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lunes, 21 de diciembre de 2015

Gilad Atzmon - ¿El Errante Quién?



     Del conocido crítico político israelí renegado Gilad Atzmon (1963), que reside en Inglaterra y que es un instrumentista músico de jazz, presentamos en castellano el siguiente texto (The Wandering Who?) que publicó en su sitio (gilad.co.uk) en Octubre de 2009 (aunque ya había aparecido en Febrero de 2008). Este texto, anterior a la publicación de su libro homónimo de 2011, es un comentario al libro del historiador universitario israelí Shlomo Sand (1946) "Cuándo y Cómo Fue Inventado el Pueblo Judío" (2008), traducido al inglés como "The Invention of the Jewish People", que cuestiona en base a hechos históricos la verdadera identidad y esencia del pueblo judío, a la vez que echa por tierra sus mitos más publicitados, afirmando al mismo tiempo que los palestinos son auténticos descendientes de los bíblicos israelitas, como puede verse en los capítulos que de él presentamos a fines de Agosto de este año. El señor Atzmon actualmente participa como testigo experto de la defensa en el bullado juicio que la policía del pensamiento en Canadá, por presión de los poderosos grupos sionistas, está llevando contra el editor canadiense Arthur Topham (RadicalPress.com).


¿El Errante Quién?
por Gilad Atzmon
5 de Octubre de 2009



     El historiador universitario profesor Shlomo Sand abre su notable estudio acerca del nacionalismo judío citando a Karl W. Deutsch: "Una nación es un grupo de gente unida por un error común en cuanto a su origen y una hostilidad colectiva hacia sus vecinos" (When and How the Jewish People Was Invented?, Shlomo Sand, Resling, 2008, p. 11).

     Tan simple o incluso simplista como pueda sonar, esta cita resume elocuentemente la ficción de realidad que está entretejida con el nacionalismo judío moderno y especialmente dentro del concepto de la identidad judía. Esto obviamente señala con el dedo al error colectivo que los judíos tienden a cometer siempre que se refieren a su "ilusorio pasado colectivo" y a su "origen colectivo". Sin embargo, al mismo tiempo, la lectura de Deutsch del nacionalismo arroja luz sobre la hostilidad que está desafortunadamente conectada con casi cada grupo judío hacia su realidad circundante, ya sea humana o que tome la forma de una tierra. Mientras la brutalidad de los israelíes hacia los palestinos se ha hecho ya de conocimiento bastante común, el rudo tratamiento que los israelíes reservan para su "tierra prometida" y su paisaje está recién comenzando a a revelarse. El desastre ecológico que los israelíes van a dejar detrás de ellos será la causa del sufrimiento para muchas generaciones venideras. Dejando aparte la muralla megalomaníaca que fragmenta la Tierra Santa en enclaves de depravación y hambre, Israel ha logrado contaminar sus principales ríos [1] y corrientes con desechos nucleares y químicos.

[1] http://www.nytimes.com/1997/07/28/sports/death-tied-to-pollution.html

     "Cuándo y Cómo Fue Inventado el Pueblo Judío" es un estudio muy serio escrito por el profesor Shlomo Sand, un historiador israelí. Es el estudio más serio acerca del nacionalismo judío y, por lejos, la elaboración más valiente acerca de la narrativa histórica judía.

     En su libro, Sand logra demostrar más allá de cualquier duda razonable que el pueblo judío nunca existió como una "nación-raza", y que ellos nunca compartieron un origen común. En vez de eso, ellos son una mezcla abigarrada de grupos que en varias etapas en la Historia adoptaron la religión judía.

     En caso de que usted siga la línea de pensamiento de Sand y resulte preguntarse "¿cuándo fue inventado el pueblo judío?", la respuesta de Sand es bastante simple: «En una cierta etapa en el siglo XIX, intelectuales de origen judío en Alemania, influídos por el carácter popular del nacionalismo alemán, asumieron la tarea de inventar a un pueblo "retrospectivamente", a partir de una necesidad de crear a un moderno pueblo judío» [2]

[2] http://www.haaretz.com/hasen/spages/966952.html

     En consecuencia, el "pueblo judío" es una noción fabricada que consiste en un pasado ficticio e imaginario con muy poco para respaldarlo de manera científica, histórica o textual. Además, Sand —quien detalló la fuentes tempranas de la Antigüedad— llega a la conclusión de que el Exilio judío es también un mito, y que es mucho más probable que los descendientes de la antigua gente semítica de Judea/Canaán sean los palestinos y no la horda ashkenazi de origen jázaro actualmente predominante a la cual él mismo reconocidamente pertenece.

     Bastante sorprendentemente, a pesar de que Sand logra desmantelar la noción de "pueblo judío", aplastar la noción de "pasado colectivo judío" y ridiculizar el ímpetu nacional chovinista judío, su libro es un éxito de ventas en Israel. Este solo hecho puede sugerir que aquellos que se llaman a sí mismos "la gente del libro" están comenzando ahora a aprender sobre el engaño y las devastadoras filosofías e ideologías que los convirtieron en lo que muchos consideran que son los malvados de nuestro tiempo.


Hitler Después de Todo Ganó

     Muy a menudo cuando se le pregunta a un judío "cosmopolita" y "secular" qué es lo que hace de él un judío, una respuesta superflua y extremadamente meditada le llega a usted: "Es Hitler quien me convirtió en un judío". Aunque el judío "cosmopolita", siendo un internacionalista, proscribiría las inclinaciones nacionales de otros pueblos, él insiste en mantener su propio derecho a la "auto-determinación". Sin embargo, no es realmente él mismo quien está en el núcleo de esta demanda única de orientación nacional, sino que es realmente el diablo, el archi-monstruo anti-judío, a saber, Hitler. Aparentemente, el judío cosmopolita celebra su derecho nacionalista mientras que Hitler debe ser culpado.

     En lo que se refiere al judío cosmopolita secular, Hitler ganó después de todo. Sand logra acentuar esta paradoja. Agudamente él sugiere que «mientras en el siglo XIX referirse a los judíos como una "identidad racial ajena" lo marcaría a uno como un anti-judío, en el Estado judío esta misma filosofía está incrustada mental e intelectualmente» (op. cit., p. 31). En Israel los judíos celebran su diferenciación y sus condiciones únicas. Además, dice Sand, "Hubo épocas en Europa en que uno sería etiquetado como un anti-judío por afirmar que todos los judíos pertenecen a una nación de un tipo foránea. Hoy en día, afirmar que los judíos nunca han sido y aún no son un pueblo o una nación, lo etiquetaría a uno como un odiador de los judíos" (Ibid.).

     Es en efecto bastante desconcertante que el único pueblo que logró mantener y sostener una identidad nacional racialmente orientada, expansionista y genocida, que no es diferente en absoluto de la ideología étnica nacionalsocialista, son los judíos, que fueron, entre otros, las principales víctimas apuntadas por la ideología y la práctica nacionalsocilista.


Nacionalismo en General y Nacionalismo Judío en Particular

     Louis-Ferdinand Céline mencionó que en la época de la Edad Media, en los momentos entre importantes guerras, los Caballeros cobrarían un precio muy alto por su preparación a morir en nombre de sus reinos. En el siglo XX los jóvenes se han precipitado a morir en masa sin exigir nada a cambio. A fin de entender este cambio en la conciencia de las masas necesitamos un modelo metódico y elocuente que nos permita entender de qué se trata el nacionalismo.

     Como Karl Deutsch, Sand considera la nacionalidad como una narrativa fantasmal. Es un hecho establecido que los estudios antropológicos e históricos de los orígenes de los diferentes así llamados "pueblos" y "naciones" conducen hacia el bochornoso desmoronamiento de cada etnicidad e identidad étnica. De aquí que sea bastante interesante averiguar que los judíos tienden a tomar muy en serio su propio mito étnico. La explicación puede ser simple, como Benjamin Beit Halachmi descubrió hace años. El sionismo iba a transformar la Biblia desde ser un texto espiritual hasta un "registro de la tierra". En cuanto a eso, la verdad de la Biblia o de cualquier otro elemento de la narrativa histórica judía tienen muy poca importancia mientras no interfieran con la causa o la práctica política nacional judía.

     Uno también podría conjeturar que la carencia de un origen étnico claro no impide a la gente sentir una pertenencia étnica o nacional. El hecho de que los judíos estén lejos de ser lo que uno podría etiquetar como un Pueblo, y que la Biblia tenga muy poca verdad histórica en ella, realmente no impide a generaciones de israelíes y judíos identificarse con el rey David o con "Terminator" Sansón. Evidentemente, la carencia de un origen étnico inequívoco no impide que la gente se vea a sí misma como parte de un pueblo. Del mismo modo, ello no impediría al judío nacionalista sentir que él pertenece a algún colectivo abstracto mayor.

     En los años '70, Shlomo Artzi, en ese entonces un joven cantante israelí que estaba destinado a convertirse en la mayor estrella de rock de Israel de todos los tiempos, publicó una canción que se había convertido en un éxito clamoroso en cuestión de horas. Éstos son los primeros versos:

«De repente un hombre se despierta por la mañana.
Él siente que él es la gente y comienza a caminar.
Y a cada uno con quien se topa él le dice: Shalom».

     Hasta cierto punto Artzi inocentemente expresa en su letra lo repentino y casi imprevisto involucrado en la transformación de los judíos en un Pueblo. Sin embargo, casi simultáneamente, Artzi contribuye al ilusorio mito nacional de la nación que busca la paz. Artzi debería haber sabido en ese entonces que el nacionalismo judío era un acto colonialista a costa de la gente palestina autóctona.

     Aparentemente, el nacionalismo, la pertenencia nacional y el nacionalismo judío en particular, crean una importante tarea intelectual. Curiosamente, los primeros en tratar teórica y metódicamente con cuestiones que tienen que ver con el nacionalismo, fueron los ideólogos marxistas. Aunque Marx mismo dejó de abordar el tema suficientemente, a principios del siglo XX los levantamientos y demandas nacionalistas en Europa central y del Este sorprendieron a Lenin y a Stalin no preparados.

     "La contribución de los marxistas al estudio del nacionalismo puede ser vista como el foco en la profunda correlación que existe entre el surgimiento de la economía libre y el desarrollo del Estado nacional" (Ibid., p. 42). De hecho, Stalin iba a resumir la postura marxista sobre el asunto. "La nación", dice Stalin, "es una colaboración sólida entre seres que fueron creados históricamente y que formaron los siguientes cuatro significativos fenómenos: la comunidad de lengua, la comunidad de territorio, la comunidad de economía y la comunidad de significado psíquico..." (Ibid.).

     Como uno esperaría, la tentativa materialista marxista de entender el nacionalismo carece de una visión histórica de conjunto adecuada. En vez de ello se basaría sobre una lucha de clases. Por algunas obvias razones, tal visión era popular entre aquellos que creen en el "socialismo de una nación". Entre ellos podemos considerar a los defensores de una rama izquierdista del sionismo.

     Para Sand, el nacionalismo evolucionó debido al "enajenamiento creado por la modernidad que separa a la gente de su pasado inmediato" (Ibid., p. 62). La movilidad creada por la urbanización y la industrialización aplastó al sistema social jerárquico así como al continuum entre pasado, presente y futuro. Sand señala que antes de la industrialización, el campesino feudal no necesariamente sentía la necesidad de una narrativa histórica de Imperios y reinos. El súbdito feudal no necesitaba una extensa narrativa histórica abstracta de grandes colectivos, que tenía muy poca importancia para la necesidad existencial concreta e inmediata. «Sin una percepción de progreso social, ellos se las arreglaron bien con un cuento religioso imaginario que contenía un mosaico de memoria que carecía de una dimensión real de un tiempo que se movía hacia adelante. El "final" era el comienzo, y la eternidad, un puente tendido entre la vida y la muerte» (Ibid.).

     En el mundo secular y urbano moderno, el "tiempo" se había convertido en el principal receptáculo de la vida que ilustraba un significado simbólico imaginario. El tiempo histórico colectivo se había convertido en el ingrediente elemental de lo personal e íntimo. La narrativa colectiva le da forma al significado personal y a lo que parece ser "real". En tanto algunas mentes banales todavía insisten en que "lo personal es político", sería mucho más inteligible sostener que, en la práctica, es realmente al contrario. Dentro de la condición post-moderna, lo político es personal y el sujeto es lo hablado más bien que el hablante mismo. La autenticidad, con respecto a esto, es un mito que se reproduce en la forma de un identificador simbólico.

     La lectura que hace Sand del nacionalismo como un producto de la industrialización, la urbanización y el secularismo, tiene mucho sentido cuando tenemos en cuenta la sugerencia de Uri Slezkin de que los judíos son los "apóstoles de la modernidad", el secularismo y la urbanización. Si los judíos resultaran encontrarse en el centro de la urbanización y la secularización, no debería ser una sorpresa para nosotros que los sionistas fueran tan creativos como otros en la invención de su propio cuento imaginario colectivo fantasmal. Sin embargo, a la vez que insistían en su derecho a ser "como cualquier pueblo", los sionistas han logrado transformar su pasado colectivo imaginario en una agenda global, expansionista y despiadada, así como la amenaza más grande para la paz mundial.


No Existe una Historia Judía

     Es un hecho establecido que ni un solo texto de historia judía había sido escrito entre el siglo I y principios del siglo XIX. El hecho de que el judaísmo esté basado en un mito histórico religioso puede tener algo que ver con ello. Un adecuado y cuidadoso examen del pasado judío nunca fue una preocupación primaria dentro de la tradición rabínica. Uno de los motivos es probablemente la carencia de una necesidad de un esfuerzo metódico tal. Para el judío que vivió durante la Antigüedad y la Edad Media, había suficiente en la Biblia para responder a la mayoría de las preguntas relevantes que tienen que ver con la vida cotidiana y con el sentido y el destino judío. Como dijo Shlomo Sand, «un tiempo cronológico secular era extraño al "tiempo de la Diáspora", que fue formado por la expectativa de la venida del Mesías».

     Sin embargo, a la luz de la secularización, urbanización y emancipación alemanas, y debido a la decreciente autoridad de los líderes rabínicos, una necesidad emergente de una causa alternativa surgió entre los intelectuales judíos que despertaban. El judío emancipado se preguntó quién era él y de dónde venía. Él también comenzó a especular sobre cuál podría ser su rol dentro de la sociedad europea que se abría rápidamente.

     En 1820 el historiador judío alemán Isaak Markus Jost (1793-1860) publicó el primer trabajo histórico serio sobre los judíos, a saber, "La Historia de los Israelitas". Jost evitó el período bíblico y prefirió comenzar su viaje con el reino de Judea. Él también compiló una narrativa histórica de diferentes comunidades judías de todo el mundo. Jost comprendió que los judíos de su tiempo no formaban una continuum étnico. Él comprendió que los israelitas de un lugar a otro eran bastante diferentes. De ahí que él pensara que no había nada en el mundo que debiese impedir a los judíos la asimilación total. Jost creía que dentro del espíritu de la Ilustración, tanto los alemanes como los judíos volverían la espalda a la institución religiosa opresiva y formarían una nación sana basada en un creciente sentido de pertenencia geográficamente orientado.

     Aunque Jost estuviera consciente del desarrollo del nacionalismo europeo, sus seguidores judíos estaban más bien descontentos con su optimista lectura liberal del futuro judío. «Desde el historiador Heinrich Graetz en adelante, los historiadores judíos comenzaron a dibujar la historia del judaísmo como la historia de una nación que había sido un "reino", expulsada al "exilio", convertida en un pueblo errante y que finalmente se devolvió y regresó a su lugar de nacimiento».

     Para Moisés Hess sería una lucha racial más bien que una lucha de clases la que definiría la forma de Europa. En consecuencia, sugiere Hess, los judíos mejor debían retornar y reflexionar sobre su herencia cultural y origen étnico. Para Hess, el conflicto entre judíos y Gentiles era el producto de la diferenciación racial, y de ahí, inevitable.

     El camino ideológico que va desde la orientación racista pseudo-científica de Hess hasta el historicismo sionista es bastante obvio. Si los judíos son en efecto una entidad racial foránea (como creían Hess, Jabotinsky y otros), ellos mejor habrían de buscar su patria natural, y esa patria no es ninguna otra que el Eretz Yizrael. Claramente, la suposición de Hess en cuanto a un continuum racial no fue científicamente aprobada. A fin de mantener la fantasmal narrativa emergente, tuvo que ser erigido un orquestado mecanismo de negación sólo para asegurarse de que algunos hechos embarazosos no interferirían con la creación nacional emergente.

     Sand sugiere que el mecanismo de negación fue en gran parte orquestado y muy bien meditado. La decisión de la Universidad Hebrea en los años '30 de dividir Historia Judía e Historia General en dos departamentos distintos era mucho más que sólo un asunto de conveniencia. El logos detrás de dicha división es un indicio de la auto-comprensión judía. A los ojos de los académicos judíos, la condición judía y la psique judía eran únicas y deberían ser estudiadas por separado. Aparentemente, incluso dentro de la academia judía, un status supremo está reservado para los judíos, su historia y su auto-percepción. Como Sand agudamente descubre, dentro de los departamentos de Estudios Judíos el investigador se dispersa entre lo mitológico y lo científico mientras el mito mantiene su primacía. Y, sin embargo, esto a menudo entra en un dilema atascante debido a los "pequeños hechos engañosos".


El Nuevo Israelita, la Biblia y la Arqueología

     En Palestina, los nuevos judíos y más tarde los israelíes estaban determinados a reclutar el Antiguo Testamento y a transformarlo en el código amalgamador del judío futuro. La "nacionalización" de la Biblia iba a plantar en los judíos jóvenes la idea de que ellos son los seguidores directos de sus grandes antepasados antiguos. Teniendo en cuenta el hecho de que la nacionalización fue en gran parte un movimiento secular, la Biblia fue despojada de su significado espiritual y religioso, y fue vista, en cambio, como un texto histórico que describe una cadena real de acontecimientos del pasado. Los judíos que habían logrado ahora matar a su dios aprendieron a creer en ellos. Masada, Sansón y Bar-Kochba se convirtieron en narrativas suicidas maestras.

     A la luz de sus antepasados heroicos, los judíos aprendieron a amarse a sí mismos tanto como ellos odian a otros, salvo que esta vez ellos poseían el poder militar para provocar un dolor real a sus vecinos. Más preocupante era el hecho de que en vez de una entidad sobrenatural —a saber, Yahvé— que les ordena que ellos invadan la tierra y lleven a cabo un genocidio y roben su "tierra prometida" a sus habitantes autóctonos, dentro de su proyecto de renacimiento nacional fueron ellos por sí mismos, Herzl, Jabotinsky, Weitzman, Ben-Gurión, Sharon, Peres, Barak, quienes decidieron expulsar, destruír y matar. En vez de Yahvé, se trataba entonces de los judíos que mataban en nombre del pueblo judío. Ellos lo hicieron mientras los símbolos judíos decoran sus aviones y tanques. Ellos siguieron órdenes que fueron dadas en el lenguaje recién restaurado de sus antepasados.

     Bastante sorprendentemente, Sand, quien es sin duda un académico sobresaliente, deja de mencionar que el secuestro sionista de la Biblia fue de hecho una desesperada respuesta judía al Romanticismo Temprano alemán. Sin embargo, a la vez que los filósofos, los poetas, los arquitectos y los artistas alemanes estaban ideológica y estéticamente excitados con respecto a la Grecia pre-socrática, sabían muy bien que ellos no eran exactamente hijos e hijas del Helenismo. El judío nacionalista fue un paso más adelante: él se incluyó a sí mismo en una fantasmal cadena de sangre que se remontaba a sus míticos antepasados, no mucho después de que él restaurara el antiguo idioma de aquéllos. Más bien que una lengua sagrada, el hebreo se había convertido en un lenguaje hablado. El Romanticismo Temprano alemán nunca fue tan lejos.

     Los intelectuales alemanes durante el siglo XIX estaban también totalmente conscientes de la diferencia entre Atenas y Jerusalén. Para ellos, Atenas significaba el capítulo universal y épico de la Humanidad y el humanismo. Jerusalén era, por el contrario, el gran capítulo de la barbarie tribal. Jerusalén era una representación del despiadado dios banal, anti-universal y monoteísta, el que asesina a los ancianos y los niños. La temprana Era Romántica germánica nos dejó a Hegel, Nietzsche, Fichte y Heidegger y sólo a unos pocos judíos odiadores de sí mismos, entre ellos principalmente a Otto Weininger. El habitante de Jerusalén no nos dejó un solo maestro pensador ideológico. Algunos eruditos judíos alemanes de segunda categoría trataron de predicar Jerusalén en los foros germánicos, entre los cuales estaban Herman Cohen, Franz Rosenzveig y Ernst Bloch. Ellos obviamente no se dieron cuenta de que eran los rastros de Jerusalén en el cristianismo lo que los tempranos Románticos alemanes despreciaban.

     En su esfuerzo por resucitar a "Jerusalén", la Arqueología fue reclutada para proporcionar a la épica sionista sus fundamentos "científicos" necesarios. La Arqueología debía unificar el tiempo bíblico con el momento del renacimiento. Probablemente el momento más asombroso de esta extraña tendencia fue la "ceremonia de entierro militar" de Mayo de 1982 de los huesos de Shimon bar-Kochba, un rebelde judío que murió 2.000 años antes [3]. Llevada a cabo la ceremonia por el principal rabino castrense, a algunos huesos esporádicos encontrados en una cueva cerca del Mar Muerto se les dio un entierro militar televisado. En la práctica, unos dudosos restos de un rebelde judío del siglo I fueron tratados como si fuese una baja del ejército israelí (IDF). Claramente, la arqueología tenía un papel nacional que jugar, y fue reclutada para cohesionar el pasado y el presente, a la vez que excluía el Galut (Exilio o Diáspora).

[3] http://www.jewishpress.com/sections/features/features-on-jewish-world/the-burial-of-the-bar-kochba-bones/2015/02/12/ y https://highered.nbclearn.com/portal/site/HigherEd/flatview?cuecard=6107

     Bastante asombrosamente, no pasó mucho tiempo antes de que las cosas tomaran un giro opuesto. Puesto que la investigación arqueológica se hace cada vez más independiente del dogma sionista, la incómoda verdad se filtró. Sería imposible basar la veracidad del cuento bíblico en hechos forenses. Si es que algo, la arqueología refuta la historicidad de la historia bíblica. Las excavaciones revelaron el hecho embarazoso: la Biblia es una innovadora colección de literatura ficticia.

     Como señala Sand, la historia bíblica temprana está empapada con filisteos, arameos y camellos. De manera bastante desconcertante, en cuanto las excavaciones nos ilustran, los filisteos no aparecieron en la región antes del siglo XII a.C., los arameos aparecen un siglo más tarde y los camellos no mostraron sus caras alegres antes del siglo VIII. Estos hechos científicos llevan a los investigadores sionistas a una confusión severa. Sin embargo, para investigadores no-judíos como Thomas Thompson, quedó bastante claro que la naración bíblica es "una colección tardía de literatura innovadora escrita por un talentoso teólogo" (Sand, op. cit., p. 117). La Biblia parece ser un texto ideológico que debía servir para una causa social y política. De manera bastante bochornosa, no se encontró mucho en Sinaí para demostrar la historia del legendario Éxodo egipcio, donde aparentemente 3 millones de hombres, mujeres y niños hebreos marcharon por el desierto durante 40 años sin dejar un solo rastro detrás, ni siquiera un solo pan sin levadura.

     La historia del reasentamiento bíblico y el genocidio de los cananeos que los israelíes contemporáneos imitan con tanto éxito son otros mitos. Jericó, la protegida ciudad que fue derribada por los sonidos de cuernos y una todopoderosa intervención sobrenatural, era sólo un pueblo diminuto durante el siglo XIII a.C.

     Mientras Israel se considera a sí mismo como la resurrección del monumental reino de David y Salomón, la excavación que se llevó a cabo en la Ciudad Vieja de Jerusalén en los años '70 reveló que el reino de David no era más que un diminuto asentamiento tribal. La evidencia que (el arqueólogo) Yigal Yadin relacionó con el rey Salomón había sido refutada más tarde por pruebas forenses hechas con el carbono 14. El hecho inquietante ha sido científicamente establecido: la Biblia es un cuento ficticio, y no mucho allí puede dar base ni glorificar la existencia del pueblo hebreo en Palestina en ninguna etapa.


¿Quién Inventó a los Judíos?

     En las primeras páginas de su texto, Sand plantea las preguntas cruciales y probablemente las más relevantes: ¿Quiénes son los judíos?; ¿de dónde vinieron ellos?; ¿cómo es que en diferentes períodos históricos ellos aparecen en algunos sitios muy diferentes y remotos?.

     Aunque la mayoría de los judíos contemporáneos estén completamente convencidos de que sus antepasados son los israelitas bíblicos que resultaron ser brutalmente desterrados por los romanos, la verdad debe ser dicha. Los judíos contemporáneos no tienen nada que ver con los antiguos israelitas, quienes nunca fueron enviados al exilio porque tal expulsión nunca tuvo lugar. El Exilio causado por los romanos es sólo otro mito judío.

     "Comencé a mirar los estudios de investigación sobre el exilio desde aquella tierra", dice Sand en una entrevista con el periódico Haaretz [4], "pero para mi asombro descubrí que no hay ninguna literatura al respecto. La razón es que nadie desterró a la gente del país. Los romanos no exiliaban pueblos y ellos no podían haber hecho eso incluso si lo hubiesen querido. Ellos no tenían trenes ni camiones para deportar a poblaciones enteras. Aquella clase de logística no existió sino hasta el siglo XX. A partir de esto, en efecto, nació el libro entero: de la comprensión de que la sociedad judaica no fue dispersada ni fue desterrada".


     En efecto, a la luz de la simple percepción de Sand, la idea del exilio judío es risible. Pensar que la marina imperial romana trabajaba todo el día todos los días arrastrando a la fuerza a judíos hacia Córdoba y Toledo puede ayudar a los judíos a sentirse importantes así como dignos de ser exiliados, pero el sentido común sugeriría que la armada romana tenía cosas mucho más importantes que hacer.

     Sin embargo, mucho más interesante es el resultado lógico: si la gente de Israel no fue expulsada, entonces los verdaderos descendientes de los habitantes del reino de Judá deben ser los palestinos...

     «Ninguna población permanece pura por un período de miles de años», dice Sand. «Pero las probabilidades de que los palestinos sean descendientes del antiguo pueblo judaico son mucho mayores que las probabilidades de que usted o yo seamos sus descendientes. Los primeros sionistas, hasta la Rebelión árabe [1936-1939], sabían que no había habido ningún exilio, y que los palestinos descendían de los habitantes de la tierra. Ellos sabían que los agricultores no se marchan sino hasta que ellos son expulsados. Incluso Yitzhak ben-Zvi, el segundo Presidente del Estado de Israel, escribió en 1929 que "la gran mayoría de los campesinos agricultores no tiene sus orígenes en los conquistadores árabes, sino más bien antes de entonces, en los agricultores judíos que eran numerosos y la mayoría en la constitución de la tierra"».

     En su libro Sand va más adelante aún y sugiere que hasta el Primer Levantamiento árabe (1929) los presuntos líderes sionistas izquierdistas tendieron a creer que los campesinos palestinos, quienes son realmente "judíos por su origen", se asimilarían dentro de la cultura hebrea emergente y finalmente se integrarían al movimiento sionista. Ber Borochov creía que "un falach (campesino palestino), vestido como un judío, y comportándose como un judío de clase obrera, no será en absoluto diferente del judío". Esta misma idea reapareció en el texto de Ben-Gurión y Ben-Zvi en 1918. Ambos líderes sionistas comprendieron que la cultura palestina estaba empapada con rastros bíblicos, tanto lingüística como geográficamente (nombres de villas, pueblos, ríos y montañas). Tanto Ben-Gurión como Ben-Zvi consideraron, al menos en aquella temprana etapa, a los palestinos autóctonos como parientes étnicos que tenían derecho a la tierra y como potenciales hermanos. Ellos también consideraban al Islam como una amistosa "religión democrática". Claramente, después de 1936 tanto Ben-Zvi como Ben-Gurión atenuaron su entusiasmo "multicultural". Por lo que se refiere a Ben-Gurión, la limpieza étnica de los palestinos pareció ser mucho más atractiva.

     Uno puede preguntarse: si los palestinos son los verdaderos judíos, ¿quiénes son aquellos que insisten en llamarse a sí mismos "judíos"?.

     La respuesta de Sand es bastante simple, y sin embargo tiene mucho sentido: "La gente no fue dispersada, pero la religión judía sí se difundió. El judaísmo era una religión proselitista. Contrariamente a la opinión popular, en el judaísmo temprano había una gran sed de convertir a otros".

     Claramente, las religiones monoteístas, siendo menos tolerantes que las politeístas, tienen dentro de ellas un ímpetu creciente. El expansionismo judaico en sus primeros días era no sólo similar al cristianismo sino que fue dicho expansionismo el que plantó las semillas difusoras en el pensamiento y la práctica del cristianismo temprano.

     "Los hasmoneos", dice Sand, "fueron los primeros en comenzar a producir grandes cantidades de judíos mediante la conversión de masas, bajo la influencia del helenismo. Fue esta tradición de conversiones la que preparó el terreno para la posterior amplia diseminación del cristianismo. Después de la victoria del cristianismo en el siglo IV, el ímpetu de las conversiones se detuvo en el mundo cristiano, y hubo un rápido descenso en el número de judíos. Presumiblemente muchos de los judíos que aparecieron alrededor del Mediterráneo se hicieron cristianos. Pero entonces el judaísmo comenzó a difundirse por otras regiones, regiones paganas, como por ejemplo Yemen y África del Norte. Si el judaísmo no hubiera continuado avanzando en aquella etapa y si no hubiera seguido convirtiendo gente en el mundo pagano, hubiéramos permanecido como una religión completamente marginal, si hubiésemos sobrevivido en absoluto".

     Los judíos de España, de quienes creíamos que tenían lazos de sangre con los antiguos israelitas, parecen ser bereberes convertidos.

     "Me pregunté", dice Sand, "cómo tales grandes comunidades judías aparecieron en España. Y luego vi que Tariq ibn-Ziyad, el comandante supremo de los musulmanes que conquistaron España, era un bereber, y que la mayor parte de sus soldados eran bereberes. El reino bereber judío de Dahia al-Kahina había sido derrotado sólo 15 años antes. Y la verdad es que hay varias fuentes cristianas que dicen que muchos de los conquistadores de España eran judíos conversos. La fuente profundamente arraigada de la gran comunidad judía en España fueron aquellos soldados bereberes que se convirtieron al judaísmo".

     Como uno esperaría, Sand aprueba la presunción generalmente aceptada de que jázaros judaizados constituyeron los principales orígenes de las comunidades judías en Europa del Este, a las que él llama la Nación Yíddish. Cuando se le pregunta cómo es que ellos resultaron hablar yíddish, que en gran parte es considerado como un dialecto medieval alemán, él contesta: "Los judíos eran una clase de gente dependiente de la burguesía alemana en el Este, y por eso ellos adoptaron palabras alemanas".

     En su libro Sand logra producir un detallado relato de la saga jázara en la historia judía. Él explica lo que condujo al reino jázaro hacia la conversión. Teniendo en cuenta que el nacionalismo judío, en su mayor parte, es conducido por una élite jázara, deberíamos ampliar nuestro conocimiento íntimo de este muy único e influyente grupo político. La traducción de la obra de Sand a idiomas extranjeros es un deber inmediato.


¿Y Después Qué?

      El profesor Sand nos deja con la conclusión inevitable: los judíos contemporáneos no tienen un origen común, y su origen semítico es un mito. Los judíos no tienen su origen en Palestina en absoluto y, por lo tanto, su acción de un supuesto "retorno" a su "tierra prometida" debe ser comprendida como una invasión llevada a cabo por un clan tribal e ideológico.

     Sin embargo, aunque los judíos no constituyan ningún continuum racial, ellos por alguna razón resultan estar racialmente orientados. Como podemos notar, muchos judíos todavía ven el matrimonio mixto como la amenaza última. Además, a pesar de la modernización y la secularización, la gran mayoría de aquellos que se identifican como judíos seculares todavía sucumbe al ritual de sangre (circuncisión), un procedimiento religioso único que implica nada menos que la succión de sangre por un mohel [el rabino especializado en dicho ritual].

     Por lo que se refiere a Sand, Israel debería llegar a convertirse en "un Estado de sus ciudadanos". Tal como Sand, yo mismo creo en la misma visión utópica futurista. Sin embargo, a diferencia de Sand, comprendo que el Estado judío y sus lobbies que lo apoyan deben ser primero ideológicamente derrotados. La hermandad y la reconciliación son extrañas a la cosmovisión tribal judía y no tienen ningún espacio dentro del concepto del renacimiento nacional judío. Tan dramático como pueda sonar, un proceso de des-judificación debe ocurrir antes de que los israelíes puedan adoptar cualquier noción moderna universal de vida civil.

     Sand es sin duda un importante intelectual, probablemente el pensador israelí izquierdista más avanzado. Él representa la forma más alta de pensamiento que un israelí secular puede conseguir antes de cambiar o incluso desertar al lado palestino (algo que le sucedió sólo a unos pocos, incluído yo mismo). El entrevistador de Haaretz Ofri Ilani dijo acerca de Sand que, a diferencia de otros "nuevos historiadores" que han tratado de debilitar las presunciones de la historiografía sionista, "Sand no se contenta con volver hasta 1948 o a los comienzos del Sionismo, sino que remonta miles de años". Éste es en efecto el caso. A diferencia de los "nuevos historiadores" que "descubren" una verdad que es conocida por cada niño palestino, es decir, la verdad de ser étnicamente limpiado, Sand erige un cuerpo de trabajo y pensamiento que apunta a la comprensión del sentido del nacionalismo judío y de la identidad judía. Ésta es en efecto la verdadera esencia de la erudición.

     Más bien que coleccionar algunos fragmentos históricos esporádicos, Sand busca el sentido de la Historia. Más bien que un "nuevo historiador" que busca un nuevo fragmento, él es un verdadero historiador motivado por una tarea humanista. De manera más fundamental, a diferencia de algunos de los historiadores judíos que contribuyen al así llamado discurso de Izquierda, la credibilidad y el éxito de Sand están basados en su argumento más bien que en sus antecedentes familiares. Él evita sazonar su argumento con sus parientes sobrevivientes del "Holocausto". Leyendo el feroz argumento de Sand, uno debería admitir que el sionismo con todas sus faltas ha logrado erigir dentro de sí un discurso disidente orgulloso y autónomo que es mucho más elocuente y brutal que el movimiento anti-sionista entero de todo el mundo.

     Si Sand está en lo correcto, y yo mismo estoy convencido por la fuerza de su argumento, entonces los judíos no son una raza sino más bien un colectivo de muchas personas que están en gran parte secuestradas por un movimiento nacional fantasmal tardío. Si los judíos no son una raza, realmente no forman un continuum racial y no tienen nada que ver con el semitismo, de manera que la acusación de "anti-semitismo" es, categóricamente, un significante vacío. Esto obviamente se refiere a un significante que no existe. En otras palabras, nuestra crítica del nacionalismo judío, del lobbismo judío y del poder judío sólo puede ser comprendida como una crítica legítima de su ideología y su práctica.

     Una vez más puedo decir que no estamos y nunca hemos estado contra los judíos (la gente) ni contra el judaísmo (la religión). Sin embargo, estamos en contra de una filosofía colectiva que tiene algunos claros intereses globales. A algunos les gustaría llamarlo Sionismo pero yo prefiero no hacer eso. El sionismo es un significante vago que es lejos demasiado estrecho para capturar la complejidad del nacionalismo judío, su brutalidad, su ideología y su práctica. El nacionalismo judío es un espíritu, y el espíritu no tiene límites claros. De hecho, ninguno de nosotros sabe exactamente dónde acaba la judeidad y dónde comienza el sionismo, así como no sabemos dónde acaban los intereses israelíes y dónde comienzan los intereses neoconservadores.

     Por lo que se refiere a la causa palestina, el mensaje es más bien devastador. Nuestros hermanos y hermanas palestinos están en la vanguardia de una lucha contra una filosofía muy devastadora. Sin embargo, claramente no son sólo los israelíes a quienes ellos combaten, junto con una filosofía pragmática más bien feroz que inicia conflictos globales a una escala gigantesca. Se trata más bien de una práctica tribal que busca tener influencia dentro de los pasillos del poder y de las súper-potencias en particular. El American Jewish Committee insiste en una guerra contra Irán. Sólo para estar en el lado seguro, David Abrahams, un "Amigo Laborista de Israel" dona dinero al Partido Laborista mediante intermediarios. Más o menos al mismo tiempo dos millones de iraquíes mueren en una guerra ilegal diseñada por un tal Wolfowitz. Mientras todo lo dicho está ocurriendo, millones de palestinos son privados de comida en campos de concentración, y Gaza está al borde de una crisis humanitaria. Mientras todo esto sucede, judíos "anti-sionistas" y judíos de Izquierda (incluído Chomsky) insisten en desmantelar la elocuente crítica contra el AIPAC, el lobby judío y el poder judío planteada por Mearsheimer y Walt en "The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy" [5].

[5] http://www.lrb.co.uk/v28/n06/john-mearsheimer/the-israel-lobby

     ¿Es sólo Israel?, ¿es realmente el sionismo?, ¿o admitiremos que es algo mucho mayor que lo que tenemos derecho incluso a contemplar dentro de los límites intelectuales que impusimos sobre nosotros mismos? Como están las cosas, carecemos del coraje intelectual para encarar el proyecto nacional judío y sus muchos mensajeros alrededor del mundo. Sin embargo, ya que todo se trata de un asunto de cambio de conciencia, las cosas van a cambiar pronto. De hecho, este mismo texto debe demostrar que ellas ya están cambiando.

     Apoyar a los palestinos es salvar el mundo, pero a fin de hacer aquello tenemos que ser lo bastante valerosos para levantarnos y admitir que ésta no es simplemente una batalla política. No es sólo Israel, su ejército o su dirigencia, y ni siquiera es Dershowitz, Foxman y sus grupos silenciadores. Se trata realmente de una guerra contra un espíritu canceroso que secuestró a Occidente y, al menos momentáneamente, lo desvió de su inclinación humanista y sus aspiraciones atenienses. Luchar contra un espíritu es mucho más difícil que combatir a gente, precisamente porque uno debería luchar primero contra sus huellas dentro de uno mismo. Si queremos luchar contra Jerusalén, deberíamos encarar primero a la Jerusalén interior. Nosotros deberíamos estar delante del espejo, y mirar alrededor de nosotros. Deberíamos descubrir la empatía en nosotros mismos, en caso de que quede algo de ella.–




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