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viernes, 18 de marzo de 2016

La Inversión de la Jerarquía y la Sumisión a la Materia



     En el Nº 49 de la revista The Esoteric Quarterly (2011) apareció publicado el siguiente ensayo del prolífico escritor neozelandés Kerry Bolton que presentamos traducido. El título de este trabajo es explícito en cuanto al tema de que trata, y lo plantea en términos de una contraposición entre sociedades así llamadas "tradicionalistas" y las modernas y actuales, donde antiguas jerarquizaciones han sido trastornadas y reinan con impunidad gentes que antaño fueron inmensamente despreciadas por anti-naturales o anti-cósmicas. Pero no se trata, sin embargo, de un discurso etéreo e idealista, puesto que los efectos de dicha revolución pueden ser constatados por cualquiera con sentido crítico que vea cómo dicho proceso de malversación se sigue profundizando.


La Inversión de la Jerarquía
y la Sumisión a la Materia
por Kerry R. Bolton, 2011



     «El comerciante estaba colocado en la más baja categoría de las vocaciones: el caballero, el labrador de la tierra, el artesano, y el comerciante» (Inazo Nitobe, Bushido).


Resumen

     Las culturas tradicionales están fundadas en una compleja jerarquía espiritual y social que relega al comerciante y al acumulador de dinero a una posición subordinada o mediocre en el orden social. Aunque nuestra época actual tiende a ser despectiva con respecto a las sociedades pasadas, que supuestamente estaban oprimidas por la superstición, la tiranía y la desigualdad, tal percepción está basada en una perspectiva parcial e incompleta. La sociedad "moderna" es considerada como "la mejor hasta ahora", en gran parte debido a la disponibilidad —al menos teóricamente— de bienes y servicios. Por consiguiente, se ha dado una inversión de la jerarquía tradicional, que coloca al comerciante, como la personificación de la materia, en la cúspide social. Este artículo considera la actual negación del ethos [carácter distintivo] tradicional y el ascenso del materialismo desde una perspectiva Tradicionalista en el espíritu de historiadores y filósofos tales como Julius Évola y Oswald Spengler. También explora el encantamiento y la esclavitud de la Humanidad frente a la Materia a la luz del Tarot así como la ventajosa posición de la sabiduría antigua.



Introducción

     La base de una "sociedad tradicional" es el modo en que percibe su lugar en el cosmos como un vínculo entre lo terrestre y lo divino. La máxima Hermética es aplicable aquí cuando se analiza la Historia desde una perspectiva tradicionalista:

     «Lo que está arriba es lo mismo que lo que está abajo... El macrocosmos es lo mismo que el microcosmos. El universo es lo mismo que Dios, Dios es lo mismo que el hombre, el hombre es lo mismo que la célula, la célula es lo mismo que el átomo, el átomo es lo mismo que... etcétera, ad infinitum» (Hermes Trimegisto, La Tabla Esmeralda).

     Ya que la Humanidad es la correspondencia de Dios en la Tierra, aquélla debe establecer un orden que corresponda o que establezca un paralelo con el orden divino y los acontecimientos del Cielo. A la inversa, la perspectiva contra-tradicional y el zeitgeist de un ciclo [1] son retratados por la carta "El Diablo" en el Tarot. Paul Foster Case (1884-1954) proporciona un significado de "El Diablo" que es particularmente relevante para este informe:

     «En su sentido más general, significa Mammón [2], y por ende el comercio en gran escala, las convenciones de la sociedad; representa la injusticia y la crueldad de un orden social en el cual el dinero toma el lugar de Dios, en el cual la Humanidad es bestializada, en el cual la guerra es tramada por la avaricia enmascarada como patriotismo, en el cual el miedo es dominante. Los estudiantes de la Astrología no tendrán ninguna dificultad en ver cómo esto corresponde al Capricornio, el signo del comercio en gran escala, y el signo de la fama mundial» [3].

[1] Kerry R. Bolton, The Wheel as a Symbol of Fate, Esoteric Quarterly, Vol. 6, No. 4, 2011, pp. 73-81.
[2] El término "Mammón" se deriva de la Biblia cristiana y es usado para describir la riqueza o avaricia material. Mammón es personificado a menudo como una deidad y es a veces incluído entre los siete príncipes del Infierno.
[3] Paul Foster Case, Oracle of The Tarot: A Course on Tarot Divination, cap. 6, The Major Trumps: 15. "Le Diable", The Esoteric Quarterly 61, Verano de 2011.

     El punto más destacado para este informe es el punto de vista Tradicionalista del triunfo de Mammón sobre Dios. Esto es personificado por la posición central de los negocios y la adquisición material, que se ha convertido en la norma social, en el sentido de la vida, o lo que hoy se llama "la rueda de molino de la Economía", reforzada por las cadenas extras de la deuda omnipresente. En efecto, bajo el ethos basado en el dinero, el artista o el poeta bien podrían ser considerados como parásitos si no se ganan la vida de una manera convencional, o bien no comprometen la integridad estética por la ganancia material. Así, en el "Kali-yuga", la "Edad del Lobo", o la llamada "Edad de la Materia", las artes se convierten en otra materia para ser comercializadas masivamente, una transitoriedad que es contraria a la concepción tradicional del Arte [4]. Ésta es una situación que ciertos artistas, en particular después de la Primera Guerra Mundial, han lamentado tras haber visto las artes, a las que se les había concedido un estimado status en las sociedades más antiguas, relegadas (como muchas otras cosas) a los mercados comerciales.

[4] Para una explicación en cuanto a cómo las Bellas Artes evolucionaron desde las artes de los gremios, véase de Oscar Wilde, Essays and Lectures by Oscar Wilde, Art and the Handicraftsman, Londres, 1908.

     Otro aspecto notable de la descripción que Foster Case da de la Edad atada a la materia, es su mención de la guerra que se enmascara como patriotismo, pero tramada por la avaricia. Aquí vemos la dicotomía que existe entre las concepciones tradicionales del deber guerrero y los conflictos que están al servicio del falso dios de la avaricia y la ambición. La diferencia que se da es entre el Código de Caballería de la Era Medieval, donde uno luchaba por la Fe y era, al menos idealmente, dirigido por un ethos, y las guerras tramadas por la avaricia disfrazada como patriotismo. El vestigio final de un ethos caballeresco probablemente se manifestó en la Primera Guerra Mundial cuando los pilotos enemigos sepultaban los cuerpos de sus adversarios con plenos honores militares.

     Quizás la manera más persuasiva de explicar la actitud tradicionalista hacia la batalla es la del diálogo acerca del dharma de la casta kshatriya (guerrera) de la India antigua, entre Krishna y Aryuna en el Bhagavad-Gita. El filósofo historiador neo-tradicionalista Julius Évola habla del concepto del guerrero metafísico con algún detalle, haciendo uso de tales perspectivas tradicionales [5]. Mientras una batalla podría ser lo más sangriento concebible, bajo tal espíritu (élan) caballeresco, ella no era luchada en una manera cobarde o deshonrosa. De aquí, por ejemplo, uno podría citar el ejemplo de Napoleón siendo desterrado y tratado en una manera honorable después de su derrota a manos de la alianza europea, una cortesía que no parece evidenciarse mucho hacia los enemigos derrotados en la actualidad.

[5] Julius Évola, Revolt Against the Modern World, Vermont, 1995, pp. 79-88.

     Un tercer concepto importante mencionado por Case es la bestialización de la Humanidad. "El Diablo" encadena a la pareja humana a la materia. Tal como "El Diablo", la pareja humana es representada con cola y cuernos. Esto es sugestivo de la creencia esotérica en la regresión cíclica más bien que en una progresión lineal. El concepto de ciclicidad es esotéricamente ilustrado por el motivo de La Rueda del Tarot [6]. Según la perspectiva Tradicionalista, nuestra actual "Edad Negra" representa un ciclo descendente y una lucha entre la espiritualidad o los objetivos superiores, anunciada por Nietzsche y por esoteristas como Alice Bailey, y "El Diablo" de los bajos deseos y el materialismo. "¿Cuál será el resultado?", preguntó Bailey en 1957. "¿Detendrán los hombres al mal e iniciarán un período de entendimiento, cooperación y relaciones justas, o seguirán ellos el proceso de la planificación egoísta y de la competencia económica y militante?" [7]. Su pregunta es quizás aún más relevante hoy.

[6] Bolton, The Wheel as a Symbol of Cyclic Fate, loc. cit.
[7] Alice A. Bailey, The Externalization of the Hierarchy, Nueva York, 1957, p. 183.


La Inversión de las Necesidades Humanas

     Por cuanto la contra-Tradición niega la jerarquía, ella también pone a la "pirámide de las necesidades humanas" [8] de cabeza. De aquí que las tendencias fisiológicas básicas hacia necesidades instintivas tales como alimentos, vestuario y refugio, se hayan convertido en el objetivo último de la vida, más bien que ser una fase pasajera que finalmente cede el paso al crecimiento personal y a la auto-realización. Esta regresión ocurre cuando una cultura alcanza su ciclo senescente y decadente. Mientras bajo una sociedad "normal" [9] —tradicional— el individuo cumple sus necesidades fisiológicas básicas como los medios para ser libre de conseguir algo más alto, en una sociedad contra-tradicional, atada a la materia, la adquisición material se convierte en el fin en sí misma más bien que en un medio para un fin. En la época medieval, por ejemplo, el artesano buscaba el sentido en los esfuerzos hacia la excelencia, realizando un deber social más amplio, para el propio gremio, la propia villa, la propia comunidad, el propio señor y, en última instancia, el propio Dios. El trabajo manual medieval no era por lo tanto una monótona rutina de tipo económico sino una creatividad altamente personalizada y significativa, diseñada para proteger tanto al trabajador como a la comunidad.

[8] Abraham Maslow, "Hierarchy of Needs", http://www.afirstlook.com/docs/hierarchy.pdf
[9] Évola consideraba a las sociedades tradicionales como "normales", y a aquellas que sucumbían a lo "moderno", como patológicas.

     Évola describió el carácter de las sociedades tradicionales en su libro Rebelión contra el Mundo Moderno (op. cit., p. 95). Para la sociedad tradicional "cada aspecto del individuo y de la vida social" está bajo la influencia de la experiencia con lo "invisible" que es más real que lo "físico" (Ibid., p. 4), basado en "el hecho de que el hombre tradicional consideraba todo lo visible y mundano como meros efectos de causas de un orden superior" (Ibid., p. 91).

     Por causa de que a la sociedad moderna se le enseña a ver la Historia a través de sus propias lentes basadas en la materia, e incluso juzga a los remanentes de las sociedades tradicionales sobre aquella base [10], el concepto de "casta" es equiparado con el moderno concepto, basado en la materia, de "clase" (como Marx se refiere en el Manifiesto Comunista), y es ridiculizado por su "injusticia" y "desigualdad".

[10] Una sociedad interiormente rica será descartada como "primitiva", "retrógrada" y "supersticiosa".

     La sociedad tradicional, por otra parte, instintivamente asume que la jerarquía que existe está ordenada como una manifestación terrenal del orden divino o cósmico, siendo "el derecho divino de los reyes" una de las pocas de tales manifestaciones que son conocidas hoy, aunque sujeta al ridículo como superstición y tiranía. Para muchas sociedades tradicionales la casta es una manifestación espiritual, y la clase una manifestación de la Economía. Otro modo de considerar esto es considerar a la casta como ordenada por Dios (o los dioses), y a la clase como creada por los humanos. En una sociedad tradicional, la casta en la que uno nace es generalmente aceptada como estando determinada por la voluntad divina y por el karma. El funcionamiento dentro de aquella casta es considerado como el cumplimiento de un papel divino, o lo que los hindúes llaman el dharma.

     Debido a la perspectiva general, basada en la materia, de la sociedad moderna, tanto los años presentes como los pasados tienden a ser juzgados según valores económicos. Por lo tanto, "nosotros" como "modernos", veremos, por ejemplo, al artesano y al campesino medieval como solamente un desgraciado miserable explotado por sus arrogantes señores, una creencia simplista que no logra entender la base del organismo social de la época medieval y otras culturalmente análogas. Tales actitudes revelan un abismo entre las perspectivas de la Humanidad tradicional y de la moderna que trasciende el tiempo, la geografía o la raza.


Sociedad Tradicional

     Julius Évola explica que la concepción tradicionalista de la casta es distinta de la tiranía de clases de las sociedades degradadas:

     «Para esto debemos ser claros sobre una cosa: es un error suponer que la jerarquía del mundo tradicional está basada en una tiranía de las clases altas. Ésa es simplemente una concepción "moderna", completamente ajena al modo tradicional de pensar.

     «Sólo hoy podría alguien imaginar a los auténticos portadores del Espíritu, o de la Tradición, perseguir a la gente para tomarla y ponerla en su lugar, en resumen, que ellos "manejen" a la gente, o que tengan algún interés personal en establecer y mantener aquellas relaciones jerárquicas en virtud de las cuales ellos pueden aparecer visiblemente como jefes. Eso sería ridículo e insensato. Se trata mucho más del reconocimiento de parte de los inferiores de que ésa es la base verdadera de cualquier clasificación tradicional. No es el superior el que necesita al más bajo, sino a la inversa. La esencia de la Jerarquía es que hay algo que vive como una realidad en cierta gente, que en el resto está sólo presente en condición de ideal, como una premonición o un esfuerzo mal enfocado. Así, estos últimos se ven fatalmente atraídos hacia los primeros, y su condición inferior es una de subordinación, menos a algo exterior que a su propio verdadero "Yo". Aquí está el secreto, en el mundo tradicional, de toda la preparación para el sacrificio, de todo heroísmo, de toda lealtad, y, por otro lado, de un prestigio, una autoridad y un sereno poder con el cual el tirano más fuertemente armado nunca puede contar» [11].

[11] Julius Évola, On the Secret of Degeneration, Deutsches Volkstum, Nº 11, 1938.

     Si aceptamos la percepción Tradicionalista de Évola de las relaciones sociales entre las castas, entonces la suposición de que el jefe ejerce una tiranía corrupta sobre sus subordinados es una descripción reconociblemente más propia del concepto modernista de la forma de gobierno. En nuestra actual cultura, dominada por el dinero, como señala el historiador filósofo Oswald Spengler, la lealtad de la clase dirigente es, en general, hacia la adquisición de riqueza individual, familiar o corporativa. Tal persona o entidad podrían sentirse responsables ante accionistas, miembros de un consejo o tribunales de justicia, pero no necesariamente ante cualquier persona o condición más alta que el plano material. En la sociedad tradicional, por contraste, el dirigente, probablemente nacido para dicha posición y con familia y expectativas culturales de "hacer lo correcto", a menudo sentía que él era responsable ante Dios y ante un ethos personal de honor o de caballerosidad, más allá de la ganancia personal. Incluso si un gobernante se convertía en un tirano brutal, como era a menudo el caso, él todavía podía estar motivado por ese omnipresente sentido del "deber" y "destino" para mantener la ley y el orden.

     ¿Se puede decir que el proletariado y la burguesía de hoy tienen alguna dignidad y sentido de propósito y lugar o identidad que sean similares?. ¿Podría decirse hoy que la mayoría de los Primeros Ministros y Presidentes tienen algún sentido similar más allá de apelar a la verdadera soberanía de la sociedad moderna, es decir, la plutocracia? El tradicional sentido del deber hacia principios superiores a uno mismo todavía es manifestado en algunos líderes mundiales y algunos miembros de la familia Real británica, aunque en una forma abismalmente degradada [12]. La popularidad de la familia Real podría sugerir algo innato en la psique que comprende la corrección de un orden jerárquico en Eras pasadas hace mucho tiempo.

[12] Si bien uno puede simplemente descartar a la realeza británica como "parásitos", sus deberes caritativos, como un vestigio de aquello de que "nobleza obliga", tienen un peso considerable.

     Según Évola:

     «Cuando el derecho y la primacía de intereses más altos que los del plano socio-económico no son respaldados, no hay ninguna jerarquía, e incluso si hubiera una, sería sólo una falsificación; esto es también verdadero cuando una autoridad superior no es otorgada a aquellos hombres, grupos y organismos que representan y defienden esos valores e intereses. En este caso, una Era económica es ya por definición una época fundamentalmente anárquica y anti-jerárquica; representa una subversión del orden normal. La materialización de la falta de alma de todas las esferas de la vida que la caracteriza, despoja de cualquier sentido superior a todos aquellos problemas y conflictos que son considerados como importantes dentro de ella» [13].

[13] Julius Évola, Men Above the Ruins, p. 166.


Orígenes Espirituales de la Casta

     Los orígenes de la casta como la base de un orden social tradicional son asignados a la divinidad. En las escrituras hindúes Krishna dice a Aryuna: "Según los tres modos de la naturaleza material y el trabajo asignado a ellos, las correspondientes cuatro divisiones de la sociedad humana fueron creadas por Mí" (Bhagavad Gita, 4:13). El nórdico poema Lay of Rig (Rígsmál) describe poéticamente los orígenes divinos de las castas. Rig es un nombre del dios Aesir Heimdal. Él llega a los hogares de cuatro parejas y engendra hijos a las mujeres de cada uno, de las cuales surgen respectivamente las castas de Thrall (siervo), Karl (hombre libre), Jarl (nobleza guerrera) y Kon (rey) [14].

[14] Elsa-Brita Titchenell, The Masks of Odin, Pasadena, 1985, The Lay of Rig, pp. 181-189.

     Las relaciones económicas del orden social tradicional están basadas no principalmente en la ganancia o ni siquiera en la economía en sí, sino que están pensadas como el reflejo del carácter de uno, a su vez un reflejo individual del cosmos. En algunas sociedades, como la hindú, la casta de nacimiento de alguien era considerada como el resultado del karma a través de la reencarnación. De ahí que lo que uno hacía en la vida terrenal determinaba en gran parte lo que le sucedería al propio espíritu después. De manera análoga, el habitante medieval, desde el siervo al rey y al Papa, al menos en principio, estaba forzado por la recompensa o castigo del alma. Las relaciones económicas estaban determinadas por principios ético-espirituales.

     El sistema socio-económico de la época medieval de Occidente estaba fundado en el sistema de gremios, el objetivo primario del cual era mantener el ethos de sus miembros y reflejar el comercio como un arte en búsqueda de la excelencia, ya fuera en los campos de la preparación de cerveza o de la construcción de catedrales. El gremio era por lo tanto un reflejo del deber divino. La distinción entre los gremios y los sindicatos contemporáneos —cuyos intereses se han hecho en gran parte materiales— fue requerida por la inversión de la Jerarquía que fue completada por la Revolución Industrial, pero que estuvo varios siglos en preparación. Esta distinción destaca la diferencia de ethos que existe entre lo tradicional y lo moderno.


El Papel de los Gremios en un Orden Social Tradicional

     El historiador y teólogo estadounidense doctor W. D. P. Bliss [15] escribió acerca de los gremios en la Europa medieval:

     «Esos gremios de una clase u otra se extendieron por todas partes de la Europa germánica y duraron en la mayor parte de los países hasta la época de la Reforma y, en algunos casos, hasta el siglo XIX. La Edad Media fue un período donde lo acostumbrado eran los precios no competitivos, y la idea de permitir acuerdos para ser decididos por el "regateo del mercado" era una imposibilidad, porque las otras leyes del mercado tampoco eran dejadas al libre arbitrio de contratos de juerguistas» [16].

[15] Bliss fue un Episcopaliano y un importante teórico estadounidense del Socialismo Cristiano, el cual se originó, sin embargo, del catolicismo de The Kingdom of Christ de Frederick Denison Maurice, publicado en 1837. Robert Rea, Was Father Field a Christian Socialist?, Christian Socialism, Project Canterbury, http://anglicanhistory.org/essays/field/field2.html
[16] W. D. P. Bliss, New Encyclopedia of Social Reform, Nueva York, 1908, pp. 544-545.

     Bliss declaró que ésa fue una época en la cual la capacidad profesional dominaba por sobre el capital "y el maestro trabajaba junto al artesano" (Ibid., p. 546). Ésta es una indicación de que el orden social de la sociedad europea tradicional era de un orden ético más alto que la "progresista" e "iluminada" época que los modernos ven como superior. Bliss describió la naturaleza orgánica y social de la Europa medieval, tomando como su referencia la ciudad alemana de Núremberg:

     «Ningún habitante de Núremberg soñó seriamente alguna vez con dejar el comercio o el arte o la manufactura, o en realidad cualquier parte de la vida, al azar de la competencia sin restricción. "La competencia", habría dicho tal ciudadano, "es la muerte del comercio, el subvertidor de la libertad, y, sobre todo, el destructor de la calidad". Cada habitante de Núremberg, como cada hombre medieval, pensaba de sí mismo no como una unidad independiente sino dependiente, aunque un componente, una parte de un organismo más grande, Iglesia o Imperio o ciudad o gremio. Ésta era la esencia misma de la vida medieval» (Ibid., p. 842).

     Bliss explicó que un comercio tenía su derecho de practicar en tanto le era concedido por el Emperador, quien lo recibía de Dios. El gremio determinaba cuáles materias primas serían usadas en una manufactura, cuánto comprar, el número de aprendices que un maestro podría emplear, los salarios, los métodos de producción y la fijación de los precios.

     «El gremio no permitía que el trabajador inexperto o el comerciante de espíritu mezquino rebajara los precios para estropear o robar el mercado. Los gremios medían y pesaban y ponían a prueba todos los materiales, y determinaban cuánto podría tener cada productor... Ellos igualmente medían o contaban, pesaban y examinaban el producto acabado... Todavía en 1456 dos hombres fueron quemados vivos en Núremberg por haber vendido vinos adulterados... Núremberg así vio muy bien que la competencia sólo servía al rico y al fuerte. Aquel comercio colectivo era la esperanza del pobre y de la gente sencilla.

     «El dinero no debía ser prestado contra usura (interés)... La extorsión, las medidas falsas, la adulación de los bienes, era abominaciones en una ciudad comercial, y castigadas por lo general con la muerte» (Ibid.).

     El orden social tradicional le daba identidad, objetivo y libertad de expresión al habitante medieval mucho más que el sindicato o la cámara de comercio de la sociedad moderna. Juliet Schor, profesora de Economía en la Universidad de Harvard, ha mostrado que la Europa medieval concedía mucho más ocio, por ejemplo, que el actual sistema de libre comercio:

     «Uno de los mitos más duraderos del capitalismo es que ha reducido el trabajo agotador. Este mito es típicamente defendido mediante una comparación de la moderna semana de 40 horas con su contraparte de 70 u 80 horas en el siglo XIX. La presunción implícita —pero raramente expresada— es que el estándar de 80 horas ha prevalecido durante siglos...

     «Antes del capitalismo, la mayoría de la gente no trabajaba demasiadas horas en absoluto. El ritmo de la vida era lento, incluso sin prisa; el ritmo del trabajo era relajado. Nuestros antepasados pueden no haber sido ricos, pero ellos tenían abundancia de ocio. Cuando el capitalismo elevó los ingresos de ellos, también se llevó su tiempo... Sumando todo, el tiempo libre de vacaciones en la Inglaterra medieval tomaba probablemente casi un tercio del año. Y los ingleses aparentemente trabajaban más duro que sus vecinos» [17].

[17] Juliet B. Schor, The Overworked American: The Unexpected Decline of Leisure, Nueva York, 1992, Introduction. http://groups.csail.mit.edu/mac/users/rauch/worktime/hours_workweek.html


Revoluciones Burguesas

     El ascenso de la burguesía y la emasculación o destrucción de la monarquía y la aristocracia, si bien fueron implementados bajo la bandera de la "libertad", o de "libertad, igualdad y fraternidad", significaron la libertad de comercio y la libertad de la burguesía con respecto a las restricciones impuestas por el orden social tradicional del tipo descrito por Bliss. El historiador-filósofo inglés Anthony Ludovici ha comentado acerca de los resultados de la Revolución cromweliana en este respecto:

     «Carlos I... creía en asegurar la libertad personal y la felicidad de la gente. Él protegió a la gente no sólo contra la rapacidad de sus patrones en el comercio y la manufactura, sino también contra la opresión del fuerte y el grande...» [18].

[18] A Ludovici, A Defense of Conservatism (1927), cap. 3, Conservatism in Practice. http://www.anthonymludovici.com/dc_01.htm

     La Revolución en Inglaterra del siglo XVII, bajo el liderazgo de Cromwell, fue una desacralización de la sociedad so pretexto de otra religión, la del Puritanismo, cuya actitud hacia la acumulación de capital destruyó el ethos tradicional hacia el dinero y los bienes. William B. Yeats [1865-1939], desde un punto de vista Tradicionalista, se refirió a la "pandilla criminal" de Cromwell que engendró el "auge del dinero" por sobre lo que es noble, en el poema inequívocamente titulado La Maldición de Cromwell (The Curse of Cromwell, 1937):

     «Usted pregunta lo que he encontrado, y lejos voy:
Solamente la casa de Cromwell y la pandilla criminal de Cromwell.
Los amantes y los bailarines son golpeados en el barro.
Y los hombres bravos y los espadachines y los jinetes,
¿Dónde están ellos?...
¿Oh, qué fue de ello, qué fue de ello?. ¿Qué queda por decir?
Toda la conversación amistosa, contenta y fácil, se ha ido,
Pero no es bueno quejarse, ya que el dinero está en su auge».

     El ethos Puritano que llegó a dominar a Occidente, una temprana revolución "en nombre del pueblo", pero como muchas otras, como Spengler mencionó, desde la época de los Gracos de Roma en adelante, sirvió a los intereses del dinero. La clase adinerada se vio fortalecida tanto por la Revolución Industrial de Inglaterra como por la Revolución estadounidense. Podemos sin embargo remontarnos tan atrás como hasta Enrique VIII y los que podrían ser considerados como los primeros signos de la destrucción de la jerarquía tradicional en Occidente, con el golpe contra la autoridad de la Iglesia, otra vez en nombre de la "libertad". Mientras muchos "modernos" ven cualquier disminución de la autoridad de la Iglesia como un paso progresista, tal "progreso" no implica un orden de vida más satisfactorio. El escritor Hilaire Belloc opinaba que la Iglesia, como el custodio espiritual de la sociedad tradicional en el contexto cultural occidental, impregnó a la sociedad con un ethos enormemente diferente de aquel del comercio:

     «Nuestra propiedad en tierras y medios fue bien dividida entre muchos o todos; produjimos al campesino; mantuvimos al artesano independiente; fundamos la industria cooperativa. En armas, surgió aquel tipo militar que vive de acuerdo a las virtudes apropiadas a las armas y detesta los vicios que las armas pueden engendrar. Sobre todo, un apetito por la verdad intenso y vivo, una percepción de la realidad, llenaba de energía a esas generaciones. Ellos vieron lo que fue antes de ellos, y ellos llamaban a las cosas por su nombre. Nunca una fórmula política o social estuvo menos divorciada del hecho, y nunca la masa de nuestra civilización estuvo más unida; y a pesar de todo esto, el asunto no duró» [19].

[19] Hillarie Belloc, Europe and the Faith, Londres, 1920, cap. IV,
http://www.gutenberg.org/cache/epub/8442/pg8442-images.html

     Éste era el ethos que impregnaba a todas las castas, campesinos, artesanos, soldados... Mientras en el contexto occidental Belloc se refiere al catolicismo, el mismo principio es verdadero para las culturas tradicionales en general, ya del Islam, el hinduísmo o el sintoísmo. La Reforma inauguró la época actual del capitalismo, de la cual Belloc escribió:

     «Cuando lleguemos a tratar con la historia de la Reforma en Gran Bretaña, veremos cómo la fuerte resistencia popular a la Reforma casi venció a aquella pequeña clase adinerada que usó el entusiasmo religioso de una minoría activa como un motor para obtener la ventaja material para ellos mismos. Pero como un hecho en Gran Bretaña la resistencia popular a la Reforma fracasó. Una persecución violenta y casi universal dirigida, por lo general por las clases más ricas, contra la religión del pueblo inglés y contra la riqueza con que éste la había dotado, simplemente resultó tener éxito. En poco más de cien años los nuevos ricos habían ganado la batalla. Hacia el año 1600 la fe de las masas británicas había sido erradicada desde las Tierras Altas hasta el Canal» (Ibid., cap. V).

     En 1536, por Ley del Parlamento, los monasterios y los conventos fueron cerrados y sus propiedades confiscadas para beneficio de Enrique VIII y sus favoritos. El famoso comentarista social William Cobbett (1763-1835) afirmó que dicha ley, que golpeó la base misma de la vida local social y económica de la gente,

     «Comenzó la ruina y la degradación del cuerpo principal de la gente de Inglaterra e Irlanda; porque fue el primer paso tomado, en forma legal, para robar a la gente bajo el pretexto de reformar su religión; porque fue el precedente sobre el cual los futuros saqueadores procedieron, hasta que ellos habían empobrecido completamente al país; porque fue el primero de aquella serie de hechos de rapiña mediante los cuales este pueblo antes bien alimentado y bien vestido, al final, ha sido reducido a harapos y a algo peor que la cárcel: el racionamiento de la comida. Los ingleses en general suponen que siempre hubo leyes de asistencia pública e indigentes en Inglaterra. Ellos deberían recordar que, durante 900 años, bajo la religión católica, no hubo nada de eso» [20].

[20] William Cobbett, The History of the Protestant Reformation in England and Ireland, que Muestra Cómo Aquel Acontecimiento Ha Empobrecido a Gran Parte del Pueblo de Aquellos Países, Kensington, 1824. El libro está en http://www.exclassics.com/protref/protref.pdf

     Es notable que William Cobbett no fuera un católico. Él sólo estaba ofreciendo una descripción objetiva de la Inglaterra que él vio durante su vida, en contraste con el registro histórico de la Inglaterra tradicional pre-industrial. Éste es un ejemplo de cómo los ciclos de la morfología cultural según Spengler y Évola se desarrollan de modos que están lejos de la concepción modernista de una optimista evolución lineal.

     La inversión de la estructura social tradicional, incluyendo aquellos ejemplos que ocurrieron en nombre del "pueblo", como en Francia e Inglaterra por ejemplo, fueron juegos de poder que buscaban la rotura de los vínculos espirituales, sólo para hacerlos sustituír por lazos materiales. La ley de todo el cuerpo político que había existido entre gobernantes y gobernados —basada en lealtades y deberes recíprocos y, en último término, en deberes ante Dios— fue reemplazada por un nexo de dinero, donde los nuevos amos del dinero no tenían ningún deber hacia sus subordinados económicos aparte de pagarles salarios al precio más bajo posible, una situación que continúa ampliamente en la misma manera hoy. La unidad ética superior que existía entre las castas fue eliminada por el motivo de la ganancia grosera y la "lucha" entre clases.


Contra-Rebelión: Artesanos, Campesinos y Aristócratas como Aliados

     Los comerciantes y financieros, que habían sido relegados a un papel bastante mediocre en la jerarquía tradicional, asumieron poder entonces y continúan haciéndolo hoy. Karl Marx, cuya ideología era parte del mismo zeitgeist que el capitalismo, y por lo tanto procuraba expropiar los valores capitalistas más bien que invalidarlos, consideró el ascenso del comerciante y la destrucción de la jerarquía tradicional como una fase "dialéctica" progresista de la Historia. Él estuvo, por lo tanto, vehementemente opuesto a cualquier tentativa de restaurar el orden tradicional. Marx aludió a una alianza que se había formado en su propia época contra la Edad de la Materia, a la cual él estaba personalmente encadenado tanto como cualquier comerciante:

     «La clase media inferior, el pequeño fabricante, el comerciante, el artesano, el campesino. Todos éstos luchan contra la burguesía, para salvar de la extinción su existencia como fracciones de la clase media. Ellos no son por lo tanto revolucionarios sino conservadores» (Marx, Manifiesto Comunista).

     En la Alemania de Marx surgió una alianza de "Reaccionarios" que se resistieron a este "materialismo dialéctico", como Marx llamó a su método de análisis histórico, y que deseaban restaurar el orden tradicional. Max Beer, un historiador del socialismo alemán, declaró de esos "reaccionarios":

     «La Era moderna les parecía a ellos estar construída sobre arenas movedizas, ser caos, anarquía, o un arrebato completamente inmoral y ateo de fuerzas intelectuales y económicas, que debe conducir inevitablemente a un antagonismo social agudo, a extremos de riqueza y pobreza, y a una agitación universal. En este estado de ánimo, la Edad Media, con su firme orden en la Iglesia, en la vida económica y social, en su fe en Dios, en sus posesiones feudales, sus claustros, sus asociaciones autónomas y sus gremios, aparecía a estos pensadores como un edificio bien compactado...» [21].

[21] M. Beer, A General History of Socialism and Social Struggle, Nueva York, 1957, pp. 88-89.

     Ésa era la acción de retaguardia de la gente sacada de los remanentes de la clase campesina y artesanal, de la aristocracia y el clero. Fenómenos similares habían ocurrido en el momento de la Revolución francesa, cuando la región de la Vendée había experimentado una rebelión de campesinos para restaurar la jerarquía tradicional y el ethos de la fe que había sido un estilo de vida durante siglos, y de los cuales ellos no tenían ningún deseo de "liberarse" en nombre de un nebuloso slogan: "libertad, igualdad y fraternidad". Los representantes del "pueblo" exterminaron a los campesinos de la Vendée con entusiasmo [22]. Los campesinos y la nobleza también habían intentado una abortada rebelión de naturaleza parecida contra Enrique VIII.

[22] Sophie Masson, Remembering the Vendée, http://www.sophiemasson.org/essays/The%20Vendee%20Revolt.htm


La Relegación del Comercio

     La gente del mundo de hoy bien podría quedar perpleja por el status menos que digno que las sociedades tradicionales adjudicaron a los intereses mercantiles. La actividad comercial ha llegado a ser considerada como el nexo sobre el cual gira todo lo demás, mientras que en las sociedades tradicionales ella era sólo un aspecto de un Todo mayor, y se esperaba que el comerciante se comportara, tal como el campesino, el artesano, el artista, el caballero y el monarca, de acuerdo con el ethos apropiado para su dharma o lugar en el orden divinamente inspirado. Como fariseos de nuestro tiempo, la gente en la sociedad moderna a menudo es juzgada por su riqueza material o su manifestación externa. A menudo no hay ningún espacio para un sentido de entusiasmo (élan), sobre todo en política y en los tratos comerciales.

     Un ejemplo destacado de esto es el lugar del banquero moderno, que ha asumido de facto el papel de un lord, por otra parte conocido como el plutócrata. Son los banqueros y los gerentes ejecutivos quienes viven en mansiones y administran enormes propiedades, quienes mantienen una corte y a quienes los políticos acuden como criados abyectos. Debería ser tenido presente que en las sociedades tradicionales, los predecesores de los especuladores del dinero de hoy eran considerados como "usureros" y eran universalmente despreciados. Desde el punto de vista Tradicionalista, ellos son los herederos de la gente que Jesús expulsó del Templo porque ellos habían convertido un lugar de fe en un lugar de comercio, un escenario imbuído de tanto simbolismo como la dicotomía entre las perspectivas espirituales y materiales ante la vida (Juan, 2:14-16). La profesión de ellos era generalmente proscrita, y el cobro de interés por los préstamos estaba condenado en los libros sagrados como un crimen civil o moral, así como un pecado contra Dios.

     La época medieval adoptó sus prohibiciones contra los usureros de los mundos romano y griego, indicando la antigüedad del desprecio por esa práctica, y la perspectiva en cuanto a cómo eran percibidos el dinero y la ganancia. Aristóteles describió la usura como un uso anti-natural del dinero. Catón y Séneca consideraban la usura como estando en el mismo nivel que el asesinato, y Jerónimo adoptó la misma opinión [23]. Desde el punto de vista cristiano, así como desde la perspectiva judía, había una condena bíblica, hasta el punto de sancionarla con la pena de muerte (Ezequiel 18:5-13). Jesús había condenado dicha práctica (Lucas 6:35). Lamentablemente, la época medieval fue ambigua en su actitud y permitió que se cobrara interés por los préstamos si el usurero compartía un riesgo igual en una empresa.

[23] Norman Jones, Usury, EH.Net Encyclopedia, Utah State University, https://eh.net/encyclopedia/usury/

     Podríamos preguntar si esa apertura previó el endeudamiento en que incurrió finalmente la aristocracia, y si aquello permitió que los prestamistas compraran su camino hacia la nobleza, socavando así el sentido tradicional de la institución y el ethos. Durante el siglo XV, la Iglesia respondió a esa situación estimulando la formación de "bancos para los pobres" que ofrecían préstamos sobre una base no lucrativa. Es significativo que esos bancos funcionaran en todas partes de Europa, a excepción de Inglaterra, donde ellos fueron prohibidos por el Parlamento. Mientras Lutero consideraba la usura como impía, Calvino la consideró como apropiada, y hacia la segunda mitad del siglo XVI, tanto los teólogos católicos como los Protestantes estaban llegando a ser más tolerantes del préstamo de dinero. Sin embargo, en 1745 la encíclica papal Vix Pervenit siguió condenando la usura como la posición oficial de la Iglesia, mientras que el protestantismo generalmente la aceptaba. El Islam siguió la opinión aristotélica, prohibiendo la ribâ (usura) como un pecado (Corán, Al-Imran 3:130).

     Esta desviación en el modo en que el dinero y la ganancia fueron considerados en las sociedades tradicionales sirve para indicar que el comercio estaba lejos de ser considerado como el pivote de la sociedad que es hoy.


La Riqueza Material y la Subversión del Orden Cósmico

     Mientras la "ganancia" no fue ni siquiera considerada como el objetivo primario del trabajo, las sociedades tradicionales consideraban la acumulación del dinero como moralmente reprensible. Ése era un ethos que era sostenido tanto por las religiones paganas como por la Iglesia católica, pero fue trastornado por el protestantismo [24]. Por ejemplo, el poema nórdico Havamal afirma de la riqueza que "El que tiene dinero no sufre necesidad, pero el ahorro es una virtud que puede llevar a una falta" (verso 40), y "Rebaños llenos vi en los hijos del hombre rico; ellos ahora llevan el bastón del mendigo; la riqueza es como un parpadeo, el más voluble de los amigos" (verso 78).

[24] Max Weber, The Protestant Ethic and the Spirit of Capitalism, Asceticism and the Spirit of Capitalism, Londres, 1930.

     El Vishnu Purana, uno de los textos hindúes más importantes, es particularmente relevante acerca de la actitud tradicionalista en cuanto a la adquisición material, y concomitante con el ciclo de decadencia de una civilización, o lo que los hindúes llaman Kali-yuga. Ese texto profético podría haber sido escrito por Oswald Spengler o Julius Évola para describir la Era moderna de la civilización occidental. El Vishnu Purana se refiere a la aparición de gobernantes "impíos", "que crearán muchas nuevas castas mezcladas". Los nuevos gobernantes "desarraigarán al kshatriya o raza marcial", y "elevarán a los bárbaros" y a "otras castas al poder". Los sudras, los marginados y los bárbaros ocuparían las tierras "bajo todos los reyes contemporáneos (que) serán de un espíritu grosero" y de un "carácter violento... siempre abdicando ante la falsedad y la maldad":

     «Ellos destruirán a mujeres, niños y vacas; ellos incautarán la propiedad de sus súbditos, y tendrán un poder limitado; ellos rápidamente ascenderán y caerán; la duración de su vida será muy corta; ellos se formarán altas expectativas y adquirirán muy poca piedad» [25].

[25] Vishnu Purana, Calcuta, 1896, p. 310. https://ia700401.us.archive.org/30/items/Vishnupurana-English-MnDutt/Vishnupurana-English-MnDutt_text.pdf

     Desde una perspectiva Tradicionalista, este texto se refiere al ciclo final de una civilización —el Kali-yuga— donde la fe es sustituída por la impiedad existente entre una "casta mezclada" de gobernantes y gobernados, y donde no hay ningún respeto por la familia y la santidad. Desde un punto de vista neo-tradicionalista, el texto antiguo "predice" bastante bien la condición de la sociedad occidental moderna, donde los dirigentes carecen de la esencia espiritual. Del Kali-yuga y sus dirigentes, el Vishnu Purana sigue declarando que "la gente de los países que ellos gobernarán, absorberá la misma naturaleza". Estas ideas concuerdan con la visión neo-tradicionalista de que la Historia es hecha desde arriba, contra Marx y los historiadores materialistas que afirman que es hecha por las "masas".

     De este modo, el punto de vista Tradicionalista, como es declarado en el Vishnu Purana, de que la gente absorbe el ethos de sus dirigentes, supone que los gobernantes no han sucumbido a la decadencia en favor de la avaricia. El Vishnu Purana sigue describiendo el ethos del Kali-yuga:

     «La riqueza [26] y la virtud disminuirán de día en día hasta que el mundo entero sea depravado. La riqueza será la prueba del abolengo y de la virtud; la pasión será el único lazo del matrimonio; la falsedad será el único medio del éxito en los pleitos judiciales, y las mujeres serán simplemente los objetos de la satisfacción sensual. La tierra será respetada por sus tesoros minerales... las señales externas constituirán la única distinción de los órdenes y la maldad será el único medio de subsistencia» (Vishnu Purana, pp. 310-311).

[26] La "riqueza" a la que se hace alusión aquí, junto con la "virtud", es la "riqueza interior". Esto se hace evidente cuando la narrativa luego pasa a describir el otro tipo externo de riqueza que ha llegado a ser predominante.

     En estos comentarios ya mencionados el énfasis está en las castas, o en lo que hoy llamamos "clases", que están basadas en la posición económica. Jesús dijo algo similar sobre los fariseos cuando la ostentación pública se había convertido en una señal de su santidad (Mateo 23:2-7). Los fariseos eran la degradada clase dirigente del tiempo de Jesús, superficial y desalmada, cuya "riqueza era la prueba de su pedigrí y virtud". Así, la naturaleza análoga de las perspectivas tradicionales se hace evidente en los comentarios de Jesús y los sabios hindúes. La exterioridad de clase como el indicativo del propio status ("las señales externas constituirán la única distinción de órdenes") está aliada con el comentario de la riqueza como la prueba del abolengo, y una vez más marca la diferencia entre "casta" en la jerarquía tradicional, y "clase" en la moderna jerarquía económica "basada en la apariencia".

     Los otros comentarios de las citas referidas serán bastante familiares a los observadores de esta actual época centrada en el dinero: la falsedad como un medio para un pleito judicial exitoso, y las mujeres como objetos de gratificación sensual. Éstas y las lamentaciones siguientes acerca del Kali-yuga se refieren repetidamente a la dominación de la materia por sobre el espíritu y el modo en el cual cada faceta importante de la sociedad es infectada:

     «Sólo los regalos constituirán la virtud; la riqueza será el único signo de honestidad; el simple lavado será la purificación; el consentimiento mutuo será el matrimonio; un hombre que lleva puesta buena ropa será considerado honesto...» (Vishnu Purana, pp. 310-311).

     Al igual que el Havamal y el Vishnu Purana, los Evangelios cristianos expresan un aborrecimiento tradicionalista del gobierno de la materia, advirtiendo que hay un conflicto espiritual cuando las consideraciones económicas se convierten en la raison d’être en un nivel individual, social y cultural. En efecto, había mucho en el ministerio de Jesús que era una lucha militante contra el materialismo. Pablo aconsejó que los obispos y los diáconos de la Iglesia no debían ser "amantes de ganancias deshonestas" (I Timoteo 3:8). Las advertencias de Pablo a la Iglesia son un rechazo del materialismo, tanto como cualquier otro texto tradicionalista. Si bien su comentario de que "el amor al dinero es la raíz de todos los males" (I Timoteo 6:10) es completamente familiar, el pasaje anterior a ése advierte que el ansia de riqueza causa que el hombre se hunda en "ruina y perdición" (I Timoteo 6:9). El Apocalipsis de Juan es análogo a la descripción del Kali-yuga en el Vishnu Purana y a la de la Edad del Lobo o del Hacha descrita en la nórdica Voluspa (versos 40-60). Uno de los temas primarios de Juan es el de un mundo que es gobernado por el deseo de lo que Pablo llamó "lucro deshonesto", un sistema que se extiende sobre la totalidad de la Tierra, de la cual ningún Estado se ha escapado.

     Éste es un régimen mundial, una "Babilonia", sobre la cual "los reyes de la tierra han cometido fornicación"; es decir, los gobernantes del mundo se han vendido a este sistema universal. Es un sistema —dejó en claro Juan— basado en valores mercantiles: "Los mercaderes de la tierra se han enriquecido por la abundancia de sus deleites" (Apocalipsis 18:3). La época que Juan describió es la del final de una civilización que ha alcanzado lo que Spengler llamó su ciclo de Invierno, donde domina el dinero. Uno no tiene que suscribir la opinión de que a Juan de Patmos le estaba siendo dada una visión directamente de Dios para reconocer que él estaba describiendo el ciclo de cierre de una civilización arraigada en la avaricia, poniéndolo en términos poéticos y reveladores más bien que como el análisis histórico empírico según Spengler. Es "el tiempo del final" o las clases dirigentes kali-yúguicas lo que Juan estaba describiendo, las clases que empiezan a destacar en la época tardía cuando la jerarquía tradicional ha sido invertida: una "aristocracia del dinero" más bien que una "aristocracia de la nobleza".

     Uno bien podría preguntarse si los sabios hindúes o Juan de Patmos tenían una bola de cristal muy exacta. Sin embargo, los sabios y santos de muchas sociedades tradicionales —en armonía, como lo estaban, con el cosmos y conscientes de su lugar en el orden divino— eran fácilmente capaces de comprender el modo en que una sociedad se desenvolvería, no como una evolución ascendente sino como un ciclo hacia abajo, después de lo cual un cataclismo de destrucción originaría una nueva cultura que estaría otra vez de acuerdo con lo divino.

     Con la inversión de la Jerarquía que colocó a la clase mercantil como el nexo de un nuevo sistema, la necesidad de involucrarse en la actividad comercial, ya sea como un campesino proletarizado o un artesano o un noble burgués o un soldado, significó que el antiguo ethos tanto de los "órdenes inferiores" como de las castas militares y nobles fue transformado en clases económicas que ataron a ambos a un sistema económico. Un recurso de los aristócratas fue casar a su progenie con los comerciantes, y a la inversa, los comerciantes recibieron honores caballerescos, como en los eventos de los miembros de la Casa de Rothschild y otros que reciben títulos nobiliarios. Ésa es la situación que continúa teniendo efecto.

     La inversión de la Jerarquía, que es un síntoma de la patología cultural que surge en ciertas épocas de culturas a través del tiempo, la geografía y la etnicidad, es evidenciada por la situación análoga que surge en Japón, por ejemplo; un caso interesante, en la medida en que los japoneses han intentado retener sus fundamentos tradicionales a la vez que abrazan la tecnocracia de una civilización (occidental) en su avanzado estado de decadencia. El erudito japonés Inazo Nitobe expresa coherentemente el tema central de este informe: que la actividad mercantil que asume una importancia principal, y que es honrada actualmente en la época tardía de la civilización, es, en las sociedades tradicionales, considerada con desdén. Nitobe escribe acerca de esto en relación al ethos de los samurais, que es análogo al de los Caballeros medievales:

     «De todas las grandes ocupaciones en la vida, ninguna fue removida más lejos de la profesión de las armas que el comercio. El comerciante fue colocado en lo más bajo en la categoría de las vocaciones: el caballero, el labrador de la tierra, el artesano, el comerciante. El samurai obtenía sus ingresos de la tierra, y podía permitirse incluso, si tuviera la mente para ello, la agricultura aficionada; pero la calculadora y el ábaco eran detestados» [27].

[27] Inazo Nitobe, Bushido: The Code of the Samurai, 1899, p. 104.

     Nitobe declara que cuando Japón se abrió al comercio exterior, el feudalismo fue abolido, los feudos de los samurais fueron tomados, y ellos fueron compensados con garantías, con el derecho a invertir en el comercio. De ahí que el samurai fuera degradado al nivel de un comerciante a fin de sobrevivir (Ibid., p. 105). Ésta es la analogía cultural de Japón con otras civilizaciones.

     Sin embargo, la sociedad tradicional de los japoneses se parecía a las otras sociedades tradicionales, como ha sido explicado por Évola. La declaración de Nitobe de que el individuo y el universo eran a la vez espirituales y éticos, confirma este punto.


Conclusión

     Mientras la sabiduría tradicional así como la morfología cultural empírica de historiadores modernos como Oswald Spengler y Arnold Toynbee [28] hacen una crónica de los síntomas de la patología cultural, cada estado que declina precede a su renovación. En un sentido orgánico —que es cómo Spengler consideraba las culturas— lo viejo muere y cede el paso al crecimiento del nuevo organismo cultural. Aquellos que retienen su vigor toman el lugar de aquellos que se han fosilizado y que se están descomponiendo. El Vishnu Purana (op. cit., p. 311) afirma que, en términos cósmicos, el Kali-yuga es breve y que de aquella decadencia surgirá una cultura nueva aunque tradicional.

[28] Arnold Toynbee, A Study of History, Londres, 1954.

     La nórdica Voluspa declara lo mismo en cuanto a las consecuencias del Ragnarok, cuando incluso surgen nuevos dioses, pero con Baldr asumiendo el papel de la Divinidad, enraizando así la nueva dispensación con la tradición. Juan de Patmos del mismo modo tuvo una visión de "un nuevo cielo y una nueva tierra" (Apoc. 21:1) surgiendo del eclipse del orden corrupto simbolizado por Babilonia como un sistema de alcance mundial cuya desaparición sería lamentada por "los mercaderes de la tierra" (Apoc. 18:11). Évola declaró que no hay nada que pueda hacerse para salvar el antiguo orden, pero que los Tradicionalistas deberían —para usar una analogía oriental— "cabalgar el tigre", o sobrevivir al orden actual, a la vez que preparan el camino para las nuevas formas de civilización [29].

[29] Julius Évola, Ride the Tiger: A Survival Manual for the Aristocrats of the Soul.

     El nuevo orden que podría surgir de las cenizas del viejo, reabastecido por un retorno a ciertos valores eternos que forman el eje espiritual de las sociedades tradicionales a través del tiempo y el espacio, es la visión optimista ofrecida por los sabios cuyo fatalismo cíclico demasiado a menudo obscurece la perspectiva de un renacimiento. Los valores eternos en los cuales este tipo de sociedad post-caos podría estar involucrada son aludidos por Alice A. Bailey en sus proclamas para un nuevo orden:

     «El nuevo orden mundial no impondrá un tipo uniforme de gobierno, una religión sintética y un sistema de estandarización sobre las naciones. Los derechos soberanos de cada nación serán reconocidos, y a su genio peculiar, sus tendencias individuales y sus cualidades raciales, les será permitida su plena expresión...» [30].

[30] Alice A. Bailey, The Externalization of the Hierarchy, Nueva York, 1957, "(8) Steps Towards a New World Order", p. 191.

     Bailey también dice:

1. El nuevo orden mundial debe satisfacer la necesidad inmediata y no ser una tentativa de satisfacer una visión distante e idealista.

2. El nuevo orden mundial debe ser apropiado para un mundo que ha pasado por una crisis destructiva y para una Humanidad que ha sido seriamente destruída por la experiencia.

3. El nuevo orden mundial debe poner el fundamento para un futuro orden mundial que será posible sólo después de un tiempo de recuperación, de reconstrucción y reedificación.

4. El nuevo orden mundial estará fundado en el reconocimiento de que todos los hombres son iguales en origen y objetivo, pero que todos están en etapas diferentes del desarrollo evolutivo; que la integridad personal, la inteligencia, la visión y la experiencia, más una marcada disposición, deberían indicar el liderazgo. La dominación del proletariado por sobre la aristocracia y la burguesía, como en Rusia, o la dominación de una firmemente enraizada aristocracia por sobre el proletariado y las clases medias, como ha sido hasta recientemente el caso en Gran Bretaña, debe desaparecer. El control del trabajo por parte del capital o el control del capital por el trabajo también deben acabarse (Ibid. p. 190).

     La descripción de Bailey de un "nuevo orden mundial" está de acuerdo con la perspectiva Tradicionalista hasta el grado que es antitético a la perspectiva "contra-tradicionalista" que está siendo perseguida por muchos intereses bien situados [31], que han empezado a destacar bajo la protección de la "Edad de la Materia".–

[31] René Guénon escribió acerca de esas fuerzas anti-Tradicionalistas: «Después de haber trabajado siempre en las sombras, para inspirar y dirigir de manera invisible todos los movimientos modernos, al final se las ingeniará para "exteriorizar", si es correcta esa palabra, algo que será, por así decirlo, la contraparte de una verdadera tradición, al menos tan completa y exactamente como puede serlo dentro de las limitaciones necesariamente inherentes a toda posible falsificación en cuanto tal». The Reign of Quantity and the Signs of the Times, Nueva York, 2001, p. 261.






1 comentario:

  1. Son articulos muy buenos los de esta revista, haber si nos traduces más. Buen blog, muy completo en diferentes temas y abierto a diferentes interpretaciones.

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