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martes, 20 de diciembre de 2016

Sobre Hillary, Libia y la "Primavera Árabe"



     Hemos traducido para presentar aquí un breve artículo de F. William Engdahl (journal-neo.org) que publicó en Marzo de este año, que hace alusión a correos electrónicos desclasificados recientemente que fueron parte de la correspondencia que sostuvo la derrotada candidata presidencial estadounidense, a la sazón ministra de Relaciones Exteriores, que dicen relación con la planificación para derrocar el régimen de Khadafi en Libia en 2011, en razón de la amenaza que éste representaba para la hegemonía financiera de los bánksters internacionales de Londres y Nueva York, como ya es ampliamente sabido, mediante sus planes de crear una nueva moneda pan-africana que habría reemplazado al dólar en las transacciones del petróleo, cosa inaceptable para aquéllos.

Correos Electrónicos de Hillary,
Dinares de Oro y Primavera Árabe
por F. William Engdahl
17 de Marzo de 2016



     Sepultado entre decenas de miles de páginas de los correos electrónicos secretos de la ex-ministra estadounidense de Asuntos Exteriores Hillary Clinton, ahora hechos públicos por el Gobierno estadounidense, hay un devastador intercambio de correos electrónicos entre la Clinton y su consejero confidencial Sid Blumenthal. Son acerca de Qaddafi y la intervención coordinada por Estados Unidos en 2011 para derrocar al gobierno libio. Son sobre el oro y una potencial amenaza existencial para el futuro del dólar estadounidense como la divisa de reserva del mundo. Son sobre los proyectos de entonces de Qaddafi para el Dinar basado en oro para África, y sobre el mundo del petróleo árabe.

     Dos párrafos en un correo electrónico recientemente desclasificado del ilegal servidor privado usado por la entonces ministra de Asuntos Exteriores Hillary Clinton durante la guerra orquestada por Estados Unidos para destruír a Qaddafi en 2011, revelan una agenda mantenida fuertemente secreta que existió detrás de la guerra de la Administración de Obama contra Qaddafi, llamada cínicamente "Responsabilidad de Proteger".

     Barack Obama, un Presidente indeciso y débil, delegó toda la responsabilidad presidencial de la guerra de Libia a su ministra de Asuntos Exteriores, Hillary Clinton. La Clinton, que fue una temprana promotora de un "cambio de régimen" árabe, usando a la secreta Hermandad Musulmana, invocó el principio nuevo y extraño de la "Responsabilidad de Proteger" (R2P) para justificar la guerra contra Libia, que ella rápidamente convirtió en una guerra conducida por la OTAN. Bajo la R2P, una estúpida noción promovida por las redes de las Fundaciones Sociedad Abierta de George Soros, la Clinton afirmó, sin ninguna prueba verificable, que Qaddafi estaba bombardeando a civiles libios inocentes en la región de Benghazi.

     Según un informe de entonces del New York Times, citando importantes fuentes de la Administración de Obama, fue la tríada de Hillary Clinton, apoyada por Samantha Power, en ese entonces una importante asistente en el Consejo Nacional de Seguridad y hoy embajadora de Obama ante Naciones Unidas, y Susan Rice, entonces embajadora de Obama ante la ONU y ahora Consejera de Seguridad Nacional, la que impulsó a Obama a una acción militar contra Qaddafi. La Clinton, flanqueada por Power y Rice, era tan poderosa que logró prevalecer por sobre el secretario de Defensa Robert Gates, sobre Tom Donilon, el consejero de seguridad nacional de Obama, y sobre John Brennan, el jefe del contra-terrorismo de Obama, hoy jefe de la CIA.


     La ministra de Asuntos Exteriores Clinton estaba también metida hasta las rodillas en la conspiración para desencadenar lo que llegó a ser denominado como la "Primavera Árabe", la ola de cambios de régimen financiada por Estados Unidos a través del Medio Oriente árabe, parte del proyecto del Gran Medio Oriente revelado en 2003 por la Administración de Bush II después de la ocupación de Iraq. Los tres primeros países-objetivo de aquella "Primavera Árabe" estadounidense de 2011 —una acción en la cual Washington usó sus ONGs de "derechos humanos", como Freedom House y National Endowment for Democracy, aliadas en secreto, como de costumbre, con las Fundaciones Sociedad Abierta del multimillonario especulador George Soros, junto con agentes del ministerio de Asuntos Exteriores y de la CIA— eran Túnez de Ben Ali, Egipto de Mubarak y Libia de Qaddafi.

     Ahora la coordinación y los objetivos de las desestabilizaciones de la "Primavera Árabe" de 2011 que Washington provocó en escogidos Estados de Oriente Medio asumen una nueva luz en relación a los desclasificados y recién publicados correos electrónicos de la Clinton a su amigo y "consejero" privado con respecto a Libia, Sid Blumenthal. Blumenthal es el hábil abogado que defendió al entonces Presidente Bill Clinton en el asunto de Monica Lewinsky y otros escándalos sexuales cuando Bill era Presidente y estaba enfrentando una acusación.


El Dinar de Oro de Qaddafi

     Para muchos sigue siendo un misterio por qué Washington decidió que Qaddafi personalmente debía ser destruído, asesinado, y no sólo enviado al exilio como Mubarak. La Clinton, cuando fue informada del brutal asesinato de Qaddafi por parte de terroristas de Al-Qaeda, de la "oposición democrática" financiada por Estados Unidos, dijo a CBS News, en una nauseabunda y bromista paráfrasis de Julio César, "Fuimos, vimos, y él murió", palabras dichas por ella con una risa satisfecha y macabra.

     Poco se sabe en Occidente sobre lo que Muammar Qaddafi hizo en Libia o, en realidad, en África y en el mundo árabe. Ahora, la liberación de una nueva parte de los correos electrónicos de Hillary Clinton como secretaria de Estado, que en ese entonces estaba dirigiendo la guerra de Administración de la Obama contra Qaddafi, arroja una nueva y dramática luz sobre el trasfondo.

     No fue una decisión personal de Hillary Clinton eliminar a Qaddafi y destruír su infraestructura estatal entera. La decisión, está claro ahora, provino de círculos muy altos en la oligarquía estadounidense del dinero. Ella fue simplemente otro instrumento político de Washington que puso en práctica el mandato de aquellos oligarcas. La intervención tenía que ver con desbaratar los bien establecidos proyectos de Qaddafi de crear una moneda africana y árabe basada en el oro para que sustituyera al dólar en las transacciones de petróleo. Desde que el dólar estadounidense abandonó el cambio de dólares por oro en 1971, el dólar en relación al oro ha perdido dramáticamente su valor. Los Estados petroleros de la OPEP árabes y africanos se han opuesto durante mucho tiempo al desapareciente poder adquisitivo de sus ventas de petróleo, obligadas desde los años '70 por Washington para que fueran únicamente en dólares estadounidense, cuando la inflación del dólar se elevó en más de un 2.000% hasta 2001.

     En un correo electrónico de la Clinton recientemente desclasificado, de Sid Blumenthal a la Secretaria de Estado, datado el 2 de Abril de 2011, Blumenthal revela la razón por la que Qaddafi debía ser eliminado. Usando el pretexto de citar una "alta fuente" no identificada, Blumenthal escribe a la Clinton:

     "Según la información sensible disponible para esa fuente, el gobierno de Qaddafi tiene 143 toneladas de oro, y una cantidad similar en plata... Ese oro fue acumulado antes de la actual rebelión, y estaba destinado a ser usado para establecer una moneda pan-africana basada en el Dinar de oro libio. Ese plan fue diseñado para proporcionar a los países africanos francófonos una alternativa al franco francés".

     Aquel aspecto francés era sólo la punta del iceberg del dinar de oro de Qaddafi.


Dinar de Oro y Más

     Durante la primera década de este siglo, los países de la OPEP del Golfo Árabe, incluyendo a Arabia Saudí, Qatar y otros, comenzaron seriamente a desviar una parte significativa de los ingresos de sus enormes ventas de petróleo y de gas hacia fondos de riqueza soberana estatales, muchos basados en el éxito del Fondo del Petróleo de Noruega.

     El creciente descontento con la estadounidense Guerra contra el Terrorismo, con las guerras en Iraq y en Afganistán, y con las políticas estadounidenses totales en Oriente Medio después de Septiembre de 2001, impulsó a la mayor parte de los Estados árabes de la OPEP a desviar una parte creciente de sus ingresos por petróleo hacia fondos estatalmente controlados más bien que confiarlos a los pegajosos dedos de los banqueros de Nueva York y Londres, como había sido la costumbre desde los años '70 cuando los precios del petróleo se dispararon, creando lo que Henry Kissinger llamó tontamente el "petrodólar", que iba a sustituír al dólar respaldado por oro, del que Washington se alejó el 15 de Agosto de 1971. La actual guerra sunita-chiíta o el Choque de Civilizaciones son de hecho un resultado de las manipulaciones estadounidenses de "dividir y gobernar" después de 2003 en la región.

     Hacia 2008 la perspectiva por parte de un número creciente de Estados petroleros africanos y árabes de un control soberano de sus ingresos estatales por petróleo y gas estaba causando una seria preocupación en Wall Street así como en la City de Londres. Se trataba de una enorme liquidez, de billones, que ellos potencialmente ya no controlaban.

     La coordinación de la Primavera Árabe, vista en retrospectiva, cada vez más parece estrechamente vinculada a los esfuerzos de Wall Street y Washington para controlar no sólo los enormes flujos de petróleo del Oriente Medio árabe: está claro ahora que estuvo igualmente destinada a controlar su dinero, sus billones de dólares que se acumulaban en sus nuevos fondos de riqueza soberanos.

     Sin embargo, como ha sido confirmado ahora en los últimos intercambios de correos electrónicos entre la Clinton y Blumenthal del 2 de Abril de 2011, había una amenaza cualitativamente nueva surgiendo para los "dioses del dinero" de Wall Street y de la City de Londres, de parte del mundo del petróleo africano y árabe. Qaddafi de Libia, Ben Ali de Túnez y el Egipto de Mubarak estaban a punto de lanzar una moneda islámica respaldada por oro e independiente del dólar estadounidense. Se me habló primero de ese plan a principios de 2012, en una conferencia financiera y geopolítica en Suiza, por parte de un argelino que tenía un amplio conocimiento de dicho proyecto. La documentación era escasa entonces y la historia permaneció entre mis prioridades secundarias. Ahora surge un cuadro mucho más interesante que pone en perspectiva la ferocidad de la Primavera Árabe de Washington y su urgencia en el caso de Libia.


"Estados Unidos de África"

     En 2009 Qaddafi, que era entonces el presidente de la Unión Africana, había propuesto que el continente económicamente deprimido adoptara el "dinar de oro".

     En los meses anteriores a la decisión estadounidense de conseguir una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, con el apoyo británico y francés, que les daría la justificación legal para una destrucción por parte de la OTAN del régimen libio, Muammar Qaddafi había estado organizando la creación de un dinar respaldado por oro que sería usado por los Estados petroleros africanos así como por los países árabes de la OPEP en sus ventas de petróleo en el mercado mundial.


     Si aquello hubiera sucedido en el momento en que Wall Street y la City de Londres estaban en una profunda crisis financiera, en 2007-2008, el desafío al rol de dinero de reserva del dólar habría sido más que serio. Hubiera sido un golpe de gracia para la hegemonía financiera estadounidense y para el Sistema del Dólar. África es uno de los continentes más ricos del mundo, con una vasta e inexplorada riqueza de oro y mineral, y había sido durante siglos intencionalmente mantenido subdesarrollado o con guerras para impedir su desarrollo. El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial en las décadas recientes han sido los instrumentos de Washington para suprimir el verdadero desarrollo africano.

     Gaddafi había llamado a los productores africanos de petróleo en la Unión Africana y a las naciones musulmanas a integrarse en una alianza que haría del dinar de oro su forma primaria de dinero en su comercio exterior. Ellos venderían petróleo y otros recursos a Estados Unidos y al resto del mundo sólo por dinares de oro. Como presidente de la Unión Africana en 2009, Qaddafi introdujo para la discusión entre los Estados miembros de la Unión Africana su propuesta de usar el dinar libio y el dirham de plata como la única moneda posible para que el resto del mundo comprara el petróleo africano.

     Junto con los ricos fondos soberanos árabes de la OPEP producto de su petróleo, otras naciones petroleras africanas, específicamente Angola y Nigeria, se estaban moviendo para crear sus propios fondos nacionales de riqueza petrolera en el momento del bombardeo de la OTAN de 2011 contra Libia. Aquellos fondos soberanos de riqueza nacional, vinculados al concepto de Qaddafi del dinar de oro, harían realidad el sueño largamente esperado de la independencia de África del control monetario colonial, ya fuese de la libra esterlina, el franco francés, el euro o el dólar estadounidense.

     Qaddafi estaba yendo adelante, como líder de la Unión Africana, en el momento de su asesinato, con un plan para unificar con una divisa de oro los Estados soberanos de África, unos Estados Unidos de África. En 2004 un Parlamento Pan-Africano de 53 naciones había establecido planes para una Comunidad Económica Africana, con una sola divisa de oro hacia 2023.

     Las naciones africanas productoras de petróleo estaban planeando abandonar el petrodólar, y exigir el pago en oro por su petróleo y su gas. La lista incluía a Egipto, Sudán, Sudán del Sur, Guinea Ecuatorial, Congo, República Democrática del Congo, Túnez, Gabón, Sudáfrica, Uganda, Chad, Camerún, Mauritania, Marruecos, Zambia, Somalia, Ghana, Etiopía, Kenia, Tanzania, Mozambique y Costa de Márfil, además de Yemen, que acababa de hacer nuevos y significativos descubrimientos de petróleo. Los cuatro Estados miembros africanos de la OPEP —Argelia, Angola, Nigeria, un gigantesco productor de petróleo y el productor de gas natural más grande de África, y Libia, con las reservas más grandes— estarían en el nuevo sistema del dinar de oro.

     No es de extrañar que el Presidente francés Nicolas Sarkozy, a quien Washington le dio el papel delantero en la guerra contra Qaddafi, llegara tan lejos como a calificar a Libia como "una amenaza para la seguridad financiera del mundo".


Los "Rebeldes" de Hillary Crean un Banco Central

     Una de las características más extrañas de la guerra de Hillary Clinton para destruír a Qaddafi fue el hecho de que los "rebeldes" respaldados por Estados Unidos, en Benghazi, la parte oriental de Libia rica en petróleo, en medio de la batalla, mucho antes de que estuviera en absoluto claro si ellos derrocarían al régimen de Qaddafi, declararon que habían creado un banco central de estilo occidental, "en el exilio".

     En las primeras semanas de la rebelión los líderes rebeldes declararon que ellos habían creado un banco central para reemplazar la autoridad monetaria nacional de Gadhafi. La asamblea administrativa rebelde, además de crear su propia compañía petrolera para vender el petróleo que ellos capturaron, anunció:

     "Designación del Banco Central de Benghazi como la autoridad monetaria competente en las políticas monetarias en Libia, y designación de un gobernador del Banco Central de Libia, con una oficina central temporal en Benghazi".

     Comentando sobre la rara decisión, antes de que el resultado de la batalla se hubiera decidido aún, de crear un banco central de estilo occidental para sustituír al banco nacional soberano de Qaddafi que emitía dinares respaldados por oro, Robert Wenzel en el Economic Policy Journal comentó:

     "Nunca yo había oído antes hablar de un banco central creado en sólo cuestión de semanas a partir de un levantamiento popular. Esto sugiere que tenemos un poco más que un montón abigarrado de rebeldes corriendo por ahí, y que hay algunas influencias bastante sofisticadas".

     Se hace claro ahora a la luz de los correos electrónicos entre la Clinton y Blumenthal que aquellas "influencias bastantes sofisticadas" estaban vinculadas a Wall Street y a la City de Londres. La persona llevada por Washington para conducir a los rebeldes en Marzo de 2011, Khalifa Hifter, había pasado los anteriores 20 años de su vida en los suburbios de Virginia, no lejos de la oficina central de la CIA, después de una ruptura con Libia como un comandante militar principal de Qaddafi.

     El riesgo para el futuro del dólar estadounidense como la divisa de reserva del mundo, si a Qaddafi se le hubiese permitido proceder —junto con Egipto, Túnez y otros miembros árabes de la OPEP y de la Unión Africana— a introducir ventas de petróleo por oro y no por dólares, habría sido claramente el equivalente financiero de un maremoto.


Nueva Ruta de la Seda de Oro

     El sueño de Gaddafi de un sistema de oro árabe y africano independiente del dólar, desafortunadamente murió con él. Libia, después de la cínica destrucción del país por la "Responsabilidad de Proteger" de Hillary Clinton, hoy es un caos, desgarrado por la guerra tribal, el caos económico, y terroristas de Al-Qaeda y DAESH o ISIL. La soberanía monetaria sostenida por la agencia monetaria nacional 100% estatal de Qaddafi y su emisión de dinares de oro, se ha acabado, reemplazada por un banco central "independiente" atado al dólar.

     A pesar de aquel revés, es más que notable que ahora una agrupación de naciones completamente nueva se esté formando para construír un sistema monetario similar respaldado por oro. Éste es el grupo conducido por Rusia y China, el tercer y el primer país productor de oro del mundo, respectivamente.

     Este grupo está vinculado a la construcción del gran proyecto de infraestructura One Belt, One Road de China, la Nueva Ruta de la Seda Euroasiática. Eso implica 16.000 millones de dólares del Gold Development Fund de China, y pasos muy firmes por parte de ésta para sustituir a la City de Londres y a Nueva York como centros del comercio mundial de oro. El sistema emergente de oro euroasiático ahora plantea un desafío de una calidad completamente nueva para la hegemonía financiera estadounidense. Este desafío euroasiático, su éxito o su fracaso, bien podría determinar si permitimos que nuestra civilización sobreviva y prospere bajo condiciones completamente diferentes, o si decidimos hundirnos junto con el quebrado sistema del dólar.–



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