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viernes, 15 de enero de 2016

El Manifiesto Anti-Judío de 1882



     El último esfuerzo significativo para defender los valores nacionales cristianos, dice un sitio, fue la "Primera Conferencia Internacional Anti-Judía" celebrada en Dresden, Alemania, en Septiembre de 1882. La conferencia, que atrajo a 300 prominentes hombres de negocios, aristócratas, políticos, sacerdotes, abogados, médicos, agricultores e intelectuales de Alemania, Austria, Hungría y Rusia, produjo un manifiesto dirigido "a los Gobiernos y los Pueblos de las Naciones Cristianas Amenazadas por el Judaísmo". El documento muestra cómo la hegemonía judía era un hecho consumado hace 133 años, y explica por qué la cohesión racial y la herencia cristiana de Occidente están todavía hoy bajo ataque constante. El sitio germanhistorydocs.ghi-dc.org alberga el texto de dicho documento en su versión en inglés de la cual lo hemos traducido. Se ha especulado que fue dicha conferencia la que condujo al holocausto de Dresden en Febrero de 1945 por parte de la aviación Aliada.


MANIFIESTO a los Gobiernos y Pueblos de las
NACIONES CRISTIANAS Amenazadas por el JUDAÍSMO
Primer Congreso Anti-Judío
Dresden, 11-12 Septiembre de 1882




     En el siguiente manifiesto del Primer Congreso Anti-Judío, celebrado en la capital del reino de Sajonia poco después de que la primera ola del anti-semitismo alemán alcanzara su punto máximo, los participantes entrelazaron prácticamente todos los hilos de la "cuestión judía" en el tejido de una lucha monumental contra el "parasitismo judío" internacional.

     Afirmando que todas las naciones cristianas no tenían ninguna otra opción sino reconocer al judío como biológicamente extranjero, el manifiesto pedía una reversión de la emancipación judía y la expansión de un "movimiento de auto-defensa" anti-judío.

     Los delegados de la reunión constituyen un virtual "Quién es Quién" [directorio de personas notables] de anti-judíos alemanes, austríacos y húngaros de aquella época. Que estas figuras estaban todavía compitiendo unas con otras por el liderazgo del movimiento es sugerido por el anexo co-escrito por dos aristócratas bávaros.

     Pero los delegados estuvieron de acuerdo en que las anteriores iniciativas del gobierno en cuanto a la defensa del "Estado cristiano" habían sido ineficaces. Este documento pretende documentar la "conspiración judía" internacional con "hechos" históricos más bien que con encendidas frases. Como tal, es típico junto con otros manifiestos, folletos y tratados pseudo-científicos contemporáneos que también afirmaban ofrecer evidencia empírica del llamado "deseo de dominación mundial" que tenían los judíos.



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     ¡A los Gobiernos y Pueblos de las Naciones Cristianas Amenazadas por el Judaísmo!:

     En el curso de los pasados siglos, la cultura, la civilización, la prosperidad y el futuro de los pueblos cristianos europeos fueron amenazados, sucesivamente, por árabes, tártaros y turcos, pueblos de raza y religión extranjeras cuyos ataques y embestidas fueron exitosamente resistidos por las armas de los cristianos europeos de entonces. Del mismo modo, en nuestros tiempos, otra raza extranjera amenaza la cultura, la civilización, la prosperidad y el futuro de los pueblos cristianos europeos, una raza extranjera que no es menos peligrosa. No. En términos de sus medios y objetivos, es probablemente incluso más peligrosa que aquellos elementos nacionales agresivos. Esta raza extranjera es la raza judía.

     El instinto apropiado de los pueblos cristianos europeos ha mantenido a este jurado y natural archi-enemigo bajo control hasta muy recientemente. Es un enemigo mortal contra quien las regulaciones legislativas restrictivas sólo han resultado ser medidas a medias y armas inadecuadas para proteger al pueblo cristiano.

     Desde el comienzo del siglo actual [XIX], sin embargo, esta situación ha cambiado muy radicalmente, de manera gradual, en algunos países europeos.

     Los victoriosos ideales de la Revolución francesa —Libertad, Igualdad y Fraternidad— han echado abajo las barreras contra la raza judía que habían sido erigidas para la protección de los pueblos cristianos.

     El principio de la Libertad también fue aplicado a una raza cuyos pensamientos y energías prioritarios están en todas partes orientados a poner a otras naciones en los grilletes morales y materiales de los esclavos mediante toda suerte de comportamientos astutos. Según las tradiciones religiosas y nacionales de los judíos, todos los pueblos fueron creados simplemente para que los sirvieran a ellos.

     El principio de la Igualdad también fue aplicado a una raza que no desea ser igual con nosotros, que se considera a sí misma un pueblo privilegiado por Dios y al resto de la Humanidad como seres inferiores, como animales impuros.

     El principio de la Fraternidad también fue aplicado a una raza que ni siquiera reconoce a los no-judíos como prójimos y congéneres humanos, y, de acuerdo a su Talmud, los no-judíos son enemigos destinados a la erradicación. Además, el engañarlos, robarles, desangrarlos, provocar la ruina sobre ellos, perjurar contra ellos, deshonrarlos e incluso matarlos, constituye una actividad que complace a su dios.

     Resulta poca sorpresa, por lo tanto, que el liberalismo moderno, identificándose cada vez más con los ascendentes judíos, haya tomado la forma de un pseudo-liberalismo. En manos de los judíos, se ha convertido en una apropiada herramienta para realizar sus planes para la dominación mundial y para poner hierros sobre los pueblos europeos.

     Los judíos se han convertido en los amos indiscutibles de los mercados financieros. Ellos dominan las bolsas de comercio, donde ellos determinan a voluntad el precio del dinero y de los valores monetarios, de las materias primas y de los bienes industriales. Por consiguiente, ellos son los que controlan el monedero del capitalista y los frutos del trabajo del agricultor y del hombre de negocios. Ellos dominan los bancos y todas las instituciones financieras en general. Por lo tanto, ellos son los creadores de valores ficticios, los maestros del crédito y la rentabilidad monetaria, cuyos canales ellos abren, sin restricciones, a sus propios congéneres de tribu, pero cerrándolos a cualquier no-judío que no sea de su gusto.

     La consecuencia natural de esta monopolización del mercado financiero es que el agricultor, el gran terrateniente, el industrial, el artesano, el comerciante, etc., se han visto todos atrapados en la dependencia material de los judíos. Y puesto que sus modos de subsistencia quedaron sometidos a la arbitrariedad de los judíos de esta manera, ellos fueron obligados a convertirse en sus obedientes sirvientes, en sus pajes. Más aún, los judíos contratan a hombres influyentes que son activos en la vida pública para llenar posiciones bien pagadas en bancos, ferrocarriles, compañías de seguros, etc. Estos individuos son así prácticamente mantenidos como vasallos de los judíos y son los partidarios más entusiastas e influyentes del poder judío en las legislaturas y en los gobiernos.

     La punta de esta pirámide económica y financiera es la "dinastía" Rothschild, que se ha convertido en el banquero de los países económicamente necesitados. Sin su consentimiento, emprender la guerra es prácticamente imposible hoy día. Y si una guerra es emprendida de todas maneras, ella representa simplemente una buena oportunidad para esta "dinastía" para añadir miles de millones más a aquellos que ya tiene y para concentrar cada vez más los bienes de capital de los pueblos europeos en las manos de la "dinastía" y de la raza judía, incluso explotando sus calamidades nacionales.

     Por medio de increíbles cargas de deuda pública que son continuamente aumentadas por los poderes financieros judíos y que debilitan la médula de las naciones, los gobiernos de algunos países endeudados se han convertido en nada más que instituciones judías, en agencias judías de recolección. Esto explica la completa inactividad de esos gobiernos con respecto a la cuestión judía y también su comportamiento hostil contra sus propias poblaciones en favor de la judería.

     Los judíos, por una parte, han logrado conseguir el control directo de la mayoría de los periódicos y, por otra, ejercer una influencia indirecta sobre ellos en su favor, de modo que hasta hace poco ningún periódico en Europa Central se hubiera atrevido a decir la verdad frente a la judería.

     De esta manera los judíos se han convertido en los amos absolutos, en los fabricantes de la opinión pública. Cualquier queja hecha contra ellos, no importa cuán justificada pueda ser, es suprimida. Cualquier artículo que aborde el tema del dominio judío en el grado más leve es suprimido. Ellos conceden el elogio y el reproche sobre vivos y muertos, sobre gobernantes, estadistas, funcionarios, académicos, artistas, etc., incluso sobre las vidas privadas de los individuos. El progreso profesional de los hombres activos en la vida pública y el reconocimiento y recompensa de sus logros depende de la posición favorable de la prensa judía. Por consiguiente, cualquiera que desee alcanzar sus objetivos mediante alguna especie de carrera pública está obligado a contar con el favor de la prensa judía y por lo tanto del clan judío.

     A consecuencia de esta situación, la esclavitud intelectual y la cobardía moral frente a la judería es uno de los rasgos más característicos de nuestra época. Los jóvenes profesionales aspirantes están preocupados por su futuro; los hombres mayores que se han hecho un nombre por sí mismos están preocupados por su pasado y su reputación póstuma. Y a fin de asegurar estas cosas con la ayuda de la prensa judía, ellos se convierten en lacayos del poder judío, ellos se convierten en traidores a su propia nación y raza y así traidores contra sus propios parientes consanguíneos. En muchos países los judíos han adulterado el sistema de logias [masónicas], lo han despojado de su esencia, y lo han degradado hasta convertirlo en uno de los instrumentos más peligrosos y eficaces del poder judío.

     Principalmente por medio de la prensa, la judería debilita cada vez más la religión cristiana, la cual, después de todo, se ha convertido en una religión racialmente específica de los pueblos europeos arios, de cuya mágica influencia ninguno de los pueblos europeos arios ha logrado escaparse. Esta apreciación es demostrada por dieciocho siglos de Historia. Durante ese período entero, ninguna nueva religión basada en algo aparte del Evangelio según Cristo logró desarrollarse entre ninguno de los pueblos arios europeos.

     Durante la época de los romanos, fue el cristianismo el que salvó a la raza aria europea de la bancarrota moral, por una parte, y de la barbarie semi-civilizada, por otra, y también la regeneró. E hizo eso poniendo la civilización y la cultura de la raza aria europea sobre firmes fundamentos religiosos, morales y sociales.

     La religión cristiana es la reacción más poderosa contra las tendencias judías a conseguir la dominación mundial. Es una protesta insuperable contra la elevación de la raza semítica por encima de la raza aria, y entonces es simplemente natural que el clan judío sea un jurado enemigo mortal tanto del fundador de esta religión como de la religión cristiana misma.

     En consecuencia, la judería sólo puede establecer firmemente la superioridad y el predominio de la raza semítica cuando ha logrado derrotar la natural reacción instintiva que se opone a ello y destruír la institución del cristianismo. Este último, por ende, constituye el objetivo primario y principal de sus ataques.

     Por cuanto la gente judía ha retenido esencialmente su milenaria naturaleza nómada, no está familiarizada con la idea de patria. Como un cosmopolita, el judío se adhiere al principio de ubi bene, ibi patria (Donde se está bien, allí está la patria). Por consiguiente, el judío no puede ser un patriota atado por el amor, la lealtad y el auto-sacrificio por el suelo sobre el cual nació y que ha sido cultivado por el sudor de su frente. Si un judío también se involucra en la agricultura aquí y allá, no es sino para robar la tierra: devastando los bosques, agotando la energía productiva del suelo, y así dejándolo cada vez más estéril. Él tampoco labra la tierra; ya que él no toma el arado, la guadaña y el azadón en su propia mano, no le gusta ni siquiera contratar a otros para que la labren. Él considera la tierra más bien como una mera hipoteca y al agricultor como un esclavo a ser explotado por la usura, el fruto de cuyo duro trabajo le pertenece.

     Diversas leyes han liberado la propiedad de la tierra y han convertido al agricultor en su propio amo mediante la abolición de la servidumbre. Pero hoy, después del paso de varias décadas, hemos alcanzado el punto de tener que liberar a la gente de una nueva servidumbre judía que es peor que la antigua, ya que el agricultor está hoy bajo una obligación incondicional frente al usurero y al posadero judíos, quienes están en posición, en virtud del derecho adquirido a sacar a remate, de expulsar al agricultor de su casa y hogar en cualquier momento y así dejarlo a él y a su familia sin vivienda.

     Ésta es una de las principales causas de la masiva —y cada vez más creciente— emigración a Estados Unidos, a consecuencia de la cual la tierra está siendo privada, por medio de la usura y la esclavitud judía, de sus laboriosos y diligentes habitantes nativos. Los improductivos y regateadores judíos ahora están tomando el lugar de ellos.

     Por cuanto el Talmud permite que los judíos cometan cualquier clase de injusticia o delito contra los no-judíos, los judíos amenazan con derrocar el orden legal y así el orden social. Las estadísticas de criminales demuestran que los judíos constituyen un porcentaje notablemente más alto de criminales condenados que los no-judíos, y es aún más alto entre criminales acusados. A consecuencia de la cercana solidaridad entre judíos, sin embargo, un gran número de judíos acusados logra evadir el castigo, en parte con la ayuda de testigos falsos, en su mayoría judíos, pero en parte por el soborno de los poderes judiciales. Existen bandas judías de soborno bien organizadas que ejercen una autoridad irrestricta sobre funcionarios y jueces endeudados, y cuyos lazos y redes en algunos países alcanzan a los más altos círculos gubernamentales y judiciales.

     Por esta razón, un no-judío a menudo no es capaz de hacer cumplir sus derechos más indiscutibles frente a un judío delante de un tribunal; al contrario, él corre el riesgo de que los funcionarios sobornados, coludidos con los judíos, lo conviertan en un objeto de acoso y persecución durante toda su vida. Una táctica judía característica que más que todas explica sus asombrosos éxitos, consiste en que una vez que ellos han elegido a no-judíos como víctimas, ellos no los dejan salir de sus garras —por miedo a la venganza— hasta que ellos se hayan rendido o sido material y moralmente arruinados. Además, puesto que según el lema de la "Aliance Israélite Universelle", todos los israelitas "son responsables unos de otros", la judería en su conjunto considera los asuntos privados que tenga cada judío individual con no-judíos como su propio asunto. Así, en el análisis final, los no-judíos que desean reclamar sus derechos propios se enfrentan con la judería entera.

     En la práctica, bajo estas circunstancias, los no-judíos no disfrutan, frente a los judíos, de la igualdad ante la ley concedida por la Constitución y la legislación.

     Manteniéndose unida tan estrechamente como lo hace, la manada judía internacional tiene un órgano ejecutivo dirigido internacionalmente en la forma de la "Aliance Israélite Universelle", que fue fundada en París en 1860 y que maneja ramas a través del planeta entero. Supuestamente una mera asociación caritativa, ella ha asumido ahora el carácter de una asociación política que prácticamente mantiene contactos diplomáticos con gobiernos nacionales individuales. Tuvo incluso sus propios delegados representándola en el Congreso de Berlín de 1878.

     Esta asociación judía política universal permite a la judería enfocar todo su peso y poder internacional contra cualquier ataque —o, realmente, contra cualquier acción de defensa propia— lanzado por no-judíos en cualquier rincón del mundo; dicha asociación permite a la judería castigar cualquier rebeldía que surja contra el poder judío como un ejemplo para otros, de modo que pueda apretar aún más los grilletes con los cuales ha esclavizado a los pueblos cristianos europeos, principalmente en Europa Central y del Este.

     Esto constituye una inquietante y cada vez más opresiva situación con respecto a diversos factores: por una parte, están los grandes y crecientes peligros que la raza judía bajo su comando supremo internacional representa para la prosperidad, la paz, la seguridad legal, la cultura, la civilización y el futuro de las naciones cristianas. Por otra parte, está la irresponsable y fría indiferencia con la cual muchos gobiernos se sientan y miran a sus propias poblaciones involucrarse en una desigual lucha social en su defensa propia contra la judería. En algunos países, los gobiernos incluso se ponen del lado de los judíos y arrebatan a su propio pueblo los medios para su auto-defensa reduciendo la libertad de prensa, la libertad de reunión y de asociación, y el derecho a la libertad de expresión siempre que tengan que ver con la cuestión judía.

     Frente a estos asuntos, y apremiados por la convicción de que tomar la iniciativa en esta materia se ha hecho imperativo para la auto-preservación de toda la sociedad cristiana (sin referirnos a las divisiones confesionales y nacionales), un gran número de delegados se congregó en Dresden el 11 y 12 de Septiembre de 1882, para un congreso internacional sobre el tema. Los participantes vinieron de varios países particularmente amenazados por la judería, incluyendo miembros del Parlamento, clero, oficiales militares, funcionarios, abogados, médicos, académicos, profesores, artistas, periodistas, agricultores, industriales, artesanos, comerciantes y otros amigos de la causa que se han involucrado en el estudio teórico de la cuestión judía durante años pero que al mismo tiempo conocen por la experiencia práctica las implicaciones de gran alcance de esta calamidad. En esta ocasión, los participantes en el congreso sostuvieron intensas discusiones de la cuestión judía, y los expertos resolvieron, entre otras cosas, apelar a los gobiernos y poblaciones de los Estados cristianos amenazados por los judíos.

     Este primer congreso internacional, que tiene lugar con el objetivo de proteger los intereses de la sociedad no-judía, no tiene la intención de anticipar acontecimientos publicando un programa detallado en cuanto a la solución de la cuestión judía.

     El actual poder de la raza judía se basa en fundamentos mucho más firmes; esa nación de parásitos se ha incrustado tan demasiado profundamente en el cuerpo de nuestra vida social y estatal como para que este primer congreso actúe bajo la ilusión de que sus proposiciones potencialmente detalladas podrían ser ejecutadas hoy.

     Hoy, sin embargo, nos gustaría clarificar el objetivo último que los pueblos europeos tienen que ponerse para sí mismos. Además, sería un auto-engaño creer que la raza judía se mezclaría alguna vez y se asimilaría con otros pueblos, sobre todo cristianos; después de todo, eso nunca ha sucedido en ninguna parte en el curso de 3.000 años. Por lo tanto, el congreso declara que la cuestión judía sólo puede ser solucionada a satisfacción de una vez para siempre siguiendo la manera en la cual las cuestiones árabe, tártara y turca fueron resueltas en el pasado por los Estados europeos bajo ataque.

     Europa pertenece a los pueblos cristianos y por lo tanto no debería ser el campo de pruebas para el hambre de poder de ningún elemento nacional hostil, dominante y no-cristiano.

     La historia de los siglos pasados demuestra ampliamente que los decretos legales que restringen a la raza judía —no importa cuán estrictos sean— no consiguen el resultado deseado. Los judíos, contra quienes ha sido imposible erigir cualquier barrera duradera por medio de estatutos legales hasta ahora, simplemente removerían esas regulaciones restrictivas nuevamente después de unas décadas y forzarían a las naciones a otra extenuante lucha en curso.

     La emancipación de los judíos, sin embargo, que hace décadas creó la expectativa en Europa de que el clan judío se asimilaría en las naciones cristianas, ha resultado en un desastre absoluto. Simplemente ha servido para convencer a cualquier persona pensante que es completamente imposible para las naciones europeas ser capaces de establecer un modus vivendi con la judería que vive en medio de ellas.

     Dejando así, por el momento, las detalladas modalidades de la solución de la cuestión judía a los acontecimientos que se despliegan, este primer congreso internacional asume como su actual misión sólo el lanzamiento y la organización de la auto-defensa social internacional.

     En este contexto, nos gustaría dirigir nuestro llamado principalmente a los gobiernos, pero secundariamente también a los pueblos cristianos, a la sociedad cristiana de los judaizados Estados europeos.

     Llamamos a aquellos gobiernos, estando los consejos de los gobernantes cristianos compuestos por miembros cristianos, a que no coloquen ningún obstáculo artificial en el camino de la continua —y actualmente desigual— lucha defensiva de sus pueblos contra aquel enemigo jurado, la judería, reduciendo, con respecto a la cuestión judía, la libertad de prensa, el derecho a asociarse y a reunirse, ni el derecho a la libertad de expresión. Pedimos, por el contrario, que ellos apoyen a su propia gente, su propia carne y sangre, en esta lucha defensiva legal tanto como sea posible mientras las disposiciones del derecho consuetudinario, y no de la ley constitucional, son aplicadas a los judíos. Además, al establecer, para empezar, un sistema financiero y una estructura de la deuda estatal más legítimos y un sistema económico más justo, los gobiernos también deberían hacer un esfuerzo para liberarse ellos, sus Estados y sus poblaciones, de la dictadura de los poderes financieros judíos y de ese modo de la influencia política de la judería.

     Llamamos, finalmente, a los pueblos cristianos que están más o menos oprimidos por la raza judía a iniciar y organizar en adelante una acción de justificada auto-defensa.

     Mientras la raza judía busca y encuentra protección bajo el santuario del derecho consuetudinario, y mientras las disposiciones de la ley constitucional no son aplicadas a esa raza por los gobiernos, esta acción defensiva sólo puede ocurrir dentro de los límites de las leyes civiles existentes.

     Del mismo modo, los pueblos cristianos deberían iniciar la vigorosa organización de este movimiento legal de auto-defensa, iniciar una intensa agitación y una acción poderosa en los Parlamentos, en los consejos distritales y municipales, en la prensa y en las asambleas públicas; establecer asociaciones protectoras en ciudades y regiones individuales, y formar comités nacionales centrales para encabezar esas asociaciones protectoras, que estarían encargadas, a su vez, de establecer contactos internacionales con todos los diferentes países, siendo el objetivo paralizar el meticuloso trabajo de la "Aliance Israélite Universelle" por medio de una "Aliance Chrétienne Universelle" a ser establecida más pronto que tarde. Y de esta manera, la sociedad cristiana puede recobrar —paso a paso y en cada campo— las posiciones de las cuales la judería la ha expulsado.

     Esperamos que nuestro llamado no permanecerá como un grito en el desierto sino que despertará a la sociedad cristiana de Europa frente al peligro que enfrenta, de modo que procederá inmediatamente a tomar las medidas legales de la justificada defensa propia. Si eso sucede, entonces, dentro de un corto tiempo, el siglo XIX será capaz de librarse de la desgracia de que una raza anti-cultural de 7 a 8 millones de almas, a saber, la raza semítica de los judíos, esté tiranizando a la raza aria (o, mediante el cristianismo, arianizada) de 350 millones de almas en los niveles intelectual, moral y financiero, misma raza aria a la que, en virtud de su superioridad intelectual y física, se le ha dado la misión de propagar su semilla, incluyendo su perfeccionada civilización, a todas las partes del mundo por medio de armas victoriosas y obras de paz.

     Y si este llamado encuentra una respuesta por parte de las naciones cristianas y las palabras se convierten en hechos, entonces el segundo congreso anti-judío que se reunirá dentro de un año [no llegó a reunirse] enfrentará una nueva situación cambiada a favor de los pueblos cristianos; y luego levantará su voz otra vez con respecto a futuras medidas.

     ¡Y ahora, manos a la obra, hermanos cristianos!.


     Congreso Anti-Judío Internacional para la Protección de los Intereses de la Sociedad No-Judía, celebrado el 11 y 12 de Septiembre de 1882, en Dresden.



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BREVE INFORME SOBRE EL PRIMER CONGRESO
ANTI-JUDÍO INTERNACIONAL EN DRESDEN


     El congreso tuvo lugar por invitación de los siguientes señores:

—Friedrich Carl von Fechenbach-Laudenbach, barón del Reich, tesorero bávaro Real y alcalde (retirado) de Laudenbach y Sommerau, presidente de la Asociación para la Protección del Comercio y presidente honorario de la Asociación Westfaliana de Comercio;
—Doctor phil. Ernst Henrici, en Tegel cerca de Berlin, presidente de la Asociación Social del Reich en Berlín;
—Victor von Istôczy, Budapest, miembro del Parlamento húngaro;
—Lic. theol. Gustav Koffmane, Breslau, miembro del Consejo de la Asociación Alemana de la Reforma en Breslau;
—Geza von Onody, Tisza-Eszlar, dueño de un Señorío, miembro del Parlamento húngaro;
—Wilhelm Pickenbach, Berlín, comerciante, presidente de la Asociación Alemana de la Reforma en Berlín;
—Alexander Pinkert-Waldegg, Dresden, editor jefe, presidente del comité central del Partido Alemán de la Reforma y de la Asociación Alemana de la Reforma en Dresden;
—Ernst Schmeitzner, Chemnitz, dueño de una empresa editorial, presidente de la Asociación Alemana de la Reforma en Chemnitz;
—Rudolf Skalla, Iglau en Moravia, industrial, presidente de la Asociación Austriaca de la Reforma en Iglau;
—Predicador de la Corte Adolf Stöcker, Berlin, miembro del Reichstag alemán y de la Cámara prusiana de Diputados, presidente del Partido Social-Cristiano en Berlín;
—Carl von Thüngen-Rossbach, barón del Reich, en Rossbach en Franconia Inferior, dueño de un Señorío;
—Edmund Winterfeldt, Breslau, editor, miembro del consejo de la Asociación Alemana de la Reforma en Breslau;
Sir Carl von Zerboni di Sposetti, Viena, editor, miembro del consejo de la Asociación Alemana de la Reforma en Viena;
—Ferdinand Ziegler, Breslau, dueño de una fábrica, presidente de la Asociación Alemana de la Reforma en Breslau.


     El Primer Congreso Internacional fue convocado en Dresden para debatir confidencialmente "los siguientes objetivos del movimiento anti-judío así como caminos para contra-medidas internacionales más eficaces contra la posición judía en la gran finanza y el comercio, en política y en asuntos municipales, y en la prensa, las artes y las ciencias". Más de 300 de aquellos invitados de Alemania, Austria, Hungría y Rusia participaron en el congreso. Las discusiones fueron presididas por Von Bredow, dueño de un señorío y capitán de caballería (retirado), y por Ivan von Simonyi, miembro del Parlamento húngaro. Bajo la presidencia de ambos fueron aprobados los siguientes artículos:

     Primero, el Manifiesto precedente escrito por Victor von Istôczy, miembro del Parlamento húngaro; [...]

     También, una moción propuesta por el barón Von Thüngen-Rossbach y por el barón Von Fechenbach-Laudenbach:

Tesis.

     La reunión reconoce el aumento del elemento nacional judío y la influencia judía en todos nuestros asuntos nacionales y estatales como un serio e inminente peligro para la supervivencia moral y económica del pueblo alemán.

     A fin de romper esta influencia y eliminar los males y peligros que inevitablemente resultan de ello, se consideran las siguientes medidas absolutamente imperativas:

I. La inmigración de los judíos, particularmente del Este, tiene que ser impedida.

II. La legislación económica predominante, en gran parte capitalista y de no intervención, tiene que ser reformada. Ella favorece en exceso la usura y la especulación que tiene lugar sobre todo en la forma de comercio de acciones, banca y bolsas de comercio, por sobre las formas de trabajo honestas y respetables. Esto debería ser hecho de tal modo que aquellas clases productivas que sostienen a la nación y al Estado sean elevadas y reforzadas, mientras que la especulación, por otra parte, quede reducida a un nivel inofensivo.

III. Mientras los judíos persistan en su aislamiento y formen una nación dentro de la nación, como ha ocurrido, ellos deberían ser considerados simplemente como extranjeros a los que se les ha concedido el derecho a la hospitalidad. Por consiguiente, sus derechos civiles deberían ser restringidos de tal modo que ellos no puedan participar en la legislación, ni obtener ningún cargo de autoridad, particularmente el cargo de juez.

IV. Los judíos deben ser eximidos del servicio militar, pero en lugar del servicio tienen que pagar un impuesto en la forma de una capitación o impuesto militar.


Firmado por:
Barón Carl von Thüngen-Rossbach, y
Barón Friedrich Carl von Fechenbach-Laudenbach.



Fuente: Manifest an die Regierungen und Völker der durch das Judenthum gefährdeten christlichen Staaten laut Beschlusses des Ersten Internationalen Antijüdischen Kongresses zu Dresden am 11. und 12. September 1882. Chemnitz, Sachsen, editorial de Ernst Schmeitzner, 1882, pp. 1-14. [Bundesarchiv, ZSg 2/15 (4)].–





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