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sábado, 3 de diciembre de 2016

Frase Falsamente Atribuída a Goebbels



     Es un lugar demasiado común de gente mal intencionada o desinformada (y mal dispuesta) que repite sin comprobar la veracidad y exactitud de lo que dice, el atribuír a Joseph Goebbels, ministro de Hitler, primero, la frase "Miente, miente, que algo queda" y, segundo, insinuar que él la habría dicho como la revelación de un método propio con todo lo que de ello se deduciría, como si él fuese el maestro y el ejemplo de la mentira, extendiéndolo a todo el actuar del nacionalsocialismo. Para dichos ignorantes hemos decidido presentar aquí dos artículos que encontramos al respecto, el primero, un breve texto de 2012, del sitio incorrección.blogspot.com, y el segundo, firmado por Iván Almeida y publicado en Julio de 2011 en el sitio parerga-2.blogspot.com, que es la única entrada de dicho blog. Ambos textos han sido editados para su publicación aquí. Al final pusimos en castellano una breve información que aparece en Wikipedia en inglés (Wikiquote) que se refiere a la frase citada como falsamente atribuída a Goebbels, para que se vayan enterando algunos.




¿QUIÉN ES EL QUE MIENTE?
8 de Octubre de 2012


     Nuevamente esta semana leemos la famosa frase. La repiten todos con certeza, convencimiento. El interlocutor generalmente mira a los ojos a quien la expresa y asiente cerrando sus ojos, diciendo "seguro, yo también conozco la frase". Luego ingresan ambos en un estado de pureza tal que conmueve. Sus vidas empequeñecen a la de los Santos. El auditorio se conmueve ante estos personajes. Ellos dicen: "Es lo que dice Goebbels: miente, miente, que algo queda"...

     Pero vayamos al fondo del asunto: ¿dijo eso Goebbels? Difícil tarea tratar de demostrar que alguien NO dijo algo, cuando es mucho más sencillo probar que efectivamente sí lo dijo. Y seamos honestos: nadie o casi nadie, bajo la censura imperante en temas relativos al Tercer Reich, saldrá a defender la memoria de Goebbels. Pero a nosotros siempre nos pareció rara la frase, como otras tantas atribuídas a personas que ya no se pueden defender.

     Convengamos algo: Goebbels fue uno de los integrantes más inteligentes (si no el más) del gobierno de la Alemania nacionalsocialista. Su responsabilidad principal fue ser ministro de Propaganda y Educación Popular y, como la gente del gremio sabe, fue uno de los creadores de la propaganda política moderna. Así que pensar que como anticipo de su función dijera que la misma se iba a basar en mentir repetidamente para que algo falso se instalara como verdadero, parece improbable. Porque en el fondo, quienes repiten la frase dicen dos cosas: que una mentira repetida se convierte en verdad, y que Goebbels lo hacía.

    Ahora bien: ¿cuándo la dijo Goebbels?. Buscamos meses, consultamos a especialistas. Alguna vez esperamos que alguien, repitiendo la frase, diera con el origen de la misma. Nada. Ni en un libro, ni en un discurso, ni alguien haciendo pública una conversación privada. Y eso que Goebbels habló, y mucho.

     Una información que nos llegó fue una frase pronunciada por el susodicho Goebbels en el marco de una conferencia dictada en 1934 a la gente del Ministerio de Propaganda sobre el tema "Qué Es la Propaganda Política". En esa conferencia está registrado que habló de los recursos habituales de los medios de comunicación y, refiriéndose a la prensa de la República de Weimar, dijo textualmente: "Una mentira, repetida mil veces, al final termina siendo una verdad" (Eine tausendmal wiederholte Lüge endet als Wahrheit). Pero lo dijo en un sentido absolutamente técnico para explicar, más que nada, el funcionamiento de la prensa.

    Ese mismo año, durante el congreso partidario realizado en Núremberg, Goebbels expresó:

     "Toda propaganda tiene una orientación. La calidad de esta orientación determina si la propaganda tiene un efecto positivo o negativo. La buena propaganda no necesita mentir; de hecho, no debe mentir. No tiene ninguna razón para temer a la verdad. Es un error creer que la gente no soporta la verdad. La soporta. Es solo cuestión de presentar esa verdad a la gente de un modo que la pueda entender. Una propaganda que miente demuestra que está al servicio de una mala causa. No puede tener éxito en el largo plazo"



     Más. Por ejemplo, después de someter a la figura de Goebbels a un análisis muy crítico, el historiador Helmut Heiber del actual Institut für Zeitgeschichte (Instituto de Historia Contemporánea) de Múnich no pudo menos que reconocer en 1982 que

     «consecuentemente, Goebbels fue capaz de jactarse de que su política informativa era no sólo superior a la del enemigo en su carácter monolítico sino también poseedora de una "seriedad y credibilidad" que simplemente "no podía ser superada". La jactancia pudo ser hecha con alguna justificación: considerando el largo plazo, Goebbels afirmaba que la mejor propaganda es aquella que se halla exclusivamente al servicio de la verdad. Las verdaderas mentiras de Goebbels, sus mentiras conscientes, siempre se refirieron a meros detalles... Las mentiras de Goebbels fueron más de la naturaleza de esos equívocos y evasivas con las cuales los voceros de los gobiernos de todo el mundo buscan "proteger" el "interés nacional"» (Helmut Heiber, "Goebbels", Berlin, 1982).

     Para finalizar, el historiador francés Jacques Ellul (1912-1994), en su ya clásico estudio "Propaganda" escribió:

     «Subsiste el problema de la reputación de Goebbels. La propaganda anglosajona le adjudicó el título de Gran Mentiroso a pesar de que Goebbels nunca dejó de batallar para que la propaganda fuese lo más exacta posible. Prefirió aparecer como cínico y brutal antes de ser atrapado en una mentira. Constantemente repetía: "Todo el mundo debe saber cuál es la situación". Fue siempre el primero en anunciar eventos desastrosos o situaciones difíciles sin ocultar nada. El resultado fue la opinión general de que los comunicados alemanes de entre 1939 y 1942 fueron no sólo más concisos, más claros y menos enmarañados, sino también más veraces que los comunicados de los Aliados. Todo esto es tan cierto que el adjudicarle a Goebbels el título de Gran Mentiroso debe ser considerado como un éxito considerable de la propaganda Aliada» (Jacques Ellul, "Propagandes", 1962. En inglés, "Propaganda. The Formation of Men's Attitudes", New York, 1965).

     No creemos haber llegado a un punto final sobre esa frase, pero al menos sabemos que nadie ha podido afirmar que Goebbels efectivamente la ha dicho.

     Lo curioso es que, mientras la cultura periodística continúa repitiendo como un apotegma aquello de "miente, miente que algo quedará" adjudicada a Goebbels, la historiografía académica hace rato que abandonó el mito. Algo que los medios masivos de comunicación prefieren ignorar, por supuesto.

     Pero sí, tangencialmente, hemos podido comprobar algo: la frase es malditamente VERDADERA. Y su propia existencia es la prueba de su veracidad. Repetida mil veces, la gente cree que Goebbels realmente la ha dicho. Quizás, el lector interesado, podrá hurgar e investigar sobre qué otros falaces temas, a causa de su eterna repetición, se instalan en el inconsciente de las personas como verdaderos.–


* * * *


La Frasecita de Goebbels y la Fábrica de Mentiras
por Iván Almeida
19 de Julio de 2011


1. La Frasecita

     En estas últimas semanas, tres periodistas argentinos de considerable trayectoria, fueron por turno acusando de "nazismo" a un conocido panel de la televisión pública. Uno de esos periodistas, sintiéndose difamado por los miembros del panel, los llamó "basuras nazis", "sistema nazi-fascista" y "foro nazi-fascista". Otro calificó al programa de "goebbeliano y perverso". Del tercero se hará cuestión más adelante.

     El método que utiliza el mencionado panel para polemizar con sus adversarios consiste en una iterativa compulsación de archivos que evidencia contradicciones. Por dudosa que pudiera considerarse una pedagogía basada en ráfagas de archivos en repetición, la ventaja para el productor del programa es que, por obra y gracia de la selección, recorte, yuxtaposición e iteración de las imágenes, éstas se presentan como hablando por fuerza propia, sin necesitar otra forma de argumentación. Es lo que la producción del programa llama "archivo demoledor". Pero no parece evidente que se trate de calumnias.

     En cuanto al apelativo "nazi", como insulto puede funcionar al igual que cualquier otro, si se considera que sólo tiende a ofender, sin un especial contenido informativo. Pero llama la atención que se usen precisamente esos términos y no otros, como podrían ser "cipayos", "basuras", o cualquier nombre de animal que sirva para insultar. La insistencia en identificarlos como "nazis" parece responder a una posición razonada, a un calificativo, más que a un insulto.

     Tal vez la explicación de una reacción al parecer tan desproporcionada pueda encontrarse en las declaraciones del tercer protagonista, refiriéndose al mismo programa: "Es Goebbels puro. Repetir, repetir una mentira hasta que se torna verdad. Es el Manual 1 de Goebbels 1".

     A pesar de la torpeza de la referencia, se entiende que todo aquel que repite una (supuesta) mentira, puede ser calificado de "nazi". Llegar a esa conclusión requiere un largo paralogismo, o sea, un encadenamiento de premisas indebidas, entre las que tenemos:

—a) todo lo que dice o cita Goebbels (aunque fuera la regla de tres simple) pertenece al nacionalsocialismo,
—b) todo aquel que sigue, sabiéndolo o no, alguna consigna de Goebbels, por anodina que sea, se identifica con Goebbels y, por lo tanto, justifica implícitamente el "Holocausto".

     Tal banalización del apelativo "nazi" no es un privilegio de la ignorancia argentina, ni tampoco de la Derecha política. Por dar un solo ejemplo reciente, el 19 de Enero de 2011, en Estados Unidos el representante Demócrata Steve Cohen usó el mismo recurso contra la posición de los Republicanos con respecto al proyecto gubernamental de protección sanitaria: «Dicen que se trata de una confiscación del derecho a la salud. Una gran mentira, exactamente como Goebbels; se insiste, se repite la mentira, se repite la mentira, se repite la mentira [lo repite tres veces], y al final la gente la cree, como cree en el "libelo de sangre". Es el mismo fenómeno. Los alemanes insistieron sobre los judíos y la gente creyó. Créalo y tendrá el "Holocausto"».

     Como vemos, el representante Demócrata supera en hipérbole a los acusadores locales. Para él, los que acusan al gobierno norteamericano de querer confiscar el sistema de salud están repitiendo el "libelo de sangre". El término "libelo de sangre" fue acuñado en el siglo XII para acusar a los judíos de preparar la comida de Pascua con la sangre de niños cristianos.

     Para tales sujetos, entonces, ser "nazi" hoy en día, (es decir, ser responsable del "Holocausto", o del "libelo de sangre", ni más ni menos) consiste en repetir insistentemente algo que para ellos es mentira. La mentira, al ser repetida, se instaura como verdad y convierte en "nazi" a su enunciador.

     A pesar de las apariencias, en la fórmula "repetir una mentira" el acento no está puesto en la palabra "mentira" sino en la palabra "repetir". Que adversarios se acusen entre ellos de mentir, es parte de la lógica mediática: Si hablas mal de mí, sólo puedo replicar que estás mintiendo. Eso es un contraataque anodino. Lo que parece distinguir al "nazi", en cambio, no es tanto la mentira como la repetición de una acusación.

     Pero ¿cuál es el hilo conductor que lleva de la repetición de imágenes de archivo nada menos que a Goebbels, al "Holocausto" y hasta al Libelo de Sangre? Por cierto, no es una novedad que Joseph Goebbels era ministro de Propaganda del Tercer Reich y que toda propaganda se basa en la repetición como parte de la retórica del convencimiento. Tampoco es un gran descubrimiento que la propaganda anti-judía se basaba en el rumor insidioso, es decir, en la calumnia repetida que hace trastabillar las certezas del hombre de la calle.

     Pero esos métodos no son una característica específica de una conducta nacionalsocialista. El mismo George Orwell, insospechable de nacionalsocialismo, escribía, refiriéndose a la política del Imperio británico: "El lenguaje político —y esto es verdadero, con variaciones, para todos los partidos políticos, desde los conservadores hasta los anarquistas— tiene como objetivo hacer que las mentiras suenen verdaderas" (Politics and the English Language).

     La identificación del adversario con un partidario del "Holocausto" es una hipertrofia del insulto, una especie de "solución final" de descalificación definitiva de toda palabra que salga de su boca o de su pluma. Pero reconocer la irracionalidad hiperbólica del insulto no resuelve todavía la cuestión del asidero histórico que podría parcialmente justificar la asociación con Goebbels.

     Aparentemente, los miles y miles de alusiones a Goebbels en ese contexto hacen referencia a una supuesta frase que ofrece más versiones que el falso poema "Instantes", atribuído a Borges. La más vulgarizada tendría la siguiente forma: "Mientan, mientan (o calumnien, calumnien) que algo quedará". Para el lector espontáneo, eso suena a consigna: "Yo, Goebbels, les digo que repitan la mentira, etc...". En el otro extremo, la versión más prolija aparece citada (siempre sin referencias bibliográficas) hasta en libros académicos. Lo curioso es que la mayoría de las versiones alemanas de ese supuesto texto de Goebbels se presentan como traducciones del inglés.

     Aquí va la traducción del texto que aparece como epígrafe del libro de 2004 Between the Lies de Stan Winer:

     «"Es un derecho absoluto del Estado supervisar la formación de la opinión pública. Si se dice una mentira lo bastante grande y se la sigue repitiendo, la gente acaba creyéndola. La mentira puede mantenerse sólo mientras el Estado pueda proteger al pueblo de las consecuencias económicas y/o militares de la mentira. Por lo tanto, es vitalmente importante para el Estado usar todos sus poderes para reprimir la disidencia, puesto que la verdad es el enemigo mortal de la mentira y, por extensión, la verdad es el mayor enemigo del Estado" (Josef Goebbels, ministro alemán de Propaganda, 1933-1945)».

     Lo que sigue es una tentativa de mostrar por qué ambas citas, con todas sus variantes, pueden razonablemente ser consideradas como apócrifas.


2. Cuestiones de Método

     Es cierto que demostrar la existencia de un objeto es relativamente sencillo frente a la casi imposibilidad de demostrar empíricamente la no-existencia de algo, sobre todo tratándose de palabras de un individuo. Es imposible probar que Goebbels nunca escribió o pronunció esas palabras. Por eso, dada la imposibilidad física de demostrar que Goebbels nunca dio ninguna de las dos consignas, en ninguna de sus variantes, la única vía que queda es (una vez verificados sus escritos públicos) seguir las normas de la lógica de lo plausible, es decir, orientarse por el frágil hilo de la razón que lleva a descartar o a aceptar la eventual existencia de un hecho provisionalmente inverificable. Las bases de este procedimiento las puso Kant, en su célebre artículo de 1978 "Qué Significa Orientarse en el Pensamiento".

     Kant parte de la experiencia de la orientación espacial, constatando que si no tuviéramos la percepción interna que diferencia nuestra izquierda de nuestra derecha, nos sería imposible orientarnos en el espacio real. De la misma forma, en el plano intelectual, la razón posee una suerte de instinto interno de orientación que permite anticipar o rechazar la plausibilidad de ciertos hechos que no pueden probarse. Sin ese instinto, la noción de verdad es imposible. Sobre esta misma base, un siglo más tarde, Charles S. Peirce en su artículo "Cómo Hacer Claras Nuestras Ideas" (1878), justifica un nuevo tipo de inferencia, llamada "abducción", que permite elaborar hipótesis sobre la base de lo que se considera "agreeable to reason", aceptable para la razón, adelantándose a cualquier verificación empírica.

     Negar la autenticidad de un texto es una construcción argumentativa frágil que puede ser destruída en cualquier momento gracias a la presentación de pruebas contrarias. Esas pruebas, por ahora, no existen. Desde el punto de vista puramente empírico se puede afirmar con alto grado de certeza que:

—1) Nunca las citas atribuídas a Goebbels mencionan la más mínima referencia que permita una verificación bibliográfica de primera mano; en el mejor de los casos, salta algo parecido al grito "Esto es Goebbels I, capítulo 1".
—2) La frase en cuestión no aparece en ninguno de sus escritos canónicos como enunciada y asumida por el propio Goebbels. Se excluyen de este corpus los 29 volúmenes de sus diarios, por haber sido descubiertos muy recientemente, cuando ya la atribución de la frase circulaba por el mundo.
—3) No hay rastros de tal frase en los principales estudios y biografías de Goebbels en diversas lenguas.

     Una vez excluída la contra-prueba empírica, es necesario poner a prueba ciertos criterios de plausibilidad, que ayuden a descartar la hipótesis misma de la autoría goebbeliana; entre ellos: 

—a) llegar a probar, por ejemplo, que el contenido del texto es contradictorio con el hecho de su enunciación (incoherencia lógica);
—b) demostrar, recurriendo a la Historia, que la frase fue usada con anterioridad por algún otro autor (en cuyo caso, el apelativo "goebbeliano" se volvería arbitrario);
—c) ilustrar, con las debidas referencias, que el autor dijo lo contrario de lo que se le atribuye o que no corresponde a su estilo de escritura;
—d) encontrar algún texto en que el autor cita esas palabras para atribuírselas a sus adversarios, denostándolos;
—e) descubrir eventualmente las condiciones y el origen de la falsa atribución.


3. La Incoherencia Lógica

     La incoherencia lógica que implica atribuír a Goebbels la consigna de mentir con insistencia, puede ilustrarse recurriendo a la célebre paradoja llamada de "Epiménides el mentiroso". Se atribuye a Epiménides, filósofo cretense del s. VI a.C., la frase "Todos los cretenses son mentirosos". La paradoja consiste en que, si la afirmación es verdadera, Epiménides, que es cretense, está diciendo una mentira, y por lo tanto la afirmación es falsa. Se origina así un círculo que impone la falsedad de una proposición como condición de su verdad y viceversa.  Esta paradoja tiene una solución lógica que no es éste el lugar de explicitar. Existe una versión más extrema, llamada "paradoja del mentiroso", que consiste en decir "lo que estoy diciendo es falso". Ésa sí que no tiene solución. Atribuír a Goebbels el precepto de mentir actualiza una incoherencia de ese tipo. Un ministro de Propaganda que diera públicamente consignas de mentir o que escribiera que la verdad es siempre la enemiga de todo gobierno, está implícitamente afirmando que miente. Si se acepta como principio goebbeliano que la propaganda consiste en decir mentiras que parezcan verdades, la consigna funciona sólo si nunca es enunciada.

     Lo que razonablemente se puede esperar de un mentiroso profesional es una defensa explícita de la verdad. Lógicamente plausible sería, pues, que Goebbels, contra lo que se le atribuye, hubiera denunciado públicamente la mentira y reivindicado la necesidad de decir siempre la verdad. Verificarlo fue fácil y aquí va un ejemplo elocuente. Es un extracto de la primera de las conferencias anuales que Goebbels comenzó a dictar desde el año 1934 en los sucesivos Congresos de Núremberg: "La buena propaganda no necesita mentir, en realidad no puede mentir. No tiene razón para temer a la verdad. Es un error creer que la gente no puede aceptar la verdad. Sí puede. Sólo se trata de presentarle la verdad de una forma en que pueda entenderla. Una propaganda que miente prueba que su causa es mala y a largo plazo no puede triunfar".

     Podemos entonces dar como racionalmente plausible que Goebbels no sólo nunca pronunció la mentada frasecita en nombre propio, sino que, además, es intrínsecamente imposible que lo haya hecho, ni él ni ningún otro mentiroso profesional.


4. Una Frase con Más de Veinte Siglos de Historia

     La expresión "Miente, miente, que algo quedará" circulaba todavía en los años '50, atribuída alternativamente a Voltaire y a Beaumarchais. El imperativo verbal no era interpretado, a la sazón, como un dictamen, sino como la cristalización de una sabiduría refranera. En refranes como "Cría cuervos...", "Hazte amigo del juez...", etc., el imperativo no indica de ninguna manera un mandato de criar cuervos o hacerse amigo del juez. Tampoco en este caso, el imperativo "miente" (ritualmente repetido dos veces) era interpretado más como una descripción de los efectos nefastos de la calumnia, aún después de desmentida. Dicha observación llevó a Borges en su "Arte de Injuriar", a proponer directamente el desmentido como una de las formas más económicas de la calumnia.

     Sin embargo, los primeros indicios más o menos claros de un texto que incluya el imperativo de calumniar y la previsión de sus irreparables consecuencias se remontan al siglo I. En el capítulo 4º del libro I de sus Obras Morales, Plutarco evoca a un detestado personaje histórico, Medius de Larisa, quien cinco siglos antes había sido consejero y amigo de Alejandro Magno. Plutarco, lo consideraba un halagador mentiroso, y hasta llegó a atribuirle el envenenamiento de Alejandro.  Dice de él: "En efecto, les ordenaba a sus secuaces que sembraran confiadamente la calumnia, que mordieran con ella, diciéndoles que cuando la gente hubiera curado su llaga, siempre quedaría la cicatriz" [Plutarco, Obras Morales, libro I, Biblioteca Clásica Gredos Nº 78, p. 243]. Al leer este texto, a nadie se le ocurriría atribuír a Plutarco la responsabilidad enunciativa de la orden de calumniar. Es evidente que se trata del repudio de un discurso citado como ajeno. Por consiguiente, el calificativo que cuadraría a quienes repiten una mentira hasta que quede fijada como verdad, sería el de "medionistas", en alusión a Medius, del cual tampoco se sabe si pronunció alguna vez la frase que le atribuye pérfidamente Plutarco.

     De Plutarco en adelante, la frase va rodando oscuramente durante toda la Edad Media, hasta quedar pulida, ya en el siglo XVII, como un "conocido proverbio". Así lo atestigua Roger Bacon en su obra latina De la Dignidad y el Desarrollo de la Ciencia. En el capítulo 2 del libro VIII, hablando de la "jactancia", dice que se puede adaptar a su propósito lo que "se suele decir" (quod dici solet) sobre la calumnia: "Como suele decirse de la calumnia: calumnien con audacia, siempre algo queda". Como alocución proverbial, la frase latina siguió vigente por lo menos hasta el siglo XIX. Karl Marx, por ejemplo, en el capítulo 1, libro VI, de El Capital, exhuma literalmente y en latín la segunda parte de la expresión evocada por Bacon, "semper aliquid haeret", para indicar su esperanza de que "siempre algo quede" de sus hipótesis sobre la idea del "capital".

     En el siglo XVIII, Rousseau escenifica el proverbio en el libro I de sus Epístolas, poniendo en boca de un "famoso delator" la consigna siguiente: "Por más grosera que sea una mentira, señores, no teman, no dejen de calumniar. Aún después de que el acusado las haya echado por tierra, ya se habrá hecho la llaga, y aunque sanase, siempre quedará la cicatriz" (Epístola 1ª, "A las Musas").

     La ya mentada atribución a Voltaire es, en cambio, apócrifa. Las prédicas de la Derecha católica en la Francia del siglo XIX pretendieron amalgamar una anécdota puntual de la vida del filósofo con la autoría de la impía consigna. En 1736 Voltaire envió una carta a su amigo Thieriot pidiéndole que le ayudara a difundir el rumor de que su propia obra L’Enfant Prodigue, representada en ese momento, pertenecía a otro autor. Por un justificado temor a represalias, Voltaire proponía endilgársela a su colega Gresset. Ruega, por lo tanto, a sus amigos que difundan la mentira salvadora, considerando que "una mentira pronunciada por una causa noble es una virtud". Y concluye: "Mientan, mientan, amigos, y algún día les devolveré el servicio". Como se ve, se trata de un recurso ocasional a una mentira salvadora, y no de una consigna universal, ni siquiera bajo la forma de una ironía.

     También es falsa la frecuente atribución de la frase a Beaumarchais. Como los defensores de esta posición dan referencias precisas (una réplica del organista Don Basile, en el Le Barbier de Séville de Beaumarchais), resulta muy fácil señalar con igual precisión su inexactitud. Si bien es cierto que en el tercer acto Basile profiere un largo discurso contra la calumnia, en ningún momento aparece la frase que se le endosa.

     En el siglo XIX el dramaturgo francés Casimir Delavigne, en su obra Les Enfants d’Édouard, reformulaba como una simple constatación la frase que había atravesado toda la Era cristiana: "Mientras más increíble es una calumnia, más memoria tienen los tontos para recordarla" (réplica de Glocester en el acto I, versos 299-300).

     Y así llegamos a Goebbels. Pero este repaso de la Historia permite ya proponer un esbozo de conclusión. La frase ha sido acuñada en la Antigüedad entre veinte (Plutarco) y veinticinco (Medius) siglos antes de Goebbels, y pronto adquirió la forma imperativa de un proverbio popular, retomada por poetas y pensadores. Pero no se registra ningún caso en el que haya sido publicada por alguien en discurso directo y en nombre propio como un mandato de mentir.


5. La "Fábrica de Mentiras"

     Otro ingrediente eficaz en la búsqueda de la plausibilidad de la existencia de un hecho textual, es confrontarlo con escritos probadamente auténticos del mismo autor. En este caso, compulsar los textos canónicos en que Goebbels sí habla del tema puede servir para descartar razonablemente la posibilidad misma de que, aún en sus diarios o en sus discursos inéditos, haya podido asumir esa consigna como propia.

     El 12 de Enero de 1941 Goebbels publicó un artículo titulado "Aus Churchills Lügenfabrik" (De la Fábrica de Mentiras de Churchill) en el que se lee: «Lo asombroso es que (Churchill), como un auténtico John Bull, una vez proferida una mentira, sigue de hecho repitiéndola sin que nada ni nadie se lo pueda impedir, hasta que al final acaba él mismo creyéndola. Se trata de un truco inglés cuya originalidad no necesita inventar Mr. Churchill, puesto que forma parte de una estrategia británica conocida en todo el mundo».  Y prosigue, unos párrafos más adelante: «El esencial secreto del liderazgo inglés no debe buscarse tanto en una inteligencia particularmente afilada sino, mucho más, en una estúpida y bochornosa tozudez. Los ingleses se rigen por el siguiente principio: "Cuando mientes, miente en grande y sobre todo persevera en la mentira".  Y así siguen mintiendo, aún a riesgo de volverse ridículos».

     Queda claro que Goebbels conocía muy bien el slogan de la persistencia de la mentira, pero, lejos de apropiárselo, lo recusó como una "estúpida" maniobra del enemigo. Cabe preguntarse entonces si no hubiera sido más consecuente que los tres periodistas acusaran a los panelistas de "británicos" o "churchillianos"...

     En su crítica a la "fábrica de mentiras", Goebbels no está sino asumiendo el punto de vista que Hitler exponía trece años antes en la así llamada teoría de "La gran mentira". Hacia el final del capítulo 6 del libro I de Mein Kampf, dedicado a estudiar el exitoso funcionamiento de la propaganda británica, Hitler acusa a Inglaterra de mentir burdamente al hacer de Alemania el único responsable del estallido de la guerra. Y comenta: "Una mentira que, sólo gracias a la parcializada e impúdica persistencia con que era difundida, pudo adaptarse al sentir apasionado y siempre extremista de las muchedumbres, y por eso mereció su crédito".

     Más adelante, en medio del capítulo 10, Hitler explicita su idea de que la credulidad de las masas aumenta mientras más grande sea una mentira. Esta vez la diatriba se dirige al judaísmo y a "sus camaradas marxistas" a quienes acusa de haber falsamente responsabilizado a Ludendorff de la derrota alemana en la Primera Guerra Mundial. Y dictamina:

     "A esto se llegó siguiendo el muy acertado principio según el cual el factor de credibilidad de una mentira depende de su tamaño. Es porque las masas populares serán siempre más vulnerables en su afectividad profunda que en su entendimiento o en su voluntad. Y así es cómo, por la primitiva simplicidad de su mente, ceden con mayor facilidad a una gran mentira que a una pequeña, dado que ellas mismas suelen mentir en cosas pequeñas, pero se avergonzarían mucho de recurrir a grandes mentiras. Como a ellas no se les ocurriría tamaña falsedad, tampoco creen que otros podrían tener la desfachatez de distorsionar la verdad de manera tan infame. Incluso una vez esclarecidas, siguen dudando y vacilando y pensando que al menos debe de haber algún fundamento cierto. De la más descarada de las mentiras, siempre quedará algo colgando. Ése es un hecho conocido por todos los artistas de la mentira y por todos los clubes de mentirosos de este mundo, y por eso lo aplican en forma repugnante. Pero los mejores conocedores de la verdad sobre las posibilidades del uso de la falsedad y de la calumnia fueron siempre los judíos, y su misma identidad está construída sobre una gran mentira".

     Las ideas recurrentes en los textos mencionados son:

—1) se cree más a las grandes mentiras que a las pequeñas;
—2) la repetición incesante de una mentira es un factor de credibilidad;
—3) es imposible reparar por completo una calumnia;
—4) las masas populares carecen de espíritu crítico.

     En ningún momento aparece en estos textos un enunciador directo de la consigna de mentir.


6. El Cazador Cazado

     Quedaría pendiente una última pregunta: Si Goebbels nunca hizo suya la frase que se le imputa, ¿es posible determinar el origen de la falsa atribución?.

     La hipótesis de esta nota es que el rumor data de 1968, con raíces que se hunden hasta 1943. 1968, en efecto es el año en que los Archivos Nacionales de Washington desclasifican un informe de 1943, escrito por Walter Charles Langer, psicoanalista de Harvard. Ese año la OSS (Office of Strategic Services, predecesora de la actual CIA) solicitó a Langer un informe confidencial sobre la psicología de Hitler. El informe se llama A Psychological Profile of Adolf Hitler. His Life and Legend. Más tarde, en 1972, Langer modificó su informe y lo transformó en un libro. Pero las páginas dactilografiadas del documento original de 1943 pueden leerse actualmente en facsímil, a través de Internet. A pesar del aspecto borroso de la escritura, propio de las máquinas de la época, el estilo de la edición es muy coherente, y las citas literales no sólo van entre comillas sino que se destacan del cuerpo del texto por un formato especial con sangrado de párrafo a izquierda y derecha. Es importante remarcar los detalles del formato para discernir lo que sigue.

     En la página 51, describiendo el sistema de propaganda del Tercer Reich, Langer intenta dar un resumen de lo que personalmente considera los principios esenciales de la propaganda nacionalsocialista, y los enuncia como imitando una consigna (al estilo de Plutarco y Rousseau), pero sin comillas ni sangrado:

     "Sus reglas principales eran: nunca permitan que el público decaiga; nunca admitan una falta o un error; nunca concedan que podría haber algo bueno en su enemigo; nunca dejen lugar para alternativas; nunca acepten una acusación; concéntrense en un enemigo por vez y acúsenlo de cada cosa que anda mal: la gente va a creer más rápido una gran mentira que una pequeña; y si la repiten con suficiente frecuencia, tarde o temprano la gente la va a creer".

     Las dos últimas supuestas consignas, adrede o no, retoman casi literalmente los conceptos esgrimidos por Hitler en 1925 y por Goebbels en 1941 para describir la propaganda enemiga. Sin duda la recepción del informe por la OSS en 1943 tomó la escueta formulación de Langer como un epítome feliz de lo que debía saberse sobre la propaganda nacionalsocialista. De allí a la atribución literal de esas palabras a Goebbels el puente no es difícil de imaginar. Luego vino la desclasificación del documento en 1968 y, de allí, el normal reguero de deformaciones y rumores propio de la gente que repite sin pensar. Todo eso fue infinitamente amplificado con la llegada de Internet. El término inglés con el que se señala, en la jerga de la comunicación electrónica, la cadena de engaños, es hoax. Es lo que Goebbels llamaría "la fábrica de mentiras". El hoax, o fábrica de mentiras, funciona precisamente gracias al doble principio que enuncia el informe de Langer:

—a) la gente cree más rápido una gran mentira que una pequeña, y
—b) una mentira repetida insistentemente acaba siendo creída.

     Es admirable la irónica performatividad [*] con la que se ha difundido la "frasecita" de Goebbels, que hace que quien la repite la está cumpliendo. Los tres periodistas de tan considerable trayectoria cayeron en la trampa de lo que creían citar, y de hecho estaban repitiendo, sin ningún espíritu crítico, sin ningún sentido del humor, la frase que los condena. Siguen repitiendo hasta el cansancio una mentira en la que ellos mismos, ingenuamente, acabaron creyendo.

[*] Véase https://es.wikipedia.org/wiki/Enunciado_performativo


7. Premio de Consuelo

     Si el "mal de muchos" puede consolar a algunos, a ellos va dirigido este último dato. En el mismo año 1943, mientras Langer redactaba su informe, el Comité Central del Partido Comunista de Moscú hizo la declaración siguiente: "Cuando los obstruccionistas se vuelvan demasiado irritantes, señálenlos como fascistas o nazis o anti-semitas, y aprovechen el prestigio de las organizaciones anti-fascistas y tolerantes para desacreditarlos. Asocien constantemente en la opinión pública a los que se oponen a nosotros con esos nombres que ya tienen mal sabor... Esa asociación, repetida con frecuencia, acabará siendo aceptada como un hecho por la opinión pública".

     Ese texto aparece en todo tipo de alegatos anti-comunistas y es uno de los caballos de batalla de la extrema Derecha actual. Teniendo sólo en cuenta su versión inglesa, Google detecta al día de hoy nada menos que 276.000 instancias. Sin embargo, esa cita también es falsa.


* * * *

https://en.wikiquote.org/wiki/Joseph_Goebbels


Frases falsamente atribuídas a Joseph Goebbels:

"Si usted repite una mentira lo bastante a menudo, la gente la creerá, y usted llegará incluso a creerla usted mismo".

        Atribuída a Goebbels en Publications Relating to Various Aspects of Communism (1946), del Congreso de Estados Unidos, Comité de la Cámara Baja acerca de Actividades Anti-Estadounidenses, Ediciones 1-15, p. 19. Ninguna fuente fidedigna ha sido localizada, y ésta simplemente es con toda probabilidad una variación adicional de la idea de la Gran Mentira que denunció Hitler.

     Variantes:

—Si usted repite una mentira lo bastante a menudo, la gente la creerá.
—Si usted repite una mentira lo bastante a menudo, se convierte en la verdad.
—Si usted dice una mentira lo bastante grande y sigue repitiéndola, la gente finalmente llegará a creerla.
—Si usted repite una mentira el suficiente tiempo, se convierte en la verdad.
—Si usted repite una mentira muchas veces, la gente está obligada a comenzar a creerla.




2 comentarios:

  1. Muy buen artículo.
    Es triste ver cómo la gente cae en las mentiras que se les hace creer. Esto solo pasa porque los medios de "información" masivos son precisamente lo contrario, son medios de desinformación y de propaganda utilizados a favor de quienes están en el poder.

    Notable artículo. Especial para taparles la boca a quienes atribuyan esa frasecita a Goebbels.

    Heil!

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  2. Frase muy propia y aplicable a los políticos, especialmente a aquellos del ala izquierda totalitaria, que lo único que pretenden es desacreditar a sus opositores para lograr imponer sus mentiras, independiente de quien sea el autor de la manida frasecita.

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