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lunes, 13 de febrero de 2017

Ramón Bau - Wagner, el Oro, Gobineau y el Racismo



     Presentamos aquí, cumpliéndose un aniversario del fallecimiento del compositor alemán Richard Wagner (1813-1883), dos interesantes artículos del escritor wagneriano español Ramón Bau (archivowagner.com), que hablan, el primero, a partir de la obra musical El Oro del Rhin, primera parte de la tetralogía "El Anillo del Nibelungo" de Wagner, de la relación de algunos personajes de la misma con el oro, y, el segundo (2003), de la relación de Wagner con el conde de Gobineau en cuanto al tema racial.


EL ORO del RHIN
(El Oro y Su Relación con lo Humano)
por Ramón Bau




     Desde siempre ha existido una cierta tendencia a "interpretar" de una forma "lógica" las obras de Wagner, ya sea desde una visión esotérica, religiosa, filosófica o social, dejando aparte la única interpretación realmente importante, que es la artística.

     Pero si esas interpretaciones son a menudo descabelladas y faltas de todo fundamento, también es una realidad que en algunos casos existen motivos como para pensar seriamente en un cierto "mensaje" extra-artístico en algunas de sus obras.

     Ya es conocido el claro mensaje sobre las bases de la renovación en el Arte que se pueden encontrar en Los Maestros Cantores de Núremberg, aunque es una parte mínima, apenas unos versos de la obra, y en modo alguno la parte más importante de esa obra extraordinaria.

     Pero quizás en la Tetralogía y en Parsifal es donde más se ha debatido este tipo de interpretaciones.

     Creo que hay que aclarar antes que nada una diferencia radical entre el objetivo que tenía Wagner al crear una obra y las posibilidades de usar su obra para sustentar o plantear ideas sociales o religiosas.

     Esto es fundamental, porque Wagner sabemos que tras sus planteamientos en 1849 y 1851 con "Arte y Revolución", "Ópera y Drama" y "Comunicados a mis Amigos" deja muy claro que su OBJETIVO es crear la Obra de Arte del Porvenir, una forma de expresión artística completa, un Drama Musical que permita la expresión más completa posible de sentimientos humanos y a su través despertar la sensibilidad humana y elevar a la Humanidad. Este, y no otro, es el objetivo fundamental de Wagner.

     Para ello decide —y así lo deja perfectamente definido en su obra teórica— usar argumentos mitológicos y alejarse de los históricos (en esto se basa, por ejemplo, su abandono del libreto de "Federico Barbarroja", al considerar que no podía aunar la realidad histórica con el Mito que deseaba explotar para su obra). Pero la mitología es una base religiosa asentada a través del tiempo en la memoria colectiva de un pueblo. Y por tanto la Mitología, al mismo tiempo que permite el desarrollo de elementos "humanos" profundos y trascendentes, tiene el problema de que está basada en una serie de elementos fácilmente entroncados con temas filosóficos, religiosos y esotéricos.

     Wagner había leído en 1843 el libro de Jakob Grimm "Mitología Alemana" y ya en Dresden estaban en su biblioteca las leyendas nórdicas, las Sagas y los Eddas. Los ciclos artúricos y medievales están muy ligados a leyendas más antiguas, y todo ello es fácil de relacionar con elementos del esoterismo o interpretaciones diversas. Pero Wagner "usa" la base mitológica para poder desarrollar su "historia humana", no para asentar la base mitológica en sí misma, que por otra parte no siempre respeta en absoluto sino que la cambia en función de su objetivo principal.

     Aun así, aun eliminando las muchas y gratuitas interpretaciones basadas en el mal entendido entre "argumento humano" y "base mitológica", hay algunos casos en que realmente parece lícita una cierta "intencionalidad" adicional al argumento humano en sí mismo.

     Nos vamos a fijar en El Oro del Rhin [Das Rheingold], dado que Bernard Shaw ya escribió un conocido texto, "El Perfecto Wagneriano", donde desarrolla una completa interpretación social, cuasi-política, de esta obra.

     Si observamos la Tetralogía en su conjunto vemos que el tratamiento de El Oro del Rhin es realmente muy distinto que el del resto de la obra. Desde La Walkiria al Ocaso se puede observar claramente que el elemento mitológico es usado para poder desarrollar los grandes debates humanos. Wotan o Siegfried, Brunilda o Fricka, desarrollan sus sentimientos y sus problemas de forma absolutamente independiente del elemento mitológico, y desde luego sin que el Oro tenga nada ya que ver en lo fundamental.

    El gran conjunto cosmológico de la Tetralogía en sus tres grandes jornadas no tiene una base fundamentalmente mitológica sino "humana". En cambio en su Prólogo, en El Oro del Rhin, existe una sensación inversa: allí el desarrollo "lógico" de los elementos mitológicos parece tener más fuerza y estar usado en un sentido más simbólico.

     Wagner vive su período revolucionario en Dresden en 1849, y el libreto del Oro está acabado en 1852. Después tardará más de 30 años en acabar la Tetralogía completa. Eso puede explicar una cierta propensión a "exponer ideas" en su Prólogo, mientras que el resto ya fue ajustado totalmente a su idea global del drama musical.

     De todas formas una interpretación tan concreta y ajustada a un plan "socio-político" como el que indica Bernard Shaw me parece más la expresión de las propias ideas de Shaw que una voluntad social concreta en la concepción de la obra por Wagner.

     Si Shaw tiene toda la razón al decir que "El Anillo con todos sus dioses, gigantes, enanos, ninfas y walkirias, filtros, su anillo encantado, su espada mágica y su milagroso tesoro, es un drama de hoy y no un asunto de una remota y fabulosa antigüedad", en cambio creo que se mueve más por "sus" ideas que por la realidad de Wagner al pretender hacer una interpretación socio-política estrecha y concreta de la obra, llegando a pedir que para comprenderla se conozca una base de filosofía. Esta excesiva interpretación aun podría tener cierta base, aunque no en un plan tan concreto, cuando hablamos de El Oro del Rhin, y en concreto hay elementos como para pensar claramente en una intencionalidad social cuando se analizan las relaciones entre el oro y los diversos personajes de esa obra. Hay singularmente unas cuantas claves en el texto wagneriano que realmente sí indican una cierta implicación social clara en esa obra.

     Creo que la base está en que los diversos personajes de El Oro del Rhin, Wotan, los dioses, Alberic, los gigantes, Mime y los Nibelungos, las hijas del Rhin... tienen cada uno de ellos una relación muy concreta con el Oro, una relación que indica una cierta voluntad de diferenciar mediante esa relación un paralelismo de las relaciones sociales con lo "material".


LAS HIJAS DEL RHIN

     No es en absoluto casualidad que El Oro del Rhin se inicie con los temas de "Naturaleza" y "Ondas", marcando claramente la música inicial el clima de estabilidad y perfección natural.

     En esa Naturaleza inocente y bella las hijas del Rhin "juegan" más que "vigilan" la fuente de esa belleza, la Luz que ilumina su mundo natural. El Oro es fuente de belleza y Luz, de armonía y naturalidad, lo "material" es bello y necesario en su entorno, sirviendo de alegría, sin "valor dinerario".

     Wagner ha explicitado en el texto y en la música ese estado armónico natural, y no hay duda sobre su idea de simbolizar en el Rhin el "estado natural" de la riqueza, su belleza y su función de Luz armoniosa, donde el juego y la alegría estaban exentos de los males del Dinero, del Oro convertido en "valor".

     Las hijas del Rhin pierden el oro debido a su confianza, a su incapacidad para imaginar la existencia del "mal", de alguien que renuncie al Amor. Éste es exactamente el gran peligro de las sociedades naturales, su incapacidad de entender el mal.

     Mucho se ha hablado sobre la simbología de la "Edad de Oro" de la tradición, edad de la inocencia alegre, pero poco en el texto wagneriano hace pensar en una visión cíclica o tradicional hindú de las edades, aunque es evidente también que el retorno del oro al Rhin, al final justo de la Tetralogía, con la hecatombe global de todo el mundo existente, hace pensar en esa idea de final de Ciclo.


ALBERIC

     Sin duda es el personaje central en su relación con el oro, y asimismo marca en el texto una denuncia tan clara que es difícil no ver una cierta voluntad simbólica en Wagner sobre ese personaje.

     Cuando Mime dice: "Con maligna astucia conquistó Alberic el oro del Rhin y de él forjó un anillo cuyo sorprendente influjo admiramos temblando todos; con él domina el ejército nocturno de los Nibelungos. En otros tiempos forjábamos sin cuidado y descansados, riéndonos en medio de tan insignificante fatiga, adornos y joyas para nuestras mujeres. Ahora ese perverso nos obliga a deslizarnos por entre las peñas y a trabajar tan sólo para acumular inmensos tesoros", está definiendo tan concretamente el mal, la usura, el trabajo asalariado bajo el interés dinerario, cuyo único objeto ya no es satisfacer las necesidades loables sino acumular el oro al usurero, que es casi imposible no asignar esa relación entre Alberic y la visión de una Finanza que desea el Poder universal.

     Más aun si vemos lo que el mismo Alberic dice: "A vosotros, los que habitáis allí arriba, donde sopla la suave brisa, entregados a la dulzura del amor y de la alegría, a todos vosotros dioses, os cogeré con mi puño de oro. Así como tuve que renunciar al Amor, vosotros tendréis que renunciar a todo lo viviente; el oro ha de ser vuestro único deseo... Cuando vosotros estéis bajo mi poder, vuestras hermosas mujeres que desprecian mis galanteos servirán de placer al enano". ¿Cómo no relacionar estas concretas denuncias con la realidad de una Finanza que compra el placer, convierte el amor en sexo y somete a la Humanidad por la avaricia y la envidia? Es muy concreto lo que se anuncia, y muy claro.

     Alberic quiere el Oro para vengarse en primer lugar ("Os apagaré la Luz y forjaré el anillo vengador") pero con el objetivo final de obtener el Poder y dominar, o sea, usar el oro como medio de dominio. No lo quiere admirar, no busca su belleza ni su posesión, quiere USARLO para dominar e imponer su voluntad.

     Y si Alberic es el Plutócrata para Shaw, es difícil no acordar que esa similitud es real en el texto wagneriano.

     Cuando Alberic cae por su afán de ostentación, por la vanidad y el exceso, ya ha sembrado el mal, y nadie se salvará de su maldición sobre el oro. Una vez que ha perdido su lugar natural, el oro es un centro de corrupción. Y si al final de la Tetralogía el oro vuelve al Rhin, será tras una caída global de todo lo existente, una destrucción de todo, un final del ciclo.


WOTAN Y LOS DIOSES

     Shaw mantiene la teoría de que Wotan representa el "Estado" o "lo establecido". Hay algunas partes del texto que pueden hacer pensar en eso, pero creo que esa forma de verlo es un ejemplo del reduccionismo de este tipo de interpretaciones. La riqueza humana de Wotan, incluso en "El Oro del Rhin" (mucho más aun en La Walkiria, claro está) no puede reducirse a una mera figura simbólica de un concepto "social".

     El afán de Wotan por el Walhalla, por ese monumento a su Honor, Valentía y al Poder ("el honor y el poder alcanzarán la gloria", dice Wotan admirando el Castillo), pero un Poder representativo, no ejecutivo, no en el sentido de dominio que desea Alberic, es una posible simbología de la Autoridad. Pero Wotan es profundamente humano: ya en El Oro se debate entre su Autoridad y su Deseo, entre pasiones y deberes.

     Al conocer la existencia del oro lo "desea", pero no por avaricia ni para utilizarlo para el dominio. No muestra al principio gran interés, y sólo poco a poco va interesándose en él. Primero por el peligro de que lo posea Alberic ("Si no se lo arrebatamos nos dominará a todos", le dice Donner a Wotan). Luego, una vez que consigue el Anillo, siente el deseo de su posesión, de ser considerado como "el más poderoso" (esa consideración es lo que busca, más que el "uso" de ese Poder... "por fin tengo lo que me hará el hombre más poderoso de la Tierra"). Le costará desprenderse del Anillo pero lo hará, y luego se olvidará del oro para ir a su Walhalla.

     Es significativo el desprecio de Wotan por el Tesoro: "Amontonadlo pronto. El verlo me repugna", dice a los Gigantes que lo reclaman. Sólo el interesa el Anillo, no el Oro, como símbolo de Poder y Autoridad, no como medio de dominio.

     Wotan desea el Oro pero no a cualquier precio; es tentado por el Poder y lo "material", y su humanidad es sin duda la más interesante de la obra. No parece que Wagner pensase en Wotan como un mero simbolismo sino como base de su sentido humano en la obra.

     También son significativas las cínicas palabras de Loghe a las Hijas del Rhin, que reclaman la devolución del oro al Rhin, en el momento en que los dioses se alejan definitivamente hacia el Walhalla: "Escuchad lo que os dice Wotan: Ya que no os ilumina el brillo del oro, regocijaos con el nuevo esplendor de los dioses".

     Cuando se ha perdido la belleza y el orden natural, quizás hay que conformarse con el brillo de los dioses, palabras que en boca de Loghe, él, que desprecia a los caducos dioses, son claramente un cinismo.


LOS GIGANTES FAFNER Y FASOLT

     Quizás uno de los momentos más significativos en referencia al oro está en "Siegfried", cuando el dragón Fafner "duerme" mientras vigila la posesión del oro.

     La "posesión" es ese estado de ilusión que da la avaricia cumplida, como el avaro que cuenta sus monedas y es "feliz" con el mero sonido de sus monedas, inútiles para darle una vida agradable puesto que padece en la vigilancia de su posesión y el miedo ante la envidia de los demás.

     La maldición de Alberic sobre el oro, "¡Que su dueño lo posea en paz, pero que le traiga el verdugo!. ¡Sea el miedo el constante tormento del condenado a muerte, y la vida, eterna agonía para el esclavo del Anillo!", se cumple en los Gigantes.

     Los Gigantes han trabajado, han ganado con su fuerza bruta y su simpleza mental el sueldo que Wotan les prometiera: Freia, la dulce mujer, la más sensible y delicada. Para ellos Freia no es más que la mujer hermosa, el deseo de mujer. Y cuando la cambian por el oro no buscan en ello el Poder, ni utilizar el oro para dominar o mandar, quieren sólo la eterna posesión, esa posesión que trae la envidia entre ellos... avaricia, envidia, muerte y posesión. No hay para el necio valor en el oro sino en tanto causa la envidia en los demás y alimenta su avaricia. No tiene otro valor para el bruto ese oro todopoderoso.

     Pero es que para una mayoría de trabajadores sin sensibilidad el dinero no es más que eso, avaricia y dar envidia. No saben convertirlo en Plutocracia, es sólo una mera posesión ostentosa de una riqueza vacía, un placer de contar su dinero, a cambio del cual trabajan día y noche, para el que no descansan en su ansiedad y en su custodia.

     El trabajador enriquecido, Fafner, se convierte en dragón tras asesinar a su hermano, y se convierte en la Bestia venenosa que matará por el oro, sin hacer con él nada más que poseerlo.


LOS NIBELUNGOS

     El Pueblo de la Tierra, que trabajaba alegre para dar joyas y adornos a sus mujeres, sin cansancio ni agobio, es dominado por el Anillo, por la usura y codicia, y el látigo de Alberic. Mime y los Nibelungos lloran bajo el castigo de Alberic, se afanan para lograr más y más oro para el que ya lo tiene todo. Es el destino del pueblo bajo la usura. Movidos por la envidia y la codicia, no se dan cuenta de que son esclavos de los que dominan el secreto (el anillo) de la Usura. Soñando con ser ellos los nuevos Alberic, como hace Mime, no son más que una mayoría de esclavos para una minoría de usureros.

     "Oh, Nibelungos, inclinaos ante Alberic, por todas partes os estará vigilando; despedíos para siempre de la tranquilidad y el reposo". Dolor y trabajo para otros, ésta es la herencia que el oro deja en el Pueblo otrora feliz, cuando el oro estaba en la Naturaleza y no existía la usura.


SIEGFRIED

     Los héroes no aparecen en "El Oro del Rhin", ni Siegfried ni Brunilda. Ambos tendrán una corta relación con el oro. Para Siegfried el Tesoro no le interesa, y lo dejará con el cadáver de Fafner y Mime: "Yace tú también aquí en la cueva, oscuro dragón. Guarda este brillante tesoro en compañía de tu enemigo. Así ambos encontrareis al fin la tranquilidad". Sólo el Anillo le servirá como símbolo de su amor a Brunilda, cumpliendo así el destino inicial del oro, ser motivo de belleza y amor.

     El Nuevo Mundo no desea el oro, no tiene sentido en ellos.

     La relación de los diversos personajes de la Tetralogía con el oro y el anillo es sin duda una de las partes más simbólicas de la obra wagneriana. Y sin llegar a concebir la obra como un mero programa social, como a veces se ha intentado, sí que hay en el texto y el drama suficientes notas y puntos como para aceptar en su Prólogo, en El Oro del Rhin, una clara relación de lo humano y el poder material.

     Agunos comentaristas han analizado el Graal del Parsifal como una continuación del Oro de la Tetralogía, en el sentido de que la Tetralogía exponía el ideal social respecto al oro, mientras el Graal era el ideal espiritual. Afortunadamente nada impide a cada cual crearse su propia interpretación de la obra wagneriana, pero analizando el texto de Parsifal y el momento en que Wagner lo compone, no parece en absoluto que exista respecto al Graal el mismo tratamiento "pedagógico" y "social" que puede encontrarse en El Oro del Rhin, sino un sentimiento religioso y espiritual muy distinto al que hemos expuesto.

     Hay que ser muy reacio a aceptar interpretaciones externas a las propias palabras y música de Wagner y a sus textos teóricos, y en todo caso ajustarse para esas interpretaciones en el "contenido wagneriano" de la obra, no en las relaciones con una mitología usada como "soporte" a lo humano, no como valor en sí misma.–

* * * * *

WAGNER Y GOBINEAU
(El Sentido Racial en Wagner)
por Ramón Bau, 2003


UNA RELACIÓN PERFECTA

     "No hemos hecho [Wagner y su esposa Cósima] nada más que hablar de Ud. y de su Ensayo desde mediodía, cuando mi marido ha venido a contarme el placer e interés que ha encontrado al leer el capítulo XIII (Las Razas Humanas Son Intelectualmente Desiguales), que lo ha absorbido desde su inicio. ¡Parsifal ha sido arrinconado para leer sus libros!. No sabría expresar cuánto amamos y admiramos esta obra capital..." (Carta de Cósima a Gobineau del 27 de Marzo de 1881).


     La amistad entre Richard Wagner y Gobineau fue corta en el tiempo, interrumpida por la muerte, pero intensa, fiel, limpia y profunda. Y además tiene características especiales, pues es casi el único caso (con la excepción también singular de la relación con los textos de Schopenhauer) en que Wagner se volcó en los textos de un amigo mucho más que éste en la obra de Wagner.

     La absoluta mayoría de las grandes personalidades que conoció Wagner estuvo impresionada por la obra artística de Wagner, y su relación fue de admiración, crítica o apoyo a esa obra, con dos excepciones vitales:

     La más importante fue sin duda el conocimiento de la obra de Schopenhauer, que influyó decisiva y duraderamente en Wagner, y sin embargo Schopenhauer personalmente nunca llegó a verse con Wagner, e incluso sus comentarios no fueron favorables a la obra wagneriana.

     La segunda excepción fue la de Gobineau, que si bien su obra se convirtió en una obsesión en Wagner, su influencia fue corta (aunque intensa) debido a que, aunque se conocieron en 1876 en Roma estando Gobineau de viaje como embajador francés en Suecia, no se volverían a ver y tratar realmente a fondo hasta 1880, y Gobineau muere en 1882.

     Cuando se volvieron a ver en Venecia en 1880, gracias a Mme. De la Tour, hablaron de Cervantes, al que Gobineau no perdonaba que se burlase de la orden de Caballería, y que en cambio fascinaba a Wagner; pese a ello, enseguida se hicieron amigos. Gobineau había ya escrito toda su obra, aunque era un perfecto desconocido para el público alemán, y estaba a duras penas editado en francés.

     La obra de Gobineau se divide en dos grandes áreas: las obras históricas y de viajes, entre las que encontramos Trois Ans en Asie (1859), Les Religions et les Philosophies dans l’Asie Central (1865), Les Pléiades (1874, novela), Nouvelles Asiatiques (1876) y La Renaissance (1877); y el bloque de tema racial: Essai sur l'Inégalité des Races Humaines (1853-1855), Histoire des Perses (1869), Amadis (1876, poesía) e Histoire d'Ottar Jarl et de Sa Descendance (1879).

     Entre 1880 y 1882 se cruzaron muchas cartas de Cosima y una directa de Wagner, visitas, etc. Todo se centrará fundamentalmente en los libros de Gobineau, especialmente el "Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas Humanas", que fascinó totalmente a Wagner, lo hizo interrumpir la composición de Parsifal, meditar y escribir "Heroismo y Cristianismo". Todas las cartas son de alabanza de Wagner y Cósima hacia Gobineau, y nunca hay una crítica o problema entre ellos.

     Wagner se puso a leer sus obras de forma constante y fanática. En el primer trimestre de 1881 había leido las primeras obras no tan racistas, pero a partir de Marzo de 1881 empieza con las obras raciales. La primera visita de Gobineau a Bayreuth encuentra a Wagner obsesionado con la lectura de sus obras.

     Casi no discutieron, se alabaron mucho, y eso pese a que Wagner no coincidía en todo con las ideas de Gobineau, como veremos, pero sí en lo más evidente y manifiesto, aunque las divergencias eran profundas en el fondo: Wagner no era un irremediable pesimista, aunque aceptaba totalmente el estado de decadencia de la Humanidad que indicaba Gobineau. Aceptaba la realidad de la desigualdad de las razas, la supremacía de los arios, pero no el pesimismo total, y daba un sentido MORAL a la raza, que no existía en Gobineau. Wagner no deseaba un racismo exclusivista y agresivo. Para Wagner por encima de la raza está el Hombre y la compasión y amor a todo ser humano.

     En la única carta directa de Wagner a Gobineau (las demás fueron siempre por medio de Cósima) le reclama que vaya a verlo, lo llama "querido y venerado amigo" y le ofrece su casa como vivienda permanente.

     Gobineau era desconocido por el público pero no por la élite intelectual alemana. Alexandre Humbolt escribió una carta a Gobineau en 1854 alabando totalmente el contenido del Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas Humanas: "No conozco ningún libro escrito en francés que tenga un conocimiento tan exacto...".

     Schopenhauer conoció la obra de Gobineau, y la cita en su "Parerga y Paralipomena": "El hombre es el animal malvado por excelencia". Esta frase fue muy comentada por Wagner, tal como expresa Cósima en su diario. Wagner se interesa por el texto de Gobineau para lograr fijar algo que tenía en su mente desde hacía tiempo, pero que no lograba hacer coherente: Wagner estaba convencido de la supremacía del ario, pero a la vez estaba convencido de la necesidad de un valor moral humano, una compasión cristiana que no podía tener un particularismo racial. Cómo compaginar ambos temas, cómo hacer de la evidente diferencia racial algo coherente con la compasión cristiana y el amor humano de Cristo es lo que a Wagner le preocupaba en aquellos años en que estaba precisamente componiendo "Parsifal", la obra de la Compasión. Pesimismo, diferencia racial, excelencia del ario, compasión, humanidad, Cristo... ¿cómo unir todo ello coherentemente, pues cada parte era evidente para Wagner?... Gobineau le dio el motivo para analizar ese tema a fondo y escribir sus conclusiones, como veremos, en "Heroismo y Cristianismo".


GOBINEAU en la BAYREUTHER BLÄTTER

     Wagner encargó a uno de los más fieles wagnerianos y amigos, Hans von Wolzogen, la dirección de la revista que debía exponer sus ideas y difundir su arte, la Bayreuther Blätter, donde lo que se exponía era antes estudiado y muy meditado. Hasta 1881 en esa revista sólo se hablaba de temas wagnerianos, o directamente relacionados con el wagnerismo.

     En carta del 16 de Febrero de 1881 Cósima le indica a Gobineau la idea de publicar en la Bayreuther Blätter un texto suyo: "¿No podría darnos sus ideas sobre las razas y su historia o sobre nuestro tiempo y su senilidad fanfarrona?. Me sería muy agradable traducir yo misma ese trabajo".

     Por supuesto Gobineau se sintió tremendamente halagado, Wagner era famoso, era el artista del siglo, el genio del nuevo arte, así que envió rápidamente su texto, que apareció en el número de Mayo-Junio de 1881, "Un Juicio sobre la Situación Actual del Mundo", con el subtítulo "Resumen Etnológico del Conde de Gobineau – Introducción de Richard Wagner".

     La idea del texto era advertir sobre Rusia como puerta de invasión del Oriente sobre Europa, la decadencia del mundo oriental entrando en el mundo ario.

     Ese texto no tiene importancia excesiva en sí mismo pero si es importante por ser el primer texto no relacionado con el wagnerismo que se publicaba en la Bayreuther Blätter y debido a ello Wagner mismo publicó una Introducción a ese artículo. La introducción de Wagner es muy importante pues en ella expone la necesidad de incluír la visión política del mundo junto a la artística, de forma que la Bayreuther Blätter no sólo se dedicase a temas artísticos sino a una visión directa (política) del mundo real.

     Por primera vez Wagner se decide a pasar a la ofensiva contra la opinión "política" de los periodistas y medios más decadentes de la sociedad de su tiempo. En especial Wagner deseaba combatir a gente como los llamados progresistas, que creían en la democracia y el progreso económico como sustituto de la calidad humana.

     Wagner rechaza en esa Introducción ver el mundo sólo por medio del "espejo del arte", y pide tener el valor también de analizar directamente el mundo y exponer lo que pensamos de ello. Wagner indica:

     "Hemos pedido al conde Gobineau, a la vuelta de sus largos viajes a través de territorios y pueblos, cansado pero rico en experiencias, que exponga lo que piensa del estado actual del mundo... El también [se refiere a la coincidencia con la opinión propia de Wagner] ha examinado la sangre en las venas de la Humanidad presente y la ha encontrado irremediablemente viciada. Lo que su intuición le ha mostrado tiene el valor de una opinión que no quiere ser agradable a nuestros intelectuales progresistas".

     Tras la noticia de la muerte de Gobineau, el 25 de Octubre de 1882, Wagner se mostró muy afectado, y aquella noche tocó la marcha fúnebre de Siegfried en su honor. Así mismo Wagner pidió a Cósima que escribiera un texto para publicar en la Bayreuther Blätter, que salió en el número de Noviembre-Diciembre de 1882. En ese texto Cósima, con la aprobación de Wagner, destaca las dos facetas de Gobineau: su radical desprecio a la igualdad de los hombres y su bondad de corazón. La lucidez de comprender la desigualdad de las razas y personas humanas se compaginaba en Gobineau con la compasión ante los que sufren.

     La Bayreuther Blätter seguiría ese combate contra el mundo materialista, apoyando a Gobineau durante todas sus ediciones, muchos años después de muertos Wagner y Gobineau. Casi no habrá año hasta 1938 en que no salga Gobineau en las páginas de dicha revista.


EL RACISMO EN WAGNER

     "No podemos dejar de reconocer la verdad de su opinión (de Gobineau) de que el género humano se compone de razas desiguales, y que las razas más nobles pueden llegar a dominar a las inferiores, y que por su mezcla nunca llegaran las razas inferiores a ser iguales a las más nobles, sino que por el contrario las nobles perderán su nobleza" (Wagner en "Heroismo y Cristianismo").


     Wagner había tratado ya antes de conocer a Gobineau el tema de la degeneración racial, tratando tanto de justificar la decadencia de la Humanidad —que entonces ya se veía claramente indicada en el capitalismo materialista que llevaba a las clases dominantes y parte del pueblo a un progresivo abandono de los ideales elevados a cambio de placeres y espectáculos de bajísimo nivel— como la superioridad de la cultura europea (aria) frente a las culturas africanas.

     En "Religión y Arte" Wagner trató de explicar estos hechos a través de extrapolar su amor a los animales y la compasión por ellos, que veía como un signo de elevación moral. Esa idea, que es muy correcta moralmente, fue asumida por Jean Antoine Gleízes en su "Thalysia o la Salud Humana" como una teoría pretendidamente científica, que evidentemente era una extrapolación de lo moral a lo científico sin fundamento, sobre los efectos de intoxicación y decadencia que el consumo de carne animal provoca en la Humanidad. Wagner en "Religión y Arte" desarrolla esta idea un tanto extravagante a nivel científico: "El apetito de sangre y muerte se transmite a través de las generaciones humanas sin freno". Chamberlain ya indicó que esto es más un símbolo poético sobre el horror a la crueldad con los animales que un tema científico.

     Gobineau no atribuye al consumo de carne importancia alguna en la decadencia, sino a la degeneración genética de los pueblos.

     La lectura de Gobineau hizo que Wagner se replantease el tema, comprendiese la limitación de su teoría anterior, aunque siguió apoyando, con razón, que la crueldad con los animales es una muestra de decadencia y de falta de estilo y espíritu elevado en los pueblos. Así, dice Wagner:

     «Uno de los espíritus más inquietos de nuestro tiempo ha atribuído también esta degeneración de las razas humanas a una corrupción de la sangre (de la raza; llamaban entonces "sangre" a la raza), pero no ha tenido en cuenta el tema del cambio de alimentación; toma como origen único la mezcla de razas, que ha hecho degenerar a las razas más nobles, sin que ello aproveche para nada a las razas inferiores» (Heroismo y Cristianismo).

     De esa forma Wagner en 1881 deja la composición de Parsifal e, inmediatamente después de leer en el primer semestre las obras de Gobineau, se pone a escribir sus conclusiones, su respuesta a la pregunta inicial: cómo compaginar el pesimismo ante la decadencia de la Humanidad, la evidente diferencia racial, la excelencia del ario, con la compasión por el dolor de la Humanidad, tal como Cristo enseña, y a la postre cómo dar una solución de Redención a esa decadencia moral de una Humanidad degradada.

     En Septiembre de 1881 acaba Wagner su "Heroismo y Cristianismo", producto directo de la lectura de Gobineau, y se lo envía a éste, quien se muestra muy agradecido por esa deferencia, pese a las diferencias que se muestran entre ambas concepciones. Inmediatamente Wagner reanuda Parsifal. Sólo Schopenahuer y Gobineau han logrado interrumpir la labor creativa de Wagner y hacerle pensar y escribir para centrar sus ideas.

     La lectura de "Heroismo y Cristianismo" es realmente vital para entender a Wagner en este tema, y se compone de tres partes claramente diferenciadas:

—La primera parte del texto Wagner asume la realidad de la raza y de la desigualdad racial, la evidencia de la decadencia de la Humanidad en lo espiritual y sensible debido a la destrucción de la superioridad aria en esos temas, a cambio de sentimientos rebajados y rastreros.

—La segunda parte se pregunta cual es la cualidad que realmente importa en lo "humano", y expone la superioridad moral del mundo ario.

—En la tercera parte Wagner indica que precisamente la superioridad moral aria se basa en la compasión, la consciencia ante el dolor humano y la aceptación de lo moral como superior a cualquier consideración de explotación o desprecio o falta de ayuda al dolor de los demás pueblos. Cristo aúna los pueblos que son diferentes.

     Veamos cada una de estas partes con más detalle.

Parte Primera: El Racismo de Wagner

     Wagner tras leer a Gobineau indica en "Heroismo y Cristianismo":

     "No podemos dejar de reconocer la verdad de su opinión (de Gobineau) de que el género humano se compone de razas desiguales, y que las razas más nobles pueden llegar a dominar a las inferiores, y que por su mezcla nunca llegaran las razas inferiores a ser iguales a las más nobles sino que por el contrario las nobles perderán su nobleza. Esta realidad por sí sola sería suficiente para explicar nuestra decadencia, y aunque este conocimiento no nos deje esperanza, no sabríamos contradecir sus conclusiones. Es en efecto razonable suponer que vamos a la destrucción segura del género humano, que solo es cuestión de tiempo, será preciso acostumbrarnos a la idea de que el sentimiento humano morirá un día".

     Como vemos, Wagner no sólo apoya el racismo de Gobineau en sus aspectos generales sino que (siguiendo por otra parte a Schopenhauer y al propio Gobineau) nos marca un destino que la realidad actual va confirmando: las razas nobles y el sentimiento elevado van a morir si la mezcla racial sigue, cosa que se ve como inevitable, de forma que el resultado será la muerte de esa "nobleza de sentimiento" y la llegada de una Era humana donde el rebajamiento sensible, la codicia, el mero placer y la vulgaridad serán la norma, una Era de razas con sensibilidad artística inferior y vulgar. El arte de Wagner, que marcaba un destino de altura, de arte para seres sensibles y de elevadas miras, morirá a manos del tam-tam [tambor africano de gran tamaño] y la originalidad cutre y escatológica, el sexo y el dinero... otras razas y la propia raza aria ya degenerada y mezclada.

     Para no dejar duda de su posición Wagner insiste en "Heroismo y Cristianismo":

     "Es evidente que no tendríamos historia de la Humanidad si no hubiera habido ni movimientos, ni actuación ni creaciones de la raza blanca. Ésta, siendo inferior en número que las razas inferiores, ha sido obligada a mezclarse con ellas, lo que ha sido la causa de su corrupción, puesto que con ello, como ya hemos dicho, la raza blanca ha perdido más de sus características mientras que las otras no lo ganaban para ennoblecer su sangre".

Parte Segunda: La Moral como Cualidad Superior

     Ahora bien; Wagner pese a ser consciente de todo ello no apoya las conclusiones de Gobineau, un racismo excluyente y brutal, sin esperanza ni consideración para los demás humanos. Wagner sabe todo lo que ha dicho, pero a la vez quiere presentar un sentido racial humano, "wagneriano", compasivo y global.

     Creo que este tema es fundamental para ver la diferencia entre el racismo xenofóbico, egoista y cruel frente a una concepción racial de la Humanidad, realista pero a la vez compasiva y generosa.

     "Una mirada sobre todas las razas no hará que ignoremos su unidad dentro del género humano, en el cual las cualidades en su sentido más noble las podríamos resumir en la capacidad de sufrir conscientemente. Creemos que esta facultad comporta la mayor predisposición a una evolución moral elevada".

     Wagner se une aquí a Schopenhauer: la conciencia del dolor y de sentir de forma elevada el destino de la Humanidad, así como de suavizar el dolor del mundo por el arte y la sensibilidad moral, es la cualidad superior a todas las otras.

     Tras ello Wagner expone dónde ve él la superioridad de la raza blanca:

     "Deberíamos buscar esa superioridad en una sensibilidad más fuerte y a la vez más tierna de la voluntad, voluntad que se manifiesta en una rica organización y una inteligencia más vigorosa... En cambio una preponderancia de la voluntad —ciega en sus exigencias— sobre la inteligencia denota una naturaleza inferior, dado que debemos ver los deseos estimulantes no como iluminados por la inteligencia sino por los vulgares instintos de los sentidos. El dolor, tan duramente manifestado como lo sea, en esas naturalezas inferiores no logrará darles más que una débil conciencia del mundo; por el contrario, una conciencia fuerte de la esencia del sufrimiento llega a hacer aumentar el conocimiento de la importancia esencial del mundo. Llamamos naturalezas heroicas las que ese proceso sublime desarrolla y manifiesta".

     Puro Schopenhauer: las razas que basan su cosmovisión en el deseo y el placer (la "voluntad", según la definición de Schopenhauer/Wagner sobre esa palabra) son siempre inferiores; las razas que desarrollan una filosofía del dolor y el mundo son las que aportan una conciencia moral elevada. Una raza que ha producido a Schopenhauer, Sócrates o los estoicos, ha efectuado una aportación moral decisiva a la Humanidad.

     El Héroe es quien lucha contra el dolor conscientemente, y Wagner nos pone como ejemplo Hércules que, con sus trabajos y su dolor profundo, lucha contra el dolor heroicamente, y de esa lucha surge el conocimiento de su valor y de la tragedia. Ese tipo heroico lo ve Wagner especialmente en la raza aria.

     "Este orgullo de la raza germánica es el alma del hombre sincero, del hombre libre, incluso cuando está en condición servil. No conoce el miedo, sino solo el respeto, virtud que en ese sentido exacto sólo existe en la lengua de los antiguos pueblos arios".

Parte Tercera: Contra el Exclusivismo Racial y la Opresión

     Wagner investiga luego otra religión (aparte de la cristiana) de origen ario, el brahmanismo:

     "Nosotros consideramos la religión brahmánica como el testimonio más asombroso del conocimiento y la comprensión de esas primeras generaciones de arios que encontramos en la Historia, y que fundándose en el conocimiento más fundamental del mundo, construyeron un monumento religioso aún no destruído después de tantos miles de años".

     Sin embargo el brahmanismo tiene un defecto: es una religión racial, o sea, no da una compasión y salvación para todo el género humano. Y eso lo critica totalmente Wagner.

     En ese momento Wagner muestra su aspecto más interesante: la compaginación entre el racismo y el orgullo ario, entre el reconocimiento de la superioridad aria en la conciencia heroica y trágica, y a la vez la compasión y la redención para el género humano en general, tal como en Parsifal se expone, la compasión en el sacrificio voluntario y consciente de Cristo por la Humanidad. Así, dice:

     "Esta sangre del Salvador derramándose en su cabeza, en las heridas de la cruz, ¿qué sacrílego se preguntaría si pertenece a la raza blanca o a otra raza cualquiera?. Si lo llamamos divino, no podemos buscar su fuente más que en la facultad de sufrir conscientemente".

     "Si encontramos en la raza blanca esta facultad de sufrir con plena conciencia en un grado particularmente elevado, nos será preciso reconocer en la sangre del Salvador la suma de esos sufrimientos conscientemente voluntarios que se derrama bajo la forma de compasión divina a través de todo el género humano...".

     Todo hombre que sufre es digno de redención, y la elevación moral del ario debe estar al servicio de esa compasión humana y no servir para aumentar el dolor de los demás. Pero cuidado: esa comprensión sobre todo el género humano no es en absoluto un llamamiento o aceptación de la igualdad y menos a la mezcla. Por ello Wagner dice inmediatamente:

     "Sin embargo, no queremos callar la monstruosa hipótesis según la cual el género humano estaría destinado a aceptar una unidad total, y no podemos menos que tener de esa unidad una imagen espantosa, como la que Gobineau nos muestra en su obra".

     Nada más lejos de Wagner que la mezcla y la raza única, la utópica igualdad, como nada más lejos que la xenofobia o el desprecio a todo doliente.

     Wagner niega la moralidad del dominio de una raza sobre otras, pese a la superioridad de conciencia de la raza blanca. La única solución es una conciencia moral que haga ver la cualidad humana antes de la racial y que sin destruír las razas no permita su explotación ni su desprecio.

     No hay igualdad intelectual ni de capacidad ni de cultura, pero debe haber un "sentido moral humano" común que impida la explotación y el abuso, un sentido de amor y compasión a todos. Esa moral ante el dolor, esa compasión universal, la ve en Cristo.

     Así, el héroe al servicio de Cristo, el ser consciente del dolor, el ser superior, que lucha por la redención de la Humanidad entera, sin distinción en el dolor y la compasión... es Parsifal. De alguna forma la misión del héroe ario es ser consciente del dolor del mundo, y a través de hechos heroicos (arte y lucha) redimir a la Humanidad en lo posible.

     En "Heroísmo y Cristianismo" Wagner se muestra profundamente anti-eclesiástico, le repugna la "Iglesia latino-semítica", pero al mismo tiempo reconoce algunas virtudes especiales en la Iglesia católica, como por ejemplo que no permita ser sacerdotes más que a individuos sanos y que sea causa de exclusión ser enfermo congénito o mutilado grave (suponemos que esa sana elección no será hoy en día "políticamente correcta" y habrá quizás sido eliminada por el Vaticano II). Wagner no apoya una Iglesia sino a Cristo, al redentor del dolor de la Humanidad. No es un teólogo sino que "siente" el dolor del Cristo en la cruz porque lo sufre conscientemente por los demás.


GOBINEAU y WAGNER TRAS la MUERTE de AMBOS

     "Cada vez que miro a mi esposo me convenzo de la pureza de su raza (...) Veo al mundo germano, como al romano, podrido de elementos semitas, lo que me fastidia tremendamente" (Cósima, Carta a Gobineau 16 de Enero de 1881).


     El movimiento wagneriano no dejó nunca de apoyar a Gobineau; es más, Gobineau debe su fama a los wagnerianos.

     Después de muerto, Gobineau debe al wagnerismo aun un gran favor: haber creado un grupo de simpatizantes que trabajaron para darlo a conocer, y en concreto haber animado a Ludwig Schemann a dedicarse a promover la obra de Gobineau.

     Schemann fue fundador del círculo wagneriano de Göttigen, formando parte del círculo íntimo de Bayreuth. Cósima Wagner lo instó a dedicarse a estudiar la obra de Gobineau, y lo puso en contacto con la condesa de La Tour (la gran musa de Gobineau durante toda su vida), con quien formó la idea de crear un Círculo Gobineau en 1893. La Gobineau Vereinigung fundada por Schemann y Wolzogen (el gran wagneriano director de la Bayreuther Blätter), tuvo también la adhesión de H. S. Chamberlain de los más directos wagnerianos. Gracias a ello pudo traducirse al alemán el "Ensayos sobre la Desigualdad de las Razas Humanas" y extender la fama de Gobineau en Alemania. Cósima, Wolzogen, Schemann y Chamberlain fueron los propagadores de las ideas y obras de Gobineau, aunque con matizaciones, tal como Wagner había indicado.

     Gobineau era un racista pesimista: la mezcla de razas lleva a la decadencia humana, hacia el rebaño, y no ve solución para evitarlo. Nada se puede hacer, no hay remedio, la mezcla racial es inevitable y con ello el rebajamiento del sentimiento consciente, el arte se hará diversión y la Humanidad perderá elevación.

     Wagner asume ese posible destino pero trata, quizás con un sentido de inutilidad práctico pero de "necesidad moral", de dar una solución con un arte elevado, un Arte para la redención.

     Cósima apoyará siempre a Wagner, aunque tendrá un sentido anti-judío mucho más pronunciado y radical: "Nada es seguro en este mundo ruin, ni siquiera la omnipotencia de los judíos" (Carta de Cósima 26 de Febrero de 1881). Podemos ver aquello en infinidad de textos de sus Diarios, pero basta resaltar esta carta de Cósima a Gobineau 3 de Julio de 1881:

     «La palabra "bandera" me recuerda una anécdota que me contó Joukowsky, [un judío amigo de Wagner, pintor, que diseñó el primer Templo de Parsifal], que no me resisto a la tentación de contarle: Un banquero israelita de Berlín, en la guerra franco-prusiana, promete un premio de 10.000 marcos al primer soldado judío que le arrebate una bandera al enemigo. He aquí que un buen día un soldado judío llega con todos los certificados y la bandera enemiga. El banquero se asegura delante del Consejo de Guerra de que es así, y luego llama al soldado aparte y le dice: "Bueno, ahora me dirás la verdad, porque nosotros no somos de los que ganamos banderas enemigas". Entonces el soldado judío alemán se sincera: el portaestandarte francés también era judío y ¡habían llegado a un acuerdo para repartirse la mitad de la recompensa!».

     Cósima no tenía simpatía alguna por el judaísmo pero tenía muchos amigos judíos a los que apreciaba muchísimo. Recordemos a Joseph Rubinstein, judío ruso, wagneriano del círculo íntimo desde 1872, que quedó trastornado con la muerte de Wagner, declarando no tener sentido su vida, y se suicido un año después de morir Wagner.

     Chamberlain y Hans von Wolzogen se harán miembros desde el inicio del NSDAP de Hitler y tratarán de parar la decadencia por medio de una revolución política. Creen en la posibilidad de regeneración por una política eugenésica y de conciencia racial.

     No podríamos terminar sin resaltar una vez más la bondad de Wagner, su obsesión por la compasión y el amor como única justificación de la superioridad. Para él la superioridad del intelecto y el sentimiento son armas al servicio de redimir el dolor del mundo, no armas para generar más dolor y justificarlo por esa superioridad.–




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