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martes, 1 de septiembre de 2015

Sobre la Verdad de los Campos Alemanes



     El siguiente breve ensayo (The Liberation of the Camps: Facts vs. Lies) apareció publicado primeramente en The Journal of Historical Review, en Julio de 1995 (vol. 15 Nº 4), y puede verse en ihr.org en el inglés original. Su autor, el estadounidense Theodore J. O'Keefe (1949), con estudios universitarios en Historia, se desempeñó como uno de los editores de la mencionada publicación. Lo que aquí expone es una serie de hechos que no son publicitados masivamente y que desmienten la constante propaganda tendenciosa en cuanto a lo que se propagó que había ocurrido en los campos de trabajo alemanes de la Segunda Guerra, con algunos valiosos y novedosos testimonios de investigadores de la época y reafirmados posteriormente.


La Liberación de los Campos:
Hechos versus Mentiras
por Theodore J. O'Keefe, 1995



     Nada ha sido más eficaz para establecer la autenticidad de la historia del "Holocausto" en las mentes de los estadounidenses que las terribles escenas que las tropas de EE.UU. descubrieron cuando ellos entraron en los campos de concentración alemanes al final de Segunda Guerra Mundial.

     En Dachau, Buchenwald, Dora, Mauthausen y otros campos de trabajo y de detención, horrorizados soldados de infantería estadounidenses encontraron pilas de presidiarios muertos y agonizantes, demacrados y enfermos. Los sobrevivientes les contaron historias espeluznantes de tortura y matanza, y respaldaron sus afirmaciones mostrando a los soldados hornos crematorios, supuestas cámaras de ejecución por gas, supuestos instrumentos de tortura, e incluso cabezas reducidas y pantallas de lámpara, guantes y bolsos supuestamente hechos de la piel desollada de presidiarios muertos.

     Las autoridades gubernamentales de EE.UU., conscientes de que muchos estadounidenses que recordaban las historias de atrocidades con que los alimentaron durante la Primera Guerra Mundial todavía dudaban de la propaganda Aliada dirigida contra el régimen de Hitler, resolvieron "documentar" lo que los soldados habían encontrado en los campos. Destacados periodistas y políticos fueron llevados en avión para ver la horrorosa evidencia, mientras que el Cuerpo de Señales del Ejército estadounidense filmó y fotografió las escenas para la posteridad. El famoso periodista Edward R. Murrow reportó, con tonos de horror, pero ya no de incredulidad, lo que a él le había sido dicho y mostrado, y Dachau y Buchenwald fueron marcados en los corazones y las mentes del pueblo estadounidense como nombres de infamia incomparable en la triste y sangrienta historia de este planeta.

     Para los estadounidenses, lo que fue "descubierto" en los campos —los muertos y los enfermos, las historias terribles de los presidiarios, todos los elementos de tortura y terror— se convirtió en la base no simplemente de una campaña transitoria de propaganda, sino de la convicción de que efectivamente aquello era verdadero: los alemanes exterminaron realmente a seis millones de judíos, la mayor parte de ellos en letales cámaras de gas.

     Lo que los soldados encontraron fue usado por medio de películas que fueron de visión obligatoria para el vencido pueblo de Alemania, para "reeducar" a la gente alemana, destruyendo su orgullo nacional y su disposición a un Estado nacional unido e independiente, imponiendo en su lugar los abrumadores sentimientos de culpa colectiva e impotencia política. Y cuando el testimonio, y el veredicto, del Tribunal de Núremberg incorporaron la mayoría, si no todas, de las historias de horror que a los estadounidenses se les contaron sobre Dachau, Buchenwald, y otros sitios capturados por el Ejército estadounidense, el "Holocausto" podría pasar como uno de los episodios históricos más documentados, más autentificados y más demostrados de todo el registro humano.


Una Realidad Diferente

     Pero es sabido hoy que, muy poco después de la liberación de los campos, las autoridades estadounidenses fueron conscientes de que la verdadera historia de los campos era completamente diferente de aquella en la cual ellos estaban entrenando a oficiales militares de información pública, portavoces del Gobierno, políticos, periodistas y otros voceros.

     Cuando las fuerzas estadounidenses y británicas invadieron Alemania occidental y central en la primavera de 1945, ellas fueron seguidas de tropas encargadas de descubrir y asegurar cualquier evidencia de crímenes de guerra alemanes.

     Entre éstas estaba el doctor Charles Larson, uno de los principales patólogos forenses de EE.UU., que fue asignado al departamento del Consejero Legal [Judge Advocate General] del Ejército estadounidense. Como parte de un Equipo de Investigación de Crímenes de Guerra estadounidense, el doctor Larson realizó autopsias en Dachau y aproximadamente otros veinte campos alemanes, examinando durante algunos días más de 100 cadáveres. Después de su sombrío trabajo en Dachau, él fue interrogado durante tres días por fiscales del Ejército estadounidense [1].

[1] John D. McCallum, Crime Doctor [una biografía del Dr. Charles P. Larson] (Mercer, Washington, 1978), pp. 44-46, 59, 69; Véase también: J. Cobden, "The Dachau Gas Chamber Myth", The Journal of Historical Review, Marzo-Abril de 1995, pp. 17-18.

     ¿Las conclusiones del doctor Larson? En una entrevista de periódico en 1980 él dijo: "Lo que hemos oído es que seis millones de judíos fueron exterminados. Parte de eso es un engaño" [2]. ¿Y qué parte era un engaño? El doctor Larson, quien dijo a su biógrafo que para su conocimiento él "había sido el único patólogo forense de servicio en el Teatro europeo entero" de operaciones militares Aliadas [McCallum, Crime Doctor, p. 46], confirmó que "nunca se descubrió un solo caso de gas tóxico".

[2] Jane Floerchinger, "Concentration Camp Conditions Killed Most Inmates, Doctor Says", The Wichita Eagle, 1º de Abril de 1980, p. 4C.


Tifus, No Gas Tóxico

     Si no fue por gaseamiento, ¿cómo perecieron las desafortunadas víctimas en Dachau, Buchenwald y Bergen-Belsen?. ¿Fueron torturadas hasta la muerte o deliberadamente privadas de comida? Las respuestas a estas preguntas son conocidas también.

     Como el doctor Larson y otros hombres médicos Aliados descubrieron, la principal causa de muerte en Dachau, Belsen y los otros campos fue la enfermedad, fue sobre todo el tifus, un viejo y terrible azote de la Humanidad que hasta hace poco florecía en lugares donde las poblaciones estaban atestadas en circunstancias donde las medidas públicas de salud eran desconocidas o habían colapsado. Tal fue el caso en los atestados campos de internamiento en Alemania al final de la guerra, donde, a pesar de medidas tales como el despiojamiento sistemático, la cuarentena de los enfermos y la incineración de los muertos, el virtual colapso de Alemania en cuanto a alimentos, transporte y sistemas de salud pública, condujo a la catástrofe.

     Quizá la declaración más autorizativa de los hechos con respecto al tifus y la mortalidad en los campos ha sido hecha por doctor John E. Gordon, doctor en Medicina, doctor en Filosofía y profesor de medicina preventiva y epidemiología en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, que estuvo con las fuerzas estadounidenses en Alemania en 1945. El doctor Gordon relató en 1948 que "Las epidemias en los campos de concentración y prisiones compusieron el grueso de las infecciones de tifus encontradas en Alemania". El doctor Gordon resumió las causas de dichos brotes como sigue [3]:

    «Alemania en los meses de primavera de Abril y Mayo [de 1945] era una visión sobrecogedora, un desorden de gente viajando de aquí para allá, sin hogar, a menudo hambrienta y llevando el tifus con ellos...

    «Alemania estaba en el caos. La destrucción de ciudades enteras y el camino dejado por los ejércitos en su avance produjeron una interrupción de las condiciones de vida, lo que contribuyó a la difusión de la enfermedad. La higiene era de la peor calidad, los servicios públicos fueron seriamente interrumpidos, el suministro y la distribución de alimentos eran pobres, las viviendas eran inadecuadas, y el orden y la disciplina estaban ausentes por todas partes. Pero más importante aún, estaba ocurriendo un cambio de poblaciones como pocos países y pocas veces han experimentado».

[3] John E. Gordon, "Louse-Borne Typhus Fever in the European Theater of Operations, U.S. Army, 1945", in Forest Ray Moulton, editor, Rickettsial Diseases of Man (Washington, DC, American Academy for the Advancement of Science, 1948), pp. 16-27. Citado en: Friedrich P. Berg, "Typhus and the Jews", The Journal of Historical Review, Invierno 1988-1989, pp. 444-447, y en Arthur Butz, The Hoax of the Twentieth Century (IHR, 1993), pp. 46-47.

     Las conclusiones del doctor Gordon son confirmadas por el doctor Russell Barton, hoy un psiquiatra de reputación internacional, que entró en Bergen-Belsen con las fuerzas británicas como un joven estudiante de medicina en 1945. Barton, que se ofreció para cuidar a los sobrevivientes enfermos, declaró bajo juramento en una sala de tribunal de Toronto en 1985 que "Miles de prisioneros que murieron en el campo de concentración de Bergen-Belsen durante la Segunda Guerra Mundial no fueron deliberadamente privados de comida hasta la muerte, sino que murieron de diversas enfermedades" [4].

[4] "Disease killed Nazis' prisoners, MD says", Toronto Star, 8 de Feb. de 1985, p. A2. Sobre un testimonio similar de Barton en un juicio en Toronto en 1988, véase: Barbara Kulaszka, ed., Did Six Million Really Die? (Toronto, Samisdat, 1992), pp. 175-180, y Robert Lenski, The Holocaust on Trial (1990), pp. 157-160, y M. Weber, "Bergen-Belsen Camp: The Suppressed Story", The Journal of Historical Review, Mayo-Junio de 1995, pp. 27, 30 (Nº 30).

     El doctor Barton posteriormente declaró que al entrar en el campo él había creído las historias del hambre deliberada, pero había decidido que tales historias eran falsas después de inspeccionar las cocinas bien equipadas y los registros meticulosamente mantenidos, que se remontaban hasta 1942, de la comida cocinada y distribuída cada día.

     A pesar de afirmaciones ruidosamente publicitadas y difundidas nociones populares en contrario, ningún investigador ha sido capaz de documentar una política alemana de exterminio por hambre en los campos alemanes.


Ninguna Pantalla de Lámpara de "Piel Humana"

     ¿Y qué hay de las macabras historias de presidiarios de campos de concentración despellejados por sus tatuajes, desollados para hacer pantallas de lámparas y bolsos, u otros artefactos?. ¿Qué hay de los innumerables "rejillas de tortura", "ganchos carniceros", postes de azotes, horcas y otros instrumentos de tormento y muerte que se relata que abundaban en cada campo alemán? Esas acusaciones, y otras aún más grotescas proferidas por los acusadores soviéticos, se abrieron camino en el registro en Núremberg.

     Se hicieron acusaciones de pantallas de lámparas y pieles tatuadas contra Ilse Koch, calificada por los periodistas como "la perra de Buchenwald", de quien se informó que tenía amueblada su casa con objetos fabricados a partir de las pieles tostadas de infortunados presidiarios.

     Pero el general Lucius Clay, el gobernador militar de la zona estadounidense de la Alemania ocupada, que examinó el caso de ella en 1948, dijo a sus superiores en Washington: "No hay ninguna prueba convincente de que ella [Ilse Koch] haya seleccionado a presidiarios para su exterminio a fin de asegurarse pieles tatuadas o de que ella poseyera algún artículo hecho de piel humana" [5]. En una entrevista que el general Clay concedió años más tarde, declaró acerca del infame material para las pantallas de lámparas: "Bien, resultó realmente que se trataba de carne de cabra. Pero en el proceso judicial todavía era carne humana. Era casi imposible para ella haber conseguido un proceso justo" [6]. Ilse Koch se ahorcó en una cárcel alemana en 1967.

[5] "Clay Explains Cut in Ilse Koch Term", The New York Times, 24 de Sept. de 1948, p. 3.
[6] Entrevista con Lucius Clay, 1976, Official Proceeding of the George C. Marshall Research Foundation. Citado en M. Weber, "Buchenwald: Legend and Reality", The Journal of Historical Review, Invierno 1986-1987 (vol. 7, Nº 4), pp. 406-407.

     Sería tedioso hacer una lista y refutar las miles de extrañas afirmaciones en cuanto a las atrocidades nacionalsocialistas. Que hubo casos de crueldad alemana, sin embargo, está claro por el testimonio del doctor Konrad Morgen, un investigador legal agregado a la Policía Criminal del Reich, cuyas declaraciones en el banquillo de los testigos en Núremberg nunca han sido cuestionadas por los defensores de la historia del "Holocausto" judío. El doctor Morgen informó al tribunal que a él le había dado plena autoridad Heinrich Himmler, comandante de las SS de Hitler y de la Gestapo, para ingresar en cualquier campo de concentración alemán e investigar casos de crueldad y corrupción de parte del personal del campo.

     Como él explicó en su testimonio jurado en Núremberg, el doctor Morgen investigó 800 de tales casos, lo que resultó en más de 200 condenas [7]. Los castigos incluían la pena de muerte para los peores infractores, incluyendo a Hermann Florstedt, comandante de Lublin (Majdanek), y Karl Koch (el marido de Ilse), comandante de Buchenwald.

[7] International Military Tribunal (IMT), Trial of the Major War Criminals Before the International Military Tribunal (Nuremberg, 1947-1949 ["blue series"]), vol. 20, pp. 489, 438.

     Si bien los comandantes de campo alemanes en ciertos casos impusieron realmente castigos físicos, tales actos tenían que ser aprobados por las autoridades en Berlín, y se requería que primero un médico de campo certificara la buena salud del prisionero a ser disciplinado, y que luego quedara a disposición para el castigo efectivo [8]. Después de todo, durante la mayor parte de la guerra los campos eran importantes centros de actividad industrial. La buena salud y la moral de los presioneros eran fundamentales para el esfuerzo de guerra alemán, como queda evidenciado en una orden de Enero de 1943 emitida por el general de las SS Richard Glücks, jefe de la oficina que supervisaba los campos de concentración. Dicha orden hacía a los comandantes de campo "personalmente responsables de agotar todas las posibilidades para conservar la fuerza física de los detenidos" [9].

[8] Eugen Kogon, The Theory and Practice of Hell (New York: Berkley Books [pb.], 1984), pp. 108-109. Véase también: "Punishment for Mistreating SS Camp Prisoners", The Journal of Historical Review, Ene-Feb. 1995, p. 33.
[9] Documento de Núremberg NO-1523. Publicado en Trials of War Criminals Before the Nuernberg Military Tribunal (NMT "green series"), vol. 4, pp. 372-373.


Sobrevivientes de los Campos: ¿Simplemente Víctimas?

     Los investigadores del Ejército estadounidense, trabajando en Buchenwald y otros campos, rápidamente averiguaron lo que era de conocimiento común entre los presidiarios veteranos: que los peores criminales, los habitantes más crueles de los campos, no habían sido los guardias sino los prisioneros mismos. Criminales comunes de la misma calaña que los que pueblan hoy las prisiones estadounidenses cometieron muchas villanías, particularmente cuando ellos tenían posiciones de autoridad, y comunistas fanáticos, altamente organizados para combatir a sus muchos enemigos políticos entre los presidiarios, eliminaron a sus enemigos con crueldad estalinista.

     Dos investigadores del Ejército estadounidense en Buchenwald, Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum, investigaron cuidadosamente las circunstancias en el campo antes de su liberación. En un detallado informe presentado a sus superiores, ellos revelaron, en palabras de Alfred Toombs, su comandante, quien escribió un prefacio al informe, "cómo los mismos prisioneros organizaron un terror mortal dentro del terror nacionalsocialista" [10].

[10] Egon W. Fleck y Edward A. Tenenbaum, Buchenwald: A Preliminary Report, US Army, 12th Army Group, 24 de Abril de 1945. National Archives, RG 331, SHAEF, G-5, 17.11, Jacket 10, Box 151. Citado en: M. Weber, "Buchenwald: Legend and Reality", The Journal of Historical Review, Invierno 1986-1987, pp. 408-409.

     Fleck y Tenenbaum describieron el poder ejercido por criminales y comunistas como sigue:

    "Los convictos privilegiados, que con el tiempo llegaron a ser casi exclusivamente alemanes comunistas, tenían el poder de la vida y de la muerte sobre todos los otros presidiarios. Ellos podían condenar a un hombre o un grupo casi a una muerte cierta... Los convictos privilegiados comunistas fueron directamente responsables de una gran parte de las brutalidades cometidas en Buchenwald".

     El coronel Donald B. Robinson, el historiador principal del gobierno militar estadounidense en Alemania, resumió el informe Fleck-Tenenbaum en un artículo publicado en una revista estadounidense poco después de la guerra. El coronel Robinson escribió sucintamente acerca de las conclusiones de los investigadores estadounidenses: "Al parecer los prisioneros que estaban de acuerdo con los comunistas, comían; aquellos que no, eran privados de comida hasta la muerte" [11].

[11] Donald B. Robinson, "Communist Atrocities at Buchenwald", American Mercury, Octubre de 1946, pp. 397-404.

     Una corroboración adicional de la brutalidad de los presidiarios ha sido proporcionada por Ellis E. Spackman, quien, como el Jefe de Arrestos y Detenciones de Contra-Inteligencia para el Séptimo Ejército estadounidense, estuvo involucrado en la liberación de Dachau. Spackman, posteriormente profesor de Historia en el San Bernardino Valley College en California, escribió en 1966 que en Dachau "los prisioneros fueron los instrumentos reales que infligieron las barbaridades a sus compañeros prisioneros" [12].

[12] San Bernardino Sun-Telegram, 13 de Marzo de 1966. Citado en: James J. Martin, The Man Who Invented "Genocide" (IHR, 1984), pp. 110-111.


Las "Cámaras de Gas"

     En Diciembre de 1944 los oficiales del Ejército estadounidense el coronel Paul Kirk y el teniente coronel Edward J. Gully inspeccionaron el campo de concentración alemán de Struthof-Natzweiler en Alsacia. Ellos presentaron sus conclusiones a sus superiores, quienes posteriormente enviaron dicho informe a la División de Crímenes de Guerra estadounidense. Si bien, de manera significativa, el texto completo de su informe nunca ha sido publicado, ha sido revelado, por un historiador que apoya las afirmaciones del "Holocausto", que los dos investigadores fueron cuidadosos al describir el equipamiento exhibido a ellos por informantes franceses como una "supuesta letal cámara de gas", y al afirmar que fue "supuestamente usado como una letal cámara de gas" [13].

[13] "Concentration Camp at Natzwiller [sic]", RG 331, Records of Allied Operations and Occupation, SHAEF/G-5/2717, Modern Military, National Archives (Washington DC). Citado en: Robert H. Abzug, Inside the Vicious Heart (Nueva York, Oxford University Press, 1985), pp. 9-10, 181 (Nº 5).

     Tanto la cuidadosa fraseología del informe de Struthof-Natzweiler como su eficaz supresión están en contraste absoluto con la credulidad, la confusión y la estridente publicidad que acompañó a los informes oficiales de presuntas cámaras de gas en Dachau. Al principio, una fotografía del Ejército estadounidense que mostraba a un soldado contemplando una puerta de acero marcada con un cráneo y tibias cruzadas y las palabras alemanas "¡Precaución!. ¡Gas!. ¡Peligro mortal!. ¡No abrir!", fue identificada como que mostraba el arma del asesinato [14].

[14] John Cobden, Dachau: Reality and Myth (IHR, 1994), pp. 25-29. Véase también: The Journal of Historical Review, Mayo-Junio de 1993, pp. 9-11; The Journal of Historical Review, Marzo- Abril de 1995, p. 16.

     Más tarde, sin embargo, fue evidentemente decidido que el aparato en cuestión era simplemente una cámara estándar de despiojamiento para la ropa, y otra supuesta cámara de gas, ésta hábilmente disfrazada como una sala de ducha, fue exhibida a congresistas y periodistas estadounidenses como el sitio donde miles respiraron por última vez. Mientras que existen numerosos informes en la prensa en cuanto al funcionamiento de esta segunda "cámara de gas", ningún informe oficial de entrenados investigadores del Ejército ha emergido aún para resolver problemas tales como la función de las cabezas dispersoras de las duchas: ¿Eran ellos estúpidos, o realmente el letal gas de cianuro fluía por ellas? (Cada teoría tiene un apreciable apoyo en la literatura periodística e historiográfica).

     Tal como con Dachau, lo mismo vale para Buchenwald, Bergen-Belsen y los otros campos liberados por los Aliados en Alemania occidental. No ha habido ningún final de la propaganda acerca de "cámaras de gas", "hornos de gas", y otros por el estilo, pero hasta ahora no ha salido a la luz ni una sola descripción detallada del arma del asesinato y de su función, ni tampoco un solo informe de la clase que es obligatoria para un procesamiento exitoso de cualquier caso de asesinato o asalto en EE.UU. en ese entonces y hoy.

     Además, diversas autoridades del "Holocausto" han decretado públicamente ahora que no hubo ningún gaseamiento y ningún campo de exterminio en Alemania después de todo. (Nos dicen ahora que los "gaseamientos" y los campos de "exterminio" estuvieron localizados exclusivamente en lo que es ahora Polonia, en áreas capturadas por el Ejército Rojo soviético y vedadas para los investigadores occidentales).

     El doctor Martin Broszat del Instituto para la Historia Contemporánea con sede en Múnich, que es financiado por el gobierno alemán, declaró categóricamente en una carta de 1960 al semanario alemán Die Zeit: "Ni en Dachau ni en Bergen-Belsen ni en Buchenwald fueron gaseados judíos u otros presos" [15]. El "cazador de nazis" profesional Simon Wiesenthal declaró en 1975 y otra vez en 1993 que "no hubo ningún campo de exterminio en suelo alemán" [16].

[15] "Keine Vergasung in Dachau", Die Zeit (Hamburg), 19 de Agosto de 1960. Impresión facsimilar y traducción al inglés en The Journal of Historical Review, Mayo-Junio de 1993, p. 12.
[16] Cartas en Books & Bookmen (Londres), Abril de 1975, p. 5, y en The Stars and Stripes (edición europea), 24 de Enero de 1993, p. 14. La carta de Wiesenthal de 1993 en Stars and Stripes está reproducida en facsímil en The Journal of Historical Review, Mayo-Junio de 1993, p. 10.

    La "cámara de gas" Nº 2 de Dachau, que fue alguna vez presentada a un mundo impactado y apesadumbrado como un arma que reclamó cientos de miles de vidas, es descrita ahora en el folleto publicado para los turistas en el moderno "sitio conmemorativo" de Dachau con estas palabras: "Esta cámara de gas, camuflada como una sala de ducha, no fue usada nunca" [17].

[17] Memorial Site Concentration Camp Dachau. Folleto publicado por el International Dachau-Committee (Dachau, Germany), sin fecha.


La Propaganda Se Intensifica

     Más de 50 años después de que las tropas estadounidenses entraron en Dachau, Buchenwald y otros campos alemanes, y de que entrenados investigadores estadounidenses establecieron los hechos en cuanto a lo que había ocurrido en ellos, el gobierno en Washington, los medios de entretenimiento en Hollywood, y los medios impresos en Nueva York, siguen produciendo en serie anualmente millones de palabras e imágenes acerca de los horrores de los campos y la infamia del "Holocausto". A pesar del hecho de que, a excepción de la derrotada Confederación [en la guerra civil estadounidense], ningún enemigo de EE.UU. ha sufrido una derrota tan completa y devastadora como la de Alemania en 1945, los medios de comunicación, los políticos y los burócratas se comportan como si Hitler, sus tropas y sus campos de concentración siguieran existiendo en un eterno presente, y nuestros fabricantes de opinión siguen distorsionando, por ignorancia o malicia, los hechos relativos a dichos campos.


Tiempo para la Verdad

     Es tiempo de que el Gobierno y los historiadores profesionales revelen los hechos sobre Dachau, Buchenwald y los otros campos. Es tiempo de que ellos permitan que el público estadounidense sepa cómo murieron los presidiarios, y como ellos NO murieron. Es tiempo de que las afirmaciones del asesinato de masas mediante gaseamientos sean clarificadas e investigadas en la misma manera que cualquiera otra afirmación de asesinato. Es tiempo de que el beneficio del cual ciertos grupos han disfrutado como resultado de afirmaciones no cuestionadas del "Holocausto" se terminen, así como es tiempo para finalizar el hecho de convertir a otros grupos en chivos expiatorios, incluyendo a los alemanes, los europeos del Este, la jerarquía católica y los dirigentes del tiempo de la guerra de EE.UU. y Gran Bretaña, por su presunto papel en el "Holocausto" o su supuesto fracaso para detenerlo.

     Sobre todo, es tiempo de que los ciudadanos de esta gran República conozcan los hechos relativos a los campos, hechos que ellos tienen derecho a conocer, un derecho que es fundamental para el ejercicio de su autoridad y su voluntad en la gobernabilidad de su país. Como ciudadanos y como contribuyentes, los estadounidenses de todos los orígenes étnicos y de todas las creencias tienen un derecho básico y un interés primordial en la determinación de los hechos de incidentes que son considerados por aquellos que están en posiciones de poder como significativos para la determinación de la política exterior y educacional de EE.UU., así como para la selección que hacen éstos de acontecimientos pasados a ser conmemorados en nuestra vida cívica.

     Hoy los supuestos hechos del "Holocausto" están en cuestión en todas partes del mundo civilizado. La verdad será decidida sólo mediante el recurso a los hechos, en el foro público: no ocultando los hechos, negando la verdad ni enmurallando realidad. La verdad será revelada, y es tiempo de que el Gobierno de este país, y los Gobiernos y organismos internacionales de todo el mundo, hagan pública la evidencia de lo que realmente sucedió en los campos de concentración alemanes en los años 1933-1945, de modo que nosotros podamos ponerle un final a las mentiras, sin temor ni parcialidad, y llevar a cabo el trabajo de reconciliación y renovación que es y debe ser el fundamento de granito de la tolerancia mutua entre los pueblos y de una paz basada en la justicia.


Resumen

     Las conclusiones de las investigaciones tempranas del Ejército estadounidenses en cuanto a la verdad sobre los campos de concentración alemanes del tiempo de la guerra han sido desde entonces confirmadas por todos los investigadores posteriores y pueden ser resumidas así:

    1. Las horrendas escenas de presidiarios muertos y agonizantes no fueron el resultado de una política alemana de "exterminio", sino más bien el resultado de epidemias de tifus y otras enfermedades causadas en gran parte por los efectos de los ataques aéreos Aliados.

    2. Las historias de super-criminales y sádicos nazis que convirtieron a judíos y otros en bolsos y pantallas de lámparas para su beneficio privado o por diversión fueron mentiras repugnantes o fantasías de enfermos; en realidad, las autoridades alemanas castigaron la corrupción y la crueldad de parte de comandantes de campo y guardias.

    3. Por otra parte, las representaciones de los presidiarios recién liberados como santos y mártires del Hitlerismo estuvieron muy a menudo muy alejadas de la verdad; en efecto, la mayor parte de las brutalidades cometidas contra los detenidos de los campos fueron obra de sus compañeros prisioneros, en contravención de la política alemana y las órdenes alemanas.

    4. Las supuestas duchas homicidas y cámaras de gas fueron usadas para bañar a los presidiarios de los campos o para despiojar su ropa; la afirmación de que ellas fueron usadas para asesinar a judíos u otros seres humanos es una despreciable falsedad. Los historiadores ortodoxos y los "cazadores de nazis" profesionales silenciosamente han descartado las afirmaciones de que los prisioneros fueron gaseados en Dachau, Buchenwald y otros campos en Alemania. Ellos siguen, sin embargo, guardado silencio en cuanto a las mentiras sobre Dachau y Buchenwald, así como evadiendo una abierta discusión de la evidencia para el gaseamiento homicida en Auschwitz y los otros campos capturados por los soviéticos.–







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