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lunes, 18 de abril de 2016

Sobre Higiene Racial y Judeofobia



     En un sitio (05racismo.blogspot.com) hay publicada una serie de breves artículos moralizadores con respecto al "racismo". Hemos tomado cuatro de ellos, todos de 2009, y les hemos sacado algunas frases destempladas, y lo que quedó fue un grupo de textos pedagógicos que ponen en contexto algunos aspectos del nacionalsocialismo y sus antecedentes, relativos a la ciencia racial, los modos de formación racial, los movimientos anti-judíos alemanes, que parten ya en el siglo XIX, y diversos testimonios de la judeofobia, sobre todo en Francia.




La Rassenhygiene o Ciencia de la Higiene Racial

     Durante el regimen nacionalsocialista la antropología racial (Rassenkunde) y la higiene racial se convirtieron en campos científicos de gran respetabilidad. El concepto de Rassehygiene o ciencia de la higiene racial fue acuñado en 1895 por el psiquiatra suizo Alfred Ploetz (1860-1940). El objetivo de esa ciencia era la selección adecuada de las parejas reproductivas y la reproducción controlada, lo cual llevaría de manera gradual a una nación más saludable y racialmente deseable. Junto con Ernst Rüdin funda en 1904 la Revista de Razas y Biología Social, que es considerada el primer periódico en el mundo sobre eugenesia. En 1905 funda la Sociedad para la Higiene Racial, a la que añadiría más tarde el término "Eugenésica". Esa Sociedad tomó el ideal de la supremacía nórdica. Su objetivo era la revisión, por parte de un grupo de expertos, nombrados oficialmente, de los niños recién nacidos.

     Fue durante esa época que se promulgó una serie de leyes de higiene racial. En 1933 la Ley de Esterilización, que pretendía la prevención de la descendencia genéticamente enferma. Esa ley afectó a unas 400.000 personas. Las Leyes de Núremberg (1935) definían una ley de ciudadanía, en la que se excluía deliberadamente a los judíos. Se establecía una ley de protección de la sangre, prohibiéndose los matrimonios y las relaciones sexuales entre judíos y no-judíos. También se dictó una serie de leyes de salud matrimonial, en las que se imponía un riguroso examen médico a los jóvenes antes del matrimonio. La ley de la Eutanasia de 1939 autorizaba a ciertos médicos a suministrar una muerte piadosa a pacientes incurables.

     El Reich trató también de crear una cultura aria y para ello era importante forjar una historia aria. De eso se encargó el Instituto Ahnenerbe, que sentaría las bases y fundamentos de un sistema basado en la raza aria como referente. Su tarea fue desenterrar, crear, inventar o falsificar pruebas de las cualidades y prestaciones de la raza aria hasta la Edad de Piedra. También se encargarían de divulgar esos hallazgos a la población con fines puramente propagandísticos. Para el nacionalsocialismo los alemanes (puros) descendían directamente de los arios, heredando la inteligencia y la brillantez de sus antepasados, y solamente ellos eran capaces de crear cultura. Sólo los arios eran poseedores del genio para alcanzar la civilización, crear música, literatura, arte... y sólo ellos eran los llamados a conducir a la Humanidad por el camino del desarrollo. Todo ello respaldado por pruebas del Ahnenerbe.

     Otros de los paladines de la Rassenhygiene fue el antropólogo Hans Gunther (1891-1968), quien tuvo también una gran influencia en la doctrina racial del nacionalsocialismo. Escribirá en los años '20 una serie de libros populares sobre las virtudes de la raza nórdica. En ellos estimaba que únicamente entre un 6% y un 8% de la población alemana podía considerarse raza nórdica pura. De entre esas obras destacará Short Ethnology of the German People (1929), en donde reemplaza la noción vaga del "ario" por la del "nórdico", que para él era mucho más precisa:

     "La raza nórdica es alta, de piernas largas, delgadas y con un promedio de estatura que entre los elementos masculinos supera normalmente el 1,74 m. Los miembros son vigorosos y ágiles en su apariencia externa. (...)

     "El corte de cara de las facciones nórdicas, especialmente en el elemento masculino, da el efecto de arrojo y valentía especialmente a través de los rasgos dominantes de su perfil: su frente, su elevada y distinguida nariz, y finalmente su barbilla prominente. La suavidad de sus facciones da una clara expresión a su fisonomía. En el elemento femenino la barbilla tiene más arco, la nariz es menos aguda y además se une con un rostro no tan prominente. (...)

     "Si un pintor, un dibujante o un escultor quiere representar la imagen de la determinación, de la decisión o de la resolución, o una característica de nobleza, superioridad o heroísmo humano, tanto en el hombre como enla  mujer, en la mayoría de los casos crea imágenes que son más o menos aproximadamente la imagen de la raza nórdica" (Hans Günther, en Mosse, La Cultura Nazi).

     Mas para Gunther, no es lo mismo germano que nórdico. Según él la herencia nórdica total de Alemania era a lo más de un 45% o un 50%, datos obtenidos exclusivamente de la observación de rasgos externos como tono de piel, color del cabello, etc. De esta manera dividió al pueblo alemán en dos clases: los nórdicos y los híbridos. A estos últimos los describirá como personas bajas, de 170 cms. de altura, con un índice cefálico superior a 76, un índice nasal platirrino, pelo trigueño, ojos color avellana o café, de complexión no delgada, labios gruesos y barbilla no firme. A esos individuos Gunther los llamará "bastardos" y, como tales, ciudadanos de segunda clase e inferiores, al menos físicamente.

    Dado que el 95% de la población alemana, asi como casi todos los altos cargos del NSDAP cumplían la definición dada por Gunther de "bastardo", al Partido le era imposible aceptar sus conclusions. El Partido, que había prometido unir a la nación alemana y eliminar las distinciones de clase, aparecía ahora apoyando distinciones más exclusivas. Por todo ello las tesis de Gunther debían ser rechazadas.

     Una de las especialidades de Günther fue la identificación física de los judíos. Junto con Fritz Lenz se encargó de identificar y esterilizar a los Rheinlandbastarde, unos descendientes de mujeres alemanas y soldados africanos que pertenecían a las tropas francesas que ocuparon la región del Rhineland después de la Primera Guerra Mundial.

     Precisamente de los judíos decía Günther en su libro Rassenkunde des Jüdischen Volkes (Tratado Racial del Pueblo Judío, 1929): "Esta raza ha salido del desierto, y su conducta espiritual se inclina a convertir en desierto nuevamente el suelo ya cultivado".

     Respecto de los gitanos Gunther declaró: "Los gitanos han conservado de hecho algunos elementos de su hogar nórdico, pero descienden de las clases más bajas de la población de esa región. En el curso de su migración, absorbieron la sangre de los pueblos circundantes, originándose así una mezcla racial oriental, asiático-oriental, con una adición de cepas hindúes, centro-asiáticas y europeas" (Hans Gunther, Rassenkunde des Judischen Volkes, Múnich, 1930).

     Otra figura destacable de estas políticas es el genetista Otmar Freiherr von Verschuer (1896-1969), quien orientó sus estudios a demostrar los vínculos genéticos entre un individuo y un hipotético colectivo racial de orden superior o Volk al que pertenecería ese individuo. En un escrito suyo de 1939 se puede leer: "Nosotros los genetistas e higienistas raciales hemos tenido la fortuna de ver cómo el silencioso trabajo del estudio del investigador del laboratorio científico encuentra aplicación en la vida de las personas".

     Von Verschuer fue director de la división "Herencia Humana" del Instituto Kaiser Wilhelm en Berlín, en 1934. Él mismo declaraba ser el "responsable de asegurar que el cuidado de los genes y de la raza, campo en que Alemania era líder mundial, tuviese una base tan firme que pudiera resistir a cualquier ataque exterior". Entre 1936 y 1942 asumió la dirección del Instituto del Tercer Reich para la Herencia, la Biología y la Pureza Racial, en Frankfurt.

     El ministerio de Salud del Reich creó un Centro para la Investigación sobre la Biología de las Poblaciones y la Higiene Racial. Su director fue el médico y psicólogo Robert Ritter, quien centró sus inquietudes científicas en el tema de los gitanos, a los que clasificó como "portadores de sangre no alemana y gente de orígenes etnológicos enteramente primitivos e incapaces de una adaptación social real". Junto con su ayudante de campo Eva Justín realizó un extenso estudio de campo durante la primavera de 1936, realizando entrevistas y exámenes médicos a más de 24.000 gitanos, para recoger datos acerca de su genealogía y genética. Se hicieron clasificaciones raciales en diversos grupos y se propuso como solución a la "cuestión gitana" (Zigeunerfrage) "reunirlos a todos en grandes campos de trabajo y mantenerlos trabajando allí", ya que se determinó que la mayoría de los gitanos representaba un peligro para la pureza racial alemana.

     Los gitanos fueron una fuente de confusión ideológica en la Alemania nacionalsocialista, ya que, si las ideas sobre la raza aria eran correctas y los gitanos venían originariamente de la India (de donde habrían salido hacía unos mil años), deberían ser, en buena lógica, descendientes de arios. El mismo Heinrich Himmler, famoso por sus pensamientos místico-raciales, creía que algunos grupos de gitanos podían ser considerados arios y por tanto podían tener más valor racial que otros, aunque al final acabaron todos en el mismo saco racial, llevando simplemente una Z de Zigeuner (zíngaro) en los uniformes en los campos de trabajo.

     El suizo germanófilo Otto Hauser (1874-1932) en su obra Raza y Cultura (1916) dice que los griegos habían sido "un pueblo rubio, bien definido, que llegó por sí mismo a una cultura cuyo nivel será admirado siempre, que será siempre ejemplar mientras circule en un pueblo, en un individuo, sangre nórdica afín".

     Pero las teorías raciales germanas no se dirigen exclusivamente contra los judíos, sino que también hacia gran parte de su propio pueblo, contra los descendientes de la raza alpina, que Günther había rebautizado como "oriental". Para Günther la existencia de esa raza oriental, sin talento y sin espíritu creador, en el corazón de Europa amenaza la pureza de los nórdicos. El oriental es la negación del hombre nórdico. El oriental es el pacifista nato, el hombre de la masa; de ahí su preferencia por la democracia. No posee ningún rasgo heroico y tampoco presenta ninguna comprensión por la grandeza de la patria y de la nación. Resumiendo, para Günther, los orientales son buenos como súbditos, pero no pueden ser jefes; para ser jefe sólo están llamados los nórdicos.

     A los alpinos (orientales) se les acusará de incesto y de otras perversiones sexuales: "La relación sexual dentro del mismo linaje, es decir, entre hermanos y entre padres e hijos, según me informan médicos de aquellos distritos, no serían ninguna gran rareza en los territorios orientales. El alma oriental no conoce quizá el concepto del incesto" (L. F. Clauss, Rasse und Seele).

     Pero los ataques más virulentos los hará Hauser en Raza y Cultura, pues considera de ellos que son un pueblo corrompido:

     "Por el dinero, todo le es grato. Vendería sin titubear su honor, si lo tuviera. Es el demócrata y el capitalista nato... El oriental es más lascivo que las razas puras y cruzadas. Para él tienen que danzar en el escenario mujeres y hombres desnudos y apretujarse en lo posible; lee con preferencia perversidades y las practica cuando tiene dinero para ello. Esclaviza a la mujer y es esclavizado por ella. Defiende el individualismo, en el sentido de que cada cual puede hacer todo lo que quiera, violar niñas y niños, emplear todos los medios en la competencia social, espiritual y política. Y mientras en los demás es regla deportiva no echar mano a las partes sexuales del adversario, él practica —quien por lo demás apoya la liberación de todos los placeres— ese ejercicio con preferencia cuando puede atraer hacia él los genios que le son —a él, típicamente agenial— desagradables, y trata de hacer caer a los adversarios políticos a quienes no puede vencer en lucha honrada" (Otto Hauser, Rasse und Kultur, p. 69).

     Y en otro pasaje de su obra cuenta Hauser a sus lectores:

     "En su sexualidad el oriental es vulgar. No se puede estar con él media hora sin que cuente, no sólo anécdotas obscenas, sino sus propias aventuras sexuales, y, en lo posible, también las de su mujer; y las mujeres entretienen a sus oyentes sobre sus dificultades en la menstruación".



El "Cultivo" de la Nueva Raza

     La Higiene Racial tenía como objetivo la nordificación del país. Eso implicaba que todas las relaciones de apareamiento debían operar bajo el control del Estado. Ese control se basaba en dos puntos: por una parte se buscó la esterilización de aquellos "miembros enfermos" de la sociedad. El segundo era el favorecimiento del cruce, fecundidad y educación de los "miembros sanos" arios.


La Esterilización de los "Miembros Enfermos"

     El 14 de julio de 1933 se promulgó la "Ley para la Prevención de la Transmisión de las Enfermedades Hereditarias". Esa ley obligaba a la esterilización de todos aquellos individuos que presentaran casos de deficiencia física o mental, tales como idiotez congénita, esquizofrenia, insanidad maníaco-depresiva, epilepsia hereditaria, baile de San Vito crónico, ceguera hereditaria, sordera y serios defectos corporales. Por añadidura se aplicó a alcohólicos crónicos.

     Werner Hoche justificó esa norma sobre la base de que permitía establecer un equilibrio en la política de población de la Nueva Alemania:

     "Desde el Alzamiento Nacional la opinión pública está cada vez más preocupada con el cada vez mayor descenso de la natalidad... Mientras que la familia sana sólo tiene por término medio dos hijos, las familias con taras hereditarias arrojan una cifra media de tres a cuatro hijos por matrimonio. Tal relación corre el riesgo de cambiar un pueblo de generación en generación. Ello significa, a la larga, la muerte de las familias que atesoran los valores superiores. Quedan en juego por tanto los valores supremos de una raza; se está hablando del futuro de nuestro pueblo".

     Hoche llegará incluso a defender la necesidad de esa ley por el costo económico que suponía la atención sanitaria de esas personas. Coincidía en este punto con el argumento que aportaba el profesor R. Deisz cuando destacaba que el Reich alemán debía de soportar anualmente una carga de 350 millones de marcos en gastos de Seguridad Social, de cuyo importe una gran parte venía originado por personas asociales y disminuídos mentales (durch asóciale und geisting minderwertige personen).

     El argumento económico también lo empleará Walter Gross (1904-1945), dirigente nacionalsocialista y jefe de la Oficina del Reich para la Ilustración Política Popular y el Bienestar Racial:

    "El incremento de la parte más sana de la población en los pasados 70 años fue sólo del 50%, mientras que la enferma y de hecho aquella que se ajustaba mejor a la vida en un asilo, se había multiplicado nueve veces en el mismo tiempo, o sea un 450%. El cuidado de estos últimos cuesta a la población de Alemania la considerable suma de mil millones de marcos al año, mientras que todos los costos administrativos del Reich, las provincias y comunidades, cuestan 713 millones de marcos. Era por lo tanto un acto de defensa propia lo que causó que el Estado nacionalsocialista promulgara la ley para la prevención de la transmisión de enfermedades hereditarias" (Walter Gross, Pensamiento Racial Nacionalsocialista).

     El 24 de noviembre de 1933 los nacionalsocialistas decidieron que "los delicuentes habituales contra la moral pública" debían ser castrados. En realidad, el programa de esterilización masiva no encontró mucha oposición en los países occidentales. Al contrario, las sociedades eugenésicas de Estados Unidos y Gran Bretaña la recibieron son satisfacción. En este sentido los autores alemanes de la ley admitieron que habían reproducido el programa de esterilización que se realizaba en California.

     A su vez, las autoridades académicas alemanas dieron doctorados honoris causa a los estadounidenses Leon Whitney, Madison Grant y Harry Laughlin, conocidos por su racismo y por ser dirigentes y miembros conocidos del movimiento eugenésico. Los doctorados fueron acompañados de cartas de felicitación escritas directamente por Hitler. Esas manifestaciones de simpatía no suscitaron escándalo en la época ya que las teorías raciales estaban muy difundidas. De hecho, hacia 1935 Suecia, Dinamarca, Finlandia, un cantón suizo y varios Estados americanos habían legalizado la esterilización como medida eugenésica.

     Mientras tanto, la Iglesia Católica, arriesgándose a una feroz represión, se opuso enérgicamente. La Conferencia Episcopal alemana, reunida en Fulda, respondió rápidamente a la propuesta de ley de esterilización. Para evitar un conflicto abierto, Hitler presentó la ley el 25 de Julio de 1933, veinte días después de firmar el Concordato con la Iglesia. La ley entró en vigor en Enero de 1934. Los nacionalsocialistas buscaron debilitar la oposición católica dando voz a profesores universitarios favorables a la esterilización y, al mismo tiempo, ofreciendo a la Iglesia exenciones para los católicos.


El Plan de Reproducción Controlada

     La segunda parte del plan de control de la sexualidad consistía en el desarrollo de un plan de fecundidad regulada por el Estado en el cual se incluyó la poligamia. Richard Rudolf en su escrito Geschlechtsmoral (Moral Sexual) sostenía que la poligamia consistía no sólo en el mejor medio para llevar a las más altas realizaciones la fecundidad de la raza nórdica, sino que además ésa era la condición que mejor responde a los instintos polígamos del varón.

     Surgió un movimiento denominado "Matrimonio Midgard" fundado por Willibald Hentschel (1858-1947), quien fue discípulo de Haeckel. Los miembros de ese movimiento propiciaban la fundación y financiación de colonias especiales en que varones y mujeres nórdicos seleccionados se dedicarían a la tarea de evitar la decadencia de la raza mediante el apareamiento. Ese matrimonio Midgard (nombre que alude a la morada de los seres humanos en la mitología nórdica) sería una asociación para la preñez y su duración no es extendería más allá del nacimiento del hijo. El doctor F. Dupré defendía en su libro Weltanschauung und Meruchezüchtung ese "matrimonio temporal" que sólo debería de tener por objeto fines reproductivos. Además un consejo de ancianos nombrado por el Estado debería de vigilar el desarrollo del plan.

     En la misma línea apuntaba Walter Darré (1895-1953), ministro nacionalsocialista de agricultura, en su libro Neu Adel aus Blue und Boden. Darré pretendía someter la reproducción de la nación a una vigilancia continua por la creacción de centros de crianza. Para ello se establecerían libros del hogar y actas genealógicas para todas las mujeres. Las muchachas se dividirían en cuatro clases, a quienes, en base a las actas genealógicas especiales, se les permitiría la reproducción en el matrimonio en conformidad con sus cualidades raciales y su capacidad de concepción, o por el contrario se les negaría ese derecho.

     Cualquiera que atentara contra la política poblacionista del Estado sería acusado de traición a la raza. El 12 de Marzo de 1930 se presentó el siguiente agregado al artículo 218 del código penal: "El que se propone contener artificialmente la fecundidad natural del pueblo alemán en daño de la nación, o fomenta tales propósitos de palabra, por escrito, mediante figuras impresas o de otro modo, o el que contribuye al empeoramiento y a la descomposición racial del pueblo alemán, o amenaza contribuír a ello mediante el cruce con miembros de la comunidad judía de sangre o con razas de color, será castigado con prisión por traición a la raza".

     El 31 de diciembre de 1931 se autorizó una orden por la cual todos los miembros de las SS que quisieran casarse debían solicitar una autorización especial en una llamada Oficina Racial. Ese documento trataba de preservar la pureza hereditaria de la especie alemana considerada nórdica.


La Judeofobia Ilustrada

     Entre el final del siglo XVIII y el inicio del XIX los judíos habían logrado, por lo general, una posición de igualdad con respecto a los demás ciudadanos en la mayoría de los Estados, y un buen número de ellos llegó a desempeñar funciones importantes en la sociedad. Pero en este mismo contexto histórico, especialmente en el siglo XIX, se desarrolló un nacionalismo exasperado. En un clima de rápidos cambios sociales, los judíos fueron a menudo acusados de ejercer un influjo excesivo en relación con su número. Entonces comenzó a difundirse, con grados diversos, en la mayor parte de Europa, un anti-judaísmo esencialmente más sociopolítico que religioso.

     El odio contra los judíos se puede encontrar claramente en los representantes de la Ilustración. Filósofos, políticos, filántropos, etc., crearán y propagarán los principales tópicos anti-judíos. Inmmanuel Kant acusa a los judíos de que guardan un odio a toda la Humanidad al afirmar que el pueblo judío, "en su condición de pueblo especialmente elegido por Yahvé, de pueblo que hostiga a todos los otros pueblos y por eso hostigado por todos, excluyó de su colectividad a la totalidad del género humano".

     Contemporáneo de Kant e influído por sus escritos, el filósofo alemán Johann Fichte (1762-1814) ejerció una gran importancia en el pensamiento anti-judío alemán. Junto con Friedrich Schelling y Hegel es considerado uno de los padres del idealismo alemán. Para Fichte el alemán era la lengua oficial de Europa (Ursprache) y los alemanes la nación original (Urvolk). Defensor de la superioridad alemana, afirmaba que tan sólo los alemanes eran capaces de encontrar la verdad. Respecto de los judíos les negaba otorgar derechos civiles: "¿Darles derechos civiles? No hay otro modo de hacerlo sino cortarles una noche todas sus cabezas y reemplazarlas por otras cabezas que no contengan un solo pensamiento judío. ¿Cómo podremos defendernos de ellos? No veo alternativa sino conquistar su tierra prometida y despacharlos a todos allí. Si se les otorgan derechos civiles van a pisotear a los otros ciudadanos".

     Por su parte Hegel también manifestó sentimientos anti-judíos, y consideró a los judíos como la antítesis de la Humanidad: "La gran tragedia del pueblo judío no es una tragedia griega, no puede suscitar ni el miedo ni la piedad, puesto que éstos nacen solamente del destino de un hecho no necesario al que se tiende un ser bello. La tragedia del pueblo judío suscita sino repugnancia. El destino del pueblo judío es el de Macbeth" (Hegel, El Espíritu del Cristianismo).

     El Siglo de las Luces con su atmósfera racionalista anti-religiosa, aboga por una religión de la razón para un mundo de confraternidad. Por ello cargarán las tintas de sus escritos con ataques contra las tres religiones monoteístas: cristianismo, judaísmo e islamismo.

     En su Enciclopedia (1765), Denis Diderot considera a los judíos como "ignorantes y supersticiosos". Paul D'Hollbach fue más lejos y en su obra L'Esprit du Judaisme (1770) sostiene que el judaísmo es malo por naturaleza, y constituye el corrupto origen del cristianismo. Para Montesquieu, "dondequiera haya dinero, hay judíos". Pero el mayor de los judeófobos iluministas fue quien encarnó las ideas de "libertad, igualdad y fraternidad". Voltaire atacó por igual a la Iglesia Católica y al judaísmo. En su Diccionario Filosófico arremete contra los judíos diciendo que "Es el pueblo más imbécil de la faz de la Tierra, enemigos de la Humanidad, el más obtuso, cruel, absurdo...".

     "La nación más singular que el mundo ha visto, aunque en una visión política es la más despreciable de todas; sin embargo, a los ojos de un filósofo vale la pena considerarla... De un breve resumen de su historia resulta que los hebreos siempre fueron errantes o ladrones, esclavos o sediciosos. Son todavía vagabundos sobre la Tierra, aborrecidos por todos los hombres... Si preguntas cuál es la filosofía de los judíos, la respuesta será breve: no tienen ninguna... Los judíos nunca fueron filósofos, ni geometras, ni astrónomos".

     "Estuvieron tan lejos de tener escuelas públicas para la instrucción de la juventud, que ni siquiera tienen un término en su idioma que exprese esa institución... Su estadía en Babilonia y Alejandría, durante la que podrían haber adquirido sabiduría y conocimiento, solo los entrenó en la usura" (Voltaire).

     Voltaire hablará de un "carácter judío", al cual le atribuye, como "comportamiento judío", la ignorancia, el lenguaje bárbaro, el odio hacia otros pueblos, la crueldad, el canibalismo y las diferentes perversiones sexuales: "Observamos a los judíos con la misma mirada con la que miramos a los negros, o sea, como a una raza humana inferior".

     Entre sus obras rescatamos parte de su pensamiento profundamente anti-judío que influirá en la sociedad ilustrada de su época:

     "Proscritos sobre la Tierra y ciudadanos del mundo, llevan de mar en mar su miseria profunda, y, de un antiguo montón de supersticiones, han llenado desde hace tiempo todas las naciones" (Voltaire, Henriade).

     "Los judíos no son más que un pueblo ignorante y bárbaro, que ha combinado, por mucho tiempo, la más repugnante avaricia con la más abominable superstición e inextingible odio hacia los otros pueblos por los cuales son tolerados, y gracias a los cuales se enriquecen. ¿Porque son odiados los judios? Es el inevitable resultado de sus leyes: ellos tienen que, o conquistar a todo el mundo o ser odiados por toda la raza humana. Esta pequeña nación judía osa ostentar un odio irreconciliable contra todas las naciones: siempre supersticiosa, siempre ávida de un bien ajeno, siempre bárbara, rastrera en las desgracias, e insolente en la prosperidad" (Voltaire, Dictionaire Philosophique).

     "Sois animales calculadores; tratad de ser animales capaces de pensar" (Voltaire, Essai sur les Moeurs et l'Esprit des Nations).

     "Sé que hay algunos judios en la colonias inglesas. Esos marranos van allá donde hay dinero que ganar. Pero en estas circunstancias no tiene la mayor importancia que esos circuncidados digan que son de la tribu de Neftalí o de la de Isacar. Ellos son, simplemente, los mayores sinvergüenzas que hayan ensuciado jamás la faz del globo" (Voltaire, Carta a Jean-Baptiste Nicolas de Lisle de Sales, 15 Dic. 1773)

     "Me parecéis los mas locos del lote. Los kafires, los hotentotes y los negros de Guinea son una gente mucho más razonable y mucho más honesta que vuestros ancestros, los judíos. Habéis sobrepasado a todas las naciones en fábulas impertinentes, en mala conducta y barbarismo. Merecéis ser castigados, tal es vuestro destino" (Voltaire, Carta en respuesta a otra de un judio, que se quejaba del anti-judaísmo)

     "Sólo encontraréiis en los judíos a un pueblo ignorante y bárbaro, que durante mucho tiempo se ha unido a la más sórdida avaricia, a la más detestable superstición y al más invencible odio de todo pueblo que los tolera y enriquece" (Voltaire, Juif en Dictionnaire Philosophique).

     "Ellos son, todos ellos, nacidos con un furioso fanatismo en sus corazones, al igual que los bretones y los alemanes nacen con el pelo rubio. A mi no me sorprendería lo más mínimo si esa gente se convirtiera algún día en mortífera para la raza humana" (Voltaire, Lettres de Memmjus a Ciceron, 1771).

     "Los hurones, los canadienses y los iroqueses eran filósofos humanitarios en comparación con los semitas" (Voltaire, Obras Completas, vol. 17, p. 53).

     En Francia la judeofobia tuvo tintes económicos y políticos. La Asamblea Nacional revolucionaria debatió por dos años si los principios de la revolución de "libertad, igualdad y fraternidad" debían aplicarse también a los judíos. Entre 1806 y 1807 Napoleón convocó una Asamblea de Notables judíos formada por 111 rabinos y líderes comunitarios. Ese grupo fue denominado el Sanedrín napoleónico, pero en su momento fue considerado como parte de un complot judío internacional cuyo fin era hacerse con el gobierno mundial. Napoleón disolvió esa Asamblea, dando origen al primer mito judeofóbico de la modernidad: la conspiración judía mundial.

     En Francia, varios filósofos convirtieron la reacción judeofóbica en una ideología. François Fourier consideraba que "el comercio es la fuente de todos los males, y los judíos son la encarnación del comercio". Además consideraba como un grave error emancipar a los esclavos y a los judíos, por ser "la nación más despreciable".

     La judeofobia en Francia llegó a su clímax con el libro Francia Judía (1886) de Edouard Drumont, en donde demostraba cómo Francia estaba subyugada por los judíos. Años después Drumont fundó la Liga Antisemita Francesa con la que consiguió ser diputado del Parlamento francés.

     Como señala el sociólogo e historiador Zygmunt Baurman, mientras que en la Europa pre-moderna los judíos se hallaban en una posición particularmente vulnerable debido a su situación de marginados religiosos, ello "no impidió, en conjunto, que se acomodaran dentro del orden social prevaleciente... En una sociedad dividida en estados o castas, los judíos eran un estado o una casta más entre otras muchas. El judío individual se definía por la casta a la que pertenecía, y por los privilegios o cargas específicos de que dicha casta disfrutara o que debiera soportar. Pero lo mismo podríamos decir de cualquier otro miembro de la misma sociedad" (Baurman, Modernity).

     El anti-judaísmo moderno no debe pues confundirse con la marginanción que ese pueblo sufrió anteriormente. La situación anterior correspondía a un conflicto religioso, pero el racismo de la modernidad situaba a los judíos como miembros de una raza inferior, lo cual los ponía en el punto de mira de cualquier política de Estado basada en una biología de la raza. En palabras de Arendt: "Los judíos habían podido escapar del judaísmo (la religión) mediante la conversión; pero de la naturaleza judía (la raza) no había escapatoria" (Origins, p. 87).



El Anti-Judaísmo Racial Alemán

     Donde el anti-judaísmo se produjo con mayor virulencia fue en Alemania, en parte por la judeofobia luterana, y en parte por la Aufklärung alemana que, impregnada de un nacionalismo exacerbado, deseaba encontrar sus raíces y su identidad. Los judíos representaban el 1% de la población total del Imperio de Guillermo II, encontrándose en Prusia dos tercios de ese porcentaje.

     Se pueden encontrar cuatro tipos de odio hacia los judíos. El primero es el anti-judaísmo a la antigua. Éste se hallaba entre los pequeños campesinos y comerciantes quienes se veían obligados a pedir prestado dinero a los judíos. El segundo era el anti-judaísmo religioso que exigía el bautismo como "pasaporte para la libertad", según la expresión de Heine. Ante eso muchos judíos renunciaron a sus creencias religiosas y se hicieron Protestantes, ateos o incluso llegaron a generar un profundo desprecio hacia la religión. El tercer tipo de odio era el de exclusión de la buena sociedad (Bildungsbürgertum), que impedía el acceso de los judíos a las altas funciones del Estado y sobre todo al ejército. En Prusia, por ejemplo, los judíos no podían llegar al grado de teniente, ya que eso suponía el primer paso para un ascenso social. El cuarto anti-judaísmo es el común y corriente, y se desarrolló en la pequeña burguesía desde la década de 1870.

     Fruto de ese anti-judaísmo surgieron partidos anti-judíos que llegaron a obtener dieciséis escaños en el Reichstag en 1893. Esos partidos echaban la culpa de todos los males económicos a los judíos, y por ello tuvieron éxito hasta 1904, en que la economía se consolidó.

     Los descubrimientos en el mundo de la lingüística por William Jones en 1786 y la ley de Grimm de 1822 van a dar argumentos a los racistas judeófobos. Las investigaciones de las lenguas europeas determinaron la afinidad entre el sánscrito, el griego y el latín, postulando un origen común junto con el celta y el gótico en un idioma indoeuropeo que surgiría en las tierras orientales de la India entre las razas arias que las habitaban.

     Por el contrario, las lenguas semíticas (hebreo, árabe, arameo) tendrían su origen en las razas semíticas derivadas del judaísmo. Christian Lassen (1800-1876) decía que "los semitas no poseen el equilibrio armonioso entre todos los poderes del intelecto, tan característico de los indogermánicos", y su colega francés Ernest Renan condenaba la actividad judía por "la espantosa simplicidad de la mentalidad semita".

     El anti-judaísmo fue empleado como instrumento político durante el gobierno de Bismarck. Desde sus comienzos el nacionalismo alemán alimentó la fobia contra los judíos, considerándolos protegidos de los franceses. En cada crisis económica se echaba la culpa a los judíos, quienes eran sistemáticamente perseguidos. Así pasó en las crisis de 1848, de 1873 y en las siguientes.


La Crisis de 1878-1879 y la Creación de las Ligas Anti-Judías

     Durante la crisis de 1878-1879 se realizó una alianza entre grandes propietarios e industriales para un retorno al proteccionismo. El historiador Heinrich von Treitschke declaró entonces que los judíos eran la desgracia de los alemanes. En 1881 el sociólogo Eugen Dühring publicó Die Judenfrage als Rasen- Sitten- und Kulturfrage (La Cuestión Judía desde el Punto de Vista de la Raza, las Costumbres y la Cultura). Algunos científicos como Karl Grattehaver llegaron a afirmar que el mal olor de los semitas procedía de un "hedor judaico producido por cierto amonium pyro-oleosum".

     El orientalista Paul de Lagarde (1827-1891) escribe en Judíos e Indogermanos (1887) una analogía entre judíos y gérmenes peligrosos para la salud de los hombres. Además sugiere un tratamiento: "No hay trato con la triquina y los bacilos. No se educa a la triquina y a los bacilos; se los extermina tan rápida y radicalmente como sea posible".

     A finales de siglo surgen en Alemania numerosos partidos anti-judíos. Su acción se basaba en tres presupuestos: el económico, el religioso y el nacional-racial.

     En 1878 el "pastor" Protestante Adolf Stocker creó el primer partido anti-judío cuyo slogan era "Alemania ¡Despierta!". Stocker consideraba que un odio común permitiría superar las oposiciones que fragmentaban a la sociedad alemana, por lo que abogó por lograr un país purificado de judíos, afirmando que "el judaísmo es una gota de sangre ajena al cuerpo germano y con poder destructivo".

     En 1879 se creó la Liga Antisemita alemana fundada por Wilhelm Marr. Un escritor y periodista ligado a este movimiento llamado Heinrich von Treitschke (1835-1896) trataba de buscar argumentos para legitimar la "germanización" forzosa de la minoría polaca de Prusia. Para él, las virtudes alemanas estarían en peligro si llegara a haber una gran proporción de judíos entre ellos. Justificará todo exceso anti-judío como "una reacción brutal y natural del sentimiento nacional alemán contra un elemento extranjero". Creía firmemente que los judíos controlaban la prensa alemana y que estaban preparando una migración masiva de judíos desde Polonia para llegar algún día a ser mayoritarios en Alemania. Fue él quien acuñó la que luego sería una popular frase: Die Juden sind unser Unglück! (Los Judíos Son Nuestra Desgracia), adoptada posteriormente como slogan por el periódico nacionalsocialista Der Stürmer.

     El primer Congreso anti-judío se reunió en 1882 en la localidad de Dresden [*], y en 1895 llegaba al poder, por primera vez en la Historia, un partido con una plataforma judeófoba.


     Eugen Dühring (1833-1921), un abogado, filósofo y economista alemán publicó en 1880 La Cuestión Judía como un Problema de Raza, Costumbres y Cultura. Dühring daba clases de filosofía en la Universidad de Berlín, desde donde ejerció una influencia muy importante. Pensador de Izquierda, fiel seguidor del movimiento obrero y de las ideas de Marx y Engels, el mismo desarrolló un sistema que intentaba fusionar el positivismo de Comte con el materialismo ateo de Feuerbach. En su texto ataca a los judíos escribiendo:

     "El origen del descontento general sentido hacia la raza judia es debido a su inferioridad en todos los campos intelectuales. Los judíos demuestran una falta de espíritu científico, un débil entendimiento de la filosofía, una inhabilidad de crear en las matemáticas y hasta en la música. La fidelidad, la reverencia, el respeto y todas las cosas grandes y nobles, son extrañas a ellos. Por esto es que esa raza es inferior y depravada... La obligación de los pueblos nórdicos es exterminar esas razas parásitas de la misma forma en que se extermina a las víboras y animales de presa" (Eugen Dühring, La Cuestión Judía, 1880).


La Crisis de 1890 y el Surgimiento de las Ideas Völkisch

     La crisis de la década de 1890 fue más marcada. En esa época surgieron las organizaciones patronales, los sindicatos obreros, la Liga Agraria y la Liga de los Empleados de Comercio. Estas dos últimas emplearon el anti-judaísmo contra el liberalismo y el socialismo internacionalista, buscando identificar a ambos con los judíos.

     Hubo tres autores que difundieron las ideas völkisch (nacional-populistas) y anti-judías: Paul de Lagarde (seudónimo de Anton Bötticher), Julius Langbehm y Arthur Möller van den Bruck. Los tres se consideraban guardianes de un pasado mítico, y atacaron el progreso y la modernización, especialmente el liberalismo. Los tres buscaban una religión nacional destinada a unir a todos los alemanes y a unificar la Germania, para lo cual reclamaban un Führer (guía) para personificar y realizar esa unidad. Los tres se declaraban anti-judíos encarnizados, pues veían en el judío al bacilo de la disolución del Volk. El libro de Möller van den Bruck Das Dritte Reich (El Tercer Reich, 1922) dio el nombre al Estado nacionalsocialista. Muy pronto aquellos que buscaban una nueva cultura de esencia germánica hicieron del anti-judaísmo su bandera.

     Todas esas ideas se difundieron desde principios de siglo gracias a la Heimatkunde (instrucción patriótica) en las escuelas primarias y secundarias, al surgimiento de los movimientos juveniles, la Bündische Jugend (juventud confederada), y a los Wandervögel (movimiento naturalista de jóvenes). En Austria surgieron también organizaciones similares que introdujeron en 1911 el Arierparagraph (artículo ario), que impedía a los no-arios el acceso a ciertos grupos. Uno de esos grupos fue la Liga Pangermanista, cuyo presidente Hermann Class publicó en 1912 el libro Wenn ich der Kaiser wäre (Si Yo Fuera Emperador). En ese texto preconizaba una dictadura capaz de lograr una sociedad ideal que encarnara al "pueblo eterno". Proponía también colonizar los territorios del Este, e hizo suya la ideología imperialista del Estado alemán.

     En 1911 Werner Sombart publicó El Judío y el Capitalismo Moderno. En ese tratado él afirma que el judaísmo y el capitalismo son sinónimos, y declara en la misma línea que años antes declarara Dühring, que "los intereses y las facultades intelectuales están mas desarrolladas en ellos que las habilidades manuales".


La Tercera Crisis y el Anti-Judaísmo de Estado

     La tercera gran crisis tuvo lugar durante la Primera Guerra Mundial. El ministro de la Guerra efectuó en 1916 un censo de judíos y llegó a una conclusión sorpredente a la vez que contradictoria: los judíos que se encontraban en el frente eran unos cobardes, mientras que los que se encontraban en la retaguardia estaban aprovechándose de la guerra para sus negocios. Era la primera vez que un organismo estatal se volcaba abiertamente al anti-judaísmo. Cuando la guerra empezó a ser desfavorable para Alemania, se creó un Partido de la Patria (Vaterlandspartei) profundamente anti-judío.

     El psicoanalista Carl Gustav Jung (1875-1961) trató de realizar una psicología racial. Para él existía un inconsciente ario y un inconsciente judío claramente distintos. Para Jung el primero posee un "potencial superior al segundo", y añadía que el judío "tiene algo de nómada y es incapaz de crear una cultura propia: todos sus instintos y sus dones exigen para desarrollarse un pueblo-anfitrión más o menos civilizado".

     Además, Jung le reprochaba a la psicología médica que aplicara a los alemanes categorías judías, en clara referencia al psicoanálisis de su colega y rival Sigmund Freud. Las colaboraciones entre Jung y el régimen nacionalsocialista fueron claras a pesar de los intentos por parte de sus seguidores por limpiar a Jung de toda sospecha de anti-judaísmo. En 1992 el psicoterapeuta jungiano Andrew Samuels reconoció que el intento de instaurar una psicología de las naciones llevó a Jung a adherirse a la ideología nacionalsocialista.–







1 comentario:

  1. Excelente artículo.
    Si en la actualidad los países se dieran cuenta de lo importante que es conservar una raza "pura" y se opusieran al plan judaico de la "inmigración", muchas cosas serían mejores. Disminuiría la delincuencia, las violaciones, los asesinatos y todo el resto de cosas que han venido de la mano con la inmigración.
    Saludos Cordiales.

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