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miércoles, 20 de enero de 2016

Sobre la Muerte de Orfeo



     Tomado del mismo volumen del cual extrajimos la entrada anterior (titulado Orfeo y la Tradición Órfica, 2008), presentamos aquí su capítulo séptimo, salvo su parte final, del profesor e investigador universitario de Filología el español Marco Antonio Santamaría Álvarez, otro interesante artículo que trata esta vez de las diferentes versiones míticas de la muerte del legendario poeta y músico de la antigua Grecia, Orfeo, además de algunos de los rasgos que se le atribuyen, materia sacada enteramente de fuentes y testimonios clásicos.


LA MUERTE DE ORFEO
por Marco Antº Santamaría




1. LA MUERTE DE ORFEO. VERSIONES

     Las numerosas fuentes literarias e iconográficas greco-romanas que tratan de la muerte de Orfeo suelen discrepar en el modo y la motivación de ésta, pero coinciden en que fue violenta, en fuerte contraste con las actividades del personaje (principalmente, la música) y su carácter, no sólo pacíficos, sino conciliadores y moderadores de la violencia, tanto en los animales como en la Naturaleza e incluso entre los dioses. Este contraste está muy acentuado en las representaciones gráficas, en las que Orfeo suele ser atacado mientras está cantando e intenta defenderse, inútilmente, con su lira. Como es común en los episodios trágicos de los mitos, la muerte es un castigo por una infracción cometida por la víctima, en este caso diferente según las versiones.

     La tradición más extendida es la de la muerte de Orfeo a manos de mujeres tracias, armadas con varios instrumentos. Menos difusión tuvo una variante de esa versión según la cual esas tracias eran bacantes que lo desmiembran. En la mayoría de los testimonios las tracias atacan a Orfeo por motivos humanos (normalmente, por el desprecio mostrado hacia ellas y sus propuestas amorosas); por su parte, las bacantes castigan faltas de Orfeo hacia los dioses, en concreto hacia Dioniso. Existen otras versiones más raras, como la fulminación, la conjura política o el suicidio.

     Los testimonios más antiguos de la muerte de Orfeo los ofrece la cerámica, que desde los años 490-480 a.C. muestra al cantor atacado por las tracias con todo tipo de armas e instrumentos. La primera fuente literaria es Esquilo, que trató sobre el desmembramiento de Orfeo por las ménades en su tragedia perdida Las Basárides (hacia 470-460 a.C.). La poca difusión de esa versión y su total ausencia de la iconografía indican, con bastante probabilidad, que la introducción de las ménades en la leyenda fue una innovación del tragediógrafo.

     Los siguientes testimonios, ya en el siglo IV a.C., son los de Platón e Isócrates [1]. La escasez de datos que aportan hace difícil saber a qué versión se atienen. Platón dice que a Orfeo lo mataron las mujeres, sin indicar cómo, e Isócrates asegura que fue despedazado, pero sin aclarar por quién. Como Isócrates alude al desmembramiento, es probable que esté siguiendo a Esquilo. En Platón no hay huella de esta versión, así que hay que suponer que sigue la más extendida protagonizada por las tracias.

[1] Platón Simp. 179d (OF 983), R. 620a (OF 1077 I), Isoc. Busir. 10.39 (OF 26 II, 1041).

     Tanto Platón en el Simposio como Isócrates parecen inventar la motivación de la muerte de Orfeo con una finalidad retórica, para ilustrar un razonamiento. El filósofo ofrece la interpretación de que las mujeres actúan por instigación divina para castigar a Orfeo por su falta de virilidad, propia de un citarista, demostrada cuando no se atrevió a morir para reunirse con su esposa fallecida, sino que bajó al Hades confiado sólo en el poder de su música. Por su parte, Isócrates cree que Orfeo acabó su vida despedazado por decisión de los dioses, ofendidos por las calumnias e insultos que contra ellos había vertido en sus obras (es de suponer que en las Teogonías que se le atribuían), donde aparecen castrando a sus padres, devorando a sus hijos y transgrediendo la ley.

     Como la mención del mito tiene una función precisa en cada discurso, tanto Platón como Isócrates dejan de lado aspectos que no les interesaban: Platón no menciona que se trate de tracias (ni de bacantes), pues quiere resaltar que son mujeres las que castigan su blandura. Isócrates parece haber tomado de Esquilo el motivo del desmembramiento (por su crudeza) y omite que fueran ménades las autoras (pues no tendría mucho sentido que los dioses las eligieran a ellas para castigar la maledicencia de Orfeo).

     En general, las fuentes escritas ofrecen más información sobre la muerte de Orfeo cuanto más tardía es su fecha. Como puede observarse en el caso de Platón e Isócrates, parece que los autores fueron añadiendo detalles según sus propias conveniencias literarias e influídos por nuevas versiones de carácter local, transmitidas oralmente, que servirían para explicar etiológicamente tal o cual costumbre. Los relatos más antiguos ni siquiera aclaran el modo de la muerte ni su motivación. Esto indica que el mito originario debió de ser bastante simple y quizá se limitó a atribuír la muerte de Orfeo a mujeres (seguramente de Tracia, por ser la patria de Orfeo), sin que se pueda estar seguro de más detalles. ¿Pero qué razón pudo haber para que muriera a manos de mujeres?.

     Si se compara a Orfeo con las grandes figuras mitológicas, como Heracles, Aquiles u Odiseo, autores de grandes portentos, salta a la vista su personalidad pacífica y pasiva. Quizá Platón da con la médula del mito cuando habla de la blandura de sus actividades, especialmente la música, que serían consideradas propias de un carácter femenino. Esta renuncia a un comportamiento viril, dedicado a acciones de fuerza, como la guerra o la actividad física, sería entendida por los creadores del mito como una transgresión de los roles sociales y sería castigada coherentemente por otra transgresión (mayor, pues afecta a un grupo): la asunción por parte de las mujeres de cualidades masculinas, como el coraje y la violencia, que pusieran de manifiesto, al acabar con el cantor, su extrema pusilanimidad y lo sumieran en una humillación definitiva.


1.1. La Muerte a Manos de Mujeres Tracias

Mujeres Airadas

     La historia de Orfeo atacado mortalmente por mujeres que suelen llevar la indumentaria tracia se encuentra ya, como se ha indicado, desde los años 490-480 a.C. en la cerámica ática de figuras rojas, mientras que en ningún caso aparecen bacantes. Los instrumentos del crimen son caseros: espetones, mazos, manos de mortero, hoces, piedras, porras; también empuñan espadas, hachas y lanzas. Las mujeres aparecen o bien a punto de atacarlo, o bien clavándole un espetón o lanza en el abdomen. A menudo Orfeo intenta huír y se defiende levantando su mano con la lira. Nunca se representa despedazado.

     Dejando de lado las informaciones de Isócrates y Platón, el primer testimonio literario de la versión protagonizada por las tracias es Menecmo [2], que indica que a Orfeo lo mataron las mujeres de Pieria [3], si bien omite la forma de la muerte y el motivo de su ira. En consonancia con la iconografía, el poeta helenístico Fanocles cuenta que las bistónides o tracias lo atacaron con espadas [4]. Añade que lo decapitaron, lo cual tampoco contradice el testimonio del arte, pues hay representaciones de la cabeza de Orfeo ya en el siglo V a.C. Los primeros en decir que las tracias lo despedazan son Virgilio, Ovidio y Conón, seguidos por casi todos los autores posteriores [5]. Es posible que este motivo del desmembramiento sea una innovación de época helenística, quizá tomada de la tradición que achaca la muerte de Orfeo a las ménades. Una prueba de esta influencia es que Virgilio y Ovidio aseguran que las mujeres estaban en delirio báquico.

[2] Historiador datado entre los ss. IV-III a.C. En su Pítico (compuesto poco antes del 334 a.C.) atacó a las mujeres de Pieria por haber acabado con Orfeo (según Queris, un gramático alejandrino del s. II a.C.).
[3] Región de Macedonia al Noroeste del monte Olimpo, donde se encontraban tres ciudades muy vinculadas a Orfeo según el mito: Libetra, Pimplea y Dío, que formaban una hilera paralela a la costa, de Sur a Norte.
[4] Phanocl. Fr. 1.7-8.
[5] Verg. G. 4.520-522 (discerptum... iuvenem); Ovidio Met. 11.1-40 (v. 50: membra iacent diversa locis) cita como instrumentos del crimen piedras, tirsos y aperos de labranza; según Conón FGrHist 26 F 1.45 (OF 1039) usan las armas de sus maridos para despedazar a Orfeo y esparcen sus restos por el mar. Luciano repite en varios lugares que lo despedazaron (Ind. 11, Sat. 8, Pisc. 2); Philostr. Her. 5.3 testimonia que la cabeza de Orfeo llegó a Lesbos «tras la acción de las mujeres», lo que implica que al menos lo decapitaron. Omiten el tipo de crimen Paus.9.30.5 y Them. Or.16.209c, quien se extraña de que el poder de la música de Orfeo no sólo no fuera capaz de encantar la maldad de los hombres, sino que incluso enfureciera a las tracias.

     A partir de Fanocles (siglo III a.C.) la mayoría de los testimonios coincide en atribuír la ira funesta de las mujeres a motivos humanos, sobre todo el desprecio, a menudo amoroso, que Orfeo mostró hacia ellas. Ya Platón habla de la misoginia de Orfeo, que en el Más Allá elige nacer como cisne en la próxima vida para no ser engendrado por una mujer, pues había albergado un odio hacia todo el género femenino después de morir a manos de mujeres (en este caso no indica las razones del crimen) (República 620a). Es de notar que, a diferencia de los otros testimonios, esta misoginia es a posteriori: es la consecuencia de que las mujeres acabaran con él, no la causa [6], como se verá en los apartados siguientes.

[6] Clemente Alejandrino, Strom. 6.2.5.3 (OF 846) transmite un verso de Orfeo muy hostil hacia las mujeres: «Porque nada hay más perro y helador que la mujer», remodelación de Odisea 11.427, en boca del alma de Agamenón.


     Los diversos autores ofrecen una perspectiva diferente del suceso según el género y la intención con la que escriben. Poetas como el alejandrino Fanocles, que compone elegías, y los latinos Virgilio y Ovidio, ponen el acento en el elemento amoroso y crean escenas cargadas de sentimiento o Πάθος (pathos): el cantor tracio se muestra indiferente a las solicitudes de las mujeres y es víctima de sus iras por su preferencia por los muchachos (Fanocles) o por el rechazo general de la compañía humana, motivado por la fidelidad a la memoria de su esposa fallecida (Virgilio, Ovidio). Según otra versión, del mitógrafo Higino, Afrodita infunde a las tracias deseos amorosos para vengarse del cantor. Otros autores dan importancia a elementos religiosos o sociales: según Conón, Orfeo vetó a las mujeres su participación en los misterios; para Pausanias, se rodeaba sólo de hombres y los persuadía a acompañarlo. Veámoslo en detalle.


Orfeo como Introductor de la Pederastia en Tracia

     El primer autor que habla del amor de Orfeo por los muchachos es Fanocles, quien da el nombre del amado de Orfeo: Calais, hijo de Bóreas, uno de los participantes en el viaje de los Argonautas (Fr. 1). Orfeo sufre por el amor de Calais, lo que parece indicar que no logra conseguirlo (vv. 3-6). Las tracias (bistónides) le cortaron la cabeza a Orfeo con espadas (no alude al desmembramiento) por haber sido el primero en introducir en Tracia el amor masculino y no haber alabado el femenino. Como castigo por el crimen, los tracios han tatuado a sus mujeres de generación en generación (v. 28).

     Ni en las fuentes antiguas sobre el mito ni en las Argonáuticas de Apolonio hay mención alguna de esta relación amorosa, por lo que es muy probable que sea una invención de Fanocles, que escogió un personaje ilustre, como el tracio, para el catálogo de amores homosexuales en que consistía su obra, Los Amores o Los Bellos, de la que procede el fragmento. Fanocles no intenta armonizar este amor con el de su esposa, a la que ni siquiera menciona. Que Orfeo esté enamorado de Calais [7], que rechace a las mujeres y que éstas se indignen hasta el punto de matarlo indica que es una historia post-clásica, ya que en la época clásica el amor heterosexual y el homosexual no son incompatibles en la misma persona y al mismo tiempo. A partir de la historia de Orfeo, Fanocles efectúa tres explicaciones etiológicas, muy del gusto de los poetas helenísticos: la pederastia en Tracia, la preeminencia lírica de Lesbos y la costumbre de los tracios de tatuar a las mujeres [8].

[7] Quizá escogió a Calais porque su nombre recuerda a καλός, «hermoso», un adjetivo típicamente pederástico. Ha pasado inadvertido el dato de que Orfeo y Calais procedían de la misma región: según Pi. P.4.180-183 Zetes y Calais habitaban a los pies del monte Pangeo, desde donde acudieron a la llamada de Jasón y donde Esquilo situaba a Orfeo. Fanocles pudo haber tomado como modelo la relación de Heracles e Hilas, también fallida, en el viaje de los Argonautas. Marcovich, 1979, 362 s., es de los pocos que considera anteriores a Fanocles las historias de relaciones de Orfeo con muchachos, vinculadas a las leyendas del viaje de los Argonautas.
[8] A la misma costumbre alude Plu. Ser. num. vind. 557D; según el epigrama funerario AP 7.10, las mismas tracias se tatuaron a sí mismas en señal de duelo ante la muerte de Orfeo. Varios vasos representan tatuadas a las tracias que atacan a Orfeo.

     En este poeta parece inspirarse Ovidio (Met. 10.83-85) cuando dice que Orfeo fue el primero que promovió en Tracia la pederastia. Ovidio sí intenta hacer compatible este amor homosexual de Orfeo con el de Eurídice: habría tenido lugar después de apartarse de las mujeres tras la muerte de su esposa. Es por ello comprensible que Ovidio no mencione a Calais como su amado, ya que la aventura de los Argonautas es anterior a la muerte de Eurídice y no tendría sentido introducirlo mucho después de acabado el viaje [9].

[9] Según Santini 1992, 180, ambos poetas pudieron tener una fuente común en que las mujeres eran tatuadas con los mismos instrumentos punzantes con que atacaron a Orfeo. Esta conexión entre delito y castigo habría sido obviada por Fanocles, que no explica por qué se ha elegido la marca con tatuajes como castigo para el crimen. Ovidio menciona los instrumentos punzantes, pero habría cambiado el motivo del tatuaje por la transformación de las tracias en árboles. Sin embargo, tal suposición no parece necesaria: Fanocles creyó que la costumbre tracia de tatuarse podía explicarse etiológicamente como castigo por la muerte de Orfeo, sin preocuparse de que estuviera directamente relacionada con su forma de morir. Ovidio seguramente conoció el texto de Fanocles y lo amplió haciendo que las mujeres encontraran los instrumentos del crimen en un labrantío.

     Seguramente se basaron en Ovidio autores posteriores: según Higino, «algunos dicen» que fue el primero en introducir la pederastia (omite el detalle: «en Tracia»), lo que ofendió a las mujeres hasta el punto de matarlo; Filargirio, comentarista de Virgilio, asegura que después de la muerte de Eurídice, Orfeo aborreció a las mujeres y trasladó su afecto a los muchachos, por lo que fue despedazado [10].

[10] Hyg. Astr. 2.7; Philarg. in G. 4.520.


Alejamiento de la Compañía Femenina

     Cuentan Virgilio y Ovidio que Orfeo, tras perder a Eurídice, se apartó de la compañía humana y rechazó el amor de las mujeres. Según Virgilio, durante siete meses lloró sobre una roca junto a la corriente del solitario río Estrimón (G. 4.407-509) y «ninguna Venus, ningún Himeneo doblegó su corazón». Vaga solo llorando a Eurídice, obsesionado con su pérdida, y no puede pensar en otras mujeres, por lo que éstas se sienten despreciadas y lo matan. Más que misoginia, se trata de una especie de fidelidad eterna a Eurídice.

     Según Ovidio, Orfeo pasó siete días sin comer a la orilla de un río, llorando y padeciendo (Metamorfosis 10.73-75) y luego estuvo tres años en soledad, evitando todo contacto carnal con mujeres. Muchas querían unirse al bardo, pero éste las ofendió al rechazarlas (multas tamen ardor habebat / iungere se vati: multae doluere repulsae, 81 s.). Ellas lo consideraron "nostri contemptor" y decidieron acabar con él. Como explicación de este rechazo, Ovidio recoge tanto la razón del final infeliz de su relación con Eurídice, como la de Virgilio: la fidelidad a su memoria. Ya hemos visto que también se hace eco del homosexualismo como causa de la ira femenina, como cuenta Fanocles.


La Exclusión de las Mujeres de la Participación en los Misterios

     Según Conón, Orfeo vetó el acceso de mujeres a los misterios que había instituído en Libetra. Los guerreros de Macedonia y Tracia se reunían con él en determinados días en una casa cerrada, dejando a la puerta sus armas. Una noche se apoderaron de ellas las mujeres y, cuando sus maridos salieron, les dieron muerte, a Orfeo lo despedazaron y tiraron al mar sus despojos. Menciona también una de las razones que ya daba Ovidio: por lo mal que había resultado su relación con su mujer, odió a todo el género femenino. Para Graf la exclusión de las mujeres de determinados misterios fue lo que originó el mito etiológico de que fueron éstas quienes acabaron con Orfeo. Hay que señalar que esta noticia se contradice con la realidad de los misterios órficos, que no estaban vetados a las mujeres.

     En varios vasos desde 460 a.C. el poeta tracio aparece cantando sólo para hombres y las mujeres irrumpen, de lo que puede deducirse que la razón de su ira es su exclusión de un círculo masculino presidido por Orfeo, según la tradición que recogen Conón o Pausanias y que veremos a continuación.


Compañía Exclusivamente Masculina

     Pausanias (9.30.5) testimonia que Orfeo sólo se rodeó de hombres, a los que convenció para que lo siguieran en su vagar. Las mujeres planearon su muerte, si bien no se atrevieron a llevarla a cabo por miedo a sus maridos, hasta que cobraron valor mediante el vino. De ahí que los guerreros tracios siempre fueran a la guerra embriagados. Nuevamente estamos ante un mito etiológico, que según Graf intenta explicar una antigua técnica de combate a través del trance, común entre guerreros de pueblos indoeuropeos, como los germanos, los celtas, los iranios y más tarde los «asesinos» iranios. Siempre forman sociedades secretas, por lo que los guerreros seguidores de Orfeo vagando por el país bien pueden reflejar una de ellas.


Interpretaciones Simbólicas del Mito

     Nos han llegado dos interpretaciones simbólicas del mito: para Himerio los autores de la muerte fueron los hombres de Libetra, pero el relato los cambió por mujeres porque, movidos por la envidia ante su canto, emprendieron contra Orfeo una tropelía propia de mujeres. El neoplatónico Proclo, desde una perspectiva filosófica y alegórica, cree que el desmembramiento de Orfeo significa que, una vez que murió, los hombres no pudieron recibir la perfección que éste había alcanzado en el arte musical y sólo participaron fragmentariamente de su ciencia.


1.2. El Desmembramiento de Orfeo por las Ménades

     Otra tradición alternativa atribuye la muerte de Orfeo a ménades o bacantes, que lo desmiembran. Aparece documentada por vez primera en Esquilo (que es además la fuente literaria más antigua sobre el final de Orfeo) y está completamente ausente de la iconografía, como ya se ha indicado. Esquilo puso en escena el episodio en la tragedia perdida Las Basárides (hacia 470-460 a.C.), como se afirma en los Catasterismos de Eratóstenes, que recogen la historia y son el principal testimonio para reconstruír su contenido: Orfeo, después de haber bajado al Hades y de ver cómo eran allí las cosas, abandonó a Dioniso y consideró a Helio (el Sol, identificado con Apolo), como el más grande de los dioses. Todos los días se levantaba poco antes del amanecer y subía al monte Pangeo para ver cómo salía el Sol (y, posiblemente, para rendirle culto) [11]. Esto enfureció a Dioniso hasta el punto de mandar contra él a las bacantes, que lo desmembraron y dispersaron sus restos. Las Musas los recogieron y les dieron sepultura en Libetra, en el monte Olimpo [12]. Es muy probable que la historia constituyera el argumento principal de Las Basárides. Sea o no así, la mayoría de los estudiosos piensa que fue Esquilo quien inventó esta versión de la muerte de Orfeo [13].

[11] La adoración del Sol por parte de Orfeo puede reflejar antiguos cultos solares órficos. El Sol recibía culto entre los tracios y aparece en numerosos textos órficos (contrariamente a lo que dice Nilsson, quien cree que el gesto de Orfeo sería de un simple saludo al Sol, no de culto). Diodoro 1.11.3 cita un verso en que el Sol es identificado con Fanes y Dioniso. En un himno órfico al Sol de época tardohelenística, citado por Mac. Sat. 1.17.42, se considera a Helio generador de todo y se le equipara con Dioniso, Fanes, Zeus, Eubuleo y Hades. El OH 8 está dedicado al Sol. Orfeo como devoto de Helio aparece en la hypothesis de OL, escrita por un gramático bizantino llamado Demetrio Mosco: cuando Orfeo era un niño, estuvo a punto de ser mordido por una serpiente, pero huyó a un santuario cercano de Helio: el padre de Orfeo atribuyó la salvación a este dios, de modo que instituyó un sacrificio anual en su honor, continuado por su hijo Orfeo cuando él dejó el país.
[12] Según Harrison, 3-1922, 463 ss., se trataría de las ménades arrepentidas y en su sano juicio.
[13] Sin embargo, Marcaccini, 1995, 244-246, cree que la versión de Esquilo, en la que las ménades acaban con Orfeo como venganza de Dioniso, sería la más antigua y se correspondería con la reflejada en la cerámica. La tradición de que son las mujeres tracias quienes matan al poeta por su misoginia sería posterior y respondería a una banalización y una secularización del mito, del que se habrían eliminado los componentes religiosos. En los testimonios de esta última versión habrían quedado restos de la vinculación primitiva de la historia con el dionisismo: así, se dice a menudo que las tracias lo despedazan; Paus. 9.30.5 asegura en su relato que lo atacan animadas por el vino; en algunos vasos en que Orfeo es representado rodeado por guerreros aparecen sátiros. No obstante, no parece sostenible que la versión de Esquilo sea la originaria y que sea la misma de la cerámica. Si así fuera, habría dejado una huella más profunda en la iconografía, donde las homicidas nunca se representan con atributos dionisíacos, y en la literatura, donde sólo hablan de ménades unos pocos testimonios muy posteriores a Esquilo: Eratóstenes (que parece reproducir la hypothesis de las Basárides), las adaptaciones latinas derivadas de él y Virgilio y Ovidio, que consideran bacantes a las atacantes de Orfeo, pero las creen movidas por razones personales y no religiosas.

     Sería interesante saber cuál fue la revelación en el Hades que, según Esquilo, produjo en Orfeo la conversión del culto de Dioniso al de Apolo. Quizá en la oscuridad del submundo se dio cuenta del valor de la luz del Sol. Probablemente para el viaje de Orfeo al Hades y la revelación Esquilo se basó en un poema órfico, como alguna de las Catábasis atribuídas a pitagóricos que circulaban en el siglo V a.C.

     Es posible que el tragediógrafo tomara de los órficos su versión de la muerte de Orfeo, pero de una tradición oral, no de algún poema órfico, pues al considerarse tales poemas compuestos por Orfeo, no podrían recoger su muerte, a no ser en forma de profecía, o bien puesta en boca de Museo, el otro autor mítico de este tipo de literatura. Los órficos habrían ideado el desmembramiento de Orfeo para atribuírle el mismo tipo de muerte que sufrió Dioniso a manos de los Titanes [14]. Habrían considerado a las ménades las autoras de su muerte no porque pensaran que Orfeo traicionó a Dioniso y que éste lo castigó a través de ellas, sino para hacer de él una víctima inocente como el niño Dioniso y para poner de manifiesto la crueldad y la hostilidad de los dionisíacos no órficos [15].

[14] Ya señalado por Procl. in R. 1.175 Kroll: Orfeo, como jefe de las τελεσται de Dioniso, murió como su dios, pues el despedazamiento es una de las señales o contraseñas dionisíacas.
[15] Esta interpretación la ofrece Nilsson, 1935, 203 s., que no cree que sea una innovación de Esquilo. Boulanger, 1925, 30, y Heurgon, 1932, 8 también piensan que el suplicio de Orfeo está inspirado en el del niño Dioniso. Con el mito del desmembramiento de Dioniso los órficos condenarían los ritos de las bacantes como crímenes, lo que explicaría su hostilidad hacia Orfeo por blasfemo y su castigo, semejante al de Penteo, otro enemigo de los rituales dionisíacos.

     Otra alternativa más plausible es que esta historia sobre la muerte de Orfeo fuera concebida por los fieles dionisíacos tradicionales. Con ella expresarían su discrepancia frente a las innovaciones de los órficos, como su rechazo al derramamiento de sangre, la práctica del vegetarianismo y el ascetismo. Además, a ojos de un iniciado báquico la figura de Orfeo presenta mucha afinidad con Apolo (la música, la profecía, la magia, la medicina, su carácter de hijo de una Musa y, según algunas versiones, del propio Apolo). Por tanto, aunque los misterios y ritos que Orfeo funda están centrados en Dioniso, para los devotos báquicos la actividad de Orfeo no sería sino una apostasía en beneficio de Apolo. Habrían imaginado una venganza cruel de Dioniso en Orfeo semejante a la que ejecutó en otros enemigos, como Licurgo o Penteo, o a la que el propio Orfeo atribuía a su dios, Dioniso. Más tarde Esquilo habría utilizado esta versión, si es que no la inventó él mismo, como argumento adecuado para una tragedia.

     La historia de Esquilo fue recogida por Eratóstenes en sus Catasterismos, como hemos visto, y posteriormente por su epítome y las diferentes versiones latinas de éste. Varios autores toman algún elemento de la versión, pero siempre dejan de lado la ofensa de Orfeo a Dioniso y la venganza de éste, quizá porque la entendían como una innovación personal de Esquilo [16]. Por ejemplo, Virgilio y Ovidio siguen en lo fundamental la versión de las mujeres tracias, pero hablan por vez primera de que éstas lo desmiembran, y el primero insinúa y el segundo afirma que eran bacantes [17]. Para ambos, los motivos de las mujeres son meramente humanos (el rechazo mostrado hacia ellas por el tracio). Según Ovidio, no sólo no es Dioniso quien manda a las ménades, sino que venga a su sacerdote Orfeo (sacrorum vate suorum) convirtiéndolas en árboles, mientras él se va a Frigia cum choro meliore.

[16] Quizá la mencionaba E. Hyps. Fr. 759a (v. 1570); Isoc.11.38s. se hace eco simplemente del despedazamiento y ofrece como motivo las blasfemias de Orfeo; Apollod. 1.3.2 se limita a ofrecer la versión escuetamente: «Está enterrado en torno a Pieria, despedazado por las ménades», sin indicar las razones; en el citado P. Berol. 13426 hay una interferencia de esta versión: Orfeo es castigado por Afrodita, pero no parece tener mucho sentido que envíe como ejecutoras a las ménades.
[17] En Virgilio G. 4.520 las mujeres de los cícones (tracios) atacan a Orfeo inter sacra deum nocturnique orgia Bacchi. En Metamorfosis 11. 1ss., con ocasión de la fiesta de Dioniso, las mujeres tracias se visten con pieles de animales y entran en frenesí. En el v. 22 se las llama maenades.

     El mitógrafo Higino recoge la versión de Esquilo y ofrece otras dos interesantes explicaciones para la ira de Dioniso contra Orfeo: según la primera, cuando éste cantó en alabanza de los dioses ante Hades y Perséfone, olvidó a Dioniso; después, «como muchos dijeron», mientras se deleitaba con el canto en el monte Olimpo, el dios lanzó contra él a las ménades, que lo desmembraron (Higino, Astr. 2.7). Según Ziegler, esta versión procede de un poeta o mitógrafo tardío, que tomó el motivo de la ira del dios de otro mito. De hecho, el mismo Higino señala la semejanza con el de la caza del jabalí de Calidón: Eneo olvidó sacrificar a Ártemis y ésta envió el jabalí como castigo.

     La segunda explicación de Higino es que Orfeo había espiado las iniciaciones de Dioniso, versión incompatible con la tradición común que hace a aquél fundador de misterios dionisíacos. Probablemente es una transferencia a Orfeo de la historia de Penteo.

     Existen varios paralelos interesantes de otras figuras míticas que sufren el desmembramiento ritual que las ménades supuestamente realizaban con animales. Ya hemos señalado el del niño Dioniso en el mito órfico de los Titanes. En la tetralogía de Esquilo Licurgia, de la que formaban parte Las Basárides, se contaba el mito de Licurgo, probablemente en la primera obra, los Edonos. Licurgo, rey del pueblo tracio de los edonos, se muestra hostil a Dioniso y lo expulsa de su territorio, a lo que éste responde enviándole una locura que lo lleva a matar a su hijo Driante; la tierra se hace estéril y el dios indica que la única solución es la muerte de Licurgo; los edonos lo llevan al monte Pangeo, donde es desmembrado por caballos [18]. También el final de Penteo recuerda mucho al de Orfeo en la versión de Esquilo: las ménades lo desmiembran como castigo de Dioniso por haber espiado sus misterios, como se cuenta en las Bacantes de Eurípides. En Egipto Osiris es despedazado y sus restos son transportados en un ataúd por el Nilo (Plu. Is. et Os. 356 Bss.).

[18] Cfr. Apollod. 3.5.1, que debe de representar gran parte del argumento de la Tetralogía o parte de ella (v. West, 1983b, 63 s., quien cree que Licurgo no muere, sino que es encarcelado y se hace sirviente y profeta de Dioniso).


1.3. Otras Versiones de la Muerte de Orfeo

     La versión más extendida de las tracias como responsables de la muerte de Orfeo no obtuvo aceptación general. El historiador del siglo IV a.C. Asclepíades de Trágilo parece que la cuestionó: «Su padecimiento (πάθος) no sucedió». Linforth piensa que quizá se refería a que no fue inmolado por mujeres, pero que es imposible estar seguro. Aparte de las tradiciones sobre la muerte de Orfeo a manos de las tracias o de las bacantes, existen testimonios de otras varias, cada una con su motivación particular.


Fulminación por Obra de Zeus

     El primer texto que menciona la fulminación es un supuesto epitafio de Orfeo transmitido en una declamación atribuída a Alcidamante [19]:

     «Aquí depositaron los tracios a Orfeo, servidor de las Musas, a quien mató Zeus, morador de las alturas, con su fulgurante proyectil».

[19] Alcid. Ulix. 24. Alcidamante vivió en el s. IV a.C., pero su autoría es dudosa.

     No da la razón para lo que parece ser un castigo, pero ésta puede deducirse del último verso:

     «Tras descubrir para los hombres las letras y la sabiduría» (= ¿poesía?).

     Según Linforth, se trataría de un mito ateniense pro-tracio del comienzo de la Guerra del Peloponeso, ya que en él los tracios no sólo no son culpables de la muerte de Orfeo, sino que se preocupan de enterrarlo. En 431 a.C. los atenienses consiguieron el apoyo del rey tracio Sitalces y tratarían de ganarse su simpatía borrando las acusaciones que el mito tradicional de la muerte de Orfeo cargaba sobre los tracios.

     Otro epigrama se basa en el anterior y reproduce exactamente su v. 2:

     «Aquí [en Dío de Macedonia] enterraron las Musas a Orfeo, de lira áurea,
a quien mató Zeus, morador de las alturas, con su fulgurante proyectil».

     No obstante, no especifica las razones de Zeus.

     También Pausanias menciona la fulminación junto a otras dos versiones de la muerte de Orfeo (Paus. 9.30.5):

     «Hay quienes dicen que a Orfeo le sobrevino la muerte fulminado por el dios»,

     y señala el motivo: las enseñanzas que difundía en sus misterios, las cuales eran desconocidas para los hombres hasta entonces. La tradición recuerda el caso de Prometeo, Tántalo o Fineo, que revelaron a los hombres parte del conocimiento secreto reservado a los dioses y fueron duramente castigados por ello.

     Parece tener razón Ziegler, que cree que la muerte por fulminación de Orfeo no es un mito antiguo, sino una reacción a la versión más común, considerada indigna por algunos. Habrían, así, comparado a Orfeo con Asclepio, otro benefactor de la Humanidad muerto por el rayo.


Eliminación por Motivos Políticos

     Estrabón cuenta que Orfeo el tracio vivió en la aldea Pimplea, cerca de Dío, y allí actuaba como un hechicero (γόητα), que reunía dinero gracias a la música, su arte adivinatorio y sus rituales. Con el tiempo, creyéndose digno de algo más, se hizo con una multitud [de seguidores] y con fuerza, lo que quizá aluda a un grupo político. Algunos lo apoyaron, pero otros lo miraron con suspicacia y acabaron matándolo en una conspiración. Estrabón es el único en ofrecer esta interpretación sociopolítica del mito de Orfeo y de su muerte.

     Según Ziegler, se trata de una versión de corte evemerístico de las tradiciones más divulgadas, a las que despoja de lo maravilloso. Por su parte, Graf señala que la historia parece modelada sobre la de Pitágoras en Crotona, igualmente una figura con poderes psíquicos que consiguió poder político reuniendo a numerosos seguidores, hasta que sus oponentes mataron a muchos de ellos. Bernabé, en un análisis del pasaje, muestra que Estrabón ha atribuído a Orfeo, desde una posición hostil, las prácticas características de los orfeotelestas (la música, la magia, la adivinación y la iniciación en los misterios), así como los avatares históricos que los seguidores de Orfeo sufrieron: la expansión social, las sospechas que despertaron y su consiguiente persecución y eventual eliminación [20].

[20] Ziegler, 1939, 1283; Graf, 1987, 89 s.; Bernabé, 2002d.

     Bernabé aduce un paralelo estrecho con la narración que hace Livio (39.8 ss.) de un episodio de la política de Roma hacia los cultos báquicos: Roma prohibió (tal como refleja el decreto Senatus Consultum de Bacchanalibus del año 186 a.C.) y reprimió con sangre las celebraciones orgiásticas en honor de Baco, con la acusación de que promovían conjuras políticas y representaban un peligro social.


Suicidio por el Dolor de Perder a Eurídice

     Pausanias testimonia (9.30.6):

     «Otros han dicho que, habiendo muerto su mujer antes que él, por causa de ella fue al Aorno en la Tesprótide, pues había antiguamente allí un oráculo de los muertos. Y que, creyendo que le seguía el alma de Eurídice, y después de perderla cuando se dio la vuelta, se quitó la vida llevado por la pena».

     Según Ziegler es una interpretación racionalista de la versión común: la muerte a manos de mujeres es entendida como la muerte anímica, que lo conduce al suicidio, provocada por una mujer, Eurídice, a la que no pudo recuperar tras su muerte.


Muerte en la Vejez

     No sabemos si responden a una tradición según la cual Orfeo murió anciano, unos versos de las Argonáuticas Órficas en los que el poeta tracio dice que su madre lo condujo a casa desde Egipto y Libia para que llegara al límite de la muerte en medio de la triste vejez (AO 103 y ss.). Probablemente sólo se refiere a que su madre tenía el deseo, finalmente insatisfecho, de que su hijo muriese apaciblemente en su ancianidad.


2. EL ENTIERRO Y LA TUMBA DE ORFEO


El Duelo

     Varios textos refieren que el triste fin de Orfeo provocó un abundante duelo. Según Antípatro de Sidón lo lloraron las Musas, en especial su madre, Calíope. En otro epigrama se describe cómo se lamentan las mujeres tracias (que en señal de luto vierten ceniza en sus cabellos y se tatúan), Apolo, las Musas y hasta las piedras y los árboles, que el cantor tracio había encantado con su música. Ovidio hace un catálogo más extenso: los pájaros, las fieras, las rocas, los árboles dejan caer sus hojas, los ríos que crecen con las lágrimas, las Náyades y Dríades se ponen de luto y se sueltan el cabello (Metamorfosis 11.44-49). Dión de Prusa cuenta la historia humorística de que los animales se sintieron muy tristes y Calíope consiguió que Zeus los dotara de cuerpo humano, de donde surgió una estirpe de macedonios que luego se estableció en Alejandría. De una clase de perros que lo oían se originaron los tañedores de lira.


Castigo de los Culpables

     Las fuentes hablan muy pocas veces del castigo de los culpables de la muerte de Orfeo. Conón cuenta que tras el suceso sobrevino una terrible peste en la región, considerada por un oráculo como un castigo por el crimen de las mujeres, y que no cesó hasta que la cabeza de Orfeo fue encontrada (en la costa de Asia Menor) y recibió sepultura. Al recinto de la tumba tenían prohibido el acceso las mujeres, como una venganza póstuma del cantor. Pausanias transmite la leyenda etiológica de que el río Helicón, cerca de Dío, se oculta en un tramo bajo tierra, para luego reaparecer, debido a que las mujeres que mataron a Orfeo quisieron lavarse la sangre, pero el río desapareció horrorizado para no purificar tal crimen [21]. Los oradores Libanio e Himerio indican que la región de Libetra, donde se suponía que había muerto Orfeo, fue castigada con la incultura, la aridez artística y el silencio [22]. Ya hemos mencionado que, según Fanocles, los tracios castigaron a sus mujeres estigmatizándolas con tatuajes, acción que, de acuerdo con un epigrama de la Antología, las propias tracias realizaron sobre sí mismas en señal de luto [23].

[21] Paus. 9.30.8 (OF 1066); cfr. Nagy, 1990a, 231, n. 18, que aporta varios paralelos irlandeses de masas de agua que rehúyen el contacto femenino.
[22] Lib. Decl. 1.182 (OF 1064 I), Him. Or. 46.3.
[23] Phanocl. Fr. 1.23-28.


Ubicación de la Tumba de Orfeo

     Las fuentes vacilan a menudo en situar la tumba de Orfeo en Tracia (Damageto) o en Macedonia (Pieria: Apolodoro; Libetra y Dío: Pausanias) [24]. Los tres epitafios de Orfeo conservados difieren en el lugar del enterramiento: los transmitidos por (Pseudo-)Alcidamante y Pseudo-Aristóteles lo sitúan en Tracia, y el de Diógenes Laercio en Dío, Macedonia [25]. Esta divergencia en las fuentes tiene una fácil explicación: la región macedonia de Pieria tuvo población tracia en época prehistórica, según varios testimonios escritos y arqueológicos. Este hecho es un indicio de la antigüedad de las tradiciones que relacionan a Orfeo con este territorio.

[24] Según Damageto, poeta del s. III a.C., la tumba está en las faldas tracias del Olimpo; Apollod. 1.3.2 cuenta que está enterrado en Pieria; Pausanias habla de tumbas de Orfeo en Libetra y Dío; también parece aludir a una sepultura en Tracia, cuando dice: «Los tracios dicen que los ruiseñores que tienen sus nidos sobre la tumba de Orfeo cantan más dulce y más alto».
[25] El epitafio conservado en Alcid. Ulix. 24 atribuye el enterramiento de Orfeo a los tracios, así que es de suponer que la tumba estaba en su región; Ps.-Arist. Fr. 640.48 recoge el epitafio de una tumba en Ciconia (región de Tracia): «Al tracio de lira de oro, hijo de Eagro, / a Orfeo, después de morir lo pusieron en este terreno los cícones»; el epigrama citado por Diógenes Laercio 1.5 como procedente de la tumba de Orfeo en Dío es una combinación de ambos.

     En Pieria, dos ciudades en especial se disputaban la posesión de la tumba de Orfeo: Libetra y Dío. Ya Esquilo, o al menos la versión recogida en Eratóstenes, dice que las Musas enterraron los restos de Orfeo en Libetra. Aunque Conón no especifica el lugar exacto donde se enterró la cabeza de Orfeo, según su versión debió de ser en Libetra, donde recibió muerte, según él. A una supuesta tumba en Dío pertenece el epitafio citado por Diógenes Laercio. Pausanias menciona ambas. Cuenta que los macedonios de Pieria y de Dío pensaban que Orfeo sufrió allí su muerte a manos de las mujeres. No lejos de Dío se conservaba una urna con los huesos de Orfeo en lo alto de una columna.

     A continuación narra otra historia que oyó en Larisa. Los habitantes de Libetra habían recibido el anuncio de Dioniso, mediante un oráculo en Tracia, de que si los huesos de Orfeo veían el Sol, un cerdo devastaría la ciudad, lo que a los habitantes les pareció ridículo. Pero en una ocasión un pastor se quedó dormido a media mañana junto al monumento funerario y en su sueño empezó a cantar versos de Orfeo con dulce voz. Al oír la música, todos los que se encontraban alrededor acudieron a la sepultura y competían por ver más de cerca el espectáculo. Dejaron caer la columna que sostenía la urna, ésta se quebró y los huesos quedaron al descubierto. A la noche siguiente se desató una tempestad y el río, llamado Συς («cerdo»), se desbordó y destruyó las murallas de la ciudad, los templos y las casas y ahogó a todos los hombres y animales. De modo que los macedonios de la ciudad de Dío guardaron los huesos de Orfeo en su territorio.

     Como Libetra contaba con más garantías de tener la tumba auténtica de Orfeo, por ser citada en fuentes antiguas (Esquilo, o al menos Eratóstenes), parece ser que en Dío trataron de contrarrestar esa fama asegurando que el mítico cantor murió allí, como dice Pausanias que oyó. La segunda historia, que a Pausanias le contaron en Larisa, es un intento de conciliar las reivindicaciones de las dos ciudades: en principio la tumba estaría en Libetra y luego habría sido trasladada a Dío. Además, sirve como etiología para explicar la desaparición histórica de Libetra, que ya no existía en tiempos de Pausanias. Su devastación se considera un castigo por profanar y destruír la tumba de Orfeo, que el oráculo ya les había aconsejado no descuidar (no dejar sus huesos al aire).


El Destino Último del Alma de Orfeo

     La mayor parte de los autores que refieren el mito de Orfeo deja de lado la cuestión del destino final de su alma. Lo común es que se le sitúe en el Hades. En la Apología de Platón (41a), Sócrates espera encontrarlo en la otra vida junto a Museo, Homero y Hesíodo. En el mito escatológico del final de la República (620a), el alma de Orfeo es vista por Er en el lugar indeterminado donde las almas procedentes del cielo o del Hades escogían, ante los tronos de las Moiras y su madre Necesidad, un tipo de vida para su próxima reencarnación en la tierra. Allí, Orfeo elige la vida de un cisne (un animal cantor) para no nacer de vientre de mujer. Es difícil decidir si el alma de Orfeo llegaba del cielo (lugar de las almas justas) o del Hades (de las injustas), sobre todo porque seguramente Platón no se planteó la cuestión. Quizá haya que decantarse por el Hades, a juzgar por el testimonio de la Apología y porque en el Simposio (179d) la calificación moral de Orfeo es negativa, en tanto que cobarde, por no atreverse a morir para encontrarse con el alma de su esposa.

     Virgilio, sin nombrarlo, describe a Orfeo tocando la lira en el Averno, concretamente en el Elíseo destinado a los justos y bienhechores, donde, entre otros héroes, se encuentra también Museo [26]. De forma similar Ovidio, en una original escena poética (Metamorfosis 11.61-66), imagina un destino más digno que el del común de los mortales: el alma de Orfeo es enviada a la región del Más Allá llamada arva piorum (¿el campo Elíseo?), donde se encuentra con Eurídice, la abraza y se pasea junto a ella, contemplándola ya con toda seguridad. También Tzetzes sitúa a Orfeo en el Hades junto a otros poetas (Lino, Támiris, Homero, Hesíodo, Museo) y pensadores (Anaxágoras, Empédocles). Un epigrama funerario anónimo de la Antología Palatina imagina el alma del bardo en el cielo, junto con la de Platón.

[26] Virgilio Eneida 6.645 s. «El sacerdote tracio de larga túnica», 6.638 s.: «Las felices regiones y gratos vergeles de los bosques bienaventurados y las moradas dichosas». Museo es mencionado en el v. 667.


Orfeo Deificado

     Existen algunos testimonios, marginales, del ascenso de Orfeo a la categoría de dios. Cicerón plantea la posibilidad de que lo sea, por ser hijo de una musa. Según uno de los escritores de la Historia Augusta [27], el Emperador Alejandro Severo tenía en su larario imágenes de emperadores deificados y de almas santas como Apolonio de Tiana y, «según dice un autor contemporáneo del emperador», de Cristo, Abrahán y Orfeo, junto a las de sus antepasados, a las que tributaba culto (rem divinam faciebat). Ateneo (24. 632c) lo considera «el más inspirado y sabio de los semidioses», como Apolo lo es de los dioses.

[27] Lamprid. Sever. 29.

     Varias fuentes hablan de templos dedicados a Orfeo, que implicarían su categoría de dios, mientras que para otras sólo se trata de santuarios. Conón asegura que la tumba de su cabeza (posiblemente en Libetra) pasó de santuario heroico a templo y que Orfeo acabó recibiendo sacrificios y honores propios de un dios. El Pseudo-Calístenes sitúa una estatua del cantor tracio (rodeado por las Musas y animales salvajes) en un templo de Orfeo en la ciudad de Hiperia (en Bebricia, al Norte de Asia Menor), visitado por Alejandro Magno. Para Plutarco y Arriano la imagen que Alejandro visitó está en Libetra, pero no aluden a ningún templo (según Arriano, es una estatua; según Plutarco, una talla de ciprés) [28]. En un santuario de Orfeo se situaba su oráculo, según Filóstrato, lo que no implica que recibiera culto como dios.

[28] Plutarco Alex. 14.5, Arr. An.1.11.2; los testimonios se encuentran en OF 1084. Hay más noticias de estatuas de Orfeo: Paus. 9.30.4 y Callistr. 7 (OF 1082) aseguran que había una de bronce en el Helicón, junto con figuras de animales y, según Pausanias, con una imagen de Teleté (la iniciación personificada). En Olimpia, una estatua de Orfeo se hallaba junto a otras de Agón, Dioniso y Zeus. En el templo de Deméter Eleusinia, en Teras (Laconia), había una talla de Orfeo (Paus. 3.20.5). Mart. 10.20.6 menciona otra estatua en Roma, rodeada de animales. Se conserva la inscripción, descubierta en Bulgaria, de una estatua de Orfeo.

     Varios autores cristianos ofrecen testimonios bastante singulares, quizá más basados en el prejuicio o en el ánimo polémico que en tradiciones reales. Tertuliano afirma que muchos autores fueron considerados dioses en la Antigüedad, o al menos divinos, como Orfeo, Museo y Ferecides. Melitón de Sardes dice que una estatua del dios babilónico Nebo representaba en realidad a Orfeo. Para Agustín, el tracio nunca fue adorado como dios, pero a menudo se pensó que presidía los cultos infernales [29].

[29] Tertuliano De anim. 2, Melit. 9 (426 Otto), Agustín. Civ. 18.14.

     De todos estos testimonios se deduce que la heroización o deificación de Orfeo y su culto tuvieron una escasa difusión en la Antigüedad y se redujeron a círculos locales (relacionados con su leyenda, como Libetra), que quizá las promovieron con fines propagandísticos.–




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