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lunes, 9 de mayo de 2016

Revilo P. Oliver - Una Cautividad Babilónica



     Este breve artículo de 1991 del profesor estadounidense de literatura clásica Revilo Oliver que ofrecemos aquí en castellano apareció originalmente en la revista Liberty Bell (1973-1999), habiéndolo hallado nosotros en el sitio revilo-oliver.com. Su tema tiene que ver con la política alemana de asentamientos de otras etnias fuera de Alemania y temas relacionados, y con cómo políticas siniestramente inversas han estado llevándose a cabo por parte de esos extranjeros contra las naciones Blancas.


Una Cautividad Babilónica
por Revilo P. Oliver
Septiembre de 1991



     En Christian News, el 8 de Julio de 1991, el doctor R. Clarence Lang hizo una reseña de un nuevo libro —Die zweite Babylonische Gefangenschaft, El Segundo Cautiverio Babilónico, de Steffen Werner— que revela por fin lo que puede ser el secreto mejor guardado del Suicidio de Occidente entre 1939 y 1945.

     Todo el que haya pensado en el impúdico Holocuento de los judíos con una mente que no haya sido paralizada por el miedo a los terroristas yíddish sabe que la "solución final" al problema judío contemplada por Hitler y sus seguidores era la deportación de los parásitos desde Alemania al territorio redimido de la tiranía judeo-comunista. Lo que ese libro revela es que aquella política demasiado humana fue realmente llevada a cabo a gran escala entre 1941 y 1943, y que cantidades muy grandes de judíos de Alemania y de países aliados fueron reasentadas en tierras que habían sido tomadas a los soviéticos, especialmente, parece, alrededor de Minsk (Minsea), la capital de Rusia Blanca (Bielorrusia), a medio camino (unos 480 kms.) entre Varsovia y Moscú.

     Minsk, a propósito, era una especie de patria judía, ya que entre un tercio y la mitad de la población de la ciudad durante siglos había estado formada por los queridos de Dios. Además, parece que grandes áreas alrededor de la ciudad estaban deshabitadas y vacantes en 1941, ya que aproximadamente dos millones de sus habitantes habían sido deportados por Stalin en preparación para su proyectado ataque contra Alemania [1]. Los dos millones de personas sacadas desde sus hogares por Stalin eran indudablemente Rusos Blancos, que habían sido conquistados sólo con gran dificultad por los bolcheviques en 1919-1921, y que retenían una viva antipatía por el gobierno judeo-comunista.

[1] Hitler apenas tuvo éxito en anticiparse al ataque "sorpresa" soviético. Vea el artículo de Victor Suvórov, antes un miembro del Estado Mayor General soviético, en Liberty Bell, Enero de 1986, pp. 27-39.

     Millones de judíos fueron transportados desde Alemania, países aliados y Polonia a sus nuevos hogares a través de los principales centros ferroviarios, Auschwitz, Treblinka, Sobibor y Maidanek, todos ahora famosos en las historias contadas para apoyar el gran fraude de los judíos en Europa y Estados Unidos. No puede ser negado que, en aquellos Campos de Transferencia, los alemanes despiojaron y bañaron cruelmente a los sagrados judiazos, exterminando de esa manera a millones o miles de millones de piojos, que habían crecido en los judíos e indudablemente habían absorbido un poco de su santidad junto con la grasa. Algunos del pueblo santo fueron también enviados a campos de trabajo con la esperanza de aliviar la desesperada necesidad de los alemanes de trabajadores en industrias relacionadas con la guerra.

     Los judíos que habían sido reasentados en Rusia Blanca naturalmente incitaron a las poblaciones polaca, rusa y tártara para sabotear y llevar a cabo operaciones guerrilleras contra los alemanes, sobre todo después de que los ejércitos soviéticos fueron capaces de sostener posiciones contra los alemanes y comenzar una reconquista de los territorios que ellos habían perdido. Aquella clase de rebelión encubierta presenta el más difícil de todos los problemas militares, y puede ser contrarrestada sólo mediante severas represalias, como es la costumbre de todas las naciones, algo que está expresamente aprobado por las reglas de la guerra que fueron reconocidas alguna vez en todas partes del mundo civilizado. Los Einsatz-gruppen de la SS funcionaron con la tradicional eficacia alemana en un esfuerzo desesperado para proteger y mantener las líneas de comunicación del ejército. Podemos estar seguros de que ellos fueron tan impíos que no perdonaron a los miembros de la raza santa que fueron atrapados mientras estaban involucrados en sabotaje o terrorismo.


     Después de la catástrofe de 1945, el reasentamiento de judíos por parte de los alemanes en Rusia Blanca, que debe explicar una parte considerable de los cuatro millones de gente piadosa que ahora están en el territorio soviético, fue mantenido como un secreto por la colaboración entre el régimen judeo-comunista de Rusia —preocupado de culpar a los alemanes por sus propios feroces crímenes, como el asesinato de oficiales polacos en el bosque Katyn [2]— y la Raza Internacional, afanada en promover su obsceno Holofraude para hacer a los arios estúpidos sentirse culpables y arrearlos fácilmente hacia su eventual perdición. El libro examinado por el doctor Lang es, hasta donde sé, la primera exposición de ese engaño secundario.

[2] Un artículo en el Post Eagle, reimpreso en la misma edición de Christian News, indica que los asesinatos en Katyn y otros crímenes comparables fueron todos obra de los judíos, que siempre dominaron y en gran parte proveyeron de personal a la policía secreta soviética, y estuvieron especialmente autorizados por Stalin para liquidar a los polacos que se oponían al salvajismo soviético.

     El doctor Lang señala que es bien sabido que esa política de reasentamiento de los judíos fue realizada en Transnistria, un territorio al Este de Rumania. Uno de los miles de judíos reasentados de esa forma sin penurias significativas fue un judío honesto, J. G. Burg (Joseph Ginsburg), que fue un testigo de Ernst Zundel en su juicio de 1988. Él tiene derecho a nuestra sincera gratitud. Su primer libro, Schuld und Schicksal (Múnich, 1962), fue nuestra primera prueba sólida y bien documentada de los esfuerzos frenéticos de los sionistas para incitar un verdadero "holocausto" de judíos en Alemania como un medio de azuzar a los arios imbéciles para atacar a una nación que era un campeón de nuestra raza [3].

[3] Cf. mi artículo Enemigos de Nuestros Enemigos, Enemies of Our Enemies, nota 62.

     Debería ser notado en particular que el reasentamiento de judíos en Rusia Blanca fue realizado tan humanamente como fue posible. Ellos fueron enviados a una región que estaba dominada por sus congéneres de la misma tribu, que habían monopolizado durante mucho tiempo su industria y comercio y con la usura habían engordado a costa de la población nativa, y, como es evidente a partir de las historias salvajes contadas por promotores del Holofraude que afirman ser "sobrevivientes", se hizo un verdadero esfuerzo para mantener a las familias juntas. Esto está en agudo contraste con lo que la Raza de Dios habría hecho en circunstancias similares.

     En el mito acerca de la conquista de Palestina por el primer Jesús (disfrazado como "Josué" en la mayor parte de las traducciones de la Biblia), los nativos (junto con sus animales domésticos) fueron alegremente exterminados, con la única excepción de algunas muchachas impúberes, que fueron vendidas a burdeles extranjeros para la diversión de los marineros fenicios. En el mito sobre el súper-judiazo José, él (con la ayuda de su dios tribal, por supuesto) consiguió el control de un imbécil monarca egipcio y usó su autoridad primero para empobrecer a todos los egipcios, luego esclavizarlos, y finalmente arrastrarlos desde un extremo de Egipto al otro de modo que los individuos se encontraran entre extranjeros étnicamente diferentes con quienes ellos no podrían concertar ningún plan desesperado para recuperar su libertad.

     Existe por ahí una obvia falsificación que pretende ser una carta de Aristóteles dirigida a Alejandro Magno en la cual el filósofo aconseja al conquistador que transporte a los habitantes de su Imperio desde sus patrias a regiones distantes, promoviendo de esa manera la "paz" en un mestizado "Único Mundo" en el cual los miserables habitantes estarían totalmente a merced de sus amos. No hay ningún medio de identificar al falsificador, pero el aburrido documento entero apesta a mentalidad judía.

     La transferencia de poblaciones, o, por lo general, de la clase dirigente de un territorio, era practicada por las monarquías semíticas de Asia. Como sabemos ahora por sus inscripciones, Sargón de Asiria [4] en 721 a.C., procurando mantener la paz en la tierra llamada Israel, transportó a varios miles de miembros de las principales familias samaritanas (israelitas) a Media y otras partes de sus dominios, en vez de masacrarlos, como habría estado más de acuerdo con la política asiria.

[4] Él no debe ser confundido con el gran Sargón de Agade (Acad), quien, cerca de 2340 a.C., comenzó las conquistas que establecieron un gran Imperio, el cual, aunque gobernado por acadios, tenía una cultura sumeria. Sargón, a propósito, disfrazó sus oscuros orígenes inventando la historia que fue usada mucho más tarde en el mito judío acerca de Moisés y las espadañas en el río. Esa historia probablemente fue la fuente de muchos otros mitos, principalmente el relativo a Rómulo y Remo.

     Entre 597 y 586 a.C. Nabucodonosor, tratando de calmar el bullente punto conflictivo en sus dominios, Judea, donde los judíos estaban intrigando constantemente tanto con los babilónicos como con los egipcios y engañando traidoramente a cada uno a su vez, deportó a Babilonia y otras regiones a un número bastante grande de judíos. Él habría hecho mejor si hubiera importado demonios a sus dominios. Los judíos en Babilonia se pusieron a quejarse acerca de su cruel exilio "en las aguas de Babilonia", y a hacer presa de los nativos con la usura y toda otra clase de estafas financieras, haciendo de Babilonia durante siglos la ciudad judía más grande en el mundo, como permaneció mucho después de que ellos traicionaran a Ciro el Grande en 538 a.C., y fueran recompensados con una antigua Declaración Balfour, que les daba derecho a dominar Palestina.

     En el tiempo del Imperio romano, Babilonia era la sede de los jefes de la raza internacional que estaba en sus colonias en todas partes del mundo civilizado. Éste es llamado el "Cautiverio Babilónico" y es deplorado por arios sentimentales que no perciben cuán gran oportunidad (¿enviada por Dios?) aquello dio al piadoso pueblo para infiltrarse y explotar al mundo civilizado mediante el funcionamiento de lo que fue durante mucho tiempo uno de sus principales centros comerciales, comparable a la ciudad de Nueva York hoy [5].

[5] El término "Cautiverio Babilónico" fue usado metafóricamente por Petrarca para describir la remoción de la sede papal desde Roma a Aviñón, que él deploraba especialmente, porque mientras ello acababa con un foco de enconada corrupción, también empobreció a los habitantes de la "Ciudad Eterna", por la que Petrarca sentía un patriotismo cultural y académico. Dicho término también fue aplicado por Martín Lutero a la Iglesia Católica, la cual, en su valoración, había capturado al cristianismo genuino.

     La técnica de destrucción de naciones ha sido mejorada mucho desde la Antigüedad. Hoy, nuestros gobernantes judíos, en vez de deportar a los arios a Asia y África, están llenando las naciones arias de Europa y Norteamérica con enemigos raciales y masas enormes de basura antropoide, que los arios cretinos admiten como "refugiados". Ivor Benson, en un artículo publicado en Liberty Bell hace un tiempo, señaló el significativo hecho de que los negros de los territorios de la "commonwealth" británica quienes, enviados a Inglaterra para comenzar la subyugación y la destrucción de los estúpidos anglosajones y celtas, fueron reclutados y se les dio transporte gratis en aviones de pasajeros por algunos financieros no identificados, cuya raza usted puede determinar fácilmente por usted mismo.

     Las consecuencias del nuevo método de esclavitud y exterminio por medio de la inmigración están bien descritas en la brillante novela El Campo de los Santos de Jean Raspail. Los arios en Estados Unidos, que son, por supuesto, mucho menos numerosos que la población estadísticamente contada como Blancos, probablemente se convertirán en una minoría real en veinte o veinticinco años, y en algunas regiones (p. ej., en las ciudades del Sudoeste y en las principales metrópolis) las masacres de las bestias estúpidas comenzarán probablemente antes de aquel tiempo. Bien, una nación de imbéciles de todos modos no es apta para sobrevivir, y los tontos indudablemente disfrutarán bebiendo cerveza y cayendo en trances hipnóticos delante de las pantallas de sus televisores hasta que su destino los alcance.

     Después del concluyente estudio de Fred Leuchter, a quien los judíos arrogantemente, ilegal y vilmente están persiguiendo ahora por su integridad científica, el nuevo libro de Werner puede demoler finalmente el apestoso Holocuento. Hasta donde puedo decir de la revisión, ella demuestra su punto, y debería quedar disponible la documentación posterior de las fuentes rusas que publicaron los archivos que muestran que sólo 74.000 personas de todas las razas murieron por todas las causas en Auschwitz.

     Quizá pronto seremos afligidos con una nueva clase de aulladores "sobrevivientes"; ellos contarán horribles historias sobre cómo ellos sufrieron cuando los alemanes los obligaron a vivir en medio de una enorme concentración de su propia gente, lo que naturalmente no ofrecía las oportunidades de explotación y extorsión que ellos habían disfrutado en tierras arias. Ellos habrían preferido haber estado entre los millones de las Mascotas de Dios que fueron exterminados en Auschwitz antes de que ellos resucitaran y se arrastraran hasta Estados Unidos para consolidar la ocupación de dicho país por parte de su divina raza.–





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