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jueves, 20 de abril de 2017

Matt Koehl - El Futuro Llama



     En el sitio theneworder.org que mantuviera el líder NS estadounidense Matt Koehl hasta su muerte en 2014 está publicado el siguiente breve texto que hemos traducido, que es una transcripción de un mensaje radial (The Future Calls) del propio Matt Koehl del 16 de Abril de 1972. Lo suyo es un homenaje, y lo nuestro también, esta vez un recuerdo de que hace 128 años en esta fecha nació el héroe y líder Adolf Hitler, cuya figura y obra tienen un lugar preeminente en muchas almas y en el tiempo futuro.


EL FUTURO LLAMA
por Matt Koehl, 1972



     El 20 de Abril de 1889 nació en el pequeño pueblo austríaco de Braunau-am-Inn un niño. Con su llegada a esta Tierra comenzó una nueva Era en la Historia de la Humanidad. Porque él fue mucho más que sólo otro hombre.

     A un mundo que había perdido el sentido de la dirección, él vino a mostrar el Camino.

     A un mundo de decadencia y falsos valores, él vino a proclamar grandes verdades eternas.

     A un mundo vuelto cínico y materialista, él vino a traer un nuevo nacimiento de radiante idealismo.

     A un mundo al borde del abismo, él vino a ofrecer esperanza y salvación para una raza entera.

* * * *

     Hijo de gente sencilla, este extraordinario individuo se alzó contra toda probabilidad en contra y adversidad para convertirse en el líder de su pueblo.

     Winston Churchill lo describió una vez de la siguiente manera:

     "Mientras todas esas formidables transformaciones estaban ocurriendo en Europa, el cabo Hitler estaba luchando su larga y agotadora batalla para conquistar los corazones de los alemanes. La historia de esa lucha no puede ser leída sin sentir admiración por el coraje, la perseverancia y la fuerza vital que le permitieron confrontar, desafiar y vencer a todas las autoridades o resistencias que obstruían su camino. Él y las siempre crecientes legiones que trabajaron con él ciertamente mostraron en aquel tiempo, con su patriótico ardor y amor a la Patria, que no había nada a lo que ellos no se atrevieran, ningún sacrificio de la vida, de la integridad corporal o de la libertad que ellos no hicieran o infligieran sobre sus oponentes" (Revista Strand, Nov. de 1935 [1]).


     En otra ocasión, Churchill dijo de este hombre notable:

     "Siempre he dicho que si Gran Bretaña fuera derrotada en la guerra yo esperaría que encontráramos un Hitler que restableciera nuestro coraje y que nos llevara de vuelta hacia nuestro justo lugar entre las naciones" (The London Times, 7 de Nov. de 1938).

     Sin embargo, considerar a este hombre solamente como un patriota en el sentido convencional, sería equivocado. Porque él fue infinitamente mucho más que eso. Él fue enviado a este mundo con un mensaje, no sólo para sus compatriotas sino para los pueblos de todas las naciones occidentales.

     Desafortunadamente, su mensaje fue rechazado. A través de una frenética campaña de odio y mentiras, aquellos intereses foráneos que dominan nuestro mundo occidental consiguieron que los Pueblos se volvieran en contra de este hombre y su mensaje.

     Nunca en los pasados 2.000 años ha habido un hombre más odiado, más calumniado, más difamado, más injuriado y ensuciado que él.

     Al igual que los primeros cristianos, sus seguidores han sido perseguidos, exiliados, cazados, cruelmente torturados y condenados a muerte.

     El hombre del que hablo se llama ADOLF HITLER.

* * * *

     Nosotros fuimos a la guerra contra ese hombre. Permitimos ser engañados por todas las mentiras que sus enemigos decían acerca de él.

     Y no sólo perdimos casi medio millón de hombres como resultado de esa pecaminosa maldad, sino que en nuestro odio ciego contra Adolf Hitler logramos hacer del mundo un lugar seguro para el comunismo, entregando en el proceso a media Europa y toda Asia a los sangrientos carniceros Rojos.

     Hoy, una generación más tarde, en las selvas abandonadas por Dios del Sudeste asiático todavía estamos pagando el terrible precio por haber emprendido la guerra contra Adolf Hitler y nuestros hermanos arios de Europa. Todas nuestras presentes desgracias e infelicidad como nación, en efecto, pueden ser remontadas directa o indirectamente a nuestra tentativa de destruír a ese hombre y la maravillosa nueva idea que él proclamó.

     La decadencia de los valores morales y espirituales, el rompimiento de la vida familiar, la epidémica adición a las drogas, el aumento explosivo de la criminalidad, la agitación social, la inestabilidad económica y el desorden racial, todos estos serios problemas nacionales que presenciamos hoy son una consecuencia de que hayamos participado en una guerra contra Adolf Hitler.

     Mucha gente se pregunta por qué cosas tales como el "busing" y la integración [2] están siendo forzadas sobre ellos hoy. Poco comprenden ellos realmente que las fuerzas que están detrás de esta última locura genocida son las mismas que nos hicieron entrar en la Segunda Guerra Mundial. Porque los enemigos de Adolf Hitler son exactamente los mismos a quienes debemos enfrentar ahora, en nuestros vecindarios, en nuestras escuelas, en nuestros lugares de trabajo, en nuestra sociedad y gobierno.

[2] El busing es una medida demencial impuesta desde el nivel federal que consiste en la obligación de que los niños Blancos y negros viajen en conjunto en los autobuses escolares, y específicamente de que niños Blancos estudien en escuelas fuera de sus ámbitos residenciales para "lograr un equilibrio racial" en aquellas escuelas, teniendo que exponerse a una no disimulada agresividad de parte de los no-Blancos. NdelT.

     Si en lugar de haber hecho la guerra contra Adolf Hitler hubiéramos seguido sus enseñanzas y su ejemplo, Estados Unidos jamás habría conocido una guerra contra Corea o Vietnam. Nuestro país no se vería enfrentado ahora a un explosivo problema racial. No estaríamos enfrentados a una desintegración social y cultural. No estaríamos sufriendo una decadencia moral y espiritual.

     Pero el hecho es que nosotros fuimos a la guerra. Y por causa de eso estamos hoy pagando el precio de nuestra conducta descarriada. Y debemos estar preparados para aceptar totalmente las consecuencias de aquel impío acto, hasta que estemos listos para redimirnos tomando la generosa mano salvadora de la Raza de aquel mismo hombre al que quisimos destruír.

     Mientras no aceptemos las inmortales enseñanzas de Adolf Hitler estamos condenados como nación. Mientras no reunamos la valentía moral para reconocer que él tenía razón y nosotros estábamos equivocados, no habrá esperanza para nosotros.

     Porque hay una ley de hierro de causa y efecto, de equidad eterna, que no permite que la transgresión de las leyes de la Naturaleza quede impune.

* * * *

     En su gran libro Adolf Hitler escribió:

     "La mayor sabiduría consiste siempre en el entendimiento de las causas instintivas; es decir, un hombre nunca debe caer en la locura de creer que él realmente ha ascendido para ser el amo y señor de la Naturaleza, lo cual es muy fácilmente inducido a creer por la vanidad de nuestra semi-educación, sino que debe entender la necesidad fundamental del gobierno de la Naturaleza, y comprender cuánto su existencia está sujeta a esas leyes de combate eterno y lucha hacia arriba. Entonces él comprenderá que, en un universo donde los planetas giran en torno a soles, y las lunas se mueven alrededor de planetas, donde sólo la fuerza por siempre domina a la debilidad, obligándola a ser un obediente sirviente o aplastándola, no pueden existir leyes especiales para el hombre. Para él, también, los principios eternos de esta sabiduría suprema tienen una influencia dominante. Él puede tratar de comprenderlos, pero escapar de ellos, nunca" (Mi Lucha, I, 10).

     De este modo, vemos que el Nacionalsocialismo, la doctrina que Adolf Hitler entregó al mundo, está basada antes que nada en un profundo respeto y veneración por las leyes de la Naturaleza, reconociendo que el hombre mismo es parte integrante de ese orden natural y que está sujeto a las mismas leyes.

     Una conocida escritora nacionalsocialista [Savitri Devi] ha sostenido:

     «...En su esencia, la Idea nacionalsocialista excede no sólo a Alemania y a nuestro tiempo sino a la raza aria y a la propia Humanidad y a cualquier época; dicha idea al final expresa aquella misteriosa e infalible Sabiduría de acuerdo a la cual la Naturaleza vive y crea: la Sabiduría impersonal de los bosques primitivos y de las profundidades del océano y de las esferas en las oscuras zonas del espacio; y es gloria de Adolf Hitler no solamente haber ido de vuelta hacia aquella Sabiduría divina –estimagtizando la tonta infatuación por el "intelecto", su infantil orgullo por el "progreso" y su criminal intento de esclavizar a la Naturaleza– sino haber hecho de ella la base de una política de regeneración práctica de alcance mundial, precisamente ahora, en nuestro sobrepoblado, sobrecivilizado y técnicamente sobreevolucionado mundo, al final mismo de la Época Oscura» (Savitri Devi, El Relámpago y el Sol, cap. XIII).

     En consecuencia, el Nacionalsocialismo rechaza el materialismo tanto del comunismo como del capitalismo. Declara que la calidad de nuestros recursos humanos es más importante que la cantidad de nuestro dinero y nuestros bienes.

     Creemos que un hombre honesto nunca puede ser feliz en una lucha desatada para conseguir ganancias y comodidades sin que llegue a ser parte de algo mucho más grande que él mismo y por lo cual él está dispuesto a sacrificar sus intereses personales y su propia vida, si fuese necesario. Ese algo más grande –a saber, la propia comunidad racial– proporciona el contexto natural dentro del cual la vida del individuo es capaz de asumir un real significado y proposito en esta Tierra.

     A ese concepto nosotros lo llamamos Idealismo Racial, y permanece en el centro de la doctrina nacionalsocialista.

     Hoy, cuando mal disfrazados intentos de genocidio están siendo dirigidos contra la población Blanca de Estados Unidos bajo la eufemistica etiqueta de "integración", el mensaje de Adolf Hitler asume una nueva relevancia. Reconociendo la santidad de los valores raciales, él ha declarado de manera simple:

     "El pecado contra la sangre y la profanación de la raza constituye el pecado original en este mundo y el final de la Humanidad que se rinde ante ello" (Mi Lucha, I, 10).

     "Existe sólo un derecho humano que es el más sagrado, y ese derecho es al mismo tiempo la más sagrada obligación, a saber, preocuparse de que la sangre se conserve pura y, preservando la mejor Humanidad, crear la posibilidad de un desarrollo más noble de esos seres" (Mi Lucha, II, 2).

     "En el Estado Nacionalsocialista, la cosmovisión racialista debe finalmente lograr dar origen a aquella noble edad en la cual los hombres ya no están preocupados de criar perros, caballos y gatos, sino de elevar al hombre mismo" (Mi Lucha, II, 2).

     Después, refiriéndose a los elementos del Antiguo Orden, Adolf Hitler sigue diciendo:

     «Por supuesto, el miserable ejército de comerciantes de nuestros días nunca entenderá esto. Ellos se reirán de ello o encogerán sus encorvados hombros y se quejarán con su eterna excusa: "Eso sería muy agradable en sí, por supuesto, ¡pero no se puede hacer!". En verdad, eso ya no se puede hacer con ustedes; vuestro mundo no es adecuado para ello. Ustedes conocen solamente una preocupación: vuestra vida personal; y un solo dios: ¡vuestro dinero! Pero no nos estamos dirigiendo a ustedes sino al gran ejército de aquellos que son tan pobres que su vida personal no puede significar la más alta felicidad en este mundo, a aquellos que no ven en el oro el principio rector de su existencia, sino en otros dioses.

     «Puede ser que hoy el oro se haya convertido en el exclusivo gobernante de la vida, pero llegará el día en que el hombre se inclinará ante un dios superior» (Mi Lucha, II, 2).

     Adolf Hitler sabía que su doctrina se encontraría con el desprecio y el ridiculo, y advirtió a sus seguidores con estas palabras:

     "Nosotros los nacionalsocialistas sabemos que con esta concepción permaneceremos como revolucionarios ante el mundo de hoy y somos también etiquetados como tales. Pero nuestros pensamientos y acciones no deben de ninguna manera estar determinados por la aprobación o desaprobación de nuestro tiempo sino por la imperativa obligación hacia una verdad que hemos reconocido" (Mi Lucha, II, 2).

     Muchos de nuestros hermanos y hermanas Blancos han sido llevados a creer que Adolf Hitler fue alguna especie de monstruo, con una patológica sed de guerra y derramamiento de sangre. En su libro, Mi Lucha, él revela sus verdaderos sentimientos acerca de sus parientes raciales:

     "Y nuevamente el movimiento nacionalsocialista tiene la más poderosa tarea que cumplir: debe abrir los ojos del pueblo en cuanto a las naciones extranjeras, y debe recordarles una y otra vez acerca del verdadero enemigo de nuestro mundo actual. En lugar del odio contra los arios –de quienes casi todo puede separarnos, pero con quienes estamos sin embargo ligados por una sangre común o por la gran línea de una cultura emparentada– debe convocar la ira universal contra el corrupto enemigo de la Humanidad como verdadero causante de nuestro sufrimiento.

     "Debe asegurarse de que en nuestro país, al menos, el enemigo mortal sea reconocido y que la lucha contra él se convierta en un reluciente símbolo de un tiempo más brillante, para mostrar a otras naciones el camino para la salvación de una combatida Humanidad aria" (Mi Lucha, II, 13).

* * * *

     Hoy día mucha gente piensa que Adolf Hitler está muerto y destruído, que él fue un fracaso. Bien, mucha gente creyó lo mismo de otra gran figura después de su crucifixión, hace 2.000 años.

     No, Adolf Hitler no fue un fracaso. Porque él ha cambiado el curso de la Historia para todos los tiempos venideros.

     Con su poderosa doctrina, él nos ha dado los medios para la salvación de nuestra raza. Mediante su esfuerzo sobrehumano, él nos ha proporcionado la inspiración heroica necesaria en esta hora crucial de la Humanidad aria.

     Adolf Hitler luchó y murió para que el hombre ario pudiera vivir. Haciendo el supremo sacrificio, derramando la sangre de su propia vida, él ha asegurado a nuestra raza un glorioso futuro.

     Pero es responsabilidad nuestra comprender su mensaje salvador de la raza. Debemos mostrarnos merecedores de aquel futuro mediante el reconocimiento del inmortal hombre de Braunau.

     En su gran libro, Adolf Hitler ha declarado:

     "Cuando los corazones humanos se rompen y las almas humanas desesperan, entonces desde el crepúsculo del pasado los grandes vencedores de la aflicción y la preocupación, de la vergüenza y la miseria, de la esclavitud espiritual y de la coerción física, miran a los desesperados mortales y les extienden sus eternas manos. ¡Ay de la gente que se avergüence de tomar dichas manos!" (Mi Lucha, I, 2).

     Hoy, la poderosa mano de Adolf Hitler está extendida para cada hombre Blanco que ama su raza y quiere ver un gran Orden Nuevo en esta Tierra.

* * * *

     Mucha gente sostiene que Adolf Hitler está muerto. Pero ¿lo está realmente? Nadie conoció su destino mejor que el propio Líder. En 1945, en medio de las llameantes ruinas de Berlín, él pronunció estas proféticas palabras:

     "Es necesario que yo muera por mi pueblo; pero mi espíritu ascenderá desde la tumba y el mundo sabrá que yo tenía razón" [3].

[3] Sólo en el sitio Stormfront.org hemos encontrado una alusión al origen de esta cita. Se publicó allí en Julio de 2003 una aclaración que dice que «Dicha "cita" era sólo un texto para una ilustración de la revista nacionalsocialista sueca Nordisk Kamp de los años '50 ó '60. El hombre que escribió esas palabras fue Göran A. Oredsson, fundador y líder del partido NS sueco Nordiska Rikspartiet. Dicha "cita" se ha difundido por el mundo, pero no mucha gente conoce su real fuente. A menudo se dice que Hitler pronunció esas palabras justo antes de morir, pero no es verdad». NdelT.

     No. Adolf Hitler no está muerto. Porque su espíritu inmortal trasciende las barreras del tiempo y del espacio.

     La razón por la que sigo a Adolf Hitler, la razón por la que cada nacionalsocialista sigue a Adolf Hitler, no es porque él vivió, sino porque él vive.

     Y cuando sus detractores dicen que está muerto y acabado, entonces podemos replicar con la calmada seguridad de aquel camarada prisionero que declaró su creencia de manera muy simple:

     "HITLER", dijo él, "ES EL FUTURO".–



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