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jueves, 25 de mayo de 2017

Alemania y Occidente, Víctimas de la Segunda Guerra Mundial



     También del libro de Benton L. Bradberry "The Myth of German Villainy" (2012) presentamos aquí traducidos sus dos capítulos finales, el 22 y el 23, "Alemania como Víctima" y "Ganadores y Perdedores", donde el autor describe las penurias que debió padecer la gente alemana especialmente tras la finalización de la guerra, y realiza finalmente un balance evaluativo de dicha conflagración, bastante desfavorable para la civilización occidental pero que dio un aumentado impulso a la descomponedora judería internacional.



Capítulo 22
Alemania como Víctima


     Así como el Káiser no comenzó la Primera Guerra Mundial, Hitler y los nacionalsocialistas no comenzaron la Segunda Guerra Mundial. Además, Hitler hizo todo lo que estuvo dentro de su poder para evitar una guerra con Gran Bretaña, Francia y Estados Unidos. Él también propuso diversas iniciativas de paz a medida que la guerra progresaba, todas las cuales fueron o rechazadas o ignoradas. Gran Bretaña y Francia declararon la guerra contra Alemania, y no al revés. Todas las iniciativas militares de Alemania en el Oeste, es decir, la invasión de Noruega, la invasión de Francia, la ocupación de los Países Bajos, etc., fueron ataques preventivos que en el fondo eran defensivos en su naturaleza. La invasión de la Unión Soviética fue preventiva también. Alemania tampoco comenzó el bombardeo de civiles. Gran Bretaña los inició.

     Si se hace la pregunta de qué hicieron Hitler y los nacionalsocialistas para ganar su terrible reputación, la respuesta será invariablemente "el Holocausto". Sin embargo, el "Holocausto" no ocurrió (si es que ocurrió en absoluto) sino hasta que comenzó la guerra, y entonces sólo como consecuencia de la guerra. No obstante, los nacionalsocialistas habían sido caracterizados como monstruos malvados mucho antes de que la guerra comenzara; pero ¿sobre qué base? Nada les había sucedido a los judíos hasta el tiempo en que se inició la guerra excepto ciertas restricciones a las que quedaron sometidos, a pesar de todas las falsas acusaciones de una represión brutal y de predicciones de exterminio que constantemente vomita la prensa judía. Lo que finalmente les ocurrió a los judíos, si es que sucedió en absoluto, fue de la naturaleza de una profecía que se auto-cumple, provocada por los mismos que estaban haciendo la profecía.

     Había motivos legítimos para la actitud que los nacionalsocialistas tomaron hacia los judíos. Hitler y los nacionalsocialistas veían al comunismo como una amenaza existencial, no sólo para Alemania sino para la Civilización Occidental, y ellos veían a los judíos y al comunismo como lo mismo. Además, identificar comunismo con judaísmo no era algo infundado, considerando que el Partido Comunista en Alemania, antes de que fuera proscrito por Hitler, era judío en un 78%. Estaba también ampliamente claro para los alemanes que habían sido los judíos los que habían tomado el control de la Unión Soviética en una Revolución comunista, y que fueron ellos los que llevaron a cabo el Terror Rojo.

     Era claro también que los líderes de toda y cada revolución comunista en Europa, incluída la revolución de 1918 en Alemania, fue instigada y conducida por judíos, como p. ej., Bela Kuhn en Hungría, Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Kurt Eisner y Eugene Levine en Alemania, y Amadeo Bordiga en Italia. La Guerra Civil Española, 1936-1939, realmente fue causada por un intento de apoderarse de España por parte de los comunistas, conducidos, como en todos los otros casos, por judíos con el apoyo de la Unión Soviética.

     Como si eso no fuera suficiente, en 1934, inmediatamente después de que Hitler y los nacionalsocialistas subieron al poder, la Judería mundial declaró una guerra santa contra Alemania y usó toda su influencia y poder en todo el mundo para tratar de mutilar la economía alemana. Eso fue mucho antes de que Hitler y los nacionalsocialstas tuvieran la posibilidad de tomar cualquier clase de acción contra los judíos de Alemania. Éstos entonces persiguieron una implacable campaña de propaganda contra Alemania y sus líderes nacionalsocialistas, y usaron su influencia sobre los líderes de Gran Bretaña y Estados Unidos para instigar una guerra contra Alemania.

     Los judíos querían destruír Alemania. Ésa no era ninguna amenaza despreciable, puesto que los judíos ya habían tenido éxito en el derrocamiento del régimen zarista en Rusia, después de lo cual ellos tomaron el control total del país. Ellos estaban apuntando ahora a Alemania. Ellos organizaron y financiaron a la Internacional Comunista (Comintern), el único objetivo de la cual era derribar los regímenes existentes en Europa, incluyendo a Alemania, y reemplazarlos por repúblicas soviéticas lideradas por judíos.

     La actitud de la Judería mundial hacia Alemania, como queda representada en la siguiente declaración del profesor judío francés Alexander Kulisher, era bien conocida por todos. Kulisher escribió en 1937: "Alemania es el enemigo del judaísmo y debe ser perseguida con un odio mortal. El objetivo del judaísmo hoy es: una campaña implacable contra todos los pueblos alemanes y la destrucción completa de la nación. Exigimos un bloqueo completo del comercio, la detención de la importación de materias primas y la venganza hacia cada alemán, mujer y niño".

     El 3 de Diciembre de 1942 Chaim Weizmann, presidente del Congreso Judío Mundial, hizo la siguiente declaración en Nueva York:

     "No estamos negando, y no tenemos miedo de admitir, que esta guerra es nuestra guerra y que es emprendida para la liberación de la judería... Más fuerte que todos los frentes juntos es nuestro frente, el de la judería. No sólo estamos dando a esta guerra nuestro apoyo financiero, en el cual se basa la producción de guerra entera; no sólo estamos proporcionando todo nuestro poder propagandístico, que es la energía moral que mantiene en acción a esta guerra... La garantía de la victoria está basada predominantemente en el debilitamiento de las fuerzas enemigas, en destruírlas dentro de su propio país, dentro de la resistencia. Y nosotros somos el Caballo de Troya en la fortaleza del enemigo. Los miles de judíos que viven en Europa constituyen el principal factor en la destrucción de nuestro enemigo. Allí, nuestro frente es un hecho y la ayuda más valiosa para la victoria".

     No debería constituír ninguna sorpresa que los nacionalsocialistas vieran a los judíos como el enemigo de Alemania, y a los judíos que estaban dentro de Alemania como una "quinta columna", lista y dispuesta a cooperar con los enemigos de Alemania desde fuera.

     Los judíos en Gran Bretaña estaban vigorosamente detrás de la llamada de Churchill a la guerra contra Alemania, y los judíos en EE.UU. también apoyaron con entusiasmo la determinación de Roosevelt de ir a la guerra con Alemania. ¿Qué más esperaría cualquiera sino que el régimen nacionalsocialista tomara medidas para aislar a los judíos en Alemania en defensa del Estado alemán? Se mencionan grandes cantidades de ellos en campos de concentración. Estados Unidos también encarceló a los japoneses de la costa Oeste en campos de concentración después de que comenzó la guerra con Japón, con mucho menos justificación que la que Alemania tuvo para encarcelar a los judíos de Alemania.

     En Marzo de 1944 Hitler invadió Hungría para impedir que ésta cambiara de bando y formara una alianza con la Unión Soviética. Los ejércitos combinados alemán y húngaro comenzaron entonces la defensa de Hungría contra la invasión del ejército ruso que estaba a punto de comenzar. La población judía de Hungría se puso abiertamente del lado de la Unión Soviética y constituyó una peligrosa "quinta columna" dentro de Hungría. Hay pocas dudas de que una vez que la batalla comenzara ellos habrían hecho todo lo que pudieran para sabotear a las fuerzas alemanas y húngaras que defendían a Hungría a fin de ayudar a los rusos. Aquéllos eran tiempos desesperados.

     El acorralamiento de los judíos y su remoción desde Hungría en 1944 no fue nada más que defensa propia de parte de los alemanes y los húngaros. Exactamente dónde fueron enviados ellos y lo que les sucedió después es materia de debate entre los defensores de la historia "oficial" del "Holocausto" y los defensores del revisionismo del "Holocausto". Los primeros afirman que los judíos fueron todos exterminados en Auschwitz, mientras que los últimos sostienen que fueron relocalizados en el Este. En cualquier caso, haber permitido que ellos permanecieran en Hungría, con el conocimiento cierto de que los judíos se convertirían en saboteadores en la inminente lucha de vida o muerte con el ejército ruso, habría sido demencial.

     Cuando Hitler proscribió al Partido Comunista en Alemania poco después de convertirse en Canciller, luego acorraló a los comunistas y los encarceló en Dachau, y resultó que la mayor parte de esos comunistas eran judíos. Esos comunistas habían estado implicados en actividades revolucionarias y en tentativas de socavar al Estado alemán. Desde el punto de vista de los nacionalsocialistas, acorralarlos y meterlos en la cárcel era sólo algo de sentido común. Sin embargo, los judíos de todo el mundo histéricamente caracterizaron eso como una "persecución" injustificada y no provocada de judíos inocentes, y sólo porque ellos eran judíos. Comenzando en 1933, la propaganda judía afirmaba que los alemanes tenían la intención de "exterminar" a los judíos, y ellos siguieron haciendo esas afirmaciones infundadas pero histéricas directamente hasta que la guerra comenzó.

     Después de que la guerra se puso en marcha, la propaganda entonces comenzó a afirmar que los judíos realmente estaban siendo exterminados, aunque no había ningún modo de que ellos hubieran sabido eso aun si fuera verdadero. Tanto Henry Morgenthau Jr., el judío estadounidense Secretario de Tesorería, así como su ayudante comunista judío Harry Dexter White (Weiss), hicieron esa afirmación. Lo mismo hizo Bernard Baruch, el consejero judío de Roosevelt. Los rumores fueron desenfrenados durante toda la guerra, resultado de la propaganda judía, en cuanto a que los nacionalsocialistas estaban exterminando a todos los judíos de Europa, aunque nuestro propio ministerio de Asuntos Exteriores [estadounidense] se burló de esos informes.

     Como se ha descrito en un capítulo anterior, las predicciones de un "exterminio" han sido una parte de la cultura judía durante siglos. Sin embargo, cuando la guerra terminó, bastante a salvo, esos mismos propagandistas judíos afirmaron que todas sus sobrecalentadas especulaciones habían estado ocurriendo desde el principio, tal como se había especulado. En ausencia de cualquier prueba forense en absoluto que apoye su afirmación, miles de "testigos oculares" judíos describieron numerosas formas en las cuales los nacionalsocialistas exterminaban a los judíos, incluyendo la cocción al vapor hasta la muerte, electrocuciones de masas, el arrojarlos a fosas con fuego y, por supuesto, las cámaras de gas.

     Los revisionistas del "Holocausto" han hecho un trabajo bastante bueno desde la guerra, de colocar al "Holocausto" en perspectiva. No cabe duda de que los judíos fueron acorralados en Alemania y Europa y enviados a campos de concentración, muchos a campos de "reubicación", aunque muchos judíos permanecieron en Alemania sin ser molestados durante la guerra. No cabe duda de que esos judíos acorralados fueron usados como trabajadores forzados en los campos de trabajo, y de que las condiciones allí eran duras, no sólo para los judíos sino para todos los otros detenidos en esos campos también. No cabe duda de que muchos judíos murieron durante la guerra, aunque ciertamente en ninguna parte en una cantidad cercana a los 6 millones que se afirma. Pero no hay ninguna prueba en absoluto de que Alemania tuviera un plan o una política para exterminar a todos los judíos de Europa.


* * * *

     Alemania hizo varios intentos de negociar un acuerdo de paz tanto antes de que la guerra comenzara como varias veces durante ella, sólo para ser rechazada en cada oportunidad. Incluso tan tardíamente como en 1944, Heinrich Himmler estableció un vínculo con Alan Dulles de la OSS (Oficina de Servicios Estratégicos, precursora de la CIA) por medio de Suiza para tratar de negociar un final pacífico de la guerra. El propio Dulles estaba a favor de intentar terminar la guerra en un acuerdo negociado, pero tanto Roosevelt como Churchill estaban obstinados en su demanda de la rendición incondicional.

     Alemania, que no quería la guerra, fue atrapada y condenada a la destrucción a pesar de todo, y no había nada que ella hubiera podido hacer al respecto sino luchar. La gran mayoría de la muerte y destrucción producidas en la guerra era directamente atribuíble a la inhumana demanda Aliada de la rendición incondicional, combinado con el proyecto para poner en práctica el genocida Plan Morgenthau inmediatamente después de cualquier rendición incondicional. La demanda de la rendición incondicional parece por lo tanto aparentemente una política estúpida y contraproducente, hasta que uno comprende que toda la muerte y destrucción que ocurrió dentro de Alemania era precisamente lo que tanto Roosevelt como Churchill querían. Ellos no querían la paz con Alemania. Ellos querían destruír Alemania. Y eso es también lo que la Judería Internacional quería.

     Se estima que más de 8 millones de alemanes murieron durante la guerra, pero unos sobrecogedores 13 millones de alemanes adicionales murieron después de que la guerra había terminado, como resultado de expulsiones, asesinatos masivos, brutalidad, desprotección ante el clima, y hambre. Aquello sería un total de más de 20 millones de muertes alemanas a consecuencia de la guerra. Las muertes estimadas durante la guerra para Estados Unidos y Gran Bretaña fueron de 413.000 y 450.000 respectivamente. La afirmación de que 6 millones de judíos murieron a manos de los nacionalsocialistas es patentemente absurda. Alemania fue claramente la verdadera víctima de la guerra.


Violación y Matanza

     A medida que los ejércitos alemanes comenzaron a retirarse hacia el Reich, indecibles atrocidades fueron cometidas contra ellos por todos los Aliados, los que parecen haber sido poseídos por una especie de sed de sangre. Todas las sanciones civilizadas contra la matanza de alemanes, tanto militares como civiles, fueron removidas. Douglas Bazata, en su libro "Target Patton", cuenta de él y otros "francotiradores" que trabajaron para la OSS. Él y los otros francotiradores fueron asignados para seguir por detrás al ejército alemán cuando se retiró de Francia volviendo a Alemania y matar a los rezagados que ya habían arrojado sus armas, es decir, soldados alemanes que, debido a heridas o simplemente al agotamiento, no podían continuar. Ellos los baleaban con rifles de francotirador desde la distancia mientras dichos soldados se esforzaban a lo largo de los caminos tratando de volver a Alemania.

     Mientras armadas aéreas de miles de bombarderos seguían borrando ciudades alemanas sin parar hasta el día de la rendición, durante los últimos meses de la guerra 1.800 aviones de combate británicos y estadounidenses fueron soltados sobre Alemania con órdenes de destruír el sistema entero de transporte del país. Todo el día, cada día, los cielos estuvieron llenos de esos aviones de combate que se entrecruzaban sobre el campo alemán, bombardeando cualquier cosa que se moviera. Ellos apuntaron especialmente a los trenes. Ellos primero disparaban a las locomotoras a vapor, haciéndolas explotar, luego daban vueltas alrededor y hacían carreras de bombardeo disparando a los coches, incluyendo vagones de pasajeros cargados de refugiados.

     Ellos bombardearon vehículos en los caminos, a gente en bicicleta, o a gente que sólo caminaba a lo largo de los caminos. Ellos bombardearon a agricultores que araban sus campos, y mataron a su ganado. Ellos bombardearon las ventanas de las casas. Ellos bombardearon a la gente en las calles. Ellos actuaron especialmente sobre columnas de refugiados en los caminos cuando huían de los ejércitos invasores. La matanza de alemanes se convirtió en un deporte. Alemania se convirtió en un matadero donde cualquier cosa que se moviera era un blanco legítimo.

     A consecuencia de todo eso, los alemanes no podían alimentar a su gente por falta de transporte. Ellos no podían alimentar a los presidiarios en los campos de concentración. Eso explica las masas de cadáveres demacrados que impresionaron tanto a las tropas estadounidenses y británicas que los encontraron cuando ellos se movieron por Alemania. Las epidemias de tifus habían estallado entre los presidiarios debilitados de hambre.

     Pero los rusos fueron los peores. Cuando ellos primero entraron en Prusia del Este, ellos violaron y mataron alemanes en masa. Toda Prusia del Este se volcó a las carreteras, escapando de los rusos que avanzaban, tratando de hacer su camino como refugiados hacia el centro de Alemania.

     "El desastre que aconteció a dicha área con la entrada de las fuerzas soviéticas no tiene ningún paralelo en la experiencia europea moderna. Hubo considerables secciones de ello donde, a juzgar por toda la evidencia existente, apenas un hombre, una mujer o un niño de la población autóctona fue dejado vivo después del paso inicial de las fuerzas soviéticas" (George F. Kennan, Memorias, 1967).

     Cuando los ejércitos rusos se derramaron en Alemania cerca del final de la guerra, el ministro soviético de Propaganda, el judío Ilya Ehrenburg, hizo imprimir millones de panfletos y los distribuyó entre las tropas rusas, exhortándolas, para cuando entraran en Alemania: "¡Maten a los alemanes, dondequiera que los encuentren! Cada alemán es nuestro enemigo mortal. ¡No tengan piedad de mujeres, niños o ancianos! Maten a cada alemán ¡Aniquílenlos!".

     En otro panfleto Ehrenburg instaba a las tropas rusas:

     "Maten, maten, ustedes bravos soldados del Ejército Rojo, maten. No hay nada en los alemanes que sea inocente. Obedezcan las instrucciones del camarada Stalin y destruyan a la bestia fascista en su cueva. Rompan con fuerza la arrogancia racial de las mujeres germánicas. Tómenlas como su botín legal. ¡Maten, ustedes bravos soldados del Ejército Rojo, maten!".

     Y en otro panfleto:

     "Los alemanes no son seres humanos. De aquí en adelante la palabra Alemán significa para nosotros la maldición más terrible. De aquí en adelante la palabra Alemán activará tu rifle. No hablaremos más. No estaremos agitados. Mataremos. Si no has matado al menos un alemán por día, has desperdiciado ese día... Si no puedes matar a tu alemán con una bala, mátalo con tu bayoneta. Si hay calma de tu parte en el frente, si estás esperando los enfrentamientos, mata a un alemán antes de combatir. Si dejas vivo a un alemán, él colgará a un ruso y violará a una mujer rusa. Si matas a un alemán, mata a otro. No hay nada más divertido para nosotros que un montón de cadáveres alemanes. No cuentes los días; no cuentes los kilómetros. Cuenta sólo el número de alemanes que has matado. Mata al alemán: ésta es la plegaria de tu vieja madre. Mata al alemán: esto es lo que tus hijos suplican que hagas. Mata al alemán: éste es el grito de tu tierra rusa. No vaciles. No aflojes. Mata".

     Tales panfletos fueron dejados caer casi diariamente sobre el ejército ruso. Espoleado por esa clase de odio racial, no es sorprendente que el Ejército Rojo cometiera atrocidades tan horribles.

     "Según relatos de testigos oculares, saqueo, pillaje, pestilencia y violación, asesinato al por mayor y sufrimiento humano, de uno de los capítulos más terribles en la Historia humana" (senador Eastland, 4 de Diciembre, Registro del Congreso).

     "Durante tres semanas la guerra había estado continuando dentro de Alemania, y todos nosotros sabíamos muy bien que si las muchachas eran alemanas ellas podrían ser violadas y luego fusiladas. Eso era casi una distinción de combate" (Alexander Solzhenitsyn, como un soldado ruso con rango de capitán). [...]

     Las exhortaciones de Ilya Ehrenburg a las tropas rusas para violar y asesinar provocaron un horror tal que Europa nunca había visto. Los civiles alemanes, en particular las mujeres y muchachas, fueron tratados como cerdos en una matanza. [...] Esa bestialidad era el resultado directo del propagandista judío de Stalin, Ilya Ehrenburg, que machacó en el ejército ruso un frenesí de tortura, asesinato, violación y destrucción cuando ellos avanzaban en Alemania. Dondequiera que vivían alemanes, atrocidades similares se hicieron rutinarias.

     En Checoslovaquia, las atrocidades eran horrorosas a medida que los alemanes se retiraban.

     "Muchos alemanes fueron colgados de sus pies en los grandes carteles publicitarios en la plaza St. Wenceslas [en Praga], y luego cuando el gran humanitario [Edvard Benes, ex-Presidente checo] se acercó, a sus cuerpos empapados en petroleo se les prendió fuego para formar antorchas vivientes" (Louis Marschalko).

     "Las mujeres y los niños fueron lanzados desde el puente al río. Los alemanes eran baleados en las calles. Se estima que 2.000 ó 3.000 personas fueron muertas" (F. A Voigt, corresponsal en Berlín del Manchester Guardian).

     Aquellos alemanes que ellos no mataron fueron obligados a abandonar todas sus propiedades y a abandonar esas tierras donde sus antepasados habían vivido durante mil años. "El registro checo oficial de nombres de pueblos revela que casi 500 pueblos (alemanes) ya no aparecen en el registro porque ellos literalmente han desaparecido del paisaje" (Informe de Múnich, 1965).

     "Cuando las tropas coloniales francesas (de negros) bajo su orden (del general Eisenhower) entraron en la ciudad alemana de Stuttgart, ellos reunieron a las mujeres alemanas en el metro y violaron a aproximadamente a 2.000 de ellas... Incluso un reportero confirmó de mala gana la historia en sus principales detalles" (Peace Action, Julio de 1945).

     Después de que los alemanes se rindieron el 5 de Mayo de 1945 la matanza comenzó en serio. Quince millones de alemanes fueron obligados a dejar sus casas ancestrales en Europa del Este, incluyendo la alemana Prusia del Este, partes de Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Hungría y Rumania, y se dirigieron hacia Alemania, dejando toda su propiedad detrás. Tres millones de ellos murieron durante el viaje a Alemania como resultado de brutales asaltos, asesinatos de masas, violaciones al por mayor, hambre y exposición al clima.

     "Dios, odio a los alemanes", escribió el general Eisenhower en una carta a su esposa en Septiembre de 1944, y él repetidamente expresó tales sentimientos a otros, y no sólo acerca del personal militar de Alemania sino sobre todos los alemanes. Cinco millones y medio de soldados alemanes fueron tomados prisioneros por los estadounidenses bajo Eisenhower. Un mes antes del final de la guerra, Eisenhower publicó órdenes especiales acerca del tratamiento que debía darse a los prisioneros alemanes.

     La siguiente declaración específica estaba contenida dentro de sus órdenes: "Los recintos de prisión no deben proporcionar ningún refugio u otras comodidades". Esos prisioneros de guerra alemanes fueron reunidos en enormes recintos con alambres de púas en campos abiertos a lo largo del río Rhin sin refugio de ninguna clase. Él también ordenó que no les dieran agua ni comida durante seis días después de ser reunidos en esos recintos, y a partir de entonces, les dieron sólo raciones de hambre, aunque los estadounidenses tenían enormes depósitos de comida a mano. Los presos dormían en la tierra bajo la lluvia y la nieve, y no se les proporcionó ninguna asistencia médica. Se estima que 1,7 millón de esos prisioneros alemanes murieron de hambre, gangrena, congelamiento y exposición a la intemperie durante el año que ellos estuvieron retenidos en cautiverio por los estadounidenses.


Venganza Judía

     Cuando los alemanes fueron derrotados y los combates se detuvieron en Europa, los judíos inundaron Alemania por miles para buscar su venganza y obtener su parte de los despojos. Ellos inmediatamente comenzaron la implementación del Plan Morgenthau, un plan judío de venganza para destruír la economía alemana, subdividir Alemania en varios Estados más pequeños, esclavizar a millones de sus ciudadanos, y exterminar a no menos de 20 millones de personas. Aunque el Plan fuera atenuado por mentes un poco más sanas, la mayor parte de él fue puesto en práctica como la Directiva de los Jefes de Estado Mayor Conjunto (JCS 1067), con consecuencias brutales para el pueblo alemán.

     Los judíos inundaron los Procesos de Núremberg y los usaron como un medio para conseguir venganza contra los dirigentes alemanes. Se reportó que de las 3.000 personas que participaron en los Procesos, 2.400 de ellas eran judíos. Trabajando detrás de sus testaferros Gentiles, los judíos pudieron hacer lo que querían, mientras los alemanes derrotados, hambrientos y postrados estaban sin ningún medio para defenderse a sí mismos.


La Brigada Judía

     Luego estaba la Brigada Judía, de la cual no muchas personas saben hoy, o han sabido alguna vez. Formados en Palestina, equipados con uniformes del Ejército británico y montados en Jeeps estadounidenses, ellos siguieron a los Aliados cuando éstos expulsaron a los alemanes de Italia de vuelta a Alemania. Los oficiales de la Brigada Judía eran judíos británicos, pero los soldados ordinarios eran judíos palestinos, un gran número de los cuales era de origen alemán. La historia de la Brigada Judía es una historia sórdida que debería haber recibido más publicidad.

     Dicha Brigada fue establecida no para luchar en la guerra sino para entrar en Alemania detrás del ejército británico para tomar venganza contra los ahora desarmados e indefensos alemanes. Después de entrar en la derrotada Alemania, ellos formaron lo que ellos llamaron "escuadrillas de venganza" para detectar y matar a oficiales alemanes superiores. La Brigada Judía era técnicamente parte del Octavo Ejército británico, pero funcionó de manera independiente, y recibía sus órdenes de líderes sionistas en Tel-Aviv.

     Usando sus uniformes británicos y credenciales del Ejército británico ellos viajaron por Alemania y Austria cazando y matando a oficiales alemanes de alto rango. La Brigada Judía tenía un ilimitado apoyo logístico del Ejército británico: podía requisar cualquier cosa que ellos necesitaran, y viajaban a todas partes en Alemania o Austria como una función "oficial", aunque ellos eran totalmente no responsabilizables ante el Ejército británico. Todos los archivos oficiales de Alemania estaban ahora en manos de los Aliados, a los cuales la Brigada Judía tenía fácil acceso. Además, ellos conocían el idioma alemán y pudieron leer los archivos alemanes. Después de obtener las direcciones de los domicilios de oficiales alemanes tras leer esos archivos oficiales, ellos entonces conducían hacia sus casas en sus jeeps estadounidenses, presentándose a sí mismos como oficiales británicos, y cuando ellos encontraban a los oficiales que estaban buscando, los mataban. Para esas fechas, el Ejército alemán había capitulado, y los oficiales y soldados de tropa que no estaban aún detenidos en campos para prisioneros de guerra, habían dejado sus armas y se habían ido a casa. Ellos estaban desarmados y completamente indefensos.

     Según Morris Beckman, en su libro "La Brigada Judía": "Ésas fueron las primeras ejecuciones de posguerra de seleccionados nacionalsocialistas superiores. Había varias docenas de escuadrillas de venganza actuando; la estimación más alta de ejecuciones fue de 1.500. La cifra exacta nunca será conocida". No hubo ningún cargo registrado contra esos oficiales alemanes, ningún proceso, ningún juez, ni siquiera una detención; ellos fueron simplemente asesinados según el capricho o deseo de los judíos buscadores de venganza. Se supuso que los oficiales alemanes eran "culpables" en virtud de ser oficiales alemanes. Ellos mataban con total impunidad a cualquiera que quisieran matar. Los judíos lo llamaban "venganza", pero, de hecho, eso era simple asesinato de hombres indefensos que pueden o no haber sido culpables de algo excepto haber servido en el Ejército alemán en defensa de su país.

     Uno de esos verdugos judíos, Israel Carmi, explica en el libro de Beckman cómo ellos trataban con sus objetivos seleccionados. "Cuando llegábamos a la casa de nuestro sospechoso nos poníamos cascos de la policía militar militar [británica] con la cinta blanca y brazaletes de policía. Luego entrábamos en la casa y tomábamos al sospechoso con nosotros, diciendo que lo queríamos para un interrogatorio. Por lo general ellos venían sin ofrecer resistencia. Una vez en el automóvil le decíamos al prisionero quiénes éramos y por qué lo tomábamos. Algunos admitían culpa. Otros guardaban silencio. Nosotros hacíamos el trabajo". Es decir, ellos los mataban. "Estábamos ardiendo de odio", dijeron ellos. "Sabíamos que nuestro pueblo nunca nos perdonaría si no aprovechábamos la oportunidad para matar nacionalsocialistas".

     Michael bar-Zohar, un judío israelí, escribió un libro en 1967 titulado "Los Vengadores", en el cual describió las muchas increíbles atrocidades cometidas por judíos contra alemanes indefensos, tanto civiles como ex-militares, inmediatamente después de la guerra. Esos asesinatos masivos fueron encubiertos por los militares estadounidenses para impedir que el público alemán supiera sobre ellos. Precisamente uno de los numerosos tales acontecimientos de los que él escribe ocurrió el 15 de Abril de 1946, cuando un grupo de judíos de Europa del Este en Alemania (ellos inundaron Alemania al final de la guerra), con la complicidad de soldados judíos estadounidenses, envenenó 3.000 raciones de pan que fueron entregadas entonces a un campo de prisioneros de guerra que tenía 36.000 prisioneros SS alemanes. El veneno resultó haber estado demasiado diluído y ninguno de los prisioneros murió, aunque miles se pusieron agudamente enfermos.

     En otro pasaje de su libro, Bar-Zohar describe la entusiasta alegría sentida por esos soldados judíos cuando ellos estaban a punto de entrar en Alemania inmediatamente después del final de las hostilidades. Ellos fantaseaban, dice él, acerca de lo que harían cuando entraran en Alemania, sobre cómo ellos tenían la intención de matar a civiles alemanes y violar mujeres alemanas: "¡Pero ahora ellos estaban yendo a Alemania! Los hombres hablaban de esas noticias con gran entusiasmo. ¡Era demasiado bueno para ser verdad! Denme sólo un mes allí, sólo un mes", se decían ellos unos a otros. "Les daremos algo para que nos recuerden para siempre. Ellos tendrán verdaderos motivos para odiarnos ahora. Tendremos sólo un pogrom en números redondos, incendiaremos mil casas y mataremos a quinientas personas y violaremos a cien mujeres". Y a más de un joven judío se le oyó decir: "Debo matar a un alemán a sangre fría, debo hacerlo. Y debo violar a una muchacha alemana. Ése es nuestro objetivo de guerra: ¡venganza! No las cuatro libertades de Roosevelt o la mayor gloria del Imperio británico o la ideología de Stalin, sino venganza, venganza judía".

     Diversos oficiales en el ejército británico estaban conscientes de lo que estaba ocurriendo, y varios trataron de detenerlo, pero el comando militar británico rechazó actuar e hizo la vista gorda ante la matanza que la Brigada Judía estaba haciendo de oficiales alemanes. "Los comandantes del Octavo Ejército sabían lo que estaba pasando, pero ellos tenían simpatía... por la Brigada", dijo Beckman.


* * * *

      Los alemanes fueron brutalmente tratados por todos los ejércitos de ocupación después de la guerra, resultando en la muerte de no menos de 13 millones de alemanes después de que la guerra había terminado. Sólo cuando los soviéticos se mostraron como una amenaza para Occidente los Aliados comenzaron a soltar a los alemanes. Ellos los dejaron sólo porque ahora necesitaban su cooperación en la Guerra Fría que entonces estaba tomando forma. Nosotros entonces cambiamos nuestra actitud hacia los alemanes y comenzamos a considerarlos como una parte integrante de la Civilización Occidental. Ahora, de repente, ellos eran tipos buenos. ¿Habíamos estado equivocados sobre ellos todo el tiempo? El general Patton pensaba eso.

     Después de convertirse en el gobernador militar de Baviera inmediatamente después de la guerra, Patton cambió completamente de opinión sobre los alemanes y comenzó a comprender que habíamos estado luchando contra el enemigo equivocado. Él fue despedido de su trabajo como gobernador militar de Baviera y fue "pateado escaleras abajo" por rechazar cooperar en el tratamiento brutal que Eisenhower daba a los derrotados alemanes. Él murió poco después de eso en circunstancias misteriosas y sospechosas; muchos creen que como resultado de su obstinación.



Capítulo 23
Ganadores y Perdedores


     Ha sido observado que la Segunda Guerra Mundial fue una continuación de la Primera. Si bien aquella observación es claramente verdadera, no es la historia entera. La Primera Guerra Mundial fue emprendida para impedir que Alemania dominara al continente de Europa, y el Tratado de Versalles fue por lo tanto impuesto para sujetar a Alemania. Cuando Alemania logró sacarse las cadenas de Versalles y se convirtió en una gran potencia de nuevo, sus viejos antagonistas, Francia y Gran Bretaña, estaban determinados a tener otra guerra. Pero ése fue sólo un elemento de la Segunda Guerra Mundial.

     Entretanto, otra fuerza predadora —la Judería Internacional bajo la bandera del Comunismo— había surgido de entre los escombros de la Primera Guerra Mundial para amenazar a una ahora postrada e indefensa Europa. Los judíos siempre habían estado allí como una fuerza rival de la Civilización Occidental y Cristiana, pero ellos siempre habían sido mantenidos bajo control. Ahora, ellos se estaban difundiendo sobre el cuerpo de Europa como bacilos que aparecen en un cuerpo enfermizo con un sistema inmunológico debilitado.

     Toda Europa, incluyendo a Rusia, estaba en bancarrota y desorganizada a consecuencia de la Primera Guerra Mundial, y por lo tanto extremadamente vulnerable a las depredaciones de este nuevo agresor. Rusia fue la primera en caer bajo su garra, resultado de la Revolución de 1917, la que entonces se convirtió en su base de operaciones. Utilizando el poder económico y militar de Rusia que ahora controlaba, la Judería Internacional, bajo la bandera del Comunismo, empezaba a tomar el control de toda Europa. Su modus operandi era instigar la revolución entre las masas descontentas por medio de una red de Partidos comunistas dominados por el judío (los que estaban organizados bajo la "Internacional Comunista" con sede en Moscú), y luego coordinar a la población judía en cada país europeo, las que funcionaban como "quintas-columnas". (Una "quinta columna" es un grupo que clandestinamente socava una nación desde dentro).

     Sólo Alemania parece haber reconocido esa nueva amenaza para Europa por lo que era, y se organizó para oponerse a ella. Los viejos antagonistas de Alemania, Gran Bretaña y Francia, finalmente iniciaron una guerra contra Alemania (2ªGM) en búsqueda de su misma vieja agenda de dominar a Alemania, aunque ese aspecto de la guerra fuera secundario con respecto a la lucha principal. La lucha principal era entre Alemania, como la autodesignada defensora de la Civilización Cristiana Occidental, por una parte, y la Judería Internacional enmascarada como Comunismo, determinanda a la conquista de toda Europa, por otra. Hermann Goering entendía la verdadera naturaleza de la guerra. "Esta guerra no es una Segunda Guerra Mundial. Es una gran guerra racial. En el análisis final, es sobre si el alemán y el ario prevalecen aquí, o si el judío gobierna el mundo, y eso es por lo cual estamos luchando" (Hermann Goering, citado en el libro de Michael Burleigh "El Tercer Reich, Una Nueva Historia", 2000).

     No está claro el grado hasta el cual el Presidente Roosevelt y su administración entendían la verdadera naturaleza de la guerra, y cuál de los dos aspectos de la guerra debía ser más atendido.

     Muchos en la administración de Roosevelt sin duda habían sido convencidos de que Alemania era una amenaza para la paz mundial y que tenía que ser detenida (tonterías, por supuesto). Pero ¿qué creía Roosevelt? El propio Roosevelt estaba inclinado al socialismo y era un admirador de Joseph Stalin (el "Tío Joe", como él lo llamó) y de la Rusia comunista, y se rodeó de hombres de un mismo parecer. La administración de Roosevelt fue infiltrada completamente por judíos comunistas que eran los fieles agentes de la Rusia comunista controlada por el judío. Esos hombres hicieron todo lo que estuvo en su poder para dirigir el poderío estadounidense hacia la causa de la Rusia soviética (y así, en favor de la causa de la Judería Internacional).

     El judío Subsecretario de Tesorería de Roosevelt, Harry Dexter White, era un agente secreto soviético, y la mayoría del personal consultivo de Roosevelt eran judíos con no disimuladas simpatías por los soviéticos. La agenda de Roosevelt parece haber sido unirse con la Unión Soviética para destruír Alemania y luego dividir el control del mundo occidental entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Cada decisión que él tomó durante toda la guerra indicaba que ése era su objetivo sistemático.

     Por medio del programa de transferencia de bienes a Rusia [Lend-Lease Act, de 1941], Roosevelt puso la fuerza industrial entera de Estados Unidos detrás del "Tío Joe" y la Unión Soviética. 20.000 aviones, 440.000 camiones y masivas cantidades de toda otra clase de material bélico de guerra fueron canalizados hacia la Unión Soviética desde Estados Unidos. Sin ese apoyo masivo Rusia no podría haber derrotado a los alemanes.

     Al mismo tiempo que la Unión Soviética se involucraba con Alemania en una titánica lucha en tierra, tanto Churchill como Roosevelt, cada uno con una agenda diferente, trabajaron juntos para destruír las ciudades de Alemania mediante bombardeos aéreos. Gran Bretaña y Estados Unidos sólo entraron en la guerra de tierra al final, cuando Alemania ya estaba esencialmente derrotada.


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     Con millones de su gente muerta y la mayor parte de sus ciudades destruídas, Alemania era el palpable perdedor de la Segunda Guerra Mundial, pero los verdaderos ganadores a largo plazo de la guerra eran menos obvios, al menos al principio. Gran Bretaña es enumerada como uno de los vencedores, pero para Gran Bretaña ésa fue una victoria pírrica. Forzando a Alemania a la guerra, y luego rechazando tenazmente considerar las numerosas ofertas de paz de Alemania, Churchill no llevó a cabo nada salvo llevar a la bancarrota a su país y bajar la cortina del Imperio británico.

     Los dos ganadores obvios de la guerra fueron Estados Unidos y la Unión Soviética. Eso fue claro para cada uno. Pero el otro gran ganador, que quizá no era tan obvio, al menos no al principio, fue la Judería Internacional. Uno podría decir incluso que la Judería Internacional fue la principal ganadora de la guerra, aunque hacer tal aseveración viola hoy un tabú muy fuerte. Los judíos sólo pueden ser retratados como las víctimas últimas de la guerra, no como vencedores. Pero, en realidad, los judíos ganaron en todos los frentes.

     Después de que los soviéticos entraron en Europa del Este al final de la guerra, los judíos fueron instalados como la élite dirigente en casi cada país que cayó bajo el control de la Unión Soviética. John Gunther, en su libro "Detrás de la Cortina de Hierro" de 1949, escribió que "Polonia, Hungría, Rumania y Checoslovaquia todas tienen dictadores judíos". Los tres judíos en lo alto del gobierno húngaro, según Gunther, eran Matyas Rakosi (Rosencranz), Erno Gero (Singer), y Zoltan Vas. En Polonia ellos eran los judíos Minc, Skryeszeqski, Modzelewski y Berman. En Rumania la judía gobernante era Anna Pauker. En Checoslovaquia era Rudolph Slansky.

     El único dictador no-judío detrás de la Cortina de Hierro era Tito de Yugoslavia, aunque su hombre mano derecho era el judío Mosa Pijade. Según Gunther, "Él es el mentor de Tito... Independientemente de la estructura ideológica que Tito pueda tener, él la recibió del sagaz anciano". No sólo los dictadores de esos países eran judíos sino que sus administraciones eran casi completamente judías. Las posiciones claves fueron llenadas por judíos en casi todos los países ocupados por los soviéticos. Los judíos controlaban la Unión Soviética, y las élites judías ahora controlaban casi todos los países que estaban bajo ocupación soviética. Esas élites judías dirigentes eran leales no a los países que ellas gobernaban sino a la Judería Internacional, con sede en la Unión Soviética.

     Los judíos también obtuvieron su largamente buscado Estado de Israel a consecuencia de la guerra, y en la tradición de los ganadores de guerras honrada por el tiempo, la Nación Internacional de Israel exigió y recibió miles de millones de dólares en reparaciones de parte del perdedor, Alemania (Alemania ha pagado a Israel 75.000 millones de dólares en reparaciones hasta ahora. Las demandas de reparaciones del ruinoso Tratado de Versalles sólo requerían que Alemania pagara 35.000 millones de dólares). Hoy, seis décadas y media después de la guerra, Alemania todavía está pagando pensiones vitalicias a medio millón de supuestos "sobrevivientes del Holocausto", es decir, a judíos que o vivían en territorio ocupado por los alemanes durante la guerra, o que fueron obligados a emigrar a consecuencia de la guerra.

     Cuando la guerra en Europa llegó a su final, parecía que los judíos tenían el control de todo. Ellos controlaban la Unión Soviética, y prácticamente controlaban Gran Bretaña y Estados Unidos. Ellos eran tan numerosos dentro de la administración de ocupación Aliada en Alemania que ellos dictaron todos los términos de la ocupación, incluyendo el Plan Morgenthau. Ellos tenían el control total de los Procesos de Núremberg. Ellos incluso fueron puestos a cargo de la mayor parte de los periódicos en la Alemania ocupada.


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     Alemania no fue sólo el perdedor de la guerra sino también la víctima de la agresiva guerra emprendida contra ella por Gran Bretaña, Estados Unidos, la Unión Soviética y la Judería Internacional, por motivos que eran muy diferentes de los declarados en público. Los judíos no sólo controlaban la Unión Soviética, como ha sido repetidamente declarado aquí, sino que tanto Roosevelt como Churchill estaban rodeados por judíos, y sus decisiones de política exterior estuvieron fuertemente influídas por judíos. La Judería Internacional tuvo tanto que ver con la instigación de la guerra como cualquier otra facción, y quizá más, y los judíos fueron los mayores beneficiarios a largo plazo después de que la guerra fue ganada. Una serie de citas de aquella época apoya esta opinión:

     "Cuando los nacionalsocialistas y sus amigos protestan o murmuran que esta guerra ha sido provocada por judíos, ellos están absolutamente en lo correcto" (Revista judía Sentinel de Chicago, 8 de Octubre de 1940).

     "Nosotros logramos arrastrar a Estados Unidos a la Primera Guerra Mundial y si ellos (EE.UU.) hacen lo que exigimos en cuanto a Palestina y las fuerzas armadas judías, entonces podemos conseguir que los judíos de EE.UU. arrastren a ese país a ésta (la Segunda Guerra Mundial) también" (Weizmann a Churchill, Septiembre de 1941).

     "Hitler no quiere la guerra pero él será forzado a ella, y de hecho pronto. Inglaterra tiene la palabra final, tal como en 1914" (Sionista Emil Ludwig Cohn).

     "El 3 de Junio de 1938 el periódico The American Hebrew se jactó de que ellos tenían a judíos en las principales posiciones de influencia en Gran Bretaña, Rusia y Francia, y que esos tres hijos de Israel enviarían al diablo al dictador nacionalsocialista" (Joseph Trimble, en The American Hebrew).

     "La guerra ahora propuesta tiene el propósito de establecer la hegemonía judía en todo el mundo" (General de brigada George van Horn Mosely, The New York Tribune, 29 de Marzo de 1939).

     "Los millones de judíos que viven en Estados Unidos, Inglaterra y Francia, en Norte y Sudáfrica, y no olvidemos los que viven en Palestina, están determinados a llevar la guerra de aniquilación contra Alemania hasta su completo final" (Central Blad Voor Israeliten in Nederland, 13 de Septiembre de 1939).

     "Al perder a Alemania, la Judería perdió un territorio desde el cual ejercía poder. Por lo tanto estaba determinada a conquistarla de nuevo" (Louis Marschalko, "Los Conquistadores del Mundo: Los Verdaderos Criminales de Guerra").

     "La Segunda Guerra Mundial está siendo emprendida para la defensa de los fundamentos del judaísmo" (Rabino Felix Mendelsohn, Sentinel de Chicago, 8 de Octubre de 1942).

     "La garantía de la victoria está basada predominantemente en el debilitamiento de las fuerzas enemigas, en destruírlas dentro de su propio país, dentro de la resistencia. Y nosotros somos el Caballo de Troya en la fortaleza del enemigo. Los miles de judíos que viven en Europa constituyen el principal factor en la destrucción de nuestro enemigo" (Chaim Weizmann, presidente del Congreso Judío Mundial, jefe de la Agencia Judía y posteriormente Presidente de Israel, en un discurso el 3 de Dic. de 1942 en Nueva York).

     "Hicimos de Hitler un monstruo, un demonio. Por lo tanto no podíamos desdecirnos después de la guerra. Después de todo, movilizamos a las masas contra el diablo mismo. De esa manera nos vimos obligados a jugar nuestra parte en ese diabólico escenario después de la guerra. De ninguna manera podríamos haber señalado a nuestro pueblo que la guerra era sólo una medida económica preventiva" (Ministro de Asuntos Exteriores estadounidense James Baker, 1992).

     "No puede haber ninguna duda: el Nacionalsocialismo era parte de un proceso de modernización en la sociedad alemana. Él aceleró los cambios sociales en Alemania. Transfirió más a los segmentos menos privilegiados de la sociedad y llevó igualdad y emancipación a las mujeres" (Heinz Hoehne, Gebt mir vier Jahre Zeit, Berlín-Frankfurt 1996, p. 10).

     "No veo ninguna razón de por qué esta guerra debe continuar. Estoy apesadumbrado al pensar en los sacrificios que ella reclamará. Me gustaría evitarlos" (Adolf Hitler, Julio de 1940).

     "Es falso que yo o alguien más en Alemania quisiéramos la guerra en 1939. Ella fue querida y provocada únicamente por estadistas internacionales de origen judío o que trabajaban para intereses judíos. Tampoco deseé nunca que después de la espantosa Primera Guerra Mundial hubiera habido alguna vez una segunda contra Inglaterra o contra Estados Unidos" (Adolf Hitler, Abril de 1945).


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     Aunque los judíos surgieron como los ganadores inequívocos de la guerra, al mismo tiempo ellos pudieron establecerse en la mente pública como las víctimas últimas de la guerra, con derecho a miles de millones de dólares en reparaciones, a la vez que estaban totalmente exentos de cualquier crítica por sus propias violaciones de los estándares civilizados de comportamiento y conducta. Ellos fueron capaces de hacer eso porque ellos controlan los medios de información y de noticias.

     Que los judíos continúen caracterizándose hoy como una amenazada minoría rodeada de mayorías hostiles determinadas a "perseguirlos", o incluso a "exterminarlos" (como ellos afirman que Irán, y en realidad, el mundo árabe entero, quiere hacer), es totalmente absurdo. Los judíos son ahora la nacionalidad más poderosa en el mundo, a pesar de su pequeña cantidad. Habiendo ganado la guerra, ellos han abandonado a la ahora difunta Unión Soviética (después de saquearla de sus activos), y trasladaron su base de operaciones a Israel y Estados Unidos.

     Dentro de las tres o cuatro décadas pasadas, los judíos se han elevado al status de élite en Estados Unidos, desplazando totalmente a la tradicional élite WASP (Blanca Protestante y Anglo-Sajona) que solía dirigir el país. Su infiltración de los puestos más altos de cada institución estadounidense, su extrema sobre-representación en cada profesión, su control del gobierno, su control de la banca y las finanzas, su control de los medios informativos y de entretenimiento, su sobre-representación en las universidades, es aún más omnipresente en EE.UU. hoy que en la Alemania de Weimar. Por ejemplo, de las ocho Universidades de la Liga Ivy [las más tradicionales] en Estados Unidos, seis tienen presidentes judíos.

     Pero a diferencia de la élite WASP a la que ellos han desplazado, los judíos han llegado a ser lo que el profesor Kevin McDonald, en su trilogía de libros sobre la cultura judía, llama una "élite hostil". La antigua élite WASP nunca perdió su sentido de que Nobleza Obliga hacia la gente común de Estados Unidos. Ellos eran, después de todo, de la misma religión y del mismo origen étnico, y tenían un sentido de responsabilidad por el bienestar general de todos sus conciudadanos. Nuestra nueva élite judía es diferente. Ellos no sienten ninguna identidad con los estadounidenses corrientes, sólo desdén, y ellos se preocupan sólo de "lo que es bueno para los judíos".

     Esta nueva élite judía no sólo no tiene ninguna empatía con la tradicional mayoría europea de Estados Unidos sino que ellos trabajan activamente para debilitarla. Según E. Michael Jones, en su libro "El Espíritu Revolucionario Judío y Su Impacto en la Historia Mundial" de 2008, los judíos han estado detrás de cada uno de los movimientos anti-Blancos y anti-cristianos en este país, sobre todo desde principios de los años '60. La NAACP (National Association for the Advancement of Colored People) fue fundada por judíos. El Movimiento por los Derechos Civiles fue organizado y promovido por judíos. Lo mismo la Revolución Sexual, el Movimiento Hippie, el Movimiento Feminista, la promoción de los derechos homosexuales, el "matrimonio" del mismo sexo, el movimiento por la separación de Iglesia y Estado (un ataque contra el cristianismo), y sobre todo el movimiento Multiculturalista.

     Fueron los judíos los que lograron cambiar nuestra ley de inmigración en 1965 que entonces abrió nuestras puertas a muchedumbres de inmigrantes no-Blancos y no cristianos. Esa nueva política de inmigración presagia la perdición del Estados Unidos tradicional que conocimos. Ha sido proyectado que la mayoría Blanca de Estados Unidos quedará reducida al status de minoría dentro de dos o tres décadas. Este cambio demográfico cambiará completamente el carácter de este país, y no para mejor. Además, los judíos han hecho exactamente lo mismo a Europa, de modo que la demografía de Europa está siendo drásticamente cambiada también. Se considera que debilitar a las mayorías controladoras y promover el multi-culturalismo es "bueno para los judíos". Dividir y conquistar, como se dice.

     Mientras todos los diferentes grupos étnicos y religiosos ahora residentes en Estados Unidos riñen entre nosotros, nuestra nueva élite judía usa su poder para promover los intereses de Israel y de la Judería Internacional.

     Los 5,2 millones de judíos en Estados Unidos, y los 5,8 millones de judíos en Israel confabulan juntos para manipular y controlar la gran potencia y la riqueza de Estados Unidos y dirigirla para beneficio de la Judería Internacional y la nación de Israel. El dinero y la tecnología estadounidenses han sido usados para construír una de las fuerzas militares más poderosas en el mundo en el diminuto Israel. Trabajando por medio de sus congéneres judíos que controlan al gobierno estadounidense, Israel prácticamente dicta nuestra política exterior, sobre todo en Oriente Medio, y el Ejército estadounidense está siendo usado como un ejército delegado del diminuto Estado de Israel, a fin de conseguir sus objetivos de política exterior. Además, enormes sumas de dinero son continuamente sacadas con sifón de los contribuyentes estadounidenses, sin su consentimiento, y canalizadas hacia Israel. Una parte de aquel dinero es devuelta después a Estados Unidos para financiar las campañas de políticos que obedientemente cumplen sus órdenes, asegurando así que el ciclo de dinero continúe con toda su intensidad.

     Por estos medios, y otros, el judío AIPAC (Comité Estadounidense de Asuntos de Públicos de Israel) controla totalmente al gobierno estadounidense, tanto el Congreso como el Poder ejecutivo, y la industria de noticias y entretenimiento dominada por los judíos controla a la opinión pública estadounidense. Aunque los judíos afirmen ser sólo víctimas perpetuas, bajo una amenaza constante de persecución e incluso exterminio por parte de sus poblaciones anfitrionas Gentiles, ellos fueron, de hecho, los ganadores indiscutibles de la Segunda Guerra Mundial, y han cosechado todas las recompensas de aquella victoria. Ellos ahora gobiernan en todas partes.


* * * *

     La Unión Soviética dominada por los judíos no podía haber derrotado a Alemania sin ayuda, pero entonces uno debe comprender que la guerra no fue sólo una guerra entre Alemania y la Unión Soviética; fue una guerra entre Alemania y la Judería Internacional. La Unión Soviética era sólo un componente de aquella guerra. Poderosos judíos en Estados Unidos y Gran Bretaña arrastraron a ambos países a la guerra del lado de la Unión Soviética. Alemania, por supuesto, no podía resistir esa aplastante combinación de fuerzas organizada contra ella, y por ello Alemania fue destruída.

     La sabiduría convencional todavía parece incapaz de comprender que la destrucción de Alemania fue un desastre para Occidente. Alemania siempre ha sido un componente integral de la civilización occidental y cristiana, el corazón mismo del viejo Sacro Imperio Romano, que formó el fundamento de la moderna Europa. Aliándonos con la Unión Soviética y el comunismo internacional judío contra la occidental y cristiana Alemania, Estados Unidos y Gran Bretaña provocaron el suicidio virtual de Occidente. Adolf Hitler, el campeón de la civilización occidental y cristiana y el hombre más responsable de impedir un apoderamiento completo de Europa por el comunismo conducido por los judíos durante el período de entreguerras, fue conducido al suicidio, y la gran promesa de Europa bajo el liderazgo de Hitler y Alemania murió con ellos.

     Las consecuencias de la guerra fueron inmensas. Dos mil años de arte, arquitectura, cultura y ciencia acumulados subieron convertidos en humo mientras el corazón y el alma de Europa fueron destruídos por la guerra. La economía europea fue llevada a la bancarrota. Los sobrevivientes de la guerra pasaron hambre hasta la muerte por millones. El Imperio británico se derrumbó. La mitad de lo que quedó de Europa cayó bajo el control de la judía y comunista Unión Soviética. Una larga Guerra Fría entre Este y Oeste siguió entonces. A consecuencia de la guerra, el camino de la Civilización Occidental fue cambiado de uno de posibilidades ilimitadas a uno de decadencia inexorable.

     A comienzos del siglo XX la raza blanca dominaba el mundo. La Primera Guerra Mundial dio a la Civilización Occidental un golpe mortal, aunque Europa pudiera haberse repuesto de ello. Pero hoy, aproximadamente 65 años después de la devastadora Segunda Guerra Mundial, una guerra que podría haber sido fácilmente evitada, la raza blanca europea afronta el peligro de su eventual extinción. Su índice de natalidad ahora se cierne debajo del nivel de mantenimiento demográfico, mientras las reservas de inmigrantes no-Blancos y no cristianos pululan por todos lados —tanto en Europa como en Estados Unidos— contaminando, diluyendo, dividiendo y "balcanizando" nuestras poblaciones alguna vez homogéneas, hasta el punto de que el proceso ahora parece irreversible.

     Si "Demografía es destino", entonces el destino de Occidente está en una decadencia inexorable, mientras la fortuna de la Judería Internacional está en ascenso. La llamada "buena" guerra ha resultado en un final muy "malo" para Occidente. Incluso Churchill finalmente reconoció el gran error de Gran Bretaña y Estados Unidos al ponerse del lado de la Unión Soviética contra Alemania. En un discurso mucho después de la guerra, él dijo: "Matamos al cerdo equivocado".–





Capítulo 21
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