BUSCAR en este Blog

viernes, 9 de diciembre de 2016

Karl Radl - Sobre William Carr y los "Protocolos"


     De Karl Radl, editor del sitio semiticcontroversies.blogspot.com, presentamos en castellano aquí en esta entrada tres artículos de Mayo y Junio de 2013 que se refieren al escritor y ex-comandante de la armada canadiense William Guy Carr (1895-1959) y a la relación de él con el texto "Los Protocolos de los Sabios de Sión" y cómo no debe, según el autor, ser catalogado como anti-judío, dado que fundamentalmente lo que hace Carr es poner la culpa de los "Protocolos" sobre los Illuminati, quienes habrían manipulado dicho texto. Sin embargo, hay diversos otros interesantes puntos implicados, como se verá en el análisis del señor Radl, quien sostiene que en el campo anti-judío, así como en el pro-judío, hay muchos ripios y una cómoda ignorancia, razón por la que trata de ser riguroso en el tratamiento de los temas, para que la argumentación sea sólida y no caricaturizable.



WILLIAM GUY CARR y los "PROTOCOLOS DE SIÓN"
por Karl Radl
27 de Mayo de 2013



     William Guy Carr es una figura que ha de ser bien conocida por muchos de mis lectores. Él fue el autor de dieciséis libros/folletos, que trataron principalmente con dos temas separados (aunque de vez en cuando entrelazados): la Marina británica y los Illuminati. Habiendo leído todos esos libros/folletos durante los últimos meses, he llegado a estar bastante bien informado del carácter de Carr y sus ideas.

     Lamentablemente no encuentro en particular nada que sea muy digno de crédito. El propio Carr a menudo aparece, particularmente en sus obras "Red Fog over America", "The Conspiracy to Destroy All Existing Governments and Religions" [1] y "Satan: Prince of this World", como siendo lo que los escépticos a veces califican como un Teórico Paranoide de la Conspiración. No me gusta por lo general usar un término tan obviamente peyorativo para alguien que está, nominalmente al menos, en mi lado de la valla política general, pero Carr era, para decirlo francamente, un absoluto perturbado.


     A lo largo de todas sus obras, pero particularmente en "Niebla Roja sobre EE.UU.", que es su segundo volumen de su pseudo-autobiografía, Carr rutinariamente interpreta los acontecimientos de su vida, en particular cuando él percibe que la gente debería haber escuchado o cuando algo lo afecta negativamente, como siendo parte de un complot consciente por parte de lo que él llama el "Movimiento Revolucionario Mundial", contra él personalmente, en tanto enemigo implacable de ellos.

     Ahora bien, dejando de lado el carácter y las ideas más bien extrañas de Carr, de las cuales trataré en un artículo separado más largo, me gustaría enfocar éste más conciso en las ideas de Carr acerca de los Protocolos de Sión, en parte porque ellas son inusuales. Ahora, antes de que hagamos eso tenemos que declarar muy inequívocamente que Carr no era de ningún modo o forma un anti-judío. Aquellos que lo acusan de tal, principalmente Political Research Associates [2], no sólo están rotundamente equivocados sino que o son completamente incompetentes (ya que ellos no pueden haber leído los libros más famosos de Carr ni mucho menos los de menor fama) o malévolos, y muy posiblemente ambas cosas.

[2] http://www.publiceye.org/apocalyptic/Dances_with_Devils_1-01.html


     Para evidenciar brevemente el punto, permítanme citar a Carr en esta materia:

     «Muchos clérigos, comentaristas de noticias, editores, políticos, etc., culpan a comunistas y judíos como siendo la raíz de TODO mal. Esto no es así. Lucifer es la RAÍZ de TODO Mal» (William Guy Carr, "Red Fog over America", 3ª ed., Londres, 1962, p. 240).

     Y

     «La Historia demuestra que ellos [los Illuminati] tenían una diabólica razón para poner la culpa por la muerte de Cristo sobre el pueblo judío. La Historia demuestra que ellos tuvieron la intención de usar el odio engendrado entre el pueblo judío como el resultado de la persecución, para que sirviera a sus viles propósitos y hacer progresar sus ambiciones totalitarias secretas» (William Guy Carr, "Pawns in the Game", 3ª ed., Ontario, 1958, p. 15).

     Claramente, Carr no era anti-judío, como algunos de aquellos que afirman haber estudiado sus obras parecen querer creer, aunque él tomó realmente algunas de sus ideas de fuentes anti-semíticas, pero las hizo neutrales o, más comúnmente, algo positivo en su representación de los judíos como "forzados" a hacer cosas malas por la malvada mano de los "satánicos Illuminati" (lo que curiosamente prefigura las afirmaciones de David Icke acerca de los judíos siendo controlados por malvadas élites para hacer que cada uno los odie, siendo Carr la obvia fuente no citada).

     Me encargaré naturalmente de aquella particular afirmación en mi artículo más largo en relación a sus opiniones acerca de los judíos y el anti-judaísmo. Es sin embargo suficiente para nuestro propósito aquí concentrarnos en la actitud de Carr hacia los Protocolos de Sión, con respecto a los cuales él hace uso de varias páginas abordándolos en "Niebla Roja sobre EE.UU." y también extensamente (aunque de manera mucho menos obvia) en "Peones en el Juego".

     Lo interesante sobre esto consiste en que las ideas de Carr están casi completamente basadas en una lectura de los Protocolos de Sión (lo que Carr llama el "Plan de Largo Alcance"), y sin embargo Carr mismo creía que los Protocolos de Sión no tenían nada que ver con los judíos (Carr, Red Fog, p. 5) y que ellos eran de hecho un documento masónico que fue obtenido de la logia del Gran Oriente en París por una mujer de "virtud fácil", que Sergei Nilus había adquirido en 1900 (Ibid., p. 2).

     Carr afirma que ésa es la historia que Nilus personalmente había contado a anónimos "amigos de él" [de Carr], pero eso es bastante improbable dado que ése no es nada más que el reciclado testimonio de Philip Stepanov, que sugiere que el original francés llegó desde Justine Glinka por medio de Sukhotin a Stepanov y Nilus [3]. Aquello significaría que los "amigos" de Carr tendrían que ser Sukhotin o Stepanov, los cuales ambos son candidatos muy improbables para tal amistad.

[3] Cf. Cesare de Michelis, "The Non-Existent Manuscript: A Study of the Protocols of the Sages of Zion", University of Nebraska Press, 2004, pp. 23-25.

     Esto significa que Carr o está fabricando esa afirmación o era lo bastante crédulo para creer la jactancia de amigos y conocidos sin la menor comprobación (la cual él constantemente preconiza y se describe como efectuándola). Esto sugiere que Carr fue difícilmente el investigador dedicado y cuidadoso que él creía que era, sino que confió fuertemente en rumores y chismes para rellenar su caso (lo que puede ser fácilmente visto en el enorme número de referencias en sus libros a "amigos" e "informantes" que supuestamente le contaron cosas).

     Ahora, Carr nos dice que hacia 1901 los Protocolos habían caído en las manos de Nilus (lo que, nuevamente, está sacado directamente del testimonio de Stepanov), lo cual es raro, dado que los Protocolos incluyen una referencia completamente obvia, si Carr se hubiera preocupado de mirar, a acontecimientos de 1901 (específicamente, el asesinato del Presidente estadounidense McKinley), lo que significa que los documentos no podían haber provenido de París en 1900 como él creía.

     Realmente los Protocolos fueron primero publicados en ruso en 1903, con una alusión a ellos a fines de 1902, y Nilus no se involucró en la historia sino hasta 1905. Esto más o menos menoscaba el caso entero de Carr sobre los Protocolos ya que su pieza clave de evidencia es la línea de tiempo basada en el testimonio de Stepanov, pero deja fuera la, incluso en esa época, considerable literatura (tanto en contra como a favor) acerca de la datación y origen de los Protocolos.

     Esto confirma la impresión que el lector recibe frecuentemente cuando digiere lo que Carr tiene que decir. Las ideas de él no están basadas en un estudio cuidadoso de los hechos o de la literatura sino más bien en un compromiso leve con la literatura y rellenadas con muchas posiciones casi concebidas ex nihilo, en gran parte surgidas de un complejo de persecución combinado con una fe cristiana profunda y sincera que parece haber percibido al Diablo como más real que Dios (con la suposición tácita que Carr usa de que él era un santo viviente de alguna clase).

     Ahora, volviendo al tema a mano, Carr también afirmó, como he sugerido ya, que Nilus estaba equivocado y que los Protocolos no son un documento judío sino más bien uno masónico (Carr, Red Fog, p. 2). Carr posteriormente sugiere, basando su argumento en la teoría de Nesta Webster sobre los Illuminati consiguiendo el control de una gran parte de la masonería (Carr ni siquiera parece notar las finas distinciones y advertencias que Webster usa), que los Protocolos son un documento puramente masónico, lo cual significa que ellos son un documento Illuminati (Ibid., p. 3).

     Carr basa su caso en la errónea presunción de que el texto había llegado a él sin ninguna alteración, mucho menos alguna reescritura significativa de ello, lo cual recuerda que él estaba, después de todo, consultando la traducción inglesa. Sin embargo la carencia de compromiso de Carr con la literatura de la época con respecto a los Protocolos de Sión es la que le permite mostrar esa confianza absoluta en la integridad del texto, siendo que incluso una lectura superficial de los principales argumentos de la época a favor de los Protocolos (como "Waters Flowing Eastwards" de L. Fry) le habría informado de la necesidad de tener cuidado debido a la carencia de control editorial o de las versiones entre las ediciones.

     Eso llevó a Carr a suponer que las frecuentes menciones de masones, como elementos centrales dentro de la conspiración bosquejada por el texto de los Protocolos según fue transmitido por Nilus, eran de los creadores del texto. Eso es incorrecto ya que Nilus hizo dos series de cambios arrolladores en el texto: él sacó las referencias al Antiguo Testamento y añadió el papel de los masones en ello.

     Es irónico en verdad que Carr haya sugerido que Nilus estaba equivocado al sostener que el texto de los Protocolos fue compuesto por judíos y que fue en cambio compuesto por masones, dado que el propio Nilus quitó una gran parte de los evidentes rastros judíos del texto e insertó a los masones en la narrativa. A propósito, también deberíamos notar que un amigo anónimo, que había estado o estaba en la Inteligencia militar según Carr, había concluído supuestamente lo mismo (Carr, Red Fog, pp. 2 y 6).

     Carr aquí cae en la "falacia de autoridad" al sugerir que porque un individuo había estado, o estaba, en la Inteligencia militar, por lo tanto sería más capaz de discernir la veracidad, procedencia y origen de un documento dado, en comparación con investigadores independientes.

     Sospecho, pero no puedo probarlo, que el que Carr recurriera continuamente a "amigos" no nombrados y anónimos para sostener su caso en base a la espuria autoridad de ellos es un recurso literario que él usa para encubrir el hecho de que él no tiene ninguna prueba real para apoyar sus teorías aparte de sugerir que aquellos que estaban en posiciones de "alta autoridad" estaban de acuerdo con sus conclusiones.

     La destrucción de las suposiciones de Carr acerca de la integridad y el origen del texto implosiona de alguna manera el argumento entero de Carr, precisamente porque si los Protocolos no son un documento masónico, lo cual claramente no lo son sino más bien uno judío, entonces eso deja sus ideas acerca de una gran conspiración Illuminati, como fue enunciada tanto en "Peones en el Juego" como en "Niebla Roja sobre EE.UU.", totalmente sin base, porque los Protocolos en tanto documento masónico son el pilar central alrededor del cual dichas ideas fueron construídas.

     Esto naturalmente no significa que las narrativas individuales de Carr sobre tal y cual acontecimiento sean falsas o inverosímiles, sino más bien que su magnífica teoría es insostenible; sin embargo, segmentos de ella podrían ser salvables si llegáramos sólo a combinarlos en una nueva teoría intelectual en cuanto a su lugar en el esquema mayor de las cosas.

     Carr también enumera 14 puntos que él y su amigo anónimo, actualmente o antes en la Inteligencia militar, creen que "demuestran" que los Protocolos son un plan Illuminati y no uno judío (Ibid., pp. 3-22). Hablaré de aquellos 14 puntos en un artículo separado [el artículo subsiguiente de éste], porque en gran parte ellos son o tautológicos y no relevantes para los Protocolos o pueden ser descartados una vez que comprendemos que las referencias a masones fueron añadidas por Nilus en 1905 y que el texto original de los Protocolos de 1903 no incluye ninguna de tales referencias. Sin embargo, dichos puntos requieren realmente una discusión más larga que la que deseo dar aquí para impedir que este artículo se alargue más de lo que pide el asunto.

     Esto entonces, para resumir, significa que los argumentos de Carr acerca de un plan Illuminati se deshacen, porque él los ha basado en una lectura literal de los Protocolos de Sión como un documento Illuminati, y cuando le quitamos a los Protocolos su condición de documento Illuminati, como lo acabo de hacer, entonces las ideas de Carr caen del cielo como pájaros muertos en la temporada de caza.–



WILLIAM GUY CARR, el ANTI-JUDAÍSMO y los JUDÍOS
por Karl Radl
29 de Mayo de 2013


     Como he indicado en un artículo anterior [el artículo previo en esta entrada], el famoso escritor acerca de conspiraciones William Guy Carr desde un tiempo a esta parte ha sido acusado en algunos sectores de ser anti-judío o anti-semítico.

     Por ejemplo, el centro de estudios Demócrata Political Research Associates afirma lo siguiente sobre Carr:

     «Las acusaciones de anti-judaísmo podrían ser fácilmente añadidas a las de anti-comunismo. A mediados de los años '50 William G. Carr promovió la variante anti-judía en el conspiracionismo, con libros como "Pawns in the Game" y "Red Fog over America". Según Carr, una viejísima conspiración judía bancaria Illuminati ha usado el control de la mente mediante transmisiones radiales en beneficio de Lucifer para construír un gobierno mundial. El nexo secreto del complot eran supuestamente las reuniones internacionales de los Bilderberger acerca de la política bancaria. La anti-judía editorial Noontide Press distribuyó el libro "Peones en el Juego" durante muchos años» [1].

[1] http://www.publiceye.org/apocalyptic/Dances_with_Devils_1-01.html

     La acusación como tal se reduce a dos puntos básicos: uno es la afirmación de que Carr visualizó a los Illuminati como una entidad dominada por los judíos, o simplemente judía. El otro es que porque la editorial anti-judía Noontide Press (asociada con Willis Carto y el Institute for Historical Review) distribuyó "Peones en el Juego", entonces aquello convierte a Carr en un anti-judío.

     Para tratar con el segundo punto primero, el argumento que ellos hacen se reduce simplemente a afirmar que si el trabajo de un autor es distribuído por un editor anti-judío entonces eso significa que dicha obra debe por fuerza ser anti-judía. Éste es claramente un argumento profundamente estúpido dado que un autor puede ser admirado por aquellos que son radicalmente opuestos y distribuído sobre aquella base, o un autor puede ser distribuído porque lo que él argumenta o escribe puede ser visto como un apoyo a las opiniones del distribuidor.

     Un buen ejemplo es la obra "The Jewish Utopia" del rabino Michael Higger, que ha sido distribuída por empresas editoras anti-judías durante años a pesar de que se trata del escrito de un judío para judíos. ¿Haría eso de Higger un anti-semita, por extensión? No, no lo hace.

     Todo lo que eso significa es que las ideas de Higger se consideran que calzan o que confirman del todo o en parte las ideas sostenidas por aquellos que distribuyen su obra. Es tan simple como eso. Usted no puede sostener que Carr es anti-judío basado en el hecho de que una, y sólo una, empresa editora anti-semítica ha distribuído su obra durante un tiempo.

     Sin pruebas confirmatorias de que Carr es anti-judío, no podemos sostener razonablemente que ése sea el caso.

     Volviendo al primer punto y a la acusación de que Carr ve a los Illuminati como predominante o completamente judíos, que es la piedra angular del argumento de Political Research Associates, sería bueno que citáramos los comentarios de Carr en cuanto a la relación de los judíos y los Illuminati en "Peones en el Juego", "La Conspiración para Destruír Todos los Gobiernos y Religiones Existentes" y "Niebla Roja sobre EE.UU.".


• De "PEONES EN EL JUEGO" [Pawns in the Game]:

     «Él [Cristo] expuso a la sinagoga de Satán (Apoc. 2:9; 3:9), él denunció a aquellos que pertenecían a ella como hijos del diablo, al cual él censuró como el padre de las mentiras (Juan 8:44) y como el príncipe del engaño (2 Cor. 11:14). Él fue específico en su declaración de que aquellos que componían la sinagoga de Satán eran aquellos que se llamaban judíos no siéndolo, y por lo tanto mentían (Apoc. 2:9; 3:9). Él identificó a los cambistas de dinero (banqueros), los escribas y los fariseos como los Illuminati de su tiempo» (William Guy Carr, Pawns in the Game, 1958, Ontario, p. IX).

     «Para contrarrestar los proyectos de los barones internacionales del dinero, Karl Ritter aconsejó a los líderes de los grupos arios que organizaran el Nacionalsocialismo y usaran el Fascismo como su manual de acción para llevar adelante sus ambiciones secretas para la conquista mundial. El profesor Ritter indicó que porque los Banqueros Internacionales tenían la intención de usar todas las fases del Semitismo para llevar adelante sus proyectos, los líderes arios deberían usar todas las fases del anti-semitismo para hacer progresar su causa» (Ibid., p. 5).

     «El hecho importante que se debe recordar es que entre los líderes judíos, exactamente del mismo modo que entre los líderes arios, siempre ha habido un pequeño e incondicional núcleo de hombres que han sido, y todavía son, Iluministas o Ateos. Ellos pueden haber adulado a las religiones judía o cristiana para satisfacer su propio objetivo, pero ellos nunca han creído en la existencia de Dios. Ellos son Internacionalistas ahora. Ellos no entregan su lealtad a ninguna nación particular aunque ellos hayan usado, de vez en cuando, el nacionalismo para llevar adelante su causa» (Ibid., p. 13).

     «La Historia demuestra que ellos [los Illuminati] tenían una diabólica razón para poner la culpa por la muerte de Cristo sobre el pueblo judío. La Historia demuestra que ellos tuvieron la intención de usar el odio engendrado entre el pueblo judío como el resultado de la persecución, para que sirviera a sus viles propósitos y hacer progresar sus ambiciones totalitarias secretas» (Ibid., p. 15).

     «El estudio del Movimiento Revolucionario Mundial desde el tiempo de Cristo hasta el día presente, demuestra que es injusto culpar a la raza judía entera por los crímenes cometidos contra la Humanidad por un pequeño grupo de falsos sacerdotes y prestamistas. Esos hombres siempre han sido, y todavía son, el poder secreto detrás del internacionalismo. Ellos usan el comunismo hoy como su manual de acción para llevar adelante sus planes secretos para la dominación mundial final» (Ibid.).

     «Después de que la revolución dominada por los judíos colapsó por falta de ayuda, la gente aria alemana tomó una medida completa de venganza sobre la gente judía. Miles de judíos, hombres, mujeres y niños, fueron acorralados durante la noche y ejecutados. Rosa Luxemburgo y su hombre mano derecha Karl Liebknecht fueron capturados y baleados en la cabeza como perros rabiosos por un teniente alemán. Así, una vez más, a un gran número de judíos se le hizo pagar la pena por los crímenes de un pequeño grupo de gángsters internacionales que los usaron como peones en el juego de la intriga internacional» (Ibid., p. 110).

     «Leo Maxse, escribiendo en la edición de Agosto de 1919 de la National Review, declaró: "Quienquiera que esté en el poder en Downing Street [sede del Primer Ministro británico], sean conservadores, radicales, coalicionistas o pseudo-bolcheviques, los judíos internacionales controlan el poder. Aquí está el misterio de la Mano Oculta de la cual no ha habido ninguna explicación inteligente". Una vez más la palabra "judío" debería haber sido "banquero" o "gángster". Aquello sería igual de razonable que culpar a todos los católicos romanos por los crímenes de unos pocos líderes de la Mafia Romana que habían renunciado a la práctica de su religión hace ya muchos años» (Ibid., p. 115).

     «...un hecho que la Historia pasada indicaría que es muy dudoso. Es el satanismo, y no los judíos, el que gobernará» (Ibid., p. 118).


     «Así la Historia revela que desde 1920 hasta 1934 el Poder Secreto dirigió la intriga internacional en tal manera que los líderes del comunismo en Rusia, SUPUESTAMENTE dominado por los judíos, estuvieron trabajando mano a mano con los líderes del Nacionalsocialismo en Alemania, SUPUESTAMENTE dominado por los arios. Esta fase de la Historia es la más complicada. Es difícil de entender para el ciudadano promedio» (Ibid.).

     «El propósito de la Inquisición era descubrir e interrogar a infieles sospechosos de estar enmascarados como cristianos. España había sido excepcionalmente amable con los judíos. A ellos se les permitió tener cargos y actuar como recaudadores de impuestos. Pero, tal como sucedió en cada otro país en Europa, los crímenes de los prestamistas ateos, y los de sus agentes, fueron cargados sobre la población judía entera» (Ibid., p. 127).

     «Por lo tanto, acusar esta conspiración diabólica como un crimen y responsabilizar de ella al pueblo judío entero y sus líderes religiosos, es injusto» (Ibid., p. 175).

     «Esos "instrumentos", sean ellos judíos o Gentiles, masones o lo que fuere, han sido sin excepción liquidados por un método u otro si, después de servir al propósito de ellos, se consideraba que sabían demasiado» (Ibid., p. 182).

     «El Plan de Largo Alcance de los Illuminati Internacionales pedía la destrucción de los británicos, del Imperio alemán, y de los judíos que no eran activamente comunistas y que por lo tanto no eran sus "instrumentos"» (Ibid., p. 184).


• De "LA CONSPIRACIÓN PARA DESTRUÍR TODOS LOS GOBIERNOS Y RELIGIONES EXISTENTES" [The Conspiracy to Destroy All Existing Governments and Religions]:

     «Debemos recordar también que las palabras "Sinagoga de Satán" no se refieren a los judíos, porque Cristo también dejó absolutamente claro que la Sinagoga de Satán "Son aquellos que se llaman judíos, pero no lo son, y mienten realmente". La Sinagoga de Satán está formada por hombres y mujeres de muchas nacionalidades que tienen su origen en Caín, el hijo de Eva» (William Guy Carr, The Conspiracy to Destroy All Existing Governments and Religions, 1958, p. 5).


• De "NIEBLA ROJA SOBRE ESTADOS UNIDOS" [Red Fog over America]:

     «Aquellos encargados de preparar el fraude usaron el plan encontrado en el cuerpo del mensajero, pero ellos cambiaron ciertas palabras y frases para hacer que aquellos que leyeran el "nuevo" documento [los Protocolos de Sión] creyeran que era un complot judío para obtener la dominación mundial, de acuerdo con la política del Sionismo Político defendido por Herzl en 1897» (William Guy Carr, Red Fog over America, 3ª ed., Londres, 1962, p. 4).

     «Los documentos [los Protocolos de Sión] son indudablemente la conspiración mediante la cual Satán planea materializar su reino en esta Tierra. Si lo logra, cristianos y judíos, hombres negros y blancos, arios y semitas, comunistas y nacionalsocialistas, socialistas y capitalistas, tendrán todos que caer de rodillas y adorar a su Majestad Satánica» (Ibid., p. 7).

     «Uno sólo puede concluír que todo era parte de la campaña publicitaria emprendida por el agente de los Illuminati para despertar el odio de los Gentiles rusos contra los judíos y para inflamar a los judíos con el espíritu de venganza contra los no-judíos de modo que éstos se rebelaran e introdujeran el régimen de terror» (Ibid., p. 9).

     «Fueron las palabras adicionales "de los Sabios Ancianos de Sión" las que pusieron la culpa por la naturaleza diabólica del "esquema" sobre los hombros del pueblo judío» (Ibid., p. 105).

     «El asunto de la subversión dentro de la religión no puede ser terminado sin hacerse cargo del modo en que los conspiradores de Satán se han infiltrado en la religión judía. Cristo condenó a aquellos que enseñaban deliberadamente a los judíos falsas doctrinas. Él rezó por y compadeció a aquellos que cayeron en el error como resultado de tal enseñanza. A la edad de doce años Cristo se sentó en el templo de Jerusalén con los sacerdotes y ancianos corrigiendo sus enseñanzas. Él estaba haciendo eso cuando fue encontrado por María y José después de que él había estado perdido tres días» (Ibid., p. 182).

     «Son los falsos sacerdotes y los falsos profetas los que han hecho deliberadamente que los judíos odien a los cristianos y que los cristianos odien a los judíos» (Ibid.).

     «La manera en la cual los judíos menores fueron congregados en ghettos permitió a los déspotas satánicos hacerles pensar y hacer cualquier cosa que les dijeran que pensaran e hicieran. Después de todo, los judíos ricos y los ancianos ejercían el poder de vida o muerte sobre sus hermanos menores.

     «Nuestra pelea no es con los judíos menores sino con un pequeño número de hombres que simulan ser judíos siendo que son en realidad seguidores de Satán. Que los cristianos insistan en que aquellos judíos, a los cuales extienden la mano de amistad, condenen en público la enseñanza talmúdica que contienen blasfemias e insultos en cuanto a Cristo y amenazas contra los cristianos.

     «El anti-judaísmo juega un rol directamente en las manos de los Illuminati. Los sumos sacerdotes de Satán deben recibir mucha satisfacción cuando los judíos son culpados por los crímenes que los primeros han cometido contra la Humanidad. Eso es exactamente lo que ellos quieren. Muchos Gentiles y judíos se tragan completamente el señuelo de ellos» (Ibid., p. 186).

     «Los musulmanes, los judíos y todos los otros pueblos que adoran al Único Dios, el Creador del Cielo y la Tierra, podrían ser unidos en tal causa común [para luchar contra Satán]» (Ibid., p. 228).

     «Muchos clérigos, comentaristas de noticias, reditores, políticos, etc., culpan a comunistas y judíos como siendo la raíz de TODO mal. Esto no es así. Satán es la RAÍZ de TODO Mal» (Ibid., p. 240).


     Habiendo reproducido de esta manera todas las referencias significativas en cuanto al papel de los judíos entre los Illuminati según Carr, está claro que éste no veía a los judíos como el enemigo o siquiera como un elemento desproporcionado de la "satánica conspiración Illuminati" contra la cual él escribió. Más bien, él sintió que, como europeos, eran sus líderes los que eran los miembros de o los engañados por los Illuminati, no los judíos o Gentiles promedio de la calle.

     Carr también claramente se encarga de condenar los sentimientos anti-judíos como siendo parte del plan maestro de los Illuminati para crear un "Gobierno Mundial" (bajo Satán) por medio de la discordia y el odio humanos, y si bien Carr en efecto usó realmente algunos préstamos de la literatura anti-judía, él mismo no era claramente anti-judío.

     Él simplemente adoptó las ideas de la literatura anti-judía que satisficieron sus teorías sin ser anti-judío él mismo, en una manera más o menos similar a cómo Goebbels tomó ideas de Marx, Engels y Lenin, pero no siendo él mismo un comunista, ya que percibió que las teorías y las ideas pueden tener alguna verdad en ellas sin ser totalmente verídicas.

     De esta manera entonces, en resumen, podemos ver que Carr no era un anti-judío de ningún modo o forma y, si es que algo, su actitud hacia los judíos fue positiva y no negativa. Por lo tanto así Carr podría ser considerado como un filo-judío y no como un anti-judío.




LOS CATORCE PUNTOS de WILLIAM GUY CARR
ACERCA de los "PROTOCOLOS DE SIÓN"
por Karl Radl
9 de Junio de 2013


     Como he señalado en un reciente artículo [el primero en esta entrada], el célebre escritor acerca de conspiraciones William Guy Carr en su libro "Niebla Roja sobre Estados Unidos" enumera 14 puntos sobre los Protocolos de Sión para justificar su confianza en ellos como la piedra angular de su tesis acerca de los Illuminati. Como he explicado en otra parte [en el artículo anterior a éste], Carr no considera a los judíos como el problema sino que más bien cree que los Protocolos de Sión fueron alterados por los Illuminati, de los cuales son realmente aquellos planes, para desviar la culpa y ponerla sobre los judíos para hacer que ellos cayeran en las manos de sus agentes sionistas o bolcheviques debido al resultante sentimiento anti-judío y persecución.

     Carr utiliza los Protocolos en todos sus libros acerca de los Illuminati como la piedra de toque de su entendimiento de las actividades y planes de ese grupo. Entonces es obviamente importante hacerse cargo de las afirmaciones que él hace en relación a ellos y averiguar cuán válidas ellas son a fin de determinar la validez intelectual de las ideas de Carr.

     Ahora yo debería indicar que la mayor parte de los puntos de Carr están condicionados a su datación de los Protocolos como habiendo sido adquiridos en 1900, aunque eso sea incorrecto incluso por la evidencia interna (como por ejemplo, el asesinato del Presidente estadounidense McKinley), lo cual remonta el texto de los Protocolos a una fecha no anterior a 1902. Una vez que hemos dejado de lado aquella particular afirmación, entonces cae el fundamento del argumento de Carr, pero por causa de los escépticos creo que yo debería tratar con el resto de las afirmaciones de Carr sobre los Protocolos aquí para que quede completo.

     Ahora, en el punto 1 Carr saca a relucir el antiguo argumento de que los Protocolos para ser una falsificación deben haber tenido un original del cual fueron copiados, y por lo tanto ellos no pueden haber sido una falsificación porque según escritores anti-Protocolos ellos fueron inventados completamente [1]. Esto es lamentablemente semántica: el punto de los que sostienen que es una falsificación, que emana de Philip Graves y Lucien Wolf así como en menor grado de Louis Brandeis, es que se alega que los Protocolos son un plan maestro judío para apoderarse del mundo y que es la declaración de la misión de una organización específica.

[1] William Guy Carr, "Red Fog over America", 3ª ed., 1962, Londres, p. 3.

     Si pudiera probarse que los Protocolos no salieron de una mano judía, que los creadores de la afirmación de que es una falsificación creyeron que podría ser (aunque la "evidencia" de ellos haya sido desechada hace mucho tiempo [2]), y que en cambio fue, como el propio Carr creyó que lo eran, un texto escrito por otros para implicar a los judíos en tal complot o como una tapadera para su propio complot, entonces, puesto que tenemos un partido que trata de pasar un documento propio como el de otro partido, aquello es claramente una falsificación.

[2] Véase Cesare de Michelis, "The Non-Existent Manuscript: A Study of the Protocols of the Sages of Zion", 2004, University of Nebraska Press, pp. 46-55.

    El argumento de Carr en este punto es muy curioso precisamente porque el argumento de la falsificación debería ser considerado por él como la prueba positiva de que los Protocolos son un documento masónico/Illuminati, ya que los puntos 6, 7 y 8 sostienen que los judíos fueron simplemente involucrados por los Illuminati al agregar referencias a judíos en el texto de su propio plan (Carr, "Red Fog over America", p. 4).

    El hecho de que Carr simplemente reacciona ante la común afirmación de la falsificación, sostenida acerca de los Protocolos por sus detractores, es, pienso, sintomático de su carencia de capacidad crítica en relación con sus fuentes y la formulación de sus argumentos, puesto que él ha reaccionado simplemente ante el argumento más común contra los Protocolos negándololo en vez de admitirlo, como podríamos esperar que él hiciera, y luego contestando que se trató de una falsificación, pero una falsificación masónica/Illuminati diseñada para hacer que la gente odiara a los judíos, como él lo clarifica en puntos 6, 7 y 8.

    En el punto 2 Carr presenta a su "amigo anónimo de, o que había sido parte de, la Inteligencia Militar británica" que he argumentado en otra parte [el primer artículo de esta entrada] que era probablemente un personaje literario de Carr para presentar argumentos conjeturales sin tener que dar una prueba definitiva. Él también comete el error de sugerir que los Protocolos fueron traducidos (del francés) por Sergei Nilus (Carr, op. cit., p. 3), el cual, hasta donde sé, no leía francés, ni mucho menos tenía la fluidez suficiente en dicha lengua para traducir exactamente un documento tan intrincado. Aquí Carr está confundiendo a Nilus con Justine Glinka, que era fluída en francés y fue el supuesto vehículo por el cual los Protocolos alcanzaron la atención de las autoridades rusas.


    Esto una vez más indica la confusión más bien elemental de Carr sobre elementos diferentes en la historia previa de los Protocolos, aunque él profese haber leído la serie de artículos sobre los Protocolos escrita por Nesta Webster, titulada "El Peligro Judío" (que él también parece haber atribuído extrañamente a Sergei Nilus [3]), así como "Waters Flowing Eastwards" de L. Fry, los cuales ambos textos tratan la cuestión de cómo los Protocolos supuestamente llegaron a manos rusas vía Glinka desde una figura judía principal de la logia masónica del Gran Oriente en París.

[3] Carr, op. cit., p. 4.

     Él parece dar el crédito a Nilus como la figura clave en la difusión de los Protocolos, lo que es sólo en parte correcto y, como he señalado en otra parte, el papel de Nilus consistió principalmente en cambiarlos, haciéndolos calzar con sus ideas cristianas, y también removiendo muchos elementos judíos del texto, como las referencias al Antiguo Testamento.

    Sin embargo Carr también cree que los Protocolos son "un plan que se remonta hasta los días más tempranos de la raza humana" (Carr, Ibid., p. 3) en base a ninguna evidencia. Esto no puede ser así ya que he señalado que los Protocolos hacen referencias explícitas a acontecimientos políticos a partir de 1901, y también las ideas implícitas en el texto reflejan las preocupaciones de una mente en el "cambio de siglo" y no las de, digamos, los egipcios o los griegos, para no mencionar a los judíos de la Antigüedad.

     A lo sumo los Protocolos reflejan un plan para el siglo XX y más allá que fue concebido al comenzar aquel siglo, nada más que eso. La razón de esto es que no tenemos ninguna prueba de que ellos sean de una mayor antigüedad que esto.

     Carr entonces, después de afirmar que ellos se remontan al principio de la Historia humana, sostiene que ellos deben ser parte del "plan de Lucifer" y que son el producto de "ángeles o seres sobrenaturales que se oponen a Yahvé, el benévolo dios de la Justicia" (Carr, Ibid.).

     Ésta es la clave para muchos pensamientos de Carr en cuanto a que su conspiración es tan masiva y tan amplia en su alcance histórico que probablemente sólo una mente sobrenatural puede haberla concebido y manejado para este período de tiempo; de ahí su foco en el poder del Diablo como el único agente que él, como cristiano devoto, podría admitir como existente y que tiene la inteligencia necesaria y la razón fundamental para establecer tal esquema.

     Sin embargo, deberíamos enfatizar aquí que Carr ha hecho varios saltos lógicos enormes en base a ninguna evidencia en absoluto, en los cuales él ha ido desde los Protocolos como siendo un documento material de un malvado plan desde el principio de la historia humana (y de ahí que sea un documento material que proviene de una mente sobrenatural), a ser la manifestación teórica específica del "dios malo" (Lucifer o el Diablo) de su cosmovisión cristiana.

    El punto 3 tiene poco que ver con los Protocolos ya que Carr introduce a los Illuminati en la ecuación y afirma que el inusual y repentino rayo que mató al mensajero de ellos en Ratisbona en 1785 y el posterior descubrimiento de su conspiración causó "a los Illuminati mucha preocupación" (Ibid.). Esto es ilógico nuevamente de parte de Carr en cuanto a cómo puede una conspiración dirigida por Satán mismo ser particularmente perturbada por un mensajero que llevaba documentos incriminatorios y que resultó muerto por accidente, dado que Satán podría haberlos incinerado sólo con un toque de su pezuña hendida o al menos hacer que los documentos no fueran descubiertos sino hasta cuando él pudiera conseguir a otro de sus agentes humanos en el área para recogerlos.

     Así, vemos un problema enorme con el uso de Carr de un agente sobrenatural como dicha agencia sobrenatural que dirige una conspiración enorme y que luego prontamente va y permite que importantes documentos caigan en las manos de sus antiguos enemigos. La agencia sobrenatural dirige una conspiración perfecta sólo para olvidar hacer lo basico y dejar que gente sin método como Carr vaya por ahí supuestamente denunciando ante todos sin excepción los objetivos y funcionamientos más íntimos de dicha conspiración.

     Ése no parece entonces ser un diablo muy inteligente, ¿o sí?.

     ¿O debemos suponer que los intrincados esquemas del diablo son positivamente los de un aficionado, incluso después de varios milenios de práctica? No; no creo eso.

     Carr también revela su deuda con los trabajos de Nesta Webster "Secret Societies and Subversive Movements", "The French Revolution" y "World Revolution", aunque él muestra pocos signos de haber leído los otros libros de ella como "The Surrender of an Empire", "The Socialist Network" y "Boche and Bolshevik", pero sí menciona "The Jewish Peril" aunque él piense, como ya se indicó, que Sergei Nilus era su autor y no Webster.

     Esto es importante de señalar precisamente porque sin Webster entonces la tesis entera de Carr no habría nacido, ya que él selectivamente saca ideas de Webster, pero sin el dominio de Webster de la documentación de las fuentes y de la literatura secundaria entonces existente en inglés, francés y alemán. Esto, sobre todo, ya que Webster fue la que estableció el paralelo entre lo que decía el texto de los Protocolos (es decir, el enormemente editado por Nilus) y lo que decían los documentos publicados de los Illuminati a partir de 1785 [4].

[4] Nesta Webster, "World Revolution: The Plot against Civilisation", 7ª ed., 1994, pp. 288-289

     Carr no sacó su conclusión acerca de la asociación de los Protocolos con los Illuminati a partir de un estudio de la literatura fuente sino más bien de haber leído los tres textos de Webster que ya he sugerido que él consultó (e incluso entonces estoy dando a Carr el beneficio de la duda, por cuanto el libro de ella "The French Revolution" es una posibilidad externa, en mi opinión).

     En el punto 4 Carr procura conectar la pérdida del mensajero Illuminati en Ratisbona en 1785 con la aparición de los Protocolos de Sión a principios del siglo XX de acuerdo a la lógica de que los Illuminati habían aprendido de su error (aunque no sea considerado por qué Lucifer cometió un error tan elemental). Entonces los agentes de ellos decidieron hacer calzar el "movimiento revolucionario judío en Rusia" con su plan, del cual ciertas "palabras y frases" fueron cambiadas para implicar a los judíos y hacer que la gente creyera que los Protocolos eran un complot "de acuerdo con la política del sionismo político como fue postulado por Herzl en 1897" (Carr, Ibid., pp. 3-4).

     Esto es enredado y confuso a lo sumo, ya que si los Illuminati hubiesen querido incriminar a alguien, ¿por qué poner su propio plan en las manos de sus antiguos enemigos con sólo unas frases cambiadas? Eso tiene poco sentido precisamente porque, en el primer caso, no hay ninguna razón para entregar a sus enemigos su plan real con solamente el protagonista cambiado (como seguramente alguien o algunas personas lo entenderían, como Carr creyó que él lo había hecho), y en el segundo caso, porque si usted quisiera hacer que el mundo creyera en un complot de los judíos, entonces ¿por qué no fraguar algo un poco más explícito y con participación directa de las figuras implicadas más bien que poner referencias cifradas y veladas?.

     Después de todo, si usted puede poner nombres a la conspiración judía, y si usted es una entidad sobrenatural, con una inteligencia preternatural, entonces ¿no es mejor manipular a su objetivo para que haga el trabajo de usted en lugar de hacerlo usted mismo (haciendo de esa manera que su falsificación parezca tanto más real) en vez de utilizar documentos de dudosa procedencia para que posiblemente hagan su caso para usted?.

     Podemos ver así que, una vez más, introducir una entidad sobrenatural en la ecuación a fin de explicar la longevidad y astucia diabólica detrás de la conspiración, es realmente una espada de doble filo, ya que dicha entidad sobrenatural parece más bien un torpe aficionado en el comportamiento conspiratorio por los errores que comete mientras al mismo tiempo supuestamente es un conspirador maestro capaz de entender y predecir los deseos más viles de los hombres para permitir la explotación oportuna de ellos por medio de su conspiración, el "Movimiento Revolucionario Mundial".

     También uno tiene que preguntar: ¿por qué establecer a los judíos como el chivo expiatorio?.

     ¿Por qué no otros notables enemigos populares del momento, como los masones exclusivamente (que pasan significativamente a un segundo plano detrás de los judíos como agentes de los Illuminati a pesar de su presunta posición central en la conspiración Illuminati, bosquejada en los puntos 9 y 10), o quizá los ocultistas (como postulaba Edith Starr Miller, alias Lady Queenborough), o incluso la anticuada conspiración jesuíta que, tanto entonces como ahora, retiene un pequeño pero fanático grupo de creyentes que por lo general provienen de un entorno Protestante devoto?.

     Carr simplemente no explica esto, a medida que pasa al punto 5, cuando él culpa a los judíos (si justa o injustamente, no puedo aventurar una opinión actualmente) por la guerra española-estadounidense de 1898 así como por la guerra ruso-japonesa de 1904. Esta última guerra fue supuestamente comenzada a fin de debilitar a Rusia, para que pudiera tener éxito la revolución de 1905, a veces llamada la revolución bolchevique en miniatura, dado que fue gracias a dicha revolución que un judío poco conocido llamado Leon Trotsky se elevó a la prominencia en el movimiento revolucionario en Rusia; sin embargo, la conspiración infernal falló otra vez y fracasó en su plan diabólico a pesar de tener al Diablo mismo dirigiendo sus acciones.

     Esto es naturalmente dejado de lado e ignorado por Carr a pesar de sus desastrosas consecuencias para su "complot luciferino", precisamente debido a los constantes fracasos de aficionado del Diablo.

     También deberíamos notar aquí que Carr identifica correctamente que los judíos controlaban la industria cubana de azúcar así como las minas de diamante y los campos auríferos africanos al comenzar el siglo XX, pero él nunca, a pesar de parecer haber comenzado a hacer aquello, explica por qué los judíos fueron el chivo expiatorio elegido por los Illuminati a pesar de que afirma que eso había sido "decidido" por los Illuminati ya en 1893 (Ibid., p. 4).

     Yo conjeturaría que la razón por la que Carr decidió que los Illuminati eligieron a los los judíos era precisamente porque la influencia judía era obvia y bien documentada en un momento en que él estaba formando sus opiniones (en los años '20 y '30), así como una constante a la cual él podría señalar a fin de mostrar el poder de los Illuminati mientras a la vez removía la culpa de los judíos afirmando que ellos eran simplemente los "peones en el juego" de los Illuminati (y por ende, del Diablo).

     Carr pasa al punto 6 afirmando que los judíos fueron injustamente culpados de los Protocolos por los Illuminati, al parecer creando una "nueva ola de anti-semitismo en Rusia y Francia", lo que a su vez significaba que el "verdadero problema", los conspiradores Illuminati, fue pasado por alto (excepto aparentemente por Carr).

     Así Carr, como he indicado en otra parte [en el artículo anterior a éste], procura quitar la culpa de los judíos y colocarlos en el papel de la víctima principal de la conspiración, en vez de ser el elemento conspirador principal.

     En el punto 7 Carr introduce los Protocolos supuestamente "modificados" (para implicar a los judíos) en las manos de Sergei Nilus, de quien él afirma que era "un ruso excepcional cuyo carácter y reputación eran irreprochables" (Carr, Ibid., p. 4).

     A pesar de que difiero de aquella descripción de Nilus, a quien veo como un criminal intelectual por sus modificaciones y por la des-judeificación del texto de los Protocolos, la dejaré permanecer ya que va más allá del alcance de este artículo hablar de sus defectos de carácter e inmoralidad intelectual.

     Si seguimos avanzando deberíamos notar que Carr viste a Nilus con el ropaje del cómplice involuntario de los Illuminati, ya que él creyó totalmente que los Protocolos eran un capturado plan judío para la dominación mundial. El objetivo de hacer aquello, según los puntos 6 y 8, era provocar sentimientos agitados contra los judíos: si ése era el caso entonces el Diablo y su élite Illuminati cometieron otro error de aficionado dado que los Protocolos no tuvieron una alta circulación ni siquiera en Rusia sino hasta 1917-1918.

     Dado que éste es un elemento clave de la separación que hace Carr entre los Illuminati y los judíos, también tenemos que hacer referencia a las afirmaciones hechas en el punto 8 en la ecuación también. A fin de dar sentido a la totalidad del argumento de Carr en cuanto a que él afirma que el brote de anti-judaísmo en Francia (ya mencionado en el punto 6) en 1905 (su referencia es obscura, pero probablemente se refiere a las últimas batallas entre filo-judíos y anti-judíos alrededor del proceso Dreyfus, que Carr menciona en el punto 8) fue una consecuencia de los Protocolos puestos en circulación allí y que por ello "consiguió los objetivos de la conspiración".

     Éstas son tonterías absolutas de parte de Carr, y me temo que los Protocolos no fueron distribuídos fuera de su versión rusa antes de que ellos fueran publicados por Ludwig Mueller von Hausen (alias Gottfried zum Beek) con la ayuda del veterano anti-judío Theodor Fritsch en 1919 (De Michelis, op. cit., p. 2). De esa manera, ellos no pudieron haber influído sobre el sentimiento anti-judío francés en 1905, y en Rusia ellos fueron sólo un documento anti-judío entre muchos otros (Ibid.).

     Los errores de Carr se derivan en último término de su confusa comprensión de la historia previa de los Protocolos de Sión y de su desafortunada suposición de que porque Justine Glinka según se afirma obtuvo los documentos de la logia del Gran Oriente en 1900 y fueron traducidos en Rusia entonces debe haber habido entonces una versión francesa de ellos en circulación.

     Esencialmente, la teoría entera de Carr es lanzada en el descrédito porque él simplemente no consultó lo que los investigadores de su tiempo, los cuales se habían interesado fuertemente en la documentación fuente y la literatura secundaria acerca de los Protocolos, tuvieron que decir sobre aquella historia previa, lo cual, si él lo hubiera hecho, le habría advertido al menos que sería difícil aferrarse a una versión particular de los acontecimientos sin un análisis detallado (que él no realizó).

     Yo debería notar una vez más que Carr se refiere a la revolución rusa de 1905 como si aquella revolución hubiera sido exitosa, cuando claramente no lo fue, incluso en términos de hacer que los judíos fueran más odiados. Todo lo que sucedió fue que ella polarizó a Rusia contra sus antiguos aliados los británicos y los franceses. Eso sirvió de poco propósito en cualquier "esquema revolucionario" de cosas aparte de hacer que las autoridades rusas reprimieran a grupos izquierdistas subversivos que a menudo tenían importantes contingentes judíos en sus filas.

     Los puntos 9 y 10 podemos más o menos combinarlos ya que durante una buena parte ellos tienen poca importancia, aparte de decirnos que Carr creía que el llamado "Consejo de los 31" dictaminó que la logia del Gran Oriente de Francia era el consejo central de los Illuminati, que la mayor parte de esos hombres eran los agentes incondicionales de la conspiración Illuminati, y que ellos eran todos internacionalistas capitalistas (Carr, Ibid., pp. 4-5).

     Esto, alega Carr, él lo descubrió por medio de "informantes" sin nombre, y le fueron dados nombres de esos miembros (los que él no revela), pero, nuevamente, la introducción por parte de Carr de un elemento sobrenatural en la ecuación a fin de explicar la longevidad y la inteligencia preternatural de los elementos conspiratorios que él describe, es su perdición. Considerando que si el Diablo mismo fue el maestro de los Illuminati entonces seguramente él sabría que Carr estaba tras él y tomaría medidas para tratar con Carr (lo que Carr cree que él hizo, pero inexplicablemente el Diablo siguió fallando a pesar de ser al menos un semidiós).

     Además, ¿cómo en una relativa oscuridad Carr de repente sería capaz de adivinar el satánico complot más o menos solo, pero el mundo sería ignorante?... Uno se pregunta.

     Como sea, deberíamos señalar que a pesar de que Carr coloca explícitamente a la élite Illuminati entre los líderes de la masonería, la masonería misma desempeña un papel muy menor en las teorías de Carr, las que se enfocan mucho más en las actividades de comunistas y judíos que de los masones. Es casi como que si Carr estuviera introduciendo el elemento masónico en la ecuación porque él siente que tiene que hacerlo a fin de lograr encajarlo en su confusa concepción de la historia previa de los Protocolos de Sión, pero realmente él mismo no lo cree, ya que es francamente incapaz de señalar gran parte de la actividad subversiva o los papeles principales desempeñados en los movimientos revolucionarios de entonces por los masones (él inexplicablemente no menciona el presunto papel de la masonería en la creación del régimen de terror de 133 días del comunista judío Bela Kuhn), pero él es capaz de señalar a los judíos desempeñando dicho papel, y de ahí su mención del poder judío como simplemente un delegado del poder Illuminati.

     En el curso del punto 11 Carr también logra contradecir su otro libro principal acerca de su conjeturada "conspiración Illuminati", "Peones en el Juego", cuando él afirma que los Illuminati son todos internacionalistas y que no son leales a ningún país o Estado-nación (Ibid., p. 6). Sin embargo, en "Pawns in the Game" Carr sostiene que hay dos elementos en guerra dentro de los Illuminati: los "Señores de la Guerra Arios" (representados por el NSDAP y las Potencias del Eje) y los "Barones Internacionales del Dinero" (representados por los capitalistas internacionales de la dinastía Rothschild y los socialistas internacionales de Karl Marx) [5]. Esto entonces finalmente conduce a la guerra, con los "Barones Internacionales del Dinero" saliendo victoriosos.

[5] William Guy Carr, "Pawns in the Game", 3ª ed., Ontario, 1958, pp. 4-6

     Sin embargo, el hecho de que no hay uno sino dos grupos de Illuminatis contradice la proposición central de Carr en la cual existe un complot satánico unificado para conseguir el control del mundo material y de todas sus almas a fin de crear el reino de Lucifer en la Tierra. Usted podría unificar esto añadiendo el elemento sobrenatural como Carr lo hizo, pero esto a su vez crea otro problema: por qué una inteligencia sobrenatural, que, en primer lugar, por fuerza debe ser preternatural en sus capacidades a fin de concebir o conducir tal conspiración, haría algo tan excesivamente complejo como usar dos sistemas ideológicos competidores uno contra el otro cuando sería mucho más eficaz, para no mencionar que mucho menos tensionante, dirigir una conspiración con un solo partido y combinarlo con la astucia diabólica para manipular al mundo para la creación de dicho reino de Lucifer en Tierra.

     El punto 12 es uno de los más absurdos, por cuanto trata de sostener (malamente) que el término "goyim" en el texto de los Protocolos significa "ganado", lo que no es así, salvo en términos alegóricos. Dicho concepto se refiere más al estado animalístico de los no-judíos en el cual ellos tienen almas menores que las de los judíos, y son así como animales (de ahí la derivación lingüística del hebreo para "seres sin alma"), pero esto de repente significa "toda la gente de todas las razas" (Carr, Ibid., p. 7).

     Éstas son también obviamente tonterías ya que el término "goyim" es específico de los judíos, siendo una referencia peyorativa a los no-judíos, y no puede ser leído como cualquier cosa salvo eso. Carr sin embargo discrepa, pero realmente no ofrece una razón sustancial de por qué debería ser interpretado como siendo un "término Illuminati despectivo" para referirse a los laicos poco instruídos.

     El punto 13 no es de ninguna consecuencia, ya que es sólo la aclaración de Carr, correctamente a partir del texto de Nilus como resulta, de que los Protocolos declaran que los agentes de los judíos (o, en el caso de Carr, de los Illuminati) pueden ser tanto judíos como no-judíos. Esto no afecta o no demuestra las ideas de Carr sobre los Protocolos o la supuesta conspiración Illuminati en lo más leve, y es realmente una irrelevante nota al margen, tal como lo es el punto 14 que habla (brevemente) del hecho de que los Protocolos no se refieren simplemente a algunos políticos e intelectuales activos sino más bien al cuerpo político global.

     Habiendo de esta manera discutido y abordado y todos los catorce puntos de Carr, podemos resumir que la idea de Carr de una "conspiración Illuminati" basada en los Protocolos de Sión, como siendo un "documento Illuminati" capturado, tiene poca base real o consistencia intelectual y es muy probablemente, para ser franco, el producto de lo que sólo puedo llamar cortésmente una mente cristiana devota para la cual el Diablo era más real que Dios.–






No hay comentarios:

Publicar un comentario