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viernes, 8 de abril de 2016

Sobre Hitler y los Infrahombres



     Hace dos semanas en counter-currents.com se publicó el siguiente breve artículo del periodista, ensayista y traductor Guillaume Durocher que se refiere al uso del concepto de "infrahombre" o "sub-Humanidad" por parte de Hitler y de cómo dicho uso tiene que ver más bien con el sentido dado por el creador del término (underman), el estadounidense Theodore L. Stoddard. Conteniendo otras reflexiones afines, incluídas algunas críticas a Hitler, lo hemos puesto en castellano para clarificar algunos conceptos y malentendidos.


Hitler versus los Untermenschen:
Mito y Realidad
por Guillaume Durocher
25 de Marzo de 2016



     Las narrativas estándares del Tercer Reich han enfatizado durante mucho tiempo el concepto de "infrahumanos" (Untermenschen) como algo central en el pensamiento y la política de los nacionalsocialistas acerca de la raza. Aquí hay un ejemplo típico, de Wikipedia:

     «Untermensch (sub-hombre, infrahumano; plural, Untermenschen) es un término que se hizo notorio cuando los nacionalsocialistas lo usaron para describir a "gente inferior" a menudo mencionada como "las masas del Este", es decir, judíos, gitanos y eslavos (principalmente polacos, servios, y más tarde también rusos). El término también fue aplicado a la mayor parte de los negros y personas de color, con algunas excepciones particulares».

     El concepto de "sub-humano" claramente tiene un lugar central en la demonología del anti-nazismo, la afirmación de que Adolf Hitler y el Nacionalsocialismo son singularmente malvados en la Historia humana (a diferencia, digamos, del comunismo).

     Los historiadores se refieren frecuentemente a los "Untermenschen" para explicar las políticas raciales del Tercer Reich, pero, sorprendentemente, casi nunca en el contexto de una cita de Hitler o alguna otra fuente nacionalsocialista. La simple razón de eso es que Hitler, y quizá la mayor parte de otros nacionalsocialistas, casi nunca usaron el término. Buscando entre miles de páginas de libros, discursos y conversaciones privadas de Hitler, he encontrado exactamente cuatro menciones de Untermensch y sus derivados (sobre todo Untermenschentum o sub-Humanidad). En este artículo me gustaría poner el concepto Untermensch y su uso real por parte de Hitler en su contexto histórico, tan libre como sea posible del bagaje de la mitología de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Ya que, como sabemos, aunque la Historia siempre es escrita por los vencedores, aquella narración nunca es desinteresada.


El Infrahombre: Un Concepto Disgénico, No Étnico

     El uso mismo de la palabra "infrahumano", con sus malas connotaciones, como una traducción de Untermensch, es de algún modo engañoso. No fueron los alemanes sino el pensador racial y eugenetista estadounidense Lothrop Stoddard, quien quizá hizo el uso temprano más destacado del término "hombre inferior" en su libro La Rebelión contra la Civilización: la Amenaza del Infrahombre (The Revolt Against Civilization: The Menace of the Under-Man). El underman de Stoddard no se refiere a un grupo étnico particular sino más bien a la degeneración gradual de las poblaciones debido a la disgenesia a consecuencia de la relajación de presiones selectivas permitidas por la civilización. Él usó la siguiente definición: "El Infrahombre, el hombre cuya medida está bajo los estándares de capacidad y adaptabilidad impuestos por el orden social en el cual él vive" [1].

[1] Lothrop Stoddard, The Revolt Against Civilization: The Menace of the Under-Man, Nueva York, 1923, p. 23.

     Según Stoddard, paradójicamente la civilización crea poblaciones demasiado estúpidas para haber creado aquella civilización y, en último término, mantenerla. El resultado es una expansión de los elementos menos dotados y más antisociales de las naciones europeas, que son luego incitados para promover el caos revolucionario y la tiranía en grandes agitaciones como las Revoluciones francesa y bolchevique. Este uso del término "underman", que también puede ser contrastado con el "superhombre" de Nietzsche, no está destinado a denigrar o justificar la dominación de otros pueblos (p. ej., los eslavos), sino más bien para describir procesos degenerativos dentro de una nación, incluyendo la de uno mismo. Al menos tres de los cuatro usos registrados hechos por Hitler de los términos "hombre inferior" y "sub-Humanidad" corresponden a este sentido.

     Significativamente, los nacionalsocialistas alemanes fueron influídos directamente por Stoddard. Alfred Rosenberg, un reputado importante teórico nacionalsocialista (aunque realmente no siempre aprobado por Hitler), explícitamente cita la definición de Stoddard del underman en su muy vendido libro El Mito del Siglo Veinte. Y ya aquí hay un hecho desfavorable en el relato anti-nazi predominante. Las matanzas realizadas por los nacionalsocialistas se afirma que fueron motivadas por el concepto de "infrahombre". Y luego se afirma o se insinúa que todo el pensamiento racialista y eugenésico debe lógicamente haber conducido a tales atrocidades (incluso un pensador tan sutil como Raymond Aron hizo esta afirmación). Sin embargo, en el caso puntual hubo un considerable debate dentro del Tercer Reich acerca de las políticas raciales, siendo las posiciones más pro-eslavos y asimilacionistas apoyadas a menudo por ideólogos y pensadores raciales superiores.

     Rosenberg mismo como ministro del Reich para los Territorios Ocupados del Este fue un defensor constante, aunque más bien ineficaz, de mejorar el tratamiento dado a los eslavos, y de una gran estrategia para fomentar la independencia de las naciones sometidas a la Unión Soviética como aliados contra Moscú. Otra figura conciliatoria fue Hans Günther. Él era el cientista racial y eugenetista superior de Alemania, tanto, que era conocido como Rassengünther y Rassenpapst ("el Papa del racialismo"). Por ejemplo, Günther creía que cuatro quintos de los polacos en el área del Norte de Danzig eran genéticamente bastante cercanos como para que pudieran ser germanizados y asimilados [2].

[2] Martin Bormann, Hitler’s Table Talk, Ostara Publications, 2012, p. 202.

     Hay una superposición claramente posible entre la noción de Stoddard del infrahombre producido por la civilización disgénica y la noción más antigua de la desigualdad entre las razas (es decir, si una raza extranjera se hace inferior mediante la degeneración). Cierta ideología y propaganda del Tercer Reich apoyó esto, postulando que las razas del Noroeste de Europa (nórdicas) y germánicas eran singularmente idealistas y tenían capacidades superiores para construír Estados y crear cultura [3]. Tales ideas son discutibles. El hecho es, sin embargo, que a pesar del tabú general de posguerra acerca del examen de las diferencias raciales, los genetistas han encontrado que los seres humanos se agrupan genéticamente a lo largo de líneas raciales (es decir, continentales) y etno-nacionales tradicionales. Además, estudios médicos y psicométricos han encontrado diferencias promedio no sólo en el físico y la salud, sino también en temperamento e inteligencia entre tales grupos [4].

[3] Guillaume Durocher, "Nordicism Today", http://www.counter-currents.com/2016/03/nordicism-today/
[4] Guillaume Durocher, "Some Recent Genetic Studies... & Hitler", http://www.counter-currents.com/2015/11/some-recent-genetic-studies-hitler/

     La noción de una "raza superior" (Herrenvolk) también está fuertemente enfatizada en los relatos predominantes acerca del Tercer Reich. Pero, de hecho, Hitler nunca usó el término "raza superior" en sus libros ni en discursos, ni en las registradas privadas Conversaciones de Sobremesa. La idea más amplia de que los pueblos culturalmente más avanzados o biológicamente superiores tenían el derecho o incluso el deber de dominar a pueblos menos dotados no era una innovación nacionalsocialista. Al contrario, esa idea era ampliamente compartida a través del mundo de entonces, incluso por imperialistas británicos, masones franceses, segregacionistas estadounidenses, jefes militares japoneses y comisarios judíos [5].

[5] En realidad, se podría argumentar que muchos influyentes oligarcas judíos tales como George Soros, Sheldon Adelson y Bernard-Henri Lévy tienen todavía que abandonar tales reclamos a una superioridad y supremacía étnica.


El Infrahombre en los Discursos de Hitler

     No hay ninguna mención de "sub-humanos" o "sub-Humanidad" en Mein Kampf o en el inédito Segundo Libro. En los numerosos discursos de Hitler no he podido puedo encontrar más que tres menciones en más de 3.000 páginas. E incluso ahí el término "sub-Humanidad" (Untermenschentum) es usado dos veces y "sub-humanos" sólo una vez. En cada caso, Hitler usó el término más en un sentido Stoddardiano, de los elementos inferiores de una sociedad siendo incitados y conducidos por los comunistas, más bien que en un sentido étnico que pone en la mira a eslavos y gitanos, para no hablar de los judíos.

     Hitler primero usó dicha expresión en un discurso del 30 de Enero de 1934 ante el Reichstag, donde usó el término "sub-Humanidad" (otra vez, quizás mejor expresado como "infra-Humanidad") para referirse a una parte de Alemania que se había hecho susceptible al marxismo:

     «Además, el hecho de que varios ideólogos comunistas crean que es necesario revertir la marea de la Historia y, haciendo eso, usar a una sub-Humanidad (Untermenschentum) que confunde el concepto de libertad política con la idea de permitir rienda suelta a los instintos criminales, de manera similar nos causará poca preocupación. Fuimos capaces de tratar con esos elementos cuando ellos estaban en el poder y nosotros en la oposición. En el futuro estaremos aún más seguros de ser capaces de tratar con ellos, porque ellos están ahora en la oposición y nosotros en el poder» [6].

[6] Max Domarus (ed.), Hitler: Speeches and Proclamations, 1932-1945, Illinois, 1990, p. 420.

     La segunda mención de Hitler de una Untermenschentum está en un discurso del 28 de Abril de 1939 ante el Reichstag que atacaba a Franklin Roosevelt, y de nuevo se refiere a la capacidad de los comunistas de instigar la revolución apelando a los elementos inferiores de una nación de Europa Occidental, esta vez la Guerra Civil en España:

     «Poblaciones enteras de pueblos y ciudades fueron literalmente asesinadas bajo el silencioso y gracioso patrocinio de los apóstoles mundiales del humanitarismo de las democracias de Europa Occidental y de Norteamérica. En este desfile de la victoria, junto a sus camaradas italianos, los voluntarios de nuestra Legión Alemana marcharán en las filas de los valientes soldados españoles. Dentro de poco esperamos darles la bienvenida aquí en la patria. El Volk alemán averiguará entonces cómo, también en este caso, sus valientes hijos lucharon en defensa de la libertad de un pueblo muy noble y cómo, al final, ellos contribuyeron al rescate de la civilización europea, ya que la victoria de la infra-Humanidad (Untermenschentum) bolchevique en España podría haber barrido demasiado fácilmente a Europa» (Domarus, Hitler, p. 1580).

     En el tercer caso, en un discurso del 8 de Noviembre de 1941 en la Löwenbräukeller de Múnich en el aniversario del Putsch, está la única declaración pública confirmada de Hitler de la palabra "Untermenschen":

     «El tiempo mientras tanto ha demostrado lo que nosotros los nacionalsocialistas sostuvimos durante muchos años: aquél [la Unión Soviética] es verdaderamente un Estado en el cual la intelectualidad nacional entera ha sido asesinada, y donde sólo quedan infra-humanos sin espíritu, proletarizados a la fuerza. Encima de ellos, está la gigantesca organización de los comisarios judíos, es decir, los establecidos propietarios de esclavos. Con frecuencia la gente se ha preguntado si, a largo plazo, las tendencias nacionalistas no serían victoriosas allí. Pero ellos se olvidaron completamente de que los portadores de una visión nacionalista consciente ya no existían, y de que, al final, el hombre que temporalmente se convirtió en el jefe de ese Estado no es sino un instrumento en las manos de esa omnipotente judería. Si Stalin está en el escenario y aparece delante de la cortina, entonces Kaganovich y todos aquellos judíos están detrás de él, judíos que, con ramificaciones de diez mil caras, controlan ese poderoso Imperio» (Domarus, Hitler, p. 2505).

     Podría pensarse que este uso estaba de acuerdo con el de la "infra-Humanidad" mencionada para referirse a los comunistas en Alemania y España, siendo la única diferencia que la revolución que falló allí había triunfado en Rusia. Hitler podría ser visto como insinuando en un sentido nuevo que los pueblos soviéticos son "sub-humanos", pero eso no es de ningún modo explícito. También es significativo que no hay ninguna sugerencia de que los judíos sean "sub-humanos", sino más bien que los judíos gobiernan cruelmente sobre los infrahombres como "propietarios de esclavos".


Hitler acerca de los Judíos: Enemigos Mortales, No "Sub-Humanos"         

     El tercer uso de Hitler del término destaca una afirmación engañosa, si es que no completamente falsa, de la narrativa anti-nazi: que Hitler y los nacionalsocialistas se referían a poblaciones poco dotadas juntamente con los judíos bajo el calificativo de "sub-humanos". De hecho, Hitler había estado durante mucho tiempo extraordinariamente impresionado por la destreza tribal de los judíos. Como él relata en un pasaje enormemente ignorado de Mein Kampf acerca de su prolongada "profunda ansiedad" al convertirse al anti-semitismo:

     «A medida que examinaba críticamente las actividades del pueblo judío a través de largos períodos de la Historia llegué a estar ansioso y me pregunté si por algún inescrutable motivo más allá de la comprensión de los pobres mortales como nosotros, el Destino no podría haber decretado irrevocablemente que la victoria final debiese ser para esa pequeña nación. ¿Podría ser que a ese pueblo que ha vivido sólo para la Tierra se le haya prometido la Tierra como recompensa?. ¿Es nuestro derecho luchar por nuestra propia auto-conservación basados en la realidad, o eso es una cosa simplemente subjetiva? El destino contestó la pregunta para mí en la medida en que me condujo a hacer una investigación desapasionada y exhaustiva de la enseñanza marxista y de las actividades del pueblo judío en relación a ella» (Adolf Hitler, Mein Kampf, trad. de Murphy, p. 59).

     Hitler evidentemente no consideraba a los judíos como "sub-humanos" en nada como el sentido en que él puede haber considerado así a los gitanos o los elementos inferiores de las naciones europeas, en particular los eslavos, y sus razones para perseguirlos eran completamente diferentes. Hitler no abogó por la eliminación de la judería por razones eugenésicas sino de defensa propia europea contra una corruptora y cruel dominación extranjera.

     Es interesante pensar acerca de por qué la narrativa predominante enfatiza la engañosa idea de que el anti-semitismo nacionalsocialista consideraba a los judíos como "sub-humanos", a diferencia de ser los pérfidos y talentosos líderes de los infrahombres. El efecto de agrupar inexactamente a judíos y no-judíos que sufrieron bajo el gobierno nacionalsocialista como "sub-humanos" es crear la solidaridad entre ambos grupos, y disminuír el atractivo internacional del anti-judaísmo nacionalsocialista. No es ningún secreto que los polacos y los rusos estaban también entre los pueblos más anti-judíos en el mundo entonces, teniendo una larga lista de agravios contra los judíos, los cuales tras siglos de prácticas comerciales misantrópicas asumieron un papel principal en la tiranía comunista y el asesinato de masas.

     Si la historiografía predominante llegara a reconocer que el anti-judaísmo de Hitler estaba basado no en una preocupación por los defectuosos "sub-humanos" sino por el poder y privilegio de los judíos, esto bien podría llevar a la gente a pensar en el privilegio judío en el mundo hoy, más chillonamente visible en Estados Unidos [7] y Francia. En efecto, esto destacaría las posibilidades de las alianzas multirraciales de aquellos que se consideran a sí mismos víctimas del poder judío, sobre todo entre europeos y musulmanes [8].

[7] Para citar sólo algunos de los jalones más visibles: propiedad completa de Hollywood, propiedad de la mayor parte de la televisión, propiedad de los medios impresos de la élite, propiedad de las dos compañías de Internet más influyentes culturalmente (Google y Facebook), masiva sobre-representación y a veces incluso excediendo en número a los gentiles Blancos en las universidades de la Liga Ivy tanto en profesores como en estudiantes, una sobre-representación de casi un 500% en el Senado, una sobre-representación de casi un 2.000% en la Corte Suprema, y el suministro de entre uno y dos tercios de la financiación del Partido Demócrata (incluso a todos los siete principales donantes de Hillary Clinton). Tal preponderancia es simplemente asombrosa. Lo que es realmente insoportable es que los gentiles Blancos no sólo a menudo están sub-representado en instituciones claves, sino que son retratados por los judíos "anti-racistas" como el grupo más privilegiado en el país, responsable de los males de los negros y otras minorías. Más aún, a los gentiles Blancos no se les permite organizarse para defender sus intereses de grupo, mientras el poderoso lobby de Israel en Washington se asegura de que la política exterior estadounidense sistemáticamente apoye la existencia del etno-Estado judío de Israel con sus políticas de inmigración racistas, por medio de guerras crueles, miles de millones en subvenciones y vetos sistemáticos en Naciones Unidas. Si uno cree en el karma, puede entender el nerviosismo perpetuo y característico de las organizaciones judías.
[8] Tal estrategia ha conseguido un éxito limitado en algunos casos (a saber, con la organización de Alain Soral Égalité et Réconciliation y el popular atractivo de Dieudonné M'bala M'bala). Esta estrategia, independientemente de su éxito o fracaso final, causa una alarma y agitación extremas entre los grupos judíos. La estrategia también encarna una dialéctica más bien poética: Estos mismos grupos judíos han promovido la inmigración no-europea y el multiculturalismo, citando explícitamente la idea de que una sociedad multi-étnica es una en la cual un movimiento político popular unitario crítico hacia los judíos ya no sería posible. ¡Qué ironía si la estrategia llegara a tener éxito!.

     No puedo dejar de notar la similitud entre la evaluación de Hitler de los judíos y el comunismo, y la de Winston Churchill, como está descrita en su famoso artículo de periódico de 1920 "Bolchevismo versus Sionismo":

     «A algunas personas les gustan los judíos y a otras no; pero ningún hombre juicioso puede dudar del hecho de que ellos son sin duda alguna la más formidable y la más notable raza que haya aparecido alguna vez en el mundo. [...] En violenta oposición con toda esta esfera del esfuerzo judío se alzan los proyectos de los Judíos Internacionales. Los adherentes de esta confederación siniestra son sobre todo hombres criados entre las infelices poblaciones de los países donde los judíos son perseguidos debido a su raza. [...] Este movimiento entre los judíos no es nuevo. Desde los días de Spartacus-Weishaupt y los de Karl Marx, hasta los de Trotsky (Rusia), Bela Kun (Hungría), Rosa Luxemburgo (Alemania) y Emma Goldman (Estados Unidos), esta conspiración mundial para el derrocamiento de la civilización y para la reconstitución de la sociedad sobre la base del desarrollo detenido, de la envidiosa malevolencia y de una igualdad imposible, ha estado creciendo constantemente. Ella jugó, como una escritora moderna, la señora Webster, lo ha mostrado tan hábilmente, una parte definitivamente reconocible en la tragedia de la Revolución francesa. Ha sido la fuente principal de cada movimiento subversivo durante el siglo XIX; y ahora finalmente esta pandilla de personalidades extraordinarias del submundo de las grandes ciudades de Europa y Estados Unidos ha agarrado al pueblo ruso por sus cabellos y se han convertido así prácticamente en los amos indiscutibles de aquel enorme Imperio» [*].

[*] Texto completo en http://editorial-streicher.blogspot.com/2011/08/blog-post_07.html

     Uno tiene la clara impresión de que Hitler y Churchill estaban en un acuerdo básico con respecto a la degeneración racial, el comunismo y los judíos, pero que ambos simplemente se diferenciaron en los bandos que ellos decidieron apoyar. Esto, a propósito, tiene enormes implicaciones para la ética de Churchill, dado que él afirmó luchar para que "el Imperio británico y su Commonwealth duraran mil años" [9]. Eso es correcto: ¡Churchill luchó por un Reich de mil años!) y para ¡"mantener a Inglaterra Blanca"! [10]. Churchill fue monumentalmente insincero o increíblemente miope al hacer un pacto fáustico con fuerzas en Estados Unidos y Rusia que inevitablemente trabajarían para destruír el Imperio y la raza que él afirmaba querer tanto.

[9] La esperanza de Churchill de un Imperio británico de mil años fue muy destacadamente mencionada en su icónico discurso "Ésa fue la mejor hora de ellos" del 18 de Junio de 1940. Por supuesto, el Imperio británico se deshilvanaría muy rápidamente en los años siguientes, bajo el costo debilitante de la Segunda Guerra Mundial y la presión de la posguerra y la hegemonía del Imperio estadounidense. Mientras las vanas ambiciones imperialistas milenarias de Churchill son raramente mencionadas, el fracaso de Hitler para crear un "Reich de mil años" es repetido sin parar.
[10] La política de inmigración que Churchill defendió ante su gabinete como el Primer Ministro de la posguerra.


La Eslavofobia de Hitler

     Puedo encontrar sólo una mención de los Untermenschen hecha por Hitler que calza con la narrativa predominante. En una conversación durante la noche del 14 al 15 de Septiembre de 1941, Hitler denuncia a los jueces por ser demasiado suaves contra criminales alemanes violentos, y compara a éstos con los prisioneros de guerra rusos:

     «Casi dos mil personas en Alemania desaparecen cada año sin dejar rastro, víctimas en su mayor parte de maniáticos o sádicos. Se sabe que estos últimos son generalmente reincidentes, pero los abogados toman gran cuidado para infligir penas sólo muy ligeras a ellos. ¡Y sin embargo esas criaturas infrahumanas son el fermento que socava al Estado! No hago ninguna diferencia entre ellos y los brutos que pueblan nuestros campos de prisioneros de guerra rusos» (Borman, Table Talk, p. 13).

     Ésa es una comparación chocante, con Hitler no considerando a sus oponentes en la guerra como soldados honorables reclutados por una malvada tiranía comunista, sino no mejores que los más viles criminales alemanes. Esa línea de pensamiento puede ser fácilmente vinculada al maltrato alemán de prisioneros de guerra soviéticos, que iba desde el asesinato a la negligencia voluntaria, lo que condujo a la muerte de más de 3 millones de personas.

     Hay entonces, como con todas las narrativas eficaces, un grano de verdad en la opinión predominante. Mientras ella claramente caricaturiza el pensamiento racial en el Tercer Reich y sobreenfatiza radicalmente y desvirtúa el concepto de "infrahombre", el hecho es que en el caso de Hitler eso apoyó una actitud insensible e incluso cruel en los territorios del Este. Esto es algo similar al status del anti-judaísmo en el cine del Tercer Reich. Mientras que a películas como El Judío Eterno y El Judío Süss se les presta una enorme atención, realmente de las más de 1.000 películas producidas en la Alemania nacionalsocialista, sólo media docena eran principalmente anti-judías. Como alguna reciente erudición predominante ha enfatizado, el apoyo del pueblo alemán al Nacionalsocialismo no fue cultivado principalmente alimentando la intolerancia y la crueldad contra una "minoría impotente" sino apelando al más alto idealismo y sentido del sacrificio al servicio del propio pueblo [11].

[11] Claudia Koonz, The Nazi Conscience (2005): "Desafiando las presunciones convencionales sobre Hitler, Koonz localiza la fuente de su carisma no en su convocatoria al odio sino en su llamado a la virtud colectiva de su pueblo, el Volk". Podría haber un elemento de proyección en la propaganda liberal e izquierdista contra el Tercer Reich.

     En la medida en que Hitler comparaba a las razas de la Unión Soviética con la ideología comunista (por la supuesta vulnerabilidad de esas razas ante el comunismo conducido por los judíos), él contribuyó a políticas criminales y a enajenarse a las naciones que podrían haber sido aliadas contra el comunismo y la judería, y de ahí a la derrota del Tercer Reich.

     Dadas las discrepantes traducciones y mi insuficiente conocimiento del idioma alemán, no puedo comentar de manera segura sobre una pieza central de evidencia en el caso de la narrativa predominante, a saber, el célebre panfleto impreso SS de 1942 titulado Der Untermensch [**]. El documento parece deshumanizar a los pueblos soviéticos, o al menos a grandes porciones de ellos, comparándolos como parte de un proceso histórico-mundial más amplio y casi místico: Por definición, si la Humanidad evoluciona hacia arriba, algunos van quedando atrás, los infrahombres, aquellos que, por resentimiento y egoísmo, arrastrarían a aquellos que se han elevado de vuelta al barro. Aquí también, a propósito, los judíos sin embargo no son considerados como "infrahumanos" sino más bien como sus líderes.

[**] PDF en https://ia600500.us.archive.org/15/items/SS-Hauptamt-Der-Untermensch/Ss-hauptamt-DerUntermensch194252S.Scan_text.pdf


     La narrativa predominante no reconoce que Der Untermensch ciertamente no resume las opiniones y el discurso público nacionalsocialista acerca de la raza. La propia SS pudo ser mucho más matizada y ecuménica [12]. Propaganda como Der Untermensch también debería ser vista en el contexto más amplio de una época de revoluciones brutales y guerras totales. El Tercer Reich difícilmente tuvo un monopolio de la propaganda extrema destinada a motivar a la nación para sacrificar y deshumanizar a un enemigo cuya derrota requería los métodos más brutales [13].

[12] Por ejemplo, las Pautas de Selección de Cónyuges y Teoría Racial de la SS, un documento notable, establecen: "Si uno examina los países individuales de Europa según su composición racial, uno al principio nota que en casi todos los Estados están representadas las mismas razas. Encontramos la raza nórdica representada fuera de Alemania, en las tierras escandinavas, Inglaterra y Holanda y hasta en Rusia, Italia, Francia, España etcétera. También encontramos, sin embargo, al hombre báltico del Este en los diversos países europeos. La evaluación racial total de un pueblo no se reduce a esto. Es un asunto de la FUERZA DE LAS PARTES DE LAS RAZAS INDIVIDUALES en el pueblo respectivo. Y allí determinamos: ya sólo numéricamente el Reich marcha lejos por delante de todos los otros pueblos con respecto a la parte nórdica. Con un derecho natural Alemania puede reclamar el liderazgo de los pueblos predominantemente nórdicos y germánicos".
[13] La propaganda y los medios de comunicación de los Aliados no sólo a menudo difunden falsedades absurdas —p. ej. las supuestas ambiciones de Alemania de conquistar Norteamérica o prohibir el cristianismo— sino que con frecuencia han comparado al "nazismo", al "militarismo prusiano" y al pueblo alemán como uno y lo mismo, lo que sin duda legitimó moralmente la demanda extremadamente creciente de una rendición incondicional, y la violencia de masas mediante bombardeos, violaciones masivas y limpieza étnica. Incluso un historiador tan serio como A. J. P. Taylor, por ejemplo, escribió en un libro cerca del final de la guerra contra los alemanes: "Ningún otro pueblo ha perseguido el exterminio como una política permanente de generación en generación durante mil años", una declaración realmente chocante viniendo de un anglosajón (de hecho, aparte de los prusianos bálticos, uno se esfuerza por saber a qué se está refiriendo Taylor). A. J. P. Taylor, The Course of German History, Nueva York, 1962, p. 16. La obra de Taylor más generalmente afirma que el nacionalsocialismo es una consecuencia natural o incluso inevitable de la historia alemana, una tesis digna de consideración pero que tuvo el efecto de legitimar la violencia de masas del final de la guerra contra la gente alemana. Uno se pregunta si el trabajo posterior de Taylor para "normalizar" la política exterior de Hitler estuvo en parte motivado por una mala conciencia.

     En las teorías raciales de Stoddard, Rosenberg y Günther, el concepto de "infrahombre" no era incompatible con políticas conciliatorias o asimilacionistas hacia los eslavos. Hitler, sin embargo, junto con su influyente secretario Martin Bormann, tomó una opinión de extremada  línea dura, incluyendo declaraciones que explícitamente contradecían a Rosenberg y a Günther.

     Las rudas políticas de Hitler en los territorios del Este estuvieron justificadas por las razones siguientes:

    * Política práctica (Realpolitik): Los Estados-naciones no germanos son intrínsecamente no fiables o amenazantes, y por lo tanto sus poblaciones no deben crecer y sus Estados deberían ser destruídos. Esto estaba basado en la reacción increíblemente negativa de Hitler al multiculturalismo del Imperio austro-húngaro y a la poca confiabilidad de las unidades no-germanas en la Primera Guerra Mundial, combinado con una visión de la vida y de las relaciones internacionales como algo intrínsecamente conflictivo, caracterizadas por una competencia perpetua entre los Estados-naciones.

    * Nordicismo: Las poblaciones no-germanas no podían ser asimiladas en Alemania sin el riesgo de que tal mestizaje fuera disgénico (defectuoso), conduciendo a un daño genético cuasi permanente. Esto estaba motivado por teorías raciales recientes acerca del éxito de Occidente y el miedo recurrente producto de que el mestizaje con linajes inferiores había conducido a la decadencia de las antiguas Grecia y Roma.

     Los planes de Hitler para el Este están entre lo más atemorizante de sus privadas Conversaciones de Sobremesa (la veracidad de las cuales es raramente cuestionada), exigiendo repetidamente el arrasamiento de Moscú y San Petersburgo para destruír permanentemente cualquier Estado ruso al Oeste de los Urales, que a los eslavos no se les proporcionara asistencia médica o educación (no sea que ellos se multipliquen y se auto-organicen), que los alemanes fueran sistemáticamente segregados de los nativos, y que Crimea en particular fuera étnicamente limpiada para abrir camino para los colonos alemanes.

     Hitler absurdamente afirmó que las fronteras de "Europa" terminaban donde comenzaba el ámbito eslavo, y sostuvo que los nativos deberían ser tratados como lo fueron los indios norteamericanos o los hindúes del Imperio británico. Hitler admitió la eventualidad de asimilar a algunos eslavos, pero instó a que aquello fuera sumamente limitado y discriminador (más vale prevenir que curar, pensó probablemente). Él afirmaría de vez en cuando que los nativos estarían de todos modos mejor bajo el dominio alemán, pero esto parece todo menos un consuelo superficial.

     Hay una especie de lógica despiadada en el enfoque de Hitler. La narrativa predominante tiene razón al notar que el pensamiento racial y eugenetista puede conducir a tales conclusiones, pero no tiene razón al afirmar que eso debe ser inevitablemente así (después de todo, cualquier línea de pensamiento, como el cristianismo o el marxismo, puede ser llevada a conclusiones violentas). Pero no hay que soslayar el hecho de que el pensamiento acerca de la genética inevitablemente conduce a valorar algunas vidas por sobre otras (o, al menos, a algunos genes sobre otros genes), si la raza humana debe progresar. (Incluso el liberal más bien intencionado, al ser presionado, reconocerá que la difusión de genes causantes de enfermedades es una mala cosa).

     Churchill, a propósito, elaboró argumentos similares a los de Hitler acerca de la necesidad de la eugenesia en Inglaterra, lo bueno que era el reemplazo de los aborígenes australianos por "la raza más fuerte" que eran los australianos anglosajones, y el rechazo a proporcionar comida a los hambrientos bengalíes que habían estado "reproduciéndose como conejos". Churchill una vez dijo durante la guerra: "Odio a los hindúes. Ellos son una gente bestial con una religión bestial".

     Es también un hecho el que los pueblos europeos han visto una asombrosa relativa decadencia en su cantidad y poder en el mundo, precisamente debido a las políticas que Hitler criticó: proporcionar asistencia médica y desarrollo a poblaciones afro-asiáticas que eran incapaces de producir aquello de manera autóctona, y permitir a raíz de eso explosiones demográficas masivas en ausencia de cualquier política de control demográfico. Los europeos étnicos han disminuído desde componer un tercio de la población mundial en 1900 a quizás el 10% hoy. Se espera que los africanos, sobre todo los sub-saharianos, se cuadrupliquen en número a más de 4.000 millones este siglo. Se espera que los musulmanes, con los cuales hay algunas superposiciones con los africanos, casi se dupliquen en población a mediados de siglo a más de 2.750 millones. Mientras tanto, los hijos de Europa, que en 1900 controlaban prácticamente el mundo entero, serán reducidos hacia 2100 a minorías en sus propias antiguas patrias tanto en Norteamérica como en Europa Occidental.

     Estos hechos destacan los puntos débiles de Hitler —el hilar tan fino entre germánicos y eslavos parece singularmente insignificante en el contexto más amplio del colapso europeo— pero también nos ayuda a entender su desprecio hacia los colonialistas bienhechores (a quienes él incluso amenazó con ponerlos en campos de concentración).

     Las políticas de Hitler con respecto al Este fueron sumamente condenables, y en último término criminalmente irresponsables e insensatas. Ésta es una clásica historia de orgullo y venganza. Uno puede preguntar: ¿Por qué ni siquiera intentar hacer de Polonia un Estado barrera anti-comunista?. ¿Por qué esa falta de disposición, en esa guerra a muerte, para maximizar las posibilidades de victoria concediendo incluso a los pueblos no-rusos sus propios Estados-naciones, dado su obvio interés en la destrucción de la soviética "prisión de naciones"? A riesgo de subestimar la catástrofe humana y moral, C’est pire qu’un crime, c’est une faute (Es peor que un crimen, es un error).

     Pero hacer tales preguntas puede perder de vista el punto. La visión retrospectiva es siempre perfecta y los generales de cómodos sillones siempre conocen mejor, ¿verdad? Debemos aprender del sufrimiento. Una figura histórico-mundial como Hitler —quien debe ser clasificado, en términos de impacto, con gente como Alejandro Magno, Jesucristo o Napoleón— no consiguió los éxitos que tuvo (sorprendentes hasta 1941) siendo "razonable" y comprometiendo los ideales y objetivos propios.

     Rosenberg culpó de los trágicos errores de Hitler en este respecto a su inclinación artística por las pasiones, atrapado en la intoxicación de las espectaculares reuniones de masas y sus brillantes triunfos tempranos. Hitler por su parte bien pudo haber estado hablando de sí mismo en la siguiente declaración general: "He comprendido durante mucho tiempo que los actores y los artistas a menudo tienen ideas tan fantásticas que uno se ve obligado de vez en cuando a hacerles un gesto de reproche y traerlos de vuelta a la Tierra" (Hitler, Table Talks, 26 de Abril de 1942, p. 189).–




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