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jueves, 25 de febrero de 2016

Alexander Jacob - Eugen Dühring y la Cuestión Judía



     El doctor Alexander Jacob (India, 1954) estudió en la Universidad de Madrás, posteriormente Literatura inglesa en la universidad de Leeds (Inglaterra) y finalmente en la estatal de Pennsylvania (EE.UU.), donde obtuvo su doctorado en Historia del Pensamiento; ha publicado libros sobre filosofía política y filosofía natural, y ha sido profesor de ciencias políticas, filosofía y religión en la Universidad de Toronto. El siguiente texto suyo que presentamos en castellano fue publicado en 2011 en westerndestiny.com y se trata de una conferencia dada en el IONA (Islands of the North Atlantic) London Forum, un examen de un aspecto poco difundido del filósofo y economista alemán Eugen Dühring (1833-1921), de su abordamiento del problema judío en la Alemania del siglo XIX y sus tajantes medidas propuestas. El señor Jacob hace aquí diversas conexiones de dichas ideas con diversos otros pensadores y hombres de acción.


Eugen Dühring y la "Cuestión Judía"
por Alexander Jacob
7 de Octubre de 2011




     La perturbación radical de la sociedad europea por medio de la creciente influencia y poder de los judíos después de su emancipación en Alemania a mediados del siglo XIX es atestiguada por la publicación de una avalancha de libros en Alemania hacia el final del siglo que hablan de los fatales efectos sociales de la participación libre de los judíos en Europa.

     Dichas obras se extienden desde Der Weg zum Siege des Germanentums über das Judentum (El Camino a la Victoria del Germanismo sobre el Judaísmo) de Wilhelm Marr, 1879, a Die Juden und das Wirtschaftsleben (Los Judíos y la Vida Económica) de Werner Sombart, 1911. Die Judenfrage als Frage der Racenschaedlichkeit (La Cuestión Judía como Perjuicio Racial) de Eugen Dühring, escrito en 1881 [*], presenta el primer estudio completo del problema del creciente dominio judío de la sociedad y la política europeas. Su trabajo es especialmente valioso por su capacidad de ver a través del barniz cultural adoptado por los judíos cultos y de exponer la esencial vileza moral, y la avaricia, de los que él llamó "los descendientes de comerciantes en ropa y trastos viejos y huesos de ganado".

[*] La edición de 1881, cuya portada hemos visto, lleva por título Die Judenfrage als Racen-, Sitten- und Culturfrage mit einer weltgeschichtlichen Antwort (La Cuestión Judía: Una Cuestión Racial, Moral y Cultural, con una Solución Histórica-Mundial), pero ya la 5ª edición, de 1901, se titula Die Judenfrage als frage des Racencharakters und seiner Schädlichkeiten für Volkerexistenz, Sitte und Cultur: mit einer denkerisch freiheitlichen und praktisch abschliessenden antwort (La Cuestión Judía como Problema de los Caracteres Raciales y su Nocividad para la Existencia del Pueblo. Con una Solución Intelectual Final Liberal y Práctica). NdelT.

     Karl Eugen Dühring nació en 1833 en Berlín, hijo de un burócrata prusiano, y estudió leyes, filosofía y economía política en la Universidad de Berlín. Aunque él comenzó la práctica como un abogado, él se vio obligado a abandonarla a la edad de 28 años cuando quedó ciego por un defecto congénito. Él entonces comenzó estudios doctorales en la universidad y obtuvo su doctorado en 1861, dos años después de que él fuera designado conferencista en filosofía y economía nacional en la Universidad de Berlín. Publicó obras sobre economía nacional bajo la influencia de las doctrinas del economista germano-estadounidense Friedrich List y del estadounidense Charles Carey, que estaban a favor de la economía orgánica con un fuerte énfasis en el proteccionismo y el interés nacional.

     Ya el foco ético de sus estudios económicos queda evidenciado en su temprana obra Der Wert des Lebens (1865). Entre sus publicaciones posteriores se incluyen Natürliche Dialektik (1865), Cursus der National- und Socialökonomie (1873), y Cursus der Philosophie (1875). Dühring adoptó una actitud crítica ante la universidad y sus instituciones desde un principio, y fue pronto removido de su cargo de enseñanza. Él atribuyó ese despido a la maquinación de los elementos judíos en la universidad así como a sus influyentes agentes en la prensa. Sus publicaciones posteriores como profesor privado incluyeron un trabajo sobre Die Überschätzung Lessings und seine Anwaltschaft für die Juden  (La Sobrevaloración de Lessing y Su Defensa de los Judíos) (1881) y Die Judenfrage (1881). Sus últimas obras, Waffen, Capital und Arbeit (Armas, Capital y Trabajo, 1906) y Soziale Rettung (Rescate Social, 1907), fueron consolidaciones de sus puntos de vista sobre economía social y política.

     A diferencia de otros anti-judíos filosóficos como Fichte y Schopenhauer, Dühring era un realista y no un idealista. En efecto, él estaba contra las instituciones religiosas hechas por hombre debido a lo que él consideraba sus supersticiones. Sin embargo, nunca perdió de vista el imperativo de moralidad en todas sus discusiones acerca de la filosofía social y económica. El ideal social de Dühring estaba basado en un cultivo moral del espíritu individual, que liberaría a la personalidad de todos los obstáculos externos e internos y permitiría que ella formara una cultura vital. De los obstáculos externos, él consideraba las tendencias explotadoras de grupos sociales como los judíos, como las más peligrosas.

     La cuestión judía, según Dühring, no es en realidad tanto religiosa como antropológica, enfocada en el carácter inherente e inalterable del pueblo judío. Una importante característica del anti-judaísmo de Dühring es su clara distinción entre los judíos y otros semitas, y su consideración de los primeros como "el grupo más cruel de la raza semita entera". Él consideraba que los judíos se caracterizaban principalmente por el interés propio, y este interés propio ha teñido todos los tratos comerciales de todas las épocas con su "glorificación de la trampa, y, en general, la celebración entera de la gran estratagema de la astuta explotación" [1]. La estrategia socio-política de ellos siempre ha sido despótica, e incluso su dios era un dios de "terrorismo transcendental".

[1] Todas las traducciones de Die Judenfrage de Dühring son mi edición Eugen Dühring acerca de los Judíos, Brighton, 1997.

     Las ideas teocráticas judías de la sociedad están basadas en la esclavitud del pueblo judío ante su Señor Dios, pero ellos, por su parte, deben esclavizar al resto de la Humanidad para complacer a ese monarca único y celoso del mundo: "Ser un esclavo o hacer esclavos: ésa es la alternativa de los pueblos dispuestos a una carencia de libertad". La religión judía no tiene así ningún carácter realmente religioso, sino, en cambio, uno marcadamente económico y político. El dios judío Yahvé es solamente una encarnación del interés propio judío y representa lo opuesto del panteón natural indoeuropeo. La mitología germánica está gobernada por conceptos de fidelidad y espiritualidad ligadas a la Naturaleza que lamentablemente han sido obscurecidos por el ocultamiento del carácter moral alemán original a manos del cristianismo, una religión que Dühring creía que desafortunadamente estaba estrechamente relacionada con la cultura racial judía en la cual surgió como una reacción a los males de la naturaleza judía [2].

[2] En su autobiografía intelectual, Sache, Leben und Feinde, Dühring señala, p. ej., "la creencia de que lo que Cristo exigió era creer en su persona, la sujeción ciega a la palabra del maestro y del profeta, pero no a la fidelidad naturalmente desarrollada, como existe en la naturaleza de los mejores pueblos y caracteres" (p. 288).

     Considerando la propensión natural de los judíos a obtener beneficios, no es sorprendente que ellos, en sus extensos vagabundeos lejos de su patria, hayan ganado el favor con los dueños del poder en todas las épocas por medio de sus préstamos financieros. Los peligros de la corrupción moral en la sociedad han aumentado después de la emancipación de la judería en los años '60 y '70 del siglo XIX por medio de la mayor adición de judíos en las familias europeas. La influencia de los judíos en la sociedad es más evidente en las clases superior y media que en la más baja ya que los primeros están más expuestos a la prensa y la literatura completamente judaizadas de los tiempos modernos. La desafortunada admisión de judíos en posiciones influyentes en la sociedad y la política europeas ha permitido que ellos exploten a sus propias naciones anfitrionas y a otras mediante la defensa de toda clase de supuestos movimientos socialistas que les permiten extraer ventajas para sí mismos de condiciones sociales y económicas perturbadas.

     El objetivo de ellos en el reino de economía siempre ha sido, ya sea por medio de Marx o de Ferdinand Lasalle, fomentar la insatisfacción económica mediante términos como "guerra de clases" a fin de conseguir por último una "mezcolanza de todas las naciones en un reino judío". Pero el Estado alemán fue originalmente fundado en la cualidad moral de la lealtad, que era la base del sistema feudal en la Edad Media. La lealtad debería ser por lo tanto la fuente de la futura política alemana también. Esto solo contrarrestará la política judía basada en la traición, contra los europeos así como, de vez en cuando, contra judíos también. La infiltración judía en las actividades legislativas del Estado alemán después de su emancipación les ha permitido juntar en manada a la gente alemana bajo la esclavitud de la "libertad" individualista en las manos explotadoras de los judíos. En esto ellos han sido instigados por los profesores y la intelectualidad universitaria, ya que esta última depende en su mayor parte de la prensa judía para su reputación.

     El progreso de los judíos desde su status original de parias hasta las principales posiciones políticas en las naciones europeas es ejemplificado por el ascenso de Gambetta en Francia y de Disraeli en Inglaterra. Gambetta, en efecto, subió al poder sobre la base de una debacle política —que involucró a Daniel Wilson, el yerno del entonces Presidente Jules Grevy— de la cual su propio pueblo había sido responsable, mientras que el oportunismo de Disraeli queda de manifiesto en su uso de los negocios bursátiles para adquirir tierras extranjeras. La misma designación de un judío como Disraeli como jefe del Parlamento inglés es un triste signo de la degeneración de la aristocracia inglesa en tiempos recientes.

     Dühring estaba firmemente contra la doctrina marxista de la guerra de clases, ya que él pensaba que ésa era una estrategia subversiva que se basaba en la oposición entre las poderosas noblezas guerreras del pasado y los grupos sociales impotentes, para ventaja de los judíos mismos, que durante mucho tiempo constituyeron un grupo proscrito en la sociedad europea. Puedo señalar que el significado de esta oposición original entre la antigua nobleza europea y los judíos fue repetida por Nietzsche en su tesis de La Genealogía de la Moral (1881) de que la moralidad aristocrática de la nobleza guerrera había sido invertida por la judía "rebelión de los esclavos en la moral" que apareció en Occidente bajo la dirección del clero cristiano. Pero más exactamente que Nietzsche, quien culpó al cristianismo tanto como al judaísmo por esa subversión, Dühring se enfocó en los modelos económicos judíos que han transvalorizado la economía por medio de la subordinación de las aspiraciones más elevadas del pueblo ante las inferiores.

     Con respecto a esto, las opiniones económicas de Dühring sirven también como un correctivo para la latente adulación del judaísmo que se encuentra en la influyente obra de Max Weber La Ética Protestante y el Espíritu del Capitalismo (1904-1920), que derivó la búsqueda "religiosa" de la ganancia económica en el capitalismo occidental del protestantismo calvinista, es decir, de la ética cristiana. Werner Sombart señaló en su Die Juden und das Wirtschaftsleben que el Puritanismo en efecto está estrechamente aliado con el judaísmo. Pero Weber descartó la contribución de los judíos al capitalismo europeo (que había sido destacada por Werner Sombart en su obra) como mero "capitalismo de parias", dejando de ver que en efecto esta última variedad del capitalismo estaba basada en la práctica judía de la usura contra los no-judíos así como en la poco escrupulosa innovación empresarial y la especulación, la que sustituiría finalmente a la ética del trabajo del calvinismo como el fundamento económico de Occidente.

     En vez del énfasis marxista en la guerra de clases, Dühring apuntó a la verdadera simpatía que debería y podría existir entre empleados y trabajadores como una base sana para el bienestar económico de un país. Él propuso asociaciones libres de trabajadores que parecieran comunas económicas y corporaciones que asegurarían el acceso de todos a la propiedad según la capacidad personal. La condición previa de tales coaliciones de trabajadores sería la dirección de todos sus esfuerzos para los intereses del todo, del público como una totalidad, y esto puede ser efectuado sólo cuando el Estado entra como un mediador entre los diversos intereses socio-económicos de la población, los cuales no puede permitirse que sean representados por partidos políticos ya que éstos no son democráticos en absoluto sino agrupaciones oligárquicas en las cuales "una parte considerable de la gente tiene un lugar sólo como una masa gobernada y en gran parte anónima" [3].

[3] Kritische Geschichte der Nationaloekonomie und des Sozialismus, p. 486.

     En efecto, al igual que los conservadores de la República de Weimar como Oswald Spengler y Edgar Julius Jung, Dühring estuvo completamente opuesto al sistema del parlamentarismo desde que, por ejemplo, los partidos ingleses de Conservadores y Liberales eran solamente representantes del robo beligerante y colonial y la rapacidad capitalista y comercial, mientras que el Parlamento francés estaba firmemente relacionado con los intereses financieros y bursátiles. Desde que los egoístas elementos judíos de la sociedad se habían apoderado incluso de la llamada Revolución Socialista y la habían representado en el Parlamento, Dühring creía que era necesario alterar el actual estado de cosas por medio de una dictadura de transición formada por un individuo intelectual y moralmente excepcional que procuraría establecer la justicia social en el país.

     Si la principal consideración del Estado es la totalidad de las aspiraciones del pueblo, su economía también debería ser nacionalista y emplear tarifas para proteger sus intereses. La supuesta libertad exigida en la economía y la sociedad modernas es de hecho un grito de guerra principalmente de grupos explotadores como los judíos (aunque Dühring atacara a los poderosos Junkers, es decir, la nobleza menor, también como explotadores en su gobierno de la sociedad prusiana de entonces).

      El peor aspecto del control comercial de los judíos de la sociedad es que el egoísmo grosero y la crueldad de los judíos se han filtrado hacia el público por medio de la prensa e incluso la legislación. En efecto, "incluso las partes de la ciencia que son especialmente estudiadas por los judíos debido a su exclusión de otras ya revelan desde muchos puntos de vista el sello de la nueva forma de negocios dirigida a sacar ganancia" [4]. Esencialmente los judíos mismos carecen de todo poder creativo en la ciencia así como en el arte, y simplemente comercian con las ideas de otros. El economista judío David Ricardo, por ejemplo, derivó su famosa teoría del arriendo de la tierra del escocés James Anderson, del matemático judío Carl Gustav Jacobi, y sus ideas del noruego Niels Abel. Incluso el único distinguido filósofo de la raza judía, Spinoza, produjo un sistema que singularmente carece de todos los ideales por encima del cálculo racional.

[4] Cursus der Philosophie, p. 391.

     El abandono de la compasión en su Ética como una categoría basada en el sentimiento a ser superada por el entendimiento, señala el verdadero culto al poder intelectual que está en la base de su sistema. De manera similar, el talento judío en literatura es siempre de una clase híbrida que despliega, incluso en sus intentos de sublimidad germánica, una irresistible propensión a la payasada, como en el caso de Heine, y a la polémica, como en el caso de (Karl Ludwig) Börne. Los judíos también carecen de todo heroísmo de carácter para producir literatura épica o dramática y pueden alcanzar, a lo sumo, algún debil lirismo, como se revela en sus antiguos Salmos. La general indisposición de los judíos para la empresa artística está, de hecho, localizada por Dühring en su carencia de "aquella actividad libre y desinteresada de la mente que ella sola contribuye a la verdad desinteresada y a la belleza". En efecto, como encarnaciones del interés propio, los judíos son incapaces de ser realmente emancipados, a pesar de la emancipación legal conseguida por ellos en Alemania y otras partes de Europa a mediados del siglo XIX.

     Al momento de escribir su Cursus der Philosophie (1875), Dühring creía que alguna forma de socialismo sería suficiente para responder a la naturaleza egoísta de los judíos, ya que el socialismo está basado en la sensibilidad orgánica de la gente local a diferencia de la actividad explotadora de los judíos. Además, él pensaba que, dado que su particular forma de socialismo, o socialitarismo como él lo llamó, garantizaría la independencia económica de las mujeres, éstas ya no contraerían matrimonios por conveniencia económica con hombres judíos. La restricción de oportunidades para las actividades explotadoras de los judíos haría posible a largo plazo "un mejoramiento gradual de las formas de pensar y sentir" de los judíos.

     Ese optimismo inicial, sin embargo, fue sustituído pronto por una comprensión más realista de la imposibilidad del mejoramiento ético de los judíos. Esto es evidenciado en sus discusiones de las soluciones posibles al problema judío en las diversas ediciones de su libro Judenfrage. En las primeras ediciones de esa obra, Dühring sostuvo en primer lugar que las soluciones al problema judío tenían que ser de una naturaleza internacional a fin de tener un efecto duradero. Considerando su agudo foco moralizador sobre el asunto, uno de los principales pasos preparatorios que él sugirió era la eliminación de la falsa idea de la tolerancia. La tolerancia de la bajeza es una contradicción del principio de la tolerancia humana misma. "La reciprocidad humana consistirá en vivir en paz en tanto que la Humanidad más noble converja en el bien. Por lo demás, sin embargo, precisamente emergerán batalla y destrucción mucho más enérgicamente contra lo inhumano". Del mismo modo, el principio de igualdad no puede significar la consideración de lo que es desigual como si fuese igual.

     Las comunas y corporaciones económicas que Dühring previó en su sistema socialitario por lo tanto deben reservarse el derecho de excluír a los elementos económicos dañinos, como los judíos. La solución política del problema judío radica primero en la emancipación espiritual desde la mentalidad y la moral judía por parte de la gente. Pero las naturalezas individuales son demasiado débiles para llevar a cabo esa reforma de la sociedad por sí mismas y por lo tanto deben ser ayudadas por la legislación estatal. La privación de derechos de los judíos es una condición sine qua non de toda acción remediadora en cuanto al problema judío. La exclusión de ellos, su internamiento y deportación, deben ser fomentados. Sin embargo, Dühring era demasiado realista para pensar que la creación de un Estado israelí en Palestina bastaría para solucionar el problema judío, ya que la naturaleza judía es esencialmente nómada y pronto se dispersaría de nuevo por todo el mundo incluso si se hubiese concentrado en Palestina durante un tiempo.

     Las medidas específicas que Dühring sugirió contra los judíos en las primeras ediciones de su obra sobre los judíos incluían medidas políticas, económicas y sociales:

—La representación política y la ocupación de posiciones oficiales por parte de los judíos deben ser reducidas inmediatamente de tal modo que ningún judío pueda ser elegido al Parlamento ni pueda tener derecho a votar en las elecciones europeas.

—El número excesivo de jueces judíos también debe ser reducido mediante el retiro forzado.

—Las medidas financieras a ser adoptadas contra los judíos deberían ser dirigidas por el conocimiento de que toda la economía racial judía está basada en la avaricia y la ambición de dominar a otros.

—Las poderosas casas financieras judías deben ser intervenidas inmediatamente y colocadas bajo supervisión estatal.

—Los medios sociales deberían al principio estar enfocados en el principal agente judío de influencia social, la prensa, por medio de la cual los judíos convierten a toda la opinión pública en la opinión judía. Los judíos deben ser sacados de la propiedad así como de posiciones editoriales de los periódicos.

—La educación también debe ser reorientada de una manera alemana nativa mediante la exclusión de los judíos de la enseñanza escolar y universitaria.

—Otra importante medida social contra los judíos sería disuadir los inter-matrimonios entre alemanes y judíos.

     Al momento de la escritura de las primeras ediciones de Die Judenfrage, Dühring creía que serían necesarias demostraciones populares contra los judíos para compensar la impotencia de los partidos del Parlamento, ya que éstos tenían demasiada vinculación con las agencias judías para ser eficaces de algún modo.

     Sin embargo, la concentración de Dühring en el problema judío durante la publicación de las varias ediciones de Judenfrage entre 1881 y 1901 hizo que él desesperara cada vez más de conseguir una solución duradera al problema judío. En las ediciones finales de dicha obra él sostuvo que los únicos medios eficaces contra ellos serían los terroristas, mientras que en la última edición del libro (1901) él sugirió que todas las soluciones anteriores propuestas por él en realidad serían inadecuadas a largo plazo ya que la cuestión judía es esencialmente lo que él entonces llamó un "Existenzfrage", o un cuestionamiento de la existencia judía misma. La única solución al problema judío que él finalmente previó se centró de esa manera en la imposibilidad de la existencia judía dentro de las comunidades europeas por más tiempo.

     A pesar de la creciente severidad de su tratamiento del problema judío, la fuerza de la condena de Dühring contra los judíos se derivaba sin duda de su sentido moral altamente desarrollado. La visión que él tenía de los judíos era la de unos seres moralmente corruptos que prosperan mayormente en una sociedad donde la corrupción moral ya se ha establecido o ha comenzado a asentarse. Ésta es la justificación de su denominación de la raza judía como "parásita", ya que se alimenta de la corrupción moral de la sociedad anfitriona, una corrupción creada por ella o, si ya está presente en algún grado, fomentada por ella. En efecto, como Hitler después de él, Dühring pensaba que los judíos eran esencialmente "criaturas naturales criminales" caracterizadas por "mentiras y explotación... engaño intelectual y material".

     Lo que es más significativo en todas sus soluciones propuestas es su aguda conciencia de que la cuestión judía está vitalmente relacionada con la salud social de la nación alemana, y el deseo de él de restablecer la lealtad y la confianza germánica como la base del desarrollo social, en contra de la frivolidad de la mentalidad judía y la corrupción que se infiltra al amparo de esa frivolidad. En efecto, Dühring era consciente de que lo que estaba en juego era la misma existencia, moral y material, de los pueblos europeos, ya que "si las cosas no son abordadas, los descendientes de los comerciantes de ropas viejas, trastos y huesos de ganado llegarán a la misma médula de los pueblos modernos después de que aquéllos se hayan metido en el bolsillo la riqueza de éstos y hayan lisiado su mente mediante inoculación".

     Ya que las regulaciones anti-judías propuestas de Dühring anticiparon a las del Tercer Reich podemos considerar brevemente aquí la historia de su influencia en el activismo político alemán. Las doctrinas económicas de Dühring tuvieron una influencia inicial en socialistas como August Bebel (1840-1913), quien, en el diario Volksstaat del 20 de Marzo de 1874, describió la última obra económica de Dühring como perteneciente a "lo mejor que en el período más reciente ha sido publicado en el campo económico”. En 1878, sin embargo, Wilhelm Liebknecht, el socialista judío, advirtió a Marx y a Engels de las opiniones anti-marxistas de Dühring, y estimuló con ello a Engels para que publicara una refutación de las doctrinas de Dühring en una obra titulada Herr Dührings Umwälzung der Wissenschaft (La Subversión de la Ciencia por el Señor Dühring, 1878) también llamada abreviadamente Anti-Dühring. Dühring reiteró sus críticas de Marx y Lasalle como pervertidores judíos de la verdadera doctrina socialista.

     Entre los nacionalistas alemanes que estuvieron bajo la influencia de Dühring podemos mencionar a Matthäus Joksch, un organizador de sindicatos en Bohemia, quien declaró públicamente en 1900 que las enseñanzas de Dühring representaban una reforma total de la sociedad "a favor de todo trabajo honesto, de modo que el capital recibe sólo una moderada recompensa, y en lugar del actual arrendamiento del trabajo por parte del capital, el trabajo arrendará al capital" [5]. El más importante de los nacionalistas austriacos que estuvieron bajo la influencia de Dühring era Georg Ritter von Schönerer (1842-1921), quien encabezó el movimiento nacionalista en Austria que fue el suelo fértil para la ideología de Hitler. En 1887 Schönerer declaró en el Deutsche Klub que "nosotros... no hacemos ningún secreto en cuanto al anti-judaísmo no como un deplorable síntoma de desgracia sino como el principal puntal del pensamiento nacional, como el medio principal para promover una disposición genuinamente basada en la gente, y así el mayor logro del siglo".

[5] Citado en A. Ciller, Vorläufer des Nationalsozialismus, Viena, 1932, pp. 28-29.

     El movimiento pan-germano de Schönerer no fue muy exitoso ya que era principalmente un movimiento de las clases media y media baja que no tenía el apoyo de los campesinos u obreros industriales, ni de la aristocracia y los grandes industriales. Sin embargo, la tenacidad del movimiento pan-germanista de Schönerer es revelada en el hecho de que poco después de la desintegración de su propio partido se formó el nuevo Partido de los Trabajadores Alemanes (Deutsche Arbeiterpartei) en 1903-1904, que a su vez fue el precursor del Deutsche National-Sozialistische Arbeiterpartei (DNSAP) de Austria.

     El efecto social de la obra de Dühring continuó en los congresos anti-judíos organizados en Alemania, primero en Dresden en 1882 [**] y luego en Chemnitz en 1883. En este último surgió una división entre aquellos que favorecían los puntos de vista más intransigentes de Dühring, y los elementos cristianos en la reunión. Sin embargo, el movimiento tomó un nuevo ímpetu por el liderazgo de Theodor Fritsch en Leipzig, quien lo revitalizó según el punto de vista extremista y fomentó la creación de sociedades nacionalistas germinales como la Sociedad Thule y la Germanenorden. Karl Harrer, un miembro de la Sociedad Thule, fue uno de los fundadores del National-Sozialistische Deutsche Arbeiterpartei (NSDAP) de Alemania en 1919.


     Uno de los primeros miembros del NSDAP y más tarde el ideólogo oficial del partido, Alfred Rosenberg, también escribió una obra sobre la cuestión judía muy similar a la de Dühring llamada Die Spur des Juden im Wandel der Zeiten (La Marca del Judío en el Cambio de los Tiempos, 1920). En ella él habla, primero, de las circunstancias históricas de los judíos de la diáspora después de la destrucción de Jerusalén hasta sus diversas intervenciones en la política europea moderna. La segunda sección trata de la mentalidad judía como es revelada en sus obras religiosas, culturales y económicas. El libro termina con una discusión de las ambiciones judías por el dominio económico y político en el mundo, y sugiere modos de contener esa tendencia inmediatamente en Alemania. Por ejemplo, Rosenberg insiste en que debiera ser establecido por la legislación alemana que

1. Los judíos son reconocidos como una nación que vive en Alemania. La confesión religiosa o la carencia de confesión no desempeñan ningún papel.

2. Un judío es aquel cuyos padres, padre o madre, son judíos por nacionalidad; un judío es de aquí en adelante uno que tiene un cónyuge judío.

3. Los judíos no tienen derecho a involucrarse en la política alemana ni con palabras, escritos ni acciones.

4. Los judíos no tienen derecho a asumir posiciones oficiales estatales ni a servir en el ejército como soldados o como oficiales.

5. Los judíos no tienen derecho a ser líderes en instituciones culturales políticas y comunitarias (teatros, galerías, etc.) ni a asumir posiciones de instructores ni profesores en las escuelas y universidades alemanas.

6. Los judíos no tienen derecho a participar en comisiones políticas o comunitarias de exámenes, control, censura, etc. Los judíos no tienen derecho a representar al Reich alemán en convenciones económicas, ni tienen derecho tampoco a ser elegidos en los directorios de los bancos estatales e instituciones comunitarias de crédito.

7. Los judíos extranjeros no tienen derecho a establecerse permanentemente en Alemania.

8. El sionismo debe ser poderosamente apoyado a fin de promover cada año que un cierto número de judíos alemanes vayan a Palestina, o, en general, que salgan de las fronteras [6].

[6] A. Rosenberg, Die Spur des Juden im Wandel der Zeiten, Múnich, 1939, pp. 152 y ss.

     Notamos las similitudes entre las medidas anti-judías de Dühring y de Rosenberg ya que ambos incluyen la exclusión y la deportación. Sin embargo, mientras Rosenberg considera al sionismo como una solución al problema judío, Dühring pensaba que la creación de un Estado israelí sólo significaría dar a la hidra judía otra cabeza. La opinión de Dühring en efecto ha demostrado ser correcta ya que el Estado de Israel hasta este día representa una justificación cada vez más intolerable de la ambición internacional judía en sus diversas formas, financieras, sociales y culturales.

     Hitler mismo parece no haber sido influído directamente por el libro de Dühring tanto como por los escritos del contemporáneo de Dühring, el teólogo Paul de Lagarde, que también abogaba por la expulsión de los judíos de las tierras alemanas [7]. El valor más extraordinario de la obra de Dühring acerca de los judíos en efecto consiste en su exactitud profética. Su sistemático desenmascaramiento de la maldad del carácter judío, y sus diversas sugerencias, en las diferentes ediciones de Die Judenfrage, para la remoción de ese mal, tiene el más cercano parecido a la creciente atmósfera anti-judía, tanto ideológica como popular, y al curso de entonces de los acontecimientos anti-judíos en Alemania en los años '30 y '40.

[7] Vea mi traducción de los escritos de Lagarde en Europa: German Conservative Foreign Policy 1870-1940: Selected Readings, University Press of America, 2002.

     Comenzando con las leyes para excluír a los judíos de posiciones oficiales en 1933, el rechazo de la ciudadanía a los judíos y la prohibición de los inter-matrimonios entre judíos y alemanes en las Leyes de Ciudadanía de Núremberg de 1935, y siguiendo con la abolición de la propiedad judía en las leyes de 1938 y una irritación creciente ante la sola presencia de judíos en suelo alemán, los programas anti-judaicos de los nacionalsocialistas fueron anticipados casi hasta el último detalle por el filósofo ciego de Berlín (Dühring).

     Entre la primera aparición de la obra de Dühring y las primeras principales medidas políticas masivas tomadas contra los judíos por el régimen nacionalsocialista había pasado un período bastante largo de aproximadamente 60 años. Ni los judíos ni los simpatizantes de los judíos pueden culpar a los alemanes por haber sido demasiado imprudentes en su trato con un grupo racial cuya influencia social y cultural había sido filosóficamente identificada como moralmente criminal. Y notamos también que el ímpetu original para las medidas anti-judías no fue, como a menudo es sostenido por historiadores judíos, alguna fantasía nietzscheana sobre arios nórdicos predadores sino una más básicamente ética.

     Las afirmaciones de historiadores judíos como George Mosse y Donald Niewyk de que la brutalización de la política alemana fue incitada por la derrota de 1918 [8] son sólo parcialmente exactas, puesto que el abrupto giro de las tendencias anti-judías en la República de Weimar realmente fue propulsado por la ostensible usurpación del poder por aquellos mismos elementos judíos a quienes los intelectuales anti-judíos desde un principio habían procurado expulsar de la sociedad alemana por medios más corteses. La corrupción moral asociada con las finanzas y costumbres judías no mostró ningún signo de mejoramiento desde la primera publicación de la obra de Dühring, sino que, en cambio, consiguió un triunfo vertiginoso al final de la Primera Guerra Mundial en la malhadada República de Weimar, que fue inicialmente establecida como una república socialista por Karl Liebknecht, el agitador judío, y conducida en un clima social y político marcadamente judío.

[8] Véase G. Mosse, "Der erste Weltkrieg und die Brutalisierung der Politik: Betrachtungen über die politische Rechte, den Rassismus, und den deutschen Sonderweg", en M. Funke, et al., Demokratie und Diktatur: Geist und Gestalt in Deutschland und Europa, Düsseldorf, 1987, pp. 127-139, y D. Niewyk, «Solving the "Jewish Problem": Continuity and Change in German Antisemitism, 1871-1945», Leo Baeck Institute Yearbook 35 (1990), p. 370.

     No puede ser muy sorprendente para alguien que esté familiarizado con el análisis de Dühring de la moral judía y su papel en la Alemania moderna el que los alemanes hubieran reaccionado a esa moral con un movimiento populista como el nacionalsocialismo. Aquellos sectores de la población que más sufrieron por el sentido de explotación a manos del sistema económico y social judío, naturalmente apoyaron un movimiento nacionalista alemán que procuraba al final destruír el mal judío en sus mismas raíces. Como Dühring había pronosticado, "El alemán, desde luego, mueve sus miembros principalmente sólo cuando las usurpaciones llegan a ser demasiado malévolas; pero, si él hace eso una vez, luego él hace aquello que él emprende, no importa qué, también de un modo fundamental".

     Las medidas anti-judías del movimiento nacionalsocialista no eran por lo tanto una total aberración política sino algo que había sido claramente predicho de antemano por el entendimiento filosófico. Las discusiones históricas acerca del régimen de Hitler que tratan de descifrar las medidas extremas tomadas por él contra los judíos y el bolchevismo judío y que rápidamente descartan a dicho régimen (NS) como el producto del monstruoso complejo psicológico de un individuo, están claramente en desventaja por su falta de familiaridad con los verdaderos ímpetus filosóficos de un movimiento político ideológico como el nacionalsocialista. La sugerencia de Peter Pulzer de que Hitler estaba simplemente confiando en "la eficacia política del anti-judaísmo" [9], por ejemplo, parece no entender que el anti-judaísmo era en sus orígenes, y a través de toda su carrera hasta los primeros años de este siglo, no un mero instrumento en la política alemana sino el mismo objetivo de ella.

[9] Véase P. Pulzer, The Rise of Political Anti-Semitism, Londres, 1988, p. 202.

     Desafortunadamente, la corrupción y la degeneración de la sociedad europea que Dühring y los nacionalsocialistas intentaron disminuír han continuado con redoblado vigor después de la guerra, y la esclavización de los pueblos europeos ante el negocio y la vulgaridad judíos ha llegado a ser casi completa. El problema del sionismo se hace más intolerable cada día, no sólo para los vecinos árabes de Israel sino para el resto del mundo que sufre del yugo de la "democracia gángster" financiera internacional.

     El control político judío de los Estados europeos es más fuerte que nunca, con líderes parcialmente judíos como Sarkozy y Cámeron dirigiendo Francia y Gran Bretaña. Las rebeliones populares contra el sistema judío están en su mayor parte mal dirigidas, ya que la mayoría de los llamados movimientos nacionalistas en Europa y EE.UU. hoy están o infiltrados u organizados por judíos, como por ejemplo el Partido por la Libertad holandés encabezado por Geert Wilders, la Liga del Norte de Umberto Bossi en Italia, el francés Frente Nacional, el británico Partido Nacional, etc. Claramente no es posible combatir la criminalidad judía con judíos de la Derecha, la Izquierda o el centro.

     Una genuina resistencia a los actuales criminales sistemas capitalistas de Occidente sólo puede provenir de un agudo foco sobre la élite financiera y pseudo-intelectual judía de Occidente. Socialmente, los pueblos europeos deben comenzar, inmediata y decididamente, a reducir la influencia de los judíos en los niveles más altos de sus instituciones educacionales y artísticas, o su vitalidad cultural pronto será completamente destruída. Los europeos deben comenzar a entender que el control judeo-estadounidense de Gran Bretaña y Europa, lubricado por varias falsas ofertas de apoyo financiero, es en realidad mortal para la mente europea, a la que no se le ha permitido, después de la Segunda Guerra Mundial, desarrollarse naturalmente, debido a la aguda paranoia anti-europea que ha caracterizado a los judíos dirigentes desde el final de la guerra.

     La continuación del falsificado sistema europeo judío dará lugar a la rápida desecación de las energías creativas de los pueblos europeos y a la momificación gradual de su aristocrática y milenaria cultura en museos y reproducciones comerciales, que pueden engordar a la anarquista élite financiera judía pero que no serán capaces de salvar a los descendientes de aquellos europeos que realmente produjeron esta cultura del miasma asfixiante de los modos de pensamiento marxista y trotskista anti-nacional y anti-espiritual que se está esparciendo constantemente a través del continente.

     El arrogante deseo de los judíos por el poder político debería estar estrictamente restringido a la moderna "tierra prometida" que ellos han construído para sí mismos en Estados Unidos junto al reconstruído Estado de Israel el cual, puedo recordarle a usted, fue de hecho deliberadamente destruído por los romanos en el siglo I d.C porque ellos consideraban a la nación judía, en palabras de Séneca, "sceleratissimae gentis", "la raza más criminal" [10].

[10] Citado por Agustín en De Civitate Dei, VI, 10.

     Al mismo tiempo Europa —y puedo añadir que India también— debe liberarse de la perniciosa interferencia de los judíos estadounidenses mediante una ruptura radical con EE.UU. y su peligrosa alianza de la OTAN, mientras puede ser forjada en cambio una unión compensatoria más cercana con Rusia. Ninguna nación europea que se respete a sí misma puede permitir ser gobernada por más tiempo por una tribu internacionalmente avara, socialmente destructiva y culturalmente estéril que Eugen Dühring perceptivamente reconoció, a través del barniz de cultura occidental con que se cubre, como "el lote más cruel de la raza semítica entera".–






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