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miércoles, 8 de abril de 2015

Ashraf Ezzat - Egipto No Conoció Faraones



     Hemos unido aquí en castellano las dos partes de un artículo que tiene el mismo título y que fueron publicadas (ashraf62.wordpress.com) en Junio de 2011 y Mayo de 2014 por el egiptólogo Ashraf Ezzat, presentado en las dos entradas anteriores en este blog. Estas reflexiones son aparentemente previas a la edición de su reciente libro (Ancient Egypt No Knew Pharaohs), y tratan principalmente acerca de la inexistencia en el antiguo Egipto del título "Faraón" para referirse a la persona del monarca egipcio, y de otros interesantes datos que reafirman la calidad de fabricación o forja que tienen los deshonestos e ignorantes escritos bíblicos.


El Antiguo Egipto
No Supo de Faraones Ni de Israelitas (1)
por Ashraf Ezzat
18 de Junio de 2011



     "Si usted piensa que la Historia tiene que ver con el pasado... mejor piénselo de nuevo.
     Si usted piensa las historias que la Biblia hebrea había contado sobre el antiguo Egipto eran toda la verdad... mejor piénselo una vez más.
     Y si usted cree que el antiguo Egipto fue gobernado por faraones... entonces usted mejor lea las siguientes líneas".


Ancient Egypt Knew No Pharaohs

PRÓLOGO

     El título podría parecer un poco extraño y desconcertante, pero a lo largo de todas las siguientes líneas voy a desarrollar los motivos históricos de por qué los gobernantes del antiguo Egipto fueron llamados reyes y no Faraones. Y al enderezar este extraño asunto, eventualmente será expuesta la conexión israelita.

     Apoyado por una comunidad de académicos de alto perfil y sus sorprendentes hallazgos, el autor revelará uno de los mayores actos de engaño en la Historia, que se oculta detrás del mito de los Faraones egipcios. Y efectivamente, toda aquella historia de Egipto siendo gobernado por así llamados "Faraones" no es sino un puro mito y un engaño flagrante. Como una materia de hecho, la historia del Éxodo tuvo lugar en una oscura y pequeña villa árabe llamada Mizraím.

     Nuestra investigación, combinada con un cuerpo de investigaciones serias y académicas, expondrá un impresionante engaño de dos mil años.

     En el siglo II a.C. la Biblia hebrea fue trasladada al griego en la legendaria Biblioteca de Alejandría. Setenta escribas judíos (de aquí la designación de Biblia Septuaginta) fueron asignados a dicha tarea por los Ptolomeos, en la cual ellos reemplazaron astutamente a la obscura Mizraím y a su "Faraon" con el poderoso Egipto y su rey. La falsificada versión griega, con su maliciosa distorsión de la historia antigua, ha sido la fuente de todas las traducciones de la Biblia en todo el mundo desde entonces.

     "Reyes o faraones, ¿qué diferencia hace?", podrían argumentar algunos. Bien; haría un mundo de diferencia si descubriéramos que, durante miles de años, hemos estado viviendo en un mito, otro cuento judío torcido y malinterpretado, al cual nos seguimos aferrando y apreciando como la única verdad irrefutable hasta este mismo día.

     Haría un mundo de diferencia si supiéramos que lo que ocurrió en aquel remoto período de tiempo en el antiguo Oriente Próximo, en particular en el Egipto antiguo, ha formado dramáticamente, durante los siglos y por medio de nuestra ignorancia intencional, el modo en que vivimos hoy con toda esta red de intolerancia y conflictos políticos, étnicos y religiosos, y que sólo desenmarañando la verdad y exponiendo los mitos de aquel pasado podríamos desenredar esta telaraña de antagonismo y beligerancia que actualmente soportamos. Separar la verdad de la falsedad es lo que esperamos lograr al desacreditar este mito de Faraón/Moisés en Egipto.


EL ANTIGUO EGIPTO, SU ASCENSO Y SU DESAPARICIÓN

     Egipto, una nación erróneamente conocida en todo el mundo como la tierra de los faraones, está tan arraigado en la Historia que usted puede rastrear su cultura, espiritualidad y tradiciones durante miles de años, un largo trecho antes de que el mundo cruzara el umbral de la civilización. Cuando el antiguo Egipto estaba construyendo las grandes pirámides bajo un poderoso y altamente organizado gobierno central, el mundo todavía estaba saliendo a gatas de sus épocas prehistóricas.

     La cosa que hace que el antiguo reino egipcio se destaque como una civilización única en la historia del mundo antiguo, además de la magnífica herencia de colosales maravillas de la albañilería y la ingeniería y los textos altamente religiosos y sus enseñanzas morales, es el hecho de que los egipcios antiguos mantuvieron una documentación sólida y coherente de sus crónicas que cubrían los registros geopolíticos, socioeconómicos y militares, y que incluso cubrían las actividades de la vida diaria en una manera que no dejaba mucho espacio para una segunda interpretación o especulación.

     A pesar de la obsesión por la documentación, los registros egipcios están completamente carentes de cualquier mención a Moisés, los israelitas o el supuesto "Faraón".

     Con la desaparición del Egipto antiguo, el lenguaje de aquella civilización —los jeroglíficos—, que se mantuvo intacto y próspero durante más de tres milenios, fue declarado finalmente extinguido después del período Ptolomeico y romano (332 a.C.–395 d.C.).

     Después de aquello, los antiguos monumentos y textos egipcios habían sido cubiertos con un completo silencio y abandono, y la alguna vez gran civilización que atestiguó el primer amanecer de la conciencia humana y ayudó a formar el código humano de conducta moral, pasó al olvido.

     Durante los siguientes 1.500 años demasiadas narrativas e historias habían sido engendradas aparentemente tratando de volver a contar la historia del Egipto antiguo, no como realmente ocurrió sino mediante interpretaciones y perspectivas que de alguna manera servían a los intereses de los contadores de historias (en nuestro caso, la monarquía griega y el clero judío)..


LA HISTORIA DEL ANTIGUO EGIPTO, LA VERSIÓN ISRAELITA

     De todas las narrativas que fueron contadas sobre el Egipto antiguo, la Biblia hebrea es la única narrativa que logró convencer al mundo con sus historias de algún Faraón y esclavos hebreos que, ella sola, monopolizó la verdad sobre la historia del antiguo Egipto.

     La mayor parte de los estudiosos de la historia del antiguo Oriente Próximo, durante casi dos milenios confiaron principalmente en la Biblia como una referencia científica, y al hacer aquello, ellos simplemente siguieron lo que los escribas hebreos redactaron, o mejor aún, manipularon, acerca de la historia del Egipto antiguo, y ciegamente lo dieron por sentado. En cuanto a la gente común, que era en su mayoría iletrada y crédula, simplemente cayó presa de las historias deformadas contadas por un nuevo flujo de inmigración judía en Egipto y el Norte de África.

     Después de la traducción de la Biblia hebrea al griego, no hubo descanso en la amplia diseminación de las distorsionadas historias de los israelitas, en especial la del Faraón y Moisés.

     Los eruditos de la historia bíblica antigua del Oriente Próximo, y en ausencia de la tecnología de la arqueología moderna, y en vez de excavar la tierra y desenterrar la verdad escondida, ellos simplemente redibujaron el paisaje y las crónicas del aquel remoto período de tiempo, siguiendo cada signo que ellos encontraron dentro de los límites de las páginas de la Biblia.

     Así es cómo el mundo consiguió reconocer a Egipto como la tierra, según la presunta narrativa hebrea, donde los faraones reinaron brutalmente y esclavizaron a los antiguos hebreos, y también como la tierra que presenció las supuestas devastadoras diez plagas, la partición ficticia del mar y el épico éxodo de los israelitas desde Egipto.

     Pero la verdad que los griegos y el clero judío habían distorsionado en su Biblia Septuaginta fue que el lugar donde realmente ocurrió la historia de Faraón y Moisés era la antigua Arabia. En este punto usted probablemente se preguntará por qué los escribas judíos se comprometieron a un acto de engaño a tan gran escala.

     De ese modo, siempre que Egipto fue mencionado durante los últimos dos mil años, la palabra "faraón" aparecería simultáneamente en el discurso, añadiendo así más poder de engaño a la designación hebrea y bíblica de los gobernantes de Egipto antiguo como "faraones".


EL ANTIGUO EGIPTO RESUCITADO

     No fue antes de 1822 que Jean-François Champollion, el filólogo francés, logró descifrar los jeroglíficos en su ardua tarea y acometida de traducir la piedra Rosetta.

     Gracias a este brillante Champollion, el antiguo Egipto, largamente silenciado y casi sepultado bajo la tierra con tesoros de enormes archivos y crónicas inscritas en piedra y escritas en rollos de papiros, fue resucitado y finalmente devuelto a la vida.

     Y lo que sus predecesores pensaban que era una albañilería muda cubierta con algunos extraños garabatos y ataúdes frecuentados por una especie de maldición eterna, comenzó a atraer a ansiosos historiadores y arqueólogos modernos quienes, tras quitar el polvo a los antiguos artefactos y a relieves e inscripciones de los templos, y al leer los textos egipcios, ellos, y por primera vez, comenzaron a escuchar a la piedra y a los papiros pronunciar la verdad sobre la historia genuina del antiguo Egipto.

     A mediados del siglo XIX la versión genuina de la historia del antiguo Egipto y el Oriente Próximo estaba comenzando a desenredarse en la medida en que sus historias verdaderas estaban siendo vueltas a contar otra vez.

     Bastante irónicamente, lo que los registros excavados del Egipto antiguo dijeron a los historiadores y arqueólogos modernos era totalmente diferente de lo que decía la narrativa hebrea. Pero lo que sorprendió a los historiadores como una total sorpresa fue el hecho de que los antiguos registros egipcios no tenían ninguna mención de ningún israelita en Egipto, ni la más mínima, mientras que la Biblia hebrea está repleta de cuentos de Egipto. Durante dos mil años el mundo ha sido adoctrinado en la creencia inconmovible que vincula a los israelitas con Egipto. Y mientras más textos e inscripciones del antiguo Egipto fueron descifrados, y mientras más cinceles desenterraban la verdadera historia del antiguo Egipto, la narrativa bíblica parecía más lejana de la verdad e inauténtica.

     Curiosamente, y a medida que las conclusiones históricas y los interminables descubrimientos arqueológicos estaban en el proceso de resucitar la verdadera historia del antiguo Egipto, la narrativa bíblica siguió descomponiéndose, al ser sometidas algunas de las historias israelitas dominantes, como la del Éxodo, a su demolición después de que habían sido científicamente refutadas y cuestionadas por prominentes arqueólogos modernos, muchos de los cuales son israelíes y quienes entre otros egiptólogos canadienses y estadounidenses ahora ven la historia del éxodo de los israelitas, junto con otras como el cuento-zombie de las diez plagas y la división "estilo De Mille" del Mar Rojo, como meros mitos en el mejor de los casos, o como algunos de los cuentos de los israelitas antiguos que habían sido de alguna manera magnificados, extendidos y hábilmente adornados por los talentosos escribas hebreos de la Biblia a través de los años.


LA ANTIGUA TITULATURA REAL EGIPCIA

     Si retrocediésemos en el tiempo y tratáramos de averiguar cómo la palabra "Faraón" consiguió popularidad y reconocimiento mundial, indudablemente tendríamos que detenernos ante la fundamental historia hebrea del éxodo desde Egipto, el cuento de Moisés —la figura históricamente enigmática— donde él y su gente huyeron del reino egipcio mientras eran perseguidos por el ejército de un presunto tirano referido como Faraón.

     Si "faraón" era el nombre del rey egipcio, o era su título o su epíteto, es una cosa sobre la que la Biblia no ha sido clara. Pero mientras tal matiz podría ser apreciado en obras de ficción, nunca podría encajar satisfactoriamente en un relato histórico científico.

     Remontando la etimología y la historicidad de aquella palabra "Faraón", y para un ávido lector e investigador de la egiptología que pasa casi todos sus fines de semana en el museo egipcio en El Cairo, tropecé con el descubrimiento más asombroso. No descubrí una nueva momia Real ni encontré la tumba perdida del rey Akenatón: simplemente averigüé, contrariamente a lo que todo el mundo creía, que la historia y las crónicas del antiguo Egipto no contenían ninguna mención de "faraones".

     La Historia muestra que el Egipto antiguo sólo conoció reyes, y a veces reinas, pero nunca faraones, ni ninguna mención de la esclavitud de los israelitas. De hecho, la esclavitud no era una práctica común en el Egipto antiguo y fue introducida en las dinastías tardías sólo después de las conquistas persa y romana.

     El Antiguo Reino (2686–2181 a.C.) conoció reyes como Djoser, Khufu y Teti; el Reino Medio (2055–1650 a.C.) tuvo reyes como Senusret I y Senusret II; y el Reino Nuevo (1550–1069 a.C.) presenció reyes de primera categoría como Tutmosis III, la reina Hatshepsut, Akenatón, Tutankamón y Usermaatre Setepenre (Ramsés II).

     Los reyes egipcios por lo general tenían cinco nombres: un nombre personal (nomen) que era conferido sobre ellos al nacer, y otros cuatro nombres: el nombre de Horus, el nombre de Nebty ("dos señoras"), Horus de Oro, y el nombre del Trono (praenomen), que no le eran dados sino hasta que ellos asumían el trono. Los cuatro nombres finales eran otorgados sobre el rey para conmemorar oficialmente su transformación desde ser un mortal a ser una deidad. El nombre de nacimiento del rey parece haber sido el más destacado en la vida del rey. Era el nombre de nacimiento el que era usado principalmente en las inscripciones importantes y era el nombre por el cual el rey era más comúnmente conocido.

     El nombre de trono de los reyes usualmente tenía fuertes connotaciones de soberanía sobre el Alto y el Bajo Egipto y una relación divina con los dioses Amón o Ra. El nombre de coronación dentro de una inscripción importante era por lo general acompañado con el título nesu-bity, "Rey del Alto y Bajo Egipto", y con el epíteto neb tawy, "Señor de las Dos Tierras", refiriéndose al Egipto superior y a las regiones del delta de Egipto.

     Por ejemplo, el nombre de trono del rey Tutankamón era Neb-Kheperu-re, que significa "Señor de las Manifestaciones de Ra", y era por regla general acompañado por el epíteto "Señor de las dos tierras", seguido de la bendición habitual "vida, prosperidad y salud".

     Del mismo modo, el nombre de coronación del rey Ramsés II, durante mucho tiempo considerado como el Faraón de Moisés, es Usermaatre Setepenre (¿suena algo de esto como "Faraón"?).

     Según los textos y papiros antiguos, los funcionarios superiores como los sumos sacerdotes, los príncipes, los comandantes del ejército, etc., se dirigían al rey como Gobernante de las Coronas, Amado de los Dioses, Señor de las Diademas, Viviente para Siempre y por Siempre... pero nunca como "Faraón".

     No muy a menudo los reyes del antiguo Egipto eran mencionados como Magnífico en la Tierra y en el Cielo, Señor de las Coronas, y como "El Sol en el Cielo", y era este último título el que reflejaba la ascensión del rey al reino de las deidades.

     La etimología muestra que la palabra "faraón" es la pronunciación griega de la palabra compuesta "pe-ro" o "pr-aa", que se refería al palacio del rey, o más bien a la Gran Casa y no necesariamente al rey mismo.

     Quienquiera que haya salido con esta tesis de "Per-aa", casi muy ciertamente estaba pensando en la palabra bíblica "faraón". Por lo tanto la tesis de "Per-aa" no es sino una aproximación cercana a "Faraón" que carece de cualquier autenticidad histórica. Obviamente ello fue sugerido por egiptólogos de principios del siglo XIX cuya mentalidad estaba empapada con la narrativa bíblica.

     Las primeras generaciones de arqueólogos bíblicos comenzaron cavando en Egipto y Palestina, esperando corroborar las historias israelitas y no pretendiendo averiguar la verdad histórica fuera cual fuere. Después de más de cien años de intensas excavaciones ellos han fracasado en encontrar alguna evidencia que pudiera probar que Egipto fue la tierra del Éxodo y Palestina la tierra prometida.

     La asombrosa verdad es que la geografía de la Biblia hebrea no puede calzar, y no lo hará, ni con los territorios egipcios ni con los palestinos. En otras palabras, la Biblia y sus historias son un caso enigmático de geografía extraviada.

     Ahora respire profundo y trate de digerir la idea de que la Tierra Prometida de los israelitas no está en Palestina, donde ya hace más de seis décadas fue establecido el Israel del día moderno. ¿Es muy grande esto para un cambio de paradigma?.

     Algunos sostienen que durante la decimoctava dinastía (siglos XVI a XIV a.C.) el título "Faraón" era empleado como una designación reverencial del gobernante, como es el caso en una carta a Amenhotep IV (Akenatón), quien reinó entre 1353 y 1336 a.C., que está dirigida a "Faraón, toda vida, prosperidad y salud".

     Pero entonces, una vez más, esto no es válido, como se muestra en las cartas de Amarna (correspondencia en tablillas entre la administración egipcia durante el reinado del rey Akenatón y sus representantes en Canaán y Amurru), y también en el estado de los asuntos internacionales entre Egipto y las principales potencias de Medio Oriente: Babilonia, Mitanni y Asiria.

     En las cartas enviadas por los reyes de Babilonia y Asiria, Akenatón es mencionado como el rey de Egipto, mientras que en aquellas enviadas por los representantes cananeos él es abordado como sigue: "Al rey mi señor, mi sol, mi dios, el aliento de mi vida... tu esclavo y polvo bajo tus pies. A los pies del rey mi señor, mi sol, mi dios, el aliento de mi vida, me inclino siete veces".


LA GRAN CASA VERSUS LA CASA BLANCA

     Pero de alguna manera ellos ignoraron el hecho de que esa carta fue enviada por subordinados extranjeros no-egipcios que no tenían derecho a dirigirse directamente al rey de Egipto, el magnífico en la tierra y en el cielo, según su mero nombre de trono. Simplemente no era el lugar de ellos para hacerlo. Ellos tenían que referirse a él con una designación muy solemne y reverencial. Entonces era común y aceptado desde un punto de vista protocolar referirse al rey de Egipto, que presidía los cielos como el Sol, como aquel que reside en la Gran Casa o palacio real.

     En otras palabras, era acostumbrado y de alguna manera requerido de aquellos subordinados extranjeros que no eran súbditos egipcios ni estaban bien instruídos en las antiguas tradiciones y cultura egipcias, referirse al rey de Egipto como el morador de la Gran Casa.

     Y así como nosotros los de hoy nos referimos al Presidente de Estados Unidos y su círculo interno de altos funcionarios como la Casa Blanca, así en el mundo antiguo, y sobre todo entre los extranjeros asiáticos, ellos se referían al poderoso rey de Egipto y su corte de sacerdotes y comandantes como la Gran Casa. Y tal como Casa Blanca no es el título del Presidente de Estados Unidos, así tampoco "pr-aa/Faraón" era el nombre ni el título del gobernante del antiguo Egipto.

     Nunca ha habido un papiro o una inscripción en ninguna pared o pilón de ningún templo egipcio que mostrara la palabra "faraón" como una referencia al rey mismo. El nombre del rey, como lo decretaban las antiguas tradiciones egipcias, siempre era encerrado en un cartouche Real [un marco oval o elíptico].

     Y si hemos de ser impugnados, como lo hemos sido con frecuencia, con acusaciones de cartouches Reales que rodean la palabra "Pr-aa", como puede ser aquel incidente encontrado en el templo Kalabsha (templo greco-romano)... siempre respondemos: "juego sucio". El templo de Kalabsha ha sido renovado/manipulado por escribas afiliados al círculo greco-judío de poder que estaba principalmente detrás del fraude en gran escala para relocalizar el escenario del Éxodo desde su geografía de hecho al valle del Nilo en Egipto.

     Y para tener una idea del sentido del término "pr-aa" y cuándo los antiguos egipcios se veían inclinados a usarlo, sólo podríamos discernir aquello en las siguientes líneas de un himno al dios Ra tomado de los antiguos Textos de los Sarcófagos, o lo que es conocido como el Libro de los Muertos:

    "Homenaje a ti...
    oh, tú, señor del resplandor,
    tú, que estás a la cabeza
    de la gran casa...
    príncipe de la noche y de la espesa oscuridad...
    él viene a ti siendo un alma pura...
    oh, concédele
    que su boca pueda hablar en seguida,
    en la estación en que hay nubes
    y oscuridad..."

            (Versos de los antiguos Textos de los Sarcófagos egipcios).

     Como vimos, el antiguo egipcio solía referirse al dios supremo como el jefe de la gran casa... Ése era el epíteto de Amón-Ra en los textos funerarios y religiosos, no el rey que solía ser designado como el gobernante de las dos tierras y el amado de los dioses, etc.

     Cuando el antiguo Egipto fue sacado de entre los muertos y resucitado por el descubrimiento de Champollion, fue como una profecía cumpliéndose, ya que el egipcio antiguo creía que una vez que su nombre era pronunciado nuevamente después de su partida él volvería de entre los muertos y viviría para siempre como inmortal en la vida futura.

     Por eso los egipcios se preocupaban tanto por sus textos funerarios y ataúdes.

     Pero en su viaje a la inmortalidad ellos, de alguna manera, a lo largo del camino pisaron terrenos espinosos que los israelitas cubrieron con cuentos del Egipto antiguo hechos sagrados y con los así llamados "faraones" que nunca gobernaron excepto en el Egipto descrito por los escribas hebreos que se aseguraron que aquello sirviera para sus historias del éxodo, el vagabundeo en el desierto y la conquista de alguna tierra prometida, todo lo cual la Historia apenas menciona o ha dejado algún rastro arqueológico.


EPÍLOGO

     Ahora volvamos en el tiempo hace miles de años... mucho antes de cualquier Cruzada, antes de Jesucristo, antes de Alejandro Magno e incluso antes de los supuestos cuentos de las doce tribus de las cuales la Historia no ha dejado ningún registro... y tratemos de dramatizar de nuevo todo el asunto.

     Imagínese a usted mismo vagando por el desierto salvaje durante semanas en harapos sucios y malolientes, caminando a través de terrenos enormes y estériles, juntando rebaños de ovejas hambrientas que anhelan el menor indicio de pastos verdes, y usted mismo sintiéndose no menos hambriento o agotado bajo el Sol ardiente, con nada en su mente excepto algo para comer y un árbol sombreado para descansar debajo... y de repente usted descubre a la distancia campos verdes, ríos que fluyen, guarniciones militares, concurridos mercados, caseríos protegidos y grandes templos... y en el lejano trasfondo y mientras el Sol abandona el cielo silueteando las magníficas pirámides, la cubierta blanca y lisa de las cuales junto con los dorados piramidiones brillan cuando reflejan los rayos del Sol.

     Esto debe haber sido una tremenda sorpresa y una visión diurna irreal para cualquier nómada melenudo, maloliente, urticado y semi-bárbaro en los tiempos proto-históricos, no importa cuán judío o cuán preferido y meticulosamente elegido por Yahvé él haya sido.

     Estando con los pies descalzos y empequeñecido por el colosal palacio Real del rey de Egipto, el nómada sin hogar preguntó con asombro: "¿qué es esto?".

     "Pr-aa", contestó una de los guardias Reales en la entrada al palacio, a la vez que le ordenó apartarse y alejarse.

     Y alejarse fue lo que él hizo; pero en su camino de regreso a su tribu en los estériles terrenos rocosos, mientras él estaba saliendo de Egipto, ese pastor hebreo a duras penas podía esperar a contar su tramada historia de la increíble tierra de "Pr-aa".

     Una historia ficticia, repleta de falacias y cuentos de hadas que impregnan con una notable sensación de malevolencia y envidia... Pero lo que es asombroso sobre esta antigua historia israelita —o discurso de odio, si usted prefiere— es que aún vive, como santificada e indiscutible, con nosotros hasta este mismo día.–



El Antiguo Egipto
No Supo de Faraones Ni de Israelitas (2)
por Ashraf Ezzat
9 de Mayo de 2014


     "¿Cómo es que los egipcios, que presenciaron visualmente la ira vengativa del dios del Éxodo, nunca glorificaron a YHWH ni se convirtieron al judaísmo poco después?".


     Una vez más hablaré de las historias israelitas... ¿Por qué? Porque aquellas historias están todavía vivas y están siendo relatadas repetidas veces. Aquellas historias tienen el mismo efecto que el que tuvieron hace miles de años cuando fueron primero contadas.

     El impacto aparentemente perpetuo de ellas no se da porque ellas superen al genio Shakespeariano sino porque los israelitas afirmaron que sus historias fueron escritas con una pluma inmersa en la revelación divina, su propio dios divino, por supuesto.

     Aquellas historias, sin el tinte divino salpicado por todas partes, son sólo un manojo de mitos imitados de otra antigua cultura y mitología del Cercano Oriente.

     El mito original, antes de que hubiera sido secuestrado por los israelitas como el diluvio sumerio (el Diluvio de Noé), tuvo sentido en su contexto cultural nativo. Después del secuestro hebreo, la historia no sólo dejó de tener sentido sino que también hizo mucho daño.

     La evolución de la mitología del antiguo Cercano Oriente ha sido rota, sacada de su contexto y manipulada para servir y beneficiar a una tribu de hebreos nómadas.

     Siempre habrá alguien que afirme que los hebreos nunca imitaron la mitología de sus vecinos, al menos no a propósito, y que aquello fue sólo un normal dar y tomar entre culturas vecinas.

     Yo estaría de acuerdo con esa hipótesis si sólo me dijeran qué han tomado los babilónicos o los egipcios de los hebreos (suponiendo que éstos hubieran tenido un producto cultural aparte de aquel libro de cuentos y leyes nómadas de los que se apropiaron).

     Por otra parte la magnífica mitología y teología de los egipcios y los babilónicos ha sido blasfemada / demonizada por los escribas de aquellos nómadas de mentalidad apocalíptica. (A diferencia de las civilizaciones egipcia y mesopotámica, los hebreos no dejaron ninguna obra de arte, arquitectura o cosmología).

     Muchos son lamentablemente inconscientes del hecho de que cuando seguimos volviendo a contar las historias israelitas simplemente estamos celebrando y reviviendo un intolerante dogma tribal saturado con machismo y racismo y carente de cualquier profundidad o creatividad.

     Parece que nosotros, generación tras generación, hemos dado aquellas historias hebreas por sentado, o nosotros generación tras generación nos hemos hurtado a la evolución de la lógica humana y el pensamiento crítico.

     Las historias israelitas son recibidas con una preconcebida creencia ciega en su verdad y santidad. Las generaciones más nuevas alrededor del globo están siendo adoctrinadas con ellas, y a medida que ellas crecen, así también lo hacen las historias de los israelitas.

     Las historias israelitas son muy peligrosas porque ellas no estaban destinadas a ser aceptadas como cuentos populares sino más bien a ser adoptadas como creencias y hechos de maravilla e intervención divinas.

     Las historias israelitas estaban destinadas a capturar la mente y darle forma a la conciencia espiritual (a condición de que usted tuviera una de aquellas mentes e imaginación prehistóricas. Desafortunadamente hay todavía muchas de aquéllas por ahí, fugitivos de la evolución, supongo).

     La Biblia hebrea con sus historias es el pedal de arranque del cristianismo y el Islam.

     Al abrazar aquella Biblia hebrea el Imperio romano fue capaz de controlar el Este y el Oeste, y debido a las mismas historias el nuevo imperialismo mundial ha desencadenado el sionismo y lo ha ayudado a devorar la mayor parte de la tierra árabe de Palestina y una gran cantidad de la economía del mundo.

     Los grupos islamistas radicales y militantes actualmente involucrados en la violencia y el terrorismo por todo el mundo están empapados hasta los huesos por la cultura israelita y su modo de pensar.

     Aquel viejo libro de historias es política sucia disfrazada.

     El libro hebreo de cuentos es muy desconcertante para los eruditos modernos. Para los historiadores, está lleno de anacronismos y discrepancias. Para los arqueólogos, está refutado en gran parte por falta de algún hallazgo arqueológico que pudiera verificar la validez de sus cuentos.

     Para los antropólogos, dicho libro habla de un grupo étnico que no dejó ningún rastro de su cultura o actividad humana para demostrar que ellos existieron como está descrito en las historias, excepto las historias mismas.


EL ÉXODO

     El Éxodo, el relato más fundamental de los israelitas, está arqueológica e históricamente no sólo invalidado sino que es absolutamente inexistente.

     Los arqueólogos modernos, incluso aquellos de la Arqueología Bíblica e israelíes, han desenterrado cada trozo posible de tierra, desde Egipto en el Oeste hasta Sinaí, Palestina, Jordania, Israel y Siria en el Noreste, tratando de encontrar alguna evidencia de este así llamado Éxodo hebreo.

     Durante un período de casi 80 años de extensas excavaciones, bajo la colaboración de tantos departamentos e instituciones de arqueología occidentales, y con acceso a la última tecnología en excavaciones, los arqueólogos no encontraron absolutamente nada.

     Ni un solo fragmento de evidencia arqueológica, ni siquiera un pedazo de cerámica fue encontrado para validar este extraño cuento del Éxodo.

     Esto nos deja con una conclusión de dos opciones; o bien los israelitas eran alienígenas del espacio exterior que salieron de Egipto en sus naves espaciales, o esta epopeya entera de la esclavitud y el Éxodo nunca ocurrieron. Incluso los alienígenas deberían haber dejado algún rastro en Egipto donde ellos supuestamente habitaron durante 420 largos años.

    Para ser honestos, hay todavía una posibilidad más para este cuento del Éxodo. Si realmente sucedió, debe haber pasado en otra parte. El éxodo pudo haber ocurrido, pero no en Egipto.

     Los eruditos, y según la Biblia hebrea, han situado el éxodo en algún momento entre 1500 y 1400 a.C., un tiempo conocido como el Nuevo Reino en la egiptología antigua, y específicamente en la decimoctava dinastía.

     El Nuevo Reino es una de las épocas mejor documentadas en la historia entera del Egipto antiguo. Los eruditos de Historia y Arqueología están inundados de registros meticulosos de aquella época que cubren las crónicas oficiales del Nuevo Reino egipcio en tiempos tanto de guerra como de paz.

     Aparte de los registros Reales, tenemos una variedad de inscripciones y papiros que reflejan la vida diaria de los egipcios en aquel período de tiempo: agricultura, comercio, construcción y artesanía, arte y religión... en todo, hasta funerales y ceremonias de entierro.

     Tenemos registros de casi todo lo que ocurrió en el Nuevo Reino; tenemos incluso papiros que describen la vida sexual de los antiguos egipcios, y papiros que muestran el viaje del alma humana hacia la vida futura después de la muerte.

     Pero cuando se trata de los israelitas, su dios y sus historias de esclavitud y éxodo, yo podría afirmar sin peligro —y con gran placer— que no tenemos ni la más leve sombra de ellos. (La estela de Merneptah no es una prueba de la presencia de 600.000 esclavos israelitas en Egipto).

     Los eruditos y los expertos de Historia y Arqueología han estado examinando este cuento del Éxodo durante décadas. Desconcertados por sus inexactitudes y discrepancias, la mayor parte de los expertos ha alcanzado finalmente una conclusión sólida: que el Éxodo es sólo un mito que no tiene nada que ver con la Historia realista.


EL DESCUBRIMIENTO DEL AUTOR

     Siendo un investigador independiente en la egiptología, yo mismo he contribuído a la larga línea de investigaciones y hallazgos que han examinado científicamente el cuento del Éxodo y han ayudado a separar el mito de la verdad en aquella historia israelita.

     Mío es el hallazgo que, de ser extensamente propagado, podría hacer volar la historia del Éxodo directamente desde sus raíces. Mi humilde investigación no se concentró en Moisés sino en el Faraón.

     "Faraón" es una designación ampliamente usada que supuestamente se refiere al despiadado rey de Egipto que gobernó durante la historia de Moisés. Su origen es por supuesto la Biblia hebrea. Y a medida que la historia de Moisés se hizo popular y más grande durante los siglos, así lo hizo el título de "Faraón".

     La amplia popularidad del término ha llevado al público en todas partes a referirse a los reyes de Egipto como "faraones". Incluso ahora en el reino académico el Egipto faraónico es sinónimo del antiguo Egipto (qué desastre).

    De cualquier modo, y después de años de investigación, averigüé que el antiguo Egipto no tuvo Faraones y no supo de ningún Faraón, y sobre todo, no del faraón de Moisés.

    Ni una sola vez a través de la civilización más duradera en el mundo antiguo hemos tropezado con una pared esculpida o con papiros que muestren la palabra "Faraón" que directa o genéricamente se refiera al rey del antiguo Egipto.

     El antiguo Egipto fue gobernado por reyes y reinas de treinta dinastías durante un período de tiempo que se extendió durante casi 3.000 años, cuando el primer monarca egipcio fue coronado en Egipto en 2925 a.C.

     De acuerdo a la titulatura Real egipcia antigua [1], el rey de Egipto tenía cinco nombres: "nombre de Horus, nombre de Oro, nombre de las dos tierras, nombre de nacimiento y nombre de trono".

[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Titulatura_real_en_el_Antiguo_Egipto

     El nombre del rey era oficialmente documentado en las paredes de los palacios y templos Reales por su título de trono esculpido dentro de un cartouche.

     Según la tradición oral hebrea, el rey Ramsés II fue mencionado como el Faraón del Éxodo.

    Irónicamente, los escribas hebreos se enteraron sobre este gran rey de la decimonovena dinastía por su nombre griego "Ramsés", y nadie les dijo que el nombre de trono de este gran rey era "Usermaatre-Setepenre".

     Si usted investiga la palabra "Faraón" en Internet, usted encontrará muchas enciclopedias en línea que conceden el hecho de que "faraón" nunca ha sido el título Real egipcio oficial.

     Pero sin embargo, y debido al control sionista sobre los medios predominantes de comunicación e Internet, especialmente los grandes lugares publicadores de datos como la Encyclopedia Britannica, usted los encontraría probablemente añadiendo astutamente que "Faraón" o "per-aa" —Casa Grande o palacio real en jeroglífico— comenzó a ser un nombre genérico para el rey de Egipto durante el Nuevo Reino tardío.

     Ellos también añaden que la designación "Faraón" fue descubierta en una de las cartas de Amarna, hallazgo arqueológico relacionado con la decimoctava dinastía, y que la tendencia culminó en la vigesimosegunda dinastía.

     Aquello por supuesto es solamente una basura sionista que comenzó a propagarse en la web para compensar el efecto catastrófico de la arqueología moderna que desacredita el mito del Éxodo.

     He expuesto personalmente aquel fraude sionista examinando todo el texto original de lo que es conocido como las cartas de Amarna, la correspondencia Real del rey Akenatón (18ª dinastía) con los jefes de los protectorados egipcios en el antiguo Canaán y con los monarcas de Mitanni y Babilonia de entonces.

     Ni una sola vez ha sido detectado el título "Faraón" dirigido directamente al rey Akenatón en aquellas famosas y muy importantes cartas, y cuando fue impuesto en la traducción, tuvo que referirse estrictamente al palacio Real del monarca y no al rey en persona.

     Por ejemplo, en la carta del rey babilónico éste se dirigió a Akenatón (Amenhotep) por su nombre de trono "desde Kadashman Enlil de Babilonia a Nefer khepru re", el nombre de trono de Amenhotep de Egipto... mientras que en una carta similar el rey de Mitanni fue "a Amenhotep, Rey de Egipto, mi hermano, a quien amo y quien me ama. Así dice Tushratta, Rey de Mitanni que te ama".

     Pero cuando a Akenatón se le envió una carta de un gobernador menor como el de Gezer de Canaán, éste diría "Al rey, mi señor, mi dios, mi sol, el sol en el cielo. Así dice Yapahu, el amelu de Gazru. Soy el siervo del rey y el polvo de tus dos pies".

     De esa manera, los reyes extranjeros se dirigían al rey Akenatón como a un hermano de ellos, mientras los gobernadores menores, como sirvientes del rey... Sólo los israelitas y su dios llamaron al rey de Egipto como el palacio Real de Egipto, "Per-a"... porque el sueño más salvaje de cualquier extranjero era echar un rápido vistazo al palacio Real del monarca... pero definitivamente no dirigirse de esa manera a él en persona.

    La historia del Éxodo era una historia de extranjeros que no sabían nada sobre las tradiciones del antiguo Egipto y que pensaban que ellos podían salirse con su cuento inventado, ya que el antiguo Egipto había sido ya Historia cuando dicha narración fue escrita.

     Muy probablemente la historia comenzó a difundirse durante la invasión griega de Egipto, también conocida como la dinastía Ptolomeica (323–30 a.C.).

     Ahora, vayamos a mi segundo gran hallazgo acerca de esta historia del presunto éxodo desde Egipto.


POR QUÉ EGIPTO NUNCA SE CONVIRTIÓ AL JUDAÍSMO

     Pero antes de que hagamos aquello, señalemos el objetivo que está detrás de esta historia del Éxodo. ¿Por qué fue tramada por los escribas hebreos en primer lugar?. ¿De qué fueron capaces aquellos engañosos escribas?.

     A diferencia de lo que Hollywood está hábilmente tratando de retratar, el Éxodo no era acerca de la liberación de los esclavos hebreos desde la despiadada esclavitud egipcia (a propósito, y para exponer el fraude israelita todavía más: la esclavitud no era una práctica común en el antiguo Egipto, y fue introducida en la tierra del Nilo en el período greco-romano, cientos de años después del presunto tiempo del éxodo).

     El Éxodo no era acerca de la imposición de un código moral de Diez Mandamientos (el incomparable código moral egipcio consistía en 42 mandamientos, incluyendo el que descaradamente faltaba en el código de Moisés: No Mentirás).

     El Éxodo se trataba acerca de la demostración de que el dios tribal de los hebreos era más fuerte que el dios supremo de los egipcios y su panteón de deidades.

     Las Diez Plagas es una de las demostraciones más sangrientas y monstruosas de una ira divina sobre un reino terrenal. Era obvio que el vengativo dios tribal hebreo estaba tan indignado y era tan sanguinario que él prácticamente provocó un alboroto salvaje y causó estragos por todo Egipto.

     Nada ni nadie se salvó de la ira y la devastación de YHWH, excepto los israelitas.

     El Nilo se convirtió en sangre, las cosechas y los agricultores fueron asaltados con ranas, piojos y moscas, y un viento tempestuoso barrió la tierra antes de que todo Egipto fuera cubierto con una oscuridad total y un gran clamor peor que el que haya habido alguna vez o que habrá nuevamente.

     YHWH finalmente se ha demostrado como el dios más poderoso. El dios hebreo ha devastado la tierra del Nilo, arruinado sus templos, profanado su panteón de deidades e indudablemente doblegado al dios supremo de los egipcios.

     Ahora la pregunta válida e inevitable es: ¿cómo es que los egipcios, que presenciaron visualmente la ira vengativa de YHWH, nunca glorificaron al dios de los hebreos ni se convirtieron al judaísmo poco después?.

     A través de toda la larga ruta de la Historia, la gente necesitó y esperó milagros tangibles que le ayudara a creer en un dios supremo y todopoderoso.

     Aquí está YHWH, el dios tribal de los hebreos, revelando su poder a los egipcios con milagrosas plagas y un éxodo, y sin embargo él no fue adorado o siquiera reconocido entre la gente del Egipto antiguo. E irónicamente, cuando llegó el tiempo de que Egipto se convirtiera, alrededor del siglo IV d.C., la mayor parte de los egipcios se convirtió al cristianismo.

     ¿Qué nos dice esto?... Que no hay ningún "quizás" en la respuesta a esta pregunta. No se puede negarla. La verdad nos está mirando fijamente a la cara.

     Los egipcios nunca presenciaron el éxodo de los israelitas, ni sufrieron las plagas de su dios tribal, del mismo modo que el Egipto antiguo nunca supo de ningún "Faraón".

     No creo que necesitemos más evidencia arqueológica cuando la historia misma del Éxodo con toda su superficialidad tribal y sus discrepancias se contradice y se desacredita a sí misma.

    Señoras y señores del siglo XXI, a ustedes —y a sus antepasados— se les ha mentido y tomado por tontos durante 21 largos siglos. ¿Todavía necesita usted otros 21 siglos para despertar de su credulidad y encontrar un engaño duradero en el Éxodo de los israelitas?.

     Sin embargo, el engaño del Éxodo vivirá... mientras sigamos adoctrinando a nuestros hijos con aquellas falsas historias israelitas.–



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