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lunes, 4 de abril de 2016

Paul Grubach - Sobre la Acusación de "Anti-Semitismo"



     En 1988, en el vol. 8 Nº 2 de The Journal of Historical Review, fue publicado el artículo que a continuación presentamos en castellano del historiador y escritor estadounidense Paul Grubach, activo investigador de las patrañas que se originaron tras la Segunda Guerra y que han servido y todavía sirven para establecer dictaduras y organizaciones con fachadas democráticas en los países occidentales las cuales, mediante ominosas leyes, pretenden que la gente se trague, como se dice, el anzuelo, el plomo y la lienza, es decir, que acepte la pérdida de su identidad, de su patrimonio y su eliminación en nombre de un imaginario genocidio cuyo testimonio más sólido permanece oculto en las tinieblas.


Una Crítica a la Acusación de "Anti-Semitismo":
La Legitimidad Moral y Política de Criticar a la Judería
por Paul Grubach, 1988



I

     Incluso en las sociedades democráticas abiertas como la nuestra, que carecen de las formas más obvias de control ideológico, existe todavía una ortodoxia pública: un conjunto de suposiciones, ideas y doctrinas que son raramente, si es que alguna vez, cuestionadas. Un aspecto clave de la ortodoxia pública es el tabú psico-social. Este último puede ser definido como una aversión emocional privada y una prohibición social pública anexada a ciertos modos de pensamiento y crítica pública.

     Específicamente, si una creencia considerada como un componente de la ortodoxia pública es públicamente rechazada, o incluso cuestionada, el transgresor es probable que sea etiquetado como "malo" y que sea sometido a la exclusión social. Hay una contraparte privada e interna de esta inhibición pública: si un individuo que acepta la ortodoxia pública reinante rechaza o cuestiona uno de sus principios en privado, él probablemente se someterá a sí mismo a sentimientos de culpa que se acercan a una especie de "sagrado temor". En palabras de Sigmund Freud, "La violación del tabú hace del propio transgresor un tabú" [1].

[1] Encylopaedia Brittanica, 11ª ed., artículo "Taboo", por Northcote W. Thomas, citado en The Basic Writings of Sigmund Freud, Nueva York, 1938, vol. 5, p. 823.

     Ejemplos de sociedades con ortodoxias públicas, que están a su vez protegidas por tabúes psico-sociales, no son difíciles de encontrar. Por ejemplo, considere el estatus de la Iglesia católica y sus doctrinas teológicas en la Europa medieval y durante la época de la Inquisición. Cuestionar los principios cardinales de la creencia cristiana era arriesgar no sólo la exclusión sino el encarcelamiento, la tortura y la muerte. Un ejemplo más contemporáneo es el caso del marxismo-leninismo en la Unión Soviética. Cada ciudadano soviético está consciente de que criticar al Partido comunista o sus doctrinas ideológicas lo expone a acusaciones de "corrupción burguesa", "difamación anti-soviética" y "contra-revolución retrógrada", y a la correspondiente censura y castigo.

     Finalmente, cada ciudadano estadounidense sensitivo y obediente sabe que criticar a los judíos como un grupo, a la cultura judía, los patrones de comportamiento judíos, el presunto "Holocausto", etc., es tomar parte de un "inmoral racismo anti-judío". Cuidadosamente alimentado por los medios públicos de comunicación, el tabú de criticar a la judería está profundamente alojado en la conciencia de la gran mayoría de los estadounidenses, influyendo directamente en su aceptación o rechazo de críticas hacia actitudes y comportamiento de los judíos, independientemente de la verdad o falsedad de tales afirmaciones.

     ¿Es anti-judaísmo la crítica directa a los judíos, y, por inferencia, algo moral y políticamente ilegítimo, y así indigno de un examen serio? Si no lo es, ¿cuál es el verdadero significado de la etiqueta "anti-semita" aplicada a tal crítica?.

     Este informe está dirigido a aquellos que abrigan las siguientes creencias:

1. La crítica a la gente judía, su cultura y su comportamiento, etc., es sinónimo de racismo inmoral;

2. A lo sumo, dicha crítica sólo debe ser tolerada debido a la protección que la Primera Enmienda da a la libre expresión, o, en el peor de los casos, ser reprobada y censurada.

     Puedan ser rotas las cadenas psíquicas de aquellos que se oponen a la expresión sin tabúes.


II

     Según la teoría política democrática sobre la cual está fundada nuestra república, la fuente última de todo el poder político reside en la gente. Cada ciudadano en un Estado realmente democrático está supuestamente dotado con una igualdad de oportunidades para expresar un punto de vista particular e influír en las decisiones de los poderes que gobiernan [2].

[2] The Encyclopaedia of Philosophy, ed. de 1967, s.v. "Democracy", por Stanley I. Benn.

     Adjunto a la teoría democrática está el principio de que los diversos poderes y fuerzas —aunque ellos puedan estar desconectados del gobierno— que influyen en la dirección social, económica o política de la sociedad, están sujetos al escrutinio y la crítica por parte de los ciudadanos de una democracia. Según el historiador Bernard Bailyn, la noción de que "la preservación de la libertad se basa en la capacidad de la gente para mantener controles eficaces sobre los que ostentan el poder" fue una de las doctrinas políticas sobre las cuales se basó la Revolución estadounidense [3]. El poder político y social debe ser controlado, o de otro modo se hace represivo. El escrutinio público y la crítica son un control eficaz sobre el poder político y social; la inmunidad ante la crítica es equivalente a un poder no controlado.

[3] The Ideological Origins of the American Revolution, Massachusetts, 1967, p. 65.

     En efecto, la Primera Enmienda a la Constitución garantiza —entre otras formas de libre expresión— el derecho del ciudadano a examinar y criticar en público a las diversas fuerzas sociales y políticas que influyen en nuestro destino nacional. En ese supuesto, la Primera Enmienda no sanciona el gritar "Fuego" en un teatro atestado. Esto ciertamente salvaguarda, sin embargo, la crítica de ideas, teorías, fuerzas ideológicas y grupos sectarios que dirigen el curso socio-político de la sociedad, independientemente del hecho de que la crítica en cuestión puede violar las sensibilidades de un grupo poderoso. Cualquier factor —sea un grupo, una institución, un cuerpo de ideas, un conjunto de valores culturales, etc.— que afecte al sistema social, las leyes, el desarrollo histórico y las políticas de una nación democrática, está sujeto a la crítica pública por parte de los ciudadanos de aquella democracia.

     En resumen, los ciudadanos de nuestra democracia tienen el derecho moral y político de analizar en público, debatir y criticar a los poderes que influyen en la dirección socio-política de la nación. Se sigue, entonces, que cualquier cosa que inhiba o silencie la crítica pública de un grupo social y políticamente poderoso equivale a una infracción de un derecho democrático básico.

     Considere el impacto, entonces, de un tabú psico-social que vincula en las mentes de los ciudadanos un sentido del mal y de vergüenza ante la crítica negativa a un grupo social y políticamente poderoso, y adjunta una etiqueta pública de "mala persona" a cualquiera que critique a ese mismo grupo. El tabú entonces equivale a una infracción del derecho de un ciudadano a cuestionar a un grupo que tiene un marcado efecto sobre las fortunas y el destino de su sociedad. ¿Cuántos soportarán la censura moral proveniente de su propia conciencia (un sentido abrumador de "soy malo") por pensar "pensamientos heréticos"? De aquellos pensadores directos no disuadidos por tal auto-censura, ¿cuántos expresarán en público su crítica a tal grupo, si el resultado final es ser difamado como "malo" y expuesto a la consiguiente exclusión social?.

     Examinemos diferentes aspectos de la influencia social y política judía sobre la escena estadounidense.

1. Dado que los judíos votan en números desproporcionadamente altos (a diferencia de otros grupos étnicos, que están por lo general sub-representados en las votaciones), el voto judío es un factor significativo en muchas elecciones. Según el autor de Jews and American Politics, Stephen D. Isaacs, el voto judío es "ciertamente suficiente para ser decisivo en una elección cerrada, y aún más influyente considerando que esos votos tienden a ser emitidos como un bloque y que se aglomeran en Estados con gran voto electoral" [4]. Así, el poder electoral judío no puede ser visto simplemente como judíos individuales que ejercen su poder individualmente. Más bien, el voto judío es un tipo de poder político que los judíos ejercen como grupo.

[4] Jews and American Politics, Nueva York, 1974, p. 7.

2. En relación a los no-judíos, a los judíos es probable encontrarlos entre 2½ a 3 veces más en el Congreso, en proporción a su cantidad entre la población general. Ocho miembros del Senado y treinta miembros de la Casa de Representantes son judíos. En cuanto a la influencia judía en los salones del Congreso y la burocracia del gobierno, el comentarista político judío Wolf Blitzer escribió: "Ya sea en el Pentágono, en el Ministerio de Asuntos Exteriores, la CIA, la Casa Blanca, el Consejo de Seguridad Nacional, el Ministerio de Justicia, la FBI o el Congreso, no hay ninguna escasez de judíos trabajando en posiciones muy altas y extremadamente sensibles".

3. Aproximadamente el 50% de las contribuciones monetarias al Partido Demócrata proviene de la comunidad judía. Existe una íntima conexión entre las contribuciones económicas a un partido político y las políticas totales que aquel partido apoyará. Las contribuciones judías al Partido Demócrata son lo bastante grandes como para permitir una inmensa influencia judía en un pilar del sistema político estadounidense. En palabras de un estratega Demócrata, "Usted no puede esperar ir a ninguna parte en la política nacional, si usted es un Demócrata, sin el dinero judío" [5].

[5] Citado en Paul Findley, They Dare to Speak Out: People and Institutions Confront Israel's Lobby, Connecticut, 1985, p. 47.

4. La Izquierda ha ejercido una influencia significativa sobre la sociedad estadounidense en conjunto, tanto cultural como políticamente, y los judíos siempre han sido una fuerza principal en la Izquierda. Según un importante estudio de la Izquierda, "Desde su inicio, los estadounidenses de ascendencia judía desempeñaron un papel fundamental en el Partido Comunista" [6]. De la Nueva Izquierda de los años '60, los mismos autores señalan que aquellos judíos estadounidenses "proporcionaron una mayoría de sus miembros más activos y quizá incluso una proporción más grande de su dirigencia superior". Los intelectuales judíos Erich y Rael Jean Isaac fueron mucho más francos: "Los estudiantes [del movimiento estudiantil de la Nueva Izquierda] eran en su mayoría judíos" [7].

[6] Stanley Rothman y S. Robert Lichter, Roots of Radicalism: Jews, Christians, and the New Left, Nueva York, 1982, p. 98.
[7] Review of Roots of Radicalism, en The American Spectator, .vol 16, Nº 5, Mayo de 1983, p. 26.

5. A mediados de los años '70 se vio la aparición de un movimiento "neo-conservador", el impacto político del cual, entre los Demócratas así como entre los Republicanos, ha sido profundo. Los judíos jugaron —y siguen jugando— un papel central en el "neo-conservadurismo".

6. El lobby de Israel es una poderosa prolongación de la comunidad judía estadounidense. Su poder político y social, y su capacidad de influír en la política exterior estadounidense respecto al Oriente Medio, han sido ampliamente documentados en otras partes. Bernard Gwertzman, escribiendo en el pro-sionista New York Times, admite: "No creo que haya realmente alguna duda de que Israel tenga el lobby doméstico más eficiente y más influyente en este país. La Administración de Reagan, por ejemplo, nunca hizo ningún movimiento en Oriente Medio sin consultar con el Comité Estadounidense de Asuntos Públicos de Israel (AIPAC), el principal lobby pro-Israel, y muchos senadores y miembros del Congreso rutinariamente miran a aquel grupo en busca de orientación en los asuntos de Oriente Medio".

7. El crimen organizado ha hecho un impacto indudable en la historia social y económica de Estados Unidos. Según el Jewish Almanac, en referencia a gángsters judíos, "No sería una exageración decir que su influencia en el crimen organizado en Estados Unidos durante los años '20 y '30 rivalizó con, si es que no excedió, la de sus homólogos italianos" [8].

[8] Richard Siegel y Carl Rheins, eds., The Jewish Almanac, Nueva York, 1980, p. 58.

8. La influencia económica judía en Estados Unidos es significativa —¡para decirlo suavemente!—, y ningún ensayo breve, de un párrafo, podría probablemente hacerle justicia. Para una discusión de la influencia judía en la banca, las finanzas, la industria, etc., el lector puede consultar uno de tales estudios [9].

[9] Wilmot Robertson, cap. 15 de The Dispossessed Majority, "The Jews", 1981, pp. 152-201.

9. Uno de los instrumentos claves de la influencia judía en Estados Unidos han sido los medios de comunicación estadounidenses y la industria editora de libros. Tan temprano como en 1936, aproximadamente el 50% de los medios de comunicación que fabrican gustos e influyen en ellos (incluída la industria editora de libros) estaba poseído por los judíos. La omnipresente propiedad judía de las principales publicaciones de los medios de comunicación ha continuado hasta hoy.

     La más grande cadena comercial de emisoras de radio en EE.UU. hoy, Universal Broadcasting, es poseída por un judío, Howard Warshaw. Un número significativo de los periódicos y revistas más influyentes —como el New York Times, el Washington Post, el St. Louis Post Dispatch, TV Guide, New Republic, por nombrar sólo unos cuantos— son poseídos por individuos de ascendencia judía [10]. Uno de los Imperios de comunicaciones más grandes en Estados Unidos es la cadena Newhouse poseída por judíos. Abarca 21 diarios, 5 revistas, 6 estaciones de televisión, 4 emisoras de radio, y 20 sistemas de televisión por cable [11].

[10] Alfred M. Lilienthal, The Zionist Connection II, p. 219.
[11] Richard Siegel y Carl Rheins, The Jewish Almanac, p. g9.

     En 1974, un escritor que estudió de cerca la influencia socio-política judía en Estados Unidos encontró que "las redes (de televisión) son poseídas y manejadas en gran parte por judíos" [12]. Él posteriormente añadió: «Tres redes comerciales crecieron bajo judíos brillantes: la NBC como parte de la Radio Corporation of America, del general David Sarnof; la CBS bajo William S. Paley, y la ABS bajo Leonard Goldenson, después de su separación de la antigua "Blue Network" de la NBC».

     En un estudio publicado en 1973 se estimaba que el 58% de los productores y editores de noticias en la red televisiva ABC era judío. Un estudio de 1971 reveló que aproximadamente la mitad de los productores de programas de televisión de las horas de mayor audiencia eran judíos [13].

[12] Stephen D. Isaacs, Jews and American Politics, p. 46.
[13] Muriel Cantor, The Hollywood TV Producer, New York, 1971, citado por Rothman y Lichter, Roots of Radicalism, p. 97.

     En un estudio muy reciente acerca de los judíos y el cine estadounidense, un investigador judío concluyó: "Los judíos han tenido el control de los medios de producción [de películas] y por ello han disfrutado de una imagen protegida a pesar de su estatus de minoría en la sociedad" [14]. El 50% de las principales empresas editoras de libros es poseído por judíos [15]. En consecuencia, el establishment cultural judío, por medio de su influencia masiva en los medios de comunicación, es capaz de determinar en alto grado qué será publicado y qué no, y puede proyectar así sus creencias etno-culturales sobre la masa del pueblo estadounidense.

[14] Particia Erens, The Jew in American Cinema, Bloomington, 1984, p. 28.
[15] James Yaffe, The American Jews, Nueva York, 1968, p. 225.

     Uno por lo tanto está justificado al concordar con el psicoanalista Ernst van den Haag, presentado en The Jewish Mystique: los judíos como grupo —la cultura de la diáspora judía en Estados Unidos— son una considerable fuerza social y política en la sociedad estadounidense. Ellos forman una élite cultural que ejerce un marcado impacto sobre la dirección socio-política de la sociedad estadounidense. En palabras del presidente del American Jewish Congress, Theodore Mann, "Nosotros [los judíos] tenemos el verdadero poder político, y hemos llegado a sentir nuestra fuerza". En las aleccionadoras palabras de Marshal Bregar, antiguo enlace judío con la Casa Blanca de Reagan, "Nosotros debemos ser sobrios y no sólo regocijarnos por todo el poder judío que tenemos".

     Para hacer el argumento absolutamente claro, lo presentamos en la forma de un simple silogismo:

Premisa principal: Inherente en la teoría política democrática está el derecho de cada ciudadano a examinar y criticar públicamente y en privado a aquellos poderes que influyen en la vida social, política o económica de la sociedad.

Premisa menor: La judería estadounidense —incluyendo sus valores culturales— es un grupo tan poderoso que tiene un impacto significativo sobre la vida social, política o económica de la sociedad democrática.

Conclusión: Por lo tanto, es el derecho del ciudadano examinar y criticar a la judería y su estructura de poder socio-política.

     Existe, además, un corolario directo para este silogismo: la existencia del tabú psico-social de que "la crítica a la judería es sinónimo de un racismo inmoral" es una infracción del derecho democrático a cuestionar cualquier interés socio-político poderoso. Este tabú funciona como una censura auto-administrada, haciéndolo a uno sentirse culpable por pensar críticamente acerca del poder político y social de la judería, y también somete a cualquier crítica pública de los judíos al etiquetaje burlesco como "anti-judaísmo racista".

     Teniendo en cuenta estas advertencias, ¿cuántos estadounidenses se atreven a arriesgar ejercer su derecho a criticar a la judería estadounidense?. ¿Cuántos hombres de negocios, profesionales, líderes laborales, académicos, intelectuales y políticos cerrarán sus mentes y renunciarán a sus deberes bajo el hechizo de ese tabú, descartando afirmaciones posiblemente verídicas acerca de la judería simplemente porque esas afirmaciones constituyen una crítica negativa y poco halagüeña?.

     Dejar a los judíos, sus valores culturales, sus creencias, sus tendencias, su historia, etc., exentos del escrutinio crítico ha sido tradicionalmente la función principal de la acusación de "anti-semitismo". Se trata, como veremos pronto, de un arma político-intelectual del poderoso establishment judío, usada para silenciar a sus críticos. En un sentido histórico, es similiar a la acusación de "herejía" empleada por los poderosos poderes teocráticos en épocas pasadas, o a la acusación de difamación anti-soviética usada por el Partido Comunista en la Unión Soviética hoy. En todos estos casos, los poderes atrincherados emplean tales acusaciones contra críticos que ellos consideran una amenaza, y ya el solo hecho de mencionar dicha acusación está destinado a aterrorizar. Al asociar un sentido del mal con la crítica a su poder o a las doctrinas que ellos promueven, dichas estructuras político-culturales protegen su poder y sus doctrinas ideológicas de la crítica racional.

     Incluso contra la afirmación de que los judíos como grupo no tienen poder, sino que sólo judíos individuales lo tienen [16], el argumento todavía se aplica. Si los particulares valores culturales judíos, sus creencias, costumbres y otros por el estilo están provocando que individuos judíos política o socialmente influyentes tomen decisiones que afectan a la sociedad en general, entonces es el derecho del ciudadano someter a esos mismos valores judíos, creencias o características culturales, que afectan a la sociedad por medio de las decisiones de judíos individuales, a una crítica racional [17].

[16] Hyman Bookbinder, del American Jewish Committee, una vez hizo una afirmación para este efecto, como lo cita Stephen D. Isaacs, Jews and American Politics, p. 246. Entre otras cosas, él dijo: "Pero en cuanto al poder político judío, hay relativamente poco poder político judío organizado". Basado en la evidencia presentada en este ensayo, creo que uno está justificado si rechaza esta afirmación como falsa. Los judíos como grupo tienen realmente poder político, y mucho.
[17] Aunque haya muchas diferencias individuales entre los miembros de cualquier agrupación cultural, eso sin embargo no excluye la persistencia de patrones generales de conducta y de pensamiento entre los individuos del grupo, ni características comunes al grupo como un todo. La historiadora judía Lucy S. Dawidowicz ha aclarado esto en The War against the Jews: 1933-1945, Nueva York, 1975, p. 464. El comportamiento judío durante las crisis de la Segunda Guerra Mundial, destacó ella, estuvo en gran parte determinado por "los valores dominantes de la tradición y la cultura judía, y un carácter y personalidad nacional frecuente. El carácter nacional refleja las influencias formativas duraderas de la cultura e historia de un pueblo. Por medio de los procesos de socialización durante los cuales los valores del grupo y los patrones de comportamiento comunes a todos sus miembros son transmitidos por la familia y por los pares, la singularidad de cada individuo es modificada y temperada por las características nacionales".

     Las implicaciones de estos argumentos son aún mayores que las que puedan aparecer a primera vista. No se sostiene aquí que la crítica a los judíos debería ser "tolerada" por motivos de "libertad de expresión", para satisfacer un tecnicismo legal de la Primera Enmienda. Más bien, dentro de una sociedad que apoya una filosofía democrática, es en realidad moralmente correcto examinar y criticar todos los aspectos del poder socio-político de los judíos. Así, la crítica negativa a los judíos no es inmoral en sí. ¡Muy por el contrario! Es la acusación general de anti-semitismo, levantada ante cualquier desafío al poder y la influencia de los judíos, la que es inmoral.


III

     La pregunta permanece: si el tabú ("la crítica a la judería es mala") y la manera en la cual la acusación de anti-judaísmo es utilizada son incompatibles con los principios democráticos, entonces ¿por qué el tabú del anti-judaísmo predomina en una sociedad como la nuestra, que está basada sobre principios democráticos? Si no es desde la razón ni de los principios de la democracia estadounidense, ¿de dónde sacan ellos su poder de influír?. ¿A cuáles propensiones irracionales del hombre —ya que no a sus facultades racionales— apelan ellos a fin de hacerlas tan eficaces y persuasivas?. ¿Qué funciones cumplen realmente ellos?; ¿los intereses o las necesidades de quién satisfacen ellos?.

     Para contestar estas preguntas debemos comenzar por el principio, con términos adecuadamente definidos. Según el American Heritage Dictionary, un "anti-semita" es definido como "una persona que es hostil hacia o que tiene prejuicios contra los judíos" [18]. En una edición anterior de esta publicación [Journal of Historical Review], L. A. Rollins aludió a los criterios usados por muchos judíos y no-judíos para determinar quién calza en esta definición [19]. Si un individuo hace una declaración crítica hacia los judíos, se deduce que esa persona alberga odio y prejuicio hacia los judíos. Estos criterios, la manera en la cual el anti-semitismo es determinado (es decir, si una declaración es crítica hacia los judíos, entonces el individuo que hizo la afirmación es por lo tanto un "anti-semita") están firmemente implantados en las mentes de muchos judíos y Gentiles. Huelga decir que esta perspectiva es parte esencial de la ortodoxia pública.

[18] American Heritage Dictionary, Boston, 1982, 1985, s.v. "anti- Semite".
[19] Reseña de Why the Jews? The Reason for Anti-Semitism, de Dennis Prager y Joseph Telushkin, The Journal of Historical Review, vol. 5, Nº 2, 3 y 4, 1984, pp. 376-377.

     El señor Rollins ciertamente expuso la conclusión errónea implicada aquí. Las declaraciones críticas hacia los judíos no necesariamente indican odio y prejuicio contra ellos. En realidad, las declaraciones críticas dirigidas hacia judíos podrían servir igualmente para indicar que el individuo que hizo las declaraciones alberga dentro de sí —más bien que odiosidad y prejuicio— un profundo sentido de humanitarismo.

     Por ejemplo, considere el caso de John Demjanjuk, un ucraniano estadounidense que fue acusado de crímenes de guerra, despojado de su ciudadanía, y enviado a Israel para un juicio-espectáculo. En cuanto al caso Demjanjuk, el doctor Edward Rubel hizo esta declaración: "Los grupos de presión de sionistas judíos en Washington hablan a través de la OSI [Oficina de Investigaciones Especiales] para el gobierno estadounidense". Tal como era de esperarse, un miembro judío de la ADL, Yitzhak Santis, acusó a Rubel de "anti-semitismo". Es decir, Santis interpretó la afirmación de Rubel como crítica hacia los judíos, y por lo tanto ha deducido que él abriga un odio de creencias irracionales contra los judíos. ¿Pero se deduce necesariamente esta inferencia última? ¡De ningún modo!.

     Sobre la base de la declaración de Rubel, uno podría hacer justificadamente una inferencia completamente diferente. Específicamente, Rubel podría en vez de eso abrigar una firme creencia en la inocencia del señor Demjanjuk, y a partir de una profunda preocupación humanitaria por la grave situación de éste, haber hablado claro contra las fuerzas que él sinceramente cree que están injustamente persiguiendo a Demjanjuk. En otras palabras, la preocupación humanitaria por Demjanjuk, y no el odio a los judíos, puede haber hecho que Rubel hablara críticamente de la presión judía. Santis, sin embargo, automáticamente ha supuesto una intención hostil de parte de Rubel. (La pregunta permanece: ¿qué fuerzas psico-sociales han inducido a Santis a suponer una intención hostil?). Además, la afirmación de Rubel —de las funciones de la OSI como un brazo gubernamental de grupos de presión de sionistas judíos— no es un prejuicio irracional sino más bien una opinión completamente plausible que es apoyada por la evidencia.

     Pero incluso si las declaraciones críticas hacia los judíos indican realmente que el expositor de tales declaraciones abriga hostilidad hacia los judíos, las declaraciones en cuestión pueden ser sin embargo verdaderas. Un ejemplo servirá para ilustrar este punto.

     Ernest Dube, un profesor negro que en un tiempo tuvo un puesto como profesor en la Universidad Estatal de Nueva York (Stony Brook University), enseñaba en sus cursos que el Sionismo es una forma de racismo. Un profesor visitante israelí, Selwyn K. Troen, acusó a Dube de "anti-semitismo", añadiendo que igualar Sionismo con racismo es "una forma de usar slogans que es practicada por los anti-semitas". Al acusar a Dube de anti-semitismo, ¿precisamente qué quiere decir Troen? Sostener que Dube es un anti-semita, según la definición de diccionario del término ya citada, es equivalente a afirmar que él alberga, muy en lo profundo, un odio neurótico contra los judíos. Ese odio a los judíos ha hecho que él haga declaraciones irracionales, despectivas y perjudiciales sobre ellos ("uso de slogans anti-semíticos").

     Caso cerrado, fin de la historia. Dube debería ser dejado de lado como un chalado neurótico, despedido de su trabajo de enseñanza también, y su afirmación de que el sionismo es una forma de racismo debería ser igualmente descartada como una declaración obviamente falsa y prejuiciosa.

     Aquí tenemos un excelente ejemplo de una mezcla de una falacia ad hominem y una falacia de "lenguaje emocional". El hecho de que el profesor Dube pueda tener una presunta deficiencia de carácter —un odio profundamente arraigado a los judíos— no tiene nada que ver con la verdad objetiva o la falsedad de su enseñanza de que sionismo equivale a racismo. Los rasgos del carácter personal de Dube son lógicamente irrelevantes en cuanto a la exactitud o la incorrección de sus argumentos o afirmaciones acerca del sionismo político. Es decir, el sionismo en efecto podría ser una forma de racismo, independientemente de si Dube alberga un odio personal contra los judíos.

     Además, etiquetar la creencia en cuestión como "uso de slogans por parte de los anti-semitas" es sólo hacer eso y nada más. "Sloganismo anti-semítico" es una frase cargada de emoción agregada a la afirmación, pero no hace nada para refutar la verdad de la aseveración. Es un artificio lingüístico, el efecto del cual es evocar todas las emociones negativas y las respuestas asociadas con la palabra en código de "anti-semitismo" en las mentes de los oyentes, y de esa manera inducirlos a rechazar descontroladamente la declaración de Dube de que el sionismo equivale a racismo. En palabras del lógico Alex Michalos, "La falacia de Confusión con Lenguaje Emocional es cometida cuando, sin aumentar las pruebas de apoyo para una opinión, dicha opinión es hecha más persuasiva por el uso de un lenguaje emocional" [20].

[20] Alex C. Michalos, Improving Your Reasoning, New Jersey, 1970, p. 78.

     ¿Ha habido de hecho alguna prueba ofrecida para demostrar que la enseñanza de Dube es falsa? Ningunas evidencia en absoluto fue ofrecida en las declaraciones de los acusadores de Dube para refutar su enseñanza. (Que el sionismo es en efecto una forma de racismo, según definiciones liberales y humanitarias del término, ha sido argumentado de forma convincente por muchos autores) [21].

[21] Naciones Unidas, Asamblea General 10 de Noviembre de 1975, Resolución 3379 (XXX) que Determina que el Sionismo Es una Forma de Racismo; Sami Hadawi, "Who Are the Palestinians?", The Journal of Historical Review, vol. 4, Nº 1, primavera de 1983, pp. 43-59; Abdeen Jabara, Zionism and Racism, Arab World Issues, Occasional Papers, Nº 3, Detroit, 1976; Louise Cainkar, ed., Separate and Unequal: The Dynamics of South African and Israeli Rule, Chicago, 1985; Regina Sharif, Non-Jewish Zionism: Its Roots in Western History, Londres, 1983; David Hirst, The Gun and the Olive Branch: The Roots of Violence in the Middle East, Londres, 1978; para una buena discusión de la cercana afinidad ideológica entre el nacionalsocialismo y el recialismo sionista, véase Francis R. Nicosia, The Third Reich and the Palestine Question, Texas, 1985, pp. 16-21.

     El caso de Dube ejemplifica maravillosamente la intención engañosa y de dos caras de la forma en que funciona la acusación de anti-semitismo. Esto, por una parte, es un argumento ad hominem, al atacar los motivos y el carácter de una persona en vez de su tesis. (En condiciones objetivas, una teoría o hecho aseverados deben ser examinados de manera completamente independiente de la actitud o la composición psíquica del que afirma aquello). Que la acusación de anti-semitismo en efecto funciona como un martillo argumentativo para silenciar a todos los críticos de los judíos, del sionismo y del Estado de Israel, ha sido notado por individuos —incluso judíos— de todas las convicciones políticas [22]. Siendo una clásica táctica distractiva, desvía la atención lejos de un examen justo de las afirmaciones del crítico de la judería, y pone en cambio el ridículo sobre el crítico y su carácter.

[22] Douglas Reed, The Controversy of Zion, California, 1985, p. 174; Vladimir Begun, The Accusation of Anti-Semitism, en Sputnik, Septiembre de 1980, p. 31; Dewey M. Beagle, Prophecy and Prediction, Michigan, 1978, pp. 201-02; Fred Reed, Intimidating the Press in Israel, en el Washington Post 28 de Junio de 1982; Charles M. Fischbein, Money Talks to Media, and Media Controls Information, en The Spotlight 22 de Septiembre de 1986, p. 19.

     En vez de ofrecer razones o pruebas para refutar las afirmaciones del "anti-semita", la táctica coloca una etiqueta emotiva (una palabra en código que saca automáticas respuestas negativas) sobre las afirmaciones, y de esa manera, mágicamente, mediante un juego de manos ilógico, se deshace de ellas.

     En cuanto a falacias de esta naturaleza, el lógico Irving Copi indicó: "Cómo ellos tienen éxito en ser persuasivos a pesar de su incorrección lógica, en algunos casos puede ser explicado por su función expresiva de evocar actitudes que probablemente causan la aceptación de —más bien que suministrar razones para la verdad de— las conclusiones que ellos impulsan" [23]. Que muchos intelectuales cultos, bien enseñados en las sutilezas de la lógica, puedan lanzar a los vientos la racionalidad y aceptar tales absolutas falacias literalmente, es un tributo al poder psicológico de la acusación de anti-semitismo.

[23] Introduction to Logic, 5ª ed., Nueva York, 1978, p. 88.


IV

     Es en la esencia psicológica de la acusación de anti-semitismo que nuestro análisis debe enfocarse ahora. Específicamente, ¿qué actitudes psicológicas evoca dicha acusación que hacen de ella un instrumento tan potente, coercitivo y persuasivo en las mentes de los judíos que la emplean y de los Gentiles que están sometidos a ella?.

     Primero, ¿por qué la etiqueta de "anti-semita" es una amenaza tan imponente como para ser enormemente temida por cualquier y todos los críticos sociales de los judíos? Según la observación antropológica, en la mayor parte de las sociedades conocidas por el hombre hay un estigma atado a la enfermedad mental. Nuestra sociedad no es ninguna excepción a esa regla. Y aquí está, en la irreflexiva, sin discernimiento y sub-liminal asociación del anti-semitismo (léase: crítica a los judíos) con la enfermedad psicológica de la cual la acusación de anti-judaísmo saca su increíble poder para intimidar, coercer y silenciar.

     Está firmemente arraigado en los principios de la psicología popular (léase: la ideología promovida por los medios de comunicación) el que cualquiera que critique a los judíos como grupo tiene un problema emocional subyacente, y que eso es lo que suministra la razón subyacente de su crítica. Los judíos como grupo son presentados como intachables e impotentes, como una minoría oprimida siempre siendo victimizada: por terroristas árabes, anti-semitas soviéticos, alemanes, austríacos, europeos del Este... la lista es interminable. Mediante esta lectura, el "racista" crítico de los judíos alivia sus propios intensos problemas psicológicos criticando y atacando a los impotentes judíos. Demás está decir que a cualquier cosa dicha por un individuo tan confuso solamente tiene que quitársele la atención.

     Según Paul Findley, un ex-congresista que trató extensamente con asuntos del Medio Oriente durante su período, la acusación de anti-semitismo "es una acusación que lleva el desdén y el horror a casi cada uno. Nadie quiere ser acusado de ser anti-judío, y la acusación ha sido desarrollada como el ataque más detestable que puede ser hecho contra un ciudadano estadounidense" [24]. Los intereses judíos, por medio de su omnipresente influencia sobre el pensamiento estadounidense, han programado con éxito la psique popular de la siguiente manera: la crítica a los judíos equivale al odio contra los judíos, lo que a su vez equivale a enfermedad mental [25]. Aquellos que son acusados de "anti-semitismo" son presa de la repugnancia, aversión y sospecha claramente humana reservada para el mentalmente enfermo. Además, la acusación de anti-judaísmo sirve a los judíos como una espada y a la vez como un escudo. Por una parte, es un ataque ad hominem acerca del carácter de un crítico de la judería. Como tal, funciona como una amenaza, usada para intimidar y coercer al crítico o potencial crítico y reducirlo al silencio, y para difamar su imagen y descartar sus aseveraciones si él habla claro. Así, es un arma ofensiva, una espada judía.

[24] Congress and the Pro-Israel Lobby (Interview), en Journal of Palestine Studies, vol. XV, Nº 1, Otoño de 1985, p. 107.
[25] Los ejemplos y las evidencias que apoyan esta afirmación son tan numerosos que sería poco práctico enumerarlos todos aquí. Sin embargo, lo siguiente debería ser suficiente para ilustrar el punto. En referencia a la legítima crítica que Liberty Lobby (una institución populista con sede en Washington) ha emprendido sistemáticamente a través de los años, un funcionario muy importante de la ADL, Arnold Forster, ha declarado lo siguiente: "Existe una base científica más que amplia... para establecer inequívocamente que el anti-judaísmo es una enfermedad, y que sus propagadores son tan peligrosos como los portadores de la peste". Fíjese en cómo los ideólogos sionistas tratan con las críticas revisionistas al "Holocausto". Robert Faurisson ha señalado cómo Elie Wiesel usa los siguientes términos —todos los cuales evocan la idea de enfermedad mental— al referirse a los revisionistas: "indecentes panfletistas con mentes moralmente desquiciadas"; "Aquellas odiosas y crueles personas"; "este asunto entero surge de trastornos mentales". Vea Revisionism on Trial: Developments in France, 1979-1983, The Journal of Historical Review, vol. 6, Nº , verano de 1985, p. 177. L. A. Rollins ha descubierto otros ejemplos de lo mismo. Vea The Holocaust as Sacred Cow, The Journal of Historical Review, vol. 4, Nº 1, primavera de 1983, pp.37-38.

      Ahora, veamos cómo esto funciona como un escudo defensivo para la gente judía. La acusación de anti-semitismo puede proporcionar a los judíos un aislamiento psicológico con respecto a la crítica negativa, la cual, aunque pueda ser legítima, es demasiado dolorosa para la aceptación consciente. Un judío puede fácilmente barrer la crítica desde la conciencia consciente diciendo: "Él [el crítico de la judería] es simplemente un anti-semita. Por lo tanto, cualquier cosa que él diga sobre los judíos es falsa, y no tengo que escucharlo". En pocas palabras, éste es un excelente ejemplo del mecanismo de defensa freudiano de la racionalización.

     Ésta bien podría ser una de las principales fuerzas psíquicas que están detrás de la tendencia aparentemente interminable de ciertas organizaciones judías a "descubrir el anti-semitismo" en los críticos del sionismo y de otras formas de influencia social y política judía. La acusación de anti-semitismo podría funcionar así como un auto-engaño alivianador de la conciencia para la gente judía.


V

     Examinemos algunos de los principales puntos de este ensayo. La siguiente programación cultural es una parte clave de la ortodoxia pública: en Estados Unidos hoy, (a) las declaraciones críticas hacia los judíos implican una antipatía hacia los judíos, y (b) la antipatía hacia los judíos u organizaciones judías es el signo de una perturbación psicológica. Previamente hemos visto que las declaraciones críticas hacia los judíos no necesariamente provienen de un odio contra los judíos. Incluso si así fuese, eso no refuta las aseveraciones.

     Analicemos la validez de la creencia "b". Supongamos, por el bien del argumento, que un hombre alberga hostilidad hacia los judíos o las organizaciones judías. La ortodoxia pública, las convenciones culturales de nuestro tiempo, exigen que presupongamos que el hombre está o mentalmente perturbado o es "malo". ¿Es esto necesariamente verdadero?. ¿No es posible que los sentimientos de antipatía hacia los judíos puedan provenir de reacciones psicológicas normales provocadas por el comportamiento colectivo de grandes cantidades de judíos? Considere los siguientes ejemplos:

     El dominio judío-israelí de los territorios árabes ocupados por los israelíes (la Cisjordania y la Franja de Gaza) ha sido extremadamente opresivo. Los palestinos nativos que viven allí están sujetos a la confiscación de sus tierras, y a una amplia variedad de discriminaciones legales; a la tortura y al tratamiento cruel de los disidentes palestinos; a la detención arbitraria y a la deportación; a la detención administrativa sin proceso hasta por seis meses; al castigo colectivo (la detonación de sectores habitados por las familias de individuos de los que simplemente se sospecha una infracción); al establecimiento de toques de queda arbitrarios en ciudades enteras; a asesinatos y matanzas políticas; a la violación del derecho a la privacidad de los palestinos nativos; a la restricción severa de la prensa y la libertad de expresión, a reunirse y asociarse pacíficamente, y a moverse dentro de los territorios; y a restricciones severas de la libertad académica.

     Según el congresista George Crockett Jr. (D-Michigan), que hizo una visita de investigación al Oriente Medio en 1985, el gobierno militar israelí en los territorios ocupados es "un instrumento sutilmente afilado de opresión contra todo un pueblo sometido" [26]. El sacerdote Edward Dillon, un conferencista frecuente acerca de materias relacionadas con Oriente Medio, resumió la situación perfectamente cuando él escribió: "Los palestinos han llegado a ser residentes extranjeros en su propia tierra, sin ningún recurso eficaz contra casi ninguna infracción de los derechos humanos básicos" [27].

[26] Crockett Assails Repression of Palestinians, en Palestine Perspectives, Octubre de 1985, p. 12.
[27] Reseña de Occupiers Law: Israel and the West Bank, de Raja Shehadeh, en "The Making of a Non-Person", The Link, vol. 19, Nº 2, p.14.

     En vista de lo que los árabes palestinos han experimentado a manos de grupos de judíos israelíes, y considerando que sus horribles experiencias son el resultado de las políticas de un gobierno sionista judío, ¿no está uno justificado si concluye que cualquier sentimiento generalizado de hostilidad que ellos puedan albergar contra los judíos es, en un sentido psicológico, explicable?. Sentimientos similares ¿no se difundirían entre un grupo tan oprimido por los judíos u opresores similares con un carácter grupal tan indentificable?. (Una reacción psicológica puede ser explicable, incluso normal, pero no es necesariamente justificable moralmente, por supuesto).

     La Revolución húngara de 1956 proporciona otro ejemplo. La sociedad húngara post-Segunda Guerra Mundial era muy opresiva, un virtual campo de concentración estalinista. Hacia 1956, al menos un cuarto de la población húngara entera había estado encarcelado en algún momento, muy a menudo por acusaciones inventadas. Si el padre de alguien hubiera sido un terrateniente o un oficial durante la época de Horthy, la educación universitaria le habría sido negada, las profesiones superiores le hubiesen quedado vedadas, y su destino hubiera sido sellado: realizar tareas serviles por el resto de su vida. Estaba además la gama completa de la supresión estalinista de la religión y la libertad de expresión, así como la tortura y la ejecución de disidentes políticos.

     Como ha señalado el historiador David Irving, la dirigencia del régimen comunista, incluyendo los grados superiores de la policía secreta, estaba conformada casi completamente por judíos [28]. Trabajando con informes de la CIA, Irving ha demostrado que la gran mayoría de aquellos húngaros que participaron en la revolución, y que posteriormente fueron entrevistados por psicólogos en Estados Unidos, estaban motivados por sentimientos anti-judíos.

[28] David Irving, "On Contemporary History and Historiography", The Journal of Historical Review, vol. 5, Nº 2, 3 y 4, invierno de 1984, pp. 265-266; David Irving, Uprising!, Londres, 1981; RV. Burks, The Dynamics of Communism in Eastern Europe, Princeton, 1961, p. 163.

     En vista de la opresión que esos húngaros habían experimentado a manos de un gobierno virtualmente totalitario controlado por los judíos, ¿no puede uno estar justificado si concluye que la hostilidad de ellos contra los judíos era una respuesta psicológica normal —en el sentido de que la mayoría de la gente bajo el mismo conjunto de circunstancias respondería casi idénticamente— provocada por el opresivo comportamiento colectivo de un grupo grande e influyente de judíos húngaros?.

     El caso de la influencia judía sobre la política exterior estadounidense en cuanto al Oriente Medio nos proporciona otro ejemplo instructivo. Ha sido bien documentado en otra parte que el establisment sionista prácticamente controla la dirección general de la política exterior estadounidense en Oriente Medio, y la manipulación sionista judía de nuestro gobierno para sus propios fines es muy extensa. En referencia a esta manipulación del gobierno estadounidense, el almirante Thomas Moorer ha comentado: "Si el pueblo estadounidense entendiera cuánto control aquella gente tiene sobre nuestro gobierno, ellos se levantarían en armas. Nuestros ciudadanos no tienen ninguna idea de lo que está ocurriendo". En otras palabras, si el pueblo estadounidense supiera cómo ciertos judíos sionistas están manipulando el sistema político estadounidense en perjuicio de la gente, la hostilidad anti-judía, una respuesta completamente normal de psicología de masas al inmoral comportamiento colectivo de un grupo grande de judíos sionistas, se generalizaría.

     En una edición pasada de The National Jewish Post and Opinion, la columnista judía Arlene Peck escribió: "Tengo mis propios sentimientos acerca de los alemanes, y la benevolencia no es uno de ellos. Yo viajé a Múnich brevemente hace unos años y no pude esperar a salir de aquel país... No puedo ayudar si no soy una persona propensa a perdonar" [29]. Muy obviamente, ella nos está diciendo que alberga una hostilidad hacia los alemanes. Sin embargo, la ortodoxia pública exige que simpaticemos con ella diciendo: "Bien considerada la opresión que los judíos han sufrido a manos de los alemanes, ciertamente es normal y comprensible que la gente judía sea hostil hacia los alemanes".

[29] "Arlene Gets Serious on Mr. Reagan", en The National Jewish Post and Opinion, 1º de Mayo de 1985, p. 9.

     Tal como la hostilidad contra los alemanes puede ser una respuesta psicológica normal para la gente judía bajo ciertas circunstancias, del mismo modo la antipatía de árabes, húngaros y estadounidenses hacia los judíos también puede ser una respuesta psicológica normal bajo ciertas circunstancias. La ecuación de toda la hostilidad anti-judía con la enfermedad psicológica es falsa. El sentimiento anti-judío a veces puede ser una reacción psicológica normal —una reacción que podría ser inducida en la mayoría de la gente dada las circunstancias— ante el comportamiento colectivo de grandes agrupaciones de judíos. Por supuesto, la antipatía hacia los judíos como grupo puede ser normal. No estoy sugiriendo que la gente que sufre a manos de opresores judíos deba odiar a todos los judíos, sino simplemente que, considerando la composición psíquica de la especie humana, la hostilidad hacia los judíos puede ser una reacción normal, no algo patológico, dadas ciertas condiciones.


Conclusión

1. La judería es un poder social y político establecido en Estados Unidos. En consonancia con los principios democráticos de nuestra sociedad, es moral y políticamente correcto plantear la crítica de la judería y su poder político-cultural.

2. La potencia de la acusación de "anti-semitismo" —su capacidad para silenciar a los críticos de los judíos— se deriva no de la fuerza de la razón sino más bien de la fuerza de una convención cultural irracional, profundamente arraigada; específicamente, de la asociación irreflexiva de un sentido de maldad con la crítica a los judíos.

3. La acusación de anti-semitismo es una espada y un escudo para los judíos. Como espada judía, es un ataque ad hominem contra cualquier crítico de los judíos. Concentrándose en el carácter del crítico, induce a la gente a rechazar automáticamente sus aseveraciones acerca del comportamiento judío, sin un justo examen. Como escudo judío, la acusación sirve como un mecanismo de defensa psicológico gracias al cual la gente judía puede aislarse de la crítica que es demasiado dolorosa para encararla conscientemente.

     En un sentido político y sociológico, la acusación de anti-semitismo es un arma poderosa del establishment cultural y político judío, usado en una manera anti-democrática para silenciar a sus opositores y permitir a aquel establishment funcionar impunemente. Así, la acusación de anti-semitismo es un instrumento esencial del poder y la influencia de los judíos.

4. En nuestra sociedad casi cada forma de poder social y político tiene su parte de críticos. La burocracia del gobierno, el así llamado Complejo Militar-Industrial, la CIA, el gran empresariado, la Iglesia católica, los fundamentalistas cristianos, las compañías petroleras, Ronald Reagan, la Izquierda política, la Derecha política, todos tienen sus críticos abiertos.

     A los estadounidenses se les dice desde la cuna a la sepultura que su país es "la tierra del libre", el "hogar de la libre expresión", la nación en la cual la ciudadanía es capaz de cuestionar y desafiar todas las formas de influencia social y política. Sin embargo, si alguien invoca el derecho a la libre expresión y se involucra en la crítica al poder e influencia de la judería estadounidense, las convenciones culturales reinantes exigen que lo etiquetemos como "anti-semítico".

      Nuestra filosofía democrática permite la legitimidad política y moral de la crítica a los judíos como grupo. Si todas las formas de influencia social y política tienen a sus críticos tolerados, e incluso respetados, entonces déjese que el crítico de la influencia judía hable abiertamente. Según los canones de nuestra sociedad libre, incluso la judería debería beneficiarse en último término de una discusión abierta acerca del poder de los judíos en la política, la economía y la cultura en el Estados Unidos moderno.–






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