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miércoles, 9 de diciembre de 2015

Kamal Salibi y el Origen Árabe de la Biblia



     Presentamos aquí en castellano cuatro textos que se refieren al erudito libanés señor Kamal Salibi (1929-2011), filólogo e historiador que se hizo mundialmente conocido, aunque no aceptado por la ciencia antropológica oficial ni por muchos críticos bíblicos, por sus tesis planteadas en su libro "La Biblia Vino de Arabia" (Bible Came from Asir, 1985), donde, a partir de análisis de nombres topográficos de Arabia, concluyó que los hechos antiguos narrados en el Antiguo Testamento no tuvieron lugar en Palestina sino en provincias árabes (y zonas yemeníes). El revuelo producido por sus descubrimientos, complementados por otros libros suyos, se justifica porque desconstruye completamente las pretensiones de historicidad del Antiguo Testamento, el cual resulta ser, a su juicio, una falsificación, o más precisamente, una equivocada interpretación. El primer texto, de Jim Muir, es de Agosto de 1984 (csmonitor.com, Was Kingdom of David really in Arabia?) e informa del libro mencionado antes de que fuera publicado; el segundo texto (faem.com, The Bible Came from Arabia) pertenece al distinguido profesor estadounidense Revilo P. Oliver, quien toma como pretexto el libro de Salibi para comentar en su estilo además sobre otros temas; el tercero, La Bible Est-Elle Née en Palestine?, que tradujimos del francés (ledifice.net), sin fecha ni firma, comenta dicho libro suponiendo ciertos conocimientos por parte del lector. Y, finalmente, el texto más completo, erudito y contextualizador con respecto al señor Salibi, es un fragmento del capítulo 6 del libro "Queen of Sheba and Biblical Scholarship" (2005) del interesante Bernard Leeman, Ph.D. La luminosa intuición del profesor Salibi propone, en resumen, que toda la historia bíblica anterior al regreso de los judíos, en el siglo VI a.C., desde el exilio en Babilonia (no así la historia posterior) tuvo lugar en Arabia occidental / Norte de Yemen..




¿Estuvo el Reino de David Realmente en Arabia?
por Jim Muir
31 de Agosto de 1984


     Después de todo, no toda la acción en el Antiguo Testamento ocurrió en Palestina. Realmente tuvo lugar en las fértiles colinas costeras de Arabia occidental. O al menos así lo afirma el profesor Kamal Salibi, cuyo libro acerca de ese asunto, aún por publicarse, ha provocado ya una furiosa controversia.

     El señor Salibi, un distinguido profesor de Historia en la American University de Beirut, escribe que los reinos de David y Salomón fueron establecidos en lo que son ahora las provincias sauditas de Asir e Hijaz del Sur. Él dice que es allí, y no en Palestina, donde deberían ser buscados los orígenes del judaísmo, el cristianismo y del Islam.

     El señor Salibi no cuestiona, sin embargo, que en tiempos de Jesús el foco de la historia judía había cambiado a Palestina, ni tampoco niega que hubiera una presencia judía de importancia creciente en aquella área en tiempos del Antiguo Testamento.

     Su sorprendente teoría, que desafía los fundamentos de la erudición bíblica —para no mencionar los del Estado de Israel— está respaldada por una masa de pruebas geográficas y lingüísticas que él presenta en su libro "La Biblia Vino de la Tierra de Asir", que será publicado por Der Spiegel, el Imperio editorial alemán (Die Bibel kam aus dem Lande Asir).

     Salibi afirma que, leída en su nuevo contexto, la Biblia hebrea se convierte en la clave para la historia del antiguo Oriente Próximo, y no en un rompecabezas. Él dice que su obra explica por qué tan pocos de los topónimos del Antiguo Testamento han sido plausiblemente ubicados en Palestina, por qué la evidencia arqueológica es tan escasa, y por qué los orígenes del judaísmo permanecen obscuros en el escenario palestino.

     Como Salibi esperaba, sus ideas han sido agriamente atacadas por eruditos judíos e israelíes. Chaim Tadmor, un profesor de Historia en la Universidad Hebrea de Jerusalén, describe la teoría como "mitología y ciencia-ficción". El rabino Adnin Steinhaltz, un importante erudito bíblico, dice que son "tonterías poco comunes". Otros críticos acusan a Salibi de estar políticamente motivado, y que trata de socavar la reclamación judía a su calidad de Estado en el moderno Israel.

     Pocos de aquellos que han atacado el libro han tenido la posibilidad de leerlo, de manera que sus críticas han estado en gran parte confinadas a expresiones generales de indignación y burla. Salibi, un cristiano Protestante libanés, contesta la acusación de estar motivado políticamente señalando que si éste fuera el caso, él difícilmente hubiera seleccionado el núcleo del territorio árabe como la antigua patria judía.

     El libro —que este corresponsal ha leído en manuscrito— ha sido estudiado por eruditos alemanes encargados por Der Spiegel, que estaba nervioso por esta aventura debido al fraude del Diario de Hitler del cual su editorial rival, Stern, cayó víctima. Los eruditos bíblicos alemanes atacaron ferozmente al libro, aunque en gran parte por razones lingüísticas en las cuales el trabajo está basado principalmente. Pero por aquellas mismas razones, el libro fue defendido por un importante lingüista alemán especializado en lenguas semíticas, que dijo al Christian Science Monitor [sitio de este artículo] que es "lingüísticamente válido y no puede ser desaprobado".

     El propio Salibi está tan convencido de que él tiene razón, que dio la bienvenida al diluvio de publicidad que siguió al anuncio de los contenidos del libro. Preocupado de que alguien más saliera con la misma teoría antes de que el libro fuera publicado, él quiso ligar su afirmación histórica a una teoría que él cree que será confirmada por evidencias arqueológicas y de otro tipo. "Si se demuestra que estoy equivocado, me retractaré en público", dice él.

     Podría parecer extraño que una teoría tan sorprendente y aparentemente herética no pueda ser refutada de forma instantánea y convincente. La Arqueología debería proporcionar algunas respuestas. Pero el moderno Israel ha sido extensamente excavado durante décadas sin que haya entregado ninguna prueba indiscutible en forma de inscripciones hebreas que se refieran inequívocamente a acontecimientos, personas, o lugares nombrados en el Antiguo Testamento.

     Salibi cree que su obra establece la Biblia como un documento histórico mucho más exacto que lo que se ha creído antes, y que los arqueólogos han estado simplemente cavando en el lugar incorrecto. Ninguna excavación seria ha sido realizados en Asir, y los sauditas con poca probabilidad aceptarán una investigación que pudiera incentivar reclamaciones sionistas de una parte del reino saudita.

     Irónicamente, fue la publicación en Riad en 1977 del primer diccionario geográfico saudita completo, que enumeró y localizó miles de topónimos a través de todo el reino, lo que permitió a Salibi tropezar con su descubrimiento.

     Autor de varios libros altamente considerados acerca de la historia de Oriente Medio, Salibi acababa de escribir una historia de Arabia, pero se encontró insatisfecho por la carencia de material referido al período temprano. Él intentó ver qué podría ser aprendido al estudiar los modelos lingüísticos y geográficos de muchos topónimos de origen pre-árabe que sobreviven hoy en Arabia occidental.

     "Yo simplemente estaba buscando topónimos de origen no-árabe en Arabia occidental, cuando la evidencia de que toda la tierra de la Biblia estaba allí me golpeó en la cara", escribe él en su libro. "Casi todos los topónimos bíblicos estaban concentrados en un área de aproximadamente 600 kms. de largo por 200 kms. de ancho (370 millas x 125 millas), comprendiendo lo que es hoy Asir y la parte Sur del Hijaz".


      Salibi acudió al texto original y sin vocales de la Biblia hebrea —él tenía una antigua formación en lingüística semítica— y descubrió que muchos pasajes que previamente habían sido obscuros quedaron de repente nítidamente enfocados, presentando a menudo un cuadro radicalmente diferente de aquel dado por las traducciones aceptadas.

     Así, de acuerdo al relato de Salibi, la tierra que Yahvé prometió a Abraham está entre el "arroyo de Misrima", cerca de la frontera del Norte de Yemen y la "corriente de Firat" en Hijaz del Sur, no entre el Nilo y el Éufrates.

     Moisés, dice él, condujo a los hijos de Israel a través de uno de los wadis (valles o cauces secos de ríos), que se inundan repentinamente, de Asir, y no a través del Mar Rojo. Y el cruce del H-YRDN (traducido como "Jordán" en la Biblia) hacia el cual Josué condujo a los israelitas, era el enorme acantilado que domina a Asir, que corre de Norte a Sur paralelo a la costa del Mar Rojo. Él localiza la antigua Jerusalén en el actual pueblo saudita de Al-Sharim, y la Ciudad de David en una serie de colinas 60 millas al Sur de lo que hoy lleva el nombre de Qawat Sian, la Colina de Sión.–




LA BIBLIA VINO DE ARABIA
por Revilo P. Oliver
Diciembre de 1984


     Mientras escribo, un nuevo libro del doctor Kamal Salibi de la American University de Beirut todavía no ha sido publicado en este país, y le debo la noticia de ello a Der Spiegel, que publicará partes de él en traducción al alemán, y a un artículo de Jim Muir del Sunday Times, un periódico inglés de Beirut. El título del libro declara su tesis: La Biblia Vino de Arabia. Según la prensa, el doctor Salibi ofrece pruebas de que el famoso cuento sobre David y Solomon en el libro judío se deriva de acontecimientos que ocurrieron "en las fértiles colinas costeras de Arabia occidental, ahora las provincias sauditas de Asir y Hejaz del Sur".

     Eso no es sorprendente en absoluto. Todo el mundo conoce la leyenda judía sobre la riqueza imaginaria de "Salomón" y la fabulosa prosperidad que inspiró a una reina de Saba (corrompida en "Sheba" en la Biblia) a visitar al gran judío en Jerusalén y a convertirse, desde una religión un poco más razonable, a la adoración de Yahvé. El cuento fue recogido por Mahoma en el Corán (sura 27), ya que él naturalmente tenía un interés especial en dicha leyenda, y posteriormente ésta fue adornado por la imaginación árabe, alcanzando su mejor expresión literaria en la "Histoire de la Reine du Matin et de Soliman, Prince des Genies" de Gerard de Nerval.

     Estas leyendas tienen su fuente en un hecho histórico, la gran prosperidad del reino de Saba, que prosperó en el extremo Sudoeste de la Península Arábiga desde el siglo IX a.C. o antes, hasta poco antes del 570 d.C. Los Sabeos (quienes eran casi seguramente los "etiopes" de Homero) eran una raza blanca de linaje mediterráneo; vea sus rostros en las esculturas conservadas en el gran museo en Viena, muchos de los cuales están fotografiados en "Suedarabische Altertuemer" de David H. Muller (Viena, 1899). Ellos hablaban una lengua semítica, sabea, también llamada árabe del Sur, ahora conocida por muchas inscripciones que han preservado la mayor parte de lo que ahora se sabe de cierto de su historia. Dicho lenguaje se diferencia enormemente del árabe del Corán, del cual se derivaron todos los dialectos árabes ahora hablados por pueblos semíticos. (Los judíos, por supuesto, no son semitas; ellos son una raza híbrida que contiene una gran adición semítica, y el hebreo es un dialecto que ellos formaron a partir de la lengua de Canaán, a menudo llamada Fenicio Antiguo).

     Para un resumen muy conciso de la historia sabea, vea La Historia de los Árabes del profesor Philip K. Hitti (Londres, 1964). La prosperidad de los sabeos, cuyo reflejo vemos en el nombre Clásico de su país, Arabia Felix, dependió de su comercio llevado a cabo por el océano, su monopolio de muchos productos, como el incienso, y su agricultura, hecha posible por la irrigación desde lagos artificiales, especialmente el formado por el famoso dique de Ma'rib [siglo VIII a.C.], del cual sus extensos restos han sido nuevamente estudiados por arqueólogos en la actual década.


     El colapso final de la civilización sabea coincidió con la ruina del dique de Ma'rib, después de lo cual la mayor parte de la tierra quedó reseca y desolada. La causa fue una de las enfáticas lecciones de la Historia que los imbéciles estadounidenses están determinados a ignorar. En el auge de su prosperidad, los sabeos invadieron y conquistaron la región de África frente a su tierra y esclavizaron a los Negros nativos, quienes tenían algunos vestigios de la cultura dejada mucho antes tras la conquista de Nubia por los egipcios.

     Los conquistadores sabeos, sin embargo, en la ignorancia que precedió al desarrollo de la ciencia biológica, irresponsablemente cometieron el crimen del cruce de razas, produciendo mestizos y finalmente dando al territorio en África la denominación de la "Tierra de los Bastardos", Abisinia (ahora cambiada a Etiopía). Ellos fueron infectados por el cristianismo en el siglo IV [1], y el ansia cristiana por saquear y salvar almas probablemente contribuyó a un celo fanático cuando los mestizos, sacando ventaja de la guerra civil en el reino sabeo, invadieron y conquistaron su madre patria en el siglo VI. Ellos la arruinaron, por supuesto, y naturalmente descuidaron el mantenimiento del dique de Ma'rib, que finalmente se rompió en algún momento entre 542 y 570, y fue famoso a partir de entonces como una causa, más bien que como una consecuencia, del desastroso final de la cultura sabea.

[1] Bastantes evangelios cristianos están conservados ahora sólo en traducciones del griego al Geez ("Etíope Antiguo"). Si las traducciones fueron hechas directamente del griego o del copto o de intermediarios árabes o sirios, es una cuestión muy disputada.

     El territorio, gran parte del cual es conocido ahora como Yemen (Al-Yaman), fue ocupado por una expedición desde la Persia sasánida, y se dice que la tierra devastada estaba en tal caos hacia el año 575 que un cuerpo de 800 disciplinados soldados persas bastó para enviar a los mestizos de vuelta a África.

     No sería en absoluto notable que los judíos hubieran recogido historias de la Arabia Felix como base para algunos de sus cuentos en el "Antiguo Testamento", tal como ellos sacaron la historia sobre Noé y su arca de un mito sumerio que les llegó por medio de una adaptación babilónica de aquél. Y la prosperidad real de los sabeos podría haber sugerido el cuento sobre la riqueza y el poder de Salomón. Pero si los informes de prensa no engañan, el profesor Salibi va mucho más lejos y sostiene que el Israel bíblico era Saba, de lo cual parecería seguirse que ¡los sabeos eran judíos!.

     Ahora bien, es verdad que la raza de parásitos migratorios entró realmente en Arabia en una fecha relativamente temprana. Es probable que, como señala el profesor H. W. F. Saggs observa en The Greatness that Was Babylon (Nueva York, 1962 y 1968), los judíos se hayan establecido en los oasis estratégicos a lo largo de las rutas comerciales del último rey de Babilonia, Nabonidus, cuando él condujo una expedición hacia la Península Arábiga que alcanzó la moderna Medina y el Mar Rojo. Los judíos naturalmente mostraron su gratitud a su benefactor en su manera acostumbrada, extendiendo la subversión en Babilonia y finalmente traicionando su capital a favor de los persas bajo Ciro el Grande en 538 a.C.

     También es verdad que el reino sabeo en los siglos que precedieron a su colapso estaba lleno de judíos, que indudablemente trabajaron duro para incitar la disensión y la guerra civil, como ellos normalmente lo hacen en todos los territorios en los cuales ellos se han infiltrado, pero no hay ninguna razón para suponer que los judíos eran más que parásitos entre los sabeos, como ellos lo son entre los estadounidenses hoy. Si Salibi va tan lejos como a hacer de Saba el Israel antiguo, él se está permitiendo una fantasía salvaje.

     Menciono todo esto ahora porque Jim Muir, a quien mencioné anteriormente, sugiere que, sobre la base de la teoría de Salibi, los judíos pueden reclamar Arabia Saudí como su "patria" también. Si los judíos adoptarían tal justificación puede ser puesto en duda, pero es cierto que ellos tienen la intención de ocupar y destruir Arabia Saudí, un reino que ellos odian particularmente porque él contiene a los semitas casi más puros que pueden ser encontrados en el mundo después de que aquella raza se dispersó diluída por el Islam, la religión de los judíos para los árabes. Para este fin, los judíos usarán naturalmente a sus súbditos estadounidenses tal como ellos están usando ahora a la CIA nominalmente estadounidense y a los chiítas (la herejía musulmana ahora dominante en Irán) para incitar problemas en el territorio saudita.

     No es improbable que los ataques contra barcos petroleros en el Golfo Pérsico y la presencia de buques estadounidenses para protegerlos puedan ser un prolegómeno planeado para el hundimiento de algunos barcos estadounidenses, lo que proporcionará un pretexto para apresurar a las fuerzas norteamericanas para "ayudar" a los sauditas de un modo muy parecido a como los mestizos de Abisinia llegaron para "ayudar" a una facción en el territorio sabeo y luego lo ocuparon. Si una fuerza expedicionaria en gran escala es deseada y los estadounidenses muestran una carencia de entusiasmo por otra guerra para servir a los judíos, la falsa "crisis energética" podría ser hecha lo bastante severa como para incitarlos.

     Y la pandilla de Washington no tendría ningún problema en absoluto en organizar una "crisis" que sería proclamada por sus voceros, sea Reagan u otro títere, para invocar su dominio mediante el terrorismo abierto a la manera soviética, para lo cual se han hecho ahora todos los preparativos, incluyendo un conjunto entero de Órdenes Ejecutivas que han sido impresas en el Registro Federal y así convertidas en ley, y reimpresas por diversas hambrientas organizaciones "derechistas" y "nazis" que imaginan que los tontos de Estados Unidos todavía poseen algún órgano que sea capaz de pensar.

     Por supuesto, las ovejas arias, que ahora pastan contentas bajo los ojos de sus pastores judíos, nunca leerán cosas tan desagradables, y cuando ellos experimenten las Órdenes Ejecutivas en las contrapartes domésticas del Archipiélago Gulag, las ovejas balarán monótonamente y se preguntarán qué sucedió.–




La Biblia ¿Nació en Palestina?


     Para cada uno, la respuesta a esta pregunta es bastante evidente: sí. Sin embargo, recientemente (1985), un catedrático de la Universidad de Beirut, Kamal Salibi, respondió a eso diciendo que no [1]. Para él, el verdadero país de la Biblia está no en Palestina sino en Asir, en Arabia occidental. Se trata de una región montañosa (una cadena que alcanza sus puntos más altos entre 1.700 y 3.200 mts.) junto a una planicie costera que se extiende, a orillas del mar Rojo, desde Taif (65 kms. al Este de La Meca) hasta las fronteras de Yemen.

[1] Kamal Salibi, «La Bible est Née en Arabie», Bernard Grasset, Paris, 1985.


     Hoy, Asir es una provincia de Arabia Saudita, y su capital es la ciudad de Abhâ, en las tierras altas. Ella forma una franja costera de unos 700 kms. de longitud por unos 200 a 300 kms. de ancho, desde el Mar Rojo hasta los confines del desierto de Arabia Central. Es una región fértil y muy regada. Para Kamal Salibi, igualmente, Jerusalén, la capital del rey Salomón, debía encontrarse cerca de la ciudad de Nimas, sobre las cimas de los montes Sarat (o Sarawat) de Arabia occidental. El pueblo moderno de Al-Sharim llevaría todavía dicho nombre en nuestros días.

     Estas tesis son lo suficientemente revolucionarias como para haber suscitado numerosas reacciones. Es verdad que todo lo que concierne a la Biblia tiene un carácter sagrado y casi intocable, para nuestra sociedad. Kamal Salibi tendría, por otra parte, un motivo evidente: el de socavar el movimiento sionista y la legitimidad de lsrael. La crítica emana principalmente de los arqueólogos (cf. por ejemplo los artículos de E. M. Laperrousaz), pero no es ése el terreno sobre el que Kamal Salibi se ha colocado (al contrario, él desearía que los arqueólogos pudieran trabajar en Asir). Él se colocó sobre el terreno lingüístico, onomástico. Entonces nadie, que yo sepa, ha refutado a Kamal Salibi sobre este terreno, en cuanto a la afirmación de que, entre todos los nombres semitas que se parecen, podemos encontrar topónimos correspondientes a los de la Biblia en todos los países semíticos. ¿Por qué entonces cuesta tanto trabajo encontrarlos precisamente en Palestina?.

     Kamal Salibi es jefe del departamento de Historia y Arqueología de la Universidad Estadounidense de Beirut. Pero él es ante todo un filólogo. Su demostración se apoya esencialmente en el análisis lingüístico de los nombres de lugares bíblicos (análisis toponímico). Ella se basa en la afirmación de que el Antiguo Testamento (AT) hebreo ha sido mal transcrito: para los sabios judíos (masoretas) que pusieron las vocales e interpretaron el AT hebreo [2] tan tardíamente como en el siglo VI d.C., o incluso en el siglo X, el hebreo se había convertido en una lengua muerta.

[2] Textos que habían sido fijados por escrito alrededor de los siglos VI al IV a.C. (pero no vocalizados).

     Es necesario recordar que el hebreo anota sólo las consonantes: para los nombres comunes siempre es posible, por analogía con las lenguas semíticas vivas, vocalizar (es decir, determinar las vocales no escritas que separan las consonantes, y anotarlas para los lectores modernos con la ayuda de rayas, acentos y puntos) de manera más o menos correcta; pero ése no es el caso para los nombres propios. Además, no distinguiéndose en hebreo los nombres propios de los nombres comunes (no hay mayúsculas), fue posible tomar unos por otros. El estudio comparativo del AT hebreo y el AT griego de Alejandría, versión llamada la Septuaginta o de los LXX [de los siglos III-II a.C.], pone, por otra parte, en evidencia las divergencias: se trata allí de realidades y no de interpretaciones.

     Así es cómo la palabra "Salem" de los LXX corresponde a "sano y salvo" en los textos masoréticos; y que, a la inversa, la famosa UR en Caldea, de donde saldría el clan de Abraham, figure sólo en los textos masoréticos, ya que los LXX lo han traducido simplemente por «el territorio de los caldeos». Los masoretas pudieron pues, por una parte, cometer errores de vocalización y, por otra, confundir nombres propios y nombres comunes. Kamal Salibi restablece el texto consonántico y ensaya otras vocalizaciones. Dicho método le permite acercar nombres de lugares bíblicos con topónimos árabes, teniendo en cuenta las reglas lingüísticas reconocidas (en cuanto a las transformaciones consonanticas del hebreo hacia el árabe, y las metátesis o transposiciones de las letras).

     Habiéndose puesto a trabajar, en el marco de sus búsquedas, en los nombres de lugares de origen no árabe en Arabia occidental, Kamal Salibi se sorprendió de reencontrar en Asir muchos nombres de lugares bíblicos; él no pudo encontrar tal concentración de nombres de lugares bíblicos, generalmente bajo su forma hebrea original, en ninguna otra región del Próximo Oriente. Fue el azar quien lo incitó a sistematizar su método, y a convencerse de que Asir era el lugar donde se desarrolló la historia de los antiguos israelitas, tal como la cuenta el AT hebreo, una convicción tanto más profunda ya que los topónimos de la Biblia «nunca han sido identificados en los países considerados hasta ahora como la patria de la Biblia». He aquí algunos ejemplos de reinterpretación de la toponimia bíblica:

—Para Kamal Salibi, el Jordán no es un río: h.yrdn es un término topográfico que significa "escarpadura" o "arista" (montañosa). El paso del Jordán fue de hecho el paso de una depresión entre montañas. Para traducir Josué 3:16 [3], él propone: «Las aguas que descendían de al-Mal'ah crecieron; ellas se elevaron en una represa que se extendía desde Wadd a Adam, la villa que está al lado de Raznah, y las que descienden al Oeste de Ghurabah, al Oeste de Al-Milhah, estuvieron totalmente detenidas; y el pueblo atravesó enfrente de Rakhyah». Es pues sencillamente la depresión de Buqran, situada entre el pueblo de Ghurabah y el de Adam, la que los israelitas habrían atravesado. No dispongo desgraciadamente de un plano detallado de la región que permita apuntalar o invalidar esta tesis.

[3] «Las aguas que descienden de arriba se detuvieron y se amontonaron a una muy grande distancia, cerca de la ciudad de Adam, que está al lado de Saretán, y las que descendían hacia el mar de la planicie, el Mar Salado [Mar Muerto], fueron completamente cortadas, y el pueblo pasó enfrente de Jericó» (Josué 3:16).

—El jardín de Edén, el paraíso terrestre, sería no Mesopotamia sino el valle del Wadi Bishah. Es verdad que, en el mapa aeronáutico de esa parte del mundo, el wadi (lecho de río) Bishah es el único oasis grande que es mencionado como disponiendo de un importante palmeral (y también de un moderno aeródromo). Es verdad también que la topografía de esa región corresponde bastante bien a la dada del Jardín de Edén por la Biblia: un río que se divide en cuatro brazos (Génesis 2:8-14). Kamal Salibi identifica los nombres con topónimos locales: el Fisón es el río de Shufan, el Guihón es el wadi Juhan, etc... Esta región se sitúa bastante al Este del país de Asir. Encontramos allí mucho oro, cornalina y bálsamo de La Meca. Hasta cierto punto es el nombre del Jardín mismo el que subsiste hasta hoy en uno de los oasis de esa región: Adanah.

     La migración de Abraham de Ur, a Harrán, a Siquem (donde se establece en el bosque de Moré), luego a la montaña de Bethel, a Negueb y a Hebrón, toma dimensiones más modestas en el seno del país de Asir: desde Waryah, en el valle del wadi Adam, a Khayran, a Al-Kashmah (él se establece en Marwah), luego a Batilah, a Al-Naqab y a Khirban. Es claro que el recorrido de Abram se centró alrededor de la región de Rijal Alara y la de las montañas más al Norte, regiones de bosques de enebros y de cipreses, y de sabanas de terebintos y acacias, salpicadas de pastos y de tierras arables.

—Finalmente, hubo otra Jerusalén en Arabia occidental, cuya existencia es anterior a la de Palestina, y donde la historia de Jerusalén comienza verdaderamente... El reino de Salomón se extendía desde Danadinah (y no Dan) hasta Shaba'ah (y no Beersheba)... La capital de Salomón, Jerusalén, debió situarse en alguna parte entre esos dos lugares, más probablemente allí donde se encuentra hoy un oscuro pueblo llamado Al-Sharim, cerca de la ciudad de Nimas, a lo largo de la cresta del Sarat en Arabia occidental.

     Kamal Salibi, más allá de estos varios ejemplos, da una explicación global bastante coherente, económica, política y religiosa de la historia bíblica. Los hebreos serían unos montañeses nómadas de la región de Asir, región bien regada, rica y fértil, como lo vimos, y lo que es más, Asir era un lugar de congregación y de encrucijada de las caravanas que transportaban las mercancías procedentes del Océano Índico, por una parte, y del Mediterraneo oriental, por otra, y finalmente de Mesopotamia. (Es esta misma situación la que construirá la riqueza de La Meca y de Medina 1.500 años más tarde).

     El judaísmo (que no tiene ninguna raíz común con las religiones de Mesopotamia, de Siria o de Egipto) podría provenir tal vez en consecuencia de la fusión de tribus locales, de una «tendencia al monoteísmo en la antigua Asir, donde un cierto número de dioses de las montañas, como Yahvé, El Sabaot, El Shalom, El Shaddaï, El'Elyon y otros, se identificaban unos con otros». El judaísmo se extendió probablemente (y esto con tanto más vigor en cuanto se apoyaba en un libro: la Biblia) hacia Palestina y otras regiones del Norte, según la ruta comercial de los caravaneros que atravesaban Arabia:

     «Palestina era, en efecto, el primer destino costero; los primeros judíos que se instalaron allí fueron ciertamente los mercaderes de Arabia occidental y los caravaneros que participaban en ese comercio; esos hombres no pudieron dejar de convertir a ciertos autóctonos a su religión que, en el dominio intelectual, trascendía mucho a los cultos locales y hasta a las evolucionadas religiones de los Imperios egipcio y mesopotámico».

     Para Kamal Salibi, la historia bíblica se desarrolló en Asir desde su origen y hasta 587 a.C., fecha de la toma de Jerusalén por Nabucodonosor y de la deportación de los judíos a Babilonia. Esto significa que el reino de David y de Salomón estaba en Asir. Pero ya en aquella época, siguiendo las caravanas, judíos de Asir se habían establecido en Palestina, dando a las ciudades que ellos ocupaban allí los nombres de sus ciudades de origen: hija de Jerusalén, hija de Sión (cf. Isaías 37:22; Zacarías 9: 9), etc., tal como hubo modernamente Nueva Orléans y Nueva York [4].

[4] Hay que hacer notar que, según Heródoto (1, 1; 7, 89), los fenicios, establecidos en las orillas del Mediterraneo en el Norte de Palestina, eran originarios de las orillas del mar eritreo. 

     En 539 a.C. los persas aqueménidas conquistaron Babilonia; en 525, Siria y Egipto. Ellos, por un lado, a los judíos les dieron la libertad de establecerse donde quisiesen (edicto de Ciro de 538), pero fueron el origen, por otro lado, de la decadencia económica de Asir: sus conquistas significaron, en efecto, un serio golpe al comercio de las caravanas que atravesaban Arabia. Los grandes ejes de comunicación creados por los aqueménidas habían desviado las principales rutas comerciales hacia fuera de Arabia, reduciendo al estancamiento económico la península y su red de rutas camelleras. En estas condiciones, los judíos no sacaron tanto partido del edicto de Ciro: la mayoría se quedó en Babilonia; nadie volvió a Asir; un cierto número fue a instalarse en la colonia de Palestina y reconstruyeron el templo en la nueva Jerusalén, la «hija de Jerusalén».

     Así pues, es sólo desde 537 a.C. que la Biblia se desarrolló en Palestina; cada período precedente había transcurrido en Asir. Aunque seductora y relativamente coherente, esta tesis pareció muy novelesca para el período más reciente: es un traslado, no sólo de lsrael, sino que también de sus vecinos (sirios, fenicios, filisteos), lo que el autor nos invita a hacer. El gran eje desde Egipto a Mesopotamia no seguiría más la zona de la fértil media luna, sino que seguiría la línea recta, al precio de ¡una travesía marítima seguida de una travesía por el desierto!.

     La exposición, llena de ideas y muy inventiva, de Kamal Salibi no siempre es muy rigurosa. Personalmente lo he encontrado en falta por lo menos una vez: en su capítulo 5 él localiza en Asir topónimos contenidos en las Cartas de El-Amarna. Así, la carta EA 256 tiene en cuenta nueve ciudades, todas situadas en la misma región: Garu. Salibi localiza a algunas de ellas en Asir, pero en lugares alejados unos de otros por varios cientos de kilómetros, lo que está manifiestamente en contradicción con EA 256 que enfatiza su proximidad.

     Si Kamal Salibi hubiera situado en Asir sólo el período anterior al Éxodo, su tesis, me parece, hubiera sido mucho más resonante. Las interpretaciones que él hace del jardín de Edén y, mejor aún, las de la migración de Abraham, son coherentes y convincentes, mientras que las tesis tradicionales apenas lo son: ya vimos que la referencia a Ur no existía en la versión de la Biblia griega de los LXX. Y podemos añadir que tenemos las dificultades más grandes para localizar en Palestina los topónimos del Génesis; que los textos en hebreo arcaico de Ras Shamra dan cuenta de un origen meridional (el desierto de Kadesh y Arobah) de sus autores; que Heródoto dice expresamente que «los sirios de Palestina, según sus propios relatos, antaño estuvieron establecidos en las orillas del mar eritreo, pero, después de haberlo atravesado, ellos se establecieron sobre las orillas sirias donde se encuentran continuamente». Yo estaría bastante tentado, por mi parte, de situar en Arabia, si no la Biblia, por lo menos el Génesis.

     La conclusión esencial es que ignoramos muchas cosas: Kamal Salibi no consigue demostrar la exactitud de su teoría, pero lo que más se pone de relieve es que tampoco hay pruebas de que la Biblia se haya desarrollado en Palestina (por lo menos, hasta el período histórico, es decir, el siglo VI a.C.). El texto bíblico es todavía menos preciso sobre el plano geográfico que sobre el plano histórico. No hay concordancias ciertas con los otros raros textos históricos conocidos. No hay coincidencias ciertas con los datos arqueológicos. Lo mismo ocurre, por otra parte, con la mayoría de los textos protohistóricos. El historiador de la Antigüedad debe, ante todo, ser modesto.–




SOBRE KAMAL SALIBI Y SUS PLANTEAMIENTOS
(del Capítulo 6 de
Queen of Sheba and Biblical Scholarship)
por Bernard Leeman, 2005


     (...) En 1977, una Gaceta de Nombres de Lugares en tres volúmenes fue publicada en Arabia Saudí [1]. Allí se enumeraban no sólo nombres de lugares sino también las localizaciones de tribus y clanes sauditas. Su publicación incentivó al historiador árabe cristiano profesor Kamal Salibi de la American University de Beirut a examinarla en busca de pistas para la historia temprana de la región del Sur. Para su asombro, él se encontró mirando cientos de nombres de lugares bíblicos en un área aproximadamente de 600 x 200 kilómetros, no en Palestina sino en la parte del Sur de la moderna Arabia Saudí, en las provincias de Asir, Jizan e Hijaz.

[1] Sheikh Hamad al-Jasir, Al-Mug‘am al-gugrafi li’l bilad al-’Arabiyyah al-Sa’udiyyah [Gazetteer of Saudi Arabian Place Names] (3 volúmenes) Riyad, Arabia Saudí: Gobierno Saudí, 1977.


     Los nombres de diversos grupos tribales sauditas también calzaban con los de los hebreos antiguos. Salibi tomó los nombres de lugares de Arabia Saudí, carentes de vocales, y los comparó a los nombres hebreos del Antiguo Testamento, también carentes de vocales. Naturalmente no había una equivalencia perfecta debido a la metátesis, el proceso lingüístico descrito antes *, que ha sido probablemente responsable de muchos cambios.

* Las lenguas semíticas como el hebreo experimentan un proceso llamado metathesis mediante el cual dos sonidos o letras dentro de una palabra cambian de lugar. Un ejemplo inglés sería el cambio desde el Antiguo Inglés ðridda al Moderno Inglés third. En el Libro de los Salmos del Antiguo Testamento un ejemplo de metathesis ocurre donde qrbm ("sus pensamientos interiores") ha llegado a significar qbrm ("sus tumbas"). [Cap. 3, pp. 63-64].

     Salibi es un investigador con una considerable reputación académica internacional que defender y no llegó a sus conclusiones ligeramente. Él es también un hombre muy valeroso que, durante el período más peligroso y anárquico en la historia de Beirut, denunció públicamente el secuestro de extranjeros en el Líbano. Salibi reexaminó sistemáticamente el texto hebreo no vocalizado y trazó los acontecimientos de la narrativa del Antiguo Testamento frente a las referencias cartográficas que él había obtenido de Arabia Saudí. Sus conclusiones, aunque sorprendentes, le dan mucho más sentido a la historia bíblica, particularmente porque los nombres de lugares ocurren en exactamente la misma área en que (Chaim) Rabin encontró tantos hebraísmos. Salibi aparentemente no estaba consciente del trabajo de Rabin.

     En 1985 Salibi publicó sus conclusiones iniciales como La Biblia Vino de Arabia, sugiriendo que era probable que los acontecimientos de la Biblia hebrea [AT], hasta el cautiverio babilónico, hayan ocurrido en Arabia occidental. Salibi sugirió que una o varias de las tribus que finalmente llegaron a ser conocidas como los hebreos se originaron en el área volcánica de Yemen del Norte y luego controlaron una importante ruta comercial Este-Oeste a través de Arabia central. Allí ellos entraron en conflicto con una colonia egipcia basada en el cauce del río (Wadi) Bishah en Arabia occidental. Los egipcios esclavizaron a los hebreos, los cuales, conducidos por Moisés en el Éxodo, finalmente alcanzaron el área justo al Norte de La Meca, donde ellos se unieron con un pueblo arameo para formar el "todo Israel".

     La sugerencia de la identidad israelita como perteneciente al tiempo de Josué calza con la hipótesis de 1930 de Noth. Salibi ubicó la patria original de seis de las diez tribus "perdidas" (Rubén, Simeón, Leví, Dan, Gad e Isacar) en el área de Hijaz alrededor de Jeddah y La Meca. Significativamente, la localización que él hizo de la tribu de Judá, epónima del Estado israelita del Sur, estaba en los acantilados y wadis al Sur de Taif. La tribu de Benjamín (bn ymn) también fue asignada a la misma área, no sorprendentemente considerando que el nombre significa Hijo del Sur. La Reina de Saba, gobernante de Yemen, fue mencionada más tarde como la Reina del Sur.

     Después de consolidar su fuerza, los israelitas se expandieron hacia el Sur bajo Saúl y luego bajo David y Salomón, hasta que ellos habían invadido la mayor parte del territorio donde sus antepasados habían sido originalmente esclavizados. El avance hacia el Sur los llevó a la frontera de Sheba (Sabaea, Saba), y las tradiciones dicen que Salomón avanzó posteriormente hacia el Sur para invadir al propio Yemen.

     Como ya se mencionó, los arqueólogos ya habían expresado su exasperación por la carencia de pruebas que apoyaran al Antiguo Testamento. Sin embargo ninguno de esos críticos cuestionó el trabajo de los Masoretas que pusieron vocales a nombres de lugares que de vez en cuando corresponderían con las localizaciones donde (p. ej., Ararat) ellos estaban escribiendo. Salibi desafió esas presunciones, insistiendo en que los Masoretas tenían una predisposición geográfica e histórica hacia sus propias patrias, y él insistió en que el texto hebreo no vocalizado fuera reexaminado. Él razonó que la palabra H-yrdn, traducida en la Biblia hebrea como el río Jordán, no era un río en absoluto sino el conjunto montañoso de Tehama que se eleva bruscamente desde la llanura costera del Mar Rojo.

     Salibi ubicó a la Vieja Jerusalén, la Ciudad de Sión y a la Ciudad de David en localizaciones separadas, a Jerusalén cerca de An Nimas al Sur de Taif, y declaró que el "Egipto" y la "Etiopía" del Antiguo Testamento en gran parte no se referían a aquellos países en absoluto sino a dos ciudades llamadas Msrm y Kws (Cush/Kush). Éstas estuvieron todas situadas en el área montañosa que controlaba las rutas comerciales desde Yemen al Norte. Salibi tuvo otras sugerencias fascinantes. Él identificó a Al Junaynah como el Jardín de Edén, suponiendo que aquél fue un centro para un clero conocido como krbym (Querubín), un nombre reminiscente de los reyes-sacerdotes sabeos, mkrbm. En cuanto a Sabaea misma, él localizó la ciudad de Sheba en Khamis Mushait en Asir, bastante lejos de Marib, la posterior capital. ¿Y el wadi bloqueado por lava cerca de Jizan? En opinión de Salibi, ése fue el sitio probable de Sodoma y Gomorra, ciudades que se creía que habían sido cubiertas por una erupción volcánica.

     La historia de la reina Ester nunca ha sido seriamente considerada por los eruditos bíblicos porque se suponía que ella había estado escenificada en la corte imperial persa, la que no tiene ningún registro de alguna reina judía. Salibi sugirió que la historia estaba en cambio centrada no en la capital imperial persa sino en la región de Taima de Arabia occidental. En una carta a este escritor, el 31 de Marzo de 1989, él explicó:

     «Justo ahora estoy estudiando los libros extremadamente problemáticos de Ester y Daniel, que tienen el mismo escenario geográfico e histórico. Si bien no estoy en condiciones de decir algo concluyente sobre ellos, una cosa me parece ya clara. Los reyes (Ahasuero en Ester, y el enigmático Darío hijo de Ahaurus el Meda en Daniel) no fueron emperadores persas sino virreyes a cargo de una provincia árabe del Imperio persa centrada alrededor de Taima, en Hijaz del Norte, con su fortaleza (h-byrh) capital en una Susa, que es la Shusha de hoy, a corta distancia al Sur de Taima. Aquella provincia comprendía 127 distritos... Las satrapías del Imperio persa nunca abarcaron más de aproximadamente 30, de un original de aproximadamente 20. Entre Hadiyya y Kuthah (hdw a kws en Ester 1:1, traducido en el Antiguo Testamento como "India a Etiopía") en Arabia Saudí el número de imarat reconocidos (distritos tribales tradicionales), actualmente, es aproximadamente de 130».

     Las ideas de Salibi son sin duda atractivas, porque si ellas son aceptadas, los acontecimientos relatados en la Biblia hebrea se hacen comprensibles. Para cualquiera que haya estudiado la geografía económica de la clase de Estado que gobernaba Salomón, los mapas del Antiguo Testamento son muy insatisfactorios. Masas de territorios son marcadas como "Moab", "Samaria" o "Judá", sin ninguna explicación económica o geográfica lógica de cómo tales Estados se sostenían a sí mismos. La determinación de Salibi de los antiguos Israel y Judá como Estados que controlaban las rutas comerciales de Arabia occidental tiene más sentido.

     Kamal Salibi había pretendido que su hipótesis proporcionara una respuesta tanto al dilema de la arqueología del Antiguo Testamento como a las inexplicadas ciudades arruinadas que estaban a horcajadas sobre las antiguas rutas comerciales que seguían el borde de los acantilados en Arabia Saudí. Él probablemente esperaba que sus sugerencias fueran tomadas tan cortésmente y seriamente como sus anteriores publicaciones sobre la historia libanesa. El trabajo de Salibi ciertamente no fue cariñosamente recibido. Una fuerte oposición vino de Israel, donde el trabajo de Salibi fue interpretado como una tentativa de socavar la base del Estado judío.

     Desde otros sectores, John Day, editor del Oxford Bible Atlas, condenó la hipótesis de Salibi como "tonterías completas", mientras que el profesor de la Universidad de Cambridge John Emerton y Tudor Parfitt de la Universidad de Londres estuvieron contra Salibi en base a la algo curiosa aseveración de éste de que el hebreo nunca había muerto como una lengua viva. El profesor James Sauer de Pensilvania denunció el libro de Salibi antes de que lo hubiera leído y afirmó: "Jerusalén y Hebrón están exactamente donde la Biblia dice que ellos están".

     Philip Hammond de la Universidad de Utah, en 1991, criticó a Salibi por llegar a conclusiones históricas examinando, principalmente, la evidencia lingüística y arqueológica. Él concluyó:

     «Una revisión apropiada de este libro lamentablemente sometería al lector a un volumen mucho más grande que el que está siendo examinado. La tremenda enormidad, página tras página, de "identificaciones", transmutaciones, evidentes errores históricos, ideas falsas, y problemas similares con la erudición, impiden consideraciones dentro del ámbito de cualquier "reseña". Es difícil entender cómo tal volumen podría haber sido vendido a un público confiado. Quizás el lector académico encontrará un cierto grado de diversión al apreciar la habilidad del autor en sus frustrados ejercicios lingüísticos, pero el lector lego podría, desgraciadamente, ser engañado por el aspecto de la "erudición" presentada.

     «Suponer que nombres similares de lugares, o incluso idénticos, son la prueba de la "identidad" entre dos sitios, es manifiestamente absurdo. Declarar que la arqueología, con sus cronométricas técnicas modernas, no puede determinar localizaciones correctamente es contrario a los hechos. Ignorar los análisis lingüísticos del hebreo bíblico de los Masoretas en la investigación moderna, es presuntuoso. Descartar despreocupadamente toda la erudición moderna en dicho campo es anti-académico en extremo. Mostrar ignorancia de datos arqueológicos y otros publicados a favor de citas seleccionadas y "favorables", de igual manera no es el modo en que el conocimiento avanza. En resumen, no puedo ver ninguna razón de por qué este volumen fue publicado, en su edición alemana original o en su traducción inglesa».

     W. Sibley Towner del Union Theological College en Richmond, Virginia, en 1988 señaló que «El peso de milenios de tradición y toda la investigación moderna... todo trabaja poderosamente contra su tesis», y encontró «no creíble que la memoria colectiva de Israel fuera tan corta que ningún recuerdo en absoluto fuera conservado de una antigua "Jerusalén... en las alturas de Nimas, justo a través del acantilado de Asir"». El gobierno saudita fue el más rudo de todos, destruyendo los sitios que Salibi había identificado como posibles importantes localizaciones del Antiguo Testamento y dando espacio en los periódicos a un comentarista egipcio para que ultrajara a Salibi a la vez que ignoraba sus argumentos. Salibi —declaró el comentarista en 1997 en un artículo que dejó perplejos a los lectores— era como un hombre que buscaba bajo un farol de la calle una moneda que él había perdido en otra parte, sólo porque era más fácil buscar bajo esa luz.

     Bruce Dahlberg, en 1994, criticó a Salibi por haber trabajado solo:

     «El hecho es... que a principios de los años '80 en Beirut, Salibi estaba, para propósitos prácticos, aislado del contacto con hebraístas y eruditos bíblicos de otras partes. Puede ser notado en su libro sobre la Biblia y Arabia que no hay prácticamente ninguna referencia o diálogo con ningún erudito en absoluto. Si este aislamiento contribuyó a la tangente que él tomó, o fue causado por dicha falta de diálogo, o si la circunstancia es relevante en absoluto, no tengo idea. Esto bien puede haber sido un círculo vicioso».

     Jonas Greenfield (1994), concordó:

     «Llamar "estudios bíblicos" a lo que él hace, convierte a nuestro campo, en el sentido más amplio, en una parodia, y uno puede preguntarse realmente sobre el buen dinero (de las becas) Fulbright gastado en esta manera. Es también un poco ridículo decir que él no pudo tener contacto con eruditos en Beirut entonces, ya que Bill Ward estaba en la American University, y había en efecto otros allí. Uno se pregunta».

     El libro y las reseñas de Salibi precedieron a la devastadora revisión de Thompson de la arqueología palestina. Hammond insistió en que:

     «Yo sostengo sobre la base de la evidencia de la arqueología palestina —que se basa en firmes cronologías cruzadas, secuencias estratigráficas, progresiones de cerámicas, desarrollos epigráficos y otros factores— que su hipótesis es errónea».

     La obra de Salibi llamó la atención hacia la delimitación y la carencia de investigación disciplinaria cruzada que hay en los estudios bíblicos. Arabia al Sur de Jordania es absolutamente ignorada y es considerada un área que pertenece a los estudios islámicos por especialistas aislados como Spencer Trimingham e Irfan Shahid, renombrados por su trabajo acerca del cristianismo monofisita; y Chaim Rabin, conocido por su trabajo lingüístico sobre el antiguo idioma árabe occidental, del cual Philip Hammond, cuyas reseñas enfatizan su experiencia como semitista, era penosamente ignorante. Hammond, que usó las expresiones "contrario a los hechos", "anti-académico en extremo" y "presumido", para describir el trabajo de Salibi, reveló un conocimiento lingüístico lamentable y su ignorancia del trabajo de Chaim Rabin, implicando que Arabia en la Antigüedad poseía sólo dos idiomas:

     «Si el hebreo no fue el lenguaje de los "hebreos" sino un idioma "extensamente hablado en Arabia occidental", ¿por qué hay diferencias entre él y el árabe, para no mencionar, en tiempos más tempranos, entre él y el árabe tanto del Norte como del Sur?».

     Pocos eruditos pueden compararse con Irfan Shahid, cuyo conocimiento abarca tanto el pasado etíope como el árabe, y no hay casi nadie que pueda añadir el pasado hebreo para abarcar los tres. Salibi es inusual, ya que, como un árabe cristiano, su cosmovisión del pasado no queda cortada en la frontera jordana como en el caso de sus contemporáneos occidentales. Su postulado de un pasado hebreo relacionado con la península arábiga no debería haber sido rechazado tan rápido, particularmente cuando arqueólogos principales como Kenyon ya habían mostrado que una presencia hebrea antigua del estilo del Antiguo Testamento era muy improbable. Salibi más tarde declaró:

     «Los eruditos bíblicos y los historiadores del Oriente Medio antiguo han llegado a formar un círculo cerrado, que se molesta con las intrusiones no solicitadas en dicho campo. Ellos han construído un edificio basado en fundamentos que son, en la mayor parte de los casos, presunciones, que ellos intentan hacer pasar por hechos, a la vez que rechazan cualquier nueva evaluación radical de la materia».

     En la edición de Noviembre de 1991 del International Journal of Mideast Studies, el profesor John Joseph del Franklin and Marshall College, en Lancaster, Pennsylvania, comentando sobre la revisión que hizo en 1990 Philip Hammond del trabajo de Salibi, escribió:

     «Lo debemos a nosotros mismos así como a él [Salibi]... escudriñar su tesis y la masa de pruebas detalladas que él ha reunido cuidadosamente para defenderla... Cinco años después de la publicación de ese polémico libro [La Biblia Vino de Arabia], quizás la Middle East Studies Association of North America debería dedicar una edición especial de su Boletín, si es que no el International Journal of Mideast Studies, para una evaluación experta y justa de los argumentos de Kamal Salibi y de su enfoque. Mientras tanto, quizás Hammond debiese aclarar a aquellos de nosotros que no tenemos la capacidad de juzgar por nosotros mismos, pero que tenemos alumnos a los cuales enseñar y seminarios que conducir, al menos algunos de los errores más evidentes que él parece haber encontrado a través de todo el libro y corregirlos».

     Ninguno de tales debates se ha producido. A pesar de esto, los comentaristas han seguido debatiendo las ideas de Salibi, sobre todo en Internet. Chris Khoury, escribiendo el 25 de Febrero de 2003, resumió apropiadamente la situación:

     «Tras revisar todos los diarios que pude buscando reseñas de libros y comentarios sobre el trabajo de Salibi, encontré mucha burla, desprecio e indiferencia, pero prácticamente ninguna crítica sustancial».

     El mismo año William Dever de la Universidad de Arizona, profesor de Arqueología del Cercano Oriente, publicó su libro "Quiénes Eran los Antiguos Israelitas y de Dónde Vinieron Ellos?", en el que descartó el trabajo de Salibi como "un libro conocido... completamente desacreditado, por supuesto, por críticos de todos los lados" [2].

[2] William G. Dever, Who Were the Early Israelites and Where did They Come From?, Grand Rapids: Eerdmans, 2003.

     Durante su carrera Dever recibió más de 1.300.000 dólares en subvenciones para excavar en sitios que se creía que eran del antiguo Israel, particularmente en Gezer, y se desempeñó como director del Albright Institute (1971-1975). Él tenía una vasta experiencia en el trabajo editorial académico, conferencias, supervisión y trabajo de investigación, y en publicaciones, y sin embargo la palabra "Arabia" no aparece ni una sola vez en su resumen profesional de 18 páginas. Él y los otros que tienen una experiencia profunda pero sumamente estrecha no están en situación de juzgar la investigación sobre asuntos en los cuales ellos nunca han profesado ningún interés y de los cuales ellos son profundamente ignorantes. Cualquier investigador con un conocimiento elemental del judaísmo árabe habría respondido en una manera más académicamente profesional a las ideas de Salibi.

     Salibi desarrolló sus ideas en tres libros posteriores: Secrets of the Bible People (1988), Conspiracy in Jerusalem: the Hidden Origins of Jesus (1988), y The Historicity of Biblical Israel (1998). Él localizó el desarrollo de la religión israelita temprana en el "anillo de fuego" de la región volcánica de Yemen, y el cautiverio egipcio no en Egipto mismo sino en una colonia egipcia en Arabia, en las regiones de Asir o Jizan en el Sur.

     El comienzo del cautiverio hebreo se ha calculado que ocurrió aproximadamente entre 1800 y 1600 a.C. Los gobernantes egipcios del Reino Medio Amenemhet I (ca. 1938-1908 a.C.) y su hijo, co-regente y posterior monarca Sesostris (ca. 1918-1885 a.C.) restablecieron la capital en Tebas. Desde allí ellos anexaron el Sur tan lejos como hasta la Segunda Catarata, y quizá intervinieron en algo de su área fronteriza asiática. La especulación estimulada por el interés bíblico apunta a Palestina, pero la lógica económica sugiere que es más probable que los egipcios estuvieran más enfocados en controlar las rutas comerciales de Hijaz para asegurarse de que los artículos de lujo fueran canalizados hacia los puertos del Mar Rojo que servían a Tebas más bien que seguir hacia el Norte al Delta de Nilo y el Levante.


     Fue durante ese reinado conjunto que el idioma egipcio escrito fue estandarizado y fue redactado un código de conducta para la monarquía, las Instrucciones para Merikare. Sesostris III (ca. 1836-1818 a.C.), continuando la labor de establecer uniformidad y control central, creó un ejército permanente y una burocracia centralizada, y también estableció fortalezas con guarniciones. Él también fue activo en extender el control en el Sur y en la frontera asiática.

     Si los hebreos hubieran sido puestos bajo control egipcio en ese período, ellos muy probablemente hubieran estado dentro del alcance de Tebas, en Nubia o en Hijaz. Los egipcios nunca desarrollaron un sistema administrativo sistemático fuera de su patria, mucho menos en un asentamiento colonial; pero los nombres de lugares en Arabia occidental, como Yathrib, el antiguo nombre de Medina, indican una presencia sustancial, más probablemente una militar. Salibi enumera veinte localidades en Arabia occidental nombradas en honor de los dioses egipcios antiguos, seis nombres derivados de las "dos tierras" (t’wy), el nombre de Egipto mismo, y otros que llevan el nombre semítico para Egipto, msrm (árabe) y msrym (hebreo del Antiguo Testamento). Muchos de estos nombres de lugares están centrados en el área de Khamis Mushait de la provincia de Asir en Arabia Saudí. La televisión saudita a menudo ha exhibido artefactos egipcios descubiertos en esa área, pero dejó de hacer eso una vez que el libro de Salibi los vinculó a la historia israelita.

     Si el cautiverio y el Éxodo ocurrieron en Arabia, es probable que las guarniciones egipcias se retiraran poco después de que Moisés condujo a los hebreos a la libertad. Los egipcios más tarde parecen haber lanzado incursiones o expediciones punitivas contra Arabia occidental. A diferencia de otros antiguos constructores de Imperios, los egipcios no estaban interesados en establecer un control permanente y colonias fuera de su área doméstica. Salibi ubica el empuje principal de la campaña militar de Sheskonk contra Arabia occidental, no contra Palestina.

     Si la cautividad comenzó ca. 1600 a.C. habría estado asociada con la dinastía de los hicsos, que tenía su sede en el delta (ca. 1630-1523 a.C.), cuando una ola de nueva tecnología barrió Egipto desde Asia, introduciendo nuevas técnicas y perfeccionamientos en la fabricación del bronce, armamentos, tejidos y cerámicas. Los carros tirados por caballos hicieron su estreno. Ése fue un tiempo para un influjo más bien que para un éxodo. El período posterior al reinado de Akenatón (ca.1379-1362 a.C.) estuvo marcado por el caos, ya que la nueva dinastía borró las creencias religiosas heréticas de aquél. Su nueva capital fue abandonada y Ramsés I (1292-1290 a.C.) restableció la antigua capital en el Delta. Disputas dinásticas y religiosas, combinadas con un cambio de la geografía política y económica, habrían hecho más fácil para los hebreos liberarse si ellos hubieran estado bajo el control egipcio en un área periférica. Esto señala a Nubia o Hijaz.

     Como ya se mencionó, Salibi creía que el Éxodo tuvo lugar a lo largo de la franja costera del Mar Rojo antes de ascender por los desfiladeros de Tehama cerca de Taif. En 1997, restos arqueológicos en la planicie costera de Yemen occidental revelaron que, contrariamente a conclusiones anteriores, el área había sido ocupada aproximadamente entre 1400 y 800 a.C. Edward Keall, director de la Misión Arqueológica canadiense del Museo Real de Ontario, comentó: "No sabemos qué es lo que mantenía a la gente en esta área desértica extremadamente marginal". Lo que él encontró extraordinario fue que, en algún momento entre 2400 y 1800 a.C., este pueblo desconocido había construído enormes megalitos de granito. Tres todavía estaban de pie, cada uno de 8 pies de altura (2,40 mts.) y aproximadamente de 20 toneladas de peso. Su informe establecía que aproximadamente otros 15 estaban dispersos alrededor del área, incluyendo un megalito de 20 pies de largo (6 mts.) que surge de la tierra de manera oblicua.

     Keall no podía explicar por qué monumentos de esa magnitud habían sido colocados en un lugar tan desolado. Los pilares, que datan de una época que incluye el Éxodo, están bajo un área volcánica y están en el camino donde Salibi ubica el Éxodo. Es también de interés notar que el libro del Éxodo cap. 24 establece que los israelitas erigieron pilares para representar a las doce tribus. Las conclusiones preliminares, sin embargo, apuntan a la ocupación por un pueblo de la Edad del Bronce. El área fue luego abandonada y permaneció deshabitada entre 800 a.C. y 800 d.C.


     El acantilado de Tehama (o Sarwat) es la localización que propone Salibi para H-yrdn (el Jordán del Antiguo Testamento). En su último libro sobre el Israel árabe, Salibi habla detalladamente de la probable posición del monte Nebo, el estratégico lugar de Moisés desde el cual él contempló la Tierra Prometida en la que él nunca entraría. Salibi señala que si el sitio palestino del monte Nebo es aceptado, es completamente extraordinario que la descripción del Antiguo Testamento no haga ninguna mención del Mar Muerto, que está a corta distancia hacia el Sudoeste.

     Los cuatro libros de Salibi tienen una masa de detalles especulativos no sólo acerca de la verdadera localización de sitios del Antiguo Testamento sino también acerca del simbolismo bíblico. La cantidad de detalles en la obra de Salibi permitió a los críticos atacar posibles pequeñas inexactitudes en una tentativa de destruír la tesis en su totalidad.

     Salibi no sólo había advertido controversias geográficas en el texto masorético sino que también había hecho sugerencias para otras secciones. En un lugar del Cantar de los Cantares (2:14), donde la traducción convencional es "Oh, paloma mía, en las hendiduras de la roca, en el amparo de los riscos...", Salibi consideró que la versión correcta debía ser "Oh, paloma mía, en Jarf Sala, detrás de Madrajah", indicando una disposición a tomar el texto del Antiguo Testamento como una guía geográfica, aun cuando sólo se tratase de poesía. Después de The Bible Came from Arabia, el siguiente libro de Salibi fue Secrets of the Bible People, que sugería que Abraham y Moisés fueron personajes compuestos, tomados de varios otros pueblos, e interpretaba algunas historias del Antiguo Testamento como alegorías sobre deidades populares. Salibi sugirió que el cuento de José era un mito que simbolizaba la muerte de un dios sacrificado, derribando así una de las mayores historias de la Historia. Estos pequeños puntos no le restan mérito a lo esencial de su persuasivo argumento de que la Tierra Prometida estuvo en Arabia occidental.

     La investigación inicial de Salibi fue incentivada por los extensos restos arqueológicos que hay en Asir, Jizan e Hijaz. Es obvio que ellos eran parte de la antigua red cíclica de comercio internacional del pasado, que vinculaba a Arabia del Sur y Mesopotamia con el mundo del Mediterráneo, prosperando y declinando en relación al volumen de tráfico. El gobierno saudita nunca ha tenido una actitud alentadora hacia la arqueología, habiendo el régimen celebrado su toma del poder en 1927 destruyendo la Tumba de Eva en Jeddah [de unos 130 metros de largo]. De esta manera, hasta que los arqueólogos tengan acceso a las ruinas, las hipótesis de Salibi permanecerán no comprobadas.


     Salibi presenta su trabajo declarando que su inspiración le había llegado cuando él quedó impactado al encontrar que la Gaceta Saudita de Nombres de Lugares de 1977 revelaba sorprendentes cantidades de nombres toponímicos demasiado similares a los de la narrativa del Antiguo Testamento como para ser descartados como coincidencias. Esta admisión condujo a muchos de sus críticos a atacar sus conclusiones a causa de que ellas habían sido alcanzadas del mismo modo que, por ejemplo, los Revivalist Christians que afirman que la tribu israelita de Dan emigró a Dinamarca (Danmark en danés); o que el pueblo Motu de Papúa-Nueva Guinea que se pregunta si ellos colonizaron Zanzíbar porque las palabras en lengua swahili para "engaño" y "rápidamente", respectivamente koi-koi y haraka-haraka, son idénticas a las suyas. Más tarde, el trabajo de Salibi fue clasificado junto con el libro de 1990 de Iman Jacob Wilkens "Where Troy Once Stood", que sostiene que los acontecimientos de la guerra de Troya descritos en la Ilíada habían ocurrido en las colinas Gog Magog, en Cambridgeshire, Inglaterra.

     Las conclusiones de Salibi estaban basadas en evidencia que estaba lejos de ser superficial. Lamentablemente cuando él publicó su primer libro sobre el asunto en 1985, pocos arqueólogos de la corriente principal habían concluído que el Antiguo Testamento no era un relato exacto cuando se aplicaba a Palestina. Cuando Salibi finalmente citó las conclusiones de Thompson y otros arqueólogos en 1998, sus opositores habían desarrollado una nueva estrategia para tratar con él. Incapaces de refutar la hipótesis de Salibi, ellos simplemente lo ignoraron. A Axel Knauf, que estudió la evidencia de Arabia del Norte, le pareció que la hipótesis de Salibi no era convincente, aunque está claro que Knauf, como muchos otros, no había tenido en cuenta la evidencia etíope y sabea. Knauf escribió que en su opinión la reina de Saba no había existido [3], pasando por alto la evidencia publicada hacía casi treinta años de las inscripciones sabeas etíopes y la profunda animosidad del clero zadokita hacia ella [Zadok fue el primer sumo sacerdote del templo de Salomón]. Los comentaristas antiguos denigraban a aquellos a los cuales se oponían.

[3] Ernst Axel Knauf, Midian: Untersuchungen zur Geschichte Palastinas und Nordarabiens am Ende des 2.Jahrtausend v. Chr (Investigaciones sobre la Historia de Palestina y Arabia del Norte al Final del Segundo Milenio a.C.). Otto Harrassowitz 1988, aborda las condiciones económicas en Arabia del Norte, pero Knauf, en un correo del 29 de Junio de 1999 al autor, descarta la idea de una localización árabe para el antiguo Israel y Judá, agregando: "En Madián [zona en Hiyaz, en Arabia Saudí] usted leería, en cuanto a la reina de Saba, que ella nunca existió".

     Sabemos muy poco sobre Cristo, pero es un signo seguro de que él existió el que una tradición judía haya desacreditado su pretensión a la monarquía, diciendo que él era el hijo bastardo de un soldado romano. Sólo una tradición judía vinculada al rabino Jonathan de la Palestina de siglo II d.C., afirma que la reina de Saba no existió, declarando que era un rey y no una reina quien gobernaba. Lou Silberman (1974) cita las opiniones de Krauss (1972), quien sostuvo que éste era un intento de desestimar la afirmación etíope de que sus monarcas descendían de Salomón y la Reina de Saba [4].

[4] Lou H. Silberman en Pritchard, James (ed.). Solomon and Sheba, Londres, 1974, p. 68, citando la obra de S. Krauss Die Namen der Königin von Saba, Berlin, 1937. Krauss sin embargo reconoció que el rabino Jonathan no habría conocido el Kebra Nagast, y Etiopía no habría sido un Estado cristiano en aquellos años con un monarca proclamando orgullosamente descender de Salomón. Sin embargo, a juzgar por los escritos contemporáneos de Josefo, que son un resumen de la sección del Ciclo de Saba y Menelik que tratan acerca de la visita de la reina, es altamente probable que el ciclo de Saba y Menelik fuera en realidad conocido por el círculo del rabino Jonathan. Josefo no menciona nada de la creación de una dinastía rival israelita etiope/yemení. No obstante, tal como la desaparición del Arca y el sacerdocio zadokita, los hechos eran probablemente bien conocidos pero fueron suprimidos.

     Al tomar los nombres de lugares y examinando la topografía y otras pruebas, Salibi sugiere que el pueblo hebreo surgió del anillo volcánico de fuego en Yemen, haciendo referencia a una tradición árabe de que el hogar original de los israelitas fue destruído por un volcán. Él cree que la Tierra Prometida de Abraham estaba en la franja costera del Mar Rojo debajo de la cadena montuosa de Tehama al Norte de Yemen (véase el siguiente mapa).


MAPA: El área sombreada es la región que contiene los "hebraísmos" registrados por Chaim Rabin en la "Antigua Arabia Occidental", los nombres de lugares del Antiguo Testamento notados por Kamal Salibi, depósitos de hierro, y una antigua cultura del Arca. El área también está en medio de las rutas comerciales de los lucrativos incienso, oro, piedras preciosas y artículos de lujo de Sabaea (Saba). Esta área fue temporalmente abandonada por el control imperial egipcio y asirio ca. 1000-920 a.C., los mismos años del apogeo de los Estados israelitas bajo David y Salomón.

     La obra de Salibi ofrece soluciones lógicas a las desconcertantes referencias del Antiguo Testamento a Etiopía y Egipto. El texto del Antiguo Testamento se refiere a un pueblo conocido como los cushitas (h-kwšym), que es usualmente tomado como una referencia a los etíopes. El texto de 1º Crónicas habla de los cushitas que viven al lado de la tribu hebrea de Simeón, mientras 2º Crónicas contiene un relato del rey Asa de Judá (ca. 908-867 a.C.) rechazando un ataque del líder cushita Zerah. La dinastía gobernante cushita del Egipto antiguo pertenece a una fecha muy posterior (ca. 716-656 a.C.) y tuvo su origen en Nubia más allá de la Cuarta Catarata del Nilo, en lo que es ahora la parte Norte de Sudán.

     Salibi identificó tres asentamientos urbanos cerca de Abha, la capital de la provincia de Asir, como Msrm, Kws y Saba. Msrm es entendido en el Antiguo Testamento como una referencia a Egipto, mientras Kws (Kush) se entiende como una referencia tanto a Etiopía como a Sudán. Salibi sugirió que éstas eran más probablemente referencias a asentamientos cercanos a Khamis Mushait, actualmente una base de la fuerza aérea saudita, que Salibi sitúa como la localización de la vieja ciudad de Saba. Estas tres ciudades estaban muy cercanas, y si Salibi está en lo correcto, Josefo también queda reivindicado al afirmar que la reina de Saba era también la reina de Msrm y Kws, incorrectamente traducidos como Egipto y Etiopía. También se relata que Moisés se había casado con una esposa de Kws (probablemente cerca de la costa) y había conducido al ejército de Msrm contra Kws (en las tierras altas).

     Salibi coloca la patria original de los filisteos también en Arabia, una opinión apoyada por el antiguo geógrafo Heródoto, y señala que las menciones del Líbano y Tiro en el Antiguo Testamento se referían realmente a Lbyn (un área en la frontera de Asir y Yemen conocida por gigantescos árboles de enebro) y Sr (un asentamiento cerca de Najran). En opinión de Salibi, el monarca Hiram del Antiguo Testamento gobernó Sr y no Tiro en la costa mediterránea, donde no hay registros de ningún rey de aquel nombre. Los barcos de Hiram (‘wnywt) eran muy probablemente barcos del desierto, caravanas de camellos. Los cedros del Líbano que Salomón usó para su enorme programa de trabajos públicos deben haber sido enebros. A diferencia de los enebros, los famosos árboles los cedros del Líbano son un pobre material de construcción. En opinión de Salibi, los límites de la Tierra Prometida, «desde el nhr msrym al nhr prt» no eran referencias al Nilo y al Éufrates sino a dos ríos en Asir. Hacer calzar los nombres de lugares del Antiguo Testamento con los de la Gaceta saudita fue de gran interés cuando él concluye que el Edén y su jardín estuvieron en Al-Junaynah en Wadi Bishah.

     Salibi habla del desarrollo teológico, sugiriendo que la religión israelita había surgido del respeto acordado a diversas deidades de montaña de Arabia occidental, Yahweh, El Sabaoth, El Shalom, El Shaddai y El Elyon. Él cree que la división de los israelitas en Judá e Israel reflejó diferencias tanto religiosas como políticas, y que mientras puede haber habido una división geográfica de Israel al Norte y Judá al Sur, hubo asentamientos cercanos a ambos "reinos" que le debían lealtad a centros de culto y monarcas rivales. Salibi inicialmente ubicó a Jerusalén en An Nimas al Sur de Taif, pero desde entonces ha revisado sus opiniones, diciendo que es más probable que Jerusalén fuera un área y no una ciudad específica, y que la Ciudad de David y la Ciudad de Sión eran ciudades separadas. Él cree que las "tribus perdidas" no se perdieron en absoluto sino que fueron absorbidas en la sociedad de Arabia occidental. Él dio un ejemplo de la tribu bíblica de José con sus dos ramas como siendo el origen de la tribu saudí Bani Yusuf, que afirma descender de dos grupos separados.

     Salibi habló de los problemas que presenta la vocalización del texto del Antiguo Testamento hecha por los eruditos masoréticos políticamente motivados, aunque él admite que los documentos sobrevivientes de ca. 200 a.C. revelan que los judíos creían que la Tierra Prometida era Palestina. Él tomó los detalles de la invasión de Sheshonk para mostrar que los nombres de lugares tenían más sentido si eran aplicados a Arabia occidental que a Palestina, y dedicó una detallada sección acerca de las ciudades natales y pueblos de los exiliados babilónicos (Esdrás 2:3-36) que indican un origen en Arabia occidental más bien que palestino.

     Otras secciones de su libro tratan con la carencia de conclusiones y las exageradas afirmaciones de arqueólogos en Palestina, teorías acerca del desarrollo del monoteísmo, y los casos en las tradiciones árabes que apoyaban la antigua presencia de israelitas en Arabia. Entre aquéllos había pasajes en el Corán que dan una referencia geográfica alternativa a una localización del Antiguo Testamento; por ejemplo, en el Antiguo Testamento Moisés fue llamado por Yahvé al monte Horeb (hrb), mientras que el Corán habla del valle de Tuwa (tw). Salibi encontró nombres de lugares hrb al lado de tw en Jebel Hadi, una región volcánica previamente activa en Asir.

     Los libros de Salibi son muy detallados y están acompañados por unos cuantos mapas, pero no tiene fotografías. La investigación posterior en terreno tendrá que justificar las meticulosas conclusiones de él. Actualmente la actitud hostil del gobierno saudita no permite eso. Sin embargo, el trabajo de Salibi puede ser apoyado por la misma disciplina de la que él admite que sabe poco: la evidencia etiope/eritrea y en particular el ciclo Saba-Menelik del Kebra Nagast [5].–

[5] El texto Kebra Nagast, del que el autor Bernard Leeman es un estudioso, es un texto escrito en etíope antiguo (Ge'ez), redactado en el siglo XIV d.C. Es una combinación de dos textos: el Ciclo de Sheba (Saba) y el Ciclo de Caleb, que describen respectivamente acontecimientos históricos de los siglos X a.C. y VI d.C. El Ciclo de Saba habla de la reina de Saba, su encuentro con el rey Salomón, el hijo de ambos, el viaje de éste hasta el templo de Salomón, el robo del Arca del Pacto y el establecimiento de un Estado israelita en la meseta etiópica ca. 950 a.C.–




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