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sábado, 29 de abril de 2017

Mark Collett - El Corazón Occidental y el Individualismo



     En esta tercera entrada relacionada, presentamos aquí en castellano dos capítulos más (17 y 18) del libro de 2017 del político británico Mark Collett The Fall of Western Man. Habla aquí el autor acerca de la deliberada destrucción del ánimo y el espíritu del hombre occidental, y del surgimiento del culto al individualismo, actitud que impide la reunión de los elementos dispersados de la sociedad.


La Caída del Hombre Occidental (3 de 4)
por Mark Collett
Enero de 2017



Capítulo 17
La PÉRDIDA del CORAZÓN OCCIDENTAL


     El corazón occidental no es sólo el amor del hombre occidental por su familia y su pueblo, sino que abarca algo mucho más importante. El corazón occidental proviene del amor del hombre occidental por su gente y es lo que lo lleva a proteger a aquella gente a toda costa. El corazón occidental puede ser resumido muy simplemente como el coraje y la valentía del hombre occidental, que son los rasgos que le permiten dar ese paso adelante cuando es necesario para defender su sangre y su suelo. El corazón occidental ha sido un importante factor contribuyente en el desarrollo de la civilización occidental.

     Los libros de Historia están llenos de los cuentos del corazón, valentía y coraje occidental. Esa valentía y coraje permitieron que el hombre occidental se mantuviera fuerte incluso ante aplastantes probabilidades en contra; permitieron que el hombre occidental emprendiera grandes desafíos aun cuando el riesgo de fracaso o muerte era alto, y aseguraron que el hombre occidental protegiera a sus seres queridos y su comunidad a cualquier costo. El corazón occidental era el corazón de un guerrero, un explorador y un pionero. El corazón occidental llevó adelante la civilización occidental y protegió aquella civilización de aquellos que deseaban destruírla.

     Hay muchos ejemplos del corazón occidental en todas partes de la ilustre historia de la civilización occidental, e incluso en la más antigua Historia registrada pueden ser vistos esos actos de coraje. La batalla de las Termópilas es un ejemplo perfecto. Trescientos valientes guerreros espartanos y un pequeño grupo de aliados fueron inmensamente superados en número por el ejército persa, y sin embargo a pesar de las probabilidades fuertemente acumuladas contra ellos, el coraje y la valentía de los espartanos pasó a la Historia cuando ellos rompieron el espíritu de los invasores persas. A pesar de que los espartanos al final perecieron, sus acciones compraron para las naciones griegas el suficiente tiempo para reunirse y derrotar finalmente al Imperio persa.

     La Batalla de Viena es otro gran ejemplo de la valentía y el coraje occidental. Nuevamente el hombre occidental se encontró superado en número de cinco a uno por las enormes fuerzas del Imperio otomano. Esa batalla fue decisiva y marcó un punto trascendente en las guerras entre los Habsburgo y los otomanos, una lucha de trescientos años entre el Sacro Imperio Romano y el otomano. Esa gran victoria condujo al colapso de la ocupación turca de Europa del Este y permitió al hombre occidental recobrar el control de su patria.

     Otro buen ejemplo del corazón occidental fue visto en la batalla de Rorke's Drift, en Sudáfrica. Sólo poco más de 150 soldados británicos y coloniales defendieron con éxito la guarnición en la estación misionera en Rorke's Drift contra un asalto intenso de parte de 3.000 a 4.000 guerreros zulúes. Nuevamente, el hombre occidental estaba inmensamente superado en número y a pesar de todo se mantuvo firme ante probabilidades aplastantes y lo que habría parecido un destino de una muerte cierta.

     Esas valerosas acciones —y muchas más como ésas— le dieron forma a Occidente y dejaron al resto del mundo con temor por la valentía y coraje del hombre occidental. El factor común en esos actos de valentía era que los hombres que se mantuvieron firmes enfrentaban la muerte casi cierta a manos de sus enemigos. Las probabilidades estaban apiladas tan pesadamente contra ellos que el fracaso parecía casi seguro, y sin embargo incluso ante la derrota y la muerte el hombre occidental se mantuvo fuerte y miró a su enemigo a los ojos y lo combatió sin considerar nada más.

     Esos actos de bravura son la encarnación del corazón occidental, y la motivación para dichos actos deriva del amor que el hombre occidental siente por aquellos que él protege y de su deber hacia su comunidad. Tal era el compromiso del hombre occidental con su comunidad y prójimos, que dar vuelta y huír y dejar el campo de combate habría sido impensable: el hombre occidental más bien se quedaría y lucharía hasta la muerte que defraudar a sus camaradas y su comunidad. El corazón occidental es, repetimos, el producto de un desarrollado Superyó. En este caso el Superyó es tan fuerte que no sólo anula el Ello sino que realmente anula al Yo también, poniendo al individuo en peligro mortal. Esto ilustra la fuerza del Superyó y la fuerza del compromiso que el hombre occidental tuvo una vez con su comunidad.

     El corazón occidental es algo que siempre se ha interpuesto en el camino de los enemigos de Occidente. El corazón occidental ha galvanizado al hombre occidental y ha asegurado que él siempre se haya levantado y peleara por lo que era correcto, por la defensa de sus seres queridos, su comunidad y su nación. Los enemigos de Ocidente saben que romper el corazón occidental, para remover aquella valentía y coraje que ha visto a Occidente enfrentar tantas invasiones y amenazas, sería romper el acero interior del hombre occidental y privarlo de la capacidad de proteger a su gente.

     Los enemigos de Occidente han tramado el más tortuoso de los planes a fin de romper el corazón occidental. Al igual que muchos de sus otros complots, este esquema comienza con su cuidadoso uso de los medios de comunicación y la promoción de malos modelos a imitar que están diseñados para distorsionar la mente occidental. Una vez que la mente occidental sea sometida los enemigos de Occidente pueden manipular todas las facetas del hombre occidental. Así es exactamente cómo los enemigos de Occidente han procurado debilitar el corazón occidental, y este ataque pueden ser resumido en dos palabras: culpa Blanca.

     Hacer que una raza o cultura se odie a sí misma sería el modo más poderoso de asegurar su destrucción ya que eso la privaría de su capacidad de defenderse e incluso haría que aquella raza o cultura deseara su propia destrucción. Ese sentimiento de auto-odio ha sido infundido al hombre occidental por medio de una prolongada y sostenida campaña de mentiras y verdades a medias destinada a hacer que el hombre occidental se sienta culpable por todo lo que él ha llevado a cabo, todo lo que él es y al final por siquiera simplemente existir.

     Aquellos que controlan los medios de comunicación y aquellos que han socavado y secuestrado el sistema de educación han introducido lentamente esa culpa y auto-aborrecimiento en casi cada nivel de la conciencia occidental. Eso ha sido hecho mediante varios ataques altamente eficaces que han provenido de retorcidas descripciones de la esclavitud, el pasado colonial de Occidente y por supuesto el Santo Grial de la culpa y el auto-aborrecimiento: el "Holocausto".

     Al volver a escribir la Historia o presentar fotos históricas en una manera donde ellas ya no son vistas dentro del contexto o la perspectiva correctos, los enemigos de Occidente han logrado asegurar que generaciones de jóvenes occidentales desprecien activamente a sus propios antepasados. Ése es por supuesto un ataque contra el Superyó, ya que el Superyó es un modo de conservar la moral, los valores y las tradiciones y de asegurar que éstos sean transmitidos de generación en generación. Al hacer que los jóvenes desconfíen o desprecien a sus propios ancestros se asegura la muerte de la tradición y la herencia, ya que ¿quién querría seguir los pasos de aquellos a los que odia?.

     La esclavitud es el primer y más obvio ataque contra el corazón occidental y algo por lo cual a cada niño occidental se le hace sentirse culpable. Antes de que entremos en algún detalle histórico, y en un nivel puramente lógico, ¿por qué debería un hombre occidental sentirse culpable por la esclavitud? No hay ningún hombre occidental vivo que posea un esclavo africano; igualmente no hay ningún africano vivo que pertenezca o que alguna vez haya pertenecido a un hombre occidental. Entonces, ¿por qué demonios debería el hombre occidental sentir culpa por algo en lo cual él personalmente no jugó ningún papel?; ¿o debería el hijo pagar por los pecados de su padre?.

     De manera bastante extraña, aquellos que insisten en que el hombre occidental debiera pagar por los pecados de sus antepasados, tanto mediante reparaciones financieras como asumiendo la carga de la culpa eterna, ¡son la misma gente que le dice al hombre occidental que estar orgulloso de los logros positivos de sus antepasados es inútil e ilógico! Así, mientras el hombre occidental no puede mostrar ningún orgullo por los logros de sus ancestros, él puede ciertamente sentir culpa y vergüenza por sus presuntos crímenes. Los presuntos crímenes, sin embargo, son exactamente el punto, ya que los actos de que se acusa al hombre occidental haber perpetrado, a menudo son completamente distorsionados o tan sacados de contexto que su descripción limita con la ficción. La esclavitud es un claro ejemplo. La narrativa establecida acerca de la esclavitud es que el malvado hombre occidental fue al pacífico continente de África y acorraló a cada africano feliz y amante de la paz que pudo encontrar y los forzó a una vida de esclavitud brutal.

     Es en efecto verdadero que una diminuta minoría de la sociedad occidental tuvo esclavos africanos; sin embargo, sacar eso de su contexto histórico es comenzar una mentira peligrosa que sólo conduce a la culpa Blanca y al auto-odio occidental. De hecho en Estados Unidos en el auge de la trata de esclavos sólo el 1,6% de la población poseía esclavos. La esclavitud ha existido desde el principio de la Historia registrada y cada grupo racial o étnico en algún momento ha poseído esclavos o ha sido esclavizado. La esclavitud existió en tiempos bíblicos, en la antigua Mesopotamia, en el Egipto antiguo, en Roma y a lo largo de la Edad Media.

     Tanto esclavos como comerciantes de esclavos han sido muy variados, y los esclavos eran a menudo el producto de la guerra: una tribu conquistada a menudo sería esclavizada por aquellos que la conquistaron, haciendo en efecto a los esclavos un botín de guerra. ¿Hace eso correcta la esclavitud? Por supuesto que no. Pero esto coloca realmente a la esclavitud en el contexto correcto e históricamente exacto como un fenómeno social que existió a una escala global y no como los enemigos de Occidente desean retratarla. Europeos, africanos, asiáticos, árabes y asiáticos del Este han poseído todos en algún momento esclavos, y sin embargo es el europeo el que es golpeado con el palo de la culpa por su participación en el comercio de esclavos.

     Lo que es incluso más contradictorio sobre la verdad establecida acerca de la esclavitud y la trata de esclavos es que fue William Wilberforce, un político y filántropo inglés, quien condujo el movimiento para hacer abolir la esclavitud. Fue el hombre occidental el que abolió la esclavitud y fue el hombre occidental el que invirtió dinero, recursos y tropas para asegurar que la práctica de la esclavitud fuera combatida a escala global.

     A pesar del noble acto del hombre occidental de oponerse a la esclavitud y emancipar a los esclavos poseídos por aquellos que vivían en las naciones occidentales, la esclavitud todavía existe hoy. La esclavitud moderna es una industria de miles de millones de dólares, con expertos que estiman que hasta 35.000 millones de dólares son generados anualmente por dicho comercio. Naciones Unidas estima que aproximadamente 27 a 30 millones de hombres, mujeres y niños están atrapados actualmente en la moderna trata de esclavos. Esos esclavos están en su inmensa mayoría localizados en el Tercer Mundo o en naciones en desarrollo, no en las naciones occidentales; pero los enemigos de Occidente nos dicen que es el hombre occidental el que debería sentirse culpable por la esclavitud.

     Este mismo tema es ampliado para incluír la culpa por el pasado colonial del hombre occidental. Debido a la naturaleza del hombre occidental y al hecho de que él fue tanto un pionero como un explorador, fue natural que durante la exploración el hombre occidental formara colonias a través del mundo. El hombre occidental colonizó África, Asia y las Américas, y llevó la civilización avanzada a aquellos continentes. Cuando el hombre occidental colonizó tierras extranjeras, él cultivó sus llanuras, pescó en sus aguas y extrajo sus recursos.

     La historia de la colonización ha sido distorsionada y sacada de contexto de un modo similar a la narrativa acerca de la esclavitud, el efecto de lo cual es crear una historia "en blanco y negro" del hombre occidental despojando tierras extranjeras y robando los recursos y el destino de la gente nativa que fue injustamente desposeída de su patrimonio. Sin embargo pintar aquel cuadro sería deshonesto y engañoso, puesto que el hombre occidental dio mucho más que lo que él tomó cuando colonizó otros países.

     El hombre occidental compartió su gran tecnología con cada nación que colonizó y usó aquella tecnología para mejorar las vidas de la gente nativa. El hombre occidental construyó escuelas, hospitales e infraestructura. El hombre occidental dio a esos países asistencia médica, agua potable limpia y técnicas de higiene. El hombre occidental introdujo el lenguaje escrito, el automóvil y métodos para cultivar la tierra que aumentaron inmensamente la producción de las cosechas de los nativos. Todas esas maravillas tecnológicas mejoraron la vida de la gente nativa y ayudaron a desarrollar sus países. El hombre occidental tomó realmente recursos de los lugares que él colonizó, pero él devolvió tanto como lo que alguna vez tomó, si no más.

     Sin embargo, cuando los enemigos de Occidente hablan de colonización, ellos no hablan de los mejoramientos e invenciones que el hombre occidental dio al mundo, ya que eso haría que la juventud occidental de hoy se sintiese orgullosa de sus antepasados; los enemigos de Occidente hablan sólo de lo que el hombre occidental tomó. A las generaciones más jóvenes se les enseña que sus ancestros no eran mejores que matones y ladrones comunes que robaron la riqueza de gente pacífica que no fue capaz de defenderse contra el poderío colonial occidental. Otra vez eso le enseña al hombre occidental a sentir culpa y vergüenza por las acciones de sus antepasados y finalmente a despreciar su propio linaje.

     Cuando se trata de la noción de la culpa Blanca, nada es empujado más fuertemente ni hecho más prominente en las mentes de la gente occidental que el "Holocausto". El "Holocausto" es el presunto exterminio de seis millones de judíos a manos del pueblo alemán durante la Segunda Guerra Mundial. El nivel de histeria que rodea al "Holocausto" es tan grande que es actualmente ilegal en muchos países cuestionar cualquier aspecto de su autenticidad.

     El "Holocausto" es enseñado en las escuelas y presentado en los medios de comunicación como el mayor acto de maldad que haya ocurrido alguna vez, y por supuesto, que fue el hombre occidental y su tendencia al nacionalismo lo que hizo que una acción tan mala ocurriera. El "Holocausto" ha sido elevado a un nivel de importancia tan grande que tiene su propio día mundial de conmemoración, y existe una multimillonaria industria para impulsar la narrativa establecida. La industria del "Holocausto" produce en serie películas, libros y programas de televisión de manera regular para asegurar que el "Holocausto" sea constantemente mantenido en la mente colectiva del hombre occidental.

     El "Holocausto" es particularmente importante ya que no sólo es presentado como el acto más malo que haya ocurrido alguna vez, sino que la motivación para ese acto no fue simplemente la avaricia sino la tendencia del hombre occidental al nacionalismo. Así, en esencia la enseñanza que deja esa historia es que el propio amor del hombre occidental por su gente y cultura y su voluntad para la auto-determinación condujo directamente al mayor crimen que haya ocurrido alguna vez en la Historia de la Humanidad. El mensaje comunicado a las futuras generaciones es claro: el hombre occidental no sólo debería sentirse culpable por los crímenes de sus antepasados, sino que la brutalidad y crueldad del hombre occidental se expresa en su peor aspecto cuando él persigue un camino de nacionalismo.

     La pregunta importante que hay que hacer es clara: en un mundo donde cada detalle de la Historia puede ser cuestionado, debatido e investigado, ¿por qué un solo tema histórico debería quedar fuera de los límites para alguna clase de debate o investigación, y por qué aquellos que procuran debatir o investigar aquella cuestión son amenazados con toda la fuerza de la ley y con la pérdida de sus libertades?.

     A menudo se ha dicho que la verdad no teme la investigación. Sin embargo, el "Holocausto" ha sido elevado a un nivel especial de importancia y se ha convertido en una verdad casi incuestionable como si fuera una enseñanza sagrada central para un culto religioso. Como un culto religioso, la industria que rodea al "Holocausto" es tan celosa que cualquiera que se atreva a susurrar siquiera la más ligera duda sobre la autenticidad de cualquier detalle de la narrativa establecida del "Holocausto" es perseguido y atacado hasta ser convertido en un paria y rechazado por el resto de la sociedad.

     El "Holocausto", la esclavitud y el colonialismo han sido usados como palos con los cuales golpear al hombre occidental e inculcar dentro de él un sentido de culpa y auto-odio. Ese auto-odio y culpa son expresados más fácilmente con una sola palabra, una palabra tan poderosa que puede hacer callar a cualquier hombre, terminar cualquier debate y una vez pronunciada contra un hombre puede convertirlo literalmente un paria. Aquella palabra es "racista". La palabra "racista" es tan poderosa que los hombres adultos se acobardan cuando es usada como un arma contra ellos.

     La palabra "racista" es el equivalente moderno de la palabra "bruja". Del mismo modo que la acusación de practicar la brujería podía hacer que un individuo enfrentara una sentencia de muerte, hoy la acusación de ser un "racista" puede hacer que un individuo pierda su trabajo, conducir a su encarcelamiento en prisión y por último dejarlo aislarlo y abandonado como un paria de la sociedad. Pero tal como con la acusación de brujería, hay muy poca defensa que uno pueda usar cuando se es acusado de ser un "racista" aparte de someterse, arrastrarse e implorar de la manera más cobarde.

     La palabra "racista" ha convertido al hombre occidental en una criatura que sólo puede ser comparada con un perro azotado. Al grito de aquella palabra el hombre occidental cae derribado e implora piedad, tal como lo haría un animal abusado. La culpa Blanca, el auto-odio y la palabra "racista" han sido usados para quebrantar el corazón occidental y subyugar la valentía y el coraje occidental a fin de impedir que el hombre occidental se levante en defensa de su propia gente. El hombre occidental está tan intimidado ahora, que no se atreve a hablar claro contra ningún enemigo extranjero o amenaza para su gente por miedo a ser etiquetado como un "racista".

     No hay mejor ejemplo de esto que la ciudad inglesa de Rotherham. Más de 1.400 muchachas occidentales fueron sistemáticamente seducidas, sexualmente agredidas y violadas por hombres musulmanes que eran abrumadoramente de ascendencia extranjera [1]. Veamos esa horrenda serie de actos y examinémoslos con mayor detalle, y averigüemos lo que fue realmente espantoso sobre esos horrendos delitos.

[1] https://en.wikipedia.org/wiki/Rotherham_child_sexual_exploitation_scandal

     ¿Fue verdaderamente sorpresivo que bandas de hombres musulmanes procuraran explotar a muchachas occidentales? La respuesta es no. Cuando miramos el tratamiento dado a las mujeres en los países islámicos —especialmente el tratamiento a las mujeres incrédulas del Islam— el abuso sexual es a menudo común. Más aún, la seducción de muchachas occidentales por hombres musulmanes ha sido conocida aproximadamente ya desde hace una década antes de que el acoso de muchachas en Rotherham provocara titulares en la prensa nacional. Las acciones de esos hombres, si bien aborrecibles, no deberían haber llegado como una sorpresa para nadie.

     ¿Fue verdaderamente sorpresivo que esos actos fueran encubiertos por el establishment local, los políticos y la policía? Nuevamente, la respuesta es no. No es ninguna sorpresa que aquellos motivados por la avaricia —sea avaricia de poder político o de ganancia monetaria— encubrieran actos viles a fin de conseguir un beneficio personal. A través de toda la Historia individuos y grupos poderosos han encubierto la criminalidad y la maldad para conseguir ganancias personales. Los policías y los políticos que jugaron una parte en el encubrimiento de la seducción de jóvenes muchachas en Rotherham son despreciables y deberían haber sido todos juzgados por su complicidad en esos delitos. Pero el hecho de que la policía y el establishment político fueran cómplices en tales delitos no debería impresionar a nadie.

     Lo que es verdaderamente sorpresivo es que la comunidad local cuyas hijas estaban siendo depredadas no hizo nada. El hecho verdaderamente sorprendente que subyace a toda esta lamentable historia es que la comunidad local no hizo nada y permitió que ese repugnante abuso continuara. Los hombres adultos prefirieron mirar en silencio cuando sus hijas les fueron arrebatadas para ser sexualmente abusadas en vez de correr el riesgo de ser llamados "racistas" por hablar claro o contragolpear y defender a sus seres queridos.

     No se equivoque: el aspecto más enfermante del escándalo de Rotherham fue que nadie se enfrentó a lo que estaba sucediendo. La comunidad nunca se reunió para defender a sus hijas. Los padres nunca presentaron una lucha contra los hombres que llamaban a sus hogares después del anochecer con la intención de abusar de sus hijas. Más aún, el pueblo de Rotherham no acudió a la policía ni tampoco ellos colgaron a los políticos que fueron cómplices en el encubrimiento de esos delitos; de hecho, ellos votaron para que aquéllos siguieran en el poder.

     Los descendientes de los hombres que murieron en las Termópilas, que defendieron las Puertas de Viena y que se mantuvieron firmes en Rorke's Drift, simplemente estuvieron quietos y miraron a sus hijas siendo llevadas por hombres extranjeros para ser sexualmente abusadas; el hombre occidental prefirió dejar que sus hijas fueran violadas más bien que arriesgar ser llamado un "racista". Ésta es la fractura del corazón occidental y la destrucción de la valentía y coraje occidental; el hombre occidental es ahora un perro azotado, atormentado con culpa y auto-aborrecimiento, que puede ser puesto de rodillas con el uso de meras palabras.

     La valentía y el coraje por los que era famoso el hombre occidental y que tuvieron asombrado al mundo, es ahora una cosa del pasado. La gente occidental ha sido condicionada para odiarse a sí misma por medio de una embestida de material creado para inculcar la culpa en aquellos que la consideran. Por medio de la alteración y manipulación de la Historia los jovenes occidentales han sido enseñados a odiar y despreciar a sus propios ancestros y a rechazar su propia cultura y herencia.

     El hombre occidental ahora camina con su cabeza inclinada. Él teme dar su opinión y es mantenido en la fila no por la vara o el palo sino por palabras como "racista" y sentimientos de falsa culpa que han sido forzados sobre él. Tal como el hombre occidental ha sido esclavizado por ideales implantados en su propia mente; tal como el hombre occidental envenena su propio cuerpo por opción, el hombre occidental también es en efecto su propio guardián, que regula su propio discurso y acciones a fin de asegurar que él no rompa las reglas impuestas a él por sus enemigos mortales.

     A medida que Europa se hace cada vez más multicultural, a medida que diferentes culturas compiten por conseguir poder y posición dentro de ciudades y pueblos occidentales, el conflicto surgirá naturalmente. El hombre occidental será cada vez más el perdedor en esos conflictos ya que él ahora carece de la capacidad de defenderse a sí mismo, a sus seres queridos y a su comunidad. El hombre occidental está ahora tan condicionado, que prefiere negociar y morir a defenderse y arriesgarse a ser llamado un "racista".

     El hombre occidental es una sombra de su antiguo Yo: su mente ha sido esclavizada, su cuerpo debilitado, su espíritu corrompido, y el coraje y valentía que él una vez poseyó han sido radicalmente disminuídos. Los enemigos de Occidente han arrancado el corazón mismo del hombre occidental y lo han abandonado a merced de cualquier enemigo extranjero que decida verlo a él y a su familia como una digna presa.



Capítulo 18
EL ASCENSO del CULTO al INDIVIDUALISMO


     El hombre occidental es un titán, y sus grandes logros y la civilización que él creó, una vez tuvieron al mundo en asombro. Pero ninguno de aquellos logros ni la gran civilización que el hombre occidental construyó habrían sido posibles sin que él hubiera trabajado junto con sus hermanos y hermanas y formara comunidades, tribus y naciones que cooperaron para el bien mayor y que llegaron a ser más que la suma de sus partes individuales.

     El hombre occidental cambió el mundo, y prácticamente cada invención o descubrimiento que cambió al mundo provino de su fértil mente y fueron desarrollados, industrializados y puestos en práctica por su mano. Nada de eso habría sido posible sin que la sociedad occidental cooperara y trabajara unida como un solo hombre a fin de convertir grandes pensamientos y planes en grandes realidades.

     Tome como ejemplo las grandes obras de arquitectura que llenan las ciudades occidentales. Algunas de esas maravillas como el Coliseo de Roma fueron construídas hace miles de años, y aún ellas son todavía una causa para la inspiración y la admiración hasta hoy. Es verdad que los proyectos para esas grandes estructuras fueron a menudo las visiones y los diseños de un arquitecto individual o un pequeño grupo de talentosos diseñadores. Sin embargo, la razón de que los arquitectos y los diseñadores materializaran sus proyectos es porque la sociedad cohesiva que los rodeaba se congregó a fin de convertir sus proyectos en magníficas realidades.

     Tal como una colonia de abejas, cuando los humanos se reúnen y forman una comunidad, aquello puede ser comparado con una entidad que vive y respira, con su propia conciencia compartida, de manera que lo que puede ser logrado es casi ilimitado e infinitamente mayor que lo que puede ser conseguido por simples individuos. Los enemigos de Occidente saben esto, y por eso ellos han hecho todo lo que han podido para debilitar a la sociedad occidental de numerosos modos que han sido explicados detalladamente en este libro.

     Los enemigos del hombre occidental han usado cada engañoso truco en el que ellos han podido pensar a fin de promover la importancia de ser un individuo. Ellos fomentan la noción de que el individualismo debería ser considerado como la virtud más alta y más noble. Esa gente se burla de la idea de la necesidad de un conjunto de estándares sociales que permitan que las personas se identifiquen unas con otras y se unan como una comunidad cohesiva. De hecho el individualismo se ha convertido en algo como un culto dentro de la sociedad occidental. El hombre occidental ahora compite con sus hermanos y hermanas a fin de enfatizar su propia individualidad y demostrar cuán diferente es él de aquellos que lo rodean.

     El culto al individualismo afecta cada aspecto de la vida occidental, desde la forma en que la gente se viste hasta la manera en que ellos se cortan su cabello y se presentan. Con el tiempo los individuos han tomado medidas cada vez más extremas a fin de asegurar que ellos sean realmente únicos. La gente ahora modifica sus propios cuerpos de maneras cada vez más extravagantes en un esfuerzo para destacarse de la muchedumbre. Pero la adopción del individualismo tiene un efecto enormemente adverso sobre la sociedad occidental que hace que ella llegue a ser menos homogénea; más bien que una comunidad cohesiva, la sociedad occidental se ha convertido en una floja colección de individuos que ya no están relacionados unos con otros.

     Volvamos ahora a la analogía de las abejas.

     La colmena funciona porque las abejas que la habitan son un grupo homogéneo y forman una colonia. Las abejas no sólo parecen similares sino que piensan de manera parecida. Las abejas tienen una conciencia compartida y trabajan juntas en armonía para el bien de la colonia. Las abejas no ponen el bien del individuo antes del bien de la colonia, ya que fundamentalmente cuando el bien de la colonia está primero la colonia se hace fuerte y sana, y una colonia fuerte y sana alberga y protege a las abejas individuales.

    La abeja individual no razona como un humano, pero en un nivel instintivo y primitivo la abeja sabe que su bienestar individual está ligado al bienestar de la colonia. Ahora imagine lo que le pasaría a la colonia si todas y cada una de las abejas decidieran actuar por su cuenta e insistieran en su propia individualidad y libertades personales y antepusieran aquello al bien de la colonia. Las abejas ya no desearían bailar de la misma manera; ellas ya no serían capaces de comunicarse con eficacia unas con otras, y quedarían cada vez más aisladas entre sí. Cuando la colonia inevitablemente se rompiera, la colmena misma se derrumbaría y todo lo que las abejas habían construído y por lo que se habían esforzado se perdería.

     Una vez más, esta analogía puede parecer simplista pero ilustra un punto importante, uno que puede ser directamente aplicado a las naciones occidentales. El Occidente estaba en su punto más fuerte cuando su comunidad estaba en su etapa más cohesiva, y los enemigos del hombre occidental saben esto. Por eso una vez que las estructuras y las salvaguardias que mantuvieron unido a Occidente fueron debilitadas, los enemigos de Occidente pusieron por obra la parte final y más devastadora de su plan: asegurar no sólo la desintegración de la sociedad occidental, sino que la sociedad occidental nunca pudiera ser reunida otra vez.

     Una cosa es romper una comunidad, pero aquel proceso a menudo puede ser revertido. Los tiempos de lucha y privación pueden reunir a un grupo de gente y hacer que ellos trabajen nuevamente como si fuesen uno, obligándolos a descubrir de nuevo los lazos comunes y a reunirse como comunidad. Sin embargo, si los individuos que una vez integraron aquella comunidad hubieran llegado a ser tan diferentes y tan dispares que ellos ya no pudieran relacionarse unos con otros, entonces incluso en tiempos de infortunio ellos serían incapaces de reunirse y trabajar como un grupo cohesivo.

     Lo que haría todo esto peor es que la gente que integró aquella comunidad ya no se relacionaría entre sí ni pasarían el tiempo juntos, y elegirían en cambio búsquedas solitarias que aumentarían su sensación de aislamiento. Imagine si la gente simplemente se sentara delante de su televisor o computador pasando horas mirando programas, jugando juegos y navegando por redes sociales. Esa gente que alguna vez fue parte de una comunidad fuerte no sólo sería incapaz de relacionarse entre sí debido a haber adoptado el individualismo, sino que ellos ya no tendrían las capacidades sociales necesarias para interactuar entre ellos debido a su estilo de vida cada vez más solitario y aislado.

     Remóntese a tal vez cincuenta o sesenta años, cuando las familias conocían a cada uno que vivía en su calle. Ellos conocían los nombres de sus vecinos, los nombres de los hijos de sus vecinos y dónde trabajaban sus vecinos. Más aún, ellos se relacionarían con sus vecinos en el bar local, en la iglesia y en los eventos comunitarios. La gente se relacionaba unos con otros; ellos eran semejantes, iban a la misma iglesia, el mismo bar, y sus hijos iban a las mismas escuelas. Hoy ¿cuánta gente siquiera conoce los nombres de sus vecinos inmediatos que viven al lado?.

     Uno de los modos en que ha sido creado el culto al individualismo es por medio de la introducción de diferentes subculturas en la sociedad. Esas subculturas son empujadas por los mismos canales que la mayoría del otro material altamente perjudicial que está destinado a la destrucción de la sociedad occidental. Una de las maneras claves en que se forman las subculturas es alrededor de la música. Las subculturas no son sólo una afición o un pasatiempo, y ésa es un importante diferencia. Las subculturas no son sólo algo que uno se permite durante su tiempo libre sino en cambio algo que es más parecido a un estilo de vida.

     Las subculturas influyen en la forma en que la gente se viste, en el modo en que ellos hablan, en la música que ellos escuchan, en los símbolos con que ellos se identifican y hasta en el estilo de vida mismo que ellos llevan. Eso no es lo mismo que una afición o un pasatiempo. Si alguien decide ir a pescar el fin de semana, puede llevar puesta ropa especial, pero aquella ropa sólo es usada durante la duración del viaje de pesca. Un pescador no decide llevar puesta aquella ropa especial todo el tiempo restante para demostrar al mundo que él pasa su tiempo libre pescando para que otros pescadores puedan identificarse con él.

     La idea de que un pescador caminaría por la calle llevando puestas largas botas de pesca y un sombrero de pescador de modo que otros pescadores pudieran identificarlo, es cómica. Sin embargo eso es exactamente lo que hacen los miembros de las subculturas: los miembros de una subcultura particular se asegurarán de que todos ellos se vistan en una manera similar y adopten los mismos símbolos y parches a fin de parecer similares. Sin embargo, en la otra cara de la moneda, la adopción de aquellas señales visuales asegura que los miembros de una subcultura no se parezcan ni se identifiquen con aquellos dentro de la sociedad que no son parte de su particular subcultura.

     Imagine una sociedad llena de subculturas diferentes, cada una con su propio modo diferente de vestirse, hablar, sus propios símbolos y su propia micro-cultura. La sociedad ya no sería un cuerpo cohesivo; estaría en cambio compuesta de un suelto grupo de subculturas diferentes que podrían ser comparadas con tribus. Esas tribus a menudo se verían unas a otras no sólo como diferentes sino también con un grado de desprecio o incluso aversión, y de ahí que la existencia de subculturas diferentes conduciría a una fractura de la sociedad.

     Pero usted no tiene que imaginar ese escenario: ésa es otra realidad afrontada por Occidente. Sólo mire las diferentes subculturas musicales que existen dentro de la sociedad: "góticos", rockeros, punks, headbangers, ravers y mods, por nombrar sólo unos pocos. Uno podría pasar un día entero enumerando las diferentes subculturas musicales y las diferentes formas que cada grupo tiene para "destacarse" del montón. La gente que impulsa esas divisivas tonterías son los enemigos de Occidente, y otra vez usted puede remontar ese ataque hasta sus raíces y ver cuándo comenzó. Echemos un vistazo a los mods y rockers.

     Los mods y los rockers eran dos subculturas musicales contrarias que se destacaron durante los años '60 y '70. La subcultura rocker estaba centrada en las motocicletas, y su aspecto reflejaba eso. Los rockers generalmente llevaban puesta ropa de estilo de motocicleta como chaquetas de cuero negro y botas. La subcultura mod estaba centrada en las motonetas (scooters) y los mods llevaban puestos trajes formales y otras ropas acicaladas. No era suficiente que la adopción de esas subculturas condujera a un cisma visible en la sociedad que sirvió para dividir a la juventud occidental, sino que la adopción de tales subculturas también condujo a la violencia.

     Los mods y los rockers luchaban con regularidad unos contra otros. Esas peleas no eran acerca de la soberanía nacional o de la existencia continuada del propio pueblo; de hecho, esas peleas carecían de cualquier causa noble. Las batallas entre mods y rockers ocurrían sólo por la razón de que los mods y los rockers eran diferentes. Los disturbios ocurrían entre ellos en diferentes lugares costeros, y la violencia escalaba hasta incluír el uso de cuchillos y otras armas.

     Esencialmente fueron formadas dos facciones diferentes de juventud occidental y ambas se odiaban entre sí sin ninguna razón válida. Esas facciones pelearon batallas enconadas y violentas, otra vez, sin motivo. Ese cisma en la sociedad no fue un acontecimiento natural sino que fue fabricado por los enemigos de Occidente en una tentativa de dividir y conquistar al hombre occidental. La creación de esas subculturas es otro ataque contra la civilización occidental. Como sucede con los otros ataques contra el hombre occidental, este ataque fue impulsado por los medios de comunicación, la industria de la música y por los malos modelos a imitar que son impuestos sobre mentes occidentales jóvenes e impresionables.

     Hoy los mods y los rockers no son las subculturas dominantes. Hay tantas subculturas diferentes que sería imposible escoger una como dominante. Más bien que ser una comunidad grande y cohesiva, la juventud occidental está fracturada en cientos de grupos diferentes, cada uno con sus propios caminos. Cada subcultura es lo bastante diferente para asegurar que los pequeños números vinculados a ellas se identifiquen más estrechamente con su propio diminuto grupo que con el resto de la sociedad.

     Los rockers están divididos ahora en separadas subculturas más pequeñas que escuchan punk, heavy metal, rock, thrash metal, black metal y numerosos otros vástagos musicales del género original. A medida que esas subculturas se hacen más pequeñas y más diversas, hay un empuje creciente para un mayor grado de individualidad. A medida que emergen nuevas subculturas los jovenes son atraídos hacia ellas a fin de destacarse de la muchedumbre y afirmar su propia individualidad. A menudo dentro de esas subculturas se favorece un tipo de anarquía para asegurar que cada individuo dentro del grupo sea diferente a sus compañeros.

     En vez de subculturas que se hacen más grandes y más cohesivas, con el tiempo la tendencia es la contraria. Con el tiempo las subculturas más grandes se fracturan, y se crea un número creciente de subculturas más pequeñas, y cada una de esas subculturas más pequeñas entonces intenta diferenciarse del montón y afirmar su propia singularidad. Eso tiene el efecto obvio de desgarrar a la sociedad y crear diferencias donde solía haber uniformidad.

      Ahora imagine esa tendencia llevada a su extremo lógico: la forma última de la diferenciación, una pandilla de uno, un individuo que es completamente único y totalmente diferente de todos los demás en la sociedad y que está como una isla en sí mismo. Ésa es obviamente la fase final de este astuto plan, y puede ser vista en la forma en que la gente se viste, el modo en que ellos se presentan, el color de su pelo, y por supuesto en las modificaciones del cuerpo, como tatuajes, piercings y muchas más transformaciones extravagantes y degeneradas con las cuales los individuos ahora se comprometen.

     Los individuos ahora hacen cualquier cosa y todo lo que ellos pueden para destacarse de la muchedumbre. Usted sólo tiene que caminar por las calles principales para ver mil modas, cortes de pelo y modificaciones del cuerpo diferentes. No hay dos personas que parezcan igual, e incluso aquellos dentro de la misma subcultura hacen todo lo que pueden para destacarse de su propio grupo. A medida que transcurre el tiempo, las modificaciones a que se somete la gente para destacarse llegan a ser cada vez más degeneradas y extravagantes: orejas estiradas, implantes dérmicos, tatuajes de toda la cara, hendidura de la lengua, tatuajes en los globos oculares y ahora incluso ¡cuernos artificiales implantados en sus cráneos!.

     ¿Pero cuál es la causa primordial de que la gente adopte esas locas modas, cortes de pelo y modificaciones del cuerpo? En el centro de esta tendencia a la individualidad hay una forma infantil de llamar la atención. La gente que trata de destacarse de la muchedumbre persiguiendo esos estilos de vida y abrazando esas manías está efectivamente gritando "Mírenme". ¿Por qué el niño mal criado tiene una rabieta o lanza su comida a través de la mesa contra sus padres? La respuesta es simple: ese niño teatraliza en un intento de conseguir la atención de sus padres a fin de sentir que él es el centro de los acontecimientos.

     Esa tendencia básica a llamar la atención es algo con lo que nacemos y nos sirve bien cuando somos bebés. Cuando somos un pequeño niño uno de los patrones conductuales más básicos y naturales con que estamos dotados es gritar y llorar cuando necesitamos atención, ya que la atención lleva a la figura paternal (por lo general, la madre) a atender cualquier necesidad que reclame ser satisfecha. Por ejemplo, cuando un bebé quiere comer, él no puede simplemente pedir tranquilamente la comida, ni puede él proporcionarse la comida, de manera que gritando llama la atención de la figura paternal que entonces satisface la necesidad del niño.

     Ésa es una de las primeras y más importantes lecciones que un niño aprende: haciendo una escena ellos se destacan y consiguen la atención que les da satisfacción. Sin embargo, cuando un niño crece y se desarrolla y los padres imparten al niño la moral y el comportamiento aprendido, el niño aprende a no gritar ni tener rabietas sino a pedir lo que él desea, y de ser criado correctamente, ese niño también aprende a aceptar que no puede tener inmediatamente lo que desea.

     El proceso de desarrollar un Superyó sano implica crecer y dejar de comportarse como un niño; el Superyó desarrollado desprecia la atención que se busca en un nivel infantil. Cuando un niño es visto gritando y llorando y desatando una rabieta en un lugar público, aquel niño está buscando atención y es claramente el producto de una pobre crianza. Es crucial entender que cuando un niño se entrega a rabietas públicas ése es un signo de que el niño no se está desarrollando mentalmente como debería; el Ello del niño todavía gobierna su psique y el Ello busca la satisfacción inmediata mediante la búsqueda de atención en un nivel subdesarrollado como lo haría un bebé recién nacido.

     Cuando un niño indefenso grita para llamar la atención, la atención inminente hace al pequeño sentirse bien, y el niño hace una asociación entre conseguir atención y el sentimiento de satisfacción. Si ese deseo de atención no es removido cuando el niño crece —si el niño no desarrolla un Superyó que funcione— entonces el adulto todavía buscará la atención de un modo infantil. Mientras los adultos raramente buscan la atención lanzando rabietas, ellos ahora abrazan la individualidad de manera que puedan destacarse de la muchedumbre a fin de asegurarse de que cada uno los mire y les preste la atención que ellos ansían.

     Tiñendo su cabello de rosado, rasurando la mitad de su cabeza, llevando puesta ropa absurda o reveladora, llevando un conjunto grande y visible de tatuajes o modificando su cuerpo en alguna degradada manera tribal, el individuo está gritando "Mírenme". El individuo busca la atención de otra gente a fin de satisfacer su Ello del mismo modo que el niño procura satisfacer el Ello cuando se entrega a una rabieta en medio de un supermercado o un centro comercial.

     El problema que enfrenta el hombre occidental es que no sólo cada vez hay más gente que busca llamar la atención mediante el culto al individualismo, sino también que el culto al individualismo es un fenómeno que se auto-perpetúa y se acelera. Tal como los enemigos de Occidente han impulsado la degeneración en el cine y en la música, así ellos procuran fomentar el culto al individualismo. El culto al individualismo ha ganado ímpetu como una bola de nieve que rueda abajo por una colina.

     Lo que hace que una persona se destaque hoy de la muchedumbre será relativamente anticuado mañana. En un tiempo un hombre con un aro en su oreja habría recibido miradas curiosas; hoy nadie movería un párpado. Así, la gente ahora estira sus orejas como un miembro de una tribu africana e inserta aros enormes por la piel de los lóbulos de sus orejas. Pero ahora que la oreja estirada se está haciendo cada vez más común, los que "establecen tendencias" procuran destacarse y estirar sus narices, mejillas, labios e incluso tener esos "túneles de carne" [flesh tunnel, objetos huecos metálicos que se introducen en perforaciones corporales] insertados en otros lugares en un esfuerzo para ser únicos y conseguir la máxima atención posible de aquellos que están alrededor de ellos.

     Esto es por supuesto perpetuado en adelante por redes sociales como Facebook que están bajo el control de los enemigos de Occidente. La gente ahora usa esas redes sociales para crear tanta indignación y controversia como les sea posible publicando "selfies" de sus "estilos" escandalosos. Por supuesto la cultura de la "selfie" entera es simplemente una búsqueda de atención en su peor aspecto; pero cuando cada uno lo hace, el individuo busca modos cada vez más locos de hacer que su "selfie" se destaque de la muchedumbre a fin de alcanzar más de la atención que ellos ansían.

     Como niños que ruedan llorando en el pasillo de un supermercado, el adulto ahora procura saciar la llamada de su Ello asegurándose de que cada uno los mire. Eso hace al individuo sentirse especial y querido, tal como el niño siente cuando su padre lo recoge del suelo y lo abraza. Los enemigos de Occidente han dañado y debilitado el Superyó alterando las condiciones que permiten que el Superyó se desarrolle. Esto ha dejado a los adultos gobernados por su Ello, y una de las consecuencias más perjudiciales de esto es el desarrollo del culto al individualismo que es a la vez infantil en su naturaleza y perjudicial para la cohesión de la sociedad occidental.

     A medida que el culto al individualismo alcanza un auge demencial con cada vez más personas que participan en el gritar para conseguir atención, las criaturas que ese culto crea se hacen cada vez más insanas y degradadas. La gente joven escribe blogs afirmando que ellos son de hecho animales atrapados en cuerpos humanos. Los hombres adultos llevan puesto pañales de niños y ruedan alrededor de sus propios excrementos. Los jovenes consiguen un escandaloso arte corporal y modificaciones que cambian permanentemente su aspecto. Los individuos confundidos exigen cambios de sexo y mutilan sus genitales. Pero la fuerza impulsora detrás de toda esa locura es el ansia infantil de atención.

     El hombre occidental está siendo arrastrado a cien o más direcciones diferentes. El individuo intenta destacarse de la muchedumbre y adopta el individualismo en una manera cada vez más extravagante. La homogénea sociedad occidental donde la gente parecía similar, actuaba de manera similar y pensaba de acuerdo a las mismas orientaciones, ha desaparecido ahora, rota en un millón de pedazos. Pero hay un mayor problema en la tarea de reunir aquellos pedazos, ya que el proceso de arreglar ese caos es tanto más difícil en la medida en que las piezas que una vez compusieron la sociedad occidental son tan diferentes ahora que ellas ya no calzan como debieran.

     Como resultado, el hombre occidental será puesto en una desventaja enorme si él es amenazado alguna vez por una cultura extranjera fuerte y cohesiva que actúe como una sola entidad. La naturaleza dispar de la sociedad occidental impedirá al hombre occidental lanzar una defensa eficaz. ¿Cómo un grupo de gente se va a unir alguna vez y a actuar como una sociedad cohesiva si cada persona hace todo lo que puede para ser tan diferente de la siguiente persona como humanamente le sea posible? Recuerde lo que hace la sociedad perfecta: la sociedad perfecta puede ser definida como un grupo de gente que se congrega con una moral compartida, con valores compartidos y que desea avanzar como uno solo, trabajando juntos por el bien de la comunidad sin olvidar los derechos e importancia del individuo. Esa cohesión de la comunidad se basa en un compartido sentido de conciencia que tiene la gente que compone aquella sociedad.

     Pero la gente se está distanciando ahora; ellos ya no comparten la misma moral, y más bien que agruparse, ellos se identifican con y deciden estar alrededor de subculturas cada vez más pequeñas y más diferenciadas. El sentido de conciencia de comunidad en Occidente ha sido destruído, y grupos diminutos buscan conseguir ventajas y sus propios intereses por sobre los intereses de la sociedad. El hombre occidental ha abrazado el culto del individualismo.

     El deseo del hombre occidental y su tendencia a ser tan único como sea posible han conducido a la fractura de la sociedad occidental. La tendencia a la singularidad ha tenido un efecto adverso sobre los lazos comunes dentro de la sociedad occidental haciendo que dichos vínculos se debiliten. Las tradiciones comunes, la cultura, el vestido y el aspecto que hicieron homogénea a la sociedad occidental han sido abandonados ahora a favor del individualismo.

     Los enemigos de Occidente han jugado un juego hipócrita y divisivo que ha socavado los valores comunes y la homogeneidad encontrada dentro de la sociedad occidental. Tristemente eso coloca al hombre occidental a merced de otras razas y culturas que se han instalado en Occidente pero que sin embargo han retenido sus tradiciones y valores y han permanecido como comunidades cohesivas singulares.–




Otros capítulos de este libro:

Prefacio + caps. 1, 2, 5 y 12

http://editorial-streicher.blogspot.com/2017/03/mark-collet-de-skinheads-nacionalismo-y.html



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