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martes, 28 de junio de 2016

Miguel Serrano - El Secreto de Julius Evola



     La tercera parte del libro "Nuestro Honor Se Llama Lealtad" (1994) del escritor y diplomático chileno Miguel Serrano es el siguiente breve texto que aquí presentamos, donde el autor se refiere a la Introducción que escribió Julius Évola en 1937 para una edición de Los Protocolos de los Sabios Ancianos de Sión (publicada en la entrada anterior en este blog), a recuerdos suyos de Évola, y a Adolf Hitler en cuanto arquetipo.


El SECRETO de JULIUS ÉVOLA
por Miguel Serrano, 1994



     Creo haber escrito que Julius Évola [1] ha sido el más grande pensador italiano del siglo. Allí donde se interesó, fue a fondo, como ningún otro. Y donde no lo fue, es porque algo muy extraño le aconteció, seguramente. Desde los tiempos de la guerra tengo en mi poder la edición italiana de Los Protocolos de los Sabios Ancianos de Sión, hecha en Roma en 1938 por Novissima. Es un ejemplar numerado, que tiene el número 443, reproducción fiel de la primera edición de La Vita Italiana, de Febrero de 1921, y que se agotó en Julio de 1937, según nos cuenta Giovanni Preziosi, divulgador del documento y luchador hasta su muerte por la causa del arianismo.

[1] Julius Évola, profundo pensador y escritor italiano de una línea elitista, aun cuando él se definiera como "tradicionalista" y compañero de ruta de Guénon, circunscribe la tradición a una fuente polar hiperbórea. Sus libros han sintetizado y expuesto de un modo magistral la sabiduría hindú, el budismo —La Doctrina del Despertar—, el tantrismo —La Yoga de la Potencia—, la alquimia —La Tradición Hermética y también El Misterio del Gral y La Tradición Gibelina. Otros importantes libros son: La Metafísica del Sexo y La Revuelta contra el Mundo Moderno, en contrapunto con El Reino de la Cantidad, de René Guénon. Además, Cabalgar el Tigre y El Hombre entre las Ruinas.

     Ahora bien, esta excelente edición [2], comparable sólo a la realizada muchos años después por nuestro amigo el profesor Claudio Mutti, lleva una introducción importantísima de Julius Évola, la que leo y releo a través del tiempo, admirándome siempre de la lucidez y profundidad de sus conceptos. Con absoluta objetividad analiza ese documento terrible, y dice cosas que, en la distancia de más de cincuenta años, algunos investigadores acuciosos de secretos históricos vienen hoy a repetir casi exactamente, aunque con el objeto de dispensar de culpa a los judíos. Nos referimos a los escritores de El Enigma Sagrado y El Legado Mesiánico, tres autores de más de mil páginas destinadas a crear una tremenda confusión, desviando la atención del verdadero asunto —no nos atrevemos a afirmar si consciente o inconscientemente—, aun cuando pensando que tanta energía y tiempo gastados siempre llevan a un fin y están al servicio de alguien, o de alguna secreta causa. Estos investigadores, al igual que Évola hace medio siglo, repiten la hipótesis de que el fin de Los Protocolos, o sea, su parte "constructiva", ha sido agregada a la destructiva, que Julius Évola considera, si no auténtica, por lo menos veraz, por coincidir con los textos mucho más antiguos de la tradición judaica, como la Torá, la Mishná y el Talmud, donde se predica la misma destrucción y odio a los goyim, a los no-judíos.

[2] La edición que hicimos en Chile de Los Protocolos, con el título de "Los Protocolos de los Sabios de Sión y Su Aplicación en Chile" (1985), es una traducción de la edición italiana de 1938.

     Demás está agregar que los tres autores contemporáneos sacan como conclusión que todo el documento es falso, achacándoselo a una conspiración anti-judía. Liberan de culpa a los judíos y aseguran así su éxito económico y de difusión. Difícil será pensar que esos tres autores no conozcan la verdad, tras una investigación que se extiende por más de dos mil años de Historia desconocida y ocultada.

     De toda la copiosa obra de Julius Évola, no he leído otras páginas donde realmente haya revelado el secreto que en su totalidad se llevó fuera de este mundo —terrible secreto— salvo aquí, precisamente, en la introducción a Los Protocolos de los Sabios Ancianos de Sión. Ya en 1938 ha escrito:

     «Aun admitiendo una causalidad oculta como fondo del subvertimiento (descomposición) occidental, queda por demostrar que precisamente sea el judío el único y verdadero responsable (...) Es decir, admitiendo la existencia de unos "sabios" desconocidos, queda por ver si ellos son precisamente "sabios de Sión"...».
     Y agrega estas misteriosas palabras: «No se debe impedir una indagación más profunda, que nos haga descubrir fuerzas de las que el mismo judaísmo habría podido ser, en parte, tan sólo un instrumento (...) Existe la necesidad de referirse a una trama mucho más vasta de fuerzas ocultas pervertidoras, que nosotros hasta nos inclinamos a no limitar a elementos puramente humanos...».

     ¿Qué quería decir con esto Julius Évola, sólo un año antes de comenzar la Segunda Guerra Mundial? Se ha afirmado que Évola, por insinuación de Himmler, estuvo investigando sobre esas "fuerzas ocultas pervertidoras", que no se limitarían a "elementos puramente humanos". Y habría sido en el curso de esa investigación, en Viena, donde fue gravemente herido en un bombardeo.

    De allí en adelante, Julius Évola se convirtió en un inválido, movilizándose en una silla de ruedas. Se deberá pensar que también suspendería esa peligrosa investigación, que lo habría llevado a descubrir el "elemento No-Humano"...

    Puedo aportar varios ejemplos de casos semejantes a ese accidente fatal, justo en personas que han descubierto "algo" y que empezaban a investigar en esa misma línea, sin saber bien lo que hacían. Muertes en accidentes de algún familiar, incendio de la casa, con desaparición de documentos valiosos, cosas inexplicables destinadas a aterrorizar y a impedir la investigación. Casi siempre han obtenido éxito esas fuerzas "no humanas", pudiendo continuar ocultas, veladas.

* * *

     Conocí a Julius Évola ya inválido, en su departamento de Roma, donde había nacido y murió. Su familia noble era de Nápoles. Luego, la Fundación que hoy lleva su nombre, creo que aún se halla en el mismo número de esa calle romana. Volví allí después de su muerte y encontré a la "gobernanta", una mujer austriaca que lo cuidó hasta el final. Me contó que él supo que iba a morir, que pidió que le vistiera su uniforme de oficial del ejército y lo llevara hasta su mesa de trabajo, junto a la ventana, donde se contemplaban los viejos techos de Roma. Y allí expiró. Pero esa mujer también me hizo una revelación: Julius Évola creía que fue en un hospital de Viena donde lo dejaron inválido a propósito. Más de alguien colaboró allí con los "no humanos". Tal vez los mismos que lo vienen haciendo desde el comienzo de la existencia del hombre sobre la Tierra, sus "instrumentos"...

     Al parecer, la investigación de Évola en Viena se cumplía en ciertos archivos de la Masonería. Yo mismo conseguí en el convento de Lambach un documento masónico en alemán antiguo, pero sin mayor trascendencia, pues los más importantes ya habrían sido recogidos por las SS, por tratarse, además, del convento benedictino donde Hitler permaneció un tiempo cuando niño. Los hitleristas habían obtenido en Francia información muy valiosa sobre la Masonería, y tal vez Julius Evola pretendía ampliarla en Austria. Obligadamente, debemos quedarnos aquí, en este punto, ya que nunca Évola volvería a revelar algo más sobre este trascendental drama.

     Tenemos que preguntarnos: ¿Qué pasó con él? ¿Acaso se amedrentó, como otros? Después de todo, su invalidez no tendría por qué impedirle continuar de alguna forma esa investigación, destinada más a otro mundo (no humano) que a éste. Se dedicó, en cambio, a estudios eruditos, que, en el fondo, a nada llevan, si juzgamos desde la perspectiva exacta que él descubre en 1938.

     Julius Évola fue un pensador de la línea que hoy se denomina "tradicionalista", admirador y amigo de Guénon, a quien, a nuestro entender, ha superado ampliamente, por hacer derivar la "Tradición" del Polo Norte, de Hiperbórea, una Tradición Polar, mientras Guénon la veía en India, en Oriente, convirtiéndose al Islam, un derivado semítico monoteísta —bastante alterado ya— de esa Tradición Polar.

     Al final de sus días, no sabemos lo que Évola habrá realmente pensado, ni si mantuvo esa "vivencia" fundamental de los años '30. En todo caso, pareciera como que no la desarrolló en toda su terrible connotación, quedándose detenido en aquel punto. Tampoco nada nos dice al respecto su amigo Pascal. Es posible que Évola no haya querido revelar todo lo que supo, llevándose el secreto consigo. En algunas de sus últimas obras, no recuerdo cuál, se refirió a Hitler, definiéndolo como un fanático anti-judío. ¡Qué extraña declaración! Quizás si hubiere continuado la investigación a fondo habría llegado a comprender y a aceptar la verdad que Hitler descubrió antes que él, yendo hasta el final de la vivencia, y también Nilus, el primer editor ruso de Los Protocolos.

     Nada, absolutamente nada, desde los mismos comienzos de la existencia de la Humanidad sobre la Tierra, es más que la historia de la "subversión" cumplida a través de los judíos, instrumentos de esa fuerza "no humana". Aunque es muy posible que en el comienzo mismo no se hayan llamado "judíos". Hitler ha sido el primero en descubrirlo, revelándolo en Mi Lucha, y definiendo así toda su acción en este mundo. Él ha sido el único en toda la historia del Hombre sobre la Tierra. Y hasta qué extremo, lo veremos al final de este trabajo.

* * *

     En la conversación en su departamento de Roma, Julius Évola me contó que Mussolini le había pedido que escribiera sobre racismo, en una línea distinta a la alemana de Rosenberg, no exclusivamente biológica. De ahí habrían nacido sus dos ensayos: Il Mito del Sangue y Sintesi di Dottrina della Razza. Se refiere a una "raza del espíritu", más importante que una "raza biológica", adaptando algunas concepciones hindúes a su tesis. En la misma introducción a Los Protocolos, Évola afirma que el judío no lo es tanto por la genética como por la "Ley", que lo ha moldeado milenariamente, permitiéndole (la observancia de esta "Ley", su "nomocracia") sobrevivir a través de los milenios, cuando muchos otros pueblos han desaparecido. Yo discrepo de esta explicación, bastante compartida, por lo demás.

     Por haber vivido años en India, compruebo que la "Ley" no basta para preservar un pueblo, una casta, una raza. Los brahmanes, hasta hoy, observan severamente la ley de su casta, como los judíos, y, sin embargo, ya están en decadencia y extinción. También en este caso fue Hitler quien vio claro: "Sólo la pureza de la raza preserva la raza". No basta la "Ley". Los brahmanes no han seguido una técnica racial estricta como el judío, no han preservado la pureza de su sangre aria. Por eso han muerto. Fueron severos en la observancia de los sacrificios, las abluciones y las reglas alimenticias, pero no en las raciales, las que fueron aflojándose al paso de los siglos. Fue así como varna (color) se transformó en casta. Es decir, el conquistador ario de la India se mezcló con los dravidias y negroides nativos.

     Yo iría aún más lejos en estas reflexiones esenciales, pudiendo afirmar mi raciocinio en la misma estremecedora intuición de Julius Évola, expuesta en su introducción a Los Protocolos. Ni siquiera la pureza de la raza aseguraría una cuasi inmortalidad terrestre; solamente un Pacto establecido con esa Fuerza "no humana" de la subversión y la destrucción, pasando a ser sus servidores incondicionales y sus siervos, "agentes del Demonio", les hará merecer el premio de la perdurabilidad y del dominio ilusorio del planeta. Eso jamás lo podrá realizar un ser humano: sólo un "robot genético", ensamblado por lo "No-Humano".

     Es ésta la espantable conclusión que se extrae —si se es honesto y consecuente— de esta afirmación de Julius Évola, hecha un año antes de comenzar la Gran Guerra, conflicto que fuera precisamente provocado por esa "Sombra No-Humana", a través de sus "instrumentos autómatas", de sus servidores incondicionales.

     Hace un tiempo, se han publicado en Estados Unidos unos extraños documentos, cuyos autores serían ex agentes de Inteligencia de la CIA y del M12. Se refieren también a pactos establecidos entre esos servicios de espionaje y fuerzas "extraterrestres" ("no humanas"). Si se habla de elementos "no humanos", forzosamente tendrán que ser "extra-humanos", ya que animales no podrían serlo. Son los Informes de Lear y de Cooper. ¿Se considerarían también ellos como una desinformación más, propiciada o permitida por los mismos organismos de Inteligencia, ya que sus autores siguen vivos? Sin embargo, la última publicación de Cooper se refiere a una conspiración mundial, universal, cósmica, incluyendo al final de su libro el texto completo de Los Protocolos de los Sabios Ancianos de Sión. La obra se titula Behold a Pale Horse, es decir, He Aquí un Caballo Blanco. Nombre revelador, pues el Caballo Blanco y Kalki, el último Avatâra, son sinónimos en la concepción hindú del final de los tiempos, del Ragnarök o "Crepúsculo de los Dioses". Kalki vendrá a juzgar y a rescatar a los suyos, montado en un Caballo Blanco, al final del Kali-yuga.

* * *

     Nikolas Berdaief nos hablaba de un "prólogo" a la historia humana terrestre, que se habría cumplido fuera de aquí. Es decir, la Batalla habría comenzado antes, mucho antes. Para Sergyei Nilus, otro ruso, el plan de destrucción tiene mucho más de dos mil años, llevándose a cabo en Egipto; en la antigua Hélade dórico-sacral, con el advenimiento de la Hélade humanística (también la degeneración de la casta brahmánica y la principesca de la India se habría producido con la penetración en ellas, por medio del dinero, de los judíos Beni-Israel); en la decadencia del Imperio Romano; la corrupción absolutista del Sacro Romano Imperio, con Carlos V; la mercantilización de Inglaterra; la Revolución francesa; la Revolución bolchevique, que Nilus previó y trató de evitar con la publicación de Los Protocolos; la acción secreta de descomposición interna de Alemania, etcétera. Los rusos siempre se proyectan hacia las alturas, a otra dimensión, y sólo el elemento eslavo los descontrola, aportándoles una falsa solución (el cristianismo Ortodoxo, por ejemplo), para impedirles librar así el verdadero combate. Cosa que también aconteció, en definitiva, con Julius Évola, aunque por otras razones.

     ¿Qué sucede? ¿Qué es lo que impide alcanzar a tantos las conclusiones lógicas, diríamos, las únicas correctas a las que sus premisas debieran llevarles? ¿Acaso un impedimento en la sangre, algo que los bloquea allí? ¿O algo que los espantó, que los hizo flaquear y que les nubló el entendimiento, empujándolos por caminos laterales, menos dramáticos y peligrosos, más cómodos?.

     El término "tradicionalismo" les ha venido a servir de escape hoy, brindándoles una salida, un engaño, o un disfraz que les oculta a sus propios ojos y a los de los demás su esencial cobardía, para no librar la lucha frontal contra el Enemigo No-Humano, y también terrestre.

* * *

     Dejaba yo esa tarde su departamento de Roma, cuando Julius Évola me llamó para que regresara. Pareció querer decirme algo. ¿Acaso revelarme su secreto? No lo sé, no lo creo. Estaba sentado en su silla de ruedas y en mangas de camisa, pues era el caluroso verano de Italia. Me miró con una tenue sonrisa y me señaló, a través de su ventana, el atardecer sobre los viejos techos de Roma. Las campanas sonaban, todas las campanas...

     Fue su despedida.


La Operación "Barbarroja"

     Dijimos que al final explicaríamos hasta qué punto ha sido Adolf Hitler el único, en toda la historia conocida de este planeta, en plantear la lucha contra el Enemigo No-Humano y sus "instrumentos terrestres" en términos absolutos, sin flaquear, sin una sola duda, "fanáticamente", con un valor también sobrehumano. Nadie, ni Julián el Apóstata, ni el Emperador Federico de Hohenstaufen, absolutamente nadie, lo hizo antes de él, de un modo siquiera parecido. Y nos ha extrañado siempre que un pensador de la inteligencia de Julius Évola, que tuvo esa penetrante intuición, no se pusiera por ello mismo incondicionalmente al lado del Führer germánico en su Combate Cósmico. Ni siquiera al lado de Mussolini se puso. Por aquel entonces el Duce veía en los germanos a "los bárbaros de Tácito". Évola no se refirió de un modo favorable a Mussolini y me declaró que él (Évola) no era fascista.

     Quizás su reticencia se debiera a ese impulso que desvía a muchos luchadores en el momento decisivo, llevándolos a plantearse el combate en términos de lo no-absoluto, de lo relativo, de lo "pragmático", de lo "consecuente", yéndose por atajos y desvíos; en una palabra, a luchar contra un enemigo equivocado, pasando así a formar parte del frente de la Gran Desinformación, sin que ellos mismos siquiera logren saberlo, actuando de un modo, por lo general, inconsciente; sea impulsados por una fuerza o inteligencia externa, o por su no declarado miedo. Impulso incontrolable, gestado en la sangre, que los lleva casi siempre a engañarse a sí mismos.

     Habiendo descubierto todo esto, también desde los tiempos de la Gran Guerra, debí hacerme la pregunta, tal como Parzival frente al Gral, admirándome de ahí en adelante de cómo los acontecimientos históricos y hasta de mi propia vida pasaban a adquirir dimensión arquetípica. Porque así sucederá siempre cuando los hechos se apartan de lo relativo y dejan los atajos, por haberse planteado en términos absolutos. ("Cuando las cosas vienen a nosotros deseosas de transformarse en símbolos", como decía Nietzsche). Y supe que el Genio de la historia terrestre del hombre [Hitler], quien se había remontado tan temprano a lo Absoluto, enfrentando con esos valores al Enemigo, no podía, por la misma razón, dar una solución relativa al Gran Conflicto. ¿Qué hizo? ¿Qué iba a hacer? ¿Qué haría? Nada que pudiera depender ya de él mismo, como ente humano, sino como un Agente de la Fatalidad del Arquetipo. Y esta Fatalidad se encontraría simbolizada en el nombre que eligiera para la campaña en Rusia Soviética: "Operación Barbarroja". Arquetipo de Muerte y Resurrección.

     Es decir, Hitler, mejor dicho, el Arquetipo que lo poseía, entraba a preparar —al igual que lo hiciera en tiempos de Kristos— la aparente Muerte y Resurrección, al final del tiempo, "cuando se acaba el tiempo".

     Pocos recuerdan ya que al terminar la Gran Guerra, casi nadie creía que Hitler hubiera muerto en Berlín. (En una encuesta en Estados Unidos, el setenta por ciento afirmaba que estaba vivo. A su vez, Stalin lo aseguraba). Habría partido hacia los Oasis de la Antártica. También Jesús no murió en la cruz; nos lo afirman los autores de El Enigma Sagrado y El Legado Mesiánico. El que realmente muere crucificado, "pendido" en el "Leño", y resucitado al Tercer Día, es Kristos- Wotan, el Arquetipo; no es la persona histórica y humana de Jesús, si la hubo. En la India me mostraron la tumba de Jesús, en Cachemira; lo cuento en La Serpiente del Paraíso. Tal vez esa fuera la tumba del apóstol Tomás (el "Apóstol de Indias"), quien fue el hermano gemelo de Jesús ("Tomás" —Taoma— quiere decir "gemelo", "doble", "Doppelgänger"). Es decir, el mismo Jesús escapado vivo, ya que, míticamente, los gemelos son uno solo, el humano y el no humano, el divino y el mortal.

     Quien conozca la Sombra tremenda del Enemigo, por habérsele enfrentado, no podrá plantear el Combate en términos tan simples ni humanos ("humano demasiado humano", como también decía Nietzsche). Y el Arquetipo vendrá en su ayuda, realizando los "actos" por su cuenta. Así, lo sacará del Bunker y lo llevará a los hielos de la Antártica, para que allí duerma y resucite a tiempo —en "su tiempo"—, como el Emperador Dormido, Barbarroja.

     Yo creo en esto, así como los kristianos —con "k", bajo la influencia del germanismo odínico (de Odín) [3]— por más de mil años han creído en la crucifixión de Kristos, en su Resurrección con el cuerpo y en su bajada a los infiernos a sacar las almas de los muertos (a ayudar a sus héroes en la Edad del Hierro, rescatarlos en la Tierra-Infierno del Kali-yuga), y en que volverá a juzgar, "en gloria y majestad", tras la Batalla de Armagedón, al final de los tiempos.

     Yo también lo creo, pues es lo mismo. Es la Verdad del Arquetipo recurrente, también la Verdad Sobre-Humana de Nuestro Arquetipo. Porque Él también retornará. Y junto a Él combatiremos y viviremos para siempre.

[3] El "cristianismo" de Paulo de Tarso es esencialmente judío, y si tomó elementos del mitraísmo, lo hizo por necesidad de infiltrar, debilitar y convertir a los romanos. El mitraísmo era preferido por las legiones. Los elementos y símbolos iniciáticos odínicos (de la leyenda y crucifixión de Odin-Wotan, en el árbol Ygdrasil), "madero", "leño", "cruz", son de siglos posteriores, e incorporados a este cristianismo a objeto de lograr la conversión de los germanos, de los sajones de los Externsteine, en los bosques de Westfalia, donde aparecía Wotan crucificado en el Ygdrasil, precisamente.–




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