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sábado, 21 de mayo de 2016

El Asalto contra el Género y la Familia



     Se publicó en theoccidentalobserver.net el 26 y 27 de Diciembre pasado el siguiente artículo de Andrew Joyce que ofrecemos en castellano. El siguiente análisis —dice el autor— tiene que ver con el actual papel de la dominada por los judíos "Cultura de la Crítica" en fomentar teorías y las tendencias diseñadas para atomizar nuestra sociedad. En particular se enfoca en el apoyo intelectual y político judío a lo sexualmente anormal y lo explica como una extensión y un producto de la opinión de la Escuela de Frankfurt.


El Asalto contra el Género y la Familia:
La Sexología Judía y el Legado de la Escuela de Frankfurt
por Andrew Joyce
Diciembre de 2015



     "La moralidad sexual —como la sociedad, en su forma extrema, la estadounidense, la define— me parece muy despreciable. Abogo por una vida sexual incomparablemente más libre" (Sigmund Freud, 1908).

     "Habrá otras formas además de nuestro matrimonio clásico... Experimentaremos un espectro más amplio de formas socialmente aceptadas de vida sexual" (Volkmar Sigusch, 2015).


    Volkmar Sigusch (1940) podría no ser un nombre familiar para los lectores, pero para aquellos preocupados por el asalto moderno sobre las actitudes tradicionales en cuanto a género y sexualidad, debiera serlo. Usted podría haber encontrado el término "cisgénero" [cisgender, gente sexualmente normal, opuesto a "transgénero" o "transexual"], una creación de Sigusch que está siendo usado cada vez más en el discurso común. Para aquellos que no están familiarizados con ese término, ha venido a sustituír a "normal", e incluso a "heterosexual". Específicamente, el término se refiere a aquellos que "sienten que hay una correspondencia entre su sexo asignado y el género que ellos sienten que son. Usted es un cisgénero si su certificado de nacimiento dice que usted es varón y usted se identifica como tal". El objetivo detrás de la invención de una etiqueta tan extraña y complicada para lo que es natural y sano es, por supuesto, diluír posteriormente la identidad de las generaciones actuales y venideras, y convencernos a todos de que no existe lo "normal" sino sólo posiciones diferentes dentro de un espectro cada vez más colorido.

     Mediante el socavamiento del significado de lo que es ser varón y mujer, se debilita el concepto sano de la familia. Y cuando el concepto sano de la familia poseído por un grupo dado es socavado, aquel grupo es empujado cada vez más cerca al genocidio mediante (usando el léxico de Naciones Unidas) "la imposición deliberada de condiciones de vida calculadas para provocar su destrucción física en todo o en parte", e "imponiendo medidas destinadas a impedir nacimientos". La abundante cosecha de términos como "cisgénero", fabricados con alarmante frecuencia por los "sexólogos", ayuda a reducir los matrimonios entre un hombre y una mujer y la crianza de niños dentro de aquella unión, a una mera "opción" en un verdadero menú de sexualidades, identidades de género y estructuras de familia posibles. En este "estupendo nuevo mundo" [brave new world] no existe lo "normal" o "ideal", ya que todos los "modelos" son supuestamente válidos e iguales.

     Esta ideología, militante tanto en la teoría como en su ejecución, está en oposición al hecho de que las sanas relaciones sexuales entre varones y mujeres están hasta ahora por sobre las otras "opciones" como para representar una diferencia (abismo, brecha), más bien que una gama o serie, en el comportamiento humano. Como F. Roger Devlin ha señalado tan incisivamente, la heterosexualidad es "el ciclo de vida natural de nuestra especie" (y de todas las otras especies), mientras que el homosexualismo es simplemente "una forma para unas pocas personas con gustos exóticos para conseguir el orgasmo". Cualquier argumento de equivalencia debe necesariamente estar ocupado con abstracciones interminables, en particular abstracciones que rodean la naturaleza del amor romántico, a fin de alejar el debate de este hecho biológico que lo involucra todo.

     Del mismo modo que ya presenciamos el enorme empuje para la "igualdad de matrimonio", también hemos presenciado la reciente defensa de aquellos individuos que sufren de la desafortunada ilusión de que ellos han nacido en el cuerpo equivocado. Mientras el "trans-generismo" es una severa enfermedad de acuerdo a cualquier definición del término, los sanos y normales son ahora rebajados al mismo nivel que esas y otras personas extremadamente disfuncionales. El relativismo cultural, una vez desplegado tácticamente dentro de Occidente a fin de crear una paridad artificial entre la grandeza occidental y los escasos logros de razas y culturas menos avanzadas, está siendo desplegado ahora dentro de nuestra raza y cultura para crear una paridad artificial entre el estilo de vida sano y los de los degenerados e insanos. Muy similar a la promoción del arte degenerado, el resultado final en ambos casos es el rebajamiento de lo sano y superior, y el ascenso de lo deforme, lo enfermo y lo demente.

     ¿Pero quién precisamente está introduciendo estos términos e ideas, y de esa manera diseñando un cambio dramático de la sociedad occidental? En nuestra tentativa de contestar esta pregunta, podríamos volver primero a Volkmar Sigusch. Sigusch, un alemán, es un auto-denominado "sexólogo", médico y sociólogo. Como fundador y co-editor del Zeitschrift für Sexualforschung (Diario para la Investigación Sexual), y director del Institut für Sexualwissenschaft (Instituto para la Ciencia Sexual) en la Universidad Goethe en Frankfurt entre 1973 y 2006, Sigusch ha sido descrito por Der Spiegel [1] como "uno de los principales pensadores detrás de la revolución sexual de los años '60".

[1] http://www.spiegel.de/international/zeitgeist/sexologist-volkmar-sigusch-our-society-is-still-ignorant-about-sex-a-748632.html

     Las razones de por qué el joven aspirante a médico evolucionó hasta convertirse en un radical cultural son muy fáciles de deducir. Después de huír de Alemania Oriental, Sigusch estudió medicina, psicología y filosofía en Frankfurt. Yo postulo el argumento de que fue esta última disciplina la que realmente formó a Sigusch y que más lo influyó para determinar su futuro trabajo. Argumento esto porque él estudió filosofía bajo nada menos que Max Horkheimer y Theodor Adorno, los cuales ambos hacia aquella fecha habían retornado desde Estados Unidos y restablecido el conocido Instituto de Frankfurt para la Investigación Social. Sigusch, un pionero de la revolución sexual en curso, es un protegido de Escuela de Frankfurt.

     El siguiente análisis tiene que ver con el actual papel de la dominada por los judíos "Cultura de la Crítica" en fomentar teorías y las tendencias diseñadas para atomizar nuestra sociedad. En particular se enfoca en el apoyo intelectual y político judío a lo sexualmente anormal y lo explica como una extensión y un producto de la opinión de la Escuela de Frankfurt de que "el singular rol del judaísmo en la Historia mundial fue justificar el concepto de Diferencia contra las fuerzas homogeneizantes consideradas como representativas de la esencia de la civilización occidental" [2]. Kevin MacDonald ha notado que la Escuela de Frankfurt clasificó a las saludables normas occidentales, los nacionalismos y las cercanas relaciones de familia como un indicativo de desorden psiquiátrico. Por contraste, en las últimas décadas del siglo XIX los intelectuales judíos comenzaron a defender a los marginados e inconformistas de la sociedad occidental. Usando a esos marginados, los intelectuales judíos pudieron emprender una guerra delegada contra la homogeneidad occidental, y llevar a cabo una campaña clandestina para la aceptación del pluralismo.

[2] K. MacDonald, "La Cultura de la Crítica: Un Análisis Evolutivo de la Participación Judía en los Movimientos Intelectuales y Políticos del Siglo XX", 2002, p. 161.

     Al apoyar de manera sutil la posición de los desviados sociales y sexuales, esos personajes judíos pudieron ganar aceptación o invisibilidad en la sociedad recientemente atomizada, a la vez que simultáneamente debilitaban la salud misma de la nación homogénea. Como ha señalado MacDonald, la Escuela de Frankfurt ofreció una importante prescripción para el mundo occidental enfermo: "el individualismo radical y la aceptación del pluralismo. La gente tiene un derecho inherente a ser diferente de otros y a ser aceptado por otros como diferente. En efecto, llegar a diferenciarse de otros es alcanzar el nivel más alto de la Humanidad" (Ibíd., p. 164). A partir de esto, en una sociedad que ha sucumbido a la ideología de la Escuela de Frankfurt uno esperaría encontrar términos interminables para identidades, géneros, opciones de estilos de vida, camarillas y subculturas interminables.

     Un excelente ejemplo de esta pesadilla que se está convirtiendo en la realidad es uno de los últimos términos inventados dentro de nuestra atomizada sociedad: Otherkin [Otra Familia]. Según Google, Otherkin es gente que se identifica como parcial o completamente no-humana. Algunos dicen que ellos son, en espíritu, si no en cuerpo, no-humanos. En cualquier sociedad normal y sana estas tonterías serían consideradas como pueriles o insanas, y ciertamente no serían consentidas. Pero hoy, como consecuencia de la victoria de la Escuela de Frankfurt, la comunidad Otherkin es sólo uno de los varios crecientes reinos de lo estrafalario.

     Igualmente, en una sociedad que ha sucumbido a la ideología de la Escuela de Frankfurt uno esperaría encontrar que aquellos más marcadamente diferentes de lo normal y sano serían considerados como presuntos ejemplos de lo mejor de la Humanidad. Con respecto a esto sólo tenemos que señalar la sorprendente y gratuita aprobación dada a [el ex-atleta y figura televisiva] Bruce Jenner, y su nombramiento como "Mujer del Año" [Caitlyn Jenner] por la revista Glamour. Estos acontecimientos deberían ser correctamente vistos como el triunfo de la Escuela de Frankfurt. Sin embargo, junto a la Escuela de Frankfurt y dentro de ella había diversas otras corrientes intelectuales judías. Entre las más importantes estaban el psicoanálisis freudiano y la sexología judía. Es a la retorcida y compleja historia de esta última a la que ahora prestamos atención, y seguiremos su camino desde sus orígenes más profundos a las actividades de Volkmar "Cisgender" Sugusch en el presente. Es la historia de la planeada descomposición de una sociedad alguna vez sana.


Sexología: Sus Corrientes No-Judías

     Al igual que varios protegidos de la Escuela de Frankfurt, Volkmar Sigusch se encontró siendo conducido precozmente a altas posiciones a una joven edad. En 1972 él se convirtió en el entonces profesor alemán más joven de medicina en la Universidad de Frankfurt, cuando le concedieron el primer profesorado de todos en "sexología". La "disciplina" que es la sexología misma merece alguna discusión. En primer lugar, no puede ser descrita como una "disciplina judía” de la misma forma que el psicoanálisis puede serlo. Más bien, era una disciplina que comenzó con raíces tanto judías como no-judías, siendo finalmente totalmente cooptada por judíos y usada para la promoción de intereses judíos.


     El primer estudio académico serio que involucraba la patología sexual y la psiquiatría es generalmente atribuído al psiquiatra austro-alemán Richard von Krafft-Ebing (1840-1902) y su Psychopathia Sexualis (1886). En esa obra Krafft-Ebing clasificó al homosexualismo como una perversión y "la mayor parte de los sexólogos siguió su ejemplo considerándolo patológico" [3]. Uno de aquellos que siguieron las indicaciones de Krafft-Ebing, y por consiguiente uno de los fundadores de la sexología moderna, fue el inglés Henry Havelock Ellis (1859-1939).

[3] E. Mancini, "Magnus Hirschfeld y la Búsqueda de Libertad Sexual: Una Historia del Primer Movimiento Internacional de Libertad Sexual", 2010, p. 7.


Havelock Ellis

     Ellis promovió la variante no-judía de la sexología basándose en las raíces de los anteriores escritos en lengua alemana acerca del comportamiento sexual entre los humanos. Entre los más cruciales de esos escritos tempranos estaban los de Von Krafft-Ebing. En Psychopathia Sexualis el alemán marca las pautas y la estructura para las investigaciones no-judías sobre el homosexualismo sosteniendo que esencialmente había cuatro etapas de la "inversión sexual", su término para el homosexualismo [4]. La primera etapa es una simple perversión del instinto sexual, que no resulta en ninguna deformidad de la personalidad misma. Como un ejemplo de este tipo podríamos señalar a contemporáneos como Douglas Murray [5] o Jack Donovan, que no exhiben ningún rasgo de carácter perceptiblemente extraño más allá de la inversión de su instinto sexual. La segunda etapa implica la defeminatio [des-femenización, o pérdida del sentimiento sexual típicamente femenino en el homosexualismo de la mujer] en la cual la personalidad entera del individuo experimenta un cambio de disposición en armonía con el instinto sexual cambiado.

[4] R. von Krafft-Ebing, Psychopathia Sexualis (octava edición, 1893), p. 188.
[5] http://www.theoccidentalobserver.net/2015/11/douglas-murrays-warning-to-the-jewish-community/

     En estos casos vemos a los tipos afeminados y notoriamente pervertidos, que son los principales agentes de enfermedades de transmisión sexual entre los invertidos. La tercera etapa implica una transición a la metamorphosis sexualis paranoica, en la cual el sujeto a veces sufre de la ilusión de que ha habido un cambio real de sexo. Finalmente, Von Krafft-Ebing sostuvo que la cuarta etapa era la metamorphosis sexualis paranoica completa, que implicaba ilusiones tan sistemáticas como para cambiar de sexo. En esta categoría podemos colocar al ahora muy celebrado Bruce/Caitlyn Jenner.


     Lo que unió a los tempranos investigadores alemanes y a los ligeramente posteriores pioneros en lengua inglesa de estudios similares fue la clasificación de esos comportamientos como desórdenes psicológicos. Adicionalmente, esos estudios fueron realizados durante períodos en que los índices de natalidad estaban disminuyendo y, como tal, dicho campo se mezcló más que un poco con el de la eugenesia. Havelock Ellis mismo era el vicepresidente de la Sociedad de Educación de Eugenesia, el precursor del Galton Institute. Ellis tomó la obra posterior de Von Krafft-Ebing en su propio libro Inversión Sexual (1901), en el cual sostuvo que los homosexuales y aquellos que experimentaban la metamorphosis sexualis paranoica eran "sujetos congénitos de anormalidad", y "sufrían intensamente de una organización anormal". Ellis concordó con Von Krafft-Ebing en que tal desorden era "un signo funcional de degeneración, como una manifestación parcial de un estado neuropático y psicopático".

     Ellis también fue más allá que Von Krafft-Ebing al intentar explicar por qué el Estado debería esforzarse por impedir que tales comportamientos llegaran a ser aceptados y se convirtieran en un lugar común. En otras palabras, él se opuso a la cultura pública del homosexualismo que se ha hecho cada vez más predominante desde la revolución contra-cultural de los años '60. Tal como muchos comentaristas conservadores de nuestros días, y en realidad como el Estado de Rusia hoy, Ellis sostuvo que la inversión sexual era "orgánica" sólo en muy pocos casos, y que su prevalencia podía ser exacerbada en una sociedad dada debido a factores ambientales, en particular por la propaganda que sugería a la gente normal, joven e impresionable que tales conductas y estilos de vida estaban de moda. Uno de esos factores era la vida urbana misma que "presenta como algo fácil la exhibición y satisfacción de esta y todas las otras formas de perversión".

     Además, aunque tanto Parménides como Aristóteles sostuvieron que la herencia desempeñaba un papel grande en el homosexualismo de los griegos, y muy especialmente entre los dorios, Ellis sostuvo que la prevalencia de la inversión sexual en la sociedad griega estaba arraigada más en el "instinto de rebaño" humano, y era debida más a un "estado de sentimiento social que, aunque originado, inducía a una gran proporción de la población corriente a adoptar el homosexualismo como una moda". Una vez que una sociedad ha adoptado esa moda, ella contribuía a la "desmoralización de la virilidad de una nación", y era un signo de un inminente colapso nacional o civilizacional hacia la decadencia y el abatimiento. El objetivo era así evitar una situación en la cual tales conductas fueran "normalizadas" y, de una forma más crucial, impedir que los comportamientos asociados con esos desórdenes psicológicos se pudiesen de moda.

     El acercamiento de Ellis a la anormalidad de la inversión sexual estaba lejos de ser totalitario. Él sostuvo que poco podría ser hecho para ayudar al invertido congénito, pero que "la sana higiene social debería hacer difícil la adquisición de la perversidad homosexual". Los homosexuales deberían ser impedidos de entrar en estrecho contacto con niños, ya que los estudios de Ellis mostraban que dicho impedimento reducía la incidencia de la "adquirida perversidad en otros" mediante el abuso y la consiguiente perturbación psicológica. La adhesión siquiera sólo a esa medida actuaría rápidamente para reducir el "homosexualismo artificial entre la población general".

     Ellis sostuvo que era cruel e indeseable para la sociedad hacer actuar a los invertidos congénitos como aquellos que los rodean, y que era especialmente indeseable para ellos ser animados a procrear. Ellis recolectó datos que mostraban que los descendientes de los invertidos sexuales tendían a constituír familias neuróticas y defectuosas. Ellis creía más bien que los casos de inversión sexual pueden ser una forma de la Naturaleza para comenzar a cerrar una rama defectuosa del árbol genealógico: "La tendencia a la inversión sexual en familias excéntricas y neuróticas parece simplemente ser el método misericordioso de la Naturaleza de terminar un negocio que, desde el punto de vista de ella, ha dejado de ser provechoso". Para los invertidos sexuales, según Ellis, "la paternidad sigue siendo algo no aconsejable".

     Para Ellis, los debates acerca de la tolerancia del comportamiento homosexual deberían ser sacados de la esfera moral y religiosa y situados directamente en la esfera de la demografía y la salud nacional. Sin embargo, él notó que ambos ámbitos se superponían en tiempos de crisis demográfica:

    "Dondequiera que un aumento de la población se convierte en una necesidad social fuertemente sentida —como ocurrió entre los judíos en su exaltación de la vida familiar, y como lo fue cuando las naciones europeas fueron constituídas—, el homosexualismo ha sido considerado como un crimen, incluso castigable con la muerte. Los incas del antiguo Perú, en la furia de su devastación, destruyeron incluso una ciudad entera donde la sodomía había sido descubierta una vez" [6].

[6] Para Ellis, como un evolucionista, un buen indicativo de la patología del homosexualismo es que se trata de un callejón sin salida reproductivo. El homosexualismo siempre ha sido un rompecabezas para los biólogos evolutivos dado que la atracción sexual hacia el mismo sexo tendería a disminuír el éxito reproductivo. Sin embargo, ya que el homosexualismo generalmente ha sido estigmatizado en las sociedades históricas, los hombres con tendencias homosexuales a menudo se casaban y procreaban a fin de evitar las penas de ser públicamente homosexuales, siendo el ejemplo de Ellis del judaísmo ortodoxo un caso ilustrativo, dadas las presiones muy intensas para tener hijos junto con la condena oficial del homosexualismo en la sociedad judía tradicional. Aquello tendería a conservar los genes del homosexualismo en la población, y quizá incluso a provocar altos niveles de homosexualismo, como algunos observadores han notado que es el caso entre los judíos. En el mundo contemporáneo donde el homosexualismo se ha hecho mucho más aceptado, las presiones para contraer matrimonio y formar familia han disminuído enormemente, constituyendo una presión de selección contra la predisposición genética al homosexualismo. Irónicamente, por lo tanto, la cultura pública del homosexualismo realmente resulta en la selección contra la predisposición genética al homosexualismo, incluso mientras (si Ellis está en lo correcto) anima a algunos a ser homosexuales, quienes no estarían tan inclinados a ello si la cultura mantuviera sus sanciones contra el homosexualismo.

     Particularmente relevante para nuestra sociedad contemporánea, Ellis también astutamente indicó que "parece haber una cierta relación entre la reacción social contra el homosexualismo y contra el infanticidio. Allí donde el primero es considerado de manera permisiva y favorable, generalmente el otro también; y donde el homosexualismo es erradicado, el infanticidio usualmente también". Los astutos comentarios de Ellis acerca del contexto que está detrás de la proscripción judía del homosexualismo, y el uso de violencia contra aquél por culturas antiguas como los incas, requieren una reflexión adicional. Éste es particularmente el caso, dado que hay una clase de invertidos dentro de nuestro movimiento [nacionalista estadounidense] que publicitan su causa argumentando débilmente que la antipatía hacia la inversión sexual se debe a la influencia de la "moral judeo-cristiana" más bien que a preocupaciones étnicamente universales relativas a la salud demográfica.

     Esa preocupación demográfica era vital para las interpretaciones y opiniones de los sexólogos no-judíos. Ya que el homosexualismo, al que se le permitió propagarse mediante la moda, conducente a la "perversión adquirida" en los jóvenes, está socialmente unido a la aceptación del aborto y el infanticidio, actúa para "frenar la población" y debería por lo tanto ser controlado y puesto en cuarentena en un Estado que desee mejorar su salud demográfica.

     Los medios de cuarentena sugeridos por Ellis no eran severos o irrazonables. La sociedad debería abstenerse de aplastar al sujeto de la anormalidad con la vergüenza, sino que, en una misteriosa premonición de los "Desfiles de Orgullo", él sostuvo que la sociedad nunca debería permitir que los invertidos "hicieran burla de su propia perversión en su cara y supusieran que ellos son de un mejor material que el del rebaño vulgar". Ya que el callejón sin salida genético que afrontaban los invertidos era, en opinión de Ellis, suficiente castigo, la sociedad debería restringir su estrategia con respecto al sexualmente anormal a la "protección de los miembros indefensos de la sociedad contra los invertidos".

     Esencialmente, el consejo de Ellis era despenalizar la conducta de los invertidos y acabar con la vergüenza social que los rodea, pero también impedir que los invertidos hicieran burla de su propia anormalidad, y que tuvieran acceso físico, pedagógico o ideológico a los niños. Tal era el enfoque de un amplio sector de la opinión en la sexología (no judía) predominante hasta el período de la República de Weimar. Y ésta es en gran parte la posición tomada por el Estado ruso hoy.

     La investigación y las teorías sobre el homosexualismo iniciadas por Krafft-Ebing y Ellis ya tienen más de un siglo, y por lo tanto no hay ninguna razón para tomarlas como la verdad absoluta. Sin embargo, esa línea de investigación, si hubiera conservado su predominio, bien podría haber perpetuado una cultura pública adaptativa que privilegiara la heterosexualidad, la vinculación entre varón y mujer, y la crianza de niños.

     Había, sin embargo, otra línea de pensamiento dentro del embrionario campo de la sexología, y es con esa línea con la que la moderna tolerancia y la promoción de la delincuencia sexual tienen su deuda más significativa. Dicha tendencia puede ser identificada como un brebaje intelectual judío porque sus cuatro pensadores claves y activistas étnicos fueron los psiquiatras judeo-alemanes del siglo XIX Albert Moll, Iwan Bloch, Magnus Hirschfeld y Albert Eulenburg, con el apoyo eficiente de otras figuras judías como Hermann Joseph Lowenstein, Julius Wolf, Max Marcuse y Eduard Bernstein.

     A pesar de algunos ocasionales desacuerdos menores entre ellos, esos sexólogos y comentaristas sociales judíos estaban unidos en el fomento de teorías de la inversión sexual que se alejaran de interpretaciones que implicaran temas como degeneración, decadencia demográfica y realidad biológica, y tendieran en cambio hacia abstracciones talmúdicas que implicaban la naturaleza del amor romántico y la naturaleza supuestamente variable del género y el sexo. Como uno podría predecir, al examinar todas sus obras se ve que hay una clara preocupación por la necesidad de "tolerancia" y pluralismo social, por la negación de la diferencia humana, y una oposición fanática contra la tentativas no-judías de desarrollar la ciencia racial. Son las teorías y maquinaciones específicas de esos individuos sobre las cuales ponemos ahora nuestra atención.


Albert Moll

     Albert Moll (1862-1939), quien continuaría siendo "una gran influencia sobre Freud" [7], provenía de una familia mercante judía polaca y "pertenecía a la comunidad religiosa judía" [8]. Típico de su grupo etno-religioso, Moll frecuentemente utilizaba su posición dentro del campo de la psicología médica para formar un bloque de oposición contra las opiniones predominantes en la sociedad no-judía del siglo XIX y de principios del XX. En efecto, grandes cantidades de judíos tácticamente emboscaron a diversas disciplinas médicas durante ese período precisamente por esa razón.

[7] F. J. Solloway, Freud, Biologist of the Mind: Beyond the Psychoanalytic Legend, Harvard, 1979, pp. 314-315.
[8] V. Roelcke, Twentieth Century Ethics of Human Subjects Research: Historical Perspectives, Stuttgart, 2004, p. 26.

     La historiadora Elena Mancini escribe que "los judíos inundaron la medicina durante ese tiempo no sólo por la posición social (que otorgaba) sino también, en una época que presenció el florecimiento de la ciencia racial, por la oportunidad de la auto-representación... La presencia de judíos en el sector médico en general, y en la ciencia racial en particular, permitió que ellos declararan la igualdad judía y muy a menudo su superioridad moral" [9]. Con Berlín como el centro de la medicina alemana, y los judíos componiendo un tercio de los médicos de la ciudad [10], la dominación y reorientación de disciplinas enteras no sólo era factible sino perturbadoramente fácil.

[9] E. Mancini, Magnus Hirschfeld and the Quest for Sexual Freedom: A History of the First International Sexual Freedom Movement, 2010, p. 29.
[10] A. Killen, Berlin Electropolis: Shock, Nerves and German Modernity, University of California Press, 2006, p. 63.

     Un aspecto clave de la defensa de la igualdad judía y su superioridad moral fue la defensa del pluralismo social, racial y religioso hecha por los judíos. Esa posición a menudo entraba en conflicto con los esfuerzos de los no-judíos para promover el nacionalismo, en particular el nacionalismo basado en lo étnico, y con los esfuerzos correspondientes para hacer frente a la decadencia social y cultural. Un tema universal en las obras de Albert Moll eran los argumentos contra los intentos alemanes de ajustar cuentas con la degeneración social y biológica de la época de fines del Imperio y de la República de Weimar mediante programas eugenésicos. Por ejemplo, en su Handbuch der Sexualwissenschaften (1911) Moll expresó [11] la esperanza de que los proyectos planteados para los programas de esterilización "no serían puestos en práctica y que nuestros mejoradores de la raza no conseguirían demasiada influencia en nuestra legislación".

[11] http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3381530/

     Cuando la ciencia alemana a fines de los años '20 se preocupó de la degeneración y la decadencia, gravitando más aún hacia la eugenesia, Moll precedió a Boas en rechazar las conclusiones de la genética del comportamiento, argumentando que "el hecho de que encontremos tantas personas valiosas, a pesar de la carga hereditaria, es causado por la regeneración en innumerables casos... Difícilmente podemos decir alguna vez algo sobre la condición de la descendencia con alguna certeza en absoluto". Moll era por lo tanto el médico judío quintaesencial: los intereses políticos y étnicos nunca estuvieron lejos de su dudosa práctica de la medicina.


     Típico también de los intelectuales judíos, Moll exhibió rasgos de personalidad muy agresivos y arremetedores, y tenía un talento para la auto-promoción. Aunque él comenzara su carrera con un foco en el hipnotismo, Moll no utilizó durante mucho tiempo esos rasgos para ganar proximidad profesional a los expertos de la sexología, en particular a Von Krafft-Ebing. Él entonces orquestó magistralmente su propio eclipse de Von Krafft-Ebing hasta tal punto que Moll mismo llegó a ser considerado, y en gran parte sigue siéndolo así, el pionero de dicho campo. Sin embargo, la actividad de Moll en sexología fue mucho más allá que robar el foco de la atención pública.

     Desde el principio de su cambio hacia la sexología él adoptó el mismo papel opositor que ocupó en relación a otras tentativas alemanas de ajustar cuentas con la decadencia social. En particular, Moll trabajó infatigablemente para persuadir a importantes investigadores no-judíos como Von Krafft-Ebing para que rechazaran la idea de que la anormalidad sexual era el resultado de un desorden biológico y psicológico. En su libro Freud: Biólogo de la Mente, Frank J. Sulloway escribe que "la decisión de Krafft-Ebing, hacia el cambio de siglo, para separar la doctrina de la degeneración de la teoría del homosexualismo fue en respuesta al pensamiento de su colega Moll, más joven y más crítico" [12]. Sin embargo, hay razones significativas para dudar de la validez del cambio personal de perspectiva de Krafft-Ebing, dado que las ediciones más pertinentes y posteriores de Psychopathia Sexualis que mostraban ese cambio fueron de hecho editadas nada menos que por Moll mismo. Volkmar Sigusch incluso escribe que Moll "reconstruyó completamente dicha obra".

[12] F. Solloway, Freud, Biologist of the Mind: Beyond the Psychoanalytic Legend, Harvard, 1979, p. 300.

     El trabajo de Moll se centró en el argumento de que había "identidades" alternativas y válidas, y en cuanto tal, él sostuvo que el homosexualismo era una "identidad sexual válida" [13]. Mientras que los anteriores psiquiatras no-judíos observaron "características personales moralmente ofensivas y a menudo despreciables" entre los invertidos sexuales (incluída su tendencia a ser mentirosos, su veleidad, su amor a los chismes, y su vanidad y envidia), Moll sostuvo en cambio que "los varones homosexuales no eran corruptos sino simplemente afeminados" (Ibid., p. 156), que componían una especie de "tercer sexo”, una teoría que sería desarrollada más tarde por su congénere étnico Magnus Hirschfeld.

[13] E. R. Dickson, Sex, Freedom and Power in Imperial Germany, 1880-1914, Cambridge University Press, 2014, p. 155.

     En "Sexo, Libertad y Poder en la Alemania Imperial, 1880-1914" E. R. Dickson comenta que las teorías de Moll fueron popularizadas y se les dio una sustancial cobertura favorable en Alemania por parte de la prensa socialdemócrata predominantemente judía durante el juicio a Oscar Wilde en Inglaterra en 1895. (En cuanto a la escena contemporánea, véase "La Influencia Mediática Judía como Decisiva en la Creación de una Cultura Pública Positiva del Homosexualismo" de Brenton Sanderson [14]). Dickson escribe que "la política pública hacia el homosexualismo fue también un asunto más que los socialdemócratas pudieron usar para señalar la hipocresía de las costumbres sexuales burguesas, y para explayarse en su propia alternativa naturalista. El socialdemócrata Eduard Bernstein, por ejemplo, hizo precisamente aquello en su reportaje para auditorios alemanes sobre el caso Wilde en Londres (donde él vivía como periodista)" (Ibid., p. 157).

[14] http://www.theoccidentalobserver.net/2015/07/the-indoctrination-game-part-2-jewish-media-influence-as-decisive-in-creating-a-positive-public-culture-of-homosexuality/


Magnus Hirschfeld

     Más radical aún que Moll fue Magnus Hirschfeld (1868-1935). Como Moll, Hirschfeld provenía de una familia de comerciantes judíos y, también como Moll, él desarrolló teorías del comportamiento social y sexual que equivalían a "la existencia de una irreductible igualdad fundamental en los seres humanos" [15]. Elena Mancini escribe que la judeidad de Hirschfeld era "un aspecto social y políticamente determinante de su vida" (Ibid., p. 4). Una característica común de su trabajo era el odio que él tenía hacia el cristianismo. En realidad, su crítica de aquella religión se parecía en muchos aspectos a la elaborada por Freud.

[15] E. Mancini, Magnus Hirschfeld and the Quest for Sexual Freedom, p. 30.

     Para Hirschfeld, el cristianismo era "esencialmente sado-masoquista, que se deleita en el dolor de la renunciación ascética" (Ibid., p. 160). La civilización occidental por lo tanto había estado "sometida a exageraciones anti-hedonistas durante dos mil años", cometiendo así una "auto-mutilación psíquica" (Ibid.). Era por lo tanto la sociedad occidental, más bien que los homosexuales y otros marginales, la que estaba enferma y degenerada, y la cura prescrita por Hirschfeld era el hedonismo sexual y la aceptación de una amplia serie de "identidades" y "sexualidades". Aunque proveniente de una comunidad judía muy unida, observante y poseída por un odio imperecedero hacia el cristianismo, Hirschfeld abogó superficialmente por una perspectiva "pan-humanística" y era aficionado a declararse a sí mismo como "un ciudadano mundial" (Ibid., p. 4). (Yo podría estar de acuerdo con Hirschfeld hasta cierto punto ya que él me parece un ejemplo perfecto de lo que Henry Ford llamó un "judío internacional").


     Aunque había pocas diferencias ideológicas entre Moll e Hirschfeld, sus egos chocaron y hubo una sutil disparidad de enfoques. Mientras que Moll estaba contento de publicitar sus ideas en libros y periódicos, el homosexual Hirschfeld estaba absorto en una forma más directa de activismo en la lucha por hacer colapsar las costumbres sociales y sexuales occidentales. Al igual que Eduard Bernstein, el popularizador de Moll, Hirschfeld era un "socialista y un miembro activo del Partido Socialdemócrata" (Ibid.).

     Hirschfeld, descrito por Mancini como "cosmopolita hasta la médula", esencialmente creó las primeras "comunidades" homosexuales, comenzando en Berlín, donde el hebreo "travestido" (un término que él acuñó) era conocido como la "Tía Magnesia" por los invertidos sexuales de la ciudad. Hirschfeld organizó a los homosexuales, animándolos a exhibir abiertamente sus predilecciones y a involucrarse en la creciente campaña por la "emancipación" que se estaba desarrollando bajo los auspicios del Comité Humanitario Científico que él había formado en 1897. Hirschfeld fue un pionero de la moderna táctica de los "Guerreros de la Justicia Social" al instar a celebridades y políticos prominentes a que añadieran sus nombres en apoyo de la campaña por la "igualdad sexual".

     Hirschfeld y sus protegidos produjeron un enorme número de libros, manuscritos, informes y folletos acerca de la sexualidad, el travestismo, el "transgenerismo" (otro término de Hirschfeld) y los fetiches. Por medio de su trabajo con el Comité Humanitario Científico, Hirschfeld publicó los 23 volúmenes del Anuario para los Intermediarios Sexuales, la primera revista dedicada a "estudios homosexuales". El Instituto para la Ciencia Sexual (Institut für Sexualwissenschaft) de Hirschfeld fue la primera clínica de identidad de género del mundo, y su personal realizó las primeras cirugías transexuales conocidas. Mediante el Instituto para la Ciencia Sexual que él fundó en 1919, Hirschfeld también documentó miles de casos de inversión sexual y posteriormente reforzó su teoría del "Tercer Sexo".

     A pesar de las etiquetas asignadas a sus comités y diarios, la obra de Hirschfeld descansaba en gran parte sobre argumentos políticos más bien que en una legítima investigación científica. El investigador Edward Dickson sostiene que el campo de Hirschfeld estaba "caracterizado por argumentos no resueltos y a menudo especulativos" [16]. Mientras que muchos de los primeros sexólogos no-judíos tenían experiencia en zoología y comportamiento sexual de los animales, particularmente primates, Hirschfeld rechazó tales interpretaciones estrictamente biológicas o evolutivas de la conducta sexual humana. A partir de esto, la metodología que él empleó estaba extremadamente cerca de la empleada por Freud, esto es, la "ciencia" de las entrevistas a pacientes y del razonamiento circular más bien que de la estadística y la observación empírica.

[16] E. R. Dickson, Sex, Freedom and Power in Imperial Germany, 1880-1914, Cambridge University Press, 2014, p. 249.

     A pesar de la bancarrota de su ciencia, el dramático éxito del Comité en la movilización de grandes sectores de la sociedad alemana y europea en beneficio de los homosexuales se debió a la personalidad de Hirschfeld. Como Moll, él era un agitador agresivo e implacable. Respetando pocos códigos sociales, él era el querido de los socialdemócratas y el vituperado enemigo de los conservadores de Weimar (Hitler se refirió a Hirschfeld como "el judío más peligroso en Alemania"). Hacia finales de los años '20 el activismo de Hirschfeld significó que la Alemania de Weimar veía al homosexualismo menos como un desorden médico y un signo de degeneración que como una importante causa célèbre.

     La perversa bonanza de Hirschfeld llegó a un final en 1933 cuando el 6 de Mayo las organizaciones estudiantiles alemanas nacionalistas y las columnas de la Juventud Hitleriana atacaron el Instituto para la Ciencia Sexual. La biblioteca del Instituto fue liquidada y sus contenidos usados en una quema de libros el 10 de Mayo. Los jóvenes también imprimieron y difundieron carteles que llevaban la cara de Hirschfeld completa con la descripción: "Protector y Promotor de aberraciones sexuales patológicas; también en su aspecto físico probablemente el más repugnante de todos los monstruos judíos". Hirschfeld había estado en una gira internacional de charlas desde 1931. Él vivió en el exilio en Francia hasta su muerte en 1935.

     En términos de teoría, Hirschfeld había "subvertido la noción de que el amor romántico debería estar orientado hacia la reproducción", argumentando en cambio en favor de la aceptación de estilos de vida homosexuales y relaciones sexuales hedonistas y no reproductivas en general (Ibid., p. 7). Un elemento clave de la teoría de Hirschfeld era el despliegue del "amor como un arma primaria en su campaña ética y filosófica para la liberación de las relaciones entre el mismo sexo" (Ibid., p. 5). Sin embargo, el amor como concepto fue alterado por Hirschfeld, quien lo imbuyó de cualidades transcendentales y cósmicas en un esfuerzo para distanciarlo tanto como fuera posible de los impulsos biológicos y reproductivos. Mancini escribe que "la idea de que el amor tenía el potencial no sólo para elevar al individuo sino para enriquecer la misión más amplia de la Humanidad, fue expresada en la condena de Hirschfeld a las teorías de la higiene racial y su llamado a un Pan-humanismo para extinguir el odio entre naciones y razas" (Ibid., p. 6).

     Tal romántica teorización, por supuesto, tenía poco que ver con el contenido real de los estudios sexológicos de los sexualmente invertidos, donde el amor figuraba considerablemente menos que la pederastia, la promiscuidad y la enfermedad. Pero ella fue la idea y el "sentimiento" que más importó en la creación de un movimiento homosexual y del apoyo público detrás de ello. Como estrategia, correspondía perfectamente con los esfuerzos para conseguir la "emancipación judía". A este respecto Richard Wagner lo dijo más astuta y sucintamente cuando él escribió que

     "Cuando luchábamos por la emancipación de los judíos éramos realmente más los campeones de un principio abstracto que de un caso concreto... Nuestro celo por los derechos civiles iguales para los judíos era mucho más la consecuencia de una idea general que de alguna simpatía real; porque, con todo nuestro hablar y escribir en favor de la emancipación judía, siempre nos sentimos instintivamente repelidos por cualquier contacto real y funcional con ellos".

     Uno podría substituír fácilmente "homosexuales" por "judíos" y conseguir una percepción significativa de los procesos psicológicos básicos en juego, siendo la "idea general" de Hirschfeld una abstracción florida del amor alrededor de la cual pueden gravitar quienes siguen las modas y los fácilmente engañables. No puede enfatizarse lo suficiente que los judíos han sido muy expertos en enmarcar sus argumentos en términos emocionales o morales que parecen tener un atractivo único sobre las conciencias de los europeos, y tales estrategias son muy difíciles de remover. Uno sólo necesita reconocer que el trabajo de Hirschfeld en este aspecto retiene una gran potencia en el presente, con el reciente debate de la "igualdad de matrimonio" que claramente esquiva los imperativos biológicos y sociales en favor de falacias sensibleras de tipo Hirschfeld sobre el "amor".


Iwan Bloch y Albert Eulenburg

     El uso de Hirschfeld del concepto del amor convertido en arma era en sí mismo una herencia del "mentor científico" de Hirschfeld y congénere racial Iwan Bloch (1872-1922). Como Moll y Hirschfeld, Bloch no tenía ninguna experiencia en zoología, estudios evolutivos o comportamiento animal. Formado como un dermatólogo, Bloch también fue atraído a la causa de las "minorías sexuales" y se convirtió en un ardiente defensor de ellas. Él se unió a Moll y Hirschfeld en el ataque contra el consenso no-judío de que la inversión sexual era patológica, y acuñó el término Sexualwissenschaft o Sexología para dar respetabilidad académica y médica a lo que era esencialmente una reacción intelectual judía contra los esfuerzos no-judíos para clasificar las patologías sociales y sexuales dañinas.


     Él fue también un incisivo promotor de la perversión y la pornografía. Él fue el "descubridor" del manuscrito del Marqués de Sade de "Los 120 Días de Sodoma", que se creía que se había perdido, y lo publicó bajo el seudónimo de Eugène Dühren en 1904. En 1899 él había publicado "Marqués de Sade: Su Vida y Obras" bajo el mismo seudónimo. En 1906 él escribió el libro La Vida Sexual de Nuestro Tiempo en sus Relaciones con la Civilización Moderna, gracias al cual él ganó los elogios de Sigmund Freud por atacar las costumbres sexuales "burguesas" (no-judías), por atacar la percepción de los invertidos sexuales como patológicos, y por llamar a los europeos a adoptar una vida sexual más pluralista y hedonista.

     Cuando Moll, Hirschfeld y Bloch esencialmente habían cooptado y redirigido el estudio del comportamiento sexual humano, los judíos estaban inundando la nueva "disciplina" en cantidades crecientes. Albert Eulenburg (1840-1917), con una formación en neurología y electroterapia, comenzó a formarse a sí mismo como un sexólogo. Con Bloch y Max Marcuse (1877-1963) él co-editó el Zeitschrift für Sexualwissenschaft (Diario para la Sexología), y con Hirschfeld co-fundó la Sociedad de Berlín para la Ciencia Sexual y la Eugenesia [17]. El aspecto de eugenesia del nombre de la sociedad era por supuesto una astuta pieza de engaño, destinada a congraciarla con las sociedades eugenésicas no-judías, para los objetivos de una eventual subversión con ideas oposicionistas judías. Tampoco la táctica era nueva. Eulenburg, Hirschfeld y Moll afirmaron todos ser eugenetistas pero, tal como con la Liga Alemana para el Mejoramiento de la Gente y el Estudio de la Herencia, dominada por los judíos, los astutos nacionalistas percibieron la tentativa de co-optación desde dentro, y todos fueron atacados por el editor nacionalsocialista Julius F. Lehmann como "parte de una planificada subversión de parte de los judíos de Berlín" [18].

[17] A. Killen, Berlin Electropolis: Shock, Nerves and German Modernity, University of California Press, 2006, p. 63.
[18] J. Glad, Future Human Evolution: Eugenics in the Twenty-First Century, 2006, p. 133.

     Pero el tiempo para los sexólogos comenzaba a acabarse. Después de la destrucción del Instituto para la Ciencia Sexual de Hirschfeld en 1933, la lista de activistas homosexuales conservada por la organización de Hirschfeld cayó en las manos de la policía, tras lo cual se asistió al procesamiento de miles de invertidos sexuales bajo los Códigos Penales, y al posterior internamiento de esos individuos en campos de concentración. Los diarios y las organizaciones de sexólogos judíos fueron gradualmente cerrados hasta que en 1938 el control judío sobre varias disciplinas fue categóricamente roto cuando las leyes de Núremberg despojaron a miles de médicos judíos de sus licencias.

     Albert Moll, alguna vez el arrogante promotor de la degeneración, estaba entre aquellos que perdieron su licencia médica y que quedaron así prohibidos de ejercer la profesión médica. Él fue obligado a adoptar Israel como su segundo nombre de pila. En una de las extrañas coincidencias que la Historia a veces nos presenta, él moriría solo y empobrecido el mismo día que su compañero guerrero contra los europeos, Sigmund Freud. Bautizado (en el cristianismo) por conveniencia social en la década de 1890, le fue rechazado el acceso al cementerio de su iglesia local; el "pastor" responsable rechazó hablar ante la tumba de Moll.


Volkmar Sigusch

     La sexología judía, parecía, estaba al borde de la extinción. Pero viviría en el exilio, junto con otras doctrinas venenosas, con la Escuela de Frankfurt. Después de la guerra ella retornaría, con Horkheimer y Adorno, a Frankfurt, donde el Instituto para la Ciencia Sexual de Hirschfeld sería restablecido y luego conducido por su protegido Volkmar Sigusch. Desde que asumió el liderazgo del Instituto, Sigusch ha actuado como un teórico y un experto en cuestiones de política social, y ha desempeñado un papel fundamental en la liberalización de las leyes de Alemania que castigan el homosexualismo.


     Hasta 2006 Sigusch dirigió el Instituto para la Ciencia Sexual de la Universidad de Frankfurt y su clínica de medicina sexual asociada. En 2005 él publicó Neo-Sexualidad: Sobre el Cambio Cultural del Amor y la Perversión. A principios de Marzo de 2011 él publicó su nuevo libro Búsqueda de la Libertad Sexual. A pesar de su pertenencia étnica no-judía, esos trabajos revelan que él es el hijo espiritual e ideológico de Moll, Bloch, Hirschfeld y Eulenburg.

     Contemplando el paisaje social y cultural contemporáneo en la sociedad occidental, vemos un apartamiento mucho más radical de las medidas propugnadas por Ellis, uno de los padres fundadores de la Sexología. Y más de un siglo después de los primeros esfuerzos de Moll para provocar una revolución sexual, nos encontramos una vez más luchando con la hidra de la sexología judía. Como ya se insinuó, el moderno Estado ruso ha llegado probablemente más cerca de la implementación de medidas de acuerdo con las recomendaciones de Ellis. Las relaciones homosexuales fueron despenalizadas en 1993, pero el Estado ha rechazado sistemáticamente el permiso para desfiles de "Orgullo" (el "hacer burla" contra el cual advirtió Ellis).

     Más importante aún, desde 2006 Rusia también ha introducido una legislación que restringe la distribución de materiales que promueven estilos de vida y comportamientos sexualmente invertidos entre los niños como una extensión de las existentes leyes de protección a ellos. Las parejas homosexuales no pueden adoptar hijos y no pueden casarse. Si bien Rusia ha sido duramente criticada e incluso multada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos por esas medidas, el país es todavía notablemente clemente según los estándares de Ellis. A homosexuales solos se les permite adoptar hijos, la inversión sexual dejó de ser clasificada como una enfermedad mental en 1999, y a aquellos que sufren de metamorphosis sexualis paranoica se les ha permitido la cirugía y el cambio de su género legal desde 1997. Uno sospecha que Rusia seguirá siendo retratada como un espantajo de los "derechos civiles" por los sexólogos y sus agentes hasta que ella se haya alineado con el zeitgeist pluralista.

     Para concluír, puede valer la pena comentar acerca de la discusión de la deseabilidad de que haya homosexuales en el movimiento nacionalista. Hablo por mí mismo cuando aconsejo contra la participación de invertidos sexuales en el movimiento. Ya que los argumentos a favor de tal participación han sido desarrollados, me parece que es simplemente justo que el argumento opuesto también deba ser considerado. En este movimiento estamos preocupados por una buena forma racial, biológica y demográfica, y la clave para eso es la preservación de normas tradicionales en cuanto a matrimonio y relaciones entre los sexos. No puede haber ninguna distracción de este foco, y ninguna concesión por ninguna razón. Veo cualquier argumento en contrario como un mero eco de las afirmaciones de Moll y otros de que ellos eran "eugenetistas". No puede haber ninguna subversión aquí. En esta época de promiscuidad, hedonismo, aborto e inminente olvido demográfico, nuestro futuro depende de ello.–



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