BUSCAR en este Blog

jueves, 19 de noviembre de 2015

Gerd Honsik - "Adiós Europa. El Plan Kalergi" (2)




     Presentamos en esta ocasión, continuando la primera parte de esta serie, las cartas 8, 9, 10, 11 y 12 del libro "Adiós Europa", publicado en castellano en España en 2005, del investigador y pensador austriaco Gerd Honsik, donde continúa denunciando las injustas reglas del juego impuestas por el Imperio, sacando a colación los diversos planes que se han ideado para el exterminio de la germanidad, y las amenazas a la democracia (que el autor identifica como el derecho de autodeterminación) que, mediante mentiras y dobles estándares, ha representado Estados Unidos para el mundo, ataque cultural que especialmente contra la Alemania de posguerra ha emprendido mediante sus servicios secretos, para no hablar del acoso concertado contra la institución de la familia. Como antes, hemos precisado diversos párrafos de acuerdo al texto en alemán.


Adiós Europa. El Plan Kalergi
(Parte 2 de 3)
por Gerd Honsik, 2005




Carta 8ª
Los Seis Planes Genocidas
contra la Nación Alemana en el Siglo XX


1. Los Dictados de Versalles y St. Germain

     Las potencias centrales de Alemania y Austria pactaron el fin de la Primera Guerra Mundial después de que el Presidente estadounidense Woodrow Wilson les prometiera el derecho a la auto-determinación, también llamada Democracia.

     El «padre Blanco de Washington» había hablado con "lengua dividida", rompió su palabra al igual que todos sus predecesores y sucesores, y abandonó al pueblo alemán a su suerte. Si esos tratados de paz hubieran sido respetados, no habrían llevado a millones de alemanes a la muerte por inanición, y los supervivientes no habrían sido tratados como esclavos. Al fin y al cabo, un millón de personas murió a causa del embargo.

     Estas características, que Versalles comparte con otros «tratados de paz», consisten en la implantación de semillas de guerra, en la incondicionalidad del dictado y la «democratización» forzada.

     Con la fe de que la creación de conflictos entre vecinos, o sea, la polarización, reforzaría el propio poder, se encendieron las mechas que crearon fronteras injustamente trazadas para conformar futuras hogueras. Semejantes conflictos debían debilitar al continente, a la vez que servían de excusa para futuras intervenciones militares.

     La siembra de EE.UU. y sus aliados germinó: prolongadas relaciones amistosas entre nuestro pueblo y sus vecinos se disolvieron en exterminios y expulsiones anti-alemanas artificialmente escenificadas por los anglo-estadounidenses.

     También la actual inmigración multicultural fue puesta en escena, no por amor, como muchos pensarán, sino para fomentar el odio y, en consecuencia, la muy esperada división en la sociedad alemana.

     Los anglo-estadounidenses siembran semejantes semillas de guerra en todos sus pactos: por principio, impiden que los pueblos puedan poner en aplicación el derecho de autodeterminación.

     Un ejemplo para esa actitud típica de la política estadounidense es el «tratado de paz» de Dayton en el que se pretendió dar fin a la guerra balcánica de intervencionismo estadounidense: EE.UU. creó un Estado bosnio en el que croatas y servios vivían en grandes territorios cerrados. Las dos minorías tienen a sus espaldas las fronteras conjuntas de los Estados nacionales.

     Nada hubiera impedido el derecho de autodeterminación o la creación de una frontera justa. Aún así, los croatas y servios fueron obligados a compartir su zona con los bosnios, y de este modo, fueron forzados a compartir un Estado no querido con los bosnios, en contra de los derechos del pueblo y con la intención de provocar la guerra en los Balcanes. El que entendió las intenciones de los anglo-estadounidenses en Versalles, también comprende Dayton y todos los tratados pasados y futuros del Imperio.

     La mentira de que la «democracia» sea «joven» y proceda de los estadounidenses está muy arraigada. Se desconoce el hecho de que las tradiciones democráticas en el terreno alemán provienen del Thing germánico, como en el Tirol o Suiza.

     En EE.UU. y Alemania apenas se sabe que Hitler llegó al poder democráticamente, que no abolió la Constitución democrática sino que se acogió temporalmente al poder, al igual que el Presidente estadounidense. Tampoco es sabido que años después de la Segunda Guerra Mundial, en Viena, el pueblo en su mayoría seguía conforme con el Nacionalsocialismo. En ese sentido y desde la perspectiva del pueblo alemán en Austria, no se puede decir en ningún momento que la victoria de los Aliados haya supuesto una «liberación» para ellos [1].

[1] Archivo de Documentación de la Resistencia Austríaca, «Rechtsextremisrnus in Österreich nach 1945», pp. 339-340: «Encuestas realizadas de 1946 a 1948 por el ocupacionista estadounidense demuestran que falta mucho por hacer frente al pasado. Sólo cerca del 42% de los vieneses consideraban al Nacionalsocialismo como algo negativo» (Peter J. Katzenstein, «Das österreichische Nationalbewußtsein», en «Journal für angewandte Sozialforschung», Nº 3, 1976, p. 5).

     Los regímenes de los emperadores Guillermo y Francisco José fueron sistemas estatales con estructuras sociales y democráticas. Los monarcas alemanes en Viena y Berlin presidían monarquías constitucionales con amplia variedad de partidos y libertad de prensa así como leyes sociales que en EE.UU. jamás habían existido. Quien quisiera llamar «anti-democrático» al gobierno del Káiser alemán, debería reclamar también la «democratización» de Holanda, Noruega o Inglaterra por parte de EE.UU.


2. El Plan Kaufmann

     En 1941 el consejero del Presidente estadounidense Nathan Kaufmann desarrolló un plan satánico nunca visto por la Humanidad desde los tiempos del Antiguo Testamento. Ese plan pretendía la extinción del pueblo alemán mediante la esterilización de los ciudadanos masculinos. Miles de médicos estadounidenses debían extirpar los testículos a veinte millones de padres de familia, jóvenes y niños.

     Este plan de anular a uno de los pueblos culturales más importantes del planeta por medio de la castración sólo tiene un leve precedente en el Antiguo Testamento: el rey David obsequió a su padre político con los prepucios de 200 filisteos como regalo de noviazgo (1 Samuel 18). El tan idealizado rey de los judíos, con cuyo nombre cientos de miles de cristianos son bautizados, se sirvió de la masculinidad de sus prisioneros como trofeos para jactarse de semejante hazaña.

     La costumbre de considerar trozos del cuerpo como trofeo es famosa en Estados Unidos: la caballería estadounidense, probablemente la tropa más cobarde del mundo, recibía premios por las cabelleras indias. Era mucho más fácil despellejar a mujeres y niños, lo que suponía dinero fácil. Lo que pocos saben es que los «skalps» no fueron un invento de los indios sino de los anglo-estadounidenses, que los introdujeron para controlar los pagos por cabeza.

     El Presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt estaba encantado con su consejero Nathan Kaufmann pero, más tarde, se decidió por una solución más factible y revisada de la «cuestión alemana».

     El proyecto de extermino ideado por Kaufmann, planeado logísticamente por el Gobierno estadounidense hasta el último detalle, no se puede ver como una reacción al «Holocausto», ya que éste recién sucedió entre 1942 y 1944. Por el contrario, hay que indagar hasta qué punto el plan estadounidense de extermino de 1941 fue impulsor de los esfuerzos de guerra y precedente de la persecución de los ciudadanos judíos en Alemania.


3. El Plan Hooton

     Harvard es el nombre del nido de incubación del genocidio: El 14 de Enero de 1943, la revista neoyorquina Peabody Magazine publicó un nuevo plan de genocidio del profesor Earnest Albert Hooton que proponía una «política de poblamiento como solución a la cuestión alemana». Su cometido era desarrollar una forma de genocidio que no fuera tan bestial como la del consejero Kaufmann pero que bastara para las metas bélicas [2].


     En la serie de artículos «¿Deberiamos Matar a los Alemanes?», él da la menos sangrienta respuesta: «¡Eliminemos las predisposiciones bélicas de los alemanes por medio de la cría controlada!». Propone la esclavización de todos los varones alemanes: «Los padres de familia alemanes bajo ningún concepto deben volver con sus familias, tampoco después de la guerra». Ése era su plan: la separación de las familias para siempre y así poder frenar la reproducción y posibilitar la integración familiar de hombres extranjeros que reemplazasen a los propios varones. La inmigración se convierte en obligación.

     La retención de los soldados alemanes incluso en la posguerra y su falsa definición como «prisioneros de guerra», corresponde a los fines del Plan Hooton, al igual que la actual inmigración forzada.

     También reconocemos el parecido con el Plan Kalergi, que quiere hacer dominables a los pueblos de Europa a través de un «cultivo» controlado. Una conferencia del gerente del Canadian Center for German and European Studies, Jeffrey Peck, confirma que la obligación de instaurar la multi-culturalidad en la sociedad actual sigue siendo un fundamento de la política alemana manipulada por Estados Unidos. En 1993 dijo: «Espero que con el tiempo la composición étnica del Estado se transforme de blanca a morena, amarilla y negra, y la composición religiosa cristiana en musulmana y judía. Resumiendo, el concepto de la identidad alemana ha de ser cambiado».

     Las intenciones estadounidenses de 1993 que nos comunica el señor Peck concuerdan literalmente con las del Plan Kalergi de 1923. También coinciden con lo declarado en 1943 como objetivo de guerra de EE.UU. por el profesor Hooton.

     Aquí hay que apuntar que también Daniel Goldhagen, que a finales del segundo milenio provocó furia con sus opiniones sobre la nación alemana, procede de la Universidad de Harvard. Al igual que su predecesor, el profesor Hooton, él pretende haber descubierto características negativas en «los alemanes». Él no considera la persecución de los judíos como el acto de un dictador —así lo vio la Historia contemporánea durante medio siglo— sino como un crimen nacido de predisposiciones genuinas del carácter nacional. Pero no ofrece ninguna solución. No pide la castración de Kaufmann, ni propone la nueva «cría» de los alemanes como Hooton.

     De cualquier forma, las creencias del profesor Hooton deben de haber encontrado fervientes seguidores en Harvard. El 4 de Septiembre de 2002 Joyce Howard Price citó en el renombrado Washington Post a un nuevo adepto del genocidio: el profesor Noel Ignatiev, del departamento para «estudios de Negros», que había proclamado en la Harvard Magazine de Septiembre que la «erradicación de la raza blanca» también sería deseable para Estados Unidos.

     Christopher Reed, el editor de la Harvard Magazine, defendió impunemente esa planeada erradicación de la raza blanca en la edición de Octubre. En su página web se lee: «Traicionar lo Blanco es lealtad a la Humanidad». Espero que ese lema de ese judío nunca tenga consecuencias sobre el inocente pueblo de Israel.

     El parecido con los Planes Kalergi, Kaufrnann y Hooton se hace obvio: El malentendido de que la soberanía judía sólo puede ser reforzada si es destruída la «raza nórdica», a la que Kalergi, al igual que Hitler, considera especialmente efectiva (Coudenhove-Kalergi, Apologie der Technik, p. 77), probablemente se debe al mensaje esencial de los planes Kaufrnann y Hooton.

     El profesor Ignatiev que aquí reclama la integración llevada a cabo hasta el auto-sacrificio, proviene, al igual que sus precursores, de la minoría judía, o sea, de aquel bando que siempre fue acusado de no querer integrarse. Sin embargo, también fue un profesor judío llamado David Horowitz quien públicamente mostró su desacuerdo: «¡Sólo de Harvard, donde los Blancos son demonizados, ha podido surgir semejante articulo!».

     Volvamos a la Segunda Guerra Mundial: a principios de 1944, el Presidente Roosevelt decidió encomendarle a su consejero Wendell Willkie la elaboración de métodos de ataques bélicos basados en estos planes. Con esa misión, Willkie fue enviado a Moscú. La principal meta bélica finalmente fue la abolición de la exclusividad racial (Wendell Willkie, One Word, Nueva York 1943, p. 85). Semejante objetivo de guerra equivale, según la legislación relativa al tema, al genocidio, formulado con una claridad y elaborado de tal manera que no se ha visto nunca antes nada parecido.


4. El Plan Morgenthau

     Al igual que todos los planes genocidas estadounidenses posteriores a los tratados de Versalles, también el Plan Morgenthau fue elaborado a pedido del Presidente Roosevelt y por uno de sus consejeros pertenecientes a la minoría judía. Esta vez fue el ministro de Economía, y su nombre era Henry Morgenthau.

     En su documento dice literalmente: «Alemania no será ocupada con el objetivo de su liberación sino como una nación vencida y enemiga. (...) Destrucción de los ramos industriales fundamentales, partición en Estados alemanes del Norte y Sur, desmantelamiento de la zona industrial del Ruhr (la principal área industrial) y su conversión a una zona internacional; los alemanes deben realizar trabajos forzosos en el extranjero».

     El parecido con el Plan Hooton es obvio, pero sus consecuencias no son reconocibles a primera vista. Hay estadísticas que estiman que si esas ordenanzas se hubieran realizado durante diez años, hubieran llevado a la muerte por hambruna de veinte millones de alemanes.


5. La Mentira de la Liberación. Yalta, Casablanca, Potsdam

     Dos mentiras son las que siempre se vuelven a escuchar cuando se habla de EE.UU. y Alemania: que en 1945 los estadounidenses «liberaron» a los alemanes, y que les llevaron la democracia. En realidad fueron a destruír Alemania y a abolir la democracia.

     Ya en 1942 Estados Unidos había decidido acabar con la «hegemonía» de la música alemana. Al mismo tiempo, ya se había designado un grupo de colaboradores que manejarían el liderazgo de Alemania en caso del triunfo. En los primeros lugares de esa lista figuraba un confidente de Coudenhove-Kalergi y miembro del Movimiento Pan-Europa, cuyo nombre era Konrad Adenauer. Más tarde, y financiado por la CIA y la Banca Warburg, él iba a elaborar la propaganda de Europa.

     A partir de entonces, EE.UU. fue responsable de todos los crímenes cometidos por la alianza liderada por ellos. Los crímenes de los Aliados fueron ordenados, forzados, tolerados o bien vistos por Estados Unidos, que los hizo posibles gracias a sus envíos de armas. Esos crímenes fueron:

• el bombardeo terrorista contra la población civil alemana;

• el asesinato de un millón de prisioneros de posguerra alemanes que murieron de hambrunas intencionadas en las praderas del Rhin;

• la expulsión de 15 millones de alemanes;

• la matanza de 3 millones de civiles en el mayor crimen de limpieza étnica;

• el embargo realizado al pueblo alemán después de la guerra y durante tres años, que llevó a la muerte por inanición a cinco millones de víctimas;

• la esclavización de los soldados alemanes como presos de posguerra;

• el robo de 165.000 kms² de tierra alemana, una tierra que originariamente fue ganada pacíficamente, mientras que cada metro de suelo israelí y estadounidense fue arrebatado por medio de genocidio, guerras e inmigración anticonstitucional;

• la transferencia de responsabilidad de la Europa oriental hacia la dictadura más sangrienta de la Historia mundial, es decir, el Imperio de Josef Stalin.

     La expulsión de los alemanes después de la Segunda Guerra Mundial muchas veces se justificó, o por lo menos se explicó, en referencia a Lidice y Auschwitz. Sin embargo, esa justificación es errónea por varias razones. La expulsión de los alemanes de la región de los Sudetes, así como el bombardeo de la población civil, ya habían sido decididos en 1940, antes de las acusaciones por Lidice y Auschwitz, o sea, antes de los sucesos con los que se justificaron. Ese motivo para el plan criminal contra los alemanes todavía no existía cuando el plan fue elaborado. Recién la Historia contemporánea «informó» posteriormente sobre ello.

     Los protocolos de las tres «conferencias de liberación» de Casablanca, Yalta y Potsdam, así como sus conclusiones, demuestran la convicción anti-democrática y genocida de los firmantes. La lucha contra el «nacionalsocialismo» sólo fue un pretexto. Si no, el asesinato y el uso de violencia hubieran sido ejercidos sólo contra los seguidores nacionalsocialistas.


6. El Plan Kalergi

     Al igual que los proyectos del Presidente estadounidense, el Plan Kalergi aspira a la anulación del pueblo alemán, en el sentido cultural y racial. Sin embargo, aquí no se pretende llegar a la meta con violencia sanguinaria sino por el suave medio de la inmigración y las armas mentales de lo que se considera la «raza superior judía».

     Con ayuda, primero, del «oro» —es decir, dinero—, segundo, de «tinta» —es decir, el poder sobre los medios de comunicación—, y tercero, de «pólvora» —es decir, violencia armamentística—, se debería constituír ese Imperio judío.

     En cuanto al parecido de los dos planes de exterminio, es fácil determinar a su autor: el Plan Kalergi, que es dos décadas anterior a los planes del consejero presidencial, y que fue ejemplo para la elaboración de éstos, y no al revés.

     Probablemente, el plan de la castración masiva ideado por Nathan Kaufmann se haya descartado, no así los que le siguieron. Muchas medidas de posguerra no sólo llevan la firma de Kalergi sino también la de Hooton y la de Morgenthau: los tres años de hambruna provocada contra todo el pueblo alemán, el asesinato por inanición de un millón de prisioneros de posguerra alemanes cometido por el general Eisenhower, así como el desmontaje de fábricas en el Este y el Oeste, y el secuestro de miles de científicos alemanes y su desplazamiento a Estados Unidos, corresponden al Plan Morgenthau.

     Recién con la reforma monetaria de 1948 y después de ejecutarse durante tres años, el sucesor de Roosevelt, Truman, desistió del Plan Morgenthau por miedo a Stalin que quiso dejar sobrevivir y armar a «sus alemanes». Ahora había llegado el momento de Kalergi: desde luego, su plan era más humano porque no era sanguinario. Él era enemigo de la muerte cruel a la que Roosevelt había condenado a Alemania.

     De cualquier manera, Kalergi desde siempre no sólo quiso incluír a los alemanes sino a todos los europeos en su maquinación de la lenta destrucción étnica. Pensaba que sólo a través del mestizaje en todo el continente iba a ser posible la creación de una raza sin carácter y fácilmente gobernable que se subordinara a la nobleza monetaria judía y que la mantuviera en el poder.

     Al afirmar que Europa debe llegar desde San Francisco a Vladivostok (Coudenhove-Kalergi, Pan-Europa 1922 bis 1966, p. 103), aclara que con la expansión del poder judío no sólo se refiere a una expansión meramente europea sino occidental.

     Por lo visto, estas consideraciones geográficas le vienen de la idea de un Estado mundial dirigido y administrado por los judíos. Esto explicaría por qué ahora Israel y Turquía tocan a las puertas de Europa: el Imperio judío debe estar en todas partes, Alemania en ninguna.

     Kalergi, junto a su colaborador Adenauer, logró salvar al pueblo alemán de la muerte por inanición. Ahora empezaba a fluír el dinero para «el pensamiento europeo» y la difusión de la idea de «la Europa unida en el sentido de Kalergi», que fueron subvencionados por la Banca Warburg, la CIA y Winston Churchill. Sin embargo, el mismo Kalergi se mantuvo al margen, ya que en su momento se había pasado de la raya con sus declaraciones racistas. Aun así, su importancia para la elaboración de la Europa de Maastricht y los crímenes contra nuestros pueblos está más que demostrada.

     El único enemigo verdaderamente amenazante para Kalergi siguió siendo el general Charles de Gaulle. Éste quiso salvar a las naciones europeas contrastando el Plan Kalergi con su modelo de la «Europa de las Patrias». Después, en 1968 se llevó a cabo el decisivo golpe contra De Gaulle. Con ayuda del poder de la prensa francesa, un ejército de 800.000 manifestantes juveniles fue congregado por el «líder estudiantil» y agente de los servicios secretos Daniel Cohn-Bendit para destituír al anciano general de su cargo. Otto de Habsburgo, fiel seguidor de Kalergi, más tarde le puso a Cohn-Bendit el mote de «nuestro trastornador favorito». En el círculo más cercano, el tono se mantenía informal.


7. El Genocidio en Austria

     El genocidio en Austria fue parte del Plan Kalergi, así como la "liberación" por parte de los Aliados. Hasta el fin de la Primera Guerra Mundial, once millones de alemanes vivían en suelo de la monarquía austro-húngara. Ahora, en ese territorio ya sólo quedan 720.000 que se consideran pertenecientes al pueblo alemán. Así, lo alemán en Austria fue sacrificado en el mayor genocidio de la Historia mundial.

     El autor de ese crimen es la alianza dominada por Estados Unidos. Setecientos mil civiles fueron asesinados, y aproximadamente cuatro millones fueron expulsados en viles limpiezas étnicas. El genocidio no sólo se comete con «matanza física». Naciones Unidas, así como nuestras leyes nacionales, también interpreta como genocidio las medidas de violencia o tortura sicológica que fuerzan al pueblo a unirse a otro grupo.

     Esto se llevó a cabo en la República de Austria en un experimento sin precedentes: hasta el año 1938 todos los partidos representados en el Parlamento austríaco se declaraban parte de la nación alemana. Esa declaración estaba incluso presente en el himno de ese Estado. Allí, el estribillo dice: «...trabajo alemán, serio y honesto, amor alemán, delicado y suave». En 1945 ese himno fue eliminado anti-constitucionalmente por los supuestos «liberadores», y Austria no fue reconstituída como un Estado alemán.

     La mayoría de los políticos y los partidos ya había pedido la conexión austriaco-alemana mucho antes de Hitler. Esa unión, o sea, el cumplimiento de la autodeterminación, fue impedida por las potencias vencedoras para mantener económicamente débil a la económicamente competidora Alemania.

     Para que el deseo de asociación con Alemania no aflorara de nuevo, se trató de convencer de lo contrario a la gente que aún después de la guerra seguía con esa idea. En eso se emplearon varios métodos. Los Aliados idearon la prohibición judicial del Partido Nacionalsocialista, NSDAP. Esa ley no contempla ningún perfil concreto, por lo que una declaración a favor de la nacionalidad puede ser considerada motivo para un dictamen de culpabilidad y años de prisión. El jurado para esos procesos es seleccionado en una refinada elección y los jueces reciben cursos sobre partidos, de manera que apenas se conocen absoluciones en este tipo de juicios.

     La declaración de pertenencia al pueblo alemán se convierte en una osadía con consecuencias imprevisibles: la justicia austríaca tiene la usanza inconstitucional de equipararla con el deseo de anexión, y en consecuencia, aplica la ley de prohibición del NSDAP.

     Junto con esto, también en los decretos de Benesch la exigencia o el deseo de autodeterminación nacional se considera crimen capital. Hasta hoy, los checos insisten en que hubieran podido matar y expulsar impunemente a los alemanes de la región de los Sudetes, porque éstos habían manifestado el deseo de anexar dicha zona a Alemania.

     Según la ley de prohibición austríaca, cualquier austríaco que sea sospechoso de haber reclamado la anexión de su patria a Alemania puede ser condenado a cadena perpetua.

     Los que introdujeron la palabra «xenofobia» en Alemania fueron los mismos que proclamaron el odio contra lo alemán en Austria y toda Europa. El fomento del odio germanófobo en los países fronterizos como la germánica Holanda o Austria supone una obra maestra propagandística del Imperio estadounidense y su guerra psicológica, que sólo es superada por el odio hacia sí mismos de los «alemanes federales».

     En referencia a la constitución del gobierno marioneta puesto por EE.UU. en Afganistán, el periodista Peter Scholl-Latour delató un nuevo término procedente del vocabulario genocida de Estados Unidos. Se llama «nation building», es decir, creación artificial e intencionada de naciones. Los poderes financieros pretenden convertirse en los señores de la Creación.


8. Las Consecuencias de la «Nación Austríaca»

     La «nación austríaca», ideada en 1936 por el pensador judío Alfred Klahr a petición de Josef Stalin y por decisión del Comité Central del Partido Comunista, y posteriormente bien recibida por EE.UU., tuvo terribles consecuencias para toda la Humanidad: con ella, el intento frankensteiniano de la «nation-building» en la pequeña Austria triunfó causando hasta hoy efectos globales. Un 95% de los alemanes residentes en la monarquía austro-húngara fue obligado a renunciar a sus raíces por medio del lavado de cerebro, reeducación, persecución, amenazas a la vida, prohibición laboral, deportación, acusaciones y encarcelamientos.

     La propuesta de Kalergi de evitar conflictos de nacionalidades, es decir, el deseo de la auto-determinación, mediante la destrucción de las naciones, ahora hace escuela: los logros en Austria deben constar como ejemplo para romper la resistencia de todas las minorías étnicas en el mundo.

     La «Nation-building» llevada a cabo por EE.UU. en Afganistán, en Bosnia bajo el gobernador Petritsch, en Kuwait, en Iraq, y por los turcos en el Kurdistán, en Chechenia por los rusos, y en el Tíbet por los chinos, se esparce en el mundo como la peste. La «Nation-building» según el Plan Kalergi se lleva a cabo en Alemania por medio de la eterna y obligatoria inmigración. Cualquiera que desee eliminar a un pueblo y sustituírlo por otro está poniendo en práctica la «nation-building».

     El ejemplo triunfal de Austria es alentador para el poder de los tiranos. Aquí tuvieron éxito en persuadir a un grupo étnico de siete millones de personas para que renegaran de su origen. Parece ser que la «repoblación» rinde frutos.


9. Conclusiones de la Carta 8ª

     La declaración de pertenencia al pueblo alemán seguirá siendo una misión de la mayor importancia para la firmemente resuelta minoría en Austria, pero también para cualquier extranjero que se encuentre en nuestro país. Sólo así y en nombre de todos los pueblos amenazados, se puede contrarrestar el empeño del Imperio en expandir su poder mediante la erradicación de las etnias. Con el pretexto de la «lucha contra el terrorismo», numerosas razas de la Tierra se encuentran en peligro de extinción definitiva. Ha de evitarse el genocidio de la «nation-building» en nombre de la Humanidad.

     Por todo esto, cada uno de nuestros días debería comenzar con una declaración de pertenencia al pueblo alemán. Ésa debería ser nuestra contribución en la lucha contra el genocidio global que entonces sucedió en Austria bajo la bandera falsa de la «Liberación».–


     «Lo que diferencia a los judíos del resto de los ciudadanos, es su consanguinidad. La fuerza del carácter, pareja con su agudeza intelectual, predestina al judío ejemplar a ser guía de la Humanidad urbana, aristócrata espiritual falso o verdadero, protagonista del capitalismo, así como de la revolución» (Richard Coudenhove-Kalergi, Praktischer Idealismus, 1925, p. 28).–



Carta 9ª
EE.UU. Amenaza la Democracia


1. El Golpe Navideño de 1913

     El día 22 de Diciembre de 1913 tuvo lugar un ingenioso golpe contra la democracia estadounidense del que sólo pocos saben que se realizó con éxito. Mientras la mayoría de los parlamentarios había viajado a casa para celebrar la Nochebuena con sus familias, se presentó ante el Congreso casi vacío una solicitud que transfería el derecho de emisión de dinero a siete familias, asegurándoles el poder por los próximos cien años y repartiéndolo a bancos privados de Protestantes y judíos.

     Con este suministro de poder ilimitado los conspiradores habían inventado su gallina de los huevos de oro: imprimieron los billetes verdes con cifras y desde entonces los prestan al Estado estadounidense a cambio de intereses.

     Así, al soberano de EE.UU., o sea, a su pueblo nacional, le fue robado el derecho de impresión de billetes y por tanto, la democracia. A partir de entonces, los conspiradores no tuvieron ninguna dificultad en adueñarse de la prensa y la creación de opinión y manejar la política de su país mediante soborno, chantaje y asesinato en tiempos de guerra y paz.


2. ¿Preponderancia de los Judíos?

     En EE.UU. se habla de la preponderancia de los judíos, que es superior a la de cualquier otro grupo étnico si se tiene en cuenta la relación de la cantidad de miembros y su presencia numérica en altos cargos.

     Sobre esto, el humanista y periodista austríaco Georg Hoffmann-Ostenhof, de procedencia judía, opina: «El poderoso lobby judío [en EE.UU.] decide la política estadounidense en el Cercano Oriente. Alguno que otro no se atreve a decir esto abiertamente por miedo a pasar como anti-judío. Sin embargo, en voz baja esta hipótesis se susurra en los gabinetes estatales de Europa (...) y muchos de los intelectuales influyentes en los medios importantes y los think tanks son judíos, al igual que los tres "halcones" más famosos de la administración Bush: Paul Wolfowitz, Richard Perle y Douglas Feith, así como el conocido extremista entre los diputados demócratas del Congreso, Joe Liebermann» (Profil, Viena, Nº 37, 9.9.2002, p. 102).


3. La Lucha contra el Derecho de Autodeterminación

     Desde hace más de cien años, la historia de EE.UU. es la cronología ininterrumpida de la lucha contra el derecho de autodeterminación de los pueblos, o sea, contra la democracia. Es un misterio el por qué esta lucha contra la democracia se define como lo contrario. Más increíble todavía resulta que los propios estadounidenses crean estas falsedades.

     Desde la Guerra Civil estadounidense, en la que el deseo del Sur de ser nación autónoma fue discriminado como «secesión», encontramos siempre a Estados Unidos siempre como amigo de la dominación ajena y enemigo de la auto-determinación. Un objetivo bélico contra Alemania durante la Segunda Guerra Mundial fue impedir la auto-determinación alemana, y en consecuencia, la democracia alemana.

     En aquellos tiempos, todas las instituciones políticas en Alemania y Austria insistían en su derecho a la auto-determinación. Su realización hubiera significado: Tirol del Sur con Austria, Austria (incluída Odenburgo, el valle del Canal, partes de Estiria y de la región de los Sudetes) con Alemania. También Alsacia-Lorena, el Sarre, Danzig, Prusia occidental y Eupen-Malmedy hubieran sido unidos a Alemania.

     Es fácil demostrar que la lucha de EE.UU. contra Hitler no iba enfocada a combatir una dictadura sino que debía impedir el derecho de auto-determinación alemana, contra la democracia alemana y, por consiguiente, el desarrollo económico. Analícese cómo el EE.UU. vencedor procedió con Alemania después de las dos Guerras.

     Una y otra vez EE.UU. evoca que fue él el que llevó la «democracia» a Alemania. Pero en realidad los alemanes ya ejercían la democracia mil años antes de que América fuera descubierta. No sólo en el Thing en el que los germanos, durante el plenilunio, se reunían armados para votar a su líder; en el principado electoral del Imperio alemán; en las reuniones agriculturales de los tiroleses libres e independientes; en el juramento de Rütli de los suizos... perduró la democracia germana que en el siglo XVIII del Romanticismo volvió a anhelarse, haciendo resurgir el antiguo deseo de auto-determinación.

     En 1918, cuando el emperador alemán fue expulsado por los vencedores, éstos habían abolido una monarquía constitucional que había superado con creces las virtudes y méritos de Estados Unidos. En los dos Imperios alemanes hubiera sido impensable la discriminación legal y jurídica de etnias o razas tal como sucedía todavía 20 años después de la Segunda Guerra Mundial con los afro-estadounidenses.

     La Dictadura monetaria dominante en Estados Unidos, que sólo conoce la propaganda en vez de la información y cuyos ineducados ciudadanos no deben saber lo que de verdad ocurre en el mundo, no es una democracia, y por tanto no está capacitada ni moral ni intelectualmente para «democratizar» a ningún otro país. Sus elecciones son determinadas por millonarios, entre ellos también traficantes de drogas. Sus millonarias campañas electorales por cierto son financiadas por traficantes de drogas. Sus medios de comunicación y su derecho a la creación del dinero, como predijo Kalergi, están controlados por la etnia de los judíos, y su industria por una aristocracia del dinero usualmente Blanca y Protestante.

     El sistema bipartidista de Estados Unidos en realidad es el sistema de un solo partido: todos los demócratas son republicanos y todos los republicanos son demócratas, un juego de roles intercambiables. Se echan en falta grupos comunistas, socialistas y liberales como los que ya se formaron en Europa en tiempos de los Káiseres (emperadores). Astutas trabas desesperadamente ideadas impiden la aparición de nuevos partidos en el paisaje político.

     Desde siempre en la ONU y la OTAN manda EE.UU., que también hace uso de amenazas abiertas o chantajes descarados. Con los «cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad», Estados Unidos ideó para la ONU el sistema anti-democrático de una soberanía hereditaria.


4. El Atentado de EE.UU. a la Libertad de Prensa

     En ningún otro lugar el «terrorismo de opinión» del Imperio estadounidense se manifestó tan abiertamente como en la Alemania vencida tras la Segunda Guerra Mundial. En vez de restaurar una libertad de prensa real, sólo se concedieron «licencias» para la edición de prensa a colaboradores o supuestos colaboradores. Las publicaciones sumisas con el poder ocupacionista tuvieron que ser financiadas por los contribuyentes.

     Después de la guerra, el injustificadamente prestigioso periodista austríaco Hugo Portisch mandó su currículum al diario Kurier, declarando que desde siempre se había esforzado en defender los intereses de EE.UU. Sin embargo, siempre hubo intentos de distanciarse de la fundamental actitud dictatorial estadounidense. Así, los periódicos austriacos Neue Kronen-Zeitung y Salzburger Nachrichten, y los alemanes Spiegel y Frankfurter Allgemeine Zeitung, intentaron criticar directa o indirectamente a sus creadores, o sea, a la potencia ocupacionista estadounidense.

     Entre tanto, se dieron a conocer documentos según los cuales el Imperio no sólo se había apropiado de la prensa alemana sino que de la mayoría de las agencias europeas de noticias. De esta manera, la potencia mundial podía aceptar aislados comentarios en su contra, ya que el tono general en los medios de comunicación igual estaba predeterminado por las agencias. Desde hace tiempo, la fuente de información de la que los diarios bebían estaba envenenada por la propaganda estadounidense.

     Lo que se hizo contra la prensa alemana después de la Segunda Guerra Mundial, también se intentó contra Rusia después de la caída del comunismo. Un duro golpe se planeó contra la libertad de expresión rusa pero, finalmente, el presidente Putin consiguió impedirlo. Reconoció el peligro, destituyó a los agentes del Imperio, los geniales zares mediáticos judíos Gusinsky y Beresovsky, y puso a los medios de comunicación bajo protección del Estado.

     Semejantes medidas no se pudieron llevar a cabo en los Balcanes, en Polonia, Hungría, Checoslovaquia o Rumanía. El método siempre es el mismo: el capital extranjero es invertido en el mercado de prensa de países pobres con bajos sueldos, y el Estado de éstos ha de financiar esa fusión amistosa con el enemigo a través de los impuestos. El propio pueblo ha de costear los fraudulentos medios de prensa y televisión que manipulan las decisiones políticas según los intereses del Imperio.

     El dictado de la centralizada prensa estadounidense es inquietante. Pocos días antes de la guerra del Golfo, la revista alemana Der Spiegel confirmó cuánto sufren los ciudadanos norteamericanos con la peste de las noticias corrompidas: aunque el 42% de los estadounidenses se seguía declarando en contra de la agresión a Iraq, sólo un mínimo de diarios se atrevían a criticar esa guerra. También en el campo de la prensa, los fundamentalistas cristiano-anglosajones comparten el poder con la aristocracia financiera judía, si bien esta última posee la mayor parte de los medios de comunicación.

     Se rumorea que la mitad de la televisión privada alemana será adquirida por el magnate mediático israelí-estadounidense y simpatizante del Mossad, Haim Saban. Con esto, la posibilidad de recuperar la libertad de expresión en Alemania se ha vuelto muy remota. A partir de ahora, la opinión del ciudadano alemán medio se podrá manipular según le convenga a la política israelí.

     Por lo tanto, la posibilidad de compra de la prensa y los medios de comunicación simboliza la peste que hace degenerar la democracia en el mundo. Para que fuera saneada, sólo quedaría liberar los medios de comunicación y protegerlos por el Estado, elevándolos a la condición de cuarto poder constitucional.


5. La «Capitulación Incondicional»

     La «capitulación incondicional» fue una exigencia anti-democrática, típica de la dictadura estadounidense ya antes del Tratado de Versalles.

     El vencido no tiene derecho a determinar su destino sino que está sujeto al albedrío de la dictadura estadounidense, para bien o para mal. Los Aliados deben jurar «solidaridad incondicional», Sadam Hussein debe entregarse incondicionalmente, el líder palestino Arafat debía obedecer incondicionalmente, y en todos los conflictos futuros la «capitulación incondicional» será una constante en el camino del gigante con pies de barro.


6. Responsabilidad Colectiva

     Es propia de la política anti-democrática de EE.UU. la tesis de la responsabilidad colectiva de los inocentes.

     Aparte de la aniquilación de la población civil de las grandes ciudades enemigas con modernísimas armas de destrucción masiva, también el embargo es representativo de la política estadounidense: solamente en lraq, dos millones de niños fueron víctimas de ese bloqueo dictado a la ONU por Estados Unidos. Fueron incontables las víctimas infantiles y adultas entre el pueblo alemán que fallecieron en la hambruna intencionada que le fue impuesta durante tres años entre 1945 y 1948.

     Sin embargo, EE.UU. siempre declaraba culpable del genocidio de indefensos e inocentes al «dictador» al que ellos mismos habían apoyado o que aún les «servía». Así, Hitler sería culpable de la destrucción de Dresden y de la hambruna de un millón de prisioneros de posguerra en las praderas del Rhin; el emperador japonés sería culpable de la caída de la bomba atómica sobre Hiroshima y Nagasaki; los comunistas serían culpables de las víctimas infantiles del embargo a Cuba y del empleo de dioxina en Vietnam; Milosevic sería culpable del empleo de uranio en Kosovo y del bombardeo de la industria química servia producto del cual tres millones de personas fueron intoxicadas sufriendo los efectos a largo plazo; Sadam Hussein sería culpable de los niños que murieron por causa del bloqueo de hambre.

     En realidad, los culpables de esos crímenes de guerra no fueron Castro, Hitler, Milosevic, el comunismo o Sadam Hussein, sino que la culpa de los genocidios recae sobre los Presidentes de EE.UU. que ejercen el poder, manejados detrás del escenario por los bancos de la Reserva Federal, apoyados por sus ministros y el corsé de los medios de comunicación.


7. Sobre la Democracia Presidencial

     Mientras Estados Unidos reclama para sí la democracia presidencial, que concentra el poder del Presidente del Estado y del Canciller federal en una sola mano, en los países vencidos a los que «liberó de la dictadura» instaura la «democracia parlamentaria». En ésta, el Canciller y el Presidente tienen que compartir el poder, no sólo entre ellos sino con otras instituciones que están astutamente organizadas para influír en el Estado.

     Así, en Alemania está el Consejo Federal, que siempre trata de torcer o burlar las leyes del vulnerable Gobierno. La debilitación del poder ejecutivo salta a la vista. De esta manera, en caso de emergencia, en Alemania nadie sabe realmente quién tiene la soberanía sobre las fuerzas armadas, y ni siquiera pueden adoptarse los acuerdos más obvios y simples.

     Para el propio Estados Unidos, «democracia» significa otra cosa: poder en manos de una sola persona, es decir, del Presidente. Para nosotros, los «liberados», los «asociados», significa un peso repartido sobre los hombros de muchas fuerzas que se contradicen entre sí.


8. Sobre los «Dictadores»

     Cuando los Jefes de Estado tienen asegurado el apoyo de su pueblo, corren el peligro de ser calificados como «anti-democráticos» por Estados Unidos. ¿Por qué? ¡Si en la democracia es la mayoría la que decide!. Sin ninguna vergüenza, EE.UU. forma alianza con dictadores verdaderos cuando le conviene, supuestamente para «salvar» la democracia.

     En el mundo árabe e iberoamericano, casi sin excepción, los socios de los estadounidenses siempre fueron dictadores que velaban por la alianza con el Imperio estadounidense. Entre ellos había unos cuantos tiranos ilegítimos, que fueron odiados por sus pueblos.


9. Las «Guerras de Democratización»

     En el lenguaje estadounidense, «democratizar» significa realizar un golpe de Estado para someter al pueblo. Con sus «guerras de democratización», EE.UU. no pretende liberar a los países sino gobernarlos por fuerzas ajenas al pueblo. Para someterlos a largo plazo, crea regímenes anti-democráticos y débiles, ya que para Estados Unidos «democratizar» es someter, controlar y agotar permanentemente al enemigo.

     La «democratización», por tanto, no sólo es una excusa para las guerras de EE.UU. sino todo un propósito, aparte de las metas económicas. «Democratización» como fenómeno opuesto a la Democracia es una manera altamente efectiva y no sangrienta de sometimiento, una manera de evitar gobiernos fuertes y de implantar regímenes débiles para que el poder no parta del pueblo sino de la fuerza de ocupación. Las «guerras de democratización» de EE.UU. son un crimen contra la democracia, llamado por los estadounidenses «sometimiento de bajo costo».


10. Adenauer ¡Elegido por el Enemigo!

     Después de la guerra, en las zonas ocupadas EE.UU. constituyó gobiernos marionetas en suelo alemán. Esto no significa que las «marionetas» ajenas hayan cooperado automáticamente con las potencias de ocupación en sus decisiones, en perjucio de Alemania. Todo lo contrario: sí hubo ejemplos de rebelión, pero en seguida fueron reprimidos.

     El historiador alemán Henric Wuermeling desveló hace años que a principios de 1942, o sea, antes de la acusación del "Holocausto", EE.UU. ya había redactado una lista para la toma del poder con aquellos nombres de alemanes que estaban previstos para ocupar los nuevos puestos en las áreas de la política, la prensa, la cultura y la educación.

     Adenauer, miembro del Movimiento Pan-Europa de Kalergi desde 1926, estuvo en los primeros rangos de esa lista. Por lo tanto, no había sido elegido por el pueblo sino por el enemigo. Estados Unidos tenía a su disposición los medios de comunicación occidentales que, en su totalidad, tuvieron que ser fundados nuevamente en 1945 con licencias estadounidenses. (...)


11. Todos los Cancilleres, con Sueldos de la CIA

     Al socialdemócrata alemán Egon Bahr le debemos el conocimiento de que prácticamente todo canciller alemán ha sido informador de la CIA antes de ascender a Jefe de Estado (Stern, Nº 47, 1996). Esta información ha sido ampliada por el semanario Der Spiegel, según el cual muchos políticos de Bonn están al servicio de la CIA. Acceden a su puesto pagando un alto precio.

     En Austria, el profesor universitario Dr. Reinhold Wagnleitner desveló que la CIA incluso redactaba los discursos de los altos políticos y sindicalistas socialistas. Todos estos descubrimientos quedaron sin consecuencias. No causaron ningún escándalo ni ningún cese de puesto, y menos un arresto. ¿Son válidas las elecciones de las últimas décadas?.


12. Conclusiones de la Carta 9ª

     Norteamérica supone un gran peligro para la democracia en el mundo. En todos los continentes intenta romper la voluntad del pueblo. El derecho de auto-determinación sólo lo concede con recelo y en casos muy raros. Su destructiva influencia sobre el principio de la democracia en el mundo se hizo obvia en la segunda Guerra de Iraq: se involucró en una guerra agresiva en contra de la voluntad de sus aliados, y pretendió obligar a la participación a sus seguidores de los Estados europeos sin respetar las opiniones de sus respectivos pueblos. Fue repugnante la actuación de políticos corno Wolfgang Schauble, que se declaraban en pro de la guerra sin darse cuenta de que cualquier participación suponía un crimen contra la democracia.

     ¿Se puede cometer peor atentado contra la esencia de la democracia que ir a una guerra que no goza de ningún apoyo por parte del propio pueblo?.–


     «El primer cometido de nuestro tiempo es la destrucción: todas las esferas y formaciones sociales que el antiguo sistema había creado deben ser eliminadas, los individuos deben ser arrancados de su entorno habitual; ninguna tradición debe considerarse sagrada; la edad sólo es signo de enfermedad. El lema es: lo que fue, ha de desaparecer. Las fuerzas que ejercen esta tarea negativa serán el capitalismo en el terreno económico-social y la democracia en el terreno intelectual-político» (Nahum Goldmann, Der Geist des Militarismus, p. 37).–



Carta 10ª
Sobre la Amenaza al Mundo


1. La Agresión Global de EE.UU. a las Naciones

     En su libro «La Única Potencia Mundial», el ex-consejero de seguridad del Presidente Carter y profesor de política exterior estadounidense Zbigniew Brzezinski desvelaba el gran plan genocida de EE.UU. contra Occidente.

     Lo que descubre, a través de sus conocimientos a fondo de la política de Estados Unidos, recuerda horrorosamente al Plan Kalergi. Reconoce que, aunque la homogeneidad étnica refuerce al Estado, él prefiere la política de la manipulada Multicultura de Europa. Su proclamación de la destrucción de Occidente culmina en la exigencia política de acoger a Turquía en la Unión Europea [1].

[1] «Según eso, EE.UU. debería influír a Europa para preparar la incorporación de Turquía a la Unión» (Brzezinski, Die einzige Weltmacht, p. 291). «Es fundamental que Europa Central y Occidental permanezcan siendo un protectorado de EE.UU., cuyos Estados aliados recuerden a los vasallos de antaño» (p. 92). «Alemania tiene las manos atadas por su integración en la OTAN» (p. 252). «Así, Alemania toma parte en el presupuesto total de la UE con un 28,5%, de la OTAN con un 22,8%, de la ONU con un 8,93%; además, es el mayor accionista del Banco Mundial y del Banco Europeo de Reedificación y Desarrollo» (p. 101). «Como la Europa de Yalta pertenece al pasado, ahora se trata de constituír la Europa de Versalles» (p. 129). «La hegemonía global de EE.UU. es única en su extensión y especie» (p. 277).

     Con esto, se desvela el secreto de la conflictiva e inhumana inmigración forzosa en Europa, que le roba la patria y el bienestar económico tanto a los desplazados como a los autóctonos.

     Al igual que Kalergi, EE.UU. pretende influír en la creación: así como quiere manipular los genes de plantas, crear clones o intervenir en la conciencia por medio de tortura, drogas o maniobras quirúrgicas, del mismo modo no quiere estar conforme con los pueblos que creó Dios sino que pretende transformar a pueblos enteros por el bien de su conservación política en el poder.

     El ex-consejero estadounidense de política exterior Brzezinski también apunta al fatal error del Imperio estadounidense: éste, según inexplicables consideraciones, cree poder consolidar su poder destruyendo a naciones cuya ayuda necesitará en un futuro. ¿De qué sirve la cuchillada estadounidense contra Occidente si Estados Unidos desciende cultural y genéticamente de aquél? Aparte, depende de las tributaciones europeas a través de créditos impuestos y manipulaciones financieras que consolidan al dólar como moneda principal y costean su liderazgo económico y militar.

     La destrucción de áreas de asentamientos étnicos cerrados se lleva a cabo con el falso pretexto de ser una obligación moral y una necesidad económica, y por lo tanto su malvado propósito es inmoral. Estos estragos étnicos también dañan la economía alemana seriamente y a largo plazo.


2. El Valor de los Acuerdos con EE.UU. Es Igual a Cero

     Existen naciones que por lealtad cumplen voluntariamente los contratos firmados como, por ejemplo, la alemana. Y hay otras que no le dan valor alguno a los acuerdos decididos. La falta de palabra de EE.UU. es proverbial. Empezaron por no cumplir las promesas hechas a los indios, y esa tendencia a la inmoralidad política y a la traición contra sus aliados siguió siendo una constante en la historia entera de ese país.

     Mis pronósticos ya estarán caducos cuando este libro esté impreso, ya que nuevos acuerdos habrán sido rotos: el Presidente estadounidense acaba de prometer «democracia» a los kurdos, sunitas y chiítas de Iraq, y un Estado propio a los palestinos en su territorio ancestral. Pero en poco tiempo estos acuerdos quedarán vacíos y llevarán a más promesas rotas y tratados sin respetar.


3. Es el Plan Kalergi

     Al igual que después Brzezinski, Kalergi ya en 1924 exigía la «multi-etnicidad» de Europa para que la «raza superior» pudiera alcanzar el poder (Praktischer Idealismus, pp. 22-23). Como ya dije, Kalergi nos explica las razones de la exigencia de lo multi-étnico en las cuales también Brzezinski se apoya. Así como Kalergi constata que una Europa de los mestizos será más fácilmente gobernable, el ex-consejero de seguridad estadounidense declara que la «posición de EE.UU. como potencia mundial» depende del «pluralismo geopolítico».

     A propósito de esto, algunos científicos ya demostraron que un desarrollo cultural creciente sólo puede tener lugar en grupos étnicamente limitados, es decir, en poblaciones más o menos aisladas [2]. Es un principio válido para todas las etnias, según el cual la «Multi-cultura» significa en consecuencia una decadencia.

[2] «Esas dudas ya están aclaradas porque ahora se entiende que la población o especie es la unidad de la evolución y no el gen o el individuo» (Mayr, Das ist Biologie, p. 43).

     Del mismo modo, algunos científicos llegaron a la conclusión de que el poder económico y militar de un Estado aumenta de acuerdo a la homogeneidad cultural de aquél, mientras que se reduce si, por ejemplo, se hablan varias lenguas en un mismo país. Por consiguiente, EE.UU. sabe perfectamente lo que está haciendo: causando daño y dolor, conflictos y debilidad; ése es su propósito. La incontrolabilidad de Europa deseada por Kalergi y por EE.UU. se logra al precio de destrozar deliberadamente la fuerza económica y cultural de un continente, de acuerdo al sueño anti-democrático del imperialismo estadounidense.

     Ahora resulta inteligible por qué ya en 1942 EE.UU. había puesto el nombre de Adenauer al principio de la lista de aquellos colaboradores con cuya ayuda en Alemania en tiempos de paz llevaría a cabo finalmente los objetivos de la guerra.


4. La Guerra Total contra el Estado Alemán

     Para destruír a un pueblo, primero hay que destruír su casa. Y la casa de un pueblo es el Estado. Por eso, después de la Segunda Guerra Mundial, la política estadounidense se dedicó a hundir el Estado alemán.

     La simple «liberación del nacionalsocialismo» no hubiera requerido la expulsión de 15 millones de personas, el robo de un cuarto del territorio de la patria, el genocidio de millones ni la revocación de la unión con Austria.

     Tras la Segunda Guerra Mundial, la infiltración de marionetas formaba parte de la justicia de los vencedores que atacaba al Estado alemán. En aquellos tiempos tuvo lugar también el ataque de los Aliados contra los símbolos nacionales: el himno alemán fue prohibido totalmente en el centro de Alemania y, en parte, en el occidente del país. En Austria, los vencedores incluso prohibieron el himno de la Primera República de antes de la guerra, «Interminablemente bendita seas», porque su melodía era idéntica a la alemana y porque su texto recordaba la pertenencia al pueblo alemán.

     Hoy día, los gobiernos delegan cada vez más el poder a los «comisarios» de Bruselas, pero el poder entregado a Bruselas es el poder que todos perdemos. Nuestros gobiernos han delegado la emisión de dinero al Banco Central Europeo y a Wall Street, empeñando el instrumento más importante para influír en los asuntos económicos, como el desempleo.

     También se está perdiendo la disposición sobre las fuerzas armadas: en vez de defender la patria, el ejército actúa cada vez más en el extranjero, participando en misiones estadounidenses de ataque en todo el mundo. La política de constante adquisición de nuestras fuerzas armadas demuestra que los gobiernos, en lo sucesivo, siguen contando con su participación en misiones imperialistas de guerras de saqueo, calificadas frecuentemente como «medidas de pacificación».

     La «delgadez del Estado» se ha convertido en moda. Bajo el falso término «privatización» se esconde la desnacionalización, que pretende echar abajo la «casa del Estado», edificada para el pueblo durante mil años. La industria clave y armamentística son «privatizadas» para caer en manos del enemigo. Los bosques, las redes de ferrocarril, las autopistas, en gran parte son vendidos a empresas estadounidenses las que luego —con las ventajas fiscales y judiciales de tener su sede en EE.UU.— los sub-arriendan. En esto, los sobornos, camuflados como «provisiones» para los altos políticos, alcanzan cifras millonarias que son transferidas a cuentas extranjeras.

     Después de la «reunificación» alemana, las tierras cultivables de la República Democrática Alemana no fueron devueltas a sus propietarios sino vendidas mayoritariamente a extranjeros que explotaron el suelo a su antojo. Correos fue robado al Estado y, ahora, la seguridad y puntualidad de los envíos dejan mucho que desear. Los funcionarios perdieron la seguridad de sus puestos, por lo que ya no están obligados a la fidelidad al Estado.

     En nombre de la «libertad de expresión», los medios de comunicación fueron arrancados de manos nacionales y declarados como instrumento de sociedades capitalistas influídas por intereses extranjeros. Las empresas son libres de fabricar en el extranjero o dondequiera que la mano de obra sea más barata.

     El peor atentado contra el Estado alemán consiste en la declaración del derecho de inmigración para extranjeros. ¡Ahora, cualquiera tiene el derecho de ser «alemán»! Ya no tiene nada que ver con nacimiento y linaje, ni color de piel o cultura, sino sólo con las ganas de llegar a este país.

     De esta manera, la relación del alemán hacia su patria, basada en la fidelidad y el amor, fue dañada. El fin último de la enajenación entre pueblo y Estado es abandonar a su suerte a las desprotegidas etnias de Europa y sacrificarlas en el planeado genocidio.–


     «El nacionalista es políticamente inmoral. Al mismo tiempo, su actitud le hace menospreciar todo lo ajeno... Por tanto, el nacionalismo contiene el fundamental elemento del odio» (Otto de Habsburgo, «Damals begann unsere Zukunft», p. 67).–



Carta 11ª
Ataque a la Cultura Alemana


1. El Ataque Estadounidense a la Cultura Alemana

     No habría «arte moderno» sin los servicios secretos estadounidenses de la CIA (Der Spiegel Nº 38, 1997, p. 170).

     El historiador austríaco y profesor universitario Dr. Reinhold Wagnleitner fue el primero en demostrar que uno de los fines bélicos de EE.UU. había sido romper la hegemonía de la música alemana. El resultado es conocido y perceptible día a día.

     Con motivo del quincuagésimo aniversario de la fundación de la CIA estadounidense, la revista Der Spiegel publicó el artículo titulado «Crearon un Monstruo»Sie schufen ein Monster», Der Spiegel Nº 38, 1997, p. 168). En él, refiriéndose a documentos secretos abiertos hace poco, figura la simple frase de gran alcance: ¡Sin la CIA no habría arte moderno en Europa!.

     Los «artistas subvencionados» que habían reemplazado la estética milenaria de lo inteligiblemente bello con un experimento psicológico de masas, fueron, si no cómplices, al menos útiles instrumentos del Imperio. Y dicho servicio secreto se había propuesto destruír primero la cultura de Alemania y después la de toda Europa, según las necesidades políticas del Imperio estadounidense, y sustituírla por un tortuoso arte y una masificada cultura. El sentido de este ataque contra Occidente y contra la Humanidad es acabar con la memoria cultural que todo pueblo necesita para sobrevivir, a través de la pérdida de tradiciones (Lorenz). Al fin y al cabo, una etnia no sólo se define por sus rasgos raciales sino que se define en base a su cultura.

     La destrucción de las tradiciones es destrucción de la cultura, y la destrucción de la cultura forma parte del genocidio. Esos ataques culturales tienen más semejanzas con los «Protocolos de los Sabios de Sión» que con el Plan Kalergi. Crece la duda de si el proceder de la potencia mundial estadounidense haya sido influído por una falsificación anti-judía.

     El arte moderno y anti-democrático, diseñado para el genocidio, que causa tanta rabia, dolor y tristeza, ha tenido que ser financiado por los inocentes pueblos a través de sus contribuciones tributarias.


2. ¿Judíos en la Guerra contra las Culturas Europeas?

     Nahum Goldmann, el más tarde presidente de la Organización Mundial Sionista (1956-1968) y del Congreso Mundial Judío (1949-1978), desveló abiertamente, ya en 1915, un plan para la destrucción de las culturas europeas (Der Geist des Militarismus, p. 37). Sus objetivos son idénticos a los de las tareas culturales de la CIA y a los falsificados «Protocolos de los Sabios de Sión», más que a los del Plan Kalergi.

     La Fundación Solomon Guggenheim de Nueva York llevó el arte moderno por todo el mundo. Sin esa red internacional, el «arte moderno» nunca hubiera podido ser introducido como un forzado sometimiento en Occidente y en el mundo como arma contra las tradiciones populares. El diario británico The Guardian achacaba a la Fundación Guggenheim el deseo de dominar el mundo (Der Spiegel, Nº 16, 2001, p. 166).

     El vocero de las asociaciones judías de Alemania, Wolffsohn, expresa con rara claridad la tendencia de reprimir la cultura autóctona, en el sentido que expresa Nahum Goldmann. Justifica las relaciones conflictivas entre los judíos y los partidos burgueses demócrata-cristiano (CDU) y cristiano-socialista (CSU) con la confesión de fe cristiana de éstos (¡!) y su adherencia a la cultura tradicional alemana (Jüdische Allgemeine, 25.9.2002).


3. Judíos que Defienden las Culturas Europeas

     Hay varias personalidades judías que se oponen a la opresión de la cultura original y son contrarias a los seguidores del Plan Kalergi, como Nahum Goldmann y el profesor Michael Wolffsohn.

     Ernst Fuchs, pintor austríaco, humanista de sangre judía, y amigo de Arno Breker, dijo: «Mis cuadros sólo se venden en galerías, los museos no los exhiben». Con esto, Fuchs quería expresar que a ojos de la CIA sus pinturas tienen un defecto. Son de embriagadora belleza y fantasía y no calzan bien en el campo de prueba de la reeducación y destrucción cultural estadounidense que nuestro pueblo debe padecer.

     Ephraim Kishon, exitoso autor nacido como Ferenc Hoffmann en Budapest y ciudadano israelí, se rebela contra el terrorismo cultural de la Fundación Guggenheim: «Todos los museos, galerías y exposiciones privadas están llenos de esa basura moderna, pero con un valor de miles de millones de dólares. Entonces, no están dispuestos a reconocer que han llenado su museo de basura. ¡Por eso, yo soy un furibundo enemigo de ese arte!».

     En 1952 Pablo Picasso, pintor español judío que durante un largo período de su vida tuvo que servir a la mentira, formuló atrevidas palabras: «El pueblo no encuentra ni consuelo ni alegría en el arte. (...) Pero cuando estoy solo conmigo mismo, no me puedo considerar artista en el gran sentido de la palabra. Grandes artistas fueron Giotto, Tiziano, Rembrandt y Goya. Yo sólo soy un payaso que ha comprendido su época y que le ha sacado toda la estupidez, lujuria y vanidad a sus contemporáneos» [1].

[1] Cita del testamento artístico de Pablo Picasso, 2.5.1952 (cit. en Kishon, «Picasso war kein Scharlatan», pp. 11-12). Cita de una carta de Picasso al crítico Giovanni Papini que lo publicó en su «Libro Nero» sin que Picasso nunca lo desmintiera.

     Después de la Segunda Guerra Mundial, al «guía operístico» de Austria, Marcel Prawy, que falleció en 2003, el servicio secreto estadounidense lo nombró «oficial cultural» y le encomendó reemplazar las óperas clásicas una tras otra con musicales estadounidenses. Hasta hoy, particularmente las óperas de Wagner suponen una espina en el ojo para el servicio secreto. Cumpliendo con su función, Prawy alababa lo que le parecía bien de los musicales, pero se siguió aferrando a la ópera alemana e italiana, resistiéndose a los intereses principales de los servicios secretos.

     Cuando el literato judío Hans Weigel en los años '80 atacó los textos de las óperas de Wagner calificándolas de insoportables y nimias, Marcel Prawy actuó en seguida. Después del primer acto de una representación en la Ópera de Viena, el anciano se levantó de su sitio y declaró públicamente su admiración por Richard Wagner como compositor y poeta. Sus palabras causaron fuerte impresión y obtuvieron un largo aplauso de los vieneses. Nadie pudo intuír que, aquella vez, un oficial cultural de la CIA había cometido la osadía de incumplir su misión con tal de seguir siendo fiel a sí mismo y a su público.


4. Sobre el Ataque al Lenguaje Materno

     En su lucha contra Pueblos y Estados, los conquistadores frecuentemente aspiraban a eliminar la lengua materna, ya que la Historia había enseñado que el enemigo sólo es vencido para siempre si su cultura es extinguida (Format, Nº 11, 2001, p. 56).

     Después de la Segunda Guerra Mundial, los Aliados quisieron introducir la lengua checa en Austria para hacerle olvidar al pueblo su origen alemán. Ese golpe fracasó. El entonces ministro de Educación, llamado Hurdes, proclamó que el alemán debía de ser llamado solamente «idioma de enseñanza» de los colegios. Hurdes y sus amigotes intentaron introducir algunas expresiones dialectales de origen bávaro que justificaran una separación lingüística del alemán, posibilitando el desgajamiento de un «idioma austríaco». Eso hubiera correspondido a las intenciones del Imperio estadounidense, que pretendía impedir así para siempre una unión de Austria con Alemania.

     Sin embargo, ya la política de polarización había conseguido contentar al Imperio con otras estrategias lingüísticas: así, por ejemplo, los idiomas flamenco y holandés fueron diferenciados tanto del alemán, para que la germanofobia pudiera germinar en los Países Bajos, aunque éstos tuvieran las mismas raíces que el pueblo germano.

     También en Alsacia los pan-europeístas consiguieron educar a los jóvenes para que consideraran el idioma de Alsacia como lengua propia y no como un dialecto alemán que es. ¡Recientemente la aparición de la televisión alemana aclaró mucho de la naturaleza alemana del idioma nativo!.

     El bombardeo casi diario con extranjerismos ingleses siempre nuevos con que es atacado nuestro idioma ha llegado a tal punto, que una persona simple se encuentra con serias dificultades para poder entender espacios televisivos, enviar cartas certificadas en correos o rellenar un formulario para puestos de trabajo.

     Un nuevo golpe de los representantes del Imperio contra la democracia y la sobrevivencia de la nación alemana, fue la reforma ortográfica «alemana» del año 1998. Contra la voluntad del 90% del pueblo, los dirigentes dictaron el cambio de nuestras reglas ortográficas. Nuestros gobernantes extranjeros actuaron también aquí en contra del mismo deseo mayoritario que está en contra de que el país participe en guerras agresivas.

     Los «expertos lingüísticos» del llamado «Hearing de Mannheim», en el que no se dejó intervenir al pueblo, se lanzaron a destrozar nuestro idioma materno, aunque incluso escritores pertenecientes al sistema e importantes diarios ofrecieron una intensa resistencia contra dicha innovación. Finalmente, la mayoría de esos extrañamente llamados «expertos idiomáticos» se decidieron por una «renovación ortográfica constante» (Neue Kronen-Zeitung, 25.1.1998). Ahora, casi todos los años, los niños de las escuelas y los empresarios tienen que adquirir un nuevo diccionario ortográfico.

     El representante de la sociedad austríaca de escritores, Gerhard Ruiss, pidió en una protesta: «¡Parad la locura de una vez!». De momento, sus palabras fueron escuchadas, pero no se sabe por cuánto tiempo.


5. El Atentado contra la Canción Popular

     Si hoy día alguien reúne a tres jóvenes alemanes que no se conocen entre sí y les pide que le canten una canción popular, se encontrará con un gran silencio. El destrozo causado por la CIA con su proyecto de reeducación parece tan amplio que muchos ya no se atreven a creer en la posibilidad de que el pueblo de Wagner, Beethoven y Mozart pueda resurgir. Los textos y melodías de nuestras canciones populares desaparecieron de la memoria del pueblo.

     Liderada por Theodor Wiesengrund-Adorno y en colaboración con la Fundación Rockefeller, la «Escuela de Frankfurt» (Frankfurter Schule), quinta columna de reeducación universitaria en suelo alemán, debía investigar las maneras que habían de cambiar el gusto del público, lo que dio resultado.

     La gran masa del pueblo alemán ha perdido el conocimiento del tesoro de 500.000 canciones. El poeta popular austríaco Peter Rosegger dijo: «Quien le devuelve la desaparecida canción al pueblo, le devuelve el alma». La CIA también sabe que quitándole la canción a un pueblo, le quita el alma. Varios documentos demuestran que 950 clubes de jazz —más tarde bautizados como discotecas— fueron abiertos en Austria después de 1945 según órdenes de la CIA.

     El desfile anual de un millón de jóvenes alemanes por Berlín, llamada «Love Parade», una especie de discoteca ambulante cuyos ritmos ensordecedores golpean las mentes adolescentes mientras consumen todo tipo de drogas, parece ser la cumbre de la reeducación Aliada.

     En cuanto a la relación del consumo de drogas con la CIA y el Mossad, vale la pena leer al ex-secretario del Estado socialdemócrata y experto en servicios secretos bajo el gobierno de Schmidt, Andreas von Bülow (Von Bülow, Im Namen des Staates).

     La cadena mundial de música MTV del industrial judío del entretenimiento Sumner Redstone, emite 28 programas regionales desde Brasil hasta China y alcanza una audiencia de hasta 166 millones de jóvenes. Éste es otro de los sueños cumplidos del Plan Kalergi: «En un mundo de autoservicio, tal vez la verdadera clave para el futuro sea que definiciones básicas como "cultura" dejen de existir... Pero esto, automáticamente ¿tiene que significar que nos volvemos infelices?».

     Nunca antes el Plan Kalergi de eliminar las naciones se ha expresado de manera tan sutil. Nunca antes la meta de la «Multicultura» ha sido cristalizada tan claramente. Y es que el objetivo de la Multicultura es precisamente que la cultura desaparezca.–


IMAGEN: El «artista» subvencionado Hermann Nitsch desangra un animal, no para saciar su hambre sino por motivos de «lujuria cultural». El ídolo para el que sacrifica se llama CIA. De manera satánica, el profanador hace parodia del rito de la misa católica y crucifica al cerdo. El ocaso de Occidente, tan visible en el arte moderno, no confirma la teoría de Oswald Spengler: no se trata de un ciclo regular y natural sino de una obra de destrucción minuciosamente planeada por un servicio secreto cuyo objetivo es la desaparición cultural y la sumisión de Occidente.


Carta 12ª
El Ataque a la Familia

1. Revocación de la División del Trabajo:
El Fregado Hecho por los Varones

     En todas las épocas, hombres y mujeres lavaron platos. Los hombres hacían eso como soldados en la guerra, como cazadores en sus excursiones o cuando salían a pescar al océano. En la familia, esa tarea recaía en la mujer porque resultaba menos peligrosa que cazar fieras o ir a la guerra. En ningún momento con eso se pretendía perjudicar o menospreciar a la otra parte.

     La Humanidad sólo podía sobrevivir porque los dos, hombre y mujer, luchaban por sacar adelante a los suyos, y cada uno cumplía con su rol. Ahora que los dos luchan el uno contra el otro, la continuidad de la especie se ve amenazada. En el marco del terror social de la CIA estadounidense, en colaboración con los infiltrados partidos europeos de Izquierda, el hecho de que el marido limpie o no la vajilla como obligación conyugal ha sido puesto en el centro de la problemática socio-política.

     Las condiciones actuales en las áreas de la investigación, desarrollo y producción la Humanidad se lo deben al principio de la división del trabajo. ¿En qué estado se encontraría, por ejemplo, la medicina si no hubiera enfoques específicos en odontología, pediatría, medicina general o psiquiatría? Porque los dioses pusieron la especialización de las labores como previa a algún éxito, y la forma más antigua de especialización tradicionalmente se daba en las actividades masculinas y femeninas, que es la más exitosa. La condena de la división de tareas es útil al plan genocida: la baja natalidad conlleva la extinción del pueblo como solución final.


2. Las Prisas por Ir al Jardín Infantil

     Las marionetas del Imperio estadounidense recibieron la orden de reducir la natalidad, de tal manera que los nuevos índices parecen delatar la inminente extinción de las etnias europeas.

     Los políticos se niegan a prohibir abiertamente la procreación, pero desarrollan un discreto, aunque muy efectivo, plan contra la formación de familias: los horarios de apertura de la mayoría de los jardines infantiles crean estrés y no son efectivos. Abren tan tarde que las madres no llegan a tiempo a su lugar de trabajo, y cierran tan temprano que ellas llegan tarde para recoger a sus hijos. Día a día, millones de mujeres son víctimas de un estrés que apaga cualquier ilusión de tener otro bebé más.

     Las «feministas» reclaman «auto-realización», pero no se refieren a la felicidad de la maternidad sino al empleo de media jornada con 400 Euros de sueldo.

    Las «feministas» crecieron de la costilla del enemigo y ellas cantan su canción, la canción del aborto, la del elogio a la píldora, la canción del derecho a la prostitución y al adulterio, sí, la canción de la miseria de la soltería y de la ancianidad solitaria. El Feminismo canta la canción de la CIA: la canción de la muerte de Alemania.


3. La Brecha entre el Cuidado de los Niños
y el Trabajo Obligatorio de las Madres

     La presión sobre la mujer para que trabaje, a fin de asegurar los ingresos de una familia media, no hubiera sido suficiente en sí misma para forzar los índices de natalidad por sobre la tasa de mortalidad, ya que las madres estaban preparadas, como todos los mamíferos desde un comienzo, a sacrificarse a sí mismas por sus propios descendientes.

     Según los planes genocidas, la prohibición conjunta de parvularios y casas-cuna hubiera sido la medida más eficaz, pero no se llevó a cabo tal sanción contra la subsistencia de Alemania. El enemigo se dio cuenta de que bastaba con impedir el cuidado constante de los hijos. Así, aunque las madres que trabajan tengan un sitio donde dejar a los niños con edades entre los tres y los seis años, basta con no ofrecer la posibilidad de dejarlos antes o después de esa edad para que la ideología familiar se deteriore a favor de la contracepción. Es una cadena que rompe por su eslabón más delgado. En algunos lugares, el costo de los «kindergarten» es tan alto que, sumado al precio del transporte, agota todo el sueldo de la madre.

     Para encarecer aun más el cuidado infantil, fue ideada otra estratagema más. Para evitar alternativas a centros profesionales, se anularon los servicios particulares ofrecidos por millones de mujeres desempleadas que, por un módico precio, se encargaban de acoger a niños de todas las edades y en un horario flexible. Primero, como requisito para atender menores, se pidió la selectividad y, ahora, hacen falta estudios de Pedagogía que tardan años. Probablemente, dentro de poco, además haga falta un máster en sociología.

     Así quedaron suspendidas millones de señoras mayores que hubieran podido realizar esa tarea mejor y con más cariño. Además, los cuentos y las leyendas populares no hubieran perdido su vigencia en el transcurso de una sola generación.


4. Aniquilación de la Red de Parvularios

     El mundo norteamericano destruyó la red alemana de parvularios perfectamente coordinada en Alemania tanto por Hitler como por Honecker. Para crear sitio para cientos de millones de inmigrantes de África y Asia, como lo prevé la ONU según los planes de Kalergi, había que encontrar otras maneras de aniquilar el deseo de familia, procreación y descendencia. Esto sólo se podía conseguir subordinando los intereses de la familia y reemplazándolos por medidas que la perjudiquen.

     Una de esas medidas consistió en destruír la red de parvularios. Esa red ya existía en tiempos del Tercer Reich pero, por ejemplo, su destrucción en la ex-República Democrática Alemana todavía está en la memoria de todos.

     En el transcurso de diez meses y bajo el mandato del canciller federal Kohl, se redujo la natalidad a la mitad. En vez de 140.000 niños, a partir de entonces ya sólo venían al mundo 70.000 por año.

    En total silencio, el sistema pro-familiar de la Alemania del Este de Honecker se anuló, mientras en Alemania Occidental, rica como nunca, la política familiar se declaró como inviable y la baja natalidad como inevitable. Las medidas anti-familiares encauzadas en Occidente por el canciller Kohl, se hicieron notar pronto. Ya no quedaba ninguna vía alternativa para el futuro de Alemania.

     Los ejecutores parecían haber aislado también el peligro del ejemplo en Francia: allí, el sistema de cuidado infantil bien coordinado llevó a una natalidad equilibrada, lo que puso a los seguidores del Plan Kalergi frente a un problema insoluble.

     Cuando en Alemania sonó la reivindicación de la escuela a jornada completa, el Imperio fue avisado: a través de sus confidentes «cristiano-conservadores», hizo acallar esas demandas y bloqueó cualquier oportunidad para la madre trabajadora.

     Ahora, al reducirse la población alemana en un millón al año —y la cifra aumenta rápidamente— se cumple el Plan Hooton, que fue presentado por el Presidente Roosevelt en la Segunda Guerra Mundial: de manera no sangrienta, los alemanes están siendo extinguidos en sentido étnico y racial.

    De esta manera, el sueño de Roosevelt sobre la aniquilación de la nación alemana se entrelaza con el Plan de Kalergi del mestizaje europeo, y muestra la realidad de la política de inmigración en el año 2003.


5. Sobre la Auto-Realización de la Mujer

     El investigador de comportamientos profesor Konrad Lorenz afirmó que el sentido de la vida es transmitirla, y ya Goethe decía: «El sentido de la vida es la vida misma». Según eso, el sentido de la vida de la mujer no puede ser renunciar a su papel de madre con tal de ocupar un empleo.

     ¿Qué significa «auto-realización» si no se trata de traspasar nuestros genes, resultado de millones de años, a otras generaciones para que continúe la perpetua cadena de sucesión?.

     Si las leyes de Mendel tienen su vigencia en la herencia de los genes, entonces, ante la elección entre tener descendencia o irse a trabajar, las mujeres tontas deberían decidirse por una carrera, mientras que las inteligentes deberían optar por la procreación para que sus virtudes espirituales puedan ser transmitidas a futuras generaciones.


6. La Estupidez Planeada

     En la República Democrática Alemana el Estado fomentaba los embarazos de estudiantes, fruto de lo cual el 70% de ellas dieron a luz. En Occidente se reconoció el peligro que amenazaba al Plan Kalergi, por lo que se dificultó el matrimonio entre estudiantes, con el resultado de que en Occidente sólo un 15% de las estudiantes procreó. El ex-ministro de Economía, Lacina, de procedencia checa, se dirigió al público con la pregunta «kalérgica»: «¿Realmente queremos esto?», difamando y prohibiendo los embarazos estudiantiles.

     El éxito se deja ver en las estadísticas occidentales: El estudio «PISA» [Programme for International Student Assessment], un test de alumnos que fue realizado para comprobar su sabiduría en todo tipo de asignaturas, tuvo evaluaciones pésimas y confirmó que la estupidez aumenta en la nación alemana.

     Lógicamente, esta cretinización no se debe a la falta de medios de enseñanza como tizas o reptiles disecados, sino al hecho de que mujer con familia y empleo no se puedan combinar y, a su vez, de que se debe renunciar a una carrera imposible de financiar. Esta estupidización en Alemania también se debe a que la política de inmigración es inmoral, de manera que, al igual que en el Imperio estadounidense, el permiso de residencia no se da a procedentes de países del Primer Mundo ni a trabajadores inteligentes o efectivos. Para frenar la economía, Alemania y los países europeos tuvieron que ser obligados a acoger y nacionalizar a los perdedores del mundo entero. El cebo para atraer a estos perdedores es nuestro sistema social.


7. Sobre Selección y Amor. Lo que Se Salva, Crece

     Pero la vida exige más que inteligencia y pide el fuerte sentimiento del amor, reemplazando cruelmente a los que no aman —sean inteligentes o estúpidos— gracias a la eterna ley de la selección. Sí, ésta aniquila a aquellas especies de hombres, mujeres y pueblos de la Tierra que dan más importancia al éxito material que a la vida misma.

     Así, en esta generación se observa un rápido proceso de selección, que sirve de cura depurativa: Aquellos que sucumben ante la tentación del Imperio de la «auto-realización», que renuncian a tener descendencia, quedan descartados de la continuidad de millones de años por su incapacidad de sobrevivir. Y en el fondo, está bien que ese tipo de gente se auto-descalifique en esta carrera de relevos generacionales.

     Por otro lado, aquellos que resisten tercamente todos los obstáculos impuestos por el Imperio y asumen los sacrificios de mantener a la especie, formarán un pueblo que será más fuerte y puro que antes. Si el golpe a Occidente se puede esquivar, sus etnias saldrán reforzadas más que antes y se seleccionarán por su capacidad de oposición.


8. Sobre la Violación dentro del Matrimonio

     Los ejecutores de la sociedad terrorista husmean tras dos formas de violencia en su concepto enemigo de la familia: la del padre contra la hija y la del padre contra la mujer. En su posición anti-familiar, típica para el terrorismo social del Imperio, conciben a la familia como foco de agresiones.

     La cruel excepción se confirma como regla para darle una imagen nefasta a la familia. Ésta era la formación social que garantizaba la persistencia de las etnias, y era el primer y último refugio, el núcleo de la Humanidad. Ahora, se trata de hacerla caer, aunque haya demostrado su eficiencia durante millones de años.

     Así, se creó la variante más barata de la «política familiar»: la política en contra de la familia. Los que sembraron el odio entre clases, entre ricos y pobres, la lucha entre jóvenes y viejos, entre Derecha e Izquierda, extranjeros y ciudadanos, son tan insaciables en su afán de dominación, que pretenden erigir un frente entre hombres y mujeres. Esto ha llevado a que ahora se haya conseguido una «ley contra la violación dentro del matrimonio», según declaraciones de políticos alemanes ante exigencias de la ONU. Así se ha creado una puerta trasera que permite la vigilancia de particulares o domicilios, permitiendo el ascenso del espionaje como acción policial.

     ¿Se extenderá el ataque de escucha del «Gran Hermano» al dormitorio? Hoy, nos acompañará al dormitorio, mañana quizá al retrete, donde iremos escoltados por el «Gran Hermano». De hecho, las feministas ya quieren obligar a los hombres a que sólo orinen sentados. El terrorismo social no conoce límites.


9. La Mentira sobre la Violencia en la Familia

     Un día, el canciller austríaco Franz Vranitzky, miembro de los Bilderberg, que es la central de mando capitalista de banqueros y «líderes obreros», comenzó una cruzada «contra la violencia en la familia», financiándola con las cuotas de los contribuyentes. Con las mismas palabras en idiomas distintos, esa campaña en forma de terrorismo social se emitió en todos los medios de comunicación de los Estados de Occidente. Al mismo tiempo, anónimamente se repartieron folletos por todo el país. Éstos llevaban el título «Los Padres Son los Culpables», y pretendían hacer creer a los jóvenes que donde había una muchacha maltratada, automáticamente la agresión había sido ejercida por el propio padre.

     Sin embargo, esta propaganda contra la familia apenas encontró eco en el público y fue rebatida científicamente: La familia no es una amenaza sino un método de protección y seguridad patentado durante millones de años. Desde la Prehistoria y aún en el peor peligro, los padres varones nunca han vacilado en defender a sus hijos. También se sabe que tanto los animales como los seres humanos rechazan por instinto la violencia interfamiliar y el incesto.

     Un estudio de la Universidad de Cornwell (Focus, Nº 47, 1994, p. 211) confirma que en nueve de diez casos, el maltratador no ha sido el propio padre sino el padrastro o un «conocido». Por consiguiente, la violencia no se origina en la familia sino precisamente en la «anti-familia», conformada por miembros «genéticamente extraños».

     El hecho de que el ser humano pase la mayor parte de su vida en el círculo familiar y por tanto también pueda llegar a mostrar mal comportamiento en aquél, es aprovechado hábilmente por el Imperio para cuestionar la comunidad más importante en el mundo animal y humano. Dentro de la familia está el «origen de lo social» y esto es condenado en las campañas oficiales de difamación familiar.

     Así como las camas no suponen ninguna amenaza para los que duermen en ellas, aunque sea en ellas donde la mayoría de los fallecimientos suceda, la familia tampoco es perjudicial. El peligro procede, más que nada, de la anti-familia, de los padrastros, de los malos tíos; de la anti-familia que es fomentada por el Imperio en su afán de promover los divorcios y las separaciones de padres e hijos.


10. Triunfo del Matrimonio sobre la Lucha de Género

     En el marco del terrorismo social con el que el Imperio reivindica sitio para las olas de inmigración, frecuentemente se escuchan falsos gritos de victoria como: «iUn tercio de todos los matrimonios termina en divorcio! ¿Hay salvación para el matrimonio?». El hecho que motivó esos titulares era cierto, pero la argumentación era incorrecta. En realidad, este dato debería llevar a esta conclusión: «Dos tercios a favor del matrimonio. A pesar de la lucha de los medios de comunicación, gobiernos y legislaciones contra éste, la mayoría absoluta de los matrimonios no termina en divorcio».

     La victoria del matrimonio sobre la lucha de género se manifiesta en el comportamiento de los divorciados: la mayoría intenta volver a casarse, pasándose otra vez al campo enemigo del Imperio.

     Por más que los medios de comunicación de las fuerzas ocupantes traten de provocar la lucha de sexos, hablando acerca de la envidia del pene [un supuesto trauma inventado por Freud], pierden día a día a las mejores feministas que se les escapan ¡por amor!. Una y otra vez pillan a mujeres que vuelven o siguen al lado de los hombres.

     Si los pan-europeos de Kalergi no logran abolir el matrimonio, no podrán vencer a la familia, y si no vencen a la familia no podrán vencer al pueblo y, en consecuencia, tampoco al Estado. Entonces no podrán cumplir con el propósito de crear la «raza superior» judía que someta a Occidente con la permanente invasión de inmigrantes.


11. Mentira Generacional y Explotación de la Familia

     El Plan Kalergi no sería eficiente si no abarcara el perjuicio de la familia en todos sus ámbitos. De esta manera, resultó imperativo retirar las ayudas materiales a las familias y perjudicar a madres y padres y así a los niños, mientras que aquellos sin descendencia son favorecidos en lo referente a su cuidado en la tercera edad.

     Los tribunales de justicia de nuestros Estados enfatizaron una y otra vez en vano el engaño generacional, condenando el incumplimiento del contrato inter-generacional. En balde hablan de la obligación de conservar al pueblo alemán, pero a la vez insisten en aventajar desvergonzadamente a los que no tienen hijos.

     Pero no hace falta analizar los veredictos judiciales ignorados por los gobiernos para encontrar una explicación de por qué cunas y salas de clases están vacías. En las agencias de viajes, en los aeropuertos y en las playas de los mares del Sur, podemos observar que los niños en los centros turísticos han llegado a ser seres raros. Ellos están excluídos de la sociedad del bienestar.

     ¿Cómo pudo lograrse el empobrecimiento tan completo de las familias? Los favorecedores del Plan Kalergi encontraron una manera simple pero efectiva: madres o parejas con hijos tienen que financiar tributariamente el seguro social y las pensiones de «los sin hijos», mientras que éstos no tienen que contribuír a la cría de futuras generaciones, ya que eso se considera responsabilidad exclusiva de los padres.

     Mientras en 1998 el entonces ministro de Economía LaFontaine presupuestó con un mínimo de 22.000 millones de marcos anuales «no financiables» los requisitos del Tribunal Federal Supremo para resolver el fraude generacional, el régimen se gastó 200.000 millones de marcos para la integración de extranjeros.

     Para la inmigración de no-europeos hacen falta medidas que cuestan diez veces más dinero que los recursos para volver a estabilizar los índices de natalidad, salvar a las familias y, en consecuencia, al pueblo. De esta manera, se trasluce que en Occidente la subvención de la declinación étnica tiene prioridad ante cualquier otro proyecto.


12. Ataque contra el Matrimonio. Matrimonios «Gays»
y ¡Adopciones de Niños por parte de Parejas Homosexuales!

     En esta misma lógica, así como el atentado contra un pueblo siempre es precedido por el ataque a su Estado, el atentado contra la familia efectivamente requiere el ataque previo a la institución del matrimonio.

     Rita Süßmuth, delegada para asuntos familiares del partido demócrata-cristiano alemán (CDU), se distinguió particularmente en la lucha contra la familia y el matrimonio. Demandó el reconocimiento del «matrimonio» entre homosexuales y su derecho a adoptar niños.

     Tras actuar durante años contra la familia alemana como ministra de asuntos de familia contra la familia alemana, adaptando «intuitivamente» los índices de natalidad a lo previsto según Kalergi, Hooton y Morgenthau, fue designada para la cúpula de la comisión encargada de la inmigración de extranjeros en Alemania. Reiteró que el único remedio para impedir la despoblación de Europa Central —desaparición que ella misma indujo con sus reformas en la política familiar— sería la aceptación de la inmigración perpetua de extranjeros.


13. Conclusión de la Carta 12ª

     El ministerio austriaco de Educación y Ciencia señaló que la mayoría de las medidas para los cambios sociales, sea el papel de hombres y mujeres, la concesión de la ciudadanía a extranjeros o la disminución de la autoridad del Estado, fueron impuestas al pueblo en contra de su voluntad.

     No son leyes o regulaciones individuales en nuestros Estados las que perjudican a la familia, sino una completa red de leyes, obviamente inventadas e ideadas para frenar el futuro y la subsistencia de la institución más elemental de la sociedad.

     Por ello uno reconoce que la familia está en el frente del ataque del Imperio, al que sólo se le puede ofrecer resistencia fundando y protegiendo a las familias.–


     «Cualquier ética de grupo procede históricamente de la ética familiar. Cualquier sociedad tiene su origen en la familia. Las predisposiciones para el cuidado de los retoños perecen rápidamente en sociedades que no aprecian la familia y que por tanto educan para una aceptación de los extraños porque no llegan a desarrollar el sentimiento familiar del "nosotros"» (Irenaus Eibl-Eibesfeldt, In der Falle des Kurzzeitdenkens, p. 162).–




Primera Parte
http://editorial-streicher.blogspot.com/2015/11/gerd-honsik-adios-europa-el-plan.html



Tercera Parte
http://editorial-streicher.blogspot.com/2015/12/gerd-honsik-adios-europa-el-plan.html

1 comentario:

  1. Entre tanta oscuridad rescato estas líneas esperanzadoras para Alemania y Europa: "aquellos que resisten tercamente todos los obstáculos impuestos por el Imperio y asumen los sacrificios de mantener a la especie, formarán un pueblo que será más fuerte y puro que antes. Si el golpe a Occidente se puede esquivar, sus etnias saldrán reforzadas más que antes y se seleccionarán por su capacidad de oposición."

    ResponderEliminar