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miércoles, 28 de junio de 2017

Acerca de Migrantes, Iglesia Católica y Rusia



     Presentamos en castellano aquí dos artículos cuyo tema central es el asunto de la inmigración masiva, tanto en Europa y Estados Unidos como en Rusia. El primer texto pertenece a Tom Sunic y fue publicado hace dos meses en el sitio theoccidentalobserver.net, destacando la siniestra mano de la Iglesia católica en la promoción de la llegada de africanos y árabes a las patrias de los Blancos. El segundo texto, How Russia Deals with Immigrants, lo publicó el sitio amren.com hace cinco meses, y es un breve reporte de la situación y sobre todo la respuesta rusa a dicho fenómeno. Y hemos incluído además un informe publicado hace una semana en el sitio alertadigital.com que se refiere a la obstinación de las élites dirigentes europeas en seguir importando gente ajena, en especial en Alemania, ante una aparente pasividad ciudadana.


Migrantes No-Blancos y la Iglesia Católica:
La Política de la Penitencia
por Tom Sunic
29 de Abril de 2017



     La palabra "Islam" parece haberse convertido ya, sobre todo en el espectro social derechista, una palabra en código de amplio alcance para residentes y migrantes no-Blancos. Como era de esperarse, las así llamadas guerras asimétricas o híbridas emprendidas por Estados Unidos y la Unión Europea contra el Estado Islámico (EI) están creando un extendido odio, aunque todavía silencioso, contra árabes y musulmanes entre la mayoría de cristianos Blancos de Estados Unidos y la Unión Europea. Las escenas de ataques terroristas del EI en Europa y EE.UU. están provocando además sentimientos de hostilidad hacia los hombres no-Blancos, con cada vez más Blancos que están pidiendo en privado la expulsión de los musulmanes de Europa y Estados Unidos.

     La persistente llegada en masa de inmigrantes no-europeos a Europa y Estados Unidos, acompañada por escenas casi diarias de ataques terroristas del EI —reales o frustrados—, no puede ser examinada sólo desde la perspectiva de la religión. Entender las olas de hombres de color, en gran parte migrantes musulmanes, así como los ataques terroristas del EI, requiere ángulos diferentes de análisis, los cuales conducen a conclusiones diferentes y a menudo mutuamente excluyentes.

     Indudablemente, el método más fácil para justificar la masiva afluencia de migrantes árabes y africanos hacia Occidente es poner la culpa sobre las condiciones catastróficas existentes en sus países desgarrados por la guerra, gobernados por líderes despóticos y plagados además por bombarderos talibanes y del Estado Islámico. Sin embargo, culpar a migrantes árabes y africanos de bajo coeficiente intelectual (CI), o a radicales musulmanes, como la única causa de la inestabilidad política en Europa y Estados Unidos, es una forma de auto-engaño.

     Las causas primordiales de las masivas migraciones de africanos y árabes a Europa y EE.UU. pueden ser remontadas hasta el gran plan acerca de cómo reestructurar Oriente Medio y África del Norte, elaborado en los años '90 por neoconservadores estadounidense. Más tarde, a principios de este siglo XXI, a medida que los primeros disturbios "en favor de la democracia" comenzaron a hervir en África del Norte, dicha agitación fue reetiquetada por los medios de comunicación de la Unión Europea y EE.UU. con el agradable nombre de "Primavera Árabe", como si jóvenes africanos del Norte y habitantes del Medio Oriente estuvieran demasiado impacientes para ser clonados como una copia de felices y afortunados europeos liberales Blancos.

     El que no debe ser olvidado es el anterior plan del PNAC [1] ideado a finales de los años '90 por destacados neoconservadores judíos estadounidenses, incluyendo a Irving Kristol, Norman Podhoretz, Paul Wolfowitz y David Frum [2], cuyo objetivo era menos el deseo de elevar el nivel de la tolerancia política en los Estados árabes, y más bien el obsesivo deseo de doblar las apuestas por el predominio israelí en el Oriente Medio. Quince años más tarde, las caóticas consecuencias de la Primavera Árabe están dando origen a una oleada de incesantes guerras locales, Estados disfuncionales e ilegales, migraciones de masas, y la amenaza global del terrorismo.

[1] http://www.globalresearch.ca/the-neocons-project-for-the-new-american-century-american-world-leadership-syria-next-to-pay-the-price/5305447
[2] http://www.kevinmacdonald.net/understandji-3.htm

      Un temprano ejemplo de "noticias falsas" puede ser remontado hasta las historias occidentales de propaganda sobre la existencia de "armas de destrucción masiva" (ADM) en Iraq, una historia que en vísperas de 2003 se convirtió en una excusa para EE.UU. y posteriormente Francia para lanzar costosas misiones militares punitivas en el Oriente Medio y más tarde en Libia. Un siempre itinerante mejorador del mundo y auto-promocionado rey-filósofo franco-judío, Bernard-Henry Lévy, desempeñó un papel significativo en persuadir al Presidente francés Nicolas Sarkozy para que bombardeara Libia.

     Sin embargo, los orígenes de las noticias falsas, que también recientemente dañaron la campaña presidencial de Donald Trump, se remontan mucho más atrás en la Historia. Sus burdos signos primero aparecieron en vísperas de ambas Guerras Mundiales, cuando comenzaron a circular en Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña cuentos sobrenaturales sobre ADM que tenía Alemania. Aquellos tempranos cuentos de armas de destrucción masiva asumieron expresiones a menudo extrañas en la descripción de los ejércitos alemanes que supuestamente cortaban las manos de los niños en la ocupada Bélgica. En vísperas, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, el lenguaje sobre las armas de destrucción masiva culminó en la propaganda Aliada que consistía en historias de horror que presentaban las presuntas ambiciones de Alemania para la esclavización del mundo entero.

     Después haber fallado en el fraudulento esfuerzo para exportar el liberalismo, como si fuera un producto, hacia África del Norte y el Oriente Medio, devastados por la guerra, el resultado final de la contemporánea política exterior de noticias falsas occidental/estadounidense, ha sido poner en movimiento enormes olas migratorias de gente no-Blanca. Aunque Israel y sus aliados occidentales ciertamente tienen responsabilidad por la resultante inestabilidad, es siempre problemático especular acerca del grado real o presunto de la participación israelí o neocon estadounidense en la orquestación del actual tsunami migratorio desde el Oriente Medio y el posterior éxodo masivo de migrantes árabes.

     En vez de eso, habría que facilitar la averiguación planteando una pregunta retórica: ¿Cui bono?, ¿quién se beneficia más de la inestabilidad en África del Norte y el Oriente Medio y el consiguiente desplazamiento de millones de gente local hacia Europa? Mientras el principal pivote de la política exterior de Estados Unidos y de la Unión Europea gira alrededor del apoyo incuestionable a Israel y su quinta-columna occidental, los actores que están determinados a causar el caos estarán esperando fuera de la vista.


Caos en el Umbral de la Unión Europea/EE.UU.

     El tablero de ajedrez geopolítico es un campo importante para explicar las actuales migraciones de masas no-europeas, aunque tenga menos peso que las ideas políticas y los mitos históricos predominantes que han formado a los tomadores de decisiones políticas en la Unión Europea y EE.UU. después de 1945. Los millones de migrantes que están esperando ahora en improvisados campamentos en Turquía, Jordania y Libia para su entrada en la Unión Europea pueden tener un CI limitado, pero ellos no son de ningún modo estúpidos. Ellos saben que tienen dos poderosos aliados en Occidente: la clase intelectual y política gobernante y que a menudo se auto-odia, y el clero católico.

     Ciertamente, uno puede culpar a George Soros y a un ejército de oscuras organizaciones no-gubernamentales por inundar Occidente con migrantes africanos y asiáticos. Sin embargo, persiste el hecho de que esos migrantes siguen antes que nada las unilaterales llamadas de invitación hechas por políticos de alto rango de la Unión Europea, secundadas por el Papa y el alto clero católico.

     La ideología subyacente del Estados Unidos y la Unión Europea del día de hoy es el multiculturalismo, una nueva religión secular. Sus principios legales nunca deben ser cuestionados por funcionarios públicos si ellos desean evitar su desgracia profesional y convertirse en individuos proscritos. Cada migrante africano o árabe sabe que una vez que él alcanza las costas occidentales él llegará a ser intocable.

     En la moderna narrativa política occidental el migrante africano es retratado como una figura cuasi-santa que simboliza a los victimizados "miserables de la Tierra" cuyo tiempo ha llegado ahora para enfrentarse con el malvado hombre Blanco. Si un guardia fronterizo español, italiano o francés accidentalmente pronunciara una palabra de reproche contra el comportamiento ilegal de un migrante no-europeo, él sería acusado de un "delito de odio", y probablemente perderá su trabajo.

     Todos los migrantes que usan la ruta del mar Mediterráneo saben que es mucho mejor ser detenidos por la policía costera europea, que no serlo. Cuando se embarcan en sus botes de mala muerte ellos saben que cuando sean recogidos del agua por una flotilla de buques de guerra de alta tecnología de la Unión Europea fuera de la costa de África del Norte, ellos serán capaces pronto de disfrutar de un tratamiento médico de primera clase con el cual ellos no podían siquiera soñar allá en sus países. Una vez que alcanzan su deseado destino en algún Estado de la Unión Europea, e incluso si se involucran en actividades ilegales, el proceso legal destinado a reembarcarlos de vuelta tomará años, si no décadas. Recientemente, a pesar de serle rechazada su solicitud de asilo en Alemania, Anis Amri, el terrorista tunecino que condujo un camión contra una muchedumbre en Múnich, no fue deportado... porque él no tenía pasaporte... [3].

[3] http://constitution.com/terrorist-suspect-supposed-deported-wasnt/

     En otro artículo publicado en este mismo sitio [4] señalé que el comunismo se deshizo en el Este porque sus principios teóricos han sido mucho mejor conseguidos en la práctica por el Occidente liberal, aunque bajo títulos diferentes y menos polémicos, como "No Más Fronteras" y "Multiculturalismo". Indudablemente, la mente de Angela Merkel, un cerebro principal de la Unión Europea en cuanto a sus políticas de fronteras abiertas y de una "cultura que da la bienvenida", debería recibir una cuidadosa evaluación, aunque habría que destacar que la mente de Merkel no se diferencia substancialmente de la de otros políticos de la Unión Europea y estadounidenses. En vez de preguntar qué tipo de político de los que se auto-odian, que hacen el bien y que son hiper-moralizadores es ella, habría que plantear más bien una pregunta más apropiada: ¿qué clase de especie han llegado a ser los alemanes y otros pueblos europeos, que toleran a políticos que están trabajando deliberadamente en la destrucción de Europa?.

[4] http://www.theoccidentalobserver.net/2016/02/27/where-is-prince-eugene-multicultural-madness-and-the-end-of-europe/

     Uno puede prescindir de anti-fascistas, de Marx, de multiculturalistas, y de los modernos "guerreros de la justicia social". Uno también puede ofrecer muchísimos argumentos válidos o raras teorías de conspiración sobre magnates intelectuales judíos que planean convertir Europa y EE.UU. en pozos negros inter-raciales. Pero la mayoría de los estadounidenses y europeos Blancos, incluso aquellos que tienen una fuerte identidad racial, escasamente toleran la crítica contra la parafernalia ecuménica y multirracial cristiana. A menudo se pasa por alto que el clero católico superior, tanto en Europa como en Estados Unidos, es un abogado principal de la llegada de no-europeos.

     La Conferencia de los Obispos alemanes, presidida por el influyente y apropiadamente llamado Reinhard Marx —alias "multikulti Marx"— está en la vanguardia de la doctrina multicultural, predicando abiertamente el evangelio de las mezclas raciales carentes de fronteras. A diferencia de los activistas liberales o anti-fascistas, el cardenal Marx ni siquiera trata de esconder sus simpatías trans-raciales pro-inmigrantes, las que él dejó completamente en claro en su entrevista con el diario alemán Rhein Neckar Zeitung del 6 de Febrero de 2016:

    "La caridad no conoce fronteras, del mismo modo que ignora cualquier limitación a nuestra ley de asilo. Cualquiera que entre en suelo europeo tiene que ser tratado con decencia y recibir un procedimiento justo. Las fronteras de Europa no deben llegar a convertirse en las fronteras de la muerte. Es una vergüenza que ya miles de refugiados, según se estima, hayan muerto en el Mediterráneo, o tal vez incluso más. (...) El año pasado estuve en la frontera entre Estados Unidos y Méjico, donde vi esas enormes vallas y barreras. Pensé para mí: Éste no debe ser el futuro para las fronteras de Europa" [5].

[5] https://www.rnz.de/politik/hintergrund_artikel,-Hintergrund-Politik-Kardinal-Reinhard-Marx-Ich-bete-fuer-Frau-Merkel-_arid,167372.html

     Las palabras de Marx el arzobispo sólo son un eco de las palabras de la Conferencia estadounidense de obispos católicos y de su presidente el cardenal Daniel di Nardo, quien promete abiertamente la solidaridad con los refugiados musulmanes. "Dar la bienvenida al forastero y a aquellos que escapan de una situación no es una opción entre muchas en la vida cristiana. Aquello es la forma misma del cristianismo. Nuestras acciones deben recordarle Jesús a la gente" [6].

[6] https://www.americamagazine.org/politics-society/2017/01/30/responding-trumps-ban-top-catholic-bishops-pledge-solidarity-muslim

     No todo el clero católico está eufórico por la llegada de migrantes no-europeos, como lo atestiguan algunos franciscanos católicos rebeldes en Europa del Este que son críticos del globalismo, el Islam y el multiculturalismo. Sin embargo, ellos rara vez se atreven a expresar sus opiniones en público. La muy conservadora y de mentalidad nacionalista Iglesia católica en Polonia, Hungría y Croacia, está muy racialmente consciente y por lo tanto con frecuencia en curso de colisión con las prescritas cuotas de refugiados de la Unión Europea, o con sus superiores en Roma. Ellos, no obstante, deben respetar la jerarquía de la Iglesia porque quebrantar las palabras del Papa es considerado un pecado.

     La Iglesia Católica en Polonia o Croacia, por ejemplo, no es sólo una portadora de una creencia religiosa específica; ella es principalmente la encarnación de la identidad nacional, incluso entre ateos y agnósticos locales. El clero católico local de Europa del Este tiene poco en común con los cleros alemán y austriaco más secularizados y amistosos con los inmigrantes, que todavía sufren del estigma de su pasado contaminado por el Nacionalsocialismo y que por lo tanto se sienten obligados a mostrar al mundo entero sentimientos de arrepentimiento histórico. El propio actual Papa Francisco les sirve como un modelo a imitar; él es muy explícito en cuanto a su ardor multirracial, lo cual es además incomprensible y desconcertante para muchos católicos tradicionales de Europa que ya no están seguros de si hay que seguir sus homilías multirraciales o escuchar en cambio los llamados de sus suelos nativos.

     Las naciones nórdicas no-católicas, como Suecia o Dinamarca, son el apreciado objetivo de los migrantes árabes y africanos. Esos países, sin embargo, a diferencia del Centro o Sur católicos, tienen una larga tradición de tolerancia orientada a grupos y una modestia cívica basada en la herencia del pietismo luterano conocido como Janteloven [7]. Para un centro-europeo Blanco o para un visitante estadounidense Blanco, esa marca de modestia cívica y tolerancia excesiva hacia los africanos, a menudo parece patética, la cual está a mucha distancia de los tempranos vikingos paganos que nunca temieron la sangre o la violencia. Un inmigrante árabe que vague por el centro de alguna ciudad de Europa del Este sabe que tarde por la noche, si camina solo, él puede ser golpeado por la juventud local. Aquello es a menudo al contrario en la Alemania atormentada por remordimientos de conciencia o en la sumisa Dinamarca.

[7] https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Jante

     De ahí que haya un dilema para muchos cristianos Blancos racial y étnicamente conscientes en Estados Unidos y Europa. Por una parte, ellos están bien conscientes de la naturaleza destructiva del multiculturalismo, mientras que por otra, ellos no pueden ignorar los tempranos sermones cristianos en favor de una sociedad multirracial y global, como están escritos en la Epístola de Pablo a los Gálatas (3:28): "Ya no hay diferencia entre judío y griego, ni entre esclavo y libre; no se hace diferencia entre varón y mujer, ya que todos ustedes son uno en Cristo Jesús".

     La tarea de crear patrias Blancas no será fácil.–




Cómo Rusia Trata con los Inmigrantes
por Yaroslav L. Podvolotskiy
27 de Enero de 2017


Los Estadounidenses Tienen Algo que Aprender

      La gente Blanca en los países del antiguo Pacto de Varsovia todavía aprecian sus identidades raciales y culturales, y sus políticos y ciudadanos están tratando de mantener fuera a los inmigrantes. Incluso si nosotros en Estados Unidos y en Europa Occidental llegáramos a convertirnos en extensiones del Tercer Mundo, los países que estaban detrás de la Cortina de Hierro todavía serán europeos.

      Me gustaría hablar del más importante de esos países: la Federación Rusa. Allí, la gente no siente ninguna culpa Blanca. ¿Por qué deberían sentirla? Mientras los negros estadounidenses estaban exigiendo derechos civiles y recordándoles a los Blancos la esclavitud, los ciudadanos soviéticos sufrían una especie de esclavitud moderna. El privilegio Blanco no salvó a los millones de personas que desaparecieron en los campos de trabajo de Stalin, ni tampoco ayudó a aquellos que pasaron hambre durante las hambrunas que él y sus jefes de partido crearon. Si los negros estadounidenses o los musulmanes británicos experimentaran sólo un poco aquello por lo cual los ciudadanos soviéticos tuvieron que pasar en los años '30 y '40, ellos se alegrarían de ser ciudadanos estadounidenses y súbditos británicos.

     Los rusos están orgullosos de ser rusos. Su gente ha producido a algunos de los mayores gigantes literarios e intelectuales en la historia del Occidente, y los rusos dan por hecho su grandeza. Ellos son un pueblo resistente que detuvo a la Grand Armée en el siglo XIX [el ejército imperial francés de Napoleón] y a la Wehrmacht [fuerzas armadas de la Alemania NS] en el XX, ambas consideradas como las fuerzas de enfrentamiento más temibles de su tiempo. Los rusos son orgullosos y rudos, y tal como nosotros, también enfrentan una importante crisis demográfica y de inmigración. Pero a diferencia de nosotros, ellos reconocen que los inmigrantes son una amenaza

     Quienes emigran a la Federación Rusa provienen sobre todo de las antiguas repúblicas soviéticas, que han enviado aproximadamente a 13 millones de personas a Rusia desde el colapso de la Unión Soviética en 1989. Durante la Era soviética el gobierno envió a muchos rusos a vivir en república periféricas como un medio de control cultural y político. En los primeros años después del colapso, la inmigración consistió en gran parte en esos rusos étnicos que volvieron a la madre patria.

     En 1991-1992, por ejemplo, el 81% de los inmigrantes eran rusos, pero comenzando en 1994, sus números comenzaron a disminuír. Hacia 2007 los rusos étnicos representaban sólo el 32% de los inmigrantes, y quizás el 10 ó el 13% de los demás eran de Ucrania. El resto era casi seguramente de antiguas repúblicas como Uzbekistán, Kirguistán y Tayikistán. Algunas de esas gentes parecen casi Blancas, pero ellos no son eslavos, y muchos son culturalmente asiáticos. Ahora el mayor número de emigrantes que van a Rusia proviene de esos países de Asia Central.

     Tal como en Yugoslavia después del final del gobierno autoritario, el conflicto étnico que supuró durante mucho tiempo se incrementó después del colapso soviético. En 1944 Stalin había removido a los turcos mesjetianos de su nativa república de Georgia, deportándolos a Uzbekistán. En 1989 los nacionalistas uzbekos se amotinaron contra ese grupo al que ellos veían como intrusos, y muchos turcos mesjetianos huyeron por sus vidas, en muchos casos a Rusia.

     Otros enfrentamientos que estallaron en los años '90 después del colapso soviético enviaron aún más refugiados a Rusia. Durante el conflicto de Nagorno-Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, ambos, armenios y azeríes, huyeron en grandes cantidades a Rusia. Cuando Chechenia se rebeló contra el dominio ruso, gente tanto eslava como no-eslava de Chechenia, Ingushetia y Daguestán huyó a Rusia.

     Los efectos demográficos de la migración son a veces difíciles de cuantificar debido a los efectos de la migración interna. Ciudadanos rusos no-eslavos, como chechenos, ingushetios, azeríes, etc., se trasladan a Rusia Occidental y traen problemas culturales. Por cuanto esa gente tiene pasaportes rusos, sus movimientos no son contados como inmigración. Sólo el 82,4% de los ciudadanos rusos son realmente eslavos, y muchos no-eslavos parecen determinados a trasladarse a las patrias eslavas ancestrales.


      Hay ahora millones de trabajadores temporales e inmigrantes ilegales en Rusia, aunque nadie conoce su número exacto. Las cifras proporcionadas por el Servicio de Migración Federal ruso y Human Rights Watch varían entre 3 y 10 millones.

     Los medios occidentales de comunicación retratan a Rusia bajo una luz muy negativa, pero la vida en Rusia es mucho mejor que en Asia Central o en las montañas del Cáucaso. En Moscú y otras ciudades rusas principales, los migrantes disfrutan de un nivel de vida más alto que el que sería posible en sus países de origen. Típicamente, los centro-asiáticos trabajan en el mercado de trabajo a corto plazo como obreros de la construcción, trabajadores de restaurantes, y en pequeños talleres en casas privadas. Como dijo la activista rusa de derechos migratorioa Lidiya Grafova (sí, incluso Rusia tiene tal gente), es bueno para los negocios contratar tayikos baratos y sin poder.


La Visión Rusa de los Inmigrantes

     A los rusos no les gustan los inmigrantes del Cáucaso y Asia Central, ni tampoco ellos se preocupan mucho por sus propios ciudadanos musulmanes. Los artículos publicados en Human Rights Watch y en el liberal Centro de Información y Análisis SOVA, con sede en Moscú, sugieren que los rusos atacan frecuentemente a los inmigrantes. Sin embargo, está claro, a partir de la conversación con rusos y de historias de noticias locales, que los inmigrantes victimizan a los rusos tal como los mejicanos y los negros victimizan a los Blancos en Estados Unidos.

     Según el comisario de policía de Moscú Vladimir Kolokoltsev los migrantes son responsables del 70% de los delitos en aquella ciudad, y la tasa de criminalidad sigue creciendo. Él destacó que los centro-asiáticos son especialmente propensos a violar, y que las violaciones habían aumentado en un 79% entre 2013 y 2014. Los ataques y los robos cometidos por centro-asiáticos son un tema básico de conversación en las grandes ciudades.

     A los rusos les disgustan especialmente los chechenos. Durante las guerras chechenas de los años '90 y 2000, los medios occidentales de comunicación retrataron a los chechenos como los tipos buenos que luchaban por la independencia. Los chechenos, con la ayuda de insurgentes islámicos del Oriente Medio, aterrorizaron a los civiles locales, usaron a mujeres y niños como escudos humanos, secuestraron y torturaron a civiles, y mataron a prisioneros de guerra rusos.

     Chechenia también ha pasado por una especie de limpieza étnica. En 1989 el censo contó a 269.130 rusos y 11.884 ucranianos en Chechenia, componiendo ambos grupos el 25,9% de la población. Desde 2010 prácticamente toda aquella gente ya no está —o bien ha muerto o ha sido ahuyentada por escuadrones de la muerte chechenos y ayudantes árabes— y los rusos y los ucranianos ahora son apenas el 3% de la población.

     Además de la inmigración centro-asiática y caucásica, hay rumores de que Siberia se está volviendo china. La mayor parte de esa información no es fiable o es especulativa, pero incluso si sólo una fracción de lo que se dice sobre el movimiento chino en Siberia es verdadera, la Federación Rusa enfrenta serios problemas a largo plazo en el Este. Las estimaciones del número de chinos que viven en Siberia varían, desde las cifras rusas de 35.000 hasta afirmaciones taiwanesas de un millón. En cualquier caso, China está mucho más cercana a Siberia que la Rusia europea, significando que China puede proyectar más fácilmente una fuerza en una región que es rica en carbón, hierro, manganeso, madera y petróleo. Si China tiene, supongamos, unos cuantos miles de ciudadanos en Siberia, aquello constituye una quinta-columna en una región con pocos rusos. Si la élite gobernante de China necesita un enemigo exterior para distraer la atención de la gente de los problemas domésticos, una Siberia indefensa y rica sería un buen lugar para comenzar un conflicto.

     Rusia y China ahora actúan como si ellas fueran grandes aliadas, pero ellas están unidas sólo por el hecho de que odian a Estados Unidos. Una alianza basada en el odio mutuo hacia un tercero es una unión débil que puede deshacerse fácilmente. El hecho de que China se esté todavía recuperando después de un largo período de colonialismo extranjero, en el cual Rusia explotó a los chinos tanto como los británicos o los japoneses, hace de los chinos un compañero muy peligroso para los rusos.


Cómo los Rusos Tratan con los Inmigrantes

     A causa de las olas migratorias de la década pasada, de las guerras chechenas, y de rumores del flujo chino hacia Siberia, los rusos insisten en que el gobierno tome medidas. En 2011 Vladimir Putin prohibió a los trabajadores extranjeros trabajar como comerciantes en quioscos y mercados, y aquellos que quebrantan esa ley pueden ser deportados. Desde 2013, 513.000 extranjeros han sido deportados por tribunales rusos, y a 1,7 millón se les ha prohibido entrar de nuevo en el país. Una audiencia de deportación toma entre tres y cinco minutos, con el juez dictaminando contra el demandado el 70% de las veces. Después de que el juez publica su fallo, el infractor no tiene ningún derecho de apelación y es rápidamente expulsado.

     Rusia usa la deportación y la inmigración como un arma política. En Septiembre de 2006 Georgia detuvo a cuatro funcionarios rusos por espionaje. El Kremlin lo tomó como una gran ofensa y afirmó que los funcionarios no eran espías. Rusia llamó a su embajador y luego cortó todas las conexiones ferroviarias, viales y marítimas con Georgia, y dejó de otorgar visas a ciudadanos georgianos. Aquello fue seguido de diversos ataques muy publicitados contra negocios georgianos y sitios donde los georgianos se reúnen. En dos meses 2.380 georgianos fueron deportados y otros 2.000 volvieron por su cuenta. Los funcionarios rusos detenidos por Georgia estuvieron en casa en sólo unos días. Hay algunas lecciones ahí para Estados Unidos.

     Los rusos todavía no están satisfechos por la acción del gobierno contra los inmigrantes. Eso no es sorprendente, considerando la corrupción y la ineficiencia de las instituciones gubernamentales rusas. Los rusos por lo tanto están comenzando a tomar los asuntos en sus propias manos.

     En dos ocasiones diferentes en 2010, grupos de hombres chechenos atacaron y mataron a ciudadanos rusos. En ambos casos, los asesinos fueron inicialmente dejados libres, entre sospechas de que los chechenos habían sobornado a la policía (un año más tarde, uno de los asesinos fue finalmente condenado). Los rusos estaban furiosos por las matanzas, y el 11 de Diciembre hubo protestas a través del país. La más grande fue en Moscú, donde no menos de 50.000 personas pueden haber participado. La protesta pronto se convirtió en violenta y los rusos comenzaron a atacar a inmigrantes, matando a 24 e hiriendo a muchos más.

     En 2013 hubo posteriores disturbios en Biryulyovo, justo al Sur de Moscú, después de que un hombre azerí apuñaló a un ruso hasta darle muerte. Los manifestantes gritaron "Poder Blanco" y "Rusia para los Rusos". Algunos saquearon un mercado de verduras al por mayor buscando inmigrantes para atacar.

     Cuando la policía no hace un trabajo suficientemente bueno para hacer cumplir la ley de inmigración, los propios rusos la hacen cumplir. En Abril de 2016 activistas del Movimiento Conservador Nacional organizaron un proyecto llamado "Nosotros Somos Moscú", en el cual ellos comprobaron los documentos de inmigrantes vendedores de comida y entregaron a los infractores a la policía. Incursiones similares sobre vendedores de comida ilegales han sido realizadas en San Petersburgo. En Agosto, los activistas se unieron a la policía en un barrido de casas de inmigrantes ilegales en San Petersburgo, sacándolos a las calles y arrestándolos.

     Los rusos tienen largos recuerdos de invasores. Ellos sufrieron bajo la Horda de Oro [*] mongola, y más tarde a manos de los polacos después de la muerte de Iván IV. Ellos recuerdan las invasiones francesa y alemana, y en los inmigrantes centro-asiáticos de hoy ellos ven el equivalente moderno de la Horda de Oro.

[*] https://es.wikipedia.org/wiki/Horda_de_Oro

     Los rusos todavía tienen orgullo por su nación y su gente, y tienen un gobierno que es al menos moderadamente sensible a sus deseos. Incluso si Estados Unidos pierde su carácter europeo, los rusos están determinados a permanecer como señores en su propia casa.



Fuentes:

Forbes, "Russia to Crack Down on Illegal Immigrants", por Kenneth Rapooza, 4 de Abril de 2013.
The National Interest, "Russia: The World’s Second-Largest Immigration Haven", por Mary Elizabeth Malinkin, 10 de Agosto de 2014.
BBC News, "Georgians Deported as Row Deepens", 6 de Octubre de 2006.
Human Rights Watch, "Russia Targets Georgians for Expulsion", 30 de Sept. de 2007.
The Moscow Times, "Half a Million Foreigners Deported from Russia in 4 Years", 10 de Mayo de 2016.
—SOVA Center for Information and Analysis. (Vea su sección de racismo y xenofobia).
—MPC-Migration Policy Centre. MPC Migration Profile Russia, Junio de 2013.
—The Diplomat, "Russia, China and the Far East Question", 20 de Enero de 2016.



Las Élites Europeas Están Decididas a Destruír Europa
y Acabar con Su Cultura con el Arma de la "Diversidad"
por Alerta Digital
21 de Junio de 2017


     Europa está llena de incertidumbre en 2017: las crisis de la eurozona, los interminables desafíos de la Unión Europea, y las elecciones nacionales que se asemejan a disparos fallidos por revólveres cada vez con menos balas. Sin embargo, incluso estos acontecimientos son insignificantes en comparación con los profundos cambios tectónicos que están teniendo lugar bajo la política del continente, cambios que los europeos —y sus aliados— ignoran tanto como el peligro que representan.

     A lo largo de la crisis migratoria de los últimos años he viajado por el continente, desde las islas de recepción hasta los suburbios en los que acaban. Esto no sucedería si algunos gobiernos no los invitasen a venir. Angela Merkel fue la primera en invitarlos a establecerse junto a sus familias. Luego admitió que nadie esperaba que se quedaran. Sin embargo, se quedaron. Y lo hicieron pese a que no había puestos de trabajo para ellos. Y el problema es que siguen llegando. Y más aún que los dirigentes europeos no hacen nada por remediarlo.

     Los barcos salen regularmente de Turquía y del Norte de África para entrar ilegalmente en Europa. Los sirios que huían de la guerra civil fueron los primeros en llegar de forma masiva. Luego los siguieron gente del África subsahariana, del Norte de África, del Medio y Extremo Oriente.

     Aunque la mayoría de los medios informativos no se ocupan de los inmigrantes, éstos siguen llegando en gran número. Cerca de 10.000 personas alcanzan territorio italiano cada semana. ¿Dónde van después?; ¿qué esperan?; ¿y qué esperamos de ellos?.

     Para encontrar la respuesta a estas y otras preguntas es necesario formular otras más profundas. ¿Por qué Europa decidió que podía acoger a los pobres y desposeídos del mundo?; ¿por qué decidimos que cualquier persona que huyese de la guerra, o simplemente buscara una vida mejor, terminara llegando a Europa y estableciéndose en ella, en la mayoría de los casos a costa de los recursos públicos?.

     La razón principal está, una vez más, en el sentimiento de culpa que las autoridades alemanas siguen alimentando. Ese sentimiento de culpa se ha extendido a buena parte del continente e incluso ha alcanzado a nuestros primos culturales de América y Australia. Hemos aceptado que somos los culpables de todos los males que han ocurrido en el mundo, desde el supuesto "Holocausto" a la esclavitud, y que tenemos que expiar ese "pecado" siendo castigados, incluso si el resultado no es otro que el cambio demográfico en nuestros países.

     La canciller alemana Angela Merkel creó las condiciones que han hecho posible este sentimiento colectivo de culpa. Ella acarrea con una tremenda responsabilidad. Geert Wilders, diputado de los Países Bajos, la acusó de tener sangre en sus manos. Tiene razón.

     Cuando Merkel decidió abrir las puertas de Alemania a cientos de miles de musulmanes de Oriente Medio y otros países más lejanos, tuvo que saber que los yihadistas se ocultaban entre la gente que entraba en avalancha. También tuvo que saber que la policía alemana no tenía forma de controlar la masa que entraba y que se vería rápidamente superada por el número de gente que tendría que controlar. Y aún así, lo hizo.

     Cuando se produjeron cientos de violaciones y agresiones sexuales en Colonia y otras ciudades de Alemania en la Nochevieja (31 de Diciembre) de 2015 dijo que los perpetradores serían castigados "con independencia de su origen", pero no cambió su política. Cuando se produjeron ataques en Hanover, Essen, Wurzburg y Múnich, tardó en hacer declaraciones, y después pronunció frases esterilizadas sobre la "necesidad" de combatir el crimen y el terrorismo. Pero siguió sin cambiar de política.

     No cambió de postura sino hasta hace poco, al parecer porque quería volver a ser candidata en 2017 y estaba viendo decrecer su popularidad.

     Es imposible que ella ignorara las advertencias de los servicios de Inteligencia alemanes y estadounidenses respecto a que los terroristas del Estado Islámico se estaban ocultando entre los refugiados y que planeaban utilizar camiones en atentados durante el período navideño. La situación soportada por los alemanes ha sido extremadamente difícil de sobrellevar durante más de un año. La tasa de crímenes se ha disparado; han entrado enfermedades erradicadas hace décadas, sin vacunas —que se dejaron de fabricar hace tiempo— para tratarlas; el Gobierno está confiscando segundas viviendas para acoger a los migrantes sin compensar a los dueños, y así sucesivamente. No llevó mucho tiempo descubrir que el principal sospechoso del atentado en Berlín era un solicitante de asilo que vivía en un centro de refugiados.

     En otro país, Merkel habría tenido que dimitir por la vergüenza; en Alemania, se presenta a la reelección.

     La población alemana está envejecida y la tasa de natalidad es peligrosamente baja: 1,38 hijos por cada mujer. Los inmigrantes están reemplazando a la población alemana, que ha ido desapareciendo poco a poco. Los alemanes que fallecen son cristianos o, más a menudo, laicistas no religiosos. Como en todas partes en Europa, el cristianismo está desapareciendo; los inmigrantes que están reemplazando a los alemanes son musulmanes.

     La economía alemana sigue fuerte, pero está perdiendo impulso. Los retornos sobre el capital invertido van en descenso. En un momento en que el capital humano es la principal fuente de beneficios, el alemán está colapsando: la gente de países subdesarrollados no puede reemplazar fácilmente a los alemanes, altamente calificados. La mayoría no tiene competencias para competir en el mercado; los recién llegados permanecen mucho tiempo en el desempleo y la dependencia. Del millón doscientos mil migrantes que llegaron a Alemania en 2014 y 2015, sólo 34.000 encontraron trabajo. Si la tasa de desempleo es baja, es porque hay una creciente escasez de trabajo: hoy, el 61% de los alemanes tiene entre 20 y 64 años. Se espera que para mediados de siglo la cifra caiga al 41%.

     Los discursos de la propaganda políticamente correcta que se emiten infatigablemente en Alemania —como en el resto de Europa— nunca hablan de demografía. En su lugar, refutan cualquier evidencia de que la economía alemana no vaya bien. También dicen que el Islam y el cristianismo son equivalentes; son obstinadamente ciegos ante el hecho de que el Islam es más que una religión: es un sistema político, económico y moral que abarca todos los aspectos de la vida, y que jamás ha coexistido durante mucho tiempo o en paz con una cultura distinta a la suya. Esos discursos ignoran casi completamente el auge del Islam radical y el terrorismo islámico; sostienen, en cambio, que el Islam radical es una confesión marginal, y que el terrorismo islamista sólo recluta a lobos solitarios o enfermos mentales. Sobre todo, repiten constantemente que cualquier crítica a la migración o el Islam es ignominiosa y racista.

     La población alemana está intimidada por el miedo, por la conducta antisocial de muchos inmigrantes, y por la política de declaraciones de sus propios Gobiernos. Muchos alemanes ni siquiera se atreven a hablar. Los que usan el transporte público se resignan a los insultos. Agachan la cabeza y corren a refugiarse en sus casas. La asistencia a restaurantes y cines está cayendo en picado. Las mujeres se han resignado a llevar ropas "modestas" y a cuidarse de no salir solas. Las protestas organizadas por PEGIDA (Europeos Patriotas contra la Islamización de Occidente) jamás han atraído a más de un millar de personas después de que sacaran una foto de su fundador donde aparecía caracterizado de Hitler.

     Alternativa para Alemania (AfD), el partido que pide frenar la inmigración musulmana en Alemania y no deja de sumar votos, sigue siendo, no obstante, un partido minoritario. La ley que condena la incitación al odio (Volksverhetzung), presumiblemente concebida para evitar una vuelta a las ideas nacionalsocialistas, es esgrimida como una espada contra cualquiera que hable con demasiada crudeza de la creciente islamización del país.

     La gran mayoría de los alemanes no quiere ver que Alemania está en guerra porque un enemigo inmisericorde se la ha declarado. No quieren ver que se ha declarado la guerra contra la civilización occidental. Aceptan la derrota y hacen dócilmente lo que los yihadistas quieren que hagan: someterse.

      En un análisis sobre el atentado del 19 de Diciembre contra el mercado navideño, el periodista alemán Josef Joffe, director de Die Zeit, explicó la decisión de Merkel de acoger a los refugiados como "un acto de expiación", y una forma de dar cobijo a una población amenazada siete décadas después del "Holocausto". También explicó la pasividad de muchos alemanes por un sentimiento de culpa colectiva.

     Si muchos alemanes se sienten llenos de culpa colectiva dando la bienvenida a cientos de miles de musulmanes que dicen abiertamente que quieren sustituír la cultura cristiana de Alemania con el Islam, y que están reemplazando a su población cristiana con una musulmana —que incluirá asesinos despiadados entre sus filas—, es una prueba de que, o bien los alemanes se odian hoy tanto a sí mismos que desean su propia destrucción, o bien han perdido la voluntad de ofrecer resistencia por aquello que les importa: un acto al que se le llama rendición.

     También hay, para Europa, el sentido de lo que llamamos cansancio, el sentimiento de que la Historia podría haberse agotado: que hemos intentado la religión, todas las formas imaginables de la política, y que cada una de ellas, una tras otra, nos ha llevado al desastre. Cuando contaminamos todas las ideas que tocamos, tal vez un cambio sea tan bueno como un descanso.

     A menudo se argumenta que nuestras sociedades son viejas, con una población gris, y por eso necesitamos inmigrantes. Cuando se cuestionan esas teorías —por ejemplo, por qué la próxima generación de la fuerza de trabajo de Alemania no puede venir de la Grecia desempleada en lugar de Eritrea— se nos dice que necesitamos trabajadores poco calificados que no hablan nuestras lenguas porque hace que Europa sea más interesante culturalmente. Es como si un gran agujero estuviera en el corazón de la cultura de Dante y Bach.

     Cuando la gente objeta que a una mayor inmigración de países musulmanes aumenta el riesgo de atentados terroristas, se le dice que es algo inevitable debido a la globalización. Algo así como un "mal menor" con el que hay que aprender a convivir.

     Los políticos mundialistas europeos no están dispuestos a variar el rumbo y, ocurra lo que ocurra, no van a renunciar al objetivo de aniquilar la cultura europea y destruír nuestro viejo continente. Cuentan para ello con poderosísimos apoyos económicos y mediáticos.

     La única esperanza que queda es el rechazo masivo de los ciudadanos europeos a las siniestras pretensiones de los líderes continentales. Hay algunos datos que nos invitan al optimismo. Crece el rechazo a la llegada de inmigrantes. A principios de este año se llevó a cabo una encuesta entre ciudadanos de 10 países europeos: Se les preguntó si estaban o no de acuerdo con la inmigración musulmana en sus países. En ocho de esos diez países, incluídas Francia y Alemania, los ciudadanos respondieron negativamente.

     En las últimas décadas, Europa ha pretendido redefinirse apostando por el fracasado modelo de la "diversidad". A medida que el terrorismo crecía y llegaban más inmigrantes, la opinión pública comenzó a mostrarse refractaria. Hoy, la "diversidad" sólo es defendida por las élites. Sospechosamente sordas al creciente clamor en contra, insisten en ese modelo como el único posible para Europa.

     Las políticas migratorias que promueven las élites europeas nos sugieren que estamos hablando de auténticos psicópatas suicidas. Descartada la posibilidad de que cambien, sólo nos queda aferrarnos a una gigantesca movilización de los ciudadanos europeos en contra de sus dirigentes. Muchos apostamos por esa acción movilizadora como el único camino hacia nuestra supervivencia.–



1 comentario:

  1. Que lastima ver la decadencia de Alemania...gracias a sus políticamente correctos dirigentes, que han hundido en un fango impensable en siglos pasados...y que lastima nacer en estos tiempos degenerados y corruptos...ojala Europa comprenda pronto el peligro de la inmigración de esa raza maldita y zángana árabe y norteafricana.

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