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miércoles, 14 de octubre de 2015

Sobre Wahabismo, Arabia Saudita e ISIS



     Los siguientes dos artículos unidos que presentamos en castellano fueron publicados hace poco más de un año como una primera y una segunda parte (en huffingtonpost.com) de un análisis histórico de las raíces de ISIS o Estado Islámico, aquella sanguinaria agrupación contra la cual las ha emprendido el Presidente ruso con éxito tan resonante estos últimos días y que algunos sostienen que realmente es un acrónimo de Israeli Secret Intelligence Service, y su impacto sobre el futuro del Medio Oriente. El autor de estos ensayos, Alastair Crooke (1950), es un diplomático británico ex-oficial del servicio de Inteligencia MI-6, bastante involucrado en los asuntos de Oriente Medio y en el estudio de la lógica de los grupos islamistas combatientes. Además de los antecedentes históricos el señor Crooke plantea la curiosa hipótesis de que el verdadero amenazado por ISIS no es sino el reino saudita, por las razones que se verá que él da.


Usted No Puede Entender al ISIS si No Conoce
la Historia del Wahabismo en Arabia Saudita
por Alastair Crooke
27 de Agosto de 2014



     La dramática llegada de Da'ish (ISIS, Islamic State in Iraq and Syria) a la escena de Iraq ha sobresaltado a muchos en Occidente. Muchos han quedado perplejos, y horrorizados, por su violencia y su evidente magnetismo para la juventud musulmana sunita. Pero más que esto, ellos encuentran la ambivalencia de Arabia Saudí ante esta manifestación algo a la vez problemático e inexplicable, preguntándose: "¿No comprenden los sauditas que ISIS los amenaza a ellos también?".

     Parece, incluso ahora, que la élite dirigente de Arabia Saudí está dividida. Algunos aplauden que ISIS esté combatiendo el "fuego" chiíta iraní con "fuego" sunita; que un nuevo Estado sunita esté tomando forma en el núcleo mismo de lo que ellos consideran como un patrimonio sunita histórico; y ellos se ven atraídos por la estricta ideología salafista de Da'ish.

     Otros sauditas son más temerosos, y recuerdan la historia de la rebelión contra Abd al-Aziz ibn Saud (1876-1953) llevada a cabo por la milicia wahabista Ikhwan, que casi destruyó al wahabismo y a los Al-Saud a fines de los años '20.

     Muchos sauditas están profundamente inquietos por las doctrinas radicales de Da'ish (ISIS), y están comenzando a cuestionar algunos aspectos del curso y del discurso de Arabia Saudí.


LA DUALIDAD SAUDITA

     La discordia interna y las tensiones de Arabia Saudí con respecto a ISIS sólo pueden ser entendidas comprendiendo la inherente (y persistente) dualidad que está en el núcleo del carácter doctrinal del reino saudita y sus orígenes históricos.

     Una variante dominante de la identidad saudita tiene que ver directamente con Muhammad ibn Abd al-Wahhab (1703-1792, el fundador del Wahabismo), y el uso que le dio Muhammad Ibn Saud (m. en 1765) al puritanismo radical y excluyente de aquél. (Ibn Saud era entonces simplemente un líder menor, entre muchos, de las tribus beduinas que continuamente combatían y asaltaban en los desiertos ardientes y desesperadamente pobres de la meseta del Nejd).

     La segunda variante de esta dualidad desconcertante se relaciona precisamente con el subsecuente cambio del rey Abd al-Aziz hacia la estructura del Estado en los años '20: su represión de la violencia Ikhwani (a fin de tener una posición diplomática como un Estado-nación con Gran Bretaña y EE.UU.); su institucionalización del impulso wahabista original, y la posterior incautación de la oportunamente surgida válvula de los petrodólares en los años '70, para canalizar la volátil corriente Ikhwani lejos de casa hacia la exportación, difundiendo una revolución cultural más bien que una revolución violenta, a través de todo el mundo musulmán.

     Pero esta "revolución cultural" no era ningún reformismo dócil. Se trataba de una revolución basada en el odio de tipo jacobino de Abd al-Wahhab contra la putrefacción y el desviacionismo que él percibía alrededor suyo, y de aquí su llamada a purgar el Islam de todas sus herejías e idolatrías.


IMPOSTORES MUSULMANES

     El escritor y periodista estadounidense Steven Coll han escrito acerca de cómo Abd al-Wahhab, ese discípulo crítico y austero del erudito del siglo XIV Ibn Taymiyyah, despreciaba a la "decorosa, artística, fumadora de tabaco, bebedora de hachís y golpeadora de tambores nobleza egipcia y otomana que viajaba a través de Arabia para rezar en La Meca".

     En opinión de Abd al-Wahhab, éstos no eran musulmanes; ellos eran impostores enmascarados como musulmanes. Ni tampoco, en realidad, él encontró el comportamiento de los árabes beduinos locales mucho mejor. Ellos enfurecieron a Abd al-Wahhab con su veneración de santos, su erección de lápidas sepulcrales, y con sus "supersticiones" (p. ej, el reverenciar tumbas o sitios que eran considerados particularmente imbuidos de lo divino).

     Todo este comportamiento Abd al-Wahhab lo denunció como bida, prohibido por Alá.

     Como Taymiyyah antes que él, Abd al-Wahhab creía que el período de la permanencia del profeta Mahoma en Medina era el ideal de la sociedad musulmana ("el mejor de los tiempos"), al cual todos los musulmanes deberían aspirar a emular (esto, esencialmente, es el Salafismo).

     Ibn Taymiyyah (1263-1328) había declarado la guerra contra el chiísmo, el sufismo y la filosofía griega. Él se expresó públicamente también contra las visitas a la tumba del profeta Mahoma y la celebración de su cumpleaños, declarando que todo ese comportamiento representaba una mera imitación de la adoración cristiana a Jesús como Dios (es decir, idolatría). Abd al-Wahhab asimiló toda esta temprana enseñanza, declarando que "cualquier duda o vacilación" de parte de un creyente con respecto a su reconocimiento de esta interpretación particular del Islam debería "privar a un hombre de la inmunidad de su propiedad y su vida".

     Uno de los principios básicos de la doctrina de Abd al-Wahhab se ha convertido en la idea clave de takfir [excomunión]. Según la doctrina takfiri, Abd al-Wahhab y sus seguidores podrían considerar a sus correligionarios musulmanes como infieles si éstos se involucraran en actividades que de alguna manera pudiera decirse que usurpan la soberanía de la Autoridad absoluta (es decir, el Rey). Abd al-Wahhab denunció a todos los musulmanes que honraban a los muertos, los santos o los ángeles. Él creía que tales sentimientos quitaban mérito al sometimiento completo que hay que sentir hacia Alá, y sólo a Alá. El Islam wahabita de ese modo prohíbe cualquier rezo a santos y seres queridos muertos, las peregrinaciones a tumbas y mezquitas especiales, los festivales religiosos que celebran a santos, la honra del cumpleaños del profeta musulmán Mahoma, e incluso prohíbe el uso de lápidas cuando se sepulta a los muertos.

     Abd al-Wahhab exigió conformidad, una conformidad que debía ser demostrada de una forma física y tangible. Él sostuvo que todos los musulmanes deben jurar individualmente su fidelidad a un solo líder musulmán (un Califa, si lo hubiera). Aquellos que no se conformaran a este punto de vista deberían ser muertos, ser violadas sus mujeres e hijas, y confiscadas sus posesiones, él escribió. La lista de apóstatas que merecen la muerte incluía a los chiítas, los sufíes y otras denominaciones musulmanas, a quienes Abd al-Wahhab no consideraba en absoluto como musulmanes.

     No hay nada aquí que separe al wahabismo y a ISIS. La grieta surgiría sólo más tarde, de la posterior institucionalización de la doctrina de Muhammad ibn Abd al-Wahhab de "Un Jefe, Una Autoridad, Una Mezquita", siendo estos tres pilares tomados respectivamente para referirse al rey saudita, la autoridad absoluta del wahabismo oficial, y su control de "la palabra" (es decir, la mezquita).

     Es esta desavenencia —la negación de ISIS de estos tres pilares sobre los cuales descansa toda la autoridad sunita actualmente— la que hace de ISIS, que en todos los otros aspectos se conforma al wahabismo, una profunda amenaza para Arabia Saudí.


BREVE HISTORIA 1741-1818

     La defensa que Abd al-Wahhab hizo de estas opiniones radicales extremas condujo inevitablemente a su expulsión de su propia ciudad, y en 1741, después de algún vagabundeo, él encontró refugio bajo la protección de Ibn Saud y su tribu. Lo que Ibn Saud percibió en la novedosa enseñanza de Abd al-Wahhab fueron los medios para desbancar la tradición y las convenciones árabes. Ibn Saud vio que dicha enseñanza era un camino para la toma del poder.

     El clan de Ibn Saud, valiéndose de la doctrina de Abd al-Wahhab, pudo hacer entonces lo que ellos siempre habían hecho, que era asaltar pueblos vecinos y privarlos de sus posesiones, sólo que ahora ellos no lo estaban haciendo dentro del ámbito de la tradición árabe sino más bien bajo la bandera de la yihad [guerra santa]. Ibn Saud y Abd al-Wahhab también introdujeron de nuevo la idea del martirio en nombre de la yihad, el cual concedía a los que fueran martirizados entrada inmediata en el paraíso.

     Al comienzo, ellos conquistaron unas pocas comunidades locales e impusieron su dominio sobre ellas. (A los habitantes conquistados se les ofreció una elección limitada: conversión al wahabismo o muerte). Hacia 1790, la Alianza controlaba la mayor parte de la Península Arábiga y repetidamente asaltó Medina, Siria e Iraq.

     La estrategia de ellos —como la de ISIS hoy— era llevar a la sumisión a los pueblos que ellos conquistaban. Su intención era infundir el miedo. En 1801 los Aliados atacaron la Ciudad Santa de Karbala en Iraq. Ellos masacraron a miles de chiítas, incluyendo mujeres y niños. Muchos lugares sagrados chiítas fueron destruídos, incluído el lugar sagrado del imán Hussein, el nieto asesinado del profeta Mahoma.

     Un funcionario británico, el teniente Francis Warden, observando la situación de ese entonces, escribió: "Ellos la asolaron entera [la ciudad iraquí de Karbala], y saquearon la Tumba de Hussein... matando en el curso del día, con circunstancias de particular crueldad, a más de cinco mil habitantes".

     Osman ibn-Bishr Najdi, el historiador del primer Estado saudita, escribió que Abdulaziz ibn-Muhammad ibn-Saud [m. en 1803, hijo mayor y sucesor de Muhammad ibn-Saud] cometió una masacre en Karbala en 1801. Él orgullosamente documentó aquella masacre diciendo: «Tomamos Karbala y matamos y tomamos a su gente (como esclavos); por lo tanto alabado sea Alá, el Señor de los Mundos, y no pedimos perdón por eso, y decimos: "Y a los incrédulos: el mismo tratamiento"».

     En 1803 Abdul Aziz luego entró en la Ciudad Santa de La Meca, la cual se rindió bajo el impacto del terror y el pánico (el mismo destino le iba a acontecer Medina también). Los seguidores de Abd al-Wahhab demolieron los monumentos históricos y todas las tumbas y lugares sagrados en medio de ellos. Hacia el final, ellos habían destruído siglos de arquitectura islámica cerca de la Gran Mezquita.

     Pero en Noviembre de 1803 un asesino chiíta mató al rey Abdul Aziz (tomando venganza por la masacre en Karbala). Su hijo, Saud ibn Abd al-Aziz, lo sucedió y continuó la conquista de Arabia. Los gobernantes otomanos, sin embargo, no podían sólo estar sentados y mirando cómo su Imperio era devorado pedazo tras pedazo. En 1812 el ejército otomano, compuesto por egipcios, empujó a la Alianza fuera de Medina, Jeddah y La Meca. En 1814 Saud ibn Abd al-Aziz murió de fiebre. Su infortunado hijo Abdullah ibn Saud, sin embargo, fue llevado por los otomanos a Estambul, donde fue espantosamente ejecutado (un visitante de Estambul relató haberlo visto siendo humillado en las calles de Estambul durante tres días, luego ahorcado y degollado, su cabeza cortada lanzada desde un cañón, y su corazón cortado y empalado sobre su cuerpo).

     En 1815 las fuerzas wahabitas fueron aplastadas por los egipcios (que actuaban de parte de los otomanos) en una batalla decisiva. En 1818 los otomanos capturaron y destruyeron la capital wahabita de Dariyah. El primer Estado saudita no existía más. Los pocos wahabitas que quedaron se retiraron al desierto para reagruparse, y allí ellos permanecieron, inactivos durante la mayor parte del siglo XIX.


LA HISTORIA RETORNA CON ISIS

     No es difícil entender cómo la fundación del Estado Islámico por ISIS en el Iraq contemporáneo podría resonar entre aquellos que recuerdan esta historia. En efecto, el espíritu del wahabismo del siglo XVIII no sólo no se marchitó en la regón del Nejd sino que resurgió a la vida cuando el Imperio otomano colapsó entre el caos de la Primera Guerra Mundial.

     Los Al-Saud —en este renacimiento del siglo XX— fueron conducidos por el lacónico y políticamente astuto Abd al-Aziz, que, uniendo las díscolas tribus beduinas, lanzó la "Ikhwan" saudita en el espíritu de los anteriores combativos prosélitos de Abd al-Wahhab e Ibn Saud.

     La milicia religiosa Ikhwan fue una reencarnación del anterior feroz y semi-autónomo movimiento de vanguardia de comprometidos "moralistas" armados wahabistas que casi habían tenido éxito en apoderarse de Arabia hacia principios del siglo XIX. De la misma manera que antes, la Ikhwan una vez más tuvo éxito en capturar La Meca, Medina y Jeddah entre 1914 y 1926. Abd al-Aziz, sin embargo, comenzó a sentir que sus intereses más amplios estaban amenazados por el "jacobinismo" revolucionario exhibido por la Ikhwan. La Ikhwan se rebeló, lo que condujo a una guerra civil que duró hasta los años '30, cuando el rey redujo a dichas milicias ametrallándolas.

     Para este rey (Abd al-Aziz), las simples verdades de las décadas anteriores se estaban erosionando. El petróleo estaba siendo descubierto en la península. Gran Bretaña y EE.UU. estaban cortejando a Abd al-Aziz, pero todavía estaban inclinados a apoyar a Sharif Husain como el único gobernante legítimo de Arabia. Los sauditas necesitaban desarrollar una postura diplomática más sofisticada.

     De ese modo, el wahabismo fue forzosamente cambiado desde un movimiento de la yihad revolucionaria y la purificación takfiri teológica, a un movimiento de da'wa [llamamiento islámico] social, político, teológico y religioso conservador, y a la justificación de la institución que defiende la lealtad a la familia Real saudita y al poder absoluto del rey.


LA RIQUEZA DEL PETRÓLEO DIFUNDIÓ EL WAHABISMO

     Con el advenimiento de la prosperidad del petróleo —como escribe el investigador francés Giles Kepel— los objetivos sauditas eran «extender y difundir el wahabismo a través del mundo musulmán... para "wahabizar" al Islam, reduciendo de esa manera la "multitud de voces dentro de la religión" a un "único credo", un movimiento que superaría las divisiones nacionales». Miles de millones de dólares estaban siendo —y siguen siendo— invertidos en esta manifestación de poder blando.

     Fue esta embriagadora mezcla de proyección del poder blando de miles de millones de dólares, junto con la disposición saudita a manejar al Islam sunita tanto para hacer progresar los intereses de EE.UU. como concomitantemente insertar el wahabismo pedagógicamente, socialmente y culturalmente a través de las tierras del Islam, lo que llevó a cabo una política occidental de dependencia de Arabia Saudí, una dependencia que ha durado desde la reunión de Abd al-Aziz con el Presidente Roosevelt en un buque de guerra estadounidense (al retornar el Presidente desde la Conferencia de Yalta) hasta hoy.

     Los habitantes de Occidente miraron hacia el reino saudí, y su mirada fue capturada por la riqueza, por la aparente modernización y por el liderazgo profeso del mundo islámico. Ellos prefirieron suponer que dicho reino se estaba plegando a los imperativos de la vida moderna, y que el manejo del Islam sunita llevaría al reino, también, a la vida moderna.

     Pero el enfoque de la Ikhwan saudita del Islam no murió en los años '30. Ella se retiró, pero mantuvo su control sobre partes del sistema; de ahí la dualidad que observamos hoy en la actitud saudita hacia ISIS.

     Por una parte, ISIS es profundamente wahabista. Por otra, es ultra-radical de un modo diferente. Podría ser visto esencialmente como un movimiento correctivo del wahabismo contemporáneo.

     ISIS es un movimiento "post-Medina": se enfoca en las acciones de los dos primeros Califas más bien que en el profeta Mahoma mismo, como una fuente de imitación, y niega enérgicamente el reclamo de los sauditas de tener autoridad para gobernar.

     A medida que la monarquía saudita florecía en la época del petróleo como una institución cada vez más inflada, el atractivo del mensaje Ikhwan ganó terreno (a pesar de la campaña de modernización del rey Faisal). El "enfoque Ikhwan" disfrutó —y todavía disfruta— del apoyo de muchos hombres y mujeres prominentes y jeques. En cierto modo, Osama ibn-Laden fue precisamente el representante de un florecimiento tardío de este enfoque Ikhwani.


     Hoy, la debilitación por parte de ISIS de la legitimidad del rey no debe ser vista como problemática sino más bien como un retorno a los verdaderos orígenes del proyecto saudí-wahabita.

     En el manejo colaborativo de la región por los sauditas y Occidente en la búsqueda de los muchos proyectos occidentales (opuestos al socialismo, el baathismo, el Nasserismo, la influencia soviética e iraní), los políticos occidentales han destacado su lectura elegida de Arabia Saudí (riqueza, modernización e influencia), pero ellos decidieron ignorar el impulso wahabista.

     Después de todo, los movimientos islamistas más radicales fueron percibidos por los servicios de Inteligencia occidentales como más eficaces en el derribamiento de la URSS en Afganistán, y en combatir a los líderes y Estados impopulares del Medio Oriente.

     ¿Por qué deberíamos estar sorprendido entonces de que del mandato saudí-occidental del príncipe Bandar para manejar la insurrección en Siria contra el Presidente Assad haya surgido un tipo de movimiento de vanguardia violento e inductor de miedo neo-Ikhwan: ISIS?. ¿Y por qué deberíamos estar sorprendidos —sabiendo un poco sobre el wahabismo— de que los insurgentes "moderados" en Siria llegaran a ser más raros que un mítico unicornio?. ¿Por qué deberíamos haber imaginado que el wahabismo radical crearía moderados?. ¿O por qué podríamos imaginar que una doctrina de "Un líder, Una autoridad, Una mezquita: sométanse a ello, o perezcan" podría conducir finalmente a la moderación o la tolerancia?.

     O, quizás, nunca lo imaginamos.–


Bomba de Tiempo en Oriente Medio:
El Verdadero Propósito de ISIS Es Reemplazar
a la Familia Saud como los Nuevos Emires de Arabia
2 de Septiembre de 2014


     ISIS es en realidad una verdadera bomba de tiempo insertada en el centro del Oriente Medio. Pero su poder destructivo no es como comúnmente se ha entendido. No es en la "Marcha de los Decapitadores", ni en las matanzas, ni en la captura de ciudades y pueblos, ni en la más cruel de las "justicias" —terrible como pueda ser—, donde radica su verdadero poder explosivo. Su poder es aún más potente que su atracción exponencial sobre musulmanes jóvenes, que su enorme arsenal de armas y sus cientos de millones de dólares.

     Su verdadero potencial para la destrucción está en otra parte: en la implosión de Arabia Saudí como una piedra angular del moderno Oriente Medio. Deberíamos entender que no hay realmente casi nada que Occidente pueda hacer ahora con respecto ello, salvo sentarse y mirar.

     La clave de su potencial realmente explosivo, como el académico saudita Fuad Ibrahim ha señalado (pero que ha sido pasado casi totalmente por alto, o su significación ha pasado inadvertida), está en el uso deliberado e intencional de ISIS, en su doctrina, del lenguaje de Abd al-Wahhab, el fundador del siglo XVIII, junto con Ibn Saud, del wahabismo y del proyecto saudita:

    «[El agente] Abu Omar al-Baghdadi, el primer "príncipe de los fieles" en el Estado Islámico de Iraq, en 2006 formuló, por ejemplo, los principios de su previsto Estado... Entre sus objetivos está el diseminar el monoteísmo, "que es el propósito para el cual los humanos fueron creados y para cuyo propósito ellos deben ser llamados al Islam...". Este lenguaje reproduce exactamente la formulación de Abd al-Wahhab. Y no es sorprendente que los escritos de este último y los comentarios wahabitas sobre sus obras sean extensamente distribuídos en las áreas bajo el control de ISIS y que sean hechos materia de estudio. Al-Baghdadi posteriormente iba a percibir favorablemente "una generación de hombres jóvenes [que han sido] entrenados basados en la olvidada doctrina de lealtad y rechazo"».

     ¿Y cuál es esa "olvidada" tradición de "lealtad y rechazo"?. ¿Es la doctrina de Abd al-Wahhab de que la creencia en un solo dios (para él, uno antropomórfico) —el único digno de adoración— era en sí misma insuficiente para hacer de alguien un musulmán?.

     Nadie podría ser un fiel creyente, a menos que además negara (y destruyera) cualquier otro objeto de adoración. La lista de tales objetos potenciales de la adoración idólatra, que Al-Wahhab condenó como idolatría, era tan extensa que casi todos los musulmanes estaban en riesgo de caer bajo su definición de "incrédulos". Ellos por lo tanto enfrentaban una disyuntiva: o se convierten a la visión que Al-Wahhab tenía del Islam, o son asesinados, y sus mujeres, sus hijos y su propiedad física tomados como despojos de la yihad. Incluso expresar dudas sobre esta doctrina, dijo Al-Wahhab, debería ameritar la ejecución.


     El punto que Fuad Ibrahim está destacando, me parece, no es simplemente enfatizar de nuevo el reduccionismo extremo de la visión de Al-Wahhab, sino insinuar algo completamente diferente: que por medio de su adopción intencional de este lenguaje wahabista, ISIS está encendiendo a sabiendas el detonador para una explosión regional más grande, uno que tiene una muy verdadera posibilidad de ser encendido, el cual, si llegara a tener éxito, cambiará el Oriente Medio decisivamente.

     Esto, dado que fue precisamente esta formulación idealista, puritana y proselitista de Al-Wahhab la que fue el "padre" del "proyecto" saudita entero, uno que fue violentamente suprimido por los otomanos en 1818, pero que resucitó espectacularmente en los años '20, para convertirse en el reino saudita que conocemos hoy. Pero desde su renacimiento en los años '20, el proyecto saudita siempre ha llevado dentro de él el "gen" de su propia auto-destrucción.


LA COLA SAUDITA HA MENEADO AL PERRO BRITÁNICO-ESTADOUNIDENSE EN EL ORIENTE MEDIO

     Paradójicamente, fue un funcionario británico inconformista el que ayudó a insertar dicho gen en el nuevo Estado. El funcionario británico agregado a Aziz era un tal Harry Saint John Philby (padre del oficial del MI6 que espió para el KGB soviético, Kim Philby). Él llegaría a convertirse en un consejero cercano del rey Abd al-Aziz, habiendo dimitido como un funcionario británico, y fue hasta su muerte un miembro clave de la Corte del gobernante. Él, como Lawrence de Arabia, era un arabista. Él fue también un converso al Islam wahabita y fue conocido como el jeque Abdullah.

     Saint John Philby era un hombre en proceso: él estaba determinado a hacer de su amigo, Abd al-Aziz, el gobernante de Arabia. En efecto, está claro que al fomentar esta ambición él no estaba actuando bajo instrucciones oficiales. Cuando, por ejemplo, él animó al rey Aziz a expandirse al Nejd del Norte, a él se le ordenó desistir. Pero (como señala el autor estadounidense Stephen Schwartz) Aziz estaba muy consciente de que Gran Bretaña había prometido repetidamente que la derrota de los otomanos produciría un Estado árabe, y esto sin duda animó a Philby y a Aziz a aspirar a convertirse este último en su nuevo gobernante.

     No está claro exactamente lo que pasó entre Philby y el gobernante (los detalles parecen de alguna manera haber sido suprimidos), pero parecería que la visión de Philby no estuvo confinada a la construcción de un Estado a la manera convencional sino que más bien era una de transformar la ummah (comunidad de creyentes) islámica más amplia en un instrumento wahabista que aseguraría a los Al-Saud como los líderes de Arabia. Y para que eso sucediera, Aziz tenía que ganar el beneplácito británico (y mucho más tarde, el respaldo estadounidense). "Ésa fue la estratagema que Abd al-Aziz convirtió en propia, con el consejo de Philby", señala Schwartz.


EL PADRINO BRITÁNICO DE ARABIA SAUDÍ

     En cierto modo, puede decirse que Philby es "el padrino" de ese pacto trascendental mediante el cual los líderes sauditas usarían su influencia para "manejar" el Islam sunita en beneficio de los objetivos occidentales (conteniendo al socialismo, el baathismo, el nasserismo, la influencia soviética, la de Irán, etc.), y a cambio, Occidente consentiría la suave wahabización llevada a cabo por Arabia Saudí de la ummah islámica (con su simultánea destrucción de las tradiciones intelectuales y la diversidad del Islam y su siembra de profundas divisiones dentro del mundo musulmán).

     Por lo tanto —desde entonces hasta ahora— la política de británicos y estadounidenses ha estado ligada a los objetivos sauditas (tan fuertemente como a los suyos propios), y ha sido muy dependiente de Arabia Saudí en cuanto a orientaciones en la persecución de su curso en Oriente Medio.

     En términos políticos y financieros, la estrategia Saud-Philby ha sido un éxito asombroso (si se consideran sus propios términos cínicos y egoístas). Pero siempre estuvo arraigada en la torpeza intelectual británica y estadounidense: el rechazo a ver el "gen" peligroso dentro del proyecto wahabista, su potencial latente para mutar, en cualquier momento, de vuelta a su original, una variedad sangrienta y puritana. En cualquier caso, eso acaba de suceder: ISIS es ello.

     Ganar el respaldo occidental (y el continuado respaldo occidental), sin embargo, requirió un cambio de modo: el "proyecto" tuvo que cambiar desde ser un movimiento de vanguardia islámico armado y proselitista, hasta algo parecido a la política. Esto nunca iba a ser fácil debido a las contradicciones inherentes implicadas (moralidad puritana versus Realpolitik y dinero); y a medida que el tiempo ha avanzado, los problemas de acomodar la "modernidad" que la estructura del Estado requiere, ha producido que dicho "gen" se haya hecho más activo, no más inerte.

     Incluso Abd al-Aziz mismo afrontó una reacción alérgica, en la forma de una seria rebelión de su propia milicia wahabi, la Ikhwan saudita. Cuando la expansión del control por parte de la Ikhwan alcanzó la frontera de los territorios controlados por Gran Bretaña, Abd al-Aziz trató de refrenar a su milicia (Philby lo estaba instando a buscar el patrocinio británico), pero los miembros de la Ikwhan, ya críticos del uso de él de tecnología moderna (el teléfono, el telégrafo y la ametralladora), "se indignaron por el abandono de la yihad por motivos de una mundana Realpolitik... Ellos rechazaron entregar sus armas, y en vez de ello se rebelaron contra su rey... Después de una serie de choques sangrientos, ellos fueron aplastados en 1929. Los miembros de la Ikhwan que habían permanecido leales, fueron absorbidos más tarde en la Guardia Nacional [saudita]".

     El hijo y heredero del rey Aziz, Saud, afrontó una forma diferente de reacción (menos sangrienta pero más eficaz). El hijo de Aziz fue depuesto del trono por la institución religiosa —a favor de su hermano Faisal— debido a su conducta ostentosa y extravagante. Su estilo pródigo y ostentoso ofendió al establishment religioso que esperaba que el "Imán de los Musulmanes" persiguiera un estilo de vida piadoso y proselitista.

     El rey Faisal, el sucesor de Saud, a su vez, fue baleado por su sobrino en 1975, quien había aparecido en la Corte aparentemente para hacer su juramento de lealtad, pero quien en cambio sacó una pistola y disparó al rey en su cabeza. El sobrino había estado perturbado por la invasión de creencias occidentales y las innovaciones en la sociedad wahabita, en perjuicio de los ideales originales del proyecto wahhabista.


LA TOMA DE LA GRAN MEZQUITA EN 1979

     Mucho más seria, sin embargo, fue la revivida Ikhwan de Juhayman al-Otaybi, que culminó en la toma de la Gran Mezquita de La Meca por aproximadamente 400 a 500 hombres y mujeres armados en 1979. Juhayman era de la influyente tribu Otaybi del Nejd, que había liderado y había sido un elemento principal en la Ikhwan original de los años '20.

     Juhayman y sus seguidores, muchos de los cuales provinieron del seminario de Medina, tenían el apoyo tácito, entre otros clérigos, del jeque Abdel-Aziz ibn-Baz, el ex-mufti de Arabia Saudí. Juhayman declaró que el jeque Ibn Baz nunca objetó sus enseñanzas Ikhwan (que eran también críticas de la laxitud de los clérigos [ulemas] hacia la "incredulidad"), pero que Ibn Baz lo había culpado sobre todo por volver a insistir en que "la dinastía dirigente Al-Saud había perdido su legitimidad porque era corrupta, ostentosa y había destruído la cultura saudita por medio de una agresiva política de occidentalización".

     Significativamente, los seguidores de Juhayman predicaron su mensaje Ikhwani en varias mezquitas en Arabia Saudí inicialmente sin ser detenidos, salvo cuando Juhayman y diversos miembros de la Ikhwan finalmente fueron retenidos para ser interrogados en 1978. Los miembros de los ulemas (incluyendo a Ibn Baz) los contra-interrogaron por herejía, pero luego pidieron su liberación porque ellos los vieron como no más que tradicionalistas que volvían a la fuente de la Ikhwan —como el abuelo de Juhayman [Sultan ibn-Bajad al-Otaibi, que luchó contra el rey Abd al-Aziz]— y por lo tanto no como una amenaza.

     Incluso cuando la toma de la mezquita fue derrotada y acabada, permaneció un cierto nivel de tolerancia por parte de los ulemas hacia los rebeldes. Cuando el gobierno pidió una fatwa [decreto religioso] para poder usar la fuerza armada en la mezquita, el lenguaje de Ibn Baz y otro ulema mayor fue curiosamente de tono moderado. Los eruditos no declararon a Juhayman y a sus seguidores como no-musulmanes, a pesar de su violación de la santidad de la Gran Mezquita, sino que sólo los llamaron al-jamaah al-musallahah (el grupo armado).

     El grupo que Juhayman condujo estaba lejos de ser marginado de importantes fuentes de poder y riqueza. En cierto modo, nadó en aguas amistosas y receptivas. El abuelo de Juhayman había sido uno de los líderes de la Ikhwan original, y después de la rebelión contra Abdel Aziz, muchos de los compañeros de armas de su abuelo fueron absorbidos en la Guardia Nacional. De hecho, Juhayman mismo había servido dentro de la Guardia, de modo que fue capaz de obtener armas y experiencia militar de simpatizantes en la Guardia Nacional, y las armas necesarias y los alimentos para sostener el sitio fueron pre-colocados y escondidos, dentro de la Gran Mezquita de La Meca. Juhayman fue también capaz de pedir a individuos adinerados que financiaran la empresa.


ISIS CONTRA LOS SAUDITAS OCCIDENTALIZADOS

     El punto de volver sobre esta historia es subrayar cuán inquietos deben estar los dirigentes sauditas por el surgimiento de ISIS en Iraq y Siria. Las manifestaciones Ikhwani previas fueron suprimidas, pero todo esto ocurrió dentro del reino saudita.

     ISIS sin embargo es una protesta de rechazo neo-Ikhwani que ocurre fuera del reino, y que, además, sigue la disidencia de Juhayman en su crítica mordaz de la familia dirigente Al-Saud.

     Éste es el profundo cisma que vemos hoy en Arabia Saudí, entre la corriente modernizadora de la cual el rey Abdullah es parte, y la orientación "Juhayman" de la cual son parte ibn-Laden, los partidarios sauditas de ISIS y el establishment religioso saudita. Éste es también un cisma que existe dentro de la familia Real saudita misma.

     Según el periódico Al-Hayat poseído por los sauditas, en Julio de 2014 «una encuesta de opinión de los sauditas fue publicada en sitios de redes sociales, afirmando que el 92% del grupo objetivo cree que "ISIS se conforma a los valores del Islam y de la ley islámica"». El principal comentarista saudita, Jamal Khashoggi, recientemente advirtió acerca de los partidarios sauditas de ISIS que "miran desde las sombras".

    «Hay jóvenes enojados con una mentalidad y entendimiento sesgados de la vida y de la sharia, y ellos están anulando una herencia de siglos y las ganancias supuestas de una modernización que no ha sido completada. Ellos se convirtieron en rebeldes, emires y en un califa que invaden un área enorme de nuestra tierra. Ellos están secuestrando las mentes de nuestros hijos y anulando las fronteras. Ellos rechazan todas las reglas y legislaciones, arrojándolas lejos... para su visión de política, forma de gobierno, vida, sociedad y economía. Para los ciudadanos del auto-proclamado "comandante de los fieles" o Califa, usted no tiene ninguna otra opción... A ellos no les importa si usted se destaca entre su gente o si usted es un hombre educado, o un conferencista, o un líder de tribu, o un líder religioso, o un político activo, o incluso un juez... Usted debe obedecer al comandante de los fieles y prometerle el juramento de lealtad personal. Cuando sus políticas son cuestionadas, Abu Obedia al-Jazrawi grita diciendo: "Cállense. Nuestra referencia es el Libro y la Suna, y eso es todo"».

     "¿Qué hicimos mal?", pregunta Khashoggi. Con entre 3.000 y 4.000 luchadores sauditas en el Estado Islámico hoy, él aconseja la necesidad de "mirar dentro para explicar el ascenso de ISIS". Tal vez es tiempo, él dice, de confesar "nuestros errores políticos", para "corregir los errores de nuestros predecesores".


EL REY MODERNIZADOR, EL MÁS VULNERABLE

     El actual rey saudita, Abdullah [fallecido en Enero de 2015, siendo sucedido por Salman ibn Abdulaziz al-Saud], paradójicamente es tanto más vulnerable precisamente porque él ha sido un modernizador. El rey ha disminuído la influencia de las instituciones religiosas y la policía religiosa, y de manera importante ha permitido que las cuatro escuelas sunitas de jurisprudencia sean usadas por aquellos que adhieren a ellas (Al-Wahhab, por contraste, objetaba todas las otras escuelas de jurisprudencia aparte de la propia).

     Incluso es posible también para los residentes chiítas de Arabia Saudí del Este invocar la jurisprudencia Ja'afri y acudir a clérigo chiítas Ja'afari en busca de resoluciones. En claro contraste, Al-Wahhab sostuvo una particular animosidad contra los chiítas y los consideró como apóstatas. Tan recientemente como los años '90, clérigos tales como Ibn Baz —el ex-mufti— y Abdullah Jibrin reiteraron la opinión usual de que los chiítas eran infieles.

     Algún ulema saudita contemporáneo consideraría tales reformas como constitutivas casi de una provocación contra las doctrinas wahabistas, o por lo menos otro ejemplo de occidentalización. ISIS, por ejemplo, considera a cualquiera que busque jurisdicción aparte de la ofrecida por el Estado Islámico mismo, como culpable de incredulidad, ya que todas las "otras" jurisdicciones encarnan innovaciones o "préstamos" de otras culturas, en su opinión.

     La pregunta política clave es si es que el simple hecho de los éxitos de ISIS y la manifestación plena (el florecimiento) de todas las devociones originales y el vanguardismo del impulso arquetípico, estimularán y activarán el "gen" disidente, dentro del reino saudita.

     Si lo hacen, y Arabia Saudí es sumergida por el fervor de ISIS, el Golfo Pérsico nunca será el mismo otra vez. Arabia Saudí va a ser desconstruída y el Oriente Medio será irreconocible.

     En resumen, ésta es la naturaleza de la bomba de tiempo arrojada en el Oriente Medio. Las alusiones de ISIS a Abd al-Wahhab y a Juhayman (cuyos escritos disidentes están circulando dentro de ISIS) presentan una poderosa provocación: ellas presentan un espejo a la sociedad saudita que parece reflejar para ellos una imagen de "pureza" perdida y creencias tempranas y certezas desplazadas por espectáculos de riqueza y auto-indulgencia.

     Ésta es la "bomba" ISIS lanzada en la sociedad saudita. El rey Abdullah y sus reformas son populares, y quizás él puede contener un nuevo brote de la disidencia Ikwhani. Pero aquella opción ¿seguirá siendo una posibilidad después de su muerte?.

     Y aquí está la dificultad con el desarrollo de la política estadounidense, que parece ser una de "dirigir desde atrás" otra vez, y buscar que los Estados y comunidades sunitas se fundan en la lucha contra ISIS (como en Iraq con los Consejos del Despertar [Awakening Councils, combatientes tribales sunitas que se oponen a Al-Qaeda]).

     Ésa es una estrategia que parece muy poco probable. ¿Quién querría insertarse en esa delicada grieta intra-saudita? Y los concertados ataques sunitas contra ISIS ¿mejorarían la situación del rey Abdullah, o podrían inflamar y enfadar a la disidencia saudita doméstica aún más? Entonces ¿a quién exactamente amenaza ISIS? No podría ser más claro. No amenaza directamente a Occidente (aunque los occidentales debieran permanecer cautelosos, y no pisar a este particular escorpión).

     La historia de la Ikhwani saudita es clara: es como Ibn Saud y Abd al-Wahhab la hicieron en el siglo XVIII; y como la Ikhwan saudita la hizo en el siglo XX. El verdadero objetivo de ISIS debe ser la región de Hijaz —la captura de La Meca y Medina— y la legitimidad que eso conferirá a ISIS como los nuevos Emires de Arabia.–




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