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martes, 22 de noviembre de 2016

La Declaración de la Culpa Alemana de 1945



     En el Journal of Historical Review, vol. 8 Nº 1 (1988) fue publicado el siguiente informe del estadounidense Reuben Clarence Lang (1925), que fue presentado primeramente en la 8ª Conferencia del IHR, en Octubre de 1987, en Irvine, California. El señor Lang es un retirado profesor de alemán e Historia. Él es bachiller en teología y doctor en Historia, y se ha desempeñado como "pastor" luterano en Canadá y  Dakota. Este texto que presentamos en castellano tiene como foco un brevísimo texto llamado la Declaración de la Culpa Alemana, hecha en Stuttgart el 19 de Octubre de 1945 por el Concilio de la Iglesia Evangélica en Alemania. El señor Lang, con documentados datos, se encarga aquí de presentar los antecedentes, contexto e implicaciones de dicha Declaración que, junto con otras, ha justificado el abuso hasta el día de hoy de Alemania.


La CULPA IMPUESTA sobre los ALEMANES:
La DECLARACIÓN de STUTTGART de 1945
por R. Clarence Lang, 1987



     El Presidente Ronald Reagan, en preparación para su famosa visita al cementerio militar alemán en Bitburg en 1985, calificó a la presunta culpa alemana colectiva por la Segunda Guerra Mundial como "impuesta" e "innecesaria" [1]. Que el Presidente Reagan se sintiera obligado a expresarse él mismo tan claramente demuestra que la culpa alemana que se ha dicho que proviene de la Segunda Guerra Mundial es todavía un asunto apasionante. Las palabras presidenciales, y el furor que concitó, son un claro mandato para que nosotros examinemos de nuevo la naturaleza de esa culpa impuesta, y las personas y circunstancias que la impusieron.

[1] "Ellos tienen una sensación y un sentimiento de culpa que ha sido impuesto sobre ellos. Y simplemente pienso que es innecesario". Las palabras presidenciales, dichas en una rueda de prensa el 21 de Marzo de 1985, son citadas en Bitburg and Beyond, Nueva York, 1987.


I. Amplias Perspectivas en cuanto a la Declaración

     El interés de este informe es el trasfondo de la Declaración de la Culpa Alemana hecha en Stuttgart, Alemania, por once clérigos alemanes principales en relación a una visita de una delegación de ocho clérigos no alemanes el 18 y 19 de Octubre de 1945. La Declaración comenzaba diciendo: "Estamos especialmente agradecidos por esta visita, ya que comprendemos que estamos unidos con nuestro pueblo no sólo en una gran cantidad de sufrimiento, sino también en una solidaridad de culpa" [2]. Al vincular "nuestro pueblo" con "una solidaridad de culpa", esos clérigos alemanes evocaron aquella entidad conocida como "culpa alemana". Este informe se enfoca también en el papel del "pastor" Martin Niemöller, sin duda el más famoso de los once clérigos alemanes que firmaron la Declaración de Culpa de Stuttgart [Stuttgarter Schuldbekenntnis]. Un héroe submarinista en la Primera Guerra Mundial que aclamó el ascenso de Hitler al poder en 1933, Niemöller más tarde se opuso públicamente al régimen nacionalsocialista y se convirtió en objeto de la simpatía internacional después de su encarcelamiento en un campo de concentración [3].

[2] Walter Bodenstein, Is Only the Loser Guilty?, traducción de Ist Nur der Besiegte Schuldig?, Herbig, 1983. La versión inglesa fue impresa en Missouri, 1985.
[3] En 1937 Niemöller fue detenido y encarcelado durante ocho meses en la prisión de Moabit en Berlín. El año siguiente él fue juzgado y encontrado culpable de actos subversivos contra el Estado, y fue multado con 2.000 marcos y sentenciado a siete meses de arresto. Después de su liberación él fue detenido de nuevo y pasó los años 1939-1945 en Sachsenhausen y Dachau. Poco después de su liberación de Dachau, él provocó alguna consternación cuando dijo, durante una entrevista en Nápoles el 5 de Junio de 1945: "No fui maltratado. Vi actos aislados de brutalidad, pero los consideré siplemente como aislados" [Nota del editor inglés].

     Que Niemöller, un luterano, haya abogado tan ávidamente por una culpa alemana colectiva es una aberración, ya que nadie reconoció más claramente que la naturaleza de la culpa es personal, y no colectiva, que Martin Lutero. Como señaló el teólogo Martin Köhler, las 95 Tesis de 1517 del joven Lutero eran expresiones de "una religión de la conciencia individual". La conciencia y la culpa van de la mano. Tal como ocurre con la culpa, del mismo modo ocurre con el arrepentimiento, el pecado, la reconciliación, la justificación y el perdón: para Lutero esas entelequias religiosas sólo se hacen reales de acuerdo al compromiso interior llamado la fe. La culpa, al igual que la fe, puede por su misma naturaleza sólo ser algo personal. Desde luego, cada uno en un grupo puede creer, pero nunca el grupo como tal, ya que cada uno cree sólo en tanto individuo. Simplemente porque una persona pertenezca exteriormente a un grupo no significa que  pertenezca interiormente [4].

[4] The Lutheran Encyclopedia, editada por J. B. Bodensieck, Augsburg, 1965, p. 2019.

     Por cuanto los luteranos consideran la culpa y su naturaleza completamente en serio, Niemöller debería haber comprendido la falacia que había en el concepto de una culpa alemana colectiva. En vez de eso, les ha tocado a los revisionistas de la Historia, muchos de ellos no profesando ser cristianos, realizar el esfuerzo del Evangelio de refutar la culpa colectiva que ha sido falazmente impuesta sobre los alemanes. El trabajo de los revisionistas también ha llevado a la luz un motivo que tuvieron los vencedores —y sus aliados en la Alemania de posguerra— al imponer unilateralmente una culpa colectiva sobre sus enemigos derrotados: la necesidad de los vencedores de ser exonerados de sus propias fechorías. Los derrotados alemanes, a merced de sus conquistadores en escenificados procesos judiciales que permitieron a los acusados pocas oportunidades de colocar la guerra en una perspectiva histórica, fueron incapaces de plantear el asunto de los crímenes de guerra de los vencedores. Esa ficción de una criminalidad colectiva unilateral de parte de los alemanes permitió a los vencedores una clásica exoneración deshumanizadora y anti-cristiana.

     Al poner al descubierto los crímenes de los vencedores, los historiadores revisionistas han demostrado que la culpa por la Segunda Guerra Mundial es compartida, no unilateral. Uno sólo tiene que señalar el clásico libro de David Irving "La Destrucción de Dresden" (1978), que demostró que aunque los Aliados, con la certidumbre de la victoria, tuvieron un amplio rango de opciones para actuar humanamente, ellos decidieron ser aún más brutales y rencorosos, hasta el amargo final.

     Mientras la insensata e innecesaria campaña terrorista de bombardeos es bien conocida, ciertos aspectos del bloqueo de hambre que los Aliados impusieron a la Europa ocupada por los alemanes son menos familiares. Es un hecho poco conocido el que los líderes Aliados vetaron los esfuerzos del Comité de Alivio del Hambre, formado en 1942 para enviar alimentos a los apremiados civiles de la Europa ocupada después de un éxito inicial en Grecia, donde, en cooperación con la Cruz Roja Internacional y con el permiso de los alemanes, decenas de miles de vidas fueron salvadas por la comida suministrada por las naciones Aliadas. A partir de entonces los líderes de los Aliados, sobre todo Franklin Roosevelt de EE.UU. y el británico Winston Churchill, fueron obstinados en su rechazo a cooperar con dicho Comité y con la Cruz Roja. Esos hombres usaron la comida como un arma durante la guerra; después ellos sacaron provecho de las terribles imágenes y descripciones de los horrores de los campos de concentración al concluír la guerra. Muchos de esos horrores fueron el resultado directo del rechazo de los hacedores de la política Aliada a cooperar con organizaciones internacionales como las mencionadas.

     Que esto no es mera especulación es evidente a partir del informe final del Comité de Alivio del Hambre. Cuando los victoriosos Aliados avanzaron sobre Alemania, y dicho comité entregó el balance de sus fondos al Servicio de Ayuda a los Amigos [organización de los cuáqueros], dicho último informe concluía:

    "Debería haber sido obvio hacia para toda la gente inteligente que nuestro bloqueo de alimentos contra el continente de Europa provocaría una indescriptible tortura y sufrimiento a nuestros amigos y aliados, y que haría poco o ningún daño a nuestro enemigo... Ha sido posible obtener pruebas de que nuestro bloqueo de alimentos no acortó la guerra ni siquiera en una hora... La Historia juzgará severamente a nuestro gobierno por su vana persistencia en la política de bloqueo total de productos alimenticios" [5].

[5] Ronald C. D. Jaspe, George Bell: Bishop of Chichester, Oxford, 1967, p. 266. Compare también de Jan-Albert Goris, Belgium in Bondage, L. B. Fischer, 1943, p. 217: "El gobierno belga [en el exilio en Londres] ha estado tratando durante más de tres años de obtener la organización de los Aliados para enviar al menos leche y vitaminas a Bélgica, sin éxito. Sólo algunas provisiones médicas fueron enviadas". Que aquellas provisiones médicas realmente fueron enviadas muestra que el envío de ellas era posible.

     El Comité de Alivio del Hambre no era de ningún modo una voz Aliada aislada, ya que había vigorosos abogados de tal política humanitaria en altas posiciones del gobierno, particularmente en la Cámara de Representantes estadounidense. Ya el 28 de Junio de 1943 (seis meses después de Stalingrado, entre una creciente comprensión de que los alemanes no podían ganar), se dio un debate emocional en Colina del Capitolio. El líder de la minoría Republicana, Harold Knutson, un miembro del Congreso desde 1917, expresó: "Lo que la Sociedad de Amigos está haciendo en el Norte de Francia, y lo que los suecos y suizos están haciendo en Grecia, puede ser hecho en Polonia, Finlandia, Noruega, Dinamarca y los Países Bajos, así como en lo que queda de la Francia ocupada".

     Después de indicar que aquella financiación no sería un problema, ya que los Aliados habían congelado considerables bienes después de que los alemanes ocuparon esos países, Knutson, fuertemente apoyado por los colegas congresistas Republicanos Walter H. Judd, Carl T. Curtis, Walter F. Horan y Christian A. Herter, terminaron el debate de modo acusatorio: "Una palabra de cualquiera de ellos [Roosevelt o Churchill] desterraría todos los horrores del hambre y la pestilencia de Polonia, Finlandia, Noruega, Dinamarca y los Países Bajos. ¿Se pondrán ellos a la altura de las circunstancias? El futuro de la civilización Blanca en Europa descansa en sus manos" [6]. Es evidente que en 1943 Roosevelt y Churchill, conscientes del Plan Morgenthau de posguerra con su imposición a sangre fría de la culpa unilateral sobre los alemanes, rechazaron cualquier medida que salvara vidas. (También hay que preguntarse qué sucedió con los enormes recursos financieros de los países ocupados de los que se apoderaron los Aliados).

[6] El relato del Registro del Congreso es reproducido en mi artículo en The Christian News, New Haven, Missouri, titulado "FDR Tragically Spurned His Humarutarian Impulse" en la edición del 20 de Abril de 1987.

     El Comité de Alivio del Hambre en 1945, y los miembros del Congreso en 1943, no podían prever que de acuerdo con el Plan Morgenthau, el bloqueo Aliado sería transformado en una prohibición militar estadounidense y británica de posguerra de toda ayuda humanitaria privada y eclesiástica para aproximadamente 85 millones de alemanes. Tampoco ellos podrían haber previsto que esa prohibición se convertiría en un instrumento mediante el cual los clérigos Protestantes Aliados, en una manera completamente anti-cristiana, manipularían a sus colegas clérigos cristianos alemanes en un intento de imponer una culpa persistente sobre el pueblo alemán. Ellos no podían prever que eso ayudaría a transformar la Iglesia de la Reforma, "una confraternidad de creyentes", en una secta política, es decir, en una entidad que usaría sus recursos principalmente para propósitos políticos, no religiosos, y sobre todo para "reeducar" a los alemanes.


II. Implicaciones Teológicas y Otras de la Declaración de Stuttgart

     Reflexionando sobre el empuje básico de dicha Declaración, el erudito luterano alemán en el Antiguo Testamento Friedrich Baumgärtel escribió: "La conciencia de culpa que lo lleva a uno a confesar, ¿no nace ella de la inquietud de la conciencia por hechos y comportamientos específicos, concretos y consumados?" [7].

[7] Friedrich Baumgärtel, Wider die Kirchenkampflegenden (Contra las Leyendas de la Lucha de la Iglesia del Período de Hitler). Baumgartel era un profesor en 1933. Este folleto debería ser puesto a disposición de los lectores ingleses. En la p. 3 él escribe: "Es exactamente el año 1933 el que ha sido olvidado por muchos, quienes no lo experimentaron a conciencia... es descrito como si ésos fueran asuntos claramente definidos, los que simplemente no lo eran".

     La implicación de Baumgärtel, de que la conciencia de culpa no puede ser generalizada o colectivizada, ha sido poderosamente amplificada por el teólogo alemán doctor Walter Bodenstein en "Is Only the Loser Guilty?", un tratado dedicado a la Declaración de Stuttgart. Bodenstein escribe: «La frase "solidaridad de la culpa" da por hecho que una entidad colectiva es capaz de llegar a ser culpable. De esa manera, un grupo es tratado como un individuo». Poniendo esto en el contexto cristiano, Bodenstein señala:

    «Que las naciones fueron vistas como individuos es verdad; y así en el Antiguo Testamento las naciones que rodeaban a IsraeL así como el propio Israel, fueron considerados como personas. Babilonia llegó a ser la "hija de Babilonia", e Israel la "hija de Sión" (Isaías 41:7; Zacarías 9). Los profetas de Israel personificaron a su pueblo como "un sirviente de Dios", y como "el hijo del hombre", a fin de expresar la tarea de Israel en el mundo de las naciones. Pero nadie puede pasar por alto que aquéllas eran imágenes y que mediante ellas ningún grupo sino sólo los individuos pueden ser responsables y convertirse en culpables (Salmo 6; Ezequiel 18: 5-10)» (Bodenstein, Is Only the Loser Guilty?, 1983).

     Esa fluctuación, desde grupos colectivos irreales (o teocráticos) a grupos (o confraternidades) reales personales, puede ser rastreada en el Antiguo Testamento. Sin tener en cuenta cuánto del Antiguo Testamento uno considera como histórico, es en el Nuevo Testamento que lo personal se hace supremo en las luchas de Jesús y la Iglesia temprana, sobre todo en la confrontación con el fariseísmo que culmina en la experiencia del Evangelio de liberación del apóstol Pablo. Basado en Pablo y en las Escrituras, el Evangelio se hizo viable otra vez gracias a Lutero, en su lucha contra el clericalismo legalista de su tiempo.

     Mucho llega a ser más claro al mirar el contexto teológico más amplio aquí. Para los católicos romanos el punto de partida es la específica Organización de la Iglesia; para los judíos, los Convenios de la Santa Torá (la Ley); para los calvinistas (es decir, puritanos, hugonotes y Reformados), la Santa Voluntad de Dios; para los luteranos, sin embargo, de acuerdo al apóstol Pablo, el punto de partida es la personal condición humana pecadora, que calza con las desoladas palabras de Lutero: "Aquí estoy". Para los luteranos la Iglesia es, de esta manera, una comunidad de creyentes, no una teocracia.

     Para los luteranos el núcleo de la religión es la vida personalmente experimentada en términos de aspectos acusatorios, mencionados genéricamente como la Ley, y aspectos por otra parte perdonadores o consoladores, llamados el Evangelio Cristiano. La Ley incluye todos los aspectos acusatorios de la vida. La Torá judía es así vista no como única sino simplemente como uno de los filos que obligan a las personas al Evangelio Cristiano, que relativiza y vence los aspectos acusadores de la vida. Más que buenas noticias, el Evangelio es la experiencia de la liberación interior que afirma la vida, disipa las imposiciones negativas y acusadoras, y de la que surge la apreciación y la gratitud. El Evangelio encuentra su expresión más alta en la gratitud a Dios por parte de Jesucristo. Que el perdón era la clave de Martin Lutero, está claro en su Catecismo: "Donde hay perdón de pecados hay también vida y salvación". En una palabra, lo que está en juego es la enseñanza cardinal de la Iglesia cristiana, es decir, la justificación sólo por la fe.

     Parte de la agudeza del Evangelio que emanó por medio de Lutero fue mitigada por el legalismo puritano de Juan Calvino. Hoy, los cristianos están en peligro de mezclar ese legalismo puritano con aquel de la que ha sido llamada "la entidad sionista", ya que esa entidad intenta imponer la conciencia de culpa asociada con el término "Holocausto" en las generaciones sucesivas, no sólo de los alemanes sino de los cristianos en general, socavando así el Evangelio del perdón. De esta manera, la culpa impuesta a los alemanes tiene grandes implicaciones para el cristianismo también.

     El peligro consiste en que la Iglesia sea convertida en una teocracia, y deje de ser así una Iglesia. En una teocracia la unidad religiosa está basada en leyes divinas, y Dios es considerado principalmente como el Legislador. La Iglesia, la "confraternidad de creyentes", basa su unidad religiosa en una fe personal que considera a Dios como el creador y el sostenedor de la fe redentora. La esencia de la Iglesia es la apreciación y la gratitud hacia Dios, la forma más alta y más poderosa de la gratitud. Ni tampoco la cuestión fundamental de cómo nos miramos a nosotros mismos y a otros debe ser pasada por alto en conexión con esto. Lo que está en juego es la personalidad libre y autónoma, una personalidad que la Iglesia debe proteger y fomentar.

     El cristianismo en efecto habla de un pecado humano, adámico, pero ése no es una colectividad de transgresiones individuales, como si uno pudiera visualizar los pecados por grupos, siendo uno de esos grupos los pecados de los alemanes. El pecado adámico es más bien la comprensión personal de que encuentro en mí el mismo centrismo y egoísmo personal que estoy convencido que existe también en otros. Desde luego, las interpretaciones pueden variar, pero para nuestro propósito es evidente que no puede haber ningún sentimiento alemán separado. Que la Declaración de Stuttgart de la Culpa Alemana tuvo lugar es un hecho histórico; cuando uno confronta lo falaz de esa culpa impuesta y artificial, se evapora completamente. Lo que se dice aquí en cuanto a la culpa alemana se aplica igualmente bien a la culpa nacionalsocialista.

     Teológicamente, los cristianos están obligados a preguntar durante cuánto tiempo ellos pueden permitir que el cristianismo, y las diversas naciones occidentales, sean tenidos como rehenes de una "conciencia de culpa" históricamente sin precedentes que deriva de la Segunda Guerra Mundial, sin perder la universalidad del Evangelio así como una perspectiva verdadera de la Historia. El Evangelio no puede ser despojado de su universalidad de esta manera sin perder su poder liberador, la esencia del Evangelio, que es el fundamento de la Iglesia. Qué irónico es que los Revisionistas históricos, a menudo no-cristianos, estén cumpliendo este papel cristiano, cuando ellos involuntariamente demuestran que el apóstol Pablo tenía razón en efecto cuando él proclamó que "Todos han pecado".


III. Niemöller y Barth Preparan la Escena para Stuttgart

     Puesto que la Declaración de Stuttgart de la Culpa Alemana está íntimamente asociada con Martin Niemöller, se obtienen ciertas percepciones al tratarlo como una personalidad central. Poco después de que Adolf Hitler tuviera éxito en la creación de una estabilidad política después de una virtual guerra civil de dos años contra el caos y el bolchevismo, el nombre de Niemöller llegó a ser bien conocido dentro de Alemania y en el extranjero [8]. Niemöller, uno de los fundadores de la Iglesia Confesional, y más tarde encarcelado en campos de concentración como un prisionero personal de Adolf Hitler, llegó a ser el favorito de los propagandistas anti-alemanes internacionales.

[8] La expresión "después de una virtual guerra civil de dos años" es del libro de texto universitario "New Governments in Europe", 1935, p. 155.

     La Iglesia Confesional [Bekennende Kirche] fue nombrada así por la confesión proclamada en Mayo de 1934 en Barmen, una ciudad en el Ruhr. La Iglesia Confesional estaba formada en su mayor parte por Protestantes (calvinistas) Reformados; bastantes luteranos participaron, sin embargo (los lectores estadounidenses debería tener en cuenta que la Iglesia Protestante alemana apoyada por el Estado abarcaba tanto a las congregaciones luteranas como Reformadas, aunque ellas permanecieran separadas). Los Confesionales renovaron su compromiso con Jesucristo como la única cabeza de la Iglesia. Eso estaba destinado a responder a los "Cristianos Alemanes", los partidarios de Hitler dentro de la Iglesia Protestante que fueron acusados de intentar sustituír a Jesucristo por Adolf Hitler. La implicación de los Confesionales, llevada a sus extremos, significaba que Hitler quería tomar el lugar de Cristo en la Iglesia, con personas bautizadas, confirmadas y ordenadas en su nombre (de Hitler). Si bien es verdad que Hitler profesó la fe en la Providencia (a diferencia de hombres tales como Lenin, Stalin y Trotsky), no hay ninguna prueba de que él tuviera algún tal proyecto como el que la Iglesia Confesional y sus partidarios le imputaron.

     Las diferencias entre los confesores de Barmen y muchos luteranos tradicionales fueron un factor en la posterior imposición de la culpa alemana en Stuttgart, de modo que es bueno examinarlas. La mayoría de los "pastores" y teólogos luteranos alemanes ni participaron ni suscribieron la Confesión de Barmen. Algunos luteranos alemanes eran fervientes nacionalsocialistas, y otros pertenecían a los Cristianos Alemanes (en Baviera aproximadamente el 12% del clero eran Cristianos Alemanes) [9]. Al igual que el teólogo Paul Althaus, la mayor parte de los luteranos se opuso a la Confesión de Barmen por trazones teológicas, ya que la Confesión hablaba exclusivamente de la revelación de Dios en Jesucristo, rechazando o eludiendo la doctrina tradicional de los luteranos y los católicos, de una revelación natural y universal implantada por Dios.

[9] Stewart Herman Jr., The Rebirth of the German Church, con una introducción de Martin Niemöller, Londres, 1946.

     Althaus y otros vieron sus propias convicciones reforzadas por el apóstol Pablo, que habló de la ley de Dios escrita en los corazones de todas las personas, y por el evangelista Juan, que habló de "la luz verdadera que ilumina a cada uno". Llamando a esto la Uroffenbarung (revelación básica u original), Althaus argumentó de forma convincente que, simplemente porque algunos podrían abusar de la revelación natural y universal para objetivos políticos, no había ninguna razón para rechazar la afirmación de que Jesucristo era la única revelación de Dios que habían hecho los Confesores de Barmen [10].

[10] Paul Althaus, Die Christliche Wahrheit (La Verdad Cristiana), Gütersloh, 1952, pp. 227-228.

     Barmen, sin embargo, fue sólo la primera manifestación, de manera que muchos luteranos quedaron convencidos de la existencia de una sutil manipulación teológica asociada con el suizo Karl Barth y sus aliados, que procuraban debilitar los fundamentos del luteranismo, expuestos en la Escritura Confesional Luterana de 1580. Como será demostrado, la Declaración de Stuttgart de la Culpa Alemana sería un paso adicional en ese proceso.

     Siete años después de la guerra, Althaus evaluaría correctamente a los Cristianos Alemanes, al reconocer que la principal amenaza para los luteranos no estaba contenida en sus errores doctrinales, que habían sido exitosamente rebatidos por luteranos no involucrados en la Iglesia Confesional. El peligro estaba más bien en los tiempos "salvajes", "emocionales" y "tumultuosos" durante los cuales Alemania había sido prácticamente sumergida en una guerra civil. En tales tiempos la tentación consistía en minimizar el necesario papel teológico de la Iglesia a favor de la búsqueda de soluciones a los problemas políticos. Althaus indicó que "ni un solo grupo de profesores teológicos de cualquier estatura o respetabilidad eclesiástica había adoptado el Cristianismo Alemán" [11].

[11] Althaus, Die Christliche Wahrheit, p. 60.

     En 1945 esto ya no era en ningún caso una cuestión, ya que Hitler estaba muerto y los Cristianos Alemanes habían sido desacreditados por amigos y enemigos por igual. En 1945, sin embargo, Martin Niemöller, recién liberado de Dachau, tenía un problema con Hitler ido y el nacionalsocialismo vencido: ¿había algún futuro para la Iglesia Confesional? [12]. ¿Por qué predicar contra un Hitler muerto?.

[12] En cuanto a su detención en 1937, Niemöller admitió ante un capellán estadounidense en 1945: "Mis actividades clandestinas fueron descubiertas y yo fui detenido y enviado al campo de concentración". Lutheran Standard, Wartburg, 26 de Septiembre de 1946.

     Niemöller encontró su nuevo Evangelio en la misión de advertir a Alemania y al mundo de los peligros del Hitlerismo, y en la predicación de que los alemanes tenían la necesidad de arrepentirse por Hitler y por la Segunda Guerra Mundial. ¿Quién si no la Iglesia Confesional podría llevar a cabo esa cruzada en una Alemania caída, degenerada, paganizada y nazificada? [13]. Esa imagen de una Alemania carente de cristianismo estuvo directamente de acuerdo con la propaganda de los victoriosos Aliados, y ayudó a justificar la "reeducación" y "des-nazificación" de los alemanes [14].

[13] Compare con Diether Goetz Lichdi, Mennoniten im Dritten Reich, 1977, p. 85, donde se afirma que entre 1937 y 1945, 18 "pastores" Protestantes llegaron a ser mártires. Entre ellos se incluye a Dietrich Bonhöffer, quien realmente conspiró contra el gobierno, algo que Niemöller afirmó que él no habría hecho personalmente, aunque él respetara a Bonhöffer por sus acciones. Compare con Dietmar Schmidt, Martin Niemöller, 1959, p. 176.
        Lichdi (p. 85) afirmó que después de 1935 el régimen perdió interés por la Iglesia Protestante alemana y la estranguló por medios financieros y administrativos. Esto parece contradictorio. ¿Cómo puede uno afirmar que el gobierno perdió el interés y luego hablar de la estrangulación? En general, concuerdo con el escocés A. P. Laurie, The Case for Germany, Berlín, 1939, p. 110: "El Gobierno no tiene ni el más remoto deseo o intención de interferir con la enseñanza religiosa y la fe de la Iglesia". Sin mencionar a Niemöller, él escribió: "Una sección [de la Iglesia] rechaza administrar las simples regulaciones del gobierno y lo ataca violentamente desde el púlpito, y obtiene mucha satisfacción de un martirio completamente innecesario cuando es multada o enviada a un campo de concentración".
     David Irving en su libro El Camino de la Guerra, 1978, pp. 220-221, afirma que Hitler dijo a Himmler en Enero de 1939 «que toda la oposición del "pastor" [Niemöller] ahora emanaba sólo de no haber conseguido la promoción que él había esperado después de que los nacionalsocialistas subieron al poder. Después de eso él comenzó a hacer una campaña en contra del Estado».
        Compare con Philip Gibbs, Across the Frontier, 1938, p. 194. Gibbs dice que en 1938 había 12 pastores Protestantes todavía en prisión y ni un solo sacerdote, aunque él afirme realmente que en un tiempo había cientos. Gibbs no da la fuente de esa información.
    En la p. 209, Gibbs escribe: «Mantengamos al menos nuestro sentido de la proporción en los juicios. La misma gente que es movida a la cólera apasionada porque unos pastores Protestantes son detenidos y encarcelados en Alemania, ignora completamente los asesinatos al por mayor de sacerdotes y la campaña anti-Dios en Rusia. Sus corazones rebosan amplia compasión por el "pastor" Niemöller, pero curiosamente no se conmueven por la matanza de miles de sacerdotes en España y por los ultrajes contra monjas allí. Ellos están impresionados por el tratamiento a los judíos en Alemania pero son friamente indiferentes ante la muerte y el hambre de más de dos millones de campesinos en Ucrania porque ellos se atrevieron a resistir las órdenes de Stalin y sus oficiales. ¿No hay aquí en este continuado fastidio en Alemania por parte de los críticos de la Izquierda una detestable hipocresía porque ellos hacen la vista gorda ante los escandalosos crímenes cometidos por aquellos con quienes ellos están en simpatía política?».
[14] Herman, The Rebirth of the New German Church, pp. 20, 32; Gibbs, Across the Border, p. 199.

     Para promover su nuevo Evangelio, en Julio de 1945 Niemöller convocó el Concilio de Hermanos de la Iglesia Confesional que se reunió en Frankfurt. La reunión fue convocada para el 21 de Agosto, con dieciséis hermanos alemanes y un suizo, el cual llegó en un jeep estadounidense y llevaba puesto un uniforme del Ejército estadounidense.

     El suizo, cuya llegada había sido indudablemente orquestada por el Cuerpo de Contra-Inteligencia Estadounidense y por las secciones religiosas de las comisiones militares de control estadounidenses y británicas, necesitó pocas presentaciones en el Concilio de Frankfurt, ya que él era Karl Barth, considerado por muchos como el principal teólogo del mundo. Un calvinista con una abierta tendencia anti-luterana, Barth era un líder en el movimiento ecuménico que surgió en el siglo pasado y que ha procurado unificar no sólo al Protestanismo sino en realidad a toda la cristiandad.

     Karl Barth había nacido en Basilea, Suiza, en 1886. En 1919 él se hizo famoso en el mundo teológico con su comentario sobre la Epístola a los Romanos de Pablo. En 1921 él fue designado profesor en la Universidad de Göttingen. La Confesión de Barmen de 1934 fue esencialmente su creación, a pesar de algunas afirmaciones recientes en contrario [15]. Después de su incesante crítica contra el gobierno alemán, Barth fue expulsado de Alemania. Seguro otra vez en la Pilgerstrasse 25 en Basilea, él se convirtió en el teólogo favorito de los propagandistas anti-alemanes.

[15] Die Lutherischen Kirchen und die Bekenntnissynode von Barmen, 1984. Ese libro es una colección de informes presentados en una conferencia que conmemoraba a Barmen 1934, y está dedicado a Martin Niemöller. Vea sobre todo las pp. 98 y ss.

     El impulso teológico básico de Barth, en opinión de sus oponentes teológicos, como Paul Althaus, Emmanuel Hirsch y Werner Elert, consistía en formular su teología de tal modo que excluyera a los Cristianos Alemanes del cristianismo, rechazando de esa manera la opinión cristiana tradicional de una revelación natural y universal. En resumen, Barth estaba haciendo eclesiásticamente, teológicamente y moralmente lo que el boicot judío contra Alemania —proclamado el 24 de Marzo de 1933— hacía en la esfera económica [16].

[16] Compare el Daily Press, Londres, 24 de Marzo de 1933, con sus extraordinario titular de primera página: "Judea Declara la Guerra contra Alemania", y sus subtítulos: "Boicot de Bienes Alemanes" y "Manifestaciones Masivas".
        Compare también de Stephen Wise, Challenging Years: The Autobiography of Stephen Wise, 1949, p. 246: "El 27 de Marzo [de 1933] el Congreso Judío Estadounidense movilizó el primer amplio movimiento de resistencia al Hitlerismo en un mitín popular efectuado en el jardín de la Plaza Madison, en Nueva York". El boicot alemán, de hecho, desactivó un potencial muy peligroso de un pogrom nacional en Alemania, que, como señaló el rabino, nunca se materializó. Las órdenes de Hitler eran que cualquier forma de violencia contra un judío significaría un retiro automático del partido Nacionalsocialista. El objetivo principal del boicot alemán era marcar las tiendas judías, a fin de hacer conscientes a los alemanes del grado de las posesiones judías.

     Más que cualquier otro cristiano influyente, Karl Barth hizo una guerra santa a partir de la tragedia económicamente motivada que fue la Segunda Guerra Mundial. Su postura en ese aspecto está documentada en su carta al profesor Hronadka de Praga, en Septiembre de 1938, antes incluso de que los alemanes hubieran ocupado la Sudetenland. "Cada checo", escribió él, "que combate (contra los alemanes) y sufre al hacer aquello, hace eso por nosotros; y lo digo sin reservas: él también lo hará por la Iglesia de Jesucristo..." [17]. Después de la guerra, esa mentalidad teológica afirmaría que Dios había usado tanques rusos y bombarderos alemanes para enseñar a los alemanes una lección necesaria. Característica del pensamiento de Barth en cuanto a los luteranos era su afirmación de que en los años de Hitler, "los luteranos durmieron mientras los Reformados se mantuvieron despiertos".

[17] Armin Boyens, Kirchenkampf und Oekumene, 1939-1945, 1973, p. 188. Compárese también, W. W. van Kirk, Religion and the World of Tomorrow, 1941, p. 140: «Los cristianos estadounidenses están divididos con respecto a la guerra. En una cosa ellos, sin embargo, están de acuerdo: ésta no es una "guerra santa". Ésta no es una guerra en la cual lo incorrecto está todo en un lado y todo lo correcto al otro lado».
        La relación entre cruzados y criminales es hecha visible en una famosa declaración de R. H. Tawney: "La guerra es una cruzada, o un crimen. No hay un término medio". Esto parece explicar la determinación de algunos estadounidenses de organizar dramáticos procesos judiciales por "crímenes de guerra" durante la posguerra. La frase "crímenes de guerra" ya pone esto en la longitud de onda de una cruzada.

     Karl Barth, que llegó bajo los auspicios estadounidenses al Concilio de los Hermanos en Frankfurt en Agosto de 1945, había sido enormemente reforzado en Utrecht, Países Bajos, en 1938, por la organización del Consejo Mundial Provisional de Iglesias (Provisional World Council of Churches, PWCC). (Éste se convirtió en el Consejo Mundial de Iglesias, WCC, en 1948). Ese grupo ecuménico, que se esforzaba por una Iglesia cristiana unificada, fue dominado por su secretario, W. A. Visser't Hooft (de quien ya hablaremos), un calvinista y un fuerte aliado de Barth.

     En 1945 Barth, Visser't Hooft y otros líderes del PWCC temían la aparición de una Iglesia Luterana alemana fuerte e independiente. Con la ayuda de aliados luteranos tales como Niemöller ellos usaron términos como "confesionalismo", "denominacionismo" y "separatismo" para estigmatizar ese presunto peligro [18]. Barth y sus aliados también desarrollaron una estrategia dual de aislar a los luteranos alemanes de las Iglesias luteranas escandinavas, y servirse de la idea de la "culpa colectiva" de los alemanes para mantenerlos a la defensiva.

[18] Lutheran Partners (revista oficial de la Iglesia Luterana), "Un Aniversario Olvidado: Stuttgart", edición de Mayo/Junio de 1985, por Stewart W. Herman Jr.

     Esa estrategia emergió en el Concilio de Hermanos de la Iglesia Confesional en Frankfurt. Hasta entonces los clérigos participantes habían hablado de aquellos que habían pecado al fomentar activamente el nacionalsocialismo, o de aquellos que no habían hecho nada para detener el movimiento de Hitler. Ahora esos clérigos hablaron de la enorme culpa que "nuestro pueblo" había "acumulado", apartándose del tradicional concepto luterano de la culpa de que ya hablamos [19].

[19] Boyens, Kirchenkampf und Oekumene, p. 263. Esta transición hacia una acumulación nacional de la culpa es reveladora. Cuando el espíritu de Cruzada predomina, entonces todo lo que el enemigo ha hecho es etiquetado como criminal.

     Esencialmente, la reunión de Frankfurt estuvo orientada a ganar posiciones influyentes en la próxima Conferencia de Líderes de Iglesias Protestantes de toda Alemania en Treysa, una pequeña ciudad cerca de Kassel, del 27 de Agosto al 1º de Septiembre de 1945. El Concilio de Hermanos seleccionó a Niemöller y a Barth para que los representara. Barth no era ni siquiera alemán, dejando la pregunta abierta de si él se impuso o fue impuesto a la conferencia de Treysa. (Las Iglesias libres, que no eran apoyadas por el Estado, como los menonitas, los bautistas, los luteranos libres y los metodistas, no estuvieron presentes; éstos tenían sus propias reuniones).

     En Treysa, los clérigos Confesionales fueron capaces de llenar el concilio eclesiástico con sus miembros o partidarios, frustrando de esa manera la aparición de una Iglesia Luterana alemana viable que fuera independiente del PWCC. El obispo Marahrens, el influyente obispo luterano de Hannover, que tenía antiguas conexiones con la Iglesia Confesional, fue boicoteado por sus correligionarios [20] porque ¡él había hablado con Hitler! El secretario del PWCC, Visser't Hooft, aunque no estuvo en Treysa, había escrito al obispo anglicano Bell el 24 de Julio de 1945 que Marahrens "debe desaparecer" [21]. Después de constantes presiones ocultas y abiertas, el obispo fue obligado a dimitir dos años más tarde. Él fue sustituido por Hans Lilje, un firmante de la Declaración de Stuttgart. En el Nuevo Testamento se echaron suertes para la selección de un reemplazante para Judas. Los líderes emergentes de la Alemania de posguerra difícilmente asumirían tal riesgo.

[20] Jasper, George Bell, p. 300.
[21] Boyens, Kirchenkampf und Oekumene, p. 20. El tenor en Treysa es dramáticamente revelado en un discurso hecho por Niemöller, encontrado en Wider die Kirchenkampflegenden de Baumgärtel, p. 43: "Nos hemos librado de bastantes líderes de Iglesia, que no son convenientes para ser tales... Si los conserváramos en sus puestos, haríamos con ello a la Iglesia desde el principio otra vez indigna de creencia y provocaríamos una nueva culpa". Esto es de Niemöller, quien el 13 de Octubre de 1933, en nombre de 2.500 "pastores", envió un telegrama a Hitler, prometiendo seguirlo fielmente y prometiéndole rezos intercesores. En la p. 4 Baumgärtel escribe acerca del ofrecimiento como voluntario de Niemöller en 1939 para las fuerzas armadas alemanas (algunos incluso afirman que para la SS). Bodenstein, al escribir acerca de algo de esto, comenta: "Qué memoria tan corta tenía Niemöller".

     El encono entre el calvinista suizo Barth y los luteranos alemanes se hizo dramáticamente visible en Treysa. Cuando la presencia de Barth se hizo conocida, los bávaros, en su mayoría luteranos, amenazaron con marcharse. Ellos fueron persuadidos para que se quedaran [22]. Siendo yo un estudiante de teología en Alemania a principios de los años '50, me dijeron que en una de las reuniones de posguerra, posiblemente la de Treysa, Barth ridiculizó a los hermanos alemanes por su carencia de coraje para resistir a Hitler, tras lo cual alguien se atrevió a levantarse y gritar: "No pudimos correr todos a Suiza como lo hiciste tú".

[22] Boyens, Kirchenkampf und Oekumene, p. 269. En Treysa algunos llamaron a Niemöller "el dictador".

     En la sesión de cierre, Tresya parecía un triste fracaso para algunos, pero los comentarios de Barth eran optimistas. Probablemente él percibió que había sido puesta una exitosa traba al "peligro luterano". Después de Treysa, lo que restaba podía ser llevado a cabo mediante la siempre conveniente insistencia en la expiación por Hitler (Boyens, op. cit., pp. 20 y ss.).

     Sin embargo, para Barth la incertidumbre permanecía. Con desánimo él escribió a Niemöller:

    «Cómo quisiera que tú pudieras formular este asunto (la cuestión de la culpa alemana) por ti mismo. Créeme que, visto desde el exterior, se trata realmente de una cuestión importante... Lo mismo ocurre conmigo personalmente, cuando, como tan a menudo lo hago, tengo que hablar sobre la nueva Alemania... Siempre tengo problemas cuando tengo que dar alguna clase de explicación de por qué todavía no he podido conseguir nada ni de Frankfurt ni de Treysa. Incluso he tenido que decir: "¡Sí, sí, ellos realmente lo quieren decir de esa manera!". Yo daría un reino por una breve declaración escrita, una declaración escrita que yo pudiera mostrar claramente» (Boyens, op. cit., pp. 275 y ss.).

     El 5 de Octubre Niemöller respondió: "Que yo pueda y formule este asunto por mí mismo, no debe ponerlo más en duda, después de mi discurso en Treysa... sin embargo, procuraré que yo aparezca con una expresión clara en el sentido que usted insinuó".

     El clérigo metodista estadounidense Walter W. van Kirk, que fue un asesor de la delegación estadounidense en la conferencia de Naciones Unidas en San Francisco en la primavera de 1945, así como secretario del Consejo Federal de Iglesias, no experimentó ninguna de las dificultades de Karl Barth en cuanto a la continua necesidad del arrepentimiento alemán. En su libro "A Christian Global Strategy", publicado antes en Stuttgart, él reconoció el peligro de una Alemania políticamente aislada. Describiendo a los derrotados alemanes como "un pueblo paria sometido a toda clase de controles militares", Van Kirk advirtió: "Pero no debe ser así entre la Cristiandad Occidental y las Iglesias de Alemania. Hay sólo una familia de Dios, y todos quienes respiran el nombre de Cristo están comprendidos dentro de su confraternidad". Como si previera la Declaración de Stuttgart, él añadió: "Tampoco deberían ciertos miembros de aquella familia pronunciar un juicio moral sobre otros miembros. Es de Dios juzgar y exigir la reparación por la culpa" [23]. El contraste con el enfoque de Barth es demasiado claro. Como dice el refrán alemán, "Uno oye del bosque (el eco de) lo que uno grita en él".

[23] W. W. van Kirk, A Christian Global Strategy, 1945, p. 133. Compare con su libro Religion and the World Today, 1941. Van Kirk escribió: "¿Quién mató a la democracia alemana? No Hitler. No Göring. No Goebbels. No Himmler. No el Partido Nacionalsocialista. Los estadistas y la gente de las potencias vencedoras mataron la democracia alemana, y su culpa será registrada en las historias de aquellos terribles años" (p.166). "Junto con otras naciones, Estados Unidos debe aceptar la responsabilidad plena por Hitler" (p. 116). "Cierto es que los alemanes nunca fueron perdonados en 1918".
        Hablando en general, la mayor parte de los alemanes estaría asombrada por el material de exoneración encontrado en publicaciones de ese período. La diferencia era que esa gente había experimentado el período post-Primera Guerra Mundial.

     En efecto, casi todos pensaron que la cuestión de la culpa había sido abordada satisfactoriamente en Treysa, lo que dejaba a la carta de Barth a Niemöller doblemente extraña. En la conferencia de Treysa más de cien clérigos presentes habían adoptado una resolución para el pueblo alemán que incluía estas palabras: "Hoy, admitimos que mucho antes de que Dios hablara con cólera, nos suplicó con amor, pero nosotros rechazamos prestar atención a su llamado". ¿Qué otra cosa es el arrepentimiento cristiano sino esto? (Jasper, George Bell, p. 292).

     Esa confesión fue hecha en Alemania, para los alemanes. Ella satisfizo a la prensa religiosa de Estados Unidos. Periódicos como The Lutheran Standard publicaron titulares como "La Iglesia de Alemania Admite la Culpa" [24]. El historiador estadounidense de la Iglesia Richard Solberg, escribiendo doce años más tarde, indicó que los Cristianos Alemanes habían sido boicoteados (obviamente, cualquiera que tuviera un pasado nacionalsocialista simplemente había permanecido aparte): "En la histórica reunión (de Treysa) fueron cortados los detestables lazos con el pasado" [25]. Según su biógrafo, el obispo anglicano George Bell afirmó que los alemanes habían asumido y habían establecido la cuestión de la culpa.

[24] The Lutheran Standard, 13 de Octubre de 1945, p. 12.
[25] Richard W. Solberg, As Between Brothers, Augsburg, 1957.

     Lo que satisfizo a otros, sin embargo, no era suficiente para Barth, ni para su poderoso aliado Visser't Hooft, dos calvinistas poseídos de sus propios estándares para el arrepentimiento. Visser't Hooft, el secretario del Consejo Mundial Provisional de Iglesias, reveló su propio estándar cuando, después de insistir en que el PWCC se reservara toda la libertad de la acción al establecer lazos con las Iglesias alemanas, él anunció que el PWCC trataría sólo con aquellos clérigos alemanes que hubieran demostrado una oposición activa a Hitler [26].

[26] The Lutheran Standard, 25 de Agosto de 1945.

     La posición de Visser't Hooft como secretario del PWCC lo preparó para desempeñar un papel dominante en imponer la Declaración de Stuttgart. Un calvinista de los Países Bajos, él era el principal portavoz  y fabricante de la política del PWCC, que actuó desde la misma Ginebra, la oficina central de Suiza de la Cruz Roja Internacional. A diferencia de la Cruz Roja, sin embargo, el PWCC no era neutral. Durante la guerra, Visser't Hooft trabajó con los militares Aliados, y en realidad algunos han sostenido que él fue un agente del Servicio Secreto británico [27].

[27] Bodenstein, Is Only the Loser Guilty?. Hooft y Barth fueron activos para prestar su prestigio y para diseminar las falsedades de Rudolf Vrba y Alfred Wetzler, entre otros, en cuanto a gaseamientos de judíos en Auschwitz. Según Rudolph L. Braham, «El crédito del material (los así llamados "Protocolos de Auschwitz") fue incrementado gracias a su distribución, fechada más tarde el 4 de Julio de 1944, con las firmas del profesor D. Karl Barth de Basilea, el profesor D. Emil Brunner de Zurich, el doctor Visser't Hooft de Ginebra y del "pastor" Vogt de Zurich». The Holocaust as Historical Experience, editado por Yehuda Bauer y Nathan Rotenstreich, Nueva York, 1981, p. 120).

     Al igual que Barth, Visser't Hooft poseía la "santa" determinación calvinista hacia la acción organizacional directa más bien que al acercamiento indirecto, que enfatiza el cambio de las convicciones internas (que era el enfoque favorecido por los luteranos). Esa diferencia es fácilmente evidente en la terminología calvinista, con su predilección por términos de referencia teocráticos y despersonalizadores: sus "institutos", "valores eternos", "principios", "proyectos", "ser elegido", "propósitos y causas", "convenios" y "objetivos". La visión calvinista de la Iglesia es, de esta manera, menos una confraternidad de creyentes que una teocracia, un "nuevo Israel" con guerras santas y causas santas, una visión que se ha desarrollado con consecuencias mundiales e históricas en lugares tan diversos como la puritana Nueva Inglaterra y el sudafricano Transvaal. Parece que Martin Lutero percibió esa diferencia en la perspectiva hace más de 450 años, cuando en su coloquio en Marburgo con el precursor de Calvino, Ulrich Zwinglio, dijo: "Sie haben einen anderen Geist" (Usted tiene un espíritu diferente).

     Ese espíritu diferente estaba entonces listo a manifestarse en Stuttgart. La conferencia de Treysa había elegido un consejo provisional de doce personas, que incluía sólo a miembros con simpatía por la Iglesia Confesional. Su presidente era Theophil Wurm, el obispo de 78 años de Stuttgart, un amigo de Niemöller que se había hecho conocido en Alemania durante la guerra por su postura contra la eutanasia [28]. (Una voz como la de Wurm es profundamente necesaria hoy, ya que, según un reciente informe periodístico, aproximadamente 6.000 a 10.000 personas están siendo muertas así anualmente en los Países Bajos. En Alemania la eutanasia fue terminada por decreto en Agosto de 1941. ¿Quién o qué puede detenerla en Holanda?).

[28] Schmidt, Martin Niemöller, p. 144.

     Niemöller se convirtió en el ayudante del obispo Wurm, uno de cuyos deberes eran buscar lazos ecuménicos. Para Niemöller eso significaba sobre todo lazos con Barth y sus partidarios en el PWCC, a pesar de su evidente tendencia contra los luteranos alemanes.


IV. La Base Material para la Declaración de Stuttgart

     Había un requisito previo inevitable para la declaración de la culpa alemana, que los ocho clérigos, liderados por Visser't Hooft, extrajeron del consejo alemán de doce personas. Visser't Hooft, adquiriendo lo que equivalía al control de la ayuda Protestante a Alemania, se sirvió de una poderosa palanca, la cual, como los acontecimientos demostraron, él estaba demasiado dispuesto a usar.

     Aquí son útiles algunos antecedentes en cuanto a la política alimentaria Aliada en relación a la Alemania de posguerra. El Aliado occidental predominante, Estados Unidos, había proclamado su intención de imponer una paz cartaginense a Alemania en el conocido Plan Morgenthau, que fue hecho público mientras los enfrentamientos todavía arreciaban [29].

[29] Der Morgenthau Plan 1944-1945, de David Irving, facsímil, Bremen, 1986, es una valiosa contribución histórica, que incluye muchas copias de documentos oficiales en inglés. En la p. 271 Morgenthau escribe: "El pueblo alemán debe aguantar las consecuencias de sus actos".

     Como se mencionó anteriormente, un bloqueo de alimentos fue la política Aliada durante la mayor parte de la guerra. Para que fuera totalmente eficaz, era necesario que el bloqueo contara con el apoyo de naciones neutrales y organizaciones internacionales como la Cruz Roja Internacional con sede en Ginebra. La Cruz Roja era una espina particularmente fastidiosa en la carne de los Aliados, ya que en palabras de su presidente, el doctor Max Huber, "La Cruz Roja ayuda a víctimas de la guerra no debido a su nacionalidad particular o porque ellos luchen por tal o cual causa, sino pura y simplemente porque ellos son seres humanos, que están sufriendo y en necesidad de ayuda". En uno de sus escritos, Huber, un clérigo, llegó tan lejos como a insistir en que el Buen Samaritano era una figura histórica real y no una parábola [30].

[30] Fritz Wartenweil, Max Huber, Zurich, 1953, pp. 242 y ss. Ver también de Marcel Junod, Warriors Without Weapons, 1951.

     De manera lenta pero segura, los Aliados debilitaron la neutralidad de la Cruz Roja Internacional. En 1943 fue formada la Administración de Ayuda y Rehabilitación de Naciones Unidas (UNRRA). La UNRRA adoptó una política de subvencionar sólo a aquellos grupos que realmente luchaban contra los alemanes. Sin duda las políticas Aliadas, como fueron implementadas por la UNRRA, impidieron incluso la ayuda neutral que la Cruz Roja era capaz de proporcionar en los campos de concentración alemanes. A pesar de eso, según el Comité Internacional de la Cruz Roja, "desde el 12 de Noviembre de 1943 al 8 de Mayo de 1945, aproximadamente 751.000 paquetes, pesando aproximadamente 26.000 toneladas, fueron enviados por el Comité Internacional a deportados en campos de concentración" [31].

[31] Comité Internacional de la Cruz Roja, The Work of the ICRC for Civilian Detainees in the German Concentration Camps (1939-1945), Ginebra, 1975, p. 24.

     Las políticas de la UNRRA fueron, por supuesto, coordinadas con el dictado de rendición incondicional y el Plan Morgenthau, que el historiador estadounidense de la Iglesia Richard Solberg, que estuvo presente en la Alemania de posguerra, calificó como "vengativo". Solberg señala que si bien el plan nunca fue oficialmente adoptado, fue sin embargo en gran parte realizado (Solberg, As Between Brothers, p. 57).

     Con la ocupación de Alemania, la UNRRA, encabezada primero por Herbert Lehman y luego por Fiorello La Guardia, siguió sirviendo como un brazo de la política militar Aliada. La UNRRA impuso una política de que toda la ayuda material debía ser proporcionada primero a las personas desplazadas, y especificaba que los alemanes y los finlandeses no podían ser considerados como personas desplazadas.

     La inhumanidad de esa política Aliada puede ser inferida del libro "Where Are We Heading?" de Sumner Welles, publicado en 1946. Después de describir las masas de refugiados desde Europa del Este, Welles escribió: "Los suministros de alimentos eran totalmente inadecuados para alimentar a esas multitudes. La ola de anarquía... dentro de Alemania occidental de esas masas de refugiados era abrumadora". Welles continúa:

    «Por falta de una fuerza organizada de personal entrenado para enfrentarse con esta situación, pasaron muchos meses antes de que hubiera cualquier alivio, antes de que cualquier comprobación eficiente de esas masas flotantes de Humanidad pudiera ser realizada, y antes incluso de que un mínimo de ayuda pudiera ser entregado a aquella lamentable clase de refugiados, principalmente de fe judía, llamados "personas desplazadas". Ningún registro exacto está disponible aún. Pero puede ser afirmado que por falta de una organización eficaz para enfrentar una situación que debería haber sido prevista, muchos miles de personas inocentes experimentaron un grado de tragedia y sufrimiento que fue totalmente innecesario» (Sumner Welles, Where Are We Heading?, 1946, p. 85).

     Que una carencia de ayuda caritativa estadounidense no era el problema puede ser visto del hecho de que el Sínodo Luterano de Missouri, que representaba aproximadamente sólo a un tercio de los luteranos de Estados Unidos, reunió aproximadamente seis millones de dólares hacia Agosto de 1945, una suma comparable a muchas veces esa cantidad en dólares de hoy (The Lutheran Standard, 4 de Agosto de 1945, p. 15).

     Esos esfuerzos caritativos, sin embargo, enfrentaron un obstáculo considerable, ya que la política de la UNRRA era prohibir los esfuerzos de ayuda independientes, incluso ante tan catastrófica miseria humana como la ocasionada por la expulsión de posguerra de más de diez millones de alemanes desde sus hogares ancestrales en Alemania del Este y otras partes de Europa Central.

     Mientras tanto, el PWCC, que estaba muy dispuesto a cooperar con los Aliados, había adquirido el control de una agencia de ayuda eclesiástica clave en Europa. La Oficina Central Europea de Ayuda a las Iglesias que Sufren había sido encabezada antes por el clérigo suizo internacionalmente conocido Adolf Keller. Bajo su mando la Oficina Central había desafiado la prohibición Aliada de ayuda: ya en Junio de 1942 Keller escribió que "los paquetes con alimentos todavía están siendo transportados a los profesores de la facultad teológica en Varsovia y a predicadores evangélicos" [32]. Cuando la presión ejercida por las Iglesias norteamericanas obligó a Keller a dimitir forzosamente, su organización fue absorbida en el nuevo Departamento de Reconstrucción y Ayuda Inter-Iglesias del Consejo Mundial de Iglesias, encabezado por el doctor H. Hutchinson Cockburn [33].

[32] Adolf Keller, Christian Europe Today, p. 192.
[33] Boyens, Kirchenkampf und Oekumene, p. 236; The Lutheran Standard, 13 de Octubre de 1945.

     Poco antes de que Visser't Hooft fuera a Stuttgart, ese Departamento fue reorganizado, y rebautizado como Departamento de Reconstrucción y Ayuda Inter-Iglesias de las Iglesias del Mundo. Su nuevo presidente, Alphons Köchlin, presidente de la Iglesia Protestante suiza, estableció una agencia para coordinar toda la ayuda eclesiástica a Alemania, y nombró como su presidente nada menos que al secretario del PWCC, Visser't Hooft. Así, Visser't Hooft, quien había articulado antes la política del PWCC de negar la admisión a hombres de Iglesia ideológicamente inaceptables (léase: nacionalistas alemanes), ahora tenía la última palabra en la asignación y distribución de toda la ayuda material Protestante a los alemanes [34].

[34] The Lutheran Standard, 25 de Agosto de 1945.


V. Una Confesión de Culpa Sin Nadie a Quien Dar la Absolución

     Los acontecimientos del 17 al 19 de Octubre de 1945 en Stuttgart fueron intrigantemente simples. Allí quedaba espacio sólo en la iglesia del obispo Wurm en la ciudad dañada por las bombas cuando el concilio alemán, seleccionado en la Conferencia Alemana de Iglesias Protestantes en Treysa, sostuvo su reunión inicial. El "pastor" Niemöller predicó acerca de su tema favorito: el arrepentimiento [35]. Aquello fue sorprendentemente discordante con el acento en la acción de gracias que uno de sus colegas luteranos, el primado de Dinamarca, había dado poniendo aparte un domingo de acción de gracias en su país, afirmando que "nuestros corazones están llenos de gratitud hacia Dios por cuanto la guerra más sangrienta de la Humanidad ha terminado" [36].

[35] Schmidt, Martin Niemöller, p. 37.
[36] The Lutheran Standard, 15 de Septiembre de 1945.

     Según la autobiografía de uno de los participantes, el doctor Hans Lilje, posteriormente obispo de la ciudad y provincia de Hannover, predominantemente luterana, hubo abrazos, alegría y sonrisas cuando los once miembros de Concilio alemán saludaron a los visitantes, ocho miembros supuestamente no invitados del PWCC (Bodenstein, Is Only the Loser Guilty?).

     En algún momento antes de que el Concilio se reuniera, Visser't Hooft cenó en una cafetería con dos fervientes miembros de la Iglesia Confesional, Niemöller y Hans Asmussen. Ellos ciertamente sabían de antemano de la llegada de la delegación. Niemöller, como ha sido notado, había prometido ya a Barth "una breve y clara" declaración escrita de la culpa alemana.

     Asmussen no necesitó ninguna persuasión, ya que, según Baumgärtel, él había escrito al PWCC incluso antes de la guerra para sugerir tal declaración [37]. En vez de adoptar el enfoque cristiano e indicar a Asmussen que tal declaración no era cristiana, Visser't Hooft había llegado a reclutar a Asmussen para que apoyara su propia preconcebida y prescrita declaración anti-cristiana, ya que tal declaración o confesión tendría que estar basada en que "Todos han pecado". Fue el deber de Visser't Hooft aclarar eso a Asmussen.

[37] Además de Bodenstein, también Baumgärtel menciona esa reunión de cafetería en una nota a pie de página de Wider die Kirchenkampflegenden, p. 75. Él también menciona que parece que Asmussen mencionó tal declaración alemana antes del final de la guerra, supuestamente en una carta a los líderes ecuménicos. Esto no contradice la tesis de que la declaración fue impuesta, ya que un elemento importante en aquélla es la amenaza de usar la ayuda material como persuasivo. Asmussen sólo podría haber hecho una confesión por sí mismo y no por otros. Si los líderes ecuménicos respondieron a su carta, ellos tenían una obligación cristiana de advertir que la culpa es compartida y no unilateral. Asmussen posteriormente trató de defender lo indefendible hablando del clero Protestante que hizo la confesión por el pueblo, una monstruosidad teológica.

     Indudablemente, los tres elaboraron su estrategia para cumplir los deseos del PWCC de una voluntaria declaración alemana, en palabras de Visser't Hooft, que "clarificara los pasados 12 años de la historia alemana". Visser't Hooft también habló de "un arrepentimiento específico". Ya fuese en la reunión de la cafetería o en otra parte, Visser't Hooft mostró su "carta de triunfo". Fue esa "carta de triunfo" la que impuso la presión decisiva sobre aquellos miembros del Concilio que todavía vacilaban. Dicha carta, o "presión suave", era ésta: había sido sembrada la idea de que las Iglesias norteamericanas estaban teniendo considerables dificultades para recolectar dinero para los desesperadamente necesitados alemanes aunque impenitentes. Por lo tanto, una declaración escrita del arrepentimiento alemán podría ser mostrada a esas congregaciones reacias, para que los esfuerzos organizados para recaudar fondos fueran considerablemente más fáciles (Bodenstein, Is Only the Loser Guilty?).

     Las autobiografías de Lilje y Friedrich Karl Otto Dibelius, dos miembros del Concilio alemán, y la biografía del clérigo inglés George Bell, que fue parte de la delegación visitante, aclaran que eso implicó sin embargo una presión real para un pronunciamiento alemán específico de arrepentimiento, elaborado por alemanes para alemanes, que le dejó a los clérigos alemanes poca opción. Eso es comprensible si uno se pone en su lugar. Los alemanes eran sólo once (uno de los doce nominados en Treysa estaba ausente). El suyo fue un concilio provisional, tal como lo era el PWCC. Sin Estado, ya que no había ningún gobierno alemán, ellos no tenían ningún derecho civil. El PWCC puso en ellos la responsabilidad o de formular y firmar la preconcebida "breve y rápida" declaración de arrepentimiento obligatorio por Hitler, o de cargar con la responsabilidad del innecesario sufrimiento adicional causado por la falta de disposición de las congregaciones en Norteamérica para ayudar a los impenitentes alemanes. Había avanzado Octubre. El invierno se aproximaba a medida que millones de alemanes estaban siendo desarraigados de sus hogares ancestrales en el Este, y estaban yendo en tropel por campos y ciudades alemanas bombardeadas, algunas de ellas destruídas tanto como en un 90%. Incidentes de muchachas y mujeres, madres y abuelas alemanas violadas hasta la muerte en el Este fueron algo trivial.

     Tal era la presión detrás de la Declaración. Era equivalente a la persuasión por la fuerza. Incluso si no hubiera sido así, ¿qué derecho tenían ocho delegados solos a declarar culpables a los alemanes simplemente por ser alemanes?.

     Dibelius escribió que él había redactado personalmente la Declaración. Aquí otra vez hay razones para cuestionar, ya que Niemöller estuvo presente cuando él hizo aquello, y Niemöller corrigió a Dibelius a veces. Dibelius habla del "texto de Niemöller".

     Para terminar toda la especulación sobre este asunto uno sólo tiene que mirar las palabras de Dibelius, quien era de Berlín y había visto directamente el sufrimiento "acumulado" en el Este. En palabras de Dibelius, "No era fácil, después de experimentar las terribles cosas que hemos presenciado en el Este, no decir una palabra sobre ellos y confinarnos a la culpa de los alemanes" (Jasper, George Bell, p. 295). Claramente la yuxtaposición de "no era fácil" y "confinarnos a la culpa de los alemanes" pone al descubierto las convicciones interiores. ¡Ése fue un eufemismo clerical para decir que fue forzado!.

     La autobiografía de Hans Lilje revela la misma perspectiva. Que aquello fue en ese entonces deliberadamente ocultado al menos a un delegado, el obispo Bell, es mostrado por su biografía, porque allí encontramos que el documento "no alcanzó su forma final sin algún examen de conciencia, como el doctor Dibelius posteriormente lo reveló en su autobiografía". Hay fuertes indicios de que el obispo Bell fue dejado en la oscuridad en cuanto a la presión "oculta" que hubo detrás de la Declaración, porque ¿de qué otro modo puede uno interpretar su ausencia en la reunión anterior a la de Stuttgart de la delegación del PWCC el 15 de Octubre en Baden-Baden, Alemania?. ¿De qué otra manera debería uno interpretar sus palabras en el sentido de que, en cierta ocasión en una de las reuniones en Stuttgart, "Niemöller repartió copias de un documento mecanografiado que se hizo famoso como la Declaración de Stuttgart de Octubre de 1945"? (Jasper, George Bell, p. 294). Claramente eso lo sorprendió. De ser así, entonces uno puede decir incluso que Visser't Hooft y sus aliados se aprovecharon de la credulidad de un obispo anglicano. Esto difícilmente debería sorprendernos, ya que Visser't Hooft llegó tan lejos como a decir sin rodeos que el obispo de Hannover, Marahrens, tenía que "desaparecer".

     Por su disposición a amenazar implícitamente con una continuación del bloqueo de alimentos del tiempo de la guerra, el PWCC, y sus luces guías Barth y Visser't Hooft, perpetraron un imperialismo organizacional y teológico, mostrando una mentalidad anti-cristiana de guerra santa. Por medio del golpe en Stuttgart, gigantes teológicos tales como Althaus, Hirsch y Elert fueron repentinamente relegados a lugares apartados de la teología Protestante alemana, la corriente principal de la cual ésta era ahora un vehículo para una condena preconcebida y anti-histórica.

     Un cristiano tiene derecho a preguntarse también por qué el PWCC no concedió ninguna absolución. Después de todo, si existía una culpa alemana específica, lógicamente una vez que la "confesión" alemana hubiera sido aceptada, debería haber seguido una absolución alemana específica. En la Iglesia, no hay ningún otro objetivo para la confesión que ganar la absolución.

     Los que planificaron la Declaración de Stuttgart de la Culpa Alemana se arrogaron el derecho a ser los jueces del pueblo alemán entero, y habían aceptado ávidamente la Declaración de la Culpa Alemana. Quizás, en su fracaso para conceder una absolución colectiva, sintieron ellos en lo más recóndito la ausencia en Stuttgart de Aquél al que ellos habían proclamado en Barmen que era la única Cabeza de la Iglesia: Jesucristo.


VI. Reflexiones Adicionales

     ¿Quién puede negar que vincular la ayuda material a objetivos espirituales sea contrario al cristianismo y a aquello que los clérigos representan? En el cristianismo se ordena que uno "alimente a los propios enemigos". Incluso entonces, después de Mayo de 1945, las personas alemanas eran antiguos enemigos. En consecuencia, organizaciones tales como la Cruz Roja, y no el Consejo Mundial Provisional de Iglesias (PWCC), con su disposición a cooperar unilateralmente con la política social y militar Aliada, habían guardado ese mandamiento cristiano. Si el asunto de Stuttgart hubiera sido realmente un esfuerzo cristiano, entonces el PWCC habría evitado cualquier apariencia de combinar la ayuda material con la comunión espiritual. Incluso el pensamiento de ellos, en términos de restauración o reconciliación, no era cristiano, ya que los cristianos siempre sostienen la "comunidad de todos los creyentes" en la confesión universal conocida como el Credo de los Apóstoles, que no puede ser roto por acontecimientos políticos y otros hechos seculares.

     Es improbable que un luterano como el sueco Folke Bernadotte hubiera tolerado cualquier conexión de la ayuda material con el arrepentimiento público. Porque ¿qué otra cosa pudo él haber querido decir cuando escribió, justo antes de su trágico asesinato en Jerusalén en 1948, en su libro "Instead of Arms" (1949), "No juzguen, para que no sean ustedes juzgados"?. Bernadotte afirmó que él no podría pensar en ninguna palabra más hermosa en la Biblia que ésas, que están en la primera página de su libro.

     Escritores posteriores, tanto eclesiásticos como seculares, afirmarían que la Declaración de Stuttgart había sido mal entendida, ya que se trataba sólo de una declaración religiosa. Pero está claro que lo que Barth, Visser't Hooft, el PWCC y los victoriosos Aliados deseaban de Stuttgart eran titulares en la prensa religiosa y secular que declarara que los clérigos alemanes se habían "arrepentido". Éstos reforzarían la propaganda Aliada de que la Segunda Guerra Mundial en efecto había sido una "guerra santa". Además, una proclamación alemana de culpa suministraba la justificación para las políticas Aliadas: para suspender a los alemanes sus derechos proclamados en la "Carta Atlántica", para la rendición incondicional, para las duras disposiciones del Plan Morgenthau, para los tribunales de des-nazificación, para el encarcelamiento continuado de millones de "prisioneros de guerra" alemanes, para las expulsiones, para los procesos de Núremberg, y todas las otras medidas punitivas de los vencedores.

     Las once firmas en la Declaración de Stuttgart servirían al PWCC en sus planes para dominar a los Protestantes alemanes. Los once nombres mostrarían a los alemanes quiénes, en los términos del PWCC, eran los "compañeros" preferidos en la Comunidad de creyentes. ¡Aquí estaban los discípulos modernos y actualizados, los Bonifacios [misionero del siglo VIII que cristianizó Alemania] para re-cristianizar a una Alemania Hitlerizada y paganizada; aquí estaban los fieles clérigos que no habían doblado sus rodillas ante el Baal actual! Para los luteranos, la Confesión de Barmen de 1934 era ahora, por medio del mandato de Barth, Visser't Hooft y Niemöller, la guía por la cual los tradicionales escritos confesionales luteranos debían ser interpretados.

     El clericalismo manifestado en Stuttgart transformó la Iglesia Protestante alemana desde ser un objeto de la fe indivisible e invisible (en el sentido de que espiritualmente dicha Iglesia elude una identidad claramente definida y organizacional), hasta convertirla en una Iglesia claramente visible para la gente. Como un observador dijo, "las señales de la Iglesia ya no son la fidelidad a la Palabra y a los Sacramentos, sino que ahora incluyen la oposición al Nacionalsocialismo como fue practicado por Hitler, especialmente aquél asociado con sus programas hacia los judíos" [38]. Mientras vivió, Hitler tuvo un poder asombroso, pero ahora Hitler muerto podría determinar incluso quién pertenecía a la Iglesia cristiana. Poncio Pilatos ha sido eternizado en el Credo de los Apóstoles, mientras que el austriaco Hitler, el "moderno Faraón", había sido eternizado, por inferencia, en la Confesión de Barmen de 1934, ahora obligatoria para la ordenación en algunas Iglesias alemanas [39].

[38] En conexión con esto hay una notable afirmación hecha por A. P. Laurie, The Case for Germany, p. 110: "El odio de los judíos contra el continente no está confinado a Alemania. Los pogroms anti-judíos que han ocurrido en Polonia fueron tan terribles que el gobierno polaco no permitió que ninguna noticia de ellos saliera del país, y no puede haber duda de que Hitler, poniendo todo el asunto bajo la ley y la regulación, salvó a los judíos de la masacre".
[39] El término "moderno Faraón" se encuentra en Gibbs, Across the Frontier.

     El inglés medieval Wycliffe habló de la "Iglesia pobre" como la genuina Iglesia cristiana. Sorprendentemente, los nuevos evangelistas alemanes después de la Segunda Guerra Mundial difícilmente han andado en la pobreza. El nuevo Evangelio trajo con él altas posiciones administrativas en las Iglesias Protestantes alemanas, en la Federación Luterana Mundial y en el Consejo Mundial de Iglesias, con buenos sueldos y pensiones pagados por los impuestos cobrados a las Iglesias en Alemania Occidental. Todo esto ha mantenido a estos clérigos teocráticamente independientes de los deseos del pueblo alemán en la Volkskirche [Iglesia del Pueblo]. Para los herederos de los firmantes de la Declaración de Stuttgart, hay buenos motivos y provechosas razones para la continua aceptación de lo que el Presidente Reagan dijo que fue una culpa alemana "impuesta" e "innecesaria". Conscientes de esto, los líderes de la Iglesia Protestante alemana renuevan la Declaración de Stuttgart por medio de incesantes conmemoraciones y aniversarios.

     El Presidente Reagan calificó a la culpa alemana como "innecesaria". Si una culpa alemana colectiva es innecesaria hoy, entonces era innecesaria en 1945, un año en el cual Alemania fue puesta de rodillas y luego desmembrada por una aplastante coalición de fuerzas que incluían a los Imperios más fuertes y más opresivos del mundo. Olvidado por los vencedores, y por aquellos alemanes que se regocijan en la auto-flagelación, está el hecho de que bajo Hitler, Alemania estaba intentando principalmente liberarse de los grilletes de la onerosa paz de Versalles, otra imposición llevada a cabo mediante un bloqueo de hambre, y combatir los males gemelos de la depresión económica y el caos comunista.

     El historiador revisionista de Alemania Occidental Helmut Diwald en forma legítima calificó a la Declaración de Stuttgart de la Culpa como "muy humillante" (citado en Bodenstein, op. cit.). Sus ramificaciones para los revisionistas han sido y todavía son de considerable importancia. La Declaración de Stuttgart y otras declaraciones similares han servido para crear un clima religioso y académico falto de sentido crítico, dejando de esa manera inaccesible la fuente más importante de la reconciliación: la perspectiva relativizadora y humanizadora del estudio histórico imparcial.

     Afortunadamente, los esfuerzos del movimiento revisionista histórico mundial, caracterizado por la sana investigación y una perspectiva imparcial, están enmendando los males de la época de posguerra. Que el trabajo de los revisionistas sirva como un punto de referencia para los historiadores del Establishment, tanto eclesiástico como secular. Los revisionistas, mediante sus escritos, están trabajando duro para restaurar un verdadero sentido de confraternidad, uno que no dependa ni de acusaciones falsas ni de una culpa impuesta, una camaradería a la cual cristianos y no-cristianos por igual pueden unirse gracias a una preocupación por la justicia y por la verdad.–
    



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