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lunes, 28 de diciembre de 2015

Sobre la Mentira de la Maldad Alemana



     Del libro "The Myth of German Villainy" (2012) del estadounidense Benton L. Bradberry, presentamos aquí en castellano su prefacio y su primer capítulo. El libro, con un relato sencillo y documentado, aborda la falsa caracterización que se ha hecho de Alemania como el villano más consumado de la Historia, simple falsa propaganda de guerra, de ingleses y estadounidenses, destinada a crear el odio necesario en la opinión pública que justificase y santificase ambas guerras mundiales, de las que Alemania fue víctima y no iniciadora. Y para la repugnante campaña de posguerra de difamación anti-alemana, que terminó convirtiéndose en una lucrativa industria y una extorsionadora religión, sólo cabría esperar que se descubriese en toda su espantosa desnudez.


El Mito de Alemania como una "Nación Malvada"
por Benton L. Bradberry, 2012




Prefacio

     Serví en la Marina de Estados Unidos desde 1955 a 1977, sobre todo como un piloto naval, y vi mucho del mundo, por lo tanto. Los portaaviones en los cuales serví regularmente visitaban puertos europeos, así como otros puertos alrededor del mundo. También he viajado extensamente en los años desde que dejé la Marina. Después de viajar alrededor de la mayor parte de Europa, Alemania surge como mi país favorito. Durante nuestras visitas allí encontramos que la gente alemana era agradable, laboriosa, disciplinada y civilizada, con muchas semejanzas con los estadounidenses tradicionales. Ellos de ninguna manera se parecen a los estereotipos representados en todas las películas, libros y artículos anti-nazis a los que hemos estado sometidos durante todos estos años.

     Tengo 74 años al momento de escribir estas palabras. Mi generación creció prácticamente inundada con propaganda anti-alemana. Nos enseñaron, muy literalmente, a odiar a los alemanes como pueblo. Sin embargo, los alemanes con los que me he encontrado o con quienes he hecho amistad durante los años no parecen diferentes de los otros europeos, o incluso de los estadounidenses, y ellos no parecen más inclinados a la violencia y al militarismo que cualquier otro; y si es algo, lo parecen menos.

     Nunca he descubierto nada que pudiera ser considerado intrínsecamente "incorrecto" en el carácter alemán. Ellos son un pueblo muy cultivado, muy civilizado en todo sentido. Si se los estudia objetivamente, incluso los líderes de la Alemania de los años '30 y '40 no eran muy diferentes de los otros líderes europeos. Ellos sólo fueron interpretados como diferentes por la implacable propaganda de odio dirigida contra ellos.

     Alemania sufrió por lejos más que cualquier otro país a consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Aproximadamente 160 de sus más grandes ciudades y pueblos fueron completamente destruídos por la campaña Aliada de bombardeos, y quizás no menos de 20 millones de alemanes perdieron sus vidas a consecuencia de la guerra. Sin embargo, nadie quiere oír sus relatos de sufrimiento, y ninguna compasión ha sido permitida a los derrotados y deshonrados alemanes. La propaganda anti-alemana ha cultivado el sentimiento general de que ellos recibieron lo que ellos merecían.

     Toda la responsabilidad de comenzar ambas guerras y de toda la muerte y destrucción que resultó de ellas ha sido adjudicada a los alemanes (aunque los hechos no confirmen esto). Como ellos fueron los perdedores de ambas Guerras Mundiales, nunca se les permitió presentar su caso ante el tribunal mundial, ni contar su versión de la historia por ningún medio. Los vencedores de las guerras, después de todo, escriben los libros de Historia. Tampoco la historia verdadera de lo que sucedió durante la guerra apareció en los Juicios de Núremberg. Los Juicios de Núremberg no fueron nada más que juicios-espectáculos de estilo soviético que violaron cada estándar de la justicia británica y estadounidense tradicional. Su objetivo no era descubrir la culpa o la inocencia sino extender un barniz de legalidad sobre una decisión que ya había sido tomada para ejecutar a los líderes de Alemania. El circo de Núremberg entero fue una impostura y una parodia.

     La propaganda anti-alemana, usada para crear el clima de odio que hizo posible la destrucción y la matanza masivas de civiles alemanes, continuó implacablemente mucho después de que la guerra había terminado, cuando parecería natural para los historiadores de mente sobria comenzar a moderar sus opiniones extremas sobre Alemania. Las fantasiosas historias de atrocidades perduran hasta hoy. Uno sólo tiene que sintonizar el History Channel para verlas repetidas una y otra vez.

     En contraste, no pasó mucho tiempo después de que la Primera Guerra Mundial hubiera terminado cuando las historias de atrocidades atribuídas a los alemanes durante aquella guerra fueron expuestas como las mentiras deliberadas que ellas eran. Hombres responsables condujeron cuidadosas investigaciones y encontraron que ninguna de ellas era verdadera. Todas las historias sensacionalistas fueron deliberadamente fabricadas para ganar el apoyo público británico para la guerra contra Alemania y también para atraer a EE.UU. a la guerra.

     Pero un factor diferente estaba en juego después de la Segunda Guerra Mundial para mantener vivas las falsas historias de horror, factor que no existía después de la Primera Guerra Mundial. Después de la Segunda Guerra los judíos explotaron el sentimiento mundial anti-alemán, que ellos mismos habían creado en gran parte con su propaganda, para justificar la creación de su largamente buscado Estado de Israel como una patria para el pueblo judío.

     Mediante la manipulación de los medios internacionales de información, los judíos consiguieron la compasión mundial para ellos con sus historias sensacionalistas del sufrimiento judío único a manos de los crueles alemanes. Ellos afirmaron que Alemania había seguido un plan sistemático para exterminar a todos los judíos de Europa, y que antes del final de la guerra habían logrado matar a 6 millones de ellos. El supuesto método era acorralar a los judíos de todas partes de Europa, arrastrarlos en trenes a supuestos "campos de exterminio" donde ellos eran reunidos en manada en cámaras de gas y asesinados, y sus cuerpos luego eran quemados en crematorios gigantescos, con, convenientemente, ninguna evidencia forense de lo que había pasado entonces. En ausencia de pruebas forenses, el testimonio de testigos oculares, no importa cuán disparatado fuese, bastaba para condenar a Alemania y convertirla en el paria de las naciones civilizadas.

     Los jueces de los Juicios de Núremberg no eran inmunes a los torrentes de la propaganda de odio anti-alemán, y estaban predispuestos, ya antes de que los procesos siquiera comenzaran, a creer cualquier historia de horror, no importa cuán fantástica fuese, sobre los alemanes. Otro factor que predeterminó el resultado de dichos "juicios" fue que los acusadores también sirvieron como investigadores, acusadores y jueces finales. Los procesos también estuvieron completamente impregnados de una atmósfera de búsqueda de venganza judía. Justo detrás de los testaferros Gentiles, la mayor parte de los abogados, acusadores e investigadores eran judíos.

     Cientos de judíos que apenas podían hablar inglés se divertían en uniformes de oficial del Ejército estadounidense. Dos de los ocho jueces de Núremberg eran judíos, Robert Falco de Francia, y el teniente coronel A. F. Volchkov (de apellido real, Berkman) de la Unión Soviética. El Acusador General para la "Alta Corte" era el doctor Jakob Meistner, un judío. Su dominio y control de los procesos era ostensible. Incluso el verdugo de los 10 líderes nacionalsocialistas condenados a muerte, el sargento mayor John C. Woods, era un judío, y los colgamientos ocurrieron el 16 de Octubre de 1946, el feriado judío de "Purim". En el Libro de Ester, los 10 hijos de Hamán, un enemigo de los judíos, fueron ahorcados durante el día de Purim. Según Louis Marschalko, un periodista húngaro de guerra que escribió sobre los procesos, "De las 3.000 personas empleadas del personal en los Tribunales de Núremberg, 2.400 eran judíos". La historia del "Holocausto" que conocemos tan bien hoy fue desarrollada durante los Juicios de Núremberg.

     Cultivando y propagando hábilmente esa historia del "Holocausto", los judíos han sido capaces de arrancar cientos de miles de millones de dólares de Alemania y Estados Unidos, la mayor parte de los cuales fue usada para financiar al nuevo Estado de Israel. La afirmación de que los judíos en Israel "hicieron florecer el desierto" era verdadera. Ellos lo hicieron con el dinero alemán y estadounidense. Ellos están ahora trabajando duro para arrancar miles de millones más de otros países europeos en lo que ha sido despectiva pero correctamente llamado "la Industria del Holocausto".

     Incluso ahora, más de medio millón de supuestos "sobrevivientes del Holocausto" que viven principalmente en Israel y Estados Unidos reciben pensiones de por vida del gobierno alemán. ¿Y qué es un "sobreviviente del Holocausto"? Cualquier judío que vivió en cualquier parte en territorio controlado por los alemanes en cualquier momento durante la guerra, ya fuese viviendo en un campo de concentración o en el regazo del lujo, es un sobreviviente del "Holocausto" y por lo tanto elegible para una pensión alemana. Además, cualquier judío que fue obligado a dejar Europa durante la época nacionalsocialista es un sobreviviente del "Holocausto". Los sobrevivientes cristianos de la guerra, no importa cuán horrorosa haya sido su experiencia, no son elegibles para pensiones. "Shoah" es la palabra hebrea para el "Holocausto". Se ha bromeado con que "No hay negocio como el negocio de la Shoah".

     El fraude entero del "Holocausto" no se ha convertido en nada sino en una enorme extorsión contra los países europeos, especialmente Alemania. La historia del "Holocausto" tiene otros usos también. Es rutinariamente invocada para desarmar al público general de defenderse contra las depredaciones judías. El Primer Ministro Netanyahu regularmente invoca el "Holocausto" para justificar los ataques israelíes sobre sus vecinos.

      Mantener ese lucrativo tren moviéndose requiere la continuada legitimación de los judíos como el grupo víctima definitivo de la Historia, la cual, por su parte, requiere al victimizador definitivo de los judíos, y Alemania ha sido designada para desempeñar aquel papel a perpetuidad. El History Channel controlado por los judíos, o "Hitler Channel" como a veces es burlonamente llamado, debe su éxito a la repetición sin parar de estos programas de propaganda anti-alemana. Cualquier modificación o revisión de esa imagen cuidadosamente cultivada de Alemania como el monstruo malvado de la Historia, y particularmente como el malvado victimizador de los judíos, amenazaría la historia entera del "Holocausto". Por lo tanto esa imagen es celosamente y cuidadosamente protegida por la prensa y los medios de información controlados por el judío, y ay de aquel que se atreva a cuestionarla. Cualquiera que haga eso es inmediatamente atacado y difamado como un enloquecido "anti-semita".

     Los judíos son también reacios a abandonar o siquiera moderar su búsqueda de venganza. Ancianos que han sufrido toda su vida como fugitivos, todavía están siendo perseguidos como "criminales de guerra", y "llevados ante la justicia" o sumariamente asesinados inmediatamente (ellos lo llaman venganza). El único delito del que estos ancianos pueden ser culpables es de haber sido un oficial o un soldado en el ejército alemán durante la guerra.

     Pero, ¿por qué —uno podría preguntar— entre toda la carnicería, muerte y destrucción que ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, ha surgido el llamado "Holocausto" como la historia central de atrocidades? Aproximadamente 55 millones de personas murieron durante la guerra, siendo sólo un porcentaje diminuto de ellos judíos, seguramente sólo una fracción de los supuestos 6 millones. Todas las otras nacionalidades combatientes han puesto hace mucho la guerra detrás de ellas y han tratado de hacer la paz con sus antiguos enemigos, ¡pero no los judíos! Dos tercios de un siglo han pasado, pero los judíos todavía están alimentando sus resentimientos, todavía están construyendo museos del "Holocausto" y monumentos conmemorativos (a costa de varios gobiernos, a propósito), y todavía están investigando nuevos modos de arrancar dinero de varios países como "compensación". ¿Pero por qué deberían sólo los judíos ser compensados? Muchos millones de otras personas a través de Europa perdieron todo en la guerra.

     El "Holocausto" ha evolucionado durante los años para convertirse en el mito nacional del pueblo judío, con todas las características de una religión, completa, con su propio Satán: Hitler. El mito del "Holocausto" es el aglutinante que mantiene unida a la gente judía como una nacionalidad distinta, y debido a esto ellos lo conservan y lo protegen cuidadosamente. Como una consecuencia, los pobres alemanes son confinados a perpetuidad al papel del malvado monstruo de la Historia, sin tener en cuenta cuáles puedan ser los hechos reales.

     Pero incluso si todas las historias de atrocidades alemanas durante la Segunda Guerra fueran verdaderas en cada detalle, ellas todavía no se compararían en su inhumanidad con las atrocidades cometidas contra los alemanes. El indiscriminado bombardeo de saturación de las ciudades alemanas, la expulsión brutal de poblaciones alemanas enteras después de la guerra, las privaciones de posguerra impuestas por los Aliados, las masacres soviéticas y las liquidaciones políticas, simplemente empequeñecen el "Holocausto" en su destrucción de la vida humana y su destrucción de las obras acumulados de la civilización humana. Cualquier contabilidad final y balance de la conducta de todos los combatientes durante la 2ªGM sólo podrían resultar en la exculpación de Alemania como "únicamente" bárbara en sus métodos de emprender la guerra, o en su tratamiento de poblaciones sometidas.

     La gente alemana fue devastada por la guerra, en un grado mayor que cualquier otro participante, incluyendo los judíos, mientras al mismo tiempo ellos han sido estigmatizados como los malvados y predadores perpetradores de la guerra. A ellos se les ha hecho pagar un precio terrible por atrocidades durante la Segunda Guerra Mundial que podrían no haber ocurrido nunca, o al menos nunca haber ocurrido en el grado que se alega. Se hace más claro, a medida que pasa el tiempo, que los alemanes fueron las verdaderas víctimas de ambas Guerras Mundiales, y que continúan siéndolo.–



CAPÍTULO 1
El Mito de Alemania como una "Nación Malvada"


     Como resultado de haber perdido dos apocalípticas guerras mundiales, Alemania ha adquirido una reputación como la nación malvada de Europa, y quizá como la nación malvada de todos los tiempos. Sólo la mención de la palabra "alemán" todavía hace aparecer en la mente de algunos una imagen de robóticas tropas de asalto, marchando con el paso de ganso, bajo las órdenes de ceremoniosos oficiales prusianos, listos a marchar para inferir asesinatos gratuitos y destrucción sobre sus vecinos amantes de la paz.

     Hemos sido lavados de cerebro por la implacable propaganda para considerar a los alemanes como intrínsecamente militaristas, agresivos, brutales, racistas y anti-judíos, con una predilección por la obediencia ciega a figuras de autoridad. Cientos de películas de Hollywood, la incansable propaganda del "Holocausto" e innumerables libros y artículos de revista han reforzado permanentemente esta imagen negativa de Alemania en la mente popular. No se requieren motivos racionales para los inexplicables horrores de los que se acusa a los alemanes que cometieron rutinariamente. Es axiomático que su naturaleza malvada explica todo esto.

     Considere la película "La Lista de Schindler" del director judío Steven Spielberg, por ejemplo. El comandante nacionalsocialista del campo de concentración (supuestamente el campo Plaszow fuera de Cracovia, no lejos de Auschwitz), está sin camisa en el balcón de su casa con un rifle de caza sobre sus hombros desnudos. El rifle está equipado con una mira telescópica. En la película, la casa está localizada en una colina encima del campo de modo que él pueda mirar los grupos de prisioneros que se mueven alrededor en el recinto abajo. Él levanta el rifle y lo apoya en su hombro y por el telescopio comienza casualmente a explorar de un preso al otro. La imagen que se ve por el telescopio ahora llena la pantalla de la película. Las líneas de la mira telescópica se detienen en un preso seleccionado al azar. Él tira del gatillo y el preso cae a tierra, muerto. La pantalla entonces regresa al comandante nacionalsocialista para mostrar el aburrido desapego con que él actúa al provocar la descarga de su rifle y casualmente lo levanta hasta su hombro. Él dispara otra vez, y nuevamente un preso cae a tierra, muerto.

     Aburrido con su "práctica de tiro" él vuelve su atención a la hermosa, atractiva y desnuda mujer que está en una cama justo dentro de la casa desde el balcón. La mujer es supuestamente una de sus criadas judías seleccionadas del campo, quien también por lo visto sirve como su esclava sexual. La cara de él expresa un desdeñoso aunque indiferente cinismo. El propósito de los disparos, así como presentar a la criada desnuda (la que resulta ser judía, ¿qué otra cosa?), es mostrar al oficial nacionalsocialista como totalmente depravado, sin conciencia, moralidad o empatía por otros humanos; en resumen, un psicópata. Se supone, por supuesto, que los prisioneros asesinados eran todos judíos. Dos populares temas judíos son combinados aquí: los malvados nacionalsocialistas y la persecución judía.

     Este episodio es completamente ficticio, basado en una novela de Thomas Keneally, un australiano que sólo visitó los campos de concentración una vez en 1980 y que no tenía ningún verdadero conocimiento de lo que ocurrió allí. Ningún acontecimiento real como el descrito ha sido registrado alguna vez, y sin embargo la gran mayoría de los asiduos a las películas se lo traga entero y lo acepta como historia real. El verdadero campo Plaszow estaba localizado al otro lado de una colina desde la casa del comandante, y completamente fuera de la vista desde el balcón del comandante. Hubiera sido imposible para él disparar hacia el recinto como se muestra en la película, incluso si él hubiera estado inclinado a hacer aquello, lo que es muy improbable.

     El comandante real de Plaszow, Amon Goeth, en el cual está basado el personaje de la película, vivía en la casa con su novia Ruth Kalder, con quien él tenía un hijo. Ruth dijo que ellos tenían la intención de casarse, pero eran incapaces de hacer eso debido al caos al final de la guerra. Ella cambió su apellido y el de su hijo a Goeth después de la guerra con la ayuda del padre de Amon Goeth. Amon Goeth fue ahorcado después de la guerra por el gobierno polaco (el gobierno polaco de posguerra era completamente judío, a propósito) principalmente por ser un miembro del Partido Nacionalsocialista y un miembro de las Waffen-SS, no por disparar a los prisioneros. Ruth describió a Amon Goeth como un hombre culto que tenía una hermosa voz de canto. Goeth, en efecto, tenía realmente dos criadas judías seleccionadas del campo mientras él era el comandante, pero ellas no eran hermosas y atractivas como es representado en la película, y no hay ninguna información de que él haya tenido relaciones indecorosas con ellas. Aquella historia sólo fue incluída para añadir condimento a la película.

     Otro ejemplo es la película "La Decisión de Sophie", de otro director judío, Alan J. Pakula, en la cual "Sophie" y sus dos pequeños hijos son enviados a Auschwitz (Auschwitz es el santo templo de la tradición del "Holocausto"). Durante el proceso de "selección" (la "selección" es ahora una de las "estaciones" del "Vía Crucis" de la religión del "Holocausto") inmediatamente después de su llegada, a Sophie le dice un estereotípicamente malvado oficial nacionalsocialista (supuestamente el doctor Joseph Mengele de Auschwitz, de pésima fama) que ella sólo puede conservar a uno de sus hijos y que el otro debe ir a la cámara de gas. Ella es obligada a elegir cuál conservará y cuál será enviado a la cámara de gas. De ahí el título de "La Decisión de Sophie". El malvado oficial nacionalsocialista no proporciona ninguna razón o explicación en la película para requerir que un niño muriera o para obligarla a hacer dicha desgarradora decisión. Que él sea un "malvado" nacionalsocialista se supone que es suficiente explicación. Esa absurda película está basada en una novela del escritor del Sur estadounidense William Styron, quien no tenía ningún conocimiento de primera mano de los campos en absoluto.

     Auschwitz fue simplemente usado como el escenario para un cuento que salió de su imaginación. Nada por el estilo alguna vez sucedió en la vida real. Con todo, malvadas historias nacionalsocialistas como éstas han sido durante mucho tiempo un artículo básico en Hollywood. El público de las películas ha sido tan condicionado por estas tonterías, que la ficción ha llegado a ser el "hecho" en la mente pública. Hemos sido todos lavados de cerebro para aceptar tales absurdos sin escepticismo. Los alemanes son "malos", de modo que ellos hacen cosas "malas". Ninguna explicación adicional es necesaria. Sin embargo, Alemania no siempre fue vista bajo esta luz.

      La imagen de Alemania como una nación siniestra, predadora y belicista sólo echó raíces en el siglo XX. La Alemania del siglo XIX, por contraste, era vista como un lugar de paz e ilustración. El historiador inglés Frederic William Maitland describió el modo en que la gente inglesa veía a los alemanes durante el siglo XIX: "Era habitual y plausible describir al alemán como un ser poco práctico, soñador, sentimental, que mira con tranquilos ojos azules hacia una nube de música y metafísica y humo de tabaco".

     La altamente influyente escritora francesa y matrona de salón Madame de Stael retrató a los alemanes durante el período de las guerras napoleónicas como una nación de "poetas y pensadores, una raza de soñadores amables, poco prácticos y desapegados del mundo, sin prejuicios nacionales y reticentes a la guerra".

     Los estadounidenses también tenían una opinión benigna de los alemanes antes del siglo XX. El historiador estadounidense Henry Cord Meyer escribió: "Ya sean vistos en su nación recientemente unida [Alemania se unió en una nación en 1871] o en este país [los inmigrantes alemanes en Estados Unidos], los alemanes eran generalmente considerados como gente metódica y enérgica que era modelos de progreso, mientras que por su devoción a la música, la educación, la ciencia y la tecnología ellos despertaban la admiración y la emulación de los estadounidenses".

     En 1905 Andrew Dickson White, un célebe historiador estadounidense, educador y embajador ante Alemania, escribió justo nueve años antes del inicio de la Primera Guerra Mundial:

     "Alemania, desde ser una gran masa confusa de guerreros y pensadores y trabajadores, militante en propósitos diversos, desgastándose en luchas vanas, y depredados por vecinos malévolos, se ha convertido [después de la consolidación] en una gran potencia en armas, en el arte, en la ciencia, en la literatura; una fortaleza de alto pensamiento; un guardián de la civilización; el aliado natural de cada nación que busca el mejor desarrollo de la Humanidad".

     El pueblo alemán ha hecho históricamente grandes contribuciones en cada esfera del logro cultural, intelectual y científico. En el campo de la música, hubo genios del siglo XVIII tales como Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Shubert y Schuman, por nombrar unos pocos. Este genio musical continuó en el siglo XIX con los Strauss, Mahler y Richard Wagner. Hubo contribuciones literarias de Goethe y Schiller, los trabajos históricos de Ranke y Niebuhr, los estudios filosóficos de Kant y Hegel, y las grandes contribuciones científicas de Alexander von Humboldt y William Conrad Roentgen. Éstos son sólo unos pocos ejemplos de una lista muy larga. El sistema prusiano de enseñanza superior y el florecimiento cultural que caracterizó a Prusia durante los años posteriores a las guerras napoleónicas influyó enormemente tanto a Europa como a Estados Unidos. El sistema escolar público estadounidense, así como nuestro sistema universitario, fue deliberadamente modelado a partir del sistema escolar público prusiano y su sistema universitario.

     Alemania fue admirada por el mundo como un centro de aprendizaje, por su alta cultura y por sus logros en cada campo, pero también por su cultura de honestidad, trabajo duro, orden y economía, que existía incluso en el nivel más bajo de la sociedad. Los estudiosos y los periodistas británicos habían estado muy favorablemente dispuestos hacia todas las cosas alemanas, incluyendo su historia, su cultura e instituciones a través de todo el siglo XIX. El muy respetado historiador de Cambridge Herbert Butterfield comentó extensamente sobre la alta consideración británica por Alemania.

     "En Inglaterra la opinión que una vez prevaleció era que la historia alemana era particularmente la historia de la libertad, ya que era una historia que comprendía la federación, el Parlamento, las ciudades autónomas, el Protestantismo, y una ley de la libertad llevada por las colonias alemanas al Este eslavo. En aquel tiempo eran los Estados latinos los que eran considerados inclinados hacia el autoritarismo, aferrándose al Papado en Italia, la Inquisición en España y las dictaduras Bonapartistas en la Francia militarista. La inversión de esta opinión en el siglo XX y su reemplazo por una opinión común de que Alemania había sido el agresor y el enemigo de la libertad a través de todas las épocas, sin duda será objeto de la investigación histórica algún día, especialmente ya que parece haber coincidido tan estrechamente con un cambio en la política exterior británica... Hasta principios de 1900 cuando la erudición histórica en Inglaterra llegó a su clímax con hombres como Acton y Maitland, las palabras difícilmente pueden describir la admiración por Alemania —y el confesado discipulado— que existía entre los historiadores ingleses".

     Y luego el escritor británico Thomas Arnold (1795―1842) vio a Alemania no como una nación con una predisposición única hacia el autoritarismo y la reglamentación sino más bien como una "cuna de la ley, la virtud y la libertad", y consideró como una "distinción de primer orden" que los ingleses pertenecieran a la familia germánica de pueblos. Muchas fotografías representan la manera en la cual el mundo veía a Alemania durante los siglos XVIII y XIX, hasta el comienzo de la Primera Guerra Mundial. La Alemania previa a dicha guerra era vista como una tierra pacífica de cuentos de hadas y castillos de ensueño, y de una gente laboriosa, respetuosa de la ley y disciplinada.


La positiva imagen de Alemania cambia de la noche a la mañana

     Esta opinión de Alemania iba a cambiar casi durante la noche con el inicio de la Primera Guerra Mundial. Después de que la guerra comenzó en 1914, una imagen grotesca de una Alemania rapaz, sanguinaria y singularmente agresiva rápidamente tomó forma y se convirtió en la imagen estereotípica de Alemania en Europa y Estados Unidos. Esta nueva imagen de Alemania era el resultado directo de una virulenta campaña de propaganda anti-alemana conducida por el gobierno británico, a la que más tarde su unió el gobierno de Estados Unidos, en la cual fueron diseminadas mentiras deliberadas y sistemáticas, distorsiones y falsas historias de atrocidades entre el público británico y estadounidense.

     Las emociones tanto del público británico como del estadounidense fueron deliberadamente fustigadas hasta una enfebrecida tonalidad de odio contra los "hunos". Una hostilidad patológica hacia todo lo alemán, que más tarde se convirtió en una parte integral y familiar del pensamiento occidental en cuanto a Alemania, tuvo su nacimiento en esta hábil campaña de propaganda. Después de la Segunda Guerra Mundial el historiador Harry Paxton Howard examinó esta transformación de la reputación de Alemania que comenzó inmediatamente después del comienzo de la 1ªGM. Se inventó, dijo él, que Alemania no sólo era mala sino que siempre había sido de esa forma, y que Alemania, contrariamente a los hechos, siempre había sido el enemigo histórico de Europa y de EE.UU. Él escribió:

     «Realmente, en el sentido literal de la palabra, el mayor trabajo de revisionismo histórico fue hecho durante la Primera Guerra Mundial cuando nuestras "historias" fueron completamente revisadas para mostrar que Alemania siempre había sido nuestro enemigo, que Alemania había comenzado la guerra en 1914, que Alemania había comenzado incluso la guerra franco-prusiana en 1870, y que en la Guerra Revolucionaria (estadounidense) no habíamos estado luchando contra los británicos sino contra los Hessianos; para no mencionar cosas tales como que los alemanes cortaban las manos de bebés belgas, en vez de que los belgas eran los que cortaban las manos de los congoleños. Ésta fue una verdadera revisión de nuestras historias que ha deformado la mente estadounidense durante más de cuarenta años».

     Todos los beligerantes, por supuesto, incluída Alemania, usaron la propaganda contra sus enemigos, como todos los beligerantes lo han hecho en todas las guerras a través de toda la Historia; pero los esfuerzos de propaganda de Alemania y las Potencias Centrales eran de aficionado e ineficaces comparados con los de los británicos. En sus esfuerzos de propaganda, los alemanes tendían a apelar a la razón en vez de a las emociones. Ellos nunca retrataron a sus enemigos como bestias sanguinarias e inhumanas. Los Aliados, Gran Bretaña en particular, por contraste, se demostraron maestros en manipular hábilmente la opinión mundial por medio de la extensa propagación de fantásticos cuentos de la villanía alemana.

     Desde el principio de la Primera Guerra, las historias de atrocidades alemanas llenaron los periódicos británicos y estadounidenses. (Los periódicos estadounidenses dependían entonces de las agencias británicas de noticias para la mayor parte de sus historias sobre Europa, que llegaban a través de cables submarinos controlados por Gran Bretaña. Los alemanes no tenían ningún acceso a los medios estadounidenses de comunicación. Gran Bretaña se aseguró de aquello cortando los seis cables transatlánticos desde Alemania a EE.UU.).

     Las primeras historias de atrocidades surgieron tras la marcha alemana por Bélgica a principios de la guerra. El objetivo de Alemania no era atacar Bélgica per se sino pasar a través de ella a fin de eludir las defensas francesas y luego hacer un giro hacia París. Esa estrategia fue conocida como el Plan Schlieffen, que los alemanes creían que era el único modo de conseguir una victoria rápida sobre Francia. La "violación" de la neutral Bélgica por parte de Alemania sirvió como el pretexto británico para ir a la guerra en contra de Alemania, aunque la decisión de ir a la guerra por otros motivos (principalmente económicos) hubiera estado ya tomada.

     Bélgica fue sólo un pretexto. Para entrar en la guerra, era necesario ganar el apoyo público y aprovechar las oportunidades de propaganda resultantes de la invasión de Bélgica por parte de Alemania, tal como las fabricadas historias de atrocidades alemanas en Bélgica sirvieron para aquel objetivo. Aparecieron "testigos oculares" que describían a los "hunos" de nudillos peludos con sus cascos puntiagudos sacudiendo a bebés belgas en el aire y atrapándolos con sus bayonetas mientras ellos marchaban, cantando canciones de guerra. Historias de soldados alemanes que amputaban las manos de muchachos belgas fueron ampliamente relatadas (supuestamente para impedirles disparar rifles). Cuentos de mujeres con sus pechos cortados se multiplicaban aún más rápido. Había también cuentos de crucifixiones de soldados Aliados. Los europeos y los estadounidenses eran más religiosos entonces que lo que lo son hoy, y las historias de crucifixión despertaban indignación. (Debería ser mencionado que de todas las formas de prueba aceptadas en los tribunales modernos, el testimonio de un testigo ocular es considerada la menos confiable).

    Pero las historias de violaciones eran las favoritas de todos los cuentos de atrocidades. Un "testigo ocular" describió cómo los alemanes arrastraron a veinte mujeres jóvenes desde sus casas en una ciudad belga capturada, y las pusieron en mesas en la plaza del pueblo, donde cada una fue violada por al menos doce "hunos" mientras el resto de los soldados miraba y aclamaba. Después de ser alimentado con una dieta estable de esta clase de propaganda, el público británico verdaderamente exigió la venganza contra los repugnantes hunos.

     Un grupo de belgas recorrió Estados Unidos (a costa del gobierno británico) contando estas historias a los estadounidenses. (Gran Bretaña quería hacer entrar a Estados Unidos en la guerra). El Presidente Woodrow Wilson solemnemente recibió a dicho grupo en la Casa Blanca. La propaganda retrataba a Gran Bretaña como "un Caballero en un caballo blanco" yendo a la defensa de la violada neutral Bélgica. Ésa fue una cínica manipulación de la opinión pública, por supuesto, porque si Alemania no hubiera violado la neutralidad belga, Gran Bretaña lo hubiera hecho sin pensarlo dos veces.

     Alemania negó airadamente todas esas historias. Lo mismo hicieron reporteros estadounidenses que estaban con el ejército alemán y que sabían que aquéllas eran mentiras. Pero estos desmentidos no se abrieron camino en los periódicos estadounidenses. Los británicos controlaban lo que entraba en los periódicos estadounidenses y eran los británicos los que generaban las historias de atrocidades. Para realzar la credibilidad de esas fantásticas historias de atrocidades, el gobierno británico le pidió al vizconde Bryce a principios de 1915 que encabezara una comisión Real para conducir una investigación.

     El gobierno británico, por supuesto, quería que Bryce apoyara esa falsa propaganda, lo que él obedientemente hizo. Bryce era un historiador conocido con una buena reputación en Estados Unidos. Él no sólo había servido como el embajador británico en Washington sino que había escrito varios libros elogiosos del gobierno estadounidense. Los británicos sabían que él era altamente respetado y admirado en EE.UU., y que tenía una reputación de rectitud y honestidad. Estados Unidos creería lo que él dijera. Bryce era también sumamente leal a su propio país y por lo tanto perfecto para el trabajo.

     Bryce y sus seis colegas comisionados, todos abogados, historiadores y expertos legales, "analizaron", si usted puede llamarlo así, 1.200 declaraciones de "testigos oculares" que afirmaban haber visto esas atrocidades alemanas de primera mano. Casi todos los relatos de testigos oculares venían de belgas que se habían ido de Bélgica a Inglaterra como refugiados, aunque algunos relatos también provenían de soldados británicos en Francia. La comisión nunca interrogó a ni uno solo de esos testigos oculares, sino que en cambio confió en sus declaraciones escritas (sombras de los futuros Procesos de Núremberg después de la siguiente guerra).

     Puesto que había una guerra en curso, no hubo investigaciones "en el sitio del suceso" de ninguna atrocidad reportada. Ni un solo testigo fue identificado por su nombre, incluyendo los soldados que habían proporcionado narraciones escritas. Y, sin embargo, la comisión oficialmente confirmó que todas las historias de atrocidades, no importando cuán fantásticas fuesen, eran verdaderas. Esta falsa investigación era sólo otra parte de la campaña británica de propaganda anti-alemana.

     El "Reporte Bryce" fue publicado el 13 de Mayo de 1915, y el gobierno británico se aseguró de que le llegara a cada periódico en Estados Unidos. El impacto fue fenomenal, sobre todo viniendo justo después de ser torpedeado el transatlántico británico Lusitania, lo que causó la muerte de 135 estadounidenses. Los estadounidenses de costa a costa estaban indignados. Una ola de repugnancia para todas las cosas alemanas barrió el país. El odio hacia los alemanes alcanzó el tono de la fiebre. De repente el público estadounidense estaba pidiendo la guerra a gritos. (Hay una sospecha bien fundada de que el Lusitania fue establecido como un señuelo por el Primer Lord del Almirantazgo, Winston Churchill, al exponerlo deliberadamente a un ataque alemán submarino para llevar a EE.UU. a la guerra).

     Pero hubo escépticos del reporte de Bryce. En Inglaterra, sir Roger Casement llamó al reporte una mentira, y escribió un informe propio refutándolo, aunque nadie le prestara mucha atención. El abogado estadounidense Clearance Darrow fue tan escéptico que viajó a Francia en 1915 y buscó en vano un solo testigo ocular que pudiera confirmar siquiera una de las historias de Bryce. Cada vez más dudoso, Darrow anunció que él pagaría 1.000 dólares, equivalentes a alrededor de 25.000 dólares de hoy, a cualquiera que pudiera mostrar un muchacho belga cuyas manos hubieran sido amputadas por algún soldado alemán, o cualquier otra víctima belga o francesa que hubiera sido mutilada por tropas alemanas. Ninguno fue encontrado.

     Las "pruebas" proporcionadas por el Comité Bryce en su investigación, así como los métodos empleados para recolectarlas, violaban cada regla elemental de la presentación de evidencia. Investigadores cuidadosos han demostrado hace mucho que el informe entero estaba compuesto de nada más que distorsiones y falsedades absolutas.

     Pero Gran Bretaña estaba determinada a arrastrar a Estados Unidos a la guerra, y Bryce y sus colegas fueron cómplices deliberados en aquel esfuerzo. Ellos justificaron sus mentiras y exageraciones porque servían a la causa más alta de la Madre Inglaterra. Después de la guerra la mayor parte de los historiadores descartó el 99% de las atrocidades de Bryce como fabricaciones.

     Alguien calificó al informe como "en sí mismo una de las peores atrocidades de la guerra". "Después de la guerra", cuenta Thomas Fleming en su libro Ilusión de Victoria, "a los historiadores que procuraban examinar la documentación de las historias de Bryce se les dijo que los archivos habían desaparecido misteriosamente". A medida que la guerra perdía fuerza, otra historia fabricada circuló ampliamente. Se relataba que los alemanes estaban manejando una "fábrica de cadáveres" donde los cuerpos tanto de soldados alemanes como Aliados muertos en batalla eran supuestamente fundidos para obtener grasas y otros productos útiles al esfuerzo de guerra alemán. Los alemanes fueron acusados de hacer jabón a partir de la grasa humana. Las pieles humanas, se decía, eran usadas para hacer finos artículos de cuero, como pantallas de lámparas, guantes para conducir y pantalones para montar. Se decía que los huesos de esos cadáveres habían sido molidos y usados como fertilizantes en las granjas alemanas.

     Un detallado relato de esa presunta "fábrica de cadáveres" apareció en el muy respetado periódico británico The Times, el 17 de Abril de 1917. Según la historia, trenes llenos de cadáveres llegaban a una gran fábrica. Los cuerpos eran atados a ganchos conectados a una cadena sin fin. El artículo describía cuidadosamente el proceso dentro de la fábrica de cadáveres:

     "Los cuerpos son transportados por esta cadena sin fin hacia un compartimento largo y estrecho donde ellos pasan por un baño que los desinfecta. Luego ellos pasan por una cámara secante, y finalmente son automáticamente llevados hacia un digestor o gran caldera, en la cual ellos son dejados caer por un aparato que se separa de la cadena. En el digestor ellos permanecen entre seis y ocho horas, y son tratados mediante vapor, el cual los rompe mientras ellos son lentamente revueltos por la maquinaria. De este tratamiento resultan varios productos. Las grasas son descompuestas en estearina, una forma de sebo, y aceites, que requieren ser destilados de nuevo antes de que puedan ser usados. El proceso de destilación es realizado hirviendo el aceite con carbonato de sodio, y algunos de los subproductos resultantes de esto son usados por fabricantes alemanes de jabón. La destilería y la refinería del aceite están en la esquina Sudeste de la fábrica. El aceite refinado es enviado en pequeños barriles como aquellos usados para el petróleo, y es de un color marrón amarillento".

     Note los meticulosos detalles. La historia era una fabricación total, pero era una historia "plausible", especialmente con todo el detalle, y no fue posible para los alemanes refutarla completamente mientras la guerra todavía continuaba. Después de la guerra, por supuesto, la historia fue expuesta como la mentira que era. Ninguna tal fábrica de cadáveres existió. Es interesante que la historia de hacer jabón a partir de cuerpos surgiera otra vez durante la Segunda Guerra Mundial cuando los alemanes supuestamente hicieron jabón a partir de cadáveres judíos. Aquella mentira todavía es ampliamente creída y sigue siendo un artículo básico de la propaganda del "Holocausto" judío. Las historias de las "pantallas de lámparas hechas de piel humana" también tuvieron su origen en la Primera Guerra Mundial, y surgieron otra vez durante la Segunda Guerra Mundial cuando los alemanes supuestamente hacían pantallas de lámparas con piel de judíos. No hubo nada de eso, pero también permanece como un artículo básico de la propaganda judía del "Holocausto".

     «El propósito de la propaganda de guerra», observa en su libro "La Ilusión de la Victoria" el historiador Thomas Fleming, «de acuerdo a como es vendida por las élites inglesa y estadounidense, era crear una generalizada imagen pública de los alemanes como "monstruos capaces de un sadismo espantoso", encubriendo así un llamado al cruel odio colectivo con un barniz de mojigatería». «El truco», decía Fleming, «es dejar al auditorio-objetivo a la vez estremeciéndose de horror por un espectáculo de la depravación infrahumana, y jadeando por un deseo visceral de venganza, y entusiastamente auto-justificado con respecto a la pureza de sus motivos humanos. La gente que sucumbe a ello es fácilmente subsumida en una mentalidad de colmena de un odio oficialmente aprobado, y queda preparada para perpetrar crímenes aún más horribles que aquellos que ellos creen que tipifican al enemigo».

     El Reporte Bryce, así como toda la otra propaganda anti-alemana, incuestionablemente ayudó a Inglaterra a ganar la guerra. Convenció a millones de estadounidenses y a otros neutrales de que los alemanes eran bestias en forma humana, y esto, tanto como todo lo demás, ayudó a arrastrar a EE.UU. a la guerra. Pero hubo consecuencias adversas ante esta sensacionalista campaña de propaganda de atrocidades. Envenenó a la opinión pública contra los alemanes hasta tal punto que no pudo ser deshecha. Dicha campaña fue un factor obvio, por ejemplo, en la decisión británica de mantener el bloqueo total de Alemania durante siete meses después de que la guerra había terminado, lo cual, a propósito, era una violación de la ley internacional. El bloqueo hizo que un millón de civiles alemanes pasaran hambre hasta la muerte, y causó el sufrimiento insoportable de millones más. El bloqueo mismo fue con mucho la mayor atrocidad de la Primera Guerra Mundial, aunque reciba muy poca publicidad, y fue llevado a cabo no por los malvados alemanes sino por los santos británicos.

     Creando un odio ciego contra Alemania, la campaña de propaganda anti-alemana también contribuyó a los duros términos de paz impuestos a Alemania al final de la guerra, lo cual entonces sembró las semillas de la Segunda Guerra Mundial. Aunque los historiadores y otros investigadores hayan expuesto estas historias de atrocidades alemanas como absurdas, la imagen de la villanía alemana ha permanecido fija. La buena opinión mundial con respecto a Alemania que existió hasta 1914 fue sustituída de la noche a la mañana por el mito del incomparable salvajismo alemán que dejó un residuo permanente en la profunda germanofobia que existe en las mentes occidentales. Esto explica por qué "nuestros muchachos" estaban tan dispuestos a borrar ciudades alemanas enteras y a matar a cientos de miles de civiles alemanes con bombardeos aéreos durante la Segunda Guerra Mundial. Esta propaganda de odio, tan falsa como era, también tuvo el efecto de desmoralizar totalmente al pueblo alemán.–




Capítulo 21

http://editorial-streicher.blogspot.com/2017/05/alemania-y-occidente-victimas-de-la-2agm.html


2 comentarios:

  1. Muchas de las falsas atrocidades que se mencionan en este artículo son ampliamente conocidas por todos como por ejemplo los jabones y pantallas de lámparas fabricadas con restos de judíos. Ahora, lo que jamás había escuchado es que se confeccionaran sábanas y telas con cabello de judíos, parace ser que es lo nuevo que se está promocionando desde Auschwitz. Hace un par de semanas un familiar muy cercano visitó el famoso "parque temático del horror" y se encontró con dichas sábanas y todo un relato fantástico muy bien explicado por los guías turísticos de Auschwitz. Por supuesto la amplia mayoría de los visitantes que se encontraban junto a mi familiar salieron horrorizados del antiguo campo habiendo creído y asimilado todo lo visto y perfectamente realatado. En fin, interminable el marketing alrededor del Holocuento.

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  2. Gracias!
    Nilo Vieira - Brasil

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