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domingo, 21 de agosto de 2016

El Caso de la Muerte Voluntaria de Hitler



     En la edición de Sept-Oct. de 2007 de The Barnes Review se publicó el siguiente texto del estadounidense John Nugent que presentamos en castellano, que afirma la tesis del suicidio de Hitler en su búnker en Berlín, en base fundamentalmente a testimonios y declaraciones hechos con anterioridad por el Führer y otros. Si bien se trata de un tema polémico, dado que desde un principio aparecieron voces cuestionadoras de la coherencia de los testimonios oficialmente presentados, el autor de este artículo, una respuesta a una versión que dice que Martin Bormann habría sacado a Hitler desde Berlín, queda contento con la proposición de que el suicidio es mítica y militarmente congruente.


EL CASO de la "MUERTE LIBRE" de ADOLF HITLER
por John Nugent
Septiembre de 2007



     En la edición de Mayo-Junio de 2007 de The Barnes Review, Harry Cooper, presidente de Sharkhunters, una respetada organización que estudia la guerra submarina, informó acerca de una carta del espía español don Ángel Alcázar de Velasco que afirmaba que Martin Bormann drogó a su jefe, Adolf Hitler, en Mayo de 1945 y escapó a Sudamérica. Hitler fue, en efecto, secuestrado por su propio pueblo. Sin embargo, un punto de vista alternativo es fuertemente argumentado por el autor nacionalista estadounidense John Nugent, que dice que Hitler en efecto se suicidó realmente en el búnker.



     Muchos "nazis" y hombres SS huyeron realmente a Sudamérica, a España o a países árabes para evitar la cárcel, la tortura y la muerte. Sin embargo, los hechos apuntan al suicidio (Selbstmord) de Hitler o, como los alemanes podrían llamarlo, Freitod ("muerte libre"), una palabra positiva para un suicidio honorable, como lo fueron las decisiones de una "muerte libre" tomadas por Eva Braun y por Joseph Goebbels y su esposa Magda.

     La decisión de Hitler estaba completamente de acuerdo con su carácter y su estrategia para la resurrección de su movimiento: morir honorablemente como un comandante en Berlín, mientras su régimen, su ejército y su pueblo estaban pereciendo por él, y nunca rendirse o arrancar de ello.

     ¿Puede la Freitod ser una declaración suprema de heroísmo, desafío y dignidad, incluso para las generaciones por venir? En muchos casos a través de toda la Historia, la Freitod ha demostrado ser la declaración última para inspirar a otros a mantenerse en su puesto, sin importar lo que suceda.

     David Irving tiene el récord entre los historiadores por sus entrevistas de primera mano con los hombres, o las viudas de los hombres, que hicieron la historia en el Tercer Reich o que ayudaron como soldados jóvenes a aquellos que la hicieron.

    En su maciza obra de 1995 "Goebbels: Cerebro del Tercer Reich" [Goebbels: Mastermind of the Third Reich], Irving reporta, basado en tales entrevistas y en los propios voluminosos diarios privados de Goebbels, especialmente durante los últimos meses de la guerra, que según dichos diarios:

     «Hitler especulaba: "Yo pensaría que es mil veces más cobarde acabar con mi vida en el Obersalzberg [Berchtesgaden en los Alpes bávaros] que hacer una última resistencia y morir en batalla aquí [en Berlín] (p. 915).

     Y en cuanto a la reflexión de Hitler acerca de su propia imagen en la Historia:

     «"Mejor luchar honorablemente hasta el amargo final que vivir durante unos meses o años en desgracia y deshonra". Si lo malo llega a lo peor, y el Fuehrer muere de una muerte honorable en Berlín, y Europa se hace bolchevique, luego en cinco años como máximo el Fuehrer se habrá convertido en una figura legendaria y el Nacionalsocialismo en un mito santificado por un último gran final, y todos sus errores mortales que son criticados hoy habrán sido borrados instantáneamente» (p. 916).


HITLER ELOGIÓ EL HARA-KIRI

     Hay que recordar que en el "Testamento Político" de Hitler del 30 de Abril de 1945, él específicamente elogia a aquellos que luchan hasta la muerte, sobre todo en la marina alemana. Él indudablemente estaba pensando en el comandante del acorazado Graf Spee, capitán Langsdorff, quien eligió el suicidio en Diciembre de 1939 después de rendir su tripulación y destruír su barco, y en el capitán Ernst Lindemann del Bismarck en Mayo de 1941.

     Él también quizás estaba pensando en los 10.000 funcionarios del NSDAP, el partido de Hitler, que se suicidaron, a menudo con sus familias, para evitar ser torturados y asesinados por los soviéticos o por los Aliados occidentales.

     Hitler no viviría para verlo, pero dentro de una semana después de su muerte (comenzando el 7 de Mayo de 1945) los alemanes en la Sudetenland, ahora nuevamente parte de Checoslovaquia, se estaban suicidando por miles; probablemente el 3% de todos los alemanes de dicha zona (quizá 60.000) se suicidó para evitar el destino aún más satánico que entonces estaban experimentando sus compatriotas étnicos.

* * * *

     ¿De quién realmente fue Hitler más cercano en los últimos 15 años de su vida? Se pueden dar razones de que fue de la hermosa, brillante y dedicada nórdica Magda Goebbels, nacida como Magda Ritschel en 1901.

     La madre de ella, divorciada cuando Magda tenía 3 años, volvió a casarse dos años más tarde con un hombre judío llamado Richard Friedlander. Magda se casó con el multimillonario Gunther Quandt en 1921. Magda finalmente llegó a despreciar estar casada con Quandt y se divorció de él en 1929, pero ellos permanecieron en términos amistosos.

     Magda comenzó a ser cortejada otra vez y estuvo a punto de casarse con un señor Hoover, sobrino del Presidente estadounidense Herbert Hoover, pero ella estaba demasiado ocupada con su nueva libertad, de modo que dijo que nunca se casaría otra vez. En ese punto de su vida ella se interesó en el Nacionalsocialismo.


     Un día, mientras aún no estaba casada con Joseph Goebbels, ella fue presentada a Hitler en un té en el Hotel Kaiserhof [en Berlín]. Tanto Goebbels como Otto Wagener, que era un miembro cercano del séquito de Hitler, arreglaron esa invitación para Magda. Incluso a primera vista, Frau Quandt (Magda) "dio una excelente impresión", escribió Wagener.

     «Ella [tenía] unos luminosos ojos azules y manos muy cuidadas. Ella estaba bien vestida, pero no en exceso. Ella parecía tranquila en sus movimientos, confiada, segura de sí misma, con una atractiva sonrisa. Estoy tentado de decir "encantadora". Yo noté el placer que Hitler recibió del inocente alto espíritu de ella. También noté cómo sus grandes ojos estaban fijos en la mirada de Hitler».

     Hitler más tarde le contó a Wagener cuán encantado estaba él con ella. Hitler posteriormente se enteró por el resto de su grupo que había visitado el departamento de Magda, que Goebbels había vuelto allí después de la medianoche y había entrado él mismo con su propia llave, un signo inequívoco de intimidad. Según Wagener, Hitler dijo de Magda:

     "Esta mujer podría desempeñar un importante papel en mi vida, incluso sin estar casado con ella. En todo mi trabajo, ella podría representar la contraparte femenina de mis instintos unilateralmente masculinos. Es muy malo que ella no esté casada. En efecto, si ella estuviera casada con alguien [parecido a mí] que estuviera... casado con la política, podría permitirme una intimidad platónica con ella, de una profundidad imposible de lograr con una mujer soltera".

     Hitler dependía del apoyo político de las mujeres. Casi la mitad de aquellos que votaron a favor del NSDAP eran mujeres. Con cinismo él una vez comentó del bello sexo: "Las mujeres siempre votarán a favor de la ley y el orden y de un uniforme; usted puede estar seguro de ello".

     Algunos incluso creen, incluyendo a Otto Wagener (un temprano partidario de Hitler, consejero económico y general de la Segunda Guerra Mundial que escribió sus memorias en 1946, publicadas como Hitler: Memorias de un Confidente, 1987), que Magda se casó con —y luego toleró a— el talentoso pero egocéntrico Joseph Goebbels en 1931 sobre todo para estar cerca de Hitler y ayudarlo de cualquier modo posible. (Hitler en verdad retiró algo de su favor al ministro de Propaganda después de que sus aventuras con actrices se hicieron conocidas en los años '30).

     Finalmente, Magda se determinó a hacer "el mayor compromiso", y se casó con Goebbels en Diciembre de 1931. Hitler fue uno de sus dos testigos de boda. El valor de ella para el Partido fue rápidamente reconocido. Ella pronunció el primer discurso transmitido del Día de la Madre en Mayo de 1933, justo después de que el Partido consiguió el poder. "La madre alemana por instinto debería colocarse al lado de nuestro Führer", declaró esa madre de ojos azules que iba a tener seis hijos de su marido.

     Es bien sabido que Hitler era muy cercano emocional y espiritualmente a la esposa de Joseph Goebbels, y a sus niños; a él le gustaba especialmente balancear a su hija Helga en su rodilla. Helga más tarde se convirtió en una clásica belleza teutónica de pelo oscuro.


     Justo antes de que Hitler eligiera la muerte libre, él se sacó su propio histórico broche del Partido NSDAP y lo fijó en la blusa de Magda.

     De esta manera, puede ser revelador de los mecanismos internos de la mente de Hitler leer un comentario de Magda Goebbels, ya cerca del final, encontrado en Irving:

     «En Dresden, Magda visitó a [su ex-cuñada Eleanore] "Ello" Quandt en el sanatorio Ciervo Blanco. "Las nuevas armas serán nuestra salvación", animó ella a su cuñada [aludiendo a los cohetes V2, aviones a reacción y otras invenciones del Tercer Reich], y luego con aire de culpabilidad se desdijo: "No, estoy hablando tonterías. No hay nada más. La derrota de Alemania es sólo una cuestión de semanas". Eleanore preguntó qué pretendía hacer ella. "Vamos todos a morir", contestó Magda. "Pero por nuestra propia mano, no por la del enemigo"» (p. 894).

     Ellos habían sido los líderes del Reich, explicó ella; ellos no podían esquivar la responsabilidad ahora. "Hemos fracasado".

     Por supuesto, tal opinión estaría en armonía con el "principio del Fuehrer" (Führerprinzip) que Hitler enunció en Mein Kampf: el líder tiene plena autoridad para actuar, y plena responsabilidad por el resultado. Y, cualesquiera fuesen las circunstancias atenuantes, como luchar una guerra contra probabilidades internacionales aplastantes y la traición interna, el Tercer Reich realmente perdió la guerra.

    ¿Por qué Joseph y Magda Goebbels se unieron a Hitler en Berlín, eligiendo también el suicidio (y matando a sus hijos) el 1º de Mayo de 1945, si Hitler, el día antes, el 30 de Abril, había escapado a Sudamérica?.

     ¿Por qué se habría unido Eva Braun a Hitler en Berlín, casádose con él y luego tomado veneno, si él hubiera dejado detrás a un doble y se hubiera ido a Sudamérica? Su amante durante 12 años ¿hubiera sido convencida durante la tarde del 30 de Abril de 1945 a las 15:30 horas cuando ella y "Hitler" se retiraron a sus cuartos privados para terminar sus vidas si "Hitler" hubiera sido un impostor?.


HITLER QUERÍA MORIR EN COMBATE

     El día antes de aquello, el 29 de Abril, con la División de Guardias de Stalin disparando directamente contra la una vez hermosa cancillería del Reich —al fondo de la cual estaba localizado su búnker—, Hitler declaró que su preferencia era morir en combate real contra el enemigo violador y torturador, y no por su propia mano. De hecho, el autor estadounidense y líder activista Blanco Matt Koehl de Wisconsin dice que el piloto de Hitler, Hans Baur, le contó que Hitler, retrospectivamente, lamentaba que él no hubiera muerto ya, luchando con sus hombres en Stalingrado (véase el texto Dos Testigos del Búnker Hablan, al final de este artículo).

     Había tres graves problemas con Hitler saliendo con una ametralladora o un rifle y granadas de mano o un Panzerfaust (bazuca) y enfrentando a los bárbaros soviéticos.

     Primero, físicamente, el Hitler de 56 años, que había servido como jefe de Estado durante los 13 años anteriores, seis de ellos en tiempos de guerra, no era el hombre que había sido hasta un año antes. (Incluso los Presidentes estadounidenses que nunca han afrontado una guerra desastrosa en su propio suelo pueden envejecer de manera visible y tremenda en sólo cuatro años o menos, producto de la tensión del alto cargo).

     Las manos de Hitler temblaban violentamente hacia el final, probablemente por la enfermedad de Parkinson; ciertamente él estaba bajo una enorme tensión debido a los desastres militares y humanitarios que su nación estaba sufriendo desde Stalingrado (Enero de 1943), y a consecuencia de la tentativa de asesinato del 20 de Julio de 1944 por el conde Von Stauffenberg, una explosión de bomba que mató a tres participantess que estaban junto a él y que temporalmente lo cegó, ensordecido e hirió.

     Segundo problema: Hitler muy lógicamente temía ser simplemente dejado aturdido en el combate y luego capturado, para tortura y muerte, posiblemente después de un juicio-espectáculo, como en efecto le sucedió a la mayor parte de su Gabinete en Núremberg entre 1945 y 1946.

     Tercer problema: de resultar muerto en combate, su cuerpo podría ser profanado, como él sabía que había ocurrido con Mussolini. Justo el día antes, el 28 de Abril de 1945, el cuerpo de Mussolini había sido colgado cabeza abajo de un gancho carnicero, junto con el de su amante, en una gasolinera de Standard Oil en la "Plaza de los 15 Mártires" de Milán. (Una docena de hombres del personal del Duce habían sido baleados por la espalda también. El cadáver de Mussolini, con sus brazos colgando, fue abusado por una turba comunista).

     Todos estos tres problemas con respecto al deseo natural de Hitler de salir a enfrentar una muerte en combate eran lógicamente insuperables. Sin tener en cuenta el fuerte deseo de Hitler de morir al "estilo John Wayne", por así decir, una "muerte libre", con el cuerpo quemado más tarde con 180 litros de gasolina encendida por el ayudante SS Heinz Linge y/o el chofer Erich Kempka, era del todo la única garantía absoluta de evitar completamente un espectáculo humillante.

     Goebbels eligió esa solución: suicidio y luego incineración. Morbosamente y típicamente, los medios Aliados de comunicación se deleitaron con la exposición de las fotos generadas por los soviéticos de su cadáver ennegrecido y carbonizado.

     En cuanto a por qué los soviéticos no mostraron fotos de Hitler y de su nueva esposa Eva Braun-Hitler quemados, el paranoide Stalin estaba convencido entonces, y durante años a partir de entonces, de que Hitler había escapado. Él quiso que todas las tropas y autoridades soviéticas, y los Aliados occidentales, siguieran buscando a Hitler por todo el mundo.

     Uno puede decir, con el gran psicólogo suizo Carl Jung, que Stalin estaba "proyectando" sus propios anti-valores. Stalin en efecto habría escapado y hubiera hecho matar a un doble para cubrir su rastro. Era típico de Stalin, por ejemplo, haber estado sentado durante los fuertes enfrentamientos de la Revolución bolchevique y la guerra civil (1917-1920) como el redactor del Pravda y como miembro del Politburó, dejando a León Trotsky llevar a cabo la lucha (y a su debido tiempo, como un paciente jugador de ajedrez, hacer expulsar a Trotsky del Partido Comunista de la URSS y finalmente hacerlo asesinar). Sólo una maliciosa comparación de los caracteres y valores de Hitler y Stalin hace de un escenario con Hitler arrancando mientras su pueblo muere, algo incluso remotamente probable [1].

[1] El siguiente resumen del papel de Trotsky en 1917 fue dado por el propio Stalin en el diario Pravda (6 de Noviembre de 1918): "Todo el trabajo práctico en relación a la organización del levantamiento fue hecho bajo la dirección inmediata del compañero Trotsky, presidente del soviet de Petrogrado. Puede ser declarado con certeza que el Partido está en deuda, primaria y principalmente, con el compañero Trotsky por la rápida inspección de la guarnición del lado del soviet y por la eficiente manera en la cual fue organizado el trabajo del Comité Revolucionario Militar".

     Para un hombre como Hitler, que toda su vida había sido un maestro de la psicología de masas, su final tenía que ser dignificado e imponer respeto, y por una importante razón: Hitler creía en la eventual resurrección de su causa, pero sólo si sus actos finales, y la resistencia final del Reich, eran intachables.


LA RENDICIÓN DE PAULUS

     Por esta razón, Hitler se indignó por cómo el general Friedrich Paulus en Stalingrado había terminado su derrota allí con el desastre aún peor de la rendición. Hitler había ordenado que el Sexto Ejército luchara literalmente hasta el final, al estilo del inmortal Leonidas y sus 300 espartanos, o, como dos años más tarde, los japoneses en Iwo Jima y Okinawa. Él había promovido a Paulus al rango de mariscal de campo el 30 de Enero de 1941, ya que nadie de aquel grado se había rendido alguna vez antes, y promovió a otros 118 oficiales también. Pero Paulus se rindió, sucio y sin afeitar.

     La posición de Hitler era clara: los soldados deberían haber "cerrado filas, formádose como un puercoespín y disparádose a sí mismos con sus últimas balas". (Los japoneses harían cosas similares en las cuevas del monte Suribachi en Iwo Jima).

     El 1º de Febrero Hitler dijo al general Zeitzler que él pensaba favorablemente de aquellos oficiales que en Stalingrado habían elegido el suicidio:

     «¡Cuán fácil es hacer aquello! Y un revólver lo hace fácil. Que cobardía tener miedo de eso. Mejor es ser sepultado vivo... Y en una situación como ésa Paulus sabía bastante bien que su muerte pondría un verdadero ejemplo para el comportamiento en los otros sectores del frente. Pero cuando él pone un ejemplo como su rendición, difícilmente se puede esperar que otros continúen luchando... Él podría haber salido de este valle de lágrimas y entrado en la eternidad, y podría haber sido inmortalizado por la nación. Pero él prefirió ir a Moscú. ¿Qué tipo de opción es ésa? No tiene ningún sentido en absoluto» [2].

[2] John Toland, Adolf Hitler, Nueva York, 1976, volumen. II, p. 834.

     Los soviéticos inmediatamente pusieron manos a la obra, poniendo en llamas el viejo edificio de la guarnición militar soviética, que los alemanes habían convertido en un hospital.

     Cientos de heridos fueron quemados hasta la muerte. Los soldados rusos recorrían la ciudad tomando prisioneros y despojándolos de sus objetos de valor. En un sótano al Norte de la Plaza Roja en Stalingrado, 50 alemanes heridos fueron empapados con gasolina y convertidos en antorchas humanas. Después de que todo había terminado, 91.000 alemanes se habían rendido y fueron en general privados de comida entonces y hechos trabajar hasta la muerte en el gulag. Sólo 5.000 retornaron a Alemania en 1955.


A CARGO HASTA EL FINAL

     El cumplimiento de las órdenes era tan importante para Hitler que él ordenó que el oficial SS desertor Hermann Fegelein fuera ejecutado el 29 de Abril de 1945, y él era el cuñado de Eva Braun. En su Testamento Político del 30 de Abril, el día en que él murió, Hitler expulsó a sus socios de mucho tiempo el mariscal Hermann Goering y al jefe de las SS Heinrich Himmler tanto del Partido como del gobierno por sus contactos no autorizados con los Aliados occidentales, Gran Bretaña y Estados Unidos.

     Previamente, él había despojado de honores especiales al general Waffen-SS Sepp Dietrich (muy popular dentro de las Waffen-SS) y a su División por no cumplir adecuadamente una orden en una batalla en Hungría; Dietrich había estado con Hitler durante 17 años, desde 1928, y era un portador de la Cruz de Caballero con hojas de roble, espadas y diamantes. (Cuando Dietrich murió en 1966, 7.000 compañeros asistieron a su funeral).

     Theo Junker, el ex-soldado Waffen-SS de la división Viking que levantó un monumento conmemorativo de Hitler y las Waffen-SS en su granja en Wisconsin (véase The Barnes Review de Mayo-Junio de 2007), dijo a este escritor en Mayo de 2007 que mientras él estuvo en un campo británico para prisioneros de guerra de la SS y de las Waffen-SS en Neuengamme después de la guerra, él encontró a un antiguo telefonista SS del Führerbunker, el cual le dijo que Hitler estaba básicamente sereno, tranquilo y controlado, y completamente al mando hasta su último día. A pesar de toda la tensión, a él nunca le colapsaron los nervios, dijo Junker citando a dicho hombre.

     Por estos motivos, es difícil imaginar cómo Martin Bormann, un hombre excepcionalmente subordinado a Hitler, aunque despótico con respecto a otros, podría haberse atrevido a drogar y secuestrar a Hitler y llevárselo de alguna manera desde el rodeado Berlín hasta un submarino (y de allí a Sudamérica). Una vez que Hitler hubiera vuelto en sí, él habría hecho pegar un tiro a Bormann en principio si él tuviera a algún guardia SS con él, o él mismo se habría pegado un tiro. (El 30 de Junio de 1934 Hitler personalmente arrestó, y luego hizo fusilar, a su amigo de mucho tiempo Ernst Roehm).

     No puede haber ningún cuestionamiento del coraje de Hitler para involucrarse en un acto final de combate o terminar con su propia vida. El dos veces merecedor de la Cruz de Hierro en la Primera Guerra Mundial, como lo han reconocido hasta los historiadores ingleses más hostiles y alemanes de la posguerra, fue un hombre de coraje ejemplar durante 1914-1918.

     Como el escritor-activista británico Michael Walsh escribió en su artículo Hitler's War Record:

     «Werner Maser, el antiguo jefe del Instituto de Historia Contemporánea de la Universidad de Múnich, aunque muy hostil a Hitler, escribió una larga biografía neutral llamada Hitler, Leyenda, Mito y Realidad (1971). El registro objetivo es claro: "Los registros de campaña de guerra de Hitler, sus condecoraciones, heridas, períodos en el hospital e inactivos, están totalmente documentados. Además hay pruebas que muestran que él era amistoso, de buen juicio y un soldado excepcionalmente valiente, y que varios sus oficiales al mando lo destacaron para una mención especial...".

     «Y en 1922, en un tiempo en que Hitler era todavía desconocido, el general Friedrich Petz resumió la apreciación del Alto Comando del caballeroso y modesto cabo como sigue:

     «"Hitler era rápido de mente y cuerpo, y tenía una gran capacidad de resistencia. Sus cualidades más notables eran su coraje personal y atrevimiento que le permitieron afrontar cualquier situación de combate o peligrosa que fuese".

     «Incluso aquellos historiadores menos favorablemente dispuestos hacia Hitler, como Joachim Fest, concedieron que "Hitler era un soldado valeroso y eficiente, y fue siempre un buen camarada". El mismo historiador notó:

     «El coraje y la compostura con los cuales él afrontó el fuego más mortal lo hacían parecer invulnerable a los ojos de sus camaradas. "Mientras Hitler esté cerca de nosotros, nada nos sucederá", repetían ellos. Parece que aquello causó una profunda impresión en Hitler y reforzó su creencia de que él había sido encargado con una misión especial...

     «Incluso Sebastian Haffner, un escritor judío y fanático odiador de Hitler, se vio obligado a confesar que "Hitler tenía un coraje feroz no igualado por nadie en ese entonces o desde entonces"...

     «El heroísmo de guerra de Hitler es un asunto que está registrado, y fue sólo cuando él entró en política que fue alguna vez puesto en duda, en un intento de contener su creciente popularidad. Típicamente, sin embargo, sus detractores se vieron obligados a retractarse y a pagar los daños».

(http://euromanuk.blogspot.com/2008/07/hitlers-war-record.html)


     En su voluminoso y hostil libro, Hitler 1889-1936: Hübris (Nueva York, 1999), el primer volumen de su biografía de Hitler en dos partes, el profesor Ian Kershaw reconoce (p. 88):

     "De acuerdo a todas las indicaciones, Hitler era un soldado comprometido, más bien que simplemente concienzudo y obediente, y no carecía de coraje físico. Sus superiores lo tenían en alta estima. Sus camaradas inmediatos, principalmente el grupo de transmisores de mensajes, lo respetaban y, parece, incluso estimaban mucho su persona...".


WAGNER Y LA MUERTE DEL HÉROE

     Es bien sabido que Hitler adoraba las óperas heroicas de Richard Wagner, y había una adoración mutua entre Hitler y la siguiente generación de la familia Wagner que dirigía los festivales en Bayreuth en Baviera [3].

[3] Winifred Wagner (1897-1980), quien estaba en términos muy cercanos con Hitler, también saludó cariñosamente al líder neo-nacionalsocialista estadounidense Matt Koehl, cuyo sitio web es www.theneworder.org

    Lo que es menos conocido —aunque muy probable— es que Richard Wagner fue la influencia primaria en la visión de Hitler acerca de cómo debería morir un líder germánico.


     En Octubre (o Noviembre) de 1906 Hitler, entonces de 17 años (él nació en 1889 en Austria, en Braunau junto al río Inn, la frontera entre Austria y Alemania), vivía en Linz, la capital de Austria superior, y con su cercano amigo de niñez August Kubizek, que estaba estudiando música, ellos fueron a ver una interpretación de la ópera más temprana de Wagner (1840), Rienzi, der Letzte der Tribunen (Rienzi, el Último de los Tribunos) [4].

[4] Escrita en 1840, la ópera Rienzi fue primero representada en 1842.

     Él había estado asistiendo "religiosamente" a producciones de óperas de Wagner en el Teatro de la Ópera de Linz, y dijo a Kubizek que él había leído todo lo que el maestro escribió (incluída su monografía "anti-semítica" de 1850, La Judería en la Música).

     En 1953, ocho años después de la muerte de Hitler, Kubizek publicó el único extenso relato de primera mano acerca de Hitler adolescente: Adolf Hitler, Mein Jugendfreund [5]. La mayor parte de ello ha sido desde entonces documentado, y los errores parecen pocos y triviales. Kubizek siguió con su música y consiguió un trabajo en el Servicio Civil local; él nunca se integró al NSDAP, y él y Hitler se vieron sólo unas pocas veces durante el Tercer Reich, y en una oportunidad para un festival de Wagner en Bayreuth.

[5] PDF en castellano, Hitler, Mi Amigo de Juventud, en http://www.mediafire.com/download/y4ckjf0s505vtzl/Agust+Kubizek+-+Hitler+mi+Amigo+de+Juventud.pdf

     Por este y otros motivos su libro ha sido considerado justo, imparcial y muy revelador tanto por los Hitlerófobos como por los Hitlerófilos. Y revela cómo Wagner se convirtió en la fuente primaria para los valores de Hitler de heroísmo racial y comunidad racial.

     Si bien muchas óperas de Wagner presentan a un héroe que muere (principalmente Siegfried en Götterdämmerung, El Crepúsculo de los Dioses, literalmente apuñalado en la espalda por Hagen, y Parsifal, en la ópera del mismo nombre), está claro de acuerdo al libro de Kubizek que la temprana ópera wagneriana Rienzi fue la experiencia formativa crítica, un místico punto decisivo, en la vida del joven Hitler [*], sólo unos meses antes de que su querida madre Klara recibiera el diagnóstico de cáncer que privaría a Hitler de su última ancla en el mundo de las preocupaciones mundanas: dinero, carrera, mujeres y pasatiempos.

[*] Dice en la famosa enciclopedia electrónica que las partituras de las primeras representaciones de Rienzi se perdieron en el bombardeo de Dresden, en 1945, y el manuscrito original, que había sido regalado a Hitler por la familia de Wagner en 1939 para el quincuagésimo cumpleaños del Führer, desapareció con él en el Führerbunker tras la toma de Berlín. NdelT.

     Primero, un resumen del argumento: Cola di Rienzi, una popular figura real italiana medieval (1313-1354), burla y derrota a la corrupta y egoísta nobleza romana y a sus seguidores y eleva el poder del pueblo, soñando con restaurar la República romana y sus glorias, desaparecidas hacía mucho tiempo. Magnánimo al principio, él se ve obligado por los acontecimientos a aplastar la rebelión de los nobles contra el poder del pueblo, pero la opinión popular cambia y hasta la Iglesia, que lo ha instado antes a imponerse, se vuelve contra él. Al final el pueblo quema el Capitolio, en el cual Rienzi y unos pocos adherentes han hecho una última resistencia; él muere con su querida hermana y el amante de ésta a su lado.

     Específicamente, hay repetidos y serios intentos de asesinato contra Rienzi. Al final, Rienzi escucha una maldición y ve a los dignatarios eclesiásticos colocar la excomunión contra él sobre las puertas. Adriano se apresura a ir donde Irene, la hermana de Rienzi, para advertirle del peligro que corría su hermano, y le solicita que busque seguridad con él mismo, y le propone huír. Ella, sin embargo, lo rechaza, y busca a su hermano, determinada a morir con él, si fuese necesario.

     Ella lo encuentra rezando en el Capitolio, pero rechaza su consejo para que ella se salve con Adriano. Rienzi apela al pueblo enfurecido, que se ha congregado alrededor del Capitolio, pero ellos lo ignoran. Ellos incendian el Capitolio con sus antorchas, y lanzan piedras sobre Rienzi e Irene. Cuando Adriano ve a su amada y su hermano condenados a la muerte en las llamas, él arroja su espada, se dirgie al Capitolio y perece con ellos.

     Para cualquiera que esté familiarizado con los últimos días de Hitler con su círculo interno en Berlín, dicha ópera en verdad le parece profética.–



DOS TESTIGOS del BÚNKER HABLAN
por Matt Koehl


     Fue la buena fortuna de este escritor haber conocido a dos individuos muy notables de la Alemania Nacionalsocialista: el piloto personal de Hitler, Hans Baur, y el jefe de la Hitlerjugend (Juventud Hitleriana), Arthur Axmann.

     Ambos hombres fueron cercanos al Führer y estuvieron con él en el búnker al final de la Segunda Guerra. Como testigos oculares ellos estuvieron por lo tanto en una posición única para relatarme las circunstancias que rodearon la partida del líder de esta Tierra.


     En base a sus testimonios, no puede haber duda de que Hitler decidió permanecer hasta el mismo final en solidaridad con los valientes defensores de Berlín. En las muchas horas de conversación que tuve con esos dos hombres, nunca hubo la más mínima sugerencia de que Hitler alguna vez contemplara abandonar su puesto en la línea del frente y huír. Siquiera haber planteado dicha posibilidad los habría asombrado, y hubiera sido considerada con absoluta incredulidad, como algo apto sólo para los periódicos populares de noticias.

     Que Martin Bormann pudiera haber hecho drogar a la fuerza al Fuehrer y haber salido apresuradamente de la capital del Reich es un cuento sin fundamento creíble. Menos de una hora antes de su muerte, un Hitler completamente tranquilo y racional se reunió para despedirse tanto de Baur como de Axmann, así como de otros miembros de su personal y círculo inmediato, incluído Martin Bormann. Un breve tiempo más tarde, el cuerpo de Hitler fue llevado a la pira funeraria fuera del búnker, donde fue entregado a las llamas y, a pesar de rumores contradictorios, nunca más fue visto.

     En la irrupción [soviética] que siguió, Bormann huyó, en compañía del secretario de Estado Werner Naumann, un médico de la SS, Ludwig Stumpfegger, y Baur. Completamente rodeados por los soviéticos en la ardiente caldera, los hombres estuvieron bajo un intenso fuego de artillería y armas cortas, y Bormann y Stumpfegger resultaron muertos. Axmann recordó haber visto personalmente los rostros de sus cuerpos que yacían bajo el puente donde la Invalidenstrasse cruzaba las líneas del ferrocarril.

     Hans Baur mencionó que los rumores más tempranos de que Hitler había abandonado Berlín circularon en Marzo de 1945, y especuló que aquéllos fueron deliberadamente difundidos por los Aliados para desmoralizar a la población alemana.

     Si Hitler hubiera decidido abandonar Berlín, él por supuesto bien podría haberlo hecho antes de que los últimos aviones partieran y la ciudad fuera sellada. Pero Hitler había tomado la decisión de resistir y caer en su puesto en la capital del Reich, y no en algún otro reducto sugerido. Hitler no se retiraría en adelante.

     En los años inmediatos de la posguerra, hubo muchos que sostuvieron la esperanza de que el Führer pudiera estar de alguna manera físicamente vivo y volver a la manera de Napoleón desde Elba en 1815, para marchar en triunfo por la Puerta de Brandenburgo una vez más. Pero eso era pasar por alto la realidad geopolítica de 130 años más tarde.

     Incluso Stalin estaba convencido de que Hitler había escapado de algún modo, usando un doble. De hecho, el general SS Johann Rattenhuber [quien encabezó el cuerpo de guardaespaldas SS] había propuesto el uso de un doble, y había sugerido a alguien de la Silesia inferior como candidato. Hitler, sin embargo, descartó la idea entera como algo que podría ser digno del dictador soviético, pero no de él. Estando en cautiverio, Rattenhuber resultó revelar a los rusos el nombre y domicilio del doble, quienes se pusieron a rastrearlo.

     "Yo siempre me pregunté lo que pasó con aquel general", dijo Baur. "Después de eso, ninguno de nosotros oyó nada más".

     El Flugkapitaen [capitán de aviación] Baur relató que durante su cautiverio, los soviéticos —después de su fracaso en descubrir los restos del Führer— estaban tan obsesionados con la idea de que Hitler de alguna manera había logrado escapar, que él fue sometido a repetidos interrogatorios y torturas, en una tentativa de conseguir que él revelara el supuesto paradero del Führer.

     Si hubiera existido un plan estratégico para retirarse de Berlín a fin de reanudar la lucha militar más tarde, Hitler habría querido, junto con Joseph Goebbels, entre otros, tener precisamente a estos dos hombres con él: Hans Baur, como su piloto personal, y Artur Axmann, como coordinador de actividades insurgentes llevadas a cabo por la organización Werewolf dentro del Reich. Axmann de hecho había desarrollado planes tentativos provisionales para una tal insurrección, proyectos que fueron abandonados posteriormente como poco realistas bajo las circunstancias existentes.

     En una ocasión, el antiguo líder de la Juventud Hitleriana me dijo categóricamente: «Hitler estaba convencido de que él tenía que morir aquí en Berlín. Al mismo tiempo, él vio "la Idea" como tan grande que un día surgiría de nuevo».

     A pesar del desenlace histórico de los acontecimientos de 1945, del cual ambos fueron parte, Baur y Axmann permanecieron convencidos de la misión superior de su Führer. Ellos creían que el mundo no estaba preparado para esa extraordinaria figura, su jefe, y que él murió sólo para ganar al final, en el mismo sentido que uno podría decir que Jesucristo tuvo que "perder" y morir para ganar. Hasta el final, ellos permanecieron comprometidos con Hitler y con la causa que él todavía representa.–


     Matt Koehl (1935-2014) fue el líder de un grupo llamado The New Order. Después del asesinato del líder del American Nazi Party, George Lincoln Rockwell, en 1967, Koehl se hizo cargo del partido, renombrándolo como el National Socialist White People’s Party (NSWPP, Partido Nacionalsocialista de la Gente Blanca). En 1982 Koehl abandonó el nombre NSWPP a favor del nombre el "Nuevo Orden".




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