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viernes, 24 de abril de 2015

Entrevista a Israel Finkelstein



     Lo siguiente es un breve reportaje y entrevista (Grounds for Disbelief) al arqueólogo israelí Israel Finkelstein (1949), que se hizo famoso como autor (co-autor) del libro "La Biblia Desenterrada" (2001), que en base a conclusiones arqueológicas refuta la veracidad de muchas historias bíblicas que sólo fueron concebidas para dar un fundamento moral a las agendas de ciertos grupos sacerdotales y militares del antiguo "reino de Judá". Si bien las informaciones entregadas aquí y que hemos puesto en castellano pueden resultar algo mezquinas, sí sirven para explicar parte de lo que en extenso plantea el autor en su celebrado libro, que completo en castellano puede ser hallado por el lector interesado en la arqueología bíblica en http://www.mercaba.org/Biblia/La%20Biblia%20Desenterrada.pdf.


RAZONES PARA LA INCREDULIDAD
Entrevista al Arqueólogo Israel Finkelstein
por Aviva Lori (diario Haaretz)



     El arqueólogo Israel Finkelstein y sus colegas están agitando la controversia con sus opiniones de que muchas historias bíblicas nunca ocurieron sino que fueron escritas por lo que él llama "un creativo redactor publicitario" para hacer progresar una agenda ideológica.

     El profesor Israel Finkelstein no ve ninguna contradicción entre preservar una apropiada cena ritual (seder) de Pesach (Pascua judía) donde se cuenta la historia del éxodo desde Egipto, y el hecho de que, en su opinión, dicho éxodo nunca tuvo lugar. La edición hebrea del libro de Finkelstein y su colega estadounidense, el historiador y arqueólogo Neal Asher Silberman, "La Biblia Desenterrada: La Nueva Visión de la Arqueología del Antiguo Israel y el Origen de Sus Textos Sagrados" (The Bible Unearthed), ha sido publicada recientemente. La edición en inglés fue publicada en Estados Unidos en Enero de 2001, y una edición francesa apareció el año pasado. En ambos países el libro pasó muchas semanas en las listas de éxitos de librería y generó un considerable interés público. El New York Times calificó a los autores bíblicos del siglo VII a.C. como "escritores fantasmas de Dios" en una larguísima revisión del libro.

     El próximo mes la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) realizará un evento acerca de la arqueología de David y Salomón, con la participación de Finkelstein y del profesor Lawrence Stager de Harvard. En la misma ocasión Arte, el canal de cultura franco-alemán, comenzará a filmar un documental de cuatro partes basado en el libro, que está programado para ser transmitido el próximo año.

     ¿Qué hay en "La Biblia Desenterrada" que ha suscitado tal interés? Finkelstein, que es el director del Instituto Sonia y Marco Nadler de Arqueología de la Universidad de Tel-Aviv, observa que éste es el primer "libro completo en el cual la Arqueología es la reina de la batalla y no algún adorno barato de eruditos bíblicos". Y Finkelstein está en efecto preparado para luchar. Además de los períodos de los patriarcas y el Éxodo, sobre los cuales la mayor parte de los eruditos está de acuerdo en que sólo existe una conexión muy tenue entre las historias de la Biblia y la realidad histórica, Finkelstein y Silberman colocan un gran signo de interrogación sobre todo aquel período, e incluso el tiempo de la Monarquía Unida.

     "¿Sucedió o no?", pregunta él al final de cada capítulo, y se pone a explicar por qué aquello no ocurrió, basado en su investigación y conclusiones arqueológicas, incluyendo los descubrimientos en Meguido, un sitio que es considerado la joya de la corona de la arqueología bíblica.

     Una innovación adicional en el libro es el punto de vista inverso que los autores adoptan. «El libro no examina la historia por orden cronológico, desde un antes a un después», explica él. «Va de lo más tardío a lo más temprano, y al final de cada capítulo hay una "frase clave" que examina las intenciones de los autores». Los autores, en este caso, son aquellos que escribieron el relato bíblico en cuestión, y la intención de los autores se refiere al fundamento teológico e ideológico del siglo VII a.C., el período en el cual fue escrita la mayor parte de la Biblia, según Finkelstein.

      Él desconstruye ese fundamento sólo a fin de reconstruírlo según la lógica que guió a los autores antiguos, y llega a la conclusión de que las historias sobre la conquista de la tierra de Israel, el período de asentamiento, el Reino Unido y la tentativa de realzar el prestigio del reino de Judá a costa del reino del Norte (Israel), son parte de un manifiesto ideológico —religioso y político—, un golpe maestro realizado por un creativo redactor publicitario.


LA VILLA DE JERUSALÉN

     La Biblia habla de la gran y magnífica monarquía unida de David y Salomón en el siglo X a.C., que se dividió en dos reinos, Israel y Judá, debido a la demanda del hijo de Salomón, Roboam (Rehavam), por causa de tributos excesivos impuestos sobre las tribus de las colinas del Norte y de Galilea, que por eso se separaron airadamente de la monarquía unida. El resultado fue dos siglos de lucha, guerras y odio entre hermanos.

     Las Escrituras tratan a Israel como un reino secundario de ninguna importancia, un lugar de pecadores incorregibles, mientras que Judá es considerado como el reino justo y grande cuya capital es Jerusalén, donde el rey Salomón estableció un templo espléndido durante la Era gloriosa de la monarquía unida. Finkelstein duda acerca de la existencia de esa gran monarquía unida.

     "No hay ninguna evidencia arqueológica para ello", dice él. "Esto es algo sin precedentes en la Historia. No creo que exista algún otro lugar en el mundo donde haya una ciudad con una infraestructura material tan deplorable, pero que tuvo éxito en la creación de un movimiento tan arrollador en su favor como Jerusalén, que incluso en su tiempo de grandeza era un chiste en comparación con las ciudades de Asiria, Babilonia o Egipto. Ella era un típico pueblo de montaña. No hay ningún descubrimiento magnífico, ni puertas de Nabucodonosor, ningún sobrerrelieve asirio, ningún templo egipcio... nada. Incluso el templo no podría haber competido con los templos de Egipto y su esplendor".

— ¿Entonces por qué fue escrita [la Biblia]?

— «Por motivos de ideología. Porque los autores de la Biblia, gente de Judá al final del siglo VII a.C., en el período de rey Josías, tenían muchas cuentas que ajustar con el reino del Norte, con su esplendor y riqueza. Ellos despreciaban a los norteños y no habían olvidado su predominio en la forja de la experiencia israelita, en la competencia por los sitios rituales. Al contrario de lo que generalmente se piensa, los israelitas no iban a orar a Jerusalén. Ellos tenían un templo en Samaria (Sebastia de hoy) y en Beit El (Bethel). En nuestro libro tratamos de mostrar que mientras Israel estuvo allí, Judá era pequeño y temeroso, militar e internacionalmente. Judá y Jerusalén estaban en los márgenes. Una pequeña tribu. No había nada allí. Un pequeño templo y eso es todo».

— ¿Y el reino de Israel?

— «Los descubrimientos arqueológicos muestran que Israel era un Estado grande y próspero, y fue la historia principal hasta su destrucción en el siglo VIII a.C. Su posición geográfica era excelente, en la costa, cerca de Fenicia, Asiria y Siria. Tenía una composición demográfica diversa: residentes y trabajadores extranjeros, cananeos, fenicios; había una población aramea en el valle del Jordán, y había matrimonios mezclados. Fue sólo 150 años después de la destrucción de Israel que Judá se elevó a la grandeza, haciéndose auto-consciente y desarrollando una interpretación monoteísta: un Estado, un Dios, una capital, un templo, un rey».

— ¿Cuál es la raíz de la tensión entre la Arqueología y el texto, y qué sucedió durante el reinado de Josías?

— «Pensamos que esas ideas de Judá, de que todos los israelitas tenían que adorar a un dios en un templo, y vivir bajo el gobierno de un rey, aparecieron en el siglo VII a.C. Si alguien hubiera propuesto tales ideas en voz alta antes de 720, habría sido golpeado duramente por los monarcas del Norte. Todo comenzó a reunirse después de la destrucción del reino de Israel, y aquello también tenía un aspecto territorial: de 734 a 625 a.C. el Imperio asirio gobernó aquí. El Imperio estadounidense de hoy es insignificante en comparación, en términos de su poder y su fuerza aplastante. Por ejemplo, si alguien en Judá hubiera hablado de expandirse sobre territorios dominados por los asirios en 720, ése hubiera sido su final. El rey Ezequías lo intentó, y vimos lo que le sucedió. Senaquerib, el rey de Asiria, llegó con un ejército enorme y lo diezmó.

     «Pero unos años más tarde, cuando Josías estaba en el poder, ocurrió algo increíble. Asiria, el reino del mal, colapsó delante de sus ojos. Del mismo modo en que vimos el colapso del Muro de Berlín en 1989, eso es lo que le sucedió a Asiria. Se deshizo y provocó una precipitada retirada de la Tierra de Israel. En ese tiempo el reino de Israel ya no existía, de manera que Josías se despertó una mañana, contempló a su izquierda y a su derecha, y no había ni asirios ni israelitas para ser vistos. Y entonces sus funcionarios decidieron poner en práctica sus ideas religiosas y territoriales».

— De todos modos, ¿por qué fue inventada la Monarquía Unida?

— «Porque ellos quisieron hacerse con el control de los territorios del reino de Israel y anexarlos, porque, dijeron ellos, "Esos territorios son realmente nuestros, y si usted tiene un minuto, le diremos cómo esto es así. Hace muchos años, uno de nuestros reyes, David, reinó en Jerusalén y los gobernó, y somos los únicos que tienen una reclamación histórica de ellos"; y así fue creado el mito. "Los reyes de Israel eran unos sinvergüenzas", dijo la gente de Judá, "pero en cuanto a la gente allí, no tenemos ningún problema con ellos, ellos están bien". Ellos dijeron sobre Israel lo que una persona ultra-ortodoxa diría sobre usted o yo: "Israel, aunque haya pecado, es todavía Israel"».


NADA PARA CONQUISTAR

     Según la teoría de Finkelstein, las leyendas sobre períodos más tempranos fueron inventadas con el mismo objetivo.

— «La gente de Judá comenzó a promocionar la historia de la conquista de la tierra por Josué, que también fue escrita en aquel período, a fin de dar una justificación moral a sus anhelos territoriales, a la conquista de los territorios de Israel. La historia también contiene un "blanqueo" de extranjeros, que era exactamente el problema que enfrentó Josías cuando él conquistó Israel. Entonces ellos relatan la historia de los gabaonitas, quienes fueron aterrorizados por la fuerza de Josué y su ejército e imploraron por sus vidas, y dijeron a Josué que ellos no eran cananeos autóctonos sino extranjeros que habían llegado desde lejos. Josué hizo una alianza de paz con ellos, pero cuando él averiguó que ellos lo habían engañado, él no los expulsó pero los hizo cortadores de madera y acarreadores de agua; en otras palabras, él "lavó" la imagen de ellos.

     «Ésa es la situación que Josías y su gente afrontaron con los deportados extranjeros que los asirios llevaron a la Tierra de Israel, y el texto bíblico viene y dice: "No se preocupen, esto ya ha sucedido antes: había forasteros en la tierra entonces, también, y Josué disfrazó el origen de ellos durante la conquista. Nuestra conquista no consiste realmente en lo que parece sino que es sólo la restauración de glorias pasadas"».

— ¿Entonces ellos deben haber tenido un buen ministerio de información?

— «No creo que hubiera un ministerio para la invención de historias en Jerusalén. Había cuentos populares que fueron transmitidos de generación en generación, tradiciones y leyendas locales, y ellos fueron la base para la creación de la narrativa bíblica. Tal vez realmente no hubo ninguna conquista, y tal vez había vagos recuerdos de acontecimientos locales. En cualquier caso, los escribas en el período de Josías recolectaron esos materiales y los forjaron en una historia coherente que contenía un mensaje que era importante para ellos comunicar. Ellos realmente no se preocuparon si alguna vez existió una persona tal como Josué. Jericó y el área de Bethel, y las tierras bajas (Shefelah) y la Galilea estaban en la agenda de Judá. Ellos nunca realmente conquistaron muchas de esas regiones. "Esto fue alguna vez nuestro", dijeron ellos, "como en tiempos de Josué, y todo lo que estamos haciendo es poniendo la Historia de vuelta en su carril, corrigiendo el curso de la Historia, y en esta ocasión renovando la gloriosa monarquía de David, que fue el primero en gobernar estos territorios"».

— ¿Dice usted que la historia de la conquista de la tierra es una ficción completa?

— «Es una historia que, según es presentada en la Biblia, definitivamente nunca ocurrió. La Arqueología muestra que ello no tiene ningún fundamento histórico. Muchos de los sitios que son citados en la historia de la conquista no estaban ni siquiera habitados en el período relevante, así que no había nada para conquistar, y sólo había colinas y rocas. Jericó no estaba fortificado y no tenía ninguna muralla, y es dudoso que hubiera un asentamiento allí entonces. Por lo tanto, en el caso de la historia de la conquista de Arad, por ejemplo, algunos eruditos dijeron que la guerra fue luchada contra las fuerzas de un jeque beduino.

     «Si uno hace un cálculo hacia atrás desde el punto en el cual tenemos documentación histórica, como las escrituras asirias externas sobre la monarquía de Acab, resulta que la historia de la conquista bíblica habría ocurrido al final del siglo XIII a.C. En ese entonces los egipcios gobernaban en dicha tierra, pero no hay ninguna mención de esto en la Biblia.

     «Hay una estela en un museo de El Cairo en la cual la palabra "Israel" aparece por primera vez en forma escrita. El hijo de Ramsés II lanzó una expedición militar a Caanán y conquistó Ascalón y Gezer, y escribió su famosa frase: "Israel está arruinado, no su semilla". Eso fue en 1207 a.C., después de la conquista como es relatada en la Biblia».

— Si no hubo ninguna conquista, ¿de dónde vinieron los israelitas?

— «Egipto era un Imperio poderoso que gobernó aquí con una vara de hierro. En el siglo XIV a.C. hay historias sobre reyes locales que pidieron ayuda al Faraón unos contra otros, pidiéndole que enviara a 50 soldados; en otras palabras, ése era el número que era suficiente para imponer el orden aquí. Entonces, ¿cómo unos pocos soldados a pie del desierto conquistaron la tierra? No hubo ciertamente ninguna conquista militar ordenada. De acuerdo a las conclusiones arqueológicas, los israelitas provenían de una estirpe local: ellos eran realmente cananeos que se convirtieron en israelitas en un proceso socioeconómico».


MENTIRAS, NO; INVENTOS, SÍ

     Finkelstein no siempre sostuvo estas opiniones.

— «Recuerdo que cuando yo estaba escribiendo mi tesis doctoral sobre el asentamiento israelita en la región montuosa, llegué a convencerme de la exactitud de la teoría propuesta por los eruditos alemanes —que era entonces dominante en dicho campo— que sostenía que esta población llegó desde fuera en una infiltración silenciosa y se estableció aquí», dice él.

     «Y recuerdo bien que en el curso de las revisiones que hice en Samaria, en Shiloh y en las áreas entre Ramala y Naplusa, comencé a ser consciente de que aquélla no era una población que se había infiltrado aquí, sino grupos de una población local que se desplazaron alrededor de la tierra en procesos circulares. Aquello no fue un grupo de nómadas del desierto que entonces se movieron rápidamente hacia el Oeste sino que más bien fue un proceso larguísimo, de cientos de años, que ya había tenido lugar en el pasado, a principios de la temprana Edad del Bronce y en la Edad Media del Bronce.

     «Para mí esto era algo completamente nuevo. Me condujo a pensar que los procesos de establecimiento en la tierra de Israel fueron circulares: en períodos de crisis las tribus se hicieron pastores nómadas, y en períodos de abundancia ellos tenían asentamientos permanentes. De esto entendí que ésos habían sido procesos que fueron experimentados por la población local y no por una población que marchaba en procesión y entró en la tierra de Israel por medio de guerra o paz».

— La pregunta es ¿por qué aparece en esta forma en la Biblia?. ¿Qué idea se supone que promueve?

— «La respuesta es que a fin de entender el episodio de la conquista, tenemos que mirar el reino de Judá en el siglo VII a.C. y entender que la historia sirve a los autores de las Escrituras, porque mediante ella ellos resolvieron para ellos mismos los problemas territoriales de la conquista del entonces vencido reino de Israel».

— ¿Entonces Josué no existió?

— «No digo eso. Quizás había recuerdos de algún gran comandante o general. Por otra parte, ese texto describe algo que sucedió en el siglo XIII pero que fue escrito en el siglo VII —es decir 600 años más tarde— por gente que no tenía acceso a archivos de periódico, y al momento de los acontecimientos ni una sola letra del alfabeto había sido escrita en alguna parte, de modo que no es razonable pensar que esa historia contiene muchos recuerdos tempranos».

— ¿Y hubo una Monarquía Unida?

— «Un gran número de gente habla de la Monarquía Unida; pero el número de gente que realmente entiende el asunto es muy pequeño. Hay una corriente en la investigación que dice que David y Salomón no fueron figuras históricas, que ellos son una leyenda. Yo no creo eso. Hay una inscripción de Tel-Dan del siglo IX a.C. que menciona el reino del Sur por el nombre de "la casa de David". Entonces se podría razonar que ellos existieron, pero la pregunta es si ellos gobernaron un gran Imperio, y sobre eso no hay el más leve indicio. Toda la evidencia está contra ello».

— Sin embargo hay muchos arqueólogos e historiadores que disputan su opinión?

— «Es verdad que hasta hace poco había mucha oposición a esta concepción. Hoy, sin embargo, al menos algunos de mis adversarios están de acuerdo conmigo. Hay una gran diferencia en el texto entre las historias de David y las historias de Salomón. El carácter entero de Salomón es el de un rey asirio: resplandeciente, rico, sabio, un mujeriego y un gran comerciante, una figura de ideología como alguien sacado de una revista. David no lo es, precisamente porque de él se da una descripción compleja, y están las historias desagradables sobre él que lo hacen una figura humana. Y según la Arqueología, no hay ningún indicio de magnificencia o pompa en la Jerusalén del siglo X, y de hecho, hasta el final del siglo VIII a.C., hasta el período asirio y después de la destrucción de Israel, cuando los refugiados del Norte comenzaron a extenderse por la ciudad, esto era un pequeño pueblo, remoto, miserable y no fortificado».

— ¿Entonces dice usted que la Monarquía Unida es una mentira?

— «No creo en mentiras en la Historia. Inventos, sí; mentiras, no. Lo que digo es que si en el siglo VII a.C. hubiera existido una tradición fuerte en Jerusalén en cuanto a que el templo en la colina había sido construído por los fundadores de la dinastía, no veo ninguna razón para cuestionar eso. Eso no significa que se tratara de un edificio enorme y magnífico. En la pregunta acerca de la grandeza de la Monarquía Unida me encuentro en una difícil confrontación académica: todavía hay un debate sobre los restos arqueológicos. Dos magníficos palacios fueron encontrados en Meguido. El arqueólogo Yigael Yadin dijo que ellos eran del siglo X a.C., el período de Salomón, y aquello podría apoyar la historia de la gran monarquía, mientras que yo pienso que ellos son del siglo IX a.C., 70 años más tarde, del período del reino del Norte».

— ¿No se deduce que si no hubo ninguna Monarquía Unida, no hubo tampoco ningún cisma?

— «Todos los pueblos en el Norte en el siglo X a.C. eran pueblos cananeos. David y Salomón gobernaron en Jerusalén, y probablemente también la región montuosa del Sur, y tal vez en parte de la región montuosa del Norte. Ellos no gobernaron en los valles del Norte o en Galilea, y por lo tanto no hubo ninguna división de la monarquía. Desde el principio hubo dos entidades —del Norte y del Sur—, pero la historia de la Escritura sobre el cisma se supone que fue para servir a la conquista de Josías en el siglo VII a.C. "Ahora estableceremos la monarquía de nuevo", dijeron los autores de la Biblia a sus lectores, "y estará unida eternamente"».


LA CONEXIÓN CANANEA

     Si bien Finkelstein está dispuesto a admitir la existencia de David y Salomón, aunque como reyes de una entidad pequeña y marginal, cuando se trata del éxodo desde Egipto él es absoluto en su opinión.

— «No hay ninguna prueba de que los israelitas estuvieron en Egipto, ni la más leve, ni el menor fragmento de evidencia. No hay ninguna pista, arqueológica o histórica, para demostrar que los israelitas construyeron monumentos en Egipto, aunque la descripción bíblica del hambre en la tierra de Israel pueda ser exacta. Sabemos por la Arqueología que hubo una migración de cananeos hacia Egipto en la primera mitad del segundo milenio a.C., que los migrantes construyeron comunidades en el área del Delta del Nilo, y que los egipcios posteriormente los expulsaron de allí. Quizás ése es el recuerdo antiguo, no lo sé. Lo que puedo decir es que la historia, en la forma en que la tenemos, contribuye a una situación posterior. Ella hablaba a los exiliados en Babilonia y a aquellos que volvieron del exilio. Lo que la historia les decía es que el exilio no es el final del mundo, que es posible retornar, que los desiertos pueden ser cruzados, y que la tierra puede ser conquistada de nuevo. Eso les dio esperanzas».

     «Las historias de los patriarcas —dice Finkelstein, añadiendo que hoy la mayor parte de los eruditos acepta este punto de vista— son folklore acerca de los antepasados que los autores de la Biblia en el siglo VII rescataron de las nieblas de la Historia a fin de reforzar su control sobre la herencia cultural. Las investigaciones científicas de dichas historias no han producido nada».

     «¿Existió alguna vez esa gente? No lo sé. Ellos eran antepasados primitivos, y el objetivo era crear un mito que dijera que Judá es el centro del mundo y del estilo de vida israelita, en el contexto de la realidad de este último reino».

— De este modo, si no hubo ningún patriarca, ¿tal vez no tenemos derechos patriarcales?

— «Soy un gran creyente en la separación total entre tradición e investigación. Yo mismo tengo un gran afecto en mi corazón por la Biblia y sus historias espléndidas. Durante nuestra cena de Pesach, mis dos hijas, que tienen 11 y 7 años, no escucharon ni una palabra sobre el hecho de que no hubo ningún éxodo desde Egipto. Cuando ellas tengan 25 años les contaremos una historia diferente. La creencia, la tradición y la investigación son tres líneas paralelas que pueden existir simultáneamente. No veo esto como una contradicción grosera».

— ¿Y la Tumba de los Patriarcas en Hebrón?

— «El edificio es herodiano. Fue construído en el tiempo de Herodes, cientos de años después del período de los patriarcas como se cuenta en la Biblia. Hay tumbas aparentemente antiguas bajo el edificio. La pregunta es qué tuvo la intención de expresar la Biblia en la historia de la compra de la cueva. Ese género literario está bajo la influencia del período asirio y babilónico, de los siglos VIII y VII a.C. Ese capítulo particular fue probablemente escrito en el período del regreso a Sión y puede tener fundamentos más tempranos, del final del período de la monarquía, y luego el objetivo sería exaltar el reino de Judá y decir que los padres de la nación estaban sepultados en "nuestro territorio", no donde estaban los israelitas sino en Judá. Si fue escrita dicha historia en el período del regreso a Sión, es aún más interesante, porque cuando los persas dividieron la tierra y redefinieron sus fronteras, Hebrón permaneció fuera de Judá. En ese contexto, las tumbas de los patriarcas son la Tierra Prometida. Ellos residieron en Judá y vieron Hebrón desde lejos, y ellos sólo pudieron desesperarse por sus ambiciones territoriales.

     «Un día, al momento de retirarme desde Hebrón, visité la Tumba de los Patriarcas con el rabino Menahem Fruman, del asentamiento cercano de Tekoah, como parte de un programa de televisión. Expliqué que la estructura es herodiana, y el entrevistador, Emmanuel Rosen, preguntó a Fruman lo que él tenía que decir sobre esto. Él contestó: "Es muy interesante. Él es un hombre de ciencia, de modo que supongo que él sabe de lo que está hablando". Rosen estaba absolutamente pasmado; él estaba temeroso de que Fruman me atacara, pero Fruman continuó: "¿Quiere usted que yo juegue con el tiempo aquí? Para mí es suficiente que él diga que los judíos rezaban aquí en el período herodiano. Si él dijera que esto ha estado aquí desde la Edad Media, aquello también sería suficiente para mí"».

     «Me identifiqué tan fuertemente con él que casi lo abracé, porque los asuntos de cultura e identidad no son medidos por un cronómetro y no funcionan al ritmo de la política».

— ¿No está usted preocupado de que su teoría sirva a aquellos que niegan el argumento sionista?

— «El debate sobre nuestro derecho a la tierra es ridículo. Como si hubiera algún comité internacional en Ginebra que considerara la historia de los pueblos. Dos pueblos vienen y uno dice: "He estado aquí desde el siglo X a.C.", y el otro dice: "No, él miente, él sólo ha estado aquí desde el siglo IX a.C.". ¿Qué harán ellos?, ¿lo desalojarán?, ¿le dirán que comience a hacer las maletas? En cualquier caso, nuestra herencia cultural se remonta a esos períodos, de manera que esta historia entera es absurda. Jerusalén existió y tenía un templo que simbolizaba los deseos de los judaítas que vivían aquí, y los de después, en el período de Esdrás y Nehemías, de los judíos. ¿No es suficiente eso?. ¿Cuántos pueblos se remontan a los siglos IX o X a.C.? Y digamos que no hubo ningún éxodo desde Egipto y que no hubo ninguna monarquía unida grande y magnífica, y que somos realmente cananeos. Así que en términos de derechos, estamos en lo correcto, ¿verdad?».


AÑOS TURBULENTOS

     Cuando niño, el profesor Finkelstein, 54, no soñaba con llegar a convertirse en un arqueólogo y no coleccionaba fragmentos de jarrones rotos a fin de ensamblarlos de nuevo. Después de su servicio en el ejército, él se dedicó al estudio de las relaciones internacionales y ciencias políticas en la Universidad Hebrea y, por añadidura, a estudiar Arqueología y Geografía en la Universidad de Tel-Aviv.

     «Eso resultó como muchas cosas en la vida», dice él. «No me enamoré de la Arqueología a primera vista. Esto me agarró de manera lenta pero segura, hasta que finalmente decidí conseguir un segundo grado».

     Él también obtuvo su doctorado en Filosofía en la Universidad de Tel-Aviv, y luego continuó enseñando y conduciendo investigaciones en las universidades de Chicago, Harvard y la Sorbona. Profesionalmente, él está hoy en la vanguardia del grupo de excavadores en Meguido (junto con los profesores David Ussishkin de la Universidad de Tel-Aviv y Baruch Halpern de la Universidad Estatal de Pennsylvania). Él y algunos de sus colegas rechazan la posibilidad de que los palacios allí sean del período de la Monarquía Unida.

— «La identificación de los estratos de la Monarquía Unida es como si estuviera escrita en hielo. Todo es un razonamiento circular, que al final está basado sólo en una fuente: un verso en el libro Primero de Reyes que declara que Salomón construyó Hazor, Meguido, Gezer y Jerusalén. Ésa es la estructura de Yadin, y es incorrecta. Pero no deberíamos enjuiciar a Yadin por esto, porque en ese entonces cada uno pensaba como él. No estuve de acuerdo con esa datación, y en 1996 publiqué mis pensamientos en un diario profesional en Inglaterra. Los siete años desde entonces han sido turbulentos, una batalla interminable que todavía prosigue. ¿Qué no dijeron ellos sobre mí y algunos de mis colegas? Que somos nihilistas, que estamos atacando la cultura occidental, socavando el derecho de Israel a existir. Una persona usó el término "negador de la Biblia"».

     Finkelstein no quiere que la gente piense que él es deliberadamente provocativo, o que sólo quiere buenos titulares en la prensa.

     «No soy ninguna especie de yuppie nihilista», enfatiza él. Él nació en Petah Tikva y creció en una familia agricultora. La familia de su madre llegó a Palestina en 1860, y la familia de su padre hace ocho décadas. «Entonces, ¿qué haré, irme de aquí?. ¿A dónde se supone que iré?, ¿a Grodno [en Bielorrusia]? No quiero ir allí», dice él. «Quizá es tranquilo y agradable en Boston o París, pero si usted vive aquí, entonces usted al menos tiene que ser parte de la experiencia histórica en curso y entender su poder. Si usted vive aquí sólo por las fiestas en la playa los jueves por la noche, entonces sería mejor si usted no viviera aquí, porque éste es un lugar peligroso. Cualquiera que piense que Tel-Aviv es una especie de Goa no ha captado la idea completamente».–






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