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jueves, 8 de junio de 2017

A Quienes los Dioses Desean Destruír



     Del sitio racialcompact.com, donde su autor el escritor nacionalista y antropólogo estadounidense Richard McCulloch (1949) tiene publicados capítulos de su libro The Racial Compact: A Call for Racial Rights, Preservation, and Independence (1994), presentamos aquí en castellano otro de sus ensayos, agregándolo al que ya ofrecimos este Febrero (Nihilismo Racial). En éste su autor analiza las implicaciones psicológicas de la actitud de dar la bienvenida a lo que a uno lo destruye, en términos raciales, actitud que puede ser atribuída en último término, hablando mitológicamente, a una decisión de entidades divinas (fuerzas difíciles de controlar), aunque en realidad deriva de una serie de condicionamientos conductuales de parte de oscuros seres muy concretos que no estiman valiosa la existencia de diversas razas y sus espacios.


A QUIENES los DIOSES DESEAN DESTRUÍR
por Richard McCulloch




     "Cuando cae sobre el hombre la cólera de los dioses, primero de su mente ellos destierran la comprensión" (Licurgo).

     "Cuando el poder divino planea el mal para un hombre, primero daña su mente" (Sófocles).

     "Aquellos a quienes los dioses desean destruír, ellos primero lo privan de sus sentidos" (Eurípides).

     "A quienes los dioses desean destruír, ellos primero lo vuelven loco" (Séneca).

     "De aquellos a quienes Dios ha destinado arruinar, Él dispone el destino, y primero destruye la mente de ellos" (John Dryden).

     "A quien los dioses desean destruír, ellos primero lo vuelven loco" (Henry Wadsworth Longfellow).

     "Debemos estar locos, literalmente locos, como nación para permitir la afluencia anual de aproximadamente 50.000 dependientes, que son en su mayor parte el material del futuro crecimiento de la población que desciende de los inmigrantes. Es como mirar a una nación afanosamente atareada en amontonar su propia pira funeraria" (Enoch Powell, 1912-1998, parlamentario británico conservador, en un discurso de 1968 acerca de los peligros de la inmigración no-Blanca) [1].


     Los hechos a menudo son más extraños que la ficción. A menudo somos entretenidos por obras apocalípticas de ficción en las cuales la Humanidad, o una parte importante de ella, se ve amenazada con la destrucción. Somos testigos de los esfuerzos llenos de suspenso de los protagonistas para salvarla. En el mundo de los hechos somos también testigos de un drama de la vida real que es mucho más que un caso de la vida imitando al arte.

     El drama que se despliega ante nosotros es el decrecimiento gradual y la extinción de la raza nórdica mediante el proceso de la intermezcla y el reemplazo racial. Su existencia ya ha sufrido importantes pérdidas y disminución. Sin embargo, la moralidad actualmente dominante prohibe a los europeos del Norte involucrarse en cualquier esfuerzo para salvarla, o simpatizar con cualquiera de tales esfuerzos, o incluso preocuparse por su grave situación. A ellos no se les permite oponerse a la destrucción en curso de su raza, sino que se espera que la apoyen.

     En la ficción, una tragedia es una lucha moralmente significativa que termina en la destrucción o perdición de algo o alguien de gran valor o importancia. Los dramaturgos trágicos de la Grecia antigua inventaron la forma, enfatizando el papel de la moralidad en el conflicto. Ellos también originaron la clásica advertencia ya citada, de que la locura precede a, y causa, la destrucción. Pero es de la esencia de la locura el que aquellos afligidos por ella no puedan verla, y que se burlen de aquellos que la ven como si se tratase de locos. Los poderes divinos, que gobiernan o dominan, que los han vuelto locos, que los han vuelto en contra de sus propios intereses vitales, contra ellos mismos, para provocar su propia destrucción —mediante una ideología, una religión, una moralidad o un sistema de creencias y valores auto-destructivos—, les impiden ser conscientes de su locura o del destino que ella trae sobre ellos.

     La raza nórdica ha sido vuelta contra sí. Ha aceptado una ideología o moralidad dominante, un sistema de ideas, creencias y valores que niega y viola sus derechos e intereses vitales, promueve su disminución y destrucción, le prohíbe actuar para salvarse, y condena como inmorales a aquellos que lo hacen. El resultado, preparando el escenario para una tragedia clásica, es que la raza nórdica ha sido efectivamente vuelto loca en cuanto a los asuntos raciales. Este trágico fenómeno es la causa principal del proceso de extinción que está destruyendo ahora a la raza nórdica. Sin él, las otras causas serían ineficaces y prontamente eliminadas. Él permite y coopera en su funcionamiento, e impide cualquier acción defensiva contra ellas.

     La ideología dominante, o el poder gobernante, aceptado por la raza nórdica al costo potencialmente fatal de su cordura racial, es el Nihilismo Racial [2]. La mayoría no tiene ninguna verdadera opción en esta materia. Ellos están condicionados o adoctrinados. Sus mentes son moldeadas, distorsionadas y formadas para calzar y conformarse con la ideología dominante, la moralidad, las creencias y valores del nihilismo racial casi desde el nacimiento sin una justa exposición a alternativas. La combinada influencia institucional de los medios informativos y de entretenimiento, el sistema educativo, el gobierno y las Iglesias, la influencia personal de figuras académicas, políticas y religiosas de autoridad, las personalidades de liderazgo, junto con la influencia de los pares en el ambiente social de alguien, es algo difícil a lo cual oponerse.


     Aquellos que tienen éxito tienden a poseer un grado inusual de independencia y confianza intelectual, psicológica y moral, que les permite pensar por sí mismos, formar sus propias opiniones y juicios, y ser autónomos, de ser necesario, en cuanto a sus principios y creencias.

    Independientemente de la lealtad natural y apropiada de sus genes, la mayoría de los europeos del Norte han sido completamente condicionados por su medioambiente —la dominante cultura nihilista racial y anti-nórdica— para estar en contra de los derechos vitales y los intereses de su raza, para considerarlos como inmorales por entrar en conflicto con los derechos e intereses secundarios de las otras razas, y por considerar a aquellos que los apoyan como inmorales. Ese condicionamiento es tan eficaz en algunas personas, que les provoca una respuesta casi Pavloviana, una reacción irreflexiva, de tipo "reflejo rotular", de indignación ciega contra los intereses vitales nórdicos y contra aquellos que los apoyan.

     Dicho condicionamiento comienza cuando los sujetos son jóvenes, incluso de edad pre-escolar. Los jóvenes de cualquier especie son la presa más fácil, siendo relativamente confiados e indefensos. La gente joven es vulnerable al adoctrinamiento racial. La conciencia y la sensibilidad racial crecen con la edad. Esto es verdadero de todas las formas de conocimiento, experiencia y sabiduría. Pero el conocimiento puede ser suprimido y distorsionado no menos que alimentado y estimulado. La actual cultura, y su sistema educativo, no estimulan la conciencia de que el nihilismo racial puede causar la inexistencia, por medio de la entremezcla involutiva, de la raza nórdica.

     Esta información, esta simple pero muy importante pieza de conocimiento, no es proporcionada por la cultura dominante. No es considerada como un tema apropiado de interés. El objeto de la educación nihilista racial es inculcar apoyo al nihilismo racial, y éste es dificultado por el reconocimiento de sus destructivos efectos. El objetivo del adoctrinamiento nihilista racial es robar la lealtad, los corazones y las mentes de los europeos del Norte, alejarlos de su lealtad natural a su propia raza y a sus intereses vitales, y ponerlos, o pervertirlos, contra ellos. Como los turcos demostraron con su cuerpo de Jenízaros, tales esfuerzos para robar el alma son más eficaces cuando comienzan desde muy jóvenes.

     A causa de la represión del conocimiento acerca de los destructivos efectos del nihilismo racial, la mayor parte del apoyo del que ahora disfruta no es producto de un pensamiento bien informado. La decisión de los europeos del Norte de apoyar el nihilismo racial ha estado generalmente mal informada. Esa decisión también es afectada por factores tales como la inteligencia racial, la sensibilidad y la conciencia, que varían entre gente diferente, fuertes en unos y débiles (o incluso inexistentes) en otros. El propósito del condicionamiento nihilista racial es debilitar o reprimir esos factores, para insensibilizar racialmente a los sujetos y hacerlos racialmente inconscientes, ininteligentes, insensibles o insensatos.

     Como nos informa Platón en su famosa Alegoría de la Caverna [La República, libro VII], no toda la gente está dotada de la misma visión ni de la misma capacidad para ver, entender o comprender. Lo que es claro y obvio para algunos puede no ser visto ni entendido por otros. La gente a menudo encuentra difícil de creer lo que ellos no pueden comprender, y a menudo desconfían de, o temen, lo que no entienden. Ellos no pueden apreciar el valor de algo de lo cual son inconscientes, o amar algo de lo cual no tienen consciencia. El amor racial, o amor a la raza propia, no lo poseen todos en igual medida. El sentido de interés, preocupación, aprecio y afecto por la raza propia, y el deseo de preservarla y protegerla, es más fuerte en unos que en otros. Aquellos que carecen de ese sentimiento a menudo no pueden entenderlo.

     Como es bastante común entre los "demasiado humanos", ellos a menudo asignan los valores, ideales, emociones y comportamientos que ellos no pueden entender, y de los cuales carecen, a una fuente de motivación negativa, innoble o inferior —como el odio o la enfermedad mental— más bien que a una fuente positiva, noble o superior —como el amor o la claridad y el bienestar mental. Hacer otra cosa significaría admitir su propia incapacidad.

     Aquellos que no pueden ver los efectos del nihilismo racial —la destrucción de la raza nórdica mediante el reemplazo y la intermezcla involutiva— tienen mucho menos razón para oponerse a él que aquellos que pueden ver dichos efectos. Aquellos que no se preocupan por la raza nórdica, quienes no la aman o valoran, a los que no les importa si ella vive o muere, tienen mucho menos razón para oponerse al nihilismo racial que aquellos que sí hacen lo anterior. Aquellos que no son conscientes del proceso de la destrucción racial nórdica que está ocurriendo ahora, con mucha menor probabilidad se opondrán a ella que aquellos que están conscientes. Aquellos europeos del Norte que no pueden ver, que no se preocupan o que no están conscientes, con mucha mayor probabilidad apoyarán el nihilismo racial, o al menos serán complacientes ante él, que aquellos que pueden ver, que sí se preocupan realmente y que están conscientes.

     Otra importante causa de la sumisión europea del Norte al nihilismo racial y a su propia destrucción racial es la complacencia. La complacencia proviene del deseo de creer que todo está bien, o que si algo está mal es sólo un problema menor, no es una causa de preocupación, y no requiere una acción decisiva. La gente autosatisfecha se conforma a la cultura dominante o establecida, acepta sus creencias y valores, y cumple con sus doctrinas y dogmas. A ellos no les gusta ser informados de que algo está seria y peligrosamente funcionando mal, que algo importante está en extremo peligro y que se requiere una acción que lo salve. A ellos no les gusta que se les diga que el orden existente, el statu quo, está seriamente equivocado y que está destruyendo algo de gran valor, y que se requiere un cambio mayor para impedir su destrucción. A ellos no les gusta ser molestados en su apatía y falso sentido de bienestar por el conocimiento que impone una responsabilidad o deber moral de actuar, y se resienten de aquellos que los confrontan con tal conocimiento.

     La complacencia, la indiferencia, la apatía o la carencia de preocupación por la supervivencia o la destrucción de la raza nórdica es ayudada por la falta de consciencia y sensibilidad con respecto a la raza. Por cuanto muchas personas son inconscientes de simplemente qué es la raza nórdica y lo que ella incluye, ellos a menudo no logran, o no pueden, hacer las conexiones entre diversas características y rasgos nórdicos, y la propia raza nórdica. Eso a menudo resulta en valores y actitudes muy inestables o inconsistentes.

     Ellos podrían valorar muchos rasgos y características nórdicos (particularmente rasgos físicos nórdicos relacionados con la estética y la belleza, tales como peculiaridades faciales, coloración de piel, pelo y ojos, textura de piel y cabello, etc.) sin conectar la existencia de aquéllos con la raza nórdica misma, separándolos de la raza que les da la existencia y de cuya continua existencia y bienestar también dependen. Al dejar de hacer esa conexión, ellos podrían tener creencias y valores ideológicos que no valoran la existencia de la raza nórdica y le niegan las condiciones que necesita para seguir existiendo, mientras al mismo tiempo estiman diversos únicos rasgos y características raciales nórdicos y se oponen a cualquier cosa que pudiera poner en peligro su existencia continuada. Ellos no logran conectar la raza y sus características, ni ver que la disminución o inexistencia de uno necesariamente implicará la disminución o inexistencia del otro. En realidad, esos efectos no pueden ser separados.

     La evitación o evasión de la realidad es todavía peor que la incapacidad de ver la realidad, y aún más peligrosa, ya que desdeña y rechaza a aquellos que pueden ver y que están dispuestos a ver. "No hay ninguno tan ciego como aquel que no quiere ver". Ellos abrazan voluntariamente la ignorancia por miedo al conocimiento que no quieren saber. Tal como los sujetos del cuento "El Nuevo Traje del Emperador", ellos no quieren ver ni saber lo que no se supone que ellos vean o sepan, ya que creen que tal vista y conocimiento indican una inmoralidad.

     Existe otra razón para evitar la realidad, abrazar la ignorancia y temer el conocimiento. La gente con frecuencia desea evitarse el conocimiento que les causará dolor. La capacidad de percibir la realidad, cuando la gente de uno está experimentando un proceso de destrucción por parte de un poder dirigente tan dominante que parece imposible detener, es una fuente de gran dolor y sufrimiento para aquellos que tienen dicha capacidad y que se preocupan. Los europeos del Norte que aman su raza, conocen de su disminución en curso, y tienen conciencia de la muerte racial que le espera a unas pocas generaciones en el futuro, de seguir el camino actual, sienten el dolor de una herida abierta y continuamente sangrante que no se sanará. Pero el dolor sirve para un objetivo positivo y muy importante: es una advertencia, que nos hace conscientes de que algo nos está causando daño, incluso potencialmente matándonos, para darnos una posibilidad para evitarlo, para actuar para protegernos o salvarnos, para detener el daño o destrucción, la hemorragia, antes de que sea demasiado tarde. Hay dos tipos de europeos del Norte que no sienten dolor por la destrucción de su raza: aquellos que no saben y aquellos que no se preocupan.

     Los antiguos cuentos populares de la raza nórdica eran por lo común advertencias prácticas, a menudo en forma alegórica, contra los peligros del mundo. Se esperaba que a esas advertencias su auditorio les prestara atención, y posiblemente los salvarían del dolor o la destrucción. Los peligros existenciales para la vida eran simbolizados a menudo por animales predadores. El lobo era el símbolo más común y familiar de esos peligros. Pero la mayor amenaza, el peligro a gran escala, fue simbolizada por el dragón (o la gran serpiente o gusano).

     El dragón, tal como los otros depredadores, era el enemigo y el destructor de la vida, pero de proporciones épicas. Tenía hambre de destruír la fuente misma de la vida. La víctima preferida del dragón era la virgen, que simbolizaba la fuente de la vida, el centro de la raza. En ese mundo alegórico, como en el mundo real, la mujer era la fuente de la vida renovada y continuada. La virgen era una mujer que no se había reproducido todavía, la fuente de la nueva vida que no había creado todavía nueva vida, que no había realizado todavía su propósito existencial, su misión y su destino, como lo ha pretendido la Naturaleza y los poderes de la Creación. El dragón procuraba impedir que la virgen creara nueva vida, impedirle realizar su destino, impedir la vida en su fuente. La virgen, la fuente de la vida, era o consumida o atesorada como un prisionero, la parte más preciosa de su acumulación de tesoros. De cualquier modo, a ella se le impedía cumplir su propósito, y la continuación de vida era catastróficamente negada.

    El dragón es una metáfora para las ideas anti-creación y anti-vida, creencias, prácticas, valores y ética que impiden o desalientan la creación, preservación y continuación de la vida. Es una metáfora para las fuerzas de la muerte. Para la raza nórdica, esa metáfora es materializada en su forma más peligrosa, destructiva y amenazante de la vida en la ideología del Nihilismo Racial. El nihilismo racial es el dragón que niega el derecho de la raza nórdica a la vida, que la priva de las condiciones que requiere para su vida continuada, que destruye su vida en su fuente mediante una intermezcla involucionaria y des-creativa, que ha reclamado ya a millones de europeos del Norte como sus víctimas —más que cualquier guerra o plaga— y la amenaza con la extinción. Ése es el dragón de la muerte racial que ahora gobierna a la raza nórdica.

     Las generaciones vivas de europeos del Norte han nacido en la cueva del dragón y han vivido todas sus vidas allí, bajo el hechizo del dragón. Para la mayor parte de ellos ése es el único mundo que han conocido alguna vez, o que pueden concebir. Ellos han aprendido sus valores y su ética en ese mundo, con el dragón —su destructor y anti-creador— como su maestro y legislador. Ellos juzgan y miden todas las ideas y valores según los estándares del dragón, los únicos que conocen. A ellos se les ha enseñado y creen que la voluntad y el camino del dragón —el camino de la destrucción racial— es el camino correcto y justo, y ven todo sólo a través de los ojos del dragón. La única luz que ellos conocen es la proporcionada por el aliento llameante y destructivo del dragón. Ellos nunca han visto la luz de la Creación.

     Los europeos del Norte han aprendido a adorar al dragón del nihilismo racial como su dios principal, siendo el dejar de obedecer su voluntad el principal pecado, y el dejar de adorarlo, la principal forma de herejía. La forma principal de adoración es alimentar al dragón con europeos del Norte. Él los consume a pequeños mordiscos o a grandes tragos, tan rápido como puede, tan rápido como su hipnotizada y complaciente víctima se pone a sí misma en sus mandíbulas, o tan rápido como las víctimas involuntarias pueden ser empujadas hacia él. Millones han sido consumidos, trozo a trozo, un pequeño mordisco de belleza o talento por aquí, un trozo más grande allá. Muchos han sido conducidos, y alimentados, hacia el dragón por sus amigos, profesores, predicadores, e incluso por sus padres, y colocados por ellos en el altar de sacrificio del dragón. Mientras mayor es el valor racial de la víctima, más el dragón desea consumirla, y mayor es su placer y disfrute en la satisfacción de su apetito.

     En el simbolismo del folklore y de los romances caballerescos que son parte de la sabiduría antigua de la raza nórdica, el héroe-caballero salva a la virgen-princesa del dragón que la habría destruído y le habría impedido crear nueva vida. Ella está agradecida de su campeón por su salvación, y ellos se unen en la creación de nueva vida, completando su triunfo sobre el dragón. Pero las víctimas del dragón del nihilismo racial, en su locura han perdido esta antigua sabiduría. Ellos han sido condicionados para buscar y dar la bienvenida a su destrucción, para considerar a aquellos que los salvarían, como enemigos y traidores al dragón, y para rechazarlos y condenarlos, a ellos y a sus esfuerzos, como malos e inmorales. Ese dragón es el dios que procura destruír la raza nórdica, primero volviéndola loca mediante el ponerla contra sí misma.

     El nihilismo racial es la religión establecida, la fe ortodoxa, de la cultura presente. Todas las otras religiones deben conformarse a sus valores y creencias o ser consideradas como irreligiosas. Todos los miembros de la cultura, de cualquier otra afiliación o preferencia religiosa profesada, o de ninguna otra afiliación religiosa, son adoctrinados en las doctrinas y dogmas del nihilismo racial desde la temprana infancia por cada institución cultural, pública o privada. Fondos públicos y leyes son usados para apoyar e imponer sus políticas y enseñanza. El dinero fiscal es dado a aquellos que enseñan y promueven sus doctrinas, y retenido a aquellos que no lo hacen. Cualquier expresión de incredulidad o desacuerdo es condenada como herejía. El adoctrinamiento de sus adherentes es a menudo tan completo que produce un fanatismo dogmático, e incluso histérico, que no puede tolerar opiniones discrepantes o puntos de vista alternativos.

     El nihilismo racial es una religión idólatra. Sus ídolos son las diversas personalidades y celebridades que apoyan, o han apoyado, sus doctrinas y dogmas. Muchos de los adherentes del nihilismo racial personifican sus ideas y valores en esas idolatradas personalidades. Ellos consideran cualquier idea o valor que entre en conflicto con aquellos apoyados por los ídolos de esos cultos de personalidad, como herejías. Los diversos ídolos, de manera correcta o incorrecta, incluyen a personalidades fallecidas como John y Robert F. Kennedy, Martin Luther King, Eleanor Roosevelt, Margaret Mead, John Lennon y Mohandas Gandhi, todos venerados en el panteón nihilista racial, así como numerosas celebridades vivas, políticas, artísticas, del entretenimiento y atléticas. Los nombres de esos diversos ídolos son invocados para condenar ideas que discrepan con las doctrinas nihilistas raciales con las cuales ellos están asociados e identificados.


     Las principales denominaciones (ramas) del cristianismo dan su pleno apoyo a la promoción del nihilismo racial. Ellos niegan los derechos y los intereses vitales de la raza nórdica, ayudan a la causa de su destrucción, y denuncian cualquier deseo o esfuerzo para salvarla. Ellos fomentan el matrimonio inter-racial y la adopción entre sus congregaciones, traen a inmigrantes no-nórdicos a las patrias nórdicas, y ayudan a su establecimiento y absorción en la comunidad nórdica. La fiesta de Navidad, que sustituyó a la fiesta de Yule de la religión racial nórdica pre-cristiana, ha sido subvertida para promover el nihilismo racial, que es aclamado ahora como la mejor expresión del espíritu de Navidad.

     Las doctrinas universalistas (no raciales) y la cosmovisión del cristianismo han abrazado sin dificultad la ideología de "Un Mundo, Una Raza" en sus esfuerzos misioneros para reunir a todas las razas del mundo en la fe de ellas. Esa ideología, que destruiría a la raza nórdica por medio de involución y reemplazo, es comparada cada vez más por los líderes cristianos con la salvación. De acuerdo a ese confuso razonamiento, las almas de los europeos del Norte sólo pueden ser salvadas si ellos apoyan la destrucción de su raza.

     A medida que el cristianismo se hace cada vez más anti-nórdico en sus valores y enseñanzas, la raza nórdica se ve confrontada con materias y cuestiones religiosas que afectan su misma supervivencia y existencia continuada. ¿Es malo para la raza nórdica seguir existiendo y viviendo?; las condiciones de separación e independencia racial ¿son necesarias para la continuada malvada vida nórdica?, ¿o es la destrucción de la raza nórdica mediante la sumersión genética, y la negación de las condiciones que necesita para existir, el verdadero mal?. Si religión es adoración de, y servicio a, la Creación y la Vida, ¿cuál es la respuesta pro-Creación y pro-Vida a estas preguntas?.

     Ciertamente, si la raza nórdica debe sobrevivir, necesita una religión que esté a favor de ella más bien que contra ella, una que defienda más bien que condene sus derechos e intereses vitales. Necesita una religión que apoye su derecho a la vida racial, no una que se asocie a dioses que desean destruírla y que promueve las ideas que están volviéndola loca.

     El apoyo nórdico al nihilismo racial es locura. Ésa es una psicosis de masas que conduce a la raza nórdica a su auto-destrucción. Pone a los europeos del Norte en contra de sí mismos y de su propia raza, alienándolos de su lealtad natural. Hace que los padres conduzcan y entreguen a sus hijos al asesinato racial de la intermezcla racial, acabando con la línea racial o continuum de generaciones. El suicidio y la auto-destructividad no es algo mentalmente sano. Cuando una persona o raza está contra su propia existencia, y contra las condiciones que requiere para su existencia, ella está mentalmente enferma. Para que la raza nórdica acepte una ideología que niega su derecho a vivir, y las condiciones que necesita para vivir, debe estar loca. Comparar tal locura racialmente destructiva con el idealismo, la amabilidad y el afecto, como lo hacen los defensores del nihilismo racial, es equiparar la muerte con la vida. La locura del nihilismo racial es la locura que está destruyendo a la raza nórdica.

     La raza nórdica no conseguirá la salud mental racial hasta que reconozca lo que es sano y lo que es malsano racialmente. Las condiciones que son conducentes a la vida y el bienestar racial continuados y no disminuídos son racialmente sanas. Aquellas que tienden hacia el decrecimiento e inexistencia racial son racialmente malsanas.

     Aquellos europeos del Norte que apoyan y practican las condiciones primero señaladas son racialmente sanos, y aquellos que apoyan y practican las últimas son racialmente malsanos. Los europeos del Norte racialmente sanos quieren que su raza viva. Ellos tienen un deseo de vida racial. Los europeos del Norte racialmente malsanos no quieren que su raza viva, o no se preocupan de ello. Ellos tienen un deseo de muerte racial, por intención u omisión. Los sanos son partidarios de la vida racial, y apoyan la vida racial, el racismo de Vivir y Dejar Vivir, que es la Regla de Oro Racial. Los malsanos son partidarios de la muerte racial, y apoyan lo que la apoye, el programa nihilista racial para la extinción nórdica.

     Para conseguir la salud mental racial, la raza nórdica necesita una salud filosófica, ideológica, religiosa y moral. Éste es el sistema inmunológico racial. La salud en esa área proporciona a la raza nórdica inmunidad ante la auto-destructiva enfermedad mental del nihilismo racial. La carencia de salud en esa área crea una deficiencia inmunitaria que debilita su capacidad de protegerse a sí misma de la locura nihilista racial. La salud en esa área nos permite distinguir entre lo que es bueno para nosotros y lo que es malo, lo que es sano para nosotros y lo que es malsano, lo que es benéfico y lo que no, lo correcto y lo equivocado, lo que es provechoso para nosotros y lo que es dañino. Sin la capacidad de hacer tales distinciones, y de establecer estándares de acuerdo a los cuales tales asuntos pueden ser medidos y juzgados, la raza nórdica mostrará pronto los síntomas del nihilismo racial y sufrirá sus efectos mortales.

     La ética, el comportamiento, los valores y las prácticas no pueden ser correctamente juzgados sin considerar sus resultados y efectos. Esos efectos y resultados deben ser hechos claros y explícitos, llevados al aire libre para que todos los vean y los juzguen sin evasión o confusión. Los resultados y los efectos son más importantes que los motivos o las intenciones. Las aseveraciones de motivaciones positivas de bondad, amabilidad y amor deberían ser medidas de acuerdo a un estándar objetivo. La Creación y la Vida, y los intereses vitales de la raza, son los puntos objetivos de referencia de acuerdo a los cuales nosotros deberíamos medir y juzgar todas tales aseveraciones, y toda ética, valores, conductas y prácticas.

     Es común entre los abogados de toda idea afirmar que aquélla es una posición de amor, y que oponerse a ella representa odio. Con puntos objetivos de referencia, esas afirmaciones pueden ser adecuadamente evaluadas. Si sus efectos son dañinos para los intereses vitales de la raza, si ponen en peligro su vida continuada y amenazan des-crear o deshacer su creación, no deberían ser aceptadas como un producto o un ejemplo de bondad, amabilidad y amor. El nihilismo racial tiene tales efectos, y conduce a la extinción nórdica por medio de un proceso de intermezcla y reemplazo.

     La cultura que él domina retrata ese proceso racialmente destructivo —el genocidio de la raza nórdica— como emocionalmente cálido, gracioso y como el resultado natural del amor. (Las familias raciales mezcladas, por matrimonio o adopción, son un tema particularmente favorecido). Aquellos europeos del Norte a los que el nihilismo racial ha vuelto locos aceptan esa descripción, y creen que la bondad, la amabilidad y el amor consiguen su expresión más alta en acciones que violan los intereses vitales de su raza y contribuyen a su destrucción y muerte.

     La locura del nihilismo racial encuentra su éxito más completo en aquellos europeos del Norte que se han vuelto tan completamente contra su raza y sus intereses vitales, que ellos niegan, o rechazan admitir, su misma existencia, ante otros y ante sí mismos. Que eso siquiera exista es algo que ellos no pueden soportar contemplar. Ellos no lo nombrarán ni le concederán ningún reconocimiento, status o legitimidad. Si en algún nivel de su conciencia ellos saben que su raza realmente existe, eso es sólo causa para que ellos esperen más intensamente su rápida extinción, para esperar más fervorosamente que nada la salve, para apoyar más fuertemente las causas de su muerte, para negar más enérgicamente su derecho a la vida, y para oponerse más fanáticamente a su existencia continuada y a cualquier cosa que pudiera salvarla.

     Otros nihilistas raciales minimizan el valor e importancia de lo que se perderá si la raza nórdica se llega a extinguir. Pero aquellos que niegan su misma existencia, su identidad, su status como un continuum racial y genético, sus generaciones pasadas y futuras, su historia y su potencial destino, hacen mucho más que reducir la percepción del valor e importancia de lo que está siendo destruído, de lo que se perderá: ellos reducen su extinción a la calidad de un no-hecho, a la destrucción de nada, a la inexistencia de algo que nunca realmente existió. Ninguna forma de genocidio, o suicidio, podría ser más completa, y ninguna forma de locura podría ser más total.

     Los peores enemigos de la raza nórdica deben ser encontrados dentro de la propia raza nórdica. Ellos son aquellos que se han puesto en contra de los intereses vitales de su raza, en contra de su misma existencia, por medio de los enloquecedores efectos de las ideas y valores nihilistas raciales. Una casa dividida contra sí misma no puede permanecer, en parte queriendo que su raza sea libre, y en parte queriendo ser esclavizada a los intereses de otras razas, en parte queriendo que su raza viva y en parte queriendo sacrificar su vida en el altar del nihilismo racial. La lucha por la salvación nórdica es interna, no externa, dentro de sí misma, contra la parte o lado de sí misma que está en contra de sí misma. En este capítulo, como dijo Pogo [personaje de una tira cómica estadounidense], "Hemos encontrado al enemigo, y él somos nosotros".



     Nietzsche escribió: "Lo que no me destruye, me hace más fuerte". Pero la evitación de la destrucción misma requiere fuerza. Aquello que no nos destruye es aquello que somos lo bastante fuertes para resistir. La locura que ahora está destruyendo a la raza nórdica, el nihilismo racial, está teniendo éxito porque la raza nórdica ha carecido de la fuerza para resistir a ello, porque la raza nórdica ha sido demasiado débil para oponerse a su propio decrecimiento y destrucción. La carencia de fuerza, la debilidad, no es física sino —como la locura misma— espiritual, moral y mental. La debilidad está en la conciencia racial, la lealtad racial, la preocupación racial y el amor racial.

     ¿Cuántos europeos del Norte hoy, especialmente aquellos que están en posiciones de poder, prominencia o influencia, podrían decir que ellos aman y se preocupan por su raza, y que son leales a ella?. ¿Cuántos europeos del Norte admitirían tener tales sentimientos de lealtad, cuidado y amor, si ellos los tuvieran? La respuesta no es muchos, sino pocos. Esa carencia de lealtad, preocupación y amor es la fuente de la locura que está destruyendo a la raza nórdica. La raza nórdica está muriendo de, y siendo muerta por, una falta de cuidado y amor. Aquellos a quienes la ideología o religión dominante —el dios metafórico— va a destruír, primero hace que ellos no se preocupen o amen. Ella debe hacer primero que ellos no amen o sientan cariño por lo que está siendo destruído, es decir, ellos mismos.

     Richard Wagner, con quien Nietzsche a menudo discrepó, creía que el amor era la respuesta a todas las preguntas de la vida, que era la fuente de toda redención y salvación, que él solo tenía el poder para vencer a las fuerzas de la destrucción. Quizá Wagner tenía razón. Quizás la fuerza y el poder que la raza nórdica necesita para redimirse y salvarse, para vencer la destructiva locura del nihilismo racial, sólo puede venir del amor. La raza nórdica debe aprender a amarse, y aquello puede bien resultar ser el mayor amor de todos.

     El nihilismo racial es la ideología y la religión dominante dondequiera que haya europeos del Norte para que sirvan como sus víctimas. Por sus valores y creencias, el racismo nórdico —el amor de los europeos del Norte por su raza, su resistencia a lo que causaría su disminución o muerte, su deseo de que ella viva, sea libre, separada e independiente— es equiparado con el odio. La afirmación de los derechos e intereses nórdicos vitales es considerada como una injusta violación de los deseos conflictivos y no-vitales de otras razas.

     Dado que el nihilismo racial es la principal religión de las tierras nórdicas modernas, por lo tanto el racismo nórdico es la principal herejía, y en tanto herejía, es una víctima de muchas populares ideas falsas en cuanto a su verdadera naturaleza e intención, motivación y objetivo, medios y fines. Esas falsas ideas son propagadas por los defensores de la ortodoxia nihilista racial, con el objetivo de imponer el conformismo para con el dogma que ellos profesan. En su descripción del racismo nórdico, su método es acentuar lo negativo y eliminar el aspecto positivo. Su éxito es mejor medido por el número de europeos del Norte que aceptan su enseñanza y que equiparan la causa de la salvación racial nórdica y su vida continuada, con el odio y el mal.

     Ninguna causa disfruta de un apoyo y aceptación tan universal como la causa de la muerte racial nórdica. Ninguna causa sufre de una condena tan universal como la causa de la vida racial nórdica. Nada es tan ampliamente considerado como la forma más alta de bondad y moralidad que aquellos valores, creencias y acciones que están provocando la muerte de la raza nórdica. Nada es tan extensamente denunciado como la peor forma de inmoralidad que aquellos valores, creencias y acciones que promueven la continuación de la vida nórdica. La muerte nunca ha sido tan popular, y vida nunca tan impopular, como cuando la vida y la muerte en cuestión son las de la raza nórdica.

     Por el bien de su vida, la raza nórdica debe liberarse de las garras del genocida dragón del nihilismo racial.

     Debe liberarse del hechizo de la canción anti-nórdica de muerte que canta acerca de su destrucción e inexistencia. Debe aprender a cantar su canción de vida, la canción de la vida racial que matará al dragón de la muerte racial.–


3 comentarios:

  1. Todas las formas de vida exitosas buscan la simetría biológica ya que eso es un principio de transmisión exitoso de sus genes a la siguiente generación, los atunes se agrupan entre ellos y los salmones hacen lo mismo. Los sistemas asimétricos solo llevan a la degradación, caos, y finalmente a su autosetruccion por disfunciónalidad armónica. El mito de la Torre de Babel es un clásico ejemplo destructivo del caos asimétrico. Es cosa de observar la naturaleza, el panal de abejas es biológicamente simétrico, el hormiguero es biológicamente simétrico y es sinónimo de éxito evolutivo de supervivencia. El futuro pertenecerá a las etnias homogéneas como lo fueron los egipcios, griegos, romanos en su tiempo y actualmente los paises asiáticos que llevan la delantera.

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  2. Los blancos europeos están perdiendo su simetría y se están volviendo asimetricos debido al Multiculturalismo o diversidad etnica forzada.
    Por último la ciencia y estudios biológicos pueden desbancar el Multiculturalismo y demostrar su destructivo efecto ya que genera asimetría..

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  3. Una triste realidad es la que están viviendo las personas de raza Aria en Europa. Muchos se dan cuenta, pero no hacen nada por temor a ser juzgados. Están siendo reprimidos de todas las maneras posibles, mientras los fuerzan a aceptar la destrucción de su raza.

    Sabemos y tenemos la confianza de que pronto despertará el hidalgo caballero y que tan pronto se haga de sus armas descabezará al obscuro dragón que arremete en contra de su estirpe.

    Heil!

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