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lunes, 13 de julio de 2015

Raíces Ocultistas de la Revolución Rusa



     El sitio gnostics.com tiene publicado sin fecha de composición y señalando como autor a un New Dawn International News Service, al parecer perteneciente a la revista New Dawn (aunque inubicable en el sitio de ésta), el siguiente estudio (Occult Roots of the Russian Revolution) que presentamos traducido, que, como lo señala su título, es una investigación acerca de la influencia que ciertas corrientes gnósticas y del ocultismo, y también de ramas del cristianismo consideradas como heréticas por la ortodoxia eclesiástica y estatal de Rusia, tuvieron en el misticismo ruso, en el movimiento espiritual clandestino varias de cuyas ideas y métodos tomaron los bolcheviques antes, durante y un poco después de su revolución contra el Zar y contra el propio pueblo ruso. El estudio se logra mantener dentro de un cauce de objetividad, y ello lo hace más adecuado y fiable. Señalando numerosas fuentes bibliográficas y autores de la época no tan conocidos, se constituye como un buen ensayo acerca de dicho período.


Raíces Ocultistas de la Revolución Rusa
por New Dawn International News Service




«Querido amigo, usted no ve
que todo lo que percibimos
sólo refleja y presagia
lo que nuestros ojos no pueden ver.
Querido amigo, usted solamente no oye,
en el vocerío de la vida diaria,
el debilitado eco que se apaga
de armonías jubilosas».

(Vladimir Soloviev, 1892).


     La Gran Revolución rusa de 1917 lanzada por Vladimir Lenin y su partido Bolchevique influyó profundamente en la historia del siglo XX. La caída del Imperio ruso y su reemplazo por la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas condujo a una nueva Era en la política mundial. Más que eso, la Revolución rusa fue el triunfo de una dinámica ideología revolucionaria que desafió directamente al capitalismo occidental. ¿Pero qué hay de los orígenes ocultos de esa Revolución?; ¿contribuyeron influencias secretas a la victoria de Lenin y los bolcheviques?.

     Innumerables libros, para no mencionar numerosos estudios académicos, han sido dedicados a examinar la Revolución rusa y el ascenso del comunismo soviético. Toda esa impresionante investigación está casi exclusivamente dedicada a las obvias dimensiones políticas, económicas y sociales, es decir, a las manifestaciones superficiales de la Historia. Sin embargo, dentro o detrás de esa historia mundana existe otra realidad que es más interesante y más importante que el análisis diario ofrecido por historiadores y escritores de la corriente predominante.

     Los historiadores del establishment prestan poca atención al notable impacto que las ideas ocultistas y gnósticas tuvieron en el surgimiento del bolchevismo y la victoria de la Revolución rusa.

     Diversos movimientos sociales y políticos, incluyendo al marxismo y al bolchevismo de Lenin, han sido vinculados al Gnosticismo, que floreció en los primeros siglos de la Era cristiana. Los científicos políticos A. Besancon y L. Pellicani sostienen que las raíces intelectuales del bolchevismo ruso son una repetición estructural del antiguo paradigma gnóstico. Una característica distintiva del gnosticismo es una interpretación ilusoria y simbólica de la realidad, incluyendo la Historia.

     Para los primeros gnósticos cristianos el Absoluto —llamado el "Padre Desconocido"— no tiene nada en común con el iracundo "Dios" adorado por la religión teísta. De hecho, para esos gnósticos, el "Dios" del Antiguo Testamento es el adversario de aquel "Padre Desconocido", el verdadero Dios. Nuestro mundo, incluyendo todas las instituciones humanas, no es la obra del verdadero Dios sino de un falso creador, el Demiurgo, que nos mantiene cautivos en el mundo, lejos de la luz y la verdad divinas.

     Por lo tanto, en el gnosticismo, el mundo es simplemente una especie de ilusión, un conjunto de símbolos alegóricos, una imagen inversa de la verdadera esencia de la Historia. El hombre, que está dormido en cuanto a su potencial interior, debe despertar y convertirse en un socio activo del "Padre Desconocido" en la transformación de toda vida. Por otra parte, el hombre permanece como un prisionero, en lo que el eminente filósofo gnóstico ruso Vladimir Soloviev (1853-1900) adecuadamente describió como "una especie de pesadilla de la Humanidad durmiente". Un buen número de comunidades gnósticas —como los comunistas del siglo XIX— sentían desprecio por los bienes materiales y vivieron de manera comunitaria, enseñando que "el mundo y sus leyes, religiosas, morales y sociales, son de poca importancia para el plan de la salvación" [Benjamin Walker, Gnosticism Its History & Influence].


Gnósticos, Sectas Místicas y Radicales

     «Las sectas místicas rusas jugaron una parte muy importante en la revolución bolchevique, en el lado de los bolcheviques. A pesar de su rechazo del Estado y de la Iglesia, esas sectas eran profundamente nacionalistas, ya que sus miembros eran hostiles a las innovaciones extranjeras. Ellos odiaban al Occidente» (Mikhail Agursky, The Third Rome).

     A todo lo largo del siglo XIX en Europa encontramos numerosas conexiones entre gnósticos, místicos, ocultistas y socialistas radicales. Ellos constituyeron lo que el historiador James Webb llama "un movimiento clandestino progresivo" unido por una oposición común al orden establecido de ese entonces. Constantemente, escribe Webb, "encontramos a socialistas y ocultistas trabajando asociados" [James Webb, Occult Underground]. Diversas comunidades espirituales surgieron a través de Estados Unidos, con doctrinas claramente gnósticas y ocultistas, que intentaban seguir un estilo de vida comunista puro. Victoria Woodhull, presidente de la Asociación Estadounidense de Espiritistas durante la década de 1870, era una socialista radical. Woodhull creía que el Espiritualismo significaba no sólo una iluminación religiosa sino también una revolución cultural, política y social. Ella publicó la primera traducción inglesa del Manifiesto Comunista y trató en vano de persuadir a Karl Marx de que los objetivos del Espiritualismo y del Comunismo eran idénticos.

     Los místicos cristianos disidentes, los espiritistas, los ocultistas y los socialistas radicales a menudo se encontraban juntos en la vanguardia de movimientos políticos en pro de la justicia social, los derechos de los trabajadores, el amor libre y la emancipación de las mujeres. Los ocultistas y los socialistas del siglo XIX incluso usaron el mismo lenguaje al expresar su deseo de una nueva Era de hermandad, justicia y paz universales. Todos ellos compartían una visión carismática de lo que el futuro podría ser, una alternativa radical a las viejas opresivas estructuras de poder políticas, sociales, económicas y religiosas. Y muy a menudo ellos se encontraron enfrentando al mismo enemigo común en la alianza impía de Estado e Iglesia.

     El nacimiento de ideas socialistas radicales en Rusia no puede ser fácilmente separado del comunismo espiritual practicado por diversas sectas rusas. Durante siglos los mitos populares alimentaron una extendida creencia en la posibilidad de un paraíso comunista terrenal unido por el amor fraternal, donde prevalecieran la justicia, la verdad y la igualdad. Una importante leyenda rusa hablaba de la tierra perdida de Belovode (el Reino de las Aguas Blancas), que se decía que estaba "a través del agua" y habitada por Antiguos Creyentes místicos rusos. En Belovode predominaba la vida espiritual, y todos andaban con los pies descalzos compartiendo los frutos de la tierra y el trabajo de ellos. No había reglas opresivas, crímenes ni guerra. Otra leyenda rusa tenía que ver con Kitezh, la radiante ciudad bajo el lago. Kitezh sólo surgirá desde las aguas y aparecerá de nuevo cuando Rusia vuelva al verdadero Cristo y sea así una vez más digna de verla a ella y sus tesoros inestimables. A comienzos del siglo XX tales mitos capturaron la imaginación popular y fueron asociados con las esperanzas de una revolución.

     En la segunda mitad del siglo XVII ocurrió un cisma dentro de la Iglesia Ortodoxa rusa, de un nuevo movimiento religioso llamado los Antiguos Creyentes. El resultado fue que muchos disidentes espirituales rusos se animaron, gracias a dicha división, a fundar sus propias comunidades, dando expresión a ideas gnósticas que habían estado ebullendo durante mucho tiempo en el movimiento clandestino. Los Antiguos Creyentes, ante la severa represión, se aferraron tenazmente a su antigua tradición mística y manifestaron su separación del mundo oficial de la Rusia Ortodoxa imperial en la migración colectiva a los márgenes del Estado, en el suicidio masivo mediante el fuego, en la rebelión y en un comunismo monástico.

     Las comunidades gnósticas, con su comunalismo y desdén por la propiedad privada, proliferaron a través de toda Rusia en los siglos XVIII y XIX. Conocidos por una variedad de nombres, como Esperanza Común, Hermandad Unida, Amor de Hermandad, Hermandad de la Mano Derecha, Palomas Blancas, Creyentes en Cristo, Amigos de Dios, y Vagabundos, sus seguidores supuestamente se contaban por cientos de miles. Despiadadamente perseguidos por las autoridades, ellos compusieron un movimiento espiritual clandestino, a menudo escondiéndose de las miradas inquisitivas, un sectarismo revolucionario nacional que rechazaba al Estado, la Iglesia, la sociedad, la ley, e incluso los mandamientos religiosos, los que ellos declaraban que serían abolidos cuando el Espíritu Santo descendiera a la Humanidad.

     El origen de las ideas gnósticas en Rusia es difícil de trazar, pero ellas parecen ser una consecuencia de dos poderosos impulsos espirituales en la historia religiosa rusa. El primero es la tradición esotérica cristiana conservada dentro de las comunidades monásticas de la Iglesia Ortodoxa rusa. Una tradición mística se remontaba al camino del neoplatonismo griego, Orígenes y Clemente de Alejandría, hasta Juan, el "discípulo amado". "La teología mística Ortodoxa rusa se ha inclinado más que un poco en dirección de la herejía gnóstica", señala la historiadora María Carlson [M. Carlson, No Religion Higher than Truth]. El segundo impulso se originó en los misioneros esenios y maniqueos que alcanzaron Rusia en los primeros siglos de la Era cristiana. Una nueva vitalidad se logró más tarde gracias al impulso de los bogomilos, cuyas enseñanzas gnósticas habían ganado un punto de apoyo en Rusia hacia el siglo XIII.

     Hacia el final del siglo XIX las ideas ocultistas y gnósticas disfrutaron de una amplia circulación entre todos los segmentos de la población rusa. En cierta ocasión el filósofo ruso Nicolai Berdiayev (1874-1948) dio la bienvenida a los gnósticos, instando a que "el gnosticismo debería ser revivido y debería entrar en nuestra vida para siempre" [citado en Carlson, No Religion Higher than Truth]. Después de la Revolución de 1917, el gnosticismo, observó el erudito ruso Mijaíl Agursky, "contribuyó considerablemente a la cultura soviética, e incluso influyó en la vida política soviética. Sus fundamentos fueron puestos antes de la revolución... [por] varias tendencias gnósticas en la cultura rusa del siglo XIX".

     Si bien los gnósticos rusos rechazaban el orden mundial y se esforzaron por vivir de acuerdo al precepto apostólico de tener "todas las cosas en común" [Hechos 2:44-47], ellos estaban también profundamente conscientes del final próximo de la Era. "El gnosticismo popular ruso tenía un carácter apocalíptico muy pronunciado", dice Agursky. "Los sectarios místicos rusos vivían en previsión de una catástrofe. La degradación de la vida humana exigía un fuego purificador venido desde el cielo, que devoraría a las nuevas Sodoma y Gomorra y las reemplazaría por el Reino de Dios. Cualquier revolución podría ser fácilmente identificada por tales sectarios como este fuego, sin tener en cuenta su forma externa" [Mikhail Agursky, The Third Rome].


Socialismo Ruso

     «El colectivismo bolchevique tenía raíces en los valores rusos, existentes desde hacía mucho tiempo, del auto-sacrificio individual. El sufrimiento, el martirio, la humildad y el sacrificio de Cristo estaban profundamente arraigados en la textura del pensamiento y la práctica religiosos rusos, y las vidas de los santos rusos eran una letanía de sufrimientos. Los Antiguos Creyentes, herejes a los ojos de la Iglesia oficial por su adhesión a su propia versión de la verdad, sufrieron la persecución durante siglos a manos del gobierno y buscaron un escape en la inmolación masiva, la colonización, y, finalmente, en la ayuda económica mutua» (Robert C. Williams, The Other Bolsheviks).

     Alexander Herzen (1812-1870), visto por muchos como el padre del socialismo ruso, era un amigo y admirador del revolucionario francés Proudhon, quien se veía a sí mismo como un socialista cristiano. Proudhon trabajó intermitentemente durante toda su vida adulta en un estudio nunca completado acerca de las enseñanzas originales de Jesucristo. Herzen también prestó especial atención a los sectarios religiosos perseguidos de Rusia. Él imprimió un suplemento especial para los Antiguos Creyentes, los tradicionalistas cristianos místicos que habían sido expulsados de la Iglesia Ortodoxa rusa. Nicolás Chernishevsky, otro pensador socialista ruso del siglo XIX, escribió un artículo en alabanza de los "necios por Cristo" y defendió a los miembros del movimiento espiritual clandestino.

     Los radicales rusos del siglo XIX, en palabras de James H. Billington, consideraban al "socialismo como una consecuencia de tradiciones suprimidas dentro del cristianismo herético" [Billington, The Icon and the Axe]. Ellos vieron la génesis del socialismo ruso en el movimiento espiritual clandestino de los gnósticos y sectarios religiosos. Una influyente red de socialistas rusos afirmó abiertamente estar descubriendo de nuevo "la enseñanza de Cristo en su pureza original", que "tenía como su doctrina básica a la caridad y como su objetivo la realización de la libertad y la destrucción de la propiedad privada" [citado en Billington, The Icon and the Axe].

     Nicolás Chernishevsky (1828-1889), que pasó la mayor parte de su vida en trabajos forzados, escribió la novela utópica "¿Qué Debe Hacerse?" como una visión de la futura nueva sociedad, y además una guía para los revolucionarios que la construirían. Chernishevsky escribió:

     «Entonces digo a todos: esto es lo que llegará a suceder en el futuro, un futuro radiante y hermoso. Tengan amor a él, esfuércense hacia ello, trabajen en pro de ello, tráiganlo cada vez más cerca, tráiganlo como más puedan a su vida presente. Mientras más ustedes puedan traer de aquel futuro a su vida actual, más su vida será radiante y buena, y más rica será en felicidad y placer».

     La novela de Chernishevsky inspiró a dos generaciones de jóvenes radicales idealistas. Entre ellos estaba Alexander Ulianov, el amado hermano mayor de V. I. Lenin. Él fue ejecutado en 1887 por haber tomado parte en el intento de asesinato del Zar Alejandro III. Vladimir Lenin contó cómo la novela de Chernishevsky "encantó a mi hermano, y me encantó a mí... Me transformó completamente". Lo que impresionó al futuro líder de la Revolución rusa era cómo Chernishevsky

     «no sólo demostró la necesidad para cada pensamiento correcto y cada hombre realmente honesto de llegar a convertirse en un revolucionario, sino que también mostró —de manera aún más importante— lo que debería ser un revolucionario, cuáles deberían ser sus principios, cómo él debe conseguir sus objetivos, y qué métodos y medios él debería emplear para realizarlos» [citado en Nina Tumarkin, Lenin Lives: The Lenin Cult in Soviet Russia].

     Nicolai Berdiayev observó que "los revolucionarios rusos que iban ser inspirados por las ideas de Chernishevsky presentan un interesante problema psicológico. Los mejores de los revolucionarios rusos consintieron durante esta vida terrenal en la persecución, la pobreza, el encarcelamiento, el exilio, los trabajos forzados, la ejecución, y ellos no tenían ninguna esperanza en absoluto de otra vida más allá de ésta. La comparación con los cristianos de aquel tiempo es casi desventajosa para estos últimos, ya que éstos apreciaban mucho las bendiciones de esta vida terrenal y contaban con las bendiciones de la vida celestial" [Berdiayev, The Russian Idea].

     Chernishevsky, como aquellos que lo siguieron, estaba apasionadamente comprometido con el poder de la razón. Su filosofía estaba firmemente basada en la perspectiva materialista y en un sobrio utilitarismo. Pero en su vida Chernishevsky fue la encarnación del sacrificio, la determinación y el ascetismo. Como un verdadero santo, él no pidió nada para sí mismo, pero quería todo para la gente en su conjunto. Cuando los oficiales de policía lo llevaron al exilio en Siberia, ellos dijeron: “Nuestras órdenes eran traer a un criminal y hemos traído a un santo".

     "Estos dos elementos, el religioso y el secular, el asceta y el intrigante", escribe el historiador Geoffrey Hosking, "permanecieron en una tensión no resuelta en su personalidad, pero al nivel de la teoría él buscó una resolución en la idea de una revolución social a ser promovida por la mejor gente sobre la base del ejemplo personal" [Hosking, Russia: People and Empire].

     Inspirados por Chernishevsky, surgieron grupos de jóvenes radicales comprometidos con la reconstrucción de Rusia como una federación de comunas de pueblo y fábricas dirigidas colectivamente. La lista de lectura de una de tales células revolucionarias es reveladora porque incluía el Nuevo Testamento y las historias de las comunidades gnósticas rusas. El líder del principal círculo radical en la capital rusa San Petersburgo hablaba de fundar "una religión de humanidad". Él llamó a su círculo "una Orden de Caballeros" e incluyó en sus filas a miembros de una gnóstica "secta de la humanidad de Dios" que enseñaba que cada individuo está potencialmente destinado a llegar a convertirse en un dios. Era bastante común que la demanda revolucionaria de "Libertad, Igualdad y Fraternidad" estuviera escrita en cruces, o que los revolucionarios rusos declararan su creencia en "Cristo, Pablo y Chernishevsky".

     Los socialistas rusos con frecuencia visitaban a los sectarios religiosos y buscaron su apoyo debido a su historia de distanciamiento del régimen zarista. Emil Dillon, un periodista inglés que tenía contacto personal con varias comunidades religiosas perseguidas, nos recuerda:

     «Entre las diversas agencias revolucionarias que estaban trabajando... los menos ostentosos, indirectos y eficaces eran ciertos sectarios religiosos... La coerción en asuntos religiosos hizo más para extender la desafección política que los propagandistas revolucionarios más emprendedores. Ella puso a los mejores espíritus de la nación en contra del sistema tripartito de Dios, Zar y Patria, y convenció incluso a la gente promedio no sólo de que no había ningún principio vivificante en el Estado sino que a ninguna facultad del individuo o de la nación le quedaba espacio para un crecimiento libre» [citado en M. Agursky, The Third Rome].


V. I. Lenin y el Movimiento Espiritual Clandestino

     «Los hombres que están participando en un gran movimiento social siempre imaginan su próxima acción como una batalla en la cual su causa está segura de triunfar. Estas construcciones... propongo llamarlas mitos; la "huelga general" sindicalista y la revolución catastrófica de Marx son unos de tales mitos» (Georges Sorel, 1906).

     Los sectarios religiosos jugaron una parte significativa en la formación del Bolchevismo, la marca distintiva de Lenin del marxismo revolucionario. En efecto, el marxismo con su compromiso agresivo con el ateísmo y el materialismo científico, vilipendió a toda religión como "el opio del pueblo". Sin embargo, esto no impidió a algunos líderes bolcheviques utilizar conceptos tomados directamente del ocultismo y del gnosticismo radical. Ni tampoco la obvia perspectiva materialista del Comunismo, como el bolchevismo llegó a ser conocido, impidió al movimiento espiritual clandestino de Rusia dar su valioso patrocinio a la causa revolucionaria de Lenin.

     Uno de los tempranos partidarios de Vladimir Lenin fue el periodista ruso radical V. A. Posse, quien editó un diario marxista, Zhizn’ (Vida), desde Ginebra. El Zhizn’ pretendía conseguir el apoyo de las nacientes comunidades religiosas disidentes de Rusia para la lucha para derrocar a la autocracia zarista. La empresa editora de Posse recibió el respaldo de V. D. Bonch-Bruevich, un revolucionario marxista y, de manera más importante, un especialista en las sectas gnósticas rusas. Gracias a las conexiones de Bonch-Bruevich con el movimiento espiritual clandestino de los Antiguos Creyentes y con los gnósticos, Posse aseguró una importante ayuda financiera para el Zhizn’.

     El objetivo del Zhizn’ era alcanzar a un amplio conjunto proletario y campesino de lectores que constituirían algún día un frente popular contra el odiado gobierno ruso. Lenin pronto comenzó a contribuír con artículos para el Zhizn’. Para Posse, Lenin aparecía como una especie de sectario místico, un radical gnóstico, cuyo ascetismo era sobrepasado sólo por su seguridad en sí mismo. Tanto Bonch-Bruevich como Posse quedaron impresionados por el celo de Lenin para construír un partido revolucionario eficaz. Lenin desdeñaba la religión y mostró poco interés en la orientación "religiosa" del Zhizn’. El pensador marxista ruso Plejanov, uno de los primeros consejeros de Lenin, expresó abiertamente su hostilidad a la tendencia "religiosa" del diario. Él escribió a Lenin quejándose de que el Zhizn’, "en casi cada página habla de Cristo y la religión. En público lo llamaré un órgano del socialismo cristiano".

     La empresa editora Zhizn’ llegó a un final en 1902 y sus operaciones fueron efectivamente transferidas a las manos de Lenin. Esto condujo en 1903-1904 a la organización de la primera empresa editora bolchevique por Bonch-Bruevich y Lenin. Ambos hombres veían a los sectarios rusos como valiosos aliados revolucionarios. Como señala un investigador, "el disenso religioso ruso apelaba al bolchevismo incluso antes de que aquel movimiento hubiera adquirido un nombre" [Robert C. Williams, The Other Bolsheviks].

     V. D. Bonch-Bruevich (1873-1955) llegó al marxismo revolucionario bajo la influencia de las enseñanzas sociales del novelista ruso León Tolstoy. Al igual que la esposa de Lenin, Krupskaya, él comenzó su carrera revolucionaria distribuyendo "El Reino de Dios Está Dentro de Vosotros" de Tolstoy, una obra imbuída con temas neo-gnósticos.

     En 1899 Bonch-Bruevich se fue de Rusia hacia Canadá para vivir entre los Doukhobors, comunistas gnósticos rusos cuyo rechazo a pagar impuestos y a servir en el ejército los llevó al exilio. Bonch-Bruevich informó acerca de las doctrinas secretas de los Doukhobors y puso por escrito las enseñanzas orales fundamentales de éstos conocidas como el "Libro Viviente". A su regreso a Europa en 1901 Bonch-Bruevich presentó a Lenin los principios fundamentales de esos comunistas gnósticos. Los Doukhobors, con su rechazo radical de la Iglesia y el Estado, con su negación de la singularidad del Cristo histórico, y su abandono de la Biblia en favor de su propia tradición secreta, fueron de algún interés para el fundador del bolchevismo.

     En 1904 Bonch-Bruevich, con el apoyo de Lenin, comenzó a publicar el Rassvet (Amanecer), en un intento de difundir el marxismo revolucionario entre los disidentes religiosos. Su primer editorial atacó a todos los zares rusos por su persecución de los Antiguos Creyentes y sectarios, y declaró que el objetivo del diario era reportar acontecimientos que ocurrían por todo el mundo, "en diversos rincones de nuestra enorme patria, y entre las filas de sectarios y cismáticos". El Rassvet combinaba temas comunistas y apocalípticos que eran a la vez persuasivos y comprensibles para el movimiento espiritual clandestino de Rusia.

     Hacia los primeros años del siglo XX Rusia estaba en un estado de ánimo revolucionario. Bonch-Bruevich escribió que eso produciría pronto una "batalla callejera de la gente despertada". Él instó a sus compañeros revolucionarios comunistas a usar el lenguaje del movimiento espiritual clandestino para persuadir a las masas de que el gobierno era "Satán" y que "todos los hombres son hermanos" ante los ojos de Dios. Él escribió:

     «Si el proletariado y los sectarios en su discurso necesitan usar la palabra "diablo", entonces que identifiquen este viejo concepto de un principio malo con el capitalismo, y que identifiquen la palabra "Cristo", como un concepto de bien eterno, felicidad y libertad, con el socialismo».


Comunistas Constructores de Dios, y el Ocultismo

     «Si un recién llegado a la enorme cantidad de literatura ocultista comienza a hojear al azar, la perplejidad y la impaciencia pronto se instalarán en él, ya que él encontrará mezclados los residuos de todas las culturas y ocasionales fragmentos de filosofía quizá profundos pero casi ciertamente subversivos en cuanto a la vida correcta en la sociedad en la cual él se encuentra. El ocultismo es conocimiento rechazado, es decir, un movimiento clandestino cuya unidad básica es la de la Oposición a una estructura de Poderes Fácticos» (James Webb, Occult Underground)

     Un folleto marxista escrito antes de 1917 y más tarde reeditado por el gobierno soviético, declaraba sin ambages que el hombre está destinado a "tomar posesión del universo y a extender su especie en regiones cósmicas distantes, apoderándose del Sistema Solar entero. Los seres humanos serán inmortales". Anatoly Lunacharsky, el primer Comisario de Educación en el nuevo Estado soviético, creía que, puesto que la convicción religiosa había sido una gran fuerza de cambio en la Historia, los marxistas deberían concebir la lucha para transformar la Naturaleza mediante el trabajo como su forma de devoción, y al espíritu de la Humanidad colectiva como su dios.

     A. V. Lunacharsky (1875-1933) y el escritor ruso Máximo Gorki (1868-1936), cercanos amigos de Vladimir Lenin, estaban relacionados con un amplio espectro del pensamiento ocultista, incluída la Antroposofía de Rudolf Steiner y la Teosofía de Helena Blavatsky. Estos dos prominentes revolucionarios bolcheviques compartían un interés de toda la vida por los cultos de los antiguos Misterios, el sectarismo religioso, la parapsicología y el gnosticismo. María Carlson sostiene que "la visión de Gorki de una Nueva Naturaleza y un Nuevo Mundo, posteriormente asimilada a su expresión socialista como el Futuro Radiante, es fundamentalmente teosófica" [Carlson, No Religion Higher than Truth]. Gorki valoró los escritos de los ocultistas Emanuel Swedenborg y Paracelso, así como los de Fabre d’Olivet y Edouard Schuré.

     Haciendo uso de las imágenes de los antiguos misterios solares, Gorki declaró en Hijos del Sol: "Nosotros la gente somos los hijos del Sol, la brillante fuente de la vida; nacemos del Sol y venceremos el turbio temor a la muerte". En su Confesión, la "gente" ha llegado a ser Dios, los creadores de los milagros, los poseedores de la verdadera conciencia religiosa, e inmortales. Gorki visualizó un hermoso futuro del trabajo por el amor al trabajo, y un futuro del hombre como "el señor de todas las cosas". Revelando su familiaridad con la parapsicología y la sanación por la fe, Gorki cuenta cómo una muchedumbre reunida usa su energía colectiva para curar a una muchacha paralizada. Él quedó profundamente impresionado por la investigación acerca de la transferencia de pensamiento, a menudo escribiendo sobre el "milagroso poder del pensamiento", a la vez que expresó la esperanza de que un día la razón y la ciencia acabarían con el temor.

     Las ideas planteadas por Lunacharsky y Gorki se hicieron conocidas como constructoras de Dios, descritas por un investigador como un "movimiento de rejuvenecimiento secular con aspectos de los cultos de misterio" [Richard Noll, The Jung Cult]. La construcción de Dios implicaba que un colectivo humano, por medio de la concentración de la energía humana liberada, puede realizar los mismos milagros que fueron adjudicados a seres supra-naturales. Los constructores de Dios consideraban al cristianismo primitivo como un ejemplo auténtico de la construcción colectiva de Dios, siendo Cristo nada menos que el foco de la energía humana colectiva. "Llegará el tiempo", dijo Gorki, "en que toda la voluntad popular se amalgamará nuevamente en un punto. Entonces emergerá un poder invencible y milagroso, y Dios será resucitado" [M. Agursky, The Third Rome]. Años antes, Fiodor Dostoyevsky había escrito en Los Poseídos: "Dios es la personalidad sintética de toda la gente". Según Agursky:

     «Para Gorki, la construcción de Dios era primero que nada una acción teúrgica, la creación de la nueva Naturaleza y la aniquilación de lo viejo, y por lo tanto esto coincidía totalmente con el Reino del Espíritu. Él consideraba a Dios como un resultado teúrgico de un trabajo colectivo, el resultado de la unidad humana y de la negación del ego humano» [The Occult in Russian and Soviet Culture].

     Antes de la Revolución rusa, la propaganda política de Lunacharsky se basó fuertemente en palabras e imágenes en último término derivadas de los gnósticos y los sectarios religiosos rusos. En un folleto él instó a los lectores a rechazar pagar impuestos o servir en el ejército, a formar comités revolucionarios locales, a exigir la propiedad de su tierra, a derrocar la autocracia y reemplazarla por una "sociedad fraternal" de socialismo. En efecto, en los escritos de Lunacharsky se le dio tanta atención a Cristo como a Marx. "El cristianismo, en todas sus formas, incluso la más pura y más progresista", escribió él, "es la ideología de las clases oprimidas, los inmóviles sin esperanzas, aquellos que no pueden creer en sus propios poderes; el cristianismo es también un arma de explotación". Pero Lunacharsky comprendió que hay también una tradición espiritual subterránea, el lenguaje y los símbolos arcanos que podrían ser usados para movilizar a la gente para llevar a cabo la revolución.

     Los elementos ocultistas son obvios en las primeras obras dramáticas y poemas de Lunacharsky, incluyendo una referencia al "espíritu astral", y una familiaridad con la magia blanca y la demonología. Él habló de gnosticismo, del Logos, de Pitágoras y de los cultos solares en su obra en dos volúmenes Religión y Socialismo. Después de la Revolución bolchevique, Lunacharsky escribió una obra dramática ocultista llamada Vasilisa el Sabio. Dicha obra iba a ser seguida de un "poema dramático" nunca publicado titulado Mitra el Salvador, una clara referencia a la deidad ocultista pre-cristiana. Significativamente, es Lunacharsky, junto con el estudioso de las sectas gnósticas rusas V. D. Bonch-Bruevich, al que se le acredita el desarrollo del llamado "culto de Lenin" que dominó la vida soviética después de la muerte del líder bolchevique en 1924.


Poder Soviético y Revolución Espiritual

     «Una Weltanschauung ha conquistado un Estado, y emanando de ese Estado destruirá lentamente el mundo entero y causará su colapso. El Bolchevismo, si queda desenfrenado, cambiará el mundo tan completamente como lo hizo el cristianismo. Dentro de trescientos años ya no se dirá que es simplemente una cuestión de organizar la producción de un modo diferente... Si este movimiento se sigue desarrollando, Lenin, dentro de trescientos años, será considerado no sólo como uno de los revolucionarios de 1917, sino como el fundador de una nueva doctrina mundial, y él será adorado tanto quizás como Buda» (Adolf Hitler, 1932) [citado en Hitler’s Words, editado por Gordon Prange].

     Como consecuencia del colapso total de la Rusia imperial y la devastación causada por la Primera Guerra Mundial, Lenin y los bolcheviques se tomaron el poder en Octubre de 1917, una revolución que no habría sido posible sin el apoyo activo y la participación del movimiento espiritual clandestino ruso. Los bolcheviques, en la opinión de un investigador ruso,

     «muy probablemente no habrían sido capaces de tomarse el poder o de consolidarlo si las incontables masas de sectarios rusos no hubieran participado en la destrucción total causada por la revolución, que adquirió un carácter místico para ellos. Para ellos el Estado y la Iglesia eran receptáculos de todas las clases del mal, y su destrucción y degradación fueron consideradas como un deber místico, exactamente como lo consideraron las sectas gnósticas medievales de los anabaptistas, bogomilos, cátaros y taboritas» [M. Agursky, The Third Rome].

     Agobiado por siglos de autocráticos gobiernos zaristas así como por la Iglesia Ortodoxa, su mero agregado, el pueblo ruso llegó a aceptar el comunismo de Lenin. "Bolchevismo es una palabra rusa", escribió un ruso anti-comunista en 1919. "Pero no sólo una palabra. Porque es ese carácter, en aquella forma y en aquellas manifestaciones que han cristalizado en Rusia... el bolchevismo es un fenómeno únicamente ruso, con lazos profundos con el alma rusa" [citado en Richard Pipes, Russia Under the Bolshevik Regime 1919-1924]. Incluso el ministro nacionalsocialista de Propaganda el doctor Goebbels, que construyó su carrera política luchando contra el comunismo, admitió que ningún Zar había entendido nunca al pueblo ruso tan profundamente como Lenin, quien les dio lo que ellos más querían: tierra y libertad.

     Lenin unió el materialismo dialéctico de Marx a la tradición profundamente arraigada del socialismo ruso, permeado como estaba por elementos gnósticos, apocalípticos y mesiánicos. En la misma manera él reconcilió el compromiso marxista con la ciencia, el ateísmo y el progreso tecnológico, con las ideas rusas de justicia, verdad y auto-sacrificio en favor de lo colectivo. De forma similar el líder del bolchevismo asoció la convocatoria marxista a un internacionalismo proletario y a una revolución mundial, con la antiquísima noción de la gran misión de Rusia como el precursor de la hermandad universal. Violentamente opuesto a toda religión, el bolchevismo ateo sacó mucho del movimiento espiritual clandestino, llegando a ser aquél, en palabras de uno de los compañeros de Lenin, "la más religiosa de todas las religiones".

     "A pesar de que hemos estudiado el marxismo un poco", escribió Lenin, "hemos estudiado cómo y cuándo los opuestos pueden y deber ser combinados. Lo principal es: en nuestra revolución... en la práctica hemos unido repetidamente las contraposiciones". Varios siglos antes, el maestro gnóstico musulmán Jalalladin Rumi señaló: "Es necesario notar que las cosas opuestas trabajan juntas aunque estén nominalmente opuestas".

     Después de la Revolución bolchevique de 1917,

    «el ocultismo era parte de un racimo de ideas que inspiraron un revolucionismo místico basado en la creencia de que los grandes acontecimientos terrenales, como la revolución, reflejan un realineamiento de fuerzas cósmicas. La revolución, entonces, tuvo una significación escatológica. Su resultado sería "un nuevo cielo y una nueva tierra" poblada por una nueva clase de ser humano y caracterizada por una nueva clase de sociedad cohesionada por el amor, ideales comunes y sacrificio.

     «La Revolución bolchevique no redujo el interés por el ocultismo. Algunas ideas y símbolos ocultistas pre-revolucionarios fueron transformados de acuerdo a lineamientos más "científicos". Mezclado con conceptos compatibles, ellos impregnaron el arte, la literatura, el pensamiento y la ciencia soviéticos del comienzo. Los activistas políticos soviéticos que no creían en el ocultismo usaron símbolos, temas y técnicas sacadas de allí con fines de agitación y propaganda. Posteriormente transformados, algunos de ellos fueron incorporados a la cultura oficial del tiempo de Stalin» [The Occult in Russian and Soviet Culture, ed. por B. Glatzer Rosenthal].

     Los temas apocalípticos y mesiánicos, popularizados durante siglos por el movimiento espiritual clandestino ruso, fueron llevados a su fin en la Revolución bolchevique y alimentaron el impulso para construír una sociedad sin clases, comunista. El sueño de un paraíso comunista en la Tierra creado por manos humanas, un nuevo mundo embellecido por la perfección tecnológica, la justicia social y la hermandad, se encontraba tanto en Marx como en el movimiento espiritual clandestino ruso.

     Lenin promulgó una ley que eximía del servicio militar a los sectarios religiosos. Los escritores y los poetas, sacando su inspiración del movimiento religioso clandestino ruso, aclamaron la Revolución como un misterio mesiánico y mundial. Un escritor comparó la Revolución bolchevique con el origen del cristianismo. "Cristo fue seguido", exclamó él, "no por profesores, ni por filósofos virtuosos, ni por comerciantes. Cristo fue seguido por bribones. Y la revolución también será seguida por bribones, aparte de aquellos que la lanzaron. Y no hay que tener miedo de esto".

     Alexander Blok (1880-1921) fue el poeta ruso más importante en reconocer a los bolcheviques. Un estudioso del gnosticismo, Blok comprendió el significado interno de los tumultuosos acontecimientos políticos y sociales. Había un contenido espiritual escondido en el núcleo de las agitaciones externas de la Revolución y de la sangrienta guerra civil que la siguió. Blok expresó claramente esto en su famoso poema Los Doce, donde el Cristo invisible conduce la marcha revolucionaria.

     Otro poeta y ocultista ruso, Andrei Bely, un discípulo del movimiento antroposófico de Steiner, aclamó la Revolución como la primera etapa de una revolución cultural y espiritual mucho mayor por venir. Para Bely, así como para su contemporáneo Blok, la Revolución bolchevique era sobre todo un poderoso instrumento teúrgico. Andrei Bely (1880-1934) veía la teurgia como un medio de cambiar el mundo activamente en colaboración con Dios. A pesar de los disturbios y el baño de sangre, para esos ocultistas rusos la Revolución sirvió como un instrumento de la nueva creación. Bely celebró la Revolución de 1917 en un poema, Cristo Ha Resucitado, en el cual la toma bolchevique del poder es comparada con el misterio de la Crucifixión y la Resurrección. Rudolf Steiner entendió por qué los rusos dieron la bienvenida a la Revolución de Octubre, pero criticó al bolchevismo como una peligrosa mezcla de pensamiento abstracto occidental y misticismo oriental.

     El movimiento espiritual clandestino ruso engendró a varios escritores y poetas importantes que dieron la bienvenida a la Revolución bolchevique. Dos de los más excepcionales fueron Nikolai Kliuev (1887-1937) y Sergei Esenin (1895-1925). Las imágenes ocultistas y los temas mesiánicos rusos abundan en sus poemas. Kliuev veía a Lenin como el líder popular y la encarnación de la Antigua Creencia. En una manera típicamente gnóstica, Esenin despreció al viejo Dios de la Iglesia y proclamó un "nuevo Nazaret". El joven Esenin apoyó al Ejército Rojo bolchevique e incluso trató de integrarse al partido bolchevique. Trágicamente, Kliuev se sintió traicionado por la Revolución, fue detenido y murió camino a un campo de trabajo en 1937. Esenin se quitó su propia vida en 1925 creyendo que fuerzas oscuras habían usurpado la Revolución rusa.

     Hacia principios de los años '20 los bolcheviques habían consolidado su control sobre la mayor parte del antiguo Imperio ruso. El Partido Comunista surgió como la encarnación monolítica de la voluntad popular. Todas las sociedades ocultistas, incluídos los teosofistas y antroposofistas, fueron disueltas. La masonería fue virulentamente condenada y sus logias cerradas. En el impulso por modernizar Rusia y construír una Unión Soviética tecnológicamente avanzada, las nociones ocultistas fueron públicamente clasificadas como superstición y abiertamente ridiculizadas. El nuevo Estado soviético, con su ideología marxista-leninista, se convirtió en el único árbitro de todo el pensamiento. Los principales maestros ocultistas fueron forzados al exilio. A pesar de todo, muchos de los que estaban asociados con el movimiento espiritual clandestino se integraron al Partido Comunista y encontraron empleo en diversas organizaciones soviéticas.

     La influencia del movimiento espiritual clandestino no desapareció. Las verdades arcanas y los impulsos primordiales tomaron nuevas formas de acuerdo con la nueva realidad. Las ideas esotéricas fueron vestidas con el lenguaje de una nueva época. Un escritor explica:

     «En el tiempo de Stalin, los temas y las técnicas ocultistas desconectados de su base doctrinal llegaron a ser parte de la cultura oficial... Los temas ocultistas de la literatura soviética de los años '20 fueron transformados en los elementos mágicos o fantásticos que los observadores han notado en el Realismo Socialista. Stalin mismo fue investido con poderes ocultos» [The Occult in Russian and Soviet Culture, ed. por B. G. Rosenthal].

     El pensador ruso Isai Lezhnev (1891-1955) insistió en el carácter profundamente religioso del comunismo, que era "igual al ateísmo sólo en un sentido teológico limitado". Emocional y psicológicamente, el bolchevismo era extremadamente religioso, viéndose a sí mismo como el único guardián de la verdad absoluta. Lezhnev correctamente percibió en el bolchevismo la aparición de una "nueva religión" que traía con él una nueva cultura y un orden político. Él adoptó el marxismo-leninismo y dio la bienvenida a Stalin como una manifestación del "espíritu popular".

     La Revolución rusa, que dio origen a la súper-potencia conocida como la Unión Soviética, proyectó una sombra gigantesca sobre el siglo XX. El bolchevismo, la cosmovisión materialista desarrollada por Vladimir Lenin, dejó su marca en todos los aspectos del pensamiento moderno. Y las raíces del comunismo de Lenin y la Unión Soviética se adentran profundamente en la antigua tradición secreta de la Humanidad.

     ¿Fue el bolchevismo ateo, por toda su adoración de la ciencia y del materialismo, la expresión de algo supra-natural? Muchos en el movimiento espiritual clandestino lo han creído apasionadamente así. El poeta gnóstico Valery Briusov (1873-1924), que se unió al partido bolchevique en 1920, había estado involucrado en la magia, el ocultismo y el espiritualismo antes de la revolución. Briusov enfatizó que el destino de Rusia estaba siendo construído no en la Tierra sino por fuerzas místicas para las cuales la Revolución de 1917 era parte del complot oculto.

     Otro destacado ocultista ruso, el aclamado artista Nicolás Roerich, reconoció a Lenin y al comunismo como un fenómeno cósmico. En 1926 él escribió:

     «Él [Lenin] incorporó y ajustó mesuradamente cada material en el orden mundial. Esto abrió para él el camino hacia todas las partes del mundo. Y la gente ha formado una leyenda no sólo como un registro de sus hechos sino también como una señal de sus aspiraciones... Hemos visto por nosotros mismos cómo las naciones han entendido el poder magnético del comunismo. Amigos, el peor consejero es la negatividad. Detrás de cada negación está escondida la ignorancia».

     El filósofo Nicolai Berdiayev, un ex-marxista que llegó a abrazar el misticismo cristiano, fue desterrado de la Unión Soviética en los años '20. Él había estudiado el ocultismo y se relacionó con muchas sectas gnósticas rusas. Su libro de 1909 La Filosofía de la Libertad está lleno de temas gnósticos. Y tal como los gnósticos, Berdiayev se opuso a la institución de la familia como un yugo para hombres y mujeres por causa de la "necesidad", y a la cadena interminable de nacimiento y muerte. Escribiendo desde el exilio, más de veinticinco años después de la Revolución, Berdiayev observó:

     «El comunismo ruso es una distorsión de la idea mesiánica rusa; ella proclama la luz que viene desde el Este que está destinada a iluminar la oscuridad burguesa de Occidente. Existe en el comunismo su propia verdad y su propia falsedad. Su verdad es una verdad social, una revelación de la posibilidad de la hermandad de hombres y de pueblos, la supresión de clases, mientras que su falsedad está en sus fundamentos espirituales que desembocan en un proceso de deshumanización, en la negación del valor del hombre individual, en el estrechamiento del pensamiento humano... El comunismo es un fenómeno ruso a pesar de su ideología marxista. El comunismo es el destino ruso; es un momento en el destino interior del pueblo ruso y debe ser sobrevivido por la fuerza interior del pueblo ruso.

     «El comunismo debe ser superado, pero no destruído, y en la etapa superior que vendrá después del comunismo, debe entrar la verdad del comunismo también, pero despojado de su elemento de falsedad. La Revolución rusa despertó y liberó los enormes poderes del pueblo ruso. En esto radica su significado de ley fundamental» [Berdiayev, The Russian Idea].


La Hoz y el Martillo: ¿Símbolos Ocultistas?

     A través de todo el siglo XX la hoz y martillo fueron universalmente reconocidos como símbolos del comunismo y la Unión Soviética. Para millones de personas la hoz y martillo simbolizó un nuevo orden político y económico que ofrece progreso, justicia y libertad, mientras otros innumerables consideraron a los mismos hoz y martillo como emblemas siniestros de opresión, odio y tiranía.

     Los ocultistas y los estudiosos de la sabiduría antigua vieron algo más. Detrás del aspecto externo de estos emblemas comunistas, que oficialmente representaban la emancipación del trabajo, había un elemento desconocido por las masas.

    Los ocultistas rusos vieron a los bolcheviques como trabajando inconscientemente para la misión cósmica de Rusia e interpretaron la hoz y el martillo soviéticos como símbolos escondidos del arte del herrero, insinuando una futura transmutación y transformación. Tanto la metalurgia como la alquimia (considerada como una ciencia oculta) clasifican para destruír con fuego los elementos contaminados y así liberar un producto refinado, ya sea en metal forjado (el herrero) u oro espiritual (el alquimista). El fuego está asociado con la transfiguración, la regeneración y la purificación, mientras que el hierro tiene que ver con Marte (el dios de la guerra) y el mundo astral.

     Para el ocultista, la hoz y el martillo comunistas simbolizaron el conflicto y la transmutación, la forja —en los fuegos de la lucha— de los elementos bajos en una forma más pura y superior. El bolchevique ateo, al igual que el ocultista, proclamaba que el hombre corriente debe ser transformado en un nuevo hombre, libre de las cadenas de los deseos egoístas y del pasado opresivo, a fin de construír libremente la nueva civilización del futuro.–







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