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jueves, 9 de julio de 2015

Manu Rodríguez - Sobre Identidad y Alienación



     El sitio larespuestadeeuropa.blogspot.com alberga una buena cantidad de reflexiones de su autor, el filósofo político español señor Manu Rodríguez. Publicamos en esta ocasión otros dos textos suyos, esta vez de Marzo y de Abril de 2014 (IdentitArios 1 y Bagatelas para un Pueblo Masacrado y Hundido), que son, el primero, un llamado a la constitución (o reconstrucción) de una verdadera identidad propia basada en la lengua, la historia, las tradiciones y el parentesco de la gente blanca del mundo, y en particular la europea; y el segundo, comentarios diversos relativos a las opresoras mentiras que penden sobre la civilización diseñadas para su sometimiento.




IdentitAry@s 1
por Manu Rodríguez
11 de Marzo de 2014


     * Una identidad (la arya), una nación (la arya), una religión (la arya). Éstas son las claves espirituales y de combate.

     Un movimiento identitario puramente arya (en cuerpo y alma). Un nacionalismo pan-arya que comprenda a todos los pueblos aryas de Europa y la Magna Europa (las Américas, Australia, Nueva Zelanda). Y una religión que no puede ser otra que la herencia étnica y lingüístico-cultural de los pueblos aryas. En esto consiste nuestro credo y nuestra fe.

     Nuestra gente, y nuestras tradiciones culturales desde sus orígenes hasta nuestros días. Esto es lo sagrado arya.

     * La idea es crear o establecer "centros religioso/culturales aryas". Sólo para aryas (étnica y culturalmente hablando). Con sus bibliotecas, sus claustros, sus salas de conciertos, sus capillas... Claro que hace falta dinero, pero más que dinero hacen falta tal espíritu y tal deseo. Si lo quisiéramos, hasta a la sombra de los olivos (el árbol de Atenea) podríamos establecer esos recintos espirituales para nuestra gente. En realidad no necesitamos más que eso, la voluntad de que tal cosa se realice. Nos basta con nuestra presencia y nuestra palabra. Podemos reunirnos en cualquier lugar.

     Una vez consolidados, en el futuro, dispondremos de esos centros. Pero antes tenemos que ganarnos, que merecer ese futuro. Tenemos que perseverar, pues, en esta nuestra lucha hasta reconquistar lo perdido (nuestra identidad, nuestra libertad, nuestra soberanía, nuestra independencia...). Esa Reconquista es nuestra única garantía de futuro.

     Lo importante es ahora nuestra situación jurídica, política, e histórica. Un pueblo extranjero escribe nuestra historia más reciente (el último siglo), dicta nuestras leyes, y dirige nuestra política interior y exterior. El cerco sobre nuestro pensamiento es férreo y tenaz. Se nos impide (legalmente) cualquier movimiento. Se nos silencia, se nos persigue, se nos condena, se nos impide la defensa (el caso Zündel)...

     Ni los juristas, ni los historiadores, ni los políticos (la mayoría)... apenas nadie está con nosotros, con los nacionalistas. Fíjate cómo los últimos movimientos políticos de cara a las próximas elecciones europeas denuncian a los nacionalismos (las recientes conferencias de Barroso y Merkel). No cesa la criminalización de los partidos nacionalistas, que, a pesar de la "censura" de nuestros gobernantes (de quienes los dirigen), cada vez pululan más por Europa. El nacionalismo es pecado, es el mal. Y el peor es el nacionalismo pan-arya.

     No hay, parece, ni intención ni voluntad por parte de nuestros juristas, historiadores o políticos de clarificar nuestro sistema de justicia, nuestra historia, o el régimen de nuestras libertades. Hemos devenido pueblos sin orgullo, sin dignidad, sin cojones. Permitimos que otros (los judíos y sus partidarios) planifiquen y dirijan nuestras vidas.

     Desde la cristianización no habíamos caído tan bajo. También en aquellos días se nos impedía cualquier retorno a la fe de nuestros antepasados, se mancillaba su memoria, y se reescribía nuestra historia. Hoy como ayer. La historia se repite, parece. Pero esta vez no podremos levantar cabeza. Si cuando la cristianización perdimos nuestras culturas y el nexo con los antepasados, esta vez perderemos también la tierra. Los millones de extranjeros que se asientan en nuestras tierras acabarán deformando, desvirtuando, alterando definitivamente la faz de nuestra patria milenaria. Éste es el fin de la Europa blanca, de la Europa europea, amigo.

     ¿Quiénes son los artífices de este desastre, de esta tragedia?

     * El laberinto europeo y su minotauro. La "intelligentsia" judía.

     * Los judíos se han metido en nuestra cultura para viciarla desde el interior. Sobre todo en las llamadas "humanidades" —filosofía, artes, Historia, ciencias políticas, derecho, economía... antropología cultural, sociología... Considero la obra de estos pensadores como de mala fe, malintencionadas (Marx, Boas, Freud, Adorno, Marcuse, Lévinas, Derrida...).

     Se hace necesario purgar estas ramas de nuestra cultura de todo lo judío.

     * La represión ejercida contra los movimientos nacionalistas nos viene de los judíos, que están controlando nuestra vida política desde el fin de la 2ªGM. Son ellos los que prohíben partidos, libros, información... Persiguen y prohíben la verdad. El fundamento de estas leyes represivas se inspira en la falaz historia del período nacionalsocialista y de la 2ªGM elaborada por los mismos judíos.

     La revolución comenzará en Europa (en palabras de Kevin MacDonald). Lo primero será conseguir que esas leyes sean abolidas. Estas leyes han sido diseñadas por judíos, como en el caso de Francia (la ley Fabius-Gayssot, promulgada en 1991). Fabius, ministro del actual gobierno "socialista" de Hollande, es judío; e igualmente Gayssot, diputado en su momento del Partido Comunista).

    En Francia, la Izquierda y la Derecha están lideradas por judíos (François Hollande y Nicolas Sarkozy son judíos). Ocupan todas las alternativas políticas (salvo las nacionalistas). Es una comedia; es un plan. El pueblo vota mayoritariamente por políticos judíos, por los represores. Está claro que de éstos no nos vendrá la liberación. No moverán un dedo a nuestro favor, bien al contrario.

     Una revolución nacionalista arya. De nuevo. Una revolución en las casas, en las calles, en los puestos de trabajo, en las escuelas y universidades. Un movimiento de rebeldía y de desobediencia civil. Contra la injusticia y la mentira. Contra la calumnia y la difamación de nuestro pasado. Basta. Se trata de reconquistar lo perdido.

     * En todas partes, y continuamente. La imagen horrible que de nosotros se ofrece. En nuestras escuelas, en la educación de nuestro niños y adolescentes. En la prensa, en la literatura, en el cine, en las series de televisión que nos vienen de EE.UU. y Europa. Sin olvidar los eventos relacionados con el llamado "Holocausto", que se producen constantemente (aniversarios, exposiciones, conmemoraciones...).

     Omnipresente, la propaganda del enemigo. Contra nosotros, contra nuestros pueblos. Mancillando, calumniando, difamando... pisoteando nuestro credo, nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra única salida.

     Obviamente, los fundamentos de esta "ideología" anti-nazi y anti-fascista en las series, películas, novelas y demás, penetran e impregnan cada vez más la mentalidad de nuestras poblaciones —su anti-etnicismo y anti-nacionalismo; su carácter universal, cosmopolita, multirracial y multicultural. Es un lavado de cerebros dirigido exclusivamente a los pueblos blancos. Aquí operan hábiles ingenieros sociales.

     Todo el mundo se acoge a la perspectiva judía del período nacionalsocialista y de la última guerra europea. Nadie se atreve a discutir o poner en duda su "historia". Aquellos que lo hacen se enfrentan al ostracismo social (pérdida del trabajo, marginación...), y a la acción judicial y los tribunales —a la condena social y judicial. Está todo atado, y bien atado.

     * El universalismo cristiano fue un movimiento eminentemente judío (el judeo-mesianismo), de la misma manera que lo son la masonería (transnacional y transcultural), el internacionalismo comunista (el judeo-bolchevismo), o el actual globalismo judeo-demócrata-liberal. Invenciones, engendros judíos. Instrumentos de alienación y de dominio.

     * El daño que los judíos han hecho a nuestros pueblos (desde la cristianización hasta nuestros días) es incalculable y en muchos casos irreparable. Los últimos doscientos años han sido terribles. La contribución judía a nuestras dos últimas guerras europeas, con sus millones de muertos, son innegables. La confusión y alienación ideológica y espiritual de los tiempos que corren es obra suya.

     Son numerosas las observaciones y los consejos que desde hace más de doscientos años las grandes figuras de nuestra cultura nos han dado acerca de los peligros de los judíos (desde Voltaire, Benjamín Franklin...). No les hemos hecho caso, y así nos va.

     Tenemos los últimos sucesos en Ucrania y su conflicto con Rusia, a cuenta de la península de Crimea. La política judeo-estadounidense es contraria a Rusia. Rusia se opone a los judíos (a los intereses geopolíticos israelitas —no estadounidenses, téngase en cuenta esto). Éste es un conflicto provocado, inducido. Son los judíos los que dirigen toda esta operación. Y no les importarán los muertos, eslavos en cualquier caso, que en este conflicto pudieran producirse.

     El enfrentamiento de los judíos con Rusia comenzó a finales de los años '40 del siglo pasado. La Revolución rusa fue obra de los judíos, como tuvo el mundo sabe, y los mismos judíos no dejan de estar orgullosos de ello (ocultando o minimizando deliberadamente su brutalidad, su crueldad, su criminalidad). Pero algo sucedió cuando la creación del Estado de Israel en1948. Stalin, desde ese momento y hasta su muerte (1953) fue eliminando la presencia judía en los cuadros del partido y de gobierno (hasta entonces omnipresentes), y esta política se mantuvo hasta el final de la URSS, y se mantiene en la actual Rusia. Está claro que los judíos ni olvidan ni perdonan.

     ¿La salida? Para todos los pueblos, yo diría, el nacionalismo étnico y lingüístico-cultural. Y en nuestro caso, únicamente el camino nacionalista arya. Éste es el nacionalismo que todos los pueblos blancos necesitamos. La solidaridad arya. La solidaridad entre los pueblos eslavos y de éstos con los pueblos germanos, bálticos, celtas y románicos. La solidaridad blanca. Ésta es nuestra única salida.

    * Nos encontramos ante un dilema, un doble camino. Un camino, el que ahora llevamos, conduce a la muerte y al olvido; el otro, el camino arya, nuestro camino, nos conduce a la vida y al recuerdo, nos conduce al futuro. La nación (y la religión) arya es esa salida, ese camino. Si no es por este camino, no tendremos futuro.

     * El Estado racial o étnico. El pueblo, formado por grupos étnicos emparentados. Se impide el acceso de cualquier extranjero a la dirección y gobierno de las propias cosas.

     * Para encontrar el nacionalismo étnico hay que dar un paso atrás del fatal momento de nuestra cristianización. Desde la cristianización nuestro lenguaje se transformó en universal (urbi et orbe). Hemos perdido la costumbre del "nosotros" diferenciado, y exclusivo; del "nosotros" étnico y lingüístico-cultural. La auto-referencia.

     No hay auto-cuidado ni auto-preservación en el lenguaje universal. Con el lenguaje (la perspectiva) universal nos ignoramos a nosotros mismos.

     Un paso atrás del universalismo, religioso o político. Ahí se encuentra lo propio, lo nuestro, lo singular; las propias señas de identidad. El propio lenguaje, el propio discurso. La madre-patria reencontrada.

     Se renace al propio ser; uno es devuelto a su casa, a los suyos, a su lugar.

     * El camino arya es lo que deben recuperar todos los individuos y pueblos aryas. La estela propia. La propia palabra. La propia luz.

     «...la nación no era —según los marxistas— otra cosa que una invención de los capitalistas; la patria, un instrumento de la burguesía, destinado a explotar a la clase obrera; la autoridad de la ley, un medio de subyugar al proletariado; la escuela, una institución para educar esclavos y también amos; la religión, un recurso para idiotizar a la masa predestinada a la explotación; la moral, signo de estúpida resignación, etc. Nada había, pues, que no fuese arrojado en el lodo más inmundo».

     Estas palabras son de Adolf Hitler, y tienen poco menos de un siglo. La crítica a la patria/nación, a la autoridad, a la religión, a la moral, a la educación... era habitual en la prensa judeo-marxista de finales del XIX y principios del XX. Estos "argumentos" fueron retomados tras la Segunda Guerra por los estrategas judíos Adorno, Horkheimer, Marcuse y tantos otros. Hoy se les añade la crítica a la familia, a la moral sexual (a favor de la liberación sexual), la propaganda a favor del aborto...

     * La guerra emprendida por las potencias del mal contra la nación arya fue (y es) una guerra sin honor; una guerra sucia.

     No cabe duda de que el honor, la nobleza y la caballerosidad, en esta última guerra europea, estaban del lado nacionalsocialista (hay numerosas anécdotas de ello).

     * No se trata tan sólo de que el nacionalsocialismo fuera injustamente condenado. Hay algo más. La condena del nacionalsocialismo es un arma, un instrumento, un útil en manos del enemigo. La cuestión nazi. El enemigo hace estragos en las filas blancas con esta arma.

     La cuestión nazi (los crímenes contra la Humanidad y todo lo demás) no es sólo un arma de intimidación moral contra individuos y naciones o Estados, sino jurídica también. Toda la temática, y su tratamiento en los medios de comunicación, sigue siendo propaganda de guerra. Nos movemos en un ambiente de guerra. Somos testigos cada día del permanente ataque ideológico (moral, político, jurídico...) contra al nacionalsocialismo, y contra Estados no gratos a los poderes dominantes (a quien nos manda verdaderamente), en la prensa y en los medios de comunicación todos. Ante la menor sospecha de nacionalismo se habla de la sombra del nazismo...

     (El caso reciente de Suiza, que pretende restringir la libre circulación de emigrantes en su territorio. Adviértase la llamada de atención, los "consejos" que de inmediato les ha dado Moody’s (la agencia internacional de calificación económica). Las veladas amenazas económicas y financieras. Así comienza la cosa. Lo próximo será hablar de derechos humanos, racismo y todo lo demás. La campaña de prensa. No falla).

     El aparato, el dispositivo ideológico represivo (estatal y mediático) del enemigo contra el nacionalsocialismo —y contra todo movimiento de liberación, de independencia de las normas internacionales, de autonomía. El arma total.

     Tarde o temprano la superchería montada acerca del nacionalsocialismo y la Segunda Guerra Mundial se vendrá abajo. Fue montada por unos y otros por diversos motivos. Unos para acallar y desviar la atención de sus propios crímenes (los ejércitos Aliados); otros, viendo culminada su tarea, la descalificación del nacionalsocialismo (y de los nacionalismos), y la exaltación del judío eterno y universal.

     * Si los crímenes atribuídos a los nacionalsocialistas son indemostrables, los crímenes de las potencias Aliadas (durante la guerra y postguerra) y los del judeo-bolchevismo sí están documentados y son indiscutibles.

     * "El enemigo de mi enemigo es mi amigo". No siempre es el caso. ¿Cómo vamos a decidirnos entre la nación judía (los intereses judíos) y la nación musulmana (los intereses musulmanes), cuando ambas procuran nuestra destrucción? Por lo demás, el Islam, como el judeo-mesianismo, es una rama del árbol judío.

     * Es un insulto, para nosotros los nacionalistas aryas, que fundamentalistas cristianos (judeo-mesiánicos) se auto-proclamen como "nación arya", que se hayan apropiado de este sublime concepto. La nación arya no puede ser ni cristiana, ni musulmana, ni budista... La nación arya no puede ser otra cosa que arya; no puede tener otra religión que la arya.

     La propia herencia bio-simbólica de los nacidos aryas, ésa es la religión arya.

     * Somos la raza última, la raza más joven. Algo nuevo traemos. Algo nuevo somos. Tal vez en esta novedad radique nuestro mensaje, nuestra misión. La rama arya aún no ha terminado de decir su palabra.

     * Recuperaremos nuestros símbolos todos; nuestra historia, nuestra memoria. Y restituiremos el honor de la primera nación arya —la germana. La nación arya volverá a ser reconocida.

     * Nosotros somos una comunidad/nación étnica y culturalmente diferenciada del resto de comunidades étnicas —de la china, de la japonesa, de la judía…

     * Hay que reconocer que la primera nación arya es la Alemania germana, y que esta experiencia se constituye como un modelo a seguir. Añadimos que aquel movimiento no se dirigía sólo a los germano-parlantes, pues su mensaje alcanzaba a todos los pueblos blancos e indoeuropeos. El nacionalismo arya (el nacionalsocialismo) llama por igual a todos los pueblos blancos de tradición indoeuropea.

     La clave, a mi manera de ver, de este movimiento pan-arya reside en la identidad bio-simbólica de los numerosos pueblos aryas; en la comunidad de genes y culturas. La nación arya está dada. Y trasciende, claro está, las diversas nacionalidades históricas (España, Francia, Inglaterra, Alemania, Ucrania, Rusia...) en las que nos movemos.

     En pocas palabras, hay que pasar del nacionalismo blanco e indoeuropeo francés, noruego, lituano, ruso, o alemán, al nacionalismo pan-arya europeo.

     Es un desplazamiento del fervor, de la devoción; de la fidelidad y de la lealtad. Es un desatar de un lado y un atar en otro. Es una "conversión" lo que le pedimos a nuestros hermanos.

     Lo que encuentran al otro lado, lo que le ofrecemos, es una identidad ancestral, una nación, y una religión. Ni más, ni menos.

     No lo tenemos fácil. Exceptuando a los pequeños grupos nacionalistas e identitarios, la inmensa mayoría de las nuevas generaciones vive a espaldas de estos valores (nación, patria, ancestros...). Y no hay que olvidar que el nacionalismo arya está mal visto, y es un tema prohibido, perseguido, tabú. La tarea que tenemos por delante es inmensa (y peligrosa). Y el tiempo urge. Ése es el problema.

     Estoy convencido de que al final habrá un cambio, una transformación en nuestra gente; un giro, una vuelta, una "conversión" hacia lo propio. No sé ni cómo, ni cuándo, pero sucederá. Nosotros trabajamos para ellos, para estos futuros.

     * El nacionalismo arya germano, el primero, debe ser reivindicado absolutamente. Podemos estar tranquilos acerca de la bondad y la moralidad de nuestra causa. Contra la propaganda anti-nazi o anti-fascista no tenemos otra arma que la verdad. La verdad histórica de los hechos. Cada vez circulan más textos clarificadores acerca del período nacionalsocialista y la 2ªGM. Los historiadores ya comienzan a dividirse entre la versión oficial (judía) y la que nos ofrecen los estudiosos e investigadores independientes.

     Los llamados revisionistas o negacionistas no son otra cosa que buscadores de la verdad. Son ellos los que están limpiando el honor de los nacionalsocialistas (y de todos los pueblos blancos). No sé cuánto tiempo aguantarán los partidarios de la versión judía. Les va en ello mucho, se lo juegan todo (prestigio, reconocimiento, posición social, poder...). Resistirán hasta el final, supongo, y usarán todas las armas a su alcance (como siempre han hecho). Este enemigo carece de honor y de dignidad. La verdad no cuenta para esta escoria humana. Podemos esperar cualquier cosa de ellos. Ya nos han demostrado lo que son capaces de hacer (desde los bombardeos de poblaciones civiles con millones de muertos, hasta los juicios de Núremberg y la infame postguerra). Es una historia negra, sucia, horrible. No se detendrán ante nada.

     Lo que debe estar claro es que la guerra aún no ha terminado. Es de suponer que el enemigo seguirá vilificando y criminalizando los movimientos nacionalistas e identitarios, así como persiguiendo y prohibiendo todo lo que contradiga su "historia". Con todo, estoy convencido de que la victoria final será nuestra.

     Es probable que las actuales jóvenes generaciones vean ese final feliz —la caída, el desplome de la bestia (y de su montaje). Presenciarán el triunfo de la justicia y de la verdad. Nada podrá igualar la alegría de los nuestros en esos días. Por ese anhelado mañana combatimos hoy.–




Bagatelas para un Pueblo Masacrado y Hundido
por Manu Rodríguez
12 de Abril de 2014


     * La realidad ha corroborado los temores y sospechas —las peores previsiones— que los nacionalistas del pasado siglo tenían acerca de los judíos. Ya nadie puede negar el control que éstos ejercen sobre el "dinero", los gobiernos, y la opinión pública en buena parte del planeta. Su dominio en estos ámbitos es poco menos que absoluto.

     Si la alienación económica es preocupante, la alienación cultural (ideológica, espiritual) resulta verdaderamente inquietante. Es el dominio de las claves culturales (simbólicas) de un pueblo lo que hace posible su ulterior alienación económica, social, política, e incluso racial —los nuevos amos han establecido, contra toda evidencia (aunque "científicamente"), la inexistencia de razas o etnias; es el primer paso hacia el mestizaje global.

     El grado de alienación de la opinión pública, en todos los estratos sociales y culturales, es asombroso. No son raros los artículos y ensayos donde los autores se preguntan cómo intelectuales de la talla de Heidegger, Schmitt, Céline, o Pound (entre miles otros de mayor o menor importancia) apoyaron la causa fascista o nacionalsocialista. Se habla de abyección, de aberración, de perversión, de delirio, de paranoia, de locura... de la fascinación del horror, de la banalidad del mal... de mentes enfermas, en definitiva. Todo es poco para intimidar a los posibles buscadores de la verdad, y para evitar la difusión y promoción de tan "peligrosos" ideales (aquí hay que preguntar: ¿peligrosos para quién?). Batallones de sociólogos, filósofos, psicoanalistas, semiólogos, ensayistas de todo tipo (judíos y no judíos) se encargan de ello.

     Excluyo a los judíos en lo que voy a decir, pues éstos sí saben lo que hacen. Pero al resto de los críticos del nacionalsocialismo o fascismo les digo que: ¿No es justamente la talla de estos pensadores y creadores lo que debería disipar vuestra perplejidad? Precisamente las cumbres intelectuales del siglo XX en arte y pensamiento. Lo normal es preguntarse qué podría tener el fascismo o el nacionalsocialismo (sus verdaderos discursos) para que éstos se inclinasen a su favor.

     Estos pobres diablos, estos desgraciados, esta tropa de goys (este ganado), estos pseudo-intelectuales de "Izquierda", "progresistas", "universalistas", "multiculturalistas"... son el producto más acabado de la manipulación (del lavado de cerebros) de los pueblos aryas. Pero, ¿qué podemos esperar de la educación anti-nacionalista, multi-étnica y multicultural que recibimos en nuestras escuelas, institutos y universidades desde finales de la 2ªGM? Por no hablar de los medios de comunicación y de los entretenimientos que ellos nos ofrecen —sus poseedores— (cine, prensa, publicaciones de todo tipo, la televisión —con sus informativos, sus tertulias, sus series y documentales, su publicidad...). Es pura propaganda lo que recibimos. En todas partes y en todo momento. Es una atmósfera ideológica y espiritual inmunda, poluta, contaminada... letal para los nacionalistas, abortiva —que procura abortar todo conato de nacionalismo.

     (Digamos que los judíos están alterando la atmósfera bio-simbólica de las naciones del planeta en su único beneficio. Sólo ellos sobrevivirán en el futuro como pueblo. Esto que digo recuerda a uno de esos espeluznantes relatos de ciencia-ficción (la alteración de la atmósfera del planeta por una especie extraterrestre; por "aliens" venidos de fuera). Pero no hay ficción aquí. Está sucediendo realmente ahora, a nuestro alrededor. Lo estamos viendo con nuestros propios ojos, en nuestros mismos pueblos y ciudades. La degradación de las hasta ahora naciones étnica y culturalmente homogéneas (las naciones blancas en particular). Si todo continúa como hasta ahora, no quedará del árbol de los pueblos y culturas del mundo sino la rama judía; el resto de los pueblos habremos desaparecido.

     El nacionalsocialismo (el nacionalismo étnico y cultural arya) es el mal. Ésta es la cantinela. Es "satán", es el adversario, el enemigo... Esto, dicho mil veces y de mil formas, ha acabado incrustándose en nuestros cerebros. Cuesta un trabajo ímprobo liberarse de tan omnipresente representación, tan insidiosa, tan enemiga, tan contraria a nuestros propios intereses étnicos y culturales. Son héroes, ciertamente, aquellos que lo consiguen.

     Es una vergüenza esto que digo, y dice muy poco a nuestro favor. Habla más bien acerca de nuestra ingenuidad, de nuestra candidez, de nuestra falta de lucidez, de nuestra falta de sentido crítico, de nuestra necedad... de cuán fácilmente manipulables resultan nuestra gente y nuestros pueblos.

     Han conseguido convencernos, estos estafadores, de que aquello que nos está destruyendo, aquello que está acabando con nosotros (con nuestros pueblos), es nuestro bien. No tendremos, empero, ningún futuro si tales discursos continúan prevaleciendo.

     Alguien el siglo pasado, creo recordar que Robert Brasillach, hablaba de la "revuelta de los nativos, de los indígenas". Esto es lo que se trata de impedir. Y es por esto por lo que el proceso de adoctrinamiento anti-nazi o anti-fascista comienza en la misma infancia.

     Nosotros los pueblos aryas no tenemos otros enemigos que aquellos que procuran nuestro mal —aquellos que buscan nuestra destrucción. Es esencial para nuestra supervivencia saber detectar al enemigo, saber detectar aquello que nos hace mal. Y combatirlo. Y no otra cosa es lo que hacía y hace el nacionalsocialismo o el fascismo. El nacionalsocialismo implica, entre otras cosas, una educación para la salud étnica y cultural de nuestros pueblos. Instruye a nuestros pueblos para detectar al enemigo, y los alienta para combatirlo.

     El enemigo no es el otro, cualquier otro, sino únicamente aquel que busca nuestro mal. Simplemente.

     El nacionalsocialismo no combatía (ni combate en la actualidad) contra otros pueblos ni otras culturas o razas, sino únicamente contra los judíos —debido al peso y la influencia económica y cultural que éstos tenían, en aquellos momentos, en Alemania y en casi toda Europa. No sólo la industria, la banca o el comercio, sino también la política, las artes, los medios de comunicación... Todo, prácticamente, estaba en sus manos. La judaización de Europa caminaba a pasos agigantados. (¿No es todo esto, acaso, lo que continuamos viviendo en nuestros días?). Había que librarse de ellos, expulsarlos; purgarse, purificarse. Recuperarse. Reconquistarse. Volver en sí.

     La revuelta de los nativos, esto fue lo que sucedió con el nacionalsocialismo alemán (más que con el fascismo italiano). El renacimiento de los pueblos indígenas europeos desde sus propias fuentes étnicas y culturales. Esto es lo que se pretendía (y se pretende). Y no en otra dirección caminaba la revolución nacionalista germana. Se trataba (y se trata) de la recuperación, de la reconquista de lo nuestro. De volver a tomar las riendas de nuestro destino.

     La revuelta de los nativos se hace necesaria también ahora, pues seguimos padeciendo las mismas opresiones y manipulaciones, y el mismo proceso de judaización (no de "norteamericanización", como algunos bobos piensan). La guerra no ha acabado.

     La cristianización de los pueblos aryas fue una fatalidad. Ahí comenzó nuestra errancia, nuestro vagabundeo, nuestra deriva; nuestra alienación y exilio espirituales. Desde ese momento perdimos el norte, el camino —nuestro camino. Fue el peor paso que hayamos podido dar en nuestra historia. Aquel error fatal. Ahí comenzamos a ignorarnos a nosotros mismos. La islamización posterior de algunos de nuestros pueblos llovía sobre mojado, e igualmente la judaización de los tiempos que corren. Las ideologías semitas han marcado nuestro destino y gobernado nuestras vidas desde hace casi dos mil años. Llevamos milenios sirviendo a dioses y pueblos extranjeros.

     ¿Qué pretendía (y pretende) el nacionalismo étnico, y cultural? Justamente acabar con esto —con esta alienación, con este extrañamiento. Acabar con milenios de privación y de exilio —la privación y el exilio del ser (propio).

     * El elogio y la recomendación de la mentira, de la violencia y del terror que encontramos en las obras de Lenin, Trotsky y otros judeo-bolcheviques no parecen preocupar a nadie. Las obras de estos "estrategas", de estos inductores al asesinato y la matanza (cuando no ellos mismos verdaderos asesinos) de burgueses y fascistas se siguen reeditando y estudiando, sin censura ni crítica, e incluso a ellos mismos se les sigue exaltando y glorificando en las cuatro esquinas del planeta.

     El marxismo y el comunismo con su dosis de destrucción (desde sus orígenes, desde Marx y Engels), así como con sus millones de víctimas —desde la Revolución rusa hasta la camboyana de Pol Pot— tampoco parecen sorprender ni escandalizar a nadie. ¿Por qué? Los marxistas y comunistas se pasean impunes, arrogantes, y con la conciencia muy tranquila por todos lados. ¿Cómo es esto posible?.

     Yo reto a investigadores y curiosos a que rebusquen en los textos de los autores clásicos fascistas o nacionalsocialistas, a ver si encuentran recomendaciones o estrategias semejantes, tan innobles, tan deshonestas, tan terroríficas. Una "asociación de malhechores y criminales" eran los judeo-bolcheviques, una mafia criminal. Nadie los juzgó ni los recriminó en su momento por sus continuados "pogroms" contra los "otros" (realeza, nobleza, clases medias, mandos del ejército, jerarquías eclesiásticas, profesionales de la medicina, del derecho... campesinos —kulaks—, cristianos, rusos blancos —los anti-rojos, la oposición armada—, ucranianos... contra la flor de la gentilidad, sin más). Fueron los nacionalsocialistas, sin embargo, los juzgados bajo acusaciones que no convenían sino a estos judeo-bolcheviques, a esta verdadera "asociación de malhechores y conspiradores" que dominaron el escenario soviético durante al menos sus primeros treinta años. Los tres decenios de terror rojo.

     Repito una vez más que mientras los crímenes de los judeo-bolcheviques están contrastados y documentados, para los crímenes atribuídos a los nacionalsocialistas se carecen de pruebas (como es obvio, dado que son crímenes ficticios). La ausencia de pruebas la admiten hasta los técnicos ingenieros encargados por la parte acusadora (judíos) de la cuestión concerniente a las cámaras de gas y otros modos de exterminio (según el "testimonio" de los judíos). El último, Robert Jan van Pelt, que intervino en el juicio contra David Irving (1998), llegó a reconocer, en entrevistas posteriores al juicio, la casi total ausencia de pruebas (hasta en el 95% de los casos, declaró abiertamente).

     Podríamos hablar también de las usurpaciones, de las imposturas, de los crímenes de los demócrata-liberales en todo el planeta —desde su entrada en la 2ªGM hasta nuestros días.

     ¿Tenemos que excusar, pues, los genocidios cometidos por los judíos y que aparecen reflejados en su libro sagrado, el lenguaje homicida y los crímenes del judeo-islamismo igualmente patentes en su libro sagrado, o la criminal historia del judeo-mesianismo?.

     ¿Vía libre, entonces, para perseguir y asesinar a los fascistas, así como a los goys, los infieles, o los paganos? Todo parece indicar que de esto se trata. Los nacionalsocialistas somos ahora los nuevos paganos, los nuevos infieles a perseguir. Ciertamente, nosotros no creemos ni en vuestros dioses, ni en vuestras "revelaciones" religiosas, ni en vuestras instituciones democráticas, ni en vuestras "declaraciones o cartas de derechos humanos"... Ya no creemos en vosotros; ya no os concedemos el menor crédito.

     Judíos, cristianos, musulmanes, demócratas, comunistas... Todos, parece, pueden matar y quitar de en medio a quien los contradiga o les estorbe. Los excusa la buena intención de su doctrina —su preocupación por la Humanidad, dicen. Ellos matan por el bien de la Humanidad. Son los crímenes de los "buenos" (en palabras de Bochaca). Perfectamente legítimos y fundados (según las leyes que ellos mismos redactan e imponen).

     Muchas y funestas son las ramas del árbol judío: el cristianismo, el islamismo, la vieja (y ya inútil) masonería, el marxismo, el comunismo, la actual economía política (el universalismo, el globalismo demo-liberal); Freud, Boas, Adorno, Marcuse, Derrida...

     La oscura, la siniestra, la sombría, la negra historia de estos miserables. Ellos sí que son la peste, el mal universal. Perversos, crueles, deshonestos, falaces. Ellos sí que son los maestros, los señores de la masacre. Sin la menor duda.

     El nacionalsocialismo germano, más que el fascismo italiano, fue (y es) el único que tuvo (y tiene) el valor de enfrentarse a esta escoria humana, a estos monstruos. Y así nos fue; y así nos va. Pero no está derrotado el nacionalsocialismo —aún respira, aún vive, aún se mueve.

     * Las organizaciones internacionales y transcontinentales que se nos imponen son los instrumentos económicos, jurídicos y militares que usan los nuevos señores para gobernar el mundo. La ONU, con su Comité de Seguridad, su Fondo Monetario Internacional (FMI), y su Corte Internacional de Justicia (CIJ)... la Organización del Tratado del Atlántico Norte (la OTAN), verdadero "caballo de Troya" que opera en multitud de países... la absurda e irrelevante —políticamente hablando— Unión Europea (UE), la ambiciosa Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE, Acta de Helsinki, 1975), que cuenta con una particular policía que vela por la "pureza" de las instituciones democráticas y por el cumplimiento de los derechos humanos: la Oficina para las Instituciones Democráticas y los Derechos Humanos (ODIHR, en inglés), creada cuando la "Carta de Paris para una Nueva Europa" (1990); la Corte Penal Internacional (CPI), cuyo Estatuto (Estatuto de la Corte, Estatuto de Roma) ha sido firmado pero no ratificado por Estados Unidos ni Israel...

     (Esto es lo de siempre: "Haz lo que yo diga, no lo que yo haga". Esto es: "Obedece mis palabras, no imites mis actos. Nosotros somos el pueblo elegido, a nosotros no nos afecta la ley, nosotros imponemos la ley". La ley no afecta a los señores. Los señores pueden comportarse como les venga en ganas. En esto parece consistir todo).

    Está claro que estamos ante las nuevas tablas de la ley, el nuevo decálogo, el novísimo evangelio —para los pueblos otros.

     Organizaciones, Instituciones, Tratados internacionales o supranacionales que no tienen otra finalidad que impedir la soberanía, la independencia y la libertad de las naciones o Estados parte. Estos dispositivos, estos "mecanismos", son los modernos instrumentos (jurídicos, económicos y militares) represivos y de dominio. Dirigidos fundamentalmente a evitar todo nacionalismo, toda independencia, toda legislación privada de los pueblos, todo desvío de la "norma universal".

     El enemigo ya no necesita de sociedades secretas o semi-secretas (masonería u otras) para dominar a nuestros pueblos. Todo lo que precisaba ha logrado introducirlo paulatinamente en nuestras legislaciones (desde la Revolución francesa a nuestros días). Ahora nos rigen leyes "universales" (trans-étnicas, transculturales, transconfesionales...). La revolución ideológica (política, cultural...) llevada a cabo, en su origen, para promocionar la integración y la igualdad de los judíos en Francia (que finalmente alcanzaría a toda Europa), en la actualidad favorece a cualquier extranjero recién llegado, venga de donde venga, que acaba gozando (en virtud de esas leyes universales) de los mismos derechos de ciudadanía (políticos y demás) que los autóctonos. Aquella revolución, tan "humana" y tan "democrática", fue el principio del fin para las naciones étnicas ancestrales europeas —y para el resto de las naciones étnicas del planeta, si todo continúa como hasta ahora.

     En su momento tendremos que promover referéndums para salir de las organizaciones e instituciones internacionales (ONU, OTAN, OSCE, CPI...), como hizo Hitler para salir de la Sociedad de Naciones en 1933. Propia legislación, propia constitución, propia regulación... Ejercer plenamente la independencia, la libertad y la soberanía. Autonomía, autogobierno, autorregulación.

     Necesitamos organizaciones e instituciones puramente aryas (étnica y culturalmente aryas), incluídos partidos nacionalistas aryas y sindicatos de trabajadores aryas. Al igual que los vascos, por ejemplo, tienen partidos nacionalistas vascos y sindicatos de trabajadores vascos. Éste es el riguroso nacionalismo que tenemos que practicar.

     Ténganse en cuenta los "derechos humanos" relativos a la "no-segregación" o "no-discriminación" que conciernen a los derechos de los extranjeros o emigrantes (judíos, musulmanes asiáticos y africanos, amerindios, chinos...) integrados o asimilados en nuestras naciones y con derechos de ciudadanía y todo lo demás (ellos, y sus familias). Obsérvese ahora la situación (política, económica, jurídica...) en la que quedamos los autóctonos blancos europeos. Nuestro grado de libertad, independencia o soberanía al respecto es nulo. Tenemos que soportar quietos y en silencio esta riada, este diluvio, esta marea; este tsunami demográfico destructor. Perderemos "nuestra tierra, territorios, y recursos", desapareceremos incluso —en el nombre de los "derechos humanos universales". No sé si podremos usar en su momento la "Declaración (de Naciones Unidas) sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas" (en su 107ª sesión plenaria, 13 de Septiembre de 2007).

     Los señores usan ahora leyes y tratados universales en virtud de los cuales lanzan contra los Estados que les presentan la más mínima oposición sanciones económicas, guerras e invasiones, y juicios a sus Presidentes de gobierno o jefes de Estado so pretexto de atentar contra cualquiera de los artículos de las leyes internacionales vigentes (inspiradas en los "derechos humanos universales"). Lo llevamos viendo desde finales de la 2ªGM.

     Hasta qué punto nuestros juristas siguen siendo deshonestos y falaces puede observarse en la creación de esa Corte Penal Internacional (la Internacional Criminal Court) en 1998 (Estatuto de Roma), cuyo referente fue aquella farsa del juicio de Núremberg —desde la "Charter of the Nürnberg International Military Tribunal" (Carta de Londres), hasta la "Opinion and Judgment of the International Military Tribunal for the Trial of German Major War Criminals". Estos últimos textos contienen ni más ni menos que la versión histórica oficial (judía) que nuestros historiadores (y juristas, y políticos) sostienen, explotan, y divulgan hasta el día de hoy acerca de lo sucedido en la Alemania "nazi" y la 2ªGM. Pueden consultarse las páginas siguientes:

     Recomiendo a los lectores, como contraste, y como catártico, los dos preciosos textos de Maurice Bardèche sobre los juicios de Núremberg, escritos al filo casi de éstos (editados los años 1948-1950).

     Todo el arsenal jurídico que nos silencia, nos atenaza, y nos impide todo movimiento y toda defensa, se fundamenta en una mentira; toda esta normativa represiva tiene a los judíos como autores o instigadores.

     Pese a que hubo importantes juristas, historiadores, y militares (altos mandos de los ejércitos Aliados) que cuestionaron tanto la veracidad de los testimonios en contra de los acusados, como la legalidad del juicio y sus conclusiones —con su relato final de los sucesos—, resultó ser a la postre la "historia" que hoy se le cuenta a todo el mundo. Los réditos y beneficios que tan inmensa, tan monstruosa, tan criminal estafa han proporcionado a los reales, a los únicos vencedores de la 2ªGM —una vez más, los judíos— han sido y siguen siendo numerosos y operan aquí y allá —en lo político, en lo jurídico, en lo económico, en "seguridad y defensa"...

     De aquella farsa surgieron la ONU, (y su "Carta de Derechos Humanos"), la OTAN, la OSCE (y su mecanismo de la "dimensión humana" —en la "Carta de París para una Nueva Europa"), la CPI... surgieron los dispositivos jurídicos, económicos, y militares; los instrumentos, las armas.

     Dicho sea de paso, en España estamos viendo en televisión una serie documental sobre la 2ªGM (preguerra, guerra y postguerra) que sigue al detalle la versión oficial. Puede tomarse como modelo de la misma. No es nueva o reciente, lleva algún tiempo en circulación. Es un verdadero montaje, como todos los documentales que los nuevos señores nos ofrecen al respecto; con todas las medias verdades, con todos los tópicos... resaltando, como de costumbre, los tan "conocidos" como inverificables crímenes nazis, y ocultando deliberadamente los crímenes de los Aliados (los "buenos") —éstos, sí, perfectamente documentados. Esto es lo que la gente —el pueblo, la mayoría— "sabe" acerca del período nacionalsocialista y la 2ªGM.

     ¿Cuántas veces la habrán proyectado o emitido; durante cuánto la proyectarán todavía? Tantas veces y tanto tiempo como lo necesiten, amigo. Es propaganda de guerra. Se trata de frustrar el nacimiento de los nacionalismos, de abortar todo conato; de impedir, antes de que nazcan, que salgan a la luz; de matar en la cuna, llegado el caso, a los recién nacidos. Lo estamos viendo en la guerra sucia que se sostiene contra todo partido nacional socialista o revolucionario, por pequeño e insignificante que éste sea —lo último, lo sucedido con Amanecer Dorado en Grecia. Basta con levantar la acusación de "nazismo", y las connotaciones que tal término tiene, en la "neolengua" (en el nuevo orden mundial), harán el resto: asociación de malhechores, conspiradores, racistas, causantes de la 2ªGM, imperialistas que pretendían conquistar toda Europa, genocidas, asesinos de masas...

     Lo que la mayoría de la gente sabe y dice acerca del nacionalsocialismo no tiene otro fundamento que la idea (o la imagen) que le ha proporcionado el enemigo. No buscan información más allá; son crédulos, confiados; o perezosos, indolentes; o simplemente venales. No son pocos los que están de buena fe con el enemigo, los que creen en sus "causas", y las siguen: anti-fascistas, anti-nacionalistas, universalistas, altruístas, amantes de las fronteras abiertas, del mestizaje, de los derechos humanos para todos... generalmente agrupados en asociaciones transnacionales. Resulta que lo que se le escapa al ojo del enemigo, se lo soplan estas "organizaciones (internacionales) no gubernamentales": hacen labor policial, persiguen y denuncian, ante Cortes y Tribunales Internacionales, las infracciones —los "pecados" contra la "ley"— en todos los rincones del planeta. Rodean, unos y otros, el mundo entero —el ojo del amo, y sus soplones (conscientes o inconscientes).

     Es lo primero que hay que aclarar. Lo primero con lo que hay que enfrentarse es con esa mentira histórica que afecta de tantas maneras a todos los europeos, y a todos los pueblos blancos en general (aunque no olvido a los japoneses, víctimas ellos también de los "buenos"). Nosotros, los pueblos blancos, somos los principales perdedores en esta guerra. No sólo los alemanes y sus colaboradores (los famosos "collabos" franceses, belgas...) sufrieron humillantes y horribles derrotas. La guerra contra nuestros pueblos no terminará hasta nuestra total aniquilación, o hasta nuestra definitiva victoria. Por cierto, nunca hubo postguerra. Seguimos estando en guerra.

     Citando a Bardèche: "No importa lo que seamos en realidad, lo que importa es la imagen que de nosotros se ofrece". La imagen infame que de nosotros ofrece el enemigo. Esto es lo que hay que combatir. Esa difamación. Negar esa negación, esa imagen negativa. Es un combate del que sólo saldremos victoriosos mediante la verdad. Ése es nuestro camino, el camino arya; el camino de la verdad.

     A mi manera de ver, el debate no está, como precisaba Serge Thion, entre la verdad histórica y la verdad política, sino entre la verdad histórica y la mentira política (la historia que nos cuentan acerca del período nacionalsocialista y la 2ªGM).

     También tenemos oposición entre la verdad científica y la mentira política (como cuando se postula la inexistencia de las razas o etnias, por ejemplo). Con la "negación" de la raza se pretende, antes que nada, anular el poder místico, sublime, explosivo, que mostró en su momento el nacionalismo arya. Esto es un signo nada más que de su temor, el temor del enemigo a la potencia arya.

     Yo añadiría a todo esto que, en lo que a nosotros concierne (nuestra cultura, nuestra historia, nuestro derecho...), la lucha se establece entre la verdad pura y simple, y la mentira política. Hasta ahora la mentira política se impone sobre la Historia, la ciencia, el derecho, la economía, la psicología... La verdad, en cualquier campo, ni le importa ni le preocupa al enemigo; lo único que le importa o preocupa al enemigo es conservar la preeminencia y el poder conseguidos con tan malas artes desde la 2ªGM (y gracias a ella, me atrevo a decir).

     El arma del enemigo es tanto más poderosa, o al menos así lo parece. Esa arma es la mentira, pura y simplemente. El señor de los medios de comunicación todos, de la información en general, diseña escrupulosamente la opinión pública por generaciones; impone de mil maneras su historia, su discurso, su fábula, su mentira. Esa batalla la tiene ganada, por ahora. Tenemos a casi toda la opinión pública de nuestros países en contra —a hombres y mujeres; a niños, jóvenes, adultos, y ancianos.

     Nosotros no sólo combatimos por el conjunto de los pueblos blancos, también combatimos por la verdad. Es una guerra trascendental ésta que vivimos. Es una verdadera cruzada —la cruzada de los pueblos aryas, la cruzada de la swástica.

     Somos la tropa de choque, la vanguardia de una lucha que devendrá planetaria, universal. Estamos comprometidos en una guerra que afectará a todos los pueblos —al futuro de todos. Se trata de si conservaremos o no nuestras señas de identidad bio-simbólicas, de si perduraremos o no. Es un "ser o no ser" que, tarde o temprano, convocará a todos y cada uno de los diferentes grupos etno-culturales del planeta.–






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