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miércoles, 10 de mayo de 2017

La Fabricación de la Muerte de Hitler (1)



     En el sitio nexusmagazine.com se publicó en tres partes entre Octubre de 2007 y Febrero de 2008 el siguiente ensayo del académico independiente australiano Giordan Smith, que tiene un especial interés en la historia alemana moderna. Lo hemos puesto en castellano y lo presentamos aquí en dos partes. El señor Smith en esta interesante investigación cuestiona la versión oficial de la muerte de Hitler, y la publicamos ahora que se han cumplido 72 años desde el fin de la guerra formal contra Alemania, ocurrido a principios de Mayo de 1945. El autor hace uso, como punto de partida, de una serie de documentos de los archivos estatales rusos que en 2005 fueron publicados para justamente reforzar la narrativa standard, que de suyo tiene diversos agujeros lógicos, y luego echa mano a otros diversos antecedentes para apuntalar su propia tesis de que Hitler fue deliberadamente sacado de la Historia, no habiéndose suicidado.


LA FABRICACIÓN DE LA MUERTE
DE ADOLF HITLER (1 de 2)
por Giordan Smith, 2007




Introducción:
Desacreditando la Leyenda del Búnker

     Muchas personas están ampliamente familiarizadas con la narrativa oficial de los "últimos días" de Adolf Hitler, que fue presentada de nuevo en nuestras pantallas de cine sólo recientemente en la forma de la película alemana La Caída (Der Untergang, 2004). Lo que ellos no saben es que la narrativa oficial es una ficción política, y que la aversión que inspira es el resultado de una planificación deliberada.

     A medida que la guerra alcanzaba su terrible final, Churchill y el gobierno británico se propusieron asegurarse de que la Historia nunca se repitiese —que no habría ningún resurgimiento del nacionalismo alemán— dictando cómo la Historia debía ver al ultra-nacionalista Tercer Reich hasta el último detalle. La narrativa debía ser tan poco edificante que deslustrara permanentemente el prestigio del régimen incluso a los ojos de sus partidarios más fervientes. En ninguna etapa la verdad histórica fue algo a considerar. Ni los británicos ni los estadounidenses mostraron un interés genuino por el destino de Hitler. Su único interés estaba en asignar al líder del movimiento la salida más innoble del escenario histórico como fuese posible. En este sentido, el confinamiento del cadáver carbonizado de Hitler a un cráter de bomba lleno de basura funcionó como una metáfora para el confinamiento del propio régimen de Hitler al basurero de la Historia.

     En el prefacio a Hitler's Death (2005), una antología de documentos de los archivos estatales rusos diseñada para reforzar la narrativa oficial del destino del líder alemán, el historiador Andrew Roberts afirma: "Parte de la razón de por qué Alemania ha sido una democracia tan exitosa, pacífica y liberal durante los últimos sesenta años es precisamente debido a la forma en que Hitler encontró su final en la manera descrita con fascinante detalle en este libro. Alemania necesitaba un Año Cero a fin de nacer de nuevo" [1]. Pocas personas se detienen a considerar la completa improbabilidad de que los alemanes hicieran a los Aliados un presente de despedida tan espléndido como una narrativa del fallecimiento de Hitler que serviría perfectamente a la agenda de posguerra de los Aliados.

[1] Andrew Roberts, Prefacio a V. K. Vinogradov et al. (eds.), Hitler's Death: Russia's Last Great Secret from the Files of the KGB, Londres, 2005, p. 11.

     De hecho, Hitler's Death ofrece una cantidad considerable de pruebas que invitan a la conclusión opuesta a la vendida por Roberts. Cuando los documentos presentados en ese volumen son examinados en orden cronológico y correlacionados con otras fuentes contemporáneas, como reportes noticiosos, ellos muestran que la investigación soviética acerca de la muerte de Hitler encontró importantes obstáculos prácticamente tan pronto como comenzó.

     En este ensayo cuento la historia de la infructuosa investigación soviética, y muestro cómo el fracaso de Stalin para ser aceptado gracias a la evidencia plantada y a testigos falsos obligó a los británicos a tomar la iniciativa. Trabajando en conjunto con los estadounidenses, los británicos construyeron un verdadero castillo de naipes en base al testimonio del chofer de Hitler, Erich Kempka, a pesar de que él casi ciertamente ni siquiera estuvo en Berlín durante los días finales del Tercer Reich.

     A medida que cuento la historia, revelo una considerable cantidad de pruebas —la mayor parte de ellas casi completamente pasadas por alto— que apoyan la teoría primero esbozada en el libro pionero de 1996 de Hugh Thomas The Murder of Adolf Hitler [2], en el sentido de que los alemanes ocultaron la salida de Hitler de la Historia en un fraude forense muy bien planeado. Thomas podría no tener razón en cuanto a cómo los alemanes lo llevaron a cabo, pero no puede haber ninguna duda de que el régimen alemán tuvo éxito tanto en oscurecer las verdaderas circunstancias del fallecimiento de Hitler como en asegurarse de que el cadáver de Hitler nunca cayera en las manos de sus enemigos.

[2] Hugh Thomas, The Murder of Adolf Hitler: The Truth about the Bodies in the Berlin Bunker, Nueva York, 1996.


La Escasez de Pruebas

     Sin restos corporales, es imposible afirmar que una persona está muerta, y mucho menos determinar la manera en la cual ella murió. Al menos oficialmente, no hay ningún cadáver de Hitler porque en 1970, así lo afirman los soviéticos / rusos, los presuntos restos de Hitler fueron separados y entremezclados con los restos de otras 10 personas —supuestamente con la esposa de Hitler, Eva, el ministro de Propaganda Joseph Goebbels, su esposa Magda, los seis hijos de Goebbels y el general Hans Krebs— y sepultados en los terrenos de una instalación del KGB en Magdeburgo, Alemania Oriental. Aquello se hizo aparentemente para impedir la posibilidad de un sitio de entierro que se convirtiera en un centro de peregrinación nacionalsocialista.

     Esa historia, sin embargo, es un obvio engaño. Los soviéticos difícilmente carecían de espacio para almacenar dichos restos en la URSS, donde no había ningún peligro de que emergiera un culto a Hitler. La función de dicha historia sólo puede haber sido relevarlos de la obligación de poner alguna vez el presunto cadáver de Hitler a disposición para pruebas científicas. Hoy, todo lo que los rusos admiten poseer son fragmentos de lo que ellos afirman que es el hueso maxilar de Hitler y dos pequeños fragmentos del cráneo.

     Los fragmentos de cráneo, uno de los cuales se distingue por un gran agujero de bala, se declara a veces que habían sido encontrados en el cráter de bomba junto con los otros restos que inicialmente se supuso que eran los de Adolf Hitler; sin embargo, es más generalmente aseverado que ellos habían sido encontrados en el estudio de Hitler dentro del edificio de la Cancillería del Reich (Reichskanzelei). Desafortunadamente, no hay ninguna prueba de que los fragmentos fueran encontrados en la Cancillería, y mucho menos de que ellos pertenecieran a Hitler. Ninguna fotografía fue tomada de los fragmentos in situ, a la vez que ninguno de los documentos incluídos en La Muerte de Hitler arroja alguna luz acerca de su descubrimiento.

     En asuntos relativos a la autentificación de los presuntos restos de Hitler, los rusos se han comportado de manera tan inescrutable como sus predecesores soviéticos. En 1999 a un investigador extranjero, Michel Perrier del Instituto de Ciencia Forense de la Universidad de Lausana, se le negó permiso para inspeccionar los restos [3]. Es difícil ver una razón plausible de por qué los rusos harían eso, a menos que hubiera una posibilidad de una identificación negativa. Esto abre la posibilidad de que los fragmentos de cráneo sean fraudulentos. Podríamos estar presenciando un engaño similar al del hombre de Piltdown, un célebre caso en el cual un hueso maxilar descubierto en 1912 fue sometido a rigurosas pruebas 40 años más tarde por un equipo investigador en el Museo Británico. Los investigadores encontraron que el maxilar era el de un mono moderno y que había sido artificialmente decolorado con dicromato de potasio para hacerlo parecer antiguo [4].

[3] "Hitler's Final Enigma Solved", The Sunday Times, UK, 24 de Oct. de 1999: "Aunque a él no se le permitió el acceso a los huesos, Perrier analizó documentos y fotografías de los archivos rusos que pudieran ayudarlo a identificar los restos".
http://www.fpp.co.uk/Hitler/docs/death/CorpseID.html
[4] https://es.wikipedia.org/wiki/Hombre_de_Piltdown

     Más de 60 años después de que Hitler desapareció de la Historia, por lo tanto, los rusos están obstruyendo la investigación que proporcionaría una respuesta definitiva a la pregunta de si los fragmentos pertenecieron al Führer. Como escribió D. Marchetti en 2005: "La literatura disponible acerca de la causa de muerte de Hitler está incompleta... porque el fragmento de hueso de cráneo con una herida de bala posiblemente del cadáver de Hitler no ha sido adecuadamente examinado" [5]. Ya que los rusos claramente no consideran los fragmentos de cráneo de Hitler con reverencia religiosa —no estamos hablando aquí del Sudario de Turín— no se puede sacar ninguna otra conclusión salvo que los rusos tienen miedo de lo que sería encontrado una vez que los fragmentos sean sometidos a pruebas científicas.

[5] Daniela Marchetti et al., "The Death of Adolf Hitler – Forensic Aspects", Journal of Forensic Sciences, Sept. 2005; 50(5).
https://www.researchgate.net/profile/Daniela_Marchetti/publication/7541611_The_death_of_Adolf_Hitler_-_Forensic_aspects/links/55c8aaca08aea2d9bdc916f9/The-death-of-Adolf-Hitler-Forensic-aspects.pdf

     La mejor explicación de tales miedos consiste en que los rusos ya saben que los fragmentos no provinieron de Hitler. Hasta ahora ellos no han hecho ningún esfuerzo para extraer el ADN mitocondrial (mtDNA) de los fragmentos de cráneo para compararlo con el mtDNA extraído del cadáver o de su hermanastra Paula o de su madre Klara o de cualquiera de sus parientes vivos, que es el proceso sugerido por Marchetti como la única salida al actual callejón sin salida. La poca voluntad de los rusos para someter los fragmentos a pruebas de mtDNA implica que ellos ya saben que el resultado sólo será negativo [6].

[6] El doctor Mark Benecke, un criminólogo forense asociado con la policía alemana, afirma que inesperadamente le fueron mostrados los fragmentos del cráneo por un archivista estatal ruso en 2002. Sin embargo, él no tomó ninguna muestra para un examen de ADN. Él dice que eso sólo ocurrió porque él no tenía a mano con él un taladro estéril en ese entonces. Ésta es probablemente una de las más ingeniosas historias de encubrimiento de nuestro tiempo, puesto que si al doctor Benecke le hubieran mostrado los fragmentos del cráneo por un acuerdo anterior, él entonces no habría tenido excusa para no tomar una muestra para analizar su ADN.

     La siguiente más confiable clase de pruebas —la evidencia documental— tampoco arroja ninguna luz sobre el destino de Hitler. Sorprendentemente, no existe ninguna película o fotografía que confirme cualquier aspecto de la narrativa oficial de los últimos días del Tercer Reich, y menos que nada la afirmación de que Hitler se suicidó. Considerando su importancia sobresaliente en el Tercer Reich, es difícil creer que si Hitler permaneció en Berlín hasta que el régimen cayó, un registro fotográfico completo no hubiera sido hecho de su actuación final. Sin embargo, no hay ninguna foto o película conocida de Hitler que pueda ser datada con seguridad como de Abril de 1945.

     En cuanto a las fuentes escritas, todo lo que tenemos es una obscura entrada fechada el 30 de Abril de 1945 en un documento que se supone que es un diario mantenido por el Reichsleiter Martin Bormann entre el 1º de Enero y el 1º de Mayo de 1945:

«30.4.45
Adolf Hitler D.
Eva H. (Hitler)».

     No sólo es difícil creer que hasta en la entrada más superficial Bormann no hubiera registrado al menos la hora precisa del fallecimiento del Führer, sino que poseemos el testimonio único que demuestra que dicho diario es una falsificación. Poco después de la guerra, la piloto Hanna Reitsch, que estuvo en el Führerbunker entre el 26 y el 29 de Abril, dijo al interrogador estadounidense Robert E. Work que durante ese período Bormann había estado escribiendo un documento sumamente detallado que él tenía la intención de conservar para la posteridad. Work registró:

     «Bormann raramente se movía de su escritorio. Él estaba "escribiendo acontecimientos para las futuras generaciones". Cada palabra, cada acción fue registrada en el papel. A menudo, él se acercaría a alguien y lóbregamente preguntaría sobre los contenidos exactos de la conversación del Führer con una persona a quien él acababa de dar una audiencia. Él también escribió meticulosamente todo lo que ocurrió con los demás en el búnker. Se suponía que ese documento sería removido del búnker en el último momento de modo que, según el modesto Bormann, pudiera "tomar su lugar entre los mayores capítulos de la historia alemana"» (Hitler's Death, pp. 210-211).

     Sin embargo, el diario de Bormann que los rusos posteriormente presentaron al mundo es un asunto insignificante que contiene entradas que típicamente tienen sólo brevemente entre una y tres líneas de extensión. La entrada más sustancial, la del 27 de Abril, tiene sólo unas ocho líneas. Claramente, el diario no proporciona una narrativa completa de las convulsiones de muerte del Tercer Reich. Aunque la mayor parte de los historiadores (incluyendo a David Irving, el auto-descrito apóstol de la "historia real") acepta su autenticidad sin vacilación, dicho diario sólo puede ser una falsificación. En suma, no hay ninguna prueba física ni de una clase visual o escrita que arroje alguna luz en absoluto acerca del destino de Hitler.


Testimonio de Testigo Ocular

    El caso de la opinión convencional de que Hitler se suicidó y fue cremado durante la tarde del 30 de Abril de 1945 depende por lo tanto completamente de las declaraciones verbales y escritas proporcionadas inmediatamente después de la guerra por un pequeño grupo de nacionalsocialistas capturados, la mayor parte de los cuales eran miembros de la Schutzstaffel (SS), quienes afirmaron haber observado esos importantes acontecimientos históricos con sus propios ojos. Los seis relatos más importantes son los del SS-Obersturmbannführer Harry Mengershausen, el SS-Sturmbannführer Otto Guensche, el SS-Obergruppenführer Johannes ("Hans") Rattenhuber, el SS-Obersturmbannführer Erich Kempka, el SS-Unterführer Hermann Karnau, y el SS-Hauptscharführer Erich Mansfeld.

    Los tres primeros testigos oculares, Mengershausen, Guensche y Rattenhuber, cayeron todos en manos soviéticas después de que Berlín fue capturado el 2 de Mayo de 1945. Ellos contaron sus respectivas versiones del destino de Hitler a las autoridades soviéticas entre el 13 y el 20 de Mayo de 1945. Los relatos de esos tres hombres no estuvieron disponibles para el público sino hasta la publicación en 2005 de la antología Hitler's Death. Aunque el ayudante de cámara de Hitler el SS-Sturmbannführer Heinz Linge fue capturado al mismo tiempo, sus declaraciones de interrogación no están incluídas en La Muerte de Hitler y, hasta donde sé, nunca han sido hechas públicas. Considerando que Linge posteriormente surgió como uno de los protagonistas centrales en la historia oficial del fallecimiento de Hitler, ese hecho obviamente plantea preguntas acerca de las pretensiones del volumen La Muerte de Hitler para constituírse prácticamente en la última palabra sobre el tema.

     Los tres relatos pueden ser complementados por varios otros testimonios referidos por prisioneros alemanes a los soviéticos en Mayo de 1945, en particular el que dio el 7 de Mayo el SS-Sturmbannführer Dr. Helmut Kunz. Aunque el doctor Kunz manifestó no saber nada que tuviera que ver directamente con las muertes de Adolf y Eva Hitler, su declaración contiene un relato muy significativo de la última conversación conocida de Eva.

     Los otros tres testigos oculares, Kempka, Karnau y Mansfeld, fueron interrogados por los estadounidenses y los británicos. Hasta que fue publicado en 1947 el libro Los Últimos Días de Hitler, de Hugh Trevor-Roper [7], los relatos de Kempka y Karnau eran los únicos disponibles para el gran público. Los otros cuatro relatos han llegado  posteriormente a estar disponibles, tres de ellos tan recientemente como en 2005. Esto significa que sólo ahora es posible considerar juntas las seis más tempranas declaraciones de testigos oculares como un cuerpo independiente de evidencia. Sólo ahora es posible, en efecto, dejar detrás Los Últimos Días de Hitler y ocuparnos del mejor material-fuente original disponible.

[7] Hugh R. Trevor-Roper, The Last Days of Hitler, Nueva York, 1947.

     Sorprendentemente, la información derivada de esos seis individuos representa el grueso de la evidencia de primera mano que alguna vez ha llegado a estar disponible. Sólo dos de las personas específicamente nombradas por otros como habiendo estado implicadas en los días finales —Heinz Linge y el Reichsjugendleiter Artur Axmann— sobrevivieron a la guerra y pudieron entregar sus propios relatos más tarde. Sin embargo, en ambos casos, los testigos oculares parecen haber sido presionados para conformar su testimonio con la narración de Trevor-Roper, que fue tratada por el establishment anglo-estadounidense desde el mismo comienzo como definitiva.

     Ninguno de los otros individuos identificados en los seis relatos más tempranos como habiendo estado involucrados —Jansen, Kruge, Lindloff, Medle, Schaedle, Burgdorf, Krebs, Bormann y Goebbels— sobrevivió a la guerra (hasta donde sabemos). Por lo tanto nos encontramos con la tarea de tratar de dar sentido a uno de los acontecimientos más importantes de la Historia moderna sobre la base de un conjunto notablemente escaso de pruebas.

     Los seis relatos describen acontecimientos similares. Si los comparamos, encontramos que hay un consenso en los siguientes cinco puntos:

(1) Un cuerpo masculino fue llevado desde un cuarto en el búnker a un lugar justo fuera de la puerta de salida del búnker;

(2) el cuerpo masculino llevaba puesto un pantalón negro, zapatos y calcetines como aquellos que Hitler por lo general usaba;

(3) al mismo tiempo, desde el búnker fue sacado un cuerpo femenino cuya cara estaba descubierta y era fácilmente identificable como Eva Hitler;

(4) Heinz Linge llevó el cuerpo del varón; y

(5) los dos cuerpos fueron dejados en el suelo uno al lado del otro, empapados con gasolina, cremados y sepultados juntos en un cráter de bomba o zanja situada a una distancia muy corta de la puerta de salida del búnker.


     Tan pronto como miramos los elementos de la historia, aparte de aquellos ya enumerados, las discrepancias resultan ser la regla. Si ellos se hubieran estado refiriendo al mismo acontecimiento, los relatos auténticos deberían haber concordado en la mayor parte de los detalles tan completamente como concordaron en los cinco puntos ya mencionados.

     Es imposible distinguir entre testigos oculares que estaban diciendo la verdad y testigos oculares que mentían. En ausencia de pruebas materiales o documentales que servirían como comprobación, dicha distinción es insostenible. En realidad, cada relato de testigo ocular es tan creíble como cualquiera de los demás.

     El enfoque que ha sido más ampliamente seguido, por lo tanto, es el que tomó Trevor-Roper, que simplemente implicaba asimilar todos los relatos disponibles en una narrativa de un solo acontecimiento e ignorar o tratar de explicar los detalles que no calzaran con ella. Por ese medio, sólo para dar un ejemplo, Trevor-Roper aceptó un relato de los acontecimientos que el testigo ocular Erich Mansfeld declaró que habían ocurrido "no después del 27 de Abril", pero lo trató como si fuese una descripción de un acontecimiento que un testigo ocular diferente, Erich Kempka, afirmó haber observado el 30 de Abril de 1945 (The Last Days of Hitler, p. 202).

     Los defectos de la técnica de homogeneización de Trevor-Roper, sin embargo, son bastante obvios. Si uno acepta la fiabilidad total del relato de Mansfeld hasta el grado en que uno está dispuesto a hacer uso de la información que contiene, ¿con qué derecho ignora uno la declaración de Mansfeld de que él está "cierto" de que los acontecimientos que él estaba describiendo habían ocurrido "no después" del 27 de Abril?.

     Trevor-Roper hizo lo mismo con el testimonio de testigo ocular de Hermann Karnau, quien declaró que los acontecimientos que él había observado habían ocurrido el 1º de Mayo. Claramente, uno no puede simplemente seleccionar la evidencia de esta manera. Sin embargo, es mediante ese mismo método que Trevor-Roper reunió la gran narrativa de la caída del Tercer Reich que es aceptada por la mayoría de las personas, incluyendo a la mayor parte de los historiadores, como esencialmente correcta.

Führerbunker, 6 de Julio de 1945

     En las siguientes secciones examinaré los seis relatos más tempranamente conocidos a la vez que resistiré las tentaciones obvias de descartar ciertos relatos como fabricaciones totales o de recurrir a la estrategia Trevor-Roper de "seleccionar". Como veremos pronto, el único modo de dar sentido a lo seis relatos es tratarlos como narraciones auténticas de acontecimientos diferentes. Con eso dicho, no es el caso el que cada relato representa una versión pura o no adulterada de una cremación particular. Los relatos de personas que aparentemente habían observado dos o más cremaciones —sobre todo, Guensche— parecen representar una refundición de acontecimientos recordados de diferentes cremaciones.


Testimonio de Testigos Presenciales Retenidos por los Soviéticos

     El primer testigo ocular que proporcionó un relato de los acontecimientos que ocupan nuestra atención fue Harry Mengershausen, que era miembro de los guardaespaldas personales de Hitler, el RSD (Reichssicherheitsdienst, Servicio de Seguridad del Reich). Mengershausen fue interrogado por un equipo de agentes soviéticos encabezados por el teniente-coronel Ivan Klimenko el 13 de Mayo de 1945, y por un equipo diferente encabezado por el teniente-general Alexandr Vadis seis días más tarde. La segunda versión provino del edecán de Hitler, Otto Günsche, que proporcionó una extensa declaración escrita el 17 de Mayo. La tercera versión provino del jefe del RSD Johann (Hans) Rattenhuber, que dio su versión en Moscú el 20 de Mayo. Aunque los tres relatos se referían a una cremación que había ocurrido el 30 de Abril, Mengershausen afirmó haber presenciado la incineración alrededor del mediodía, mientras que tanto Günsche como Rattenhuber declararon que la incineración había ocurrido alrededor de las 3:00 ó 4:00 PM.

Harry Mengershausen

     No hay ningún motivo para pensar que Mengershausen estaba confundido y que de hecho él presenció la cremación a las 3:00 ó 4:00 PM. Mengershausen mencionó importantes detalles que no fueron mencionados por Günsche o por Rattenhuber, el más problemático de los cuales es que la cara del varón había estado visible. Mientras Günsche y Rattenhuber ambos declararon que el torso superior del varón estaba cubierto con una manta —de modo que nada podía ser visto de él además de su pantalón negro, sus calcetines y zapatos—, Mengershausen no hizo ninguna mención de una manta, declarando en cambio: "Cuando Hitler estaba siendo llevado fuera, claramente vi su perfil, su nariz, su cabello y su bigote" (Hitler's Death, p. 72). Mengershausen también dio una descripción completa de la ropa con la cual Hitler había sido vestido. Hitler "tenía un pantalón negro sobre botas altas y la chaqueta de uniforme verde gris. Bajo la chaqueta del uniforme pude ver una camisa blanca y una corbata". Él también describió la ropa de Eva como "un vestido negro con varias flores rosadas hechas de tela en el pecho" (Hitler's Death, p. 72).

     Era poco probable que Günsche y Rattenhuber hubieran pasado por alto un detalle tan conmovedor como un ramillete de flores rosadas; ellos por lo tanto no pueden haber presenciado la misma cremación que la que Mengershausen describió. Finalmente, Mengershausen declaró que sólo cuatro personas estuvieron implicadas: "Excepto Günsche y Linge, nadie estuvo presente durante la incineración de los cadáveres de Hitler y su esposa, y el entierro fue realizado por dos hombres de la guardia de Hitler" (Hitler's Death, p. 79). En contraste, los tres relatos disponibles de la cremación a las 3:00 ó 4:00 PM mencionaron un número mayor de participantes, incluyendo a Bormann y a Goebbels, importantes personajes que Mengershausen probablemente no podía haber dejado de notar, si ellos hubieran estado presentes.

Otto Günsche

     Sería fácil, pero injusto, sugerir que Mengershausen había fabricado su historia. El propio Rattenhuber afirmó que Mengershausen había estado presente en la escena (Hitler's Death, p. 196). Puede ser por lo tanto aceptado que tanto Mengershausen como Rattenhuber estuvieron presentes en una incineración el 30 de Abril. La conclusión que tiene más sentido es que aquélla fue una cremación que ocurrió alrededor del mediodía, como dijo Mengershausen. Esa incineración no debe ser confundida con otra posterior que ocurrió cerca, en algún momento entre las 3:00 y las 4:00 PM aquella misma tarde.

Johann Rattenhuber

     Una información provechosa aquí es que mientras Günsche y Rattenhuber recordaban la presencia del chofer de Hitler, Erich Kempka —quien también reconoció su propia presencia en esa ocasión—, Mengershausen no se percató de Kempka. Por otra parte, de todos los testigos oculares que observaron la segunda cremación, Rattenhuber es el único que mencionó haber visto a Mengershausen. Pero eso no significa que Mengershausen estuvo presente en la cremación de las 3:00/4:00 PM. La conclusión apropiada a deducir, sugiero, es que Rattenhuber observó ambas incineraciones ese día, y el relato que él posteriormente dio a los soviéticos representó una refundición de elementos recordados de la dos cremaciones que había presenciado.


Declaraciones de Prisioneros de los Británicos y de los Estadounidenses

     Los siguientes dos relatos que serían proporcionados provinieron de Erich Kempka y otro miembro del RSD, Hermann Karnau. Ambos fueron reportados por la prensa durante el mismo día, el 20 de Junio de 1945. He considerado durante mucho tiempo el significado del hecho de que tanto los británicos como los estadounidenses hicieron públicos a sus presuntos testigos oculares en el exacto mismo día. En efecto, la declaración de Kempka fue datada el 20 de Junio de 1945, sugiriendo que transcurrió sólo un tiempo muy corto entre la redacción de la declaración de Kempka y su presentación a la prensa.

     El catalizador más probable para tal prisa —y coordinación— entre los dos Aliados occidentales fue la publicación en Estocolmo del libro del conde Folke Bernadotte The End: My Humanitarian Negotiations in Germany in 1945 and Their Political Consequences [8]. Publicado el 15 de Junio de 1945, sólo cinco semanas después del final de la guerra en Europa, ese breve libro hace la distinción de ser el primer relato de una persona del círculo interno, acerca de la fase final del Tercer Reich. Contiene un anexo en el cual Bernadotte contó la historia del destino de Hitler como le había sido relatado por el jefe de Inteligencia del SS-Reischsführer Heinrich Himmler, el SS-Brigadeführer Walter Schellenberg, en Estocolmo poco después de la guerra.

[8] Conde Folke Bernadotte, Slutet. Mina humanitära förhandlingar i Tyskland våren 1945 och deras politiska följder (El Final. Mis Negociaciones Humanitarias en Alemania en 1945 y Sus Consecuencias Políticas), Stockholm, 1945.

     Ninguna versión más autorizativa del fallecimiento de Hitler puede existir que tal narración dada libremente, unas semanas después de los acontecimientos, y por uno de los hombres mejor informados en el Reich. Si bien es verdad que Bernadotte compartía el objetivo de los Aliados de impedir el crecimiento de una "leyenda de Hitler", no hay ninguna razón para creer que él manipuló a Schellenberg a fin de hacer aquello. Nunca ha habido, y probablemente nunca habrá, un relato "interior" más confiable acerca del destino de Hitler que el proporcionado por Schellenberg.

Walter Schellenberg

     Para las agencias occidentales de Inteligencia, el problema era que Schellenberg dijo a Bernadotte que Hitler había sido asesinado. Según Schellenberg, el estado de salud de Hitler se había convertido en un tema de discusión entre Himmler, Bormann y él mismo a principios de Abril, después de que Schellenberg había establecido que Hitler sufría de la enfermedad de Parkinson. Schellenberg creía que Himmler había tomado conciencia, lentamente y de manera reacia, de la necesidad de eliminar a Hitler, cuyo comportamiento cada vez más errático estaba poniendo en peligro el esfuerzo de guerra.

     Schellenberg dijo a Bernadotte que él creía que a Hitler le habían dado una inyección letal, probablemente el 27 de Abril. Él dijo a Bernadotte que él había determinado la fecha sobre la base de ciertos "cálculos", implicando que él había poseído informaciones que, aunque no las compartió directamente con Bernadotte, le permitieron deducir la fecha más probable. Fue casi ciertamente la publicación del libro de Bernadotte, cuyo contenido estaba siendo resumido en la prensa estadounidense y canadiense tan pronto como el 16 de Junio, la que obligó a los Aliados occidentales a difundir en público, prematuramente como veremos, historias de cautivos que afirmaban haber sido testigos oculares reales de los acontecimientos que Schellenberg no pretendió haber visto él mismo [9].

[9] Por ejemplo, New Castle News, del 16 de Junio de 1945, y Lethbridge Herald, del 16 de Junio de 1945.

     La evidencia de la prisa de los Aliados occidentales para responder a la afirmación de que Hitler había sido asesinado, es su fracaso para reconciliar las discrepancias entre los relatos de los dos presuntos testigos oculares antes de presentarlos a la prensa. Mientras la declaración de Kempka confirmaba que había ocurrido una cremación alrededor de las 3:00 PM el 30 de Abril, la declaración de Karnau se refería a una incineración el 1º de Mayo. En Berchtesgaden el 20 de Junio de 1945 Erich Kempka hizo una declaración para el interrogador estadounidense George R. Allen, el agente de contraespionaje de la División 101 Aerotransportada [10].

[10] Horace R. Hansen, Witness to Barbarism, St Paul, Minnesota, 2002, p. X, http://hrlibrary.umn.edu/edumat/witness/WitnessToBarbarism.pdf

     En dicha declaración Kempka dio a los estadounidenses su primer relato como testigo ocular de algunos de los acontecimientos relacionados con la muerte del Führer. Él declaró que el 30 de Abril —aunque fue incapaz de decir que ésa era la fecha "con certeza completa"— exactamente a las 2:30 PM, el SS-Sturmbannführer Günsche lo llamó al garaje de la Cancillería del Reich, pidiéndole que llevara cinco latas de gasolina al búnker. Allí Günsche le dijo que el Führer estaba muerto y que le habían ordenado quemar su cadáver, "de modo que él no fuera expuesto en una exhibición rusa de rarezas". Kempka dijo que él después ayudó a llevar los cadáveres.

Erich Kempka


     Mientras Linge y un ordenanza, a quien él no recordó, llevaban el cadáver de Adolf Hitler, Kempka llevó el cadáver de Eva Hitler. Kempka simplemente asumió que el cadáver que él había visto llevar a Linge era el de Hitler, ya que él notó "el largo pantalón negro y los zapatos negros que el Führer usualmente llevaba puesto con su chaqueta gris de uniforme de campaña". Los cadáveres fueron llevados desde el búnker a un punto en el jardín de Cancillería, "aproximadamente a unos 4 ó 5 metros de distancia de la salida del búnker". En esa localización ambos cuerpos fueron cremados: "El SS-Sturmbannführer Günsche vertió el contenido completo de las cinco latas sobre los dos cadáveres y encendió el combustible. El Reichsleiter Martin Bormann, el Reichsminister doctor Goebbels, el SS-Sturmbannführer Günsche, el SS-Sturmbannführer Linge, el ordenanza y yo, estuvimos en la entrada del búnker, miramos hacia el fuego, y todos saludamos con las manos alzadas" [11].

[11] http://www.nizkor.org/ftp.cgi/imt/nca/nca-06/nca-06-3735-ps (traducción del documento 3735-PS)

     Las pruebas del quinto testigo ocular, Hermann Karnau, son interesantes porque él es el único testigo de la presunta incineración de Adolf y Eva Hitler que cayó en las manos de los británicos y cuya historia haya alcanzado alguna vez al público. Tal como Kempka, Karnau escapó de Berlín, pero a mediados de Mayo él había hecho su camino hacia su ciudad natal ocupada por los británicos, Wilhelmshaven, donde él se rindió a las tropas canadienses. Siendo interrogado por el oficial de Inteligencia británico capitán K. W. E. Leslie, Karnau relató su versión de los hechos que había presenciado ante un auditorio de reporteros, entre los que estaban Walter Kerr de Reuters y Daniel de Luce de la Associated Press. El capitán Leslie dijo a los reporteros: "Estoy seguro de que el informe de Karnau sobre la muerte de Hitler es auténtico. He interrogado a muchos prisioneros de guerra alemanes, y yo llamaría a este hombre un testigo confiable" [12].

[12] TASS, "Report on the Evidence of Hitler's Death", 21 de Junio de 1945, en Hitler's Death, pp. 283-285.

     Desafortunadamente, la declaración de Karnau entró en conflicto con la de Kempka en dos importante respectos. Primero, Karnau afirmó haber estado seguro de que uno de los cuerpos era el de Hitler. Él dijo a los reporteros que él había sido capaz de reconocer a Hitler "por su uniforme marrón y su cara" (Hitler's Death, pp. 283-284) y, en particular, por su distintivo bigote [13]. Segundo, Karnau afirmó que la cremación había ocurrido a las 6:30 PM el 1º de Mayo. La descripción de Karnau de los acontecimientos del 1º de Mayo es tan suficientemente detallada que no se puede decir que él estaba confundido en cuanto a la fecha o la hora en la cual ocurrió la incineración.

[13] Daniel de Luce, "Saw Bodies of Hitler, Braun Burn, Says Guard", Globe & Mail, 21 de Junio de 1945,
http://collections.civilisations.ca/warclip/objects/common/webmedia.php?irn=5091401

     Karnau había visto a Adolf Hitler vivo y sentado en su silla de mimbre favorita cuando él fue por el desayuno la mañana del 1º de Mayo. Durante aquella mañana, recordó él, llegaron cuatro hombres llevando latas de gasolina "para el sistema de aire acondicionado". Karnau dijo que puesto que él sabía que el sistema de aire acondicionado del búnker usaba petróleo Diesel, les negó la entrada. Él sólo les permitió entrar después de que Linge intervino. Karnau, que por última vez vio a Hitler vivo alrededor de las 4:00 PM, creía que el Führer fue envenenado posteriormente por uno de sus médicos personales, el doctor Ludwig Stumpfegger, y cremado alrededor de las 6:30 PM aquel mismo día.

Hermann Karnau

     No debería concluírse que Karnau se equivocó acerca de una incineración que tuvo lugar el 1º de Mayo. El 7 de Mayo el médico Helmut Kunz, que había trabajado en cirugía dental en la Cancillería del Reich desde el 23 de Abril de 1945 en adelante, fue interrogado por los soviéticos. Las pruebas que él proporcionó en esa ocasión no pueden ser ligeramente descartadas, porque ése fue el primer relato alguna vez dado por un sobreviviente del búnker, con lo que se quiere decir que es el menos influído por relatos dados por otros. Es también el más confiable, en el sentido de que los acontecimientos de los que habla habían ocurrido sólo una semana antes.

     El doctor Kunz afirmó explícitamente haber visto a Eva Hitler viva en al menos dos ocasiones durante la tarde del 30 de Abril. El doctor Kunz dijo a sus interrogadores rusos que él había visto a Eva jugar con los niños de Goebbels durante aquella tarde y que un poco después, entre las 10:00 y las 11:00 PM, él, el profesor Werner Haase y dos de las secretarias de Hitler, se le habían unido para el café. En la última ocasión, Eva dijo al doctor Kunz que Hitler no estaba todavía muerto pero que él "moriría cuando recibiera la confirmación de que [su] testamento le hubiera llegado a la persona a la que había sido enviado" [14]. Es muy difícil imaginar que el doctor Kunz podría haber estado confundido con respecto a la fecha, que en tales circunstancias él podría haber confundido a otra persona con Eva Hitler o que Eva realmente no sabía si Hitler estaba muerto aún o no. Además, ya que el testamento de Hitler nunca llegó a manos de su destinado receptor(es), es completamente plausible que Hitler no hubiera decidido morir sino hasta el último momento posible, lo que es coherente con una hora de las 6:30 PM del 1º de Mayo.

[14] Hitler's Death, pp. 61-62. El registro del interrogatorio del doctor Haase, así como el de los otros varios sobrevivientes del búnker, afirma que el doctor Kunz estaba en el búnker en el período en el cual esos acontecimientos tuvieron lugar. Desafortunadamente, el registro del interrogatorio del doctor Haase publicado en Hitler's Death, pp. 82-86, no contiene información relativa a Adolf o a Eva Hitler.

     Lo raro es la respuesta que la historia de Karnau sacó de Kempka. El 4 de Julio Kempka hizo una segunda declaración [15] en la cual él insistió en que Karnau no pudo haber visto el bigote de Hitler porque "la parte superior del cuerpo de Hitler estaba totalmente cubierta por una manta". Karnau debe haber visto por lo tanto "otras cremaciones", siendo obviamente la implicación el que Karnau había confundido la incineración de algún otro por la de Adolf Hitler y Eva Hitler. Sin embargo, el hecho de que Karnau había visto la cara de Hitler mientras Kempka no, sugiere que fue Kempka, no Karnau, el que debe haber estado refiriéndose a "otras cremaciones".

[15] http://www.nizkor.org/ftp.cgi/imt/nca/nca-06/nca-06-3735-ps

     Kempka también declaró que él ahora estaba seguro de que Hitler había sido cremado el 30 de Abril de 1945, y añadió la afirmación de que el viento había hecho volar el vestido de Eva, dejando a la vista sus ligas. Sin embargo, a este respecto, las pruebas del doctor Kunz parecen decisivas. Eva Hitler probablemente no pudo haber sido cremada el 30 de Abril porque el doctor Kunz habló con ella esa misma noche. Más aún, en aquella ocasión Eva le dijo al doctor Kunz que Adolf Hitler todavía estaba vivo. Por lo tanto, si Kempka de algún modo vio alguna cremación el 30 de Abril, los cuerpos que él vio siendo quemados no eran los de Adolf y Eva Hitler.

Helmut Kunz

     Ningún intento serio parece haber sido hecho alguna vez para reconciliar las discrepancias entre los relatos de Kempka y Karnau, por ejemplo, confrontándolos uno con otro. El libro de 1947 ¿Quién Mató a Hitler? (Who Killed Hitler?), de Herbert Moore y James W. Barrett [16], criticó al de Trevor-Roper, Los Últimos Días de Hitler, por "restar importancia" al testimonio de Karnau y confiar en cambio en el de Kempka. En su revisión de ¿Quién Mató a Hitler? en el Oakland Tribune, Nancy Barr Mavity replicó que los relatos de Kempka y de Karnau "difieren en los detalles, como sabidamente lo hacen los relatos de testigos presenciales de un suceso complejo" [17]. Cómo un solo episodio —la incineración de dos cuerpos— puede ser representado como "un suceso complejo", no tengo idea, pero la declaración de ella muestra realmente que la única opción disponible para aquellos que quieren creer a Kempka implica justificar o simplemente ignorar las discrepancias entre el relato de aquél y los de los otros testigos oculares.

[16] Herbert Moore y James W. Barrett, Who Killed Hitler? The Complete Story of How Death Came to Der Fuehrer and Eva Braun, Nueva York, 1947.
[17] Oakland Tribune, 7 de Sept. de 1947, p. C-3.

     La tercera versión, dada a interrogadores estadounidenses por el miembro del RSD Erich Mansfeld el 30 de Julio de 1945, que se refirió a una cremación el 26 ó el 27 de Abril, establece más allá de cualquier duda razonable que hubo numerosas cremaciones y que al menos algunos de los testigos oculares se confundieron cuando afirmaron que habían presenciado la cremación de Hitler. De hecho, la primera de tales cremaciones fue observada por Mansfeld mientras él estaba de guardia la tarde del 27 de Abril. Después de contar lo que Mansfeld afirmó que había visto, la declaración concluye: "Alguien afirma que existe una posibilidad de que esos acontecimientos hubieran ocurrido el día 26 en vez del 27, pero es algo muy cierto que no fue después del 27 de Abril de 1945".

Erich Mansfeld

     Los relatos de los seis testigos presenciales más tempranos —en realidad, los únicos relatos confiables que tenemos— establecen que tuvieron lugar al menos cuatro cremaciones de cadáveres, que los observadores supusieron que eran los de Adolf Hitler y Eva Hitler, en el jardín de la Cancillería del Reich entre el 26 ó 27 de Abril y el 1º de Mayo. En cada caso, el cuerpo masculino llevaba puesto uno de los pantalones de Hitler.

     En cada caso también el cuerpo masculino estaba acompañado por una mujer que tenía un convincente parecido con Eva Hitler. Es obvio, por lo tanto, que muchos veteranos del búnker que pensaron que habían presenciado la cremación de Adolf y Eva Hitler sólo habían presenciado la incineración de otros cadáveres, es decir, cadáveres que se suponía que ellos confundirían con los de Adolf y Eva Hitler. Nadie estaba por lo tanto en condición de decir si había sido testigo de la cremación del verdadero Adolf Hitler o de un sustituto. Sin embargo, uno de los dos "Hitlers" cuya cara había sido visible parece haber sido un doble de Hitler, cuyo cadáver fue encontrado por los soviéticos el 4 de Mayo (Hitler's Death, p. 24).


"No Sabemos Nada"

     Claramente, no hay razones para suponer que los relatos de las cremaciones que tuvieron lugar en fechas diferentes pueden ser simplemente fusionados como si todos ellos fuesen narraciones del mismo acontecimiento. Esto hace plantearse la pregunta de si en alguna de esas ocasiones fueron cremados los verdaderos Adolf y Eva Hitler. Ésta es una pregunta que puede ser contestada negativamente.

     Mientras estuvo internado durante varios años en dos campos soviéticos para prisioneros de guerra en Strausberg y Posen, el cirujano-general de la Wehrmacht mayor general Walter Schreiber tuvo la oportunidad de hablar con cuatro personas, cada una de las cuales había estado presente en el búnker hasta que Berlín cayó a manos de los soviéticos. Si bien él fue incapaz de conseguir cualquier información sobre el asunto del destino de Hitler del "arrogante" Wilhelm Mohnke [18], el piloto de Hitler Hans Baur sólo le dijo que él nunca había visto a Hitler muerto.

[18] Sin embargo, en una declaración para las autoridades soviéticas fechada el 18 de Mayo de 1945, Mohnke escribió: "Yo personalmente no vi el cuerpo del Führer y no sé qué pasó con él". Hitler's Death, p. 178.

     Heinz Linge y Otto Günsche fueron más abiertos. Linge le dijo que él "no vio a Hitler, pero hacia el final notó dos cuerpos envueltos en una alfombra siendo llevados fuera del búnker". Linge le dijo a Schreiber que si bien en ese entonces él había supuesto que los cuerpos eran los de la pareja Hitler, sólo más tarde a él le dijeron que así era en efecto. Esa admisión es asombrosa, porque Linge es la única persona mencionada por todos los testigos oculares como la que llevó el cuerpo de Hitler escaleras arriba hacia el jardín de la Cancillería. Günsche, con quien Schreiber habló sólo un breve tiempo después de que cayó el régimen, resultó ser aún más informativo. Al igual que Linge, Günsche admitió que él nunca había visto el cadáver de Hitler. Él añadió el enigmático comentario: "Aquellas cosas fueron hechas todas sin nosotros" [19].

[19] "Persons Who Should Know Are Not Certain Hitler Died in Berlin Bunker", Long Beach Press - Telegram, California, 10 de Enero de 1949, p. B-12. He interpretado la palabra "nosotros" como refiriéndose al personal de Hitler.

     Tal evidencia es corroborada por el general Helmuth Weidling, el cual dijo a los soviéticos el 4 de Enero de 1946: "Después de que fui tomado prisionero, hablé con el SS-Gruppenführer Rattenhuber y con el SS-Sturmbannführer Günsche, y ambos dijeron que no sabían nada sobre los detalles de la muerte de Hitler" (Hitler's Death, p. 238).

     Sobre la base de las revelaciones de Schreiber y de Weidling, se puede considerar como algo cierto el que ni Günsche ni Linge —los dos principales soportes de la leyenda del suicidio de Hitler— ni Mohnke ni Rattenhuber tuvieron algo que ver con la muerte de Hitler o supieron algo sobre ella. Parecería apropiado concluír que nadie que supo algo de cierto sobre lo que sucedió con Hitler ha hablado alguna vez sobre ello en público. El círculo interno de Hitler en Berlín no sabía nada sobre lo que le había pasado, y las historias que ellos contaron en público después de 1945 (en los casos de Kempka y Karnau) y desde 1955 (en los casos de Linge y Günsche) han sido mentiras. Ellos o bien se estaban escribiendo a sí mismos en la historia o, como parece más probable, estuvieron bajo la presión de sus captores para hacer declaraciones que ayudaran a reforzar la narrativa del suicidio de Hitler. En verdad, bien puede haber sido una condición para la liberación de Linge y Günsche del cautiverio soviético en 1955 el que ellos consintieran en proporcionar tales declaraciones.


Que Comience el Engaño: El Cadáver "Oficial" de Hitler

     El 5 de Mayo de 1945 los cadáveres "malamente quemados" de un hombre y una mujer fueron supuestamente descubiertos por los soviéticos en una zanja localizada a sólo tres metros de la salida de emergencia del Führerbunker [20]. La mayor parte de los historiadores sostiene hoy que los cadáveres descubiertos ese día eran los de los verdaderos Adolf y Eva Hitler. El único misterio, piensan ellos, es por qué Stalin comenzó a insistir, tan pronto como el 26 de Mayo de 1945, en que Hitler estaba todavía vivo.

[20] V. K. Vinogradov et al. (eds), Hitler's Death: Russia's Last Great Secret from the Files of the KGB, Londres, 2005, pp. 53-54.

      De hecho, no hay ninguna prueba para confirmar la historia del descubrimiento de los dos cadáveres. Ya que por lo visto ninguna fotografía fue tomada de ellos in situ, ellos podrían muy literalmente haber venido de cualquier parte. Un problema obvio es que ellos fueron supuestamente descubiertos en una zanja situada a sólo tres metros de la salida del búnker (Hitler's Death, p. 54). Aunque eso sea consistente con las declaraciones de presuntos testigos oculares del entierro, que citan distancias de entre uno y tres metros, eso significa que la zanja estaba localizada casi directamente fuera de la puerta de salida, una circunstancia que habría hecho inseguro su uso, por decir lo menos.

     Más aún, si la zanja realmente hubiera existido, es difícil ver por qué los soviéticos no la fotografiaron ni la conservaron intacta. Las fotos más tempranas —aquellas tomadas a principios de Julio de 1945, cuando muchos reporteros extranjeros y funcionarios militares fueron a ver el histórico punto— son de una zanja que parece estar al menos a 12 metros de distancia de la salida, y posiblemente más. Es difícil ver por qué, si la zanja mencionada por los testigos presenciales en primer lugar hubiera existido, dos meses más tarde había sido cubierta y a los visitantes se les estaba mostrando una zanja diferente.

     Digamos algunas palabras acerca de la completa improbabilidad de que el presunto cadáver de Hitler haya sido auténtico. Hay algo intrínsecamente improbable en cuanto a la idea de que el cadáver de Hitler habría sido desechado tan cerca del Führerbunker. La narrativa de los últimos días del Tercer Reich con la cual estamos familiarizados sugiere que las medidas para tratar con la muerte de Hitler fueron tomadas juntas más o menos en el último momento cuando las tropas soviéticas amenazaban la propia Cancillería del Reich. Pero esa opinión es absurda. El destino de Hitler fue objeto de un planificación que se remontaba al menos hasta el 22 de Abril de 1945. Ese día, el doctor Goebbels dijo al general Schoerner: "Lo menos que puedo hacer es asegurar que el cadáver del Führer no caiga en manos del enemigo como un trofeo" (Hitler's Death, p. 245).

     Puesto que los alemanes estaban comprometidos a asegurarse de que el cuerpo de Hitler nunca sería recuperado por el enemigo, no tenía sentido en absoluto para ellos colocarlo en un lugar tan cerca del Führerbunker que probablemente no podía ser pasado por alto. Tampoco tenía sentido ponerlo en la misma tumba con un cuerpo femenino que podría ser identificado como el de Eva Hitler. Cualquiera cuya misión hubiese sido ocultar el cadáver de Hitler, difícilmente habría decidido enterrarlo con otro que proporcionara una pista evidente en cuanto a su identidad. Eso es, más bien, lo que haría alguien que quisiera que un cuerpo señuelo fuera confundido instantáneamente con el de Hitler.

     Dos circunstancias adicionales parecerían demostrar que estamos tratando con una impostura. Primero, según el informe de autopsia soviético, al cadáver le faltaban sus costillas de la derecha y su pie izquierdo. Si bien eso no demuestra que el cadáver no era el de Hitler, establece que la familiar historia de Hitler cometiendo suicidio en el búnker y su cadáver siendo llevado hasta el nivel de la tierra para ser cremado y sepultado inmediatamente después de eso, no puede ser verdadera. Después de todo, las costillas derechas de Hitler y el pie izquierdo difícilmente se hubieran caído mientras era llevado escaleras arriba.

     Segundo, los cadáveres descubiertos por los soviéticos no pueden haber sido cremados al aire libre, como sostuvieron los testigos presenciales. Según un anónimo oficial de Inteligencia británico que declaró que a él le habían mostrado los restos poco después de que habían sido encontrados, "No había dos esqueletos completos y ninguno de los huesos principales estaba intacto" [21]. Según W. F. Heimlich, un antiguo oficial de Inteligencia que en 1947 era un alto funcionario en la administración estadounidense de Berlín, los cadáveres probablemente habrían tenido que ser quemados en un crematorio cerrado para conseguir la condición de la desintegración casi total en la cual fueron encontrados [22]. En The Murder of Adolf Hitler, el científico forense Hugh Thomas proporciona apoyo para esta conclusión. Thomas indica que "el daño descrito en el cráneo [en el informe soviético de la autopsia, partes del cual no fueron publicadas sino hasta 1968] podía haber sido producido sólo a temperaturas mayores a 1.000°C, mucho mayores que las que podrían haberse alcanzado en el jardín abierto de la Reichskanzelei" (cit. en Marchetti, p. 1150).

[21] "Did Hitler and Eva Die One Year Ago?", Winnipeg Free Press, 3 de Mayo de 1946.
[22] "Yank Intelligence Officer Says He Doesn't Believe Hitler Dead", Charleston Gazette, 9 de Febrero de 1947.


Odontología Creativa

     El 8 de Mayo de 1945 los soviéticos intentaron identificar los cadáveres que ellos sospechaban que eran los de Adolf y Eva Hitler. Ese día, dos rusos —el jefe patólogo forense doctor Faust Sherovsky y la patóloga anatómica la mayor Anna Marantz— practicaron la autopsia a los restos en el cuartel central de la SMERSH (contraespionaje militar soviético) en el suburbio de Buch en Berlín. Según su informe, "El descubrimiento anatómico más importante para la identificación de la persona son los dientes, con sus prótesis, dientes artificiales, coronas y tapaduras" (cit. en D. Marchetti, p. 1148). En realidad, en la época anterior a las pruebas de ADN el único medio para obtener una identificación segura de un cadáver fuertemente dañado era examinando los dientes y comparándolos con registros dentales disponibles.

     Lamentablemente, no está disponible ningún documento que describa los dientes de los dos cadáveres cuando ellos fueron encontrados el 5 de Mayo. La información más temprana que tenemos acerca de los dientes de ellos se deriva del informe de autopsia, que fue escrito tres días más tarde. Si se puede creer en el informe, la boca del presunto cadáver de Hitler estaba completamente intacta: "Hay muchas pequeñas fracturas en... los maxilares superiores. La lengua está carbonizada, su punta firmemente trabada entre los dientes de las mandíbulas superior e inferior" (cit. en Marchetti, p. 1148). El problema era por lo tanto localizar las radiografías dentales de Hitler [23]. El intento de los soviéticos de encontrarlas los llevó a un cenagal de intriga y engaño que permanece hasta hoy. De acuerdo a lo que puede ser reconstruído a partir de las fuentes existentes, la investigación procedió de acuerdo a las siguientes líneas.

[23] Los registros dentales de Adolf Hitler y Eva Hitler jamás han sido encontrados. De acuerdo con Paul Manning, en Martin Bormann, Nazi in Exile, Nueva Jersey, 1981, p. 182, "Bormann los había hecho sacar de los archivos de la Cancillería".

     El 9 de Mayo un oficial militar soviético, una oficial de Inteligencia y un traductor estuvieron buscando al dentista de Hitler, el general de la SS profesor doctor Hugo Johannes Blaschke, en su consultorio en la avenida Kurfuerstendamm 213. Cuando ellos llegaron, encontraron que el profesor Blaschke no estaba allí y que su oficina había sido asumida por el doctor Fedor Bruck, un dentista judío que, a fin de evadir la deportación al Este, había pasado dos años y medio viviendo en la clandestinidad en Berlín. Según un registro que hizo el doctor Bruck en 1948, algunos de los archivos del profesor Blaschke estaban todavía presentes entonces. Pero si bien los visitantes fueron capaces de llevarse archivos de Himmler, del doctor Ley, de Goering y del doctor Goebbels, todo lo de Hitler había sido removido ya [24]. Sin embargo, la búsqueda no fue un fracaso completo, ya que el doctor Bruck dijo a los oficiales soviéticos dónde ellos podían encontrar a la ayudante del profesor Blaschke, Käthe Heusermann-Reiss, y a su técnico dental, Fritz Echtmann.

[24] Kay Lutze, "Von Liegnitz nach New York: Die Lebensgeschichte des jüdischen Zahnarztes Fedor Bruck (1895–1982)" (De Liegnitz a Nueva York: La Vida del Dentista Judío Fedor Bruck), Zahnaertzliche Mitteilungen, pp. 124-127 (Lutze es nieta de Bruck).

Hugo Blaschke

     El doctor Bruck acompañó a los oficiales al departamento de Heusermann a poca distancia en la Pariserstrasse. Heusermann fue llevada entonces a la Cancillería del Reich, donde se llevó a cabo una infructuosa búsqueda de los registros dentales de Hitler. Al día siguiente, el 10 de Mayo, ella fue llevada a la oficina central de la SMERSH y se le ordenó que examinara los restos allí. En esa etapa, los maxilares habían sido removidos del presunto cadáver de Hitler, ya que a Heusermann le fueron mostrados en una caja de puros. Eso probablemente había sido hecho a fin de hacerlos más fáciles de estudiar; sin embargo, eso plantea el problema de la cadena de evidencias, ya que no tenemos ningún medio de saber si los maxilares que le mostraron a Heusermann realmente provenían del cadáver al que se le había hecho la autopsia el 8 de Mayo.

Käthe Heusermann
     A pesar de todo, Heusermann afirmó que los dientes eran los de Hitler (Hitler's Death, p. 95). Unos días más tarde, ella dijo al doctor Bruck que ella había sido capaz de identificarlos inmediatamente. Un año más tarde, el doctor Bruck dijo a un reportero extranjero que Heusermann había reconocido "una corona superior que era un ancla para un puente en la mandíbula superior de Hitler. El puente había sido cortado porque la otra ancla había sido extraída. La operación dejó rastros quirúrgicos que Frau Heusermann reconoció inmediatamente" (Winnipeg Free Press, 3 de Mayo de 1946, p. 7).

     Según el registro del interrogatorio de ella del 19 de Mayo, Heusermann reconoció señales de taladradora dejadas por el profesor Blaschke en el otoño de 1944 en el cuarto diente de la mandíbula superior izquierda de Hitler, cuando él extrajo dos dientes adyacentes (Hitler's Death, pp. 97-99). "Yo estaba sosteniendo un espejo en la boca y miraba el procedimiento entero con gran atención", declaró ella (Hitler's Death, p. 97).

     Pero antes de que hablemos de la evidencia de Heusermann acerca de los dientes de Hitler, es necesaria una digresión a fin de evaluar sus pruebas en cuanto a los dientes del presunto cadáver de Eva Hitler. Como veremos, su evidencia es bastante problemática y plantea algunas dudas acerca de sus afirmaciones adicionales de haber trabajado en los dientes de Eva.


Un Puente Demasiado Lejos

     El doctor Bruck también dijo al reportero extranjero que en la misma ocasión Heusermann le había dicho que a ella le habían mostrado «un puente de la mandíbula inferior de una mujer que contenía cuatro dientes (...) Ella lo identificó como de Eva Braun y dijo: "Lo hicimos para ella hace sólo seis semanas", relató él. Ella dijo a los rusos que el puente había sido hecho por un hombre llamado Echymann, que era un mecánico dental del doctor Blaschke» (Winnipeg Free Press, 3 de Mayo de 1946, p. 7).

Fedor Bruck en 1974

     Sin embargo, la misma información que al principio pareció confirmar la identidad del cadáver femenino sólo terminó no confirmándola. El 11 de Mayo los soviéticos interrogaron al técnico dental del profesor Blaschke, Fritz Echtmann. Él fue interrogado acerca de los dientes de Eva Hitler en un número no especificado de otras ocasiones en Mayo de 1945, y otra vez el 24 de Julio de 1947 (Hitler's Death, pp. 102-107). En esta última ocasión Echtmann admitió a su interrogador, un tal mayor Vaindorf, que "a principios de Abril de 1945" el profesor Blaschke le había pedido "hacer un pequeño puente para la mandíbula superior derecha de Eva Braun" (Hitler's Death, p. 106). Echtmann parece haber estado hablando del puente que Heusermann dijo al doctor Bruck que los soviéticos le había mostrado el día antes. El doctor Bruck habló al reportero extranjero sobre eso en Mayo de 1946. Él probablemente puede ser creído: no hay ninguna razón obvia para que él pudiera haber sabido acerca de la existencia del puente solicitado por el profesor Blaschke a principios de Abril —el "puente de 1945", como me referiré posteriormente a él— si Heusermann no le hubiera hablado de ello.

Fritz Echtmann

     Sin embargo, hay dos problemas con esta información. Primero, el puente que Heusermann describió parece más bien el puente que había sido encajado en la boca de Eva por el profesor Blaschke —Heusermann dice que con su ayuda— en el otoño de 1944. (Por el bien de la simplicidad, me referiré posteriormente a éste como el "puente de 1944"). El puente de 1945 era para sólo un diente. La pregunta, por lo tanto, es por qué Heusermann dijo a los soviéticos —y al doctor Bruck— que el puente de 1944 fue el que el profesor Blaschke había pedido a Echtmann hacer sólo seis semanas antes.

     Segundo, ¿por qué dijo eso Heusermann si ella sabía que el puente de 1945 nunca había sido insertado en la boca de Eva? En alguna etapa —exactamente cuándo, no está claro— Echtmann dijo a sus interrogadores soviéticos que Heusermann le había dicho que aquél nunca había sido encajado:

     "El 19 de Abril de 1945 llamé al profesor Blaschke y le dije que el pequeño puente estaba listo. Él me dijo que sería enviado a Berchtesgaden si Eva Braun estuviera allí. Durante el mismo día, el 19 de Abril, envié la pequeña dentadura al profesor Blaschke a la Cancillería del Reich. Más tarde, en una conversación con su ayudante Heusermann me enteré de que el profesor Blaschke había volado a Berchtesgaden el 20 de Abril y no había encajado la pequeña dentadura en Berlín" (Hitler's Death, pp 106-107).

     Los problemas identificados aquí no descalifican la evidencia de Heusermann, pero debilitan su credibilidad. Si ella sabía que el profesor Blaschke no había encajado el puente de 1945, ¿por qué ella llevó a los soviéticos a creer que sí había sido encajado?.

     El problema está compuesto por la información de que el 19 de Abril el profesor Blaschke aparentemente no sabía si Eva estaba en Berlín o no. El 19 de Mayo de 1945 Heusermann dijo a los soviéticos que "hace un mes extrajimos un diente [de Eva] en la mandíbula superior, el sexto a la izquierda" [25]. Puesto que Eva por lo visto llegó a Berlín a mediados de Abril —la fecha precisa no parece ser conocida— y que el profesor Blaschke dejó la ciudad el 20 de Abril, la extracción debe haber sido realizada durante el período entre el 15 y el 20 de Abril. En estas circunstancias, el profesor Blaschke seguramente debe haber sabido que Eva estaba en Berlín. Más aún, ya que el puente contenía el diente postizo para ser insertado en el lugar del diente extraído, tiene poco sentido no haber establecido de antemano cuándo y dónde el puente debía ser encajado. Hay algo bastante descuidado e improbable en todo esto.

[25] Hitler's Death, p. 99. Sorprendentemente, ese diente estaba en la exacta misma posición que el diente que Heusermann dijo a los soviéticos (Hitler's Death, p. 97) que ella había ayudado a extraer desde la boca de Hitler en 1944 (no el cuarto, como señaló el doctor Bruck al reportero occidental). ¿Cuáles son las probabilidades de aquello?.

     Luego está el problema de que el profesor Blaschke ya sabía a principios de Abril que Eva necesitaría extraerse un diente. No está claro por qué él, por lo tanto, no removió el diente entonces, en vez de esperar hasta que la dentadura estuviera lista. Quizás él quería sustituír el diente por la dentadura casi inmediatamente. Pero si él esperó algunas semanas hasta que la dentadura estuviera lista, ¿por qué no fue encajada el día que Echtmann la envió al consultorio de la Cancillería del Reich el 19 de Abril? Ya que Eva estaba en Berlín, el profesor Blaschke tuvo una amplia oportunidad para insertar el accesorio, el mismo día o al día siguiente (el 20 de Abril). Después de todo, el vuelo del profesor Blaschke a Berchtesgaden realmente no ocurrió sino hasta las primeras horas del 21 de Abril. Por lo tanto no sabemos lo que realmente le sucedió al puente de 1945, ya sea que el profesor Blaschke lo encajara en Berlín y Heusermann había mentido (o simplemente había informado mal) a Echtmann, o si el profesor Blaschke llevó la pieza en el avión con él a Berchtesgaden, o si lo dejó en Berlín, quizás para que su reemplazante, el doctor Helmut Kunz, lo insertara en la boca de Eva.

    El hecho asombroso es que La Muerte de Hitler —la colección recientemente publicada de documentos de los archivos soviéticos que supuestamente demuestran que los restos humanos que los soviéticos encontraron el 5 de Mayo habían sido los de Adolf y Eva Hitler— no contiene ni el informe del interrogatorio a Heusermann el 10 de Mayo, ni el de Echtmann el 11 de Mayo. Lo que es más, aunque el doctor Kunz tomó el lugar del profesor Blaschke el 23 de Abril, el registro de su interrogatorio no entrega ninguna información en cuanto a si él trabajó en los dientes de Eva Hitler después de aquella fecha. Puesto que es difícil creer que los soviéticos no hubieron preguntaron al doctor Kunz si él había realizado algún trabajo dental en Adolf o Eva Hitler, puede suponerse sin peligro que los editores de La Muerte de Hitler decidieron suprimir esa información.

     Sin ninguna otra información para continuar, no es posible decir cuál fue el verdadero significado del puente de 1945. Lo que puede ser dicho es que si Echtmann, durante su primer interrogatorio el 11 de Mayo de 1945, reveló a los soviéticos que el pequeño puente nunca había sido encajado, eso explicaría por qué el 15 de Mayo, o en esos días, aparentemente sin ningún aviso previo, los soviéticos pusieron en custodia a Frau Heusermann [26].

[26] Winnipeg Free Press, 3 de Mayo de 1946, p. 7. El doctor Bruck declaró: "Dos días después de que ella me contó la historia, un oficial y una mujer rusos llegaron en automóvil y le pidieron que preparara un bolso de viaje para una visita de algunos días. No la he visto ni he escuchado de ella ni de Echtmann desde entonces".

     El hecho de que Heusermann fuera repetidamente interrogada por agentes soviéticos de Inteligencia sugiere que continuamente estaba saliendo a la luz información que ponía en duda la evidencia aportada por ella. El 19 de Mayo el teniente general Vadis la interrogó durante casi cinco horas (Hitler's Death, pp. 95-100). Un registro parcial de ese interrogatorio aparece en Hitler's Death [27].

[27] El registro de ese interrogatorio que duró cinco horas tiene sólo unas pocas páginas y puede dar cuenta solamente de no más de diez minutos del interrogatorio, en el mejor de los casos, dejándolo a uno preguntándose qué otras materias ocuparon el resto del tiempo. Otro hecho curioso es que el registro del interrogatorio realmente combina evidencia dada en dos ocasiones distintas con más de dos años de diferencia, el 19 de Mayo de 1945 y el 24 de Julio de 1947. No se da ninguna indicación en cuanto a qué secciones derivaron de cuál interrogatorio. Es por lo tanto imposible declarar si Heusemann proporcionó la evidencia que cito en 1945 o en 1947.

     Según ese documento, Heusermann dijo que ella había sido capaz de verificar que los dientes eran de Eva porque ella reconoció "un puente de oro y resina" que, con su ayuda, el profesor Blaschke había insertado en la parte derecha de la mandíbula inferior de Eva en el "verano de 1944" (Hitler's Death, p. 99). En una fecha posterior —no antes del 23 de Julio de 1947— Heusermann todavía estaba siendo presionada para que diera una descripción completa de los dientes de Eva Hitler (Hitler's Death, pp. 101-102). En esa declaración ella dio a entender que Eva tenía un diente postizo en su mandíbula superior derecha, el cual ella sólo puede haber tenido si el puente de 1945 después de todo sí hubiera sido encajado [28].

[28] Hitler's Death, p. 101: "En la mandíbula superior, todos los dientes naturales, excepto el sexto". Esto implica que el sexto era un diente postizo, no que no había ningún diente en absoluto en esa posición.

     Un interrogatorio tan prolongado e intenso es inconsistente con la idea de que la información que Heusermann proporcionó había sido suficiente para establecer que los dientes eran los de Eva. De ser así, ¿por qué pedirle volver sobre el asunto una y otra vez? Hay por lo tanto una multitud de indicios de una intriga, pero debido al hecho de que sólo muy breves selecciones de sus interrogatorios están incluídas en Hitler's Death, no es posible hacer una crónica del desarrollo de su historia. Lo mismo vale para la evidencia aportada por Echtmann: La Muerte de Hitler sólo contiene las declaraciones que él dio el 24 de Julio de 1947, no las que dio en Mayo de 1945 durante lo que parecen haber sido al menos cuatro o cinco interrogatorios.

     El destino de Heusermann y Echtmann apoya la conclusión de que los soviéticos encontraron algo sospechoso en la evidencia que ellos aportaron. Con dos días de diferencia, en Agosto de 1951, Heusermann y Echtmann fueron detenidos por funcionarios del soviético MGB (Ministerio de Seguridad del Estado). Heusermann fue acusada de "haber tratado a Hitler, Himmler y otros líderes nacionalsocialistas hasta Abril de 1945", mientras que Echtmann fue acusado de "ayudar a Hitler y a su círculo". Cada uno fue condenado a 10 años en un campo de trabajo soviético (Hitler's Death, pp. 96, 102). Ninguna persona parece alguna vez haber sido repatriada y es justo suponer que ambos desaparecieron en el enorme e impenetrable gulag de Stalin. Parece difícil creer la idea de que sus delitos realmente consistieron en haber proporcionado tratamiento dental a Hitler y otros nacionalsocialistas superiores; más probablemente, ambos pagaron el precio último por tratar de engañar a Stalin [*].

[*] NdelT: Käthe Heusermann-Reiss, nacida en Silesia en 1909, fue la ayudante del doctor Hugo Blaschke, dentista de Hitler, teniendo ambos una consulta en la Cancillería del Reich. Ella abandonó el búnker el 1º de Mayo de 1945. Fue violada dos veces por soldados del Ejército Rojo. El 13 de Mayo fue detenida por el MGB, servicio secreto soviético, y pasó diez años en prisiones y campos soviéticos. Después de ser liberada de prisión en Junio de 1955, vivió en Düsseldorf, donde murió en Febrero de 1993, a los 83 años, estando sepultada allí.
https://ww2gravestone.com/people/heusermann-reiss-kathe/
     En cuanto a Fritz Echtmann, el historiador alemán Anton Joachimsthaler en su libro de 1995 The Last Days of Hitler: The Legends, The Evidence, The Truth (en alemán, Hitlers Ende) sostiene que Echtmann pasó varios años en prisiones soviéticas, siendo liberado en Diciembre de 1953.




Segunda Parte
http://editorial-streicher.blogspot.com/2017/05/la-fabricacion-de-la-muerte-de-hitler-2.html



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