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viernes, 27 de mayo de 2016

Eustace Mullins - Nueva Historia de los Judíos (5)



     Del libro del escritor estadounidense Eustace Mullins (1923-2010) "New History of the Jews" (1968) presentamos aquí traducido su capítulo octavo (Jews and Communism), continuando con los ya publicados en este sitio. Hemos obviado un párrafo que hacía referencia a una dudosa fuente de financiamiento del nacionalsocialismo, tema del que hemos presentado algunos aclaradores artículos. El señor Mullins, que fue durante un tiempo asistente y alumno de Ezra Pound cuando éste estaba encarcelado en un recinto psiquiátrico, trata de dar aquí una idea cabal de la estrechísima relación que existe entre los judíos y el criminal sistema del comunismo.





Capítulo 8
LOS JUDÍOS Y EL COMUNISMO


     Con su talento habitual para confundir las cuestiones, los judíos han creado diversas cortinas de humo para esconder su último regalo al mundo: la filosofía del Comunismo. ¿Qué es el Comunismo? En todos los millones de palabras escritas sobe este tema en miles de libros publicados por los judíos, usted no encontrará una sola frase que explique el comunismo. El comunismo es la forma moderna del Estado colectivista judío.

     ¿Cuáles son los principios del comunismo? En primer lugar, el comunismo es internacional en su alcance. Él niega los principios del nacionalismo. Segundo, el comunismo niega a Jesucristo y su amor por el individuo. También niega el principio de la salvación del alma, que es la base de toda la creencia cristiana. Tercero, el comunismo niega al individuo todos los derechos humanos, tales como la propiedad privada, una voz en el gobierno, o el derecho a cuestionar la autoridad del Estado colectivo.

     Éstos, entonces, son los principios fundamentales del comunismo. Por extraño que parezca, éstos son también los principios fundamentales de los judíos. El internacionalismo, el odio a Jesucristo, el odio al individuo, la negación de los derechos humanos, la dictadura del Estado colectivista, éstos son igualmente básicos tanto para los movimientos políticos judíos como para los movimientos políticos comunistas. Uno no debería sorprenderse, entonces, de encontrar que un judío, Karl Marx, es el padre de la filosofía del Comunismo.

     Hemos hablado ya de la disciplina de hierro bajo la cual viven los judíos individuales, la dictadura ejercida por los Ancianos de Sión sobre cada aspecto de la vida judía. Esa dictadura judía, extendida sobre los Gentiles, es llamada entonces Comunismo. Pero, uno puede preguntar, ¿por qué los judíos atacan el principio de la propiedad privada cuando los judíos ya poseen el 80% de la propiedad privada en las naciones occidentales? En primer lugar, por el término "propiedad privada" el judío quiere decir la propiedad que todavía es poseída por los Gentiles. Conforme a la ley talmúdica, los Gentiles son bestias a las que no se les puede permitir poseer nada, ni casas, ni tierra ni efectos personales. Por lo tanto, al llevar a cabo la incautación de la propiedad privada de los Gentiles, los judíos simplemente están siguiendo un principio básico de su religión.

     Cuando los comunistas se apoderan de un país, lo primero que ellos hacen es asesinar a todos los líderes Gentiles, los profesores, los médicos, los funcionarios del gobierno, y cualquier otro Gentil que pudiera conducir la oposición contra ellos. Esto sigue el mandamiento judío básico: "¡Al mejor de los Gentiles, mátalo!".

     Puesto que la gente judía no cree en derechos individuales, el concepto de propiedad privada es ajeno a ellos. Cada judío considera la riqueza de otros judíos como parte de la riqueza nacional israelita. Aunque los judíos individuales puedan tener el uso de su dinero durante sus vidas, ellos deben contribuír fuertemente a instituciones judías, financiar movimientos revolucionarios judíos, sobornar a funcionarios para encubrir asesinatos rituales judíos, y gastar la mayor parte de sus ingresos en asuntos puramente judíos. Después de su muerte, su dinero debe ir a los judíos, y de ninguna manera se permite que pase a manos de Gentiles. Por lo tanto, los judíos establecen fundamentos sionistas, evitando todos los impuestos por su dinero, a pesar de las punitivas leyes marxistas de impuestos que ellos decretan e imponen a los Gentiles.

     ¿Pero cómo pueden los banqueros judíos ser comunistas?, pregunta el ciudadano serio. Todo el mundo sabe que los comunistas atacan a los banqueros y confiscan su riqueza. Sin embargo, toneladas de documentos demuestran que todos los fondos para el crecimiento del comunismo en todo el mundo han venido de banqueros judíos. La fuente principal ha sido el Banco de Inglaterra controlado por los judíos, y el Banco de Francia. Éstos son departamentos de lo que el senador De Villain llamó "el Banco del Alto Judío", que es administrado por la familia Rothschild. Así encontramos que una fortuna judía supuestamente privada es usada principalmente en actividades judías y para la financiación del movimiento revolucionario internacional comunista judío.

     Además, a pesar de que los judíos poseen o controlan la mayor parte de la propiedad en las naciones cristianas, es la característica peculiar del parásito judío el que él deba dominar cada acción y detalle en la vida del anfitrión Gentil. Sin esa dictadura completa sobre los Gentiles, sin la furia y la esquizofrenia del judío que la hace necesaria, la vida moderna perdería gran parte de su dirección, ya que el judío nunca puede sentirse totalmente seguro. Un Rothschild con sus miles de millones tiene la misma pesadilla que el pequeño sastre judío de la calle: el miedo de que algún día él pueda ser repelido del anfitrión Gentil, de que a él le pueda ser negada su existencia parasitaria. Por lo tanto, él tiene que conseguir un poder sobre la vida y la muerte del anfitrión Gentil.

     La mayor parte de los Gentiles comete el error de suponer que el judío está interesado sólo en el dinero. Ésa es una peligrosa simplificación excesiva. Si el judío sólo estuviera interesado en el dinero, él ya no sería un problema, puesto que él ya tiene nuestro dinero. El judío está interesado en el dinero principalmente como un arma, un instrumento de poder sobre el anfitrión Gentil. Con el dinero, el judío gasta cientos de miles de dólares para encubrir brutales asesinatos rituales de inocentes niños cristianos; él soborna a funcionarios Gentiles, lleva a la bancarrota a aquellos Gentiles que se atreven a oponérsele, compra evidencia y testigos para enviar a la cárcel a los Gentiles o a asilos para locos sobre la base de acusaciones inventadas. El comunismo es simplemente el paso siguiente en el deseo furioso del parásito judío de someter y controlar al anfitrión Gentil. Primero viene el poder financiero, y luego la dictadura gubernamental del comunismo.

     Bajo el comunismo, el judío no tiene que sobornar a funcionarios Gentiles. Él simplemente firma su orden de ejecución. Los Gentiles débiles son enviados a campos de concentración; los fuertes, que podrían llegar a convertirse en líderes, y que podrían representar una amenaza para la teocracia rabínica que gobierna al Estado, son torturados y asesinados. Después de unos años de gobierno comunista judío, no queda ningún líder Gentil, y los sobrevivientes Gentiles se hunden en un estado de desesperada apatía, y la tensión que dio origen al Estado comunista, la necesidad del parásito judío de controlar al anfitrión Gentil, ya no existe. Los judíos y los Gentiles por igual se deslizan en una vida de lamentable desesperación. ¿Qué clase de vida es ésa? Es la vida del ghetto. Un Estado comunista es simplemente un ghetto de una nación.

     Todos los visitantes occidentales que entran en un país comunista comentan inmediatamente acerca de la monotonía de la gente y de las ciudades por igual. Todo es ruinoso y de mala muerte. La chispa de la vida ha sido extinguida. Los Gentiles existen en un semi-mundo zombie de miedo y pobreza, mientras los judíos gordos viajan de un balneario de vacaciones a otro, acompañados por amantes rubias con abrigos negros. A pesar de sus placeres obvios, el judío también encuentra al comunismo una existencia aburrida. ¿Por qué es eso? Cada golpe de invención, cada trozo de vida creativa, ha venido de los Gentiles, porque los terrenales judíos, viviendo colectivamente y odiando al individuo, carecen de cualquier instinto imaginativo o creativo. Ellos siempre han tenido que conseguir eso de los Gentiles. Ahora eso ha desaparecido, ya que bajo el comunismo los Gentiles no tienen ni el dinero ni el ocio para desarrollar nuevas invenciones u obras de arte.

     Por consiguiente, el judío pierde su razón de existir. El propósito impulsor de la vida judía durante cuatro mil años ha sido someter o controlar al anfitrión Gentil. Una vez que eso ha sido conseguido, el judío no tiene nada más por lo cual vivir. Él ha destruído la chispa de la vida en el anfitrión Gentil, y se horroriza al descubrir que él, al haber hecho aquello, ha extinguido la chispa de la vida en él mismo, ya que su propia vida era totalmente dependiente de la vida del anfitrión. En un libro reciente, Floodtide in Europe, el eminente periodista Don Cook declara que todos los periodistas que van a países comunistas hablan del "olor del comunismo". Él dice: "Lo peor de todo para mí era el peculiar e inequívoco olor de Rusia y del mundo comunista que impregnaba Leipzig".

     Hace treinta años Leipzig era una ciudad alemana intachable. Bajo el comunismo, pronto involucionó hasta la mugre de un ghetto judío medieval. Cook continúa: "Todo el que haya puesto alguna vez el pie en la Unión Soviética conoce ese olor, un olor rancio, pesado, a suciedad". Cook lo llama "un olor a prisión, de desesperanza y desesperación e indiferencia". Él también lo describe como un olor "a viejos retretes, a jabón carbólico (fénico), a cuerpos no aseados... un olor que aparece tan pronto como usted entra en un edificio, un olor con respecto al cual nadie puede hacer nada, un olor que va con el sistema".

     ¿Cuál es ese olor que va con el sistema comunista? Es el aire desagradable y pútrido del ghetto de Varsovia en la Edad Media, creado por los judíos cuando ellos se sentaban, no lavados durante años, en cuartos diminutos, estudiando minuciosamente el Talmud y preguntándose cuándo ellos serían capaces de conseguir poder sobre los Gentiles. Los baños o un cambio de ropa interior eran desconocidos para ellos. Uno habría tenido que trabajar para conseguir esas cosas, y eso era impensable para un judío. Su religión les prohibía trabajar para una "bestia Gentil", y en cualquier caso, la única habilidad que ellos tenían era la magia negra, y aquélla por lo general no tenía éxito.

     Ese olor rancio y a desaseo de la desesperación comunista no es desconocido en Estados Unidos. Lo encontramos en los distritos de vagabundos y alcohólicos, donde los hoteleros judíos acumulan los cuerpos desaseados de esos marginales por 25 centavos por cabeza durante la noche en apestosos cubículos. Éstos son los Gentiles que han perdido sus fortunas a manos de empresarios judíos y quienes ahora se beben a sí mismos en un estado de desesperanzada apatía; y también encontramos ese olor en los asilos para locos donde los psiquiatras judíos han condenado a tantos Gentiles críticos de los judíos a ser encarcelados por el resto de sus vidas, sin un proceso y sin haber cometido un delito, excepto el crimen imperdonable de haberse opuesto a los judíos.

     El poeta Ezra Pound, que criticó a los judíos por sumergir al mundo en los horrores de una Segunda Guerra Mundial, pasó trece años en el hoyo del infierno de St. Elizabeth, una institución psiquiátrica federal de Washington DC para prisioneros políticos. Pound ganó varios premios por sus escritos, mientras los judíos lo hicieron encerrar como si fuera un demete. Muchos visitantes de ese recinto, incluso quien escribe, comentaron que el hedor del lugar se parecía exactamente al de las ciudades en Europa que habían caído en manos de los comunistas judíos.

     El comunismo no sólo lleva el olor horrible de la desesperación humana sino que también exhibe todos los aspectos inhumanos del judío. La escritora francesa Simone de Beauvoir, en su reciente libro La Fuerza de la Circunstancia, declaró que ella había visitado Brasilia, una ciudad en Brasil que había sido diseñada por un arquitecto llamado Oscar Niemeyer, a quien ella describe como un "judío comunista". Ella dijo de la arquitectura allí, en la página 533: "Esta inhumanidad es la primera cosa que lo golpea a uno". Ella también cita el comentario de Lacerda acerca de Brasilia: "Es una exhibición arquitectónica del tamaño de la vida". Beauvoir deja de añadir que los contribuyentes estadounidenses pusieron 500 millones de dólares para construír esa ciudad de ensueño de los judíos en medio de una selva brasileña.

     Inhumanidad y sed de sangre: éstos son los sellos del comunismo judío. Para incitar la Revolución francesa los banqueros judíos pagaron a agitadores para que excitaran a las muchedumbres en las calles, mientras el rey francés estaba consternado, incapaz de entender lo que estaba sucediendo. El famoso erudito Stanton Coblentz, en la página 126 de su libro "Diez Crisis de la Civilización", menciona "la secreta fuerza dirigente que parece haber estado en acción" en la Revolución francesa. O él temió mencionar que esa fuerza eran los judíos, o aquello fue suprimido de su manuscrito por algún editor judío. Muchos otros investigadores han mencionado a los judíos como la fuerza secreta que estaba detrás de la Revolución francesa.

     Después de que ellos habían incitado a las muchedumbres para que asesinaran a los líderes Gentiles, los judíos arrastraron a miles de monjas y sacerdotes fuera de las iglesias, y los cortaron a trozos con hachas, o los asesinaron ante el altar de Cristo, de modo que las catedrales cristianas quedaran infernalmente convertidas en sinagogas judías tradicionales que apestaban con la sangre de Gentiles y resonaban con los gritos de mujeres y niños agonizantes. Cientos de indefensos hombres y mujeres cristianos fueron desnudados completamente, amarrados en parejas, y lanzados a los ríos para que se ahogaran, mientras los judíos estaban en las orillas y se mofaban de las víctimas de esas "bodas revolucionarias". La Revolución francesa había sido aclamada como el mayor triunfo de los comunistas judíos. ¿Por qué, entonces, asumió el Gentil Napoleón?; ¿por qué no pudieron los judíos establecer una dictadura comunista en Francia?.

     Los judíos nunca han sido capaces de retener el poder político sobre ningún pueblo del Norte de Europa, cuya inteligencia y coraje los habían convertido en los amos del mundo. Los judíos podían ganar con su astucia, pero la astucia no podía administrar una nación, ni forjar las cadenas de la esclavitud alrededor de los europeos del Norte. Por consiguiente, a través de todo el siglo XIX, Karl Marx y otros comunistas judíos fueron capaces de incitar revoluciones, pero ellos no pudieron ganar el poder. Fue en Rusia que los judíos finalmente encontraron su víctima, pero incluso entonces ellos no podían haber ganado si los líderes rusos no hubieran sido distraídos por las tareas de la guerra. Baron dice en "Grandes Épocas e Ideas del Pueblo Judío", página 329:

     "Durante la Revolución (de 1848), la dirigencia judía empezó a destacar en una manera muy dramática. En Viena, donde el sistema de Metternich fue repentinamente derrocado, dos jóvenes médicos judíos, Adolf Fischhof y Joseph Goldmark, se convirtieron en los principales arquitectos del movimiento revolucionario. Como jefe del Comite de Seguridad, Fischhof apareció como el emperador no coronado de Austria... En Italia, también, la Revolución a menudo fue conducida por judíos. El jefe de la nueva República Veneciana era un judío converso, Daniel Manin, pero su gabinete incluía a dos judíos leales".

     ¿Leales a quién?, hay que preguntar. ¿A la gente de Venecia? Baron no lo dice, pero él obviamente quiere decir leales a la judería internacional. Aquélla era simplemente otra revolución judía. Un judío era "el emperador no coronado de Austria" como resultado de una rebelión judía, pero él no pudo sujetar el poder. Los gobiernos Gentiles tuvieron que ser debilitados durante otros 75 años antes de que los judíos pudieran hacerse con el control.

     Rusia dio a los judíos su oportunidad. La gente eslava se parecía mucho a los judíos en que tenían poca vida cultural. Los arqueólogos no encuentran ningún artefacto de civilización en Rusia. Al igual que en Palestina —el hogar de los judíos—, el suelo allí entrega sólo fragmentos de potes de arcilla y otras evidencias de una cultura de la Edad de Piedra. Rusia fue también el hogar de bandidos nómadas hasta tiempos recientes. Dos monjes griegos viajaron a Rusia y establecieron el alfabeto cirílico, denominado así por uno de ellos. En 908 d.C. los eslavos pidieron a los germanos que fueran allí y los gobernaran, ya que ellos declararon que eran incapaces de gobernarse a sí mismos. Los germanos fundaron una aristocracia, conocida como Rusos Blancos, que administraron el país durante mil años, hasta que los judíos se apoderaron de él en 1917. Los campesinos eslavos nunca habían hecho ningún problema, pero en menos de un siglo, los judíos consiguieron su revolución. Como Baron declara en la página 332, "La creciente intelectualidad judía comprendió cada vez más que la cuestión judía no podía ser solucionada sin el derrocamiento total del orden establecido de Rusia".

     ¡Qué decisión tan interesante! Difícilmente era nueva. En efecto, los judíos han llegado a esa inevitable conclusión en cada país Gentil en el cual ellos han establecido una comunidad de parásitos. Ellos deben dedicarse al derrocamiento del orden establecido. Ésta es una típica "Gran Idea del Pueblo Judío". Es la única idea que ellos han tenido alguna vez.

     En la página 416 Baron nos dice que "El ascenso al poder de las firmas bancarias judías condujo a algunos escritores socialistas a participar en la clamorosa protesta anti-judía contra la presunta dominación financiera judía". Durante cien años, esto planteó un embarazoso dilema para los comunistas judíos. Por una parte, ellos tenían que atacar a todos los terratenientes, operadores de fábricas y banqueros Gentiles como "enemigos del pueblo". Por otra parte, ellos tuvieron que eximir de alguna manera a los terratenientes, dueños de fábricas y banqueros judíos de esos ataques. Ellos también anduvieron por una constante cuerda floja para ocultar el hecho de que todos los fondos comunistas provinieron de banqueros judíos. En toda la literatura comunista uno no encuentra ni una sola crítica a los Rothschild, pero muchas páginas de violentos ataques contra banqueros Gentiles como J. P. Morgan.

     El "problema judío" en Rusia, por supuesto, era la explotación de los campesinos por los judíos, además de las medidas tomadas por los líderes rusos blancos para proteger a los campesinos de una explotación adicional. Todos los eruditos están de acuerdo en que los "pogroms" o ataques contra los judíos por parte de los campesinos ocurrieron porque los judíos acapararon los mercados de granos y explotaron despiadadamente a los campesinos. Los judíos se hicieron tan ricos que muchos de ellos no tenían ninguna ocupación de ninguna clase. El famoso escritor judío J. L. Peretz escribió de los judíos de Odessa durante ese período: "Ay, nos hemos convertido en una nación de luftmenschen". Esto es yíddish para "gente que vive sin medios visibles de sustento".

     Durante el siglo XIX miles de agitadores judíos trabajaron para promover revoluciones comunistas. Con la publicación del Manifiesto Comunista de Karl Marx en 1848, los judíos se dividieron en dos grupos. Los marxistas bolcheviques siguieron la línea dura de que todos los terratenientes Gentiles debían ser exterminados. Los marxistas socialistas sostenían que la conquista de los Gentiles debería ser hecha gradualmente adquiriendo el control de todas las instalaciones gubernamentales y educacionales, dejando a los indefensos Gentiles que se gobernaran. Edward Bernstein lideró la línea "suave". Él es descrito como "uno de los líderes de la ideología marxiana, pero como un exiliado en Inglaterra, él se había convertido en un Fabiano gradualista". Bernstein es el padre del actual gobierno socialista laborista en Inglaterra. Lenin era el líder del grupo de "línea dura", y él llevó a cabo una guerra de propaganda contra los "Bernsteinianos".

     En 1905 los leninistas hicieron su primer intento de agarrar el poder en Rusia. Ellos ganaron, pero, al ser teóricos, no tenían idea de cómo administrar el gobierno. Los soñadores intelectuales judíos estuvieron en las calles arengando a las muchedumbres durante días después de su victoria, hasta que los funcionarios zaristas regresaron a sus cargos y comenzaron a publicar órdenes. La revolución se había terminado.

     En 1917 los leninistas habían aprendido su lección. En Marzo, un grupo de "Bernsteinianos", conducidos por el judío Kerensky, estableció un gobierno socialista liberal de judíos, pero ellos no asesinaron a nadie. Trotsky, como le gustaba llamarse a Lev Bronstein, junto con Lenin condujeron una captura bolchevique del poder en Octubre de aquel año. Copiando el ejemplo de la Revolución francesa, Trotsky inició un Régimen de Terror. Durante los siguientes tres años él asesinó al 88% de los Rusos Blancos. Sólo dos funcionarios Gentiles fueron conocidos de 312 comunistas principales en Rusia. Todos los demás eran judíos. Su primer acto oficial fue aprobar una ley que decía que el anti-semitismo, o la crítica a los judíos, era el peor crimen que uno podía cometer en la Rusia comunista. Era castigable con la muerte, y podría ser tan insignificante como decir un chiste anti-judío. Incluso la posesión de libros sobre los judíos, como los Protocolos de los Sabios de Sión, era un delito castigable con la muerte.

     La toma del poder por los comunistas judíos se caracterizó por las matanzas de Gentiles, tal como las ocurridas durante el auge de Ester en Persia, la Revolución francesa y otras escenas de horror. Miles de brutales judíos de tipo Mardoqueo y Ester se apoderaron de los Rusos Blancos, incluyendo sacerdotes y monjas, y los torturaron en una manera indecible antes de entregarlos a los pelotones de fusilamiento. Entre 1917 y 1940 los judíos asesinaron a 20 millones de cristianos en Rusia.

     Un bruto judío reunió al Zar de Rusia, su esposa y sus hijos, en un sótano y los fusiló a sangre fría. Ése fue el asesinato político más atroz en la historia europea, y sin embargo el primo hermano del Zar, el rey Jorge V de Inglaterra, no hizo ningún esfuerzo para salvar a sus parientes. ¿Por qué ocurrió eso?, ¿él no tenía sentimientos?.

     Por supuesto que tenía sentimientos. Él también tenía un Consejo de Estado que rechazó dejarle hacer una petición a los bolcheviques para salvarle la vida al Zar. Ese Consejo Privado en 1919 estaba compuesto sólo por judíos. Estaba encabezado por Lord Rothschild y estaba compuesto por sir Edwin Montagu, sir Edgar Speyer, un banquero judío nacido en Frankfurt, Alemania, e inexplicablemente elevado al consejo más alto en Inglaterra; sir Matthew Nathan, sir Alfred Moritz Mond, jefe de Imperial Chemicals Ltd., sir Harry Samuel, dueño de la Shell Oil, sir Ernest Cassel, y el conde de Reading, Rufus Isaacs. La fortuna del rey estaba completamente en las manos de esos banqueros judíos. Él se no atrevió a abrir su boca, ni siquiera para salvar a sus parientes de sangre. Unos años más tarde, la Corona británica dio la bienvenida a los enviados soviéticos a Londres. Después de todo, Inglaterra había proporcionado una casa para Karl Marx mientras él formulaba sus teorías del comunismo, trabajando en ellas sentado en un escritorio en el Museo Británico, y él está sepultado en Inglaterra.

     Era también un delito castigable con la muerte en la Rusia comunista el haber sido un funcionario zarista. Durante años, los funcionarios rusos habían advertido al Zar que los judíos estaban  intentando derrocar al gobierno. Era imperativo que esos funcionarios fueran muertos antes de que pudieran escapar para advertir al resto de Europa contra los judíos. En 1903 el ministro Wenzel von Plehve había hecho un informe escrito al Zar, con material sacado de los archivos de la policía, en cuanto a que el 90% de todos los revolucionarios comunistas en Rusia era conocido judíos. El Zar trató de apaciguar a los judíos concediéndoles privilegios especiales, pero eso fue como arrojar gasolina a un fuego. Ellos mostraron su gratitud asesinándolo a él y a su familia. Los funcionarios que le habían advertido murieron ante los pelotones de fusilamiento. Lenin escribió que ellos tuvieron que estacionar filas de camiones en Moscú durante la noche, con los motores funcionando a toda máquina, para ahogar el rugido continuo de las armas de los pelotones de fusilamiento.

     La clase dirigente rusa, los Rusos Blancos de ascendencia germana, fue borrada, a excepción de unos cuantos que escaparon al Oeste. Era la Revolución francesa otra vez. Los judíos forzaron a las poblaciones de ciudades enteras a marchar por entre líneas de inspección. Si los hombres no tenían ningún callo en sus manos, ellos no eran obreros, y por lo tanto eran fusilados. Si las mujeres hablaban con una buena gramática, ellas eran fusiladas. De esa manera la intelectualidad de los Gentiles fue exterminada, quedando una multitud de campesinos analfabetos gobernados por una minoría de bandidos y asesinos judíos. Los judíos tenían su población esclava, como Nietzsche había escrito de ellos en 1871, comentando sobre la cultura judía establecida por los Ancianos de Sión en la antigua ciudad de Alejandría, que se hizo conocida como el movimiento de Alejandría o Utopista: "Pero notemos que la cultura de Alejandría requiere la esclavitud a fin de mantener su existencia".

      Los judíos comprendieron eso demasiado tarde cuando ellos expulsaron a los árabes de Palestina y no tenían ningún esclavo Gentil para que les hiciera su trabajo. Ahora ellos tratan de atraerlos para que vuelvan.

     Con el exterminio de los rusos blancos, dentro de un año el país estaba al borde del colapso. No había escuelas: los judíos habían asesinado a los profesores. No había asistencia médica: los judíos habían asesinado a los médicos. No había caminos, y las fábricas no estaban funcionando: los judíos habían asesinado a los ingenieros. No había comerciantes, había sólo judíos del mercado negro. La Rusia comunista fue salvada sólo por un vertimiento masivo de dinero desde las democracias occidentales, del mismo modo que fue salvada durante la Segunda Guerra Mundial por 100.000 millones de dólares en provisiones militares pagadas por los contribuyentes estadounidenses.

     Como en cada nación comunista, el hambre pronto amenazó con aniquilar a la gente. Los judíos pidieron comida a las naciones libres, mientras al mismo tiempo mantenían un enorme ejército de espías y asesinos en esos mismos países. El Jefe del MI-5, el Servicio de Inteligencia británico, recientemente declaró que sus archivos contenían los nombres de 4.326 personas definitivamente conocidas por haber sido asesinadas en Estados Unidos y Europa por asesinos comunistas desde 1920. Esa red internacional de asesinos judíos fue expuesta por el asesinato de un desertor, Walter Krivitsky, en Washington DC en 1938. Flora Lewis cuenta la historia en el Washington Post del 13 de Febrero de 1966:

     «Un judío polaco llamado Schmelka Ginsberg, nacido en 1899 y de sólo 18 años en el momento de la Revolución bolchevique, se distinguió como un verdugo de Gentiles. Las escuadrillas bajo su orden fusilaron a 2.341 personas, y él mismo por lo general daba el tiro de gracia con una bala de pistola en la cabeza. Él cambió su nombre a Walter Krivitsky, y hacia 1935 él era el jefe de la Inteligencia Militar soviética para toda Europa Occidental, con su cuartel central en París. Después de veinte años de una carrera como un asesino profesional, sus nervios comenzaron a fallarle, y Moscú ordenó que él asesinara a un congénere judío, un asesino comunista llamado Ignatz Reiss. La Cuarta Agencia había descubierto que Reiss había depositado grandes sumas de dinero en bancos de Suiza y pretendía desertar al Oeste. Ésa se había hecho una práctica común de los espías comunistas judíos, y se habían publicado órdenes de que cualquier otro que intentara aquello debía ser asesinado inmediatamente.

     «Krivitsky-Ginsberg trató de aplazar la operación, y la OGPU, la policía secreta de Moscú, que estaba entonces completamente en manos judías, envió a un agente llamado Israel Spigelglass para realizar el asesinato. Reiss fue baleado y su cuerpo arrojado en un camino en Suiza el 4 de Septiembre de 1937, en el típico estilo del hampa. Krivitsky sabía que él era el siguiente en la lista, porque él había tratado de proteger a Reiss. El Partido Comunista, al igual que la Mafia, siempre ejecuta a un miembro que rechaza realizar un asesinato. Krivitsky se apresuró hasta la oficina del judío Primer Ministro de Francia, Leon Blum, quien prometió protegerlo.

     «Otro judío, llamado Paul Wohl, sacó clandestinamente a Krivitsky desde Francia hacia Estados Unidos. Otro judío, Isaac Don Levine, le consiguió a Krivitsky un contrato para escribir nueve artículos para el Saturday Evening Post por cinco mil dólares cada uno. Otros judíos que ayudaron a Krivitsky fueron Boris Shub y Adolf Berle. Krivitsky fue encontrado baleado en su cuarto de hotel en Washington poco tiempo después. Así se acabó Schmelka Ginsberg, un típico asesino judío que había vivido y había muerto según la lex talionis, la judía ley de la selva».

     Durante los años '20 Rusia se tambaleó bajo la dictadura de lunáticos comisarios judíos, hasta que fue obvio que algo debía ser hecho. Josef Stalin, que había sido elegido por los judíos para ser el Comisario de Minorías y para perseguir a cualquier Gentil que se opusiera a los judíos, fue hecho presidente del Comité Central del Partido Comunista. Su primera tarea fue deshacerse de los soñadores revolucionarios judíos conducidos por Trotsky. Mientras la Rusia soviética se estaba desintegrando, los trotskistas todavía querían usar todos los fondos soviéticos para promover la revolución en otros países, a pesar de que el intento comunista judío para conseguir el poder había sido derrotado en cada país en Europa. Un loco llamado Bela Cohen había sido liberado desde un asilo psiquiátrico húngaro para encabezar un efímero reinado comunista judío en Hungría; Rosa Luxemburgo y otra horda de histéricos judíos habían promovido un breve gobierno comunista en Alemania; Mussolini había empujado a un lado a los comunistas en Italia, y aunque él tuviera a intelectuales judíos en su campo, su régimen fue una práctica operación Gentil.

     En una reunión del Partido, Stalin pidió que Trotsky y su banda de judíos lunáticos fueran expulsados. Los delegados estuvieron de acuerdo, y a Trotsky se le pidió que abandonara Rusia. Stalin mismo había asesinado a su segunda esposa durante una reyerta de borrachos y estaba casado ahora con Esther Kaganovich, la hermana del comisario judío de Industrias Pesadas. Él estaba seguro en las manos de los judíos, y él casó a su hija con otro Kaganovich. Los judíos nunca se han preocupado por la endogamia. El hombre mano derecha de Stalin era Molotov, cuya esposa era Rebecca Karp, hermana del agente inmobiliario judío Sammy Karp, de Connecticut. La influencia de Karp allí promovió al primer Gobernador judío de Connecticut, Abie "Costilla" Ribicoff [en inglés, Rib = costilla].

     Así, el gobierno de Stalin fue un grupo de judíos más conservadores que sustituyeron a los histéricos judíos trotskistas. Desde 1917 sólo un hombre ha sobrevivido a todas las purgas del Partido. Él es Ilya Ehrenburg, un judío que ha dirigido las políticas del gobierno soviético desde detrás del escenario durante medio siglo. La revista Newsweek recientemente lo llamó "el hombre más rico en la Rusia soviética". Durante la Segunda Guerra Mundial él y otro judío llamado Litvinov-Wallach realmente ¡dirigieron las operaciones militares de Estados Unidos! Contra los deseos del general MacArthur, ellos nos obligaron a concentrar nuestra fuerza militar en Europa, a fin de ayudar a los judíos, mientras los soldados estadounidenses en el teatro del Pacífico de la guerra fueron muertos por miles, porque ellos no pudieron conseguir municiones ni cobertura aérea. Ehrenburg es el líder de un grupo de millonarios judíos, la nueva aristocracia rusa, que tiene casas de campo en el Mar Negro, amantes en todos los países satélites, y que no pueden ser removidos porque ellos no tienen ninguna posición oficial.

     Otra rebelión de judíos contra judíos ocurrió durante el régimen de Jrushev. El jefe judío de la policía secreta, Beria, confabuló con Kaganovich y Molotov para remover a Jrushev, pero el grupo de judíos de Jrushev asesinó a Beria y retuvo el poder. La Rusia soviética siguió siendo la tierra prometida de los judíos. El New York Times informó el 8 de Julio de 1965 que un judío llamado Shakerman había liderado una banda de judíos que obligaba a los internos de una institución psiquiátrica a realizar trabajos forzados manufacturando tejidos, que los judíos vendían en el mercado negro por cuatro millones de rublos. Los judíos fueron condenados a muerte "in absentia", ya que ellos se habían escapado milagrosamente antes del proceso y se habían refugiado en Estados Unidos. Shakerman administra ahora una fábrica de tejidos en Union City, Nueva Jersey.

     Los judíos soviéticos de vez en cuando tienen problemas para controlar a sus intelectuales, aunque ellos los encarcelen siempre que aquéllos se atreven a discrepar del concepto talmúdico del comunismo. El columnista Joseph Newman escribió en el Roanoke Times, el 6 de Septiembre de 1965, comentando sobre la grave situación del escritor soviético Valery Tarsis, que había sido puesto en una institución psiquiátrica, según la ley de Purim, porque él criticó al comunismo judío. Newman citó a Tarsis como sigue:

     "Todos los grandes pensadores han sido aristócratas del espíritu, y ninguno de ellos, desde Heráclito a Nietzsche, podría haber engendrado la desgraciada doctrina de aquel barbudo filisteo judío Marx, ni tampoco nadie lo sigue excepto nuestros talmudistas idiotas y los demagogos que componen nuestra junta dirigente... Pero creo firmemente que el hombre triunfará, y no el mono".

     De esta manera, Tarsis equipara al Estado comunista talmúdico con el mono, una observación válida, ya que se trata de una cultura de la Edad de Piedra. Sin embargo, es peligroso tener a judíos esquizofrénicos controlando a una gran potencia moderna con su acopio de armas mortales. Por poco logramos evitar una Guerra del Tercer Mundo en Octubre de 1956, cuando los Rothschild conspiraron para recobrar su Canal de Suez, que había sido confiscado por el Presidente Nasser de Egipto después de que los británicos habían roto 33 tratados relativos a Egipto y el Canal.

     El complot consistía en hacer que paracaidistas ingleses descendieran sobre Egipto mientras los jets franceses bombardeaban y ametrallaban las defensas egipcias, y tropas israelíes se movían para una operación de limpieza. Los judíos no vieron nada incorrecto en un ataque no provocado sobre otro país, y su poder fue demostrado por el hecho de que ellos pudieron ordenar que el Ejército británico y la Fuerza Aérea francesa apoyaran al Ejército israelí. Al mismo tiempo, la Unión Soviética decidió aprovecharse de esa distracción para eliminar a los patriotas húngaros que habían derrocado temporalmente al gobierno comunista judío allí. Los húngaros fueron masacrados mientras los consejeros judíos de Eisenhower le ordenaron que no les enviara ninguna ayuda, pero los israelíes fueron obligados a retirarse de Egipto. Sin embargo, durante varios días el mundo estuvo al borde de la guerra atómica, una situación que había sido precipitada por el Estado de Israel.

     Una figura clave en ese complot fue Marcel Bloch, un judío que sobrevivió el campo de detención de Auschwitz y quien repentinamente se convirtió en uno de los hombres más ricos en Francia. Él era dueño del influyente periódico Jours de France, y él fabricó el caza a reacción Mystère. Fueron esos cazas los que habían atacado Egipto. Otra figura en ese complot fue el ex-Primer Ministro Mendès-France, un judío radical que "negoció con éxito un final a la guerra en Indochina", según el periodista Don Cook. La solución de Mendès-France era rendirse ante los comunistas y abandonar las inversiones francesas en Indochina de miles de millones de dólares. Mendès-France lideró la delegación francesa en Bretton Woods, donde los banqueros judíos establecieron un Banco Mundial y un Fondo Monetario Internacional en 1944, tomando el dinero de los Gentiles al mismo tiempo que éstos estaban salvándolo de los alemanes.

     Aunque el asesinato sea una de las técnicas judías aceptadas, el chantaje y el secuestro son también ampliamente practicados. Castro secuestró a estadounidenses a fin de promover su revolución comunista en Cuba. En This Week, del 16 de Octubre de 1965, una historia destacada describió cómo un judío llamado Henry Jacober, que tenía un alto rango en la policía secreta soviética, obtuvo dólares para financiar las actividades soviéticas en Europa. Él permitió que judíos estadounidenses rescataran a sus parientes desde campos de concentración soviéticos, donde ellos habían sido condenados por varios delitos, por 3.000 dólares cada uno. Setenta mil judíos rusos fueron comprados a la Rusia soviética y llevados a Estados Unidos, que dieron a las fuerzas soviéticas de espionaje 210 millones de dólares en fondos de operaciones. El gobierno de Alemania Occidental reveló que había comprado 25.000 judíos alemanes de Alemania Oriental por 25 millones de dólares para reforzar la economía de aquel satélite comunista.

     El irreflexivo ciudadano podría decir: si la Rusia soviética es un paraíso para los judíos, ¿cómo es que algunos de ellos están siendo puestos en campos de concentración, y otros fusilados? Pocos Gentiles tienen algún concepto de la cruel guerra inter-tribal que es emprendida constantemente entre los judíos de la Edad de Piedra. Ellos no saben cuán a menudo los líderes judíos conspiran para arruinarse o asesinarse unos a otros, en su interminable lucha por el poder. El caos de las organizaciones comunitarias judías en Estados Unidos da alguna indicación de la crueldad de esos conflictos inter-judíos. Sin embargo, no habría que confundir el asesinato de un judío por otro como un brote de "anti-semitismo".

     El poder de los judíos en otros países para proteger al gobierno comunista judío de la Rusia soviética fue demostrado durante la Segunda Guerra Mundial. Hitler creía que las democracias occidentales, las cuales aparentemente eran economías de libre empresa, se alegrarían de verlo destruír el experimento ruso del comunismo. Aparentemente él no creía sus propias declaraciones de que las democracias occidentales estaban controladas por judíos. Esa situación se remontaba a cien años atrás, a los problemas que habían sido creados cuando los judíos irrumpieron desde su ghettos después del Congreso de Viena en 1815, y salieron como una plaga de langostas sobre Europa. Baron dice, en la página 400 de "Grandes Épocas e Ideas del Pueblo Judío":

     "Incluso en los círculos judíos los inmigrantes no eran bienvenidos totalmente. Una circular publicada en 1849 por los líderes anglo-judíos pedía a los judíos alemanes que restringieran su inmigración a Inglaterra. Representantes de judíos estadounidenses en la Conferencia de París de 1878 anunciaron públicamente una advertencia contra las migraciones judías indiscriminadas".

     Los judíos que se habían establecido en un país encontraban con frecuencia amenazado su bienestar por una multitud de inmigrantes judíos posteriores, sucios, groseros, con pulgas en sus barbas y piojos en su cabello. Fue ese problema el que dio ocasión al Partido Nacionalsocialista en Alemania. Los judíos alemanes, prósperos y aceptados por la gente alemana, estaban horrorizados por una inundación de judíos de clase baja de Galitzia en Alemania después de la Primera Guerra Mundial. El National Jewish Post, órgano oficial de la comunidad judía alemana, expresó su indignación, el pánico de los judíos alemanes por la invasión de judíos agresivos y de mal hablar de Galitzia que estaban arruinando la economía alemana, en un artículo de Junio de 1923:

     "Esas personas tienen toda la razón desde su propio punto de vista cuando tratan de sacudirse el polvo de los países de pogroms de sus zapatos y huír al más agradable Oeste. Las langostas también están en lo correcto desde su propio punto de vista cuando ellas descienden en enjambres sobre nuestros campos. Pero el hombre que defiende su propia tierra, la cual le da su propio pan y su bienestar, está también en lo correcto. ¿Y quién puede negar que ellos vienen en enjambres? Ellos se ríen de los alquileres, ellos se ríen de los funcionarios. Sobre todo, ellos se ríen de los deseos de los arrendatarios. Ellos tienen sólo un objetivo en mente, y ellos usan cada oportunidad para llevarlo adelante. Pero ellos están lejos de hacer de las casas el único objeto de su rapacidad. Cualquier cosa que el dinero pueda comprar es, a sus ojos, un objeto apropiado para la avaricia. Nadie sabe cuántos judíos de Europa del Este hay en Alemania.

     "Sólo sabemos que todas las estadísticas mienten, tanto las públicas como las privadas por igual. Los comités de los judíos de ayuda a los trabajadores, mienten. La gente de la cual hablamos no va a esos comités. Desde Tarnopol y los distritos circundantes ellos han conquistado Viena y están conquistando ahora Berlín. Cuando ellos se hayan convertido en los amos de Berlín desplegarán sus líneas estratégicas y conquistarán París. El vacío creado por la caída en el tipo de cambio los succiona dentro".

     Después de 1928 la mayor parte del financiamiento de Hitler provino de hombres de negocios alemanes Gentiles quienes temían que podrían perder sus fábricas a manos de los comunistas. No sería tan fantástico, como el lector no informado podría creer, una ayuda financiera judía a los nacionalsocialistas. Una parte importante de los grupos anti-judíos dispersos en Estados Unidos es financiada por subvenciones de dinero de la Liga Anti-Difamación de la logia B'nai B'rith, la que por su parte recolecta dinero de judíos estadounidenses que temen el espectro del anti-semitismo. La ADL los mantiene constantemente conscientes de ese espectro publicitando a los grupos anti-judíos fuera de toda proporción con respecto a su importancia.

     La mayoría de los estadounidenses no tiene ningún conocimiento del problema judío, y los pocos que realmente no tienen dinero para contribuír a esos grupos, temen hacer eso porque ellos perderían sus empleos o negocios. Por consiguiente, la ADL, como fue expuesto en el periódico The Independent, financia su propio movimiento anti-judío. Gasta 400.000 dólares por año para ese fin, pero ¡anualmente recolecta de la gente judía cinco millones de dólares! Ése no es un mal retorno anual. Eso permite a la ADL mantener un control estricto sobre la comunidad judía, y sobre los grupos anti-judíos también. Ellos saben en cualquier momento el grado exacto del sentimiento anti-judío en Estados Unidos. Esa práctica está de acuerdo con el tradicional modelo judío de contribuír con dinero a todos los partidos y movimientos políticos, una técnica básica del parásito judío para evaluar el estado de ánimo del anfitrión Gentil, y para ejercer control sobre cada una de sus actividades.

     Otra técnica judía, el pluralismo, fue derrotada por Hitler. El pluralismo es la técnica del judío para mantener el poder sobre los Gentiles, estableciendo un ejército de grupos en la sociedad Gentil, cada uno de los cuales tiene un poder casi igual, y compiten unos contra otros, dividiendo el apoyo a los líderes Gentiles entre una docena de grupos, mientras el grupo judío, estrechamente entretejido y cohesivo, encuentra fácil manejar el poder. Así, en Estados Unidos, una típica democracia judía, tenemos, en primer lugar, a las ramas ejecutiva, legislativa y judicial del gobierno todas contendiendo unas con otras por el poder, mientras muchos otros grupos grandes, como los sindicatos, el submundo, los grupos religiosos, los educadores, los periodistas, el mundo del entretenimiento, y muchos otros, ejercen su influencia individual. Además, los judíos tienden a hacer que sus deseos sean conocidos y atendidos en cada uno de esos grupos, mientras la dirección judía básica del país sigue sin ser cuestionada.

     Los escritores judíos están constantemente expresando las alabanzas de nuestra "democracia pluralista", pero los Gentiles no tienen idea de lo que eso significa. Los judíos saben muy bien lo que eso significa: un ejército de grupos que se dividen el poder entre sí mientras en un segundo plano el judío retiene todo el poder que necesita para favorecer sus propios intereses.

     Ellos prosperan sobre la ignorancia de los Gentiles, y la creciente influencia judía en nuestras universidades está haciendo una burla de la educación. Los colleges se están convirtiendo en clubes de encuentros para parejas que ofrecen oportunidades para bailes, juegos y sexo, mientras toda la actividad inteligente es empujada aparte. Eso confirma el sentimiento básico que el judío siente sobre el Gentil, como está expresado en el Talmud, de que los Gentiles son bestias estúpidas que no pueden ser educadas de ningún modo. Las escuelas de graduados están llenas de judíos que trabajan duro en sus disertaciones rabínicas; en menos de un cuarto de siglo, las universidades estadounidenses han sido rebajadas al nivel de un ghetto medieval, y la proporción de profesores y estudiantes judíos se incrementa cada año. Las clases de "Filosofía" consisten únicamente en arengas salvajes contra los nacionalsocialistas y en reclutar estudiantes para plantar árboles en Israel; en los cursos se estudia a Spinoza en vez de Nietzsche, a Sassoon en vez de Pound, a Schwartz en vez de Eliot.

     Volviendo a Hitler, el doctor Hermann Eich, un destacado editor alemán, declaró en un libro reciente que los alemanes eran menos anti-judíos que cualquier otro pueblo en Europa, lo que era verdadero. Las Tropas de Asalto (SA) tenían que realizar sus incursiones en tiendas alemanas durante la noche, no fuera que los alemanes los atacaran en defensa de los judíos. Cuando los bombarderos comenzaron a matar a mujeres y niños, el estado de ánimo cambió. Hitler ordenó que todos los judíos fueran internados en campos mientras durase la guerra, porque muchos judíos habían sido atrapados mientras ponían señales luminosas para guiar a los bombarderos en la destrucción de ciudades y barrios residenciales alemanes. Los Ancianos de Sión en cada comunidad judía cooperaron con los alemanes para acorralar a los judíos. Hannah Arendt, la erudita judía, declaró que sólo en Dinamarca escapó la comunidad judía, porque Dinamarca no tenía ningún grupo de ancianos judíos que pudiera entregarlos a los alemanes.

     El doctor Rudolf Kastner, jefe de la Organización Sionista en Budapest, entregó judíos rumanos a los nacionalsocialistas a cambio de su permiso para que 1.683 de sus amigos y parientes en la comunidad judía pudieran emigrar a Suiza con todas sus fortunas. Huelga decir que todos los banqueros judíos importantes en Europa sobrevivieron a la guerra. Kastner fue asesinado más tarde en Israel por un judío cuya familia había sido enviada a un campo de concentración debido a él.

     En esos campos los judíos pronto comenzaron a morir de fiebre tifoidea, debido a su rechazo a mantener condiciones de vida limpias entre ellos. Los alemanes estaban luchando una guerra en dos frentes, y no tenían personal para ocuparse de los judíos. Los oficiales de los campos pronto tuvieron que hacer frente a la eliminación de cientos de cadáveres de judíos enfermos. Sólo había una solución —quemarlos— y para ese fin fueron usados hornos corrientes. Después de la guerra, los propagandistas judíos agasajaron al mundo con cuentos fantásticos de millones de judíos que habían sido quemados hasta la muerte en dos hornos diminutos que sólo podían eliminar seis cuerpos por día.

     Virginius Dabney, editor del Richmond Times Dispatch, escribió en la Saturday Review del 9 de Marzo de 1963 acerca de una visita a Dachau: "La cámara de gas, bastante sorprendentemente, nunca entró en funcionamiento, ya que fue construída tarde y exitosamente saboteada por los presidiarios". En Auschwitz, "una reconstrucción después de la guerra mostraba cámaras de gas y hornos que fueron construídos por trabajadores alemanes forzados en 1946, como parte de la campaña judía para hablarle al mundo sobre los Seis Millones" que faltaban. Había totalmente una razón económica detrás de esa historia de seis millones de judíos supuestamente muertos por los nacionalsocialistas, de una población judía de 300.000 que había en la Alemania de pre-guerra.

     El Estado de Israel, que no existía en el momento de las supuestas masacres, impuso contra el pueblo alemán "reparaciones" por 800 millones de dólares anuales durante diez años, en pago por esas "matanzas". La mayoría de los judíos muertos era judíos polacos que habían sido asesinados por Stalin para impedir que traicionaran sus defensas ante los ejércitos nacionalsocialistas que estaban avanzando en 1941, pero Israel no pidió ninguna reparación a Rusia. Con las reparaciones alemanas, los judíos en Israel fueron capaces de vivir cómodamente sin trabajar, mientras holgazaneaban en las casas confiscadas a los laboriosos árabes que las habían construído.

     Alemania, la única nación que alguna vez haya enviado fuerzas militares contra el gobierno comunista de la Rusia soviética, fue resonantemente derrotada gracias a la actividad frenética de judíos estadounidenses, quienes, animados por Ehrenburg en Moscú, y personalmente conducidos por Wallach-Litvinov, consiguieron que Estados Unidos se involucrara en la guerra para salvar al comunismo judío del ataque alemán. Los miles de alemanes que vivían en EE.UU., quienes eran leales a éste, fueron reunidos en campos de concentración y mantenidos allí hasta mucho después de que la guerra había terminado, mientras sus propiedades avaluadas en 4.000 millones de dólares fueron confiscadas por la oficina del Guardián de la Propiedad Ajena (Alien Property Custodian) y entregadas a los judíos.

     Después de la guerra, Estados Unidos designó a un Alto Comisionado para Alemania, un tal John McCloy, que había trabajado toda su vida como un abogado para la firma de Cravath y Henderson, la firma que representaba a los banqueros judíos Kuhn, Loeb & Co. El ayudante del Alto Comisionado, el verdadero poder, era Benjamin Buttenweiser, un socio de Kuhn, Loeb & Co. cuya esposa Helen fue la abogada que representó a Alger Hiss durante su proceso. El general Lucius Clay comandó el Ejército Estadounidense de Ocupación, y más tarde aceptó un lucrativo puesto en la Corporación Lehman, una firma bancaria judía. Obviamente él no había hecho nada que ofendiera a los judíos mientras sirvió en Alemania.

     Los hombres de negocios alemanes se vieron obligados a contratar a un lobbista judío, el general Julius Klein, comandante de los Veteranos de Guerra Judíos, o el Gobierno de Ocupación les rechazaría la licencia para hacer negocios. Klein usó al senador Thomas Dodd como un lacayo para el arreglo de algunos de esos vínculos. Dodd también aceptó 10.000 dólares de A. N. Spanel, un pomposo judío que encabezaba un Imperio de ropa interior en Estados Unidos. El dinero estaba destinado a preparar el terreno para la designación de Spanel como embajador ante Francia. Dodd tomó el dinero pero Spanel nunca consiguió el nombramiento.

     Los judíos también tomaron grandes porcentajes de cada firma alemana a la que el gobierno de ocupación de McCloy y Kuhn & Loeb daba permiso para funcionar. Los judíos se aglomeraron para incautar valiosas patentes alemanas y para agarrarse del indefenso pueblo alemán. Una de las primeras leyes aprobadas por la Ocupación convirtió en delito el criticar a un judío (Estatuto bávaro Nº 8). Un economista recientemente estimó que los judíos habían tomado 200.000 millones de dólares en ganancias netas de Alemania Occidental desde la guerra. Otro judío, el doctor Hans Deutsch, se especializó en presentar pruebas falsas sobre obras de arte que los nacionalsocialistas supuestamente habían requisado de los judíos.

     Él consiguió 10 millones de dólares del Gobierno alemán para uno de sus clientes, el barón Edmond de Rothschild de París, pero cuando Deutsch volvió en 1965 por otros 105 millones de dólares por pinturas que él afirmó que le habían sido quitadas a un judío húngaro llamado Hatvany, quien había conseguido un monopolio del azúcar en aquel país, fue detenido por fraude. Las pinturas que él había puesto en una lista habían estado colgando en el museo Hermitage en Moscú durante muchos años, ¡y los nacionalsocialistas nunca las habían visto!.

     Los judíos también conducen campañas "anti-semíticas" anuales en Alemania, en las cuales son trastornadas las lápidas sepulcrales en cementerios judíos. La gente alemana es juntada después para limpiar los cementerios y otras indignidades amontonadas sobre ellos, mientras los judíos recolectan más millones con ese infalible recurso para recaudar fondos. Esas provocaciones del judío son también una técnica básica para controlar a los Gentiles.


     Aunque los judíos salvaran al comunismo ruso de los ejércitos alemanes, el comunismo sigue siendo un fracaso ridículo. Polonia ha des-colectivizado el 85% de las granjas, Hungría ha des-colectivizado al 90% de ellas, de modo que la gente pueda sembrar lo suficiente para comer. Sin embargo, los países comunistas siguen afrontando amenazas anuales de hambre. Todo el mundo admite que el sistema comunista no puede funcionar; pero pocas personas tienen el coraje para agregar lo que es penosamente obvio: que no puede funcionar porque es la creación ideológica de judíos esquizofrénicos.–




Capítulos 1 y 2

Capítulo 3

Capítulos 4 y 5

Capítulo 6
http://editorial-streicher.blogspot.com/2016/05/eustace-mullins-nueva-historia-de-los_17.html


1 comentario:

  1. Extraordinario. Por favor, sigue subiendo capítulos de ese libro, ya que es imposible conseguirlo en librerías o en versiones digitalizadas. Muchas gracias.

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