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jueves, 28 de julio de 2016

David R. Steele - El Misterio del Fascismo



     El siguiente (The Mistery of Fascism) es un interesante y documentado análisis del movimiento político italiano del Fascismo, de la evolución intelectual de su líder y fundador, Mussolini, y de las vicisitudes de dicha doctrina, de movimientos políticos afines y contemporáneos, y de sus repercusiones posteriores. La claridad del estudio del escritor y economista británico doctor David Ramsay Steele de 2002, un ex-marxista que perteneció al partido socialista de Gran Bretaña y que luego se convirtió al liberalismo y que vive en Estados Unidos, ha hecho de este breve ensayo un clásico en la materia. Hemos visto que este artículo había sido publicado en castellano en la revista Elementos, pero constatamos que dicha versión contiene diversas distorsiones. Lo hemos tomado en inglés del sitio la-articles.org.uk


El Misterio del Fascismo
por David Ramsay Steele
29 de Enero de 2002



     Poco después de que llegara a Suiza en 1902, con 18 años de edad y en busca de trabajo, Benito Mussolini estaba pasando hambre y no tenía ni un centavo. Todo lo que tenía en sus bolsillos era un medallón barato de níquel con la efigie de Karl Marx.

     Después de un tiempo de vagancia, Mussolini encontró trabajo como albañil y sindicalista en la ciudad de Lausana. Habiendo alcanzado rápidamente fama como agitador entre los trabajadores emigrantes italianos, él fue mencionado por un periódico local de lengua italiana como "el gran duce (líder) de los socialistas italianos". Él leyó vorazmente, aprendió varios idiomas extranjeros [1] y asistió a conferencias de Pareto en la universidad.

[1] En la conferencia de Múnich en 1938, Mussolini fue la única persona presente que pudo seguir todas las discusiones en los cuatro idiomas empleados.

     La gran fama del duce era hasta entonces puramente local. A su regreso a Italia, el joven Benito era un miembro común y corriente del Partido Socialista. Él comenzó a editar su propio pequeño periódico, "La Lotta di Classe" (La Lucha de Clases), ferozmente anti-capitalista, anti-militarista y anti-católico. Él creía en serio el dicho de Marx según el cual la clase obrera no tenía patria, y se opuso firmemente a la intervención militar italiana en Libia. Encarcelado varias veces por su participación en huelgas y protestas contra la guerra, se convirtió en una especie de héroe izquierdista. Antes de cumplir 30 años, Mussolini fue elegido para el Comité Ejecutivo Nacional del Partido Socialista, y llegó a ser editor de su diario, "Avanti!". La circulación del periódico y la popularidad personal de Mussolini crecieron a pasos agigantados.

     La elección de Mussolini para el Comité Ejecutivo socialista fue parte de la captura del control del Partido Socialista por parte de la Izquierda marxista de línea dura, junto con la expulsión del Partido de aquellos diputados (miembros del Parlamento) considerados demasiado conciliadores con la burguesía. El cambio en el control del Partido Socialista fue recibido con satisfacción por Lenin y otros revolucionarios de todo el mundo.

     Entre 1912 y 1914 Mussolini fue el "Che" Guevara de su época, un santo viviente del izquierdismo. De buen aspecto, valiente, carismático, un erudito marxista, un orador y escritor fascinante, un dedicado guerrero de clase hasta la médula, él era el duce incomparable de la Izquierda italiana. Él parecía ser el jefe de cualquier futuro gobierno socialista italiano, elegido o revolucionario.

     En 1913, cuando él todavía era editor del "Avanti!", comenzó a publicar y editar su propio periódico, "Utopia", un foro para la discusión polémica entre los socialistas de Izquierda. Como muchos de tales periódicos socialistas fundados en la esperanza, pretendía crear un cuadro altamente preparado de revolucionarios, purgados de ilusiones dogmáticas y dispuestos a aprovechar el momento. Dos de los colaboradores de Mussolini en "Utopia" ayudarían a fundar el Partido Comunista italiano, y otro el Partido Comunista alemán [2]. Otros, con Mussolini, fundarían el movimiento fascista.

[2] Amadeo Bordiga, Angelo Tasca y Karl Liebknecht.

     La Primera Guerra Mundial comenzó en Agosto de 1914, sin la participación italiana. ¿Debía unirse Italia a Gran Bretaña y Francia contra Alemania y Austria, o permanecer fuera de la guerra? [3]. Todos los principales líderes e intelectuales del Partido Socialista, Mussolini entre ellos, se oponían a la participación italiana.

[3] Aunque Italia era miembro de la Triple Alianza junto con Alemania y Austria, el apoyo a las Potencias Centrales en Italia fue insignificante.

     En Octubre y Noviembre de 1914 Mussolini cambió a una posición favorable a la guerra. Él renunció como editor de "Avanti!", se unió a los izquierdistas pro-guerra fuera del Partido Socialista, y lanzó un nuevo periódico socialista a favor de la guerra, "Il Popolo d'Italia" (El Pueblo de Italia) [4]. Para la dirigencia del Partido Socialista aquélla era una gran traición, un venderse a los proxenetas de la burguesía, y Mussolini fue expulsado del Partido. Eso fue tan escandaloso como si, 50 años después, Guevara hubiera anunciado que se iba a Vietnam para ayudar a defender el Sur contra la agresión de Vietnam del Norte.

[4] El periódico de Mussolini siguió existiendo durante el período Fascista. Al principio fue descrito como un "diario socialista", pero posteriormente eso fue cambiado a "El diario de los combatientes y productores".

     Italia entró en la guerra en Mayo de 1915, y Mussolini se incorporó al ejército. En 1917 fue seriamente herido y hospitalizado, saliendo de la guerra como el más popular de los socialistas en favor de la guerra, y como un líder sin un movimiento. La Italia de posguerra estaba acosada por la guerra civil y la violencia política. Percibiendo una situación revolucionaria a raíz del golpe de Estado bolchevique en Rusia, la Izquierda organizó huelgas, ocupaciones de fábricas, revueltas y asesinatos políticos. Los socialistas a menudo golpeaban y a veces asesinaban a soldados que regresaban a casa, sólo porque éstos habían luchado en la guerra. Atacar a los opositores políticos y destruír su propiedad se convirtió en un hecho cotidiano.

     Mussolini y un grupo de seguidores lanzaron el movimiento Fascista en 1919 [5]. Los iniciadores eran en su mayoría hombres de la Izquierda: sindicalistas revolucionarios y antiguos marxistas [6]. Ellos atrajeron a algunos nacionalistas no-socialistas y Futuristas, y reclutaron a muchos soldados que volvían de la guerra, de modo que el grueso de las bases Fascistas no tenía antecedentes izquierdistas. Los Fascistas adoptaron las camisas negras [7] de los anarquistas y la canción "Giovinezza" (Juventud) de los soldados italianos de primera línea.

[5] Aquél fue primero llamado los Fasci Italiani di Combattimento, cambiando su nombre en 1921 a Partido Fascista Nacional. Fasci es el plural de fascio, una unión o liga. La palabra ha sido de uso común por diversos grupos radicales locales y ad hoc, principalmente de la Izquierda.
[6] De los siete que asistieron a la reunión preparatoria dos días antes de su lanzamiento, cinco eran ex-marxistas o sindicalistas (Zeev Sternhell, The Birth of Fascist Ideology, Princeton, 1994, p. 222). En el lanzamiento mismo, la mayoría tenía un historial nacionalista.
[7] Los seguidores de Garibaldi habían llevado camisas rojas. Los nacionalistas de Corradini, absorbidos en el Partido Fascista en 1923, usaban camisas azules.

     Aparte de su ardiente nacionalismo y una política exterior en favor de la guerra, el programa Fascista era una mezcla de medidas de la Izquierda radical y moderada, y medidas democráticas y liberales, y durante más de un año el nuevo movimiento no fue mucho más violento que otras agrupaciones socialistas [8]. Sin embargo, los Fascistas entraron en conflicto con los miembros del Partido Socialista, y en 1920 formaron una milicia, los squadre (escuadrones). Incluyendo a muchos veteranos patriotas, los escuadrones eran más eficientes para provocar incendios y en sus tácticas terroristas que los violentamente predispuestos pero torpes marxistas, y a menudo tenían el apoyo tácito de la policía y el ejército. Hacia 1921 los Fascistas tenían la ventaja en el combate físico con sus rivales de la Izquierda.

[8] Stanley G. Payne, A History of Fascism, 1914–1945, Madison, Wisconsin, 1995, p. 95.

     Los elementos democráticos y liberales en el discurso Fascista disminuyeron rápidamente, y en 1922 Mussolini declaró que "El mundo está girando a la derecha". Los socialistas, que controlaban los sindicatos, llamaron a una huelga general. Marchando en algunas de las principales ciudades, los escuadrones de Camisas Negras suprimieron de forma rápida y a la fuerza la huelga, y la mayoría de los italianos dio un suspiro de alivio. Eso dio a los Camisas Negras la idea de marchar sobre Roma para tomar el poder. A medida que ellos se reunían de forma pública para la gran marcha, el gobierno decidió evitar una posible guerra civil dándole a Mussolini un cargo; el rey "rogó" a Mussolini para que se convirtiera en Primer Ministro, con poderes de emergencia. En vez de ser una insurrección desesperada, la Marcha sobre Roma fue la celebración triunfal de una transferencia legal de la autoridad.

     El más joven Primer Ministro en la historia italiana, Mussolini era un hábil e infatigable mediador, un sagaz operador en una monarquía constitucional que no se convirtió en una dictadura absoluta y permanente sino hasta Diciembre de 1925, la que incluso entonces conservó elementos de un inestable pluralismo que requería una imaginativa habilidad. Él llegó a ser mundialmente reconocido como un obrador de milagros políticos. Mussolini hizo que los trenes circularan a tiempo, acabó con la Mafia, secó las Lagunas Pontinas y resolvió la dificultosa Cuestión Romana, estableciendo finalmente el status político del Papa.

     Mussolini recibió elogios desde diversos sectores. Winston Churchill lo llamó "el más grande legislador vivo". Cole Porter le dio una enorme promoción con una exitosa canción [9]. Sigmund Freud le envió una copia autografiada de uno de sus libros, dedicado a "el héroe de la cultura" [10]. El más taciturno Stalin suministró a Mussolini los planos de los desfiles del Primero de Mayo en la Plaza Roja para ayudarlo a perfeccionar sus desfiles fascistas.

[9] «You’re the top! / You’re the Great Houdini! / You’re the top! / You are Mussolini!», palabras originales de la canción de 1934 de Cole Porter, que fueron modificadas posteriormente.
[10] Ernest Jones, Life and Work of Sigmund Freud, Nueva York, 1957, vol. 3, p. 180.

     El resto de la carrera de Il Duce es más familiar. Él conquistó Etiopía, firmó un Pacto de Acero con Alemania, introdujo medidas contra los judíos en 1938 [11], entró en la guerra como el socio menor de Hitler, trató de dar un golpe por su cuenta invadiendo los Balcanes, tuvo que ser rescatado por Hitler, fue hecho retroceder por los Aliados y luego destituído por el Gran Consejo Fascista, fue rescatado de la prisión por tropas de las SS en una de las operaciones de comando más brillantes de la guerra, instalado como jefe de una nueva "República Social Italiana", y asesinado por partisanos comunistas en Abril de 1945.

[11] Antes de 1938 el Partido Fascista tenía un apoyo y una membresía substancialmente judíos. No hay acuerdo entre los estudiosos acerca de los motivos de Mussolini para introducir una legislación anti-judía. Para una consideración bien argumentada, véase Gregor, Contemporary Radical Ideologies: Totalitarian Thought in the Twentieth Century, Nueva York, 1968, pp. 149–159.

     Dado que la mayoría de la gente piensa actualmente que ellos saben sobre el Fascismo, este escueto recuento de hechos [12] es una historia de misterio. ¿Cómo puede un movimiento que resume a la extrema Derecha estar tan fuertemente arraigado en la extrema Izquierda?. ¿Qué estaba pasando por la mente de los dedicados militantes socialistas para que fueran convertidos en igualmente dedicados militantes Fascistas?.

[12] Entre las numerosas fuentes acerca de la vida de Mussolini, véase Richard Collier, Duce! A Biography of Benito Mussolini, Nueva York, 1971; Denis Mack Smith, Mussolini: A Biography, Nueva York, 1982; Jasper Ridley, Mussolini: A Biography, Nueva York, 1998. Todas estas obras exceden sus capacidades cuando tratan las ideas Fascistas. Para una excelente descripción de todos los movimientos dictatoriales fascistas y otros no-comunistas de esa época, véase Payne, History. Sobre las ideas de Mussolini, véase A. James Gregor, Young Mussolini and the Intellectual Origins of Fascism, Berkeley, 1979; Sternhell, Birth, cap. 5.


Lo que Nos Dijeron sobre el Fascismo

     En los años '30 la percepción del "Fascismo" [13] en el mundo de habla inglesa pasó de ser una novedad italiana [14] exótica, e incluso de moda, a convertirse en un símbolo multiuso del mal.

[13] Ahora es usual escribir la palabra "Fascismo" con mayúscula cuando se refiere al movimiento italiano, para distinguirlo de un fenómeno cultural más amplio que incluye a otros movimientos políticos en otros países.
[14] Chicago tiene una avenida bautizada con el nombre del líder camisa negra y famoso aviador Italo Balbo, después de su espectacular visita a la ciudad en 1933. El monumento a Colón en Chicago tiene inscritas las siguientes palabras: "Este monumento ha visto la gloria de las alas de la Italia conducida por Italo Balbo". Véase Claudio G. Segrè, Italo Balbo: A Fascist Life, Berkeley, California, 1987.

     Bajo la influencia de escritores izquierdistas, se ha difundido una visión del Fascismo que ha permanecido dominante entre los intelectuales hasta hoy. Es como sigue:

     El fascismo es el capitalismo sin la máscara. Es un instrumento del Gran Empresariado, el cual, gobernando a través de la democracia hasta que se siente amenazado de muerte, luego desencadena el fascismo. Mussolini y Hitler fueron puestos en el poder por las grandes empresas, porque éstas fueron desafiadas por la clase obrera revolucionaria [15].

[15] La evolución de esta increíble teoría está despiadadamente documentada en Gregor, The Faces of Janus: Marxism and Fascism in the Twentieth Century, New Haven, 2000, caps. 2–5. Para una buena breve reseña de las interpretaciones del Fascismo, véase Payne, History, cap. 12. Para un examen detallado, véase Gregor, Interpretations of Fascism, New Brunswick, 1997.

     Naturalmente tenemos que explicar, por lo tanto, cómo el Fascismo puede ser un movimiento de masas que no está ni dirigido ni organizado por el gran empresariado. La explicación es que el Fascismo lo es mediante un uso malignamente astuto del ritual y el símbolo. El Fascismo como doctrina intelectual está vacío de un contenido serio o, alternativamente, su contenido es una mezcolanza incoherente. El atractivo del Fascismo es un asunto de emociones más bien que de ideas. Se basa en el canto de himnos, ondeo de banderas y otras representaciones teatrales, que no son nada más que recursos irracionales empleados por los líderes Fascistas que han sido pagados por las grandes empresas para manipular a las masas.

     Como los marxistas suelen decir, el Fascismo "apela a los instintos más bajos", implicando que los izquierdistas están en desventaja porque ellos sólo podrían apelar a instintos nobles como la envidia hacia los ricos. Puesto que es irracional, el Fascismo es sádico, nacionalista y racista por naturaleza. Los regímenes izquierdistas son también invariablemente sádicos, nacionalistas y racistas, pero eso se debe a errores lamentables o a la presión de las difíciles circunstancias. Los izquierdistas quieren lo mejor, pero siguen encontrando inesperadas contrariedades, mientras que los Fascistas han elegido cometer el mal.

     Más ampliamente, el fascismo puede ser definido como cualquier régimen totalitario que no intenta la nacionalización de la industria sino que preserva, al menos nominalmente, la propiedad privada. El término puede incluso aplicarse a cualquier dictadura que ha dejado de estar de moda entre los intelectuales [16]. Cuando la Unión Soviética y la República Popular China tuvieron un enfriamiento de relaciones en los años '60, cada una de ellas rápidamente descubrió que el otro fraternal país socialista no era simplemente capitalista sino además "fascista". En el nivel más vulgar, "fascista" es una palabrota fácil para figuras odiadas tales como Rush Limbaugh o John Ashcroft quienes, cualesquiera sean sus faltas, están tan alejados del Fascismo histórico como cualquiera en la vida pública hoy.

[16] Confrontados con el grosero despotismo de parte de la autoridad, los estadounidenses de clase obrera lo llaman "comunismo". Los estadounidenses de clase media, educados lo suficientemente como para entender que es descortés decir cualquier cosa contra el comunismo, lo llaman "fascismo".

     La consecuencia de 70 años de adoctrinamiento con una particular visión izquierdista del Fascismo es que éste es actualmente un enigma. Sabemos cómo pensaban los izquierdistas en los años '20 y '30 porque conocimos universitarios cuyo pensamiento era casi idéntico, y porque hemos leído a escritores tales como Sartre, Hemingway y Orwell. Pero ¿qué pensaban los Fascistas?.


Algunos que Llegaron a Ser Fascistas

     Robert Michels fue un marxista alemán desilusionado con los socialdemócratas. Él se convirtió en un sindicalista revolucionario. En 1911 él escribió Los Partidos Políticos, un brillante trabajo analítico [17] que demostraba la imposibilidad de una "democracia participativa", una frase que no iba a ser acuñada sino después de medio siglo, pero que captura acertadamente la temprana visión marxista de la administración socialista [18]. Más tarde él se hizo italiano (cambiando "Robert" por "Roberto") y llegó a ser uno de los principales teóricos Fascistas.

[17] Political Parties: A Sociological Study of the Oligarchical Tendencies of Modern Democracy, Nueva York, 1962.
[18] Richard N. Hunt, The Political Ideas of Marx and Engels, Pittsburgh, 1974, vol. I, p. XIII, y vols. I y II, passim.

     Hendrik de Man fue el principal socialista belga de su tiempo y fue reconocido como uno de los dos o tres intelectos socialistas más sobresalientes de Europa. Muchos en los años '30 creían que él era el teórico socialista más importante desde Marx. Él es el más prominente de los numerosos marxistas europeos occidentales que cambiaron su orientación desde el marxismo al Fascismo o al nacionalsocialismo en los años entre las dos Guerras Mundiales. En más de una docena de reflexivos libros, desde The Remaking of a Mind (1919), The Socialist Idea (1933), hasta Après Coup (1941), De Man dejó un detallado relato de la odisea teórica que lo llevó, hacia 1940, a aclamar la subyugación nacionalsocialista de Europa como "una liberación". Su viaje comenzó, como tales viajes tan a menudo lo hacen, con la convicción de que el marxismo debía ser revisado de acuerdo a líneas "idealistas" y psicológicas [19].

[19] Sobre Hendrik de Man, también conocido como Henri De Man, véase Sternhell, Neither Right Nor Left: Fascist Ideology in France, Berkeley, 1986. Mussolini intercambió cartas con De Man en las cuales ambos reconocían que De Man estaba siguiendo la trayectoria intelectual de Mussolini de los 10 ó 15 últimos años (Sternhell, Birth, p. 246). Hoy en día hay discípulos de De Man que consideran su aceptación del Tercer Reich como una especie de arrebato más bien que como la culminación de su pensamiento anterior, así como hay izquierdistas admiradores de Sorel que rechazan admitir el pre-Fascismo de Sorel.

     Dos movimientos artísticos de la avant-garde que contribuyeron a la cosmovisión Fascista fueron el Futurismo y el Vorticismo. El Futurismo fue una idea original de Filippo Marinetti, quien finalmente perdió su vida al servicio del régimen de Mussolini. El estilo de poesía Futurista fue una influencia decisiva para Vladímir Mayakovski. Las actividades de las artes Futuristas fueron permitidas durante algunos años en la Unión Soviética. El Futurismo sostenía que las máquinas modernas eran más hermosas que las esculturas clásicas. Alababa el valor estético de la velocidad, la intensidad, la maquinaria moderna y la guerra moderna.

     El Vorticismo fue una variante algo más suavizada del Futurismo, asociado con Ezra Pound y con el pintor y novelista Wyndham Lewis, un estadounidense y canadiense que se trasladó a Londres. Pound se convirtió en Fascista, se trasladó a Italia, y fue más tarde considerado mentalmente enfermo y encarcelado por los ocupantes estadounidenses. Los síntomas de su enfermedad mental eran sus creencias Fascistas. Él más tarde fue liberado y escogió regresar a Italia en 1958, como un Fascista impenitente.

     En 1939 el declarado Fascista Wyndham Lewis se retractó de sus anteriores elogios a Hitler, pero nunca renunció a su cosmovisión política básicamente Fascista. Lewis era, como George Bernard Shaw, uno de aquellos intelectuales de los años '30 que admiraban al Fascismo y al comunismo por igual, alabando a ambos a la vez que insistía en su similitud.

     El Fascismo debe haber sido un conjunto de ideas que inspiró a educados individuos que se consideraban a sí mismos extremadamente modernos. Pero ¿cuáles eran esas ideas?.


Cinco Hechos Acerca del Fascismo

     En los últimos 30 años la investigación ha comenzado gradualmente a llevarnos a una apreciación más exacta de lo que fue el Fascismo [20].

[20] La obra más iluminadora es la de Sternhell, Birth. Otras importantes descripciones son: Gregor, Young Mussolini, y Faces of Janus; Sternhell, Neither Right Nor Left; y Payne, History. Una útil colección de lecturas antiguas y nuevas es Roger Griffin, ed., International Fascism: Theories, Causes, and the New Consensus, Londres, 1998. Entre importantes obras en italiano se incluyen las de Renzo de Felice y de Emilio Gentile.

     El cuadro que emerge de la investigación en curso sobre los orígenes del Fascismo no está todavía completamente claro, pero es lo suficientemente nítido para mostrar que la verdad no puede ser conciliada con la visión convencional. Podemos destacar algunas de las inquietantes conclusiones en cinco hechos:

• 1) El Fascismo era una doctrina bastante elaborada años antes de que fuera bautizado así. El núcleo del movimiento Fascista lanzado oficialmente en la plaza del Santo Sepulcro el 23 de Marzo de 1919 era una tradición intelectual y organizativa llamada "nacional-sindicalismo".

     Como construcción intelectual, el Fascismo en gran parte fue establecido alrededor de 1910. Históricamente, la raíz del Fascismo estaba en la década de 1890, en la "crisis del marxismo" y en la interacción del socialismo revolucionario del siglo XIX con el anti-racionalismo y anti-liberalismo de fin de siglo.

• 2) El Fascismo cambió dramáticamente entre 1919 y 1922, y de nuevo después de 1922. Esto es lo que se espera de cualquier movimiento ideológico que se acerca al poder y que luego lo logra. El bolchevismo (rebautizado como comunismo en 1920) también cambió dramáticamente varias veces.

     Muchos de los tratamientos más antiguos del Fascismo son engañosos, ya que echan mano a pronunciamientos Fascistas casi todos posteriores a 1922, los cuales reflejan las presiones sobre un movimiento político amplio y flexible que estaba solidificando su gobierno mediante compromisos, y suponen que por ese método ellos pueden aislar el carácter y la motivación de la ideología Fascista. Eso es como si fuéramos a reconstruír las ideas del bolchevismo recopilando los pronunciamientos del gobierno soviético en 1943, lo que nos llevaría a concluír que el marxismo le debía mucho a Iván el Terrible y Pedro el Grande.

• 3) El Fascismo fue un movimiento cuyas raíces estaban principalmente en la Izquierda. Sus líderes e iniciadores eran de mentalidad secular, intelectuales altamente progresistas, odiadores intransigentes de la sociedad existente y especialmente de sus aspectos más burgueses.

    Hubo también corrientes de pensamiento no izquierdistas que se introdujeron en el Fascismo, siendo la más prominente el nacionalismo de Enrico Corradini. Ese movimiento anti-liberal y anti-democrático estaba preocupado de construír la fuerza de Italia mediante una industrialización acelerada. Aunque en aquellos años eso era considerado de Derecha, Corradini se llamaba a sí mismo un socialista, y movimientos similares en el Tercer Mundo más tarde serían cálidamente apoyados por la Izquierda.

• 4) El Fascismo era intelectualmente sofisticado. La teoría Fascista era más sutil y más cuidadosamente pensada que la doctrina comunista. Tal como con el comunismo, había una distinción entre la teoría propiamente tal y la "línea" diseñada para un amplio público. Los Fascistas se inspiraron en pensadores tales como Henri Bergson, William James, Gabriel Tarde, Ludwig Gumplowicz, Vilfredo Pareto, Gustave Le Bon, Georges Sorel, Robert Michels, Gaetano Mosca, Giuseppe Prezzolini, Filippo Marinetti, A. O. Olivetti, Sergio Panunzio y Giovanni Gentile.

     Aquí deberíamos señalar una diferencia entre el marxismo y el Fascismo. El líder de un movimiento político marxista es siempre considerado por sus seguidores como un maestro de la teoría y como un innovador teórico comparable a Copérnico. Los Fascistas eran menos propensos a tales falsas ilusiones. Mussolini era más ampliamente leído que Lenin y era un mejor escritor, pero los intelectuales Fascistas no lo consideraban un contribuidor importante para el cuerpo de la teoría Fascista, sino más bien un líder de genio que podía materializar la teoría en la acción.

• 5) Los Fascistas eran modernizadores radicales. Por temperamento ellos no eran ni conservadores ni reaccionarios. Los Fascistas despreciaban el statu quo y no se sentían atraídos por un retorno a condiciones pasadas. Incluso en el poder, a pesar de todas sus adaptaciones a los requerimientos de la situación inmediata, y a pesar de su incorporación de elementos sociales más conservadores, el Fascismo permaneció como una fuerza consciente para la modernización [21].

[21] El gobierno Fascista impuso medidas que estaban destinadas a promover la modernización. Ellas no eran necesarias y su efectividad fue de diversas clases. La producción italiana creció rápidamente pero lo mismo había ocurrido en años anteriores.


Dos Revisiones del Marxismo

     El Fascismo comenzó como una revisión del marxismo hecha por marxistas, una revisión que se desarrolló en etapas sucesivas, de manera que esos marxistas gradualmente dejaron de pensar en sí mismos como marxistas, y finalmente dejaron de pensar en sí mismos como socialistas. Ellos nunca dejaron de pensar en sí mismos como revolucionarios anti-liberales.

     La crisis del marxismo tuvo lugar en la década de 1890. Los intelectuales marxistas podían afirmar que hablaban por los movimientos socialistas de masas de la Europa continental, pero quedó claro en aquellos años que el marxismo había sobrevivido en un mundo que Marx había creído que probablemente no podría existir. Los trabajadores se estaban haciendo más ricos, la clase obrera se fragmentó en secciones con diferentes intereses, el avance tecnológico se estaba acelerando más bien que encontrándose con un obstáculo, la "tasa de beneficio" no estaba cayendo, el número de adinerados inversores ("magnates del capital") no estaba disminuyendo sino incrementándose, la concentración industrial no estaba aumentando, y en todos los países los trabajadores estaban poniendo a su patria por encima de su clase.

     En la alta teoría, también, la vacuidad del marxismo estaba siendo desenmascarada. La largamente esperada publicación del volumen III de El Capital de Marx en 1894 reveló que Marx simplemente no tenía ninguna solución seria a la "gran contradicción" entre los volúmenes I y II y el comportamiento real de los precios. Las devastadoras críticas de Böhm-Bawerk a la economía marxista (1884 y 1896) fueron ampliamente leídas y discutidas.

     La crisis del marxismo dio origen al revisionismo de Eduard Bernstein, que concluyó, en efecto, que la meta de la revolución debía ser abandonada a favor de reformas graduales dentro del capitalismo [22]. Eso no tenía ningún atractivo para los hombres de la Izquierda dura que rechazaban la sociedad existente, considerándola demasiado detestable para ser reformada. Los revisionistas también comenzaron a atacar la doctrina marxista fundamental del materialismo histórico, la teoría de que la organización de la producción de una sociedad determina el carácter de todos los otros fenómenos sociales, incluyendo las ideas.

[22] Antes de la década de 1890 no hubo un marxista más impecable que Bernstein. Él había sido amigo de Marx y de Engels, quienes mantenían confianza en la sensatez ideológica de él, la cual ellos concedían a muy pocos individuos. El libro de él de 1899, conocido en inglés como Evolutionary Socialism (Nueva York, 1961), está ensamblado a partir de controvertidos artículos que él comenzó a publicar en 1896.

     A comienzos del siglo XX los izquierdistas que querían estar tan a la Izquierda como fuese posible se convirtieron en sindicalistas, que predicaban que la huelga general era la forma de demostrar el poder de los trabajadores y de derribar el orden burgués. La actividad sindicalista irrumpió a través del mundo, incluso en Gran Bretaña y Estados Unidos. La promoción de la huelga general fue una manera de desafiar al capitalismo y, al mismo tiempo, de desafiar a aquellos socialistas que querían usar métodos electorales para negociar reformas del sistema.

     Los sindicalistas empezaron como marxistas intransigentes, pero, como revisionistas, reconocieron que los principios básicos del marxismo habían sido refutados por el desarrollo de la sociedad moderna. La mayoría de los sindicalistas llegaron a aceptar gran parte del argumento de Bernstein contra el marxismo tradicional, pero permanecieron comprometidos con el rechazo total, más bien que con su reforma democrática, de la sociedad existente. Ellos por lo tanto se llamaron a sí mismos "revisionistas revolucionarios". Ellos favorecieron la "revisión idealista de Marx", significando que creían en un papel más independiente de las ideas en la evolución social que el permitido por la teoría marxista.


Anti-Racionalismo Práctico

     Al disponerse a revisar el marxismo, los sindicalistas estaban muy fuertemente motivados por el deseo de ser revolucionarios eficaces, no para atacar molinos de viento sino para conseguir una comprensión realista de la manera en que el mundo funciona. Al criticar y reevaluar sus propias creencias marxistas, sin embargo, ellos naturalmente hicieron uso de las modas intelectuales de la época, de las ideas que estaban en el aire durante ese período conocido como el "fin de siglo". El grupo más importante de tales ideas era el "anti-racionalismo".

     Muchas formas de anti-racionalismo proliferaron durante todo el siglo XIX. La clase de anti-racionalismo que más influyó en los pre-Fascistas no fue principalmente el criterio de que algo aparte de la razón debería ser empleado para decidir cuestiones concretas (anti-racionalismo epistemológico), sino que fue más bien la idea de que, como un asunto de sensato reconocimiento de la realidad, los humanos no están únicamente, ni siquiera principalmente, motivados por el cálculo racional sino más bien por "mitos" intuitivos (anti-racionalismo práctico). Por consiguiente, si se quiere entender e influír sobre la conducta de la gente, es mejor reconocer que ellos no son principalmente calculadores egoístas y racionales, sino que están dominados y motivados por mitos [23].

[23] El impacto del anti-racionalismo sobre el socialismo no sólo ayudó a formar el Fascismo sino que también tuvo una amplia influencia sobre la Izquierda. Al igual que el Fascismo, el pensamiento de escritores izquierdistas como Aldous Huxley y George Orwell surge a partir del impacto que sobre el socialismo del siglo XIX tuvo la ofensiva de fin de siècle contra el racionalismo, el materialismo, el individualismo y el romanticismo.


     París fue el centro de moda del mundo intelectual, que dictaba el ascenso y la caída de los círculos ideológicos menores. Allí el anti-racionalismo estaba asociado con la filosofía de Henri Bergson, el pragmatismo del estadounidense William James, y los argumentos de la psicología social de Gustave Le Bon. Tales ideas eran vistas como más altamente valorativas de la acción que del pensamiento, y como demostradoras de que la sociedad moderna (incluído el movimiento socialista establecido) era demasiado racionalista y demasiado materialista. Bergson y James eran leídos también, sin embargo, como argumentadores de que los humanos no trabajaban con una realidad objetivamente existente sino con una realidad creada mediante la imposición de la propia voluntad de ellos en el mundo, una afirmación que también fue tomada (correcta o equivocadamente) de Hegel, Schopenhauer y Nietzsche. Los intelectuales franceses se volvieron contra Descartes, el racionalista, y rehabilitaron a Pascal, el defensor de la fe. Dentro del mismo espíritu, los intelectuales italianos redescubrieron a Vico.

     El anti-racionalismo práctico entró en el pre-Fascismo a través de Georges Sorel [24] y su teoría del "mito". Ese influyente escritor socialista comenzó como un marxista ortodoxo. Siendo un izquierdista extremo, él naturalmente se convirtió en un sindicalista, y pronto en el teórico sindicalista más conocido. Sorel luego pasó a defender la teoría de Marx de la lucha de clases en una nueva manera, ya no como una teoría científica sino en cambio como un "mito", como una comprensión del mundo y del futuro que mueve a los hombres a la acción. Cuando él comenzó a abandonar el marxismo, debido tanto a los fracasos teóricos de éste como a su excesivo "materialismo", buscó un mito alternativo. La experiencia de los acontecimientos actuales y recientes le mostró que los trabajadores tenían poco interés en la lucha de clases, pero que eran propensos al sentimiento patriótico. Paulatinamente Sorel cambió de posición, hasta que al final de su vida se convirtió en nacionalista y anti-judío [25]. Él murió en 1922, esperanzado con Lenin y más cautelosamente esperanzado con Mussolini.

[24] La fuerte influencia de Sorel sobre la formación del Fascismo ha sido ahora considerablemente documentada. Véase, por ejemplo, Sternhell, Birth. En años anteriores, algunos escritores solían minimizar dicha influencia o negar la estrecha afinidad de Sorel con el Fascismo.
[25] El anti-judaísmo de Sorel era del tipo anticuado, que siempre hizo espacio para algunos buenos judíos. Entre aquéllos, Sorel contaba a Henri Bergson (Sternhell, Birth, p. 86).

     Una tendencia general en todo el socialismo revolucionario desde 1890 hasta 1914 fue que los elementos más revolucionarios pusieron un énfasis creciente en el liderazgo, y minimizaron el papel autónomo de las masas trabajadoras. Ese elitismo fue un resultado natural del ardiente deseo de los revolucionarios de tener una revolución y de la empecinada aversión de la clase obrera para convertirse en revolucionaria [26]. Los trabajadores eran reformistas instintivos: ellos querían un tratamiento justo dentro del capitalismo y nada más. Puesto que los trabajadores no parecían como si desearan alguna vez una revolución, el pequeño grupo de revolucionarios conscientes tendría que jugar un papel más decisivo que el que Marx había imaginado. Ésa fue la conclusión de Lenin en 1902 [27]. Aquélla fue la conclusión de Sorel. Y fue la conclusión del sindicalista Giuseppe Prezzolini, cuyas obras en la primera década del siglo Mussolini había revisado con admiración [28].

[26] Eso también se dedujo de la experiencia. Se pudo observar que si una o dos de las personalidades más fuertes que estaban detrás de una huelga eran neutralizadas de alguna manera, la huelga colapsaba.
[27] En su escrito ¿Qué Hacer?, Lenin sostuvo que la clase obrera, dejada a sus propios recursos, podía desarrollar sólo una "conciencia de sindicato". Para convertir en revolucionaria a la clase obrera se requería la intervención de "revolucionarios profesionales".
[28] Véase Gregor, Young Mussolini, cap. 4.

     El tema del liderazgo fue reforzado por los escritos teóricos de Mosca, Pareto y Michels, especialmente la teoría de Pareto de la Circulación de la Élites. Todos esos argumentos enfatizaban el papel vital de las minorías activas y la futilidad de esperar que las masas, abandonadas a sí mismas, alguna vez consiguiesen algo. Una corroboración posterior vino del sensacional best-seller de 1895 de Le Bon —que sería perpetuamente editado en una docena de idiomas— La Psicología de las Masas, que analizaba el comportamiento "irracional" de los humanos cuando actuaban grupalmente y que llamó la atención sobre la proclividad de los grupos a ponerse en manos de un líder fuerte, que podría controlar al grupo mientras apelara a ciertas creencias primitivas o básicas [29].

[29] The Crowd, New Brunswick, 1995). El comienzo del siglo XIX había visto una fascinación con la hipnosis (llamada entonces mesmerismo). El final del siglo XIX presenció una extrapolación del modelo de la hipnosis hacia fenómenos humanos más amplios. Le Bon argumentaba que, estando en grupos, los individuos quedaban hipnotizados y perdían la responsabilidad por sus acciones. Los académicos, aparte de los franceses, creían entonces que Le Bon era un deshonesto auto-promotor que exageró exitosamente su propia originalidad, y que sus afirmaciones acerca de la muchedumbre eran en su mayor parte erróneas. Su influencia fue enorme. Freud estaba imbuído con las ideas de Le Bon. La discusión acerca de la propaganda en Mein Kampf de Hitler, que impacta a la mayoría de los lectores como más fascinante que el resto del libro, se hace eco de Le Bon.

     Los iniciadores del Fascismo vieron al anti-racionalismo como a la alta tecnología. Armonizaba con sus rápidos automóviles y aviones. El anti-racionalismo Fascista, como el psicoanálisis, se concebía a sí mismo como una ciencia práctica que podía canalizar las tendencias humanas elementales en una dirección útil.


¿Una Herejía Marxista?

     Algunas personas han reaccionado ante el Fascismo diciendo que simplemente es lo mismo que el socialismo. En parte, eso surge del hecho de que "fascismo" es una palabra usada en general para referirse a todas las dictaduras no comunistas de los años '20 y '30 y, por extensión, para referirse al más poderoso y terrible de estos gobiernos, el del Nacional-Socialismo alemán.

     Los nacionalsocialistas nunca afirmaron ser Fascistas sino que continuamente afirmaron ser socialistas, mientras que el Fascismo, después de 1921, repudió al socialismo por su nombre. Aunque el Fascismo tuvo alguna influencia sobre el Partido Nacionalsocialista Alemán de los Trabajadores, otras influencias fueron más grandes, principalmente el comunismo y el nacionalismo alemán.

     A. James Gregor ha argumentado que el fascismo es una herejía marxista [30], una afirmación que tiene que ser manejada con cuidado. El marxismo es una doctrina cuyos principios fundamentales pueden ser enumerados de manera precisa: lucha de clases, materialismo histórico, plusvalía, nacionalización de los medios de producción, y otros. Casi todos esos principios fueron repudiados explícitamente por los fundadores del Fascismo, y esos repudios del marxismo definen en gran medida al Fascismo. Sin embargo, por paradójico que pueda parecer, hay una estrecha relación ideológica entre el marxismo y el Fascismo. Podemos comparar esto con la relación que hay entre, digamos, el cristianismo y el unitarismo. El unitarismo [anti-trinitario] repudia todos los principios distintivos del cristianismo, y sin embargo es claramente un desarrollo del cristianismo, que preserva una afinidad con su tronco parental.

[30] Gregor, Young Mussolini. Ésa fue precisamente la visión de muchos comunistas en los primeros años de la Internacional Comunista (Payne, History, p. 126).

     Estando en el poder, las instituciones concretas del Fascismo y del comunismo tendieron a converger. En la práctica, los regímenes Fascista y nacionalsocialista tendieron cada vez más a conformar aquello que Mises llamó "el modelo alemán del socialismo" [31]. Intelectualmente, los Fascistas diferían de los comunistas en que en gran medida reflexionaban mucho en lo que harían, y luego procedían a realizarlo, mientras que los comunistas eran como sujetos hipnotizados, haciendo una cosa y racionalizándola en términos de algo completamente diferente y del todo imposible.

[31] Ludwig von Mises, Omnipotent Government: The Rise of the Total State and Total War, New Rochelle, 1969 [1944], pp. 55–58.

     Los Fascistas predicaban el desarrollo acelerado de un país atrasado. Los comunistas siguieron empleando la retórica marxista de la revolución socialista mundial en los países más avanzados, pero todo eso era un ritual de encantamiento para consagrar su intento de acelerar el desarrollo de un país atrasado. Los Fascistas deliberadamente convirtieron al nacionalismo en un poderoso mito. Los comunistas defendían el nacionalismo y el imperialismo ruso a la vez que declaraban que su sagrada patria era un Estado internacionalista de trabajadores. Los Fascistas proclamaron el final de la democracia. Los comunistas la abolieron y llamaron a su dictadura "democracia". Los Fascistas argumentaban que la igualdad era imposible y que la jerarquía era inevitable. Los comunistas impusieron una nueva jerarquía, baleando a cualquiera que abogara por una igualdad real, pero nunca dejaron de parlotear acerca del futuro igualitario que ellos estaban "construyendo". Los Fascistas hicieron con sus ojos abiertos lo que los comunistas hicieron con sus ojos cerrados. Ésta es la verdad oculta en la fórmula convencional de que los comunistas eran bien intencionados y los Fascistas mal intencionados.


Revolucionarios Decepcionados

     A pesar de que respetaban "lo irracional" como una realidad, los iniciadores del Fascismo no fueron influídos por consideraciones irracionales deliberadas [32]. Ellos no eran supersticiosos. Mussolini en 1929, cuando se reunió con el cardenal Gasparri en el palacio de Letrán, no era más creyente que el Mussolini polemista violentamente anti-católico de los años previos a la guerra [33], pero había aprendido, en la carrera que eligió como un político modernizador radical, que era una pérdida de tiempo golpear la cabeza contra el muro de ladrillos de la fe institucionalizada.

[32] "Si por medio del misticismo uno intenta el reconocimiento de la verdad sin emplear la razón, yo sería el primero en declararme opuesto a todo misticismo" (Mussolini, citado en Gregor, Contemporary Radical Ideologies, p. 331).
[33] Mussolini era un declarado ateo antes de 1922, cuando su conversión fue teatralizada por razones políticas transparentes. Además de sus muchos artículos y discursos que criticaban a la religión, Mussolini escribió un folleto, El Hombre y la Divinidad, que atacaba a la Iglesia desde un punto de vista materialista, y también escribió un libro fuertemente anti-católico acerca de Jan Hus, la víctima checa del siglo XV de la persecución católica. Hasta que fue políticamente no aconsejable, Mussolini daba un discurso cada año en el aniversario del asesinato por parte de la Iglesia del librepensador Giordano Bruno en 1600. Estando en el cargo, Mussolini trabajó con la Iglesia, generalmente dándole lo que ella quería, por lo cua fue recompensado con su entusiasta apoyo.

     Los izquierdistas a menudo imaginan que los Fascistas estaban temerosos de una clase obrera revolucionaria. Nada podría ser más cómicamente equivocado. La mayoría de los primeros líderes Fascistas había pasado años tratando de conseguir que los trabajadores se hicieran revolucionarios. Ya en Junio de 1914 Mussolini tomó parte con entusiasmo, a riesgo de su propia vida e integridad física, en la violenta y confrontacional "Semana Roja". Los iniciadores del Fascismo eran en su mayoría experimentados militantes anti-capitalistas que una y otra vez habían dado a la clase obrera el beneficio de la duda. La clase obrera, al no convertirse en revolucionaria, había dejado de cumplir las expectativas de esos revolucionarios.

     A fines de los años '20, gente como Winston Churchill y Ludwig von Mises veían al Fascismo como una respuesta natural y saludable a la violencia comunista [34]. Ellos ya habían pasado por alto el hecho de que el Fascismo representaba un fenómeno cultural independiente que antecedía al golpe de Estado bolchevique. Llegó a ser ampliamente aceptado que el futuro estaba entre el comunismo o el Fascismo, y muchas personas eligieron lo que consideraban el mal menor. Evelyn Waugh comentó que él escogería el Fascismo por sobre el marxismo si tuviera que hacerlo, pero él no creía que tuviera que hacerlo.

[34] Acerca del zalamero elogio de Churchill al Fascismo desde fines de los años '20 hasta comienzos de los '30, véase Ridley, Mussolini, pp. 187–188, 230, 281. Para el elogio más prudente de Mises en 1927, véase Mises, The Free and Prosperous Commonwealth, Irvington-on-Hudson, 1962, pp. 47–51.

     Es fácil ver que el ascenso del comunismo estimuló el surgimiento del Fascismo. Pero, dado que la existencia del régimen soviético fue lo que principalmente hizo atractivo al comunismo, y puesto que el Fascismo era una tradición independiente de pensamiento revolucionario, sin duda habría habido un poderoso movimiento Fascista incluso en ausencia de un régimen bolchevique. En cualquier caso, después de 1922 el mismo tipo de influencia funcionó en ambos sentidos: mucha gente se hizo comunista porque consideraba que ésa era la manera más eficaz de combatir al temido Fascismo. Dos bandas rivales de sanguinarios políticos, empeñadas en establecer su propio poder irrestricto, cada una consiguió apoyo señalando los horrores que la otra banda desencadenaba. Cualesquiera fuesen los defectos de tal recurso, los horrores mismos eran demasiado reales [35].

[35] El gobierno Fascista fue asombrosamente opresivo comparado con el régimen democrático que lo precedió, pero claramente menos opresivo que el comunismo o que el nacionalsocialismo (Payne, History, pp. 121–123).


Del Liberismo al Estado Corporativo

     En los primeros días del Fascismo éste incluía un elemento de lo que era llamado "liberismo" [*], la concepción de que el capitalismo y el libre mercado debían dejarse intactos, de que era una completa locura que el Estado se involucrara en la "producción".

[*] https://en.wikipedia.org/wiki/Liberism

     Marx había dejado un extraño legado: la convicción de que la obstinada persecución de la lucha de clases automáticamente llevaría a la clase obrera en la dirección del comunismo. Puesto que la experiencia práctica no ofrece ninguna corroboración de esa suposición, los marxistas tuvieron que elegir entre perseguir la lucha de clases (creando problemas al capitalismo y esperando que algo apareciera) o tratar de apropiarse el poder para introducir el comunismo (lo que evidentemente no tiene nada que ver con las huelgas para conseguir salarios más altos o con reformas políticas tales como la legislación de seguridad en las fábricas). Como resultado, los marxistas llegaron a adorar a la "lucha" por sí misma. Y puesto que los marxistas frecuentemente se sentían incómodos de hablar sobre los problemas que una sociedad comunista podría enfrentar, descartando cualquier discusión al respecto como "utópica", fue fácil para ellos argumentar que había que enfocarse sólo en el siguiente paso de la lucha, y no distraerse con especulaciones sobre el futuro remoto.

     Los marxistas tradicionales creían que debían oponerse a mucha interferencia gubernamental, como los aranceles proteccionistas, ya que aquello enlentecería el desarrollo de las fuerzas productivas (tecnología) y por lo tanto retrasaría la revolución. Por esta razón, un marxista debía favorecer el libre comercio [36]. Confrontados por un creciente volumen de reformas legislativas, algunos revolucionarios veían a aquéllas como astutas concesiones por parte de la burguesía para anular la efectividad de los antagonismos de clase y de ese modo estabilizar su dominio. El hecho de que tales medidas legislativas fueran apoyadas por socialistas democráticos, que habían sido cooptados en el orden establecido, proporcionó un motivo adicional para que los revolucionarios se pusieran de parte del otro lado.

[36] Karl Marx, Speech on the Question of Free Trade, en Karl Marx, Frederick Engels, Collected Works, Nueva York, 1976, vol. 6, pp. 450-465.

     Todas esas influencias podrían persuadir a un marxista de que el capitalismo debía ser dejado intacto para el futuro previsible. En Italia, un motivo adicional fue que los marxistas esperaban que la revolución irrumpiera en los países industrialmente avanzados. Ningún marxista pensaba que el socialismo tenía algo que ofrecer a una economía atrasada como Italia, a menos que la revolución ocurriera primero en Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania y Francia. A medida que la perspectiva de una revolución tal se hacía menos creíble, el asunto del desarrollo industrial italiano era todo lo que quedaba, y aquello era obviamente una tarea para el capitalismo.

     Después de 1919 los Fascistas desarrollaron una teoría del Estado; hasta entonces ése era el único elemento de la teoría política Fascista que no había sido desarrollado. Su desarrollo, en un extenso debate público, dio origen a la visión "totalitaria" del Estado [37], conocidamente expuesta en la fórmula de Mussolini, "Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado". A diferencia de los posteriores nacionalsocialistas de Alemania, los fascistas permanecieron opuestos a la completa nacionalización de la industria, pero, después de unos pocos años de una relativa no intervención, y alguna liberalización, el régimen Fascista se movió hacia una política altamente intervencionista, y las declaraciones Fascistas recalcaban crecientemente el "Estado corporativo".

[37] La palabra "totalitario" fue usada primeramente contra el Fascismo por un oponente liberal, Giovanni Amendola. Fue entonces adoptada orgullosamente por los Fascistas para caracterizar a su propia forma de Estado. Posteriormente dicho término fue ampliamente empleado para referirse a las características comunes de las dictaduras Fascista, soviética y nacionalsocialista, o para denotar un tipo ideal de gobierno ilimitado. En este sentido, dicha palabra era de uso común entre los intelectuales anglófonos hacia 1935, y en los medios populares de comunicación hacia 1941. Irónicamente, la Italia Fascista era en la práctica mucho menos "totalitaria" que la Unión Soviética o que el Tercer Reich, aunque el régimen fue moviéndose metódicamente hacia el totalitarismo.

     Todo rastro de liberalismo se perdió, excepto sólo por la insistencia en que una verdadera nacionalización debía seria evitada. Antes de 1930 Mussolini declaraba que el capitalismo tenía siglos de trabajo útil por hacer (una formulación que sólo se le ocurriría a un ex-marxista); después de 1930, a causa de la depresión mundial, él hablaba como si el capitalismo se hubiese acabado y el Estado corporativo fuera a reemplazarlo más bien que proporcionarle su marco.

     A medida que la dictadura maduraba, la retórica Fascista manifestó cada vez más una hostilidad explícita al ego individual. El Fascismo siempre había sido fuertemente comunitario, pero ahora ese aspecto se hizo más claramente visible. El anti-individualismo Fascista está resumido en la afirmación de que la muerte de un ser humano es como la muerte de una célula en el cuerpo. Entre las reuniones crecientemente histriónicas de los Camisas Negras entre 1920 y 1922, estaban los actos funerales. Cuando el nombre de un camarada recientemente asesinado por los socialistas era pronunciado en voz alta, toda la multitud rugía: "¡Presente!".

     El hombre no es un átomo; el hombre es esencialmente social... Esos vagos clichés eran tanto Fascistas como socialistas. El anti-individualismo era especialmente prominente en los escritos del filósofo oficial Giovanni Gentile, que dio a la teoría social Fascista su forma acabada en los años finales del régimen [38].

[38] Acerca de las ideas de Gentile véase Gregor, Phoenix: Fascism in Our Time, New Brunswick, 1999, caps. 5–6.


El Fracaso del Fascismo

      La ideología Fascista tenía dos objetivos de acuerdo a los cuales el desempeño del Fascismo puede ser razonablemente juzgado: la creación de un ser humano heroicamente moral, en un orden social heroicamente moral, y el acelerado desarrollo de la industria, especialmente en economías atrasadas como Italia.

     El ideal moral Fascista, apoyado por escritores desde Sorel a Gentile, es una especie de inversión de la caricatura de un liberal Benthamista [de Jeremy Bentham, fundador del utilitarismo]. El hombre ideal Fascista no es cauteloso sino valiente, no calculador sino decidido, no sentimental sino implacable, no preocupado por ventajas personales sino en lucha por los ideales, no en busca de comodidades sino experimentando la vida intensamente. Los primeros Fascistas no sabían cómo establecerían el orden social que crearía a ese "hombre nuevo" sino que estaban convencidos de que tenían que destruír el orden burgués liberal que había creado a su opuesto.

     Incluso todavía en 1922 no estaba claro para los Fascistas que el Fascismo, la "tercera vía" entre el liberalismo y el socialismo, establecería un Estado policial burocrático, pero dadas las circunstancias y las ideas Fascistas fundamentales, nada más era posible. El Fascismo introdujo una forma de Estado que era claustrofóbico por su opresión. El resultado fue una población de mediocridades decididamente anti-heroicas, de astutos conformistas aterrados de su propia sombra, mundos apartados de la clase de carácter humano dinámico que los Fascistas habían esperado que heredaría la Tierra.

     En cuanto al desempeño económico del Fascismo, un examen exclusivamente empírico no es concluyente. En sus primeros años, las medidas económicas del gobierno de Mussolini eran probablemente más liberalizadoras que restrictivas. El posterior giro hacia el corporativismo intrusivo fue seguido rápidamente por la depresión económica mundial y luego por la guerra. Pero sabemos realmente por numerosos otros ejemplos que si se deja que siga su curso, el intervencionismo corporativo paraliza cualquier economía [39]. Además, las pérdidas económicas provocadas por la guerra pueden ser atribuídas al Fascismo, ya que Mussolini fácilmente pudo haber mantenido neutral a Italia. El Fascismo por un lado dio un poder tan irrestricto a un solo individuo como para que cometiera el error de involucrar a Italia en la guerra en 1940, y por otro, hizo aquello más probable al exaltar los beneficios de la guerra.

[39] El estudioso estadounidense más sobresaliente del Fascismo es A. James Gregor. Un defecto del análisis de Gregor es su tendencia a suponer que la política económica Fascista pudo funcionar, que es posible para un gobierno fascista estimular el crecimiento indutrial. Cualquier tal punto de vista tiene que aceptar de algún modo el hecho de que el crecimiento económico italiano fue vigoroso antes de la Primera Guerra Mundial.

     En la visión panorámica de la Historia, el Fascismo, el comunismo, todas las formas de socialismo, así como el ecologismo y el anti-globalismo de hoy, son el resultado lógico de errores intelectuales específicos sobre el progreso humano. El Fascismo fue un intento de recoger los frutos materiales de la economía liberal, a la vez que de abolir la cultura liberal [40]. El intento fue completamente quijotesco: no hay tal cosa como desarrollo económico sin capitalismo de libre mercado, y no hay tal cosa como capitalismo de libre mercado sin el reconocimiento de los derechos individuales. La aversión contra el liberalismo fue el resultado de ideas erróneas, y el vano intento de suplantar al liberalismo fue la aplicación de errores conceptuales adicionales. Al perder la guerra, el Fascismo y el nacionalsocialismo se salvaron de la esclerosis terminal que asedió al comunismo.

[40] "Liberal" significa el clásico liberal o libertario.


"El Hombre que Está Buscando"

     Cuando Mussolini cambió desde ser anti-guerra a pro-guerra en Noviembre de 1914, los otros líderes del Partido Socialista afirmaron inmediatamente que él había sido comprado por la burguesía, y esa acusación ha sido repetida desde entonces por muchos izquierdistas. Pero cualquier noción de que Mussolini se vendió es más improbable que la teoría de que Lenin se apropió del poder porque él fue pagado por el gobierno alemán para sacar a Rusia de la guerra. Como la figura suprema de la Izquierda italiana, Mussolini estaba cierto de su éxito. Él estaba haciendo en su carrera una apuesta con muchas probabilidades al provocar su expulsión del Partido Socialista, además de arriesgar su vida como soldado de primera línea [41].

[41] Ignazio Silone sostuvo que Mussolini inescrupulosamente sólo intentó conseguir el poder para sí mismo (The School for Dictators, Nueva York, 1939). Si bien esto es menos absurdo que la teoría de que él se vendió para obtener ganacias financieras, tampoco cuadra con los hechos de la vida de Mussolini.

     Al igual que Lenin, Mussolini era un diestro revolucionario que se ocupó de las finanzas. Una vez que él hubo decidido aparecer como favorable a la guerra, comprendió de antemano que iba a perder sus ingresos de parte del Partido Socialista. Él se acercó a ricos patriotas italianos para conseguir apoyo para Il Popolo d'Italia, pero gran parte del dinero que llegó a Mussolini procedía de manera encubierta de los gobiernos Aliados que querían llevar a Italia a la guerra. De manera similar, los bolcheviques de Lenin recibieron ayuda de adinerados partidarios y del gobierno alemán [42]. En ambos casos, vemos a un decidido grupo de revolucionarios que usan su ingenio para recaudar dinero para conseguir sus metas.

[42] Angelica Balabanoff, activista socialista y amante de Mussolini de manera intermitente desde 1904 en adelante, estuvo entre el séquito de Lenin, y se embarcó con éste hacia Rusia en el famoso "tren sellado" alemán.


     Jasper Ridley sostiene que Mussolini cambió porque él siempre "quería estar en el bando ganador", y no se atrevía a "nadar contra la marea de la opinión pública" [43]. Esta explicación es débil. Mussolini había pasado toda su vida en una posición antagónica a la mayoría de los italianos, y con la fundación de un nuevo partido en 1919 él deliberadamente se pondría en contradicción con la mayoría. Dado que los individuos usualmente suelen ser más influídos por la presión de su "grupo de referencia" que por las opiniones de la población en general, podríamos preguntar por qué Mussolini no nadó siguiendo la corriente de la dirigencia del Partido Socialista y de la mayoría de los miembros del partido, en lugar de sumarse a los socialistas de dentro y fuera del Partido que se habían puesto a favor de la guerra.

[43] Ridley, Mussolini, p. 67.

     Aunque su personalidad puede haber influído en la oportunidad de sus acciones, o incluso sobre sus decisiones concretas, la presión para que Mussolini cambiara su posición provino de una larga evolución en sus convicciones intelectuales. Desde sus tempranos años como un marxista revolucionario, Mussolini había tenido simpatías por el sindicalismo, convirtiéndose en un sindicalista real. A diferencia de otros sindicalistas, él permaneció en el Partido Socialista, y a medida que ascendía dentro de aquél, continuó manteniendo sus oídos abiertos a aquellos sindicalistas que habían abandonado el Partido. En muchos asuntos, su forma de pensar concordaba con la de ellos, con una mayor cautela, y a menudo con cinco o diez años de retraso.

     Entre 1902 y 1914 el sindicalismo revolucionario italiano experimentó una rápida evolución. Siempre opuestos a la democracia parlamentaria, los sindicalistas italianos, bajo la influencia de Sorel, se comprometieron cada vez más con la violencia extra-constitucional y con la necesidad de que la vanguardia revolucionaria iniciara una conflagración. Ya en 1908 Mussolini el marxista sindicalista había aceptado esas nociones elitistas, y comenzó a emplear el término gerarchia (jerarquía), que seguiría siendo una palabra favorita suya en el período Fascista.

     Muchos sindicalistas perdieron la fe en el potencial revolucionario de la clase obrera. Buscando una receta revolucionaria alternativa, los más "avanzados" de esos sindicalistas comenzaron a aliarse con los nacionalistas y a favorecer la guerra. La primera reacción de Mussolini a esa tendencia fue el disgusto que podríamos esperar de cualquier izquierdista que se precie [44], pero dadas las premisas de ellos, las conclusiones de los sindicalistas resultaban persuasivas.

[44] Sternhell, Birth, p. 202.

     La lógica subyacente a la cambiada posición de ellos era que desafortunadamente no iba a haber una revolución de la clase obrera, ni en los países avanzados ni en países menos desarrollados como Italia. Italia estaba abandonada a sus propios medios, y su problema era la baja producción industrial [45]. Italia era una nación proletaria explotada, mientras que los países ricos eran desarrolladas naciones burguesas. La nación era el mito que podía unir a las clases productivas detrás de un impulso para expandir la producción. Esas ideas presagiaron la propaganda del Tercer Mundo durante los años '50 y '60, en la cual las élites aspirantes en países económicamente atrasados presentaban sus propios gobiernos, en absoluto humanitarios, como "progresistas" porque acelerarían el desarrollo del Tercer Mundo. De Nkrumah a Castro, los dictadores del Tercer Mundo seguirían los pasos de Mussolini [46]. El Fascismo fue un ensayo general para el tercermundismo de posguerra.

[45] Puede parecer extraño que hubiera tal preocupación acerca del desarrollo italiano cuando la economía italiana estaba creciendo muy vigorosamente; precisamente la misma paradoja surge con las recientes actitudes izquierdistas acerca de la "pobreza en el Tercer Mundo".
[46] Sobre las notables similitudes entre el Fascismo y el socialismo africano, véase Gregor, Contemporary Radical Ideologies, cap. 7.

     Muchos sindicalistas también se convirtieron en "productivistas", instando a que los trabajadores no hicieran huelgas sino que se apoderaran de las fábricas y las mantuvieran funcionando sin los jefes. Si bien el productivismo como táctica de acción industrial no llevaba a ninguna parte, la idea productivista implicaba que todos los que ayudaban a aumentar la producción, incluído el segmento productivo de la burguesía, debían ser apoyados y no combatidos.

     Aproximadamente desde 1912 aquellos que observaban de cerca a Mussolini notaron cambios en su discurso. Él comenzó a emplear las palabras "pueblo" y "nación" en vez de "proletariado". (Posteriormente tal lenguaje patriótico se volvería aceptable entre los marxistas, pero en ese entonces todavía era inusual y un tanto sospechoso). Mussolini se fue convenciendo gradualmente, unos años más tarde que los líderes más avanzados de la extrema Izquierda, de que el análisis marxista de clase era inútil, de que el proletariado nunca llegaría a ser revolucionario, y que la nación tenía que ser el vehículo del desarrollo. Una implicación elemental de esa posición es que las huelgas iniciadas por los izquierdistas y las confrontaciones violentas no eran simplemente payasadas irrelevantes sino obstáculos reales para el progreso.

     Cuando Mussolini fundó el periódico "Utopía", fue para proporcionar un foro en el cual sus camaradas de partido pudieran intercambiar ideas con sus amigos los sindicalistas revolucionarios de fuera del Partido. Él firmaba sus artículos en ese entonces como "El hombre que está buscando". El colapso de la Segunda Internacional al inicio de la guerra, y el alineamiento de los partidos socialistas de masas de Alemania, Francia y Austria detrás de sus respectivos gobiernos nacionales, confirmaron una vez más que los sindicalistas habían estado en lo correcto: el internacionalismo proletario no era una fuerza viva. El futuro, concluyó él, estaba en el nacional-sindicalismo productivista, el que con algunos ajustes se convertiría en el Fascismo.

     Mussolini creía que el Fascismo era un movimiento internacional. Él esperaba que tanto la decadente democracia burguesa como el dogmático marxismo-leninismo cederían terreno en todas partes al Fascismo, y que el siglo XX sería un siglo de Fascismo. Al igual que sus contemporáneos izquierdistas, él subestimó la capacidad de recuperación tanto de la democracia como del liberalismo de libre mercado. Pero en lo esencial la predicción de Mussolini se cumplió: la mayoría de la gente del mundo en la segunda mitad del siglo XX fue gobernada por gobiernos que en la práctica estuvieron más cercanos al Fascismo que al liberalismo o al marxismo-leninismo

     El siglo XX fue verdaderamente el siglo Fascista.–




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