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domingo, 8 de febrero de 2015

Bruno Luedtke - Nietzsche y el Nacionalsocialismo



     Titulado "Nietzsche and National Socialism: Letters to an American Friend" (1969-1970), el siguiente escrito que tradujimos del autor alemán Bruno Luedtke (que es una carta en dos partes) se presenta como una reivindicación del famoso filósofo, al cual cada vez más se le quiere diluír su poderoso análisis-denuncia. Digamos que quiere rescatarlo como el filósofo profético del nacionalsocialismo. Bruno Luedtke perteneció a la Juventud Hitleriana, y a principios de los años '40 se integró al Partido Nacionalsocialista. Después de la guerra se implicó en el movimiento de resistencia bélica NS Werwolf. A principios de los años '50 estuvo involucrado en el Partido Socialista del Reich (Sozialistische Reichspartei Deutschlands) de Werner Naumann, que terminó siendo prohibido por la República Federal Alemana. Más tarde estuvo activo en el Partido Nacionaldemócrata y otros grupos de línea dura. Pero quizá su contribución más significativa fue haber actuado como una especie de mentor para George Lincoln Rockwell y haber servido como intermediario y vanguardia entre Rockwell y el clandestino movimiento NS alemán. Ambas cartas de Luedtke (desconocemos la segunda) fueron editadas en 1980 en The National Socialist, que era el periódico ideológico de la World Union of National Socialists. Todas las citas de Nietzsche han sido cotejadas con traducciones castellanas respetables.


NIETZSCHE y el NACIONALSOCIALISMO
por Bruno Luedtke, 1969




PRIMERA PARTE

     «Considero inútil cada palabra detrás de la cual no hay una llamada a la acción» (Friedrich Nietzsche, Schopenhauer como Educador).


Estimado Camarada:

     Usted a menudo me ha pedido que escriba sobre Friedrich Nietzsche y su relación con nuestro gran credo, para así remover la considerable confusión que hay actualmente —por motivos bastante obvios— construída alrededor de su nombre. Lo haré de buena gana, pero he decidido hacerlo mediante cartas a usted y sus camaradas por ahí.

     Es inútil tratar de convencer a algunas personas de una verdad si ellas, debido a su disposición natural (sea ésta una especie de decadencia o una bien definida mala voluntad, o simplemente por falta de la suficiente inteligencia), son incapaces de, o no están dispuestas a, reconocer aquella verdad. Son tales personas las que han creado toda la tontería y confusión sobre Nietzsche.

     Como Adolf Hitler ha dicho: "El requisito previo para la acción es la voluntad y el coraje para ser verídico". O como dijo George L. Rockwell: "Un nacionalsocialista afronta un hecho, le guste o no".

     Sólo aquellas personas que han nacido nacionalsocialistas —estén ellas conscientes de ello o no— serán capaces de reconocer las verdades vitales que fueron reveladas por primera vez por Friedrich Nietzsche.

     Sobre el mismo tema, Nietzsche mismo dice en Ecce Homo, que fue su propio comentario sobre su vida y sus obras, escrito prácticamente al final de su vida (es decir, antes de que su vida consciente terminara):

     «¿Cuánta verdad puede soportar una mente, a cuánta se puede atrever? Comprendí cada vez más que ésta era la verdadera medida del valor. El error (el creer en el ideal) no es la ceguera, es la cobardía... Cada logro, cada paso adelante en el conocimiento resulta del coraje, de la dureza contra uno mismo, de la pureza con uno mismo» [Ecce Homo, Prólogo, 3].

     Sería erróneo decir que Nietzsche fue un nacionalsocialista. El Nacionalsocialismo es la creación y la realización de Adolf Hitler. Nietzsche acababa de terminar su vida consciente y su obra a principios de [Enero de] 1889, cuando Adolf Hitler nació [el 20 de Abril]. Pero el Nacionalsocialismo es la única —la única posible— realización del conocimiento y las enseñanzas de Nietzsche.

     Nietzsche preparó el camino para el Nacionalsocialismo, para lo cual, paradójicamente, era completamente inevitable que él tuviera que decir muchas cosas que no eran nacionalsocialistas pero que sin embargo era necesario que él las dijera a fin de alcanzar la necesaria libertad interior e independencia a partir de la cual Adolf Hitler (quien fue el mejor conocedor de las obras de Nietzsche) podría al final crear la visión del mundo que de aquí en adelante predetermina toda la vida superior en la Tierra.

     Nietzsche reveló aquellas verdades y objetivos vitales sin los cuales no podría haber ningún Nacionalsocialismo hoy. Él no construyó el edificio por sí mismo, pero suministró muchos de los materiales esenciales para que nosotros lo construyéramos.

     Por otra parte, también debemos considerar lo que Lincoln Rockwell una vez escribió en una carta a Savitri Devi:

     «Una cosa es sentarse y escribir un libro con brillantes verdades e idealismo, pero es otra muy distinta ¡poner aquellas verdades e ideales en la realidad viva con la propia carne y sangre!».

     Nietzsche no era tan necio como para ignorar aquella importante verdad expresada por Rockwell. Pero muchos de nuestros críticos tienden a descuidar esta verdad, principalmente porque son incapaces de reconocerla. Estos críticos a menudo piensan que ellos pueden usar algunos pasajes de Nietzsche —arrancado de su contexto espiritual— para reforzar sus propios argumentos. Pero exactamente mediante tal comportamiento ellos simplemente muestran que nunca entendieron a Nietzsche, ni al Nacionalsocialismo, ni ninguna verdad vital en absoluto.

     No tenemos que prestar demasiada atención a tales tontos. Pero sin embargo es de interés, antes de que entremos a una discusión directa de los pensamientos de Nietzsche, examinar las extendidas equivocadas interpretaciones que existen hoy acerca de él.

     En sí mismo, no es de extrañar que existan tales conceptos erróneos. Mientras más grande es el pensador, mayor es el número de gente incapaz de entenderlo.

     Nietzsche fue un espíritu único que reconoció y nos presentó muchas de las más fundamentales verdades y leyes de la vida misma. Los liberales y los autoproclamados intelectuales pueden encontrar desagradables algunas de estas verdades y leyes, tales como los hechos incontestables de que la vida no es "agradable", no es "amable", no es "humanitaria", etcétera. Así también debemos considerar que la mayoría de la gente (incluso aquellos que podrían poseer la inteligencia necesaria) no tiene la fuerza, y por consiguiente el coraje, para reconocer estos hechos, como Nietzsche mismo lo declaró en el pasaje citado.

     Como ya he indicado, una gran parte del pensamiento y escritos de Nietzsche fue hecha con el propósito de ganar la libertad espiritual para él y otros como él. Libertad: aquello significa llegar a ser libre de los antiguos valores morales y tendencias. Tales viejos valores se originaron en la decadencia y fueron en su mayor parte resueltamente promovidos por la Judería para sus propios malvados fines, para rebajar a la Humanidad al nivel de animales degenerados e indefensos que no pueden presentar ninguna resistencia contra una dictadura mundial o un poderío mundial judío.

     Nietzsche, en cada frase que él escribió, no se refirió ni podía haberse referido a sus objetivos últimos y al modo en que él los veía, así como tampoco podía señalar el trasfondo judío de la decadencia mortal en cada página, aunque él dijera realmente más que suficiente sobre ambos puntos. Como Nietzsche dijo: "No escribo para asnos".

     Por "asnos" él no se refería a los trabajadores manuales y otros por el estilo, sino a personas de todas las clases, y sobre todo a ciertos profesores y gente similar de las clases altas, a quienes él llegó a conocer en toda su estrechez de mente y otros defectos espirituales aún peores.

     Con tales objetivos como los que Nietzsche tenía en mente, él sólo podía escribir para aquellos con intelectos realmente excepcionales, y aceptar el riesgo de que un número considerable de mentes menores leería sus libros con los resultados inevitables de malentendidos y confusión.

     ¿Es alguna sorpresa, entonces, que tantas personas a quienes conocemos como "eruditos", "intelectuales", y otros por el estilo (es decir: aquellos que están sesgados por la ilusión de la "educación" y que creen que lo saben todo) a veces lean a Nietzsche y seleccionen algunas partes del todo que parezcan estar de acuerdo con sus propios deseos y prejuicios personales? Contra toda su charla vanidosa y sin sentido, sólo tenemos que referirnos a las propias palabras de Nietzsche.

     Antes de que examinemos los escritos de Nietzsche, sin embargo, déjeme decir unas palabras acerca de la naturaleza de sus obras. Ya dije que Nietzsche era a menudo incapaz de referirse al sentido último de sus ideas y escritos. Pero tres de sus libros son excepciones a este respecto.

     —1) El primero es "La Genealogía de la Moral", que fue escrito como un comentario para "Más Allá del Bien y el Mal", o como Nietzsche mismo dijo: Añadido a "Más Allá del Bien y el Mal" para completarlo y clarificarlo [1].

[1] Nietzsche quiso que "Más Allá del Bien y el Mal" sirviera como introducción a "La Voluntad de Poder", escrito que él planeó como su obra maestra. La "Genealogía de la Moral" fue escrita en la segunda mitad de Junio de 1887, en un período de veinte días. El material había estado listo ya antes que el de "La Voluntad de Poder". Nietzsche pareció tener algún presentimiento de que él no tendría los diez años que necesitaba para la finalización de esta última obra, de modo que tomó un poco del material que había reunido para ello y publicó eso como libros y ensayos separados. Esta categoría incluye: la quinta parte de "La Gaya Ciencia" ("Nosotros, los Intrépidos"), luego "La Genealogía de la Moral", seguida de "El Crepúsculo de los Ídolos", y finalmente "El Anticristo" (el primer libro de su pretendida Transvaloración de Todos los Valores). Según Nietzsche escribió a su amigo Franz Overbeck, él estaba más preocupado de que a consecuencia de esas obras la policía pudiera prohibir sus libros e incluso detenerlo. Por suerte, eso nunca sucedió.

     El 21 de Junio de 1888 Nietzsche escribió al escritor alemán-estadounidense Karl Knortz:

     «Me gustaría aconsejarle que leyera primero los últimos libros, ya que ellos son los de mayor alcance e importancia (Más Allá del Bien y el Mal y La Genealogía de la Moral). A mí personalmente me gustan mis libros intermedios como los mejores [2], Aurora y La Gaya Ciencia; ellos son mis libros más personales».

[2] Es decir, los libros que inmediatamente precedieron a "Así Hablaba Zaratustra" (1883).

     —2) La segunda obra particular es Ecce Homo, en la que Nietzsche comenta sobre sus escritos más tempranos y explícitamente suprime varias comunes ideas falsas acerca de sus obras que habían surgido ya durante su vida.

     —3) Un tercer libro de especial significación es Schopenhauer como Educador [la tercera de las Consideraciones Intempestivas], de su período más temprano. Él escribió sobre ello a Georg Brandes el 10 de Abril de 1888:

     «Lo que usted dice sobre "Schopenhauer como Educador" me da gran placer. Ese pequeño libro me sirve como un signo de reconocimiento: un hombre a quien dicho libro no dice nada personal, muy probablemente no tiene nada más en común conmigo. Básicamente, dicho libro contiene la regla de acuerdo con la cual he vivido hasta ahora; es una promesa estricta».

    Ahora, ¿qué dijo Nietzsche sobre aquellos queridos liberales, que ya habían existido durante muchas décadas antes de su época? Aunque ellos ciertamente no fueran en ese entonces tan "progresistas" como lo son hoy, sus ideas básicas eran exactamente las mismas que las de ahora.

     «Hasta esta fecha, nada ha sido más extraño y menos parecido a mí que toda aquella especie europea y estadounidense de librepensadores. Con ellos, como con los incorregibles cabezas planas y payasos de las "ideas modernas", estoy en un conflicto aún más profundo que con cualquiera de sus oponentes. Ellos, también —a su propio modo y según su propia imagen— quieren "mejorar" a la Humanidad; ellos emprenderían una guerra implacable contra lo que yo soy, contra lo que deseo, a condición de que ellos pudieran entenderlo» [Ecce Homo, Las Consideraciones Intempestivas, 2].

     Una idea del tipo de hombre para quien Nietzsche escribía sus libros es mostrada en el siguiente pasaje de Ecce Homo:

     «La tarea para los años siguientes [es decir, después del "Zaratustra"] fue delimitada tan estrictamente como me ha sido posible. Después de que la parte de "decir sí" de mi tarea había sido resuelta, el "decir no" tuvo su turno: la reevaluación de valores hasta ahora prevalecientes, la gran guerra, el provocar un día de decisión. Esto incluye el pausado mirar alrededor buscando mentes afines, aquellos que de su fuerza me extenderían una mano de ayuda para la tarea de aniquilación» [Ecce Homo, Más Allá del Bien y del Mal, 1].

     En palabras simples, Nietzsche hablaba a luchadores, a luchadores en pro de un nuevo mundo, nuestro mundo del futuro, luchadores contra el viejo orden, que es decadente, judío y putrefacto en cada respecto. Antes de que estos luchadores puedan desafiar efectivamente al viejo orden, sin embargo, ellos deben liberarse primero de sus valores decadentes.

     Para el resto, Nietzsche declaró en el Zaratustra:

     «¿Eres tú un hombre que tiene derecho a escapar del yugo? Hay muchos que dejaron de lado su último valor cuando se deshicieron de su esclavitud.

     «¿Libre de qué? ¡Qué le importa eso a Zaratustra! Pero tus ojos deberían decirme con claridad: ¿libre para qué [Así Hablaba Zaratustra, I, De los Caminos del Hombre Creador].

     Ésta es prácticamente una sentencia de muerte para el liberalismo, el conservadurismo, el capitalismo y para todos los tipos similares de "individualismo". ¿O es posible que aquellos intelectuales liberales que han leído a Nietzsche realmente lo entiendan? Nietzsche dice:

    «Por último, nadie puede oír más de las cosas, incluyendo los libros, que lo que él ya conoce. Aquello para lo cual uno no tiene acceso a partir de la experiencia, uno no tendrá oídos tampoco... Simplemente nada será oído en ese caso, conduciendo a la ilusión acústica de que donde nada es oído, nada existe... Ésta, por último, ha sido mi experiencia general» [Ecce Homo, Por Qué Escribo tan Buenos Libros, 1].

     Y:

     «Cada clase de "feminismo" en el ser humano, particularmente en el varón, es un cierre de las puertas que conducen a mí: nadie nunca entrará en este laberinto de conocimientos temerarios. Uno nunca debe ahorrarse; uno debe estar acostumbrado a la dureza, a fin de ser alegre y brillante entre nada más que verdades duras» [Ecce Homo, Por Qué Escribo tan Buenos Libros, 3].

     Sí, "¡Nada más que verdades duras!". Eso es lo que uno encuentra en Nietzsche, como él mismo dice aquí. No muy atractivo para liberales de mente suave, ¿verdad?. Uno se recuerda de Ralph Waldo Emerson: "Usted tiene que elegir entre el descanso y la verdad. Usted no puede tenerlos a ambos".

     La visión de Nietzsche con respecto a la Filosofía —que él describe en Schopenhauer como Educador— es la más interesante. Como noté antes, Nietzsche escribió que una persona no familiarizada con sus obras debería leer este libro primero a fin de tener una clara perspectiva de sus objetivos e ideales, y para saber si uno está en un acuerdo básico con el pensamiento de él.

     «Si hoy la Filosofía ya no es tenida en alta estima, uno sólo tiene que preguntar ¿por qué ningún gran general o estadista la abraza? Sólo porque cuando él la buscaba, bajo el nombre de Filosofía apareció un fantasma enfermizo, aquella sabiduría académica de cátedra; en resumen, porque la Filosofía pronto se convirtió en algo absurdo para él. Ella debería ser, sin embargo, una cosa impresionante para él; y aquellos que han sido llamados para buscar el poder deberían saber cuán imponente puede ser ella. Un estadounidense puede decirles lo que significa la aparición de un gran filósofo en esta Tierra, como un nuevo centro de fuerzas enormes.

     «"Tomad precauciones", dice Emerson [Circles, 1841], "cuando el gran Dios deje suelto un pensador en este planeta. Entonces todas las cosas están en peligro. Es como cuando ha estallado una conflagración en una gran ciudad, y ningún hombre sabe lo que está seguro, o dónde terminará. No hay parte de la Ciencia cuyo flanco no pueda ser trastornado mañana; no hay ninguna reputación literaria, ni supuestos nombres eternos de la fama, que no puedan ser revisados y condenados. Las cosas que son queridas a los hombres en esta hora lo son debido a las ideas que han surgido en su horizonte mental, y que causan el actual orden de cosas, como un árbol sostiene sus manzanas. Un nuevo grado de cultura instantáneamente revolucionaría el sistema entero de las búsquedas humanas".

     «Ahora, si tales filósofos son peligrosos, entonces ciertamente está claro por qué nuestros pensadores académicos no son peligrosos: porque sus ideas crecen pacíficamente a la manera convencional, tal como un árbol da origen a sus manzanas; ellos no atemorizan a nadie, no hacen salir nada de quicio; y de todos sus pensamientos y aspiraciones uno podría decir, como Diógenes lo hizo cuando alguien elogió a un gran filósofo: "¿Qué grandes cosas tiene él para mostrar, puesto que ha filosofado por tanto tiempo y todavía no ha contristado a nadie?". Sí, así debería decir el epitafio de la Filosofía de universidad: "No ha afligido a nadie". Pero eso es en efecto más la alabanza para una anciana que para una Diosa de la Verdad, y no es sorprendente que aquellos que conocen a aquella Diosa simplemente como una anciana, sean ellos mismos unos hombrecillos y, por lo tanto, muy apropiadamente, no sean tomados en serio por los hombres de poder.

     «Pero si así es como son las cosas en nuestros tiempos, entonces la dignidad de la Filosofía ha sido arrastrada por el polvo: parece que se ha convertido en algo ridículo o sin importancia, de modo que todos sus verdaderos amigos se ven obligados a testificar contra tal confusión y al menos mostrar esto mucho, a saber, que son estos falsos sirvientes e indignos representantes de la Filosofía los que son ridículos o sin importancia. Mejor aún, ellos deberían demostrarse a sí mismos mediante sus propias acciones que el amor a la verdad es algo impresionante y violento» [Consideraciones Intempestivas III, Schopenhauer como Educador, § 8].

     "Un nuevo centro de fuerzas enormes": ¡así es como Nietzsche entendió el sentido de la Filosofía! ¿Quién, excepto nosotros los nacionalsocialistas, compartiría aquella opinión?.

     Nosotros también comprendemos ahora por qué tantos profesores llegan a extremos tales como a etiquetar la filosofía de Nietzsche como "sin valor", y por qué ellos lo llaman un "loco" que vivió "en un mundo de solamente fantasía", y otras tonterías. ¡Tales criaturas nunca admitirán la grandeza de un hombre que arrancó de sus caras la máscara de sus hechicerías "académicas"! (¿Y acaso no expresó el propio Schopenhauer su propio juicio devastador acerca de estos mismos filósofos impostores antes de Nietzsche?).

     Nietzsche analizó a estos profesores universitarios aún más en el mismo libro —Schopenhauer como Educador—, así como en el segundo volumen de Zaratustra, en los capítulos titulados "Sobre los Sabios Famosos" y "Sobre los Eruditos", para no mencionar numerosas otras ocasiones. Ellos nunca lo perdonaron por ello, y su carácter miserable ha seguido siendo el mismo en nuestro tiempo que como lo era en los días de Nietzsche.

     Miremos con mayor detención la opinión de Nietzsche sobre los filósofos. Comentando sobre su escrito sobre Schopenhauer en Ecce Homo, él escribió:

     «Cómo concibo yo al filósofo: como un terrible explosivo que pone en peligro todo. Yo separo por miles de millas mi concepto de "filósofo" de un concepto que todavía incluye incluso a Kant, para no hablar de los "rumiantes" académicos y otros profesores de Filosofía. En ese punto, ese escrito proporciona una instrucción inestimable, aunque yo mismo confiese que no es "Schopenhauer como educador" quien consigue una audiencia aquí, sino más bien su opuesto, "Nietzsche como educador"» [Ecce Homo, Las Consideraciones Intempestivas, 3].

     ("Nietzsche como lo opuesto de Schopenhauer" merece alguna discusión. Schopenhauer era un pesimista. Él consideraba que la compasión era el ideal más alto. Cuando era un joven estudiante, Nietzsche era un entusiasta admirador de Schopenhauer. Más tarde, sin embargo, él comprendió el peligroso error del pensamiento de Schopenhauer, y correctamente "enseñó exactamente lo opuesto". En el capítulo "De la Victoria sobre Sí Mismo" del Zaratustra, él describe alegóricamente cómo él sufrió por causa de Schopenhauer y cómo por fin se liberó de él).

     El filósofo como un terrible explosivo. ¿Es muy difícil ver por qué ciertos poderes (es decir, los actuales que gobiernan) toman tanto interés en hacer de dicho explosivo algo menos terrible, menos peligroso para sí mismos? Para lograr ese fin ninguna falsificación es demasiado grande para ellos. Ellos fallarán, sin embargo, en cualquier caso.

     Pero desafortunadamente incluso los nacionalsocialistas bien intencionados han dejado de comprender el sentido último de las enseñanzas de Nietzsche. Muchos hablan de la próxima revolución y del subsecuente Nuevo Orden sin tener una idea clara de lo que eso significa y lo que implicaría. Deberíamos recordar y considerar las palabras de Nietzsche en Ecce Homo. Primero él cita de su Zaratustra:

     «...Y el que verdaderamente quiera ser un creador en el bien y el mal, debe primero ser un destructor y romper los valores. Así el mal supremo pertenece al sumo bien; esto sin embargo, es la bondad creadora.

     «Hablemos al menos de esto, cueste lo que costare, oh, vosotros, los más sabios de los hombres, porque peor es callarse. Todas las verdades suprimidas llegan a convertirse en venenosas» [Así Hablaba Zaratustra, De la Victoria sobre Sí Mismo].

     Este y otros ejemplos indican cómo el Zaratustra debería ser correctamente interpretado. Nietzsche prosigue inmediatamente después de esto con una cita de Ecce Homo:

     «Soy con mucho el hombre más terrible que haya existido alguna vez hasta ahora; esto no significa que no sea el más caritativo. Conozco el placer de la aniquilación hasta un grado que corresponde a mi fuerza para la aniquilación, y en ambos casos obedezco a mi naturaleza dionisíaca, la que no puede separar el hacer-no del decir-sí. Yo soy el primer immoralista, y por ello soy el aniquilador por excelencia» [Ecce Homo, Por Qué Soy un Destino, 2].

     Algunos lectores pueden considerar tales pasajes como mera hipérbole destinada a conseguir un cierto efecto, palabras que Nietzsche realmente no pensó que serían tomadas literalmente. Para aquellos lectores, citaré el párrafo de cierre del capítulo de Zaratustra ya citado:

     «¡Y que sea quebrantado todo lo que pueda ser quebrantado por nuestras verdades!. ¡Todavía quedan muchas casas por construír!» [Así Hablaba Zaratustra, De la Victoria sobre Sí Mismo].

     Algunas personas pueden encontrar consolador creer que Nietzsche hablaba simplemente de morales y valores, y que sus pensamientos y dichos se refieren sólo a asuntos espirituales y no al mundo físico de los acontecimientos. Qué suposición tan ingenua y superficial es ésa, ¡incluso si fuese verdadera!.

     ¿Qué es entonces aquello que es el sello de un verdadero revolucionario? Las masas descerebradas, así como aquella gran manada de pseudo-intelectuales, conciben a un revolucionario como alguien que causa una gran cantidad de muerte y destrucción para lograr un cambio político. Pero ellos se estarían equivocando. No; un hombre puede ser responsable de la muerte de millones de personas y trastornar violentamente docenas de sociedades —como lo hizo Gengis Jan— sin ser revolucionario en absoluto.

     El verdadero cambio revolucionario ocurre sólo cuando es precedido o acompañado por un cambio en los valores espirituales. El creador de nuevos valores es por ello el más verdadero revolucionario. O, como Nietzsche comentó: "El mundo no gira alrededor de los inventores de nuevos estruendos sino alrededor de los inventores de nuevos valores" [Así Hablaba Zaratustra, De los Grandes Acontecimientos].

     Una revolución política subsecuente podría requerir la guerra física y la destrucción física —como Nietzsche claramente lo previó— a fin de limpiar el camino para una nueva existencia y un nuevo orden de cosas. Pero si algún verdadero cambio debe ser efectuado, la revolución física exitosa debe seguir a la exitosa revolución espiritual.

     Ante lo siguiente, alguno de los intérpretes liberales de Nietzsche ¿apoyaría seriamente las afirmaciones de que él no tuvo ningún interés en absoluto en la política práctica o la Historia, sino que simplemente se preocupó del individualismo desapegado?.

     Nietzsche dice en Ecce Homo:

     «Fundamentalmente, con aquellos libros pretendí algo completamente diferente que hacer Psicología: en ellos procuraba expresarse por primera vez un problema sin par en la educación, un nuevo concepto de la autodisciplina, la autodefensa al máximo de la dureza, un camino hacia la grandeza y a las tareas históricas mundiales» [Ecce Homo, Las Consideraciones Intempestivas, 3].

     Podemos preguntar ahora lo que Nietzsche realmente quiso:

     «¿Te llamas a ti mismo libre? Déjame escuchar tu idea principal, y no que te has escapado del yugo» [Así Hablaba Zaratustra, De los Caminos del Hombre Creador].

     De ese modo, para conocer a un hombre —y los valores de un hombre— se requiere en primer lugar que usted conozca su idea principal. Una vez que usted sabe aquello, todos los aspectos y facetas del pensamiento de aquel hombre pueden ser correctamente comprendidos. Sin conocer su idea principal, gran parte de lo que una persona dice o hace puede parecer incomprensible y contradictorio (aun cuando no lo sea), y conducir a la confusión y el malentendido. Esto es particularmente verdadero en el caso de Nietzsche y su obra sin paralelo. Casi todas las malas interpretaciones de sus escritos (excepto aquellas que son deliberadas malas interpretaciones) se deben a que los responsables de ellas han ignorado, o han fallado en comprender, la idea principal de él. Si vamos a hacernos mejores a nosotros mismos y de esa manera a conseguir un entendimiento correcto e invulnerable de Nietzsche que proporcionará un argumento realmente acorazado contra la enorme jauría de sus detractores, debemos preguntar en primer lugar: ¿cuál es la idea principal de Nietzsche?.

     Cuando joven, Nietzsche asistió al famoso internado de Pforta en Turingia, al que él más tarde llamó la mejor escuela de Alemania de ese entonces. El joven Nietzsche era un estudiante excepcional. Él se especializó en el difícil estudio de las lenguas clásicas, en particular del griego clásico. Su madre quería que él llegara a ser un clérigo, como lo habían sido su padre y muchos miembros de su familia antes de él. Hacia su último año en Pforta él se había liberado del cristianismo, aunque su madre no sabía esto. Durante ese tiempo él intentó —de una manera gradual y cuidadosa, por cierto— prepararla para el anuncio de que él no ingresaría en el clero, porque claramente reconoció que no estaba capacitado para el estudio de la teología.

     En vez de ello, se convirtió en un filólogo, y rápidamente se ganó el reconocimiento como un experto en su campo. Sus logros como filólogo fueron tan grandes que fue designado profesor de Filología clásica en la universidad en Basilea, Suiza, a la edad de 24 años.

     A diferencia de sus colegas profesores, sin embargo, Nietzsche no era sólo un filólogo, sino un filósofo nato, y comprendió rápidamente que era en el campo de la Filosofía donde estaban sus verdaderos talentos. Al estudiar las obras de escritores antiguos, él no leyó simplemente las palabras de las páginas, sino que leyó también las personalidades de los hombres que estaban detrás de ellas. De modo similar, él fue capaz de conseguir una visión profunda de la vida de los antiguos griegos, y de manera bastante lógica se vio obligado a comprender cuán pobres y miserables criaturas eran sus contemporáneos en comparación con aquéllos. Nietzsche fue el primero en reconocer la cultura helénica como la expresión y el resultado de una vida verdaderamente exuberante —que él denominó "dionisiaca"— de seres humanos que eran más fuertes, más completos y más sanos que cualquiera de sus contemporáneos. Además, él vio que la verdadera grandeza humana es inseparable de la fuerza y otras virtudes en gran parte condenadas por los conceptos cristianos y democráticos modernos.

     Nietzsche llegó a preguntarse por qué hoy no hay hombres como los antiguos griegos; qué ha impedido que hombres verdaderamente grandes nazcan en nuestro tiempo; cómo son posibles los grandes hombres, en el sentido de la Antigüedad clásica, es decir, de genuina grandeza; cuáles son las condiciones previas para la génesis y el desarrollo de seres tan grandes, y cuáles son los motivos de la carencia de tales hombres en los tiempos modernos.

     Al examinar esta última pregunta, Nietzsche se convirtió en la primera persona en descubrir el alcance total de la decadencia de la civilización occidental. Él descubrió que esta decadencia había estado creciendo como un tumor canceroso, aunque a menudo escondida detrás de la más magnífica de las fachadas. Él posteriormente descubrió no sólo las causas de esta decadencia sino la esencia de la grandeza humana y el camino que debe seguirse para alcanzarla.

     Él comprendió los desastrosos efectos de la antinatural —incluso perversa— moralidad contemporánea prevaleciente en todos los países civilizados y cristianos. Él vio cómo esa moralidad esteriliza espiritualmente a los hombres. Él también reconoció que la creciente debilidad de la civilización occidental provenía de la debilidad inherente de las propias criaturas decadentes.

     Con despiadada lógica él procuró restaurar la moralidad natural como un medio necesario e indispensable para el cultivo ascendente de la parte de élite de la Humanidad. Este cultivo ascendente, reconoció Nietzsche, era la tarea más importante que enfrentaba la Humanidad, y el único camino para un futuro humano digno.

     En sus notas (publicadas póstumamente bajo el título de La Inocencia del Devenir [Die Unschuld des Werdens, por Alfred Baeumler]) él escribió:

     "El nuevo problema: si una parte de la Humanidad tiene que ser criada para lograr una raza superior a costa del resto. Crianza..." [Nietzsche, Die Unschuld des Werdens].

     Y él da una respuesta clara a esta pregunta en su último libro, Ecce Homo, al comentar sobre su primer libro, El Nacimiento de la Tragedia. Al mismo tiempo él muestra la única manera en que el tema central de dicha obra puede ser entendido. Finalmente, él resume el intento supremo de su trabajo de toda su vida:

     «En este ensayo está expresada una enorme esperanza. Al final encuentro que no hay ninguna razón para abandonar mi esperanza de un futuro dionisiaco para la música. Proyectemos nuestra mirada un siglo adelante, y supongamos que mi ataque contra dos mil años de anti-naturalidad y profanación del Hombre ha tenido éxito. Aquel nuevo partido de la vida que acomete la mayor de todas las tareas, el cultivo ascendente de la Humanidad, incluyendo la aniquilación despiadada de todo lo decadente y parasitario, aquel partido hará posible una vez más aquella exuberancia de la vida en la Tierra de la cual surgirá otra vez una condición dionisiaca. Yo predigo una época trágica: nacerá de nuevo el arte superior de decir Sí a la tragedia de la vida, cuando la Humanidad haya asumido la conciencia de las guerras más severas pero más necesarias, sin sufrir por ello...» [Ecce Homo, El Nacimiento de la Tragedia, 4].

     Esto fue escrito en 1888. "Un siglo adelante" será 1988. El único "nuevo partido de la vida" que posiblemente podría ser victorioso hacia 1988 es el movimiento nacionalsocialista. ¿O afirmarían los demócratas que hay algún otro partido dispuesto y capaz de emprender ésta la más alta de todas las tareas, que es el cultivo ascendente de la Humanidad?. ¿Daría un paso adelante algún liberal y declararía que él está a favor de "la aniquilación despiadada de todo lo decadente y parasitario"?.

     ¿Cómo pueden los judíos y sus lacayos afirmar que Nietzsche estaba "contra todo lo que significa el Nacionalsocialismo"?.

     Este pasaje de Ecce Homo contiene la esencia de la filosofía de Nietzsche, su idea principal así como la idea principal del Nacionalsocialismo.

     No importa si con el término "el nuevo partido de la vida" Nietzsche se hubiera estado refiriendo a un partido político o no. En cualquier caso, él estaba pensando en una nueva comunidad de hombres, unidos por una voluntad común para poner en práctica ésta la más grande de las tareas por todos los medios posibles. El término "partido" carece completamente de importancia, puesto que las formas organizativas externas son simplemente un asunto de conveniencia. Lo que realmente importa es que se trate de una comunidad elitista fuerte; y es nuestra tarea como nacionalsocialistas llegar a convertirnos en esa comunidad.

     «Oh, hermanos míos, os invisto de una nueva nobleza: vosotros debéis ser para mí creadores y cultivadores y sembradores del futuro. (...)

     «¡Que de aquí en adelante vuestro honor no sea de dónde venís sino a dónde vais!. ¡Que vuestro honor sea vuestra voluntad y vuestro pie, que quiere avanzar hacia algo que está más allá de vosotros!.

     «¡Verdaderamente, no que vosotros hayáis servido a un príncipe —qué importan ya los príncipes— o que os hayáis convertido en un baluarte para lo que existe, para que ello pueda estar más firme!.

     «No que vuestra estirpe se haya hecho palaciega en las cortes y vosotros hayáis aprendido a permanecer de pie largas horas, como el flamenco a orillas del estanque, brillantemente vestidos. (...)

     «Y no que un espíritu, llamado santo, haya conducido a vuestros antepasados a tierras prometidas que no he de alabar: porque allí, donde crece el peor de todos los árboles —la Cruz—, ¡en aquella tierra no hay nada que elogiar!.

     «Y verdaderamente, dondequiera que el Espíritu Santo ha conducido a sus caballeros, dicho cortejo ¡siempre ha sido precedido por cabras, gansos, bizcos y locos!.

     «¡Oh, hermanos míos, no hacia atrás debe mirar vuestra nobleza, sino hacia adelante! ¡Vosotros deberéis ser fugitivos de todas las patrias y tierras de vuestros antepasados!.

     «Vosotros deberéis amar la tierra de vuestros hijos: sea este amor vuestra nueva nobleza, ¡la tierra no descubierta más allá del mar más apartado!. ¡Ésa es la que digo a vuestras velas que busquen una y otra vez!.

     «Debéis redimiros en vuestros hijos por ser vosotros los hijos de vuestros padres: ¡así redimiréis todo que ha existido antes!. ¡Esta nueva tabla de la ley pongo por encima de vosotros!» [Así Hablaba Zaratustra, De las Viejas y Nuevas Tablas, 12].

     Bien podemos preguntarnos, como Nietzsche, "¿Cómo podría organizarse esta nueva aristocracia a fin de convertirse en la clase dirigente?" [en Die Unschuld des Werdens]. Podemos preguntar también: ¿Qué individuos pertenecerán a esta élite, esta nueva aristocracia?.

     En sus notas Nietzsche señala que los individuos fuertes son aquellos que se oponen y resisten a las tendencias generales y las reglas de la sociedad, las reglas de la mayoría, y que luchan con éxito contra ellas. A partir de aquellos individuos será moldeada la nueva aristocracia; pero muchos perecerán en el proceso, puesto que ese proceso no será fácil ni cómodo. Es interesante señalar que Nietzsche le había dedicado algunos pensamientos a dicho asunto, y había reconocido algunos de sus principios rectores vitales. Él escribió en sus notas:

     «La soledad es necesaria durante un tiempo, de modo que uno pueda hacerse completo e inspirado, fuerte y sano.

     «Nueva forma para la comunidad: Tiene que mantenerse militante (es decir, mediante la lucha perpetua). De otro modo, el espíritu se hará débil y flojo. No más "jardines" y no más "desvíos hacia las masas". Guerra, ¡pero sin balas!: ¡entre diferentes ideas y sus ejércitos!.

     «Nueva aristocracia mediante una crianza. Celebraciones fundadoras de familias. El día nuevamente dispuesto; ejercicios físicos para todas las edades. La competencia como principio.

     «El "gobernar" debe ser enseñado y entrenado, así como la severidad y la suavidad. Tan pronto como uno obtiene el completo dominio de una condición, hay que esforzarse por otra.

     «También hay que tomar consejo de los malos y también darles una posibilidad para la competencia. Los degenerados deben ser usados. Deberá ser el derecho del castigo que el malhechor pueda ser usado para experimentos: ésta es la consagración del castigo, en que un hombre es aquí usado para beneficio del futuro. Preservamos del daño a nuestra nueva comunidad, porque ella es el puente hacia nuestro ideal del futuro. Y por ello trabajamos y dejamos trabajar a otros. (...)

     «La fuerza física debe estar del lado de las ideas más grandes. ¡Larga debe ser la guerra entre ideas que contienden!» [La Inocencia del Devenir].

     En todo esto, el tiempo nos ayudará. Nuestra tarea es estar preparados.  



SEGUNDA PARTE


     En su libro Schopenhauer como Educador Nietzsche declara:

     «Vivimos en una época de átomos, de caos atomístico. (...) Viviremos para experimentarlo. En cualquier caso, estamos ya en la corriente de la Edad Media que arrastra los hielos. Ha comenzado el deshielo, y viene en un movimiento poderoso y devastador. Los témpanos de hielo chocan entre sí, todas las orillas están inundadas y están en peligro. La revolución —la revolución atomística— no puede ser evitada: ¿pero cuáles son los más pequeños elementos indivisibles de la sociedad humana?» [Consideraciones Intempestivas, III, Schopenhauer como Educador, 4].

     En Así Hablaba Zaratustra él dice:

     «El que se ha hecho sabio en cuanto a los viejos orígenes, mirad, él buscará finalmente el futuro y los nuevos orígenes.

     «Oh, hermanos míos, no pasará mucho tiempo antes de que surjan nuevos pueblos y nuevas corrientes se precipiten hacia nuevas profundidades. Porque el movimiento de tierra que bloquea muchos pozos y hace que muchos mueran de sed, también saca a luz los poderes interiores y cosas que estaban escondidas hasta entonces.

     «El terremoto revela nuevas fuentes. En el cataclismo de los pueblos antiguos irrumpieron nuevos manantiales. Y alrededor del que grita "Mirad aquí un pozo para muchos que tienen sed, un corazón para muchos que anhelan, una voluntad para muchos instrumentos", alrededor de él se reúne un pueblo, es decir, muchos experimentadores.

     «Quién puede mandar, quién debe obedecer: ¡eso es lo que se ensaya aquí!. ¡Ah, y con cuánta búsqueda prolongada para tener éxito, y con cuántos fracasos y nuevos experimentos! La sociedad humana es un experimento, eso enseño, una larga búsqueda: ella busca, sin embargo, ¡alguien que mande! Una tentativa, oh, hermanos míos, ¡no un "contrato"!. ¡Romped, romped aquella expresión de los corazones débiles y de términos medios!» [Así Hablaba Zaratustra, De las Viejas y Nuevas Tablas, 25].

     Nosotros los nacionalsocialistas sabemos que los luchadores por tal verdad e ideales deben afrontar la hostilidad más despiadada y odiosa alguna vez aparecida en la Tierra. Nietzsche, también, estaba muy consciente de esto, e incluso lo predijo en Ecce Homo:

     «Pero mi verdad es terrible, ya que hasta ahora la mentira fue llamada la verdad. Transvaloración de todos los valores: ésta es mi fórmula para un acto de la mayor auto-conciencia de la Humanidad, que en mí se ha hecho carne y genio. Es mi destino que yo deba ser el primer hombre decente, que yo esté consciente de estar en oposición a la falsedad de milenios. (...)

     «Yo contradigo como nadie ha contradicho alguna vez antes, y sin embargo soy lo contrario de un nihilista. Soy un mensajero alegre, como nunca ha habido antes. Conozco tareas de una elevación que hasta ahora era inconcebible. Sólo de mí en adelante hay otra vez esperanza. Y de todos modos, con todo esto, soy necesariamente también el hombre del destino. Ya que cuando la verdad se enfrenta contra la mentira de milenios, tenemos choques, una convulsión de terremotos, un desplazamiento de montañas y valles, como no se soñó nunca antes. El término "política" desaparece completamente en una guerra de espíritus. Todas las instituciones de poder de la vieja sociedad son hechas explotar. Ellas están todas basadas en la mentira. Habrá guerras como nunca antes en la Tierra. Sólo de mí en adelante habrá una gran política» [Ecce Homo, Por Qué Soy un Destino, 1].

     En vista de los enfrentamientos mundiales y sin cuartel que tenemos por delante, nosotros, los campeones de la verdad y del ideal más alto alguna vez aparecido en este planeta, deberíamos recordar bien lo que Nietzsche escribió en sus notas:

     «¡Lo que es la tolerancia!, ¡y el reconocimiento de los ideales ajenos!. El que realmente, muy profundamente y fuertemente promueve su propio ideal, no puede creer en ninguno de los otros ideales sin juzgarlos despectivamente como los ideales de seres inferiores al que él mismo es. La altura absoluta de nuestro criterio es sólo la creencia en el ideal. Así, la tolerancia es siempre una prueba de que la persona respectiva realmente o bien no cree en su propio ideal o no tiene ningún ideal en absoluto» [Die Unschuld des Werdens].

     Nietzsche comprendió que la civilización occidental se acercaba a su final, y que tras su destrucción habría una importante reorientación en el sistema de valores de los pueblos europeos. Aquí él describe lo que provocará esa reorientación:

     «El descubrimiento de la moralidad cristiana es un acontecimiento sin igual, una verdadera catástrofe. Quienquiera que aclare sobre ello es una fuerza mayor, un destino. Él rompe la Historia humana en dos partes: vida humana antes de él y vida humana después de él... El rayo de la verdad golpea precisamente aquello que una vez estuvo más alto. Quienquiera que entienda lo que ha sido aniquilado allí puede atestiguarlo, si él todavía de alguna manera tiene algo en sus manos» [Ecce Homo, Por Qué Soy un Destino, 8].

     Y para saber dónde es más fuerte la acusación de Nietzsche, considere el pasaje final de Ecce Homo:

     «Todo lo que hasta ahora ha sido llamado la "verdad" ha sido reconocido como la forma más perniciosa, insidiosa y subterránea de la mentira (...) El concepto de "pecado", junto con su instrumento de tortura acompañante, el concepto de "libre albedrío", fue ideado a fin de confundir los instintos, para condicionar al hombre para que hiciese de la desconfianza hacia sus instintos una segunda naturaleza. En el concepto de "desinterés", de "auto-negación", aquel real signo de decadencia que hace que el ser sea atraído por lo que le hace daño, no siendo capaz de encontrar la propia ventaja, la auto-destrucción ha sido elevada como signo de virtud, de "deber", de "santidad", de "divinidad" en el Hombre. Y finalmente —y esto es lo más terrible— ser un hombre bueno significa ponerse de parte de todo lo débil, lo enfermo, de los fracasados, los inadaptados, de aquellos que deberían perecer. La ley de la selección ha sido frustrada. Se ha hecho un ideal a partir de la oposición al orgulloso, al sabio, al afirmador de la vida, al pensador avanzado, a los portadores del futuro. Estos hombres son llamados malos... ¡Y todo esto es considerado moralidad!. Écrasez l’infâme! (!Aplastad al infame!).

     «¿Se me ha entendido? Dioniso contra el Crucificado» [Ecce Homo, Por Qué Soy un Destino, 8-9].

     Permítame explicar lo que Nietzsche quiso decir con esta frase nueva y famosa, "Dioniso contra el Crucificado" (es decir contra Cristo en la cruz, el símbolo de la moralidad cristiana y su visión del mundo): La moralidad predominante a través de toda la civilización occidental es simplemente la heredera de la moralidad cristiana, incluídos los sistemas morales tanto de la democracia liberal como del marxismo. Nietzsche comprendió que todos los sentimientos sanos en el Hombre, todos los valores naturales, han sido pervertidos en sus opuestos por el cristianismo, y así promueven la degeneración de la vida en vez de su aumento. "El jesuitismo de la mediocridad, que quiere romper o al menos debilitar al hombre inusual o más fuerte; aquel jesuitismo imperioso es la fuerza impulsora del movimiento democrático entero" [Die Unschuld des Werdens].

     El Hombre, como dijo Nietzsche en el prólogo a Así Hablaba Zaratustra, ha evolucionado desde el gusano al mono y luego al humano. El Hombre debe continuar ahora hacia algo mucho más alto que lo que es actualmente. Nietzsche vio la propagación de esta idea como una de sus misiones primarias en la vida. Él llamó a su personaje profeta como "Zaratustra" y "Dioniso" (a partir del dios helénico). De ahí "Dioniso contra el crucificado". Surgirá algo más grande que la tormenta, la montaña y el mar, pero como el hijo del Hombre.

     El Hombre se convierte en un medio para algo que ya no es el Hombre.

     Este ser superior del futuro, o la raza superior de los milenios por venir, fue llamado Übermensch por Nietzsche. El término "superhombre" es una traducción bastante mala, y la concepción popular de ello no tiene nada que ver en absoluto con lo que Nietzsche quiso decir con Übermensch. En la ciencia, el Hombre actual es llamado Homo sapiens, y el ser parecido a un humano que vivió hace medio millón de años es llamado Homo erectus. Así, el Übermensch del futuro puede ser llamado Homo superbus, como una especie completamente diferente del "último hombre", Homo finaliensis [finalis] u Homo degeneratus, como podrían ser llamados científicamente aquellos que involucionan en vez de evolucionar.

     La concepción de Nietzsche del Übermensch fue expresada por George Lincoln Rockwell en "Esta Vez el Mundo", donde él habló de "seres humanos que cada vez más se aproximan al ideal señorial expresado en las antiguas sagas nórdicas por los dioses y las diosas del Walhala" [Rockwell, This Time the World, Nueva York, 1961, p. 414].

     Para este objetivo de una Humanidad seleccionada, Nietzsche buscó la restauración de los valores y morales naturales, como opuestos a la moralidad cristiana antinatural y artificial. La verdadera bondad, pensaba Nietzsche, es ejemplificada por el hombre orgulloso, fuerte, sano, seguro de sí mismo que dice "Sí" a la vida. Decir "Sí" a la vida a veces incluye, por ejemplo, el matar:

     «"No robarás. No matarás": tales palabras fueron llamadas alguna vez santas; ante ellas los hombres en un tiempo doblaron sus rodillas y sus cabezas y sacaron sus zapatos de sus pies.

     «Pero os pregunto: ¿en qué parte ha habido mejores ladrones y asesinos en el mundo que en aquellas santas palabras?.

     «¿No existe en toda vida el robar y y el matar? Y cuando tales palabras fueron llamadas santas, ¿no fue asesinada la verdad misma?.

     «¿No fue aquello un sermón de muerte para llamar santo a lo que contradecía y se oponía a toda vida? ¡Oh, hermanos míos, romped, romped las viejas tablas de la ley!» [Así Hablaba Zaratustra, De las Viejas y Nuevas Tablas, 10].

     Sé que tales palabras son muy impopulares, incluso entre algunos de aquellos que se llaman a sí mismos nacionalsocialistas. Pero estos escritos fueron hechos sólo para la élite, para aquellos con el coraje moral y espiritual para liberarse del debilitante cristianismo, no para burros, tontos o cobardes intelectuales.

     Como Nietzsche señaló (y ya se mencionó), el hombre que es verdaderamente bueno es censurado como "malo" o "malvado" por los actuales poderes dirigentes y su moralidad, sean éstos devotos cristianos o ateos comunistas, liberales o conservadores, judíos sionistas o no-judíos egoístas. Y lo que ellos llaman "bien", aquello que ellos promueven por todos los medios posibles, aquello es justo lo que debería perecer: los incurablemente enfermos, los inadaptados de toda clase, los incapaces; en resumen, el amplio surtido de la decadencia humana.

     Cuando hablé de estos pasajes de Nietzsche con un excepcional amigo y profesor estadounidense, él exclamó: "¡Vaya, pero entonces Nietzsche debió haber visto la decadencia ya en su tiempo!".

     Nadie tiene derecho a culpar a mi amigo por esto, ya que ¿cuántos otros europeos y estadounidenses entienden totalmente la perniciosa decadencia de nuestros tiempos?; ¿cuántos comprenden hasta dónde se remontan sus raíces? Recuerde lo que Adolf Hitler escribió en Mein Kampf: "No es por casualidad que la Humanidad puso a la peste negra bajo control antes que a la tuberculosis" [vol. 1, cap. 10]. Ni tampoco son simplemente coincidencias otros aspectos de la decadencia general de nuestros días: la degeneración sexual, el consumo de drogas, el "arte moderno", la "música moderna", Hollywood, la ciudad de Nueva York, el comunismo, la suciedad en las calles, los babosos idiotas. Todas estas cosas son fáciles de reconocer como las expresiones y los resultados de la decadencia, pero ellas son simplemente las últimas etapas de la decadencia, como los días finales de un hombre agonizante.

     Si vamos a erradicar la decadencia —y debemos, ya que de otra manera no hay ningún futuro en absoluto para la Humanidad— entonces debemos saber reconocerla en sus primeras etapas. Friedrich Nietzsche fue la primera persona en hacer eso. Él la descubrió a pesar de estar ella escondida detrás de las fachadas más llamativas y los disfraces más astutos. Él vio ya en su época cuán enfermas estaban todas las naciones europeas, incluída Alemania. Porque toda la terrible decadencia de Europa y EE.UU. desde la Primera Guerra Mundial no apareció de la noche a la mañana, y no fue de ningún modo el resultado de aquella única guerra, no. Esto fue el producto de una decadencia infectada desde hacía mucho tiempo que finalmente reventó de golpe, como una plaga hirviente.

     ¿Ha comprendido alguien alguna vez, incluso ustedes, mis mejores camaradas estadounidenses, cuánto debemos recortar de nuestra cultura a fin de eliminar cada germen de decadencia?. ¿Cuántos de ustedes han comprendido qué cirugía drástica y radical es necesaria para salvar la vida de nuestra Raza? Nietzsche tuvo la inteligencia y el coraje tanto para reconocer esto él mismo como para decir a otros lo que tenía que hacerse.

     Pero aquí, y en otros puntos también, hay dos cosas que debemos tener en cuenta. La primera es que Nietzsche era un filósofo, es decir, un legislador en el sentido más alto de la palabra. La segunda es que él no era un hombre de acción, ni de poder. Él no era un político, ni un líder político, ni un líder de hombres de ninguna clase.

     El líder político, incluso cuando intenta poner en práctica las más altas metas dadas por Nietzsche, siempre debe considerar la situación real de su tiempo, lugar y pueblo, si ha de tener éxito de algún modo.

     El filósofo, por otra parte, no debe tomar en consideración esos factores, tan vitales como ellos puedan ser para la realización eventual de sus objetivos. Es su tarea imaginar los objetivos más altos posibles, en su esencia más pura, no manchada por ningún compromiso "práctico" o político, no alterada por ninguna consideración hacia las miserables debilidades de la gran mayoría de la Humanidad que la harán incapaz de comprender dichas ideas.

     Es tarea del hombre de poder y acción, el mayor líder político, entender la verdad revelada por un filósofo y convertirla en la base para una organización, la cual, debido a los defectos humanos, sólo reflejará de manera imperfecta las creencias del filósofo.

     El filósofo debe ser cuidadoso para mantener sus ideas dentro de las leyes naturales de la Vida y sus verdades eternas. Esto ha resultado ser muy difícil para la mayor parte de los filósofos. Nietzsche es el único filósofo en haber hecho aquello completamente.

     Esta relación especial entre el filósofo y el líder político a menudo ha causado confusión. Los intelectuales superficiales, en particular, a menudo entienden mal tal relación. Ellos suponen que simplemente porque algún líder no pone inmediatamente en práctica las creencias de su mentor espiritual, entonces hay una diferencia de opinión seria y fundamental entre los dos. Ellos no entienden que un filósofo trabaja en un mundo de absoluta pureza filosófica, mientras que el líder político trabaja en el mundo de la necesidad práctica. Estos dos mundos, para bien o para mal, se tocan uno a otro sólo en raras ocasiones. Tal es la dificultad que tanto el filósofo como el líder político deben afrontar, aun cuando ellos estén combinados en el ser de un solo individuo, el creador de la cosmovisión que predetermina toda la segunda parte de la Historia humana.

     Pero sólo aquellos cuyos intelectos son miopes o que son tontos tomarán esto como "prueba" de alguna discrepancia entre el filósofo y el líder político.

     No tenemos que hablar del hecho de que los pensamientos más altos y últimos de un filósofo son más incomprensibles para las masas mientras más alto esté el pensador respectivo, mientras que el líder político debe hacer su trabajo entre las masas. Como Nietzsche mismo lo ha declarado, la nueva élite no debe evitar a las masas.

     La grandeza de un líder político nunca puede ser medida por el número de palabras que él diga o hechos que él haga que estén de acuerdo con algún filósofo u otro, sino sólo por el hecho claro de cuánto éxito tiene él en provocar un movimiento universal en dirección al objetivo mostrado por la idea más grande.

     Y establezcamos un hecho aquí: Junto a Adolf Hitler estuvo George Lincoln Rockwell, quien así ha mostrado una singular grandeza. Aquellos críticos del comandante Rockwell que alegan que él careció de "pureza ideológica" simplemente no entienden las demandas y las necesidades de la política práctica en absoluto.

* * *

     En Agosto de 1881 Nietzsche escribió a Peter Gast, su más cercano amigo y ayudante:

     «En mis obras hay algo que una y otra vez me hiere en mi vergüenza: ellas son imágenes de una criatura sufriente e imperfecta que difícilmente tiene control de sus propios órganos. A veces yo mismo me siento como el garrapateo de algún poder desconocido que raya sobre el papel a fin de probar una nueva pluma... Nuestra tarea en todo caso es seguir adelante, conducirnos de "esa forma", casi sin tener en cuenta si nosotros mismos llegaremos alguna vez allí» [Citado en Friedrich Würzbach, Nietzsche: Sein Leben in Selbtszeugnissen, Briefen und Berichten, Berlín, 1942, p. 279].

     Por cierto, esta cita es también significativa por su primera línea: era sólo "algo" en sus libros, que Nietzsche sentía que lo hería hasta la vergüenza, que fue ansiosamente tomado por muchos de sus falsos intérpretes, en la medida en que ellos no falsificaron las afirmaciones de él como "prueba" para sus malas interpretaciones. Sabemos, sin embargo, que sólo desde la altura de su idea rectora puede él ser correctamente entendido, incluso allí donde a veces buscaba su camino por el método de ensayo y error.

     En cuanto al objetivo, deseo citar otra vez de Adolf Hitler:

     «Y entonces la filosofía nacionalsocialista de la vida corresponde a la voluntad más íntima de la Naturaleza, ya que aquélla restaura aquel libre juego de fuerzas que debe conducir a una continua crianza superior, hasta que por fin lo mejor de la Humanidad, habiendo conseguido la posesión de esta Tierra, tendrá un camino libre para la actividad en esferas que están en parte por encima de ella y en parte fuera de ella.

     «Sentimos que en el futuro distante la Humanidad se verá afrontada con problemas que sólo una raza superior, que se haya convertido en un pueblo de señores, apoyado por los medios y las posibilidades del planeta entero, será capaz de vencer» [Mein Kampf, ed. Manheim, pp. 383-394].

     Cualquiera que compare estas palabras de Hitler con las de Nietzsche citadas en la primera parte de este artículo [4] comprenderá el acuerdo y armonía fundamental entre estos dos grandes espíritus.

[4] «Proyectemos nuestra mirada un siglo adelante, y supongamos que mi ataque contra dos mil años de anti-naturalidad y profanación del hombre ha tenido éxito. Aquel nuevo partido de la vida que acomete la mayor de todas las tareas, el cultivo ascendente de la Humanidad, incluyendo la aniquilación despiadada de todo lo decadente y parasitario, aquel partido hará posible una vez más aquella exuberancia de la vida en la Tierra de la cual surgirá otra vez una condición dionisiaca. Yo predigo una época trágica: el arte superior de decir sí a la tragedia de la vida nacerá de nuevo, cuando la Humanidad haya asumido la conciencia de las guerras más severas pero más necesarias, sin sufrir por ello...» [Ecce Homo, El Nacimiento de la Tragedia, 4].

     Muchos intelectuales confunden el objetivo con el camino. El objetivo, sin embargo, nunca será alcanzado sin un camino que conduzca a él. Pero el camino no sólo depende del objetivo sino también de las condiciones de su propio punto de partida. Y además, el líder político debe considerar qué medios son necesarios y cuáles están disponibles para hacer un movimiento lo bastante fuerte como para viajar por aquel camino con éxito.

    Para aquellos caminos y medios el líder político concede gran atención a la libertad espiritual y moral. Es tarea del filósofo proveerlo de esa libertad. Nietzsche dedicó una gran parte de su obra expresamente a este fin, sabiendo que algún día surgiría un gran líder para realizar lo que él había previsto.

* * *

     En este punto debo una vez más correr el riesgo de decir algo que no sólo será impopular sino que puede provocar un peligroso malentendido para nosotros.

     Quisiera citar la respuesta de Nietzsche a las muchas livianas y emocionales malas interpretaciones de sus obras que habían aparecido ya durante su vida:

     "Le susurré que él más bien debería buscar un César Borgia que un Parsifal, pero el hombre no podía creer lo que escuchaba" [Ecce Homo, Por Qué Escribo tan Buenos Libros, 1].

     Por supuesto, César Borgia no era un nacionalsocialista. Tampoco era el modelo puro del Übermensch, o ni siquiera de un gran hombre como Nietzsche deseaba que él hubiera sido. Pero, como Nietzsche señaló, Borgia era "el más sano de todos los monstruos y brotes tropicales" [Más Allá del Bien y del Mal, V, 197], lo que significa al menos ¡todo lo contrario de un ser decadente!.

     En "El Crepúsculo de los Ídolos" él llega tan lejos como a llamarlo una especie de Übermensch, y dice en otra parte que es "simplemente ridículo fruncir el ceño frente a César Borgia". Ahora ¡eso es algo para reflexionar!. Me pregunto a través de qué contorsiones mentales deben pasar los intérpretes liberales de Nietzsche para encajar tales declaraciones en la opinión que ellos tienen de la filosofía de él. Me imagino que tales palabras realmente podrían representar una conmoción fatal para aquellos profetas pseudo-intelectuales del egoísmo y del individualismo. (Al menos de dichas frases ¡difícilmente se puede afirmar que son interpolaciones posteriores añadidas por la hermana de Nietzsche!).

     La alabanza de Nietzsche a César Borgia no significa que Nietzsche sintiera que ninguna moralidad era válida en un mundo post-cristiano, ni que cada uno podría robar, hurtar, asesinar, violar, etcétera, para contentar a su alma. No, nada por el estilo. Esto simplemente significa que en vez de la moralidad perversa y antinatural del cristianismo, de la democracia liberal y del comunismo, que paraliza, esteriliza y extermina biológicamente a los mejores y más fuertes individuos y razas, la moralidad natural es una vez más restaurada. Esta moralidad natural es de hecho la moralidad de la cosmovisión nacionalsocialista, que selecciona y promueve al mejor y al más fuerte, a la verdadera élite, y conduce hacia la cría selectiva de aquéllos. Ella da a estos seres superiores tanto poder como es posible, y aniquila al decadente y al parásito.

     Y para evitar ciertos malentendidos, permítame enfatizar: incluso en esta aniquilación el Nacionalsocialismo no significa crueldad. La crueldad es un rasgo de los no-arios, y sobre todo de los judíos, como lo sabe cualquiera que haya estudiado a dicha gente. Pero el Nacionalsocialismo solucionará todos los problemas que necesitan ser resueltos, hasta el más difícil, en una manera que esté en armonía con el alma racial de nuestra gente.

* * *

     De todo esto podemos ver por qué todas las obras de Nietzsche tienen un significado tan único y vital para la lucha mundial en la cual estamos involucrados. Podemos ver por qué Nietzsche era el filósofo de quien Adolf Hitler sacó su mayor inspiración [5]. Sabemos por qué la lectura y el estudio cuidadoso de sus obras fueron fomentados en todos los cuadros de mando del NSDAP y sus formaciones auxiliares, especialmente en la Juventud Hitleriana.

[5] Sabemos por las Memorias de August Kubizek, Rudolf Hess y otras personas cercanas a Adolf Hitler, que éste conocía Así Hablaba Zaratustra casi de memoria, y que las otras obras de Nietzsche estaban entre sus lecturas preferidas, aunque él nunca habló de ellas en público. (Bruno Luedtke).

     Pienso que es simbólico que Hitler, como una muestra de su amistad personal con Mussolini, hubiera enviado al Duce una edición especial de las obras completas de Nietzsche como un regalo de cumpleaños.

     Puesto que nuestros oponentes afirman que nosotros los nacionalsocialistas somos "tendenciosos" y no miramos para el otro lado, hagamos una pausa aquí para considerar el comportamiento de los modelos de la moralidad democrática en una situación similar. Cuando el "gran héroe” de la democracia, el sepulturero del Imperio británico, aquella famosa celebridad llamada Winston Churchill, quiso enviar un regalo de cumpleaños a su querido amigo "soldado cristiano" Franklin Delano Roosevelt, le envió una caja de whisky.

     Es apenas posible delinear mejor los dos mundos —el mundo del mañana, especificado por Nietzsche, y el mundo del ayer, predestinado por el alcohol— que por este simbólico intercambio.

     Sin embargo, esto también muestra por qué los judíos y sus testaferros shabbath goyim están tan preocupados de impedir el estudio de Nietzsche, y para lograr aquel objetivo presentan un cuadro completamente distorsionado de él. Ellos han producido exactamente lo que el mismo Nietzsche predijo en su Zaratustra:

     «¡Mi doctrina está en peligro, las malas hierbas quieren ser llamadas trigo! Mis enemigos se han hecho poderosos y han desfigurado el sentido de mi doctrina, de modo que mis seres más queridos están avergonzados de los regalos que les di» [Así Hablaba Zaratustra, II, El Niño del Espejo].




               Heil Hitler!.–





2 comentarios:

  1. no me parece bien logrado la comparación entre Nietzsche y Hitler. Habla demasiado de Nietzsche y muy poco de Hitler. Dice que Hitler ha sido muy influenciado de Nietzsche sin dar ejemplos.
    La parte sobre el übermensch no lleva nada. No da ejmeplos concretos como los nacionalsocialistas llevaron a cabo esa idea.

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    1. Para entender la interrelación de ideas entre Nietzsche y Hitler.. lógicamente además de haber leído el "Mein kampf" y conocer la figura histórica del Fuhrer.. hay que conocer mínimamente las obras del filósofo de "Rocken".. Sobre todo es la la idea central de Nietzsche: "La Voluntad de Poder" es donde se puede trazar un paralelo entre lo que dijo y propuso uno.. y lo que ejerció y llevo a cabo el otro.. Dicha "Voluntad de poder", desde una interpretación imparcial, y aún cuando debe estar condicionada a no encerrarse en generalidades .. tiene una base biológica.. Sí bien Heidegger.. considera la "Voluntad de Poder" y el "Eterno Retorno" cómo una expresión que se materializa metafísicamente en el arte.. dichos conceptos (el biológico y el metafísico) no tienen porque ser contradictorios.. ya que para el NS alemán el cuerpo y el alma son manifestaciones indisolubles..

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