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martes, 23 de mayo de 2017

Sobre los Orígenes de la 1ª Guerra Mundial



     Los siguientes dos artículos que presentamos traducidos aparecieron, el primero, en la edición especial de New Dawn vol. 9 Nº 1 (Feb. de 2015), de sus autores, el profesor escocés Gerry Docherty (1948) y el médico e investigador también escocés Jim MacGregor (1947), que publicaron en 2013 un libro acerca de los orígenes desconocidos de la Primera Guerra Mundial (Hidden History: The Secret Origins of the First World War); y el segundo, de los mismos autores y publicado en Junio de 2014 en su propio sitio web (firstworldwarhiddenhistory.wordpress.com), texto que se refiere en específico al robo de documentación pertinente a los orígenes de la 1ªGM que realizó una identificada Élite Secreta usando la mano estadounidense, supresión que permite seguir culpando a Alemania por la Primera Guerra Mundial.


Los Orígenes Secretos
de la Primera Guerra Mundial
por Gerry Docherty y Jim MacGregor

Febrero de 2015


     La historia de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) es una mentira deliberadamente elaborada. No el sacrificio, el heroísmo, el horrendo desperdicio de vidas o la miseria que siguió. No, ésas fueron cosas muy reales; pero la verdad de cómo comenzó todo y de cómo la guerra fue prolongada innecesaria y deliberadamente más allá de 1915 ha sido exitosamente encubierta durante un siglo. Fue creada una historia cuidadosamente falsificada para ocultar el hecho de que fue Gran Bretaña, y no Alemania, la responsable de la guerra. Si la verdad hubiera sido ampliamente conocida después de 1918, las consecuencias para el Establishment británico habrían sido catastróficas [1].

[1] Gerry Docherty y Jim Macgregor, Hidden History: The Secret Origins of the First World War, 2013, p. 11.

     Para los vencedores son los despojos, y el juicio de ellos se reflejó en las descripciones oficiales. En Versalles en 1919 Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos afirmaron que Alemania había planeado la guerra, que la había comenzado deliberadamente, y que había rechazado todas las ofertas de los Aliados para la conciliación y la mediación. Millones de documentos fueron destruídos, ocultados o falsificados para justificar aquel veredicto. Alemania correctamente protestó que ella había sido forzada a entrar en guerra por causa de la agresión rusa. A los delegados alemanes en Versalles, bajo la amenaza de la ocupación, el desmembramiento territorial y el hambre, les quedó poca opción salvo aceptar la culpa y estar de acuerdo con reparaciones masivas. Como se dijo en The Economist, el Tratado de Versalles fue el crimen final cuyos duros términos asegurarían una segunda guerra (The Economist, 31 de Diciembre de 1999).

     Nuestra investigación demuestra que los verdaderos orígenes de la guerra deben ser encontrados no en Alemania sino en Inglaterra. A finales del siglo XIX una sociedad secreta de hombres enormemente ricos y poderosos fue establecida en Londres con el objetivo declarado de expandir el Imperio británico a través del mundo entero. Ellos deliberadamente causaron la Guerra Sudafricana de 1899-1902 a fin de arrebatarles a los Bóers el oro del Transvaal. Su responsabilidad por aquella guerra, y el horror de los campos de concentración británicos en los cuales murieron 20.000 niños, ha sido eliminada de las historias oficiales. La segunda etapa de su plan global fue la destrucción del competidor industrial y económico que se estaba desarrollando rápidamente: Alemania.

     ¿Historia cuidadosamente falsificada?, ¿veinte mil niños que mueren en campos de concentración británicos?. ¿una sociedad secreta que toma el control del mundo?, ¿Gran Bretaña responsable de la Primera Guerra Mundial? Si usted salta inmediatamente a la conclusión de que ésta es una disparatada teoría de conspiración, por favor considere el trabajo del profesor Carroll Quigley, uno de los historiadores más altamente respetados del siglo XX. La mayor contribución de Quigley a nuestro entendimiento de la Historia moderna es presentada en su libro "El Establishment Anglo-Estadounidense". Tiene explosivos detalles de cómo la sociedad secreta de banqueros internacionales, aristócratas y otros hombres poderosos controló las palancas de la política y las finanzas en Gran Bretaña y Estados Unidos. Quigley explica que muy pocas personas supieron de eso porque dicha Sociedad consiguió ocultar su existencia y "muchos de sus miembros más influyentes son desconocidos incluso para estudiantes atentos de la historia británica" [2].

[2] Carroll Quigley, The Anglo-American Establishment, 1981, p. 4.

La Conspiración para Destruír la "Amenaza Teutónica"

     Cecil Rhodes, el millonario sudafricano de diamantes, formó la sociedad secreta en Londres en Febrero de 1891 (Ibid., p. 3). Sus miembros pretendieron renovar el lazo existente entre Gran Bretaña y Estados Unidos, difundir todo lo que ellos consideraban digno en los valores de las clases dirigentes inglesas, y poner todas las partes habitables del mundo bajo su influencia y control. Ellos creían que los hombres de la clase dirigente de ascendencia anglosajona se sentaban con toda justicia en lo alto de una jerarquía construída en base al predominio en el comercio, la industria, la banca y la explotación de otras razas.

Cecil Rhodes

      La Inglaterra victoriana estaba confiadamente sentada en el pináculo del poder internacional, pero ¿podría permanecer allí para siempre? Ésa era la pregunta que provocaba serios debates en las grandes casas de campo y en los influyentes salones llenos de humo. Las élites abrigaban un temor profundamente arraigado de que, a menos que se actuara con decisión, el poder y la influencia británica a través del mundo serían erosionados y sustituídos por extranjeros, empresas extranjeras, y costumbres y leyes extranjeras. La opción era clara: tomar medidas drásticas para proteger y posteriormente expandir el Imperio británico, o aceptar que la nueva y retoñante Alemania pudiera reducirlo hasta convertirlo en un jugador menor en el escenario mundial. En los años que siguieron inmediatamente a la Guerra de los Bóers se logró tomar una decisión: la "amenaza teutónica" tenía que ser destruída. No derrotada: destruída.

     El plan comenzó con un ataque de múltiples frentes contra el proceso democrático. Ellos:

(a) Manejarían el poder en la administración y la política por medio de políticos cuidadosamente seleccionados y dóciles en cada uno de los partidos políticos principales;

(b) Controlarían la política exterior británica desde detrás del escenario, independientemente de cualquier cambio de gobierno;

(c) Atraerían a sus filas a los cada vez más influyentes magnates de la prensa para ejercer influencia en las avenidas de información que crean la opinión pública, y

(d) Controlarían la financiación de cátedras universitarias, y monopolizarían completamente la escritura y la enseñanza de la Historia de su propia época (Ibid., p. 197).

     Cinco jugadores principales —Cecil Rhodes, William Stead, Lord Esher, Sir Nathaniel Rothschild y Alfred Milner— fueron los padres fundadores, pero la sociedad secreta se desarrolló rápidamente en cantidad, poder y presencia en los años previos a la guerra. Las influyentes antiguas familias aristocráticas que habían dominado durante mucho tiempo Westminster estuvieron profundamente implicadas, como asimismo el rey Eduardo VII que funcionó dentro del núcleo interior de la Élite Secreta. Los dos grandes órganos del gobierno imperial británico, el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Oficina Colonial, fueron infiltrados, y se estableció un control sobre sus funcionarios de mayor rango.

     Ellos igualmente asumieron la Oficina de Guerra y el Comité de Defensa Imperial. De forma crucial, ellos también dominaron los grados más altos de las fuerzas armadas por medio del Mariscal de Campo Lord Roberts [3] en lo que hemos llamado la "Academia Roberts" [4]. La lealtad a partidos políticos no era un requisito previo para los miembros; la lealtad a la causa del Imperio sí lo era. Ellos han sido mencionados de manera indirecta en discursos y libros como el "poder del dinero", el "poder oculto" o "los hombres detrás de la cortina". Todas esas etiquetas son pertinentes, pero nosotros los hemos llamado, colectivamente, la Élite Secreta.

[3] Nicholas D’Ombrain, War Machinery and High Policy, Oxford University Press, 1973, p. 143
[4] Docherty y Macgregor, Hidden History, pp. 194-202.


El Importante Papel Desempeñado por Alfred Milner

     La principal figura en la Élite Secreta de alrededor de 1902 hasta 1925 fue Alfred (posteriormente vizconde) Milner. De manera notable, pocas personas han oído alguna vez su nombre. El profesor Quigley señaló que todas las biografías de Milner habían sido escritas por miembros de la Élite Secreta y ocultaban más que lo que ellas revelaban. En su opinión, este abandono de una de las figuras más importantes del siglo XX era parte de una deliberada política de secreto. Milner se convirtió en el líder indiscutido de la Élite Secreta. A su regreso de Sudáfrica en 1905 él empezó a preparar al Imperio británico para la guerra con Alemania. Aunque no era un miembro del Parlamento, él se sentó en el círculo interior del Gabinete de Guerra Imperial de Lloyd George a partir de 1916 en adelante [5]. ¿Qué había de tan precioso en Lord Alfred Milner que él ha sido prácticamente suprimido de la Historia?.

[5] A. M. Gollin, Proconsul in Politics: Study of Lord Milner, 1964, pp. 390-441.

     Al incitar a los Bóers a la guerra, Milner mostró la fría objetividad que condujo dicha causa. La guerra era desafortunada, pero necesaria. Tenía que ser. Las propias ambiciones globales futuras de la Élite Secreta dependían de un resultado victorioso. Hacia Mayo de 1902 el oro de Transvaal estaba en sus manos al costo de 32.000 muertes en los campos de concentración. Aunque la Guerra de los Bóers finalmente terminó en victoria, llegó a un costo mayor que los 45.000 hombres del Imperio muertos o heridos [6]. Gran Bretaña tenía menos amigos que nunca. Hasta aquel punto, a Gran Bretaña no le importaba. Vivir en un "espléndido aislamiento" y carente de tratados obligatorios con cualquier otra nación no había sido visto como una desventaja mientras ninguna otra potencia en la Tierra desafiara al Imperio.

[6] Will Podmore, British Foreign Policy since 1870, 2008, pp. 29-30.

Vizconde Alfred Milner

      Pero en los primeros años del siglo XX apareció un serio aspirante. Si la Élite Secreta debiera conseguir su sueño de la dominación mundial, el primer paso tenía que ser la remoción del advenedizo competidor alemán y la destrucción de su valor industrial y económico. Eso presentaba una considerable dificultad estratégica. Sin amigos en su aislamiento, Gran Bretaña nunca podría ella sola destruír a Alemania.

     Como una nación-isla, su fuerza estaba en su todopoderosa marina. La amistad y las alianzas eran algo necesario. "Habría sido imposible para Gran Bretaña haber derrotado a Alemania por sí misma. Por lo tanto, necesitaba al numeroso ejército francés y al aún más grande ejército ruso para que asumieran la mayor parte del combate en el continente" [7]. Tuvieron que ser abiertos los canales diplomáticos y establecerse contactos con los viejos enemigos Rusia y Francia. Ésa no fue una tarea menor ya que el resentimiento anglo-francés había sido prevaleciente durante la década anterior, y la guerra entre ellos fue una posibilidad real en 1895 [18].

[7] Pat Walsh, The Events of 1915 in Eastern Anatolia in the Context of Britain’s Great War on the Ottoman Empire: Una Conferencia dada por el Dr. Pat Walsh en la London School of Economics el 15 de Febrero de 2013, p. 4.
[8] Niall Ferguson, The Pity Of War: Explaining World War I, 1999, p. 41.

     Eduardo VII se puso al frente como el arma más especial de la Élite Secreta, rey cuya mayor contribución está en haber diseñado los muy necesarios realineamientos, e intentar el requisito previo de la Élite Secreta de aislar a Alemania. La responsabilidad última de la política exterior británica pertenece, de acuerdo a los precedentes, al gobierno elegido y no al soberano, pero fue el rey quien sedujo tanto a Francia como a Rusia para alianzas secretas en el breve tiempo de seis años. Los inmensos ejércitos de Francia y Rusia eran parte integral de la colosal tarea de detener el curso de Alemania. Dicho de manera simple, la Élite Secreta requería que otros emprendieran gran parte de su sangriento negocio, ya que la guerra contra Alemania sería ciertamente sangrienta.

Eduardo VII de Inglaterra

      El tratado con Francia, la Entente Cordiale (Alianza Amistosa), fue firmado el 8 de Abril de 1904, marcando el final de una época de conflictos que había durado casi mil años. La conversación era de paz y prosperidad, pero las cláusulas secretas firmadas aquel mismo día alineaban a ambos países contra Alemania. La Élite Secreta entonces atrajo a Rusia a su red con una promesa que ellos nunca tuvieron la intención de cumplir: el control ruso de Constantinopla y de los estrechos del Mar Negro después de una guerra exitosa contra Alemania.


La Élite Secreta Controla Ambos Lados de la Política

     La democracia británica, con elecciones regulares y cambios de gobierno, fue retratada como una red de protección confiable contra el gobierno despótico. Pero nunca ha sido así. Tanto los partidos conservadores como los liberales habían estado controlados desde 1866 por la misma pequeña camarilla que consistía en no más de media docena de familias principales, sus parientes y aliados, reforzados por ocasionales llegados con las credenciales "apropiadas".

     La Élite Secreta hizo una forma de arte de la identificación del talento potencial y del poner a hombres jóvenes prometedores, por lo general de la Universidad de Oxford, en posiciones que ayudaran a sus futuras ambiciones. Con la desaparición del Gobierno conservador en 1905, la Élite Secreta ya había seleccionado a sus sucesores naturales en el Partido Liberal: hombres confiables y confiados, inmersos en sus valores imperiales. Herbert Asquith, Richard Haldane y Sir Edward Grey fueron los hombres elegidos por Milner.

     Grey se trasladó al Ministerio de Asuntos Exteriores y Haldane a la Oficina de Guerra, y dentro de dos años Asquith era el Primer Ministro. La continuidad en la política exterior estaba asegurada. Una reorganización radical y completa de la Oficina de Guerra comenzó en preparación para la próxima guerra con Alemania. Cómo debe haberse reído la Élite Secreta, mientras tomaba champaña, con la noción de Democracia Parlamentaria.


El Brazo de Propaganda de la Élite Secreta: la Prensa

     El control de la política nunca ha sido un problema, ni tampoco el control de la prensa. Lord Northcliffe (Alfred Harmsworth), el más poderoso magnate de la prensa, fue un valioso contribuyente de la Élite Secreta con su tendencia a vilipendiar a Alemania y a preparar a la nación para la guerra eventual. Su propiedad de The Times y del Daily Mail permitió que ellos crearan la impresión de que Alemania era el enemigo. En historia tras historia, el mensaje del peligro alemán para el Imperio británico, para los productos británicos, o para la seguridad nacional británica, era constantemente regurgitado. No todos los periódicos siguieron el ejemplo, pero la prensa derechista fue particularmente virulenta.

Alfred Harmsworth, Lord Northcliffe

      Una sección grande e influyente de la prensa británica trabajó para la rabiosa agenda de envenenar las mentes de la nación. Eso era parte de un esfuerzo de propaganda sostenido directamente hasta y durante la Primera Guerra Mundial. Si The Times fue su base intelectual, los diarios populares difundieron el evangelio del odio anti-alemán entre las clases obreras. Entre 1905 y 1914 historias de espías y artículos anti-alemanes lindaban con la locura en lo que era un escandaloso intento de generar miedo y resentimiento.


Solicitando a las Colonias Carne de Cañón

     Sir Alfred Milner estableció la tarea colosal de preparar el Imperio para la guerra. Gran Bretaña tenía sólo una pequeña y altamente entrenada Fuerza Expedicionaria, pero el Imperio permanecía como una enorme fuente sin explotar con más de seis millones de hombres en edad militar. Milner sabía que cuando la guerra llegase él tenía que asegurarse de que Australia, Nueva Zelanda y Canadá estuvieran hombro con hombro con Gran Bretaña. Una Conferencia Colonial fue sostenida en Londres en 1907 para envolver la Bandera del Reino Unido alrededor del Imperio.

     El Primer Ministro Alfred Deakin de Australia era el principal objetivo de Milner. Ellos compartieron escenario en el Salón de la Reina en el cual Milner elogió a Deakin y el compromiso de Australia con el Imperio, y destacó los vínculos de raza y lealtad que ligan a ambas naciones. Ellos adoptaron un plan para organizar el dominio militar de acuerdo con el reorganizado ejército británico de modo que ellos pudieran ser integrados en "una emergencia". Eso condujo a la reorganización completa de las fuerzas de Nueva Zelanda y australianas [9].

[9] J. Lee Thompson, Forgotten Patriot: A Life of Alfred, Viscount Milner of St. James’s and Cape Town, 2007, p. 257.

     Canadá, del mismo modo, tenía una reserva enorme de hombres jóvenes, y en 1908 Milner emprendió un viaje ferroviario de costa a costa elogiando el espíritu canadiense, su patriotismo y su lealtad al Imperio [10]. En Junio de 1909 él comunicó sus energías en una Conferencia de Prensa Imperial en Londres que reunió a más de 60 dueños de periódicos, periodistas y escritores desde más allá del Imperio. Se hicieron todos los esfuerzos para impresionar —en realidad, para intimidar— a los invitados, con alabanzas y hospitalidad pródigas. Él estaba determinado a reunir el apoyo del Imperio para la madre patria en tiempos de guerra. Viajando en tren privado en primera clase, ellos visitaron fábricas de armamentos en Manchester y un astillero en Glasgow donde estaban siendo construídos unos destructores para Australia. Se concedieron grados honorarios a diversos periodistas principales de Canadá, Australia, India y Sudáfrica.

[10] Vizconde Milner, Discursos Pronunciados en Canadá en el Otoño de 1908, 1-12, https://archive.org/details/cihm_72889

     En el discurso fundamental Lord Rosebery, un miembro de la Élite Secreta, advirtió que nunca antes en la Historia del mundo había habido "una preparación para la guerra tan amenazante y abrumadora" [11]. Aunque Alemania no fue mencionada por su nombre, la inferencia clara era que el Káiser se estaba preparando para la guerra, y que Gran Bretaña y el Imperio debían prepararse rápidamente. Lord Rosebery pidió a los delegados "recuperar nuestros jóvenes dominios a través de los mares", y el mensaje fue que "el deber personal hacia la defensa nacional descansa en cada hombre y ciudadano del Imperio" (Ibid., p. 169).

[11] J. Lee Thompson, Northcliffe: Press Baron in Politics 1865-1922, 2000, p. 168.

     Milner más tarde envió a sus acólitos más confiables para organizar grupos locales influyentes a través de todo el Imperio. Su mensaje repetía el mantra de lealtad, deber, unidad y las ventajas del Imperio... El Imperio... el Imperio. En el análisis final, Australia colocó su marina bajo comando británico, y un total de 332.000 australianos fueron a la guerra. Nueva Zelanda envió 112.000 hombres. El Imperio cumplió "su deber", y sin embargo ¿qué ha oído usted alguna vez acerca de Lord Alfred Milner?.


Un Asesinato Conveniente

     Dos condiciones tenían que cumplirse antes de que la Élite Secreta pudiera comenzar su guerra. En primer lugar, Gran Bretaña y el Imperio tenían que estar preparados. En segundo lugar, a fin de amontonar la culpa sobre Alemania, ésta tenía que ser incitada para dar el primer golpe. El asesinato del heredero del trono austro-húngaro, el archiduque Franz Ferdinand, el 28 de Junio de 1914 proporcionó la excusa para la monstruosa manipulación. A menudo se lo ha citado como la causa de la Primera Guerra Mundial. Qué tonterías. En sí mismo fue sólo un asesinato político más en una época de tales asesinatos. La culpa era de un grupo de funcionarios servios que entrenaron, armaron y ayudaron a los asesinos, y una venganza austriaca era generalmente aceptada como una reacción válida.

     Lo que hemos demostrado en nuestro libro "Hidden History" es que las conexiones vinculaban a los servios, el embajador ruso en Belgrado, el ministerio de Asuntos Exteriores en San Petersburgo y a la Élite Secreta de Londres [12]. Austria exigió que el gobierno servio tomara acciones específicas contra los autores y permitiera la participación austriaca en la investigación. Servia se negó. Rusia, habiendo asumido el falso papel de protector, expresó su apoyo total a Servia.

[12] Docherty y Macgregor, Hidden History, pp. 242-251.

     En Londres, la Élite Secreta estimuló resueltamente los orquestados antagonismos hasta convertirlos en una crisis. Cuando Servia y Austria llegaron a un acuerdo entre sí en lo que debería haber sido un conflicto localizado, Rusia, con el pleno apoyo de Londres y París, comenzó en secreto a movilizar sus masivos ejércitos en la frontera Este de Alemania. Todos estaban conscientes de que una vez que comenzara la movilización general de un ejército, eso significaba la guerra y de allí no había vuelta atrás.


     Alemania enfrentó la invasión a lo largo de su frente Este, y, a medida que el ejército francés se movilizaba hacia el Oeste, el Káiser repetidamente hizo valientes intentos para persuadir a su primo el Zar a que retirara sus ejércitos. Con pleno conocimiento de que Francia había prometido unirse a Rusia inmediatamente, y de que Gran Bretaña, sin admitir abiertamente su colusión, estaba en secreto comprometida a la guerra, el Zar se negó. El sueño de Rusia de tomar Constantinopla podría ser por fin realizado.

     Arrinconada en una esquina y forzada a una guerra defensiva, Alemania fue la última potencia en Europa que movilizó su ejército. A fin de tratar con los franceses que se habían movilizado en secreto hacia el Oeste, el Káiser ordenó que el ejército alemán avanzara hacia Francia pasando por Bélgica. Él tenía pocas otras opciones. Europa continental estaba en guerra.

     La Élite Secreta miró y esperó. Aunque los preparativos conjuntos para la guerra habían estado llevándose a cabo desde 1905, ellos habían sido mantenidos tan secretos que sólo cinco de veinte ministros en el gobierno británico sabían de los compromisos británicos. Sir Edward Grey habló ante la Cámara de los Comunes el 3 de Agosto y prometió que no se tomaría ninguna acción sin la aprobación del Parlamento, incluso si aquella aprobación nunca fuera sometida a votación.

     El punto crucial de su argumento estaba en la neutralidad belga, aunque él sabía demasiado bien que tal neutralidad era una grotesca farsa. Entre otros, el escritor estadounidense Albert J. Nock más tarde reveló que Bélgica había sido un aliado secreto pero sólido de Gran Bretaña, Francia y Rusia mucho antes de Agosto de 1914 [13]. La ficción de la neutralidad belga proporcionó la excusa legal y popular para que Gran Bretaña declarase la guerra contra Alemania el 4 de Agosto de 1914. Sir Edward Grey, el leal sirviente de la Élite Secreta, mintió al Imperio británico para involucrarlo en la guerra.

[13] Albert J Nock, The Myth of a Guilty Nation, 1922, pp. 36-37.

Pruebas Documentales Destruídas e Historia Falsificada

     Durante los últimos cien años los hechos han sido distorsionados y falsificados por los historiadores de la Corte. Los miembros de la Élite Secreta tuvieron un excepcional cuidado para remover los rastros de su conspiración, y cartas, telegramas, informes oficiales y minutas de gabinete que habrían revelado la verdad, han desaparecido. Las cartas a y de Alfred Milner fueron eliminadas, quemadas o de algún modo destruídas. Las cartas incriminatorias enviadas por el rey Eduardo estaban sujetas a la orden de que, tras su muerte, ellas debían ser destruídas inmediatamente [14].

[14] Lord Arbuthnott Fisher, Memories and Records, vol. 1, 1920, p. 21.

     Lord Nathan Rothschild, un miembro fundador de la Élite Secreta, igualmente ordenó que sus papeles y correspondencia fueran quemados póstumamente para que su influencia política y conexiones no llegaran a ser conocidas. Según comentó su biógrafo oficial, uno no puede sino "preguntarse cuánto del papel político de Rothschild permanece irrevocablemente oculto de la posteridad" [15].

[15] Niall Ferguson, The House of Rothschild: Volume 1: Money’s Prophets: 1798-1848, 1999, p. 319.

     El profesor Quigley apuntó un dedo acusador sobre aquellos que monopolizaron "tan completamente la escritura y la enseñanza de la Historia de su propio período". No hay ninguna ambivalencia en su condenatoria acusación. La Élite Secreta controló la escritura y la enseñanza de la Historia de numerosos modos, pero ninguno fue más efectivo que la Universidad de Oxford.

     Los hombres de Milner dominaban en gran parte el Balliol College, el New College y el All Souls College, los cuales, a su vez, dominaban en gran parte  la vida intelectual de Oxford en el campo de la Historia. Ellos controlaban el Diccionario de Biografías Nacionales, lo que significaba que la Élite Secreta escribía las biografías de sus propios miembros. Ellos crearon su propia historia oficial de miembros claves para el consumo público, borrando cualquier prueba incriminatoria y retratando la mejor imagen de espíritu cívico que podría ser sin peligro fabricada. Ellos pagaron por nuevas cátedras de Historia, política, economía e, irónicamente, estudios de paz [16].
 
[16] Un análisis en profundidad del grado de dicho control puede ser encontrado en nuestros artículos del 18 y 19 de Junio de 2014 en firstworldwarhiddenhistory.wordpress.com/2014/06/18/ y https://firstworldwarhiddenhistory.wordpress.com/2014/06/19/the-dead-hand-of-history/

     Había una conspiración sistemática por parte del gobierno británico para encubrir todos los rastros de sus propias retorcidas maquinaciones. Las memorias oficiales que cubren los orígenes de la guerra fueron cuidadosamente escudriñadas y censuradas antes de ser publicadas. Los archivos de gabinete para Julio de 1914 están relacionados casi exclusivamente con Irlanda, sin la mención de la inminente crisis global. No se ha hecho ningún esfuerzo para explicar por qué faltan los archivos cruciales.

     A principios de los años '70 el historiador canadiense Nicholas D'Ombrain notó que los archivos de la Oficina de Guerra habían sido "desmalezados". Durante su investigación él comprendió que tanto como cinco sextos de archivos "sensibles" habían sido removidos a medida que él iba tras su asunto [17]. ¿Por qué?, ¿dónde fueron ellos?, ¿quién autorizó su retiro?; ¿fueron ellos enviados a Hanslope Park, el depósito del gobierno detrás de cuyas cercas de alambre de púas más de 1,2 millón de archivos secretos, muchos acerca de la Primera Guerra Mundial, permanecen ocultos hoy? [18]. De manera increíble, ése no fue el peor episodio de robo y engaño.

[17] Nicholas D’Ombrain, War Machinery and High Policy, Oxford University Press, 1973, p. XIII.
[18] firstworldwarhiddenhistory.wordpress.com/2014/08/25/

     Herbert Hoover, el hombre que encabezó la Comisión de Ayuda Belga y que fue posteriormente el trigésimo primer Presidente de Estados Unidos, estaba estrechamente vinculado a la Élite Secreta. Ellos le dieron la importante tarea de suprimir de Europa la evidencia incriminatoria, vistiéndola con una capa de respetabilidad académica. Hoover persuadió al general John Pershing para que liberara a 15 profesores de Historia y a alrededor de 1.000 estudiantes que estaban sirviendo en las fuerzas estadounidenses en Europa y que los enviara, con uniforme, a los países que su agencia estaba alimentando.

Herbert Hoover

      Con alimentos en una mano y tranquilizadora certeza en la otra, esos agentes enfrentaron poca resistencia en su búsqueda. Ellos hicieron los contactos correctos, "fisgonearon" por ahí en busca de archivos y encontraron tantos que Hoover "pronto los estuvo embarcando hacia EE.UU como el lastre en los barcos vacíos de comida". El retiro de documentos desde Alemania presentó pocos problemas. Quince carretadas de material fueron tomadas, incluyendo "las minutas secretas completas del Supremo Consejo de Guerra alemán", un "regalo" de Friedrich Ebert, el primer Presidente de la República alemana de posguerra [19].

[19] http://whittakerchambers.org/articles/time-a/hoover-library/

     Hoover explicó que Ebert era "un radical sin interés en el trabajo de sus predecesores", pero el hambriento hombre cambiará hasta su derecho de nacimiento por comida. ¿Dónde está ahora la evidencia vital para demostrar la culpa de guerra de Alemania, si ésta hubiera sido culpable? Si hubieran habido pruebas, habrían sido publicadas inmediatamente. No había ninguna. Lo que ha sido escondido o destruído nunca será conocido, y es un hecho alarmante el que pocos historiadores de guerra, si es que alguno, hayan escrito alguna vez sobre ese robo ilícito de documentos europeos, documentos que están relacionados probablemente con el acontecimiento más crucialmente importante en la Historia europea y mundial. ¿Por qué?.


Historia Escondida: Los Orígenes Secretos de la Primera Guerra Mundial

     La evidencia para cada declaración en este artículo puede ser encontrada en nuestro libro "Hidden History: The Secret Origins of the First World War". Además, hemos publicado regularmente artículos acerca de lo que realmente sucedió hace cien años, no la historia pre-embalada en la cual al gobierno británico le gustaría que nosotros nos concentráramos.

     Después de un siglo de propaganda, mentiras y lavado de cerebro acerca de la Primera Guerra Mundial, la disonancia cognoscitiva nos deja demasiado incómodos para soportar la verdad de que fue un pequeño grupo socialmente privilegiado de auto-calificados patriotas de raza inglesa, apoyados por poderosos industriales y financieros en Gran Bretaña y Estados Unidos, el que provocó la Primera Guerra Mundial. La determinación de esa Élite Secreta con sede en Londres para destruír Alemania y tomar el control del mundo fue en último término responsable de la muerte de millones de honorables hombres jóvenes que fueron engañados y sacrificados en una matanza irracional y sangrienta para llevar adelante una causa deshonrosa.

     Hoy, decenas de miles de monumentos conmemorativos de guerra a través del mundo atestiguan la gran mentira, la traición, de que ellos murieron para "la mayor gloria de Dios" y para que "pudiéramos ser libres". Ésa es una mentira que los liga a un mito. Ellos fueron las víctimas. Ellos son recordados en actos vacíos erigidos para ocultar el verdadero objetivo de la guerra. Lo que ellos merecen es la verdad, y no debemos fallarles en aquel deber.




El Robo de la Historia
por Jim MacGregor y Gerry Docherty
18 de Junio de 2014


     La verdad sobre la Primera Guerra Mundial permanece escondida. Historiadores serios, investigadores y miembros interesados del público se han visto frustrados en sus intentos de averiguar lo que realmente sucedió. En 1914 la primera baja de la guerra fue la verdad, e incluso un siglo más tarde los miembros del Establishment británico persisten en la diseminación de sus mentiras y mitos. Ellos tienen mucho que esconder. Nosotros demostraremos que los hechos sobre las causas de la guerra, los cuestionables acontecimientos durante ella, y absurdas afirmaciones hechas después, estuvieron todos sujetos a una rígida censura, desinformación, propaganda, "pruebas" documentales cuidadosamente seleccionadas, "evidencia" no demostrada e historias cómplices oficialmente aprobadas.

     La Élite Secreta no sólo provocó la guerra sino que dictó después cómo debía ser registrada y traducida en Historia. Aquélla fue su guerra, y se nos ha enseñado la Historia de ellos. El profesor Quigley advirtió acerca del peligro inherente de la "penetración en un frente triple" de la Élite Secreta de la política, la prensa y la educación. "Ningún país que valora su seguridad", declaró él, debería permitir lo que esta conspiración de élites llevó a cabo:

     "es decir, que a un pequeño número de hombres capaces de manejar tal poder en la administración y la política, le debería ser dado el control casi completo de la publicación de documentos acerca de sus acciones, [ni] debería ser capaz de ejercer tal influencia en las rutas de información que crean la opinión pública, y [no] deberían ser capaces de monopolizar tan completamente la escritura y la enseñanza de la Historia de su propio período" [1].

[1] Carroll Quigley, The Anglo American Establishment, p. 197.

     La Élite Secreta dictó la publicación de documentos oficiales, no sólo sus propias fuentes, sino también las de las naciones derrotadas. Su control del registro histórico fue absoluto. Ellos decidieron lo que sería permitido o no en la esfera pública. Por ejemplo, el Libro Azul británico, que contenía los intercambios diplomáticos de las semanas que precedieron a la guerra, fue presentado al Parlamento el 6 de Agosto de 1914, supuestamente para demostrar las buenas intenciones de Gran Bretaña y absolverla de cualquier responsabilidad. Arreglados en orden cronológico, los telegramas parecían estar completos, ser sinceros y convincentes: una estudiada confirmación del ministro de Asuntos Exteriores Sir Edward Grey "determinó los esfuerzos para preservar la paz" [2].

[2] Sidney B. Fay, Origins of the World War, vol. I, p. 5.

     Años más tarde, la evidencia liberada por Moscú como consecuencia de la Revolución bolchevique claramente mostró que tres de los telegramas que Grey había presentado al Parlamento como prueba crucial de sus tentativas para impedir la guerra nunca habían sido siquiera enviados. La afirmación del embajador británico en San Petersburgo de que, con una excepción, todos los intercambios diplomáticos entre él y el ministerio de Asuntos Exteriores fueron incluídos en el Libro Azul [3] fue una mentira escandalosa. El profesor Sydney Fay de Harvard encontró que "más que una gran cantidad" no había sido incluída y que importantes pasajes de telegramas y cartas habían sido juiciosamente cortados (Fay, vol. I, p. 29).

[3] George Buchanan, My Mission to Russia, vol. I, p. 100.

     El Libro Naranja ruso contenía 79 documentos que enfatizaban sus esfuerzos para la paz, pero ocultó la verdad sobre la movilización general de Rusia que condujo directamente a la guerra, y falsamente culpaba a Austria y Alemania (Ibid., p. 5). El Libro Naranja omitió las propuestas conciliatorias que habían sido hechas por el Káiser Wilhelm II durante la crisis de Julio, y todas las pruebas de las agresivas políticas franco-rusas que habían sido concordadas entre el Presidente Poincaré de Francia y el Zar [4]. El Libro Amarillo francés, retrasado durante mucho tiempo, suprimió igualmente de manera absoluta telegramas incriminatorios y alteró otros para implicar el deseo francés de paz y la responsabilidad alemana por la guerra.

[4] Barnes, Genesis of the World War, p. 40.

     La Élite Secreta fue despiadada en su manipulación de documentos oficiales como el Libro Azul británico. El Libro Amarillo de los franceses y el Libro Naranja ruso estaban igualmente llenos de omisiones y desinformación para ocultar la verdad, y fueron fielmente retratados por sus máquinas de propaganda como pruebas de la culpa alemana por la guerra. Con la ventaja de pruebas que no estuvieron disponibles entonces, su colusión es obvia ahora. En 1914 sólo los agentes confiables de la Élite Secreta sabían de la connivencia entre diplomáticos y ministerios de Asuntos Exteriores entre Gran Bretaña, Francia y Rusia a lo largo del mes de Julio de 1914 [5].

[5] Docherty y Macgregor, Hidden History, pp. 252-300.

     La Élite Secreta se tomó mucha molestia para encubrir todos los rastros de su conspiración. Las cartas a y de Alfred Milner, su líder indiscutible, fueron entresacadas, removidas, quemadas o de algún modo destruídas [6]. Los papeles restantes de Milner, conservados en la Bodleian Library de la Universidad de Oxford, son testigos del celo con el cual muchas pruebas de la maldad han sido borradas. Los mensajes secretos que él envió a su amigo Lord Selborne han desaparecido. Milner quemó telegramas privados y personales [7] y lo que queda de la eliminación emprendida por su esposa después de la muerte de él representa sólo la grupa desnuda de su voluminosa correspondencia.

[6] A. M. Gollin, Proconsul in Politics, p. 551, nota.
[7] Papeles de Milner, Milner a Selborne, 5 de Abril de 1899, Bodleian Library, Ms.Eng.Hist. c.688.

      Las cartas incriminatorias enviadas por el rey Eduardo VII, él mismo un miembro del núcleo interior de la Élite Secreta, estaban sujetas a la orden de que a su muerte ellas debían ser destruídas inmediatamente. El almirante Jacky Fisher, antiguo Primer Lord del Mar, señaló en sus Memorias que él había sido aconsejado por Lord Knollys, el secretario privado del rey, para que quemara todas las cartas enviadas a él por el rey. Fisher por consiguiente quemó la mayor parte de su correspondencia Real [8].

[8] Baron John Arbuthnott Fisher, Memories and Records, vol. I, p. 21.

     Lord Nathaniel Rothschild, principal banquero internacional y miembro fundador de la sociedad secreta, igualmente ordenó que sus papeles y correspondencia fueran quemados póstumamente para que su influencia política e intervenciones no llegaran a ser conocidas. Como comentó su biógrafo, uno no puede sino "preguntarse cuánto del papel político de los Rothschild permanece irrevocablemente escondido de la posteridad" [9]. Si es que algo, la sistemática conspiración de los hombres designados por la Élite Secreta en el gobierno británico para encubrir todos los rastros de sus retorcidas maquinaciones fue mucho peor.

[9] Niall Ferguson, House of Rothschild, vol. II, p. 319.

     Incluso si suponemos que los archivos sobrevivientes del Comité de Defensa Imperial eran exactos, lo que queda nos dice más sobre lo que falta. Los archivos de gabinete para la Crisis de Julio, que cubren del 4 al 21, están relacionados casi exclusivamente con Irlanda [10]. ¿Discusión acerca de los Balcanes? Ninguna. ¿Temores acerca de los peligros implícitos en la disputa austro-servia? En ninguna parte. ¿Bélgica? Ninguna mención. No queda ningún papel que provocara inquietudes acerca de una invasión alemana de Bélgica. Tenía que parecer que ese problema había surgido repentinamente en Gran Bretaña.

[10] Cabinet Papers, CAB 37/120/ 69, 81, 90.

     Mientras el aviso oficial en la Lista del Registro Público de Papeles del Gabinete advierte que "los papeles enumerados no son ciertamente el total de aquellos colectivamente considerados por los ministros del Gabinete", el vacío es impresionante, y no se ha hecho ningún esfuerzo para explicar por qué faltan los archivos cruciales o lo que les ocurrió. Ningún papel del Gabinete en absoluto, del 14 de Julio al 20 de Agosto, sobrevivió a la eliminación, en momentos en que la Primera Guerra Mundial había entrado en su tercera semana. Ante tanto que ha desaparecido [11], la pregunta lógica es ¿por qué?.

[11] List of Cabinet Papers, 1880–1914. PRO booklet.

     Mucho es lo que falta en el registro oficial británico de la Primera Guerra Mundial, pero siendo justos con los bibliotecarios y los custodios de la Oficina de Registro Público, ellos sólo podían catalogar lo que se les entregaba. El público británico tiene derecho a conocer el grado pleno de lo que ha sido secretamente retenido, escondido o que ha "desaparecido". A principios de los años '70, el historiador canadiense Nicholas D'Ombrain comenzó a investigar los archivos de la Oficina de Guerra. Él señaló: «Los Archivos de Registro estaban en una condición deplorable, habiendo sufrido los estragos periódicos de la política de "desmalezamiento". Una de tales limpiezas estaba en progreso durante mi incursión en esos archivos, y encontré que mi material estaba siendo sistemáticamente reducido hasta en cinco sextas partes» [12].

[12] D’Ombrain, War Machinery and High Policy, prefacio, p. XIII.

     Asombrosamente, una gran cantidad de material "sensible" realmente fue removida cuando el académico seguía su negocio. ¿Dónde se fue dicho material?, ¿y quién aprobó su retiro? Además, D’Ombrain notó que las minutas del Comité de Defensa Imperial y "listas de circulación e invitación" junto con mucha correspondencia "de rutina" habían sido destruídas (Ibid.). ¿Qué se requería todavía que fuera escondido de historiadores e investigadores en 1970? El hecho de que D’Ombrain encontrara cinco sextos de los archivos totales desvaneciéndose delante de él demostró claramente que otros todavía retenían un interés creado en mantener oculta evidencia de la Historia. D’Ombrain es sólo uno de varios historiadores frustrados por la "desaparición" de documentación.

     Las memorias oficiales que cubren los orígenes de la Primera Guerra Mundial fueron muy cuidadosamente examinadas. "Twenty-Five Years" de Sir Edward Grey es una horrible excusa para un registro de hechos, y la conveniencia de su defectuosa memoria suena hueca. Las Memorias de Guerra de Lloyd George contienen numerosos trozos que sugieren la pluma de un censor. En vez de detallar la ayuda que él recibió de Lord Rothschild en el comienzo mismo de la guerra, Lloyd George limitó su comentario a "aquello fue hecho" [13], dejando al lector preguntándose precisamente qué era "aquello". Él sin embargo llama la atención hacia los polémicos y autoglorificadores diarios escritos por Sir Douglas Haig, el comandante del Ejército británico, y radicalmente alterados por Lady Haig hasta el grado que había dos versiones del supuesto mismo registro. Los diarios vueltos a escribir y con frecuencia alterados de Haig fueron liberalmente usados por su biógrafo y amigo familiar Duff Cooper para glorificarlo [14].

[13] David Lloyd George, War Memoirs, vol. I, p. 70.
[14] David Lloyd George, War Memoirs, vol. II, pp. 2011-2015.

     La versión que Haig envió directamente al rey Jorge V criticaba a muchos de sus colegas comandantes, pero aquello fue removido por Lady Haig para que la reputación de Sir Douglas no se viera afectada [15]. Mucho más será dicho en tiempos apropiados acerca de Sir Douglas Haig. Cuando Sir George Buchanan, el embajador británico en Petrogrado, un importante jugador en el cuerpo diplomático de confianza de la Élite Secreta, escribió sus memorias, "Mi Misión en Rusia" y otras "Memorias Diplomáticas", allí se contenía información que el Establishment consideraba demasiado reveladora para su publicación. Su hija Meriel declaró que él fue obligado a omitir pasajes de su libro bajo pena de perder su pensión [16]. Tenga cuidado. Las memorias han sido manipuladas.

[15] Nikolas Gardner, Trial by Fire, pp. 228-230.
[16] Meriel Buchanan, The Dissolution of an Empire, pp. 192–207.

     Con todo lo malo que es esto, es de una importancia relativamente menor comparado con el robo escandaloso realizado por la Élite Secreta del registro histórico desde más allá de Europa. En los años inmediatos de posguerra, cientos de miles de importantes documentos que tenían que ver con los orígenes de la Primera Guerra Mundial fueron llevados desde sus países de procedencia hasta la costa Oeste de EE.UU. y escondidos en bóvedas cerradas en la Universidad de Stanford. Los documentos, que sin duda han expuesto a los verdaderos perpetradores, tuvieron que ser removidos a una localización segura y escondidos de las miradas curiosas.

     Herbert Hoover, un futuro Presidente estadounidense, era el agente de la Élite Secreta encargado de la tarea colosal de remover de Europa documentos incriminatorios. Durante la guerra, Hoover desempeñó un importante papel para la Élite Secreta al manejar una organización de suministro de comida de emergencia que fue supuestamente creada para salvar a civiles belgas que pasaban hambre.

     Ningún gobierno dio su respaldo oficial al retiro de documentos históricos. Eso fue un robo disfrazado como un filantrópico acto de preservación para beneficio de futuros historiadores. En verdad, como en el ladrón por la noche, la cautela era la regla básica. Ephraim Adams, profesor de Historia en la Universidad de Stanford y un amigo íntimo de Hoover desde sus días de estudiante, fue llamado a París para coordinar el gran atraco y disfrazarlo con un traje de respetabilidad académica. Hoover reclutó un equipo de manejo de "jóvenes académicos" del ejército estadounidense y aseguró su liberación del servicio militar. Ellos usaron cartas de presentación y apoyo logístico de Hoover para recolectar pruebas documentales y establecer una red de representantes a través de Europa [17]. Ellos hicieron los contactos correctos, "fisgonearon" en busca de archivos y encontraron tantos que Hoover "pronto los estuvo llevando a EE.UU. como lastre en los vacíos barcos de comida" [18].

[17] Charles G. Palm y Dale Reed, Guide to the Hoover Institution Archives, p. 5.
[18] Whittaker Chambers, Hoover Library.

      Hoover reclutó a unos 1.000 agentes adicionales cuya primera carga ascendió a 375.000 volúmenes de los "Documentos Secretos de Guerra" de los gobiernos europeos [19]. Los controladores de Hoover de la Élite Secreta estaban interesados principalmente en el material acerca de los orígenes de la guerra y los mecanismos de la Comisión para la Ayuda de Bélgica. Otros documentos relativos a aspectos militares de la guerra misma fueron ignorados.

[19] New York Times, 5 de Febrero de 1921.

     La secreta remoción y eliminación de material incriminatorio británico y francés planteó poco o ningún problema para la Élite Secreta, y, sorprendentemente, una vez que los bolcheviques habían tomado el control, el acceso a los documentos rusos demostró estar libre de trabas. El profesor Miliukov, ministro de Asuntos Exteriores en el viejo régimen de Kerensky, informó a Hoover que algunos archivos zaristas que tenían que ver con los orígenes de la guerra habían sido ocultados en un granero en Finlandia. Hoover más tarde se jactó de que "Adquirirlos no fue ningún problema en absoluto. Nosotros estábamos alimentando a Finlandia en ese entonces" [20].

[20] Whittaker Chambers, Hoover Library.

     La Élite Secreta tomó posesión de esa manera de una masa de pruebas acerca del viejo régimen zarista que indudablemente contenía información enormemente perjudicial en las muy secretas negociaciones que ocurrieron entre el ministerio de Asuntos Exteriores ruso y París y Londres antes de que la guerra comenzara. Ellos tuvieron que eliminar la evidencia de la movilización rusa porque eso demostraba que Alemania actuó en defensa propia. Podría parecer al principio extraño que los bolcheviques cooperaran con tanta disposición permitiendo a los estadounidenses remover otras 25 carretadas de material de Petrogrado (Ibid.). Según el New York Times ellos compraron los documentos bolcheviques a un "portero" por 200 dólares en efectivo [21], pero claramente había fuerzas más oscuras en juego.

[21] New York Times, 5 de Febrero de 1921.

     El retiro de documentos desde Alemania presentó pocos problemas. Quince carretadas de material fueron tomadas, incluyendo "las minutas secretas completas del Supremo Consejo de Guerra alemán", un "regalo", según Hoover, de Friedrich Ebert, el primer Presidente de la República alemana de posguerra. Hoover justificó eso afirmando que Ebert era "un radical sin interés en el trabajo de sus precursores" [22], pero el hombre hambriento cambiará incluso sus derechos de nacimiento por comida.

[22] Whittaker Chambers, Hoover Library.

     La gente de Hoover también adquirió 6.000 volúmenes de documentos que cubren los procedimientos completos oficiales y secretos de la conducta de guerra del Káiser del Imperio alemán [23]. ¿Dónde entonces están las pruebas vitales que demuestran la culpa de Alemania? Si hubiera habido pruebas, habrían sido publicadas inmediatamente. No había ninguna. Tomar posesión de los archivos alemanes era especialmente crucial ya que ellos habrían demostrado concluyentemente al mundo que Alemania no había comenzado la guerra.

[23] New York Times, 5 de Febrero de 1921.

     La "Biblioteca de Guerra de Hoover" llegó a estar tan atestada de material documental que fue legítimamente descrita como la más grande en el mundo en temas de la Primera Guerra Mundial [24]. En realidad, aquélla no era ninguna biblioteca. Mientras los documentos fueron físicamente alojados dentro de Stanford, la colección fue mantenida separada, y sólo a individuos con la autorización más alta y con llaves de los candados se les permitió el acceso. En 1941, 22 años después de que Hoover comenzó la tarea de dejar en secreto la verdadera historia de la Primera Guerra Mundial, los primeros documentos cuidadosamente seleccionados fueron puestos a disposición del público. Lo que fue retenido de la vista o destruído nunca será conocido.

[24] Hoover Institution, Stanford University.

     Es suficiente decir que pocos historiadores, si es que alguno, de la Primera Guerra Mundial han reproducido alguna vez o han citado algún material polémico de aquella fuente. En efecto, es un hecho sorprendente el que ningún historiador de guerra haya escrito alguna vez acerca de ese ilícito robo de documentos europeos para llevarlos a Estados Unidos, documentos que están relacionados posiblemente con el acontecimiento más crucialmente importante en la Historia europea y mundial. Y de esta manera el robo de la Historia permanece como un delito por el cual nadie ha afrontado alguna vez un proceso judicial, porque ningún gobierno ha hecho alguna vez acusaciones formales. Quizás ellos deberían hacerlo.–


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