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miércoles, 11 de mayo de 2016

Eustace Mullins - Nueva Historia de los Judios (2)



     En Septiembre de 2011 publicamos en castellano los dos primeros capítulos del libro del escritor estadounidense Eustace Mullins (1923-2010) "New History of the Jews" (1968). Con dicha diferencia de tiempo presentamos aquí traducido su breve capítulo tercero (The Origin of the Jew) con la intención de proseguir en el corto plazo la presentación de tan interesante escrito.




Capítulo 3
EL ORIGEN DE LOS JUDÍOS


     A pesar de las miles de obras académicas escritas acerca de la Biblia y sobre la Historia antigua, el origen de los judíos permanece envuelto en el misterio. Como veremos, eso no es ninguna casualidad. Archibald H. Sayce, un importante erudito bíblico, escribió en 1897: "El historiador de los hebreos se encuentra desde el mismo comienzo con una extraña dificultad: ¿Quiénes eran los hebreos cuya historia él se propone escribir?".

     Los judíos nunca se han preocupado por la oscuridad que rodea al misterio de sus orígenes. Ellos simplemente nos han informado que ellos son el Pueblo Elegido de Yahvé, una gente muy especial, en efecto. Ellos también afirman tener el registro histórico más largo que el de cualquier otro pueblo en la Tierra. Algunos historiadores, como Dubnow, hacen atrevidas declaraciones, tales como "Toda la Historia es la historia judía". Estos historiadores modernos nos piden que ignoremos las grandes civilizaciones de China, Egipto, India, Grecia y Roma, porque esas civilizaciones no eran importantes. Sólo la gran civilización de los judíos es importante, dicen ellos.

     Sería más fácil para nosotros aceptar esa afirmación si alguna vez hubiera habido una civilización judía. Conseguimos el arte de la imprenta desde China; las bellas artes y la filosofía, de Grecia; la ley, de Roma. ¿Qué hemos conseguido de los judíos? Ellos han hecho todo lo posible para impedirnos averiguar, pero una vez que conocemos el verdadero origen de los judíos, sabemos lo que ellos nos han traído, y eso ya no es un secreto.

     Aunque los judíos aparezcan y reaparezcan en las historias de otras naciones durante cuatro mil años, ellos nunca fueron capaces de, o no estuvieron dispuestos a, establecer una nación propia. Éste es un penoso registro para una raza tan distinguida, e increíble cuando uno considera que ellos eran el pueblo favorito de Yahvé. En efecto, ningún otro pueblo tiene un registro tan patético de civilización. Incluso los pigmeos africanos desarrollaron una civilización propia.

     La mayor parte de los registros que mantienen los judíos son una mezcla tal de hechos y ficciones, que llega a ser un asunto de trabajo de detectives llegar a ubicar la verdad. La Historia de los Judíos de Josef Kastein es aceptada como la historia más confiable de esa gente que fue escrita por uno de los suyos. Un judío alemán, Kastein acortó su nombre desde Katzenstein, y ocupó la mayor parte de su vida como un estudioso bíblico. Con todo, él escribe en su Historia de los Judíos, página 130, que "Las diez tribus, el primer gran organismo de judíos en ser llevado al cautiverio, desaparecieron sin dejar rastro".

     Los historiadores por lo general no escriben de manera tan apegada a los hechos acerca de un grupo de gente que desapareció sin dejar rastro. La mayoría de los historiadores trabajan a partir de fuentes materiales, pero Kastein arroja sobre nosotros una de muchas tradiciones orales de los judíos, que sólo puede ser aceptada sin evidencia de ninguna clase.

     El origen de los judíos es revelado por el origen de su nombre tribal. La palabra "judío" era desconocida en la Historia antigua. Los judíos eran conocidos entonces como Hebreos, y la palabra "hebreo" nos dice todo lo que acerca de esa gente necesitamos saber. La Enciclopedia Británica define "hebreo" como derivado de la palabra aramea Ibhray, pero de manera bastante extraña no ofrece ninguna indicación en cuanto a qué significa dicha palabra. La mayor parte de las referencias, como el Diccionario Internacional de Webster, 1952, dan la definición aceptada de "hebreo". Webster dice que "hebreo" se deriva del arameo Ebri, que a su vez se deriva de la palabra hebrea Ibhri, literalmente "uno que es del otro lado del río. || Un miembro de una de un grupo de tribus de la rama Norte de los semitas, incluyendo a los israelitas".

     Esto es bastante claro. "Hebreo" quiere decir "uno que es del otro lado del río". Los ríos eran a menudo los límites de las naciones antiguas, y "uno desde más allá del río" significaba, simplemente, un extranjero. En cada país del mundo antiguo, los hebreos eran conocidos como extranjeros. La palabra también, en el uso popular, significaba "uno en quien no debería confiarse hasta que se haya identificado". "Hebreo" en toda la literatura antigua fue escrito como "Habiru". Esa palabra aparece con frecuencia en la Biblia y en la literatura egipcia.

     En la Biblia, el término "Habiru" es usado de modo intercambiable con "sha-jaz", que significa "degollador". En toda la literatura egipcia, dondequiera que aparece la palabra "Habiru", está escrita junto con la palabra "sha-jaz" al lado de ella. Así, los egipcios siempre escribían acerca de los judíos como "los bandidos degolladores del otro lado del río". Durante cuatro mil años, los escribas egipcios identificaron a los judíos de esa manera. Significativamente, ellos no son mencionados sino por esas dos características. El gran erudito egipcio Cyril J. Gadd notó en su libro La Caída de Nínive, Londres, 1923, que «"Habiru" es escrito con un ideograma... sha-jaz... que significa "degolladores"».

     En la Biblia, dondequiera que aparece la palabra "Habiru", refiriéndose a los hebreos, es usada para significar "bandido" o "asesino violento". Así, en Isaías 1:23 dice: "Tus príncipes son rebeldes, y compañeros de ladrones"; la palabra para "ladrones" aquí es "Habiru" [?]. En Proverbios 28:24 dice: «Quienquiera que robe a su padre o a su madre, y diga "Esto no es ninguna transgresión", él mismo es el compañero de un despojador»; sha-jaz es usado aquí para "despojador", pero la palabra "despojador" también aparece a veces en la Biblia como "Habiru". Oseas 6:9: "Y tal como las bandas de ladrones esperan a un hombre, del mismo modo la compañía de sacerdotes asesina en el camino a Siquem de común acuerdo; lo que hacen es una iniquidad". La palabra para "ladrones" en ese versículo es "Habiru" [?].

     En su Historia de los Judíos, Kastein identifica a muchos de los grandes nombres de la historia judía como bandidos. Él menciona a Jefté como uno de los salvadores del pueblo judío, y en la página 21 dice: "Jefté era un jefe de ladrones de Galaad, cuyos compañeros miembros de la tribu lo expulsaron". Otra vez, Kastein, página 31:

     "En el momento de la muerte de Saúl, encontramos a David, el líder de una banda de saqueadores, viviendo en Ziklag... Oyendo que el trono estaba vacante, David inmediatamente se apresuró hacia Hebrón en Judá. Nadie lo había convocado, pero él hizo público su reclamación a la monarquía, declarando que Samuel lo había designado en secreto".

     Demasiado para uno de los grandes nombres de la historia judía, un usurpador que dividió a la tribu judía en dos y preparó el terreno para su perdición. Kastein también dice, en la página 34, que

     "Shelmo, Salomón el Pacífico, inauguró su gobierno cometiendo tres asesinatos que limpiaron su camino y se deshizo de su único hermano, y él hizo eso sin el más leve remordimiento de conciencia".

     El hecho es que tanto Salomón como David, que eran bandidos sanguinarios, eran típicos líderes judíos. Los judíos han sido parte de la Historia desde el alba de la civilización, simplemente porque el crimen ha sido una parte de la Historia desde el alba de la civilización. No es ninguna casualidad que de los judíos se haya oído hablar primero en Palestina, ya que dicho lugar era la encrucijada de todas las rutas comerciales, tanto de mar como de tierra, del mundo antiguo. Inevitablemente, las ricas caravanas eran asediadas por piratas y bandidos, que podían hacer su escape en uno de los muchos escondrijos junto al mar, o en las impenetrables montañas, aprovechando los refugios naturales en el área que ha sido denominada "el centro físico de los movimientos de la Historia desde el cual el mundo ha crecido".

     El registro de los hebreos está en gran desacuerdo con las afirmaciones judías de "una gran cultura". Pero todas las afirmaciones judías de la existencia de una cultura carecen completamente de fundamento. The Horizon Book of Christianity, una obra de referencia estándar, dice en su página 10:

     "Los judíos comenzaron como una aglomeración de pequeñas tribus que más tarde alcanzaron la independencia sólo en el interludio entre el ascenso y la caída de grandes Imperios. Ellos no han dejado ningún monumento que testifique la magnificencia. No hay tumbas de reyes hebreos con arreglos florales de oro y carros adornados con joyas. La arqueología de Palestina no ha desenterrado ninguna estatua de David ni de Salomón sino sólo vasijas para agua como aquella con la cual Rebeca abrevó a los camellos de los sirvientes de Abraham".

     El Instituto Oriental de Chicago contiene una de las colecciones definitivas de bellas artes del mundo, especializado en las culturas egipcia, siria y otras del Oriente Próximo, en el área que los judíos reclaman como su origen. Uno esperaría encontrar la contribución judía a la civilización bien representada aquí. Después de recorrer las inmensas salas llenas de grandes obras de arte, estatuas espléndidas, joyas exquisitas y otros artefactos de las tumbas de conquistadores egipcios y asirios, llegamos a la exhibición judía. Allí hay una vitrina llena de trozos rotos de vasijas de arcilla, utensilios vulgares, no decorados y opacos que podrían haber llegado a nosotros desde la Edad de Piedra. Ésta es la gran cultura judía sobre la cual hemos oído hablar tanto. Es todo lo que ellos tienen que ofrecer.

     El hecho es que los judíos eran conocidos sólo como destructores en el mundo antiguo. Ellos no produjeron ningún arte, no fundaron ninguna dinastía, no construyeron ninguna gran ciudad, y, únicos entre los pueblos antiguos, no tuvieron talento para las cosas más finas de la vida civilizada. ¿No está esto en desacuerdo con la afirmación judía de que ellos, y sólo ellos, son los únicos portadores de la antorcha de la civilización?.

     Es también un hecho el que los judíos, que no siempre fueron bandidos exitosos, llevaban una vida precaria en Palestina, y a menudo estuvieron al borde del hambre. Su dieta consistía principalmente en burdos pasteles de cebada, y la historia de Esaú, que vendió su derecho de nacimiento por un bodrio de verduras cocidas, es típica de su pobreza. El potaje era simplemente un plato hondo con sopa de lentejas, y sin embargo Esaú se alegró de vender su primogenitura a cambio de ello.

     El historiador Arnold Toynbee definió a los judíos para siempre hace unos años, cuando él los describió como un pueblo "fósil". Él quería decir que ellos eran un pueblo que había dejado de desarrollarse desde la Edad de Piedra, como nos lo demuestran sus primitivos potes de arcilla. Ellos fueron incapaces de dominar la agricultura, la ganadería, la arquitectura o cualquiera de las artes civilizadas. Kastein dice de su pueblo, en la página 7:

     «Ellos (los judíos) primero hicieron su aparición en las áreas inferiores del Éufrates, luego viajaron hacia el Norte a Mesopotamia, y siguieron la ruta usada por todos los grupos de gente en ese entonces y en aquella parte del mundo... el camino a Canaán vía Siria y el desierto más allá; cuando el hambre los obligó, ellos incluso penetraron en Egipto. Las naciones que ellos encontraron los llamaron la gente "del otro lado" del río. La palabra hebrea para "el otro lado" es "eber". Aquellos que se derramaban desde el otro lado eran "Ibrim", hebreos.

     «Algunos (de los judíos) permanecieron dentro de los límites de Canaán, otros se instalaron a lo largo de la gran carretera militar del Este y en los desiertos y páramos vecinos, donde llevaron una existencia nómada, mientras que una sección más pequeña, impulsada por el hambre, finalmente logró llegar a Egipto, donde los faraones los tomaron bajo su protección».

     Podría sorprender a algunos lectores el extraño hecho de que los judíos permanecieran en los desiertos y páramos, o que ellos prefirieran hacer eso, pero tales áreas son los hábitats naturales de los bandidos. Sólo tenemos que recordar que los forajidos del Oeste estadounidense siempre huían al desierto o a las zonas inexploradas de las montañas. Para continuar con Kastein,

     "Todo estaba dado para hacer que esas bandas de emigrantes a Egipto se desintegraran en aquel país, o que fueran tragadas en otras ramas de la raza semita que también habían emigrado allí... Pero ninguna desintegración tuvo lugar".

     Aunque en Egipto no eran mantenidas las diferencias raciales, sólo los judíos permanecieron aparte. Ellos pronto se elevaron a posiciones altas en la tierra de los faraones, y simultáneamente, como iría a suceder en tantos otros países, el Imperio comenzó a desintegrarse. Las pandillas de bandidos en los puestos avanzados del Imperio se hicieron más atrevidas; ellos parecían saber justo cuándo golpear y cuáles de las ciudades estaban pobremente protegidas. Al mismo tiempo, el Imperio comenzó a decaer desde dentro. Sus líderes se hicieron apáticos, y la moral de la gente fue socavada.

     Una de las grandes fuentes de la Historia de ese período son las Cartas de Tell el-Amarna, escritas por el gobernador de una provincia periférica. El descubrimiento y la traducción de esas cartas abrieron toda una nueva Era de la egiptología. Allí también se revelaba el efecto destructivo de los judíos. Esas cartas están llenas de súplicas de ayuda dirigidas a un faraón aparentemente sordo. Ellas describen las incursiones de los Habiru y la imposibilidad de defender las ciudades fronterizas por más tiempo. Quizá el faraón nunca recibió las cartas; quizá él estaba demasiado ocupado escuchando a su Primer Ministro judío, que interpretaba sus sueños para él. No sabemos exactamente lo que pasó, pero sabemos realmente que el Imperio cayó. Esto dice, en la Carta Nº 76, el gobernador: "Mirad, él (Abdi-Ashirta, un jefe bandido Habiru), ha reunido ahora a todos los amelut gaz contra Sigata y Ambi".

     El gobernador quería decir que una gran alianza de bandidos y asesinos (degolladores) estaba amenazando al Imperio. Amelut gaz era sinónimo en el egipcio antiguo de amu y sha-jaz, y amu era la palabra con la cual los egipcios a menudo se referían a los hebreos. Amelut gaz significaba "los bandidos judíos". Sayce nos dice que «el equivalente egipcio de "hebreo" es amu»

     Una parte considerable de la literatura egipcia describe la angustia social de ese período, cuando los judíos estaban debilitando a la mayor civilización conocida por el hombre hasta aquel tiempo. Así, tenemos las "Advertencias de un Sabio Egipcio de un Papiro Hierático de Leiden", traducidas y publicadas por Alan H. Gardiner en 1909. Gardiner traduce:

     «Egipto estaba en tribulación; el sistema social se había desorganizado; la violencia llenaba la tierra. Los invasores depredaban a la población indefensa; los ricos fueron despojados de todo y dormían al aire libre, y los pobres tomaron sus posesiones. No es simplemente una perturbación local la que aquí es descrita sino un desastre nacional grande y aplastante. El faraón estaba extrañamente inactivo». Otra fuente, el famoso Papiro Ipuwer, dice: «Las ciudades están destruídas... años de ruido. No hay ningún final al ruido. Los peces en los lagos y ríos mueren, y los gusanos, los insectos y los reptiles se reproducen prolíficamente».

     ¡Qué acontecimiento tan extraño! No se describe ninguna batalla; el Imperio no fue atacado desde fuera. La descripción se parece extrañamente a las Revoluciones comunistas francesa y rusa... los ricos fueron despojados de todo y dormían al aire libre. Hay también paralelos con el moderno Estados Unidos... los peces en los lagos y ríos mueren... no hay ningún final al ruido.

     Una de las grandes fuentes de la egiptología es la Historia de Egipto de Manetón. Él describe la caída del Imperio como sigue: "Un pueblo de origen innoble del Este, que tuvo la audacia para invadir el país, que ellos dominaron principalmente por la fuerza, sin dificultad o siquiera una batalla".

     Aunque increíble, eso sucedió una y otra vez en el mundo antiguo. ¿Cómo le sucedió al Imperio más poderoso alguna vez conocido? Ello ya había ocurrido en Babilonia. Los judíos prepararon el terreno para los conquistadores. Esos conquistadores de Egipto eran los hiksos o Reyes Pastores, que ganaron Egipto sin ninguna batalla y que mantuvieron una dictadura de hierro sobre la gente durante 511 años. Algunos eruditos creen que los hiksos eran los judíos, porque la palabra egipcia "amu" de vez en cuando es usada para referirse a los hiksos, aunque en la mayor parte de los papiros se refiera a los judíos. Esa confusión existió incluso entre algunos posteriores historiadores egipcios del período de los hiksos, y eso ocurrió porque los judíos, que habían abierto las puertas de la tierra a los conquistadores, se convirtieron en una minoría favorecida durante su dominio. Manetón dice: "Los hiksos eran conocidos como los protectores de los judíos".

     Durante ese período de 511 años los judíos fueron príncipes en Egipto, tomando lo que ellos querían de los esclavizados egipcios, e incurriendo en su enemistad por su cruel arrogancia sobre la población traicionada. Al final, los líderes nativos de los egipcios condujeron una rebelión exitosa, y expulsaron a los hiksos para siempre. Manetón escribe que después de que los hiksos fueron expulsados, los egipcios castigaron a los judíos por su traición, y los esclavizaron de por vida en trabajos forzosos.

     Esto nos lleva al período de Moisés, cuando los judíos se quejaban de su difícil suerte en Egipto. Antes de que ellos traicionaran a la nación en favor de los hiksos, habían disfrutado de todas las libertades en Egipto, y simplemente era natural que ellos fueran castigados por su traición. Más bien que soportar esa esclavitud, ellos presentaron una solicitud al faraón para que los dejara volver a Palestina, para reanudar su vida de bandidaje nómada. Pero la ultrajada gente egipcia exigió que ellos cumplieran su castigo, y el faraón fue obligado a estar de acuerdo. Entonces los judíos usaron cada recurso para obtener su libertad, trayendo plagas sobre el pueblo egipcio mediante el uso de venenos y contaminando el agua. Finalmente se les permitió marcharse de Egipto.

     Aunque éstos son los hechos de la estancia judía en Egipto, un sórdido registro de traición y destrucción, estos hechos están relatados aquí por primera vez en inglés, aunque estas fuentes hayan sido conocidas durante siglos. El verdadero origen de los judíos, y la definición de Habiru y sha-jaz en tanto describen la naturaleza de esa gente, han sido durante mucho tiempo conocidos por los estudiosos bíblicos. ¿Por qué ellos escondieron deliberadamente toda mención del hecho de que en todas partes del mundo antiguo los judíos eran conocidos y temidos como asesinos y bandidos?

     En primer lugar, ellos creyeron la mentira judía de que Cristo era un judío. Si ellos publicaran sus conclusiones sobre el origen de los judíos, ellos identificarían a Cristo como un descendiente de proscritos sanguinarios. Obviamente, eso no podía ser verdadero. Por consiguiente, ellos omitieron en sus obras todas las referencias a los Habiru y los sha-jaz. Literalmente miles de eruditos han retenido esta información vital en los miles de libros publicados sobre la Historia antigua durante los siglos pasados. Ahora debemos reevaluar la historia entera de las civilizaciones tempranas a la luz de lo que sabemos sobre los judíos.

     Otra área en la cual los eruditos y las universidades han sido enormemente negligentes es en su increíble glorificación de la lengua hebrea. Nos han dicho que el hebreo es uno de los grandes idiomas de todos los tiempos, que una buena parte de la gran literatura del mundo fue escrita en él, y que es un lenguaje formulado para expresar los sentimientos más nobles. Sin embargo, sólo tenemos que abrir la Encyclopedia Britannica para encontrar que el hebreo es una lengua muy limitada con sólo 500 y tantas palabras básicas, muy parecido al Inglés Básico difundido durante la Segunda Guerra Mundial. Además, según la Enciclopedia Británica, el hebreo no es realmente un lenguaje en absoluto sino un compuesto de otras lenguas del Cercano Oriente. La Enciclopedia Británica dice: "Un lenguaje compuesto de los pueblos semíticos, consistente en arameo, cananeo, acadio y asirio-babilónico".

     En palabras simples, el hebreo era simplemente el yíddish del mundo antiguo, una jerga políglota que los judíos usaban en sus actividades criminales. Así, otra mentira judía es volada en pedazos. Y la gran literatura supuestamente escrita en ese idioma es otro mito, sin ninguna base de hecho. Los evangelios del Nuevo Testamento —así nos dice la mayoría de los eruditos bíblicos— fueron escritos en griego más bien que en hebreo. Los escritores judíos admiten que la mayor parte de las escrituras "hebreas" fueron simplemente tomadas de manera libre de fuentes babilónicas y egipcias.

     Los Salmos, supuestamente una serie de grandes poemas hebreos, fueron tomados palabra por palabra de los Himnos al Sol de Akenatón, escritos 600 años antes en Egipto. Horace Meyer Kallen, un profesor en la judía Nueva Escuela de Investigación Social, dice que el Libro de Job fue tomado completamente de una antigua y oscura obra griega. Velikovsky admite que hay "muchos paralelos" entre los Himnos Védicos y los libros de Joel e Isaías. El Decálogo fue tomado totalmente del egipcio Libro de los Muertos, y así sucesivamente a través de toda la lista de "grandes escritos judíos". Y sin embargo los estudiantes de nuestras universidades no saben nada sobre todo esto. Ellos aceptan sin cuestionamiento las declaraciones de sus profesores (que son en gran parte judíos actualmente), el mito del gran lenguaje hebreo y de la gran literatura hebrea. El hecho es que los judíos, que carecen completamente de algún talento creativo de cualquier clase, robaron la literatura, tal como ellos robaron todo lo demás de los pueblos que los toleraron.–



Capítulos 1 y 2





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