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domingo, 22 de enero de 2017

El Plan Maestro de Heinrich Himmler



     En Julio de 2007 se publicó en historynet.com el siguiente texto de la periodista institucional canadiense Heather Pringle, autora de cuatro libros, incluyendo "The Master Plan. Himmler's Scholars and the Holocaust" (2006), que ofrecemos en castellano. De este artículo, que se refiere a los sueños de colonización con alemanes étnicos en tierras del Este que concibió el líder de la SS Heinrich Himmler, hemos suprimido, por cierto, diversas expresiones difamatorias y no comprobadas. Habla además de la formación y metodología de Himmler y de cuán querido le era ése su sueño. Originalmente este artículo fue publicado en la edición de Abril de 2007 de la revista World War II.


HEINRICH HIMMLER:
El Plan Maestro del Líder Nacionalsocialista
por Heather Pringle
Abril de 2007



     Durante la tarde del 2 de Julio de 1936 el líder nacionalsocialista de la SS Heinrich Himmler y un círculo de sus oficiales de alta graduación desfilaron a pie por las tortuosas calles de adoquín de Quedlinburg, una de las ciudades medievales más perfectamente conservadas en toda Europa. El personal de Himmler había estado planeando el viaje a esa pequeña ciudad en Alemania central durante semanas. Ellos ordenaron que las calles fueran limpiadas y que las viejas casas a lo largo de las carreteras principales fueran pintadas. Ellos pusieron banderas nacionalsocialistas en las azoteas y guirnaldas a lo largo de las paredes. Ellos hicieron que ensayara la banda de música de la SS y la rama local de la Juventud Hitleriana, y pidieron que un fotógrafo SS registrara los procedimientos desde el principio hasta el final. Nada que fuera de importancia fue pasado por alto.

     Vestido con un brillante casco negro, un inmaculado uniforme negro y altas botas negras, Himmler hizo su camino a la Colina del Castillo de la ciudad. Pálido, con una estructura delgada y una cabeza pequeña para su cuerpo, él parecía extrañamente fuera de lugar entre su séquito de hombres SS altos y de aspecto atlético. Él se detuvo para admirar el espléndido castillo de piedra de Quedlinburg, y luego se dirigió a su gran catedral medieval, el objetivo último de su peregrinación. Himmler despreciaba al cristianismo, una religión que predicaba la compasión por el débil y la hermandad de todos los hombres y que aceptó a un judío como el hijo de Dios. Pero la catedral de Quedlinburg guardaba algo de inmensa importancia: la tumba de un oscuro rey alemán del siglo X, Heinrich I.

     Himmler estaba cautivado por la Historia antigua, y él quería que todos los hombres SS compartieran su pasión. En efecto, él consideraba al pasado feudal como un modelo de la futura gloria del Tercer Reich. Él veía a Heinrich I como un gran líder que podría servir como modelo para Adolf Hitler, y planeó transformar la polvorienta tumba de la catedral en un lugar sagrado SS. Himmler estuvo a los pies de la cripta y dio un discurso exhortando a sus oficiales a poner cuidadosa atención al orgulloso pasado antiguo de Alemania. "Así como un árbol se marchita si sus raíces son removidas, del mismo modo un pueblo cae si ellos no honran a sus antepasados", advirtió él más tarde.

     Durante años los investigadores del Tercer Reich han ridiculizado el intenso interés de Himmler por el pasado alemán, desestimando ocasiones como su visita a Quedlinburg como la tontería de un fanático ebrio de poder. Incluso algunos importantes nacionalsocialistas se burlaban de su ardor por la Historia. Como Albert Speer, el antiguo arquitecto principal de Hitler, se mofó después de la guerra, Himmler "era mitad profesor de escuela, mitad chiflado". Pero Himmler era terriblemente serio en cuanto a devolver el Tercer Reich a la perdida Edad de Oro de su imaginación. En 1935 él fundó un gran instituto de investigación SS, empleando a más de 100 investigadores alemanes para estudiar el pasado y ayudar a instruír a los hombres de la SS en los caminos de sus ancestros.

     Con tal investigación él tenía la intención de transformar vastas extensiones del Reich en feudos medievales gobernados por señores SS, un plan que él comenzó a implementar antes de la guerra. Lejos de ser un soñador perdido en la fantasía, Himmler era un planificador cuidadoso y metódico que trabajó diligentemente en pos de ese futuro de modo incansable. En efecto, aquél era un polo de su existencia, los soleados pueblos agrícolas SS.

     Himmler empezó a construír ese futuro de tres modos. Él reclutó a hombres altos y de cabello rubio para la SS a fin de científicamente criar de nuevo lo que él creía que era una antigua raza superior. Con la ayuda de sus investigadores, él instruyó a los hombres SS y sus familias en la antigua religión alemana, su ciencia y sus prácticas de cultivo de la tierra. Y antes de que la guerra comenzara, él comenzó a instalar familias SS en pueblos "feudales" de casas de estilo medieval recién fabricadas. Él planeaba crear miles de esas colonias antiguas en tierras conquistadas a través de Europa del Este. De esa manera, Himmler esperaba dar a luz una nueva Edad de Oro, revirtiendo así la decadencia de la civilización occidental y rescatando a la Humanidad de su fango. Aquello era una utópica ingeniería social. Pero Himmler, que se elevó hasta llegar a convertirse en el segundo hombre más poderoso del Reich hacia principios de 1945 a medida que la salud de Hitler fallaba, tenía la intención de implementar totalmente aquel plan si la Alemania Nacionalsocialista ganaba la guerra. Sólo la derrota aplastante propinada por los Aliados lo detuvo.

     Himmler heredó su pasión por la Historia antigua y por la clasificación científica de su padre profesor, Gebhard Himmler. Este último se había especializado en filología en la universidad, una disciplina definida por el Athenaeum en 1892 como "una ciencia maestra, cuyo deber es presentarnos toda la vida antigua, y dar a la arqueología su justo lugar al lado de la literatura". Gebhard Himmler se encargó con mano fuerte de la educación de sus hijos. A menudo por las tardes él y su esposa les leían en voz alta libros de Historia alemana o las sagas de los bardos europeos medievales. El joven Heinrich llegó a amar los viejos cuentos. Empapado en el saber medieval, él había memorizado estudiosamente los detalles de las batallas más famosas de Alemania cuando tenía unos 10 años. En la escuela secundaria, su conocimiento del armamento y la guerra antiguos rivalizaba con el de sus profesores.

     Él no hizo amigos fácilmente. Él pasó parte de su infancia en una pequeña ciudad fuera de Múnich, donde Gebhard Himmler era un vicedirector en la escuela local. Los estudiantes allí descubrieron que Heinrich con regularidad relataba las travesuras de ellos al padre de él, lo que provocaba severas acciones disciplinarias. Entonces los otros muchachos lo rechazaron, quedándose silenciosos cuando él se acercaba y reanudando sus conversaciones sólo cuando él estaba fuera del alcance del oído.

     Durante las vacaciones, Gebhard llevaba a sus hijos de visita a sitios arqueológicos e históricos. Juntos, ellos buscaban piedras rúnicas para leer y recolectaban monedas y pequeños artefactos para estudiar en casa. La arqueología en ese entonces era en gran parte una ciencia de clasificación. Los discípulos de aquella ciencia procuraban identificar y clasificar artefactos en categorías exactamente definidas, un paso importante para conseguir el sentido de objetos recuperados de la tierra. Gebhard siguió el ejemplo, clasificando la colección familiar de artefactos y organizándolos en un sistema de clasificación que él estableció en un cuarto especial en su departamento de Múnich. El joven Himmler disfrutaba ese proceso de convertir el caos de la vida antigua en un orden rígido e inflexible, y el placer que él recibió de ello parece haberse quedado con él toda su vida. Bajo su dirección, los funcionarios de campo de concentración más tarde introdujeron insignias codificadas por color para los prisioneros de modo que los individuos pudieran ser clasificados de un vistazo en una de 18 categorías precisas, desde presos políticos a gitanos.

     Por requerimiento de su padre, Heinrich también desarrolló una devoción casi fanática por la acción de organizar. Él a menudo anotaba en su diario el momento exacto del día cuando él recibía cartas y saludos de cumpleaños de miembros de su familia y amigos. Él registraba el tiempo preciso en que su tren partía desde una estación, y mantenía una lista larguísima de todos los libros que había leído, a menudo escribiendo las fechas en que comenzó y terminó cada uno, seguido de unas breves frases que sintetizaban de manera precisa su respuesta a ellos. Todo, parece, debía ser observado, documentado, organizado y sistemáticamente clasificado.

     En los años finales de su adolescencia, sin embargo, él se incomodó por el férreo control por parte de su padre. La Primera Guerra Mundial había terminado con la derrota de Alemania, dejando la economía alemana en ruinas. Impaciente por escapar a un mundo más simple y más bucólico, Himmler decidió estudiar agricultura, matriculándose en la que es llamada ahora la Universidad Técnica de Múnich. Allí él desarrolló un interés personal por la cría de ganado. Para Himmler, un micro-gerente innato, aquél era un modo de perfeccionar un mundo moderno cada vez más imperfecto y aproblemado. Hacia esa época él abrazó totalmente el extremismo político derechista. Él se integró al Partido Nacionalsocialista en el verano de 1923, y cuando dos años más tarde fue publicado el primer volumen del manifiesto de Hitler, Mein Kampf, Himmler cayó sobre el libro como un hombre hambriento.

     A Himmler le causaron mucha impresión las ideas de Hitler acerca de los orígenes del pueblo alemán. El líder del Partido Nacionalsocialista creía que muchos de sus compatriotas podrían remontar al menos parte de su linaje heredado a una raza gobernante primordial, los arios, que habían llevado la civilización a un mundo primitivo. "Toda la cultura humana", escribió él, "todos los resultados del arte, la ciencia y la tecnología que vemos ante nosotros hoy, es casi exclusivamente el producto creativo del ario". El mundo había perdido su chispa de genio, argumentaba él, cuando los arios se casaron con razas menores, diluyendo de esa manera su sangre superior.

     Himmler encontró esas ideas de una Edad de Oro aria perdida enormemente atractivas. Él hacía tiempo que estaba empapado con cuentos de señores feudales y reyes, soldados y campesinos, Caballeros Teutónicos y Emperadores romanos. En verdad, casi un tercio de los libros que él había leído desde sus años adolescentes exploraba asuntos históricos. En el carismático Hitler él creyó que había encontrado por fin a alguien que compartiera su pasión por el pasado.

     Hitler también vio algo atractivo en Himmler: un fervor profundo e inconmovible y una obediencia ciega a su autoridad que él exigía de todos los miembros de su círculo interno. Himmler, que había servido bien al partido como un joven organizador electoral, también mostró signos de poseer el genio organizativo. Así, en Enero de 1929 Hitler lo puso a la cabeza de la Schutzstaffel, o SS, un cuerpo de guardaespaldas de élite que había sido formado cuatro años antes. La SS había dejado, sin embargo, de cumplir con las expectativas de Hitler, y él pensó que era tiempo para una reestructuración importante.

     Himmler tenía hambre de éxito en su nuevo cargo y comenzó a reorganizar a la SS de arriba abajo. Él finalizó las caóticas reuniones de grupo donde los hombres SS simplemente holgazaneaban, fumando y contando historias y jactándose sobre las cabezas comunistas que ellos habían roto. Con Himmler en el timón, los miembros desfilaban en un enérgico ejercicio militar antes de cada reunión. Ellos cantaban canciones SS y escuchaban atentamente los discursos políticos que consumían la mayor parte de las reuniones. Hacia fines de 1931 la SS se jactó de tener 10.000 miembros, con grandes cantidades de nuevos postulantes llegando diariamente.

     A pesar de ello Himmler estaba lejos de estar satisfecho. En su propia mente él veía a los hombres SS como la nueva aristocracia del Tercer Reich: el ganado humano que podía ser usado para criar de nuevo la antigua raza maestra. En 1931 él instruyó a su personal jerárquico para que aceptaran sólo a varones jóvenes que poseyeran rasgos de la raza aria, o, como la SS prefirió llamarla, nórdica. Para seleccionar a esos hombres, los consejeros de Himmler desarrollaron un sistema de clasificación racial y abordaron su trabajo, como Himmler más tarde anotó, "como un jardinero de invernadero que trata de reproducir una vieja buena variedad que ha sido adulterada y degradada; comenzamos desde los principios de la selección de la planta y luego nos pusimos sin ninguna conciencia de culpa a desmalezar a los hombres que pensábamos que no podíamos usar para la edificación de la SS".

     Los examinadores requerían que los candidatos se sometieran a un examen médico y presentaran tanto una detallada carta genealógica como un conjunto de fotografías de ellos mismos. En las oficinas SS los examinadores estudiaban minuciosamente esas fotografías, buscando supuestos rasgos nórdicos: cabeza alargada, cara estrecha, frente llana, nariz estrecha, barbilla angular, labios delgados, cuerpo alto y delgado, ojos azules y pelo rubio. Ellos evaluaban los físicos de los postulantes mediante una escala de 1 a 9, y luego los clasificaban de acuerdo a una escala de 5 puntos, que iba desde "nórdico puro" a "sospechoso de tener componentes sanguíneos no-europeos". Ellos también exploraban las historias médicas de la familia del hombre en cuestión, en busca de enfermedades congénitas. Finalmente ellos decidían: una carta verde que significaba "apto para la SS", o un rechazo marcado de rojo.

     Aquellos que eran aceptados en la SS eran animados a que pensaran de sí mismos como una nueva aristocracia genética. Mientras la mayor parte de los alemanes de aquella época viajaba en el magnífico sistema de trenes urbanos del país, por ejemplo, conductores de una flota de automóviles privados trasladaban a los oficiales SS hacia sus destinaciones. Y Himmler se aseguró de que sus hombres SS parecieran bien presentados y elegantes. La firma alemana de Hugo Boss [miembro del Partido Nacionalsocialista desde 1931] suministró sus uniformes. En contraste con las desaliñadas camisas y pantalones marrones de la otra fuerza de seguridad, la Sturmabteilung, o SA, los hombres de Himmler iban adornados de modo impresionante en negro con destellos de plata en el cuello. En sus gorras ellos llevaban puesta una calavera de plata, que supuestamente simbolizaba el "deber hasta la muerte". Tal esplendor en el vestuario claramente servía a un objetivo dual: intimidaba a las víctimas y también estaba destinado a añadir atractivo sexual masculino, incrementando las posibilidades de "éxito con las muchachas", como Himmler una vez comentó a un potencial recluta.


     Himmler, después de todo, era particularmente agudo para hacer a sus hombres tan atractivos para las mujeres como le fuera posible. Pero como cualquier criador cuidadoso, él no quería que su apreciado grupo se emparejara simplemente con cualquier compañera. Las potenciales esposas tuvieron que someterse a un examen racial ellas mismas después del 21 de Diciembre de 1931, y presentar informes médicos, cartas genealógicas y fotografías a los examinadores raciales de la SS. Si ellos encontraban alguna falta en la calidad racial de una mujer, Himmler negaría su permiso para que la pareja se casara. Sólo de esa manera, creía Himmler, podía la SS criar una nueva raza maestra; el futuro de Alemania dependía de eso. "Si tuviéramos éxito en establecer esta raza nórdica otra vez desde y alrededor de Alemania", observó él más tarde en un discurso ante líderes SS, "y en inducirlos a llegar a ser agricultores y de ese semillero producir una raza de 200 millones...".

     Incluso así, no era bastante para criar de nuevo una élite racial en opinión de Himmler. Él quería que los reclutas de la SS pensaran y vivieran como lo habían hecho sus antepasados. Así, el 1º de Julio de 1935 Himmler fundó un nuevo instituto de investigación de la SS para reconstruír todos los aspectos de la cultura germana primitiva. Oficialmente, la organización era conocida como Studiengesellschaft für Geistesurgeschichte, Deutsche Ahnenerbe, es decir, Sociedad para el Estudio de la Historia Intelectual Primordial, Herencia Ancestral Alemana. Pero la mayoría pronto comenzó a llamarlo el "Ahnenerbe".

     En 1939 Himmler trasladó la oficina central del instituto que rápidamente crecía a una gran residencia en uno de las vecindarios más acomodados de Berlín, y aseguró para el instituto una amplia financiación. Él lo equipó con laboratorios, bibliotecas y talleres de museo, y él personalmente supervisó sus operaciones. En su auge antes de la guerra, el Ahnenerbe contaba con 137 investigadores y científicos alemanes en su nómina, muchos de los cuales poseían grado de doctor y enseñaban en universidades alemanas.

     A instancias de Himmler, el personal estudió una amplia variedad de temas, desde los antiguos estilos germánicos de construcción hasta antiguas clases "nórdicas" de caballo e instrumentos musicales primitivos. Himmler incluso pidió a los investigadores del Ahnenerbe que estudiaran las prácticas sexuales de antiguas tribus germánicas, probablemente para que él pudiera desarrollar pautas para los hombres SS acerca de los tiempos más propicios para tener relaciones sexuales.

     Al igual que otros nacionalsocialistas superiores, Himmler creía que la futura raza maestra tenía que ser apartada de la decadencia moral de las ciudades y restaurada a las rústicas vidas de sus antepasados. Uno de los colegas cercanos de Himmler, Richard Walther Darré, había argumentado en 1929 en un libro titulado "La Agricultura como una Fuente de Vida para la Raza Nórdica" que eran las antiguas tradiciones agrícolas las que habían refinado y aguzado a los hombres y mujeres nórdicos y convertido en una raza superior. En tiempos pasados, sugería Darré, cada agricultor había escogido sólo a un hijo —el más fuerte, más resistente y más valeroso— para que heredara su tierra. Por consiguiente, sólo los más adecuados habían cultivado los campos durante las generaciones, creando un linaje humano superior. Himmler concordaba con ese análisis. "El granjero en su propia hectárea", observó él una vez, "es la columna vertebral de la fuerza y el carácter del pueblo alemán".

     Como líder de la SS, Himmler resolvió establecer a tantos de sus hombres y oficiales como le fuera posible en especiales comunidades granjeras en Alemania. Él ordenó que los funcionarios SS superiores prepararan proyectos para aquellos asentamientos, usando la investigación del Ahnenerbe. Las comunidades debían tener un estándar, una gran similitud. En el centro de cada una había un anfiteatro al aire libre conocido en el lenguaje nacionalsocialista como una Thingplatz. La idea fue tomada prestada del antiguo Thing escandinavo, una asamblea de hombres libres que se reunían en un campo o pueblo común para elegir a sus jefes y resolver disputas. La Thingplatz SS, sin embargo, era mucho menos democrática. Himmler la imaginó como un lugar donde las familias SS sostendrían reuniones con antorchas, organizarían celebraciones de los solsticios y presentarían sus propias obras de propaganda.

     Cada colonia también tendría un campo de tiro y un cementerio distintivo donde los vivos podrían honrar a los muertos. Tendría edificios para alojar a las ramas locales del Partido Nacionalsocialista, la SS y la Juventud Hitleriana, así como una variedad de organizaciones femeninas nacionalsocialistas. Y tendría una Sportplatz, donde los hombres y las mujeres jóvenes de la comunidad podrían recibir entrenamiento físico en una amplia variedad de deportes y gimnasia. Hitler mismo había enfatizado la importancia de tal formación. El deporte, él había notado en Mein Kampf, "haría al individuo fuerte, ágil y valiente" y "lo endurecería y le enseñaría a soportar las privaciones". Tal formación, él opinó posteriormente, produciría a la vez hombres desafiantes y "mujeres que son capaces de traer hombres al mundo".

     Las casas de madera de las granjas de las colonias serían espaciosas y firmemente construídas, como conviene a casas de una raza maestra. Los planificadores de la SS favorecieron un estilo de vivienda primitiva conocida como Wohnstallhaus, que se remontaba al menos a la época romana en Alemania, y posiblemente antes. Un diseño básico pedía un edificio largo y estrecho de casi 3.000 mts² que combinara la casa familiar con un granero bajo un solo techo. La mitad delantera del espacioso edificio presentaba escaleras abajo una sala de recepción y una cocina espaciosa, donde varios pequeños niños podrían correr libremente, así como varios dormitorios escaleras arriba. La mitad trasera alojaba el establo de la familia y un granero para pollos, cerdos y ganado. Pero el diseño era muy flexible. Los hombres SS podrían añadir más espacio cuando llegaran nuevos bebés.

     Se esperaría que cada uno en el asentamiento observara la doctrina SS. Dicho en palabras simples, eso significaba el mantenimiento de la pureza de sus linajes nórdicos a toda costa y producir tantos niños como fuera posible. Para demostrar la pureza de su linaje, se requeriría que cada familia conservara una detallada carta genealógica de sus ancestros, así como una copia de su Sippenbuch, o historia del clan. Además, los pobladores serían animados a investigar y mostrar sus símbolos de clan y escudo de armas de familia.

     Bajo la dirección de Himmler, los planes rápidamente tomaron forma, y en 1937 la SS se puso a trabajar fundando su primera colonia modelo en el antiguo e histórico pueblo de Mehrow, al Este de Berlín. La SS compró parte de una gran propiedad a la hija de un industrial de Berlín por 1 millón de Reichsmarks, el equivalente de aproximadamente 5,2 millones de dólares de hoy. Los funcionarios entonces procedieron a dividir la propiedad entre sólo 12 familias SS. El bloque más grande de tierra —unas 40 hectáreas— fue dado a un médico SS. Parcelas más pequeñas fueron luego entregadas a hombres de rangos inferiores. Dentro de poco, granjas de aspecto medieval marcaban el paisaje, cada una habitada por una familia SS.

     Pero la SS no podía esperar comprar suficiente tierra para asentar a todos sus oficiales y hombres en la felicidad rural en Alemania y Austria antes de la guerra. Los costos eran simplemente demasiado grandes. De todos modos, Himmler tenía grandes esperanzas para el futuro, particularmente después de que Alemania consiguió una brillante victoria en la Operación Barbarroja contra la Unión Soviética en 1941.

     Durante el verano de 1942 los oficiales superiores SS fueron sorprendidos por el alto espíritu de su líder. Himmler había sentido gran placer en la caída de Sebastopol el 4 de Julio, lo que expandió considerablemente el control alemán de la Península de Crimea en Ucrania. En el brillo de la victoria, él comenzó a enfocar sus energías otra vez en el proyecto de colonización masiva que había estado dando vueltas y evolucionando en su mente durante más de una década. Con su ejército aparentemente invencible, el Tercer Reich había tragado gran parte de Europa del Este y había dado un impresionante golpe a la Unión Soviética occidental, y Himmler esperaba transformar las más ricas tierras de labranza de los nuevos territorios en propiedades feudales gobernadas por jefes supremos de la SS o del Partido Nacionalsocialista.

     Así, a finales de Enero de 1942 Himmler comenzó a trabajar estrechamente con un planificador superior y científico agrícola, Konrad Meyer, para desarrollar un detallado modelo para presentar a Hitler. Los dos hombres propusieron plantar tres grandes colonias alemanas en el Este. Una abarcaría Leningrado y las tierras directamente al Sur; la segunda se sentaría a horcajadas sobre el Norte de Polonia, Lituania y el Sudeste de Letonia; y la tercera abrazaría Crimea y los ricos campos del Sudeste de Ucrania. Himmler estimó que le tomarían 20 años al Reich "germanizar" completamente aquellas tres regiones. Los examinadores de la SS tendrían primero que seleccionar a individuos que vivieran en las regiones que ellos consideraban racialmente valiosas. A éstos se les permitiría quedarse. Las fuerzas de seguridad expulsarían entonces a todos los eslavos y otros grupos "racialmente indeseables".


     Las tres regiones serían entonces repobladas con pequeños pueblos de alemanes étnicos y colonos SS. Cada pueblo, explicó Himmler a su médico personal Felix Kersten, "abarcará entre 30 y 40 granjas. Cada agricultor recibirá hasta 120 hectáreas de tierra, más o menos según la calidad del suelo. En cualquier caso, se desarrollará una clase de agricultores financieramente poderosos e independientes. Los esclavos no labrarán ese terreno sino que más bien nacerá una aristocracia agricultora, tal como la que usted todavía encuentran en los Estados Westfalianos (en Alemania)".

     Una "casa señorial" ocupada por un SS o líder del Partido Nacionalsocialista dominaría cada pueblo. Además, cada asentamiento presentaría una Thingplatz y una oficina central del partido local que Himmler visualizó como un "centro para la formación e instrucción intelectual general". Himmler también planeaba transformar partes de las estepas rusas, con sus amplias praderas, en su visión de una adecuada patria teutónica. El "hombre germánico", explicó él a Kersten, "sólo puede vivir en un clima adecuado a sus necesidades y en un país adaptado a su carácter, donde él se sentirá en casa y no atormentado por la nostalgia". Por ello Himmler decidió plantar espesas arboledas de robles y hayas para reproducir los antiguos bosques del Norte de Alemania. "Crearemos un país algo así como el de Schleswig-Holstein", presumió él.

     Himmler estaba bastante consciente de que tal esquema de colonización ayudaría a motivar a los oficiales SS para que cumplieran sus órdenes. Muchos hombres SS habían crecido en departamentos pequeños y atestados en ciudades alemanas, y ellos ansiaban lo que veían como la vida al aire libre de un señor feudal: montando caballos finos, cenando abundante comida fresca y practicando la caza cada vez que quisieran. Como recordó el médico de Himmler después de la guerra: "Todos ellos soñaban con las magníficas propiedades en el Este que les habían sido prometidas como los primeros frutos de la victoria. Ellos se volvían entusiastas y elocuentes con respecto al tema".

     De esa manera, a principios de Julio de 1942 Himmler comenzó a presionar a Hitler para que tomara una decisión en cuanto a su plan de colonización. El Führer había ridiculizado en privado algunas ideas de Himmler acerca de Historia, particularmente su entusiasmo por las tribus de la Edad del Hierro de Alemania. "Es bastante malo que los romanos estuvieran erigiendo grandes edificios cuando nuestros antepasados todavía estaban viviendo en chozas de barro", se quejó Hitler en una ocasión ante Albert Speer. "Ahora Himmler está comenzando a desenterrar esos pueblos de chozas de barro y entusiasmándose por cada tiesto y hacha de piedra que él encuentra". Pero Hitler estaba agradado con el programa de Himmler de selección racial en la SS. El campo cerca de su residencia alpina en Berchtesgaden, observó Hitler en Abril de 1942, "abunda en niños pequeños alegres y sanos", gracias al regimiento SS estacionado allí. "Ésa es una práctica que debe ser seguida. A aquellos distritos en los cuales es evidente una tendencia hacia la degeneración, debemos enviar un cuerpo de tropas de élite y dentro de diez o veinte años el linaje racial será mejorado más allá de todo reconocimiento".

     De esa manera, Hitler escuchó atentamente a Himmler cuando éste presentó su nuevo plan para plantar colonias dirigidas por la SS a lo largo de las lejanas fronteras de los nuevos territorios del Este. El 16 de Julio de 1942 el líder SS informó a su médico que Hitler había aprobado por fin ese proyecto de colonización masiva. Aquélla era una gran victoria personal. En efecto, Himmler lo llamó "el día más feliz" de su vida.

     Tales amplios proyectos, que implicaban el traslado de millones de personas por ferrocarril, no podían ser probablemente realizados en 1942, con una guerra mundial aún por ganar. Ellos tendrían que esperar la victoria. Mientras tanto, sin embargo, Himmler resolvió establecer una pequeña colonia de prueba alrededor de su propio cuartel central de campo en Hegewald, no lejos de la capital ucraniana de Kiev. El 10 de Octubre de 1942 sus tropas comenzaron a acorralar a 10.600 hombres, mujeres y niños ucranianos de los alrededores de Hegewald, subiéndolos a la fuerza en furgones destinados a campos de trabajo en el Sur. Hacia mediados de mes muchas casas en la región estaban vacías.

     Poco después los trenes comenzaron a descargar a miles de nuevos pobladores, familias alemanas étnicas llevadas desde pueblos y ciudades de Ucrania del Norte. Las tropas SS locales no les dejaron ninguna duda, sin embargo, en cuanto a quién gobernaba la nueva colonia. Los especialistas agrícolas de la SS repartieron parcelas de tierra a los recién llegados y notificaron a cada familia de las cuotas SS de leche y vegetales que se requeriría que ellos cumplieran. Ellos también informaron a los colonos que ellos podían esperar tener confiscadas sus cosechas siempre que la SS las necesitara.

     Aquélla no era la clase de colonia SS que Himmler había planeado originalmente, pero él pretendía poner en orden los asuntos tan pronto como Alemania ganara la guerra, otorgando grandes parcelas de tierra en el Este a sus hombres y oficiales SS. Esa oportunidad nunca llegó. La marea de la guerra se volvió contra el Tercer Reich, obligando al líder SS a aplazar el proyecto en el cual él y Konrad Meyer habían trabajado tan diligentemente. Poco después de la rendición alemana en la primavera de 1945, Himmler se suicidó. Y en los meses que siguieron, sus oficiales de alta graduación se encontraron alojados en campos de internamiento de posguerra, en vez de las grandes haciendas que les habían sido prometidas.

     Hoy todo lo que queda de la visión de Himmler son unas cuantas ex-fincas SS que salpican el camino en Mehrow, al Este de Berlín.–



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