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lunes, 18 de julio de 2016

Eustace Mullins - La Maldición de Canaán (5)



     El libro The Curse of Canaan (1987) del investigador y difusor estadounidense Eustace Mullins, contiene como su capítulo Nº 5 el que ofrecemos a continuación en castellano (La Revolución Francesa), donde el autor revisa los hechos que ocurrieron en Francia durante las masacres de San Bartolomé, la Revolución francesa y el Régimen del Terror, y las administraciones posteriores, hasta Napoleón III, todo en el marco de la conspiración de origen cananeo que se ha valido de sociedades secretas y personajes influyentes para poder materializar sus fines, como el propio Mullins ha venido diciendo en todo este libro.




Capítulo 5

LA REVOLUCIÓN FRANCESA


     Es una tarea sombría para un escritor hacer la crónica de las terribles masacres que han sido infligidas al pueblo de Sem. Es incluso más inquietante saber que ahora mismo han sido trazados proyectos aún mayores y más completos para masacrar a dicho pueblo. Al hacer la crónica de los regímenes de Terror de la Revolución francesa, la Revolución bolchevique y la Revolución española, a los estadounidenses no se les está ofreciendo otro drama de televisión: a ellos se les está dando una visión anticipada de su propio futuro.

     Para aquellos que viajan por Francia hoy, los horrores de la Revolución francesa deben parecerles remotos en realidad. Al disfrutar de una cocina sin igual, visitar grandes castillos y ver las obras de arte que han hecho del nombre de Francia sinónimo de la creación de arte, es difícil imaginar que las calles y los ríos de esa nación alguna vez fluyeron con la sangre de inocentes, cuando miles de mujeres y niños fueron asesinados en ritos obscenos. Es por esta razón, quizás, que hasta hoy, los turistas —o mejor dicho, los extranjeros— son raramente bienvenidos en Francia. A lo más, ellos son tolerados en ese bello país. ¿No es debido eso a un sentido profundamente oculto de vergüenza, al deseo de ocultar un desagradable secreto de familia que hace que incluso los posaderos, tradicionalmente gente hospitalaria, mantengan una fría actitud de reserva cuando los turistas llegan agitando su dinero como una bandera? Eso es comprensible, porque la Revolución francesa, una de las tres grandes orgías de los cananeos adoradores de demonios y de la guerra durante la Historia moderna, puede haber visitado al pueblo francés como un deliberado castigo de Dios. Ese castigo habría sido en retribución directa por una de las atrocidades menos conocidas de la Historia europea, las masacres de los hugonotes durante los siglos XVI y XVII.

     Durante los dos siglos anteriores a esas atrocidades, el pueblo de Sem había provocado grandes cambios en la condición económica de la nación francesa, transformándola desde un Estado medieval al Imperio industrial más prometedor de Europa. A causa de sus grandes energías, inteligencia y capacidades, la gente de piel blanca de Sem había creado una enorme riqueza y progreso económico en Francia. Durante aquel período de explosivo crecimiento, la Francia de aquel día se parecía mucho a la Alemania de dos siglos más tarde, siendo muy productiva, extremadamente inventiva, y haciendo florecer la tierra y entregando sus frutos. Ese progreso, y la riqueza acompañante, fueron vistos con gran envidia, y también con temor, por los cananeos que manejaban gran poder en Francia.

     Como Nobleza Negra, éstos habían proporcionado los guerreros de Normandía que invadieron y conquistaron las islas británicas; ellos constantemente confabulaban para extender su poder y seguir su antiquísima guerra de exterminio contra el pueblo de Sem. A causa de su gran poder en los cargos más altos de la Iglesia, el Estado y el Ejército, los cananeos comenzaron a preparar el escenario para lo que se haría conocido como las Masacres de los Hugonotes. Ellos fueron capaces de conseguir un considerable apoyo para su plan de parte de la nobleza francesa que no era cananea, puesto que estaban alarmados por el poder económico conseguido por el pueblo de Sem, poder que, como ellos sabían, sería transformado pronto en poder político. Ellos también fueron atraídos por las promesas de oro y propiedades a ser ganados robando y asesinando al próspero pueblo de Sem.

     A causa de su sed de sangre y a su deseo constante de sacrificios humanos, los cananeos fueron capaces de convertir las Masacres de los Hugonotes en una gran orgía de asesinato ritual. Los niños eran agarrados y lanzados en grandes ollas para ser hervidos, o freídos en grandes sartenes, mientras las muchedumbres estaban aullando y deleitándose con el entretenimiento. Las familias eran arrastradas a las plazas en ciudades y pueblos para ser asesinadas una tras otra. A nadie le fue ahorrado el terrorismo de las muchedumbres, ni a ancianos ni a inválidos. Su propiedad era dividida entonces entre los instigadores que esperaban con impaciencia las matanzas, quienes se precipitarían para encontrar otras víctimas.

     El acto físico de matar familias enteras en ciudad tras ciudad no podía permanecer como un secreto, y una corriente de alarma barrió entonces a la nación. Muchos miles de hugonotes consiguieron huír, dejando sus posesiones detrás de ellos, particularmente aquellos de los distritos del Norte de Francia. Ellos fueron capaces de abrirse camino a través de las fronteras hacia los Países Bajos, donde ellos encontraron que eran apenas bienvenidos. La mayor parte de ellos se embarcó hacia las costas de Irlanda, y después de permanecer allí durante períodos tan prolongados como de cien años, ellos fueron capaces de navegar hacia las costas del Nuevo Mundo.

     Es apenas sorprendente enterarse de que los actos represivos contra los hugonotes comenzaron después de que Catalina de Medici se convirtió en regente, previo al acceso de Carlos IX al trono. Hemos notado ya que los Medici pagaron por la formulación de la doctrina del humanismo secular, cuando Cosimo de Medici estableció la Accademia en Florencia, centrando sus enseñanzas alrededor de la Kábala Cristiana. La Enciclopedia Británica dice del gobierno de Catalina en Francia: "Ella introdujo métodos italianos de gobierno, alternando entre concesiones y persecuciones, ambas por igual carentes de sinceridad".

     Catalina comenzó negociaciones con España para apoyar su planeada matanza de los hugonotes. El 28 de Septiembre de 1568 ella publicó el edicto que colocó a los hugonotes fuera de la protección de la ley, una invitación abierta para que comenzaran las masacres. En esa época, ellos constituían un décimo de la población de Francia. El hijo de Catalina, Carlos IX, comprendió que los proyectos de su madre serían una catástrofe para la nación, y entabló negociaciones con los líderes hugonotes, esperando evitar la matanza. Catalina, fiel a su herencia de Nobleza Negra, proyectó la masacre para que ocurriera mientras él convenientemente hacía reunir a los líderes. La célebre Masacre de San Bartolomé ocurrió el 24 de Agosto de 1572, durante la cual el líder hugonote, Coligny, y todos los hugonotes importantes fueron asesinados. La Enciclopedia Británica señala: "Esta fecha marca una época desastrosa en la historia de Francia. La masacre de París fue seguida de masacres a través de toda Francia. Una víctima fue el propio rey Carlos. Superado por el horror por las atrocidades cometidas por la tragedia de San Bartolomé, él expiró".

     Hay una fuerte probabilidad de que Catalina, sabiendo de la desgana de él para proseguir con la masacre de los hugonotes, y sus planes para hacerles concesiones, pueda haberlo envenenado. Esto, también, habría estado de acuerdo con su herencia de Nobleza Negra. El sucesor de Carlos, Enrique II, también murió violentamente; él fue asesinado por el monje Jacques Clement, quien creía que él también estaría poco dispuesto a seguir con las masacres de los hugonotes.

     El Edicto de Nantes, del 13 de Abril de 1598, fue un intento de revertir el proceso. Concedía a los hugonotes una carta garantizándoles libertad religiosa y política, pero muchos funcionarios la ignoraron, y siguieron las persecuciones. Las terribles Dragonadas (1663-1683) hicieron que muchos Protestantes fueran torturados hasta que ellos renunciaron a su fe. El 18 de Octubre de 1685 el rey Luis XIV declaró que el Edicto de Nantes había sido revocado. Como la Enciclopedia Británica comenta, "así fue cometida una de las equivocaciones políticas y religiosas más flagrantes en la historia de Francia, que en el curso de unos pocos años perdió a más de 400.000 de sus habitantes, hombres que, teniendo que elegir entre su conciencia y su país, entregaron a las naciones que los recibieron su heroísmo, su coraje y su capacidad".

     Fue la revocación del Edicto de Nantes, más que cualquier otro acontecimiento en la Historia, lo que puso a Estados Unidos en su futuro camino a la grandeza. Durante la Revolución estadounidense, y la redacción de la Constitución que siguió a su victoria, fueron los hugonotes los que predominaron en cada batalla y en cada deliberación. Las fortunas de Francia, por otra parte, se hundieron en una decadencia sostenida, de la cual nunca se han recuperado. En efecto, dicha nación posteriormente ha dado tumbos de un desastre a otro, no siendo el menor de los cuales las guerras napoleónicas, cuyos excesos desangraron a la nación de su más valientes y mejores hombres. E. E. Cummings, el poeta estadounidense, solía comentar de Napoleón: "Él recortó seis pulgadas [15 cms.] de la altura de cada francés".

     Desde la Masacre de San Bartolomé, Francia ha retrocedido desde su historia alguna vez orgullosa. Eso, por supuesto, fue un gran alivio para su rival histórico, Inglaterra, la cual no sólo aprovechó las ventajas ofrecidas por la decadencia francesa sino que parece haber planeado bastantes de sus posteriores desgracias.

     El índice de natalidad de Francia disminuyó, su dominio de los mares disminuyó, y la cantidad de sus invenciones disminuyó también. Más importante aún, ella nunca ganó otra vez una guerra. A pesar de los grandes éxitos militares de Napoleón, Francia perdió las guerras napoleónicas en Waterloo; ella fue derrotada por los alemanes durante la guerra franco-prusiana y las sucesivas guerras mundiales, siendo sus enemigos detenidos y vueltos atrás sólo por la llegada de tropas de Estados Unidos, muchos de ellos de ascendencia hugonote.

     Si Dios puede haber enviado el Régimen del Terror sobre el pueblo de Francia como castigo por las masacres de los hugonotes, fue también hecho inevitable por la ausencia de éstos. Con la influencia sobria e inhibidora de la gente hugonote removida de Francia, el camino ahora estaba abierto para cada exceso posible de los cananeos adoradores de demonios. Las orgías sexuales, los escándalos financieros y las intrigas extranjeras llegaron a ser hechos cotidianos entre los dignatarios de la Nobleza Negra, mientras los reyes de Francia, no viendo ninguna alternativa a "seguir la corriente", permitieron que reinase la licencia. No fue casual que Francia fuera el único país de Europa que experimentara una revolución importante en ese tiempo. Fue el único país en Europa en el cual el gobierno central había permitido ser vencido por los deseos de los peores elementos de la nación.

     Cada tipo de herejía prosperó en Francia. La ociosidad y la búsqueda del vicio eran dominantes en la mente de las personas, mientras la economía estaba siendo paralizada por un exceso de acciones judiciales, algunas de ellas litigadas generación tras generación, lo cual creó perturbaciones a través de toda la nación. Como en Estados Unidos hoy, el prejuicio y la tendencia dictaban cada decisión en los tribunales, y ese favoritismo llegó a ser una de las causas principales que contribuyeron al estallido de la Revolución.

     La putrefacción había llegado muy alto en la vid. El cuñado del rey, el duque de Orleans, fue llamado Felipe Igualdad debido a su cercana identificación con las nuevas fuerzas de "liberación". El duque había sido persuadido por Mirabeau para amalgamar la Logia Azul con el Gran Oriente de Francia; al mismo tiempo, Mirabeau y su mentor, Moses Mendelssohn, persuadieron al duque para que hiciera algunas inversiones arriesgadas, en las cuales, como ellos lo habían planeado, él perdió su fortuna. Hacia 1780 él debía 800.000 libras. El duque fue obligado a ceder su magnífico hogar, el Palais Royal, a prestamistas cananeos.

     Ellos contrataron a De Laclos para convertirlo en uno de los burdeles más sofisticados del mundo. Laclos trajo desde Palermo al conocido "conde" Cagliostro, quien había tomado el apellido de su madrina pero cuyo apellido original era Balsamo. Él era un Gran Maestro de los Caballeros Rosacruces de Malta, a los cuales él se había unido a la edad de 23 años. Él ahora estaba usando el Palais Royal como un cuartel central para la propaganda revolucionaria, imprimiendo miles de panfletos de los más incitadores, con los cuales él inundó París. La perdición del duque de Orleans había sido cuidadosamente planeada. Mirabeau había sido un parroquiano del salón de Henrietta Herz en Viena y en París; allí él había quedado bajo la influencia de Moses Mendelssohn, el fundador de la francmasonería. Él llegó a ser el principal instrumento de Mendelssohn y otros conspiradores, incluídos los Rothschild, para precipitar los acontecimientos de la Revolución francesa.

     En ese mismo tiempo, el gobierno de Inglaterra caía en las manos de Lord Shelburne, el célebre William Petty. El Primer Ministro inglés, William Pitt, también había sido dirigido hacia una posición donde él fue vencido por onerosas deudas; Petty y sus socios más cercanos pagaron las deudas de Pitt y, a cambio, dictaminaron las posteriores decisiones políticas de él. Lord Shelburne era el jefe del servicio de Inteligencia británico; como tal, él dirigió el curso de la Revolución francesa desde Londres. Una de las leyendas más persistentes ha sido el mito de Pimpinela Escarlata, un quijotesco aristócrata británico que arriesgó su cuello muchas veces para arrebatar a aristócratas franceses de la guillotina. Si tal persona alguna vez existió, él fue enormemente superado en número en Francia por la cantidad de agentes británicos de Lord Shelburne que debían ser encontrados allí, promoviendo los actos más atroces del Régimen del Terror desde detrás del escenario, a fin de asegurar que incluso si la nación francesa sobrevivía a la Revolución, nunca representara otra vez una amenaza para las ambiciones del Imperio británico. Éste resultó ser el resultado.

     Mirabeau más tarde fue superado por el desarrollo de la Revolución; en un momento de remordimiento, él conspiró para salvar al rey Luis de la guillotina. Para evitar un juicio público, él fue prontamente envenenado por los conspiradores, sellando así sus labios contra cualquier futura revelación de la identidad de los verdaderos autores de ese horror.

     En los días finales del rey Luis en el poder, fue decretada medida tras medida que sirviera para debilitar en adelante la autoridad de la Corona y alimentara el apetito de la muchedumbre. Por ejemplo, la Asamblea Nacional resolvió sentar un ejemplo suprimiendo la esclavitud. Según la Enciclopedia Británica, las medidas que ellos decretaron, prohibiendo cualquier venganza contra los esclavos, "pusieron el escenario para la terrible insurrección negra en Santo Domingo". De hecho, la población blanca entera fue asesinada, siendo sustituída por un gobierno negro que es hoy la nación más pobre del hemisferio occidental. La Asamblea también abolió la propiedad feudal en Francia, lo que violaba los derechos de ciertos príncipes en Alsacia, los que les habían sido garantizados por el Tratado de Westfalia.

     Los estadistas extranjeros vieron que Francia se estaba hundiendo en la anarquía, lo que les dio rienda suelta para perseguir sus propias políticas sin temor a alguna intervención francesa. El ministro de hacienda del rey Luis, el banquero suizo Necker, fue fiel a su herencia de intriga revolucionaria. Él deliberadamente persiguió políticas de inflación monetaria que provocaron un terible sufrimiento económico en Francia que posteriormente inflamó al pueblo. Se piensa que él inauguró aquellas políticas en obediencia a ciertos banqueros suizos que planeaban cosechar grandes ganancias del inminente colapso francés. Después de todo, era nada menos que el barón Rothschild el que aconsejaba a aquellos que deseaban hacerse ricos, que ellos deberían "comprar cuando hay sangre en las calles".

     El 10 de Octubre de 1789 Talleyrand propuso la confiscación de todas las tierras de la Iglesia en Francia. Se creía que ellas eran un quinto de toda la tierra francesa. Eso fue propuesto como una medida económica; los famosos assignats [papel moneda emitido por la Asamblea Nacional] fueron publicados contra esas tierras, en cantidad de 400 millones de livres, que fue aumentado más tarde a 1.000 millones 800.000 libras. Una vez hecho su trabajo, Necker entonces dimitió y dejó Francia en Septiembre de 1790. Durante los siguientes tres años de la Convención, más de 7.000 millones de libras fueron emitidos. Su valor cayó a un 1% de su valor nominal.

     La inspiración para la Revolución francesa puede ser remontada directamente a la doctrina del Humanismo Secular que había sido formulado en la Accademia de los Medici en Florencia, y que era sólo una versión moderrnizada de la Kábala. La colocación de los "intereses humanos" en primer lugar de todas las cosas creó el clima que hizo posible el guillotinamiento del rey Luis XVI. Después de negar a Dios, era un paso simple negar la autoridad de un monarca que gobernaba por derecho divino. Del humanismo neoplatónico promulgado por los Medici provinieron las sectas de los Rosacruces y de la francmasonería. La máxima de Sir Francis Bacon de que "conocimiento es poder" arrojó el guante a los poderes tradicionales de la Iglesia y del Estado, que fueron por lo tanto dejados de lado durante la Revolución. La doctrina baconiana lógicamente se desarrolló como el positivismo de Comte, quien declara que "Dios es sólo una abstracción; él no existe; sólo la Humanidad es real". La Ilustración de Descartes, sub-repticiamente ayudada por la secreta alianza entre Voltaire y Federico el Grande, masones ambos, condujo a Francia a los excesos de la Revolución.

     Los planes inmediatos para la Revolución francesa habían sido propuestos en la convención internacional de masones en Wilhelmsbad en 1781, una reunión que más tarde fue famosamente conocida como "el Convento". A ella asistieron siete hermanos de Inglaterra, incluyendo a Lord Shelburne, quien más tarde dirigió el progreso de la Revolución francesa desde Londres; Lessing, Mirabeau, Dohm, delegados de los Illuminati franceses, y Knigge, que representaba a Weishaupt. "El Convento preparó el terreno para la Revolución francesa" (A. Cowan, "X-Rays in Freemasonry", pp. 67-68). Había aproximadamente 2.000 logias en Francia en 1789, con más de 100.000 adeptos. La primera logia en Francia había sido establecida por Lord Derwenwater de Inglaterra, que preparó el terreno para la posterior influencia de Lord Shelburne y de la Inteligencia británica.

     Los funcionarios franceses pronto comprendieron que los assignats que habían sido emitidos contra las tierras de la Iglesia no eran negociables, y no podían ser usados en transacciones de bienes inmuebles, porque las tierras de la Iglesia podían ser restauradas, y ellos quedarían sin valor entonces; el pueblo rechazó aceptarlos. Los asuntos no mejoraron después de que la Asamblea aprobó leyes de severidad variable, imponiendo penas por rechazar aceptar los assignats como pago. Las penas iban desde el encarcelamiento hasta la pena de muerte. El firme rechazo de la clase campesina francesa para aceptar los assignats como pago por su grano condujo a que ellos fueran asesinados. Esas matanzas desencadenaron luego un Régimen de Terror a escala nacional.

     Tal como las previas Masacres de San Bartolomé, estas atrocidades habían sido previstas por ciertos actos "legislativos". Los Cahiers des Doleances [Cuadernos de Quejas y peticiones, que las asambleas adjuntaban a los diputados] negaban los impuestos y los beneficios clericales, negaban todos los derechos eclesiásticos a los bienes inmuebles —las tierras de la Iglesia que habían sido previamente confiscadas—, y negaban a la Iglesia cualquier privilegio financiero. Eso fue seguido el 4 de Agosto de 1789 por las resoluciones de los diputados que abolían todos los privilegios de individuos y grupos sociales, inaugurando la campaña formal de "des-cristianización", que duró desde Mayo de 1792 a Octubre de 1794. El 3 de Agosto de 1790 la Francia Revolucionaria dio plenos derechos a los judíos; dicha medida fue negada durante trece votaciones sucesivas, pero los masones lograron imponerla en el intento número catorce.

     La Asamblea misma se dividió en dos grupos rivales: los Girondinos de Burdeos, que preveían un tipo modesto de República federada; y las Secciones Parisienses, sentadas alto a la izquierda, y por lo tanto llamadas La Montaña. Desde aquel día los revolucionarios siempre han elegido la Izquierda como su lugar simbólico. La Montaña consistía en 48 secciones de la Comuna de París, conducida por Marat, y compuesta por pandilleros y criminales. La Asamblea entera de 655 miembros tenía entre sus miembros a 405 masones.

     Marat, cuya persona llegó a ejemplificar los excesos de la Revolución, había nacido en Suiza de un padre sardo y una madre suiza. Durante la década de 1770 él había viajado por Holanda e Inglaterra. En 1772 publicó en Inglaterra una obra llamada "Un Ensayo sobre el Alma Humana", un trabajo masónico cuyo énfasis estaba en el misticismo. Un segundo libro, "Las Cadenas de la Esclavitud", publicado en 1774, continuó su filosofía radical. Al igual que el revolucionario posterior Karl Marx, Marat siempre pareció encontrar apoyo en Inglaterra para su trabajo, principalmente entre los Hermanos Masónicos allí. A él le concedieron un grado en medicina en la Universidad St. Andrews, y abrió una consulta en Pimlico.

     En 1777 él volvió a Francia, donde se convirtió en el médico del conde de Artois, hermano del rey. Con un sueldo equivalente a 5.000 dólares por año, él vivía bien. Solicitó incluso un escudo de armas nobiliario. Él comenzó a gastar más de sus fondos en publicaciones, financiando un periódico radical, L'Ami du Peuple. A causa de esa actividad, él fue colocado pronto bajo vigilancia. Él entonces dimitió del servicio del conde de Artois, huyendo a Inglaterra, donde permaneció hasta 1790. Viendo que el clima revolucionario estaba maduro entonces para su trabajo, él regresó a Francia.

     Un conocido describió a Marat de la siguiente manera: "Marat tenía los ojos ardientes de una hiena, y estaba marcado por espasmódicas convulsiones de sus rasgos, y tenía un caminar rápido y corcoveante". Otra descripción ha llegado hasta nosotros: "Su semblante era parecido a un sapo en la forma, marcado por ojos saltones y una boca floja, su tez era de un matiz verdoso, cadavérico. Llagas abiertas, a menudo supurantes, adornaban su terrible fisonomía. Él no usaba calcetines, y sus botas estaban por lo general asquerosas". Su médico, el doctor Cabanes, dijo: "Eczema, en una de su más repugnantes y dolorosas manifestaciones... Un canal supurante corría desde su escroto hasta su peritoneo, enloqueciéndolo de dolor. Los dolores de cabeza, el dolor y la fiebre atormentaban su espíritu. Él soportó dolores intolerables en sus brazos y piernas". Cabanes concluyó que Marat estaba probablemente en las últimas etapas de la sífilis. Él por lo general llevaba puesto un pañuelo rojo sobre su grasiento cabello. Durante el apogeo de la Revolución, él se casó con Susanne Simone en El Templo de la Naturaleza, un espectáculo de Rousseault ante una ventana abierta. Ése era el aspecto de la criatura que engendró el Régimen del Terror.

     Con el poder de las Secciones Parisienses detrás de él, Marat se designó a sí mismo jefe de un Comité de Vigilancia. Él entonces arrestó aproximadamente a 4.000 personas, y la matanza comenzó. Era un domingo, el 2 de Septiembre de 1792, cuando las primeras víctimas, 24 sacerdotes, fueron conducidas a un jardín, uno tras otro, y muertos a palos. Aproximadamente 1.200 almas fueron asesinadas durante aquel Septiembre, siendo más de 150 muertas en el convento carmelita. Los asesinos negaban la conveniencia de las armas de fuego, quizá porque esas armas no existían en la época de su preceptor, Baal. Los asesinos preferían la mayor satisfacción de acabar con sus víctimas con hachas, palas y cuchillos. Un cronista de la época, Philippe Morice, escribió: "El canal corría rojo con la sangre de las pobres criaturas a quienes ellos estaban matando allí en la abadía. Sus gritos se mezclaban con los gritos de sus verdugos, y la luz que yo había vislumbrado desde el Sena era la luz de hogueras que los asesinos habían encendido para iluminar sus proezas". Las prisiones de Chatelet y la Conciergerie fueron invadidas simultáneamente por dos entrenadas bandas de asesinos, que se pusieron a matar a 225 víctimas en Chatelet y 328 en la Conciergerie.

     Un observador inglés, el doctor Moore, relató que las masacres eran el resultado de la planificación a sangre fría por parte de ciertos políticos. "El cañón fue disparado repetidamente, como una toxina para despertar al pueblo a su sangrienta tarea. Treinta y tres muchachos entre 12 y 14 años fueron asesinados en Bicetre". En Salpêtrière, muchachas de sólo diez años fueron puestas a la espada, según Mme. Roland, que dijo: "Las mujeres fueron brutalmente violadas antes de ser despedazadas por esos tigres".

     En las provincias, las masacres fueron realizadas por lunáticos, que parecían haber sido especialmente reclutados para ese propósito. El más célebre de los asesinos de masas era un tal Carrier, que se decía que estaba sujeto a desvanecimientos frecuentes, cayéndose al suelo, echando espuma por la boca, y aullando e intentando morder a cada uno como un animal. Él tenía un deseo obsesivo de torturar y matar a pequeños niños, como lo hizo su ayudante, el jorobado DuRel, un maníaco homicida que se deleitaba en matar niños pinchando repetidamente sus cuerpos con palos afilados. Esos dos locos juntaron a más de 500 muchachos y muchachas campesinos en un campo fuera de Nantes, donde los apalearon hasta la muerte, con la ayuda de inadaptados como ellos que ansiosamente se unieron a la matanza. Carrier era famoso por haber inventado los infames ahogamientos en el Loira: Grandes balsas con víctimas eran puestas a flote en el río, los tapones eran quitados entonces, y todos los que estaban a bordo se ahogaban.

     Aproximadamente 6.000 personas fueron muertas de esa manera. Carrier también celebró los ritos de los que llegaron a ser conocidos como "matrimonios republicanos". Los hombres y las mujeres eran desnudados, amarrados como parejas, y lanzados al río.

     Otro conocido loco, Lebas, en Arras primero ejecutó a 111 de los ricos que cayeron en sus manos, de modo que él pudiera incautar sus bodegas de vinos y sus joyas. Él entonces se estableció en una mansión requisada que dominaba la plaza de la ciudad. Cuando no hubo más ricos que detener, él comenzó a asesinar a los pobres, de los cuales había muchos. Él los hacía matar a palos en la plaza, mientras él y sus amigos miraban desde lo alto, celebrando con orgiásticos frenesíes.

     En Lyón, el 4 de Diciembre de 1792 Fouche ordenó que aproximadamente 200 hombres fueran amarrados juntos y fusilados con la metralla justo fuera de las murallas de la ciudad. El agente de Robespierre, Achard, fue un invitado a ese entretenimiento; él hizo un reportó a su superior: "¡Qué deleites hubiera saboreado usted si hubiera podido ver la justicia natural ejercida sobre 209 malnacidos! ¡Ah, qué majestad! ¡Qué tono tan elevado! Era emocionante ver a todos aquellos desgraciados morder el polvo. ¡Qué cemento será esto para nuestra república, sostenida al aire libre en la bóveda de la Naturaleza!".

     La Plaza Bellcourt contenía algunas de las más espléndidas mansiones de Francia. Ellas habían sido diseñadas por Mansart. Fouche las hizo volar en pedazos, una tras otra.

      Una inglesa liberal visitante, Helen Williams, describió el guillotinamiento de veinte muchachas campesinas de Poitou después de que ellas habían sido tomadas desde la Conciergerie. Poco después, la propia Williams fue arrojada en prisión. El Terror era genuino, no había duda de ello. Tampoco había ninguna duda, como el doctor Moore había observado, de que estaba siendo cuidadosamente tramado por políticos y financieros que tenían la intención de aprovecharse de ello. Los especuladores se derramaron desde Suiza y la Renania para beneficiarse de las regulaciones siempre cambiantes publicadas por la Asamblea. Teniendo conocimiento previo de esas medidas mediante una juiciosa distribución de sobornos, los especuladores hicieron enormes ganancias.

     El clima de terror fue incrementado por la presencia de espías por todas partes: agentes privados que trabajaban para amos invisibles; informadores del gobierno, espías de cada facción, y en todas partes las dementes tricoteuses [tejedoras], vestidas con harapos, mujeres que a menudo se sentaban [y tejían] delante de la guillotina, chillando de alegría por cada cabeza que rodaba a la calle, y que constantemente gritaban pidiendo más sangre. Las masacres fueron cuidadosamente organizadas por los Comités Revolucionarios, cuyos miembros eran selectivamente elegidos por los clubes jacobinos. Los jacobinos eran, todos, masones. Una Bush, en su importante obra "Las Sociedades Secretas y la Revolución Francesa" escribió: "El gorro frigio de los Illuminati se convirtió en el sombrero del pueblo durante la Revolución francesa; las fantasías medio místicas de las Logias llegaron a ser los hábitos de la vida diaria".

     Aquellos que no eran miembros de las logias masónicas no tenían idea de cómo comportarse, o incluso de cómo sobrevivir; sólo los masones se beneficiaron y dirigieron cada aspecto de la Revolución. En la ejecución de Luis XVI en 1793, un anciano masón bañó sus manos en la sangre del rey, diciendo: "Te bautizo en nombre de la Libertad y de Jacques". Ésta era una referencia al Gran Maestro Jacques de Molay, que había sido inmolado por el rey Felipe el Hermoso. La venganza se estaba efectuando ahora.

     Muchos de los actos cometidos durante la orgía de terror desafían la credulidad. El destino de la princesa de Lamballe, un agradable aristócrata de mediana edad que se había escapado de la ciudad, fue típico. Impulsada por la lealtad a su señora, Marie Antoinette, ella retornó a París para ayudarla. La princesa fue prontamente agarrada por la muchedumbre, destripada en público, y sus partes privadas exhibidas por las ciudades como trofeos del triunfo de la Revolución. Después del asalto de los Guilerriers [?], un joven aprendiz cayó en manos de la muchedumbre. Una gran cacerola fue llevada, y se hizo un fuego bajo ella. Él entonces fue freído en mantequilla, después de lo cual los revolucionarios disfrutaron de un banquete.

     Los cementerios de París se convirtieron en escenas de orgías nocturnas, muchas de ellas ritos místicos que no habían sido vistos en la Tierra desde la destrucción del templo de Baal. Las tumbas fueron abiertas, y los cadáveres usados en ritos diabólicos. Todo eso había ocurrido porque el pueblo de Francia era ignorante de la Maldición de Canaán, y del Testamento de Canaán. Esos horrores, que estaban más allá de la imaginación de cualquier persona sana, fueron perpetrados debido a la naturaleza satánica de los cananeos, que aprovecharon cada oportunidad para complacer su pasión por el sacrificio humano y el canibalismo.

     La base ideológica para esas atrocidades había sido consagrada en la asamblea nacional el 26 de Agosto de 1789, que adoptó formalmente la Declaración de los Derechos del Hombre. Eso condujo directamente a la formación del Tribunal Revolucionario, establecido el 10 de Marzo de 1793, el cual a su vez estableció el Comité de Seguridad Pública. El comité inicial estuvo formado por nueve hombres; más tarde fueron aumentados a doce, y estaba conducido por Marat. Éste primero usó el Comité para destruír a sus principales opositores en la Asamblea, los girondinos. El 1º de Noviembre de 1793 él decapitó a 21 de ellos en un día. Los girondinos representaban principalmente a la región de Burdeos; una señorita de aquel distrito, que era de buena familia, Charlotte Corday, resolvió en privado vengar a sus amigos. A causa de la agonía de su deteriorada piel, Marat ahora pasaba la mayor parte de su tiempo en una bañera. Corday se le aproximó allí y lo apuñaló. Ella fue juzgada y ejecutada aquel mismo día. El funeral de Marat fue convertido en otra orgía babilónica, durante la cual fueron quemadas grandes cantidades de incienso, y pirámides simbólicas de papel, que representaban su afiliación masónica, fueron vistas por todas partes.

     Marat fue sucedido por los otros dos arquitectos del Régimen del Terror: Danton y Robespierre. Ellos también debían ser destruídos pronto por el monstruo que ellos habían soltado sobre la nación. Un gran Festival de la Razón fue celebrado en la catedral de Notre Dame. El relato de Mercier describe "el enfurecido pueblo bailando ante el santuario y aullando la Carmagnole (la Canción de la Revolución). Los hombres no llevaban puestos pantalones (los sans-culottes); los cuellos y los pechos de las mujeres estaban desnudos. En su salvaje girar, ellos imitaban a aquellos torbellinos, precursores de las tempestades, que devastan y destruyen todo lo que está en su camino. En la oscuridad de la sacristía, ellos se entregaban a los deseos abominables que habían sido encendidos en ellos durante el día... La muchedumbre aullaba por adorar a la Virtud en vez de a aquel esclavo judío y su adúltera mujer de Galilea, su madre".

     La blasfemia fue el sello de la Revolución, no simplemente la furia que provocó la matanza de cientos de sacerdotes, sino también el impulso de degradar y difamar aquello que era más grande que ellos. En la Convención de Clootz, un ateo militante, seguidor de Jacques Hébert, declaró: "Un hombre religioso es una bestia depravada. Él se parece a aquellos animales que son mantenidos para ser trasquilados y asados para beneficio de comerciantes y carniceros".

     Después de la muerte de Marat, Robespierre consiguió su máximo de poder, siendo designado presidente de la Convención. Para celebrar su elevación, él organizó un gran festejo, el Festival del Ser Supremo, el 8 de Junio, afirmando que eso significaba el renacimiento de Dios. En "La Vida de Robespierre" G. Renier escribe: «El 28 de Julio de 1794 Robespierre hizo un largo discurso ante la Convención... una filípica contra los ultraterroristas... pronunciando vagas acusaciones generales. "No me atrevo a nombrarlos en este momento y en este lugar. No puedo romper completamente en pedazos el velo que cubre este profundo misterio de iniquidad. Pero puedo afirmar muy positivamente que entre los autores de este complot hay agentes de aquel sistema de corrupción y extravagancia, los más poderosos de todos los medios inventados por extranjeros para la destrucción de la República; quiero decir, los impuros apóstoles del ateísmo, y la inmoralidad que está en su base"». Renier comenta: "Si él no hubiera dicho esas palabras él todavía podría haber triunfado!".

     Puesto que él había amenazado con exponer a los Iluministas que estaban detrás de la Revolución, Robespierre se había condenado a sí mismo. En aquel mismo instante, su archi-enemigo y rival mortal, Fouche, aprobó la Ley del 22 de Prairial, que en el artículo 16 no proporcionaba "ninguna defensa para los conspiradores". En la Asamblea del 9 de Thermidor a Robespierre no se le permitió hablar, o siquiera defenderse contra sus acusadores. Poco después él fue detenido en el Hotel du Ville. En la lucha que siguió, él fue baleado en la mandíbula. Él fue arrastrado lejos a la prisión de la Conciergerie, todavía adornado en su traje para el Festival, un abrigo celeste y bombachos de junquillo. Veintidós de sus partidarios fueron primero ejecutados; luego Robespierre mismo fue conducido a la guillotina. Antes de arrojarlo abajo ante la guillotina, el famoso verdugo Samson deliberadamente rasgó la venda de la mandíbula de Robespierre. Los espectadores dijeron que él gritó como un animal siendo despedazado antes de que la lámina cayera misericordiosamente.

     El tercer líder del Régimen del Terror, Danton, también fue conducido pronto a la guillotina, y París lentamente comenzó a volver a la normalidad. La reacción inevitable, que fue llamada el Terror Blanco, pronto comenzó. Aquello culminó el famoso 18 de Brumaire, una fecha citada con odio e ira por los revolucionarios desde entonces. El 18 de Brumaire Napoleón asumió el poder, y la Revolución se acabó.

     Un desarrollo posterior de la Revolución francesa fue el desencadenamiento sobre el mundo de una nueva fórmula para el control de la Humanidad: las ciencias sociales. Esta técnica fue desarrollada por un aristócrata encarcelado, el conde de Saint-Simon, durante su encarcelamiento en Luxemburgo. Mientras esperaba su juicio, él se divertía desarrollando su visión de un nuevo sistema social, uno que sería desarrollado puramente sobre principios científicos en vez de sobre realidades políticas. De su concepto vino el sistema socialista entero de la "asistencia social", que resultó ser un instrumento necesario para imponer el socialismo por parte de los gobiernos de muchos países.

     El Terror había ofrecido una gran oportunidad para que los cananeos complacieran sus inhumanos deseos. Ellos ahora odiaban a Napoleón con toda la pasión de que eran capaces, porque él les había arrebatado sus placeres. Después de la caída de Napoleón, ellos procuraron que él fuera lentamente envenenado hasta la muerte con la administración de arsénico en su comida. Eso fue demostrado 150 años más tarde por el examen de su cabello, que mostraba altas concentraciones de arsénico. El veneno le había sido administrado en la isla Santa Helena por un confiable agente de los Rothschild. Para satisfacer posteriormente su sed de venganza, esos mismos conspiradores más tarde asesinaron a su joven hijo, el duque de Reichstadt.

     Fue el propio duque de Brunswick (conocido como "Aarón" entre los Illuminati) quien pronunció la última palabra sobre la Revolución francesa: "Una secta secreta que trabaja dentro de la francmasonería ha provocado la Revolución francesa, e induciría y sería la causa de todas las futuras revoluciones". Monseñor Dillon, escribiendo en 1885, ofreció un comentario adicional: "Por muy subversivas que puedan haber sido las doctrinas de la Gran Orden —e indudablemente lo fueron— no fue la masonería misma sino el Iluminismo quien organizó el movimiento del cual la Revolución francesa fue sólo la primera manifestación".

     El gran historiador francés Hipólito Taine escribió: "¡Libertad, igualdad, fraternidad! Cualesquiera fuesen las grandes palabras con las cuales la Revolución fue adornada, se trató esencialmente de una transferencia de la propiedad".

     La exitosa conclusión de las guerras napoleónicas encontró a los Rothschild con el indisputado control de aquella propiedad. Ellos se reunieron en el Congreso de Viena para celebrar sus grandes victorias. Von Gentz, secretario del príncipe Metternich, señaló que nunca realmente hubo un Congreso de Viena; los Rothschild simplemente dictaron la firma del Acta Final, en Junio de 1815, a las cuatro grandes potencias. Von Gentz comentó: "El verdadero propósito del Congreso era dividir entre los conquistadores los despojos tomados de los vencidos".

     El Congreso de Viena fue formalmente encabezado por Lord Castlereagh, el ministro de Asuntos Exteriores de Gran Bretaña, y su hermanastro, Lord Charles Stewart, que servía como el embajador plenipotenciario en Viena. Lord Aberdeen, Lord Cathcart y Lady Burghe, una sobrina del duque de Wellington, también representaron a Gran Bretaña. La princesa Thurn und Taxis arregló reuniones nocturnas en su salón entre Talleyrand y el Zar de Rusia. Durante esas reuniones, Talleyrand rutinariamente traicionó al pueblo francés. Casi toda la realeza de Europa estuvo presente en Viena para el Congreso. Ellos se juntaron en la Casa de la Ópera para un concierto especial de Beethoven, que este mismo condujo.

     Dado que Inglaterra era la potencia victoriosa, la supremacía mundial del poder naval británico fue aceptada sin cuestionamiento por los miembros del Congreso. Una importante pieza de negocios fue la aprobación de las leyes del 20 y del 29 de Marzo de 1815, que garantizaban permanentemente la neutralidad suiza. Dichas leyes no sólo aseguraban que Suiza seguiría siendo la nación donde las revoluciones del mundo podían ser trazadas, sino también que a las mal habidas ganancias de aquellas revoluciones les sería garantizado un depósito seguro y el seguro contra ser reposeídas por las víctimas de los robos.

     Lord Castlereagh más tarde habló ante la Cámara de los Comunes en su informe acerca del Congreso: "El Congreso de Viena fue rápidamente reunido para la discusión de principios morales, pero, para los grandes propósitos prácticos, fue para establecer condiciones eficaces para la seguridad general". Una de esas provisiones fue el establecimiento por parte de Nathan Mayer Rothschild de un Comité Alemán Especial en el Congreso para que elaborara una concesión de derechos a los judíos alemanes. Esa provisión fue insertada en el Acta final, que fue anunciada entonces como establecedora del "equilibrio en Europa", la famosa doctrina conocida más tarde como "el equilibrio de fuerzas". De hecho, la Inteligencia británica, conducida por Lord Shelburne, había manejado la Revolución francesa entera desde Londres como un complot masónico para que Inglaterra se deshiciera de su rival más antiguo y más histórico. Después de 1815 Francia nunca otra vez representó alguna amenaza para la hegemonía británica. Aquello no era un equilibrio de fuerzas en absoluto; era el triunfo del sistema hegeliano. Los Borbones se habían convertido ahora en una familia dirigente débil e ineficaz: Lord Castlereagh formalmente los restauró en el trono en el Tratado de París, sólo porque ellos serían un importante factor contribuyente a la futura debilidad de Francia.

     Castlereagh, marqués de Londonderry, era considerado entonces el político más poderoso en el mundo. Él era el ahijado de Lord Camden, quien, junto con Lord Shelburne, había prestado grandes sumas al Primer Ministro británico, William Pitt; a partir de entonces ellos fueron capaces de controlarlo para sus propios engañosos objetivos. Lord Shelburne, William Petty, fue denunciado por Edmund Burke como "una Catalina o un Borgia en moral", lo que era indudablemente verdadero. Henry Kissinger modeló abiertamente sus propias técnicas diplomáticas sobre las de Lord Castlereagh. En su libro "Un Mundo Restaurado", que él dedicó a McGeorge Bundy (de la Hermandad de la Muerte), Kissinger escribió: "Hay dos modos de construír un orden internacional: por voluntad o por renuncia; por conquista o por legitimidad".

     El "mundo restaurado" al cual Kissinger dedicó su carrera era, por supuesto, la continuación del Orden Mundial Rothschild que había sido establecida en el Congreso de Viena. Su ídolo, Lord Castlereagh, aparentemente tenía algunas dudas acerca de las consecuencias de su diplomacia. Él retornó a Londres desde Viena creyendo que había conseguido un gran triunfo personal tanto para sí mismo como para su país. En el examen posterior de los resultados reales del Congreso de Viena, él comprendió tardíamente que había entregado el continente entero de Europa en las manos de los Rothschild. El 12 de Agosto de 1822 él tuvo una emotiva audiencia con el rey Jorge IV, informándole: "Señor, es necesario decirle adiós a Europa". Él entonces se fue a casa y cortó su garganta, acuchillando su arteria con un pequeño cortaplumas.

     Esta historia tiene una significación aún más interesante hoy. Un socio principal de los Rothschild en sus actividades mercantiles mundiales es el financiero Sir James Goldsmith. Él está casado con la hija del actual marqués de Londonderry, la descendiente de Lord Castlereagh. Éste es el tercer matrimonio de Goldsmith. Él primeramente se casó con Isabel Patiño, heredera de la gran fortuna del estaño, cuando ella tenía sólo veinte años. Ella murió misteriosamente. Goldsmith entonces se casó con la sobrina del conde de París, el pretendiente Borbón al trono de Francia. Él más tarde se casó con la descendiente de Lord Castlereagh.

     En los cuarenta años desde que Mayer Amschel persuadió al Elector de Hesse para que le permitiera invertir su fortuna (el dinero pagado a él por el rey Jorge III para los mercenarios de Hesse que estuvieron destinados a aplastar a los revolucionarios estadounidenses y mantener el control de las colonias norteamericanas), los Rothschild habían recorrido un largo camino. Ellos habían aprovechado el dinero del Elector en una fortuna mundial propia. Hasta aquel golpe de buena suerte, ellos no habían sido de ningún modo la familia más importante en la jerarquía prestamista de Frankfurt. Había habido un considerable contingente judío en Frankfurt am Main desde 625 d.C. En 1265 fue firmado un convenio que permitió que ellos se quedaran. Sin embargo, en 1614 el Judengasse [el ghetto de Frankfurt] fue saqueado. Aproximadamente 1.390 judíos vivían allí en ese entonces. En 1615 en las puertas del Judengasse había sido fijada la siguiente advertencia: "Bajo la Majestad Imperial Romana y la Protección del Sacro Imperio Romano". En 1715 había aproximadamente 415 familias en el Judengasse, de las cuales 109 eran prestamistas; había también 106 ferreteros; las familias restantes estaban involucradas en negocios de ropa de segunda mano o de frutas. De las doce familias más ricas allí en 1715, los Speyer eran la más adinerada, teniendo una fortuna de 604.000 florines; luego venían los Goldschmidt, los Wertheimer, la familia Haas, etc.

     Ni siquiera cuartos en la lista estaban los Rothschild, con 109.375 florines. Exactamente cien años más tarde, los Rothschild eran los amos de Europa, y dictaban los términos en el Congreso de Viena. Ellos entonces solicitaron un escudo de armas nobiliario con la corona Real, el Leopardo de Inglaterra y el León de Hesse. Dicha petición fue denegada en 1817, pero después de que una enorme presión financiera fue impuesta sobre el gobierno, fue finalmente concedida en 1822. El año siguiente, los Rothschild se apoderaron de todas las operaciones financieras de la Iglesia Católica mundial. Del jefe de la familia, Sir Nathan Mayer Rothschild, el Dictionary of National Biography señala: "La influencia de su firma y la de él mismo se compara con la del Banco de Inglaterra; después de la muerte de Sir Moses Montefiore, de Rothschild casi puede decirse que es el líder generalmente autorizado de los judíos del mundo".

     El éxito de la Revolución francesa, que fue realmente un golpe de Estado, se debió a la reorganización de los masones en Francia. La logia francesa original tenía sólo tres grados; después fueron introducidos los 33 grados del Antiguo y Aceptado Rito Escocés, los grados revolucionarios; aquello garantizó el éxito de la conspiración. Después de la Revolución, el Consejo Supremo de la Orden generalmente se reunía en París. La logia judía de Frankfurt, L'Aurore Naissante, había sido autorizada por la Gran Logia de París en 1808. El Rito Escocés siempre fecha sus documentos oficiales con los meses hebreos. El 18 de Septiembre de 1885, el Boletín del Gran Oriente de Francia pedía abiertamente la destrucción de la Iglesia Católica. En 1886 el Congreso Internacional del Gran Oriente continuó llamando a las armas con el grito de batalla "¡Guerra contra Dios!".

     El campo de batalla político de la masonería fue concentrado entonces en Italia, y de ahí la llamada a la guerra contra la Iglesia Católica. No hubo ninguna Revolución italiana subsecuente, como había ocurrido en otros países, principalmente en Francia, porque el área era demasiado difusa; el único enemigo central en Italia era el poder de la Iglesia. Los "libertadores" italianos Mazzini y Garibaldi eran los principales masones en las logias. Aquí, nuevamente, ellos simplemente estaban llevando a cabo las instrucciones de la Inteligencia británica. Fue nada menos que un personaje como Lord Sackville quien introdujo la francmasonería en Italia, en 1733. La influencia británica era dominante cuando Lord Palmerston, con la ayuda de Cavour, dirigió a los "libertadores" en su captura de Roma y su puesta del Papa bajo arresto.

     La ascensión al poder en Francia de Luis Napoleón, más tarde conocido como Napoleón III, fue un triunfo adicional de los conspiradores cananeos. Luis Napoleón había nacido de la reina Hortensia en 1808. La residencia de ella en París era también el cuartel central de la Casa Rothschild, la que más tarde se convirtió en la residencia privada de James de Rothschild. El edificio fue demolido en 1968. El general Spiridovich, una autoridad acerca de dicho período, declara inequívocamente que era de conocimiento común que Napoleón III era un Rothschild. Napoleón III era también un conocido miembro de los Carbonari, un grupo de nobles italianos que eran los líderes de los güelfos, o Nobleza Negra, en Europa.

     La logia Alta Vendita era la Dirección Suprema de los Carbonari, cuyas órdenes tenían que ser obedecidas so pena de muerte. Cuando Luis Napoleón fue proclamado Emperador en 1851, los Carbonarios se movieron rápidamente para consolidar sus ganancias en Italia. Un grupo masónico internacional conducido por Lord Palmerston, donde también se incluía Kossuth, Lemmi y otros, se había reunido en Londres en 1860 para planear su estrategia para apoderarse del control absoluto en Italia. Cuando Garibaldi ocupó Nápoles, un grupo de masones ingleses estuvo a mano para ayudarlo.

     A pesar de sus orígenes cananeos, Napoleón III ofendió profundamente a la orden mundial cuando él organizó su golpe de Estado en Diciembre de 1851 y se hizo con el poder en Francia. Para expiar su violación de la disciplina, su hijo, el príncipe imperial, fue asesinado más tarde. Nada menos que Gambetta, ex-Primer Ministro, cuyo secretario era Adolphe Cremieux, fundador de la Alliance Israelite Universelle, dijo: "La providencial muerte  del duque de Reichstadt [el hijo de Napoleón I] ha sido el castigo por lo de Brumaire [cuando Napoleón I se hizo con el poder]. Le juro que Diciembre de 1851 [el golpe de Estado de Napoleón III] será castigado también".

     En 1879 el príncipe, entonces de 23 años, se unió a una expedición británica contra los zulúes, porque él había sido proscrito en Francia. Él desarrolló una misteriosa fiebre en el barco rumbo a África, pero se recuperó. Él había designado entonces un ayudante, el teniente XXX, un masón, que más tarde lo persuadió para ir 18 kms. más allá de los límites del reconocimiento prescrito, donde ellos establecieron el campamento. Cuando el príncipe montó su caballo (durante un ataque), la correa se rompió; se había cortado por la mitad, aunque fuera una correa nueva de cuero. Él murió de 17 jabalinazos de los zulúes.

     Adrien Paillaud cuenta esa historia en "La Muerte del Príncipe Imperial", París, 1891. Paillaud escribió: «En el momento de la salida del príncipe desde Francia para Inglaterra, un diputado republicano masón dijo: "Usted nunca lo verá otra vez [al príncipe]. No pretendo ser un profeta, pero, créame, el príncipe será muerto en Zululandia". El diputado era un amigo íntimo de Gambetta. El 19 de Mayo de 1879 un periódico radical anunció que el príncipe había resultado muerto. Una logia masónica en la ciudad de El Cabo había enviado la noticia a París; sin embargo, durante aquel día los zulúes no habían aparecido. En una expedición posterior el príncipe fue asesinado, el 1º de Junio. Esa notable circunstancia fue destacada en una obra muy exitosa, "La Esposa de Claudio", de Alejandro Dumas. El héroe Daniel dice: "La Diáspora no nos ha dispersado; al contrario, nos ha extendido en todas las direcciones. En consecuencia, atrapamos al mundo entero en una red, por así decirlo"».–


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