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miércoles, 5 de agosto de 2015

Sobre la Intolerancia Islámica en la India



     Publicado primeramente en 1993 por el Center for Policy Studies, de Madrás (India), el siguiente ensayo está publicado en inglés en el sitio hindú bjp.org, del Bharatiya Janata Party (Partido Popular Indio), defensor de los valores religiosos y de políticas sociales conservadoras. Su líder, Narendra Modi, desde Mayo de 2014 es el Primer Ministro de India. El autor de este texto que presentamos en castellano, el periodista Swaminathan Gurumurthy, plantea el caso del problema que representa para la tolerante sociedad hindú el islamismo y sobre todo su brutal e irracional fundamentalismo. Gurumurthy, junto con ello, va estableciendo paralelos y contrapuntos entre la civilización india y la civilización de Occidente, en cuanto a la concepción y justificación del constructo que se llama Estado, señalando las inmensas virtudes que posee la cultura hindú tradicional como un valor de resistencia y solvencia moral, específicamente frente a la embestida musulmana que ha debido soportar, y precisamente por no haber depositado su alma en alguna entelequia estatal.


Monoteísmo Semítico,
la Raíz de la Intolerancia
por Swaminathan Gurumurthy, 1993



     S. Gurumurthy sostiene que las religiones semíticas monoteístas de lo que él llama "el Oeste" llevaron la intolerancia a India. Tradicionalmente, afirma Gurumurthy, la cultura india se caracterizó por un pluralismo liberal que se deriva del politeísmo de las creencias hindúes.


     En la historia de la civilización humana ha habido dos estilos de vida distintos: el de Oriente y el semítico. Si miramos la historia de India y de su gente, por una parte, y la historia de las sociedades semíticas, por otra, encontramos una diferencia deslumbrante. En India la sociedad y el individuo forman el centro de gravedad, el eje alrededor del cual gira la organización política, y donde el Estado es simplemente un concepto residual. Por otro lado, en la tradición semítica el Estado maneja todo el poder y le da forma al alma y es la columna vertebral de la organización política.

     En India, el poder temporal estaba localizado en las unidades más bajas de la sociedad, que se desarrollaron como una red social altamente descentralizada. Ésta era el reverso mismo de las centralizadas estructuras de poder que evolucionaron en la tradición semítica del Oeste. Teníamos instituciones descentralizadas, de castas, de localidades, de sectas que pertenecen a diferentes credos; de grupos de personas que se reúnen alrededor de una deidad o un individuo particular. La sociedad era una colección de multitudes de moléculas sociales autónomas, espontáneamente vinculadas por pensamientos socio-espirituales, símbolos, centros de peregrinación y sabios. En el Oeste el vínculo más importante, y a menudo el único, entre las diferentes instituciones de la sociedad ha sido el Estado.


EL ESTADO RESIDUAL

     Por supuesto, el Estado también existió en India en el pasado, pero sólo como una institución residual. Tenía un papel muy limitado que representar. Incluso se dice que el origen del Estado radica en la detectada necesidad de una institución para realizar las funciones residuales de supervisión que se hicieron necesarias porque un pequeño número de gente no podía armonizar con el resto en el auto-regulado, auto-controlado y auto-potenciado funcionamiento de la sociedad. El Estado debía cuidar del desbordamiento de funciones que escapaban a los mecanismos auto-reguladores de la sociedad. El Mahabharata, en el Santiparva, define las funciones del Estado exactamente de esa forma. El Estado debía asegurar que cualquiera que se extraviara lejos de la ética pública no abusara de otros.

     No había quizás ninguna necesidad del Estado en cierta ocasión en nuestra historia social. La evolución de la sociedad hasta un punto en que ciertos individuos llegaron a tener propósitos contrapuestos con la sociedad debido a la erosión de los valores dhármicos o éticos, introdujo la necesidad de un árbitro limitado para tratar con "malhechores" que no consentirían en verse obligados por el dharma. Aquella tarea le fue confiada al Estado. Éste parece ser el origen del Estado aquí. De esta manera, la sociedad o el grupo, en cualquier nivel que funcionara, era la realidad dominante, y el Estado era una autoridad residual. La sociedad tenía una identidad distinta del Estado. Las relaciones sociales, así como los lazos religiosos y culturales, trascendían los límites del Estado.


DHARMA VERSUS CONTRATO SOCIAL

     La gente en la sociedad semítica, por otra parte, parece haberse impuesto a sí misma la carga del Estado en el momento en que ella progresó desde la organización en tribus y la vida nómada hacia una existencia asentada. Así, la sociedad semítica nunca supo cómo vivir de acuerdo a una autorregulación. La gente nunca supo existir en comunidad a menos que sus vidas fueran ordenadas por la institución coercitiva del Estado. El concepto de autorregulación, el concepto de dharma, las normas personales y públicas de la acción y el pensamiento que hemos heredado de tiempos inmemoriales, no tuvo ninguna posibilidad de desarrollarse. En cambio, lo que evolucionó, por ejemplo en el Occidente cristiano, fue la teoría del "contrato social" del Estado, y esto se convirtió en la base del Estado-nación que dominó durante la Era de la hegemonía occidental. Pero incluso antes de aquello, ya había evolucionado en Occidente un Estado fuerte, un Estado carente de nación.

     Aquél era un Estado que atravesaba todas las naciones, todas las sociedades, todas las pertenencias étnicas, todos los credos, todas las razas. Ésta fue la clase de Estado desarrollado por los romanos. La política de los romanos suministraba poder y exclusivamente poder. Más tarde, después del colapso del Estado carente de nación, el nacionalismo tribal comenzó a ser auto-afirmativo. Este Estado-nación, cuyo poder estaba legitimado de acuerdo a criterios socio-religiosos, se convirtió en el modelo para la sociedad semítica. Lejos de ser un árbitro, el Estado se convirtió en el iniciador y el eje de la sociedad.


RELIGIÓN MAJESTUOSA

     La sociedad occidental de este modo se convirtió en gran parte en un constructo estatal. Incluso la geografía y la Historia comenzaron a prestar atención al poder estatal. En el esquema de cosas, el rey simbolizaba el poder total, el ejército llegó a ser crucial para el régimen de gobierno, y la policía, indispensable. El trono del rey llegó a ser más importante que la Iglesia, y su palabra más importante que la Biblia, forzando incluso a la Iglesia a adquirir atributos majestuosos y comenzar a competir con el Estado. Por eso la primera Iglesia fue fundada en Roma. A causa del reconocimiento social del poder estatal y la importancia que éste había adquirido, la religión tuvo que ir a la sede del Estado. Así es cómo Roma, y no Belén, se convirtió en el centro del pensamiento cristiano. La Iglesia se desarrolló como una institución parecida a un Estado, como una alternativa y como una institución competidora. La Iglesia comenzó a imitar al Estado, y el Arzobispo compitió con el Rey. Y finalmente la religión misma se convirtió en una competidora del Estado.

     Naturalmente hubo conflictos entre estas dos poderosas instituciones, entre el Estado y la Iglesia, y entre el Rey y el Arzobispo. Ambos debían fidelidad a la misma fe, al mismo libro, al mismo profeta, y sin embargo ellos no podían concordar en cuanto a quién debería manejar el poder último. Ellos lucharon a fin de decidir quién de entre ellos sería el representante legítimo de la fe. Y, en su lucha, ambos invocaron al mismo dios. El resultado fue una sociedad que estaba en guerra consigo misma, una sociedad en la cual la religión majestuosa estaba en guerra con el Estado religioso. El resultado también fue el centralismo y el exclusivismo, no sólo en el pensamiento, sino también en las organizaciones institucionales. A partir de tal guerra dentro de sí —incluso entre el cristianismo y el Islam— la sociedad semítica desarrolló sus instituciones centralistas y exclusivistas que son vendidas ahora como la panacea para los males de todas las sociedades.

     A medida que la civilización monoteísta rápidamente desarrolló un Estado teocrático, excluyó toda pluralidad en el pensamiento. No podía haber ninguna duda, no podía haber un pensamiento alternativo que compitiese con el aprobado y patrocinado por el Estado, y no podía haber siquiera una segunda institución que representara a la misma fe. La posibilidad de religiones diferentes o diferentes actitudes frente a la vida evolucionando en la misma sociedad fue reducida al mínimo. Nadie podía discrepar con la doctrina establecida sin invitar a una terrible venganza. Siempre que alguna apariencia de pluralidad emergió en algún lugar, fue sometida a su aniquilación inmediata. El poder social, político y religioso entero de la sociedad semítica giró en torno a, y se hizo lenta y finalmente manifiesto en, el Estado unitario. Así, la universalidad unidimensional, mucho más que la pluralidad, es el rasgo clave de la sociedad occidental. Occidente, de hecho, engendró una civilización orientada hacia el poder, e impulsada e inspirada por el poder, que persiguió e impuso pensamientos, libros e instituciones.


SABIOS GUARDIANES

     Esta unidad del Estado y la sociedad semíticos resultó ser su fuerza como un poder conquistador. Pero aquélla fue también su debilidad. En el momento en que el Estado se debilitaba o se derrumbaba en cualquier parte, la sociedad allí también seguía el destino del Estado. En la India, la sociedad se apoyaba en instituciones aparte del Estado. No sólo una, sino cientos e incluso miles de instituciones florecieron dentro del régimen político, y ninguna de ellas tenía o necesitaba usar ningún poder coercitivo. La civilización hindú —la cultura, las artes, la música, y la vida colectiva de la gente guardiana de la gente y de la mente pública— no fue confiada al Estado. De hecho, eran los sabios, y no el Estado, quienes eran vistos como los guardianes de la mente pública. Cuando fuerzas ofensivas, ya fueran los sakas [escitas] o los hunos o cualesquiera otros, venían del extranjero, esta sociedad —que no estaba organizada como un Estado poderoso y que carecía de un ejército poderoso o de armas y municiones de una clase que permitiera enfrentarse a tales enormes fuerzas brutas desde el exterior— encontraba sus instituciones del Estado severamente dañadas. Pero eso no conducía al colapso de la sociedad.

     La sociedad no sólo sobrevivía cuando las instituciones del Estado colapsaban, sino que con el tiempo ella también asimilaba a los grupos foráneos y los digería como partes inseparables de la corriente social. Los invasores posteriores en India no fueron meras pandillas de tribus armadas, sino agitadores teocráticos de la guerra altamente motivados. Los Estados indios, que eran meros residuos de la sociedad india, cedieron también delante de ellos. Pero la sociedad sobrevivió incluso a esos cruzados. Por contraste, las civilizaciones, sociedades y culturas de Occidente, orientadas hacia el Estado e iniciadas en el Estado, invariablemente fueron aniquiladas al colapsar el Estado. Ya fueran los romanos, los griegos o los cristianos, o los posteriores seguidores del Islam, o los modernos marxistas, ninguno de ellos pudo sobrevivir como una civilización viable una vez que el Estado que ellos habían construído sufrió un colapso.

     Cuando un rey semítico vencía y destruía a otro, no era sólo otro Estado el que era borrado, sino todas las prácticas y conductas de la sociedad, toda su literatura, arte, música, cultura y lenguaje. Todo lo relacionado con la sociedad era extinguido. En el Occidente de hoy, no hay ningún remanente de lo que habían sido los productos de la civilización occidental hace 1.500 años. La virtud semítica rechazaba todo el pensamiento nuevo y fresco. Por consiguiente, cualquier pensamiento original podía prevalecer sólo aniquilando a su predecesor. Sólo un pensamiento podía dominar a la vez. No había ningún espacio para un segundo.


PLURALISMO DEL ESTE

     En el Este, más específicamente en la India, prevaleció una sociedad y una mente social que prosperó y creció felizmente dentro de una multiplicidad de pensamientos. "Ano bhadrah kratavo yantu visatah" ("Permitid que los pensamientos nobles vengan desde todas las direcciones del universo") era la invocación del Rig-Veda. Por lo tanto, dimos la bienvenida a todos, ya se tratase de los Parsis que vinieron huyendo de la matanza hecha por asaltantes teocráticos islámicos y que recibieron protección aquí para su raza y su religión, o los judíos que fueron muertos y mutilados en todas las otras partes en el mundo. Todos ellos encontraron un refugio seguro aquí junto con su cultura, su civilización, su religión y su libro. Incluso los musulmanes chiítas, temiendo la aniquilación a manos de sus correligionarios, buscaron refugio en Gujarat y constituyeron el primer flujo de musulmanes en India. Gente refugiada, religiones refugiadas, culturas y civilizaciones refugiadas vinieron aquí, echaron raíces y establecieron una relación viable y amistosa con su vecindad. Ellos no encontraron —ni tampoco ahora— a esta sociedad como extraña o ajena. Ellos pudieron crecer como partes constituyentes de una sociedad asimilativa y bajo un paraguas de pensamiento que apreciaba sus caminos diferentes.

     Cuando primero el cristianismo, y más tarde el Islam, vinieron a India como asuntos puramente religiosos, ellos también encontraron la misma hospitalidad asimilativa. Los primeros cristianos y musulmanes que llegaron a la costa Oeste de India no encontraron nada hostil en la atmósfera social aquí. Ellos encontraron una atmósfera de bienvenida y receptiva en la cual los hindúes felizmente les ofrecieron tierras para que construyeran una iglesia o una mezquita. (Incluso hoy en las tierras del templo Tamilnadu son ofrecidas tierras para la construcción de mezquitas). Fueron sólo las incursiones teocráticas posteriores de los mongoles y los británicos las que introdujeron desequilibrios teológicos y culturales, creando conflictos entre los modos asimilativos e incluso nativos del Este, y los instintos exclusivistas y aniquilativos del Islam y aún del cristianismo. Hasta que eso ocurrió, la sociedad nativa asimilaba los nuevos pensamientos y los estímulos frescos, y no tenía ninguna dificultad para mantener intacta su armonía social dentro de la pluralidad de pensamientos y credos.

     Esta apertura a pensamientos, credos y personas extranjeros, no sucedió debido a la legislación, o una constitución secular o a las enseñanzas de líderes y partidos seculares. Nosotros no desplegamos dicha hospitalidad debido a alguna inspiración y sabiduría civilizatoria que hayamos recibido del Oeste. Sin embargo, estamos de alguna manera hechos para creer, y lo hacemos, que nos hemos convertido en un pueblo de algún modo civilizado, y que hemos llegado a aprender a vivir juntos en armonía con otros, ¡sólo mediante la civilización, el lenguaje, la política y la influencia social del Oeste! Éste es un mito que se ha convertido en un componente inseparable del bagaje intelectual que la mayoría de nosotros lleva.


SOBREVIVIENDO A LA EMBESTIDA SEMÍTICA

     A pesar de que el fanatismo religioso nos invadió y extinguió nuestros Estados e instituciones, nuestra sociedad aún así pudo sobrevivir y conservar su vida multidimensional en gran parte intacta. Nuestra supervivencia ha sido acompañada, sin embargo, con un extraordinario sentido de culpa. A nuestros propios ojos, permanecemos como una sociedad todavía a ser totalmente civilizada. Esto es porque, ya que el Estado en India rápidamente se convirtió en un instrumento en las manos de invasores y colonizadores, fuimos agobiados no sólo con un Estado insensible, sino con un Estado hostil a la nación misma. Una sociedad carente de Estado en India hubiera sido mejor. Tal paradoja no ha existido en ninguna otra parte en la Historia del mundo. Cuando miramos la historia de cualquier otro país, encontramos que siempre que un Estado extranjero avasallador era dado a luz, él borraba todo lo que veía como un pensamiento o institución nativos. Y si los autóctonos insistían en mantener su pensamiento e instituciones, entonces ellos eran destruídos. Pero la sociedad hindú sobrevivió bajo un Estado extranjero y hostil durante cientos de años, aunque al precio de haber perdido hoy casi toda iniciativa y auto-confianza como civilización.


DEME SU PERSEGUIDO

     ¿Cómo prosperaron las convicciones culturales asimilativas hindúes en la práctica, y no sólo en la teoría y en los registros? Esto es probablemente mejor visto comparando a los iraníes de hoy con los Parsis de India. Unos miles de ellos que vinieron aquí y a que ahora se cuentan en 200.000 han vivido en una atmósfera armoniosa. Ellos no han sido sometidos a ninguna hostilidad para convertirse, o para renunciar a su diferencia cultural o incluso racial. Ellos han tenido todas las posibilidades, tanto como las tenían los nativos, para prosperar y evolucionar. Y ellos lo hicieron. Ellos han vivido y han prosperado aquí durante 1.500 años, más o menos de la misma forma en que ellos habrían vivido y prosperado en sus propias tierras, si aquellas tierras no hubieran sido devastadas por el Islam. Compare a un Parsi promedio con un iraní promedio.

     ¿Muestra hoy la sociedad persa algún atributo nativo de la clase que los Parsis que viven en la sociedad india han logrado conservar? Uno no puede encontrar ningún rastro de aquellos atributos nativos originales en la sociedad iraní hoy. Aquello ocurre porque no sólo las instituciones nativas, la fe nativa y la literatura nativa, sino también la mente nativa y todos los vestigios de la originalidad nativa fueron borrados por el Islam. Aquella sociedad fue convertida en un grupo uniforme, en aspecto, desarrollo y condición mental. Sólo bajo aquella condición el Islam la acepta.

     Lo que el Islam hizo a los nativos en Egipto, Afganistán y Persia, o lo que el cristianismo hizo a los indios Rojos en Norteamérica, o lo que el cristianismo y el Islam se hicieron el uno al otro en Europa, o lo que los católicos hicieron a los Protestantes, o los suníes a chiíes y kurdos y ahmedíes, o lo que los chiíes hicieron a los Bahai, fue idéntico. En cada caso se intentó la aniquilación del otro, la aniquilación de otros pensamientos, otros pensadores y otros seguidores. El impulso esencial del esfuerzo civilizacional semítico, incluyendo el último esfuerzo del monoteísmo marxista, ha sido imponer la uniformidad, y al fallar aquello, la aniquilación.

     ¿Cómo puede afirmar Occidente que él nos enseñó cómo llevar una vida pluralista? Si usted mira la Historia, usted encuentra que fueron ellos los que no pudieron, y nunca lo hicieron, tolerar ninguna clase de pluralidad, en la esfera religiosa o secular. Si ellos han entendido hoy que tienen que vivir con pluralidad, debe ser por causa de la violencia que ellos han tenido que cometer contra ellos mismos y contra cada otro. El asesinato masivo al cual la sociedad occidental ha sido sometida por los adherentes de pensamientos religiosos diferentes y por diferentes tiranos, es inimaginable, y quizás ellos están ahora enfermos de esa matanza y violencia. Pero la visión que nos hemos formado, y a la que se nos pide suscribirnos, es que el Occidente "civilizado" era una sociedad pacífica, y que nosotros los brutos aquí abajo nunca supimos cómo vivir en paz con nosotros mismos y con nuestros vecinos hasta que fuimos liberados por la gente culta. ¡Qué paradoja!.


EL PODER TEMPORAL

     El fundamento del sistema semítico está puesto en el poder temporal, ya que para ser aceptado y sobrevivir en ese sistema incluso la religión tuvo que mezclarse con y adherirse a la autoridad temporal a costa de la pérdida de sus prácticas espirituales. Fue con este poder —primero el poder estatal, que todavía más tarde fue convertido en el poder tecnológico— que el Occidente cristiano fue capaz de establecer su dominio. Esta dominación bruta fue vestida con el traje de la modernidad y presentada como la civilización del mundo. La sociedad occidental agresivamente organizada, mediante su poderoso brazo del Estado, fue capaz de vencer y subordinar las expresiones de la sociedad descentralizada y auto-gobernada del Este, la que no se preocupaba por tener la protección de un Estado centralizado.

     Nuestra sociedad, no organizada en el sentido físico, aunque estuviera mucho más organizada en un sentido civilizacional, tenía una mente más evolucionada. Pero no tenía el músculo; no tenía el poder de fuego. Quizás debido a la influencia budista, nuestra sociedad adquirió una desproporcionadamente alta Brahmatejas [iluminación emanada de Brahma], una piedad y autoridad brahmánica, que erosionaron el Kshatravirya, el poder temporal hacedor de la guerra. De esa manera ella se desplomó y cedió la autoridad temporal al Estado y a la política más poderosos que vinieron desde fuera. La sociedad que finalmente cede, en términos de las actuales reglas globales, es una sociedad derrotada. Dicha sociedad no puede producir o generar la clase de auto-confianza que es requerida en el mundo moderno.


CRISTIANOS DINÁMICOS, MUSULMANES ESTANCADOS

     El Estado-nación era tan poderoso, que otros países, como India, no pudieron hacer frente a ello. Y cuando el concepto de Estado-nación fue potenciado por el exclusivismo religioso, no tuvo parangón. Cuando la religión adquirió el Estado, la Iglesia misma fue la primera víctima de aquella adquisición. El cristianismo sufrió por causa del Estado cristiano. Tuvo que luchar no sólo contra los Estados islámicos y la sociedad islámica, sino también contra sí mismo. Como una consecuencia, se sometió a un proceso de moderación. Primero, experimentó el disenso, luego el renacimiento por medio de las artes, la música y la cultura. Así, el cristianismo fue capaz de vencer el efecto de la política teocrática evolucionando lentamente como una sociedad no completamente identificada con el Estado.

     Primero el Estado comenzó a ser muy dominante con la Iglesia sobre el principio de la separación entre la autoridad religiosa y la autoridad temporal. El resultado fue la evolución del Estado secular. Así el Rey le arrancó el poder secular al Arzobispo. Entonces, mediante movimientos democráticos después de Revolución francesa, la gente le arrancó el poder al Rey. El comercio posterior invadió la vida pública como el impulso principal del Occidente cristiano. El Estado teocrático abdicó a favor de un Estado secular; el Estado secular cedió el paso a la democracia, y la posterior democracia le cedió el paso al comercio. Entonces el poder cambió desde el comercio a la tecnología. Y ahora en el Occidente cristiano, el Estado y la sociedad son en gran parte impulsados por el comercio y la tecnología.

     El Occidente cristiano hoy está incluso preparado para abandonar el concepto de Estado-nación para promover el comercio alimentado por el avance tecnológico. Observe la consolidación que está teniendo lugar entre Méjico, Canadá y Estados Unidos alrededor del comercio, y la clase de consolidación piramidal politico-económica que está ocurriendo en Europa Occidental. Todo esto está orientado hacia sólo una cosa en Occidente.


EL ISLAM PERMANECIÓ INALTERADO

     Mientras el Occidente cristiano ha evolucionado dinámicamente durante los últimos siglos, la historia del Islam es una de 1.500 años de estancamiento absoluto. Nunca ha habido una tentativa exitosa desde dentro el Islam para comenzar a fluír, por así decirlo. Cualquiera que intentó siquiera comenzar una variante del flujo dominante —cualquiera que simplemente intentó reinterpretar el mismo libro y el mismo profeta— fue eliminado con tal severidad que eso puso un ejemplo y una advertencia para cualquiera que se atreviera a cruzar la línea.

     Algunos que simplemente dijeron que no era necesario para el Reino Islámico ser gobernado por los propios descendientes del Profeta, fueron destruídos. Algunos otros dijeron que el Profeta mismo puede venir otra vez, no que alguien más pudiera venir sino que el Profeta mismo puede nacer de nuevo. Ellos también fueron destruídos. Los suníes, los chiíes, los ahmedíes, los bahai —todos los cuales confiaban en el mismo profeta, reverenciaban el mismo libro y eran leales a la misma revelación—, fueron todos física y espiritualmente mutilados.

     Desde los primeros tiempos, el Islam se ha demostrado incapaz de producir una evolución interna; el cambio internamente legitimado no ha sido posible ya que todo cambio es considerado instantáneamente como un acto de apostasía. Cada cambio fue —y es— aplastado con un baño de sangre. Por contraste, el ethos hindú ha cambiado continuamente. Sin embargo, siempre ha sido un cambio con continuidad: desde la vida ritualista al budismo agnóstico, la doctrina ahimsa de Mahavira, el intelecto de Sankara, la devoción de Ramanuja, y finalmente a los modernos movimientos de reforma social. En India, todos estos cambios han ocurrido sin el derramamiento de una sola gota de sangre. El Islam, por otra parte, mantiene su invariabilidad, a pesar del derrame de tanta sangre por todas partes. Es la invariabilidad del Islam —su aversión por igual hacia el disenso interno y hacia pensamientos externos no-islámicos— la que lo ha convertido en un problema para el mundo entero.


EL ISLAM EN INDIA

     El encuentro entre la herencia inclusiva y asimilativa de la India y el exclusivista Islam, el cual sólo ha tenido una aversión teológica a los credos nativos, fue una riña entre desiguales. Por un lado, estaba el pensamiento hindú nativo, inclusivo, universal y espiritualmente poderoso —pero temporalmente no organizado—, y por otro, el Islam temporalmente organizado y poderoso, pero espiritualmente exclusivo y aislado.

     El Islam subordinó, durante algún tiempo y en algunas áreas, al poder temporal hindú, pero no pudo erosionar el poder espiritual hindú. Si es que algo, el poder espiritual hindú incubó al credo ofensivo y produjo una forma más moderada de Islam: el sufismo. Sin embargo, el encuentro físico fue uno de los más sangrientos en la historia humana. Sobrevivimos dicha prueba por fuego y espada. Pero la batalla dejó una sociedad islámica no asimilada dentro de India. El problema ha existido desde entonces, hasta este día.


EL ISLAM, LA INDIA Y EL OCCIDENTE CRISTIANO

     El renacimiento hindú en India es la contribución de ésta a una actitud global evolutiva que pide una revisión de las actitudes islámicas conservadoras y extremistas hacia los credos y sociedades no-islámicos. El mundo entero está preocupado ahora por la perspectiva del Islam extremista que se está convirtiendo en un problema al santificar el terrorismo religioso. Mientras la bandera roja estaba flameando en la cima del Kremlin, el Occidente cristiano trató de proyectar al comunismo como el mayor enemigo de la paz mundial, y originalmente promovió al Islam y al fundamentalismo islámico contra el fanatismo del comunismo.

     El Occidente sabía que podía hacerle el peso al comunismo en el mercado, en la tecnología, en el comercio, e incluso en la guerra, pero no tenía los medios para combatir al comunismo en el plano emotivo. Entonces ellos estructuraron un verde cinturón islámico —desde Túnez a Indonesia— para que sirviera como un bastión contra el pensamiento marxista. Pero eso ha cambiado ahora. Cuando el comunismo colapsó, el Islam extremista con sus tendencias terroristas emergieron instantáneamente en la mente del Occidente cristiano como la principal amenaza para el mundo.


LOS HINDÚES SOBREVIVIERON A LA INVASIÓN MUSULMANA

     Debemos comprender que tenemos un problema a mano en India, el problema de una sociedad islámica estancada y conservadora. Los líderes y los partidos seculares nos dicen que el problema que tenemos no es el fundamentalismo islámico sino la ideología de la "hinduidad" [Hindutva, que implica la adhesión a la religión hinduísta]. Esa opinión está bien sólo para recaudar votos. El hecho es que tenemos un problema con el fundamentalismo musulmán y nuestro problema no puede ser divorciado de la política islámica internacional y de la reacción del mundo frente a ello. Para entender el problema y emprender la tarea de resolverlo exitosamente, debemos conocer la naturaleza de la sociedad hindú y su encuentro con el Islam en India. Como nación, somos acosados por historiadores y comentaristas secularistas: "Ustedes están orientados por la casta, ustedes son un país con 900 idiomas, y la mayor parte de ellos carecen de escritura", dicen ellos. "Ustedes no pueden comunicarse siquiera en una lengua, ustedes no tienen un libro religioso común que todos puedan seguir. Ustedes no son una nación en absoluto. Por contraste, observen la unidad del Islam y su hermandad".

     Pero la aparentemente desorganizada y diversa sociedad hindú es quizá la única sociedad en el mundo que enfrentó, y luego sobrevivió, a la invasión teocrática islámica. Nosotros, la nación hindú, hemos sobrevivido debido a las mismas diferencias que parecen dividirnos. Esto es de algún modo un fenómeno mentalmente impactante: Durante 500 a 600 años logramos sobrevivir a la invasión del Islam como ninguna otra sociedad lo hizo. Toda Arabia, que tenía una civilización muy desarrollada, fue arrollada en cosa de sólo 20 años. Persia colapsó dentro de 50 años. Los afganos budistas presentaron una valiente resistencia durante 300 años, pero, al final, ellos también colapsaron. En todos estos países hoy no queda nada pre-islámico digno de ese nombre excepto algunos estropeados monumentos arquitectónicos de su pasado pre-islámico.

     ¿Cómo sobrevivió nuestra sociedad a la embestida islámica? Hemos sobrevivido no sólo físicamente, sino intelectualmente también. Hemos conservado nuestra cultura. La clase de música que se escuchaba hace 1.500 años es oída incluso hoy. La mayor parte de la literatura también permanece disponible junto con las entonaciones fonéticas originales. Entonces la sociedad india siguió funcionando bajo una ocupación hostil incluso sin un Estado protector. O, mejor dicho, sobrevivimos porque nuestra alma no residía en un Estado organizado sino en una organizada conciencia nacional, en sentimientos compartidos de lo que constituye la vida humana en este universo que resulta ser una manifestación tan maravillosamente diversa de lo divino, de Brahman.


LA HINDUIDAD (HINDUTVA) COMO EL ANCLA DE LA INDIA

     El asimilativo ethos cultural y civilizacional hindú es la única base para cualquier interacción personal y social duradera entre los musulmanes y el resto de nuestros compatriotas. Esta realización social asimilativa es la base para el nacionalismo indio, y sólo una inclusiva Hindutva puede asimilar a un Islam exclusivista haciendo a los musulmanes conscientes de su ascendencia y herencia hindú. Se pide un esfuerzo nacional para romper el exclusivismo islámico y venerar la hinduidad asimilativa. Sólo esto constituye el verdadero nacionalismo y la verdadera integración nacional. Éste es el único modo de proteger la pluralidad de pensamientos e instituciones en este país.

     En la medida en que el secularismo fomenta el aislamiento y el exclusivismo islámico, así mismo daña la inclusividad hindú y sus cualidades asimilativas. Y en este sentido el secularismo, como es practicado hasta ahora, entra en conflicto con el nacionalismo de la India. La hinduidad (Hindutva) inclusiva y asimilativa es el nacionalismo socio-cultural de la India. En tanto nuestros líderes nacionales sigan ignorando esta verdad eterna, la integración nacional seguirá eludiéndonos.–




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