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martes, 15 de diciembre de 2015

El Monte del Templo y la Fortaleza Antonia



     Del teólogo e historiador estadounidense Ernest L. Martin (1932-2002), algunos de cuyos argumentos presentamos en la entrada anterior, autor de una decena de libros, siendo el más famoso e influyente "The Temples that Jerusalem Forgot" (1999), ofrecemos ahora en castellano un artículo (askelm.com) que trata acerca del fraude de identificar la que fue la romana Fortaleza Antonia en Jerusalén (la actual Explanada de las Mezquitas) con el sitio donde estuvo el templo judío. Aquí el señor Martin da importancia al testimonio de Flavio Josefo, testigo de la destrucción de dicha ciudad, al testimonio del Nuevo Testamento, y a hallazgos arqueológicos, en un razonamiento sólido y coherente que sitúa dicho templo al Sur de dicha Fortaleza, único monumento sobreviviente de la guerra romano-judía.


El "Monte del Templo" y la Fortaleza Antonia
por Ernest L. Martin, Ph. D.
Abril de 1998



     Todos recordamos el dicho de que una imagen vale por mil palabras. Es muy verdadero. Cuando somos capaces de ver un sitio acerca del cual hemos estado leyendo o escuchando, la información histórica y arquitectónica asociada con el área se hace mucho más significativa y el asunto es mejor entendido.

      Ése es ciertamente el caso con el Templo construído por Herodes el Grande que existió en el tiempo del Cristo Jesús junto con la fortaleza adyacente que dominaba el paisaje, conocida como la Fortaleza Antonia. La verdad es que nadie en la Historia moderna (ni en los últimos 1.900 años) realmente ha presenciado el complejo de edificios que albergaba el santo Santuario y la fortaleza que fue construída para protegerlo. Ésta es una de las razones de por qué he querido presentar la primera visión general del aspecto que el Templo y la Fortaleza Antonia tenían para los habitantes de Jerusalén durante la época de Jesús. Una vez que reconozcamos la situación real de las dos estructuras, y una vez que usted comprenda sus dimensiones, muchos puntos de la enseñanza de aquello que observamos en el Nuevo Testamento tendrá mucho más sentido para nosotros.

      En pocas palabras, una verdadera perspectiva de aquellos dos edificios que ocuparon la mayor parte de Jerusalén Noreste (al Oeste del Monte de los Olivos y el Monte de la Ofensa [1]) proporcionará un panorama que mostrará la completa belleza y majestad de la Ciudad Madre de los judíos en la primera parte del siglo I. Sin duda, era una demostración espléndida e imponente de grandeza arquitectónica. (...)

[1] Al Este de Jerusalén hay una serie de colinas, separadas por el valle de Josafat (donde corre el arroyo Kidron), donde se destacan tres cimas: al Norte el monte Scopus, al centro el Monte de los Olivos, y al Sur el Monte de la Ofensa, de la Ruina, del Escándalo o de la Corrupción (Mount of Offense), llamado así porque allí Salomón habría erigido santuarios a otros dioses.


      Mi primera visita a Jerusalén fue en el año 1961. Desde entonces he retornado a la ciudad más de treinta veces. Aunque yo sea un estadounidense, he enseñado profesionalmente en universidades en Inglaterra, donde viví durante catorce años (desde 1958 hasta 1972). En Jerusalén trabajé personalmente cada día con el profesor Benjamin Mazar en las excavaciones arqueológicas en las murallas occidental y Sur del Haram esh-Sharif. Mi asociación de trabajo con el profesor Mazar en aquel sitio duró dos meses cada verano entre los años 1969 y 1973. Durante aquel período de cinco veranos fui el supervisor académico de 450 estudiantes universitarios de todo el mundo que participaron en aquella excavación arqueológica dirigida por el profesor Mazar. Además de esta asociación profesional particular en la excavación, he guiado personalmente a más de 800 personas alrededor de todas las áreas de Israel explicando su historia bíblica y secular.

     Aunque yo no sea un arqueólogo de profesión (mi magíster es en Teología y mi doctorado es en Educación), he escrito varios libros y otros estudios principales sobre la historia y geografía de Jerusalén, sobre todo en los períodos de Jesús, el Imperio romano y Bizancio. Menciono estos breves puntos biográficos para mostrar que he tenido una considerable oportunidad de estudiar y conocer la historia de la Jerusalén antigua.


Observando Jerusalén desde el Monte de los Olivos

      La vista es espectacular. No hay ninguna escena de otras áreas de Jerusalén que pueda replicar la grandeza de los antiguos restos arqueológicos de la ciudad. Lo que domina la escena, cuando uno mira al Oeste, es un cuerpo rectangular de murallas con piedras gigantescas perfectamente alineadas unas con otras en sus cursos inferiores. Esos cuatro muros presentan al observador un sentimiento de majestad y temor por lo que los Antiguos fueron capaces de realizar mediante sus logros arquitectónicos. Esos muros rodean el área actualmente conocida como el Haram esh-Sharif (el Noble Recinto). Las piedras de las hileras inferiores en aquellas murallas están en sus posiciones originales. Ellas todavía están colocadas con precisión unas encima de otras sin ningún desplazamiento importante de sus alineaciones originales. Esas piedras inferiores son claramente Herodianas en su origen, y en algunos sitios en la parte Este de la muralla ellas son pre-Herodianas. Hay seguramente más de 10.000 de esas piedras todavía en el lugar en que ellas estaban en el tiempo de Herodes y de Jesús.

     Ninguna autoridad arqueológica ha sido capaz de contar todas las piedras de las cuatro murallas que rodean al Haram esh-Sharif porque muchas de las piedras todavía están escondidas a la vista. Pero en el sitio sagrado en la Muralla Occidental (a menudo llamada "El Muro de los Lamentos") hay siete hileras actualmente visibles dentro de aquella longitud de 60 metros de la pared en dirección Norte/Sur. Aquella sección contiene aproximadamente 450 piedras Herodianas. Hay, sin embargo, ocho hileras más de piedras Herodianas debajo del suelo hasta el nivel de la tierra que existió en el tiempo de Herodes y Jesús. Incluso debajo de aquel antiguo nivel de tierra, hay unas nueve hileras adicionales de piedras basales.

     Si aquella sección entera del "Muro de los Lamentos" pudiera ser expuesta, uno sin duda podría contar alrededor de 1.250 piedras Herodianas (probablemente más) de diversos tamaños. La mayor parte de las piedras son aproximadamente de 1 metro de alto y entre 1 y 3,5 metros de largo, pero hay longitudes variables de hasta 12 metros (pesando las piedras más grandes aproximadamente 70 toneladas). Se ha encontrado una piedra en el Muro Occidental que tiene el prodigioso peso de 400 toneladas (Meir Ben-Dov, Mordechai Naor y Zeev Aner, "The Western Wall", pp. 61 y 215). Si uno pudiera extenderse extrapolando el número de piedras que componen las cuatro paredes que rodean al Haram, tendría que haber más de 10.000 piedras Herodianas y pre-Herodianas todavía en el lugar como las había hace aproximadamente 2.000 años. Todas esas piedras en aquellas cuatro murallas sobrevivieron a la guerra romano-judía de 70-73 d.C.

     La magnífica pieza central dentro del recinto entero es el lugar sagrado musulmán llamado la Cúpula de la Roca. Está centralmente localizada en una dimensión Norte/Sur dentro del área rectangular del Haram. Al sur de la Cúpula y lindando con la muralla Sur hay otro edificio grande llamado la mezquita de Al-Aqsa con su cúpula más pequeña. Y aunque desde el Monte de los Olivos la Jerusalén moderna pueda ser vista en el fondo (y su horizonte contemporáneo de edificios es interesante), el área entera es eclipsada y dominada por el Haram esh-Sharif con aquellas antiguas murallas que destacan de manera impresionante la escena.

     Ésta es la vista que los espectadores modernos están acostumbrados a ver. Pero retrocedamos más de 1.900 años e imaginemos ver Jerusalén desde este mismo punto. Es desde este lugar estratégico que Tito (el general romano) contempló las ruinas de Jerusalén después de la guerra romano-judía en 70 d.C. La descripción de lo que Tito vio es muy instructiva. Deberíamos leer su apreciación en los relatos conservados por Flavio Josefo, porque éste y Tito ambos fueron testigos oculares. Note no sólo lo que Tito observó, sino también lo que él dejó fuera de la narrativa (Josefo, Las Guerras de los Judíos VII 1, 1). Esta omisión será de importancia primordial en nuestra investigación en cuanto a la verdadera localización del Templo. Tito ordenó que sólo una parte de una muralla y tres fortalezas deberían permanecer de lo que fue una vez la gloriosa Ciudad de Jerusalén. Note lo que es declarado en Las Guerras de los Judíos VII 1, 1:

     "Ahora, tan pronto como el ejército no tenía más gente para matar o saquear, porque no quedaba ninguno de los objetos de su furia (ya que ellos no habrían exceptuado a nadie, si hubiese quedado algún otro trabajo para ser hecho), César dio órdenes de que ellos deberían demoler entonces la ciudad entera y el Templo, pero deberían dejar en pie las torres que fueran de la mayor eminencia; es decir Phasaelus, e Hippicus y la torre Mariamne; y mucho de la muralla que encerraba la ciudad en el lado Oeste. Esa pared fue conservada, a fin de permitirse un campamento para aquellos que debían estar en la guarnición [en la Ciudad Superior], así como las torres [las tres fortalezas] también fueron conservadas, a fin de manifestar a la posteridad qué tipo de ciudad era, y cuán bien fortificada, aquella que el valor romano había sometido; pero para todo el resto de la muralla [que rodeaba a Jerusalén], fue tan completamente nivelada con el suelo por aquellos que la excavaron hasta sus fundamentos, que no quedó nada para hacer creer a aquellos que llegaban allí [a Jerusalén] que había estado habitada alguna vez. Ése fue el final al cual llegó Jerusalén por la locura de aquellos que eran partidarios de las innovaciones; una ciudad por otra parte de gran magnificencia, y de gran fama entre toda la Humanidad".

     Este relato de un testigo ocular acerca de la ruina total de Jerusalén ha planteado a los visitantes de Jerusalén un importante problema en relación a lo que presenciamos hoy de la antigua Jerusalén. El hecho es que Tito dio órdenes de que el Templo debía ser demolido. Las únicas estructuras que debían quedar en Jerusalén eran una parte de la muralla occidental y las tres fortalezas localizadas en la Ciudad Superior. Ésa era la intención de Tito al principio. Pero dentro de un breve tiempo, incluso aquella parte de la muralla occidental y las tres fortalezas en el Oeste fueron tan completamente destruídas que no quedó ni un un rastro de ellas (a menos que la llamada "Torre de David" cerca de la actual Puerta de Jaffa, como conjeturan los eruditos, sea una parte de los fundamentos de las torres Hippicus o Phasaelus).

     Al finalizar la guerra, la Décima Legión dejó Jerusalén como una masa de ruinas. Las piedras de aquellas ruinas fueron finalmente usadas en el siglo siguiente para construír una nueva ciudad llamada Aelia [Aelia Capitolina]. Pero hacia finales de 70 d.C. no quedaba nada en pie del Templo o de los edificios de Jerusalén. Josefo declaró:

     "Y realmente, la vista misma de ella era una cosa triste, puesto que aquellos sitios que estaban adornados por árboles y agradables jardines, ahora habían quedado convertidos en un país desolado en todo sentido, y sus árboles fueron todos cortados. Ni tampoco algún extranjero que hubiera visto antes Judea y los barrios residenciales más hermosos de la ciudad, y ahora la veía como un desierto, no podía sino lamentarse y afligirse tristemente por un trastorno tan grande, ya que la guerra había dejado todos los signos de la belleza completamente arruinados. Ni tampoco alguien que hubiera conocido el lugar antes, y que hubiese venido de improviso ahora, lo hubiera reconocido. Pero aunque él [un extranjero] estuviera en la ciudad misma, todavía él hubiese tenido tenido que preguntar por ella" (Guerras VI 1, 1).


Lo que el Visitante Moderno Observa

      Estas descripciones de Josefo son lo que él y Tito vieron desde el Monte de los Olivos. Pero esto no es lo que observamos hoy. Vemos algo que permanece del período de Herodes y de Jesús que es completamente diferente. Directamente hacia el Oeste, vemos una impresionante reliquia arquitectónica del pasado que está espléndidamente colocada directamente delante de nosotros. Ella domina toda la perspectiva occidental de este panorama. Aquella antigua estructura es el Haram esh-Sharif. Sus muros rectangulares son tan grandes en sus dimensiones que el Haram efectivamente dificulta la mayor parte de la vista de la actual ciudad antigua de Jerusalén. Y ciertamente, sin la menor duda, el Haram (en sus hileras inferiores de piedras que conforman sus murallas) es un edificio que sobrevivió a la guerra romano-judía. En efecto, es un ejemplo excepcional de la grandeza arquitectónica temprana que alguna vez adornó a la Jerusalén de Herodes y de Jesús, que ha resistido dos mil años de intemperie, terremotos, guerras y deterioro natural.


     Lo que es extraño, y casi inexplicable al principio, es el hecho de que Josefo mencionó la ruina completa del Templo y de toda la Ciudad de Jerusalén, pero él no dio ninguna referencia en absoluto del Haram esh-Sharif o de que Tito había ordenado que aquellas paredes deberían permanecer intactas. Y durante los siglos, hasta nuestro período moderno, hay más de 10.000 piedras todavía en sus posiciones originales dándole forma a las cuatro murallas del Haram. De hecho, en el tiempo de Tito había probablemente otras 5.000 piedras que quedaron en las hileras superiores de las cuatro murallas, que fueron removidas de su sitio y que cayeron a tierra desde el siglo I en adelante. Lo que debe ser reconocido es el hecho de que Tito deliberadamente dejó el rectangularmente formado Haram esh-Sharif prácticamente en el estado en que él lo encontró cuando él primero fue a Jerusalén con sus legiones. Extrañamente, Tito debe haber ordenado que aquellos cuatro muros fueran conservados para que los vieran las épocas venideras.

     Sin duda, el Haram esh-Sharif con sus murallas gigantescas fue un sobreviviente de la guerra. ¿Pero cómo podía Josefo haber dejado de explicar la conservación de un edificio tan espacioso y magnífico que era claramente existente en la Jerusalén de antes de la guerra? La existencia continuada de aquellos enormes restos del Haram esh-Sharif parecen (a primera vista) anular la valoración de Josefo y Tito. Recuerde: ellos dijeron que nada de Jerusalén fue dejado. Jerusalén "fue tan completamente nivelada con el suelo por aquellos que la excavaron hasta sus fundamentos, que no quedó nada para hacer creer a aquellos que llegaban allí [a Jerusalén] que había estado habitada alguna vez".

      Lo que es aún más extraño es la creencia moderna de que el Haram esh-Sharif debe ser considerado como el sitio del Monte del Templo. Si la opinión académica actual es correcta, esto significa que Tito y las legiones romanas no destruyeron las murallas externas del Templo en sus hileras medias y bajas. Los romanos dejaron más de 10.000 piedras en su lugar alrededor del Haram. Esta creencia moderna de estudiosos y autoridades religiosas (sean judíos, musulmanes o cristianos) de que aquellas 10.000 piedras alrededor del Haram representan los remanentes de los muros del Templo, hace de las ya referidas descripciones de su demolición relatadas por Josefo y Tito unas extravagantes exageraciones. Y bastante ciertamente, así es cómo los más modernos estudiosos, teólogos, líderes religiosos y arqueólogos ven el asunto.

     El profesor Williamson, que tradujo a Josefo, dijo que ése era el caso. Él comentó que la desolación completa que Tito se supone que había visto delante de él era "Una exageración. Mucho de la parte Sur del recinto del Templo fue conservada. Toda la pared del Sur de su sucesora, la actual muralla alrededor del Haram esh-Sharif, la sección del Sur de la muralla Oeste (el Muro de los Lamentos, donde la caída de Jerusalén todavía es lamentada) y una corta extensión de la pared del Este que corre desde la esquina del Sudeste, son Herodianas hasta una altura considerable" (The Jewish War, p. 454, nota 2). Veremos abundantes pruebas en mi nuevo libro de que Josefo no estaba exagerando. Esto es porque aquel recinto conocido como el Haram esh-Sharif NO era el Monte del Templo, ni tampoco la estructura fue oficialmente reconocida entonces como una parte de la municipalidad de Jerusalén.

     Nuestros modernos investigadores y autoridades religiosas sistemáticamente declaran que no podemos creer literalmente en las narraciones de Josefo acerca de las importantes descripciones que él proporciona. Descubriremos, sin embargo, que son los eruditos modernos y los líderes religiosos los que se equivocan y no Josefo. Flavio Josefo, el historiador-sacerdote, sabía de lo que él estaba hablando. Jerusalén y el Templo fueron totalmente destruídos y no quedó ni una sola piedra de ellos en el lugar. La verdad es que el Haram esh-Sharif NO era el Monte del Templo.


Josefo No Estaba Exagerando

     Ya es tiempo de que comprendamos que son los eruditos modernos los que se equivocan, y no los relatos de testigos oculares como Josefo y Tito. Jerusalén y el Templo en efecto fueron destruídos hasta sus fundamentos, como ha sido relatado. En cuanto a esto, hay otras secciones del relato de Josefo que muestran que él no estaba exagerando. Josefo fue agudo al decirle a sus lectores que todas las murallas alrededor de Jerusalén fueron derribadas hasta el nivel del suelo. Note su observación: "Ahora los romanos prenden fuego a las partes extremas de la ciudad [los suburbios] y las incendiaron, y demolieron completamente sus murallas [de Jerusalén]" (Guerras VI 9, 4).

     Esta referencia muestra que todos los muros, incluso aquellos que encerraban las zonas periféricas de Jerusalén, fueron finalmente arrasados hasta el suelo. Para reforzar el asunto, Josefo dijo en otra parte: "Cuando él [Tito] demolió completamente el resto de la ciudad, y derribó sus murallas, él dejó esas torres [las tres torres ya mencionadas] como un monumento de su buena fortuna [de él], que había demostrado [el poder destructivo de] sus auxiliares, y que le permitió a él tomar lo que no podía haber sido tomado de otro modo" (Guerras VI 9, 1).

     Estos dos relatos de Josefo, junto con las observaciones anteriores ya referidas, confirman que hubo una destrucción literal de todas las murallas que rodeaban Jerusalén (excepto la pequeña sección de la muralla en la parte occidental de la Ciudad Superior que fue destruída después, porque ni un rastro de ella ha sido mencionado de su conservación por testigos oculares posteriores o encontrado por los arqueólogos modernos). En efecto, después de 70 d.C. no hay una palabra en ningún registro histórico que siquiera hable de aquellas tres fortalezas en la Ciudad Superior que tuviesen una pervivencia, las cuales Tito al principio pensó dejar como monumentos permanentes que mostrasen el poder de Roma sobre los judíos.

     Pero, una vez más, estas descripciones de Josefo y Tito de la ruina total parecen estar en desacuerdo con lo que presenciamos hoy. Abordemos eso. Desde el Monte de los Olivos contemplamos las cuatro murallas del Haram todavía en pie en toda su gloria, y ellas están notoriamente desplegadas con una majestad que domina el todo de la Jerusalén actual. Las hileras inferiores de aquellas murallas claramente tienen más de 10.000 piedras Herodianas y pre-Herodianas unas encima de otras. De hecho, aquellos muros rectangulares son aún murallones que funcionan en la Jerusalén de hoy. Ellos han estado en constante uso a lo largo de los siglos intermedios para proteger los edificios que fueron construídos en el interior de aquel recinto llamado el Haram esh-Sharif.

     Otra vez digo que si aquellos muros rectangulares son aquellos que anteriormente rodearon al Monte del Templo (como somos con seguridad informados por todas las autoridades hoy), ¿por qué Josefo y Tito excluyeron de sus relatos de testigos oculares toda mención sobre la conservación de esta magnífica estructura del Haram? Ellos hablaron de la ruina completa y la desolación de Jerusalén y del Templo, no de la supervivencia de ningún edificio que las autoridades judías una vez controlaron. Sea como fuere, Josefo y Tito estaban ciertamente conscientes de que los muros del Haram sobrevivieron a la guerra. ¿Por qué no se refirieron Josefo y Tito a aquellas murallas del Haram que permanecieron de pie en su tiempo?.


Un Dilema para los Cristianos Modernos

      Estos hechos plantean un importante problema para los cristianos. Si aquellas murallas rectangulares del Haram son en efecto las mismas murallas (en sus hileras inferiores) que antiguamente circunscribían el Monte del Templo, ¿por qué esas piedras (más de 10.000 en número) están aún tan firmemente unas encima de otras? La existencia continuada de aquellos muros gigantescos y majestuosos mostraría que Tito no destruyó las paredes del Templo, si aquellas murallas rodeaban realmente el Templo. ¿Por qué esto es una dificultad para la creencia cristiana? La razón es clara.

     Los cristianos están conscientes de cuatro profecías dadas por Jesús en el Nuevo Testamento de que no quedaría piedra sobre piedra del Templo y sus muros o incluso de la Ciudad de Jerusalén y sus murallas (Mateo 24:1-2; Marcos 13:1-2; Lucas 19:43-44; 21:5,6.). Pero extraño como pueda parecer, los muros que rodean al Haram esh-Sharif todavía permanecen en su gloria con sus más de 10.000 piedras Herodianas y pre-Herodianas firmemente en el lugar en sus hileras inferiores. Si aquellas piedras son las del Templo, de las profecías de Jesús se puede dudar seriamente como carentes de cualquier valor o mérito histórico en cualquier análisis de observadores inteligentes e imparciales.

     En efecto, la mayoría de los visitantes cristianos de Jerusalén que primero ven aquellas enormes piedras que rodean el área rectangular del Haram (y quienes conocen las profecías de Jesús) normalmente quedan perplejos y a menudo sobresaltados por lo que ellos ven. Y ellos debieran quedar así. La sorpresa en lo que ellos observan ha sido el caso con la numerosa gente que he guiado alrededor de Jerusalén e Israel. Ellos han pedido una explicación acerca de este aparente fracaso de las profecías de Jesús. ¿Por qué todavía existen aquellas murallas gigantescas? Si aquellos muros representan las piedras de alrededor del Templo, entonces las profecías de Cristo quedan invalidadas.

     La explicación habitual, sin embargo, para justificar la credibilidad de las profecías de Jesús consiste en decir que Jesús sólo podría haber estado hablando sobre el Templo interior y sus edificios, NO del Templo externo y sus murallas que lo rodeaban. Ésta es la respuesta acostumbrada y conciliatoria que la mayoría de los eruditos proporcionan (y es la explicación que yo mismo antes di a mis alumnos o socios). La verdad, sin embargo, es que esta explicación no resiste la crítica cuando uno mira lo que Jesús predijo. Habría que observar cuidadosamente las profecías de Jesús en los Evangelios Sinópticos. Ellos claramente declaran que no quedaría piedra sobre piedra del Templo y sus edificios, y sus profecías también incluían sus muros exteriores. La palabra griega que Jesús usó en su contexto profético para describir el Templo y sus edificios era "hieron" (esto significa el Templo entero e incluídos sus edificios y muros exteriores). Note lo que Vincent dice acerca del significado de "hieron".

     «La palabra "templo" (hieron, literalmente "lugar sagrado") significa el área entera del recinto sagrado, con su pórticos, patios y otros edificios subordinados; y debería ser cuidadosamente distinguido de la otra palabra, "naos", que también significa templo, pero el templo en sí mismo o el "Lugar Santo" y el "Santo de los Santos". Cuando leemos, por ejemplo, acerca de Cristo enseñando en el templo (hieron), debemos referirlo a uno de los pórticos del templo [columnatas externas]. Entonces es desde el hieron, el patio de los Gentiles, que Cristo expulsa a los cambistas de dinero y comerciantes de ganado» (Vincent, Word Studies in the New Testament, vol. I, p. 50).

     Los edificios exteriores del Templo incluyendo sus muros siempre fueron considerados dentro del sentido de la palabra "hieron" que Jesús usó en sus profecías acerca de la destrucción total del Templo. Había varias divisiones externas del Templo que eran distinguidas del Templo Interior, y aquellos sectores externos eran considerados como características cardinales del Santuario. Como ejemplo, note el relato del Nuevo Testamento que declara que Satán llevó a Jesús al "pináculo del Templo" (Mateo 4:5). La sección del pináculo era la esquina Sudeste de la muralla externa que rodeaba todo el complejo del Templo. La expresión en el Nuevo Testamento muestra que ese ángulo Sudeste que pertenecía al Templo era un pináculo (un ala) "del Templo". Aquella área era una gran parte del edificio sagrado al cual Jesús se refirió cuando él predijo que no quedaría piedra sobre piedra.

     Hay un importante factor geográfico que demuestra este punto. Cuando Jesús hizo su profecía de que no quedaría piedra sobre piedra, Mateo dijo que Jesús y sus discípulos acababan de marcharse de los alrededores externos del Templo. Esto significa que todos ellos estaban en ese momento viendo las secciones exteriores del Templo (el hieron) cuando él dio su profecía (Mateo 24:1). El Evangelio de Marcos va incluso más adelante y deja claro que las murallas exteriores del Templo estaban muchísimo en la mente de Jesús cuando él dijo que ellas serían desarraigadas desde sus mismas fundaciones. «Y como él [Jesús] salió del Templo [note que Jesús y los discípulos estaban fuera de las murallas del Templo y miraban hacia atrás hacia el recinto del Templo], uno de sus discípulos le dijo: "Maestro, ¡mira qué edificios hay aquí!". Y Jesús le respondió: ¿Ves tú estos grandes edificios? No quedará piedra sobre piedra que no sea derribada» (Mateo 24:1). Sin la más leve duda, cuando Jesús en su profecía habló de la destrucción del Templo, él ciertamente estaba incluyendo en su profecía las piedras de las murallas externas que encerraban el Templo así como los edificios del Templo interior.


La Ciudad Entera de Jerusalén También Debía Ser Destruída

     Jesús fue incluso más adelante que simplemente profetizar acerca de la destrucción del Templo y sus murallas. Él también incluyó dentro de sus predicciones proféticas las piedras que componían la ciudad entera de Jerusalén (con cada edificio y casa que comprendía la metrópoli o incluso las murallas que contenían su área urbana). Según Jesús en Lucas 19:43-44, cada estructura de la Jerusalén judía sería arrasada hasta sus cimientos. "Porque vendrán días sobre ti [Jerusalén], que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra".

      De este modo, en las profecías de Jesús no sólo las piedras que componían el Templo y sus muros debían ser derribadas, sino que él también incluyó dentro de aquel alcance de la destrucción a las piedras que comprendían la totalidad de la ciudad de Jerusalén. No nos queda ninguna ambigüedad acerca de este asunto. Las profecías sobre el Templo y la ciudad de Jerusalén o sucedieron exactamente como Jesús predijo, o aquellas profecías deben ser consideradas como falsas y no fiables. No puede haber ningún punto medio sobre la cuestión. Si uno es honesto con el significado llano de los textos de los Evangelios, Jesús enseñó que nada quedaría del Templo ni de la ciudad entera de Jerusalén, y que no quedaría nada de las paredes del Templo y de la ciudad.


Josefo y Tito Concuerdan con Jesús

     ¿Jesús estaba en lo correcto en sus profecías?. ¿Fue Jerusalén junto con su Templo y sus murallas nivelados hasta el suelo? Lo que es notable es el hecho de que los relatos de testigos oculares dados por Josefo y Tito concuerdan precisamente con lo que Jesús predijo. Note lo que estos dos hombres observaron. "Ella [Jerusalén con sus murallas] fue tan completamente derribada a tierra por aquellos que la cavaron hasta sus fundamentos, que allí no quedó nada para hacer creer a aquellos que llegaran allí  [a Jerusalén] que había estado habitada alguna vez" (Guerras VII 1, 1).

     Toda la tierra que rodea la ciudad de Jerusalén era una tierra baldía solitaria. Note el relato de Josefo ya citado:

      "Ellos habían cortado todos los árboles, que estaban en el campo que colindaba con la ciudad, y aquello por 90 estadios alrededor [casi 16 kms.], como ya lo he referido. Y realmente, la vista misma de ella era una cosa triste, puesto que aquellos sitios que estaban adornados por árboles y agradables jardines, ahora habían quedado convertidos en país desolado en todo sentido, y sus árboles fueron todos cortados... la guerra había dejado todos los signos de la belleza completamente arruinados. Ni tampoco alguien que hubiera conocido el lugar antes lo hubiera reconocido" (Guerras VI 1, 1).

     Después del año 70 d.C. la gente hubiera visto una desolación completa en todas las direcciones. Cada piedra de cada edificio y muro en Jerusalén fue removido de su posición original y arrojado al suelo. Josefo proporciona descripciones razonables de los acontecimientos posteriores después de que la guerra se había acabado, para mostrar cómo esta destrucción completa fue llevada a cabo. Gran parte de la destrucción vino después de que la guerra había cesado.

     Durante seis meses después de la guerra, Josefo nos dice que la Décima Legión "desenterró" las ruinas de las casas, edificios y murallas buscando qué saquear. Ellos sistemáticamente excavaron bajo las fundaciones de los edificios y casas arruinados (ellos hicieron que muchos de los cautivos judíos hicieran el trabajo por ellos). Ellos también pusieron de arriba abajo el área entera buscando oro y otros metales preciosos que se fundieron cuando los incendios arreciaban. Esto hizo que los metales preciosos se derritieran y fluyeran por las grietas inferiores de las piedras. Incluso las piedras basales contenían oro derretido por los grandes incendios que devoraron Jerusalén. Este saqueo de cada antiguo edificio o muralla en la municipalidad de Jerusalén provocó que las tropas dieran vuelta cada piedra dentro de la ciudad (o que ordenaran que los cautivos judíos restantes lo hicieran por ellos). Veremos pronto que esta actividad resultó en que cada piedra de la Jerusalén judía fuese desplazada.

     Este desenterrar continuo de la ciudad ocurrió durante un período de varios meses después de la guerra. En efecto, después de una ausencia de aproximadamente cuatro meses, Tito regresó a Jerusalén desde Antioquía y una vez más vio la ciudad arruinada. Josefo registra lo que Tito vio:

     "Cuando él vino a Jerusalén en su progreso [al retornar desde Antioquía a Egipto], y comparó la melancólica condición que él vio en que estaba entonces, con la gloria antigua de la ciudad, con la grandeza de sus ruinas presentes (así como su esplendor antiguo), él no pudo sino compadecerse de la destrucción de la ciudad. Sin embargo, había no poca cantidad de riquezas que habían estado en aquella ciudad que todavía se encontraban entre las ruinas, mucho de lo cual los romanos desenterraron; pero la mayor parte fue descubierta por aquellos que estaban cautivos [los cautivos judíos fueron obligados por las tropas romanas a desenterrar las piedras de su propia ciudad en busca de oro], y entonces ellos [los romanos] se lo llevaron; quiero decir el oro y la plata, y el resto de aquel mobiliario más precioso que los judíos tenían, y que los dueños habían atesorado bajo tierra en vista de las incertidumbres de la guerra".


Tres Años Después de la Guerra

     Ahora venimos a la valoración final de la desolación completa de Jerusalén. Note lo que Eleazar, el comandante judío final en Masada, relató tres años después de que la guerra había terminado en Jerusalén. Él da un relato de testigo ocular de cómo los romanos conservaron la Fortaleza Antonia (el Haram) entre las ruinas. Lo que Eleazar dijo a las 960 personas judías (quienes iban a suicidarse más bien que caer en las manos del general Silva que estuvo a punto de capturar la Fortaleza de Masada) es muy importante en cuanto a nuestra investigación presente. Este comandante final judío se lamentó por la triste situación que cada uno podía presenciar en ese período crepuscular del conflicto después de que la guerra principal con los romanos había terminado.

     Jerusalén era para Eleazar un espectáculo desastroso de ruina completa. Había sólo una cosa que permanecía de la antigua Jerusalén que Eleazar podría señalar como todavía en pie. Aquélla era el campamento de los romanos que Tito permitió que permaneciera como un monumento de humillación sobre la Ciudad Madre de los judíos. Eleazar reconoció que ese campamento militar había estado en Jerusalén antes de la guerra, y que Tito dejó que continuara existiendo después de la guerra. La retención de este único campamento de los romanos, según Eleazar, era un símbolo de la victoria que Roma había conseguido sobre el pueblo judío. Sus palabras están registradas en las Guerras de los Judíos VII 28, 7. Varias palabras y frases necesitan ser enfatizadas:

      "¿Y dónde está ahora aquella gran ciudad, la metrópoli de la nación judía, que estaba fortificada por tantas murallas a su alrededor, que tenía tantas fortalezas y grandes torres para defenderla, que difícilmente podía contener los instrumentos preparados para la guerra, y que tenía tantas decenas de miles de hombres para luchar por ella?. ¿Dónde está esta ciudad que se creía que tenía a Dios mismo habitando allí? Está ahora demolida hasta los mismos fundamentos, y no le queda nada sino AQUEL MONUMENTO que de ella se conserva, quiero decir el CAMPAMENTO DE AQUELLOS [los romanos] que la han destruído, QUE TODAVÍA EXISTE ENTRE SUS RUINAS; algunos desafortunados ancianos también yacen entre las cenizas del Templo [el Templo estaba entonces en ruina total o todo había sido quemado hasta ser reducido a cenizas], y unas cuantas mujeres son allí conservadas vivas por el enemigo, para nuestra amarga vergüenza y reproche".

     Lo que Eleazar dijo debe ser considerado como el relato de un testigo ocular del estado de Jerusalén en el año 73 d.C. Esta narrativa tiene importancia suma para nuestra investigación. Esto, porque Eleazar admitió que la ciudad de Jerusalén y todas sus fortalezas judías en efecto habían sido demolidas "hasta sus mismos fundamentos". No quedaba nada de la ciudad o el Templo. Esto es exactamente lo que Jesús predijo que sucedería.

      Eleazar incluso reforzó esto. Él mencionó la "destrucción en gran escala" de la ciudad. Él dijo que Dios había "abandonado su más santa ciudad para ser quemada y arrasada hasta el suelo" (Guerras VII 8, 6). Y luego, poco tiempo más tarde, Eleazar concluyó su relato de testigo ocular declarando: "No puedo sino desear que hubiéramos muerto todos antes de que hubiéramos visto aquella santa ciudad demolida a manos de nuestros enemigos, o las fundaciones de nuestro santo Templo desenterradas de una manera tan profana" (Guerras VII 8, 7).

      Sí, hasta las mismas piedras de base que comprendían el complejo del Templo (incluídas sus murallas) habían sido desarraigadas y demolidas. Ellas fueron "desenterradas" entonces y ni siquiera las hileras inferiores de las piedras de base fueron dejadas en su lugar. Según Eleazar, lo único que quedó en el área de Jerusalén era un solo campamento romano que todavía se cernía triunfalmente sobre las ruinas de la ciudad y el Templo. Él dijo que de la Jerusalén judía "no había quedado nada". La única cosa que seguía existiendo era el "monumento" (un solo monumento) conservado por Tito. ¿Y cuál era aquel "monumento"? Eleazar dijo que era "el campamento de aquellos que la destruyeron [a Jerusalén], que todavía está entre sus ruinas".

     ¿Qué podría haber sido ese campamento de los romanos? Esto es muy fácil de descubrir cuando uno lee los relatos de la guerra como fueron registrados por Josefo. El principal establecimiento militar en Jerusalén antes de la guerra era la Fortaleza Antonia, localizada al Norte del Templo (que es ahora el Haram esh-Sharif). En mi nuevo libro "Los Templos que Jerusalén Olvidó" daré abundante información para mostrar que el Haram fue considerado propiedad romana incluso antes de la guerra. Como la fortaleza Antonia era propiedad de Roma, ellos no tenían ninguna razón para destruír aquellos edificios que ya pertenecían a los romanos. Por eso Tito dejó la Fortaleza Antonia (el Haram esh-Sharif) y sus paredes intactas (como las vemos hoy).–





1 comentario:

  1. FELICITACIONES POR EL CONTENIDO DEL ARTICULO

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