas en el carbono, de organismos biológicos, y muchas personas
limitarían la noción de consciencia a organismos biológicos
"avanzados", como los vertebrados, los mamíferos o, según algunos,
sólo los seres humanos. Sin embargo, diversos investigadores han sostenido que
la consciencia puede surgir en un nivel cuántico y podría no estar limitada a
organismos biológicos familiares, como nosotros mismos.
Por ejemplo, el físico británico Sir Roger Penrose (de la
Universidad de Oxford) y el anestesiólogo Stuart Hameroff (del centro médico de
la Universidad de Arizona) han desarrollado la teoría de la Reducción
Objetiva Orquestada, como una explicación de cómo surge la consciencia.
Esencialmente, una serie coherente orquestada de reducciones cuánticas (colapso
de la función de onda) causa momentos y secuencias de consciencia y toma de
decisiones o preferencias.
Según eso resulta, de acuerdo a tales análisis, las condiciones
conducentes a la manifestación de consciencia pueden ocurrir sobre y en las
estrellas. En efecto, en un nivel más fundamental, la consciencia puede ser
inherente a la manifestación de la materia y existir en todas partes del
universo, con los seres más conscientes tomando formas aparte de
"organismos biológicos", y sin embargo nosotros como formas de vida
basadas en el carbono podemos tener dificultades para reconocer la consciencia
en otras formas de la materia. El físico Max Tegmark (del Instituto de
Tecnología de Massachusetts, en Cambridge) ha sugerido que la consciencia
puede ser un "estado de la materia" ("perceptronium"). Quizás éste es un estado de
la materia que posee nuestro Sol, y más generalmente las estrellas.
"Ocurrencias
Adicionales" de Nuestro Sol
Posiblemente relacionada con el concepto de un Sol consciente está la
investigación que encontró una correlación entre los patrones de la actividad
solar y de los terremotos en la Tierra. Además, puede haber una correlación
entre terremotos y perturbaciones atmosféricas importantes, como la actividad
de los ciclones, en nuestro planeta. Si nuestro Sol es consciente, ¿influye él
conscientemente en la actividad de las tormentas, en los patrones meteorológicos
y la actividad sísmica en nuestro planeta?, ¿o están esos tipos de fenómenos
vinculados al Sol como "ocurrencias posteriores" desde la perspectiva
del Sol?. ¿Es el Sol a veces más bien inconsciente de su influencia sobre la
Tierra, como podríamos serlo nosotros cuando inconscientemente destruímos una
colonia de bacterias o cuando pisamos un montículo de hormigas sin querer?.
Cuando miramos las mitologías tradicionales y las creencias antiguas,
muchas culturas pasadas pensaron que el Sol y las estrellas eran entidades
conscientes, y eso quizá puede ser visto como la base de la astrología. Los
dioses fueron asociados con las estrellas (incluyendo objetos en el cielo que ahora
clasificamos como planetas), y los antiguos egipcios (para dar sólo un ejemplo)
esperaban unirse con el Sol y las estrellas tras la muerte. Platón en el
diálogo Timeo (hacia 360 a.C.) escribió: "Y cuando él [el
Demiurgo] había compuesto el todo, asignó almas iguales en número a las
estrellas y distribuyó un alma a cada estrella..." (Platón, Timeo 41d).
Construyendo sobre tales ideas, mi esposa ha especulado que quizá cuando
los seres humanos mueren su hidrógeno es liberado (el hidrógeno puede potencialmente
llevar información, y muchos sostendrían que la información es un elemento
esencial de la consciencia), y al menos algo del hidrógeno se escapa hacia el
espacio donde se reúne como nubes, colapsa bajo la atracción gravitacional, es
comprimido, y finalmente da origen a estrellas, estrellas que pueden retener
algo de la información, algunos aspectos de la consciencia, de los previos seres
que entregaron su hidrógeno.
De esta manera, quizá nosotros (y probablemente todos los organismos
biológicos) podemos nacer de nuevo como estrellas. Por supuesto, ésta es una
hipótesis muy especulativa, pero si podemos demostrar que nuestro Sol y otras
estrellas están conscientes, esto puede prestar apoyo a la idea de que por
último (quizá después de varias encarnaciones en la Tierra) unimos nuestra
consciencia con la del Sol y la de las estrellas.
En este punto, algunos sugerirían que he cruzado el límite de la
"ciencia" para pasar a la "ciencia ficción", pero yo
prefiero en este caso la etiqueta de "ciencia especulativa". ¿Qué
podríamos concluír?: ¿Está consciente nuestro Sol? Si bien la consciencia de
nuestro Sol y la de las estrellas tiene que ser todavía definitivamente
demostrada, no creo que simplemente debiéramos descartar la idea. En efecto, un
Sol y unas estrellas conscientes pueden bastar para explicar diversas
"anomalías" que los paradigmas estándares no pueden explicar
fácilmente.–





Me encanta este artículo, porque coincide con la idea de las realidades que yo mismo había concebido, mi eterna pregunta siempre ha sido ¿existe solo la realidad Universal que percibimos, o hay otras realidades?. Interesantísimo.
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