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jueves, 24 de septiembre de 2015

Revilo P. Oliver - Cómo Ellos Robaron la Iglesia



     Publicado originalmente en la revista mensual estadounidense Liberty Bell de Agosto de 1991, el siguiente artículo (How They Stole the Church) que hemos puesto en castellano del académico y escritor Revilo Oliver (1908-1994) se refiere al hecho de que desde hace un tiempo (desde 1958, con el Papa Juan XXIII, tras Pío XII) la Iglesia católica fue usurpada y distorsionada, cooptada, y alterados sus dogmas y valores, por oscuras manos, esencialmente judías, las cuales buscan su acabamiento y su fusión con una religión mundial que sea funcional al Nuevo Orden. Trece años después, en 2004 Henry Makow escribió un breve artículo (Is the Pope a Catholic?), que también hemos traducido, relacionado con este mismo tema y complementándolo, enfatizando, como suele dicho autor, en la enemistad masónica Illuminati hacia el catolicismo.


Cómo Ellos Robaron la Iglesia
por Revilo P. Oliver, 1991



     El Cristianismo es todavía uno de los factores cardinales en cualquier evaluación razonable de nuestra actual grave situación. Es ciertamente más importante que la economía, e hizo posible la captura y la ocupación de Estados Unidos por parte de extranjeros.

     Las Iglesias cristianas caen en dos categorías. Las sectas Protestantes necesariamente dependen para su autoridad de la creencia en que la Biblia fue divinamente inspirada y que es por lo tanto literalmente exacta. Esta base de su religión fue gradualmente erosionada durante el siglo pasado. Con pocas excepciones significativas [1], las principales iglesias Protestantes han sustituído con astucia pero con eficacia su Biblia por el "evangelio social" de la Reforma Marxiana, basándose en la incompetencia o la credulidad de sus fieles para pasar por alto la estafa espiritual. Ellos se han hecho así religiosamente, así como intelectualmente, fraudulentos.

     [1] Las principales excepciones son el Sínodo de los Luteranos de Missouri, que está ahora en manos de una burocracia que está resuelta a degradarlo al nivel de la "línea principal" de las iglesias luteranas; el mucho más pequeño Sínodo de Wisconsin, que tiene sus propios problemas; pequeños grupos de Presbiterianos, encabezados por el doctor Rousas J. Rushdoony, y los anglicanos, encabezados por el fallecido obispo Dees, quienes tratan de preservar lo esencial de su religión; y los mormones, que tienen Escrituras complementarias propias, pero que tienen una seria disensión interna y son cada vez más vulnerables a los ataques contra sus nuevos evangelios.

     La Iglesia Católica era menos vulnerable porque es menos dependiente de la Biblia, la cual, durante muchos siglos, prohibió a laicos que la leyeran. Ella afirma representar una sucesión apostólica desde el dios encarnado del cristianismo, y hasta muy recientemente, ella, por lejos la más grande de las denominaciones cristianas, exhibió una solidaridad monolítica que la hacía parecer impenetrable [2]. Entonces, sólo hace unos años, fue repentinamente destruída por una revolución interna, tan repentina y drástica como la Revolución bolchevique de los judíos en Rusia, y mucho más sorprendente para los observadores de los asuntos mundiales.

     [2] En America's Decline, pp. 78-79, describí la Iglesia como aparecía en 1955 a los observadores que, no teniendo ninguna religión, podían considerar el problema objetivamente y hasta tenían la ventaja de la información que había estado disponible sólo por medio de la Inteligencia militar, incluyendo comunicaciones secretas entre el Vaticano y sus ramas en varias partes del mundo.

     Ésa fue una "revolución de palacio". Lo que había sido la gran fuerza de la Iglesia se convirtió en su debilidad fatal. Cuando los conspiradores capturaron el Vaticano, ellos se convirtieron en los amos de todos sus subordinados en la Iglesia regular y en las órdenes monásticas, desde arzobispos y sacerdotes de parroquia hasta postulantes aún no ordenados y estudiantes de los seminarios. Por el poder de la excomunión ellos podían privar de su sustento de vida a cualquier disidente, impidiéndole practicar el único arte que él sabía. Se requirió de una gran fe y un gran coraje incluso para cuestionar los dictados del régimen revolucionario.

     Los arzobispos, por supuesto, eran personas de alguna consecuencia, acostumbrados al lujo de acuerdo a su exaltada posición, y si alguno de ellos hubiera estado lo suficientemente interesado en la doctrina de la Iglesia para indignarse por el cambio, es probable que él fuera mantenido en la fila por medio de amenazas endulzadas por generosos sobornos. Los malcontentos y los disidentes de suave hablar dentro de la Curia Romana fueron tolerados hasta que ellos fueron eliminados o intimidados por el terrorismo después del asesinato de Juan Pablo I en 1978 [3]. Los sacerdotes concienzudos, a menos que hubieran sido capaces de pasar inadvertidos, no tuvieron más remedio que abandonar la Iglesia y buscar otros medios de ganarse la vida. Muchos de ellos lo hicieron, incluso dos con quienes estuve relacionado. He visto una estimación en cuanto a que en todo el mundo 100.000 sacerdotes abandonaron la Iglesia apóstata, pero tengo dudas para aceptar aquella cifra.

     [3] No puede haber ninguna duda razonable de que el Papa fue asesinado, aunque el motivo para el crimen permanezca obscuro. Me he referido más de una vez al sensacional libro de David Yallin, In God's Name, pero he recibido sólo recientemente una copia de una obra de Piers Compton, The Broken Cross (1984). Él parece no haber visto el libro de Yallin, pero tuvo la posibilidad de consultar cartas de veintidós prelados relativas a la muerte del Papa, coleccionadas en un volumen titulado Lettres de Rome sur le Singulier Trépas de Jean-Paul I de un periodista parisino con el seudónimo de Jean Jacques Thierry. El volumen fue suprimido casi inmediatamente después de que fue publicado. El Papa murió durante la noche, habiendo sido inexplicablemente ignorada su petición de auxilio. Por la mañana, su cadáver fue encontrado a las 5:30 horas, y a las 9:30 los embalsamadores habían completado su trabajo, habiendo removido los órganos vitales que serían necesarios para una autopsia, y según se informa ¡habiéndolos destruído! Este hecho era aparentemente desconocido para las personas que, durante los días siguientes, exigieron una autopsia que había sido hecha imposible. Aquella indecente precaución establece el hecho de un asesinato.

     En sentido religioso, la Iglesia se suicidó. Cada religión "revelada" debe profesar estar basada en una verdad transcendental que es inmutable y eterna, revelada, directa o indirectamente, por un dios eterno, inmutable e infalible. La Iglesia romana afirmó haber sido fundada por un Apóstol expresamente delegado para aquel objetivo por su dios encarnado, y Pío XII, último Pontifex Máximus antes del nuevo régimen, era el Papa número 262 en una sucesión apostólica, que representaba, se ha afirmado, una continuada tradición y una doctrina que había sido recibida del Apóstol divinamente designado.

     Como cada hombre capaz de pensamiento lógico lo vio inmediatamente, los cambios radicales de la doctrina hechos por el nuevo régimen necesariamente implicaban que (a) el dios de la Iglesia había de manera ignorante, irracional o maliciosa mentido a sus vicarios en la Tierra durante diecinueve siglos, o (b) los 262 Vicarios habían malinterpretado los deseos y las órdenes de su príncipe celeste.

     Los drásticos cambios no hicieron que la Iglesia simplemente explotara, porque la fe comúnmente imposibilita el pensamiento lógico, y en la Iglesia romana, la masa de seguidores fieles había sido durante mucho tiempo acostumbrada a creer cualquier cosa que le dijera su sacerdote y a seguir sus instrucciones sin ningún cuestionamiento.

     Cuando la Iglesia fue "modernizada", como si se tratase de una vieja casa o de un ferrocarril obsoleto, muchos cambios ostentosos en la práctica pueden haber sido en parte ideados para ocultar cambios vitales de la doctrina. La mayor parte de las iglesias, por ejemplo, fueron despojadas de sus ornamentos y dejadas tan desnudas y anodinas como las iglesias de las sectas Protestantes más puritanas. La misa latina, que era impresionante cuando era bien realizada, fue sustituída por la parla vernácula que era tediosamente insípida y aburrida cuando no era absurda. Los sacerdotes fueron convertidos en ministros Protestantes, entregando sermones triviales. Algunos santos venerados fueron sin ninguna ceremonia botados en el depósito de chatarra. Pero todos estos cambios eran relativamente superficiales.

     Si uno considerara la nueva doctrina de manera crítica, uno inmediatamente vería lo que había sido el cambio cardinal y más drástico. La actitud hacia los judíos que el dios cristiano presumiblemente había ordenado durante diecinueve siglos, fue revertida. El cambio fue nítidamente ilustrado por el cardenal de quien se cree que con la mayor probabilidad se convertirá en el siguiente Papa. Él se jacta de que él es un judío fiel y practicante, y descaradamente afirma que el cristianismo es simplemente una especie de iglesia auxiliar por la cual los goyim merecedores son admitidos a algunos de los privilegios que Dios irrevocablemente otorgó a su Pueblo Elegido.

     Era obvio, por lo tanto, que la Iglesia Católica Romana había sido capturada por los judíos y sería manejada en favor de los intereses de aquéllos. De manera bastante extraña, este hecho fue generalmente ignorado incluso por los adversarios más vehementes de la "modernización" [4].

     [4] El señor Compton, en la obra ya citada, atribuye la captura de la Iglesia a una conspiración que incluía a los Illuminati de Weishaupt, el Satanismo de Aleister Crowley, y otras sociedades secretas, incluída, por supuesto, la masonería, de acuerdo a lo que es bien conocido a partir de los escritos de Nesta Webster, Christina Stoddard ("Inquire Within"), lady Queensboro, y muchos otros. Compton cautelosamente pasa por alto a los judíos, pero una hoja reproducida de una mecanografía de procedencia incierta, adjunta a la copia de su libro enviado a mí, identifica a Wojtyla (Juan Pablo II) como un judío, hijo de una judía llamada Wanda Katz.

     Ya que estoy seguro de que el cristianismo es un hecho fundamental que debe ser tenido en cuenta en cualquier consideración valedera de nuestra actual situación o intento de prever nuestro probable futuro, he dedicado muchas páginas en Liberty Bell a aquel tema, con especial atención a la Iglesia Católica, la más grande y más influyente de todas las denominaciones cristianas. Más recientemente, en "The Stolen Church", Diciembre de 1990, recomendé The New Montinian Church, una impresionante traducción inglesa de una importante obra de Joaquin Sáenz y Arriaga, y en "La Sede Vacante" (The Vacant See), Abril-Mayo de 1991, informé de lo que eran claramente las conclusiones de un abogado canónico en cuanto a que el Papado había estado vacante desde la muerte de Pío XII en 1958.

     Me llenó de satisfacción cuando mi opinión acerca de la importancia cardinal de la Iglesia romana en nuestra grave situación hoy fue confirmada por una fuente inesperada, la publicación Criminal Politics, del señor Lawrence Patterson.

     Criminal Politics está dedicada exclusivamente a las finanzas y a la consideración de las maneras en las cuales los estadounidenses pueden conservar lo que ellos han salvado y todavía poseen, a pesar del Gobierno Federal. Puesto que en países como Estados Unidos y la Rusia soviética las leyes económicas han sido anuladas por un gobierno tiránico, es necesario considerar las fuerzas políticas, y esto incluye al catolicismo. La edición de Abril contiene (pp. 12-17) un artículo titulado "El Nuevo Orden Mundial: El Catolicismo y la Guerra Sionista contra Nuestros Estándares Culturales".

     Después de notar que el Vaticano fue alguna vez un vigoroso oponente de los comunistas, y ahora prácticamente está aliado con ellos en la promoción del "Nuevo Orden Mundial", el señor Patterson toma su punto de partida de un artículo asombrosamente sincero publicado en la que era entonces una de las revistas de mayor circulación, Look [5], el 25 de Enero de 1966. Fue escrito por el principal editor de la revista, Joseph Roddy, y titulado "Cómo los Judíos Cambiaron el Pensamiento Católico".

     [5] La circulación pagada de Look entonces era de más de 7.500.000 copias en cada edición; la revista no sufrió por la indiscreta revelación, al menos no inmediatamente. En 1968 su circulación había aumentado en 200.000, pero las dificultades financieras hicieron cesar la publicación en Octubre de 1971, aunque su circulación hubiera aumentado a casi 8.000.000 en 1970.

     El señor Roddy, después de hacer notar que el American Jewish Committee y la B'nai B’rith hicieron presión sobre el Concilio Vaticano para cambiar la doctrina católica en su favor, informó que el verdadero autor de la rendición del Concilio ante el judaísmo era un judío francés llamado Jules Isaac, quien cooperó con una "Quinta Columna" [6] de traidores "marranos" en el Concilio, incluyendo al adulador cardenal Bea, pero el éxito del trabajo de subversión debía ser atribuído a un "espía sacerdote", un jesuíta que prestó servicio en el personal de Bea y que iba de aquí para allá entre el Vaticano y el American Jewish Committee en Nueva York.

     [6] No me gusta ver el concepto de "Quinta Columna" usado en este sentido, ya que es una perversión de su sentido original. Cuando el ejército español estaba librando a España del terror judeo-comunista en 1936, el general Franco, a quien se le había delegado el mando, comentó que cuatro columnas de sus tropas estaban convergiendo en Madrid, ciudad en la cual había una "quinta columna" compuesta por los españoles decentes en aquel territorio, quienes, mientras estaban impotentes contra el poder del gobierno comunista, necesariamente simpatizaban con el ejército que estaba luchando para liberarlos, y quienes ayudarían a los esfuerzos de aquél siempre que ellos factiblemente pudieran. Una "quinta columna", por lo tanto, no está formada por traidores sino por patriotas tenidos en sometimiento por un poder extranjero.

     Según el señor Roddy, el decreto del Concilio Vaticano redactado por Jules Isaac "hubiera sido descartado tempranamente" si no hubiera sido por la "ayuda encubierta" del "sacerdote-espía".

     Aquello parece poco probable. Es difícil ver cómo el "sacerdote-espía" pudo haber tenido el papel fundamental que se le atribuye. Cuando Roncalli, quien, conforme a las leyes de la Iglesia, no era ni siquiera un católico, se infiltró hasta la Sede de Roma como Juan XXIII, su elección debe haber sido conseguida por medio de cómplices en el Colegio de Cardenales [7], y él casi ciertamente tenía en secreto un plan para la captura y judaización de la Iglesia, probablemente incluyendo al Concilio Vaticano que él convocó en 1962 y dirigió durante sus sesiones intermitentes hasta su consumación de la toma revolucionaria del poder en 1965. El señor Patterson señala que después de que Roncalli fue elegido como Papa en 1958, los más grandes periódicos estadounidenses abandonaron su actitud neutral o ligeramente hostil hacia la Iglesia Católica y repentinamente florecieron con cumplidos para el "buen Papa Juan". Los mandamases judíos de la prensa estadounidense deben haber recibido de sus superiores la advertencia de que "Roncalli es nuestro muchacho".

     [7] Cuando los Cardenales se reúnen para elegir a un nuevo Papa y se encierran, hay siempre un período de frenética competencia entre los diversos aspirantes y sus partidarios, y un comercio político y un recomercio de votos hasta que se alcanza un compromiso o, si hay un punto muerto irresoluble, un pontífice interino es elegido para mantener el cargo mientras las facciones se reagrupan. Unos pocos intrigantes astutos, sobre todo si están bien provistos de dinero en efectivo, a menudo pueden determinar el resultado de una elección.

     La captura de la Iglesia había sido planeada ya antes de que el Concilio se pusiera en marcha, y no puedo imaginar cómo el "sacerdote-espía" pudo haber hecho algo más que arreglar asuntos de detalles o transportar el dinero en efectivo cuando él sirvió como el enlace entre sus patrones judíos en Nueva York y miembros importantes del Concilio. Sólo si millones o miles de millones de dólares en dinero real hubieron sido necesarios para consolidar la posición de Roncalli y sus cómplices, y ellos fueron suministrados desde Nueva York, podría decirse que el mensajero que entregó los sobornos hubo determinado las decisiones del Concilio, pero el señor Roddy no dice nada sobre esto.

     El señor Roddy no nombró al "sacerdote-espía", el cual, dice Roddy, simulaba ser un católico conservador pero estaba realmente "100%" a favor de los intereses sionistas, y podía haber sido un judío disfrazado como un jesuíta. Roddy proporcionó, sin embargo, una serie de pistas más o menos enigmáticas acerca de la identidad del hombre.

     El señor Patterson relata que su investigación ha identificado al "sacerdote-espía" como Malachi Martin, alias (por su propia admisión) Michael Serafian, alias (por inferencia) F. F. Cartus, y (por lo tanto) alias Timothy Fitzharris-O’Boyle.

     La carrera de Martin corresponde a las pistas dadas por Roddy. Él era un jesuíta, había sido un profesor en el Pontificio Instituto Bíblico en Roma (reputado como un erudito en lenguas semíticas y un experto en los Rollos del Mar Muerto), había emigrado a Nueva York, había escrito para la revista judía Commentary bajo un alias, había escrito un libro, The Pilgrim, bajo otro alias, y bajo su propio nombre muchos artículos como un "católico conservador" para la National Review de Buckley, de la cual él fue, durante un tiempo, el editor de asuntos religiosos. Aunque ni Roddy ni Patterson mencionen el hecho aún más significativo, Malachi Martin afirma haber sido un amigo íntimo y un consejero de Roncalli.

     Según varios informes, Martin, después de que él se estableció en este país (EE.UU.), abandonó el clero y se casó. Él ciertamente ha producido bajo su propio nombre una asombrosa cantidad de libros probablemente muy lucrativos, todos orientados a los católicos que no han abandonado la fe tradicional de la Iglesia. Si él sigue escribiendo bajo seudónimos, no lo sé.

     Ahora, si Martin en efecto desempeñó un importante papel en traicionar a la Iglesia poniéndola en manos de sus enemigos inveterados, él ciertamente sabía lo que estaba haciendo. Piers Compton lo cita como habiendo predicho, en la época en que el Concilio Vaticano completó su trabajo de subversión en Diciembre de 1965, que

     "Mucho antes del año 2000, ya no habrá una institución religiosa reconocible como la Iglesia Católica y Apostólica de hoy... No habrá ningún control centralizado, ninguna uniformidad en la enseñanza, ninguna universalidad en la práctica o el culto, las oraciones, el sacrificio y el clero".

     Él creyó que su profecía estaba siendo cumplida. En su obra "Los Jesuítas, la Compañía de Jesús y la Traición de la Iglesia Católica Romana" (Nueva York, 1987), él escribió:

     "El grado del daño producido en la Iglesia... después de 1965 podrá ser evaluado sólo unos veinte años más tarde. El Papa Juan Pablo II ahora preside una organización eclesiástica que está en un caos, con un clero rebelde y decadente, un cuerpo ignorante y recalcitrante de obispos, y una confusa y dividida asamblea de creyentes. La Iglesia Católica Romana, que solía presentarse como la Una, Santa, Católica y Apostólica Iglesia, aparece ahora como un grupo eclesiástico pluralista, permisivo, ecuménico y evolucionario" [8].

     [8] En este libro, él, un ex-jesuíta, acusa a los jesuítas de haberse convertido en una pandilla de marxistas conspiradores afanados en promover, so pretexto de la religión, una dictadura comunista. Él incluso asegura que los jesuítas en Estados Unidos prepararon planes detallados para la instalación del "Marxismo Maoísta" en este país.

     En todos los escritos publicados bajo su propio nombre, hasta donde sé, Malachi Martin ha tomado sistemáticamente la posición de un católico fiel a la doctrina y tradiciones de la Iglesia, estimando que aproximadamente el 40% del actual Colegio de Cardenales es cristiano, ridiculizando a los obispos estadounidenses quienes hablan incoherentemente acerca de "finalizar la pobreza" y "compartir la riqueza", indicando que la Iglesia Romana es el organismo más adinerado en el mundo, con bienes que totalizan cientos de miles de millones de dólares y probablemente equivaliendo a dos billones de dólares (2.000.000.000.000 dólares), e insistiendo en que "Cristo nunca singularizó al proletariado con una opinión preferente en su favor". La misión de la Iglesia es exclusivamente espiritual y no tiene ninguna competencia o autoridad para expresar su opinión sobre asuntos de economía o política [9].

     [9] Por ejemplo, en un artículo en la National Review, del 5 de Enero de 1979, que he consultado en mis archivos de aquella publicación, él escribió: "Durante los últimos quince años la Iglesia Católica Romana en Estados Unidos, bajo el mando y la autoridad de sus obispos, ha llegado a ser principalmente dos cosas. Es, primero y más estridentemente, una desordenada fachada atiborrada con una serie variopinta de cuestiones políticas, riñas civiles, experimentos sociológicos y teorías psicológicas. Segundo, y de manera más patética, es un molino que está moliendo la esperanza y el entusiasmo de sus fieles seguidores que saben que sus obispos han descuidado la pureza de su fe y la práctica de la religión en su Iglesia, a favor de cuestiones tales como la contaminación del medioambiente, los derechos étnicos, la distribución de tierras, el Canal de Panamá, el cromo de Rhodesia y los males del capitalismo estadounidense". En el resto del artículo, él no identifica explícitamente todas estas actividades como sirviendo a fines comunistas sino que más bien claramente evita consideraciones que harían soltar la lengua (lâcher le mot).

     No he visto su último libro, The Keys of This Blood (Nueva York, 1990), que fue revisado por Paul A. Fisher en Christian News, el 3 de Junio de 1991, y criticado por el señor Patterson en el artículo que ya he citado. En este libro, Martin, de algún modo en desacuerdo con sus declaraciones anteriores, le dice a sus lectores que el mundo es ahora el premio que tres organizaciones recíprocamente hostiles están tratando de ganar para sí, a saber,

    "(a) un Imperio soviético que se desintegra, conducido por Mijaíl Gorbachov; (b) transnacionalistas e internacionalistas (una caracterización genérica para banqueros internacionales y negocios afiliados con el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR) y la Comisión Trilateral (TLC), y (c) una Iglesia Católica declinante, la principal institución de la cristiandad, conducida por el Papa Juan Pablo II" [10].

     [10] Cito de la revisión del señor Fisher. Note que no hay ninguna mención de los judíos, lo que no hubiera sido muy prudente en un libro publicado por judíos; pero la flagrante omisión ¿habrá tenido otro motivo? Concluyo del señor Fisher que Martin espera ¡una "intervención directa de Dios" durante la vida del actual Papa!.

     Aquella declaración es la base principal para la denuncia que hace el señor Patterson de Martin como un "falso conservador" y un "doble agente" de los sionistas, y él proporciona abundantes pruebas de que Wojtyla (Juan Pablo II) está cooperando muy estrechamente tanto con los soviéticos como con los "Trilateralistas" y con los sionistas para introducir el "Nuevo Orden Mundial" en las naciones civilizadas para reducirlas a una bárbara esclavitud, de manera que el Papa debe ser considerado como un sirviente o cómplice de todos los tres aspectos de lo que debe ser una sola fuerza determinada a nuestra esclavitud y nuestra eventual extinción. Él razona que el libro de Martin debe estar destinado a confundir a los católicos tradicionales y a otros lectores engañándolos acerca de nuestros enemigos y creando la engañosa ilusión de que tres tentáculos del pulpo están luchando unos contra otros.

     No estoy aquí interesado en establecer la culpa o la inocencia de Martin, y ciertamente no gastaré el tiempo en recolectar y analizar los muchos libros y artículos publicados bajo su propio nombre, o en averiguar si él sigue publicando trabajos divergentes bajo seudónimos, pero señalaré que, en lo que puedo decir a partir de las revisiones, él es culpable de una cierta duplicidad al esconder en su último libro las conclusiones que él ha declarado en otros lugares.

     En un discurso reportado por Rocky Mountain News, el 8 de Octubre de 1982 (reproducido fotográficamente en Christian News) él declaró explícitamente que "La Iglesia cristiana está decayendo, no tiene nada que decir, y está en su camino de salida". Él añadió que las otras grandes religiones del mundo, el budismo, el Islam, el hinduísmo y el sintoísmo, "están encaminadas en la misma dirección que el cristianismo, y aún más rápido". Él predijo la imposición de "una religión mundial con una sola estructura e instituciones", manejada por "una sola gran burocracia. Y a partir de ella surgirá el desastre final".

     Lo que es fundamentalmente significativo en aquel discurso es que él explícitamente afirmó que la religión de los judíos (la base de su unidad racial) no está de ninguna manera sometida a cambios o a una declinación y que siempre perdurará triunfalmente. "Es inerradicable, indestructible", afirmó él; "no hay ninguna decadencia y nada puede destruír el alma del judaísmo".

     Allí usted lo tiene. Allí, declarado con deslumbradora claridad para todos los que piensan mientras leen, hay una indicación de quién poseerá y esclavizará al mundo del mañana. Ningún autor, no dispuesto a atraer sobre él a los terroristas del Gobierno de los judíos en Washington, podría haber declarado el hecho más explícitamente.

     Según el señor Lawrence, Martin, en su nuevo libro, ciertamente ocultando o invirtiendo su creencia en un "desastre último", no sólo considera al Nuevo Orden Mundial como inevitable sino que lo alaba como un "Gran Designio de Dios". Y él dice: "En cuanto al factor de tiempo implicado, aquellos de nosotros que tenemos menos de 70 años veremos al menos la estructura básica del nuevo gobierno mundial instalado... Aquellos de nosotros que tenemos menos de 40 años seguramente viviremos bajo su autoridad legislativa, ejecutiva y judicial, y bajo su control".

     Y él podría haber añadido que los estadounidenses que tienen ahora menos de cinco años seguramente crecerán para convertirse en criaturas imbéciles, tan bien entrenadas que siempre que ellos vean o huelan a un judío, ellos automáticamente caerán de rodillas y golpearán sus frentes tres veces en el pavimento para venerar a sus dioses vivientes.–




¿Es el Papa un Católico?
"The Broken Cross" de Piers Compton
por Henry Makow
22 de Febrero de 2004


     Durante el Día de Año Nuevo 2004 el Papa Juan Pablo II pidió "un nuevo orden internacional basado en la experiencia de y los resultados logrados por Naciones Unidas" [1]. Cuando un líder mundial usa esta terminología, eso sólo puede significar una cosa: Él es parte de la conspiración Luciferina para crear un gobierno mundial totalitario.

[1] http://www.theguardian.com/world/2004/jan/02/catholicism.religion

     Según Piers Compton, un ex-sacerdote católico, el Papado realmente fue subvertido por los Illuminati en 1958 cuando Juan XXIII se convirtió en el Papa. Ésa fue la culminación de una campaña de 200 años para infiltrar y destruír a la Iglesia Católica.

     Piers Compton [1901-1986] fue el editor literario del semanario católico "The Universe" durante 14 años. Él documenta sus afirmaciones en "The Broken Cross" (1981), un libro que es casi imposible de encontrar porque fue misteriosamente retirado unas semanas después de su publicación [2].

[2] NdelT: http://uploads.ankawa.com/uploads/1390404067711.pdf

     Compton remonta la fase moderna de la Conspiración Luciferina a Adam Weishaupt, quien estableció los Illuminati el 1º de Mayo de 1776. "[Weishhaupt] fue respaldado financieramente, como lo ha sido la mayoría de, si no todos, los líderes anarquistas, por un grupo de banqueros bajo la Casa de Rothschild. Fue bajo la dirección de ellos que fueron formulados los planes de alcance mundial de los Illuminati" (p. 8)

       En 1783 los Illuminati asumieron el control de la mayor parte de la Francmasonería, que en secreto coordinó el movimiento revolucionario (Liberalismo, Socialismo y Comunismo). Según David Bay, «sociedades secretas como "Skull and Bones" siempre han funcionado como la iglesia de Satán, como el único modo de pasar el bastón de generación en generación».

http://www.cuttingedge.org/ce1089.html

     Los Illuminati consideraron a la Iglesia Católica como su principal obstáculo y la marcaron para su ruina. En 1818 su logia italiana publicó un conjunto de "Instrucciones Permanentes" que incluía: "Requerimos un Papa para nosotros mismos... para marchar de manera más segura al asalto de la Iglesia".

     El objetivo era "la aniquilación completa del catolicismo e incluso finalmente del cristianismo. Si el cristianismo llegara a revivir, incluso sobre las ruinas de Roma, sería una revivificación póstuma" (pp. 13-14)


EL PAPA LEÓN XIII

      En una Encíclica del 8 de Diciembre de 1892 [contra la masonería] el Papa León XIII identificó dos Reinos. "Uno es el reino de Dios en la Tierra, a saber, la verdadera Iglesia de Jesucristo y aquellos que desean de corazón estar unidos con ella... El otro es el reino de Satán... aquellos que rechazan obedecer la ley divina y eterna, y que tienen muchos objetivos propios en desprecio de Dios, y muchos objetivos también contra Dios".

     A través de toda la Historia ellos han estado en conflicto.

     "En este período, sin embargo, los partidarios del mal parecen estar uniéndose, y luchando con una vehemencia conjunta, conducidos o apoyados por aquella asociación fuertemente organizada y extendida llamada los masones. Ya no haciendo ningún secreto de sus objetivos, ellos se alzan ahora vigorosamente contra Dios mismo".

http://w2.vatican.va/content/leo-xiii/en/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_08121892_custodi-di-quella-fede.html

     Irónicamente, cuando León XIII murió en 1903, un francmasón, el cardenal Mariano Rampolla, casi fue elegido como Papa. El Emperador Franz Joseph de Austria vetó su nombramiento en el último momento.

     Los Iluministas tuvieron que esperar otros 55 años para conseguir el control del Papado. Cuando el Papa Pío XII murió en 1958, un francmasón, el cardenal Angello Roncalli, se convirtió en el Papa Juan XXIII.

     Como era de esperarse, su primer acto fue comenzar a quitar el elemento de la Revelación Divina de la enseñanza católica, y a adoptar el naturalismo, el materialismo y el comunismo. Estas medidas fueron tomadas en el Concilio Ecuménico de 1962 y en el Concilio Vaticano II en 1965.

     Por consiguiente, Malachi Martin, un ex-jesuíta, predijo que la Iglesia Católica ya no sería reconocible hacia el año 2000. "No habrá un control centralizado, ninguna uniformidad en la enseñanza, ninguna universalidad en la práctica y adoración, en los rezos, el sacrificio ni en el clero" (p. 63)


EL PAPA PABLO VI

     El cardenal Giovanni Montini, que sucedió a Juan XXIII como el Papa Pablo VI en 1963, era también un masón y un socialista. (En 1944 el Papa Pío XII lo había despedido como el ministro de Asuntos Exteriores del Vaticano por conducir negociaciones secretas con los comunistas) (p. 53).

     Pablo VI reveló sus verdaderos colores en un discurso ante Naciones Unidas en 1965: "Es vuestra tarea aquí proclamar los derechos y los deberes básicos del Hombre. Ustedes son los intérpretes de todo aquello que es permanente en la sabiduría humana, casi podríamos decir, de su carácter sagrado" (p. 67).

     Este rechazo de la autoridad espiritual de la Iglesia fue simbolizado al dársele el Anillo Papal y su Cruz Pectoral al Secretario General, U Thant, quien los vendió en una subasta (p. 71).

     Naciones Unidas fue establecida en un terreno donado por los Rockefeller como un frente para la dictadura Luciferina de la élite. Su Carta estaba basada en la Constitución de la Rusia soviética y sus líderes eran comunistas. Su Capilla está dedicada al paganismo y dirigida por la organización o compañía editora Lucis Trust (antes Lucifer Trust), la cual también maneja todas sus publicaciones.


LA CRUZ ROTA

     Pablo VI también adoptó un símbolo siniestro usado por los discípulos de Satán en el siglo VI, que ha sido revivido por el Concilio Vaticano Segundo.

     Éste era una cruz doblada o rota en la cual se mostraba una figura repulsiva y deformada de Cristo. Los magos negros y los hechiceros en la Edad Media la habían usado para objetivos ocultistas. Representaba la "Marca de la Bestia".

     Compton: "No sólo Pablo VI sino también sus sucesores, los dos Juan Pablo, llevaron aquel objeto y lo sostuvieron para que fuera reverenciado por las muchedumbres que no tenían la idea más leve de que eso significaba el anti-Cristo" (p. 72).


     Pablo VI abolió el Juramento anti-Modernista, el Índice de Libros Prohibidos, y revisó el Derecho Canónico. La Historia y los textos fueron reeditados. Él animó a teólogos "humanistas" como Edward Schillebeeckx, quien enseñaba que el "el hombre más honesto y natural era el que no creía en nada" (p. 105).

     En 1976 el Diario "Borghese" imprimió una lista de 125 clérigos superiores que eran masones en contravención de la ley de la Iglesia. Allí se incluían sus fechas de iniciación y nombres de código secreto tomados del italiano Registro de Sociedades Secretas. Compton imprime la lista, que incluye a los jefes de la radio y la prensa del Vaticano, de la educación católica, así como numerosos dignatarios, cardenales y arzobispos.

     Como Pablo VI era el Papa, nada resultó de ello. Sonando muchísimo como el masón que era, Pablo dijo en 1969: "Estamos a punto de presenciar una mayor libertad en la vida de la Iglesia... menos obligaciones y menos prohibiciones internas. Las disciplinas formales serán reducidas... cada forma de intolerancia será abolida" (p. 104)

     Esta actitud es explicada por informes de que entre 1936 y 1950, el futuro Pablo VI fue parte de una red de espionaje comunista, un copropietario en una cadena de burdeles, y que financió películas eróticas (p. 110).


LOS PAPAS JUAN PABLO I y II

     Albino Luciani, el cardenal de Venecia, se convirtió en el Papa Juan Pablo I el 26 de Agosto de 1978. Él era también "un izquierdista comprometido", pero él puede haber tenido problemas con la deshonesta conducta financiera del Vaticano porque él fue muerto un mes más tarde. No hubo ninguna autopsia.

     El actual Papa Juan Pablo II, Karol Wojtyla, lo sucedió. Wojtyla es el primer no italiano desde 1522, y el único Papa de un país de la Cortina de Hierro. Compton señala que mientras otro cardenal polaco, Wyszynski, "nunca cedió una pulgada" a los comunistas, Wojtyla se opuso a esa actitud y colaboró. El abate de Nantes exclamó: "Tenemos un Papa comunista".

     Durante el Cónclave en el cual fue elegido, Wojtyla leyó de un libro de principios marxistas. En su primera Encíclica él elogió a Pablo VI por haber "revelado el verdadero semblante de la Iglesia" y por ponerla de acuerdo "con los tiempos". Él llegó tan lejos que incluso dijo que los opositores del Concilio Vaticano II "no pueden ser considerados fieles seguidores" (p. 172).

     En una carta del 1º de Septiembre de 1981 él dijo: "La tradición cristiana nunca ha respaldado el derecho a la propiedad privada como absoluto e intocable". Esto contradice numerosas Encíclicas que declaran que la propiedad privada es "un incentivo necesario para la empresa humana" y que está de acuerdo con la sabiduría divina y las leyes de la Naturaleza.

     Papa Pío XII: "Sólo el emprendimiento privado puede proveer al jefe de una familia la saludable libertad que se requiere para llevar a cabo los deberes asignados a él por el Creador para el bienestar físico, espiritual y religioso de la familia" (p. 174).

     Aparentemente el comunismo (propiedad pública) es una treta por medio de la cual los banqueros y los capitalistas monopólicos poseerán todo.

     El 27 de Noviembre de 1983 el Papa Juan Pablo II publicó una bula Papal que legalizó la pertenencia a sociedades secretas para los católicos.

     Si bien Wojtyla aparentemente era un sacerdote célibe, Compton sugiere que el comportamiento de aquél se parece al de un artista bohemio. Él estuvo involucrado en el teatro en Polonia y escribió una obra dramática sobre la prostitución. Compton reproduce imágenes de Wojtyla cuando era un obispo o un cardenal. Él está con una mujer y un niño en una playa. El niño se le está subiendo. Ellos parecen muchísimo una familia.


     En 1960 él publicó un libro, "Amor y Responsabilidad", que alababa el amor sexual y que describe tanto la fisiología como la psicología del sexo. Él dijo ante un auditorio de jóvenes franceses: "La unión corporal siempre ha sido el lenguaje más fuerte que dos personas pueden tener entre ambas".


CONCLUSIÓN

     Escribiendo desde la ventajosa posición de 1981, Compton predice que las posiciones tradicionales de la Iglesia seguirán siendo diluídas. Alrededor de ese mismo tiempo, Malachi Martin dijo: "La Iglesia cristiana se está deteriorando, no tiene nada que decir y está en su camino de salida". Él añadió que las otras grandes religiones están sufriendo el mismo destino, y predijo "una religión mundial con una estructura e instituciones", manejada por "una gran burocracia. Y de ello surgirá el desastre final".

http://www.revilo-oliver.com/rpo/church.htm  (el artículo anterior aquí).

     Presento este material porque es coherente con el cuadro emergente de una organizada Conspiración Satánica para subvertir a la Humanidad. Así podemos identificar los señuelos del mundo moderno: consumismo, la mistificación del amor sexual, y la promesa de "tolerancia, derechos humanos, justicia social e igualdad" como parte de un proceso diabólico de esclavitud espiritual, mental y física.

     La moderna sociedad occidental parece estar basada en esta conspiración contra Dios. Nuestros líderes culturales y políticos son en su mayoría, voluntaria o involuntariamente, cómplices, como todos lo somos. La barbarie del siglo pasado [XX] no fue una aberración sino un presagio del futuro.–



ANEXO DEL TRADUCTOR


PAPA (¿ANTI-PAPA?) PABLO VI EN NACIONES UNIDAS


     El 4 de Octubre de 1965, llevando puesto el pectoral del Sumo Sacerdote judío, Caifás, Pablo VI se dirigió ante Naciones Unidas, llamándola "la última y mejor esperanza de la Humanidad", y de acuerdo al autor católico Piers Compton, "propagó el evangelio social tan querido por el corazón de los revolucionarios, sin hacer la menor referencia a las doctrinas religiosas que ellos encontraban tan perniciosas". Una vez que circularon las fotografías de Pablo VI llevando puesto el pectoral de Caifás, el Abad de Nantes, Francia, lo confrontó por eso, y dicho pectoral nunca fue visto en público otra vez.

     El fallecido sacerdote tradicionalista mejicano, Joaquín Sáenz y Arriaga, escribió: «Pablo VI sabe muy bien lo que significa ese "Pectoral de Juicio", el Efod; él conoce sus orígenes en la vestimenta ritual del Antiguo Pacto [es decir, el Antiguo Testamento]; él no ignora el hecho de que los masones hoy lo usan como una marca distintiva de su Sumo Sacerdote».


     El fallecido escritor William Strojie se preguntó si Pablo VI llevó puesto el pectoral de Caifás porque, así como Caifás estuvo condenando a Cristo a la muerte y entregándolo a los poderes mundanos (romanos), él estaba intentando condenar a la Iglesia (el Cuerpo Místico de Cristo), entregándola a los poderes mundanos (Naciones Unidas).

     El 14 de Noviembre de 1964 él, pregonándolo enormemente, entregó la tiara papal "para los pobres"; del mismo modo él entregó su cruz pectoral y el Anillo del Pescador al secretario general de Naciones Unidas, U Thant, quien lo vendió a un empresario judío del medio Oeste [de EE.UU.] (Rama Coomaraswamy, The Destruction of Christian Tradition). Compton hace notar que ambos objetos fueron comprados en 64.000 dólares, y algunas de las gemas fueron más tarde vistas adornando a una actriz de Hollywood.–


Fuente: http://www.biblebelievers.org.au/nl274.htm
y http://realnews247.com/altar_comparison_pictorial.htm



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