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viernes, 27 de marzo de 2015

Jurgen Graf - El Impacto del "Holocausto" en Europa



     El investigador suizo Jurgen Graf (1951), filólogo y profesor de escuela, autor de diversos libros sobre la farsa y calumnia histórica conocida como el "Holocuento" (como "El Holocausto bajo la Lupa", disponible en Internet), presenta aquí en este artículo de mediados de los años '90 que hemos traducido un análisis de las entonces recientes leyes "anti-racistas" promulgadas en Suiza, estableciendo similitudes y conclusiones que llevan a creer que la traicionera política de inmigración impulsada a nivel europeo general obedece a un plan maestro que esgrime como una de sus principales justificaciones dicho mito y dogma.


El Impacto Social y Político de la Campaña
del "Holocausto" en la Europa de Hoy
por Jurgen Graf



     Esta no es otra conferencia que detalla las incongruencias del informe Gerstein o las imposibilidades técnicas de los gaseamientos masivos en los campos alemanes de concentración del tiempo de la guerra. En vez de eso, trataré aquí acerca de la función política y psicológica de la campaña del "Holocausto" en la sociedad europea de hoy. Como soy un ciudadano suizo, me enfoco aquí en la situación de mi país natal, pero la historia es esencialmente la misma en nuestros países vecinos —Alemania, Austria y Francia— y, aunque en un grado mucho menor, en otros Estados europeos.

     Hace unos años estuve empleado en el servicio suizo de inmigración, donde mi trabajo era entrevistar a "buscadores de asilo". Después de que dejé aquel trabajo en Enero de 1989, escribí un libro titulado Das Narrenschiff (La Nave de los Locos). El título se refería a un barco en el río Rin donde algunos de estos buscadores de asilo estaban siendo alojados mientras esperaban el interrogatorio. Como mi libro fue promovido por un influyente editor conservador, fue razonablemente exitoso. Pronto me hice conocido entre grupos derechistas y anti-inmigración, que a menudo me invitaban a hablar sobre el problema de la inmigración o a participar en polémicas discusiones públicas.

     Durante la década pasada, aproximadamente 150.000 inmigrantes ilegales, la mayoría de ellos de países no-europeos, y el resto principalmente de la ex-Yugoslavia, se han derramado a través de las fronteras de Suiza para solicitar "asilo político". Aunque aproximadamente el 95% de las solicitudes son rechazadas, la gran mayoría de estos inmigrantes se quedan para siempre, con o sin permisos de residencia.

     Por supuesto, el motivo de estos inmigrantes es completamente comprensible, y no puede haber ninguna posibilidad de condenarlos moralmente. En vista de las condiciones a menudo extremas que prevalecen en sus países de origen —muy a menudo devastados por gobiernos represivos, guerra civil, luchas tribales y subdesarrollo económico— entiendo absolutamente la motivación de un albanés de Kosovo, un turco, un indio o un africano que busca una mejor vida en las sociedades relativamente ricas de Occidente. Pero ¿cuáles son las consecuencias de esta migración para una pequeña nación europea como Suiza?.

     En ciertos distritos de nuestras ciudades, el 70 u 80% de los niños en edad escolar es ahora de ascendencia extranjera. No tengo que hablar extensamente de las condiciones babilónicas que prevalecen en las escuelas allí. Muy a menudo los profesores son simplemente incapaces de comunicarse con sus alumnos, por cuanto hay pocos suizos con las suficientes capacidades lingüísticas y entusiasmo para aprender albanés, turco o tamil. Por supuesto, cada suizo nativo que puede permitírselo se ha mudado hace mucho de tales distritos. Aquellos suizos que permanecen son gente de clase obrera cuyos niños se ven obligados a soportar las consecuencias de la demencial política de inmigración de nuestro Gobierno.


EXPLOSIÓN DE LA CRIMINALIDAD

     Un fenómeno concomitante es la explosión de la criminalidad, especialmente delitos relacionados con drogas. Difícilmente pasa un día, parece, sin que los periódicos lamenten la horrible situación en Zúrich, la ciudad más grande de Suiza, donde los traficantes de drogas, casi todos ellos extranjeros, venden abiertamente su mercancía mortal a jóvenes drogadictos suizos. En Agosto de 1994 un grupo de gángsters libaneses de droga amenazó con hacer explotar un par de edificios si la policía no dejaba de molestarlos. No se ve que ellos tengan mucho que temer de la policía. Como no hay ninguna celda de prisión libre disponible, el gobierno local ha instruído explícitamente a la policía para que se abstenga de arrestar a tal gente, y en los raros casos en que ocurre un arresto, el sospechoso es rutinariamente liberado de la cárcel después de un par de días.


¿ESTUPIDEZ O DISEÑO?

     Cuando escribí mi libro hace cinco años, la situación —tan mala como era— no era tan crítica como lo es hoy. He pensado muchísimo en la inexplicable política de nuestro Gobierno. ¿Cómo diablos podrían los legisladores elegir una política que es tan obviamente dañina para los intereses de su propio pueblo? Después de mucha reflexión, llegué a la conclusión de que el Gobierno está compuesto por individuos esencialmente decentes, pero débiles e incompetentes, que han cedido ante la presión de los grupos izquierdistas pro-inmigración, la prensa predominantemente izquierdista, y las Iglesias. A los líderes del Gobierno les gustaría proseguir una política más razonable, pensé, pero ellos no se atreven, no sea que ellos fueran a ser calificados como "racistas" por el lobby inmigratorio. Pero entonces, ¿eran los Gobiernos de nuestros países vecinos un poco mejor? En Italia, un país tradicionalmente plagado por una alta tasa de desempleo y grandes bolsones de pobreza, sobre todo en el Sur, entre uno y dos millones de africanos se han derramado a través de las fronteras en años recientes, mientras que en Francia y Alemania grandes sectores de las principales ciudades están siendo rápidamente transformados en ghettos del Tercer Mundo llenos de crímenes.

     Finalmente concluí que la estupidez de las élites dirigentes no bastaba para explicar adecuadamente este desastre. Tanta estupidez simplemente no existe. En otras palabras, debe haber un plan maestro de alguna clase, una política deliberada para poner el fundamento para una sociedad multi-racial en la cual la población europea nativa sería de manera lenta pero inexorable reducida a una minoría.


DOS FAMILIAS

     Permítame una breve digresión para hablar acerca de dos familias que conozco personalmente. La familia A es suiza. El padre, un cercano amigo mío, a quien llamaré Albert, es un comerciante que vende grabaciones y libros. Con cuatro hijos entre 9 meses y 14 años de edad, su esposa, a quien llamaré Heidi, no tiene posibilidades de trabajar fuera de casa: ella tiene que cuidar de los niños. Si Albert fuera un empleado o un funcionario estatal, él tendría derecho a un pago de asignación por los niños (Kindergeld) de aproximadamente 400 dólares por mes, una suma casi no adecuada para cubrir los gastos de los cuatro niños. Pero por causa de que él es un comerciante, él es considerado como "una persona económicamente independiente", y, en esa calidad, no recibe ni un solo centavo de parte del Estado. Aunque Albert gane lo suficiente para sobrevivir, durante los pasados tres años él no ha sido capaz de salir para pasar siquiera una semana de vacaciones junto con su familia. Él no puede permitírselo.

     Si Albert y Heidi hubieran decidido no tener ningún hijo, ella sería capaz de conseguir un trabajo, y ellos serían ahora unos prósperos "Dinks" [Double Income No Kids, doble ingreso, sin hijos]. En efecto, el Estado suizo los castiga por traer al mundo y criar cuatro hijos sanos e inteligentes, contribuyendo así a la supervivencia y bienestar de la nación suiza. Si Albert y Heidi hubieran decidido abortar el tercer y cuarto hijos, ellos podrían haberlo hecho muy fácilmente, alegando "angustia social", y el seguro médico estatal habría pagado por los abortos.

     La familia B es turca. Llamaré al padre Ibrahim. Él es un hombre decente y observante de la ley, que vino a Suiza como un inmigrante legal empleado por el Gobierno turco para enseñar la lengua turca a niños turcos en una escuela suiza. Ibrahim tiene dos hijas que trabajan ambas como dependientes. Su esposa, a quien llamaré Hatice, una vez trabajó lavando platos en un restaurante, pero dejó su trabajo debido a supuestos o verdaderos dolores de espalda. Hatice ahora recibe un pago mensual por cesantía de 2.000 francos suizos, unos 1.750 dólares, que es aproximadamente tres veces lo que un trabajador calificado gana en Turquía. Ibrahim y Hatice poseen ya dos casas en la costa del Mediterráneo. Ellos alquilan estas casas, lo que les proporciona una fuente de ingresos adicional, y ellos están poniendo aparte los 2.000 francos que Hatice recibe mensualmente del Gobierno suizo para comprar una tercera casa. Las dos hijas ya están relacionadas con muchachos turcos que se trasladarán pronto a Suiza. Por cuanto las hijas son residentes legales, sus futuros maridos obtendrán automáticamente permisos de residencia suizos.


UNA POLÍTICA MULTICULTURAL

      Considerando toda la evidencia, puede haber pocas dudas sobre la naturaleza de la política adoptada por los Gobiernos de Suiza y otros países de Europa Occidental: es para crear una sociedad que sea un crisol racial y multicultural fomentando la inmigración desde el Tercer Mundo, estimulando al mismo tiempo, por todos los medios posibles, una tasa de natalidad inferior de la población europea nativa. Estos medios incluyen pagos estatales de subvención a los niños absurdamente bajos a los padres suizos y la promoción del aborto de saludables niños aún no nacidos. (Al mismo tiempo, los legisladores y los periodistas rutinariamente describen la eutanasia de gente incurablemente enferma en la Alemania Nacionalsocialista como un abyecto crimen contra la Humanidad).

     Tal política sólo puede ser considerada como suicida. Esto me ha recordado durante mucho tiempo de un modo extraño un pasaje en una novela rumana, Delirul (El Delirio), en que el autor, Marin Preda, describe la extinción de una rara ave roja que vive en el delta del Danubio. Permítame citar ese pasaje:

      "Los ornitólogos rumanos que trabajan en el delta del Danubio han descubierto una especie de ave con plumas rojas que mostraba un comportamiento inexplicable cada año: la zorra le robaba a esta ave sus huevos y luego ponía piedras en el nido. El ave criaba estas piedras durante toda la temporada de verano sin notar que se trataba de piedras. A fin de rescatar las especies en peligro, los ornitólogos le dispararon a la zorra. Para el completo asombro de los científicos que miraban a través de sus telescopios, el ave entonces comenzó a volverse loca. Rompió los huevos con su pico y bailaba como si se hubiera vuelto loca. ¿Qué locura le había acontecido a aquella ave?; ¿qué instinto sombrío la condujo a la autodestrucción?; ¿por qué quería morir? Nadie podría contestar estas preguntas. La Naturaleza había sentenciado a dicha ave roja a la muerte, y nadie podría conmutar la sentencia".


REACCIONES AL LIBRO DEL "HOLOCAUSTO"

     En la primavera de 1993 envié copias de mi primer libro sobre la cuestión del "Holocausto" a diversas personas que habían leído y apreciado mi libro sobre la cuestión de la inmigración. Las reacciones fueron a veces muy interesantes. Un amigo me escribió que él no comprendía por qué yo había arruinado una potencial carrera política debido a aquellas tediosas viejas historias. Otro escribió: "¿Por qué escribe usted sobre los horrores de la Segunda Guerra Mundial en vez de pensar en el presente?". Ahora, si el "Holocausto" es una vieja historia aburrida, podríamos preguntarnos por qué los medios de comunicación hablan de ello cada día y por qué la propaganda se hace cada vez más intensa 50 años después de la guerra. Una y otra vez me ha chocado que la gente simplemente no entienda el cercano vínculo entre el "Holocausto" —sin tener en cuenta si ellos creen la historia o no— y las políticas suicidas perseguidas por los Gobiernos de la mayoría de los Estados de Europa Occidental.


GOBIERNOS MARIONETAS

     Hasta Abril de 1991 acepté la historia del "Holocausto" como esencialmente verdadera. Si bien yo pensaba que la cifra de seis millones de víctimas judías era probablemente exagerada, nunca se me ocurrió cuestionar la existencia de cámaras de gas nacionalsocialistas. Yo era débilmente consciente de que un grupo diminuto de investigadores negaba la versión oficial, pero no hice ningún esfuerzo para conocer sus argumentos. Después de ser "convertido" al revisionismo del "Holocausto" por mi amigo Arthur Vogt, pensé primero que la razón principal de que la historia del "Holocausto" estuviera siendo mantenida viva eran las reparaciones alemanas a Israel y a judíos individuales de todo el mundo. Pero abandoné esa teoría después de un par de meses porque no explicaba suficientemente un fraude tan gigantesco perpetrado a escala mundial. Mientras más profundamente investigaba acerca de los orígenes del mito, y más estudiaba su uso diario para la propaganda política, más me convencí de dos cosas: los Gobiernos de los Estados de Europa Occidental son un poco más que marionetas que bailan bajo los hilos de fuerzas sombrías y ocultas, y que la mentira de las cámaras de gas está estrechamente ligada a las políticas suicidas de inmigración de los Estados europeos.


LA EXPIACIÓN DEL PASADO

     Como ya lo mencioné, después de la publicación de mi libro acerca de la inmigración, participé en numerosas discusiones polémicas sobre ese asunto. En cada uno de esos debates mis opositores invariablemente blandieron el espectro de la Segunda Guerra Mundial, del Nacionalsocialismo y el "Holocausto". Su argumento es esencialmente éste:

     "Mientras millones de judíos eran gaseados en la Alemania Nacionalsocialista, el Gobierno suizo ociosamente no hizo nada, cerrando nuestras fronteras a las víctimas de la furia racista de Hitler. Por lo tanto nos hemos hecho culpables, y nunca debemos cometer el mismo pecado otra vez enviando a refugiados políticos de dictaduras sangrientas de vuelta a sus seguras muertes. Lejos de adoptar una política de asilo más restrictiva, deberíamos expiar los delitos del pasado dando la bienvenida a las víctimas de hoy del terror y la persecución".

     En ese entonces, cuando yo todavía aceptaba la historia ortodoxa del "Holocausto", respondí diciendo que la situación hoy es diferente que la que ocurrió durante la Segunda Guerra Mundial, y que un tamil que sufre de persecución política en Sri Lanka podría más fácilmente pedir asilo entre los 50 millones de tamiles en el Sur de la India en vez de volar a Suiza.


COMPLEJO DE CULPA IMPUESTO

     Después de descubrir la verdad sobre la historia del "Holocausto", gradualmente comencé a entender que una de sus principales funciones es infundir en la gente Blanca un complejo de culpa. Aunque los alemanes y los austríacos fueran los principales culpables (así dice la historia), los otros pueblos occidentales fueron también culpables porque ellos no levantaron ni un dedo para salvar a los judíos de Auschwitz y Treblinka. Por cuanto fuimos cómplices en un crimen sin paralelo en la Historia humana, ya no tenemos derecho a ninguna forma de conciencia nacional, mucho menos a un orgullo nacional. La única garantía contra un renacimiento del Nacionalsocialismo y un nuevo "Holocausto" es la destrucción de toda diferencia racial y nacional, y la creación de una sociedad multicultural pacífica y tolerante en la cual no habría más racismo porque ya no habría razas distintas.

     Esta visión no es nueva. En 1925 el conde Richard Coudenhove-Kalergi, el fundador de la Unión Pan-Europea —una especie de antepasado espiritual de la Comunidad Europea—, escribió en su libro Praktischer Idealismus (Idealismo Práctico):

     "El hombre del futuro será de raza mezclada. Las razas y las clases de hoy desaparecerán gradualmente debido a la desaparición del espacio, el tiempo y el prejuicio. La raza euroasiática-negroide del futuro, similar en su aspecto a los antiguos egipcios, reeplazará la diversidad de pueblos con una diversidad de individuos".


VISIÓN UTÓPICA

     Por supuesto, esta visión es pura basura. Mientras la inmigración masiva de razas foráneas conduce naturalmente a un cierto número de matrimonios inter-raciales, el grueso de la población nativa se adhiere a sus propias raíces nacionales y culturales, y muchos grupos de inmigrantes, sobre todo aquellos que abrazan la fe musulmana, simplemente rechazar asimilarse. De esta manera, el resultado de la inmigración extranjera no es la destrucción de las diferencias nacionales, culturales y religiosas, sino la multiplicación de ghettos y un aumento de la tensión racial que tarde o temprano conduce a la lucha racial violenta. Sin tener en cuenta si un crisol racial global y la abolición de todas las diferencias nacionales son deseables o no, este objetivo es simplemente imposible de comprender.

     De manera que ¿quiénes son las sombrías personalidades y organizaciones que inducen a los Gobiernos nacionales a adoptar políticas que reflejan los ideales de Coudenhove-Kalergi y sus actuales sucesores? La pregunta es formidablemente dificultosa, mucho más que la historia del "Holocausto".

     A la luz de la investigación revisionista, la leyenda del "Holocausto" es ahora fácil de desacreditar. Por cuanto los pretendidos gaseamientos masivos fueron técnicamente imposibles, ellos no ocurrieron. Si bien es muy fácil refutar la historia oficial del "Holocausto", no es tan fácil mostrar lo que realmente sucedió a los judíos de Europa durante los años de la guerra, y cuántos de ellos perecieron. De todos modos, los estudios demográficos, como el de Walter Sanning (The Dissolution of Eastern European Jewry), demuestran concluyentemente que la cifra de seis millones de víctimas judías es completamente absurda.


"RASTROS CRIMINALES"

     Mientras que en el caso de la historia del "Holocausto" podemos trabajar con una sólida evidencia técnica y química, no hay ninguna evidencia definitiva para confirmar la teoría de un esfuerzo mundial coordinado para destruír la raza blanca y la cultura occidental —y finalmente todas las razas y culturas— mediante la inmigración masiva y el mestizaje. Si existe tal esfuerzo internacional, aquellos que mueven los hilos probablemente no publicarán las transcripciones de sus reuniones secretas. Por el momento, de todos modos, estamos por lo tanto obligados a contentarnos con lo que nuestro viejo amigo Jean-Claude Pressac llama "rastros criminales".

     Habiendo observado de cerca la situación en Europa durante algunos años hasta ahora, y habiendo leído los trabajos de destacados investigadores, como Johannes Rothkranz, autor de Die kommende Diktatur der Humanitat (La Próxima Dictadura de la Humanidad, 1991), me parece que los Gobiernos occidentales están, en diversos grados, controlados por gente que conscientemente persigue el objetivo de destruír todas las naciones soberanas y establecer un Gobierno mundial.


"EL GRAN PLAN"

     En Marzo de 1993, cuando la Cámara Alta de nuestro Parlamento, el Standerat (aproximadamente comparable al Senado estadounidense), debatió la llamada ley de "anti-racismo", no hubo una sola voz discrepante. (Un amigo que asistió al debate me informó sobre ello). Un senador de la parte francófona del país habló de "le grand plan"... que hizo necesaria la adopción de la ley. Nadie le pidió explicar este "gran plan". Todo el mundo lo conocía.

     Nuestros legisladores parecen ya estar "iniciados" en alguna clase de conspiración cuasi-secreta. De ser así, esto ayudaría a explicar muchos fenómenos de otra manera inexplicables. A excepción de tres partidos derechistas relativamente pequeños, que juntos representan sólo un décimo de los votantes, y aparte de unos diputados aislados de los partidos predominantes, el Parlamento entero y el Gobierno esencialmente concuerdan en dos puntos principales: Suiza debe desaparecer como nación —mientras más pronto, mejor—, y el pueblo suizo, como una nacionalidad distinta, debe desaparecer también.

     Una clara mayoría de nuestro pueblo se opone al ingreso suizo en la Comunidad Europea, en parte por motivos económicos, pero principalmente porque, para todos los efectos prácticos, ello significaría el final de Suiza como una nación soberana. A pesar de este inequívoco sentimiento, cuatro partidos políticos principales —socialista, demócrata-cristiano, liberal y el moderadamente conservador Partido del Pueblo Suizo— son abiertos partidarios del ingreso suizo en aquel cuerpo supranacional, en el cual una burocracia central anónima y omnipresente centrada en Bruselas despoja constantemente cada vez más los derechos y las funciones de los Estados antes soberanos.


LEY DE "ANTI-RACISMO"

     Todos estos cuatro partidos gubernamentales también respaldaron la ley de "anti-racismo" (ya mencionada), que está diseñada para amordazar toda oposición a la inmigración masiva y para silenciar el revisionismo del "Holocausto". Aprobada por la Cámara Baja del Parlamento suizo en Diciembre de 1992 y por la Cámara Alta en Marzo de 1993, esta ley prohíbe delitos indeterminados, como la "discriminación racial", la "difamación de miembros de un grupo racial o étnico", y el "defender, negar o minimizar un genocidio u otro crimen contra la Humanidad". Esta última sección está, por supuesto, dirigida contra los revisionistas, y autoriza a las autoridades a perseguir y castigar a individuos sospechosos de la herejía revisionista.

     Aparte de unos pocos periódicos derechistas de baja circulación, la prensa entera, junto con la radio y la televisión, respalda enérgicamente esta política y rara vez, si es que alguna, permite algún debate libre sobre estas cuestiones, temas de los cuales depende el destino de la nación suiza. Prácticamente todos los periodistas patrióticos han sido removidos de posiciones de responsabilidad en años recientes, de modo que los medios suizos de comunicación hoy presentan un cuadro de deprimente uniformidad.


ENGAÑOSA DEMOCRACIA SUIZA

     En estas circunstancias, las elecciones hoy son un poco más que una especie de espectáculo de Punch y Judy [tradicionales títeres ingleses manejados por una sola persona] en el cual los niños miran con expectación al valiente Punch cuando él lucha contra el cocodrilo malo, no comprendiendo que ambas figuras son manipuladas por la misma persona detrás de la pantalla. Si uno vota a favor de un legislador socialista, demócrata-cristiano o liberal es de poca consecuencia, porque cualquiera de los tres esencialmente apoyará la misma política en el Parlamento.

     Una genuina oposición izquierdista al Sistema ha dejado de existir. Si bien los ecologistas izquierdistas y los pocos comunistas en el Parlamento todavía hacen uso de su palabrería "anti-capitalismo", y de vez en cuando denuncian el "nuevo orden mundial" o a la "poderosa burocracia de Bruselas", ellos comparten la ideología anti-nacional de las clases dirigentes. En realidad ellos piensan que el influjo de extranjeros no es todavía lo bastante masivo; en otras palabras, que la nación suiza debería desaparecer aún más rápidamente que lo que actualmente lo está haciendo. La oposición derechista, aunque sea en gran parte ineficaz y carezca de líderes carismáticos, es diariamente etiquetada como "reaccionaria", "anti-progresista" y "nacionalista" por todos los medios de comunicación, y sus representantes son tratados como parias morales en el Parlamento.

     Ésta es la democracia suiza hoy. Usted es libre de elegir de entre una serie impresionante de periódicos, todos los cuales propagan la misma cosmovisión internacionalista, mientras que por la tarde usted puede encender su televisor para ver farsas siniestras tales como un "diálogo entre cristianos y judíos", en el cual algunos portavoces judíos exigen medidas más severas contra los criminales de pensamiento a los que ellos llaman "anti-semitas", "racistas", "fascistas" o "neo-nazis", mientras los participantes "cristianos" piadosamente asienten con la cabeza en acuerdo ante cada punto antes de pedir perdón por el pernicioso papel de las Iglesias cristianas en la persecución de los judíos.


UN REFERÉNDUM NACIONAL

     Una reciente campaña para un referéndum nacional muestra cómo la así llamada "democracia directa" de Suiza funciona en la práctica. Según nuestra Constitución, cualquier organización, grupo o individuo tiene derecho a iniciar un referéndum, mediante el cual la gente puede votar para revocar una ley federal o cantonal ya promulgada. (Un cantón es aproximadamente comparable a un Estado estadounidense o a un Bundesland alemán). La gente tiene tres meses después de la promulgación de una ley para conseguir un número específico de firmas de ciudadanos suizos pidiendo que la ley sea revocada. A nivel nacional, el número de firmas requeridas es de 50.000.

     Después de que la ley de "anti-racismo" fue adoptada por ambas Cámaras del Parlamento, se lanzó una campaña de referéndum por un grupo ad hoc, "Acción para la Libre Expresión". Ninguno de los cinco líderes de ese grupo de base era destacado o conocido a nivel nacional. Aunque los tres partidos derechistas representados en la Cámara baja del Parlamento se habían opuesto a la ley de "anti-racismo", ellos inicialmente decidieron no apoyar el esfuerzo de referéndum debido a la hostil campaña mediática que comenzó inmediatamente después del lanzamiento de esa iniciativa. Junto con los líderes del comité de referéndum, todos aquellos que fueron siquiera sospechosos de apoyar esa tendencia fueron indiscriminadamente denunciados en los medios de comunicación como "racistas" y "anti-semitas". Casi diariamente el pueblo fue advertido de que ninguna persona decente siquiera pensaría en apoyar a tales criaturas.

     Debido a una carencia de fondos y una pobre organización, el referéndum pareció condenado al fracaso desde un comienzo. Un mes antes de la fecha límite del 6 de Octubre de 1993 para obtener firmas, se formó un segundo comité de referéndum, éste políticamente más moderado y compuesto principalmente por miembros disidentes de los dos partidos dominantes. Estos dos comités juntos finalmente tuvieron éxito en la obtención, a tiempo, de 58.000 firmas, cantidad que era ampliamente suficiente.


PROPAGANDA ORWELLIANA

     Durante las semanas que faltaban hasta la votación del referéndum el 25 de Septiembre de 1994, Suiza experimentó la cosa más cercana a una semana Orwelliana de odio que hubiera conocido alguna vez, salvo que esa "semana" se prolongó por varios meses. Ese intenso impulso propagandístico, llevado a cabo por la prensa entera y los medios electrónicos de comunicación, era tan indeciblemente primitivo que disgustó a cada persona reflexiva y sensible. Como los medios de comunicación lo retrataron, un pequeño grupo de acérrimos anti-racistas que apoyaban esa ley estaba luchando una lucha heroica pero casi desesperada contra una especie de hermandad Orwelliana, una vasta red de despiadados racistas y neo-nazis.

     Como hay muy pocos racistas y nacionalsocialistas auténticos en Suiza, ellos tuvieron que ser inventados. Por consiguiente, los fundamentalistas católicos y Protestantes, los grupos anti-aborto, los anti-viviseccionistas que se oponen a la matanza kosher judía de animales [y halal musulmana], los conservadores derechistas moderados críticos de la política oficial de inmigración, los aproximadamente 15 revisionistas del "Holocausto" públicamente conocidos, todos fueron irresponsablemente etiquetados como racistas y peligrosos elementos pro-nazis.

     Cuando tres jóvenes miembros de partidos predominantes —un demócrata-cristiano, un liberal y un conservador— formaron un comité para oponerse a la ley de "anti-racismo" a causa de que ella amenazaba la libre expresión, el periódico de circulación masiva Sonntagsblick publicó sus fotografías y puso su edición del 3 de Julio bajo el titular de "Éstos son los jóvenes lacayos de los viejos racistas. ¿Por qué sus partidos no los hacen callar?".

     Rosmarie Dormann, la presidente del comité para la ley de "anti-racismo", declaró públicamente el 28 de Agosto de 1994 que rechazar la ley "pondría en peligro nuestra democracia". En otras palabras, aquellos que apoyan una ley que permite que los disidentes sean encarcelados durante tres años son defensores de la democracia, mientras que aquellos que se oponen a la ley la ponen en peligro. Por supuesto, difícilmente un periodista se atrevió a discrepar.


BASURA DEL "HOLOCAUSTO"

     Como era de esperarse, todo esto fue acompañado por un intenso diluvio de semanas de duración en los medios de comunicación de basura del "Holocausto". En la edición del 7 de Agosto del Sonntagszietung, una judía llamada Erika Rothschild recordó las atrocidades de Auschwitz: por causa de que los alemanes tenían, en Junio de 1944, suficiente Zyklon B sólo para matar niños, los judíos adultos eran sacados de las cámaras de gas todavía vivos antes de ser arrojados en hornos crematorios en grupos de seis. Los prisioneros judíos fueron obligados a lavarse con el jabón hecho de las cenizas de sus congéneres prisioneros asesinados.

     Durante este período, numerosos periódicos se unieron para elogiar un nuevo libro de una judía de 87 años llamada Jenny Spritzer que decidió romper su silencio sobre Auschwitz 49 años después de su liberación del campo. Su trabajo como prisionera, dijo ella, era registrar los nombres de todos los judíos gaseados. Usted podría suponer que los nacionalsocialistas ciertamente se desharían de un testigo tan embarazoso, pero no: ellos inexplicablemente olvidaron eliminar a la señora Spritzer, permitiéndole así relatar los horrores de Auschwitz medio siglo más tarde.

     Además del incesante diluvio de historias-basura del "Holocausto", los medios de comunicación reportaron toda clase de atrocidades racistas libremente inventadas: alumnos judíos siendo intimidados por compañeros de clase anti-semíticos, boy-scouts siendo golpeados por matones neo-nazis, graffitis murales que decían "cerdos italianos a las cámaras de gas", etcétera. Naturalmente, los opositores a la ley de "anti-racismo" estaban completamente impotentes para responder a esta aplanadora propagandística. Muchos periódicos incluso rechazaron sus anuncios pagados, y sólo de vez en cuando a ellos se les concedió acceso a los medios de comunicación. (No obstante, en vísperas de la votación hubo un debate televisado a nivel nacional).


UNA SINIESTRA NUEVA LEY

     En el referéndum, que tuvo lugar el 25 de Septiembre de 1994, la ley de "anti-racismo" fue aprobada por el 54,7% de aquellos que votaron (más de la mitad de aquellos con derecho a voto no sufragó). Exactamente la mitad de los cantones de Suiza rechazó dicha ley.

     A pesar de su victoria, creo que las organizaciones judías y otros grupos cometieron un craso error al demandar de manera tan vociferante una ley tan escandalosamente anti-suiza y anti-democrática. Si la ley, que entró en vigor en Enero de 1995, es rigurosamente implementada, habrá una serie interminable de procesamientos políticos, una cosa no oída en Suiza desde la Segunda Guerra Mundial cuando unos pocos comunistas y nacionalsocialistas fueron llevados a juicio por traición. Los revisionistas del núcleo duro, incluyéndome a mí mismo, han estado poniendo a prueba la ley enviando por correo material revisionista a destacadas personalidades. En vista del hecho de que el texto de la ley es completamente vago —no menciona ni el "Holocausto", ni "cámaras de gas" ni "crímenes nacionalsocialistas"—, aún no está claro exactamente cómo los tribunales lo aplicarán en la práctica.


REVISIONISMO EN SUIZA

     Déjeme añadir algunas palabras sobre la situación actual del revisionismo del "Holocausto" en Suiza. El 9 de Mayo de 1994, cuatro revisionistas —Arthur Vogt, Anders Studer, Bernhard Schaub (un profesor de escuela que al igual que yo perdió su trabajo por causa de la herejía revisionista) y yo mismo— enviaron por correo aproximadamente 3.500 copias de la versión condensada del Reporte Rudolf [de Germar Rudolf], junto con una carta adjunta de cinco páginas, a académicos universitarios, a políticos y a los medios de comunicación.

     La reacción de los medios de comunicación fue interesante. Con dos excepciones (el Weltwoche y el marxista Wochenzeitung), que prontamente denunciaron la acción como otro siniestro complot fascista, la prensa entera guardó silencio durante más de un mes. Entonces, el 16 de Junio, el periódico de Berna "Bund" publicó no menos de tres larguísimos artículos anti-revisionistas en la misma edición. Esto provocó un diluvio de artículos similares en otros periódicos, por lo general casi idénticos en su expresión, lo que claramente sugiere un esfuerzo coordinado. Incluso periódicos que están en desacuerdo unos con otros en una variedad de cuestiones, se unieron para condenar a los revisionistas con las mismas frases idiotas y mentiras descaradas: Ellos "niegan Auschwitz", ellos "niegan la existencia de los campos de concentración nacionalsocialistas", o ellos "niegan el destino de Ana Frank".


REPRESIÓN EN ALEMANIA

     Incluso peor es la situación que prevalece en la vecina Alemania, donde la histeria parece haber alcanzado un punto culminante. Como usted puede saber, Gunter Deckert, el presidente del derechista Partido Demócrata Nacional, ha sido condenado a dos años de prisión porque él tradujo un discurso del experto estadounidense en ejecuciones Fred Leuchter pronunciado en Noviembre de 1991 en una reunión en Alemania. Aunque un intérprete, autorizado por el tribunal, que analizó una videograbación de la presentación confirmara que Deckert había traducido exactamente las palabras de Leuchter, sin añadir ningún comentario propio, el tribunal dictaminó que Deckert había calumniado a los judíos y había difamado la memoria de los muertos (judíos). Una circunstancia agravante fue que el acusado se había reído varias veces mientras traducía lo que Leuchter dijo, cometiendo así el delito Orwelliano de "crimen de gesto facial".

     La cobertura del asunto por parte de la prensa alemana fue poco más que una frenética campaña de difamación, dando la impresión de que los neo-nazis estaban al borde de apoderarse de la república. Tan grotesca fue esa campaña de propaganda que esto debería sugerir a cada uno, salvo a las ovejas de dos piernas, que la versión oficial del "Holocausto" está podrida hasta la médula: si las historias de los Seis Millones y de las cámaras de gas tuvieran alguna base de hecho, los "exterminacionistas" [partidarios de la versión oficial del "Holocausto"] estarían contentos de refutar públicamente a los revisionistas, y no sería necesario castigarlos legalmente. Desafortunadamente, sin embargo, es extremadamente difícil para el ciudadano promedio conocer la verdad, porque la censura en los medios de comunicación es total.

     Embarquémonos en un experimento intelectual. Supongamos que la leyenda del "Holocausto" ya fue desacreditada a principios de los años '60 gracias a los escritos pioneros de Paul Rassinier. Tal rechazo habría sido aproximadamente comparable a la desacreditación de la difusión de las historias de los Aliados de atrocidades, difundidas durante la Primera Guerra Mundial, acerca de soldados alemanes que cortaban las manos de niños belgas o que hacían grasa de los cuerpos de los soldados Aliados muertos. Por cierto, habría habido una diferencia en el grado —ningún oficial aleman fue ahorcado por mutilar a niños belgas, por ejemplo—, pero esencialmente los dos casos habrían sido similares.


PROFUNDAS IMPLICACIONES POLÍTICAS

     Pero ahora, después de cuatro décadas de propaganda y varios cientos de libros y películas acerca del "Holocausto", no hay ninguna salida posible del cenagal para los holocaustistas. Si la historia del "Holocausto" es públicamente desacreditada alguna vez, las consecuencias serán desastrosas más allá del punto de reparación, no sólo para el sionismo internacional, sino para la élite política e intelectual de Occidente en su conjunto. Alemania probablemente llegaría a ser ingobernable, pero también en Estados Unidos, y en varios países europeos los periodistas y los historiadores serían completamente desacreditados. Nadie les creería ya más. Así, el futuro de las clases dirigentes en varias naciones occidentales, especialmente en Alemania, Francia y Estados Unidos, está unido al futuro de dicho mito. Bajo estas circunstancias, los líderes intelectuales y políticos de Occidente son los aliados naturales del sionismo, y sería injusto culpar sólo a los judíos por la represión anti-revisionista y por el apagón de los medios de comunicación.

     Nuestros adversarios comprenden esto, por supuesto. Así, el destacado periódico alemán Die Welt declaró (el 16 de Marzo de 1994) que "quienquiera que niegue Auschwitz no sólo ataca la dignidad humana de los judíos, sino que ensombrece los fundamentos básicos de la propia auto-percepción de esta sociedad". En el Frankfurter Allgemeine Zeitung (del 15 de Agosto de 1994), probablemente el diario más influyente de Alemania, el periodista Patrick Bahners escribió: «Si la visión [revisionista] de Deckert del "Holocausto" fuera correcta, la República Federal [alemana] estaría basada en una mentira: cada discurso presidencial, cada minuto de silencio y cada libro de Historia serían mendaces. Al negar el asesinato de los judíos él rebate la legitimidad de la República Federal».

     Si bien sabemos que la leyenda del "Holocausto" está condenada, no sabemos qué circunstancias particulares provocarán su colapso o cuántos años más tendremos que esperar para que la verdad prevalezca. El ingeniero revisionista austriaco Walter Luftl, que me llamó unos días antes de mi partida a Estados Unidos en 1994, es completamente optimista, y predijo el final del mito dentro de dos años. Aunque yo sea incapaz de compartir su optimismo, estoy convencido de que presenciaremos el final del engaño antes del final del siglo. Sin embargo, habrá víctimas. En Francia y Alemania, la camarilla dirigente está vuelto loca ahora, y los revisionistas mejor deberían prepararse para algunas sorpresas desagradables. El doctor Robert Faurisson una vez dijo que el futuro era brillante para el revisionismo, pero sombrío para los revisionistas. Faurisson tiene razón aproximadamente el 95% de las veces, y temo que él pudiera tener razón sobre esto también.


HISTÓRICAMENTE ÚNICO

     Para los historiadores de las generaciones venideras, el "Holocausto" en efecto parecerá único, pero en un sentido muy diferente que el que afirma el lobby del "Holocausto". Los historiadores del siglo XXI tendrán problemas para explicar cómo la gente culta en la segunda mitad del siglo XX, durante una época de progreso técnico sin precedentes, pudo creer una historia tan completamente ridícula desde el punto de vista técnico; cómo diablos pudo la gente que fue capaz de enviar satélites al planeta Júpiter creer que los nacionalsocialistas usaron motores diesel (¡de entre todas las armas!) para matar a 1,75 millón de judíos en Belzec, Sobibor y Treblinka; cómo pudieron ellos haber creído que los crematorios de Auschwitz podían quemar cadáveres humanos seis veces más rápido que los crematorios totalmente automatizados de los años '90. Si bien aquellos futuros historiadores señalarán indudablemente que la farsa del "Holocausto" fue exitosamente defendida durante tanto tiempo con la ayuda de la censura de los medios de comunicación y de la represión estatal de estilo policiaco, ellos podrán concluír que hubo otro factor psicológico aún más crucial.

     Hasta donde puedo recordar, incluso cuando yo todavía creía en ella, la historia del "Holocausto" siempre me recordó a un macabro cuento de hadas. Cuando yo era un muchacho de 16 años, quedé profundamente impresionado por una novela del renombrado escritor suizo Friedrich Durrenmatt, Der Vadacht (La Sospecha). Es acerca de un médico suizo, el doctor Emmenberger, que realizó sádicos experimentos pseudo-científicos sobre prisioneros judíos en el campo de concentración de Stutthof. (En la novela de Durrenmatt, que fue publicada primeramente en 1948, Stuffhof más bien que Auschwitz es descrito como el principal centro alemán de exterminio). Este doctor bestial fue perseguido por Barlach, un detective fatalmente enfermo de cáncer. Los otros personajes principales eran un gigante judío que había sobrevivido a innumerables experimentos médicos (y a un tiroteo masivo también) y un enano empleado por Emmenberger para matar a sus enemigos. Con tales personajes usted tiene todos los ingredientes para un cuento de hadas de pesadilla, que es esencialmente lo que es la historia ortodoxa del "Holocausto". Por supuesto, es también más que eso.


PELIGROSO MITO RELIGIOSO

     Para los judíos, la historia se ha convertido en una parte indispensable de su herencia religiosa, de manera muy similar a la grave situación que los hijos de Israel tuvieron que soportar en Egipto, o a la destrucción del segundo templo. Para los no-judíos también, el "Holocausto" ha sido gradualmente transformado en un mito religioso. Casi todo el mundo tiene una necesidad instintiva de creer en algo y de adorar algo. Mientras han subvertido sistemáticamente la verdadera religión, los autores de dicho fraude han explotado hábilmente esta necesidad humana básica, comparando a Auschwitz con el Gólgota, a los nacionalsocialistas con el diablo, y al pueblo judío con el Mesías. Incluso la crítica más leve a los judíos, como Elie Wiesel o Simon Wiesenthal [lo han declarado], se ha convertido en un tabú: Si usted critica a un judío, usted es un "anti-semita". Hitler era también un anti-semita quien, como cada uno sabe, gaseó a los judíos. Entonces cualquiera que critique a los judíos ¡está preparando el terreno para nuevas cámaras de gas!.

     Tan primitivo como es, esta clase de argumento es notablemente eficaz. Esto es lo que hace de la lucha revisionista algo tan excepcionalmente difícil: no sólo debemos llevar a cabo una lucha cuesta arriba contra la censura de los medios de comunicación, la represión y la propaganda, sino que también debemos vencer una especie de fe religiosa. Como muestra la Historia, refutar la religión con argumentos racionales no es exactamente una tarea fácil. Pero esta lucha debe ser emprendida, y por cuanto el destino de las futuras generaciones depende de su resultado, deberíamos ganarla. La mentira del "Holocausto" ha envenenado a los europeos y a otra gente Blanca de ascendencia europea con un complejo de culpa que amenaza con destruír nuestro amor propio y nuestra voluntad para sobrevivir.

     Para todos aquellos que están involucrados en esta lucha contra un enemigo con tanta influencia y recursos financieros prácticamente ilimitados, los años siguientes difícilmente carecerán de interés. Para los revisionistas, al menos, la vida no es tediosa.–






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