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martes, 23 de febrero de 2016

Sobre los Orígenes de la Religión Indoeuropea



     El siguiente texto (de http://numenbooks.com/spirit/essays/) que presentamos en castellano es una conferencia pronunciada por el doctor en Historia, de origen indio, Alexander Jacob (1954) en una reunión del London Forum el 1º de Septiembre de 2012. El enfoque del doctor Jacob, de ser correcto (dice en counter-currents.com, que también lo publicó), implica una revolución en los estudios indo-europeos, ya que él considera a la difusión pre-aria de la cultura —que incluye a las civilizaciones minoica, egipcia, sumeria y del valle del Indo— como parte de una cultura indo-europea más amplia. Si este ensayo es funcional para una defensa de una narrativa histórica que desafíe a la académica (izquierdista) o es simplemente una reelaboración de los enfoques en Historia de principios del siglo XX, es algo que debe decidir el criterio del lector, el cual obviamente debe estar familiarizado con diversos conocimientos de la Historia y de la Arqueología para aprovechar este texto.


LOS ORÍGENES de la RELIGIÓN INDO-EUROPEA
por Alexander Jacob
1º de Septiembre de 2012




     Podemos recordar que en los años '30 del siglo pasado, Alemania procuró combatir los regímenes económicos del capitalismo y el comunismo con doctrinas de la primacía de la raza, y de la raza germánica en particular. Eso fue por supuesto en parte una estrategia para imponer el dominio germánico sobre el continente después de la expulsión de las fuerzas judías internacionalistas que lo habían controlado hasta entonces. Las glorificaciones de Alfred Rosenberg de la raza nórdica en su libro Mythus des zwangisten Jahrhunderts que fueron utilizadas con ese propósito estuvieron naturalmente enfocadas en una Europa occidental germánica, pero dichos esfuerzos generalmente descuidaban la parte oriental entera de Europa, habitada por eslavos y gobernada por una cultura aria del Este.

     Hoy cuando Europa occidental y central y partes de Europa del Este también están totalmente bajo el control de los judíos estadounidenses por medio del entramado económico y militar transatlántico de la Unión Europea, es importante seguir la lucha emprendida por la Alemania Nacionalsocialista contra las fuerzas globalistas pero con una visión más amplia y más profunda de Europa y su herencia espiritual.

     El propósito de mi charla por lo tanto es señalar los orígenes comunes de todos los pueblos indoeuropeos y la particular excelencia espiritual que los distingue de los judíos, quienes, como los autores de un árido mono-nacionalismo, representan una rama corrupta del árbol genealógico indoeuropeo.

     Los recientes estudios de lingüística y mitología comparadas de investigadores como Giovanni Semerano [1] y M. L. West [2] han dejado claro que los orígenes de la religión indoeuropea deben ser encontrados en y alrededor del antiguo Oriente Próximo, y que la tendencia anterior de distinguir, sobre la base de la diferencia lingüística entre lenguas aglutinantes y declinantes, la civilización egipcia de la sumeria y a ambas de las llamadas culturas "indoeuropeas" de los indo-iranios, como los hititas y griegos, ha ignorado la posibilidad de que ellas puedan todas haberse derivado de una común fuente racial y lingüística [3].

[1] Giovanni Semerano, Le Origini della Cultura Europea: Rivelazioni della Linguistica Storica, Florencia, 1984-1994. El diccionario etimológico proporcionado en ese trabajo presenta orígenes acadios y sumerios para muchas de las antiguas palabras griegas, latinas y germanas.
[2] M. L. West, The East Face of Helicon, Oxford, 1997.
[3] En realidad, será necesario de aquí en adelante renombrar el actual término lingüístico "proto-indoeuropeo" como "proto-Ārio", ya que "proto-indoeuropeo" denota más al lenguaje proto-dravidiano / hurrita original del cual se derivan el semítico, el dravidiano moderno y el Ārio, que la forma más temprana de la rama jafética / Āria de él. El proto-indoeuropeo debe incluír elementos semíticos también, ya que éstos son una de las ramas más antiguas. La moderna oposición entre "indoeuropeo" y "semítico" debe por lo tanto ser reconstruída como religiosa más bien que como lingüística o racial, esencialmente en base a la radical oposición de una rama de los semitas, los monoteístas y mono-nacionalistas hebreos, a la religión cosmológica de las otras ramas de la familia indoeuropea (véase Josefo, Antigüedades Judías,  I, 157, y Filón, De Mutatione Nominum, 72-6).

     Las similitudes entre las religiones cosmológicas de las tres civilizaciones históricas más antiguas de Sumer, Egipto y el valle del Indo dan en efecto crédito a esta posibilidad. Las referencias en la epopeya sumeria de Enmerkar y el Señor de Aratta, 141-146, a una época en que todos los pueblos de la región "al unísono / a Enlil [4] en una lengua [daban alabanza]", así como en Génesis 11:1 los hijos de Noé (Sem, el semita; Jafet, el Ārio, y Cam el camita) hablando originalmente la misma lengua, refuerzan esta teoría.

[4] Enlil, el dios sumerio del Viento, es el mismo que Vayu (sánscrito), Wata (avéstico) y Wotan (germánico), quienes representan el aliento vital de la deidad suprema en su forma macro-antropomórfica.

     La común orientación cosmológica y solar de las religiones de Sumer, Egipto e India también sugiere que esas tres civilizaciones pueden en efecto haberse derivado de una fuente común. El profesor Petr Charvat también ha notado recientemente la aparición de la primera "religión universal de Mesopotamia" ya en las culturas calcolíticas de Tel el-Halaf en Mesopotamia del Norte y Ubaid en Mesopotamia del Sur, que se remontan al 6º milenio a.C.


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     En cuanto al hogar original de la gente que desarrolló la comprensión cosmológica compartida por las religiones más antiguas de la región, la principal evidencia que tenemos es la de la así llamada historia del "Diluvio". La historia del Diluvio es un relato cosmológico del nacimiento del universo y su luz después de la destrucción del cosmos al final de una edad cósmica. El "barco" que sobrevive a la inundación lleva las semillas de la vida universal y se detiene en la cima de una montaña, que es en realidad la localización desde la cual surge la luz del universo, como la evidencia egipcia lo deja en claro. La historia del diluvio, sin embargo, es transferida a un escenario terrestre en las populares historias del diluvio de Sumer, India e Israel. El "arca", o barco, que navega por sobre la inundación, se detiene en una montaña terrestre, y esa montaña es considerada el punto originador de la raza misma, ya que el sobreviviente es descrito como un rey o un sabio primitivo.

     En el relato indio del Diluvio en el Bhāgavata Purāna, el sobreviviente del Diluvio es el Manú (Hombre), que es llamado Satyavrata, rey de los drávidas, y su barco se detiene sobre una montaña innominada "del Norte" (VIII, 24). En la historia babilónica de Beroso, el barco de Xisouthros, el sobreviviente del Diluvio, se posa en Armenia. Según Nikolaos de Damasco, un contemporáneo de Augusto, la montaña armenia en la cual el barco se detuvo es la montaña Baris, que puede ser la misma que el monte Ararat (al Norte del lago Van) mencionado en la historia bíblica del Diluvio de Génesis 8:3. Según Beroso, los babilónicos se trasladaron a diferentes partes de Babilonia desde Armenia.

     En la versión etíope del griego Pseudo-Calístenes, los brāhmanes son llamados los hijos del hijo de Adán, Set, y Noé es considerado un transmisor de la sabiduría de Set. Ya que Adán es, como veremos, en realidad el Hombre Cósmico y no un humano, podemos suponer que los brāhmanes mencionados aquí tienen que ver con la preservación de la Conciencia Divina de Brahma que proviene del Huevo Cósmico y que es comunicada más tarde a la Humanidad por Manú / Noé.

     Dado que los centros más tempranos de alta cultura son aquellos de los cananeos, Hatti, elamitas, sumerios y egipcios, es posible que la región alrededor del monte Ararat fuese la región central desde donde los proto-dravidianos viajaron a Palestina, Anatolia, Egipto, Mesopotamia y las costas del Mar Negro [5]. Es probable también que una de las regiones más tempranas en ser colonizadas por los pueblos descendientes de Noé de la vecina Armenia fuera Anatolia. Esto es sugerido por la gran antigüedad de los hallazgos arqueológicos neolíticos en Çatal Hüyük (ca. 7º milenio a.C.). La civilización de Siria-Palestina puede ser incluso tan antigua como la de Anatolia, ya que los asentamientos en Jordania son detectables desde fines del 7º milenio a.C. y en Biblos desde el 6º milenio.

[5] Las costas del Norte del Mar Negro, en la actual Ucrania, pueden ser identificadas como la patria de los Ārios jaféticos.

     Después de los hallazgos arqueológicos de Anatolia y Siria-Palestina están aquellos de Susa en Elam, en el Sudoeste de Irán. Speiser, junto con Frankfort, conjeturó que la fuente de esa cultura puede haber estado en Armenia misma, ya que el sitio del Norte más apartado donde se descubrió cerámica del tipo Susa I es el monte Ararat. En cuanto al relato bíblico de los elamitas más tempranos, considera a Elam como un hijo de Sem. Esto sugiere que un componente principal de la población proto-dravidiana en Elam deben haber sido los proto-semitas, probablemente semitas proto-acadios.

     De la temprana cultura Ubaid de Mesopotamia del Sur, Eridu, que data del sexto milenio a.C., muestra marcadas afinidades elamitas. Es importante notar que, según Speiser, el nombre original de Ku'ara (cerca de Eridu) en la primera dinastía de Uruk —HA.Aki— puede ser de origen subaro [de Subartu o Subar] o hurrita. El mismo término "subari" o, más precisamente, "suwari", está relacionado con Suvalliyat (Suvariya) / Sūrya, que es también el nombre hitita / índico del dios del Sol. Hurri entonces sería la pronunciación irania del mismo nombre, como lo sugiere el nombre iranio del dios del Sol, "Hvare".

     La raza Noéica [de Noé] o proto-dravidiana original es así más probablemente identificable con los proto-hurritas que habitaban los asentamientos anatolios-halafianos asociados con los subaros / suwaros / hurritas del 7º milenio a.C. Esos primeros hurritas hablaban una lengua caucasoide aglutinante que poseía características dravidianas, y F. Bork y G. W. Brown han revelado la íntima relación lingüística entre el hurrita (junto con su dialecto de Mitanni), el elamita y el dravidiano. Los pueblos semitas, jaféticos y camitas mencionados en la Biblia están todos estrechamente relacionados con esta raza original cuyo mismo nombre apunta a una característica adoración religiosa del Sol.

     Los sitios más tempranos de la cultura mesopotámica del Norte se encuentran en Tel el-Halaf, remontándose a alrededor de 5000 a.C. La poderosa influencia de la cultura halafiana está atestiguada en las imitaciones de su cerámica en Armenia del Sur así como en el Noreste de Siria. La cerámica de Tel el-Halaf está marcada por diseños bucráneos [de cabezas de buey] que la asocian con los santuarios del 7º milenio de Çatal Hüyük en Anatolia del Este, que pueden haber sido establecidos por los primeros proto-dravidianos o hurritas. Petr Charvat ha revelado que las formas sociales y religiosas fundamentales de la posterior cultura mesopotámica, incluso la de Uruk en Sumer, son evidentes ya en su forma embrionaria en los sitios calcolíticos [de la Edad del Cobre] tempranos de Mesopotamia del Norte. Las prácticas crematorias asociadas con rituales del fuego son notadas aquí, y Tell Arpachiyah (TT6, cerca del actual Mosul en Iraq) también presenta las primeras pruebas del uso de la tríada de color blanco-rojo-negro que persiste desde tiempos calcolíticos hast Uruk [6] y que es representativa de las tres castas originales de los indoeuropeos: los sacerdotes, los guerreros y el pueblo (es decir, agricultores y artesanos).

[6] P. Charvat, Mesopotamia before History, p. 92. En la Antigüedad griega, el negro puede haber denotado a la materia prima, el rojo a la materia, y el blanco al espíritu (ibid., p.93). Esto corresponde a las tres energías básicas mencionadas en la filosofía hindú: Tāmas [materia o inercia], Rājas [movimiento o vibración] y Sattva [inteligencia]. La asociación de las tres castas indias de los brahmanes, kshatriyas y vaisyas con estos colores se debe al predominio de los elementos sáttvicos, rājásicos y tāmásicos, respectivamente, presentes en ellas.

     El imperfecto estado de las investigaciones arqueológicas en las regiones bajo investigación prohíbe cualquier identificación definida de la raza original que creó la cultura espiritual de estas tempranas civilizaciones de la Humanidad. Sin embargo, dado que todas estas civilizaciones están situadas en el Sur y, según Gordon Childe, el elemento racial predominante en las tumbas más tempranas en la región desde Elam al Danubio es el "mediterráneo" [7], podemos suponer que esas culturas tempranas fueron fundadas por el genio de aquel amplio grupo racial. La raza mediterránea dolicocéfala, o "morena" [8], puede haber constituído así el estrato más temprano de las poblaciones de Asia, Egipto y Europa. Esa raza puede ser identificada como "proto-dravidiana" o "proto-hurrita" o incluso como la raza proto-indoeuropea.

[7] G. Childe, The Dawn of European Civilization, Londres, 1961, p.109. La evidencia germana para este tipo data del período calcolítico tardío (comienzos del 4º milenio a.C.) llamado Danubio III.
[8] H. Heras, Studies in Proto-Indo-Mediterranean Culture, Bombay, 1953, p. 465: "La raza mediterránea, considerada etnológicamente, forma el sub-grupo moreno dentro de la raza blanca, el cual se dice que se encuentra en Europa en la península ibérica, el Sur de Francia, el Sur de Italia, las islas del Mediterráneo y en Grecia continental".


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     De las tres ramas lingüísticas históricas asociadas con los hijos de Noé —Sem, Jafet y Cam [9]—, la evidencia literaria más temprana es principalmente la de la semítica proto-acádica [10]. Muchas de las palabras de las tablillas de Uruk más tempranas que fueron designadas como "proto-eufráticas" por B. Landsberger son más probablemente de origen proto-acádico, como G. Rubio ha señalado recientemente. Langdon, sin embargo, notó que la mayor parte de los nombres semíticos estaban concentrados en el Norte, y esto sugiere la "entrada de los semitas en el área del Norte en Kish y Maer en un período muy temprano".

[9] Por "hijos" obviamente se hace referencia a variantes anteriores y posteriores de la raza caucásica con sus divergentes rasgos físicos y lingüísticos. Si explicamos las culturas desarrolladas por los hijos de Noé con las sub-divisiones de la raza europea presentadas por William Z. Ripley en The Races of Europe: A Sociological Study (1899), la jafética correspondería a la rama teutónica; la semítica, a la mediterránea, y partes de la camita, a la alpina (cf. A. Jacob, Ãtman: A Reconstruction of the Solar Cosmology of the Indo-Europeans, Hildesheim, 2005).
[10] En esta breve charla presento la aparición sólo de las ramas semita y jafética de la raza indoeuropea. Para un estudio más detallado de éstas así como de la rama camita, véase A. Jacob, op. cit.

     La cultura semítica acádica de Mesopotamia del Norte debe haber estado relacionada también con la de Elam, que es descrita en Génesis 10:20 como un "hijo" de Sem. No es sorprendente que los acadios más tempranos estuvieran estrechamente asociados con tribus hurritas también, con quienes ellos parecen haber compartido una tradición histórica común. Tenemos aquí una indicación de la gran antigüedad de la familia semítica acádica.


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     Aunque las religiones atestiguadas más tempranas son las de los semitas y los camitas sumerios y egipcios, los Ârios jaféticos en efecto pueden haber sido más antiguos que los camitas, ya que Cam es representado en la versión yahvista más temprana de la Biblia como "el hijo más joven de Noé" [11]. Los Ārios son generalmente divididos en arios del Este, "shatem", y occidentales, "centum". En cuanto a los pueblos Ârios occidentales, podemos notar que en Génesis 9:2 el hijo mayor de Jafet (los Ârios) es llamado Gomer, representando a los cimerios, quienes son descritos por Heródoto (IV, 14) como habiendo tenido su hogar inicial "en las orillas del Mar Negro".

[11] Véase The Interpreter's Bible, I:560.

     Los cimerios son probablemente idénticos a los celtas más antiguos, ya que los galeses (quienes son un pueblo celta del Sur como los bretones) se llaman a sí mismos, hasta este día, "Cymry". Diodoro Sículo (Bibliotheca Historica V, 32) también declara que los celtas que viven cerca del Mar Negro están dispersos "tan lejos como hasta Escitia", y las más norteñas de esas tribus celtas son las más salvajes y las más poderosas, habiendo aparentemente "vagado a través y desolado toda Asia, bajo su nombre de entonces de cimerios". Los celtas del Norte son sin duda los goidélicos [o gaélicos], pero el hecho de que el nombre antiguo se conserve principalmente entre los galeses bretónicos puede ser debido al predominio del conservador elemento druídico entre éstos.

     Aunque los celtas sean Ârios jaféticos occidentales, los hijos de Gomer, en la bíblica Tabla de las Naciones (Génesis cap. 10), incluyen a Ashkenaz (los escitas, quienes son Ârios jaféticos occidentales), Riphath (incierto) y Thokarmah (posiblemente los tocarios, o armenios, cuyo ancestro es llamado Tcorghom [12]). Los celtas y los escitas están estrechamente relacionados, como lo indica Estrabón (XI, 7,2), quien declara que los autores griegos llamaron a todas las poblaciones del Norte escitas o celto-escitas.

[12] Véase A. E. Redgate, The Armenians, Oxford, 1998, p. 14.

     Los "hermanos" de Gomer incluyen a Magog (los magi o iranios), Madai (los medas / mitanios / indo-iranios), Javán (griegos), Tubal, Mesec y Tiras, los últimos tres no identificables. Los iranios jaféticos del Este son representados en Heródoto como adoradores del "círculo del cielo" (Ahura, de Ashur / Anshar = círculo del cielo) así como de los cuerpos celestes. Los iranios referidos por Heródoto sin embargo no construyeron templos ni adoraban representaciones estatuarias de sus deidades (I, 131), y esto enfatiza su antigua afiliación con los escitas, mientras que los hurritas-hititas y hurritas-mitanios, sin embargo, no eran ciertamente contrarios a tales representaciones. Además, los rituales iranios son descritos por Heródoto como no involucrando el fuego, aunque más tarde la religión zoroastriana —al igual que la índica— en efecto sea tipificada por su adoración del fuego, Atar. Esto sugiere que los iranios posteriores deben haber entrado en contacto en el Sur con los ailas [una dinastía] de Pururava (elamitas / hurritas), quienes, como veremos, derivaron su adoración del fuego de los gandharvas, quienes están relacionados con los pobladores del complejo arqueológico Bactria-Margiana en Afganistán.

      La rama histórica más antigua de los indo-Ārios está manifestada en el siglo XVI a.C. en el Norte de Mesopotamia, en el reino de Mitanni. El hogar original de los mitanios permanece incierto. Los mitanios mismos pueden ser identificables con los medas, y, como lo revela Heródoto (VII, 69), los medas fueron alguna vez universalmente llamados Arios. Los medas pueden haber estado relacionados con los proto-iranios, ya que varias palabras medas son detectables en el persa antiguo. Los reyes de Mitanni tienen nombres sánscritos que se distinguen por su afiliación a la conducción de carros, y esa habilidad es reflejada también en los nombres (Keres-aspa, Pourus-aspa) de la rama irania de la familia Âria, así como en el extraordinario prestigio asignado al caballo por los indo-Ārios en sus rituales sagrados.

     La cercana relación entre los indo-Ārios y los iranios y los escitas es confirmada por la veneración del caballo entre los escitas, relatada por Heródoto (IV, 61). Sin embargo, los mitanios exhiben una adhesión a una forma védica de religión (y no a la posterior forma avéstica zoroastriana), junto con una adoración de deidades hurritas, estableciendo de esa manera lo relativamente tardío de la religión zoroastriana.

     El tercer y más joven grupo de los Ārios del Este, los escitas, está localizado por Heródoto al norte del Mar Negro en las proximidades de los cimerios, quienes están representados en la bíblica Tabla de las Naciones como sus antepasados ("padre") bajo el nombre de Gomer. Según Heródoto (IV, 3), los escitas se consideraban a sí mismos como "la más joven de todas las naciones". Sin embargo, el amplio territorio de los escitas se extendía a través de Rusia hasta Asia Central. Los escitas también están estrechamente asociados con los indo-iranios, con quienes ellos compartían un lenguaje Ârio "shatem" del Este y muchas de sus prácticas religiosas.

     El predominio de la lengua irania en las regiones habitadas por cimerios y escitas, es decir, del Danubio al Dnieper, es evidenciado también por los nombres del Danubio, Dnieper y Dniester, que emplean el término avesta "danu" para "río". En efecto, esa área corresponde a la habitada por los eslavos, y podemos considerar razonablemente a los escitas como los antepasados de éstos.

     Sin embargo, la descripción que hace Heródoto de los escitas (IV, 59) sugiere que ellos no poseían mucha sofisticación en sus rituales religiosos. El propio Darío I (522-486 a.C.) se refiere a los sakas como "rebeldes" y no fieles a Ahura Mazda. El relato de Heródoto de las costumbres religiosas de los escitas (IV, 59) en efecto revela su agudo foco en la vida marcial, ya que ellos por lo visto no establecieron altares o estatuas a ningún dios excepto a Ares, dios de la guerra. Las investigaciones de Eliade también apuntan a una aplicación práctica muy rudimentaria de las bases espirituales de la religión cosmológica del antiguo Oriente Próximo a rituales cuasi-chamanísticos. Esto también explica la antigua designación de los escitas como "haoma-varga”, o "bebedores de soma".

     Es interesante notar, sin embargo, que incluso los indios y los iranios avésticos parecen originalmente haber sido pueblos nómadas afines a los escitas, como está atestiguado por el lenguaje del Viejo Avesta, en donde el cosmos es visto como una enorme tienda de campaña. Sin embargo, parece que siguieron otras oleadas de indo-Ārios que se instalaron en el Complejo Arqueológico Bactria-Margiana (situado en los actuales Turkmenistán y Afganistán) alrededor de 2200-1700 a.C. y la región de Gandhara (alrededor de Peshawar) alrededor de 1700 a.C., quienes habían mantenido la tradición de los rituales del fuego. Esas culturas pueden ser remontadas en último término a las culturas de tumbas de chozas y de catacumbas de Ucrania (ca. 2800 a.C.) y, más temprano, a la cultura yamnaya (4º milenio a.C.), también al Norte del Mar Negro. Elaborados altares para el fuego son evidentes en las ruinas del complejo Bactria-Margiana que corresponden a los sacrificios Ârios del fuego. Los templos también contienen cuartos con "todo el aparato necesario para la preparación de bebidas extraídas de la amapola, el cáñamo y la efedra" que puede haber sido usado para los rituales con soma [13].

[13] Véase J. P. Mallory y V. H. Mair, The Tarim Mummies, p. 262.



     Cuando investigamos el asunto crucial de la institución de rituales del fuego entre los indo-Ārios, deberíamos recordar que ni los iranios más tempranos, ni los indo-Ârios de Mittani, ni los escitas, presentan ninguna evidencia de tal adoración del fuego. En los Purānas, Pururavas, el temprano rey aila (= ¿elamita?), se dice que obtuvo el fuego del sacrificio de los "Gandharvas", quienes también le enseñaron la constitución de los tres fuegos sagrados de los Ārios. Esto sugiere que los primeros hurritas de Elam y los iranios más tempranos no adoraron el fuego y lo aprendieron de una oleada posterior de Ārios de más al Norte. Sin embargo, incluso los gandharvas son incluídos entre las dinastías ailas (= ¿elamitas?) en los Purānas, lo que sugiere que ellos también eran una rama del Norte y del Este de proto-hurritas identificable con los jaféticos. Esas tribus jaféticas que se movieron hacia el Norte a las estepas póntico-caspias crearon la cultura yamnaya allí, que es considerada la fuente principal de los pueblos Ârios.


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      En cuanto a los arios "centum" occidentales, aun cuando los cimerios o los celtas, representados por Gomer, sean considerados como el primogénito de Jafet, la evidencia histórica más temprana de una lengua "centum" viene de Anatolia, entre los hititas. Los llamados hititas eran, a diferencia de los nativos de Hatti, Ârios. Pero ellos, al igual que los jafetitas cimerios (así como los semitas y camitas), no proporcionan ninguna evidencia arqueológica de ningún ritual del fuego en su adoración religiosa.

     El reino hitita también muestra una fuerte influencia cultural neo-hurrita a partir del siglo XV a.C., y muchas de las reinas hititas llevan nombres hurritas, como en el caso de los mitanios. La religión hitita es totalmente sumerio-hurrita, pero tiene afinidades particulares con los mitanios e indo-Ārios también.

     Los griegos muy probablemente llegaron a la región de la Hélade alrededor de 2200 a.C. desde Anatolia, aunque es posible que tribus jaféticas de las orillas del Mar Negro se hubieran trasladado por tierra a Grecia también. Sin embargo, la cultura minoica pre-griega de Creta contribuyó decisivamente al desarrollo de la escritura Lineal A (antes de 1700 a.C.) que precedió a la Ārio-micénica Lineal B (1300 a.C.). Y tal como la escritura cretense está en la base de la micénica, así también su religión es seguida sin alterar por los inmigrantes posteriores. No es sorprendente así que el Zeus cretense, quien es hijo de Cronos, sea llamado Zagreo, lo que sugiere un origen de la deidad en los montes Zagros del Irán occidental.

     Más al Oeste, una de las ramas más antiguas de los pueblos germánicos es llamada los alemanni, un nombre que ciertamente está relacionado con Aryamanni, que puede ser igualmente el original del término "armenio". Según Snorri Sturlusson, el autor de la Edda en Prosa, los germanos primero derivaron su religión de los anatolios, quienes se trasladaron a Europa. Se dice que el primer anatolio (uno de los "Aesir", o Asuras) que emigró a Germania es "Voden" u "Odín", el dios del Viento (la forma germánica original, Wotan, está claramente relacionada con el indo-iranio Wata, una forma del dios del viento, Vāyu). Se dice que Odín, sin embargo, es un descendiente distante de "Tror" o "Thor", el hijo de un rey troyano llamado Mennon o Munon (= ¿Manú?) que se había casado con una hija del rey Príamo. Se dice que Thor mismo había deambulado primero por Tracia y luego por otras partes del mundo. Notaremos que Tracia es también la fuente del culto dionisíaco.

     Los tres hijos de Odin —Vegdeg, Beldeg (Baldur) y Sigi— gobernaron sobre Germania Oriental, Westfalia y Francia, respectivamente. Expediciones adicionales llevaron a Odín a Dinamarca, Suecia y Noruega, por lo cual él tuvo éxito en difundir la "lengua de Asia" por todas partes de Europa. Vemos por lo tanto la posición central de Anatolia como la tierra de donde derivó la mayor parte de las culturas indoeuropeas occidentales, aunque los cimerios celtas estuvieron en gran parte localizados al Norte del Mar Negro.

      Según Tácito, Mannus (relacionado con el índico Manú) fue el antepasado de la raza germánica, y él tuvo tres hijos representados por los Ingaevones (los germanos del Norte incluyendo a los escandinavos y a los antepasados de los anglo-sajones), los Hermiones (los germanos occidentales incluyendo a los godos, los burgundios y los lombardos) y los Istvaeones (los germanos de la Baja Germania, los francos, los holandeses y los belgas). La primera tribu germánica que cruzó el Rin y expulsó a los celtas autóctonos fue la de los Tungri (una tribu bélgica), cuyo otro nombre, Germani, fue usado por todas las tribus.

     El dios jefe de los germanos dice Tácito que es el dios creador Tuisto (de Tvashtr / Tvoreshtar / Tartarus), aunque Ingvi, otro nombre para Freyr, debiera haber sido el dios de los Ingaevones, tal como Hermin, un nombre para Wotan, debe haber sido la deidad principal de los Hermiones, mientras Istae permanece obscuro.


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     En cuanto a las percepciones cosmológicas y filosóficas que dan forma a las religiones antiguas, es probable que ellas fueran desarrolladas primero por medio de la meditación yóguica, como declara, p. ej., el Brahmānda Purāna I, i, 3, 8. Es significativo que en el Mahabhārata, Shalyaparva 44, Skanda o Muruga, el dios dionisíaco de los dravidianos, sea descrito como dotado con poderes yóguicos mientras su padre Shiva en Mahabhārata, Anushāsanaparva 14, es referido como el "alma del yoga" y el objeto de toda la meditación yóguica. Ya que es muy probable que la raza Noéica fuera en realidad una proto-dravidiana / proto-hurrita, es por lo tanto probable que ese profundo conocimiento yóguico del universo sea característico de ella.

     La religión de los Antiguos estaba basada en una visión espiritual de la formación del cosmos [14]. Después del diluvio cósmico que marca el final de la primera edad cósmica (kalpa), el Alma Divina, Âtman, dentro del océano cósmico (el Abismo) gradualmente re-crea el cosmos asumiendo la forma de un Macroanthropos ideal, u Hombre Cósmico. El aliento o fuerza vital (Vāyu/Wotan) del Hombre cósmico primero se unen con la materia (Tierra) para formar un complejo estrechamente unido del Cielo (la sustancia del Purusha, el hombre cósmico) y la Tierra. Pero el aspecto temporal (Kāla, Cronos) del rápidamente móvil aliento o viento también separa los dos elementos, un acontecimiento representado como una castración del Purusha. El semen que cae del falo cercenado impregna al Purusha mismo con un Huevo Cósmico del cual surge el cosmos manifiestado compuesto, otra vez, de sustancia terrenal y luz divina (Brahman). Este luminoso Brahman también es representado antropomórficamente como un Hombre Cósmico.

[14] Para un estudio más detallado de la cosmología de los antiguos indo-europeos, véase A. Jacob, op. cit.

     Sin embargo, esa luz continúa poseyendo una cualidad tempestuosa que es una persistencia de Cronos en el cosmos manifiesto. Esa fuerza, representada como Zeus / Seth / Ganesha, destruye la luz y la obliga a descender a las regiones inferiores de la Tierra, donde yace moribunda como, por ejemplo, Osiris. Sin embargo, la misma fuerza tormentosa ha tragado mientras tanto el falo divino y así finalmente reanima a la luz moribunda en el mundo inferior con su potencia. Luego separa la sustancia de la Tierra en las regiones terrenales y el cielo de nuestro universo y emerge por la hendidura entre los dos en la región media de las estrellas como un universal Árbol de la Vida o Falo. La semilla de ese universo recién formado es emitida entonces dentro de nuestra galaxia, primero como la Luna, y luego la fuerza solar finalmente surge en la cima del Árbol (Falo) como el Sol.

     El proceso de la vida que se desarrolla en la Tierra es supervisado por el séptimo Manú de nuestra edad a quien hemos encontrado como el Rey de los Drávidas. Este Manú es responsable de la continuación de la Humanidad en la Tierra así como de su evolución espiritual. En esta tarea lo ayudan siete sabios, que representan la sabiduría y la cultura del hombre iluminado. Los brahmanes derivan su ascendencia de esos siete sabios, y así vemos que la religión brahmánica es en efecto la más antigua y una que está originalmente marcada por la elevación espiritual yóguica.


     Ya que hemos identificado a los proto-indoeuropeos como proto-hurritas o proto-dravidianos, podemos hacer una pausa para considerar cuál puede haber sido la forma más temprana de su religión. Hemos notado que los cimerios son los más antiguos de los arios jaféticos, y sabemos que sus sacerdotes eran llamados "druidas", de modo que es posible que los druidas sean en efecto descendientes de los proto-dravidianos mismos. Las semejanzas fonéticas entre "druida" y "drávida" son obvias. En los textos clásicos, el nombre de los druidas aparece sobre todo en una forma plural, como "druidai" (en griego) o "druidae" o "druides" (en latín). En irlandés, "drai" o "druí" es la forma singular de una palabra que significa "hombe sabio", del cual "draod" o "druida" es el plural. La asociación de los druidas con la palabra griega para "roble", primero hecha por Plinio (Historia Naturalis XVI, 95), es probablemente posterior, debido a la importancia de la adoración del árbol entre los antiguos druidas, así como entre la mayor parte de los pueblos indoeuropeos antiguos, ya que el árbol sagrado sirve como un símbolo del falo divino que representa la vida del universo.

     Los druidas parecen haber sido los sacerdotes de los celtas cimerios sobre todo en la Galia y Gran Bretaña. Ya que no hay ninguna evidencia de ellos en otros territorios celtas como el Danubio, la Galia Cisalpina y la Transalpina, es posible que ellos sean de origen no-celta [15]. Sin embargo, entre los galos, los druidas, junto con los "equites", constituían las "castas" superiores. Piggott creía que la tradición druídica podía remontarse al menos al 2º milenio a.C. ya que tiene mucho en común con el lenguaje y la ideología indoeuropeos, especialmente el sánscrito y el hitita. Sin embargo, es completamente posible que los druidas se hubieran establecido en Europa incluso antes que los Ārios, quizás tan tempranamente como en el 3er milenio a.C. El dios tricéfalo atribuíble a los druidas en el Marne y en la Côte d’Or está posiblemente relacionado con el dios tricéfalo o tetracéfalo [16] del valle del Indo del 3er milenio a.C. [17].

[15] El tipo druida es quizá más evidente hoy entre los galeses, cuya forma de pronunciar el inglés es notablemente similar a las de los hindúes del Sur.
[16] La cuarta cabeza del dios es invisible, ya que está vuelta hacia atrás.
[17] Véase, p. ej., M. Jansen, Die Indus-Zivilisation.

     De ahí que no sea sorprendente que Clemente de Alejandría creyera que los pitagóricos y los filósofos griegos sacaron su sabiduría de los galos y otros bárbaros, con lo cual él sin duda se refería al núcleo sacerdotal druídico de esas tribus. Dion Crisóstomo (siglo I d.C.) consideraba a los druidas como similares a los magi persas, los sacerdotes egipcios y los brāhmanes indios. Puede recordarse que F. E. Pargiter una vez sostuvo que el brāhmanismo mismo podría no haber sido originalmente Ârio, sino haber sido adoptado en la religión indo-Āria desde los dravidianos [18]. Sin embargo, Pargiter no consideró la posibilidad de que tanto la cultura Âria como más tarde la dravidiana pueden haberse derivado de una cultura espiritual proto-dravidiana o proto-hurrita.

[18] Véase F. E. Pargiter, Ancient Indian Historical Tradition, Londres, 1922, cap. 26.

     La religión de los druidas era claramente cosmológica, como está atestiguado en los Comentarios de César, que les atribuyó mucho conocimiento acerca de las estrellas y su movimiento, y del tamaño del mundo (Pargiter, op. cit.). Amiano Marcelino declaró que ellos investigaban "problemas de cosas secretas y sublimes". Diodoro Sículo, siguiendo a Posidonio, sostuvo que ellos creían que "las almas de los hombres son inmortales, y que después de un número definido de años ellos tienen una segunda vida en que el alma pase a otro cuerpo", que es también la doctrina de los proto-dravidianos que formularon los principios originales de la religión índica.

     Aunque la religión celta incluyera sacrificios, incluso humanos, no hay ninguna prueba sin embargo de la adoración del fuego entre los druidas como era característica de los indo-Ārios e iranios. No obstante, la veneración del fuego entre los antiguos celtas puede ser débilmente detectada en la relativa frecuencia de la denominación "Áed" (fuego) entre los legendarios y tempranamente históricos Reyes Supremos de Irlanda [19]. Fue sólo entre los proto-arios que los rituales religiosos indoeuropeos se centraron en la adoración del fuego, lo que implica una dramatización externa de acontecimientos cósmicos y particularmente del nacimiento del Sol dentro del fuego sacrificial sagrado, Agni. Sin embargo, con la aparición más tarde de las culturas camitas de Sumer y Egipto, la adoración de las fuerzas cósmicas asumió formas antropomórficas, y la idólatra adoración del templo se convirtió en la regla, como lo hizo en el hinduísmo posterior también.

[19] Por ejemplo, Áed Rúad (véase el Lebor Gabála Érenn).

     Al mismo tiempo, habría que notar que los templos de los antiguos indoeuropeos así como los rituales del fuego de los Ārios están ambos igualmente construídos sobre un plano sagrado (mandala) del Purusha que es revivido, mediante los diversos rituales realizados allí, a su esplendor solar cósmico original. En los sacrificios de los indo-arios el sacrificador se somete a una muerte y renacimiento rituales como el Sol, mientras que en la adoración camita del templo, el ídolo sagrado es adorado como una representación viviente del Sol naciente y en desarrollo. Ambas formas de adoración están naturalmente relacionadas con ejercicios yóguicos tántricos que emplean las correspondencias entre el macrocosmos y el microcosmos para divinizar al adepto mismo.

     Los dioses de las diversas culturas que surgieron de la patria original de los indoeuropeos simbolizan varios aspectos vitales del macro-antropomórfico Purusha. Así, Enlil, Vāyu, Wotan, que representan el aliento divino o fuerza vital, son los principales dioses entre los sumerios, indios y germanos; Thor, Zeus, Indra y Perun representan la fuerza de la tormenta entre los germanos, griegos, indios y eslavos; y Atón, An, Brahma, Mitra, Helios y el Sol son adorados por los egipcios, sumerios, indios, zoroastrianos, griegos y mitraístas como la Luz cósmica. Si bien los sacrificios del fuego y los rituales del templo de las religiones indoeuropeas antiguas fueron considerados necesarios para el bienestar del Purusha y el adecuado funcionamiento del universo, el objetivo del sabio verdaderamente iluminado, sin embargo, era trascender completamente la encarnación cósmica por medio de la ascesis yóguica.


* * * *

     Hemos visto que la prisca theologia (primitiva teología) de los antiguos indoeuropeos es claramente politeísta, y la transformación de ese politeísmo en pseudo-monoteísmo cristiano bajo la influencia del monoteísmo hebreo merece una investigación más cercana. El monoteísmo hebreo debería ser más correctamente designado como un mono-nacionalismo basado en el culto tribal a Yahvé, dios de los hebreos. Los hebreos son una rama de los arameos semíticos occidentales (e indoeuropeos), y son reconocibles en los nómadas "habiru" del antiguo Oriente Próximo, quienes fueron considerados como peligrosos bandoleros, subversivos y mercenarios [20]. La aversión abrahámica original al politeísmo cosmológico de los indoeuropeos es evidente de acuerdo a las referencias existentes en las Antigüedades Judías de Josefo, I, 157 y en De Mutatione Nominum de Filón, 72-6.

[20] Véase J. Bottero, Le Problème des Habiru, París, 1954; cf. Early History of Assyria, Londres, 1928, p. 192. La equiparación de "habiru" con "hebreo" es confirmada por la explicación de Filón de este último término como "migrante" (De Migratione Abahami, 20).

     Mientras la religión genuinamente universal de los indoeuropeos está basada en una comprensión científica y filosófica del cosmos, el monoteísmo hebraico comenzó y continúa hoy no tanto como una adoración de alguna fuerza espiritual universal, sino más bien como una doctrina política de mono-nacionalismo (es decir, la concentración única en la historia de los israelitas como el destino de la Humanidad). La rebelión monoteísta mono-nacionalista de los hebreos (Abraham) contra las religiones cosmológicas de sus vecinos en el antiguo Oriente Próximo representa así la primera caída de la Humanidad, dirigida por los judíos, desde su foco espiritual original. Como lo señaló el historiador cultural inglés del siglo XIX Houston Stewart Chamberlain, la mentalidad predominantemente materialista de los escribas judíos es claramente evidente en su transformación de las elaboradas especulaciones mitológicas de los sumero-acadios en un mero registro histórico de la tribu judía misma:

     «Las ideas fantásticamente científicas que aparecen en el Génesis, acerca del origen del mundo orgánico, que era originalmente la concepción mítica y simbólica de un pueblo imaginativo (probablemente los sumero-acadios)... todo aquello se convirtió en "historia" (en las manos de los judíos), y por consiguiente al mismo tiempo perdió todo significado como mito religioso, puesto que el mito es elástico e inagotable mientras que aquí yace delante de nosotros una simple crónica de hechos, una enumeración de acontecimientos. Eso es materialismo... Con esta visión de la religión, son perseguidos sólo fines prácticos, ningún fin ideal» (en The Foundations of the Nineteenth Century, Londres, 1911).

     Es verdad que hay algún misticismo cosmológico en las obras kabalísticas como el Sepher Yetzirah (Libro de la Creación) y el Zohar (Libro de la Luz), que también fueron compuestas en los primeros siglos d.C. Esas obras, como las gnósticas, se derivaron con toda probabilidad de los asirios entre quienes los hebreos fueron exiliados en el siglo VI a.C. [21], y contienen algunas nociones de las bases cosmológicas originales de las primeras secciones del Génesis.

[21] El Sefer Yetzirá data de alrededor el siglo II d.C., y contiene nociones cosmogónicas babilónicas, egipcias y helénicas. El Zohar fue publicado primeramente en España en el siglo XIII por Moisés de León, quien atribuyó la obra al rabino Simón bar-Yochai del siglo II d.C. Sin embargo, gran parte del libro puede remontarse a la época del Talmud de Babilonia. [...]

     En cuanto al culto cristiano, el hecho de que también se derivara de nociones cosmogónicas indoeuropeas, y que se remonte, como la Kábala, al tiempo del exilio babilónico, es claro a partir de las descripciones cosmológicas gnósticas contemporáneas del Cristo como la manifestación macro-antropomórfica cósmica de la Idea de Dios, así como en la historia extraordinaria de la muerte y la resurrección de Cristo mismo, ya que eso sólo puede ser un historización del drama cósmico del descenso de la fuerza solar (Osiris) hacia el inframundo y su posterior aparición como el Sol (Horus) de nuestro Sistema Solar.

     Otra prueba de la base mitológica de la historia de Cristo es el empleo de un "carpintero" como el padre de Jesús, ya que esa figura corresponde exactamente a la fuerza formativa Tvashtr (Tuisto entre los germanos) del Hombre cósmico, Purusha, ya que para los indo-iranios Tvoreshtar también significa un carpintero. Es Tvashtr quien forma la semilla de la luz del universo que aparece como Brahma, mientras que la impregnación del sustrato material del cosmos es emprendida por el aliento de Purusha, representado como la deidad del viento Vāyu (Wotan), que corresponde al Espíritu Santo cristiano.

     Como sabemos, en el concilio de Éfeso de 431 d.C., la virgen María también fue confirmada como la madre no de un hijo humano sino más bien de Dios, mientras que el concilio Lateranense de 469 clarificó que María concibió a Jesús por medio del Espíritu Santo. La traducción de este mito cosmológico de Jesús, que es el mismo que el de Helios / Brahma, en un cuento histórico ambientado en la Judea de los tiempos romanos es quizás el trabajo de los judíos que se llamaron a sí mismos los evangelistas, y de Pablo, que deseó hacer del culto cristiano un culto judío internacional añadiendo un capítulo final a la historia judía del Antiguo Testamento.

     La aversión cristiana a la forma histórica y nacionalista del judaísmo bíblico aparece ya en las doctrinas del temprano pensador cristiano Marción de Sinope (s. II d.C.) [22]. Marción se horrorizó de la concepción hebraica de Yahvé como un dios tribal que aprueba toda suerte de crímenes a sus israelitas "elegidos", y por tal razón él, como los gnósticos contemporáneos, diferenció entre el demiurgo del universo material, Yahvé, y el "Padre Celestial" de Cristo.

[22] La mayoría de las doctrinas de Marción deben ser entresacadas del tratado de Tertuliano Adversus Marcionem, que rechaza el dualismo de las doctrinas de Marción en favor de un estricto monoteísmo.

     La oposición de Marción a Yahvé nos muestra que, ya en su época, la concepción de Yahvé contenida en el Antiguo Testamento era considerada como totalmente diferente de la kabalística. Según Marción, los pecados de la Humanidad creada por Yahvé tuvieron que ser expiados por el sacrificio del dios encarnado, Cristo, a fin de que todos los hombres pudieran heredar la Vida eterna. Lamentablemente, a pesar de su discernimiento intelectual, Marción fue excomulgado por la Iglesia romana, la cual reforzó sus conexiones judaicas formando una Iglesia ortodoxa "católica", o universal.

     El cristianismo anti-judío de Marción, así como las enseñanzas de los gnósticos que llegaron tan lejos como a identificar al dios judío con el "diablo", la demoníaca deidad que gobierna el mundo de la materia, destacan el hecho de que el Antiguo Testamento como lo tenemos ignora las bases espirituales de la antigua cosmogonía politeísta contenida en la Kábala en favor de una glorificación monoteísta de la historia de las tribus judías. En efecto, el judaísmo como regla ha subordinado la exégesis kabalística al estudio literal de la Torá y el Talmud, que son registros mundanos de la temprana vida política y social judía que carecen completamente de espiritualidad. La inexistencia de cualquier desarrollo vigoroso de la Kábala como un culto judío predominante confirma los orígenes extranjeros del sistema, y su modelo cosmogónico cuasi-politeísta no ha tenido éxito en la transformación de la obsesión etno-política de los hebreos que dio a la religión revolucionaria de Abraham su primera y más típica forma.

     Aunque los europeos fueron obligados a olvidar sus propias religiones cosmológicas indoeuropeas cuando ellos fueron convertidos a una religión judía reformada, el cristianismo, ellos retuvieron la sensibilidad religiosa politeísta original del cristianismo en su adhesión a la doctrina de la Santa Trinidad de Dios el Padre, Dios el Hijo y el Espíritu Santo, así como en la adoración católica a María y a los diversos santos. Sin embargo, con las rebeliones Protestantes, y sobre todo la Puritana, contra el catolicismo, los aspectos cosmológicos de la Trinidad y de la adoración a María fueron arrancados a la fuerza por un retorno a una interpretación literal, mundana y monoteísta del Antiguo Testamento.

     Hoy esa tendencia ha progresado hasta tal punto que los actuales evangelistas en EE.UU. luchan por Israel como si fuera por su propia nación. Puesto que, como hemos visto, la forma rabínica del judaísmo no es realmente religiosa en absoluto sino más bien un culto político que mantiene unidos a los judíos en sus ambiciones materialistas y financieras, la lucha de las potencias occidentales en favor de Israel sólo puede esperar establecer un "paraíso" material, estilo Las Vegas, en la tierra regida dictatorialmente por el supuesto "dios" de Israel. Los esfuerzos militares, comerciales y sociales de los judíos sionistas para sostener su aberrante religión mundana y al Estado israelí que sirve como su símbolo político, constituyen de esa manera la amenaza más alarmante hoy para la cultura espiritual cosmocéntrica de los indoeuropeos que conforma el fundamento profundo tanto de la civilización europea como de la hindú.

      Para que Europa recupere su fuerza debe cortar todos los vínculos con los agregados judíos del cristianismo, es decir, debe volver a las formas más anti-judaicas de cristianismo que marcó a la Iglesia católica romana en la posterior Edad Media y a los dos Imperios que se desarrollaron bajo su égida, el Sacro Imperio Romano y el bizantino. Un cristianismo así renovado que esté de acuerdo con el espíritu del politeísmo cósmico y de la auto-renuncia que hemos vislumbrado en las antiguas religiones indoeuropeas es el fundamento obvio de la reunificación de las diversas partes de Europa, occidental y del Este.

     Al mismo tiempo, ése es el baluarte más seguro contra el sionismo que continúa la irreligiosidad de los judíos yahvistas en la forma del internacionalismo ateo marxista y sus diversas formas vacías del modernismo. Si Europa debe sobrevivir a los efectos apocalípticos de las dos grandes guerras del siglo pasado, debe ser reunida otra vez con una cultura religiosa uniforme cuya elevación espiritual pueda permitir que sus pueblos asuman otra vez el dominio de sus propias antiguas y sagradas tierras.–



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