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lunes, 12 de octubre de 2015

Freud, un Fraudulento Subversivo



     Presentamos en esta entrada la traducción de dos artículos que se refieren a las poco científicas ideas y la corrosiva influencia del neurólogo judío austriaco Sigmund Freud (1856-1939), creador del psicoanálisis. El primero (Religious Counterintelligence), publicado en phibetaiota.net hace casi dos años, más documentado que el segundo (Freud the Fraud), aunque ambos deudores del estudio del profesor estadounidense Kevin MacDonald "The Culture of Critique" (1998), aborda diversos aspectos y los antecedentes del conflictivo personaje, estudiándolo desde la perspectiva de su lucha manifiesta y encubierta contra los valores occidentales, y en su relación con sus discípulos. El segundo texto, publicado hace cuatro días en therightstuff.biz, notoriamente más breve, son notas del capítulo cuarto del mencionado libro de MacDonald, que enfatizan el papel freudiano en el debilitamiento social occidental. Entre ambos textos se logra conformar una imagen no tan corriente del creador de la plaga psicoanalítica a la que tanto jugo le sacó la nefasta y judeo-marxista Escuela de Frankfurt, y cuyo modelo crítico y desconstructivista seguimos padeciendo.


Contra-Inteligencia Religiosa:
¿Fue Freud un Subversivo Sionista?
por Jonas E. Alexis
25 de Diciembre de 2013



SIGMUND FREUD, EL PSICOANÁLISIS
Y LA GUERRA CONTRA OCCIDENTE


"Les estamos llevando la plaga"
(Sigmund Freud, camino a Estados Unidos en 1909, en Richard Noll,
The Jung Cult: Origins of a Charismatic Movement, 1994, p. 47).


     Tal como Carl Jung, Sigmund Freud no basó el psicoanálisis, que él defendió ante el mundo occidental entero, sobre premisas científicas.

     Cuando el psicoanálisis llegó a Estados Unidos, fue en gran parte visto como un sistema no comprobado de pensamiento. Aunque ninguna evidencia estuviera disponible, el psicoanálisis comenzó a dominar la cultura estadounidense durante más de cincuenta años.

     Además, el psicoanálisis comenzó a reemplazar el fundamento occidental del alma. Cuando Freud apareció en escena, todo cambió. El académico judío Andrew R. Heine argumenta: "Hasta que apareció Freud, las nuevas comprensiones de la psique estaban entrelazadas con variedades de la experiencia cristiana y el misticismo post-cristiano" (Jews and the American Soul, Princeton, 2004, p. 51).

     La psicología freudiana comenzó de manera lenta pero segura a dominar la psicología clásica, que comenzó con los griegos y que estaba en gran medida basada en la razón. La Psicología cada vez más comenzó a ser vista como un ejercicio académico para pasar de contrabando la ideología judía. Como dijo E. Michael Jones,

     "La redefinición de la Psicología fue una revolución en el sentido más verdadero de la palabra. Lo que estaba arriba quedó abajo, y lo que estaba abajo subió. Antes de aquella revolución, la razón estaba sentada sobre el instinto como un jinete sobre un caballo" (The Jewish Revolutionary Spirit, p. 921).

     Cuando la razón perdió su lugar apropiado, la psicología judía, como veremos, comenzó a desatar una plétora de instintos sexuales sobre la Humanidad. Jones prosigue: "La psicología judía estaba basada en los instintos, ya de forma encubierta, como con Freud, o abierta, como con Wilhelm Reich" (Ibid.).

     Aquel instinto sexual se transformó en la revolución sexual, y luego se reencarnó de una manera u otra en películas de David Cronenberg, Eli Roth, Lars von Trier, etc.

     Los psicólogos judíos desempeñaron un importante papel en provocar esta guerra cultural. "Bajo la influencia judía, la psicología estadounidense se hizo talmúdica también... ella fue vista como un arma contra la cultura cristiana" (Ibid., p. 922).

     La ética de esta forma de psicología, como argumenta Heinze, no es ni griega ni alemana ni occidental, sino que tiene una característica judaica (Jews and the American Soul, p. 72). Heinze declara que el impacto de esta guerra psicológica comenzó a formarse totalmente en el siglo XX, "ya que los pensadores judíos introdujeron sus ideas en tensión con la sociedad cristiana" (Ibid., p. 56).

     Según Heinze, "la psique de la juventud judía", como se ha visto en las vidas de Freud y Adler en particular, está formada por "una tensión siempre presente con el mundo cristiano" (Ibid., p. 72), pero esta "tensión de la relación entre lo judío y lo cristiano afectó profundamente la sensibilidad moral de los judíos austriacos y alemanes a finales del siglo XIX" (Ibid., p. 74).

     Freud estaba en una misión judía. El profesor judío de psiquiatría Thomas Szasz de la Universidad de Nueva York escribe que "uno de los motivos más poderosos de Freud en la vida era... aplicar una venganza contra el cristianismo" [1].

[1] Thomas Szasz, The Myth of Psychotherapy: Mental Healing as Religion, Rhetoric, and Repression, Syracuse, 1988, pp. 139, 146; también Moshe Gresser, Dual Allegiance: Freud as a Modern Jew, Nueva York, 1994, pp. 10-11.

     Otros estudiosos judíos como Stanley Rothman y S. Robert Lichter notaron lo mismo, añadiendo que

     "aunque sea a veces olvidada hoy, la obra de Freud era profundamente subversiva para los fundamentos culturales de la sociedad cristiana europea... Hay evidencia de que algo del ímpetu para la creación del psicoanálisis radicaba en su hostilidad hacia el cristianismo" (Rothman y Lichter, Roots of Radicalism: Jews, Christians, and the Left, New Jersey, 1996, p. 125).

     El académico judío Peter Gay de Princeton fue aún más específico, añadiendo que Freud estaba "orgulloso de sus enemigos... él se comparaba con Anibal, con Ahasvero, con José, con Moisés, todos hombres con misiones históricas, adversarios potentes y destinos difíciles" (Kevin MacDonald, The Culture of Critique, 2002, p. 112).

     Para el investigador judío David Bakan de la Universidad de York, en Canadá, "Freud, consciente o inconscientemente, secularizó el misticismo judío" (Bakan, Freud and Mystical Tradition, Nueva York, 2004, p. 25). El escritor judío Chaim Bermant escribió de manera similar de Freud que

     "su misma definición del Ello (Id), del Yo (Ego) y del Súper-Yo (Super-Ego) corresponde desde muchos puntos de vista a las tres gradaciones diferentes del espíritu —el nefesh, el ruaj y el neshamá— delineadas en la Kábala, lo que no significa que Freud fuera un kabalista, sino que algo de la tradición kabalística de investigación parece haber afectado su perspectiva" (Bermant, The Jews, Nueva York, 1977, p. 121).

     Estudiosos como Michael Eigen sostienen opiniones similares (Eigen, Kabbalah and Psychoanalysis, Londres, 2012). Freud de hecho tenía una biblioteca secreta en la cual él alojaba libros sobre la Kábala, y una copia del Zohar (Bakan, op. cit., p. XVIII), que es "el documento más importante en el misticismo judío", y que, entre otras cosas, "enseñaba a los judíos a sacrificar vírgenes cristianas para el placer de Dios" (Ibid., p. 29).

     Además, Freud participó en la logia B'nai B’rith en Viena, y "entre sus recreaciones estaba su juego semanal de taroc, un popular juego de cartas basado en la Kábala" (Ibid., p. 48).

     Como veremos, Freud usó pretensiones científicas para desatar un veneno —el psicoanálisis— sobre el mundo occidental, pero el psicoanálisis no tiene casi nada que ver con la Ciencia.

     Freud, al igual que Jung, dejó el campo científico y entró en la religión, e incluso en el ocultismo. Cuando él comenzó a decir adiós a la exploración científica que él había adquirido en anatomía y fisiología, y comenzó a vagar en un sueño de fantasía,

     "él se hizo más forastero para sus colegas. Ellos no podían ver ningún vínculo en absoluto entre aquellos años de investigación médica sólida y fructífera y sus nuevos intereses y métodos.

     "Más tarde, muchos psicoanalistas solían tomar el punto de vista opuesto a la primera parte de la vida de trabajo de Freud: ellos la consideraron como un tiempo gastado en una tierra extranjera, a lo sumo un período de preparación, y en el peor de los casos un desperdicio de años preciosos en lo que al psicoanálisis se refería" (Ibid., p. 8).

     Como muchos escritores han argumentado, la infancia de Freud fue atraída alrededor de héroes judíos y en realidad del judaísmo, y Freud mismo se imaginaba como Aníbal, el guerrero semítico y líder militar que desafió a Roma durante las guerras púnicas [2].

[2] Bakan, Freud and Mystical Tradition, pp. 177-178; Ernest Jones, Life and Work of Freud, Nueva York, 1981, pp. 22-23; Moshe Gresser, Dual Allegiance: Freud as a Modern Jew, Nueva York, 1994, pp. 10-11.

     Cuando muchacho, Freud siempre se vio a sí mismo como un semita que conquistaría el mundo Gentil. Esto llegó a ser posible cuando Freud comenzó a usar el psicoanálisis como un arma. Freud se identificó con Aníbal en parte debido a lo que él dijo que le sucedió a su padre, Jakob. Freud escribió en La Interpretación de los Sueños:

     «Yo puedo haber tenido diez o doce años cuando mi padre comenzó a llevarme con él en sus paseos y me reveló en sus charlas sus opiniones sobre las cosas del mundo en que vivimos. Así fue que en una de tales ocasiones él me contó una historia para mostrarme cuánto mejor eran ahora las cosas que lo que lo habían sido en sus días.

     «"Cuando yo era un hombre joven", dijo él, "di un paseo un sábado por las calles de tu lugar de nacimiento; yo iba bien vestido, y tenía una nueva gorra de piel sobre mi cabeza. Apareció un cristiano y de un solo golpe hizo caer mi gorra en el barro y gritó: "¡Judío! ¡Sal del pavimento!". "¿Y qué hizo usted?", pregunté. "Bajé al camino y recogí mi gorra", fue su tranquila respuesta.

     «Eso me golpeó como una conducta anti-heroica de parte del hombre grande y fuerte que sostenía al pequeño muchacho de la mano. Contrasté esta situación con otra que calzaba mejor con mis sentimientos: la escena en las cual el padre de Aníbal, Amílcar Barca, hizo a su hijo jurar delante del altar hogareño tomar venganza de los romanos. Desde esa vez Aníbal había tenido un lugar en mis fantasías» (Freud, The Interpretation of Dreams, Nueva York, 2010, pp. 218-219).


     Si Jakob simplemente estaba tratando de excitar a su pequeño muchacho en cuanto a la venganza judía o si la historia realmente tuvo lugar, no podemos asegurarlo. Como fuere, los biógrafos nos dicen que ese momento dejó un efecto terrible en Freud (Ernest Jones, The Life and Work of Sigmund Freud, pp. 22-23) y, en el proceso, él comenzó a rechazar a los goyim, particularmente a aquellos que habían abrazado el cristianismo.

     Peter Gay declara que ese momento lo condujo a desarrollar "fantasías de venganza" (Gay, Freud: A Life of our Time, Nueva York, 1998, p. 22). Este punto está bien establecido:

     «Yosef Yerushalmi hace notar que "Encontramos en Freud una sensación de sentirse distinto a los no-judíos que no puede ser explicada simplemente como una reacción ante el anti-judaísmo. Aunque el anti-judaísmo periódicamente la reforzaría o modificaría, este sentimiento parece haber sido primordial, heredado de su familia y entorno temprano, y permaneció con él a través de toda su vida"» (MacDonald, Culture of Critique, p. 107).

     Esas "fantasías de venganza" fueron actualizadas durante el desarrollo del psicoanálisis, al cual más tarde Freud etiquetó como "la plaga". Tal como Aníbal, que había jurado hacer pagar a Roma, Freud había jurado hacer pagar al cristianismo, al que él identificó con la Iglesia Católica. De aquí que el psicoanálisis fue el epicentro de la venganza de Freud contra el cristianismo.


* * * *

     Sin embargo, para "aplicar la venganza contra el cristianismo", los revolucionarios intelectuales judíos como Freud no podían hacer el trabajo por sí mismos, en gran parte porque la población judía es demasiado pequeña para provocar una revolución arrolladora. Ellos tuvieron que hacer uso de los goyim. Para Freud, éste fue Carl Jung, un antiguo Protestante de quien Freud se referiría como "mi querido hijo en quien me complazco" (Ibid., p. 126) [3].

[3] Ésa es la frase que pronunció una voz del cielo tras ser bautizado Jesús por Juan: "Éste es mi hijo amado en quien tengo complacencia" (cf. Mateo 3:17, Marcos 1:11 y Lucas 3:22). NdelT.

     El psicoanálisis era casi completamente un movimiento revolucionario judío, y solía ser mencionado como una "ciencia judía". Freud tuvo que encontrar algún Gentil para hacer de dicho movimiento algo más abarcador. Ésta es una razón de por qué él trabajó infatigablemente para hacer de Jung un mascarón de proa del movimiento psicoanalítico. Él dijo a Jung en una carta escrita en 1908: "Usted realmente es el único capaz de hacer una contribución original [al psicoanálisis]" (citado en Richard Wolin, The Seduction of Unreason, Princeton, 2006, p. 69).

     Él también escribió a un psicólogo suizo llamado Ludwig Binswanger, que "Cuando el reino que he fundado quede huérfano, nadie sino Jung lo heredará" (Ibid.). Para Freud, según David Bakan, Jung era "un puente hacia el mundo Gentil" (Bakan, p. 122).

     Pero los colegas judíos de Freud no estaban satisfechos con Jung, lamentando que Freud no hubiera elegido a un judío para dicha tarea. Freud se esforzó mucho para asegurarse de que un gentil, Jung, se convirtiera en la cabeza de su movimiento psicoanalítico, una decisión que enfureció a sus colegas judíos de Viena, pero que estaba claramente destinada a des-enfatizar la enorme sobre-representación de judíos en dicho movimiento durante ese período.

     Para persuadir a sus colegas judíos de la necesidad de que Jung encabezase la sociedad, él argumentó:

    «La mayoría de ustedes son judíos, y por lo tanto ustedes son incompetentes para ganar amigos para la nueva enseñanza. Los judíos deben estar contentos con el papel modesto de preparar el terreno. Es absolutamente esencial que yo forme lazos en el mundo de la ciencia...

     «Como Yosef Yerushalmi destaca, "para ponerlo en términos muy simples, Freud necesitaba un goy, y no sólo cualquier goy, sino uno de estatura intelectual e influencia genuinas".

     «Más tarde, cuando el movimiento fue reconstituído después de la Primera Guerra Mundial, otro gentil, el adulador y sumiso Ernest Jones, se convirtió en el presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional» (MacDonald, op. cit., p. 109; también Bakan, op. cit., p. 58).

     Los movimientos subversivos judíos siempre han trabajado de aquella forma. Lenin tenía la clara intención de destruír despiadadamente a la Iglesia, y había bastantes revolucionarios judíos como él que tenían la misma intención. Sin embargo,

     «él temía un contragolpe anti-judío si se veía que los judíos estaban dirigiendo ese "pogrom al revés" contra los cristianos rusos, de manera que un ruso étnico tenía que ser nominalmente responsable de aplastar a la Iglesia. "Cualquier medida, la que fuera, debe ser oficialmente anunciada sólo por el camarada Kalinin, y nunca bajo ninguna circunstancia puede el camarada Trotsky hacer alguna declaración pública de forma impresa o de cualquiera otra forma"» (Donald Rayfield, Stalin and His Hangmen, Nueva York, 2005, p. 126).

     Jung se convirtió en el presidente de la Asociación Psicoanalítica Internacional en 1910, "con la bendición de Freud y para gran consternación del contingente vienés", pero Jung rompió con Freud cuatro años más tarde (Wolin, The Seduction of Unreason, p. 69).


     Como fuese, Jung en realidad había trazado un plan en cuanto a cómo el psicoanálisis iba a conquistar a intelectuales y académicos, no por medio de la razón y pruebas empíricas, sino, como las religiones de culto y los movimientos subversivos judíos, mediante la seducción. Él escribió:

    "Imagino una tarea mucho más fina y más completa [para el psicoanálisis] que la alianza con una fraternidad ética. Pienso que debemos darle el tiempo para infiltrarnos entre la gente desde muchos centros, para vivificar de nuevo entre los intelectuales una comprensión por el símbolo y el mito, de manera tan gradual como para transformar a Cristo en el profético dios de la vid, lo que él era, y de esa manera absorber aquellas fuerzas instintivas extáticas del cristianismo con el solo propósito de hacer del culto y del mito sagrado lo que ellos fueron alguna vez: una ebria fiesta de alegría donde el hombre recobraba el ethos y la santidad de un animal. Ésa era la belleza y el objetivo de la religión clásica" (Ibid., p. 71).

* * * *

     Una de las obras principales de Freud es La Interpretación de los Sueños, que, como veremos, son inteligentes tonterías. Freud creía fuertemente que él no era el creador original del libro, sino que le fue revelado (Bakan, op. cit., p. 12).

     Freud afirma en la Introducción: "No creo que yo haya sobrepasado el límite de la ciencia neuro-patológica". Ésta es una pretensión científica, pero tenga presente que las pruebas o investigaciones científicas son completamente diferentes de las especulaciones u opiniones filosóficas.

      Cuando Isaac Newton postuló la noción de la Gravedad, ello tenía algún apoyo científico, y era y es todavía observable. En pocas palabras, cualquier investigación científica tiene que pasar por rigurosas pruebas científicas a fin de ser establecida como una teoría razonable.

     Los sueños, por definición, no pueden ser probados —o refutados— por ningún método científico, mucho menos ser refutados por inferencias científicas. Ésa es una empresa no científica y cualquier interpretación estará basada en una Weltanschauung particular y por lo tanto será puramente subjetiva.

     Aquí mismo podemos descartar la gran ilusión de Freud en La Interpretación de los Sueños, ya que no hay ningún modo científico de establecer explicaciones competentes en cuanto a por qué esta o aquella hipótesis o es científicamente verdadera.

     Pero la gran ilusión de Freud en La Interpretación de los Sueños no radica en las ciencias, sino en su teoría psicoanalítica conocida como el Complejo de Edipo.

     Según la mitología griega, Edipo nació en Tebas, hijo del rey Layo y de la reina Yocasta. Layo y Yocasta no podían tener hijos. Por consiguiente, ellos decidieron consultar al Oráculo de Delfos. La respuesta del Oráculo dada a ellos era simple: el hijo de ellos mataría finalmente a Layo y se casaría con Yocasta.

     Poco después de entonces, Yocasta dio a luz un niño. Layo, temeroso de la profecía, entregó el niño a un pastor para que fuera dejado en una montaña. En vez de dejar al bebé en la montaña para que muriera, dicho pastor se lo pasó a otro pastor, quien alimentó y crió a Edipo como si fuese su propio hijo. Edipo terminó por vivir en la casa de Pólibo y Mérope, rey y reina de Corinto, quienes no tenían hijos.

     Edipo, que quería saber acerca de sus padres y cómo él finalmente llegó al mundo, buscó el Oráculo y se le dijo que él estaba destinado a matar a su padre y a casarse con su madre. Edipo, al igual que su padre, no quería que aquello sucediese, y abandonó Corinto a fin de evitar su "destino".

     Cuando él dejaba el país, llegó a un camino donde él encontró a un hombre en un carro y discutió con él acerca de quién debería pasar primero. Edipo luchó intensamente, y finalmente mató al hombre. Edipo siguió su viaje y se topó cara a cara con la Esfinge quien paraba a los viajeros para hacerles una simple pregunta:

     "¿Quién camina en cuatro pies por la mañana, en dos por la tarde y en tres al anochecer?".

     La respuesta incorrecta a la pregunta conduciría a un viajero a su muerte, pero una respuesta correcta permitiría que él siguiera su viaje. Cuando la Esfinge planteó la pregunta a Edipo, éste respondió:

     "El Hombre: cuando niño, él avanza a gatas; cuando adulto, él camina sobre dos piernas, y, en la vejez, él confía en un bastón".

     Nadie había sido capaz de contestar a la Esfinge correctamente hasta que apareció Edipo. La Esfinge, asombrada por la brillante respuesta de Edipo, saltó desde un acantilado para terminar con su propia vida. La gente de Tebas, viendo este milagroso acontecimiento, coronó a Edipo como rey de Tebas y le pidió que se casara con la reina de Tebas, una viuda.

     Después de unos años, y después de tener cuatro hijos, Edipo averiguó que el hombre al que él había matado en su camino a Tebas era su propio padre, y que la reina de Tebas era su madre. La historia termina en una desesperación completa y como una tragedia. Yocasta terminó por colgarse en el palacio, y Edipo terminó por arrancar sus propios ojos.

     Este mito era una idea poderosa para Freud por dos motivos. Freud vio que sin importar lo que los padres o Edipo hicieran para impedir que la profecía llegase a suceder, el destino terminaba por prevalecer. Segundo, Freud vio que Edipo casándose con su madre es una ley universal. Como él escribe,

    "El destino [de Edipo] nos conmueve sólo porque aquél podría haber sido el nuestro propio, porque el oráculo pone sobre nosotros antes de nuestro nacimiento la misma maldición que puso sobre él (Edipo). Puede ser que todos estuviéramos destinados a dirigir nuestros primeros impulsos sexuales hacia nuestras madres, y nuestros primeros impulsos de odio y violencia hacia nuestros padres; nuestros sueños nos convencen de que lo estamos.

    "El rey Edipo, que mató a su padre Layo y se casó con su madre Yocasta, no es ni más ni menos que un cumplimiento de deseos: el cumplimiento del deseo de nuestra infancia" (Freud, The Interpretation of Dreams, Nueva York, 2010, p. 171).

     Recuerde a partir de esta historia que este componente sexual es inevitable. En otras palabras, se trata de un determinismo psíquico. Un muchacho, según Freud, no tiene ninguna otra opción sino tener deseos sexuales hacia su madre y odio hacia su padre. Una muchacha no tiene ninguna otra opción sino tener deseos sexuales hacia su padre y odio hacia su madre.

    E. Michael Jones sostiene que aquí Freud estaba proyectando su propia liberación sexual sobre la Humanidad, ya que él tuvo amoríos con su cuñada (E. Michael Jones, Libido Dominandi: Sexual Liberation and Political Control, 2000, pp. 114-115). En su viaje a EE.UU., Freud se vio confrontado por este hecho por Carl Jung, e inmediatamente Freud terminó la discusión. "No puedo arriesgar mi autoridad", dijo él. Jung tomó esto como una admisión de que Freud "estaba colocando la autoridad personal por encima de la verdad" (Ibid., p. 115).

     Louis Breger, del Instituto de Tecnología de California, escribe que Freud usó la teoría edípica "para explicar su propia neurosis así como la de cada uno" (Breger, A Dream of Undying Fame: How Freud Betrayed His Mentor and Invented Psychoanalysis, Nueva York, 2009, p. 95). Además, cuando fue confrontado para dar pruebas científicas, Freud retrocedió, y persuadió a Jung para que no abandonara nunca la teoría, sin importar lo que la comunidad científica dijese. A diferencia de Charles Darwin, que elogió a algunos de sus críticos, Freud no sólo silenció a sus críticos mediante sus habilidades retóricas, sino que, como dijo Peter Gay,

     "orquestó su galanteo de la mente pública por medio de un cuadro leal de adherentes, fundó revistas y escribió popularizaciones que difundirían la palabra autorizada, y dominó congresos internacionales de análisis hasta que él se sintió demasiado frágil para asistir a ellos, y después de eso nombró delegados, como su hija Anna" (MacDonald, op. cit., p. 125).

     Desde su mismo inicio, el psicoanálisis fue percibido como una ciencia libre, y gente como John B. Watson de la escuela del conductismo, Robert Woodworth de la Universidad de Columbia, y Knight Dunlap, entre otros, era enormemente escéptica y crítica de las implicaciones metodológicas del psicoanáliisis. Dunlap llegó tan lejos como a decir que "el psicoanálisis intenta introducirse sigilosamente usando el uniforme de la ciencia, y estrangularla desde dentro" (Richard Noll, The Aryan Christ, p. 58).

     A aquellos que criticaron al psicoanálisis, Freud les dijo: "Ellos se pueden ir todos al infierno" (Jeffrey M. Masson, The Assault on Truth: Freud’s Suppression of the Seduction Theory, Nueva York, 1998, p. 9), una declaración que parece sugerir que Freud estaba en el reino de la religión y no en el de la ciencia. Y la gente que cayó de la gracia dentro del movimiento fue calificada como "hereje", un término que el mismo Freud usó (Noll, op. cit., p. 59).

     Max Graf, quien fue culpable de ser un hereje, posteriormente declaró que Freud estaba estableciendo su propia religión y, como un líder de culto, "no permitió desviaciones de sus enseñanzas ortodoxas" (Ibid., p. 59).

     Las reuniones de los miércoles de Freud con sus seguidores, declaró Graf, eran como ir a la iglesia para ser adoctrinados en el culto freudiano:

     "Las reuniones seguían un ritual definido. Primero, uno de los miembros presentaba un informe... Después de un espacio social de un cuarto de hora comenzaba la discusión. La palabra última y decisiva siempre era dicha por Freud mismo.

     "Existía una atmósfera de fundación de una religión en aquel lugar. Freud mismo era su nuevo profeta quien hizo que los métodos de investigación psicológica hasta entonces predominantes parecieran superficiales. Los alumnos de Freud —todos inspirados y convencidos— eran sus apóstoles...

     "Sin embargo, después del primer período soñador y de la fe incondicional del primer grupo de apóstoles, llegó el momento en que fue fundada la iglesia" (Ibid., p. 59).


     Graf estaba lejos de estar solo al hacer este tipo de observaciones. Décadas más tarde, Richard Webster proclamó que el fundador del psicoanálisis era un líder de un "culto mesiánico" y el psicoanálisis mismo era "esencialmente una religión" y definitivamente "debería ser tratado como tal" (Ibid.).

* * * *

     En varias de las cartas de Jung a Freud, claramente se indica que Jung "expresó un deseo de transformar el psicoanálisis en algo parecido a un movimiento religioso que liberaría una cultura entera con sus poderosas apreciaciones" (Ibid., p. 64).

     Frank Sulloway, un historiador de la ciencia y del movimiento psicoanalítico, señala que el psicoanálisis no sólo ha sido visto como una religión, sino que tenía un "clero secular de doctores del alma" (Ibid., p. 60).

     Rodney Stark y William Bainbridge, en su estudio The Future of Religion, describen al psicoanálisis y a sus miembros como un movimiento de culto (Stark y Bainbridge, The Future of Religion, Berkeley, 1986, p. 185). Este movimiento de culto, como Jung lo vio, buscaba reemplazar al cristianismo. Muchos estarían de acuerdo en que esto es esencialmente judío, y Ernest Jones, por ejemplo, admitió que Freud estaba muy consciente de su judeidad en su obra (Judith M. Mishne, Evolution and Application of Clinical Theory, Nueva York, 1993, pp. 3-4), y que aquella parte era muy importante para él (Jones, Life and Work of Freud, p. 22).

     Pero, al igual que muchas sociedades secretas, como la masonería, el psicoanálisis era un movimiento "confidencial", que buscaba establecer credenciales dejando de ser abierto en cuanto a sus actividades secretas. Muchos críticos lo vieron de esa forma, y Jung en particular estaba orgulloso de aquellos críticos (Noll, op. cit., p. 66). Lo que era aún más interesante fue que el psicoanálisis no reveló muchas de sus prácticas secretas:

     «Era bien sabido dentro de los círculos freudianos que varios analistas habían compartido intimidades sexuales con sus pacientes femeninos, y tal información "confidencial" aparece con regularidad como chismes en las cartas de Freud, Jung, Ernest Jones, Sandor Ferenczi, Karl Abraham y otros en el círculo interior de adeptos.

     «La historia del movimiento psicoanalítico está ensuciada con suicidios, y esta atmósfera de olla a presión de chantaje implícito puede haber desempeñado un papel en algunos de ellos» (Ibid., p. 59).

     Jung mismo estuvo "eróticamente obsesionado" con su "sexualmente preocupada" paciente judía Sabina Spielrein, a la que nada le importaba si Jung tenía una esposa (Ibid., p. 89). Para Jung, la poligamia lo liberaba de la esclavitud moral impuesta sobre él por el cristianismo (Ibid., p. 99).

     Si la moralidad, la cual para Jung está arraigada en el cristianismo, debía ser abandonada, entonces Jung tenía que encontrar un reemplazo. Para él, ése era el Sol:

     "El Sol es, como comentó Ernest Renan, realmente la única representación racional de Dios, ya sea si lo tomamos desde el punto de vista de los bárbaros de otras épocas o de las modernas ciencias físicas... El Sol es adecuado como ninguna otra cosa para representar al Dios visible de este mundo. Es decir, aquella fuerza de conducción de nuestra propia alma, que llamamos la libido" (Ibid., p. 132).

     Freud declaró en la portada de La Interpretación de los Sueños la máxima siguiente (Virgilio, Eneida VII, 312): "Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo", lo que significa "Si no logro conmover a los dioses del cielo, moveré en mi favor al [río] Aqueronte [los dioses del Infierno]". Ésas no deberían ser las palabras de un científico, sino que eran las palabras de un hombre con una misión, y él hizo alusión a tal misión en su último libro, Moisés y el Monoteísmo, de que el cristianismo, más específicamente la Iglesia Católica, era su enemigo.

     Investigadores como Morris Raphael Cohen han declarado que si el libro no hubiera sido escrito por Freud, su autor habría sido inmediatamente descartado "como un excéntrico obstinado que está más interesado en su tortuosa especulación que en llegar a los hechos verificables" (Bakan, op. cit., p. 138).

     Además, como ya se ha sugerido, muchos en la comunidad psiquiátrica fueron expulsados o castigados simplemente porque ellos rechazaron aceptar el dogma de Freud como la verdad. Como Jung mismo confesó, Freud, sonando como un líder de culto, respondería: "Si ellos no entienden, deben ser aplastados en el infierno" (citado en MacDonald, op. cit., p. 126). El profesor judío Moshe Gresser escribe que como

     «las controversias dentro del movimiento psicoanalítico comenzaron a multiplicarse, amenazando la unidad del movimiento, Freud trató de aferrarse a imágenes judías para caracterizar su propia situación.

     «Cuando él escribe a Pfister en 1910: "Construír el templo con una mano y con la otra manejar armas contra aquellos que pertubarían su construcción", creo que es una reminiscencia de la historia judía» (Gresser, Dual Allegiance, p. 154).

     Freud mismo dijo: "Tampoco es quizás completamente un asunto de probabilidad el hecho de que el primer abogado del psicoanálisis fuera un judío" (Bakan, op. cit., p. 43).

     Hans Jurgen Eysenck y su esposa Sebil B. G. Eysenck una vez visitaron a un "distinguido psicólogo estadounidense que trabaja en un hospital psiquiátrico de Nueva York", y observaron que el psiquiatra en privado estaba de acuerdo con Eysenck en cuanto a que el psicoanálisis de Freud no sólo no era científico sino que era inútil para los pacientes. Pero en público él no podía oponerse porque perdería su trabajo. Sebil escribió en la Introducción del libro Decline and Fall of the Freudian Empire que

     "la principal objeción a todas las psicoterapias, y al psicoanálisis en particular, era su carencia de teoría o validación científicas. Los terapeutas se basaban en historias clínicas y ni siquieran intentaban una prueba científica" (Hans J. Eysenck, Decline and Fall of the Freudian Empire, New Jersey, 2004, Prefacio).


* * * *

     Al final, Freud de algún modo concibió la idea de que la teoría simplemente no funcionaría. En una carta a su amigo Wilhelm Fliess, él admitió que su teoría anterior simplemente no se ajusta ("Ya no creo en mi teoría de la neurosis"), dando como sus motivos su incapacidad para curar a sus pacientes con interpretaciones basadas en la teoría... y el hecho de que demasiados padres respetables ("no excluyendo al mío propio") tendrían que ser acusados de ser perversos (Breger, A Dream of Undying Fame, p. 95).

     Fue en aquel punto que Freud comenzó a hacer uso de la teoría edípica, que él vio que actuaba en su propia vida:

     "Una singular idea de valor general llegó a ser clara en mí. He encontrado, en mi propio caso también, los fenómenos de estar enamorado de mi madre y celoso de mi padre, y ahora lo considero como un acontecimiento universal en la temprana infancia" (Ibid., p. 95).

     Una vez más vemos que el psicoanálisis de Freud no tenía nada que ver con la ciencia o con evidencias, sino con la racionalización de Freud de sus propias aberraciones sexuales.

     Al postular la teoría sin ninguna evidencia, Freud se estaba psicoanalizando, pero él fue un paso más adelante: él proyectó su psicoanálisis sobre toda la Humanidad, haciéndolo de esa manera "universal". Breger escribe que Freud percibió la "universalidad" de esa nueva teoría y que aquello haría de Freud un "gran científico" y le daría una "fama eterna" con la cual él soñó durante toda su carrera.

     Con la culminación del Complejo de Edipo, Freud finalmente "conquistó" Roma como un "conquistador", y en realidad a gran parte del mundo occidental. "Muchos de los sueños que Freud usó en su autoanálisis", escribe Breger, "proporcionan algunas de las bases de su libro La Interpretación de los Sueños", que fue publicado en 1900.

     Con la publicación de La Interpretación de los Sueños, Freud ya estaba en su camino a la realización de su "fama inmortal" (Ibid., p. 98), que una vez más tiene que ver con aplicar la venganza contra el cristianismo.

     Sin embargo, todavía queda el hecho de que las teorías de Freud no tienen ninguna base científica. Breger, él mismo un profesor emérito de estudios psicoanalíticos en el Instituto de Tecnología de California y presidente fundador del Instituto de Psicoanálisis Contemporáneo en Los Ángeles, se lamentó:

     «Cuán diferentes habrían sido las cosas si, en vez de una "causa" parecida a un culto, el psicoanálisis realmente hubiera sido la ciencia que afirmaba ser, un campo en el cual nuevas ideas y métodos eran examinados, probados a la luz de las observaciones, y bien recibidos cuando ellos se demostraran fructíferos para producir posteriores investigaciones y una terapia más eficaz» (Ibid., p. 114).

     Otros de la misma estatura que Breger estuvieron de acuerdo. Alan M. Stone era un psicoanalista y profesor de leyes y medicina en Harvard, y estuvo bajo el hechizo del psicoanálisis durante más de cuatro décadas. Fue con disgusto que él proporcionó una crítica devastadora del edificio de su propia profesión (Ethan Watters y Richard Ofshe, Therapy’s Delusions: The Myth of the Unconscious and the Exploitation of Today’s Walking Worried, Nueva York, 1999).


* * * *

     Lo horroroso consiste en que uno tenía que o bien dedicarse a Freud como un líder de culto, o acabarse como psicoanalista. Ernest Jones, un devoto de Freud que más tarde escribió una biografía de éste, sintió de la misma manera.

     «Jones había comprendido el hecho de que ser un amigo de Freud significaba ser un adulador. Significaba abrirse uno mismo completamente a él, estar dispuesto a poner toda la confianza de uno en él. "Jones creyó que discrepar con Freud (el padre) era equivalente al patricidio (asesinato del padre)", de modo que cuando Sandor Ferenczi discrepó con Freud acerca de la realidad del abuso sexual contra menores, Jones lo calificó como un "maníaco homicida"» (MacDonald, op. cit, 128; también Masson, The Assault on Truth, p. 152).

     Muchos que cuestionaron las teorías de Freud o que fueron escépticos de ellas, estaban siendo etiquetados como "anti-sexuales", y, como muchas otras religiones, otros «fueron expulsados del grupo. Freud fue incluso más virulento en su correspondencia privada, etiquetando a aquellos que discrepaban con él como impulsados por una "ambición ilimitada", "neuróticos", "perversos" o "locos"» (Breger, A Dream of Undying Fame, p. 113).

     Entre aquellos que fueron excomulgados de la religión estuvieron Joseph Breuer, el primer colaborador de Freud, Alfred Adler y Wilhelm Stekel.

     «Sintiendo que más "desviaciones" estaban en perspectiva, los seguidores más leales —Ernest Jones, Karl Abraham, y unos cuantos otros— formaron un grupo llamado "El Comité", cuyo propósito era proteger al profesor y sus teorías. Jung, quien al igual que Adler estaba trabajando en sus propias ideas, fue el siguiente en ser excomulgado, en 1913» (Ibid., pp. 113-114).

     Otros individuos fueron desterrados en los años siguientes, incluyendo a Otto Rank, en 1924, y Sandor Ferenczi, en 1932, "a pesar del valor significativo de sus contribuciones, su profunda participación en apoyo del psicoanálisis durante muchos años, y sus cercanos lazos personales con Freud" (Ibid., p. 114).

     Ernest Jones en muchas ocasiones creyó a Freud sin cuestionarlo, incluso cuando Freud no estaba diciendo toda la verdad. El hechizo de Freud sobre otros individuos era como el de un padre tiránico que siempre tiene razón y al cual sus hijos sólo tienen que obedecerle, sin considerar las consecuencias. Freud llamaba a aquellos que lo seguían ciegamente, sus hijos (MacDonald, p. 128). Sandor Ferenczi y Kurt Eissler eran dos de aquellos hijos.

     «"El pensamiento de un desacuerdo con Freud era insoportable". "Había ocasiones en que él [Ferenczi] se rebelaba contra su dependencia, pero siempre él volvía arrepentido y sumiso". La situación era similar para Kurt Eissler, el confidente más cercano del círculo interno de Anna Freud en los años '60: "Lo que él sentía por Freud parecía lindar con la adoración"» (Ibid., p. 129).

     Lo que es más importante, el psicoanálisis no sólo es anti-cristiano, sino que Freud lo usaría para probar a sus seguidores a fin de ver cuán lejos ellos podrían ir.

    "Freud usó el psicoanálisis para humillar sexualmente a dos de sus más fervientes discípulos, Ferenczi y Jones. El análisis de Freud de las mujeres implicadas en relaciones con Ferenczi y Jones provocó que las mujeres abandonaran a los hombres, pero permanecieron en términos amistosos con Freud.

    "Grosskurth sugiere que las acciones de Freud eran una prueba de la lealtad de sus discípulos, y el hecho de que Jones siguiera en el movimiento después de esa humillación indica el grado hasta el cual los seguidores de Freud mostraban una obediencia incuestionada a su maestro" (Ibid., p. 131).

     No sólo eso, sino que Freud tuvo que falsear sus datos que son la base de los principios de sus teorías sexuales (Ibid., pp. 121-122). Finalmente, la comunidad científica se inclinó ante el dogma de Freud. Pero incluso cuando muchos en la comunidad científica dejaran de cuestionar el dogma de Freud, eso no significa que la teoría tuviera algún respaldo intelectual serio en absoluto. Darwin fue al menos honesto en varios puntos en su obra El Origen de las Especies en tanto él dejó algún espacio para mejoramientos. Él escribió: "Si pudiera demostrarse que existió algún órgano complejo, que probablemente no podría haber sido formado por numerosas modificaciones sucesivas y leves, mi teoría colapsaría absolutamente" (Charles Darwin, Origin of Species, Nueva York, 1993, p. 232).

     Ha habido numerosos ejemplos de esos organismos complejos. Pero Freud no dejó ningún espacio en absoluto para que investigadores genuinos e independientes examinaran las afirmaciones de él. En vez de ello, él sostuvo que él enviaría a aquella gente al infierno —si él pudiera— si ellos se atrevieran incluso a cuestionar sus hipótesis.

     Desde un punto de vista científico, la teoría sexual de Freud no resistiría una prueba sociológica, más particularmente en cuanto al modelo de familia a través de los siglos.

     Durante más de mil años el cristianismo ha condenado el incesto en gran parte porque produce problemas serios, incluyendo defectos de nacimiento y muerte temprana. En 1971 una organización de estudios científicos demostró aquel caso (A Study of Children of Incestuous Matings, en Human Heredity, vol. 21 Nº 2, 1971, pp. 108-121). El incesto también produce problemas psicológicos serios.

     Freud, como estamos comenzando a ver, estaba realmente involucrado en algo cuando él se salió fuera del ámbito científico para escribir acerca de liberación sexual y pasión (incluyendo el incesto) sin restricción, algo que es completamente común entre revolucionarios judíos.

     Peter Gay, un admirador de Freud, declaró que éste había encontrado muchos ejemplos que habrían dado un golpe mortal a sus "interpretaciones de los sueños". Sin embargo él siguió adelante de todos modos, a pesar de que estaba completamente consciente de los defectos (Gay, Freud, pp. 108-116).

* * * *

     E. Michael Jones argumenta que

     «El psicoanálisis y el Iluminismo eran, en efecto, el mismo proyecto (el término iluminista Seelenanalyse es simplemente el término germanizado de "Psicoanálisis" o viceversa) con los detalles cambiados para satisfacer las sensibilidades de una época posterior, una época que creía que la "ciencia" y la "medicina", más bien que sociedades secretas, traerían el cielo a la Tierra.

     «Tanto el psicoanálisis como el Iluminismo estaban involucrados en lo que un crítico posterior llamó el "Seelenspionage", el espionaje del alma... El psicoanálisis adoptó todas las características esenciales del control iluminista de la mente, pero el Iluminismo puede muy fácilmente ser visto como una forma temprana de psicoanálisis, un proyecto largamente acariciado por la Ilustración» (E. Michael Jones, Libido Dominandi, pp. 126-127).

     Esto ciertamente tiene sentido, ya que Freud, según muchos relatos, hizo alguna forma de pacto fáustico [4]. El académico judío David Bakan encontró este aspecto de Freud muy extraño, y algunos investigadores trataron de justificar algunos de estos fenómenos en términos del Súper-Yo de Freud (Bakan, op. cit., pp. 211-212).

[4] Véase por ejemplo Paul Vitz, Sigmund Freud’s Christian Unconscious, 1993; Armand Nicholi, The Question of God: C. S. Lewis and Sigmund Freud Debate God, Love, Sex, and the Meaning of Life, Nueva York, 2002.

     Pero Freud dio bastantes detalles a fin de ser tomado en serio. El 3 de Enero de 1897, él declaró que "No tengo miedo de que pueda encontrarme con todos los diablos en el infierno", y sigue declarando que la "sexualidad" sería una de sus armas "desde el cielo, pasando por el mundo, hasta el infierno" (Ibid., pp. 222-223).

     El uso que hizo Freud de la sexualidad como un arma comenzó a tomar forma en el mismo mes, cuando Freud escribió a su amigo Fliess:

     «Los detalles han comenzado a agruparse, he encontrado la explicación de por qué las brujas "vuelan"; su palo de escoba es aparentemente el gran Señor Pene... Leí un día que el oro que el diablo daba a sus víctimas se convertía con regularidad en excremento...

     «Estoy jugando con la idea de que en las perversiones, de las cuales la histeria es la negativa, podemos tener los remanentes de un culto sexual primitivo, que en el Este semítico puede haber sido alguna vez una religión (Moloc, Astarté)» (Bakan, op. cit., pp. 223-224).

     Sabiendo muy bien que él ya no estaba embarcado en una empresa científica, Freud le dijo a Fliess: "Usted se hace cargo de lo biológico, yo de lo psicológico" (Ibid., p. 225). Freud, en sus propias palabras, vio "el contorno de la Armadura de Lucifer apareciendo a la vista en el centro más oscuro" (Ibid., p. 229).

     Y esto se hace muy interesante cuando la historia comienza a desplegarse. Freud —sonando como Karl Marx, quien hizo un pacto fáustico a fin de llevar al mundo a la perdición (Robert Payne, Marx, 1968; Paul Johnson, Intellectuals, 1987)— se veía a sí mismo como un semita que finalmente conquistaría Roma por causa de su tradición "cristiana":

    «Mi deseo para Roma es, a propósito, profundamente neurótico. Está relacionado con mi adoración de los héroes, que data de mis tiempos de escuela secundaria, del semítico Aníbal, y este año no alcancé Roma más que él lo hizo desde el Lago Trasimeno.

    «Desde que he estado estudiando el inconsciente, he llegado a interesarme muchísimo en mí. Es una pena que uno siempre mantenga la boca cerrada con respecto a la mayor parte de las cosas íntimas: "Das beste was Du weisst, / Darfst Du den Buben doch nicht sagen"».

     La cita "Lo mejor de lo que usted sabe, usted se no atreve a decírselo a los muchachos" es del Fausto de Goethe, y una vez más se nos da una referencia críptica a algo que Freud prefiere no decir en voz alta, no sea que él pierda su autoridad...

     «Freud, en su carta a Fliess, se refiere a su deseo de conquistar Roma, su identificación con el semita Aníbal, y luego, con una referencia a Goethe, dice que él no puede decirnos más, siendo la implicación de esto el que él perdería su autoridad si él lo hiciera. Si realmente supiéramos en qué estaba involucrado Freud, entonces él no tendría ningún poder sobre nosotros.

     «El psicoanálisis, en otras palabras, sólo puede funcionar como una forma de manipulación desde detrás del escenario. A causa de esto, él es esencialmente conspirador. Las conspiraciones funcionan sólo si ellas son mantenidas en secreto. Si sus verdaderas intenciones estuvieran claras, ellas serían ineficaces.

     «Freud, nos dice Vitz, quemó sus papeles personales, no una vez sino dos veces, como un modo de despistar a futuros investigadores. La única conclusión segura que uno puede sacar del uso que hizo Freud del verso de Goethe es que si una idea o fuente es importante para Freud ("Das Beste was Du weisst") Freud no nos dirá lo que es ("Darfst Du den Buden doch nicht sagen")» (Jones, Libido Dominandi, pp. 124-125; Bakan, p. 177; Wolin, The Seduction of Unreason, p. 70).


* * * *

     Hay un asombroso paralelo entre el deseo de Freud de conquistar Roma y el rezo que los judíos solían recitar en los primeros siglos a fin de poner una maldición sobre la cristiandad.

     La historiadora Ruth Langer declara que rabinos como R. Elzar sostenían que la maldición también era recitada como un rezo para el colapso de Roma, a la que ellos consideraban como "el malvado Edom" (Ruth Langer, Cursing on Christians, Nueva York, 2012, p. 71).

     Esto también estaba dirigido hacia "la caída de los poderes gobernantes cristianos", una práctica que era muy popular entre judíos ashkenazis (Ibid., p. 72).

     Para resumir, Freud estaba proyectando la liberación sexual, lo que es coherente con la ideología masónica de la Ilustración. Aquella litiasis sexual siempre hace daño a sus progenitores (véase p. ej. E. Michael Jones, Monsters from the Id: The Rise of Horror in Fiction and Film, 2000).

     Ahora algunos en Occidente están comenzando a ver que la liberación sexual simplemente al final no funciona. Después de numerosos estudios sobre este mismo asunto, Kim Wallen, un profesor de neuro-endocrinología en la Universidad Emory, recientemente concluye:

     "La noción de la liberación sexual, donde varones y mujeres tienen igual acceso al sexo ocasional, suponía una probabilidad similar de que aquel sexo fuera placentero. Pero aquella parte del campo de juego está desnivelada" (citado en Natalie Kirtroeff, "Casual Sex Leaves Women Unsatisfied", Globe and Mail, 13 Nov. 2013).

     Aquella conclusión, por supuesto, no es sorprendente. Edmund Burke escribió hace más de dos siglos que "los hombres de mentes inmoderadas no pueden ser libres. Sus pasiones forjan sus grilletes" (citado en Jones, Libido Dominandi, p. 607).

     Si Burke está en lo cierto, entonces las pasiones sexuales sin restricción forjan grilletes sexuales, y eso conduce a múltiples enfermedades y a veces a muertes trágicas y horror, como en el caso de Penteo en Las Bacantes de Euripides; de Mary Wollstonecraft Shelley, que en cierta ocasión coqueteó con el suicidio y la magia y terminó escribiendo Frankenstein; de Oscar Wilde, y más recientemente Michel Foucault.

    Ágave, después de que ella había decapitado a su propio hijo bajo la influencia de Dionisio y del deseo sexual, repentinamente recobró su juicio racional y comprendió que ella había cometido asesinato en el sentido trágico. Ella se lamentó: "Veo... ¡el dolor más mortal!. ¡Oh, ay de mí!" (Eurípides, Las Bacantes).

     La liberación sexual, como hemos visto repetidas veces, siempre termina en un "¡Ay de mí!". Quizás el viejo y polvoriento libro tenía razón después de todo:

     "Mientras ellos les prometen a ustedes libertad, ellos mismos son esclavos de la corrupción: ya que aquello por lo cual un hombre es vencido, por aquello mismo él es llevado a esclavitud" (2a Pedro 2:19).–



FREUD EL FRAUDE
por Reactionary Tree
8 de Octubre de 2015


     Una de las figuras más prominentes en el psicoanálisis, a menudo considerado como el Padre de ese campo, es Sigmund Freud. Freud es el ejemplo perfecto de un científico social judío con una fuerte identidad judía que estaba motivado para combatir el anti-semitismo.

     La participación judía en el psicoanálisis fue evidente desde su inicio. A menudo era mencionado como la "ciencia judía". En 1906, todos los 17 miembros del movimiento del psicoanálisis de ese entonces eran judíos. En un estudio realizado en 1971, Henry, Sims y Spray encontraron que el 62,1% de su muestra de psicoanalistas estadounidenses se identificaba como teniendo una afinidad cultural judía. Como usted puede ver, el campo fue fundado por y ha sido dominado por pensadores judíos.


La Identidad Judía de Freud y Su Desdén hacia los Gentiles

     Si bien Freud no era religioso, él tenía una identidad judía muy fuerte. En una carta de 1931, él se describió como "un judío fanático", y hacia ese tiempo llegó a simpatizar fuertemente con el Sionismo. En una entrevista de 1935 con Joseph Wortis, Freud reveló sus sentimientos de superioridad judía. Freud comentó que él veía a los no-judíos como propensos a un "egoísmo despiadado", mientras que los judíos tenían una vida familiar e intelectual superior. Wortis luego le preguntó a Freud si él veía a los judíos como un pueblo superior. Freud contestó:

     "Creo que hoy día que ellos lo son... Cuando uno piensa que 10 ó 12 de los ganadores del Premio Nóbel son judíos, y cuando uno piensa en sus otros grandes logros en las ciencias y en las artes, uno tiene todas las razones para considerarlos superiores".

     Freud se concebía a sí mismo como un líder en una guerra contra la cultura Gentil. Él sentía mucha hostilidad hacia la cultura occidental y la Iglesia Católica. En un notable pasaje de su libro La Interpretación de los Sueños, Freud, intentando comprender por qué él ha sido incapaz de poner el pie en Roma, propone que él ha estado andando sobre las huellas de Aníbal, el líder semítico de Cartago contra Roma durante las guerras púnicas:

    "Aníbal... había sido el héroe favorito de mis últimos días escolares... Y cuando en las clases superiores comencé a entender por primera vez lo que significaba pertenecer a una raza foránea... la figura del general semítico se elevó todavía más alto en mi estima. Para mi mente juvenil, Aníbal y Roma simbolizaban el conflicto entre la tenacidad de la judería y la organización de la Iglesia Católica".
 

     Freud se veía a sí mismo como perteneciente a una "raza foránea" en guerra contra Roma y la Iglesia Católica, una institución central de la Cultura Occidental. En otro de sus trabajos, "Moisés y el Monoteísmo", Freud otra vez despliega un sentido de superioridad moral judía frente al cristianismo y su desdén por la Iglesia Católica:

    "...la Iglesia Católica, que hasta ahora ha sido el enemigo implacable de toda libertad de pensamiento y que se ha opuesto resueltamente a cualquier idea de este mundo que haya estada guiada por el progreso hacia el reconocimiento de la verdad".

     Esto también reitera su opinión de que la religión no es nada más que una sintomatología neurótica, una opinión que él primero desarrolló en su obra "Tótem y Tabú". Esta cita también nos muestra que Freud veía a la cultura occidental como extremadamente represiva.

     En sus libros "Tótem y Tabú" y "El Malestar en la Cultura" él presenta la opinión de que la represión del sexo, tan obvia como un aspecto de la cultura occidental durante la vida de Freud, es la fuente del Arte, el amor, y hasta de la civilización misma. Sin embargo, la neurosis y la infelicidad son el precio a pagar por estos rasgos, porque la neurosis y la infelicidad, según él, son el resultado inevitable de reprimir los impulsos sexuales.

     La teoría freudiana procuraba curar al no-judío de su neurosis con la liberación sexual. Freud se veía a sí mismo como un reformador sexual contra las prácticas culturales occidentales de la castidad. Para citar a Freud,

     "La moralidad sexual, tal como la sociedad en su forma extrema —la sociedad estadounidense— la define, me parece muy despreciable. Abogo por una vida sexual incomparablemente más libre".


Pseudo-Ciencia Freudiana

     Ahora que hemos establecido que Freud era un judío vengativo dispuesto a subvertir la civilización occidental con su psicoanálisis, examinemos algunas teorías destacadas del pensamiento de Freud. Las teorías del Complejo de Edipo, la sexualidad de la infancia y la etiología sexual de la neurosis (el Id o Ello) son desperdicios y no desempeñan ningún papel en la psicología contemporánea predominante. Ellas son simplemente tentativas de Freud para subvertir la cultura de los no-judíos.

     El Complejo de Edipo equivale a la noción de que en secreto queremos matar a nuestros padres de modo que podamos penetrar a nuestras madres. Desde un punto de vista psicológico evolutivo, esto es un total absurdo. Primero, tal relación entre una madre y un hijo tendría como consecuencia una descendencia genéticamente inferior producto de la endogamia, que sufriría depresión congénita y desórdenes provocados por genes recesivos. Segundo, el asesinato del padre negaría al niño el apoyo paternal de provisión de recursos y protección.

      Freud también desarrolló una teoría de la sexualidad infantil. Freud a menudo confundió el amor y el placer con el deseo sexual. Los placeres derivados de la satisfacción oral producto de la alimentación por vía mamaria o derivados del amor, según Freud eran realmente manifestaciones de placeres sexuales. Por supuesto, no hay ningún dato para apoyar la idea de que esos lazos afectivos que los niños tienen con sus padres son formas redirigidas del deseo sexual. Esos lazos afectivos son importantes para los niños en cuanto a su desarrollo. Ellos ayudan a formar niveles más altos de cohesión social que son necesarios para proporcionar un alto nivel de apoyo para los niños.

     El Id (Ello) es una parte de la teoría freudiana de las estructuras de la personalidad. El Id contiene nuestras tendencias instintivas básicas. Es la fuente de nuestras necesidades corporales, deseos e impulsos. Aquí vemos en juego la agenda política de Freud de la crítica cultural: Nuestros impulsos sexuales tienen una profunda base biológica (el Id), mientras que características como responsabilidad, orden, confiablilidad y gratificación postergada son todas impuestas sobre nosotros por una sociedad y una cultura represivas, que inducen patologías.

     Esto es también tonto porque ningún animal o humano ha dedicado su vida entera completamente a la auto-satisfacción. No hay ninguna prueba para sugerir que nuestra biología estaría únicamente dirigida a la obtención de satisfacción inmediata y placer. En el mundo real, el logro de diversos objetivos requiere algún grado de preferencia del tiempo futuro, planificación a largo plazo, y aplazamiento de la satisfacción.


El Psicoanálisis Freudiano como un Arma contra la Cultura de los Gentiles

     Es evidente que la intención de Freud era socavar las normas de los no-judíos en cuanto al sexo y el matrimonio. El matrimonio occidental ha sido durante mucho tiempo igualitario, monógamo y exógamo, lo cual está en contraste con otras sociedades, especialmente del Cercano Oriente, que son más estratificadas (los machos alfa encima con su harem y los beta en el fondo sin mujeres). La supuesta represión del comportamiento sexual ha servido para apoyar relaciones monógamas socialmente impuestas. Estas relaciones tienen como resultado una crianza de alta inversión (high-investment parenting), y por ello en una descendencia más competitiva.

     Un importante efecto de las instituciones occidentales del sexo y el matrimonio fue el facilitar la crianza de alta inversión. Ésta generalmente tiene como consecuencia descendientes más competitivos. Como ya se indicó, quizá el error más básico que cometió Freud fue la sistemática confusión de sexo y amor. Éste fue también su error más subversivo, y uno no puede exagerar demasiado las consecuencias absolutamente desastrosas que ha conllevado aceptar la opinión freudiana de que la liberación sexual tendría efectos beneficiosos en la sociedad.

     El énfasis psicoanalítico en legitimar la sexualidad "libre" y el sexo pre-matrimonial es por lo tanto fundamentalmente un programa que promueve estilos de crianza de baja inversión (low-investment parenting). La crianza de hijos de baja inversión está asociada con la sexualidad precoz, la reproducción temprana, la carencia de control de impulsos, y lazos inestables de las parejas. Aplicado a la cultura Gentil, el programa subversivo del psicoanálisis tendría el efecto esperado de tener por consecuencia hijos menos competitivos; a largo plazo, la cultura Gentil estaría crecientemente caracterizada por la crianza de baja inversión, y hay pruebas de que la revolución sexual inaugurada, o al menos enormemente facilitada, por el psicoanálisis ha tenido en realidad este efecto.

     Puesto que los judíos ashkenazis tienen un CI más alto en promedio que los europeos, ellos son menos dependientes de estos apoyos culturales que los Gentiles. En la gran lucha darwiniana entre judíos y no-judíos, la descendencia de estos últimos, menos competitiva, tendría como consecuencia el éxito judío en la competencia por los recursos. Hasta ahora, dicho programa subversivo ha estado actuando con gran éxito.

     La labor de Freud también llegaría a ser muy influyente en la Escuela de Frankfurt. Tanto Freud como la Escuela de Frankfurt veían a la cultura occidental como altamente represiva y como necesitando una crítica cultural.

     El rol central del psicoanálisis como crítica cultural puede ser visto en el papel que desempeñó en la Alemania post-Segunda Guerra Mundial, donde se usó el lenguaje de la ciencia social para combatir el anti-semitismo y racionalizar el separatismo judío, siendo apoyado por el Estado en Alemania, donde cada ciudadano era elegible para hasta 300 horas de psicoanálisis. Así, los dos aspectos centrales de la agenda psicoanalítica eran la patologización de los enemigos y la centralidad de la crítica social, y el psicoanálisis sólo puede ser justificado por su utilidad para dicha crítica, independiente de lo real de su efectividad como terapia, a menos que se considere así el lavado de cerebro individual y social.

     Los psicoanalistas que emigraron a EE.UU. desde la Alemania nacionalsocialista esperaban hacer del psicoanálisis "el arma final contra el fascismo, el anti-judaísmo y toda otra tendencia anti-liberal". Patologizando el anti-semitismo, el psicoanálisis es una ideología universalista mesiánica que intenta subvertir las tradicionales categorías sociales no-judías, a la vez que permite la continuación de la cohesión grupal judía.

     Freud propuso una naturaleza humana universal y luego teorizó que todas las diferencias individuales se originaban en las influencias medioambientales que emanaban finalmente de una sociedad represiva e inhumana, negando la importancia de las diferencias étnicas biológicamente basadas y los conflictos étnicos de cualquier clase. En la teoría psicoanalítica, "ciencia" que es una interpretación secular de temas religiosos judíos fundamentales, los conflictos étnicos llegaron a ser vistos como fenómenos secundarios surgidos de represiones irracionales, proyecciones y respuestas reactivas, y como un indicativo de la patología de los no-judíos.

     Como usted puede ver, el psicoanálisis freudiano ha sido destructivo para la civilización occidental, en particular con su papel en la facilitación de la revolución sexual de los años '60. El psicoanálisis, como un movimiento intelectual dominado por judíos, es un componente central de la guerra sobre los fundamentos culturales de los Gentiles, a quienes Freud veía como genéticamente predispuestos a ser esclavos de sus sentidos y propensos a la brutalidad. Si bien la teoría freudiana ha sido mayormente abandonada, todavía estamos sintiendo los efectos de ella.–




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