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miércoles, 11 de febrero de 2015

Manu Rodríguez - Sobre el Peligro Cultural de Europa



     El filósofo político o sociológico español Manu Rodríguez Vázquez, quien expresa en su sitio larespuestadeeuropa.blogspot.com su voz de alerta frente a fuerzas que desde siempre han intentado destruír el ser de Europa, amenaza agravada últimamente por la invasión del suelo europeo por parte de gente retrógrada que profesa la religión retrógrada, totalitaria y completamente anti-europea del mahometismo, es el autor de los siguientes tres lúcidos textos que desde allí presentamos en esta oportunidad ("Para Europa" y "Cómo los Europeos Perdieron Europa" de 2009, y "El Dios que Desata y Libera" de 2012). Con el lirismo en la expresión que lo caracteriza, el señor Rodríguez plantea una serie definida de tópicos que va matizando y añadiéndoles variaciones, de modo que las temáticas de cada uno de sus artículos (y ha elaborado una buena cantidad de ellos) suelen yuxtaponerse y complementarse. Su honesto intento lo valoramos, y parecen sabios sus consejos.




Para Europa.
De los Últimos Días...
por Manu Rodríguez
27 de Octubre de 2009


     * Invoco al Cielo y a la Tierra. Padre Zeus, madre Hera-Europa. Hermanos: Atenea, Ares, Hefaistos, Apolo, Hermes, Dioniso, Artemisa, Eros-Afrodita. Filósofos, poetas, científicos, ingenieros, historiadores, filólogos, juristas, economistas, guerreros, espirituales... enamorados. Europeos, peligra nuestra libertad, nuestra identidad, nuestro sentido. Europa toda corre el peligro de desaparecer. A la cabeza de Europa me dirijo, y a sus brazos laboriosos y combativos; al cielo y a la tierra.

     Ni la Europa judeo-cristiana ni la Europa musulmana son la Europa nuestra, la Europa de los europeos ancestrales. Dos culturas extrañas (semitas) se disputan nuestra mente, nuestra voluntad, nuestras manos.

     El componente judeo-cristiano europeo es residual, pero el componente musulmán, reciente y extranjero en nuestras tierras, alcanza ya una población (25 ó 30 millones) que les permite amenazarnos, desde sus congresos musulmanes europeos, y desde sus mezquitas europeas, con la futura conquista de Europa. ¿A qué se atreverán dentro de veinte años, cuando hayan quintuplicado su número? Cada día más numerosos, más arrogantes, más seguros, más amenazantes. Estamos recibiendo la amenaza de unos extranjeros que nunca serán europeos; que siempre serán extranjeros en nuestra Europa; que odian todo lo europeo, todo lo nuestro. Que ya nos amenazan, nos intimidan, violan a nuestras mujeres y apalean a nuestros jóvenes, atacan nuestras propiedades, insultan nuestras tradiciones... nos matan; en nuestras calles, en nuestras ciudades, en nuestras tierras. Nadie los detiene (gobernantes, políticos...), sin embargo. Se les deja hacer, se les deja crecer. Estamos alimentando un monstruo que amenaza claramente con destruírnos. Mimamos a un monstruo que nos devorará.

     Estos huéspedes indeseables han dejado claras sus intenciones de dominio. Es, o ellos, o nosotros.

     Europa, amada Europa, despierta, despabila...

     Padres celestiales, bienaventurados. Despertad a Europa de su letargo. Esto os ruego. Ésta es mi súplica. Despertadla a tiempo. Esta astenia primaveral, disipadla. Que madure la renacida, la renovada Europa. Padres, hermanos, antepasados: soplad sobre la doncella.

     Madre Europa, Madre de las Auroras, Mater Matuta... Padre Zeus, propiciad esta nueva aurora, este nuevo sol, este nuevo día; no permitáis que caiga tan joven.

     * Los judíos son anti-gentiles, los cristianos son anti-gentiles y anti-judíos, los musulmanes son anti-gentiles, anti-judíos y anti-cristianos. Finalmente, los judíos niegan a los cristianos y a los musulmanes, los cristianos niegan a los judíos y a los musulmanes, y los musulmanes niegan a los judíos y a los cristianos. Las tres ramas se niegan entre sí.

     Los gentiles son los pueblos negados, anatematizados, perseguidos, eliminados... por los judíos (en su tierra "prometida"), y por los cristianos y los musulmanes en todo el planeta.

     Dicho esto, hay que decir que Mahoma coincide en sus actuaciones con los líderes del Antiguo Testamento, aquellos que conquistaron la tierra "prometida" y establecieron el reino de Israel. El dios de Moisés (el dios de los ejércitos), y de los primeros judíos (Josué y otros), y el dios de Mahoma, están muy cerca. Contamos con suficientes datos (fuentes musulmanas) acerca de Mahoma, los llamados "hadiz" o "hadices". No hay que inventarse nada con respecto a la vida de Mahoma. Nada denigrante, quiero decir.

     ¿Cuál sería la intención de aquellos biógrafos (Bukhari y otros) cuando recogían y transcribían detalles tan ominosos de la vida de Mahoma? Detalles que ya repugnaban en aquella época; que repugnan a los humanos de todas las épocas.

     ¿Qué tipo de hombre (o mujer) puede seguir a un personaje como Mahoma? Su líbido de placer y de poder, de riquezas. Su codicia. Su lujuria. Su rencor. Su crueldad. Su carácter diabólico, ambiguo, falaz. Su doble lengua. Está en las antípodas del hombre verdadero, justo, bueno; en las antípodas de la bondad-bella-de-ver. Justamente el anti-tipos.

     Su pelo teñido, sus ojos pintados, sus lujosas túnicas, sus perfumes, su gordura...

     Vuelvo a preguntarme, ¿cómo se puede tener a Mahoma como "gran hermano", como "modelo"... quién?. ¿Qué gente, qué espíritu? Nunca comprenderé las razones que mueven a un hombre (o a una mujer) a convertirse en musulmán, en un seguidor de Mahoma. Someterse a tal modelo, ¿quién?, ¿por qué?, ¿cómo?.

     Mahoma imita un texto religioso —como el judío, o el cristiano. El estilo, el lenguaje. Es una parodia el Corán, una parodia de texto "revelado". Su dios es un dios de los ejércitos, como el viejo Iahvé de los hebreos. Quiere tierras, quiere dominar sobre todas las tierras y todos los pueblos. Quiere ser adorado por todos los pueblos. El dios, el profeta, y el pueblo árabe. Ésta era la ambición de Mahoma. La sumisión (la islamización) de todas las tierras y todos los pueblos.

     Ciertamente es también lo que querían los primeros cristianos (Pablo). Aún tenemos apóstoles y misioneros cristianos propagando la fe judeo-cristiana por todos los rincones del planeta. Desarraigando los pueblos, hay que decir, alienándolos. Rompiendo milenarias cadenas de generaciones.

     Volviendo a la pregunta ¿quién puede ser seguidor/a de Mahoma?, ¿qué dice ese modelo, ese "gran hermano" a imitar?; ¿hacia dónde conduce a sus seguidores?; ¿qué les mueve a hacer?. ¿En qué situación psicológica hay que estar para seguir a un modelo así?. ¿Qué mueve, qué encuentra el seguidor, qué parentesco, qué afinidad...?.

     Texto cínico, el Corán. Propio del canalla más grande que haya parido la Humanidad. Nadie se le iguala. Su éxito es lo preocupante. La muchedumbre de sus seguidores. La "umma". Las tinieblas y la muerte. Los sombríos. El Corán les da el lenguaje, los legitima, los pone en marcha contra el otro. Quieren pisar cuellos, oprimir, humillar. La "umma", la "ecclesia" musulmana. Tienen el dios y el profeta que les corresponde. Ellos son así. Mahoma es el carnero guía para tal rebaño, el modelo "ideal" de ese rebaño. El dios de la venganza, y del rencor, los pastorea —el más cruel y sanguinario. El que animaba a Mahoma. Mahoma mismo, su creador.

     Es el lenguaje del rencor y de la venganza. Es el lenguaje del que quiere sangre.

     Es un dios terrorífico, es un profeta terrorífico y sangriento. Eso es lo que tenemos con Mahoma. Es el dios de la violencia, de la crueldad. Es el dios del que guarda rencor. El profeta dio rienda suelta a su crueldad y a su sed de sangre, a su voracidad, a su codicia, a su lujuria, a su vanidad... El dios le permitía o le ordenaba todo lo que deseaba. La parte del botín, las mujeres... los asesinatos... ¿Cómo alguien puede ser musulmán, quién...?.

     Hay que carecer de nobleza y de belleza espiritual para ser conscientemente musulmán. Hay que ser un canalla. Cuanto más consciente, más canalla. No se sabe a quién excluír de la "umma". Los idiotas, quizás. La muchedumbre guiada, conducida por las autoridades religiosas. Multitud de peones. Ciegos, fanatizados. Los clérigos, las autoridades religiosas son los responsables de su educación. Desde su infancia están en sus manos. Hombre y mujeres envilecidos y degradados, eso es lo que producen.

     Sin embargo, y pese a su entorno y a su educación, muchos y muchas han despertado. Su espíritu noble los ha despertado y los ha sacado de allí. Su fondo de nobleza y de amor a la verdad, su espíritu de justicia. Su claridad, su luz natal, su genio propio. Su naturaleza clara y noble. Ibn-Warraq, Amil Imani, Wafa Sultán... entre muchos, entre cientos, entre miles; hombres y mujeres valientes. Aunque no son suficientes. Se necesita más luz. El monstruo de los monstruos debe caer, los pueblos deben ser liberados. De Indonesia a Marruecos. Una gran revolución cultural en todo el ámbito islámico, contra la opresión espiritual y el poder de los clérigos o autoridades religiosas extranjeras. Contra el Corán, contra Mahoma, contra la colonización árabe-musulmana. Contra el dominio espiritual extranjero. Contra los que destruyeron sus culturas y le impusieron una ajena. Contra la primitiva alienación.

     ¿Es posible esto en el ámbito islámico, tal revolución cultural? Aquí no tiene que caer más que la cabeza del monstruo. Es un símbolo el que debe caer, el que debe dejarse atrás. Se puede salir. Los pueblos pueden dejar atrás modos y formas del pasado sin violencia; dejando caer, simplemente. Alejándose paso a paso de ese período. Esa transición pacífica les deseo a los pueblos islamizados: a Irán, a Egipto, a Iraq... Pueblos cultos, con larga historia. Egipcios, fenicios (libaneses), sumerios (iraquíes), turcos, persas, indios, indonesios...

     Invoco aquí la antigüedad y la sabiduría de estos pueblos. La ancestral y autóctona. Que brille, que renazca y se oponga al poder espiritual extranjero. Que los pueblos tengan en cuenta su historia, y que no nacieron con el Islam.

     Amigos, es una guerra secular, milenaria. En esta guerra son los pueblos los que han perdido en cada batalla, en cada momento de expansión de algunas de las ideologías totalitarias religiosas o políticas, en cada oleada. Los pueblos hemos sido destruídos, pisoteados, humillados, y espiritualmente (culturalmente, simbólicamente) alienados. Es desde las culturas étnicas que tenemos que librar esta última batalla. Desde lo nuestro, en defensa de lo nuestro ancestral y autóctono. No nos dejaremos arrebatar el legado milenario. Nunca más.

     Todos los pueblos deben aprestarse a librar esta batalla contra el Islam, el último rostro de Tánatos. Contra las tinieblas, contra los tenebrosos. Contra el horror. Es la última batalla.

     * Un espacio desde el cual reanudar nuestra historia. Cada pueblo. Un planeta con multitud de pueblos y culturas. Fuera de los laberintos del neolítico. Un período de abundancia y prosperidad para los pueblos. En el futuro.

     Pero ahora estamos obligados a luchar contra la sumisión que viene; contra la amenaza islámica. Contra la muerte y el olvido. Contra la pesada noche que se alarga en demasía; contra la mala noche.

     Contra Tánatos, Surt, Vritra, Tifón. El Islam es su último rostro. El que con violencia retiene en su reino sombrío a la nueva aurora, al nuevo sol, al nuevo día. Tenemos que avanzar y hacer retroceder a las tinieblas, o las tinieblas nos destruirán. Los pueblos nos jugamos nuestro futuro, nos jugamos nuestra misma existencia, en este período de transición, en esta aurora. Que no se prolongue más la noche. Decidíos por la claridad, la transparencia, el día. Decidíos por el futuro.

     * La destrucción de nuestra memoria, de nuestras identidades culturales. Pues el mundo comienza con el Islam, como otrora comenzó con el cristianismo. La nueva Era cristiana; la nueva Era musulmana. Anulación de la historia milenaria, así como de la sabiduría acumulada; pertenecen al tiempo de la ignorancia, son obra del diablo (para unos como para otros). Se satanizan, niegan, deforman, o destruyen, las culturas ancestrales (dioses, antepasados...). Que cada pueblo considere su caso. Una nueva edad sombría se nos aproxima, liderada esta vez por el Islam. Una larga noche, un invierno supremo. De nuevo.

     No logramos deshacernos de las tinieblas y de la muerte.

     Un esfuerzo supremo, a su vez, tendrán que hacer los pueblos para deshacerse de los tenebrosos, de los sombríos.

     Primero, recomponer la maltrecha línea ancestral. Los pueblos cristianizados o islamizados. Enlazar con los antepasados; con los tiempos previos, anteriores; con los tiempos condenados. Recuperación de la memoria. Dignificación. Desde el momento presente.

     * ¿Qué argumentos usar con los europeos?; ¿cómo advertirles de la peligrosa situación en la que se encuentran sin que te tomen por loco, o por racista? El Islam es un enemigo real. Lo tenemos en casa. Crece, y se desarrolla, y se fortalece, en nuestro interior. Algún día podrá con el anfitrión, y lo abatirá. Podrán con nosotros. No quiero ni pensar lo que les queda a nuestros hijos, a nuestros nietos... En minoría. En su propia tierra, en su propio hogar.

     No es sólo una guerra ideológica la que nos planta el Islam en nuestra propia casa, es también una guerra demográfica. Cambiará el sustrato étnico y lingüístico-cultural de nuestro continente. La Europa europea desaparecerá. Los europeos milenarios desapareceremos. Nuestra cultura se pudrirá en los anaqueles, en los museos, en los laboratorios... Nuestra cultura, nuestro sentido, nuestro ser simbólico milenario. Como si nunca hubiéramos sido.

     * No debimos darle ninguna oportunidad, no debemos darle ninguna más. Tenemos que comenzar la repatriación desde ya. Devolverlos a sus países de origen, al Muspel, al infierno de donde proceden. No traen sino la miseria y la muerte. Librarnos del peligro ideológico y demográfico que supone la población musulmana extranjera en Europa.

     Todo el cuidado de los países occidentales con el ámbito geopolítico islámico, fuente de recursos energéticos. La población europea o los intereses económicos europeos en el ámbito islámico. Ese chantaje. Los gobiernos tienen las manos atadas. Hemos llegado a tal punto que cualquiera de las medidas que se establezcan para librarnos de la población musulmana extranjera nos causará problemas, internos y externos, problemas económicos, y problemas militares; dentro y fuera. Es la inevitable guerra que viene, que ya es.

     Las medidas que se tomen en su momento, pues se tomarán, nos traerán aún más problemas con los países musulmanes. Hay que estar preparados. Europa limita al Sur y al Este con estos países (el Sur africano y el Este asiático —Turquía, Cáucaso, Asia central). Estas fronteras deberán ser reforzadas. Es la línea de avance de las tinieblas. Es necesaria una nueva generación de políticos capaces de enfrentarse a los retos que nos vendrán con la población musulmana extranjera. Políticos valientes. Y un pueblo valiente, para lo que se nos aproxima. Una actitud valiente y decidida frente a la amenaza islámica; de todos y cada uno de los europeos. La política contra el Islam tendrá que estar más allá de las ideologías de los partidos. Unidad europea frente al Islam. En su momento, todos estaremos enzarzados en esta "guerra". Todos estamos amenazados, todo lo nuestro; nuestro pasado, nuestro presente, y nuestro futuro.–



"Cómo los Europeos Perdieron Europa"
por Manu Rodríguez
23 de Noviembre de 2009


     * La batalla de Europa se pierde. La perdemos. La concesión de la nacionalidad y el voto a estos emigrantes asiáticos y africanos fue el remate en la cadena de errores cometidos por nuestros políticos con respecto a esta población extranjera que nos inunda desde hace decenios. No sé si soportaremos a estos musulmanes extranjeros en nuestros ayuntamientos, en nuestros parlamentos, en nuestros gobiernos, mandando en nuestra casa, estos extranjeros en cuyos países de origen nosotros, los europeos, no tendríamos ni la menor oportunidad política, y viviríamos, probablemente, como "dhimmis". Es lo que nos espera en nuestra propia casa, en nuestro propio hogar, aquí, en Europa. Los partidos islámicos arrasarán en su momento. Perderemos Europa democráticamente. No habrá nada más absurdo en la historia de la Humanidad. Seremos el hazmerreir del planeta durante milenios. "Cómo los europeos perdieron Europa".

     Los líderes de los países musulmanes ya se felicitan, se congratulan de la bonanza. Están exultantes. Atiéndase a sus observaciones acerca de la situación del Islam en Europa. Lo fácil que les está resultando. Un tigre de papel. Ya se frotan las manos.

     Los europeos perderemos Europa para siempre.

     La única medida, la única salida, la única solución que nos queda es la expulsión de Europa de esta masa de musulmanes asiáticos y africanos. Expulsar, e impedir la entrada. La única salida para detener nuestra destrucción, la destrucción de Europa. Es, o ellos, o nosotros. Hasta que los europeos no vean esto claro, la cosa no tendrá visos de solución.

     El tiempo corre a su favor, a favor del Islam. No encuentran resistencia alguna. Avanzan y avanzan por doquier. Cada día más numerosos, cada día más poderosos. Aquí, en nuestras tierras. Una ofensiva "pacifica". De momento.

     Tendríamos que empezar a actuar desde ya. Lo primero es privarlos de la nacionalidad y del derecho al voto. Nada de reagrupamientos familiares, estancias limitadas. Expulsión de los elementos indeseables. Desparasitarnos desde ya. Si nada hacemos, perderemos. Eso está claro. Si no tomamos medidas. Es sólo cuestión de tiempo.

     Tiempos malos, muy malos, nos vienen a nosotros, los europeos. Vientos terribles soplan. Vientos de guerra, de destrucción y muerte. Son los vientos de Surt. Es la batalla de Europa. Europeo, te juegas tu destino, ser o no ser.

     ¡Ay, europeo, despabila, yérguete! Hazte cargo de la situación. Enfréntate. No quieras no mirar lo que pasa. Toma partido, ocupa tu puesto. Es una batalla histórica, es una batalla mítica. En la tierra y en los cielos. Que sea "cómo los europeos no perdieron Europa". Nuestra Europa, la Europa de los europeos milenarios. Milenios entretejidos con la flora, con la fauna, con el clima, con el agua, con el aire, con la luz. Hombres y mujeres. Generaciones. Culturas. Esta tierra sagrada nuestra. Estos cielos nuestros. Lo perderemos todo.

     La única gesta que se está realizando ahora es la que llevan a cabo los asiáticos y africanos que invaden y conquistan Europa "pacíficamente". Ellos cantarán su epopeya dentro de algunos siglos. Cómo conquistaron Europa, cómo se hicieron con Europa. La Europa europea desaparecerá. Desapareceremos. No seremos nunca más. La muerte y el olvido caerán sobre todos nosotros. No retornará Balder, ni Arturo. Nuestras culturas quedaran truncadas, inacabadas, incompletas, a medio terminar. Enterradas, olvidadas, idas para siempre.

     Europa no podrá resurgir de esta derrota. Será nuestro último avatar. Sin tierra, y sin memoria. No se cantarán nuestras gestas, ni nuestros logros. Somos ya un pueblo sin futuro. Derrotado de antemano. Canto el fin, quizás. Éste es el fin. El fin de Europa. La nueva Europa que emergía. La joven, la renovada Europa. Truncada en plena juventud. No floreceremos nunca más. No daremos más frutos. Ésta es nuestra última primavera.

     Canto de cisne todo lo que hagamos desde ya. Elegías. Endechas. Lamentaciones. El aire melancólico del fin.

     Europeo, en tus manos está el pasado, el presente, y el futuro de Europa. De los europeos de las presentes (y futuras, muy pocas) generaciones depende el destino de Europa. En estos momentos Europa se juega su destino, ser o no ser. En plena juventud, en plena aurora. Madurará Europa. Pero madurará para contemplar con pesadumbre su ruina, su caída, su extinción; sus generaciones perdidas; su tiempo perdido. Cuando sea demasiado tarde. Para contemplar el fin. Lo que nos queda.

     Ha de ser toda Europa la que tiene que ponerse en pie. La del Norte y la del Sur, la del Este y la del Oeste. Del Ártico al Mediterráneo, del Atlántico al Pacífico. Las naciones y los pueblos europeos. Todos. El pueblo de Europa se enfrenta a la muchedumbre musulmana extranjera que la invade. ¡Fuera de aquí! Generaciones airadas necesitamos. Conscientes del peligro, de la situación; bien informados. Decididos. Firmes. Toda Europa.

     Es una pesadilla lo que vivimos, es la pesadilla de Balder. Por segunda vez. La palabra de Balder sigue sin surtir efecto. Las voces que avisan aquí y allá. Nadie les presta atención. Nada se hace.

     Qué pocos los que escuchan, los que miran, los que ven. Qué pocos los avisados, qué poca la luz. Es el fin. Será nuestro último crepúsculo. Cuanta oscuridad ya, cuanto frío.

     * Los europeos "buenos", los que no oponen resistencia en virtud de sus principios democráticos y humanitarios, no son "buenos", son estúpidos. Bobos, necios, tontos útiles. Y así los considera el mismo Islam. Ocurrencias como la "alianza de civilizaciones", propias de la ignorancia y de la "estultez" (con "z" de Zapatero).

     Lo bueno, ahora, lo que nos viene bien ahora, es la resistencia. Lo bueno sería que toda Europa se uniese frente a esta disolución, a esta desnaturalización de nuestro amado continente. Nuestra patria milenaria. Lo malo es que no lo haga, y que no haya visos de que vaya a hacerlo. Lo bueno para Europa, y lo malo para Europa. Los buenos y los malos europeos son aquellos cuya acción redunda en beneficio o en perjuicio, respectivamente, de Europa.

     Así como una manzana es buena para nuestra salud. Nos viene bien, nos hace bien. Nos hace más fuertes, más sanos. Hay también lo que nos nace mal, nos hace daño; es malo. La bondad y la maldad de las cosas y sucesos. Con respecto a nosotros. Aquí está la medida de la bondad. Lo bueno y lo malo, aquí, y ahora. No un "nosotros" universal (urbi et orbi), sino un "nosotros" local, relativo a un pueblo.

     La "bondad" y la "maldad", pues, son relativas. El comportamiento bueno y el comportamiento malo. Lo que es bueno para la propagación del Islam en Europa es malo para los europeos, simplemente. Cualquier comportamiento (por parte de los europeos) que coadyuve a esta propagación, es malo (para nosotros los europeos). Aquí no caben las "buenas intenciones", o la abstracta "bondad"; aquí importa la acción, y el resultado de la acción. Si favorece o no favorece, si hace bien, o hace mal (a nuestra salud, a nuestro pueblo, a Europa). A corto, a medio, a largo plazo.

     No pueden pasar por "buenos" aquellos que contribuyen a nuestra destrucción, a nuestra desaparición, todos los que favorecen la expansión del Islam (ideológica y demográfica) en nuestra Europa, que no sólo no ponen freno sino que facilitan la entrada y el asentamiento de esta muchedumbre de asiáticos y africanos. Es una pésima actuación para Europa. Nos arrepentiremos de este período.

     La "bondad" universal, abstracta, hipócrita, fea. La no-bondad. La que trae malas consecuencias. La que hace mal.

     Es una ignorancia esencial. No deberíamos tener ni siquiera dudas al respecto. Lo que nos viene bien, lo que nos viene mal.

     Es un hechizo, un encantamiento, lo que padecen los europeos en estos momentos. Hechizo verbal, lingüístico, ideológico. Palabras los confunden y los detienen.

     ¿Quieren los europeos perder Europa? La desnaturalización de Europa; después de milenios. Desaparecerá la Europa europea. ¿No les preocupa a los europeos tal cosa? Entre la ceguera, la maldad, y la negligencia, la perdemos. Perdemos Europa, amigo, hermano, europeo. Es una lenta agonía lo que vivimos. Un lento crepúsculo. ¿Cómo mirar impávido la caída, la ruina de un continente? La ruina de nuestra propia casa. Lo que nos queda. Asistir a nuestra propia extinción. Las últimas generaciones de europeos. Nos hundimos en las tinieblas y en el olvido. No habrá ya ningún mañana para nosotros.

     * De momento, "compartir" Europa con esta muchedumbre de musulmanes extranjeros. La intervención de éstos en nuestros problemas sociales, culturales, económicos, militares, políticos, sanitarios… Estos recién llegados. Hablando de nuestras cosas. De nuestras cosas milenarias y centenarias. Interviniendo en nuestras vidas. ¿Qué sentido tiene esto?, ¿cómo se les consiente?, ¿cómo lo permitimos?.

     Sin duda que carecemos de dignidad. Con la nacionalidad adquirieron nuestros derechos, derechos que han costado a nuestros inmediatos antecesores (y a muchos de nosotros) sangre, sudor y lágrimas. Malbaratamos la hacienda. Menospreciamos el esfuerzo de nuestros antepasados. Ponemos en peligro nuestra cultura política, nuestro ámbito cultural todo, lo logrado, lo alcanzado.

     Ahora pueden opinar, e incluso dirigir nuestro destino. ¿Cómo...?, ¿por qué? Es una pesadilla lo que vivimos. Es el comienzo del fin. Por lo demás, este exceso de población (en su gran mayoría no productiva y extrayendo dinero del Estado) colapsará económicamente a Europa, y nuestros proyectos de futuro. Hundirá a Europa, el proyecto europeo; volverá a fragmentarse, y ya con componentes no europeos. Los pequeños países escasamente poblados peligran. Perderemos zonas de Europa. Éste es nuestro futuro inmediato, el que vivirán nuestros hijos y nietos.

     Nuestro futuro se ha complicado irreversiblemente. Tenemos que enfrentarnos a este reto, y resolverlo. Y tenemos que resolverlo a nuestro favor.

     Si nada hacemos, a la larga nuestra situación (la de nuestros herederos) se tornará insoportable. Europa irá pasando gradualmente a manos de estos extranjeros. En cuanto sean mayoría en un país lo islamizarán absolutamente. Podrían fragmentar incluso países seculares (como Francia). Los restos de población autóctona que queden tendrán que emigrar, o someterse a la condición de "dhimmi", o islamizarse. Ésta es la Europa que les dejamos a nuestros descendientes.

     Podríamos imaginar ya nuestra Europa medio islamizada, medio perdida, nuestro inmediato futuro, lo que acaecerá de seguro, si nada hacemos.

     Dadas las circunstancias actuales, es nuestro futuro más probable. La ignorancia, la indiferencia, la confusión —los "buenos". Éstos son los más. Sólo una minoría clama. Es una ridícula minoría la de los europeos conscientes del peligro, los que abiertamente luchan contra la islamización de Europa, ante la pérdida de Europa. Una minoría activa. Apenas nada para apagar los fuegos de Surt.

     Si bien aún estamos a tiempo para revertir la situación, si persisten las actitudes actuales de indiferencia y demás entre los europeos autóctonos, perderemos irreversiblemente Europa.

     * El problema radica en las ideologías universales. El "universalismo" (religioso o político) es el problema. El Islam es la más virulenta de estas ideologías universalistas. Si no destruímos el Islam, el Islam nos destruirá a nosotros. Y con el "nosotros" me refiero ahora a todos los pueblos y culturas del planeta.

     Se trata de una "guerra" universal contra el Islam. Este monstruo se ha despertado con hambre de pueblos y naciones. Todos los pueblos y culturas peligran con este Islam militante que se extiende por todos los rincones del planeta. Es la tercera oleada del Islam, como dicen.

     Europa, con todo, se pierde. Demasiado contaminada, demasiado infectada. Ya ha perdido su pureza arcaica. Los europeos milenarios serán una porción minoritaria de la población de esta Eurabia que se nos avecina, que se nos impone. ¿Dónde iremos, qué nos unirá en el futuro? Nos destrozarán incluso como pueblo. No seremos.

     Ésta es la amargura de Juliano, y de Libanio, de aquellos pocos que clamaron cuando la paulatina cristianización. Cuando se perdieron los cielos. Aquel primer embate de Surt que consiguió acabar con nuestros mundos. Hoy viene además por nuestras tierras, por nuestras casas, por nuestro hogar.

     Perdemos nuestro hogar milenario, no perdamos los cielos. Conservemos nuestros cielos europeos, nuestros mundos. Germanos, eslavos, celtas, baltos, griegos... Conservemos el genio de Europa.

     Hemos de seguir siendo europeos aun en el exilio. La nave Europa, la Europa europea, la Europa gentil. Mantener el nexo con nuestro pasado milenario. Nuestra cultura común será nuestra religión. Jamás perderemos nuestro ser simbólico europeo. Vayamos donde vayamos, Europa será por siempre, para nosotros, un nombre sagrado. Madre Europa. Dea Europa.–



El Dios que Desata y Libera
por Manu Rodríguez
11 de Octubre de 2012


     * Me hablas de Occidente, de la decadencia de Occidente, del fin de Occidente... Pero es el Occidente Blanco el único que corre el peligro de desaparecer. El Occidente Blanco, las naciones aryas: Europa y la Magna Europa. El Occidente nuestro: nuestra fuerza, nuestro empeño, nuestra labor. El multiculturalismo y la inmigración están provocando la disolución de nuestras naciones. Nuestros países se llenan de sub-saharianos, de musulmanes asiáticos y africanos (los más numerosos), de chinos... En su momento seremos minoría en nuestras propias tierras.

     ¿Nación arya? No somos aún una nación arya. No podemos constituír una "liga" de naciones aryas. No podemos acudir en nuestra defensa. Estamos atados, y desarmados. Primero tenemos que liberarnos. Somos, desde hace milenios, pueblos alienados, naciones alienadas. La tradición judeo-cristiano-musulmana, semita, nos domina por completo. Son, en último término, tradiciones semitas las que nos instruyen o conforman (nos deforman y destruyen más bien) desde que nacemos —desde la cuna a la sepultura.

     No somos nosotros, no hablamos nosotros en tanto lo hagamos desde ese espacio, desde ese lugar: el ámbito judeo-cristiano-musulmán. Dentro de estas tradiciones no somos, desaparecemos.

     * El cristianismo fue para nosotros un caballo de Troya (un regalo envenenado). Fue el arma usada por los judíos para introducir mansamente su mundo en nuestras mentes y corazones y hacer valer su causa (es el pueblo elegido); para minar también nuestra confianza en nosotros mismos, y sembrar la duda y la mala conciencia acerca de nuestras tradiciones; para disolver nuestra identidad cultural, para dividirnos, para debilitarnos, para deshacernos. La estrategia de Saulo, el apóstol de los "gentiles". Tenía sus riesgos y desventajas para ellos mismos, pero les mereció la pena. Lograron sus propósitos. A la postre, la tradición judía se impuso sobre nuestros pueblos.

    Con el "nuevo testamento" venía también el "antiguo testamento", el completo mundo judío —que acabó devorándonos. La "buena nueva", el "evangelio", resulto ser el señuelo. El cristianismo es un judaísmo para gentiles. Un medio-judaísmo, añado; un judaísmo des-potenciado, descafeinado, castrado y castrante. Un ideario para esclavos, siervos, y subordinados.

     El anti-judaísmo o la crítica a los judíos en los Evangelios, o en Saulo, es una cortina de humo. Esto es lo que consiguió introducir el nuevo orden cristiano en nuestras tierras europeas: un nuevo y único dios, el dios de los judíos; una nueva y única tierra sagrada, Israel, la tierra de los judíos; una nueva y única historia sagrada, las escrituras judías (escritos judíos y judeo-mesiánicos —cristianos); una única lengua sagrada (el hebreo); un único pueblo elegido... Y no olvidemos que "la salvación viene de los judíos" (en el Nuevo Testamento). Entretanto, nuestros pueblos, tierras, historias e identidades fueron desacralizados, profanados y proscritos (antepasados, templos, lugares sagrados, tradiciones varias, libros...).

     La cristianización de nuestros pueblos acabó destruyendo nuestras identidades ancestrales, nuestras genuinas señas de identidad. Se destruyó nuestra memoria colectiva ancestral. Fue un violento proceso de aculturación y enculturación. Allí morimos —murieron nuestros pueblos; o fuimos transformados en otra cosa. Allí comenzó nuestra alienación, nuestra vida alienada, nuestra historia alienada. Tras las cristianizaciones nuestros pueblos dejaron de existir. No más griegos, romanos, godos, galos o eslavos; a éstos no se les dejó otra identidad que la de ser o no ser cristianos. A los diversos pueblos europeos aún no cristianizados se les hizo desaparecer, fueron aglutinados y difuminados bajo el término "pagano", que viene a decir "rústico" o "campesino". El término hacía alusión a los cultos campesinos romanos, pero también tenía connotaciones de inculto, de no cultivado o no civilizado. Era (y es) un término despectivo. Al igual que el de "goyim" ("gentes" o "gentiles", dichos también despectivamente) que nos aplicaban y aplican los judíos (o el de "kafir" que más tarde usarían los musulmanes —el otro hijo judío, el otro vástago de la cepa judía, el segundo engendro).

     Dicho sea de paso, el libro sagrado de los judíos (y de los cristianos) es un auténtico protocolo de acción con respecto a los otros, a los "goyim", a las gentes, a los gentiles; la estrategia de dominio de los judíos (y los cristianos) frente a los otros. Advierte, por ejemplo, la técnica de difamar y minar la moral de los pueblos o ciudades cuya destrucción o conquista se pretende, aquello que envidian, codician, o temen: Egipto, Canaán, Jericó, los filisteos, Sodoma, Babilonia... Roma. (Occidente, en la actualidad). Los furiosos anatemas que se les lanzan. La pintura que hacen de sus poblaciones, de sus costumbres (su decadencia y todo lo demás). Es la injuria y la calumnia sobre los pueblos otros. Los musulmanes cuentan además con un texto suplementario, el Corán. Tanto en el Antiguo Testamento como en el Corán se dan indicaciones literales y alegóricas de cómo se ha de conquistar, destruír o, simplemente, tratar al otro ("goyim" o "kafir"), los pasos a seguir. Son "artes de la guerra", manuales de estrategia para todo tiempo y lugar. Tales estrategias de dominio se incluyen en lo que se define adecuadamente como "estrategias evolutivas de grupo" (en Kevin MacDonald).

     Nosotros, los pueblos aryas, el Occidente Blanco, carecemos de tan manifiestas "estrategias evolutivas de grupo" (a la manera semita). No estamos, sin embargo, faltos de consejos y de avisos, de sentencias sabias, de libros luminosos; de sabiduría.

      Contamos además con mitos, leyendas, y cuentos maravillosos, los viejos relatos pre-cristianos, que nos proporcionan las armas y estrategias que necesitamos, y un lenguaje propio, el lenguaje épico-heroico nuestro. Pertenecen al tiempo en el que teníamos conciencia de grupo, cuando este sentimiento de pertenencia a un pueblo estaba aún vivo (romanos, germanos, celtas...). Los relatos sobre amenazas, por ejemplo, que afectan a todo el colectivo, o a todo el Reino. Son relatos en lenguaje figurado o alegórico, y pueden ser aplicados en las circunstancias adecuadas.

     La estrategia evolutiva de judíos, cristianos y musulmanes se encuentra, pues, en sus libros sagrados. No necesitan de otros "protocolos", ni de otras hojas de ruta. Tales textos sagrados son intocables, por supuesto. Los aspectos supremacistas (megalomaníacos) o crueles implícitos y explícitos en dichos textos son generalmente excusados (dada su naturaleza arcaica y religiosa, dicen). Aún más, esos libros "sagrados" son universalmente elogiados por su humanidad y su altura moral. En ciertos círculos se los considera como pasados de moda, inocuos, inofensivos. No puede caber mayor confusión al respecto —mayor engaño.

     No podemos reprochar al enemigo su astucia. Si se aceptan sus discursos (si se juega su juego), se aceptan su supremacía y nuestra sumisión. Así de simple. Y esto vale tanto para el discurso judío como para el cristiano, o el musulmán. "Te concedo la vida eterna si abandonas todo lo que tienes (o te niegas a ti mismo) y me sigues...". De esta guisa son sus reclamos. Y así parten, bien pertrechados de cebos, a la pesca y captura; a ver quién pica, a ver quién cae. Así pasan los días y sobreviven. No podemos culpar al tramposo porque hayamos, nosotros o nuestros antepasados, caído en sus trampas. En nuestra mano está el no caer en ellas. Fuimos nosotros, los ingenuos, los bienintencionados, los no avisados, los confiados y bobos Blancos los únicos responsables de nuestra torpeza.

     Hay que decir que en tal caída perdimos nuestra luz y nuestra libertad. Fue un error aquel paso dado, un grave error que las generaciones presentes y futuras hemos de reparar.

     Ingenuos, tontos, indiferentes, cómplices, cobardes, venales fuimos. Hubo de todo en aquel descenso, en aquella muerte, en aquel olvido. Es bueno guardar memoria de este doloroso asunto. El tramposo no es cosa del pasado, sigue aún entre nosotros.

     * Desde el siglo pasado contamos con una nueva hornada de instigadores judíos (Adorno, Marcuse...), y más recientemente musulmanes (Said, Rauf, Ramadan... —el Islam sigue desde sus comienzos la estrategia de los judíos, la ha mejorado incluso), que se dedican a criticar, censurar y minar (sin la menor legitimidad) los fundamentos económicos, políticos, sociales o culturales de nuestro mundo contemporáneo, al tiempo que abogan por una sociedad multi-racial y multicultural en nuestras tierras (¿con qué derecho estos extraños proponen cualquier modelo social en nuestras tierras?). Traen por igual la enfermedad y el remedio, por igual diagnostican y recetan, como los antiguos cristianos (con su pecado original, que afecta a toda la Humanidad, y su bautismo reparador), o los modernos psicoanalistas (con sus malsanos complejos, poco menos que innatos y universales, y su correspondiente cura psicoanalítica). Las maquinaciones y triquiñuelas del enemigo. Hoy como ayer. De nuevo circulan impunemente estos miserables con sus ponzoñosos discursos mancillando, enfermando nuestro pasado y nuestro presente, y condicionando, poniendo en peligro nuestro futuro con sus insidiosas propuestas socio-culturales, con sus maliciosas terapias sociales (con sus renovados anzuelos).

     El novísimo testamento que nos predican estos nuevos apóstoles de la gentilidad nuestra (recién recuperada tras la caída del Antiguo Régimen), es un nuevo ataque adaptado a los tiempos. Es una nueva amenaza, es una nueva prisión, un nuevo oprobio, un nuevo exilio lo que nos tienen preparado.

     Nos están construyendo un Occidente (un hogar) vago, difuso, borroso; de fronteras abiertas, tolerante, plural; multi-racial, multicultural, cosmopolita. Una utopía, nos dicen, un paraíso. Están construyendo nuestra ruina, nuestro infierno; reduciendo nuestro espacio vital; destruyéndonos fría, lenta y sistemáticamente. En nuestra propia casa. Los huéspedes, los invitados.

     Es un lavado de cerebros colectivo el que padecemos bajo estos nuevos discursos de "salvación" (desde nuestros Gobiernos, medios de comunicación o centros de enseñanza). Han logrado capturar la atención y la simpatía de parte de la población (los "buenos", la bien-intencionada Izquierda). Están además los desgraciados conversos (los convencidos, los engañados, los confundidos... los inconscientes traidores). Tanto unos como otros pasan a formar parte de las filas del enemigo, entrando de este modo en guerra contra su propia raza, su propia gente y sus propias tradiciones culturales; dañando, haciendo mal, perjudicando a los suyos. Saben bien dónde echar las redes estos granujas. Ahora como entonces.

     Es un ataque múltiple y altamente peligroso el que padecemos en la actualidad —demográfico e ideológico. Son las últimas batallas en esta guerra fría que no tardará en tornarse caliente y cuya finalidad no es otra que la de acabar con la ancestral homogeneidad cultural y racial de nuestros Estados, naciones o pueblos. Desvirtuar nuestro continente, nuestra geografía humana milenaria, destruírnos racial y culturalmente, convertirnos en minoría en esta tierra nuestra, en la tierra de nuestros antepasados. Es la venganza perfecta; la venganza consumada. Finalmente desposeídos de nuestras tierras y de nuestros cielos (no habrá otros cielos que los semitas). Esta vez lo perderemos todo.

     Estamos en desventaja ante esta ofensiva. Atados de pies y manos; moralmente desarmados; con lenguaje prestado, ajeno, enemigo. El lenguaje cristiano o pseudo-cristiano que se nos impone (todos los hombres somos iguales, derechos humanos universales; tolera, sufre, ama al enemigo...) nos invalida, nos paraliza, nos enmudece, nos detiene. Con ese lenguaje jamás venceremos a nuestros enemigos, a aquellos que pretenden nuestro mal. Es el lenguaje que forjaron y forjan para nosotros los enemigos de nuestro ser; el arma "moral" que nos dejan, aquella que nos desarma absolutamente. Es el arte de transformar a lobos y osos en cabritos y corderos. Los regalos envenenados del enemigo.

     No podemos reprocharle al enemigo ni su estrategia ni su voluntad de dominio. Hace lo que puede. Añado tan sólo que nuestra estrategia y nuestra voluntad de dominio han de superar con creces las del enemigo; nuestra luz y nuestra voluntad de futuro han de ser más poderosas que las de cualquier enemigo.

     Liberarnos, recuperarnos, purgarnos. Deshacernos de ellos. De esto se trata. Sudarlos como una mala fiebre. Expulsarlos, arrojarlos fuera de nosotros; de nuestras tierras, de nuestras vidas. Purificarnos. Librarnos de nuestro mal. Sanar. No será tanto una salida, un éxodo, como una expulsión, una purificación.

     * Zeus es el dios-padre de nuestros pueblos, Zeus/Dyaus. Todos los pueblos aryas lo invocan. Zeus es el dios de nuestro genio. Es un dios diurno, luminoso, solar. Nosotros amamos la claridad, la verdad, la justicia, la sabiduría.

     Nosotros amamos también la embriaguez; la embriaguez divina, la que trae la alegría. Zeus/Dyaus es nuestro Soma, nuestro Dioniso, nuestro Balder, nuestro Lug. A él le debemos la claridad sin sombra, el vigor y el entusiasmo.

     Somos un pueblo en marcha; nunca quieto, nunca detenido. Siempre adelante, siempre en progreso. Somos un pueblo que marcha, que avanza, que va. Detrás tenemos muchas historias, muchos renacimientos; muchas auroras. Somos un pueblo que renace. Somos también un pueblo con memoria, un pueblo que no olvida su pasado, sus pasadas transformaciones. Desde el paleolítico a nuestros días. Un pueblo con memoria que vive conectado a todos sus pasados. El pueblo con más larga memoria es el pueblo con más largo futuro.

     Esa memoria se recibe como un don santo. Es la memoria de mis pueblos; de todos los avatares, de todos los tiempos. Son los cielos de mis pueblos. El patrimonio espiritual, simbólico, de los pueblos aryas. Sólo mi pueblo tiene el derecho y el privilegio de recibir ese legado. Ningún otro pueblo tiene derecho a nuestra historia, a nuestra memoria, a nuestros cielos.

     Europa, Aryana. La tierra madre de los aryas europeos; la metrópolis. Nuestra tierra sagrada. La tierra de nuestros antepasados; y el espíritu, el genio de nuestros antepasados. Esto hemos de proteger y legar a los venideros.

     Las presentes y futuras generaciones aryas tenemos una grave responsabilidad. Nos ha tocado el más arduo destino, el más necesitado de las mentes y de las manos de todos. En este trance, o nos salvamos todos, o no se salva ninguno. Hemos de reconstituír el árbol en su plenitud. No podemos dejar a ninguno de nuestros pueblos en manos de los semitas (judíos, cristianos o musulmanes). Todos hemos de salir de esta noche, de esta muerte, de este abismo en el que llevamos cientos de años detenidos. Amigo mío, en el combate se encuentran la luz y la libertad. Claridad, vigor, y entusiasmo te deseo. Que el dios que desata y libera esté con todos nosotros.–




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