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martes, 10 de enero de 2017

El Concepto Indoeuropeo de Historia Cíclica



     En el sitio geopolitica.ru se publicó en Septiembre pasado el siguiente artículo del autor Christopher Pisarenko, que ofrecemos a continuación traducido, el cual partiendo de la visión cíclica que se comprueba en diferentes culturas indoarias, aterriza como ejemplo la clásica estructura mítica de las Cuatro Edades, tan griega como hindú, comentándola. Y hemos además agregado un breve texto de Aleksandr Dugin (anticompromat.org) con algunas definiciones precisas del fascismo, y en particular de un próximo fascismo ruso pevisto por algunos.


El Concepto Indo-Europeo de HISTORIA CÍCLICA
y la Búsqueda para Adquirir la Sabiduría Perdida
por Christopher Pisarenko
Septiembre de 2016



     A pesar de todas las malas cosas que uno pudiera decir de la Alemania de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial (y hay muchas "cosas malas" que decir), es un hecho de la Historia que antes de la Segunda Guerra (entre 1933 y 1939) el gobierno alemán llevó a cabo una búsqueda científica y cultural del conocimiento perdido, acción que no tenía precedentes en los anales de la Historia registrada. Específicamente el Reich alemán procuró adquirir tanto del conocimiento o sabiduría perdida de los antiguos pueblos indoeuropeos como le fuera posible. Fue la tarea especial del Ahnenerbe (la división cultural y científica de la SS) buscar e investigar todos los aspectos del pasado indoeuropeo o, como ellos dijeron, "ario".

     Huelga decir que esa masiva tarea científica de ningún modo estuvo confinada al continente europeo sino que abarcó el área del globo entero. Desde Alemania al Tíbet, a Sudamérica y más allá —dondequiera que se dijera que una gran civilización había surgido y desaparecido misteriosamente— el Ahnenerbe estaba allí "en la escena", por así decir, conduciendo el extenso trabajo arqueológico de campo y empleando otros métodos integrados de la investigación científica.

     Ese admirable esfuerzo, completamente digno de elogio, independientemente de sus diversos defectos debidos a la ideología del régimen nacionalsocialista mismo, es lo que llevó al líder eurasianista Alexander Dugin a decir en su artículo de 1997 "Fascism. Borderless and Red" que el Ahnenerbe era "un oasis intelectual en el marco del régimen nacionalsocialista" [1]. De hecho, esa declaración es completamente exacta.

[1] NdelT: El breve e interesante artículo "Fascismo. Sin Límites y Rojo" de Dugin va traducido a continuación de éste. Habiendo visto la traducción inglesa y revisado el original ruso, no se constata la existencia de dicha frase, a menos que el autor la haya suprimido o corresponda a una redacción anterior.

     En gran contraposición a los innegables aspectos hiper-militaristas y etno-chauvinistas del régimen nacionalsocialista —y la cultura abiertamente tosca de la burocracia que por lo tanto surgió y fue tipificada por gente como Martin Bormann— el Ahnenerbe fue en efecto un gran "oasis intelectual" que acumuló una enorme riqueza de información académica que los Aliados occidentales ignoraron o abiertamente refutaron. El resultado es que, hasta este día, la mayoría de la gente en Occidente permanece totalmente ignorante de muchas de las probadas conclusiones históricas que eran de "conocimiento común" para los eruditos de la vanguardia del Tercer Reich (la mayor parte de los cuales ha fallecido ahora).

     Una cosa que llegó a ser clara para el Ahnenerbe, desde temprano, fue que todas las culturas indoeuropeas pre-cristianas parecieron concebir la Historia como cíclica más bien que como lineal. En otras palabras, todas las antiguas culturas indoeuropeas "paganas" creían en un orden rítmico orgánico tanto del Tiempo como del Espacio. Esta concepción de la Historia cíclica —primero expuesta en tiempos modernos por Nikolai Danilevsky (1822-1885) y luego por Oswald Spengler (1880-1936)— está en absoluto contraste con la creencia semita "Abrahámica" de una concepción puramente lineal o teleológica del Tiempo.

     Quizá la evidencia más convincente que apoya la concepción cíclica del Tiempo es el recurrente tema de las "Cuatro Eras del Hombre" que aparece en muchas de las culturas indoeuropeas antiguas del mundo. La descripción greco-romana de las Cuatro Edades ha llegado a nosotros desde los antiguos autores el griego Hesíodo y el romano Ovidio, quienes asociaron cada período con un metal particular. Ellos perfilaron las Cuatro Edades así: (1) la Edad de Oro, (2) la Edad de Plata, (3) la Edad de Bronce, y (4) la Edad de Hierro.

     El lector debería notar que estas dos últimas épocas no tienen nada que ver con las consensuales históricas Edades del Bronce y del Hierro. Más bien ellas corresponden a los períodos cíclicos de la cosmología indo-aria (hindú) conocidos como Yugas, que son, en este orden: (1) Satya o Krita-Yuga, (2) Treta-Yuga, (3) Dvapara-Yuga, y (4) Kali-Yuga o la "Edad Oscura". En el modelo de Hesíodo, una quinta "Edad de los Héroes" fue insertada entre las Edades de Bronce y de Hierro. Evidentemente la Edad de los Héroes era una restauración parcial aunque efímera del elevado estado primordial (la Edad de Oro) como ha sido relatada en los numerosos cuentos heroicos de la mitología, todos los cuales apuntan a un sentido esotérico más profundo. Nuestra propia época actual, que incluye tanto a la modernidad como a la post-modernidad, es la del Kali-Yuga o Edad Oscura, la Era de la degeneración humana desenfrenada.


     La Doctrina de las Cuatro Edades fundamentalmente apoya el concepto de involución o "caída" de la Humanidad desde un estado primitivo de conciencia superior. De hecho tanto la involución como la evolución (en un sentido no-Darwiniano) están en completa armonía con las creencias de la mayoría de las culturas tradicionales de todo el mundo. En efecto, tanto la evolución (es decir, la búsqueda de la conciencia espiritual superior) como la involución (sumisión a la degeneración materialista) son vistas orgánicamente como continuamente interactuando con cargas positivas y negativas para el equilibrio o "danza" cósmica de la Naturaleza. Así, el concepto de involución sostiene que a medida que la decadencia espiritual se estableció entre las razas hiperbóreas y atlantes originales, también ello fue seguido por sus respectivas decadencias culturales. Tal involución puede ser encontrada en muchas otras civilizaciones conocidas por el registro histórico, siendo quizá la más famosa la civilización egipcia la cual, insisten muchos egiptólogos, misteriosamente comenzó en su apogeo.

     La involución es esencialmente el concepto que está detrás de la historia bíblica de la caída del hombre. Dicha caída, famosamente descrita en el Libro del Génesis, es una referencia metafórica a la literal separación del hombre del reino espiritual. En otras palabras, la caída del hombre simbolizaba la separación de la Humanidad original, creada a imagen de Dios, de su Fuente espiritual. A medida que el hombre se desvió cada vez más de su original fuente divina o "hiperbórea" (durante la Edad de Oro), el hombre llegó a ser más "hibridizado" y animalístico, tanto espiritual como físicamente. El hombre se hizo más "humano".

     Las muchas historias similares del conflicto entre la raza primordial de hombres descendidos de los dioses y el resto de la Humanidad animalística, como están descritas en las epopeyas indoeuropeas, confirman las verdades esenciales de la involución, aunque en una forma altamente mitologizada. Por ejemplo, la tradición nórdica habla de una gran batalla entre los divinos Aesir y los malvados Gigantes. La tradición helénica describe a los Olímpicos y a los Héroes en lucha contra los diversos Titanes y monstruos. En el Este, los arios devas luchan contra los materialistas asuras. En el saber celta, los nobles Tuatha Dé Danann triunfaron sobre los Fomorianos. Todas estas leyendas son todavía enormemente relevantes para la gente de linaje indoeuropeo, ya que ellas hablan de la esencia absoluta de lo que significa "ser", es decir, ser creado a la imagen de la Fuente Divina o Deidad.

     En seguida hay una descripción concisa de las Cuatro Edades y la manera en que están relacionadas con los diversos pueblos indoeuropeos y las tierras asociadas con ellos:


I. La Edad de Oro

     La Edad de Oro representa la civilización primordial que estaba en total armonía con el espíritu tradicional. Se trataba de una Era de Ser, no de Devenir. "La pureza de corazón, la justicia, la sabiduría y adhesión a instituciones sagradas, son cualidades que caracterizaron a cada casta durante la primera Edad". El nombre hindú para la Edad de Oro es Satya-Yuga (o Krita-Yuga). Satya significa "ser" y "verdad". El romano Saturno, padre de los dioses y rey de la Edad de Oro, deriva su nombre de esa antigua raíz sánscrita. Aquélla era una Edad de Ur, es decir, de Or-igen, no derivación. De ahí que los más antiguos de los dioses tengan sus raíces en la Edad de Oro, y por consiguiente sus nombres reflejen un origen indoeuropeo común, p. ej. Ur-anus, Sat-urn, Buri, Pur-usha, etc.

     La Edad de Oro es un tiempo en el cual tanto hombres como dioses compartían una vida inmortal, cuando reyes o líderes encarnaban a los dioses y no tenían ninguna necesidad de comunicar su autoridad divina por medio de una casta de sumos sacerdotes. Era una Edad de unidad polar, y no de "polarización". Anexos a la época polar primordial están los dioses supremos del panteón indoeuropeo, que incluye a: Dyeus (proto-indo-europeo), Dyaus Pitar (indo-ario), Zeus (helénico), Deus o Dis Pater o Júpiter (romano), y Tiwaz o Tyr (nórdico). Nuevamente, todos éstos son nombres etimológicamente relacionados para la misma suprema "deidad del cielo" o fuerza que está programada para retornar en el principio de la nueva Edad de Oro.

     La primordial Tierra del Norte, Hiperbórea, está asociada con la Edad de Oro. Fundamentalmente, la leyenda de Hiperbórea se caracteriza por una espiritualidad polar, ártica, celestial y "uraniana", una espiritualidad primordial de la mayor pureza, por encima de la tradición solar y de la degenerada tradición lunar/Demeteriana de la Edad de Plata.

     Todos los antiguos centros divinos de los dioses —el monte Meru, el Olimpo, Asgard, Agartha, Airyana-Vaejo, Última Thule, etc.— se refieren a la misma Tierra Hiperbórea primitiva, el mismo centro polar habitado por los antepasados inmateriales de los indoeuropeos o arios: los Aesir/Olímpicos. De hecho, la palabra "polar" (que consiste en las dos sílabas "pol" y "ar") literalmente significa "polo de los arios". Se dice que las actuales tierras que lindan con el Océano "Ár-tico" son los remanentes geográficos del antiguo continente polar de Hiperbórea. Esto incluye Escandinavia, Islandia, Groenlandia, Norte de Canadá y Norte de Eurasia.

     En cuanto a la primordial "raza" o pueblo hiperbóreo, ellos eran al mismo tiempo monárquicos y sacerdotales, de sangre Real y ascéticos, guerreros y espirituales. Los hiperbóreos (o "Boréadas") eran de una alta estatura y nórdicos de aspecto. Algunas tradiciones declaran que ellos eran andróginos y que poseían un tipo de cuerpo semi-etérico/semi-físico y que tenían muchas cualidades sobrehumanas. La Tradición Arcana conecta al linaje hiperbóreo con la trascendental "Gran Hermandad Blanca".

     En cualquier caso, está claro que los hiperbóreos (la Humanidad original) en algún punto involucionaron desde su fuente divina original y no evolucionaron a partir de los monos, como lo han sugerido los adherentes completamente materialistas del Darwinismo. Cuando las especies de hiperbóreos se extraviaron espiritual y físicamente de su origen ártico/polar, y cuando fueron atraídos cada vez más hacia la energía demoníaca del Sur (hacia el Materialismo), comenzó su descenso hacia abajo hacia el mono, es decir, hacia la Humanidad. Esto destaca la gran división geográfica/geomántica que existe en este planeta (hasta este día) entre el Norte y el Sur (Espíritu y Materia).


II. La Edad de Plata

     La Edad de Plata está asociada con la Atlántida y con el "misterio del Oeste" a diferencia del Norte Dorado. La Civilización Atlante personificó la Edad de Plata, con su simbolismo solar contrapuesto al simbolismo hiperbóreo del Polo inmóvil. Mientras que Hiperbórea representaba un estado superior del Ser, la Atlántida simbolizaba el estado inferior del Devenir. La Atlántida también se caracteriza por un eventual descenso (y abandono) de la tradición solar, ya que la Edad de Plata es simbólica de una luz lunar refleja/femenina. Mientras la Fuerza Masculina da la vida, la Fuerza Femenina recibe la vida.

     Y de esta manera, antes del colapso total de la Atlántida, una degenerada tradición lunar echó raíces: el Culto de la Diosa Madre o "Demeterismo". Geográficamente, es difícil decir con certeza dónde estuvo localizada la Atlántida. Quizás en el Atlántico o en el Mediterráneo, o quizás estuvo más inmediatamente relacionada con Hiperbórea como una continuación distorsionada de aquella Civilización del Norte original. Es difícil de determinar. Lo que es cierto, sin embargo, es que los atlantes habitaron la Atlántida (dondequiera que pudiera haber estado localizada), y ellos habían degenerado considerablemente del linaje hiperbóreo original.

     Aquí es importante mencionar que los atlantes no fueron ni "mongoles" de aspecto ni los progenitores de la raza mongoloide, como los teósofos tradicionales han afirmado sistemáticamente. Más bien los atlantes se desarrollaron, como resultado de una metamorfosis espiritual/biológica, a partir del segmento menos corrompido o diluído de la antigua raza hiperbórea. Por ejemplo, los atlantes conservaban el cabello dorado, los ojos claros y la clara apariencia de los hiperbóreos. Ellos también retuvieron gran parte de las capacidades mentales de los hiperbóreos, y así su sabiduría heredada. Sin embargo ellos no estaban completamente libres de elementos más viles o de lo que podría ser correctamente llamado características "lemurianas".

     De acuerdo a todos los relatos, la Civilización Atlante (como un vástago más físico y materialista de los hiperbóreos) era verdaderamente notable. Muchas maravillas tecnológicas fueron conseguidas que no han sido replicadas desde entonces. Por medio de los esfuerzos de sus científicos divinamente inspirados, que habían tenido contacto con los Archivos Akásicos universales, los atlantes adquirieron los secretos de la energía universal. El conocimiento universal de los cinco elementos —tierra, agua, fuego, aire y éter cósmico— formó la base de un sustento global. Reflejando los cinco elementos universales están las cinco dimensiones de toda la existencia. Aquí, los atlantes entendieron y controlaron el poder de las estructuras piramidales.

     Las pirámides fueron construídas sobre puertas geománticas de energía a fin de marcar los centros de poder de la Tierra. Los sumos sacerdotes de la Atlántida usaron pirámides como portales o entradas naturales. Simbólicamente, las pirámides reflejan la misión divina de la Humanidad de progresar hacia arriba a través de las cuatro dimensiones, y finalmente hasta la quinta dimensión que es la dimensión de la Completitud Cósmica. Esta quinta dimensión es perfectamente simbolizada por el centro de la Esvástica, el quinto punto del cual los cuatro brazos (doce puntos y ocho direcciones) del Cosmos sacan su energía colectiva.

     Los seres humanos tienen cinco dedos en cada mano y en cada pie, y también cuatro miembros que se proyectan desde un cuerpo central simplemente porque descendemos de —y fuimos creados para— la quinta dimensión. Como portadores del escondido conocimiento akásico, los atlantes entendieron que ellos eran una extensión de la Suprema Fuerza de Dios en la Tierra, y que absolutamente nada existe separado de esa Fuerza Todopoderosa.


III. La Edad de Bronce

     En algún momento durante la última parte de la Edad de Plata hubo un cambio polarizante en la perspectiva moral de la civilización y sociedad atlante. Fue en ese tiempo que los efectos malévolos de la Edad de Bronce comenzaron a aparecer. La Edad de Bronce fue definida por la "violencia e injusticia, ansia de poder y codicia". Fue una Era de anarquía y orgullo, que exhibió todos los rasgos degenerativos descritos por Platón en su diálogo Critias. La mayoría de la población atlante se hizo egoísta y materialista, y usó su tecnología para malvados esfuerzos más bien que para el bien común.

     Y así, los atlantes descendieron hacia el lamentable y abyecto materialismo. Finalmente un cataclísmico conjunto de desastres (terremotos e inundaciones) borró la Atlántida y su civilización. Nuevamente, el relato bíblico no debe ser descartado, ya que la historia de Noé corresponde a la sumersión de Atlántida bajo el mar, aunque el relato bíblico sea obviamente defectuoso al afirmar que sólo un puñado de gente había sobrevivido, y también en el período de tiempo sugerido del cataclismo.

     Como fuere, las fuerzas de la Luz representaban la última esperanza de la civilización atlante en todas las cosas buenas y espirituales, mientras que las fuerzas de la Oscuridad eran agentes de inmoralidad y de materialismo. Las fuerzas de la Luz serían recordadas más tarde como los Aesir, los Olímpicos y los Héroes de las diversas tradiciones indoeuropeas, y las fuerzas de la Oscuridad serían asociadas con los siempre subversivos Gigantes o Titanes. Los Aesir / Olímpicos / Heroes representaban el ciclo de Oro, y los Gigantes representaban a los siniestros usurpadores. Los Aesir encarnaban el elemento espiritual y Real, y los Gigantes encarnaban lo temporal-sacerdotal. Fue durante la Edad de Bronce, esa época del épico cisma, que la casta sacerdotal (los Gigantes) se rebeló contra la superior casta guerrera de estirpe regia (los Aesir) y por primera vez procuró usurpar los poderes de esta última.

     Eso marcó el comienzo de una lucha por el poder que ha hecho erupción una y otra vez entre el Faraón y el Sacerdote, el Emperador y el Papa, el jefe legítimo de una esencia masculino-solar y el ilegítimo simulador de una esencia femenino-lunar, entre aquellos que están por la Autoridad, lal Jerarquía, la Tradición y el Orden, y aquellos que apoyan la nivelación de masas, el caos y la decadencia. En círculos esotéricos, la Edad de Bronce es conocida como la Edad de los Gigantes, la Edad en la cual el materialismo y la usurpación por último triunfaron sobre las tradiciones más altas atlantes. En general, dicha Edad se caracterizó por una población que ya no valoraba el principio espiritual ya que éste estaba relacionado con una casta masculina de guerreros. Y de este modo, la decadencia de los Gigantes efectivamente llevó a las tradiciones polares y solares a su fin.

     Desde la Atlántida, la raza "atlanto-aria" se difundió por todo el mundo, tal como lo hicieron las facciones rivales de la Luz y la Oscuridad. La guerra entre esos dos bandos diametralmente opuestos continúa hasta este día. Ella ha sido emprendida encubiertamente por sociedades secretas competidoras que, mediante sus "movidas" en el Gran Tablero de Ajedrez Geopolítico, han manipulado el curso de la Historia mundial, durante miles de años. En un lado está la Oscuridad, manifestándose en la Banca Internacional y en la Masonería, dos vástagos del mismo descarado esquema internacional de los medievales Caballeros Templarios, ahora defendido por las potencias Atlantistas (Estados Unidos y Gran Bretaña). Y al otro lado está el remanente de la Luz Verdadera de Hiperbórea (es decir, Eurasia), que está compuesto por todas aquellas fuerzas que apoyan valores continentales como Verdad, Orden y Tradición, aquellos que luchan para restaurar el principio guerrero como existía en su estado más puro durante la Edad de Oro.


IV. La Edad de Hierro

     Después del caos de la Edad de Bronce, que se extendió durante el mundo post-diluviano, la Edad de Hierro o Edad Oscura comenzó, y aún sigue siendo la época actual de la historia de nuestro planeta. La Edad de Hierro se caracteriza por una carencia total de cualquier conexión terrenal con el elemento divino. El lobo de la tradición nórdica se tragó al Sol y atrapó a la Luna, lo que significa que ambos ciclos espirituales, el solar y el lunar, de las Edades de Plata y de Bronce, se acabaron. Y así, careciendo de cualquier guía superior, la Tierra fue abandonada a su propia anarquía interna.


     La Edad de Hierro es equivalente a la Edad del Kali-Yuga de la tradición hindú. La característica definitoria de la Edad ha sido la Lucha colectiva de la Humanidad contra las fuerzas de la Oscuridad a fin de empujar hacia atrás la turbia marea de la decadencia. Las Cruzadas representan uno de tales períodos de "empuje hacia atrás" en la historia de la Edad Oscura. Ellas fueron iniciadas, en el nivel esotérico, como una gran rebelión contra la Oscuridad, o mejor dicho la Ignorancia, de la época. Tristemente, esa rebelión estaba condenada a fracasar debido a la abrumadora avaricia y vanidad de todas las partes implicadas.

     Durante las Cruzadas, las diversas hermandades y órdenes caballerescas estaban principalmente en una búsqueda de la verdad espiritual y científica, o mejor dicho, una búsqueda de la perdida "Ciencia del Espíritu" que los más grandes filósofos han procurado recobrar desde tiempos inmemoriales. La exotérica predominante creencia de que los Caballeros fueron formados simplemente para "luchar contra el infiel musulmán" está equivocada. Las distintas órdenes caballerescas, en cambio, estaban buscando la verdad, ya que ellos discrepaban con la cabeza rebelde y degenerada de la Iglesia Católica Romana: el Papa. Esto es especialmente verdadero de los Caballeros Teutónicos, quienes tras llegar a Siria se encontraron un viejo maestro esotérico llamado el "Anciano de los Días". Él les reveló la sabiduría perdida, la historia y las tradiciones de la Atlántida e Hiperbórea.

     Las nuevas revelaciones impactaron enormemente a Europa, lo que condujo por último a masivos programas de construcción, un gran auge tecnológico, un aumento de la exploración, y el establecimiento del sistema bancario moderno. Puesto que eran las hermandades caballerescas las que estaban en la única posesión de esa enorme cantidad de sabiduría, ellos llegaron a ser vistos como peligrosos por el Papa, y fueron posteriormente perseguidos y disueltos. Así, los Caballeros no tuvieron ninguna otra opción sino pasar a la clandestinidad, formando órdenes secretas con diversos nuevos nombres.

     Por supuesto la Orden más famosa que entró en el ocultamiento fue la de los Caballeros Templarios, los que finalmente se aliaron con las fuerzas del Sionismo Mundial y, por medio de organizaciones delegadas (como la llamada "Orden de Cristo" en Portugal), llegaron a fundar diversas otras órdenes de magos negros, como los rosacruces, los jesuítas, los masones, la Ordo Templi Orientis, la Iglesia de Satán y otros grupos satánicos derivados que resultan manejar una gran cantidad de poder en las naciones de Occidente y sobre todo en Estados Unidos, un país que, podría decirse con seguridad, fue fundado sobre los entremezclados principios "templarios" del comercio, el militarismo y el ocultismo.

     De los Templarios podría decirse que ellos al principio se dispusieron a su gran viaje como legítimos guerreros-ascetas cristianos, y sin embargo volvieron a Europa como poco más que vampiros que prestan dinero. En algún lugar a lo largo del camino los Templarios llegaron a ser totalmente corruptos, adoptando los modos malvados y usureros de los prestamistas levantinos con quienes ellos entraron en contacto en la Tierra Santa. Los Caballeros Teutónicos, por otra parte, permanecieron fieles a sus antiguas raíces de "magos blancos" (es decir, cristianos). Una capital teutónica que sobrevivió bien en tiempos modernos fue Viena. En Heiligenkreuz, los Caballeros Teutónicos establecieron varios monasterios y castillos en sitios sagrados de energía geomántica. Allí ellos guardaron parte de su conocimiento recién adquirido y de sus escritos tras volver del Levante. Durante siglos, la mayor parte de la sabiduría adquirida por la Orden Teutónica fue escondida en y alrededor de Viena.

     Al comenzar el siglo XX hubo un monje católico en Viena que era un miembro de la vieja Orden Teutónica. Desilusionado y disgustado con el dogma cristiano predominante, él finalmente dejó el monasterio y asumió el nombre de "Lanz von Liebenfels". Él es más famoso por haber escrito la obra "Teozoología", un trabajo filosófico que se centra en la perenne Lucha terrenal entre el Hombre (creado a imagen de Dios) y las masas de simiescos homínidos del mundo material carente de alma. Se dice que Von Liebenfels tuvo una epifanía en su Austria natal después de ver una estatua de un Caballero de pie victoriosamente encima de un primate. Por supuesto el Caballero simbolizaba a un Noble, un verdadero Hombre, un Hombre de lo divino, y el primate simbolizaba la gran masa de la Humanidad animalística.


     Von Liebenfels comprendió el gran hecho de la Naturaleza de que el aristócrata biológico (el dios-hombre) está diseñado y destinado para estar en una superioridad manifiesta por sobre las degeneradas masas materialistas, como están simbolizadas por el primate. Debería ser notado que, a través de las épocas, humanos degenerados o animalísticos sub-humanos también han sido representados como serpientes, dragones, demonios y otras tales criaturas reptilianas. En cualquier caso, es la responsabilidad del dios-hombre aplastar a todos aquellos que procuran arrastrar al dios-hombre hacia abajo y por último destruírlo mediante la inmoralidad descontrolada.

     De ahí la realidad de una raza divina espiritualmente orientada que existe en oposición perpetua a una raza humana completamente materialista, degenerada y animaloide. Aunque quizá radical según los estándares del siglo XIX, la filosofía de Lanz von Liebenfels fue simplemente una reiteración de una filosofía espiritual mucho más antigua. Esa filosofía, también prevaleciente en las obras de fin de siècle de Nietzsche, es parte de una tradición mucho más amplia que se extiende en el tiempo hasta las epopeyas de la India aria.

     Consciente de las tradiciones más antiguas, Von Liebenfels mezcló su preexistente conocimiento teutónico con las verdades espirituales e históricas del Bhagavad Gita, que describe la gran batalla de la Atlántida. Él así llegó a la conclusión de que la "raza aria" de hecho descendía de la original Raza de Dios, y que los chandalas eran degenerados animales-hombres. Ambos lados estuvieron involucrados en interminables batallas a través de toda la Historia, como es confirmado en el misticismo hindú. La antigua tradición Zoroastriana también hace uso de un tema similar al describir la relación entre los Ashavan y los Anashvan. Los Ashavan representan lo puro, lo fiel y bendito en la Tierra y en el Cielo —aquellos que incrementan el poder del principio de la luz—, y los Anashvan representan a los impuros opuestos al principio de la luz.

     Von Liebenfels adelante enseñó posteriormente que los arios son los descendientes de los dioses-hombres hiperbóreo-atlantes originales, y su origen noble puede ser discernido de sus características físicas, es decir, su cabello rubio, sus ojos azules, sus finos rasgos y su piel clara. Y entonces aquí estamos, al final de la Edad de Hierro o Edad Oscura (es decir, el Kali-Yuga); aquí estamos, luchando como siempre contra los avances del infernal Enemigo Materialista.

     Para los adherentes fatalistas del rezo sacerdotal/monástico, éstos son los famosos "tiempos del final" del Apocalipsis. Para aquellos que son fieles a la primordial Sabiduría Guerrera, ésta es la Era del Kali-Yuga, una Era que pronto cederá el paso a la nueva Edad de Oro o Krita-Yuga. Independientemente de la inclinación espiritual o religiosa de alguien, esto es bastante claro: los muchos desastres que actualmente amenazan a la Humanidad —terremotos, erupciones volcánicas, misteriosas muertes de animales, hambres, enfermedades, mestizaje, inmoralidad, avaricia desenfrenada, violencia extendida, guerras—, todas estas cosas han sido predichas por innumerables videntes y hombres espirituales a través de los siglos. Ellos previeron exactamente los tumultuosos eventos que se están desplegando en nuestra propia época. Entonces ¡preste atención y disfrute! Estas cosas deben venir, la oscuridad debe entrar en el mundo (¡y tan negra como la noche!) antes de que el Nuevo Amanecer pueda comenzar.

     Según la antigua tradición védica, el final de la Edad Oscura no se traduce como significando la destrucción o el "final del mundo" sino más bien el final de una época larga y oscura en la Historia mundial y del correspondiente orden mundial oscuro. Más que la Biblia cristiana, es el texto del Mahabharata el que bosqueja muy vívidamente el período oscuro del Kali-Yuga (nuestra actual época). Se trata de un período definido por la cantidad, no por la calidad, un tiempo en el cual la mayoría de los habitantes de la Tierra son Sudras o gente parecida a un esclavo materialista. Ellos son malos, engañosos, peleadores, vulgares, parásitos y parecidos a mendigos. Ellos valoran lo degradado y viven en ciudades llenas de ladrones. Los hombres son dominados por sus mujeres, las que son superfluas, habladoras, lascivas, y engendran demasiados niños inferiores.

     Durante este tiempo, hay muchas hambrunas y guerras. Grandes migraciones ocurren durante este período también; es un tiempo de desarraigo y falta de familiaridad, opuesto a la familiaridad, el localismo y la permanencia. Los gobernantes imponen impuestos injustamente, y abandonan cualquier interés por la vida espiritual o religiosa de su pueblo. Avaricia, lujuria, drogadicción, conducta antinatural, criminalidad, todos éstas son sólo algunas malvadas búsquedas a que se entrega el hombre. ¿Le suena familiar algo de esto? Debería, ya que ésta es la Edad actual en la cual vivimos: el Kali-Yuga. Y el Mahabharata predijo todo esto.

     En la tradición indo-aria, el final de nuestra Era actual presenciará el retorno de Dios a la Tierra. Una nueva gloriosa Edad de Oro estará entonces sobre nosotros. Su llegada iniciará una Gran Guerra, y luego él establecerá su reino milenario en la Tierra. Aquélla es la Edad del Krita-Yuga descrita en los textos hindúes antiguos, una época de justicia, deber, virtud y felicidad; una época en que el "Gran Dios Blanco" reina supremo en la Tierra. En la religión hindú, será el décimo y final avatāra [encarnación] del Señor Vishnu que retorna: Kalki el Destructor.–


* * * * *

     ANEXO: La siguiente es la traducción de la versión inglesa de, se dice, un texto clave del filósofo ruso Alexandr Dugin, el breve artículo "Fascismo, Sin Límites y Rojo", de la tercera parte del libro de ensayos publicado en 1997 "Templarios del Proletariado" (Тамплиеры Пролетариата).


Fascismo. Sin Límites y Rojo
por Aleksandr Dugin, 1997


     Existen, en el siglo XX, sólo tres ideologías que han logrado demostrar que sus principios son realistas en términos de su realización política y administrativa; éstos son el Liberalismo, el Comunismo y el Fascismo. Tanto como a uno pueda gustarle o no, es imposible nombrar otro modelo de sociedad que no sea una de las formas de estas ideologías y que al mismo tiempo haya existido en la realidad. Hay países liberales, comunistas y fascistas (nacionalistas). Los otros están ausentes. Y son imposibles. En Rusia hemos pasado por dos etapas ideológicas: la comunista y la liberal. La que queda es el fascismo.


1. Contra el Capitalismo Nacional

     Una de las versiones del fascismo para el cual, parece, la sociedad rusa está lista (o casi lista) a abrazar hoy es el capitalismo nacional. Está casi más allá de duda que el proyecto de capitalismo nacional o "fascismo de Derecha" constituye una iniciativa ideológica de aquella parte de la élite de la sociedad que está seriamente preocupada por el problema del poder y siente intensamente el llamado de los tiempos. Sin embargo, la variante "nacional-capitalista" y "derechista" del fascismo realmente de ninguna manera agota la naturaleza de esa ideología.

     Además, la unión de la "burguesía nacional" con la "intelectualidad" sobre la cual, según algunos analistas, el próximo fascismo ruso estará basado, constituye un excelente ejemplo de lo que, realmente, es completamente ajeno al fascismo como cosmovisión, como doctrina y como estilo. "La dominación del capital nacional": ésta es una definición marxista del fenómeno del fascismo. Absolutamente no tiene en cuenta la auto-reflexión filosófica específica de la ideología fascista y conscientemente ignora el pathos fundamental del fascismo.

     Fascismo. Éste es nacionalismo, pero no cualquier nacionalismo sino uno revolucionario, rebelde, romántico, idealista [la forma del nacionalismo] que apela a un gran mito e idea transcendental, tratando de poner en práctica el Sueño Imposible, para dar a luz una sociedad del héroe y el Superhombre, para cambiar y transformar el mundo.

     En el nivel económico, el fascismo se caracteriza más bien por métodos socialistas o moderadamente socialistas que subordinan los intereses económicos personales e individuales a los principios de bienestar nacional, justicia y hermandad. Y finalmente, la visión fascista de la cultura corresponde a un rechazo radical de la mentalidad humanística y "demasiado humana", es decir, de lo que representa la esencia de la clase intelectual (intelligentsia).

     El fascista odia al intelectual (inteligente) como tipo. Él ve en aquél a un burgués enmascarado, un palurdo pretencioso, un charlatán y un cobarde irresponsable. El fascista ama lo brutal, lo sobrehumano y lo angelical, al mismo tiempo. Él ama el frío y la tragedia, y no le gustan el calor ni la comodidad. En otras palabras, el fascismo desprecia todo que compone la esencia del "capitalismo nacional". Él lucha por la "dominación del idealismo nacional" (y no del "capital nacional") y contra la burguesía y la intelectualidad (y no en favor de éstas y no con ellas). El pathos fascista es exactamente definido en la famosa frase de Mussolini: "¡Levántate, Italia fascista y proletaria!". "Fascista y proletaria", tal es la orientación del fascismo. Es una ideología de trabajo y heroica, militante y creativa, idealista y futurista que no tiene nada en común con asegurar una comodidad gubernamental adicional para los comerciantes (aunque sean mil veces nacionales) y buenos puestos para la intelectualidad socialmente parasitaria.

     Las figuras centrales del Estado fascista, y del mito fascista, son el campesino, el trabajador y el soldado. En la cumbre, como el símbolo supremo de la lucha trágica con el destino, la entropía cósmica, está el líder divino, el Duce, el Führer, el Superhombre, que realiza en su personalidad supra-individual la tensión extraordinaria de la voluntad nacional por los hechos notables. Por supuesto, en algún lugar, en la periferia, hay también un lugar para el ciudadano, el comerciante honesto y el profesor universitario. Ellos también se ponen insignias de partido y salen a reuniones ceremoniales. Pero, en la realidad fascista, sus figuras se descoloran, se pierden y retroceden hacia el fondo. No para ellos y no por ellos es hecha la revolución nacional.

     En la Historia, el fascismo limpio e ideal no experimentó una encarnación directa. En la práctica, los problemas urgentes de la asunción del poder y el establecimiento del orden económico obligaron a los líderes fascistas —incluyendo a Mussolini, Hitler, Franco y Salazar— a forjar alianzas con conservadores, capitalistas nacionales, grandes propietarios y jefes de corporaciones. Sin embargo, ese compromiso siempre resultó deplorable para los regímenes fascistas. El fanático anti-comunismo de Hitler, atizado por los capitalistas alemanes, le costó a Alemania la derrota su guerra con la URSS, mientras Mussolini —confiando en la honestidad del rey (articulador exactamente de los intereses del gran empresariado)— fue entregado por él a los renegados Badoglio y Ciano, los cuales pusieron al Duce en prisión y se arrojaron en los brazos de los estadounidenses.

     Franco fue el que sobrevivió más largamente, y eso incluso debido a las concesiones de los liberales y capitalistas Inglaterra y Estados Unidos, y debido a su rechazo a apoyar a los regímenes ideológicamente afines del Eje. Además, Franco no era un verdadero fascista. El capitalismo nacional es el virus interno del fascismo, su enemigo y garante de su degeneración y perecer. El capitalismo nacional no es de ninguna manera una característica esencial del fascismo; por el contrario, es un elemento casual y contradictorio en su estructura interna.

     Por lo tanto, en nuestro caso, el caso del creciente nacional-capitalismo ruso, uno no puede hablar de fascismo sino de una tentativa de pervertir preliminarmente lo que no debe ser pasado por alto. Tal pseudo-fascismo puede ser llamado "preventivo", o "precautorio". Él se apresura para hacerse conocido antes de que nazca un fascismo auténtico, verdadero, radicalmente revolucionario y consecuente, un fascismo fascista, en plena medida, y se haga fuerte en Rusia. Los nacional-capitalistas son antiguos líderes de partido [comunistas] acostumbrados a dar órdenes y humillar a la gente, los cuales posteriormente, producto del conformismo, se convirtieron en "demócratas liberales", y quienes, ahora que esa estapa se ha terminado, se aventuran, con igual celo, a cubrirse con los ropajes nacionales.

     Habiéndose transformando la democracia en una farsa, por lo visto, los partitócratas, junto con la servicial clase intelectual, están decididamente dispuestos a ensuciar y envenenar el nacionalismo que está avanzando en la sociedad.

     La naturaleza del fascismo es una nueva jerarquía, una nueva aristocracia. La novedad está en que la jerarquía está basada en principios naturales, orgánicos y claros: dignidad, honor, coraje y heroísmo. La ruinosa jerarquía que está tratando de ser transferida a la Era del nacionalismo está, como antes, basada en capacidades conformistas: "flexibilidad", "precaución", "gusto por la intriga", "adulación", etc. El obvio conflicto entre los dos estilos, dos tipos humanos, dos sistemas normativos, es inevitable.


2. Socialismo Ruso

     Es absolutamente injustificado llamar al fascismo una ideología de "extrema Derecha". Este fenómeno se caracteriza mucho más precisamente con la paradójica fórmula "Revolución Conservadora". Se trata de una combinación de una orientación cultural y política "derechista" —tradicionalismo, fidelidad al terreno, raíces, ética nacional— con un programa económico "izquierdista" —justicia social, limitación de las fuerzas del mercado, liberación de la "esclavitud del interés monetario", prohibición de la especulación bursátil, de monopolios y consorcios, y la primacía del trabajo honesto.

     En analogía con el nacionalsocialismo, que a menudo fue llamado simplemente "socialismo alemán", uno puede hablar del fascismo ruso como "socialismo ruso". La especificación étnica del término "socialismo" tiene, en este contexto, un significado especial. Lo significado es la formulación original de una doctrina socioeconómica que no se basa en dogmas abstractos y leyes racionalistas sino sobre principios concretos, espirituales, éticos y culturales que han formado orgánicamente a la nación como tal. El socialismo ruso no significa rusos para el socialismo sino socialismo para los rusos. A diferencia de los rígidos dogmas del marxismo-leninismo, el nacionalsocialismo ruso proviene de un entendimiento de la justicia social, que es una característica exactamente de nuestra nación, de nuestra tradición histórica, de nuestra ética económica.

     Tal socialismo será más rural que proletario, más comunitario y cooperativo que administrativo, más regionalista que centralista. Todas éstas son exigencias de la especificidad nacional rusa que encontrará su expresión en la doctrina y no sólo en la práctica.


3. Una Nueva Gente

     Tal socialismo ruso debería ser construído por nueva gente, un nuevo tipo de gente, una nueva clase. Una clase de héroes y revolucionarios. Los restos de la antigua nomenklatura [la categoría de los burócratas] de partido y su destartalado orden deberían caer víctimas de la revolución socialista, la revolución nacional rusa. Los rusos están añorando la frescura, la modernidad, el romanticismo sincero, la participación viva en alguna gran causa. Todo lo que se les ofrece hoy es o arcaico (los patriotas nacionales) o aburrido y cínico (los liberales).

     El baile y el ataque, la moda y la agresión, el exceso y la disciplina, la voluntad y el gesto, el fanatismo y la ironía, van a agitar a los revolucionarios nacionales, jóvenes, maliciosos, alegres, intrépidos, apasionados y no conociendo límites. Ellos construirán y destruirán, gobernarán y cumplirán órdenes, llevarán a cabo purgas de los enemigos de la nación y tiernamente cuidarán de ancianos y niños rusos. Coléricamente y a la vez alegremente ellos van a acercarse a la ciudadela del destartalado y putrefacto Sistema. Sí, ellos anhelan profundamente el Poder. Ellos saben cómo usarlo. Ellos darán vida a la sociedad, y empujarán a la gente hacia el dulce proceso de crear la Historia. Nueva gente. Finalmente, inteligente y valiente, tal como se necesita, que perciben el mundo exterior como un impacto.

     Inmediatamente antes de su muerte, el escritor fascista francés Robert Brasillach expresó una extraña profecía: "Puedo ver cómo en el Este, en Rusia, el fascismo está surgiendo, un fascismo sin límites y rojo". Note: No un nacional-capitalismo descolorido, rosáceo pardusco, sino el alba deslumbrante de una nueva Revolución rusa: fascismo, sin límites como nuestras tierras, y rojo como nuestra sangre.–



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